3 ago 2026

Y SI NOS TOMAMOS EN SERIO EL MONTE… (y II)

 

 

Bueno, siguiendo con lo del otro día sobre el monte, he descansado un poco y me bajo del unicornio blanco al que me subí para transitar el día regoldando la primera parte del Post y les recuerdo que durante décadas hemos invertido miles de millones en apagar incendios… y lo mismo ha llegado el momento de invertir algo menos de miles de millones, con la misma determinación, en evitar que se produzcan. Porque —esto ya no sé dónde lo he leído, y varias veces en los últimos días— el monte más barato de proteger es el que nunca llega a arder.

Sí, pero hay mucho monte; más del 65% es particular —les recuerdo— y ahí pinchamos porque está abandonado en su inmensa mayor parte.

El abandono del monte español es el resultado de una combinación de factores privados y públicos. Sí, los propietarios tienen el deber de conservar su finca y cumplir las obligaciones que establezcan la legislación forestal y autonómica (por ejemplo, mantener franjas de protección alrededor de viviendas o infraestructuras donde la normativa lo exija). Pero la realidad es más compleja.

Siempre se ha hablado de propietarios activos (que explotaban el monte, por lo que solía estar bien gestionado), propietarios pasivos (finca heredada que ni saben, ni pueden, mantener… porque viven en la ciudad y ni repajolera idea de la utilidad del monte), propietarios desconocidos (sucesiones sin regularizar, dificultad de localizar a los propietarios y abandono; nadie actúa porque nadie asume realmente la gestión) y el caso más terrible: los pequeños propietarios de 3, 5 y hasta 10 hectáreas de monte a los que atenderlas y cuidarlas les puede costar miles de euros cada año y que no obtienen ingresos por ellas: euros a fondo perdido que tiran si cumplen. Estos últimos son los propietarios de parcelas de mantenimiento inviable.

He recuperado un ejemplo de un propietario de 10 hectáreas de pinar de hace una burrada de años y aplicando el conversor pesetas-euros —que me da un índice multiplicador de 0’065— me ha salido que cada cuatro o cinco años debe meterle al pinar de marras la friolera de 12.000 a 15.000 euros en tratamientos silvícolas… difícilmente asumibles, con lo que el abandono es una consecuencia previsible.

Así que el pequeño propietario le termina pasando la responsabilidad quijotesca a la Administración y santas pascuas y alegrías, porque si te he visto… ni me acuerdo… y el monte termina por perder su función económica: no limpiamos, no cortamos madera, no entra el ganado a ramonear (porque ya no quedan rebaños por aquellos pagos) y como consecuencia lógica de vida vegetal, aumenta la carga de biomasa.

Lo mismo… si hubiera incentivos… mi amigo de las 10 hectáreas de pinar se animaba a cumplir con unas condiciones mínimas...

Lo veo claro, la Administración debería facilitar en estos casos subvenciones para tratamientos silvícolas, deducciones fiscales por ellas, ayudas a la biomasa, pagos por servicios ecosistémicos, créditos de carbono, facilitar administrativamente agrupaciones de gestión para pequeñas parcelas y desarrollar contratos públicos de mantenimiento… porque no se puede exigir a un propietario que asuma en solitario un coste que le resulta oneroso, aunque beneficia a toda la sociedad el tener un monte atendido. Porque un monte bien gestionado no protege solo a su dueño; protege también a los vecinos, a las carreteras, a los embalses, a la biodiversidad, al turismo y a la calidad del aire. Y este argumento puede voltearse; pero no.

Si lo mismo, al pequeño propietario, le interesa cederlas a la Comunidad Autónoma en la que se ubica su/sus parcela/s… y , luego, que esta las acepte; que esa es otra. Incluso una venta simbólica (por un miserable euro)… No sé, hay que conservar el monte y la seguridad que proporciona el monte es un bien público. Por eso, la conservación, visto lo visto, debe ser una responsabilidad compartida.

Así, ni culpabilizamos al propietario por un abandono que a menudo tiene causas económicas y demográficas, ni trasladamos toda la carga a las autonomías, que son las que tienen transferidas las competencias. Reconozco que la prevención de grandes incendios es un interés general y que, como ocurre con otras infraestructuras estratégicas, requiere corresponsabilidad y financiación estable.

En fin, que esto se me complica. Así que para finalizar, tomen nota de mi plan…

Planteo actuar cada año sobre 100.000 hectáreas, número al azar que viene a ser un tercio de lo que se nos viene quemando, de media, cada año. Y digo 100.000 porque es redondo, cargado de ceros, y me han salido unas cifras que yo veo viables.

Ah, el plan pasa por ser un programa perfectamente asumible, incluso desde el punto de vista presupuestario. Además, permitiría actuar de forma muy selectiva sobre las zonas de mayor riesgo (interfaz urbano-forestal, parques naturales, masas forestales continuas, etc.).

Haríamos tratamientos silvícolas manuales y mecanizados sobre 100.000 hectáreas cada año dando prioridad en zonas de alto riesgo. Hablaos de actuar a periodo anual completo (12 meses) y con personal adscrito al medio: con brigadas forestales.

Una brigada forestal permanente estaría formada, deduzco tras leer, por 8 personas (como un contubernio de una legión romana): 1 capataz y 7 operarios brigadistas. Y leo que una brigada bien equipada —y aquí está la clave— puede actuar aproximadamente sobre 70 hectáreas/año, dependiendo de la dificultad del terreno.

Matemáticas al canto: 100.000 hectáreas entre 70 hectárea por brigada… necesitamos 1.430 brigadas… unas 11.500 personas, que llevado al detalle de la brigada sería… 1.430 capataces y 10.010 operarios-brigadistas.

Pero necesitamos mandos y plana mayor y todo eso. Añadamos a los que deben coordinar esto que, por proporción, deben andar en casi 800 entre ingenieros de montes, ingenieros técnicos forestales, topógrafos, gentes de prevención de riesgos, administración y logística. Recuerden: el tambor también es tropa.

Y ahora un tema peliagudo: la maquinaria. No toda la superficie puede mecanizarse, pero si tengo maquinaria puedo, incluso cubrir más zona.

