27 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (IX)

 

Y sigo en faena, con la historia sobre Ceuta a cuestas… hoy comenzamos con Al-Fassi…

A estas alturas del relato habría ya que incluir la ensoñación de Al-Fassi[1]: el Gran Marruecos. La idea comenzó a gestarse a finales de 1955, pero no adquirió una expresión pública y cartográfica inequívoca hasta el verano de 1956, inmediatamente después de la independencia de Marruecos respecto de Francia y España.

La fecha clave para dar vida a ese sueño fue la del 5 de julio de 1956, cuando el periódico Al-Alam, órgano del partido nacionalista Istiqlal, publicó un mapa del Gran Marruecos. Previamente, el 4 de julio, Al-Fassi había expuesto sus reivindicaciones en una rueda de prensa en El Cairo.



Al-Fassi, fundador y dirigente del partido Istiqlal, sostenía que la independencia marroquí de 1956 era incompleta porque las potencias coloniales habían fragmentado el territorio que, según su interpretación histórica, debía integrar el Gran Marruecos.

Su proyecto defendía unas supuestas “fronteras históricas y naturales”[2] que desbordaban ampliamente las fronteras de aquel Marruecos que acababa de independizarse; incluso del actual. Y se basó en las supuestas relaciones de obediencia de determinadas comunidades de aquella tierras al sultán.

Pero ¡ojo!: no todos los mapas atribuidos a Al-Fassi en 1956 representan exactamente los mismos territorios; el mapa publicado entonces por Al-Alam debe distinguirse de las versiones posteriores de la doctrina que van por ahí soltándose; que todo hay que decirlo.

Las reivindicaciones formuladas por Al-Fassi en julio de 1956 se concentraban de manera explícita sobre Mauritania, el Sáhara, los territorios españoles de la costa atlántica sur del país y en determinadas regiones argelinas y del actual Mali.

Y a pesar de esta formulación básica de las reivindicaciones marroquíes, 1956 es un año clave en la moderna historia de Ceuta.

 

CEUTA Y EL ACOSO DE MARRUECOS

Como contábamos ayer, cuando Francia se vio totalmente desbordada claudicó concediendo la independencia a Marruecos el 2 de marzo de 1956.

La verdadera razón, que ya esbozamos ayer, fue que para Francia mantener el Protectorado se había vuelto política y militarmente demasiado costoso, mientras que el nacionalismo marroquí había conseguido convertir la independencia en una reivindicación popular muy difícil de contener.

Como adelantamos, la decisión fue también consecuencia de los reveses coloniales franceses en Indochina (mayo de 1954), de la guerra de Argelia (que había comenzado el 1 de noviembre de 1954) y llevaba un camino complicado; y, naturalmente, del fracaso de la estrategia de deponer y exiliar al sultán Mohamed V.

La de Francia fue una retirada política negociada ante la imposibilidad de mantener el sistema colonial en las condiciones anteriores.

Y le llegó el turno le llegó que había estado a pachas con Francia en lo del Protectora. España no tuvo otra opción política que seguir los mismos pasos de Francia apenas un mes después (7 de abril de 1956), ya que carecía de sentido jurídico y, sobre todo, militar mantener un protectorado sobre un país que ya era soberano, gracias a Francia.

Y cuando se liquidaron las estructuras del Protectorado y comenzó la disolución de los mandos hispano-jalifianos, el puerto y los cuarteles de Ceuta se convirtieron en la principal sede militar española del norte de África y en el epicentro de la plataforma de evacuación y repliegue para los miles de soldados, funcionarios y familias de colonos españoles que abandonaban a toda prisa el norte de Marruecos.

En medio de aquella situación de 1956, Ceuta siguió viviendo su normalidad y hasta celebró el que sería el último festejo en la Plaza de toros de Hadú.[3]

Pero volviendo a la realidad geopolítica, tras la independencia marroquí, se estableció en Ceuta la Jefatura del Ejército en el Norte de África. El teniente general Rafael García Valiño asumió la máxima autoridad civil y militar de la plaza, situación que se prolongaría hasta 1968.

Además, el 29 de octubre de 1956 se firmaría el protocolo que puso fin al régimen internacional de Tánger[4], conferencia internacional[5] incluida, lo que permitió su reincorporación a Marruecos.

La desaparición de este régimen internacional para Tánger completa otra de las grandes transformaciones territoriales del entorno ceutí. La nueva realidad afectó a las comunicaciones, los intercambios comerciales y el equilibrio estratégico del Estrecho de Gibraltar.

Pero eso no es todo. También en 1956, alcanzada la independencia, Marruecos negoció con los Estados Unidos el desmantelamiento de las bases estadounidenses en suelo marroquí; bases que había sido acordadas por los Estados Unidos con Francia en la época del protectorado. Me refiero a las bases aéreas de Nouasseur (cerca de Casablanca, en el emplazamiento del actual aeropuerto Mohamed V), Sidi Slimane (del Strategic Air Command; SAC), Ben Guerir y la muy secundaria de Boulhaut; y la naval de Port Lyautey (actual Kenitra), que englobaba un muy completo centro de comunicaciones de la Marina estadounidense.



El 22 de diciembre de 1959, el presidente Eisenhower visitó Marruecos y anunció el acuerdo que le comprometía a retirar sus fuerzas antes de finalizar 1963. Las tres principales bases aéreas —Nouasseur, Sidi Slimane y Ben Guerir— fueron evacuadas en diciembre del año acordado (1963); Port Lyautey se negoció por separado y se permitió que personal naval estadounidense continuara operando las instalaciones de comunicaciones de Kenitra bajo bandera marroquí, oficialmente en el marco de una misión de formación para facilitar su funcionamiento por personal marroquí y así estuvo oficialmente hasta 1978 gracias a un acuerdo verbal entre el presidente Kennedy y Hassan II en 1963.

Pero volvamos a 1957, año en que se intensifican las tensiones entre España y Marruecos por los territorios españoles que permanecen en África. El nacionalismo marroquí comenzó a impulsar reivindicaciones territoriales que iban más allá de lo que había sido el antiguo Protectorado.

En este contexto, Ceuta y Melilla adquirieron una nueva relevancia política y estratégica: ya no eran únicamente plazas militares españolas próximas al territorio marroquí, sino enclaves que el nacionalismo marroquí empiezó a cuestionar de manera altamente beligerante.

