31 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (y XIV)

 

Y hoy ya concluimos…

Ceuta, recientemente, ha vivido episodios como la Tragedia del Tarajal[1], en 2014, cuando un grupo subsahariano intentó entrar en España bordeando a nado el espigón fronterizo. Durante el operativo de la Guardia Civil se utilizaron medios antidisturbios. Aquella actuación provocó una intensa controversia política, social y jurídica[2].

La tragedia también suscitó críticas de organizaciones humanitarias y de derechos humanos, que reclamaron una investigación rigurosa y aplicar procedimientos de entrada que permitieran solicitar protección internacional sin exponerse a situaciones de riesgo extremo.

En medio de ese clima, en septiembre de 2014, el Gobierno de Ceuta avanzó un balance de los primeros veinte años transcurridos (19, en realidad) desde la aprobación del Estatuto de Autonomía[3]. La vida de la ciudad no puede estar condicionada por la existencia de una presión migratoria inducida.

Y en 2015 la legislación española incorpora un régimen específico para los rechazos en frontera a través de la Ley Orgánica 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana, que incorporó una disposición adicional a la Ley de Extranjería que reguló específicamente los rechazos en la frontera[4] terrestre de Ceuta y Melilla, que generó controversia[5].

En la última década, las tensiones han sido la tónica dominante. El comercio transfronterizo siempre ha constituido una fuente de actividad económica, pero también ha provocado problemas de congestión, saturación de los pasos, dificultades de circulación y condiciones laborales muy duras para quienes transportaban mercancías a pie.

La situación evidenciaba una contradicción: la frontera es indispensable para la seguridad y la soberanía, pero también constituye un espacio de intercambio económico del que dependen numerosas personas y negocios.

El 27 de febrero de 2017 abrió el paso fronterizo de El Tarajal II, diseñado específicamente para ordenar el tránsito de mercancías y de porteadores. La nueva infraestructura pretendió descongestionar el paso fronterizo principal y organizar mejor el comercio transfronterizo.

En su primera jornada, el funcionamiento del dispositivo fue relativamente fluido, aunque se produjeron momentos de tensión vinculados a las protestas de algunos porteadores y a la organización de los flujos. Sin embargo, la apertura de un paso específico no podía resolver por sí sola los problemas estructurales del comercio transfronterizo: la presión sobre las infraestructuras, las diferencias económicas entre ambos lados de la frontera y las difíciles condiciones de trabajo de numerosos porteadores.

La gran cuestión que quedaba abierta al terminar 2017 era cómo conciliar la protección de la soberanía y la seguridad fronteriza con una economía más diversificada, una convivencia social sólida y una gestión de la frontera respetuosa con los derechos fundamentales.

Pero en 2018 se produce un nuevo agravio. En agosto, Marruecos cerró unilateralmente la aduana comercial de Melilla, y durante los meses siguientes se agravaron las dificultades del comercio transfronterizo en ambas ciudades.

En Ceuta, el funcionamiento del paso de porteadores de El Tarajal II quedó seriamente comprometido. En septiembre, el tránsito comercial peatonal llegó a suspenderse después de que las autoridades marroquíes incautaran mercancías transportadas por porteadores que regresaban a su país.

La situación evidenció la vulnerabilidad de un modelo económico que dependía parcialmente del tránsito de mercancías y de compradores procedentes de Marruecos donde siempre hay una mayor dependencia de las decisiones adoptadas unilateralmente por Marruecos.



En 2020 la pandemia provocó el cierre de la frontera terrestre. El 13 de marzo, Marruecos cerró la frontera en el contexto de la emergencia sanitaria provocada por la COVID-19. El cierre se prolongó durante más de dos años.

Aunque se habilitaron pasillos humanitarios puntuales, desapareció prácticamente la movilidad ordinaria entre ambos lados de la frontera.

El impacto que fue mucho más allá de la salud pública. La clausura afectó a múltiples dimensiones de la vida ceutí. Así, los trabajadores transfronterizos quedaron separados de sus empleos y familias, el comercio fronterizo sufrió un golpe definitivo en su funcionamiento tradicional, numerosas empresas perdieron clientes y actividad, se interrumpieron relaciones familiares y sociales cotidianas y la Ciudad Autónoma tuvo que afrontar nuevas necesidades sociales y económicas.

La pandemia aceleró así la transformación de la economía local y puso de manifiesto los riesgos de depender de una frontera cuyo funcionamiento no controlaba exclusivamente España.

Recuperándose de la pandemia, los días 17 y 18 de mayo de 2021, Ceuta vivió una de las mayores crisis fronterizas de su historia contemporánea. En aproximadamente 48 horas, unas 8.000 personas (hasta 10.000 señalaron otras fuentes) entraron irregularmente en la ciudad, según las cifras difundidas por las autoridades españolas. Entre ellas había numerosos menores de edad. La entrada se produjo principalmente por los espigones marítimos fronterizos, ante una actuación insuficiente de las fuerzas de seguridad marroquíes para impedir el paso.

El Gobierno español desplegó efectivos policiales y militares para reforzar el control fronterizo y atender la emergencia. Miles de personas fueron devueltas a Marruecos en los días siguientes, mientras la Ciudad Autónoma afrontaba una situación de desbordamiento de sus recursos de acogida.



