De tanto correr por la vida sin freno, me olvidé que la vida se vive un momento… y creo que ya ha llegado el momento de poner de poner los puntos sobre las íes y en valor a una persona a la que las circunstancias han convertido en involuntario protagonista: Juan Jesús Vivas Lara
Sí, el alcalde Vivas. El alcalde de Ceuta al que algún imbécil en RRSS le coloca epítetos injuriosos mientras el hombre afronta con la mayor dignidad que se me ocurre imaginar y con los achaques de su vida, la invasión de su ciudad y la obligación inducida de aguantar carros y carretas con altura de liderazgo y defensa de la convivencia. Y, por mucho que le pese a algunos, serán sus convecinos, los ceutíes, quienes llegado el día le valoren su acción; no los que estamos al otro lado del “ancho”, cada día más ancho, de Gibraltar.
Hoy olvidamos a un Juan Vivas que fue protagonista de los dos estudios que Merco Ciudad, el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa, hizo en España de la figura de los alcaldes. Aquellas encuestas evaluaban y medían la imagen y la reputación de quienes administraban las ciudades dentro del marco de Merco[1]. Pues bien, por dos veces se consideró a Vivas, a Juan Jesús Vivas Lara, “el mejor alcalde de España”. Y Vivas lleva en el cargo ininterrumpidamente desde el 6 de febrero de 2001. Fue en los años 2009 y 2010. En 2009 Juan Jesús Viva quedó 1º de España, con 1.000 puntos, por delante de Iñaki Azkuna (alcalde de Bilbao) y Teófila Martínez (alcaldesa de Cádiz), que ya de por sí eran los “grandes alcaldes” del momento en acción, repercusión y apoyo ciudadano. El primer estudio incluía 78 ciudades; en 2010 hubo una segunda edición y Vivas volvió a quedar 1º, por segundo año consecutivo. En esta ocasión el estudio se amplió a 81 ayuntamientos.
Merco Ciudad no ha vuelto a hacer el estudio “de alcaldes”, que yo sepa. Merco concentró su actividad en otros monitores y en su expansión internacional. Lo había empezado en 2008, pero no doy con los resultados de aquel estudio ni en su web. Ahora bien, distintas encuestas de valoración ciudadana, citadas posteriormente por Nueva Economía Fórum y otras biografías, sitúan a Juan Vivas entre los alcaldes mejor valorados de España en los años 2008, 2009 y 2010.
Vamos, que de casta le viene al galgo para que luego pueda llegar un impresentable de anatomía generosamente desarrollada y conducta manifiestamente mejorable —de humanidad abundante y virtudes escasas, que también podríamos decir— y pueda pretender faltarle al respeto como persona y como político. Y no te digo ya del presidente del Gobierno de España, del que no voy pergeñar descripción física alguna por ser, de todos, bien conocido y estar en el imaginario personal bien, regular, mal o peor reconocido.
Juan Vivas, hoy por hoy, no es simplemente un alcalde más, porque está de triste actualidad y porque está al frente de la administración de una de las dos ciudades autónomas que tiene España. Y por cosas del Estatuto (de Autonomía de Ceuta)[2], se le llama presidente; pero eso de “presidente” no es el equivalente a un presidente de diputación o un presidente de una comunidad autónoma. Vivas, como señalé, es el presidente de una ciudad autónoma cuyo régimen tiene una singularidad constitucional y estatutaria. El propio Estatuto de Autonomía de Ceuta, en su artículo 15, establece literalmente que el presidente “ostenta también la condición de Alcalde”; verde y con asas… ¡alcarraza! Vivas es el alcalde de Ceuta, como Juan José Imbroda es el de Melilla[3].
Y ya que estábamos con el Estatuto ceutí, el artículo 25 dice que Ceuta ejerce todas las competencias que la legislación estatal atribuye a los Ayuntamientos, además de competencias procedentes de las Diputaciones, dadas sus peculiaridades al estar enclavada en el Norte de África. Y esto me lleva a otra cuestión que quería también plantearles porque se produce en la geografía peninsular y nos parece de lo más normal.
