24 ago 2026

A VUELTAS CON EL COMERCIO DE BENIDORM. A PROPÓSITO DE AICO… (y II)

 

 

A vueltas con lo que decíamos ayer —que es mi opinión personal; faltaría más—,sigamos con este análisis.

En estos casi cincuenta años de existencia AICO ha tenido alguna razón y muchas líneas rojas mantenidas: siempre se ha manifestado contra la instalación de grandes superficies comerciales[1]. Y eso que, recuerden, en Benidorm, para muchos, ir de compras al Centro Comercial ‘La Marina’, aunque está en Finestrat (otro municipio de la comarca), “es comprar en Benidorm”. Y ‘La Marina’ se refuerza porque sabe de su nueva centralidad[2].

La relocalización de marcas es un hecho, pero el centro urbano comercial de Benidorm sigue siendo objeto de deseo en esa recolocación de marcas emblema[3]. El centro no está muriendo; está reconfigurándose. No es filosofía; es un proceso natural inducido.

Pero no perdamos de vista que el proceso sigue: hay reorganización comercial en la ciudad y parte de la actividad se desplaza periféricamente. Benidorm, con ello, puede estar perdiendo centralidad; que una cosa es la afluencia turística y otra la centralidad comercial… y ya en los estudios de los años noventa se alertaba, recuerden, de la “evasión de gasto”… lo que se dejaba de comprar in situ… y no se hizo nada.

Hay que conseguir volver a ser un destino comercial, un eficaz destino de compras, que, como el tractor amarillo (de Zapato Veloz), es lo que se lleva ahora y convertir todo el espectro urbano central, o varios pequeños espectros urbanos en el lineal de la ciudad, en una experiencia de compras, restauración y entretenimiento que es lo que son los centros comerciales, pero en el ámbito urbano.

En la ciudad, la proximidad es la clave. Para los vecinos y residente, es decisiva; para el turista, perfectamente deseable; pero para el visitante que accede en vehículo, una ciudad con regulación de circulación rodada ya no lo es tanto. Esto también lo debemos tener en cuenta.

Entonces: ¿qué es lo que pasa en Benidorm? A mi entender, aun aumentando la centralidad turística, Benidorm está viendo parcialmente reducida su centralidad comercial y la comparte cada vez más con otros polos del entorno. Y no sólo porque se hayan relocalizado las marcas; es porque han entrado en juego las nuevas formas de compra.

 

 

Parte 3. De la persiana al clic: La urgencia de la transformación digital

Esto del e-commerce, no olvidemos, lleva más de 25 años activo y triunfa al ofrecer comodidad, variedad y precios sin precedentes. Hace un año se publicó que el 75,6% de los consumidores españoles ya utiliza grandes marketplaces[4]; desde la pandemia se visitan menos las tiendas. ¿Y de esto no se han dado cuenta en AICO…? Los expertos llevan ya una jartá de años contando que el futuro pertenecerá a los minoristas que sepan adaptarse a la nueva realidad para prosperar y liderar la transformación digital del comercio.

Pero las nuevas tendencias comerciales no significan que el comercio físico esté abocado al más triste de los finales. Los datos recientes muestran también un proceso de transformación del comercio físico, con una selección mucho más exigente de ubicaciones, formatos, marcas y experiencias. La tienda ya no es necesariamente el lugar donde empieza y finaliza la compra. Ahora mismo el consumidor puede buscar lo que quiere, descubrir lo que en realidad desea, comparar, llegar a reservar y seguir descubriendo, comprar una vez que se decide, recoger el producto e incluso devolverlo combinando móvil, web y establecimiento físico. La lógica del “abrir la persiana y esperar al cliente” ha pasado a peor vida. Ahora mismo la realidad comercial de una ciudad no se basa en lo de ¿cuántos comercios tengo?,  sino en ¿qué operadores quiero tener en m ciudad y qué capacidad tenemos (los operadores y la ciudad) para atraer consumidores? Si esto no lo vamos entendiendo y aplicando ya, mal vamos.