La crisis se produjo en medio de un grave deterioro de las relaciones entre España y Marruecos. España había permitido la hospitalización en Logroño, por razones médicas, de Brahim Gali, dirigente del Frente Polisario. Rabat consideró aquella decisión una afrenta y la crisis se interpretó ampliamente como una forma de presión sobre el Gobierno español. Esta vez no recurrieron a ninguna celebración real para proceder miserablemente como siempre hacen.

Un responsable del Gobierno marroquí vinculó públicamente la respuesta de su país con la decisión española de acoger a Gali.

La crisis tuvo consecuencias de gran alcance. Hubo un despliegue extraordinario de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad, se produjo el colapso temporal de los dispositivos de acogida, exigió intervención diplomática de la Unión Europea en apoyo de España, necesitó de la reaparición del debate sobre la vulnerabilidad de Ceuta (que a la vista de los acontecimientos posteriores no sirvió para nada) y se cuenta que fue necesaria una mayor atención a la cooperación fronteriza como elemento de la relación con Marruecos.

Mayo de 2021 mostró que una alteración del control fronterizo podía convertirse rápidamente en una crisis humanitaria, política y diplomática de alcance nacional y europeo; como hemos visto en el verano de 2026… y aún siguen sufriendo los ceutíes.

Y para complicarme a mí la situación, en marzo de 2022 España modificó su posición sobre el Sáhara Occidental. Se hizo pública la nueva postura —mejor impostura— del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental, expresada en una carta de Pedro Sánchez[6] al rey Mohamed VI.

España pasó a considerar la propuesta marroquí de autonomía para el territorio como la base más seria, realista y creíble para resolver el conflicto.

El cambio permitió iniciar una nueva etapa en las relaciones entre ambos países. El 7 de abril, Sánchez viajó a Rabat y se reunió con Mohamed VI. Ambos gobiernos acordaron una hoja de ruta que incluía cooperación política, económica, migratoria y fronteriza.



Y eso, ¿qué significó para Ceuta?

Pues tuvo importancia estratégica porque Marruecos relacionaba desde hacía décadas sus reivindicaciones sobre las dos ciudades con su política territorial en el norte de África.

El giro español generó críticas de Argelia y abrió un debate interno sobre sus implicaciones para la política exterior española.

Desde la perspectiva de Ceuta, el cambio planteaba una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto la mejora de las relaciones con Marruecos podía traducirse en garantías estables para la ciudad?

El caso es que el 17 de mayo de 2022 se reabrió el paso fronterizo de El Tarajal, después de más de dos años cerrado. La reapertura fue gradual y comenzó con determinadas categorías de viajeros; posteriormente se incorporaron los trabajadores transfronterizos autorizados.

No se recuperó inmediatamente la situación anterior a 2020. El comercio transfronterizo continuó sometido a restricciones y la normalización económica avanzó mucho más lentamente que la movilidad de personas.

Vamos: que menos da una piedra.

Sí, hablo de la importancia histórica del año 2022 porque fue el año del restablecimiento de la relación diplomática bilateral, pero también —se cuenta— resultó el comienzo de una nueva etapa de cooperación cuya eficacia debe medirse por sus resultados concretos para Ceuta. Y esto lo veo yo del color del café…

Y aquí entraría Pegasus[7].



Del 19 de mayo de 2021 es la reseña de la primera intrusión al teléfono del presidente español Pedro Sánchez. El día 18 había visitado Ceuta y Melilla.

Del 31 de mayo es la segunda intrusión.

Se detecta también una intrusión en el teléfono de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en junio de 2021...

Así las cosas, el 14 de marzo de 2022 es cuando Pedro Sánchez remite una carta a Mohamed VI y modifica la posición española sobre el Sáhara Occidental; el 7 de abril de 2022 Sánchez visita Rabat y ambos países acuerdan una nueva etapa de cooperación. ¿Coopequé? No me ha quedado claro el tema…

No es una tesis lo del pinchazo Pegasus; es una hipótesis. Hay quien la plantea, pero no está probada.

No obstante, y aquí llegados, en este punto, dejo entrar a Yves Lacoste, mi geógrafo —el culpable de que yo me interesara sobremanera por la Geografía— porque la visión geopolítica que desprende es la que permite ampliar el análisis: la competencia entre Estados no se desarrolla únicamente en las fronteras físicas, sino también en el terreno de la información y la inteligencia.

La lectura lacostiana consiste en estudiar conjuntamente el territorio, los medios de presión y las relaciones de poder, sin confundir la existencia de una vulnerabilidad con la prueba de que alguien la haya utilizado en un caso concreto.

Y eso es lo que pasó y sigue pasando con Ceuta.

Durante 2024, Ceuta volvió a afrontar dificultades para gestionar la llegada de personas migrantes, especialmente de los llamados menores extranjeros no acompañados.

La situación puso de manifiesto una limitación estructural: la Ciudad Autónoma dispone de una capacidad de acogida[8] reducida en comparación con las necesidades que puede generar una entrada repentina de personas.

A diferencia de otras comunidades autónomas, Ceuta no puede redistribuir territorialmente su población dentro de su propio territorio; es el que quedó fijado en 1860. Sus recursos de alojamiento, asistencia social y atención a menores pueden saturarse rápidamente.

La gestión de los menores no acompañados se convirtió en un asunto de confrontación política entre administraciones y partidos.  Ceuta reclamó mecanismos de cooperación y reparto de responsabilidades con el Estado y las comunidades autónomas.

Y la vida sigue y seguirá en una Ceuta española. El 13 de marzo de 2025 se cumplieron treinta años de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Ceuta.