Para los que somos de la Comunidad Valenciana, el Rincón de Ademuz[4], salvando las distancias geoestratégicas con Ceuta, es un territorio “comparable” con Ceuta. El Rincón de Ademuz es un enclave valenciano —pertenece a la Comunitat Valenciana y a la provincia de Valencia— pero no tiene continuidad territorial con el resto de la Comunitat Valenciana. Está situado entre Teruel (Aragón) y Cuenca (Castilla-La Mancha). La propia documentación de la Mancomunidad lo define como una “isla valenciana” (sin mar por medio, para más inri) en tierras aragonesas y castellano-manchegas. Ceuta, salvando las enormes diferencias que ustedes me quieran achacar, tiene una lógica territorial semejante: Ceuta es territorio español separado físicamente de la España peninsular.
Aquí llegados, enarbolo mi bandera y sostengo que la discontinuidad territorial no es condición que impida la pertenencia nacional. Ceuta es un territorio español situado fuera de la Península y en contacto directo con un Estado extranjero cada vez más enemigo: Marruecos.
España, por si a alguno se le ha olvidado, tiene incluso dentro de su territorio peninsular más “ejemplos” que demuestran que la pertenencia territorial no depende de la continuidad geográfica.
Así es que, Ceuta, por esa misma lógica mía que ahora esgrimo de pertenencia territorial a una dimensión completamente distinta, es territorio español, con personalidad jurídica y autogobierno propios, situado en la frontera exterior de España y de la Unión Europea.
Miren: esto está muy claro (para mí). Un mapa explica dónde está un territorio; pero lo coloreamos para indicar a quién pertenece. La pertenencia —que quede claro— la determinan la historia, el derecho y la voluntad política expresada conforme al ordenamiento constitucional.
Y tengo más ejemplos de igual calado; de “territorios discontinuos” españoles… Se me ocurre el caso del Treviño[5] (Brugos dentro de Álava), de Villaverde de Trucíos[6] (Cantabria dentro de Bizkaia) o de Llivia[7] (Gerona en medio de Francia). Este último ejemplo se acercaría más al caso de Ceuta, pero los gabachos no se parecen a los vecinos del Sur.
En estos casos que saco a relucir, la historia, el derecho y la organización política han producido una realidad territorial que no coincide con la continuidad geográfica. Y tengo más: Petilla de Aragón (lugar de nacimiento de Santiago Ramón y Cajal) y Baztanes, que son enclaves Navarros en Zaragoza; Ternero (enclave burgalés en La Rioja); u Orduña (Vizcaya, entre Burgos y Álava). Somos así, ¡qué le vamos a hacer!
Hecha esta salvedad, vuelvo a mi Ceuta y al alcalde Vivas que lleva esta cuestión a una dimensión diferente.
Tengamos muy claro que el alcalde es el órgano unipersonal que preside el Ayuntamiento, representa al municipio, dirige el gobierno y la administración municipal y ejerce las competencias que le atribuyen la legislación y las normas locales. El alcalde es, además de la máxima autoridad política del municipio, por lo que es una figura pública cuya valoración ciudadana comprende la percepción que los habitantes tienen sobre su liderazgo, integridad, capacidad de gestión, cercanía, accesibilidad, representación del municipio y defensa de los intereses de la comunidad. Y Vivas es, para mí hoy por hoy, la representación más genuina de todo ello.
Ceuta, su ciudad, no es un enclave administrativo dentro de otro territorio español (como los que antes vaíamos) ni una anomalía cartográfica; Ceuta es una ciudad española con territorio propio, instituciones propias y frontera exterior de España y de la Unión Europea. Y no hace falta interpretar nada: su propio Estatuto de Autonomía dice literalmente que Ceuta es “parte integrante de la Nación española” y goza de autonomía para gestionar sus intereses, identificando su territorio con la delimitación actual de su municipio[8]. Vivas lo sabe y está en ello.