Al mismo tiempo que esto ocurría sobre Ceuta y Melilla, el Ejército español debió hacer frente a la situación complicadísima en Ifni y en el Sáhara con enfrentamientos armados que estallaron a finales de 1957. En Ifni, las fuerzas españolas se enfrentaron al Ejército de Liberación Marroquí y a otros combatientes nacionalistas[6]. A consecuencia de este conflicto se acordó la disolución de la escolta de Franco, conocida como la “Guardia Mora”[7].



Washington consideró que el conflicto en Ifni (y en el Sahara) era una guerra de carácter colonial y nos prohibió el empleo de aviones de combate llegados por los convenios de ayuda —como los modernos F-86 Sabre— y demás armamento ofensivo de procedencia norteamericana[8]. 

Y tras este funesto episodio, en 1958 se produjeron dos acontecimientos relevantes: España reorganizó administrativamente sus territorios del África occidental y constituyó la provincia del Sáhara (10 de enero de 1958); y, al mismo tiempo, se alcanzaron los acuerdos de Angra de Cintra (1 de abril de 195) que establecieron la entrega a Marruecos de la zona de Cabo Juby[9], formalizada posteriormente ese mismo año.

El repliegue militar español del antiguo Protectorado continuó hasta 1961 y Ceuta constituyó un punto estratégico para esta nueva disposición castrense, tanto por sus instalaciones de acuartelamiento como por su puerto y su posición junto al Estrecho. Al mismo tiempo, la reorganización de las estructuras militares y administrativas españolas afectó al tejido económico local. La ciudad afrontó económica y demográfica que se mantendría hasta el inicio de la década de los años setenta coincidiendo con una cierta etapa de indiferencia marroquí porque estaba pulsando el tema del acoso a Ceuta, Melilla, las plazas de soberanía y todo lo que se interpusiera ante el mapa del Gran Marruecos y con el hit parade de la descolonización sonando con ganas por todas partes 

Aquí convendría recordarles que la Conferencia de Bandung[10] (1955) fue el nacimiento del movimiento de los países no alineados, promoviendo la soberanía, la integridad territorial y el fin del colonialismo. Aunque Marruecos aún era un protectorado en 1955, los líderes nacionalistas marroquíes adoptaron los principios de Bandung para justificar la recuperación de lo que consideraban sus fronteras históricas “pre coloniales” y usaron el marco antiimperialista de Bandung para defender su causa, resulta que la aplicación del “Gran Marruecos” chocó con otros principios de la misma conferencia como el de autodeterminación[11] y el de inviolabilidad de las fronteras heredadas[12] muy en la línea del proceder marroquí.

En este contexto, las reivindicaciones territoriales marroquíes sobre Ceuta y Melilla y las plazas de soberanía españolas siguieron presentes, aunque su intensidad y prioridad variarían según las circunstancias diplomáticas; y esa sigue siendo la tónica.

Y un detalle en todos esto: de la noche a la mañana Mohamed V decidió pasar de sultán a rey de Marruecos el 14 de agosto de 1957, cuando adoptó oficialmente el título de rey (malik). La sustitución del título de sultán por el título de rey, dicen por allí que, simbolizó la transformación del Marruecos tradicional en un Estado nacional moderno e independiente. El cambio, aseguran, reforzaba la imagen de Mohamed V como jefe de un Estado soberano, más allá de su tradicional autoridad religiosa y dinástica.

Envalentonado el ya rey, durante el verano de 1960 se produjo un intercambio epistolar con Franco en el que el primero urgía la retirada inmediata de las tropas españolas de todo Marruecos.

Resulta que, durante la negociación sobre Tarfaya (Villa Bens) en Cintra (abril de 1958), el ministro marroquí de Exteriores Ahmed Balafrej (un histórico del Istiqlal) aseguró al monarca haber acordado con el ministro español Castiella que los españoles se replegarían de allí hasta acordar la evacuación total. Mohamed V lo nombró primer ministro (12.05.1958). Fernando María Castiella siempre lo negó.

Finalmente se firmó el acuerdo sobre lo estrictamente acordado: la provincia de Ifni y el pequeño territorio en torno al cabo de Tarfaya (conocido en España como Villa Bens). Mohamed V cesó a Ahmed Balafrej como primer ministro el 16 de diciembre de 1958.

El fallecimiento de Mohamed V, el 26 de febrero de 1961, supuso la llegada al trono de Hassan II que abrió una etapa política en Marruecos a otro nivel reivindicativo. El nuevo monarca afrontó la consolidación institucional de su país, sus relaciones internacionales y las consecuencias de la descolonización.

Para evitar un conflicto con el sucesor de Mohamed V, España aceptó la evacuación de las tropas que aún permanecían en el viejo Protectorado, cuestión que quedaría resuelta el 31 de agosto de 1961 con la evacuación de las últimas unidades[13] militares acuarteladas en Hadú, en el monte Gurugú —la elevación que domina directamente la ciudad de Melilla y la vecina localidad de Nador—, cerrando oficialmente la presencia militar y administrativa española en la zona norte y sur del protectorado.

 

Y mañana seguiremos con Ceuta… y el llamado “periodo de difícil vecindad…

¡ahí es ná!

 




[1] Allal al-Fassi (1910–1974) fue un político, pensador islámico, escritor y una de las figuras más influyentes del nacionalismo marroquí del siglo XX. Es conocido por su papel en la lucha contra el protectorado francés, su liderazgo del Partido Istiqlal tras la independencia de Marruecos y su amplia producción intelectual sobre el islam, el nacionalismo y la reforma política. esde joven participó en el movimiento nacionalista marroquí y destacó por su oposición al dominio colonial francés, especialmente durante las protestas contra el llamado Dahir bereber de 1930. Sus actividades políticas provocaron su encarcelamiento y un largo exilio en Gabón entre 1937 y  1946, durante el cual siguió siendo una referencia para el movimiento nacionalista. Tras su regreso, desempeñó un papel central en el Partido Istiqlal y, después de la independencia de Marruecos en 1956, llegó a ser ministro de Asuntos Islámicos entre 1961 y 1963.Defendía que la modernización del país debía apoyarse en los principios del islam, promovía la arabización de la enseñanza y consideraba que la sharía debía desempeñar un papel importante en el ordenamiento jurídico marroquí.

[2] El mapa publicado en julio de 1956 incluía: el Sáhara Occidental, entonces bajo administración española; Mauritania en su totalidad; amplias zonas del Sáhara argelino, incluidas áreas de Tinduf y Colomb-Béchar; territorios del actual Mali, en torno a la región de Tombuctú; y los territorios que todavía permanecían bajo administración española en el Sáhara y el sur de Marruecos.