Si hasta El Corte Inglés tiene más flujo en Atención al Cliente para recoger pedidos on-line que en muchas de sus secciones. Por cierto: es tal la cosa que El Corte Inglés no publica actualmente el peso de su canal online; el último porcentaje conocido situaba las ventas digitales en torno al 12-15% de su negocio, en 2021… Pues no veas lo que será en 2026. Y, en esa línea, otro dato más: en 2025, Inditex facturó 39.864 millones de euros, de los cuales 10.656 millones procedieron del canal online. Es decir: una de cada cuatro ventas de Inditex ya se realiza online. Concretamente el 26'7%... ¡De qué estamos hablando a nivel local! El gasto medio anual por comprador online en España alcanza los 3.762€, un crecimiento del 13,8% interanual[5], y en 2026 seguirá esa tendencia. Y en Europa, pero especialmente en España llegado hasta el comercio local[6].

Insisto y vuelvo al tajo de lo de Benidorm y el comercio; que me disperso.

Hasta dónde llego, porque yo también soy turista, el turismo no viene sólo a comprar; viene a vivir experiencias. ¡En su ciudad de origen ya lo tiene todo! Por tanto, considero que el comercio debería intentar formar parte de esa experiencia. Y ahora mismo, el consumidor actual tiene toda la variedad en el clic, a las tiendas de moda añade las de web (Amazon, Zalando, Shein, Temu, supermercados discount, marcas propias, etc.), tiene fórmulas de criterio y sabe lo que quiere, más allá del día a día, que podríamos resumir como vivir experiencias mientras disfruta. El nuevo consumidor tiene capacidad para comparar precios inmediatamente, buscar promociones permanentemente, recibir el producto rápidamente y hasta comprar a cualquier hora. Esto obliga al comercio físico a competir no solamente con el comercio de la calle de al lado, sino ¡con todo el mercado digital! Habrá, pues, que ponerse las pilas.

La tienda física no está muriendo. Lo que está desapareciendo es un determinado modelo de tienda física, el que, insisto y me reafirmo, simplemente ofrece la tríada producto/ mostrador /dependiente.

Benidorm mantiene un tejido comercial extraordinariamente denso, pero se enfrenta por mor de los tiempos a una transformación del retail que está concentrando las marcas tractoras en establecimientos y ubicaciones de máxima productividad. El desafío de Benidorm no es mantener sus comercios sino preservar y aumentar su capacidad de atracción comercial.

Hay herramientas como el Plan Estratégico de Comercio[7] —ese que dicen que cuesta tanto encontrar en la web— o Phygital. El plan —yo lo he encontrado con una elemental búsqueda en Internet— se articula en seis ejes estratégicos y buscan fortalecer el comercio de proximidad, fomentar la innovación, dinamizar el sector y posicionar a Benidorm como referente en comercio urbano moderno, sostenible e integrado con el turismo buscando consolidar Benidorm como destino de turismo de compras y viene a coincidir con el objetivo de Phygital que para lograrlo plantea que la persona que camina por Benidorm reciba digitalmente información útil sobre lo que tiene físicamente a su alrededor.

Lo que falta, puedo reconocerles, es hacer que ambos sean dos piezas del mismo sistema de política comercial.

El Plan Estratégico de Comercio esboza qué comercio quiere Benidorm y Phygital hace posible que ese comercio llegue al consumidor y genere los datos para saber qué funciona. Phygital es la herramienta ejecutiva del plan; un plan que define, insisto, el modelo comercial que Benidorm quiere construir y, por su parte, Phygital proporciona, a su vez, la infraestructura digital para activarlo, conectar oferta y demanda, generar tráfico hacia los establecimientos y medir sus resultados.

Esto bo es un ¿cómo se ayuda al comercio existente?; es un ¿qué tiene que hacer Benidorm para seguir siendo un destino comercial atractivo para residentes y turistas durante los próximos, cuando menos, diez años? Porque esto es una labor de conjunto. No es un yo te ayudo para que tú… ¡No! Tiene que haber implicación. Tú, comercio, debes implicarte.

Y añadiría algo que me parece fundamental para Benidorm: el objetivo no debe ser digitalizar el comercio de Benidorm; debe ser utilizar la digitalización para aumentar la capacidad de atracción del comercio de Benidorm. Como dije, labor de todos.

No me atrevo a decir que todo se deba a una falta de ambición del comerciante: pero es que el pequeño comercio de Benidorm sólo ha aprendido a sobrevivir y no se ha entrenado para crecer. Y crecer no es llegar a multiplicar el número de establecimientos, sino aumentar su rentabilidad. No sé, una combinación de estructura empresarial, riesgo, rentabilidad, edad y cultura comercial. ¡Hay que cambiar; lo demanda la sociedad!