La Ley Orgánica 1/1995 estableció el marco institucional que permitió a la ciudad disponer de Asamblea, Presidencia y Consejo de Gobierno propios. Tres décadas después, el balance es el de una administración local consolidada, con capacidad para gestionar numerosos servicios y desarrollar políticas públicas específicas.



Sin embargo, seguían abiertas varias cuestiones de nivel tales como la financiación necesaria para prestar servicios en condiciones equiparables a las del resto de España, la distribución de competencias entre el Estado y la Ciudad Autónoma, la necesidad de impulsar el empleo privado y diversificar la economía, el acceso a la vivienda y las dificultades socioeconómicas de determinados barrios y la gestión de una frontera que puede experimentar cambios bruscos en sus flujos de personas y mercancías.

En 2025 las aduanas comerciales intentan reabrirse, pero persistían las dificultades. La normalización del comercio fronterizo acordada en 2022 avanza lentamente[9].

La reapertura representaba una oportunidad para desarrollar intercambios comerciales regulares y reducir la incertidumbre empresarial. Pero el proceso siguió sujeto a restricciones y problemas operativos.

Y llegamos a 2026 con nuevas dificultades en la frontera comercial. Hasta julio, el funcionamiento de la aduana comercial de Ceuta continuó siendo irregular. En julio, Marruecos volvió a suspender temporalmente el tránsito de mercancías por los pasos de Ceuta y Melilla durante la Operación Paso del Estrecho, con el argumento de evitar interferencias con el dispositivo de circulación de viajeros. La suspensión estaba prevista hasta mediados de septiembre, pero a finales de julio pasó lo que pasó.

Sobre esto, les digo: la aduana comercial se ha convertido en un indicador concreto de la calidad de las relaciones hispano-marroquíes y de la capacidad de ambos países para aplicar los acuerdos alcanzados.

La crisis de julio de 2026 ha añadido una nueva dimensión: la necesidad de contar con mecanismos de respuesta rápidos, recursos suficientes y una cooperación internacional capaz de evitar que las emergencias fronterizas se conviertan en tragedias humanas.

 


CONCLUSIÓN (apresurada; aún después de esta serie de post):

La soberanía de Ceuta no descansa en una continuidad civilizatoria, sino en títulos que cualquier tribunal puede examinar. Pasó a Portugal en 1415, fue reconocida a España por el Tratado de Lisboa de 1668 y quedó confirmada por los tratados de límites con los sultanes de los siglos XVIII y XIX.

A eso se suma la voluntad de sus ciudadanos, que desde 1995 se gobiernan con un Estatuto propio.

La historia que he recorrido explica cómo se llegó hasta aquí, pero no es lo que decide. Los seissiglos de dominio islámico previos a 1415 son un hecho, y negarlos debilita la causa más de lo que la sirve.

La españolidad de Ceuta y Melilla no es una cuestión de opinión, sino una realidad histórica, jurídica y política.

Ambas ciudades forman parte de España desde hace siglos: Ceuta quedó incorporada a la Corona portuguesa en 1415 y permaneció bajo soberanía española cuando Portugal y España se separaron en 1640, circunstancia reconocida en el Tratado de Lisboa de 1668; Melilla fue incorporada a la Corona de Castilla en 1497. Desde entonces, ambas ciudades han mantenido una vinculación continuada con España, con instituciones, población y vida política españolas, y hoy son ciudades autónomas integrantes del Estado español, amparadas por la Constitución de 1978.

Ninguna reivindicación territorial de un Estado vecino puede sustituir unilateralmente esa realidad histórica y jurídica, ni el principio de integridad territorial que protege a España como a cualquier otro Estado soberano. Ceuta y Melilla no son territorios pendientes de descolonización: son España, y sus ciudadanos son españoles con los mismos derechos, libertades y garantías que cualquier otro ciudadano de nuestro país.

Conviene decirlo sin complejos y sin pedir permiso a nadie para hacerlo: Ceuta y Melilla son tan españolas como Benidorm, Sevilla, Málaga o cualquier otra ciudad de España.

Ceuta lo es desde hace más de seis siglos y Melilla desde hace más de cinco; ambas son anteriores al Marruecos independiente, cuyo Estado moderno nació en 1956.

No son colonias; no son territorios ocupados ni son una herencia pendiente de liquidar: son ciudades españolas, con ciudadanos españoles, instituciones españolas y una historia inseparable de España.

Insisto: pretender que su soberanía está en discusión porque Marruecos las reclama es confundir una reivindicación política con un título jurídico.

Y si el argumento es la proximidad geográfica, habría que explicar por qué la cercanía convierte unas fronteras en discutibles y otras no; si es la historia, habría que recordar que la historia del norte de África no empezó con la dinastía alauí ni puede reescribirse a conveniencia.

Marruecos puede reivindicar lo que considere oportuno; lo que no puede es convertir su reivindicación en un derecho. La soberanía española de Ceuta y Melilla no está en subasta, no está en negociación y no necesita la autorización de Rabat.

Lo que cambia con los años no es el derecho, sino el método de presión. Los análisis de Baqués y otros, que hemos visto en este desarrollo de esta serie de posts, apuntan a una estrategia de zona gris: acciones graduales, ambiguas y por debajo del umbral de la guerra.

Pero conviene no pecar de ingenuidad: la frontera comercial, los flujos migratorios y la información son hoy los frentes donde se mide la relación.