[3] La plaza fue derruida en 1989 y en su espacio urbanístico se levantaron viviendas sociales y un edificio administrativo. En sus inmediaciones, un centro comercial lleva por nombre “El Coso”, en su recuerdo.

[4] Proceso en 4 fechas. 5 de julio de 1956: se acuerda un régimen provisional que permite a las autoridades marroquíes asumir progresivamente competencias en Tánger. 8-29 de octubre de 1956: se celebra la conferencia internacional destinada a resolver el futuro de la Zona Internacional. 29 de octubre de 1956: se firma la Declaración Final de la Conferencia de Tánger, que suprime formalmente el régimen internacional y reconoce la soberanía plena del sultán Mohamed V sobre la ciudad. Y 1 de enero de 1957: se considera la fecha de efectividad del desmantelamiento del régimen internacional para determinadas funciones administrativas. La declaración del 29 de octubre fue firmada por representantes de nueve países: Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Marruecos, Países Bajos, Portugal y Reino Unido. El documento reconocía la abolición del régimen internacional y declaraba que el sultán había recuperado la totalidad de sus competencias sobre aquella parte del territorio marroquí.

[5] Desde el Estatuto de 1923, Tánger y su zona de influencia constituían un territorio administrado por instituciones internacionales, con participación de varias potencias europeas, entre ellas España, Francia y el Reino Unido. Así, entre el 8 y el 29 de octubre de 1956, en Fedala —actual Mohammedia— y Tánger, por invitación del sultán, se celebraron las sesiones en las que participaron delegaciones de Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal, Reino Unido y, como no, Marruecos.  Su objetivo era resolver las cuestiones derivadas de la supresión del régimen internacional de la Zona de Tánger.  https://treaties.un.org/doc/Publication/UNTS/Volume%20263/v263.pdf

[6] Guerra de Ifni: entre noviembre de 1957 y junio de 1958. El objetivo de las fuerzas marroquíes era expulsar a las tropas coloniales españolas de sus posesiones en el África Occidental, concretamente del enclave de Ifni y del territorio de Cabo Juby (Tarfaya). Para evitar la descolonización por presión de la ONU, el régimen de Franco convirtió por sorpresa a Ifni y al Sáhara en provincias españolas de pleno derecho en 1958, equiparándolas legalmente a cualquier provincia de la península. La guerra comenzó el 23 de noviembre con un asalto simultáneo de las guerrillas marroquíes contra la capital de Ifni, Sidi Ifni, y los diversos puestos militares del interior. El objetivo era tomar la capital, pero las tropas españolas repelieron el asalto. Las posiciones españolas del interior quedaron aisladas y bajo asedio. Ante la imposibilidad de defender todo el territorio frente a las tácticas de guerrilla, el mando español decidió evacuar de forma heroica los puestos interiores (como Tiliuin o Telata) y atrincherarse en un perímetro defensivo alrededor de Sidi Ifni, abandonando el resto del territorio. La guerra se libró con un armamento español obsoleto, heredado de la Guerra Civil. Unidades de élite como la Legión y los Paracaidistas llevaron el peso de los combates más sangrientos (como la Batalla de Edchera en el Sáhara). El régimen franquista impuso una estricta censura informativa en España; las bajas (unos 300 soldados muertos) se ocultaron a la opinión pública. Ante la extensión de los ataques al Sáhara Español, España y Francia unieron sus fuerzas en una gran ofensiva militar conjunta y mecanizada que barrió por completo a las guerrillas marroquíes del desierto, estabilizando el frente; fue la Operación Teide-Écouvillon (febrero de 1958). Por el Tratado de Angra de Cintra (abril de 1958) se firmó la paz formal. España aceptó entregar a Marruecos la zona de Cabo Juby (Tarfaya), cumpliendo con la entrega del antiguo protectorado sur. Aunque España ganó militarmente la guerra y conservó la soberanía del enclave, en la práctica el territorio quedó reducido exclusivamente a la ciudad fortificada de Sidi Ifni. Todo el territorio interior del enclave quedó bajo control marroquí de facto. La precaria presencia española en Sidi Ifni se prolongó poco más de una década hasta que, debido a la continua presión diplomática de la ONU y de Rabat, España firmó el Tratado de Fez y retrocedió formalmente Ifni a Marruecos el 30 de junio de 1969, arriando definitivamente la bandera española de la plaza.

[7] El 13 de diciembre de 1957 se emitió la orden de disolución, y en abril de 1958 quedaron liquidadas las unidades de escolta de fusileros y lanceros marroquíes, con el licenciamiento de los últimos 230 militares marroquíes que permanecían en el que siempre fue el Regimiento de la Guardia del jefe del Estado, que continuó existiendo hasta la muerte del dictador en noviembre de 1975. En el Ejército español, hasta 1956-57 sirvieron muchos nacidos en el protectorado español. Entre ellos,  Mohamed ben Mizzian, de origen rifeño que llegó a teniente general del Ejército español tras servir en Regulares. Se formó en la Academia de infantería de Toledo. Posteriormente a la GCE fue capitán general de Galicia y Canarias. En 1956 tras la independencia de Marruecos, solicitó la baja voluntaria del Ejército español a petición de Mohamed V, para contribuir a organizar las nuevas Fuerzas Armadas Reales marroquíes. Franco accedió a su petición y le mantuvo la pensión militar. Fue embajador de Marruecos en España entre 1966 y 1970, falleciendo en Madrid en 1975. Fue  comandante general de Ceuta entre 1950 y 1953.

[8] El Ejército del Aire español tuvo que recurrir a aparatos de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, tales como los bombarderos Heinkel He 111, los transportes Junkers Ju 52 (conocidos como Tantas) y algunos aviones de instrucción T-6 Texan. La falta de bombas operativas obligó a la improvisación absoluta. A los viejos trimotores Junkers Ju 52 (aviones de transporte militar de origen alemán) para misiones de bombardeo: se subían a bordo bidones de gasolina a los que se les ataban granadas de mano con cuerdas o alambres con un sistema casero para que se activaran en el aire.

[9] Cabo Juby era una franja territorial entre el Protectorado francés y el Sahara, frente a las islas Canarias, en la costa atlántica africana. Su centro administrativo fue Villa Bens, hoy Tarfaya. La presencia española en Cabo Juby se enmarca en la expansión colonial europea del siglo XIX y en el reparto de influencias en el noroeste africano. La clave jurídica para entender Cabo Juby se encuentra en el acuerdo franco-español de 27 de noviembre de 1912, que delimitó las zonas de influencia de ambas potencias en Marruecos. La región de Cabo Juby quedó dentro de la zona de influencia española en el sur del Protectorado, pero con un régimen diferenciado respecto de la zona norte. Esta distinción explica por qué Cabo Juby tuvo una trayectoria administrativa diferente de la del Sáhara español.

