Y
sigo en faena, con la historia a cuestas…
CEUTA PORTUGUESA Y ESPAÑOLA
En 1411, tras la paz con Castilla, João I de Portugal obtuvo del antipapa Juan XXIII respaldo pontificio para una nueva guerra contra los musulmanes[1]. Aunque el objetivo de la expedición todavía no estaba fijado —inicialmente se contempló incluso Granada, pero los castellanos se opusieron— durante los años siguientes, Portugal estudió distintos objetivos hasta decidirse por Ceuta, cuya posición estratégica y riqueza la convertían en una pieza excepcional del Estrecho. La expedición, preparada en secreto, culminó con la conquista de la ciudad[2] el 21 de agosto de 1415.
A partir de ese día, Ceuta se convierte en una plaza portuguesa fortificada, cristiana y episcopal, y además en el primer gran punto de apoyo de la expansión portuguesa en el norte de África. Tras conquistarla, Pedro de Meneses, queda al frente de una guarnición de unos 2.500 hombres. La armada regresó a Portugal el 2 de septiembre.
De inmediato, comenzó la reorganización cristiana de la ciudad. El papa Martín V concedió a João I de Portugal varias bulas que respaldaba las conquistas portuguesas en el Magreb, incluyendo Ceuta, e incluso las futuras conquistas[3], dando privilegios espirituales a los cristianos que fueran a vivir en Ceuta. En 1420, la antigua mezquita fue formalmente convertida en iglesia catedral[4] y Ceuta elevada a categoría de ciudad. En 1421, el obispo de Marrakech, Frei Aimaro de Aurillac[5], se trasladó a la nueva diócesis de Ceuta: la Diócesis Maroccana[6].
Y este es un detalle fundamental: la Iglesia cristiana ya tenía una cierta estructura episcopal en el Magreb antes de 1421; yo diría que incluso antes de 1415. La Ceuta portuguesa ya estaba conectada con una red cristiana norteafricana anterior a la conquista portuguesa. No aparece de repente el cristianismo en 1415; lo que aparece entonces es una nueva forma de presencia cristiana, política, territorial y episcopal.
Es más: recordemos que San Daniel fue martirizado en Ceuta.
El siglo XV es el gran siglo de la nueva Ceuta. Tras ser conquistada en 1415, en 1418 sufrió un primer gran asedio protagonizado por meriníes y granadinos; y resistió. Al año siguiente, en 1419, el emir de Granada volvió a intentar conquistarla; Ceuta volvió a resistir.
El momento más duro llegó en 1437. Portugal decidió hacerse con Tánger, en una expedición dirigida por el infante Henrique. El resultado fue desastroso: no pudieron tomar la ciudad y terminaron rodeados por las fuerzas musulmanas. Para conseguir que el ejército pudiera retirarse, los portugueses acordaron entregar Ceuta; y mientras esto se producía, el infante Fernando quedó como rehén.
Portugal no cumplió; no entregó Ceuta y el infante Fernando permaneció cautivo en Fez hasta su muerte en 1443. Ceuta ya era demasiado importante para Portugal como para entregarla.
Portugal siguió su hoja de ruta por el Magreb y fue sumando plazas en el norte de África: Alcácer Ceguer (1458), Arcila (1471) y, finalmente, hasta logró hacerse con Tánger (1471).
Pero a partir de 1495 Portugal entra en la etapa de máxima expansión ultramarina y se centra en bordear África, por su costa Oeste, con el fin de rodearla y llegarse hasta la India. Allí llegará Vasco da Gama en 1498. Y no solo eso; navegando por el Atlántico y hacia el Este, Pedro Álvares Cabral llegará a Brasil en 1500.
A comienzos del siglo XVI, Ceuta llevaba casi un siglo bajo dominio portugués convertida en una plaza fortificada y militar, aunque mantenía una importante actividad comercial; que ese era su cometido.
La población permanente era relativamente reducida y estaba formada mayoritariamente por comerciantes portugueses, junto a los contingentes militares —los llamados fronteiros— y sus familias. Es significativo que los militares de la plaza llevaran consigo a sus familias y que algunas mujeres desempeñaran incluso funciones de gobierno en ausencia de sus maridos.