Y, encima, la atomización es un problema; si bien tiene ventajas —proximidad, diversidad, personalidad—, también acumula inconvenientes: cada comerciante negocia solo, compra solo, promociona solo y se digitaliza solo. Sí, no puede pedírsele al pequeño comercio que se comporte como Inditex; pero hay que ponerse las pilas, oiga.

Piden ayuda al Consistorio. Muchas veces he oído el ‘haznos una campanita de promoción’. Y yo, que he estado muchos años en el Medio radiofónico he vivido que una campañita de esas puede aumentar las ventas durante esa semana, como mucho; pero esa campañita ¡no cambia ni el modelo de negocio, ni la productividad, ni la marca, ni la especialización, ni la necesidad de digitalización, ni la capacidad de atraer clientes! Es una acción muy puntual y finita (de tener fin; no de delgada).

Y sí, porque lo he vivido, cuando las ventas caen, es mucho más fácil echarle la culpa al calor y a la falta de sombras, a la ZBE y al tráfico, a la falta de aparcamiento inmediato al lugar, a la competencia de Finestrat, al comercio electrónico, a las plataformas de segunda mano e incluso a la capacidad de gasto del turista. Sí, es más fácil eso que pensar y recapacitar sobre lo que estamos ofreciendo y haciendo (mal). Lo que tenemos y lo que nos espera.

La pregunta es obvia: ¿qué está haciendo el propio comercio para resultar más atractivo frente a esos cambios de tendencias? La pregunta es importante.

Y la respuesta más; porque si resulta que el cliente (turista o no) no tiene problema para desplazarse en un rango de15-20 minutos para encontrar una concentración comercial atractiva, una marca o una experiencia mejor… entonces ya no basta con decir que el aparcamiento de Benidorm es harto difícil o no “se baja” al centro por la ZBE. Aquí hay más tomate, cuate.

Habría que repreguntarse: ¿tengo lo que buscan? Porque buscan la experiencia completa.

Hemos de hacérnoslo ver. La vieja cultura empresarial de los tres principios —que funcione, que no falle y que aguante— es la antítesis de la nueva economía comercial que se basa en un prueba, mide, cambia, especialízate, invierte y vuelve a probar hasta comprar” que sostiene la estructura de la innovación empresarial contemporánea que, a su vez, se apoya cada vez más en la lógica del build-measure-learn de Eric Ries: crear, medir, aprender y corregir[8]. La idea es experimentar, medir resultados y modificar el modelo a partir del aprendizaje.

Celebro que la propia AICO esté actualmente llevando a cobo —me han dicho— su segunda fase de digitalización, con una nueva web y un área privada para asociados. Eso demuestra que el propio asociacionismo está intentando modernizarse. Pero la cuestión no es ese intento; la clave está en si esa digitalización se queda en eso, arreglarla web, o evoluciona hacia una estructura de datos, un CRM (Customer Relationship Management o gestión de relaciones con los clientes[9]), en avances en promoción personalizada, en un mayor uso de la inteligencia comercial, en métodos de captación de clientes y en estructuras de medición de ventas. Es la diferencia entre digitalizarse y transformarse digitalmente que es lo que los tiempos demandan.

El reto, vuelvo al principio, no es convertir 1.800 pequeños comercios en 1.800 grandes empresas. El reto es conseguir que esos 1.800 establecimientos que se decía hace veinticinco años formen un ecosistema comercial capaz de competir con las grandes cadenas, los centros comerciales, con Finestrat y el comercio electrónico.

AICO ha sido reivindicativa y acertada en muchas cosas en estos casi cincuenta años; pero en las reivindicaciones del siglo XXI hay que señalarles que el problema específico que denuncian no está en la falta de clientes potenciales —Benidorm tiene una demanda turística excepcional— sino en la dificultad constatada que tienen de convertir la demanda en compras efectivas en el pequeño comercio urbano.

Y no podemos convertir las encuestas de tertulia de bar en el termómetro de la realidad. Benidorm cuenta con un tejido comercia considerable, diversificado y capaz de absorber la demanda a partir de un modelo urbano muy compacto donde pasamos de la tradicional secuencia <hotel—playa—paseo—comercio—restauración—ocio>, en la que el turista no necesitaba desplazarse para consumir, a un nuevo modelo de relocalización y desconcentración que impera por todo el mundo occidental y que ya está trabajando en modelos de “captura comercial” para evitar esa situación de marcha a dos velocidades: el turismo a velocidad supersónica y el comercio a velocidad subsónica, aunque en algunos casos va a velocidad de tartana.