[10] 18 al 24 de abril de 1955 en Bandung, Indonesia; reunió a 29 países de Asia y África —en su mayoría recién independizados— para impulsar la cooperación económica y cultural, rechazar el colonialismo y proclamar la neutralidad ante la Guerra Fría. Jawaharlal Nehru (India), Gamal Abdel Nasser (Egipto) y Sukarno (Indonesia) fueron los líderes impulsores. Hubo condena firme del colonialismo, el neocolonialismo y la segregación racial; se propuso un espacio de neutralidad para evitar ser satélites de las superpotencias; se aprobaron los principios basados en el respeto a la soberanía, la integridad territorial y la no injerencia en asuntos internos; y fue el nacimiento del llamado 'Tercer Mundo'. La cumbre marcó la aparición de estos pueblos en la escena geopolítica global y sentó las bases para la creación posterior del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) en 1961.

[11] El derecho de los pueblos a decidir su futuro (núcleo de Bandung) entró en conflicto directo con las reclamaciones marroquíes sobre Mauritania (que prefirió ser un Estado independiente en 1960) y, más tarde, sobre el Sáhara Occidental

[12] Mientras que la Organización para la Unidad Africana (OUA) y el espíritu de Bandung tendieron a defender el uti possidetis iuris (mantener las fronteras coloniales para evitar guerras), el Gran Marruecos buscaba alterar ese mapa.

 

[13] La retirada del Ejército español del Protectorado del norte de Marruecos fue un proceso gradual que se prolongó durante cinco años, desde abril de 1956 hasta el 31 de agosto de 1961. Fue un repliegue organizado tras la independencia marroquí, que implicó trasladar unidades, entregar instalaciones militares y reorganizar las guarniciones españolas en Ceuta y Melilla. Consistió en el repliegue de las agrupaciones militares de Larache y Villa Sanjurjo (01/58 a 07/59), la retirada de las agrupaciones de Tetuán y Nador (08/59 a 03/60), la retirada de la mayor parte de los efectivos de la Legión (05 a 07/1960) y el abandono de los últimos destacamentos y retirada definitiva del territorio marroquí (10 a 08/1961). El último acto simbólico tuvo lugar en el campamento de Hardú, en el monte Gurugú, próximo a Melilla donde el 31 de agosto de 1961, la Legión arrió la bandera española y abandonó el último destacamento militar español en territorio del antiguo Protectorado. Las cinco Mehal-las Jalifianas, unidades indígenas organizadas bajo el sistema del Protectorado y dirigidas por oficiales españoles, constituyeron una de las bases sobre las que se desarrolló el nuevo ejército marroquí. Sus efectivos estaban distribuidos en distintas localidades, entre ellas Tetuán, Xauen, Larache, Melilla y Alhucemas. Las unidades de policía indígena vinculadas a la administración jalifiana contribuyeron a la transición hacia las nuevas estructuras policiales marroquíes.

26 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (IX)

 

 

Y sigo en faena, con la historia a cuestas… arrancamos este post en el verano de 1936…

Ceuta no era una ciudad demográficamente homogénea, sino una plaza militar y portuaria en la que convivían diversos estratos sociales y religiones. El padrón de 1936 cifraba en 52.528 los empadronados en Ceuta.

La población mayoritaria era cristiana y con orígenes peninsulares en Cádiz y Málaga, principalmente. Estaba vinculada en su mayoría tanto a la administración civil y los servicios públicos, como al comercio, la hostelería y la actividad portuaria. También destacaban en la construcción y en los trabajos agrícolas; incluso entre los jornaleros. Muchos ejercían profesiones liberales y actividades empresariales. Bastantes pertenecían a familias de militares y a sagas de funcionarios destinados en la plaza. El desarrollo del puerto y la intervención española en el protectorado habían transformado profundamente la ciudad desde comienzos del siglo XX.

Poco más de 2.500 personas sumaba la población musulmana de Ceuta en aquellos días, incluyendo a todos aquellos con relaciones familiares, laborales y comerciales a ambos lados de la frontera y los vinculados con las unidades indígenas del Ejército español, como los Grupos de Regulares (de orden de los 1.500). En vísperas de la Guerra Civil, la comunidad judía rondaba los 300 integrantes y, además, existía una muy insignificante comunidad hindú, vinculada al comercio y asentada en Ceuta desde finales del siglo XIX, de no más de dos docenas de integrantes.

Pero la población empadronada no refleja necesariamente la totalidad de las personas presentes en la ciudad, porque los militares de las unidades acuartelados[1] no entraban en el padrón.

Centremos la cuestión: durante los primeros años de la Segunda República se había consolidado un movimiento sindical con una importante capacidad de movilización. UGT tenía una implantación significativa en la ciudad con una veintena de sociedades obreras y una afiliación cercana a las 3.000 personas que se habían radicalizado a partir de finales de 1933. La CNT, por su parte, controlaba los sectores portuario, de la construcción, la pesca y el transporte; prácticamente doblaba la sindicación de  la UGT y  mantenía una larga tradición de huelgas y enfrentamientos con la patronal. Ambas organizaciones convergieron progresivamente en iniciativas comunes.

En Febrero de 1936 el Frente Popular sumó casi el 71% de los apoyos, lo que hizo que entre marzo y abril aumentaran la ofensiva sindical y la tensión política; de lo segundo se encargaron tanto las Juventudes Socialistas y las Juventudes Libertarias como por la otra parte las Juventudes de Acción Popular y las de Falange.

La movilización obrera del 1º de mayo asustó a todos por su contundencia y repercusión. Y así llagamos a la huelga general del 30 de mayo en la que murieron dos obreros y un guardia civil. El delegado del Gobierno intentaba conciliar el derecho de huelga y las reivindicaciones sociales con el mantenimiento del orden público; pero con su tibieza crecían los enfrentamientos entre grupos radicalizados y todo se le fue de las manos.

Y llegamos al mes de julio de 1936.

Se celebraron las  tradicionales maniobras veraniegas del Llano Amarillo[2], en Ketama, reuniendo a varias unidades importantes del Ejército de África y proporcionando un contexto favorable para los contactos entre los militares conspiradores[3].