Ceuta no necesita ser un “bastión inexpugnable”. Necesita instituciones sólidas, una economía menos expuesta y un Estado que defienda con argumentos lo que ya tiene a su favor.

 

c.q.d.

 

PD.  España lleva más de una década como primer socio comercial de Marruecos, con un intercambio bilateral que supera los 22.500 millones de euros anuales. Y para las ciudades de Ceuta y Melilla las cada vez hay menos: "Marruecos nos ahoga y España mira a otro lado"[10], dijo Enrique Alcoba, presidente de la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME-CEOE), el 2 de diciembre de 2025, en vísperas de la XIII Reunión de Alto Nivel entre España y Marruecos celebrada en Madrid... Me vale para ambas ciudades españolas en el norte de África. ¿Se puede ser más ruin? Esto, hay que revertirlo.




[1] Episodio ocurrido el 6 de febrero de 2014, cuando un grupo de migrantes subsaharianos intentó entrar en Ceuta desde Marruecos, bordeando a nado el espigón fronterizo de la playa de El Tarajal. Durante el intento de entrada, la Guardia Civil empleó material antidisturbios, incluidas pelotas de goma y botes de humo, mientras los migrantes se encontraban en el agua. Quince personas murieron ahogadas y otras lograron alcanzar la costa española o fueron interceptadas y devueltas a Marruecos.

[2] Las preguntas centrales fueron si el uso de material antidisturbios en las proximidades de los nadadores fue adecuado; si existió una relación entre el operativo policial y los fallecimientos; cómo debían aplicarse las garantías jurídicas a quienes trataban de entrar irregularmente en territorio español; y qué obligaciones correspondían a España en materia de salvamento y protección de los derechos humanos. El caso dio lugar a investigaciones judiciales prolongadas y a un debate sobre los protocolos de actuación en la frontera.

[4] Cabe distinguir tres cuestiones que, aunque están relacionadas, no son exactamente lo mismo: A: El control fronterizo: la potestad del Estado español para controlar quién entra en su territorio; B: La devolución de quienes intentan entrar irregularmente: las actuaciones administrativas destinadas a impedir o revertir una entrada no autorizada; y C: Las garantías jurídicas: el derecho a solicitar asilo, la prohibición de devoluciones a lugares donde exista riesgo de persecución o malos tratos y la protección de menores y otras personas vulnerables. Si en 1975 la frontera no tenía las características operativas y jurídicas que adquiriría tras la entrada de España en las instituciones europeas, al entrar España en la UE la cuestión fronteriza quedó condicionada por la Ley de Extranjería y la europeización de la frontera. Desde 1986 la progresiva implantación del sistema Schengen modificaron el significado estratégico de la frontera ceutí. El control de las entradas dejó de ser exclusivamente una cuestión bilateral hispano-marroquí y pasó a relacionarse directamente con la protección de las fronteras europeas. En 1995 entró en vigor el régimen de Schengen para España, aunque Ceuta y Melilla quedaron sujetas a particularidades específicas en materia de circulación hacia el espacio Schengen. El dispositivo fronterizo se reforzó progresivamente. Al mismo tiempo, las autoridades recurrieron a los procedimientos de devolución previstos en la legislación de extranjería para las personas interceptadas intentando entrar irregularmente en España. Estos son la devolución regulada: procedimiento administrativo previsto por la legislación de extranjería, con sus correspondientes garantías y la entrega inmediata a las autoridades marroquíes: actuación material que puede producirse sin que se tramite previamente un procedimiento individualizado. España controla la frontera, pero la eficacia de ese control depende en buena medida de la cooperación de Marruecos. En Ceuta, Marruecos se convirtió en un actor indispensable para contener los intentos de entrada. El gran cambio normativo se produjo con la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, conocida popularmente como ley mordaza. Su disposición final primera añadió una disposición adicional décima a la Ley Orgánica 4/2000 de extranjería, estableciendo un régimen específico para Ceuta y Melilla.

[5] La norma estableció que los extranjeros detectados en la línea fronteriza mientras intentaban superar irregularmente los elementos de contención podían ser rechazados para impedir su entrada ilegal, con la obligación de respetar la normativa internacional de derechos humanos y de protección internacional. También contempló la formalización de solicitudes de protección internacional en los puestos fronterizos habilitados. La disposición, conocida popularmente como la regulación de las devoluciones en caliente, generó una fuerte controversia.

 

[7] El 18 de julio de 2021, un consorcio internacional de medios comenzó a publicar las conclusiones del llamado Proyecto Pegasus, coordinado por la organización periodística Forbidden Stories, con apoyo técnico de Amnistía Internacional. La investigación examinó una filtración de más de 50.000 números telefónicos seleccionados como posibles objetivos por clientes de la empresa israelí NSO Group. La precisión fundamental es que figurar en aquella lista no demostraba por sí solo que un teléfono hubiera sido infectado. Los análisis forenses realizados sobre determinados dispositivos sí encontraron pruebas de infecciones o intentos de intrusión. El 19 de julio, varios medios nacionales informaban sobre el alcance internacional de la filtración y señala a Marruecos entre los países cuyos posibles objetivos (periodistas y opositores) aparecían en los datos analizados. El 20 de julio se habló ya de Emmanuel Macron como una de las víctimas del espionaje y el tema cobró dimensión diplomática. El 2 de mayo de 2022, The Guardian publicó que más de 200 números de teléfonos españoles figuraban entre los posibles objetivos asociados a un cliente de Pegasus que los investigadores creían que podía ser Marruecos... y todos los Medios se pusieron en guardia...y supimos que estaban los nombres de Pedro Sánchez, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, Luis Planas y Arantxa González Laya...