En Benidorm hay un exceso de negocios concebidos para un modelo de turista y de consumo que está cambiando. La propia Agenda Urbana de Benidorm —y el PATECO— señala la necesidad de adaptación a las nuevas tendencias de consumo[10]. Hoy el comercio reclama experiencia, diseño, especialización, marca, autenticidad, personalización, presencia digital, compra omnicanal, horarios, idiomas, facilidades de pago y de entrega, reservas online, redes sociales e integración con la experiencia turística. Vale que estoy en el pueblo; ¡pero si hasta la boina pilla wi-fi! Es que ‘lo de todos los días’ ya lo tengo en mi lugar de origen y si he venido hasta aquí quiero algo distinto y la experiencia completa.

Y para mí hay una cosa que es más grave todavía. Cada vez que se pone en marcha una feria Outlet estamos dando la nota. Por eso, yo me pregunto: ¿están comprando demasiado producto genérico porque si y teniendo que sacarlo de stock después mediante estos descuentos? Cada vez que hay una feria Outlet considero que estamos ante un problema de modelo comercial.

Así, aún es más grave la cosa: ¿no será que si tantos años vamos de mal en peor es por culpa de una estructura comercial indiferenciada para la estructura turística de la ciudad?

Son preguntas que surjen; porque necesitamos saber qué pasa.

Aquí lo que se necesita —llegó el tan esperado momento, al alimón, del maestro de Siruela (Badajoz) que sabía leer y puso escuela y del maestro Quiñones, que tampoco sabía leer y daba lecciones— es una adecuación del mix comercial con atracción de nuevos operadores y adaptación a las nuevas demandas. Es que salta a la vista que hay un desajuste entre estructuras de oferta comercial y demanda turística.

Y no es una rareza de Benidorm; con mayor o importante intensidad se da en todos los destinos turísticos “maduros”. Y sí, si que existen fórmulas para corregir la situación; pero no se trata de una solución única; tiene sus variantes por la disparidad de modelos económicos.

A Benidorm, a estas alturas del post, reconozcámosle ya unos ciertos problemas de pérdida de centralidad, competencia exterior, cambio del modelo de gasto y digitalización.

Pero no es un caso excepcional. A Salou le identifican un problema de comercio vulnerable ante el nevo modelo de gasto; a Torremolinos de falta de digitalización y competencia tanto online como de grandes superficies; a Calviá de desestacionalización y modernización; a Marbella, de competencia interna; y a Torrevieja, de diversificación y modernización de la oferta. Saco estos municipios a la palestra porque tengo abiertas sus web desde el último post.

No es que a Benidorm le identifiquen más problemas; es que los he magnificado yo, pero cuando AICO habla de Salou[11] resulta que la cosa tiene guasa. Primero: el plan al que aluden es de 2011 y no se trata de “todos los supermercados”; la categoría que regula Salou es más concreta y se refiere a ¡los locutorios![12] y, segundo: la medida no afecta a los establecimientos ya existentes.

Las fórmulas funcionan, o no; no son de efecto instantáneo y precisan de al menos una década para manifestar resultados.

Así, por “renovar” el comercio apuestan en Calviá y Torremolinos, advirtiendo que no debe ser un lavado de cara; por “cambiar el producto comercial” se decantan en Salou —y lo hacen con un Plan Estratégico en el que se implica la Universitat Rovira i Virgili—; y por “convertir el comercio en atractivo turístico” se decanta Marbella.

No está mal.

Pero —vuelven el de Siruela y Quiñones— en Benidorm lo mismo necesitamos rehacer la centralidad y ofrecer una experiencia comercial urbana; incluso desarrollar una política comercial que reduzca la oferta indiferenciada y apueste por una cierta especialización. Tal vez, batalla complicada, necesitamos que vuelvan las marcas tractoras y crear un comercio más dirigido a la realidad. Aquí lo que hay es un absoluto desajuste en la estrategia.

 

 

Parte IV. Memoria de lucha: El ADN combativo de AICO

Y aun dicho todo lo anterior, no puedo terminar este post sin dejar de reconocer lo reivindicativa visceral que siempre fue AICO.