Tirando de informes en *pdf y de artículos de revistas del gremio, para mi ejército de 1.430 brigadas necesitaría contar con 350 tractores forestales, 250 desbrozadoras autopropulsadas, 250 retroarañas para zonas de pendiente, 700 vehículos todoterreno, 150 camiones, 150 trituradoras de biomasa, 2.500 motosierras profesionales y 5.000 desbrozadoras manuales. Es que hay empresas operativas en el sector y tienen planes y todo en la web.

Y en cuanto a los números: las pasta. Calculo 575 millones en personal; 100 millones para la compra de la maquinaria; 55 para el combustible y su mantenimiento; de 6 a 8 millones en formación (que me aparece en todos los planes); de 12 a 15 millones en investigación, cartografía, satélites e IA (que no falte, que nos puede ser muy útil); y 20 millones en todo el rollo de las cuestiones administrativas… Con todo, no me llega a 775 millones al año… sólo con brigadas de la Administración.

Pero si fijamos el objetivo en riesgo reducido y cada año actuamos sobre un frente en concreto —el 100 % de la interfaz urbano-forestal considerada de alto riesgo; el 100 % de las zonas críticas de parques nacionales y naturales; los grandes corredores de infraestructuras (autovías, ferrocarriles, líneas eléctricas); las cuencas prioritarias para abastecimiento de agua— tendríamos un impacto mucho mayor sobre la seguridad.

Y aquí vienen las disquisiciones quisquillosas. Si una brigada de 8 personas tratara solo 70 hectáreas al año por brigada, estaríamos hablando de menos de 9 hectáreas por trabajador y año, una productividad propia de trabajos muy manuales en terrenos extremadamente complejos. Pero he leído que con un modelo mixto —brigadas púbicas, empresas especializadas privadas, pastoreo dirigido y aprovechamiento de biomasa— una brigada podría tratar del orden de 150 a 250 hectáreas anuales (según la dificultad del terreno). En ese nuevo escenario podemos colegir que esas 100.000 hectáreas/año se las harían de 400 a 500 brigadas y no las 1.430 del cálculo inicial, mermando todo el operativo necesario ya hablamos de 500 capataces, 3.500 brigadistas y 350 para el capítulo de va desde ingenieros a los de logística.

Y, claro, en este nuevo contexto el presupuesto anual también descendería, situándose aproximadamente en torno a unos 450 millones de euros, dependiendo de la orografía, el porcentaje de mecanización y el aprovechamiento económico de la biomasa.

Y, ¿ qué cantidad de biomasa retirarían anualmente ahora que la vemos como un recurso?

Pues depende del tipo de monte y del tratamiento silvícola; pero podemos hacer una estimación bastante sólida. Estimamos que de biomasa tendremos entre 15 y 40 toneladas por hectárea (matorral, ramas, pies pequeños y restos de poda), dejando en el monte, por razones ecológicas (protección del suelo, aporte de nutrientes y biodiversidad), su porción correspondiente, lo habitual sería extraer de 10 a 25 toneladas por hectárea.

Hablaremos, pues, de 20 toneladas hectárea de media para un cálculo fácil. 20 TM/ha x 100.000 Ha = 2 millones de TM de biomasa.

Pero no toda sería comercializable y luego te encuentras con las pérdidas (humedad, transporte y cantidad)… Supongamos que sólo el 70% es aprovechable; estamos hablando de 1’4 millones de TM de biomasa útiles que, con un precio medio puesto en planta de unos 40-60 €/t, el valor bruto estaría entre los 56 y los 84 millones de euros. Ahora bien, si parte de esa biomasa se transformara en pellets, astilla seca, biochar o biocombustibles, el valor añadido sería mayor. Pero estamos en lo estamos y controlamos.

Con que resumiendo: el coste anual del plan estaría en los 400-450 millones de euros y los ingresos por biomasa entre los 60-80 millones de euros. Hemos palmado bastante dinero, pero ahorrado una burrada en extinción de grandes incendios, con lo que los daños evitados, aún muy difíciles de cuantificar a priori, resultarían potencialmente muy elevados, con lo que saldríamos ganando, transformando un pasivo ambiental en un activo económico, sin perder de vista que el objetivo principal sigue siendo la prevención y la gestión sostenible del monte.

Pero si mantenemos los mil millones de la cuenta de la vieja inicial, podemos duplicar y estar en las 200.000 hectáreas año de limpieza.

Y a todo esto sin meter rebaños (que no los hay) en el monte.

Cuando tenía el post a punto de caramelo le oí a Marc Vidal lo de “los hidroaviones no pueden apagar la estupidez”[1] donde me reafirma y señala que lo fundamental es gastar en prevenir más que en extinguir. Y apunta a que las imágenes de telediario de un hidroavión en descarga en un telediario “venden” tanto como un político con chaleco de emergencias, y que no es noticia una cabra ramoneando en enero. ¡Cierto! Y apunta más: el éxito de la prevención es que no pase nada y “en este país nadie gana unas elecciones presumiendo de las catástrofes que logró que no ocurrieran”. Vidal se pregunta: ¿quién gestiona el monte?  Y la respuesta, aquí, creo que ya te lo he esbozado.

Y respecto a los hidroaviones[2], los medios aéreos operativos —los del Grupo 43 del EA (y del Espacio)— en España. Del Estado hay operativos 7; 7 para las 17 Comunidades Autónomas; 3 más están inoperativos. Desde 2018, componían una flotilla de 14 unidades, de las siempre se ha dicho que han estado operativos un mínimo de 12; pero no[3]. En 2022 se aprobó la renovación de la flotilla[4] y coincidiendo con ello comenzó el calvario de que a aumentaron los tiempos de mantenimiento y revisión hasta llegar a 2026 con sólo 7 hidroaviones apagafuegos operativos. Y luego está que 4 hidroaviones considerados obsoletos y dados de baja en España siguen operando en Portugal. En la configuración que aquí les señalamos no eran lo suficientemente aceptables, pero parece que Portugal los ha reacondicionado con éxito, modernizado y certificado y están realizando su misión.

Y termino.

La mejor política forestal no consiste solo en limpiar el monte, sino en conseguir que vuelva a tener un valor económico compatible con su conservación. Antes, el monte no generaba residuos; generaba recursos. Ahora, todo son problemas y el material retirado vale menos que lo que cuesta extraerlo.