Además, el Tribunal Constitucional ha ratificado la condición de naturaleza “bifronte” que tiene Ceuta definiéndola como un ente autónomo que actúa, al mismo tiempo, como municipio y como Ciudad Autónoma[9] —Ceuta aparece como ente municipal al que se le reconoce que posee un régimen especial de autonomía local, diferente tanto del régimen ordinario de los municipios como del de las comunidades autónomas con competencias específicas en materias como urbanismo, vivienda, transporte, desarrollo económico, patrimonio, turismo, asistencia social, sanidad, policía local, etc.— donde el presidente de la Ciudad Autónoma ostenta también la condición de alcalde.
Y a lo que voy, pues: Juan Jesús Vivas Lara es alcalde; alcalde-presidente de una Ciudad Autónoma con un régimen institucional singular. Y sabiendo que no es más —¡ni menos!— que el alcalde de Ceuta, al César lo que es del César y al Estado recordarle la competencia exclusiva sobre nacionalidad, inmigración, extranjería y derecho de asilo, además de defensa, relaciones internacionales y seguridad pública. Lo del alcalde son otras competencias.
Puede gustar o no gustar Vivas; puede caer bien o mal Vivas; pero de ahí a convertirlo políticamente en una especie de adversario exterior del Estado español es sólo una maléfica ocurrencia del más recalcitrante sanchismo.
Se puede discrepar de un alcalde; se le puede criticar; se le pueden exigir responsabilidades sobre sus competencias y actitudes (incluso aptitudes); lo que quieran. Pero en una situación como esta, cuando ese alcalde representa a una ciudad española situada en la frontera sur de Europa, con unas circunstancias extraordinariamente singulares de invasión, y cuando los que aparecen en los telediarios de las distintas cadenas señala al liderazgo de Vivas, la respuesta del Estado no debería ser la que está siendo y debería primar la lealtad institucional. Ahora mismo, viendo despotricar a los ministros lenguaraces sobre Vivas, parece que Vivas sea el dirigente de una potencia extranjera con la que estamos en conflicto.
Yo viendo lo que veo, leyendo lo que leo, y oyendo lo que oigo… ¿de verdad creemos que la mejor manera de afrontar la actual crisis en Ceuta es forma de proceder la del Gobierno de España?; ¿de verdad debemos tratar al alcalde de una ciudad española como si fuera el presidente de un país enemigo? Es que se trata mejor al mohamed de turno que a un ciudadano español que tiene la confianza de su pueblo.
Yo me hago cruces, insisto. Ceuta no es solamente un territorio fronterizo; es una ciudad española. Y como tal, sus instituciones forman parte de la estructura del propio Estado[10] —y de la España de las Autonomías y sus dos ciudades Autónomas, que también está Melilla en el ajo y tiene un alcalde parejo en aptitudes y respaldo popular— y del engranaje del municipalismo español. El Tribunal Constitucional, recuerden la sentencia expuesta antes, ha subrayado precisamente esa singularidad. Ya con esto, el “pregúntele a Vivas” del 16 de septiembre pronunciado por el presidente del Gobierno de España —y aplaudido por sus ministros faltones— ¡no es de recibo!
Si el propio Estado declara que estamos ante una situación de interés para la Seguridad Nacional, difícilmente puede presentarse después como un asunto esencialmente municipal.
A estos que nos representan hay que exigirles deferencia institucional, respeto a la autonomía local y lealtad entre administraciones. Una crisis fronteriza no puede convertirse en una crisis de responsabilidades institucionales en la que se termine responsabilizando al alcalde de aquello que no puede decidir.