[8] El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta es una instalación estatal destinada a la acogida provisional de personas extranjeras, mientras se realizan los trámites correspondientes y se determina la atención o derivación que necesitan. Su capacidad oficial es de 512 plazas. La capacidad ordinaria de acogida de menores extranjeros no acompañados establecida por el Gobierno central se actualizó en junio de 2026 y quedó fijada en 29 menores para Ceuta. El CETI depende de la Administración General del Estado.

[9] El 8 de enero de 2025, los primeros camiones que intentaron completar operaciones comerciales por las fronteras de Ceuta y Melilla fueron devueltos por las autoridades marroquíes, que alegaron problemas técnicos. Tras nuevos intentos, el 11 de febrero se produjo una operación que logró cruzar mercancías por ambas ciudades, incluida una expedición desde Ceuta. El avance fue considerado un paso importante hacia la apertura comercial, aunque todavía no significaba que se hubiera normalizado plenamente el tráfico de mercancías. A diferencia de Melilla, la ciudad nunca había contado con una aduana comercial convencional en funcionamiento con Marruecos.

 

30 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (XIII)

 

 

Y sigo en faena, con la historia a cuestas… en terminando el siglo XX y el salto al XXI… je, je; lo del “salto” tiene gracia ante unas vallas fronterizas que se las saltan cuando les da la gana… y unas puertas que les abren que, menos mal, no les reciben con fanfarrias. Bueno, al caso, que en el XXI nos dimos de bruces con una nueva realidad…

Ya como Ciudad Autónoma, a Ceuta llegaron las primeras elecciones de la nueva etapa y fueron municipales. Los votos de los ceutíes el 28 de mayo de 1995 sirvieron para constituir la primera Asamblea de Ceuta bajo el nuevo Estatuto… Y comenzaron los problemas con los sucesos del centro de inmigrantes de El Ángulo en el mes de octubre[1].

Inmigrantes subsaharianos concentrados en las instalaciones de El Ángulo protagonizaron los sucesos y pusieron de manifiesto, como avancé, una nueva dimensión de la posición geográfica de Ceuta: la ciudad no era únicamente una frontera estratégica entre España y Marruecos, sino también la frontera entre el continente africano y esta península de Asia que llamamos Europa que en su parte occidental acoge a la Unión Europea. Vamos que: Ceuta es también un punto de tránsito hacia Europa para personas procedentes del África subsahariana.


La gestión de la inmigración, las condiciones de acogida y la respuesta policial y administrativa comenzaron a adquirir mayor relevancia en la agenda local porque ya anticipaba uno de los desafíos estructurales que van marcando el futuro de la ciudad.

La frontera de Ceuta comenzaba a adquirir una dimensión europea cada vez más visible, vinculada no solo a la soberanía territorial, sino también a la gestión de los flujos migratorios.

Entre 1997 y 2006, Ceuta vivió una década decisiva para comprender su configuración contemporánea y consolidar las instituciones, asumir competencias y definir las relaciones entre la Ciudad Autónoma y el Estado; en ocasiones (como la de 2026), puñetero Estado.

Este periodo estuvo marcado por una paradoja: mientras Ceuta consolidaba su integración institucional en España y su vinculación con Europa, aumentaba la importancia estratégica de su frontera con Marruecos.

En 1998, el Gobierno español decidió reforzar el cerramiento fronterizo de Ceuta y Melilla, en un contexto de creciente presión migratoria y de recomendaciones europeas para mejorar la protección de las fronteras exteriores. La actuación se articuló mediante la adquisición de nuevas barreras de seguridad[2].



La frontera ceutí empezaba así a experimentar una transformación material y funcional. El límite terrestre con Marruecos no era nuevo, pero el desarrollo de un perímetro de seguridad cada vez más complejo respondía a una realidad emergente: el control de los movimientos migratorios hacia Europa.

La construcción y modernización del cerramiento se prolongaría durante los años siguientes, con cambios en su altura, sus sistemas de vigilancia y sus elementos de seguridad.

 

CEUTA SIGLO XXI

Al comenzar el siglo XXI, Ceuta reunía tres características que considero son fundamentales:

 

1.- Ceuta es una ciudad española situada geográficamente en el norte de África.

 

2.- Ceuta forma parte del espacio político europeo, aunque con particularidades fiscales y aduaneras.

 

3.- Ceuta constituye uno de los dos únicos enclaves de la Unión Europea con frontera terrestre directa con Marruecos (el otro es Melilla).

Esta posición le confiere a Ceuta una importancia que supera su tamaño y población. Recordemos que la integración europea no eliminó sus singularidades. Ceuta mantuvo un régimen económico y fiscal específico y quedó fuera de determinados ámbitos de la integración aduanera y fiscal comunitaria.

Paralelamente, y como dije, la frontera terrestre fue adquiriendo una dimensión europea cada vez más importante. El control migratorio, la seguridad fronteriza y la cooperación con Marruecos comenzaron a condicionar tanto la actuación del Estado como las políticas locales.

Nada más comenzar el siglo XXI Ceuta empezaba a ser observada como un punto crítico de la frontera exterior europea.