Así, cuando el 17 de julio de 1936 se inició en Ceuta la sublevación militar[4] las bases se tenían muy claras. El levantamiento comenzó en Melilla y bien pronto se extendió a Ceuta; aquella esa misma noche. La ciudad quedó rápidamente bajo control de los sublevados. Franco llegó a Ceuta el 19 de julio[5] y la ciudad pasó a desempeñar un papel estratégico en el traslado de tropas y material militar hacia la Península; y en la victoria del bando sublevado. Pero también, su población, sufrió represión política, militar y social.

El mismo 18 de julio de 1936 fueron detenidos militares leales a la República, dirigentes políticos, sindicalistas y otras personas identificadas con la izquierda[6].

Y en cuanto a lo terrible de la guerra en sí, tres días después del inicio de la sublevación, el destructor Sánchez Barcáiztegui bombardeó Ceuta[7]. El 25 y 26 de julio[8], lo hicieron el acorazado Jaime I y los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes. Estos mismos buques volvieron a hacerlo los días 21 y 26 de agosto[9].

Pero el hecho militar más grave y luctuoso de aquella guerra se sufrió en Ceuta los días 21 y 22 de enero de 1937 cuando la aviación republicana bombardeó la ciudad en lo que se ha llamado “el Guernica de Revellín”[10] y a modo de respuesta bajo la triste ley de talión llegó con la saca posterior y fusilamiento de republicanos retenidos[11].

En esta guerra hay que destacar también que la población ceutí (cristiana, musulmana, hindú o judía) tuvo presencia en las unidades militares que combatieron en la Península, especialmente en los Regulares y otras fuerzas vinculadas al Ejército de África.

Al terminar la contienda, Ceuta quedó integrada en el nuevo Estado franquista. La victoria militar no significó el fin inmediato de las consecuencias del conflicto: continuaron tanto la depuración de funcionarios, como la persecución política, las sanciones económicas y el control de la vida pública.

Eso sí, al iniciarse la IIGM Ceuta cobró un nuevo protagonismo geopolítico, especialmente tras la caída de Francia y la entrada de Italia en el conflicto, lo que elevó aún más su importancia estratégica. No obstante, lo que más afectó a aquella Ceuta de postguerra española fueron las alteraciones del comercio internacional provocadas por la IIGM que agravaron aún más la situación de penuria de una economía, la ceutí, muy dependiente de su actividad portuaria.

La posición de Ceuta frente a Gibraltar la convirtió en un punto de interés para las potencias enfrentadas. España reforzó sus defensas y asumió la cuestión de espías e informadores de ambos bandos contendientes.

Y así fue transitando las distintas fases del conflicto hasta que la guerra se asomó a la parte noroccidental africana. En noviembre de 1942, previo al desembarco aliado en el norte de África, se produjo un apasionante intercambio de mensajes entre Washington y Madrid[12]. El día 10, cuarenta y ocho horas después del desembarco, Franco agradecía al presidente Roosevelt las garantías de que la operación no se dirigiese contra los intereses ni los territorios españoles[13].

El intercambio de mensaje desde primeros de aquel mes de noviembre refleja a las claras la preocupación de Washington por evitar que España interviniese militarmente en el conflicto.

Y en aquel noviembre de 1942 las alarmas aéreas y el temor a un bombardeo volvió a sobresaltar a los ceutíes rememorando aquel enero de 1937. Los días  24 y 25 de noviembre aviones norteamericanos sobrevolaron Ceuta y el Monte Hacho[14].

Se sabía de la existencia de la planificación de un ataque a España: la Operación Backbone[15] contemplaba atacar, entre otros puntos españoles, Ceuta. Los Aliados  no tuvieron necesidad de ponerla en marcha.

Y con ellos en el Norte de África, para nuestra historia, cobra especial protagonismo la Conferencia de Anfa (también llamada Conferencia de Casablanca), celebrada del 14 al 24 de enero de 1943, donde los líderes aliados Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt se reunieron en secreto para planificar la estrategia militar final de la Segunda Guerra Mundial.

Charles De Gaulle, representante de la Francia Libre sólo llegó al final[16]; ni Churchill ni Roosevelt confiaban mucho en él. Ambos preferían al general Henri Giraud para dirigir el contingente francés y ser la cabeza visible de Francia.

Lamentablemente, para el futuro de Marruecos, la Conferencia de Anfa tuvo un momento clave cuando, recién aterrizado De Gaulle, la noche del 22 de enero el Sultán de Marruecos ofreció una cena[17] a Roosevelt y a Churchill, Y aquella cena cambió el rumbo de nuestra historia en el norte de África.

A ella asistió también el hijo del sultán, el futuro rey Hassan II; pero, como señalé, no estuvo presente el líder de la Francia Libre, Charles de Gaulle; una señal política de enorme peso.

Durante la velada, Roosevelt expresó su profunda simpatía por las aspiraciones de libertad del pueblo marroquí. El presidente estadounidense criticó abiertamente el sistema colonialista europeo y le sugirió al sultán que, una vez terminada la guerra, Marruecos podría contar con el apoyo económico y político de Estados Unidos para desarrollarse de forma independiente, especialmente en la explotación de sus propios recursos naturales.



Esa cena fue el detonante psicológico que necesitaban los líderes marroquíes. Al ver que la mayor potencia económica y militar del mundo respaldaba su soberanía, el sultán y los movimientos independentistas comprendieron dos cosas clave: que Francia ya no era invencible (había sido ocupada por la Alemania nazi y ahora necesitaba de los Aliados) y que el colonialismo tradicional ya no gozaría de legitimidad internacional tras la guerra[18].

Este baño de confianza fue el que empujó directamente al sultán a coordinarse con los nacionalistas[19] que redactaron y proclamaron, apenas un año después, el Manifiesto de la Independencia[20] de 1944.

Esto marcó un antes y un después en la historia moderna de Marruecos.

Firmado por 66 líderes nacionalistas del partido Istiqlal (Independencia) —entre ellos una mujer, Malika Al-Fassi[21]—, constituyó la primera reclamación formal, pública y unificada de la soberanía e independencia total del país frente a las potencias coloniales de Francia y España.

Hasta la publicación de este texto, el movimiento nacionalista marroquí solo había exigido reformas políticas y sociales dentro del marco legal del Protectorado; con este manifiesto, la estrategia cambió radicalmente hacia inmediata la exigencia del fin del protectorado y la ruptura total.

La respuesta de las autoridades coloniales francesas fue altamente represiva: detenciones de los firmantes del documento y de militantes del Istiqlal. Eso desató una ola de protestas y disturbios populares en ciudades clave como Rabat, Fez y Marrakech, que fueron sofocadas con contumaz brutalidad por el ejército colonial francés, dejando decenas de víctimas[22].