Vivas no controla la frontera española; Vivas no decide quién entra en España; Vivas no dirige la Policía Nacional ni la Guardia Civil; Vivas no interviene en política migratoria…
Vivas alertó de lo que se nos veía encima… y Vivas debe soportar, con sus vecinos, la invasión y la falta de escrúpulos de quienes han cortado de cuajo el final del verano de los ceutíes y amenaza la normal convivencia y el final de este duro y complicado 2026.
La frontera es del Estado, pero el caos que ha producido la inacción de Gobierno en la frontera le toca soportarlo a la ciudad y a los ciudadanos que representa Vivas.
Ahora su ciudad está viviendo bajo el Real Decreto 681/2026[11] que reconoce que la llegada masiva de migrantes ha generado una inaudita y sobrevenida presión sobre los servicios sociales, protección de menores, transporte y funcionamiento administrativo de Ceuta… Al margen, porque no son competencias de Vivas, están las capacidades de control fronterizo, identificación, atención humanitaria y acogida. Y no es nada subjetivo el mal ambiente que se vive en Ceuta donde los vecinos están hasta las napias de lo ocurrido y la falta de iniciativa gubernamental para repelerlo y controlarlo; amén de la pésima gestión del gobierno. Ahora sabemos que Marlasca se quitó de en medio[12] en cuanto el presidente Sánchez se dio la vuelta para irse de vacaciones o que el del mando único, cuando las noticias son que la avalancha desborda el cordón policial[13], se va de mítin de fin de semana a Canarias[14]. Si no pasan más porque no llega para conjunción astral.
A Vivas, insisto, se le pueden exigir responsabilidad por lo que está dentro de sus competencias; pero no se le puede atribuir como si fuera competencia suya aquello que constitucionalmente corresponde al Estado.
Yo, con tristeza, me pregunto: ¿Por qué estamos convirtiendo al alcalde de una ciudad española en el adversario político de una crisis cuya competencia fundamental corresponde al Estado?
A Vivas se le puede exigir todo aquello que sea competencia de Vivas. Pero no se le puede convertir en responsable de una frontera que constitucional y legalmente no controla. Y si Ceuta es España cuando hay que defenderla, también tiene que ser España cuando hay que afrontar las consecuencias de esa frontera.
España no puede dejar de funcionar como Estado cuando las consecuencias recaen sobre una ciudad tan española como Ceuta.
A Vivas, insisto, se le puede discutir lo que se quiera en su condición de alcalde de Ceuta; que es lo que es. Lo que no me parece razonable es pedirle cuentas como si fuera ministro del Interior o de Asuntos Exteriores. Porque no lo es. Aquí lo que ha habido —y lamentablemente hay— es un problema de frontera; por eso el Estado debe centrar sus y acciones en la frontera y no en el alcalde. Y devolver a Ceuta su estado de normalidad arrebatada.
Es más; y me duele más. La desproporción entre la capacidad de comunicación de un Gobierno y la de una ciudad de 84.000 habitantes es tal que, por vergüenza torera, más de uno de la estructura del Gobierno debiera reprimirse hasta de respirar el mismo aire que los ciudadanos de bien. Un objetivo a batir del tamaño de un alcalde dice muy poco de las formas de ministros y hasta del propio presidente del Gobierno que son los que han colocado personalmente a Vivas en el centro del debate.
Vivas es el hombre que está dando la cara por una ciudad de unos 84.000 habitantes que, en 48 horas, recibió una presión migratoria extraordinaria casi equivalente a su misma población… y ahí sigue.
Vivas, en sus intervenciones en Medios —porque la falta de acción del Gobierno y sus satélites lo han convertido en protagonista—, no es el problema. Si lo escuchan con atención, Vivas es parte de la solución.
Eso, a Vivas, ¡pregúntele! Pero pregúntenle por aquello que depende de Vivas. Al Gobierno de España habrá que preguntarle por aquello que depende del Gobierno de España.
Porque si el Estado controla la frontera, gestiona la extranjería y dirige la política migratoria, no parece razonable que, cuando las consecuencias de esa política llegan a aplastar una ciudad española, la responsabilidad termine descargándose sobre su alcalde.