Esto tiene una explicación: en España ha desaparecido el mundo rural tradicional. Así, entre 1960 y 1980 se hundieron los aprovechamientos que mantenían limpio el monte: pastoreo extensivo, carboneo, recogida de leñas y matorral, resinación o cultivos marginales. En consecuencia, la superficie forestal aumentó enormemente. Muchos antiguos campos agrícolas se naturalizaron y se cubrieron de matorral y bosque joven. Y llegaron los grandes incendios; que lo mismo tenemos memoria frágil: el peor año de incendios de todos los que tenemos registrado fue 1985; ardieron 484.476 hectáreas. Por encima de las 400.000 Has. también tenemos 1994 (437.635 hectáreas), en mitad de una grave sequía, y 1989 (426.693 hectáreas).

Y ahora nos encontramos que para revertir la situación generada por la desidia no encontramos ni personal, ni ganadería suficiente; y los costes han crecido de forma exponencial. Limpiar un monte con maquinaria cuesta ahora mucho más que cuando existía una economía rural que obtenía un beneficio directo de esos trabajos.

Y luego, otro problema que anida y se enquista ya; y es que con la década de los ochenta corriendo aumentaron, como señalé, los grandes incendios y, en consecuencia, una parte muy importante de los presupuestos comenzaron a orientarse hacia la extinción a través de adquisición de medios aéreos, vehículos y sistemas de coordinación. Así como la contratación de retenes especializados que durante décadas se consideraron que se circunscribían a un trabajo de temporada (estival, principalmente).

En los años 90 la dimensión del problema creció mucho más deprisa que la capacidad de gestionarlo y cumplido el primer cuatro del siglo XXI resulta que hay más superficie forestal, más continuidad de combustible, más interfaz urbano-forestal y menos personas viviendo y trabajando en el monte que cuando existía el ICONA y “Fidel” nos daba consejos de Pero Grullo.

Ahora mismo, tras la aprobación de la Ley Básica de Bomberos Forestales (2024) y del Real Decreto sobre planes anuales de prevención, vigilancia y extinción (2025), la tendencia es que cada vez haya más personal con contratos anuales y menos campañas exclusivamente estivales. Ahora mismo hay más de 18.000 profesionales dedicados todo el año a incendios forestales en las comunidades autónomas.

Son cifras estimativas, pero no me hagan la suma. Estos números, sólo son números y no significan que todos estén disponibles simultáneamente para atacar incendios. Aquí se incluyen brigadistas, técnicos de extinción, agentes medioambientales, mandos, operadores de comunicaciones, conductores, personal de logística y hasta cuadrillas de prevención... a tenor de los epígrafes de los contratos.


Y las CCAA cuentan con más de 300 aeronaves (helicópteros, aviones anfibios ligeros, aviones de coordinación y vigilancia) y disponen de más de 2.000 vehículos terrestres, entre autobombas, brigadas, maquinaria pesada y patrullas… pero ¡para combatir el fuego!; no para prevenir.

Sí, destinamos desde las CCAA casi 1.400 millones de euros a combatir el fuego; no a prevenir. El Estado, por su parte, aporta medios estratégicos —como los grandes hidroaviones del 43 Grupo, las BRIF[5] y la UME— para reforzar a las comunidades cuando la situación supera su capacidad o se producen varios grandes incendios simultáneamente.

Y cada día son más los ingenieros de montes que sostienen que el debate no es volver al ICONA, sino recuperar una gestión activa y económicamente sostenible del territorio. Sin una actividad permanente —forestal, ganadera o agrícola— la limpieza del monte depende casi exclusivamente de inversiones públicas muy costosas y difíciles de mantener año tras año.

En España contratamos de 6.000 a 10.000 brigadistas extra para la ‘campaña estival’ con contratos de entre 3 y 6 meses, que se unen a los 18.000 profesionales que ya forman parte de plantillas. Podemos hablar de “un ejército de casi 30.000 profesionales” para luchar contra el fuego sabiendo que el 80% del trabajo del bombero forestal se debe realizar para que no se produzca el fuego… España ha sustituido la gestión forestal por la gestión de las emergencias forestales; y eso duele en sobre la vieja piel de toro.

Pero España no es un caso aislado; es la expresión más avanzada de un problema que afecta a todos los territorios con clima mediterráneo. Lo que ocurre en España empieza a verse también en Francia, Italia, Grecia, Portugal, Turquía, California, Chile o el sur de Australia; también en el Magreb, lo que empieza a ser muy preocupante.

¡Ojo!: agárrense los machos: a pesar de todas las tragedias que estamos viendo en los incendios de este verano… la gran noticia no es solo que España sufra grandes incendios, sino que, pese a tener millones de hectáreas de monte expuestas a condiciones cada vez más extremas, la inmensa mayoría (el 99%) no llega a arder a pesar de que están como están.

Concluyo con una reflexión de Juli G. Pausas, del Centro de Investigaciones contra la Desertización (CIDE) de Valencia y experto en ecología del fuego, que resume muy bien esta situación: “el problema no es que haya más incendios, sino que hemos construido paisajes capaces de sostener incendios cada vez más grandes e intensos. El cambio climático aumenta la probabilidad de que esos incendios se produzcan, pero el combustible acumulado y la estructura del territorio determinan en gran medida su magnitud”.

Cuidemos el monte.

 



[2] El 8 de febrero de 1971 llegaron a la Base Aérea de Getafe los dos primeros Canadair CL-215, adquiridos por el entonces Ministerio de Agricultura, encuadrándose en el 803 Escuadrón. Y se emplearon a fondo y resultaron tan eficaces que en 1973 se adquirieron nuevos Canadair y comenzó el despliegue permanente de aviones en distintas bases del país durante el verano. En 1980 nació oficialmente el 43 Grupo, que desde entonces se convirtió en la unidad especializada en medios aéreos contra incendios del Ejército del Aire. En los años 90 los antiguos CL-215 fueron transformados en CL-215T, sustituyendo los motores de pistón por turbohélices e incorporando los nuevos CL-415, una evolución del modelo original diseñado específicamente para la extinción de incendios. En estos 55 años los Canadair españoles han acumulado casi 200.000 horas de vuelo, de las que más de 86.000 corresponden a misiones reales de extinción, tanto en España como en otros países europeos y mediterráneos.