La Ceuta del XVI mantiene las fortificaciones medievales, pero hubo de adaptarse a la irrupción de la artillería y para ello, el italiano Benedito de Rávena y el portugués Miguel de Arruda, comenzaron en 1550 la fortificación abaluartada moderna, característica de la revolución militar europea del Renacimiento. Las actuales Murallas Reales tienen su origen en este proceso durante el reinado de João III, que culminan con Sebastiao I, en que Ceuta se convierte en una plaza de frontera cuya supervivencia depende de una sólida muralla, una guarnición preparada y una artillería defensiva potente, así como de un abastecimiento constante desde la metrópolis portuguesa de turno. Por lo general, Lisboa.
Es en este siglo XVI cundo Portugal empieza a replantearse el enorme coste de mantener sus posiciones norteafricanas. Finalmente, abandonarán Alcácer Ceguer y Arcila, en 1550, pero potenciarán sobremanera Ceuta, Tánger y Mazagán.
Por su parte, los reinos de Castilla y Aragón también se expandieron por el Mediterráneo. Tras la toma de Granada (1492), Pedro de Estopiñán toma Melilla y tras ella se ganan Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509, por empeño del Cardenal Cisneros) y Bugía y Trípoli (1510), tras lo que el bey de Argel reconoce la autoridad del rey Católico. Incluso Fernando de Aragón[7] propone tomar Túnez y llegarse hasta El Cairo, pero las cortes se le impiden, pues las miradas estaban puestas en América. Lo que no fue óbice para que Carlos I desarrollara intensas campañas contra los turcos por el Mediterráneo, lo que nos lleva hasta Lepanto (07/10/1571), en el golfo de Patras, derrotando a la armada otomana.
En 1578 tras el desastre de la batalla de Alcazarquivir (4 de agosto) —la batalla de los Tres Reyes (que murieron en ella)[8]— desaparece buena parte de la élite portuguesa y las tribus y clanes del Magreb unieron fuerzas para intentar recuperar Ceuta en una etapa de falta de tropas, falta de dinero, problemas de abastecimiento y una epidemia de peste. Documentación de la época describe la ciudad como encontrándose en una situación extremadamente delicada.
La crisis sucesoria provocada por la muerte del rey Sebastiao I en Alcazarquivir, las coronas de España y Portugal se habían unificado[9] en la llamada Unión Ibérica.
En este periodo, Ceuta siguió siendo una plaza portuguesa, rigiéndose por las instituciones y el derecho portugués, pero integrada dentro de la estructura de la Monarquía Hispánica[10] que en 1589 reorganiza todo su sistema defensivo “a la española”.
El 1 de diciembre de 1640, Portugal se rebeló contra Felipe IV de España y proclamó al duque de Braganza como el nuevo rey: Juan IV de Portugal. Prácticamente todas las posesiones ultramarinas portuguesas (como Tánger, Mazagán, Goa o Brasil) reconocieron al nuevo monarca luso. Ceuta fue la única excepción de ultramar[11].
Los nobles, mercaderes y ciudadanos de Ceuta decidieron no secundar la rebelión portuguesa y jurar fidelidad al rey de España por razones profundamente pragmáticas tales como la llegada de suministros, tropas y pertrechos (más fácil desde Málaga y Sevilla que desde Lisboa). Rebelarse contra Madrid para apoyar a Lisboa significaba arriesgarse al desabastecimiento inmediato.
Y en el XVII, por Tratado de Lisboa de 1668 (firmado el 13 de febrero de 1668) puso fin a la Guerra de Restauración portuguesa[12] (iniciada en 1640) y supuso el reconocimiento oficial por parte de España de la independencia de Portugal y de la nueva dinastía de los Braganza. El tratado ordenaba en general la devolución de plazas y territorios entre ambas coronas, pero Ceuta quedó expresamente excluida de dicha entrega. Portugal reconoció formal y definitivamente la soberanía de España sobre Ceuta.