Y también el siglo XXI nos traerá la figura de Juan Vivas. El 7 de febrero de 2001, Juan Jesús Vivas Lara, del Partido Popular, fue investido presidente de la Ciudad Autónoma. La llegada de Vivas abrió una nueva etapa en la política ceutí. Su proyecto se orientaría hacia la estabilidad institucional, la modernización urbana, la mejora de los servicios públicos y el fortalecimiento de las relaciones con el Gobierno central.

Su continuidad política acabaría convirtiéndose en uno de los rasgos más característicos de la historia reciente de la ciudad.

Pero el verano de 2002 nos trajo el “incidente[3] del islote Perejil”, “Laila” (la isla, como lo pronuncian en la orilla Sur del Estrecho) que le dicen en el otro lado de la frontera. Debido a su cercanía, la ciudad autónoma de Ceuta se convirtió en el epicentro de la respuesta española. El incidente de la isla de Perejil en 2002 supuso el punto más bajo en las relaciones bilaterales entre España y Marruecos desde la Marcha Verde de 1975… hasta 2026. Sus repercusiones transformaron de manera profunda la diplomacia, las alianzas internacionales y las estrategias de seguridad de ambos países[4].

Perejil fue el primer ensayo moderno de Marruecos utilizando lo que hoy se conocen como amenazas híbridas.

Al ocupar una roca sin valor económico ni militar, Rabat midió la velocidad y la contundencia de la respuesta política y militar de España. Tras constatar que la respuesta fue drástica, Marruecos redirigió su estrategia de presión hacia vectores más complejos y difíciles de contrarrestar por la vía de la fuerza, principalmente el control de los flujos migratorios y la cooperación antiterrorista.



Es más: y este es un modelo de actuación que se ha repetido. La invasión de 2002, como la de 2026, coincidió con la celebración de los festejos públicos sobre el rey Mohamed VI…

En 2002 tuvimos la boda del rey con Salma Bennani, posteriormente conocida como Lalla Salma. La boda oficial se celebró en el Palacio Real de Rabat (acto matrimonial religioso, en privado y con la presencia de las familias) el 21 de marzo de 2002. Los festejos se habían anunciado del 12 al 14 de abril... pero a comienzos de abril, en el otro extremo del Mediterráneo, las fuerzas israelíes intensificaron sus operaciones en Cisjordania y el dirigente palestino Yasir Arafat quedó cercado en su cuartel general de Ramala, en un episodio que provocó una gran conmoción en el mundo árabe.

Mohamed VI presidía el Comité Al Qods[5], organismo vinculado a la defensa del carácter árabe y musulmán de Jerusalén y a la cuestión palestina.

Así las cosas, en Rabat decidieron posponer los festejos del desposorio ante el agravamiento de la situación en los territorios palestinos y la necesidad de dar prioridad a los esfuerzos diplomáticos para encontrar una salida política a la tragedia que vivía el pueblo palestino.

Al final, la boda pública se trasladó de Marrakech a Rabat y los festejos nacionales se desarrollaron entre el 12 y el 14 de julio... y ¡fíjate por donde! que el 12 de julio tenemos Perejil ya invadido[6]… y en Marruecos todos los interlocutores válidos de festorro regio.

En ese clima, en octubre de 2002, la Delegación del Gobierno ordenó el cierre del paso fronterizo de Benzú[7] por los incidentes y la inmigración ilegal. Se había abierto un año antes para descongestionar la frontera de El Tarajal y facilitar el comercio transfronterizo; pero se constató un abuso desmesurado y problemas de orden público, amén de inmigración irregular que siguió ocupando un lugar destacado en la agenda de Ceuta los años siguientes.

Ceuta recibía a personas procedentes de distintos países africanos que trataban de acceder a territorio español por la frontera terrestre o por vía marítima; su destino imaginario era Europa. Las instalaciones de acogida y los mecanismos de control afrontaban una presión creciente.

El refuerzo del perímetro fronterizo no eliminó los intentos de entrada. Por el contrario: el fenómeno evidenció que el control físico de la frontera debía combinarse con cooperación internacional, recursos policiales y mecanismos de atención humanitaria.

La cuestión migratoria se vinculó progresivamente con la política europea de fronteras, en la que España desempeñaba un papel especialmente sensible por su posición geográfica.

Por aquel tiempo se estaban configurando las condiciones que desembocarían en la grave crisis fronteriza de 2005 que le tocaría lidiar a José Luis Rodríguez Zapatero.



El otoño de 2005 fue uno de los episodios más dramáticos de la historia contemporánea de Ceuta y Melilla. Recordemos: durante septiembre y octubre, centenares de inmigrantes subsaharianos protagonizaron intentos colectivos de superar los perímetros fronterizos. La concentración de personas y el uso de escaleras artesanales permitieron superar en algunos puntos las barreras existentes. Es la época de los asaltos masivos a la valla.

El 29 de septiembre de 2005, un intento masivo de entrada en Ceuta terminó con cinco inmigrantes subsaharianos muertos[8]; y la cuestión del ¿quién disparó sobre ellos?[9]

Total que, las autoridades españolas reforzaron la vigilancia, mientras Marruecos, por fin, intensificó sus actuaciones al otro lado de la frontera.

Y llegó el tema de las “famosas” concertinas[10]: el 14 de octubre de 2005, la Secretaría de Estado de Seguridad ordenó la colocación de rollos de alambre de espino con cuchillas metálicas (concertinas) en lo alto de la valla para disuadir los saltos. Se armó un escándalo mayúsculo por parte de los de siempre; pero lo había hecho un gobierno socialista (el de José Luis Rodríguez Zapatero). Así es que, ¡chitón! Allá paz y aquí gloria; no se hable más.