En esas que, el avance aliado prosiguió en Europa y en la primavera de 1945 llegó la derrota alemana. El nuevo escenario de paz modificó el equilibrio estratégico del Estrecho, aunque las fortificaciones de Ceuta, sin embargo, permanecieron en el paisaje como huella material de aquella etapa[23].

El final de la IIGM puso fin a la emergencia militar internacional, pero no a las dificultades económicas de la posguerra que, como continuidad a las de la guerra civil, se dejaron sentir en Ceuta.

Eso sí, se avanzó en el Plan General de Ordenación Urbana, asociado a Pedro Muguruza, cuyo proyecto se había presentado en 1944 y no comenzó a desarrollarse hasta 1946. El objetivo era articular el centro urbano, el monte Hacho y el Campo Exterior. Ese mismo año se reforzó la presencia administrativa del Estado en una etapa marcada por la escasez de recursos y las necesidades de salud pública.

En 1947 los esfuerzos de Ceuta se centraron en infraestructuras para el puerto ya que la actividad portuaria seguía siendo esencial para el abastecimiento y la economía local, aunque la recuperación estaba condicionada por la autarquía y las dificultades del comercio exterior.

Y el trienio 1948-1950 centró la actividad ceutí en actuaciones de abastecimiento de agua, saneamiento, abastos y vivienda; Se creó la Escuela de Comercio y se fomentó la interculturalidad. En este periodo, mientras el entorno afrontaba los problemas propios de una ciudad con recursos limitados y una economía muy dependiente del puerto, la administración y las guarniciones dieron vida a Ceuta.

A partir de 1950 se consolidó la convivencia diaria en la ciudad de las cuatro comunidades principales (cristiana, musulmana, judía e india), integradas en el comercio del centro y los barrios periféricos en expansión como Hadú.

Además, el puerto de Ceuta consolidó su posición como una de las estaciones de aprovisionamiento de combustible (bunkering) más importantes del Mediterráneo, gracias a su ventajoso régimen fiscal de puerto franco, lo que generó una enorme riqueza local ,convirtiéndose en el motor económico indiscutible de la sociedad civil ceutí. Ceuta superó los 58.000 habitantes de hecho y la población musulmana no alcanzaba el 10%, manteniéndose prácticamente el número de judíos (poco más de  300) e hindúes (superando ligeramente el centenar).

Pero es el momento en que se reactivan las pretensiones territoriales sobre Ceuta y Melilla.

Aquí llegados, conviene recordar (y con énfasis) que en torno a los protectorados español y francés, aunque no con la misma intensidad, bullía el ánimo independentista al máximo nivel insuflado por la sobremesa posterior a la cena del sultán con Roosevelt y Churchill del año 43.

Eso sí, en el lado español, el régimen de Franco adoptó una postura mucho más tolerante, excesivamente tolerante, con los nacionalistas marroquíes; como si no fuera con nosotros.

El punto de ruptura definitivo que unió el destino de ambas zonas ocurrió en agosto de 1953, cuando Francia derrocó[24] y exilió al sultán Mohammed V por apoyar a los independentistas, imponiendo en su lugar a un sultán títere, Ben Arafa[25].

España se negó rotundamente a reconocer al sultán impuesto por Francia, considerando que los franceses habían tomado la decisión de forma unilateral. Es más, el Alto Comisionado español en Tetuán, teniente general García Valiño manifestó al Jalifa de Tetuán[26] la afinidad española al exiliado Mohammed V[27].

Pero a pesar de ganarnos ciertas simpatías de los afectos al sultán no supimos sacar beneficio de aquella política; al contrario, el rechazo a abordar las exigencias territoriales del Marruecos independiente (que se centraban en la costa atlántica entonces) enturbió las relaciones bilaterales a partir de ese momento.

La postura contraria a la negociación de España provocó que los nacionalistas de ambas zonas se unieran bajo una misma causa y aceleraran la lucha armada (al principio) contra Francia, sabiendo que el frente norte español no colaboraría con los franceses.

Y un tanto ajena al proceso que se libraba en el protectorado francés prosiguió Ceuta también en el quinquenio 1951-1954. La Ley de 22 de diciembre de 1955 reorganizó el régimen económico y administrativo de Ceuta (y Melilla) buscando superar las limitaciones del sistema fiscal anterior y establecer nuevas bases para el desarrollo económico.

Pero la situación de ingobernabilidad en el protectorado francés, y los problemas que le estaba dando a París los reveses en Indochina (Vietnam) y Argelia, obligaron a Francia a negociar la independencia porque mantener el protectorado empezaba a resultarle más costoso política, militar y estratégicamente que aceptar un Marruecos soberano, pero vinculado a Francia. En octubre de 1955, obligaron a Ben Arafa a abdicar abriendo el camino para el triunfal regreso de Mohammed V de su exilio en Madagascar y, por consiguiente, la firma de la independencia pocos meses después, en 1956. 

 

Y mañana seguiremos con Ceuta… y arrancaremos con Al-Fassi.…



[1] Tercio Duque de Alba, 2.º de la Legión; Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta n.º 3; Batallón de Cazadores de África Ceriñola n.º 6; Batallón de Cazadores del Serrallo n.º 8; la Agrupación de Artillería de Ceuta; unidades de Zapadores y Transmisiones; el Grupo de Ametralladoras de Posición. El Hospital Militar O’Donnell, construido a partir de 1913, contaba con personal médico, farmacéutico, administrativo y tropa dedicada a los servicios hospitalarios. En total, poco más de 15.000 hombres entre soldados, auxiliares y oficiales.

[2] Ejercicios militares desarrollados por el Ejército de África en el valle de Isagüén (Ketama) entre el 5 y el 12 de julio de 1936 en los que habían participado unos 18.000 hombres. El domingo 12 un grupo de jefes y oficiales durante el banquete que puso fin a los actos comenzaron a gritar la consigna “¡café¡”, “¡café¡” (Camaradas, Arriba la Falange Española). Eran respondidos por otros con: “¡siempre¡, ¡siempre!” Presidía el acto el general Manuel Romerales Quintero, comandante jefe de la circunscripción oriental del protectorado español con sede en Melilla, que no conocía el significado de aquella consigna.  Así, el 17 de julio, un grupo de oficiales al mando del cual actuaron el coronel Luis Solans Labedán y el teniente coronel retirado Juan Seguí Almuzara, jefe de la Falange en el protectorado español de Marruecos. iniciaron la insurrección al verse sorprendidos por una indiscreción en su conspiración, lo que les obligó a adelantar los planes previstos para el 18 de julio. Ocuparon el edificio de la comandancia de Melilla.