Y menos aún cuando ese alcalde lleva una pila de años ejerciendo la representación institucional de Ceuta y cuando, en esta crisis, ha reclamado públicamente al Gobierno central, antes de desencadenarse la invasión, recursos, actuaciones y respuestas. Ceuta no necesita que Madrid se pelee con ella. Ceuta necesita que España esté con Ceuta. Y cuando digo España, digo el Gobierno de España, la Delegación del Gobierno, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, las instituciones europeas y todas las administraciones trabajando juntas; porque los españoles ya hemos manifestado nuestro apoyo irreductible a Ceuta.
Y a Juan Vivas, al alcalde, se le puede pedir que gobierne mejor; se le puede pedir que acierte más; se le puede pedir incluso que rectifique sobre algo o sobre todo (por pedir que no quede). Pero lo que no se le puede pedir a Juan Vivas es que cargue con una crisis que España entera, por inacción de su Gobierno, tiene la obligación de afrontar exigiendo la defensa a ultranza de Ceuta y de los ceutíes.
El experimento de frontera que ya denuncié en un anterior post no debería consistir en comprobar cuánto puede aguantar Ceuta antes de culpar a su alcalde; debería consistir en comprobar hasta dónde es capaz de llegar España cuando una de sus ciudades está bajo presión. Porque si consideramos que Ceuta es frontera y que Ceuta es España, cuando Ceuta sufre las consecuencias de esa frontera, Señores del Gobierno, Ceuta sigue siendo España y Juan Vivas su alcalde.
Y aquí, en la vieja piel de toro, tenemos tradición de alcaldes con el ADÑ bien puesto. Si no, que se lo pregunten a los de Móstoles… y al francés.
[1] Merco elabora
ocho monitores (Merco Empresas, Merco Líderes, Merco Responsabilidad ESG, Merco
Talento, Merco Talento Universitario, Merco Sociedad, Merco Digital y el
Monitor de Reputación Sanitario) y tiene presencia en más de diecinueve países:
España, Colombia, Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil, México, Perú,
Costa Rica, Panamá, Uruguay, Portugal, Italia, República Dominicana, Guatemala,
El Salvador, Honduras y Paraguay. Y en proceso en otros países como Estados
Unidos.
[3] Gratos recuerdos
de aquella compañera en los tiempos de Antena 3 de Radio, SA, Toñi Ramos,
que vivió el duro momento protagonizado por Aomar Mohamedi Dudú, quien rindió
fidelidad al rey Hassan II y pasó a desempeñar funciones vinculadas al Gobierno
marroquí y doy mucho por saco en Melilla en aquellos primeros años ochenta
siendo ella directora de la emisora. ¡Melilla, qué maravilla! en la voz de Toñi
Ramos aún resuena, seguro, en esa ciudad. Este Dudú militó en el PSOE de
Melilla y llegó a formar parte de su ejecutiva provincial. En 1985 fue
expulsado del partido... peroooooo en septiembre de 1986 el Gobierno socialista
de Felipe González lo nombró asesor del Ministerio del Interior, en relación
con la problemática de la comunidad musulmana de Melilla. Si es que la cabra
tira al monte.
[4] El Rincón de
Ademuz es una comarca castellanohablante que constituye un enclave de la
Comunidad Valenciana, separado de esta por el municipio conquense de Santa Cruz
de Moya al sur, y al norte por el municipio turolense de Arcos de las Salinas. Es
una zona montañosa que se encuentra regada por el río Turia —o río
Guadalaviar—, con actividad agrícola (cereal, hortalizas, forrajes), de
ganadería lanar y explotaciones forestales. Las tierras del Rincón de Ademuz
fueron conquistadas por Pedro II de Aragón en 1210, que tomó los castillos
musulmanes de Castielfabib y Ademuz. Entre 1259 y 1261, al organizar los nuevos
territorios cristianos, Jaime I decidió incorporar estas tierras al recién
creado Reino de Valencia en lugar de unirlas a Aragón, por lo que enviaban sus
síndicos a las Cortes Valencianas. Su adscripción al territorio valenciano se
plasmó en los Fueros de Valencia de 1261. Tras una breve adscripción a Teruel
en 1822, el Rincón de Ademuz retornó a la provincia de Valencia en 1823, consolidándose
como el exclave (territorio separado administrativamente) que es
hoy en día entre las provincias de Teruel y Cuenca.