Durante los siguientes catorce años, hasta 2019[11] (aunque con periodos de supresión distintos en Ceuta y Melilla), las concertinas provocaron graves lesiones, cortes profundos y mutilaciones a cientos de personas migrantes que intentaban cruzar. Porque el salta de la valla de Ceuta se convirtió en deporte olímpico africano.

En este clima de tensión, a la menor distensión, en 2007: los reyes Juan Carlos I y Sofía de Grecia visitaron Ceuta el 5 de noviembre de 2007 para cumplir una deuda institucional con los ceutíes, reafirmar, primero su españolidad, y, después, la presencia de la Corona en todo el territorio español expresando, en el caso de Ceuta, el respaldo de la Jefatura del Estado a la ciudad autónoma. La visita tuvo, además, una enorme trascendencia política y diplomática por las reivindicaciones territoriales de Marruecos.



Y, además, desde 1927 (reinando Alfonso XIII) no se había producido una visita regia a Ceuta.

La presencia de los Reyes fue recibida, obviamente, con entusiasmo por las autoridades y numerosos ciudadanos. El programa incluyó actos oficiales, recepciones y un desfile militar.

El Gobierno marroquí, por su parte y ¡cómo no!, expresó un rechazo rotundo, considerando la visita como ¡una provocación! El primer ministro, Abbas el Fassi, cuestionó públicamente el viaje y defendió las reivindicaciones territoriales de Marruecos sobre Ceuta y Melilla[12].

Hoy podemos decir que la visita constituyó una afirmación pública de la vinculación de Ceuta con la Corona y el Estado español. Al mismo tiempo, evidenció la distancia entre la posición española —que considera indiscutible su soberanía— y las reivindicaciones territoriales marroquíes.

Desde 2008 las cosas en Ceuta no han ido todo lo bien que un español bien nacido quisiera. La ciudad ha venido afrontando dificultades estructurales anteriores a la recesión: dependencia del sector servicios y del comercio, escasa diversificación productiva, limitaciones de suelo y una elevada dependencia de las conexiones con la Península.

Y ahí siguen los “caballas[13]”, con absoluto pundonor español.

 

Y mañana seguiremos con Ceuta… un final de bombo y platillo; y mi conclusión apresurada…




[2] Dentro de un proceso de modernización del perímetro fronterizo que ya llevaba varios años en marcha. La frontera ceutí contaba ya con una doble valla metálica, de unos tres metros de altura y aproximadamente ocho kilómetros de longitud. El sistema incluía iluminación, cámaras, sensores y una carretera de vigilancia. Sin embargo, en julio de 1998, diversos medios publicaron que el dispositivo presentaba importantes deficiencias: algunos inmigrantes atravesaban las alcantarillas que comunicaban ambos lados de la frontera y las instalaciones todavía no estaban plenamente operativas. La inversión acumulada superaba entonces los 5.000 millones de pesetas. Y esta nueva acción suponía 70 millones de euros más: https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-B-1998-43787

[3] Un grupo de gendarmes marroquíes desembarcó en el islote, izó la bandera de Marruecos y montó un campamento. Rabat justificó la acción alegando que se trataba de una operación rutinaria contra el narcotráfico y la inmigración ilegal, pero posteriormente reemplazó a los agentes por infantes de marina, elevando el tono de la provocación. El suceso se desarrolló entre el 11 y el 20 de julio de 2002 en Perejil, un islote deshabitado de apenas 15 hectáreas situado a solo 200 metros de la costa marroquí y a unos 8 kilómetros de Ceuta. El Gobierno de España, presidido por José María Aznar, exigió la retirada inmediata de las tropas para regresar al statu quo histórico (el peñón debía permanecer deshabitado y sin presencia militar de ningún país). Marruecos se negó, argumentando que el islote formaba parte de su territorio nacional. Ante el fracaso de las vías diplomáticas, la madrugada del 17 de julio de 2002, España ejecutó la Operación Romeo-Sierra. La crisis concluyó definitivamente unos días después gracias a la mediación de Estados Unidos (encabezada por Colin Powell). Ambos países firmaron un acuerdo para retirar todas las tropas del peñón y restablecer el statu quo ante bellum, dejando la isla desierta tal y como está en la actualidad.  Los militares marroquíes capturados en el asalto fueron trasladados inicialmente a la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta antes de ser repatriados a su país a través de la frontera de El Tarajal. https://www.theguardian.com/world/2002/jul/17/3 

[4] Aunque el conflicto duró menos de diez días, las relaciones diplomáticas quedaron completamente congeladas. Marruecos había retirado a su embajador en Madrid meses antes por otras tensiones, y la crisis de Perejil retrasó su regreso durante 15 meses. La tensión comenzó a reconducirse tras la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004. El nuevo Ejecutivo socialista priorizó la distensión y la reconstrucción de la confianza con Rabat, inaugurando una etapa de mayor entendimiento. El acuerdo alcanzado bajo la mediación de Estados Unidos determinó el regreso al statu quo ante bellum. Esto significó que Perejil volvió a ser un territorio desmilitarizado y deshabitado.