[3] Certificados “mission capable” entre 2018 y 2023, 11;  2025 y 2025, 10; 2026, 7. Fuentes: MITECO, Servimedia. Lamoncloa.gob.es

[4] Hasta abril de 2024, el Gobierno no firmó un acuerdo para renovar y mejorar la flota estatal de los aviones anfibios que luchan contra los incendios forestales, que incluye la compra de siete nuevas aeronaves modelo DHC 515. La entrega a España de estos aviones se realizará entre 2028 y 2031.

[5] Las BRIF son las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales, un cuerpo altamente especializado que actúa en los incendios forestales de mayor complejidad en España. Pertenecen al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), que las despliega allí donde una comunidad solicita apoyo o cuando el Estado considera necesario reforzar el operativo. Se crearon en 1992, tras los grandes incendios de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Actualmente existen 10 bases BRIF permanentes, repartidas estratégicamente por España en Tabuyo del Monte (León), Tineo (Asturias), Pinofranqueado (Cáceres), La Iglesuela del Tiétar (Toledo), Prado de los Esquiladores (Cuenca), Lubia (Soria), Daroca (Zaragoza), Ruente (Cantabria), Puntagorda (La Palma) y Laza (Ourense). Además existen varias BRIF-A, brigadas helitransportadas de menor entidad adaptadas a determinados territorios. Cada base cuenta con más de 50 profesionales y suman alrededor de 700 efectivos.

2 ago 2026

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO CON CEUTA?

 

La deplorable imagen que dimos al mundo dejándonos asaltar por las bravas, demostrando debilidad, incompetencia y modos de república bananera de 3ª Regional, grupo Sur, han dejado otra mancha en el sucio estandarte de la política internacional, además de la nacional, que lleva practicando España desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno.

Hoy te enfrentas a los periódicos y sigues boquiaberto. Me referiré sólo a los editoriales:  “Sánchez convierte su política migratoria en un problema Europeo” (El Mundo); “Firmeza y Unidad ante el desafío de Marruecos” (El País); “El lugar de España es con Europa, no con Rabat” (ABC); el “Órdago de Sánchez a la UE”, de Jordi Cruz, director de la Vanguardia, recordando a todos los que se han quedado en el camino de las aguas (lo mismo llevamos ya 82); o “la agonía del Caudillo”, de Pedro J Ramírez, en la Carta del Director, de Español, que abre con un “La Guardia Civil detecta agentes de inteligencia de Marruecos entre los migrantes que se colaron en Ceuta”.

Y por si fuera poco, las tribunas: “La migración como arma de la guerra hibrida” (Bjorn Bearn, El Mundo); “Mohamed VI y sus proyectiles humanos” (Pablo Ordaz, El País); o “El Reino del Sinsentido: el lado marroquí de la frontera” (Noussair Ben Daoud, ABC).

Pero si quieren canela fina: eldebate.com[1]. No deja títere con cabeza en todas y cada unas de las informaciones y en las plumas de sus colaboradores.

Y ahora entro yo.

Marruecos es un país norteafricano con un crecimiento sostenido y un entorno político estable. El acuerdo de asociación firmado en 1996 reforzó la cooperación entre Marruecos y la Unión Europea (UE). Con el lanzamiento de la política europea de vecindad (PEV) en 2004, Marruecos ha llegado a ser gradualmente un socio privilegiado de la UE en materia de cooperación política y económica, así como en comercio, cooperación técnica y desarrollo. Así comienzan varios informes oficiales de la UE respecto del vecino que nos come por los pies.

El reino de Marruecos nació en 1666, cuando los alauíes unificaron varios de los reinos norteafricanos, dando lugar al sultanato marroquí, que se extendía en un área de territorio menor a la mitad del actual reino. El sultanato de Marruecos quedó bajo protección francesa en 1912 y la región norte le fue cedida a España constituyendo el Protectorado Español de Marruecos[2]. En 1956, Marruecos recobró su independencia y pudo recobrar estos territorios coloniales, incluyendo aquellos que en épocas anteriores pertenecieron al imperio almohade en el siglo XII… que sigue siendo su Arcadia feliz. ¡Ojo a estas ínfulas!

En la configuración de Marruecos como país hemos de tener presente que después de 1958, de la guerra de Ifni[3] y del boicot estadounidense (a España), España abandonó el enclave de Ifni[4] y la franja de Tarfalla; y en la agonía de Franco en 1975, el Sáhara. Y desde entonces están dándonos la tabarra con la ZEE por todo lo que comporta hoy y puede que les reporte mañana. Y Canarias enfrente.

Marruecos es, por muchos motivos, una prioridad para la política exterior española. A pesar de ello, desde la Transición no ha habido una política de Estado explícita —con objetivos definidos y consensos básicos sobre recursos, enfoques y medidas— que guíe la política de España hacia su vecino del sur con el que hay dos rasgos que han caracterizado tradicionalmente las relaciones: complejidad y frecuentes vaivenes.

La proximidad geográfica, sumada, primero, a la presencia de una importante comunidad marroquí en España[5], luego al diferencial de renta per cápita[6] y finalmente a las diferencias políticas, demográficas y culturales, suponen un terreno abonado para las divergencias y fricciones.

Me duele escribirlo, pero España y Marruecos son países mucho más cercanos de lo que parece, pero bastante más distantes de lo deseable, lo que es terrible.

En el siglo XXI, para no complicarnos más, hemos pasado de los desacuerdos en pesca e inmigración de 2001, a la crisis de Perejil[7] en 2002; de la cooperación antiterrorista del periodo 2003-2007, a las tensiones con el Sahara entre 2007 y 2015; a practicar el deporte de salto de valla fronteriza entre 2014 y 2019, a la crisis de 2021 con retirada de la embajadora y el asalto a la frontera de Ceuta[8]... a resultas de la cual el Parlamento Europeo criticó el uso de la migración como instrumento de presión política[9]… pero cuando hay que negociar algo, también ellos, con Marruecos, se les olvida esa crítica.