[3] Franco, como Comandante General de Canarias, tuvo esa reunión en La Esperanza (Tenerife) el 17 de junio de 1936.

[4] Tras estallar la rebelión en Melilla a media tarde, el teniente coronel Juan Yagüe lideró el movimiento en Ceuta. A las 23:00 horas, las fuerzas militares rebeldes tomaron los puntos estratégicos de la ciudad prácticamente sin encontrar resistencia armada. Las autoridades civiles y militares leales a la República fueron arrestadas de inmediato. Durante las primeras horas de la rebelión se organizó un plan clandestino para asesinar a Franco a su llegada a Ceuta. El complot, liderado por el cabo José Rico y varios soldados del Batallón de Cazadores del Serrallo Nº 8, fue delatado por uno de sus compañeros, lo que provocó la detención y posterior procesamiento de los implicados antes de que pudieran actuar.  Al quedar bloqueadas las comunicaciones marítimas ordinarias por la escuadra fiel a la República, Ceuta se convirtió en el puerto logístico clave. El 5 de agosto partió de allí el denominado «Convoy de la Victoria» (escoltado por el cañonero Eduardo Dato), logrando burlar el bloqueo y trasladar las primeras grandes unidades del Ejército de África hacia la península para continuar el avance militar.

[5] El 18 de julio Franco despegó del aeródromo de Gando, en Gran Canaria, rumbo a Marruecos, con escala en Agadir y llegada a Casablanca, donde pasó la noche. El 19 de julio de 1936, Franco llegó primero a Tetuán. Aterrizó aproximadamente a las 7:30 de la mañana en el aeródromo de Sania Ramel. Tetuán era entonces la capital del Protectorado español en Marruecos y asumió el mando de las tropas sublevadas del Ejército de África. Franco llegó a Ceuta procedente de Tetuán el domingo 19 de julio de 1936, a primeras horas de la tarde y se dirigió al edificio de la Circunscripción Occidental, próximo a la Iglesia de África donde se reunió con los mandos militares sublevados, encabezados por Juan Yagüe. La ciudad estaba ya bajo control de los militares rebeldes desde la noche del 17 al 18 de julio.

[6] El portal de Patrimonio Cultural de Ceuta, que recoge investigaciones del historiador Francisco Sánchez Montoya, detalla todas estas cuestiones y documenta la persecución de militares leales a la República, dirigentes obreros y otros sectores de la sociedad ceutí cifrando en 268 las víctimas de la represión entre 1936 y 1944.

[7] Las fuentes consultadas no se ponen de acuerdo en el número de víctimas; pero sí se señalan, por estudios posteriores, dos ejecuciones en represalia.

[8] Siete soldados del Batallón de Cazadores del Serrallo n.º 8 y tres del Grupo de Regulares n.º 4resultaron muertos.

[9] De estos dos últimos he encontrado parte de bajas: diez militares en el Hacho el 21 y otros diez civiles el 26 de agosto.

[10] El bombardeo del Mercado Central de Abastos de Ceuta dejó 53 víctimas civiles y coincidió trágicamente con la festividad y visita del Jalifa Muley Hassan para despedir a los peregrinos musulmanes que partían hacia La Meca. Las crónicas describieron minuciosamente la devastación en el Mercado y las céntricas calles Jáudenes y la Brecha, denunciando que las bombas cayeron sobre mujeres que hacían la compra y sobre la población musulmana.

[11] En el trabajo ‘Ceuta y el Norte de África: república, guerra y represión”, Francisco Sánchez detalla con precisión el nombre de los 33 represaliados.

[15] Plan de contingencia militar, diseñado por los Aliados en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial, contemplaba la invasión del sur de España y del Protectorado español de Marruecos en caso de que el régimen de Franco se uniera al Eje o permitiera la entrada de tropas alemanas. Incluía de forma prioritaria a Ceuta porque era considerada la posición más difícil debido a sus fortificaciones y sus 8 cañones de costa. Neutralizarla era vital para asegurar el control del Estrecho de Gibraltar. Contemplaba el desembarco de comandos aliados cerca de la ciudad (en la zona de Cabo Negro) bajo fuego aeronaval para destruir su artillería y cortar las carreteras. la operación no se ejecutó debido a que España mantuvo su neutralidad tras el inicio de la Operación Torch.

[16] De Gaulle, que lideraba las Fuerzas de la Francia Libre desde su exilio en Londres, se negó inicialmente a viajar a Casablanca. Consideraba una humillación intolerable que dos líderes extranjeros (Roosevelt y Churchill) se reunieran en suelo colonial francés (Protectorado de Marruecos) para decidir el futuro de Francia sin consultarle previamente. Finalmente, Churchill tuvo que amenazarlo drásticamente con cortarle la financiación británica y reconocer a su rival como único líder francés para obligarlo a subir al avión el 22 de enero. Además, Roosevelt pretendía que el general Henri Giraud asumiera el mando del esfuerzo de guerra francés en el norte de África, apartando a De Gaulle.

[18] En agosto de 1941 el presidente estadounidense y Churchill habían formulado la Carta del Atlántico, un documento que exponía principios para el orden internacional posterior a la guerra. Entre sus ideas figuraban el respeto al derecho de los pueblos a elegir su forma de gobierno y la aspiración a restablecer los derechos soberanos de quienes habían sido privados de ellos por la fuerza. Estos principios alimentaron las expectativas de los movimientos nacionalistas en los territorios coloniales. La Carta del Atlántico establecía los principios para un nuevo orden mundial. La Carta no establecía un procedimiento para conceder la independencia a todos los territorios coloniales ni contenía una obligación general de desmantelar los imperios europeos. Churchill defendió una interpretación restrictiva de sus principios y negó que estos implicaran automáticamente la independencia de los territorios que formaban parte del Imperio británico. Roosevelt, por su parte, mantenía una visión más crítica de determinados aspectos del colonialismo europeo, aunque su política también estuvo condicionada por las necesidades estratégicas de la guerra. Esta divergencia alimentó las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos.

[19] El partido Istiqlal (Partido de la Independencia) se fundó oficialmente el 11 de diciembre de 1943 a partir de la unión de antiguos movimientos nacionalistas como el Bloque de Acción Nacional/Koutlat al-Amal al-Watani, bajo el liderazgo del carismático político e intelectual Allal al-Fassi, junto a Ahmed Balafrej y Mohamed Hassan El Ouazzani; el Partido de la Reforma Nacional (Hizb al-Islih al-Watani), liderado por Abdeljalak Torres en Tetuán e importantes líderes de los comités de trabajadores urbanos y de los sectores industriales. Esta confluencia con el incipiente sindicalismo marroquí —que años más tarde se consolidaría en la Unión Marroquí del Trabajo (UMT)— dotó al Istiqlal de la fuerza de movilización popular necesaria para sostener las huelgas y protestas masivas que vendrían después.