[5] Treviño es un
enclave situado en el norte de España, perteneciente a la provincia de Burgos
(Castilla y León), aunque completamente rodeado por territorio de Álava (País
Vasco). Pertenece a la comarca del Ebro y forma parte del partido judicial de
Miranda de Ebro, ciudad que se encuentra a pocos kilómetros. Está formado por
dos municipios: Condado de Treviño y La Puebla de Arganzón. La
fundación oficial de Treviño se realizó en 1161 por el rey de Navarra Sancho VI
el Sabio, aunque en 1200 pasa a poder de Castilla tras la victoria que el rey
castellano Alfonso VIII obtuvo en la guerra que mantuvo contra el rey navarro,
siendo desde ese momento Treviño una parte más de Castilla hasta nuestros días.
En el medievo era conocido con el nombre de Uda Treviño o tierras de Uda.
[6] Villaverde de
Trucíos es un enclave cántabro en la comarca del Agüera (en Las Encartaciones
de Bizkaia) a 79 Kilómetro de Santander. Villaverde se incorporó a Bizkaia en
el siglo XII y hasta el siglo XV disfrutó de los mismos derechos que el resto
de los valles de Las Encartaciones. El poderoso linaje de los Avellaneda se
hizo con este valle por gracia de los Señores de Vizcaya que se lo dieron como
premio a la participación de Lope de Ochoa de Avellaneda en la batalla de
Aljubarrota (Portugal) librada en 1385. El 13 de Septiembre de 1440, y ante
Fernán Sánchez, escribano y notario público de Valladolid, Diego de Avellaneda,
hijo bastardo de Lope de Ochoa, vendió el valle por 500.000 maravedíes a Pedro
Fernández de Velasco, Conde de Haro. Los Avellaneda lo vendieron por una simple
falta de liquidez y así, nada de anacronismo histórico: una operación
mercantil. El valle pasó a pertenecer al Señorío del Condestable de Castilla,
se incluyó en el Corregimiento de Soba y fue apartado de Las Encartaciones del
Señorío de Bizkaia.
[7] Llivia es un
municipio español perteneciente a la provincia de Gerona, rodeado totalmente de
territorio francés. En la comarca de la Baja Cerdaña, Llivia se encuentra a 153
kilómetros de Gereona, rodeado por el departamento de Pirineos Orientales como
resultado del Tratado de los Pirineos de 1659, y del Tratado de Llivia (12 de
noviembre de 1660); exactamente limita con las comunas francesas de: Targazona,
Estavar, Sallagoza, Santa Leocadia, Bourg-Madame, Ur y Angostrina-Villanueva de
las Escaldas. Por tanto, constituye un enclave de España en Francia.
[10] El ayuntamiento
es el órgano de gobierno y administración de los municipios, y está regulado
principalmente en el Artículo 140 de la Constitución Española dentro del Título
VIII.
[12] https://www.eldebate.com/espana/20260918/sanchez-anuncio-marlaska-quedaba-dias-guardia-ceuta-invasion-marcho-horas_459856.html y https://labandera.es/marlaska-abandono-ceuta-apenas-unas-horas-despues-de-que-sanchez-anunciara-que-permaneceria-alli-varios-dias/
[13] https://www.elespanol.com/espana/politica/20260918/avalancha-migrantes-crea-caos-traslado-playas-puerto-ceuta/1003744388013_0.html