Pero en 2022, España dio un golpe de timón letal a su posición sobre el Sahara y Pedro Sánchez le comunica al rey Mohamed VI algo inaudito: que considera la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara como la base “más seria, creíble y realista[10], reestableciéndose las relaciones bilaterales... y entonces va Argelia y nos retira su embajador.

¿Error de párvulos en Infantil de política internacional o cogida magistral por la entrepierna?:  Argelia nos da seguridad energética (gas natural) y menos presión migratoria; y dispone de petróleo, grandes reservas mineras y potencial para hidrógeno verde; y está lo mismo de implicada contra el integrismo.

Pero a lo que voy; y es Marruecos.

En 2022 cuando se conoce el Caso Pegasus[11]: los teléfonos del presidente del Gobierno y varios ministros fueron infectados con el programa Pegasus y diversas investigaciones periodísticas apuntan a intereses vinculados a Marruecos, aunque no existe una atribución judicial definitiva[12].

A pesar de que esas investigaciones periodísticas internacionales señalaron a Marruecos y que hasta el Parlamento Europeo recogió en sus trabajos esas informaciones[13], y que el contexto del uso de programas espía por parte de Marruecos, por increíble que nos pueda parecer, es habitual, ¡las relaciones políticas no se deterioraron! ¿Hasta dónde tienen cogido a este Ejecutivo?

Así que  España modificó su posición sobre el Sáhara Occidental, apoyando la propuesta marroquí de autonomía, sin venir a cuento; celebramos la XII Reunión de Alto Nivel España-Marruecos (2023), tras ocho años de parón; Pedro Sánchez viajó a Rabat (febrero de 2024) y afirmó que las relaciones bilaterales atravesaban “su mejor momento en décadas[14], destacando ¡la cooperación en migración, seguridad y comercio!, y, de paso, lo de la organización conjunta del Mundial 2030... y volvió la cooperación policial, se reforzó el control migratorio, avanzó la propuesta de reapertura de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla y aumentó el comercio bilateral (entre los puertos de Tanger Med y Algeciras, nada más)[15].

Entre 2023 y 2025 se tendió, cuentan, a la normalización con reapertura de las aduanas comerciales de Ceuta (breve experimento) y Melilla, como ya apunté, y se reforzó lo de la cooperación económica, energética y migratoria, aunque continuaron, ¡faltaría más!, las reclamaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla y las diferencias sobre el Sáhara.

Y así llegamos a los sucesos de julio... julio de 2026 donde se repite la mecánica: tú (España) me tocas las pelotas (en 2021 lo del líder del Polisario[16] y en 2026 te reconcilias un poquillo con Argelia[17]), yo te asalto Ceuta[18]; y de jodes y bailas[19].

Una actitud, sin paliativos, impresentable (como mínimo; delictiva a buen seguro).

Pero: ¿qué se puede esperar de un país al que le sale más barato exportar jóvenes —y recibir sus remesas; porque las envían después para ayudar a sus familias— que construir un mercado laboral para que ellos se desarrollen.

Desde 1963 Marruecos “exporta” mano de obra a Europa. Europa la necesitaba entonces y Marruecos vio en ello una salida para su problema. Seis décadas después las remesas de los marroquíes en el exterior componen uno de los pilares permanentes de la economía marroquí que así consigue el 8’5% de su PIB y suponen 11.000 millones de euros.

Sí, porque se trata de 5 millones de marroquíes que viven fuera de marruecos (un millón, que no es tal; que es más, en España) que mes tras mes remiten euros; que desde España le llegan del orden de 1.500 millones (de los 11.000 millones que le llegan del conjunto Europa).

Sólo los ingresos por turismo superan esa partida: 12.800 millones de euros.

Y es mucho más interesante hasta que la inversión extranjera directa, que fue tan solo de 2.886 millones de euros en 2025.

Así que la diáspora marroquí es un socio mayoritario del desarrollo del país. Y cuando el 8’5% de tu PIB te los producen los que se van; ¡pues que se vayan!, eso que me ahorro y luego me vienen euros. Es más: los animo a irse.

Y para eso, lo animar a irse, sólo hace falta vivir en el país y conocer sus miserias y ser parte de una juventud hiperconectada —internet no llega o falla solo en las zonas más abruptas de las montañas del Atlas, las zonas profundas del desierto del Sahara y algunas carreteras rurales muy aisladas; Hasta en los sitios más inesperados hay Internet, que es una envidia. Y lo sé de buena tinta— que ve lo que es Europa (en un principio España; pero todo es llegar) en sus modos, euros y formas de actividad, que la tienen tras los espingoncetes de Benzú (más complicado, por costa abrupta y fuertes corrientes) y el “famoso” de El Tarajal[20] (de aguas más tranquilas), y padecen la inacción de un gobierno que lo fía todo al próximo Mundial de fútbol, pensando en imagen y en turismo, y pasa muy mucho de generar un mercado laboral para ellos.

Y me molesta cuando hablamos de estas cosas de emigrantes y remesas de dinero que envían, además, cuando los que criticaron aquí en España la triste realidad de los emigrantes y las remesas del franquismo no critiquen ahora los emigrantes y las remesas de este mohamismo de pacotilla.

Sí, aquí en España, durante el franquismo, especialmente entre finales de los años cincuenta y comienzos de los setenta, la emigración de millones de españoles a Europa occidental fue uno de los pilares del crecimiento económico español. Las remesas enviadas por esos emigrantes aportaron miles de millones de pesetas en divisas, fundamentales para equilibrar la balanza de pagos junto con el turismo y la inversión extranjera. Este fenómeno fue objeto de durísimas críticas desde ámbitos políticos, sindicales y académicos.

La oposición (democrática) al franquismo argumentaba que el Gobierno utilizaba la emigración como una válvula de escape para evitar afrontar reformas económicas y sociales; sostenían que las remesas permitían mantener financieramente al régimen sin resolver las causas de la emigración. El Partido Comunista de España (PCE) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), así como sindicatos vinculados a ellos, denunciaban por todos los foros mundiales que el régimen estaba “exportando paro”. Y desde la izquierda europea, en Alemania, Francia, Suiza o Bélgica, varios sindicatos criticaban que la emigración española respondía a la falta de libertades sindicales y de oportunidades económicas en España y consideraban —y es cierto— que las remesas beneficiaban y perpetuaban al Estado franquista. Prestigiosos investigadores y académicos señalaron que el llamado “milagro económico español” era fruto de tres grandes entradas de divisas: el turismo, la inversión extranjera y ¡las remesas de los emigrantes!, por lo que criticaron que ese crecimiento descansaba en factores externos más que en un cambio estructural del modelo productivo. Y numerosos exiliados republicanos denunciaban la paradoja de que cientos de miles de españoles tuvieran que abandonar el país para encontrar empleo mientras sus ingresos ayudaban a fortalecer la economía del régimen.