En 1975, cuentan que, de forma clandestina arrancaba el embrión de AICO. Cierto es que el lastre de la Sección Comercio del Sindicato Vertical pesaba mucho y que la efervescencia del momento político marcó el proceso; y no estaban los tiempos para significarse a deshora y derribar las viejas estructuras del búnker, pero aquel 13 de marzo de 1977 en el cine Capitol[13], tras las palabras de Manuel Brosetta, catedrático de Derecho Mercantil, se precipitaron los acontecimientos y en tan solo dos meses, el 13 de mayo, se conseguía presentar el Acta de constitución de la nueva asociación. Y el 16 de noviembre de 1978 eligen la primera junta directiva que presidirá Juan Antonio Sánchez Moya (Tonino), que era presidente de la gestora, y se aprueban los Estatutos.

Para 1979, José Miguel Iribas —el gran Iribas, que se situó por mérito propio al nivel del maestro Gaviria— radiografió el comercio de Benidorm: representaba una inversión del orden de los 20 a 25.000 millones de pesetas; creaba alrededor de 4.500 puestos (de trabajo) estables (así se decía entonces); cotizaba a la Seguridad Social por importe aproximado de unos 500 millones de pesetas cada año; satisfacía impuestos y tasas municipales y era sujeto de impuestos estatales. Concluía Iribas en que era “prácticamente imposible valorar otras aportaciones del comercio…” centradas en sectores como el financiero, la construcción y complementarios. Y finalizaba la reseña destacando que el comercio contribuía decisivamente “a la calidad de vida ciudadana, potenciado los sectores y servicios coexistentes en Benidorm”.

Sí, así eran los trazos gordos de un comercio en aquel Benidorm en el que la mitad de los empresarios de la actividad se iniciaban en ella desde cero, sin tener más que ilusión y ambición, y que permitía a Iribas sostener que el comercio en Benidorm era una escuela de iniciación empresarial que aseguraba un máster a escala real que siempre ha funcionado a base de ensayo y error; puro método científico.

AICO siempre fue una asociación reivindicativa; surgió para lograr una redistribución más equitativa y transparente de las cargas fiscales, la regulación de la competencia desleal y la adecuación de los horarios de apertura, así como estar presente en el desarrollo futuro de Benidorm, por lo que no dudó en convocar o sumarse a manifestaciones como aquella del 17 de septiembre de 1978 a favor del agua; antes incluso de tener Junta Directiva y Estatutos, AICO ya estaba en las calles. Desde sus orígenes al lado de Benidorm.

No me voy a extender en su historia; que habrá quien la escriba con motivo de su cincuentenario, pero destaquemos que —de casta le viene al galgo— desde sus inicios fue muy innovadora y combativa. Aquellos tiempos lo demandaban. Eso sí: en su propio libro de prestigio señalan su fracaso como asociación de comerciantes prestadora de servicios[14] —y en la formalización en 1982 de una central de compras— y limita su ámbito de actuación a ser un grupo de presión ante el Ayuntamiento. Literal.

Comenzó un 22 de julio de 1980 convocando su primera manifestación contra la venta ambulante y mercadillos (plural), tanto el municipal en terrenos de Mercasa, como un segundo que desde 1980 estaba gestándose y no sería hasta 1984 cuando irrumpiera en escena y provocara la reacción visceral de AICO con un cierre general preventivo del comercio de Benidorm, el 12 de junio de 1984, que, según la prensa del momento, fue mayoritariamente secundado (99%); y otro cierre general para el 12 de diciembre[15] (algo menos que en junio: y el día13, también) toda vez que el Mercadillo Pueblo comenzó su actividad en noviembre de 1984.

Los años ochenta fueron guerrilleros: el 11 de enero de 1984, apagón general de las luces de los escaparates de los comercios como medida contra la tributación por módulos… AICO siempre ha sido reivindicativa…

Podríamos seguir, pero dejemos ese aspecto a otros porque, como digo, está pendiente de escribirse una historia de parte de la vida local que siempre ha protagonizado el comercio.

Al César lo que es del Cesar; a Dios lo que es de Dios y… Adiós.

 

Viñeta del humorista gráfikco Juan Carlos Contreras





[5] Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad

[9] Es una herramienta de software que centraliza toda la información de los clientes y las interacciones con ellos en un solo lugar

[10] Reclama innovación, diversificación, digitalización y omnicanalidad. El PATECO apunta a las necesidades de modernización, profesionalización e incorporación de nuevo talento como retos centrales del comercio valenciano.