[20] El documento constaba de tres bloques argumentales muy claros: A) Independencia absoluta, exigía la abolición total del régimen del Protectorado y el reconocimiento de Marruecos como un Estado soberano e integrado territorialmente bajo la corona del sultán. B) Monarquía constitucional; proponía el establecimiento de un sistema democrático bajo una monarquía constitucional, garantizando los derechos de todos los ciudadanos. C) Apoyo internacional; solicitaba a las potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial (especialmente a Estados Unidos y el Reino Unido) que respaldaran la libertad del país, basándose en los principios de la Carta del Atlántico, que defendía el derecho de los pueblos a elegir su propio gobierno. El manifiesto fue redactado y presentado en estrecha coordinación secreta con el entonces sultán (y futuro rey) Mohammed V. Al dar su apoyo implícito a las demandas nacionalistas, la figura del monarca se consolidó como el símbolo político del movimiento de liberación nacional, rompiendo su tradicional rol de mediador sumiso ante las autoridades francesas.

[21] Malika Al-Fassi (1919-2007) fue una nacionalista, periodista, escritora y pionera del feminismo marroquí. Su importancia histórica radica, sobre todo, en haber sido la única mujer entre los 66 firmantes del Manifiesto de la Independencia de Marruecos del 11 de enero de 1944. Fue una de las primeras mujeres marroquíes en ejercer el periodismo y reivindicar públicamente el acceso femenino a la enseñanza. En 1937 se incorporó a un núcleo clandestino del movimiento nacionalista marroquí, conocido como Taïfa. Su marido, Mohamed Ghali El Fassi, mantenía vínculos con la corte, lo que facilitó que Malika tuviera acceso al entorno del sultán. En la memoria nacional marroquí quedó como una figura que unió dos reivindicaciones: la independencia del país y la emancipación de las mujeres.

[22] En un telegrama del 31 de enero de ese año, el Departamento de Estado advirtió a su consulado en Rabat que cualquier agitación que pudiera perjudicar el esfuerzo bélico aliado era inoportuna. Washington temía que las protestas alterasen la estabilidad de Marruecos mientras el norte de África seguía siendo un escenario estratégico de la Segunda Guerra Mundial. El 28 de enero de 1944 fueron detenidos en Rabat Ahmed Balafrej, secretario general del Istiqlal -que será protagonista de los siguientes años-, y Mohamed Lyazidi, uno de sus principales colaboradores. Del número de víctimas nadie ha querido investigar mucho. El consulado de Rabat informó de varios episodios y su número parcial.

[23] En septiembre de 1939 se creó la Comisión de Fortificación de la Frontera Sur, dirigida por el general de brigada de Artillería Pedro Jevenois Labernade para organizar una defensa en profundidad. Pero en el verano de 1940, tras la derrota de Francia y en plena expansión alemana en Europa occidental. La preocupación por el futuro de Gibraltar y por el control del Estrecho adquirió una nueva dimensión y la propuesta respondía al propósito estratégico de controlar el Estrecho y neutralizar la posición británica de Gibraltar. El sistema combinaba instalaciones de distintas épocas y funciones, distribuidas por el litoral, la península de la Almina, el monte Hacho y sectores elevados del Campo Exterior. En 1941 cinco eran los enclaves artilleros y estaban dotados de piezas de gran calibre: Punta Leona: 3 cañones Krupp de 305/35 mm, modelo de 1887. Punta Cires: 2 cañones Krupp de 240/35 mm. El Obispo: 4 obuses Ordóñez de 240/16 mm. Punta Almina: 4 piezas Vickers de 152/50 mm. Y Punta Blanca: 3 piezas Vickers de 152/50 mm.

[24] Todo comenzó con un discurso de Tánger del 10 de abril de 1947 expresó públicamente su voluntad de que Marruecos recuperase su unidad e independencia. Para las autoridades francesas, el problema era que el sultán, cuya legitimidad religiosa y dinástica era ampliamente reconocida, estaba proporcionando al nacionalismo una autoridad que la administración colonial no podía controlar fácilmente. La independencia amenazaba, por tanto, no solo el prestigio francés, sino también un entramado de intereses económicos y políticos. Los colonos franceses, conocidos como colons, se oponían a las concesiones al nacionalismo. Temían que las reformas políticas pusieran en peligro sus privilegios y su posición económica. A ellos se sumaron dirigentes marroquíes enfrentados al sultán y a la creciente influencia de los nacionalistas. Entre estos destacó Thami El Glaoui, pachá de Marrakech, uno de los hombres más poderosos del Marruecos de la época. El Glaoui encabezó una campaña contra Mohamed V y colaboró en las maniobras destinadas a apartarlo del trono. Por su parte, Mohamed V no aceptaba una solución que mantuviera indefinidamente la subordinación política de Marruecos.

[25] Mohamed ben Arafa (1886-1976), miembro de la dinastía alauí impuesto como sultán por las autoridades francesas a propuesta de Thami El Glaoui, Pachá de Marrakech durante 44 años (1912-1956) que utilizó su brutal influencia tribal y militar —apodado el "Señor del Atlas" o la "Pantera Negra"— para convertirse en el brazo ejecutor del Protectorado francés, llegando a ser más rico y poderoso que el propio sultán. El Glaoui, finalmente, tuvo que postrarse ante Mohamed V a finales de 1955 y fallecería en enero de 1956. A su muerte, la Corona marroquí confiscó todas sus riquezas, propiedades, tierras y acciones industriales. Sus herederos fueron desterrados y despojados de cualquier título. En un acto de castigo histórico y memoria colectiva, el Estado marroquí decidió dejar que sus espectaculares palacios y Kasbahs (como la de Telouet) se desmoronaran en el abandono absoluto. Hoy en día, sus ruinas siguen sirviendo en el país como un imponente recordatorio arquitectónico del precio de la traición al rey de Marruecos.

[26] El jalifa (vicario o representante del sultán) representaba al sultán en la zona del Protectorado español y ejercía la autoridad marroquí en ese territorio; Muley El Hassan Ben El Mehdi.

[27] Como recoge la crónica de AFP publicada por Le Monde el 5 de agosto de 1955 https://www.lemonde.fr/archives/article/1954/01/21/le-rassemblement-des-notables_2036433_1819218.html