Pues a esos mismos, ahora, cuando tenemos un problema con el vecino del Sur que nos come los pies, no los veo decir ni mu.

Y a Marruecos, ahora, le sale mejor hacer esto, exportar juventud y todo lo que pueda meter en ese “paquete de juventud” que arreglar el país y su socioeconomía (o no quiere hacerlo; o no puede hacerlo, porque no le interesa).

Y en medio de todo el berenjenal de la falluta microeconomía marroquí (la que afecta al bolsillo) está la macroeconomía. Sí, la macroeconomía —ya saben, el rollo de los números generales y globales que siempre le suelen salir bien a los países— le va bien en aquella orilla del Mediterráneo y tener a mano los pocos kilómetros cuadrados de Ceuta es un alivio para acciones como las vividas desde la tarde del jueves.

Para que se me hagan una idea: el término municipal de Benidorm es más del doble que Ceuta en superficie.

Y a lo que íbamos…

Tirando de macroeconomía, Marruecos crece; y crece de verdad, pero de cara a la galería, ¡oiga!

Marruecos está desarrollando uno de los mayores programas de infraestructuras viarias y deportivas de su historia, y dentro de ese plan se encuentra el que será el estadio de fútbol más grande del mundo: el Hasan II (115.000 espectadores). Luego habría que ver la viabilidad a posteriori de esa instalación deportiva, pero ¿a quién coño le interesa eso?

A priori, lo de proyectar una imagen de potencia regional africana y consolidarse como destino internacional para grandes acontecimientos deportivos está muy bien en los dosieres que reparten.

Marruecos está construyendo también cientos de kilómetros de vías rápidas (voies express) para mejorar la conexión entre ciudades y sedes del Mundial, desarrollando mejoras en los accesos a Agadir, Tánger, Rabat, Fez y Marrakech, remodelando los grandes enlaces de Aïn Harrouda y Sidi Maârouf (Casablanca) y terminando la continental Rabat–Casablanca y las autopistas Tit Mellil–Berrechid y la Guercif-Nador… poco más de mil kilómetros con una inversión de 15.000 millones de euros que financian los propios bancos del país en un 70%.

Se habla de la creación de 250.000 puestos de trabajo, pero aun así los informes del FMI hablan de un desempleo juvenil del 36’7 %... y esos jóvenes son los que vimos mayoritariamente asaltar Melilla. Asalto que condeno.

La UE destinó 1.150 millones de euros en el periodo 2021-2025 a Marruecos. El Banco Europeo de Inversiones (con Nadia Calvino —¿les suena? — al frente) firmó en 2025 un total de 740 millones y en lo que va de 2026[21]. Y la estrategia europea Global Gateway señala unos 1.100 millones en los últimos años[22].

No creo que se pueda decir que Europa les finanza el cotarro, pero sí que Marruecos es el principal receptor internacional de fondos europeos y que ha aprendido, que lo mejor y más rentable es que te paguen por la gestión de fronteras; por la contención[23].

Está muy bien esto de que te paguen por un supuesto contender y, además, ya en el caso de España, te dan un sustito o un bofetón y de paso demuestran a la UE que, si no se quiere, es complicado hacerlo y que necesitan más. Y más cuando 1 de cada 2 jóvenes marroquíes está fuera del sistema productivo y quiere salir por piernas de allí. Y los que hemos visto en las imágenes de los telediarios desde la tarde del jueves son jóvenes.

Los datos oficiales más recientes del Haut-Commissariat au Plan (HCP), relativos al primer trimestre de 2026 —el dato más reciente disponible dentro del primer semestre— muestran una situación de desempleo juvenil muy elevada, aunque algo mejor que en 2025 debido a un cambio metodológico en la encuesta laboral: 29,2 % de paro entre los jóvenes de 15-24 años[24]. El Fondo Monetario Internacional considera que el desempleo juvenil sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales de Marruecos. Señala que las causas van más allá del ciclo económico e incluyen el escaso dinamismo del sector privado, desajustes entre formación y empleo, dificultades de acceso a financiación para empresas, así como barreras para el empleo femenino.

El HCP también aporta otros datos que ayudan a valorar la situación de los jóvenes: 45,3 % de tasa de subutilización de la mano de obra entre los jóvenes de 15-24 años (incluye desempleo, subempleo y potencial fuerza de trabajo).

Y aunque no es exactamente una tasa de paro, el HCP publicó en abril de 2026 un informe específico sobre los jóvenes de 15 a 29 años: 2,9 millones de jóvenes marroquíes de entre 15 y 29 años no estudian, no trabajan ni reciben formación[25]. Lo que aquí llamamos un NiNi, allí es un NEET. Aproximadamente uno de cada tres jóvenes de esa edad se encuentra en esa situación.

Lo más grave es que según el Arab Barometer[26] el 55 % de los marroquíes de 18 a 29 años están dispuestos a emigrar. Y el Afrobarometer[27] apunta que el 44 % de los marroquíes, en el conjunto nacional, han considerado en los últimos tres años emigrar; y en el grupo de entre los 18-35 años, la cifra asciende al 64 %. Pues ya me contarán qué hacemos.

Marruecos es muy consciente de que el desempleo juvenil y el deseo de emigrar constituyen uno de sus principales desafíos económicos y sociales. Y para paliarlo, he leído, ha puesto en marcha el Forum International des Compétences Marocaines à l'Étranger (Foro Internacional de las Competencias Marroquíes en el Extranjero, FINCOME), un programa creado por el Gobierno marroquí para movilizar el talento de su diáspora, especialmente científicos, ingenieros, médicos, profesores universitarios, investigadores y empresarios marroquíes que viven en Europa, Norteamérica y otros países. Después de haber conseguido el regreso de solo 79 desde que se puso en marcha en 2004 ha resultado que FINCOME es más una política de captación de cerebros más que de retorno de cerebros, porque le sale más rentable que sigan fuera enviando sus remesas.