Y mañana comienzan los acosos alauitas…
[1]
Juan XXIII
fue Baltasar Cossa, un eclesiástico y político italiano que desempeñó un papel
protagonista durante el Cisma de Occidente, uno de los períodos más turbulentos
de la historia de la Iglesia católica. A comienzos del siglo XV coexistían tres
obediencias: Gregorio XII, con sede en Roma; Benedicto XIII, el papa de Aviñón,
conocido en la Corona de Aragón como el papa Luna; y Alejandro V, elegido en el
Concilio de Pisa de 1409. El problema fue que el Concilio de Pisa pretendió
deponer a los dos pontífices anteriores y elegir uno nuevo, pero ninguno de
ellos aceptó su deposición. En lugar de resolver el cisma, la iniciativa dio
lugar a tres pretendientes al papado. Cuando Alejandro V murió en 1410, los
cardenales de la obediencia pisana eligieron a Baltasar Cossa, que adoptó el
nombre de Juan XXIII. Bula del 20 de marzo de 1411; el 21 de agosto de 1415 se
produjo la conquista portuguesa de Ceuta.
[2] El rey João I
dirigió personalmente la expedición, acompañado por sus hijos Duarte, Pedro y
Henrique —el futuro Enrique el Navegante—. Ceuta quedó en poder portugués ese
mismo día.
[3]
Bula
Romanus Pontifex (4 de abril de 1417), que inicia el procedimiento para elevar
Ceuta a ciudad y establecer una diócesis; Bula Rex regnum (4 de abril de 1418)
que refuerza la legitimación religiosa de la expansión portuguesa en África;
Bula Rex regnum (26 de marzo de 1419) que concede privilegios espirituales a
los cristianos que residan en Ceuta por razón de la guerra.
[4]
6 de
septiembre de 1420, los arzobispos de Lisboa y Braga dictan en Cintra sentencia
favorable
[5]
Era
franciscano, había sido confesor de la reina Felipa de Lancaster, esposa de
Juan I de Portugal, y anteriormente había ocupado la sede episcopal de
Marrakesh. Su título correspondía a una sede episcopal vinculada a territorios
musulmanes, en los que la Iglesia latina no disponía de una estructura
territorial equivalente a la de los reinos cristianos europeos. Tras la
conquista portuguesa, Ceuta ofrecía una base territorial concreta desde la que
organizar una nueva estructura eclesiástica. El traslado de Aymaro a la sede
ceutí simbolizó esa transformación: una dignidad episcopal vinculada hasta
entonces a la misión cristiana en territorio islámico pasó a encabezar una
diócesis establecida en una ciudad conquistada por una monarquía cristiana.
[6]
La
Diócesis Maroccana o de Marrakech fue creada en torno a 1225-1226, en el
contexto de la actividad misionera franciscana para atender a las comunidades
cristianas existentes en el territorio musulmán del Magreb, especialmente
comerciantes europeos, cautivos, mercenarios y pequeñas comunidades cristianas
vinculadas a las órdenes religiosas. Los franciscanos llegaron al Magreb a
principios del XIII; los llamados mártires de Marrakech fueron
ejecutados en 1220, y posteriormente hubo una presencia franciscana estable. En
Ceuta, por ejemplo, fueron martirizados San Daniel y sus compañeros en 1227. La
Diócesis Maroccana fue una de las llamadas in partibus infidelium: sedes
episcopales situadas en territorios donde la población cristiana era
minoritaria o prácticamente inexistente, pero que la Iglesia mantenía
institucionalmente. El obispo titular residía en la península Ibérica hasta
1420. La nueva diócesis tuvo una proyección geográfica extraordinariamente
amplia. Su jurisdicción eclesiástica pretendía extenderse sobre territorios del
norte de África, incluido el reino de Fez, además de áreas próximas de la
península ibérica.