[5] El Comité Al Qods o Comité de Jerusalén (Al Qods, es el nombre árabe de Jerusalén), es una institución de la Organización de Cooperación Islámica (OCI) dedicada a la defensa de Jerusalén y de su patrimonio religioso, cultural e histórico, así como al apoyo de la población palestina de la ciudad. Se creó en julio de 1975, en el marco de la entonces Organización de la Conferencia Islámica, hoy Organización de Cooperación Islámica y su función se inscribe en el contexto de la movilización política y religiosa de los países musulmanes en torno a Jerusalén, especialmente después del incendio de la mezquita de Al Aqsa en 1969. La presidencia se confió al rey de Marruecos, Hassan II, y posteriormente pasó a su hijo, Mohamed VI, cuando este accedió al trono en 1999. Y sigue de presidente.

[6] El 10 de julio de 2002 tomó posesión el nuevo Gobierno de Aznar. La renovación afectaba a distintas carteras y, de manera particularmente significativa para esta crisis, al Ministerio de Asuntos Exteriores. La coincidencia es importante porque la gestión de un incidente de soberanía requiere coordinación entre el presidente del Gobierno, Exteriores, Defensa, Interior y los servicios de inteligencia. Yo me atrevo a señalar que Marruecos pudo considerar que ese momento ofrecía una oportunidad para realizar una operación limitada y medir la reacción española... y parece que a las 16 h del día 11 una docena de gendarmes desembarcó en Perejil y colocaron 2 banderas marroquíes y prepararon un vivac. Una patrullera de la Guardia Civil no consiguió que abandonaran el islote...

[7] Benzú había sido tradicionalmente un paso tolerado entre la barriada ceutí del mismo nombre y la localidad marroquí de Beliones. En 2001 se habilitó para facilitar el tránsito de mercancías y descongestionar el paso del Tarajal. Desde agosto de 2002 se sucedían los conflictos y aumentaba el paso de ilegales. La decisión respondió oficialmente a una combinación de problemas de orden público, dificultades para controlar la inmigración irregular y conflictos relacionados con el tránsito de mercancías desde Marruecos. El paso registraba incidentes frecuentes entre los agentes y los porteadores marroquíes que transportaban productos adquiridos en Ceuta para venderlos en Marruecos. Desde el 2 de octubre el paso de Benzú quedó reservado a los vecinos de la barriada ceutí y a los residentes de Beliones que acreditasen su condición o su relación laboral con Ceuta. El Gobierno de José María Aznar pasó de tolerar un paso fronterizo de carácter local y comercial a restringirlo severamente, priorizando el control de la inmigración irregular y el mantenimiento del orden público.

[8] Según las informaciones publicadas en aquellos días, cerca de 700 personas participaron en el intento de cruzar la valla; 214 lograron entrar en la ciudad. Los fallecimientos y las circunstancias de los disparos generaron una fuerte controversia y dieron lugar a investigaciones. https://www.elmundo.es/elmundo/2005/09/29/sociedad/1127968660.html

[10] Tras la grave crisis migratoria de septiembre de 2005, el Gobierno de Zapatero aprobó una inversión urgente de más de 28 millones de euros para reformar los perímetros fronterizos. El argumento del Ejecutivo fue que el sistema anterior era ineficaz y que se requería una "barrera física pasiva" para frenar las entradas masivas. En 2007, el Ejecutivo retiró las concertinas de la parte superior de la valla de Melilla, sustituyéndolas por una "sirga tridimensional" (un entramado de cables de acero trenzado sin cuchillas).

[11] En diciembre de 2019, bajo el mandato del ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska, se inició el desmantelamiento y la retirada progresiva de las concertinas en la valla de Ceuta para sustituirlas por elementos menos lesivos.

[12] Marruecos la calificó de provocación inadmisible, al considerar que la presencia de los Reyes en Ceuta suponía un gesto contrario a sus reivindicaciones territoriales. La reacción diplomática fue significativa: Marruecos retiró temporalmente a su embajador en España, Omar Azziman; se suspendieron las reuniones bilaterales de alto nivel y el Gobierno marroquí expresó formalmente su protesta por el viaje. http://news.bbc.co.uk/2/hi/africa/7078542.stm  En una entrevista publicada por el diario marroquí Aujourd'hui le Maroc el 7 de noviembre de 2007, el primer ministro marroquí, Abbas El Fassi, comparó la situación de Ceuta y Melilla con el conflicto israelí-palestino. Según la información difundida por Al Jazeera, El Fassi sostuvo que España, junto con Israel, era uno de los países que se resistían a pasar página de la ocupación territorial. https://www.aljazeera.com/news/2007/11/7/morocco-condemns-juan-carlos-visit

[13] La explicación más aceptada de por qué les llaman "caballas" a los de Ceuta, respaldada por el historiador y cronista oficial de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, sitúa el origen del término en el siglo XIX. Una de las primeras referencias conocidas al uso de "caballa" para identificar a los ceutíes aparece en 1895, en el periódico local El África. La expresión ya circulaba entonces en el habla popular de la ciudad. En aquella época, la pesca tenía una importancia considerable en la economía ceutí y las caballas eran especialmente abundantes en las aguas próximas a la ciudad. Cuando las embarcaciones de otras localidades del Estrecho veían aproximarse a los barcos pesqueros de Ceuta, se habría popularizado la expresión: ¡Ahí vienen los caballas! Inicialmente, el apodo identificaba a los pescadores ceutíes y, por extensión, a su flota. Posteriormente, se generalizó hasta convertirse en una denominación de los habitantes de la ciudad. La palabra quedó incorporada al uso académico como gentilicio coloquial de los habitantes de Ceuta. La prensa local informó de su reconocimiento por la Real Academia Española en julio de 2010.