Pero aquí el problema está en la masa, en los que asaltan las vallas de la frontera y no en los titulados universitarios: que vemos lo que quereos ver.

Le oí a Marc Vidal decir que la juventud de Marruecos es una juventud conectada, como ya he dicho (Internet y la TV satelital llega a todas partes) y es esta juventud la que se pregunta a diario ¿por qué ahora se levantan estadios mientras hospitales y escuelas están cómo están? Y yo no sé como están, pero imagino que fuera de las grandes ciudades aquello debe ser el Far West.

Marruecos se moderniza; pero por elementos muy concretos y por zonas muy específicas mientras 16 millones de marroquíes, entre 15 y 39 años, el 42% de la población, el principal contingente potencial de incorporación al mercado laboral, demanda de vivienda, creación de empresas y consumo ve como solución irse del país. Preocupante

Y lo es porque en ese segmento de la población se concentran las mayores tasas de desempleo y la mayor intención de emigrar. ¡Houston, tenemos un problema! Ellos son los que pueden cambiar el país y el país sólo piensa en que facilitándoles la salida  —y ahí están los videos de camiones que los acercan a la frontera ante la pasividad del gendarme— resulta que como país no les va tan mal porque una vez lleguen a Europa y puedan entrar en el mercado laboral, que no todos son unos golfos apandadores, se convierten en el segundo pilar sobre el que asienta la economía marroquí gracias a sus remesas.

Lo más triste de todo esto es que Ceuta depende en gran medida de la cooperación marroquí para que la frontera funcione con normalidad. Cuando esa cooperación se interrumpe, la ciudad sufre un impacto inmediato. La sensación de muchos ceutíes tras los asaltos de 2021 y 2026 es que la ciudad ha quedado expuesta a una presión migratoria extraordinaria antes de que el Estado recupere el control. Y ahí está el relato del diario El País[28]: los tres días de horror en Ceuta.

Ante esto, muchos consideramos que España ha aceptado una dependencia excesiva de Marruecos en materia migratoria y que Rabat dispone así de una importante capacidad de presión y que la ejerce cómo y cuando quiere. Y nosotros, calladitos.

Desde luego que me veo ante un debate que me descorazona y me pregunto: con este Gobierno, ¿España cuenta con un modelo suficientemente sólido para garantizar la seguridad y la estabilidad de Ceuta (y no me olvido ni de Melilla, ni de las plazas de soberanía) sin depender de la cooperación marroquí? Y me temo lo peor.

Muchos especialistas en relaciones internacionales consideran que Ceuta presenta una vulnerabilidad estructural porque confluyen varios factores determinantes en ella: es frontera terrestre entre la UE y África, está rodeada por Marruecos, cualquier alteración en el control fronterizo tiene efectos inmediatos y la gestión migratoria viene a depender de la colaboración que Marruecos quiera tener y demostrar.

Por ello, tras las crisis de 2021 y 2026, se nos ha reabierto el debate sobre si España debiera reforzar aún más tanto la frontera como la capacidad autónoma de respuesta del Estado; incluso de la implicación de la UE en la protección de esa frontera exterior.

Para mí es razonable sostener que la ciudad se encuentra en una posición de especial vulnerabilidad, y que las crisis migratorias han alimentado la percepción, compartida por parte de la sociedad y de algunos responsables políticos, de que las medidas adoptadas no siempre han sido suficientes para evitar que Marruecos pueda ejercer presión sobre España a través de Ceuta y los ceutíes.

Y Ceuta, que es España, no se merece lo que están haciendo con ella.

¿No quieres implicarte?, pues tira de FRONTEX, que somos Europa, y de las fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de las Fuerzas armadas y defiende Ceuta; que es defender España.

Frontex es la agencia de la Unión Europea encargada de ayudar a los Estados miembros a proteger las fronteras exteriores del espacio Schengen y de la UE. Fue creada en 2004 y, tras la crisis migratoria de 2015, sus competencias y recursos aumentaron de forma muy significativa. Hoy dispone además de un Cuerpo Permanente (Standing Corps) que ronda ya los 5.000 efectivos entre guardias de fronteras, policías, especialistas en identificación, expertos en documentos falsificados, intérpretes y personal para operaciones de retorno. El cuerpo se compone de funcionarios contratados por la agencia, agentes cedidos temporalmente por los Estados miembros y personal contratado durante operaciones concretas. Frontex dispone o puede movilizar personal, patrulleras, helicópteros, aviones de vigilancia, drones de largo alcance, vehículos todoterreno, cámaras térmicas, radares, sistemas de vigilancia marítima y equipos de identificación biométrica. Muchos de estos medios son propios y otros son aportados por los Estados miembros dentro de las operaciones coordinadas por la agencia.

Frontex no puede intervenir y desplegarse ante una vulneración del Espacio Schengen y de la UE si no lo pide el Estado. ¡Pídase! Frontex ya ha actuado en España (ruta atlántica en Canarias) y siempre que España lo solicite o se activen los mecanismos previstos por la normativa europea puede actuar.

Y es cierto que el despliegue de varios cientos de agentes de Frontex no impediría por sí solo una entrada masiva si Marruecos deja de controlar su lado de la frontera. Pero su principal valor sería reforzar la capacidad operativa española, dar una imagen de unidad de la UE ante este tema, mejorar la vigilancia y aportar recursos técnicos y humanos adicionales. Pero la responsabilidad última de la protección de la frontera seguiría siendo de España.

Y es necesaria.

El 8.1 de la Constitución dice que las Fuerzas Armadas tienen la misión de “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional” pero luego está que la seguridad ciudadana no corresponde a las Fuerzas Armadas, sino a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que en 104 de la Constitución, encuentran su razón de ser al atribuírseles esa misión como Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y su desarrollo se encuentra en la Ley Orgánica 2/1986, que sitúa bajo el Ministerio del Interior a la Policía Nacional y a la Guardia Civil para esas funciones.