[11] La regulación está en el Pla Especial de l'Equipament Comercial i de l'Activitat de Serveis de Salou, aprobado definitivamente y publicado en el DOGC núm. 5967, de 20 de septiembre de 2011. Posteriormente fue objeto de una modificación puntual publicada en el DOGC núm. 6845, de 7 de abril de 2015

[12] https://www.salou.cat/es/noticies/salou-aprueba-una-ordenanza-para-regular-el?set_language=es&utm_source=chatgpt.com “… la distancia mínima que habrá entre locutorios, de entre 100 metros (en los ejes comerciales) o de 50 metros en el resto de calles del municipio. O bien, la prohibición de que estos despachen bebidas o alimentación por considerar que entran en competencia con los establecimientos especializados de alrededor.

[13] Juan Antonio Sánchez Moya, “Tonino”, recuerda en el libro del 25 Aniversario de AICO que fue denegada la autorización para celebrar la conferencia por Gobierno Civil.

[14] El corazón de la calle. Estudio del comercio de Benidorm. Historia de AICO, página 33, primer párrafo, cuarta línea.

[15] En la mañana del 12 de diciembre unos 250 manifestantes accedieron al Ayuntamiento y se encerraron en el Salón de Plenos anunciando que allí seguirían hasta que no vinieran a Benidorm el gobernador civil, Octavio Cabezas, y el conseller de Comercio, Segundo Bru y atendieran sus reivindicaciones mínimas. “Dispuestos a todo”, “Dispuestos a lo que haga falta” fueron sus lemas de acción. Un centenar mantuvo el encierro por la noche; y a la mañana siguiente se sumaron muchos más. 


23 ago 2026

A VUELTAS CON EL COMERCIO DE BENIDORM. A PROPÓSITO DE AICO… (I)

  

A estas alturas de la película, a puntito de celebrar 50 años de actividad y representación, ni vamos a enmendarle la plana a AICO, ni a dorarle la píldora; pero sí a proponerles replantearse procedimentalmente su mera actividad a tenor de la realidad comercial del siglo XXI y las tendencias de consumo. Sólo tienen que mirar a su alrededor.

El asociacionismo profesional en Benidorm ha vivido etapas de gloria, comienzos duros y etapas de posicionamiento. Los profesionales de la ciudad siempre han tenido una asociación tras ellos, especialmente desde finales de los 70, y eso se ha notado mucho y bien en aquellos compases de los años ochenta y noventa; y más ahora, donde alguna de aquellas asociaciones ha saltado los límites de la ciudad, la comarca, la provincia y la Comunitat Valenciana. Siempre ha habido en Benidorm buenos mimbres.

De Benidorm han surgido para la ciudad y “el mundo mundial” HOSBEC, para el alojativo; ABRECA-COBRECA, para el resto del sector HORECA; AVIBE, para las agencias de viaje; ADISBAL, para las discotecas; APTUR, para los apartamentos turísticos; AICO[1], para los comerciantes… varias más me dejo, seguro.

Hoteles hay muchos; pero un denominador común. De ahí el éxito de HOSBEC. Ahora bien, lo del comercio es tan amplio y genérico que viene a ser lo mismo que intentar ponerle puertas al campo. ¿O no?

Veamos.

En la vida urbana, llamamos sector comercio al conjunto de actividades económicas del sector Terciario centradas en compra-venta de bienes y productos entre productores y consumidores. Pero… aquí hay tajo para desbrozar.

¿Una tienda de ropa la consideramos comercio? Sí, como un supermercado; pero una agencia de viajes es intermediación comercial, como una inmobiliaria; un bar es hostelería; una discoteca es ocio y una peluquería es un servicio; como un despacho de farmacia, que en puridad jurídica es un establecimiento sanitario, aunque incorpora actividad de venta minorista.

Lo del comercio[2] es un abanico más grande que los que usaban los de Locomía.

Al comercio se le define como el motor que hace andar la ciudad; el que la surte de bienes y da vida a las calles. Y el comerciante es el agente económico que actúa entre productores y consumidores.

Dicho todo esto a modo de introducción, este post viene a cuento porque AICO ha salido a la palestra, como todos los años, con su cantamusa y su encuestilla de pacotilla, sin método científico alguno y, obviamente, sin ficha técnica, más allá de un refrito corta-pega de parvulario que deja mucho que desear y se genera una noticia[3] que se recoge por las bravas sin mayor espíritu crítico.

