Inmerso como estoy en culminar un proyecto académico, tengo
olvidado el Blog. La última vez que me asomé fue el 2 de junio. Y antes de que
acabe este día, 13, festividad de San Antonio, siento la necesidad volverme a
asomar. Un discurso de toma de posesión, hoy, me ha motivado.
Antonio Pérez, alcalde de Benidorm |
Ha sido el discurso de toma de posesión del alcalde de
Benidorm. Tal vez porque he tenido tiempo para reflexionarlo y, seguro que,
porque viniendo de un amigo despertó mucho más mi curiosidad. En alguno de
estos discursos, tiempo atrás, colaboré, y llevaba ahora más de una década sin
prestar a esto el más mínimo interés. Visto uno, vistos todos; luego está el
arte con qué se diga. Pero los tiempos han cambiado. Ahora, sabiendo cómo está
el parque, tenía mucho interés en ver cómo se desenvolvía el protagonista, y,
sobre todo, qué y cómo lo decía. Me refiero a Antonio Pérez Pérez,
Tony Pérez, desde hoy alcalde de Benidorm, y su discurso de toma de posesión.
Me ha gustado que llame a las cosas por su nombre. Hoy comenzaba la 10ª Administración. Y
por mucho que guste a la gente (incluso a los plumillas) lo de “legislatura” -y hasta “escaño”, que es cosa parlamentaria-,
habida cuenta de que los ayuntamientos no legislan (no hacen leyes; aunque tal
vez alguno haya hecho trampas), no se
puede llamar a ese periodo de 4 años “legislatura”.
Los Ayuntamientos administran; por eso hay que hablar de administración.
Y me ha gustado sobremanera el leerle a Tony que “el
último mandato de los vecinos” -la fragmentación del voto, les recuerdo
yo, no deja lugar a dudas- “exige diálogo”. Eso lo ha entendido
Tony: diálogo para consensos y “ejercer
el arte del entendimiento y el acuerdo”, que eso es cosa de políticos.
No lo he visto -ni oído- en directo-, pero una frase ha sido
más rotunda que las demás cuando a primera hora de la tarde lo leía en la
distancia: la de la obligación de
cumplir con la palabra dada a los ciudadanos. La de veces que algo similar,
en mis tiempos de Machín, he dejado
yo escrito para otros. Porque el alcalde se toma como exigencias (de los vecinos) las propuestas aireadas en la campaña.
Me ha gustado el texto porque ha tocado todos los palos:
amable entrada, toque a la sensibilidad, llamada al compromiso, golpe de auctoritas[1],
mano tendida y epílogo de futuro. Perfecto en la estructura, ecuánime en las
formas, directo al mentón y al corazón.
Comenzó agradeciendo “a cuantos ejerciendo libre y
democráticamente su generosidad… contribuyeron a conformar esta nueva
corporación” entrante, y les agradeció “haber respetado” lo que el pueblo de Benidorm había
mandatado. Y habló de lo que ello supone: “reto personal y colectivo”.
Reto que estaba unos párrafos más adelante: “dar respuesta a las nuevas
realidades y hacerlo desde el modelo de ciudad integradora y de progreso”
Y animó a “trabajar juntos” para lograr el
Benidorm que, ¡atención!, “reclaman” los vecinos. Y centró las
palabras “transparencia”, “participación”, “implicación”,
“ciudadanos”
y “civismo”
para sentenciar que “un futuro estimulante y prometedor comienza
hoy”, obligando a los 25 ediles que allí estaban.
Evidenció su “confianza en la ciudad” -“potente,
vigorosa y dinámica”- y en su actividad turística proclamando “el
modelo de éxito que representa”.
Anunció “un gobierno abierto y transparente”;
una acción de gobierno “pensando en las personas”. Se
comprometió a “ir hacia un Benidorm excelente y -¿por qué no?-, atrevido;.
“Un
Benidorm preocupado por las necesidades cotidianas de sus vecinos”.
Proclamó “un ayuntamiento próximo, eficaz, que no mire
hacia adentro y cuide a su gente y del que su gente se sienta protagonista”.
Y confesó: “Sé que un Ayuntamiento no puede hacerlo todo, pero todo debe
preocuparle y ocuparle”. Ahí encerraba sus máximas: “hablar
y escuchar”, porque el objetivo es “devolver con más y mejores
servicios -a los ciudadanos- la aportación que han realizado a la ciudad
tras años de esfuerzo”.
Se acordó de todo: del empleo, que es lo más socorrido, y
hasta de la discapacidad, con una
asignatura pendiente en la ciudad y la comarca. Y me convenció el “soy
capaz de poner a cada proyecto colectivo el rostro de sus verdaderos artífices;
el rostro de sus protagonistas: mis vecinos”, a los que ofreció “cercanía,
esfuerzo y trabajo constante y el valor de la palabra como aval fundamental”.
Y como colofón, sacó a relucir “y capacidad para decir no”, que
suena a declaración.
Los votos,
recordó, “no son nuestros, son prestados”. Y terminó con lo que considero
es una posición de gobierno y la clave para estos cuatro años: “Estamos
llamados a trabajar para solucionar problemas; no para crearlos”.
Si esto es la antesala de lo que nos espera, bienvenido,
Antonio; Tony. Y felicidades, por San Antonio… que lo de gobernar en minoría va
a ser como operar un aneurisma con luz de gas.
[1]
Auctoritas es la cualidad por la cual una persona se hacía
merecedora del respecto de los que la rodeaban a través de la experiencia y la
realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes. Para tener
auctoritas un romano debía labrarse
una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie
de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder -potestas- o incluso poder absoluto
-imperium-, pero ello en ningún
momento te aseguraba ni un ápice de auctoritas.
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