La Ley Orgánica 5/2005, de la Defensa Nacional, establece que el Gobierno dirige la política de defensa y decide cuándo y cómo emplear las Fuerzas Armadas. Pues blanco y botella; y verde con asas, alcarraza. No existe, pues, una prohibición general de intervenir en territorio nacional; lo más que existe es un reparto de competencias. Y los militares pueden actuar en apoyo de las autoridades civiles... y están a lo que están y como están. Fatal.

¿Qué estamos haciendo con Ceuta? Ni los ceutíes ni España se merecen lo que están, estamos, viviendo.





[2] Fue establecido por encomienda de Francia tras el acuerdo franco-español de 27 de noviembre de 1912. Con capital en Tetuán, el protectorado consistía en dos territorios del actual Marruecos, geográficamente separados por el protectorado francés. La zona norte, que incluía las regiones del Rif y Yebala, tenía frontera en el norte con las ciudades de Ceuta y Melilla, las plazas de soberanía (que no formaban parte del protectorado al ser de iure territorio español) y con la Zona Internacional de Tánger; al sur y al este, con el protectorado francés. La zona sur, también conocida como Cabo Juby (hoy Tarfaya), lindando al sur con el Sahara español, al norte con el protectorado francés, con el río Draa como frontera, y al este con la Argelia francesa.

[3] La guerra de Ifni fue una guerra no declarada de España y Francia contra Marruecos, que tuvo lugar entre el 23 de noviembre de 1957 y el 30 de junio de 1958 en las provincias españolas de Ifni y el Sahara y en el territorio de Cabo Juby, bajo el protectorado de ese país, que se resolvió con el Acuerdo de Cintra. el Consejo de ministros del día 28 de marzo de 1958, adopta la decisión de retroceder la zona sur del Protectorado marroquí; en segundo lugar, se alcanza el acuerdo de Cintra el día 1 de abril entre los ministros Castiella y Balafrej, acuerdo por el que desde el día 10 de abril Marruecos se haría cargo de dicha zona.

[4] Ifni fue una colonia y posteriormente una provincia española hasta el 30 de junio de 1969, fecha en la que se cede al Reino de Marruecos. Por el Plan de Reforma Territorial del Estado, la provincia de Sidi Ifni (en la región de Guelmim-Ued Nun desde 2015), la forman dos municipios urbanos y diecisiete rurales. Tiene una extensión de 1502 km² y unos 54 000 habitantes. Su capital es Sidi Ifni. Se trata de una franja de tierra de unos ochenta kilómetros de costa y veinticinco kilómetros hacia el interior situada en la costa atlántica entre las estribaciones del Anti-Atlas y el océano. Se encuentra a unos 300 kilómetros (170 millas náuticas) de la isla de Lanzarote. La presencia española allí data de 1476/78 aunque fue  testimonial hasta 1934, como ya hemos contado en algún que otro Post en este Blog.

[5] 969.869 legales según el INE y estimación de medio millón más de ilegales

[6] 38.627 US$ frente a 4.673–4.842 US$ (según la fuente); La renta media por habitante en España es aproximadamente 8 veces superior a la de Marruecos. Y en cuanto a paridad de poder adquisitivo (PPA) —que corrige las diferencias en el coste de la vida— la distancia se reduce, pero sigue siendo muy elevada: alrededor de 60.000 US$ PPA por habitante en España frete a alrededor de 11.000–12.000 US$ PPA por habitante en Marruecos. Salario mínimo legal en España de 1.221 € brutos/mes (14 pagas, 2026); en Marruecos 3.050 dírhams/mes (unos 285-295 €) en los sectores no agrícolas. Salario medio bruto en torno a los 2.380 €/mes en España frente a los 500-650 €/mes (según sector y zona) en Marruecos. El Poder Adquisitivo marroquí ronda el 20  - 25 % del español. El coste de la vida en Marruecos es considerablemente menor. Sin embargo, los salarios son tan inferiores que el menor coste de la vida no compensa la diferencia de ingresos. En consecuencia, el poder adquisitivo efectivo de un trabajador medio español sigue siendo aproximadamente entre tres y cinco veces superior al de un trabajador medio marroquí.

[15] Organizaciones agrarias españolas como ASAJA, COAG y Unión de Uniones han criticado en diversas ocasiones que las cadenas de distribución españolas (y de supermercados) importen productos marroquíes cuando existe producción nacional, alegando diferencias en costes laborales, exigencias fitosanitarias y competencia. Esas cadenas de distribución y supermercados esgrimen lo de que “deben garantizar el suministro durante todo el año”; pero considero que deben ser más escrupulosas en lo de cumplir la normativa de la UE.

[19] Cada año, con motivo de la Fiesta del Trono (30 de julio), el rey Mohammed VI concede indultos a miles de presos. En 2025, por ejemplo, el indulto fue extraordinariamente amplio y afectó a 19.673 presos, según las autoridades marroquíes. Pero no está acreditado públicamente que algunos de esos indultados de este año, cuya cifra aún no he localizado, hayan sido identificados entre los inmigrantes que entraron en Ceuta. Esa afirmación  que circula de que había excarcelados entre los asaltantes de la frontera debe tratarse, por ahora, como una alegación pendiente de confirmación.

[20]  Según Puerto de Ceuta, se trata de un espigón-escollera de 38’5 metros de longitud que tiene una valla de seis metros de altura y se adentra en el mar, según las mareas que haya en cada momento. En función de esas mareas, la profundidad del agua en su zona más alejada es de entre 2’5 y 3 metros, afectado por corrientes submarinas.

[23] Desde que la UE empezó a financiar de forma sistemática la cooperación migratoria con Marruecos, el importe acumulado supera los 360 millones de euros destinados específicamente al ámbito de la migración y la gestión de fronteras. La cooperación comenzó en 2004, se estructuró en 2013 y adquirió una financiación masiva y continuada a partir de 2014-2015, especialmente tras la crisis migratoria de 2015 y la creación del Fondo Fiduciario de Emergencia para África. Pero desde 2016 y hasta 2022, que no he encontrado nada más, con la premura de este post, hablamos ya de 360 millones de euros: 238 millones de euros procedían del Fondo Fiduciario de Emergencia para África (EUTF). El resto, unos 122 millones, de otros instrumentos financieros de la UE. Vamos, que son más millones en estos 4 años más y con más presiones. - https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/E-9-2022-002889-ASW_EN.html