 

Parte I: ¿Crisis real o falta de miras? El eterno lamento de final de verano

Antes que nada planteo mi punto de vista ante la polémica (para mí, absurda polémica de final de verano): la tradicional bajada de ventas (año tras año) del comercio que se denuncia (año tras año). Y la califico de absurda polémica porque el sector no ve la viga en el ojo propio y no quiere ver que su actividad (el comercio) —que no está en crisis de desaparición— está atravesando desde hace algunos años —y de forma penosa— dos crisis asociadas: una crisis de transformación y una crisis de centralidad. Sólo hay que salir a la calle, quitarse las ‘gafas’ que nos pusimos en la tarde noche del pasado día 12 y verlo; que esa es otra.

Ya soy muy mayor para esto; llevo cuarenta años oyendo lo mismo: “¡cada año vendemos menos!”. Habrá un por qué, ¿no?

Para presentarse a porta gayola y afirmar sin remilgos que han cuantificado la caída de ventas en un 30 % sería necesario conocer, como mínimo el número de establecimientos incluidos en el estudiete, saber a qué se dedica esos establecimientos, conocer el período comparado (agosto con agosto o el que sea), tener referenciadas las ventas nominales (o las reales), saber qué tipos de actividades han tenido en cuenta, la facturación por establecimiento, la evolución de precios y, sobre todo, la metodología estadística aplicada. Incluso quién ha hecho el estudio y redactado las conclusiones.

En los albores de los años 90, cada año, Manuel Bódalo, presidente de AICO, nos señalaba pérdidas entre el 3 y el 8% respecto al anterior; pero seguían en el tajo. Días antes de la Navidad, preparando el encuentro con los Medios, entraba en pánico y… sonaba el teléfono: “¡Juan, que esto no puede ser!”, que se me lamentaba el amigo Bódalo. Y yo cruzaba la avenida del Mediterráneo para tomar con él el pulso a “aquella realidad” en la que participaban muchos más, en mis tiempos de plumilla en activo… Pues en 2026, como entonces… y como antes; ¡como siempre!

Recordando aquellos planteamientos y las cosas de hoy, con una perspectiva personal de cuarenta años, en una toma de contacto previa a este post ha habido quien me ha señalado la importancia del asociacionismo en comercio… y su historia; que viene de muy antiguo. Y me ha tirado a la cara ¡los gremios medievales!

Pero bueno, ¿en qué país vivimos?

Los gremios tenían como fundamento el regular y limitar la actividad: el gremio decidía quién podía ejercer un oficio, bajo qué condiciones, cómo debía fabricarse un producto determinado y, en muchos casos, a cuánto y cómo podía venderse.

Pero es que, ni por esas; si me hubiera sacado a la palestra los consulados de mercaderes o las cofradías de comerciantes ya estaríamos en una senda de aproximación, pero ni siquiera en el camino.

¿De verdad es este el nivel?

El asociacionismo profesional nace en el siglo XIX, ¡con la desaparición del sistema gremial! y la aparición de nuevas fórmulas de representación colectiva basadas en la defensa de intereses económicos y sociales comunes. Es en el siglo XIX cuando aparecen las asociaciones de comerciantes, los círculos mercantiles, las ligas industriales, las asociaciones de fabricantes y las federaciones patronales; y se consolidan las Cámaras de Comercio.

Y es el siglo XX cuando se especializa el asociacionismo. Y en el propio siglo XX se constata que ninguna asociación representa automáticamente a un sector por el simple hecho de existir: su legitimidad depende de tres factores: a quién agrupa, a cuántos del sector representa y a su capacidad para interpretar una realidad económica cada vez más diversa.

Dicho esto, como al principio: a estas alturas de la película, a puntito de celebrar 50 años de actividad y representación, ni vamos a enmendarle la plana a AICO, pero sí a proponerles replantearse procedimentalmente su mera actividad a tenor de la realidad comercial del siglo XXI y las tendencias de consumo.

Con motivo de sus primeros 25 años, AICO editó lo que entonces se llamaba un ‘libro de prestigio’ en homenaje “a los aproximadamente 6.000 trabajadores y empresarios del comercio de la ciudad” recordándonos, cosas del despertar al siglo XXI, que “Benidorm es una Ciudad Nueva del Ocio Playero, mundialmente conocida pero infravalorada, todavía subestimada por los líderes y estrategas del turismo mundial”. Y pontificaba: “Benidorm es una ciudad, entre otras cosas, porque hay unos 1.800 comercios y unos 1.100 bares”.

No doy crédito cuando lo leo y releo: “Benidorm es una ciudad, entre otras cosas, porque hay unos 1.800 comercios y unos 1.100 bares”.