[7]
En
recuerdo de las aventuras de los almogávares y la tradición del reino de Aragón
en el Mediterráneo que se había hecho con Sicilia y fundado los condados de
Atenas y Neopatria, Fernando de Aragón plantea llevar la frontera del Reino a
la orilla Sur del Mediterráneo para "evitar los males y daños que los
moros de allende hacían cada día". Le mueven cuatro razones: ideología (a
modo de Cruzada), seguridad (acabar con la piratería), geopolítica (controlar
la frontera) y económica (proteger el comercio)
[8]
Sebastiao
I
de Portugal, de 24 años que buscaba expandir los dominios portugueses en el
norte de África y murió en el combate y sin descendencia directa, lo que dejó a
Portugal sumido en una grave crisis dinástica; Abu Marwan Abd al-Malik I,
sultán saadí fallecido también durante la batalla; y Abu Abdallah Muhammad
II (Muley Áhmed / Al-Mutawakil), el exsultán saadí depuesto que buscaba
recuperar el trono con ayuda portuguesa, también fallecido.
[9] Aún no había
acabado ese mes de agosto de 1578 el rey de España Felipe II se presentó como
el legítimo heredero de la dinastía de Aviz. Sus lazos de sangre eran
fortísimos: era hijo de Isabel de Portugal (hija mayor del rey Manuel I) y su
primera esposa había sido María Manuela de Portugal. Eso suponía un derecho
dinástico impecable. Luego aplicó una hábil campaña de diplomacia y sobornos, y
un despliegue militar implacable con el Duque de Alba por tierra y Álvaro de
Bazán por mar. En marzo de 1579 presentó su propuesta a la Cortes de
Lisboa y en enero de 1580 presentó la reclamación definitiva. Tras la
victoria española en la batalla de Alcántara (septiembre de 1580) y la
huida de su rival el prior de Crato, Felipe II asumió el control efectivo del
país y fue proclamado rey de Portugal el 12 de septiembre de 1580,
confirmado tras las Cortes de Tomar en abril de 1581 y puso en marcha la
llamada Monarquía Hispánica que se mantendría con sus sucesores Felipe
II y Felipe IV hasta que el 1 de diciembre de 1640, Portugal se rebeló contra
Felipe IV. Tras casi 30 años de guerra entre España y Portugal, ambos países
firmaron la paz en el Tratado de Lisboa de 1668. En este acuerdo, España
reconoció formalmente la independencia del reino de Portugal. El tratado
estipulaba que ambos bandos debían devolverse los territorios conquistados
durante el conflicto, pero se hizo una excepción explícita con Ceuta.
[10] El 7 de
septiembre de 1580
tuvo lugar en Ceuta la ceremonia solemne de adhesión a Felipe II, con
participación de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas.
[11]
Felipe IV, por una Real Cédula firmada en
1656, declaró a Ceuta “Fidelísima Ciudad”,
por haber sido la única posesión portuguesa de Ultramar que permaneció fiel a
España cuando en 1640 Portugal se rebeló contra el rey español Felipe II
[12]
Conflicto bélico que enfrentó a Portugal
y la Monarquía Hispánica de los Habsburgo, poniendo fin a la Unión Ibérica.
Durante el "Portugal de los Felipes" (Felipe II, III y IV), el
descontento en el país luso creció debido a varios factores clave: la presión
fiscal (por la Unión de Armas, para las cuitas de los Habsburgo por Europa)
y pérdida de fueros, la sensación de indefensión de las plazas
portuguesas de Asia (Ormuz, Goa y otras) y Brasil, y la
oportunidad que se dio con la sublevación en Cataluña (Guerra dels
Segadors) y la situación en Flandes. Se originó cuando los portugueses
tiraron por la ventana al secretario de Estado (Miguel de Vasconcelos) y
apresaron a la gobernadora española. A pesar de durar 28 años, no fue una
guerra de grandes y continuas batallas campales, sino un conflicto de desgaste
(escaramuzas, incursiones de caballería, saqueos y asedios a fortalezas a lo
largo de la frontera entre ambos países). Portugal recibió apoyos de Francia e
Inglaterra. El conflicto terminó formalmente el 13 de febrero de 1668 con la
firma del Tratado de Lisboa, bajo el reinado de Alfonso VI de Portugal y la
regencia de Mariana de Austria en España (en nombre del niño rey Carlos II).


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