Sé que mi admirado Mario Gaviria estuvo por en medio de ese trabajo —El corazón de la calle. Estudio del comercio de Benidorm— y no quisiera con mi duda faltarle al respeto y a su memoria; pero lo entrecomillado, que me niego a aceptar que sea de él, es un argumento sumamente reduccionista, impropio de él. Sólo alude a un indicador funcional de urbanidad. Sí, lo de los 1.800 comercios y 1.100 bares puede ser un argumento funcionalista, cuantitativo y empírico, pero es absolutamente incompleto para definir una ciudad. Yo siempre le he leído y escuchado al maestro Gaviria que la ciudad es una red de funciones; funciones que ni hablan de bares ni de comercios. Mal comienzo.

Para Gaviria la ciudad es, sobre todo, un espacio social donde se concentra y organiza la vida colectiva: donde se vive, se trabaja, se disfruta (ocio), se mantienen relaciones sociales, se practica el comercio, se dispone de servicios, hay movilidad y es lugar de  encuentro. Lo urbano, insistía el navarrico de Cortes, es una forma de organización de la sociedad y de la vida cotidiana, no una mera acumulación de edificios, bares y comercios. Y ahí entraba Benidorm para Gaviria: una concentración extraordinaria de población, actividad y vida social en un espacio relativamente compacto.

En realidad, dejemos claro un concepto básico: Benidorm tenía hace 25 años 1.800 comercios y 1.100 bares porque era —y es— una ciudad de enorme intensidad urbana, social y económica. No al revés. No por tenerlos era —y es— una ciudad.

Y a lo que iba.

Nada más recibí las reseñas de las noticias producidas en agosto por AICO me repantigué en mi asiento del AVE y comencé a buscar en repositorios trabajos sobre el comercio en Benidorm que pudieran ilustrarme sobre la situación denuncias (año tras año), más allá de algún estudio de retranqueos (otro caballo de batalla comercial por estas calles[4]). Y mira que encontré; y muy buenos.

Indudablemente la tesis del profesor Fernando Vera Rebollo[5], uno de los tres ‘culpables’ de mi pasión por a la Geografía, con un capítulo —el VII— dedicado  al comercio, abre mi compilación. Vera pone los puntos sobre las íes y salen los del comercio como salen.

Un poco anterior en el tiempo está el trabajo de Danielle Dumas aparecido en Annales de Géographie[6] que estudia expresamente el comercio minorista de Benidorm, su transformación y reacción al turismo… Recomiendo su lectura, pero tengan en cuenta que vio la luz en 1982…

Necesito algo más moderno… como el trabajo que dirige JF Perles de 2015[7] que utiliza la actividad comercial como indicador de comportamiento económico y donde leo que “en Benidorm -paradigma de los destinos hoteleros- existe una mayor presencia de (establecimientos de) equipamiento personal (calzado y ropa), típico de este tipo de destinos. También hay una alta incidencia de comercios de precio único y souvenirs, lo que revela la preferencia de los turistas hoteleros por este tipo de bienes”.

Perles y su equipo (Ana Ramón-Rodríguez, Martí Sevilla y Luís Moreno-Izquierdo) señalan que “Benidorm es una excepción” en su cuestionamiento de la generalización del rendimiento económico de la actividad comercial. Y en otro trabajo de Perles[8] encontré el índice de actividad comercial minorista de Benidorm (30’73) que dobla al índice de la provincia (16’32) y al de la Comunitat Valenciana (15’75) “lo que pone de manifiesto la importancia del turismo hotelero en la dinamización del comercio local” que dice

El profesor Perles y que pone de manifiesta lo excesivo e indiferenciado en número que digo yo. Perles toma como referencia para el estudio el Plan de Acción Comercial (PAC) de Benidorm elaborado por la Oficina PATECO del Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunitat Valenciana (que no encuentro en la web).

Y también di con un trabajo[9] que vio la luz en 2009, de Ana Espinosa, donde analiza los casos de Benidorm y Torrevieja para coincidir en que el turismo provocó “un proceso de sobredimensionamiento de la actividad comercial” en ambas ciudades, pero de manera diferente en cada caso. En Benidorm, sostiene, “la oferta se orienta a los turistas” con franquicias y cadenas de distribución (era 2009, recuerden) y “el verdadero motor es el gasto turístico” y ya denuncia Ana Espinosa “la fuga de gasto” hacia Finestrat y su gran centro comercial. Por cierto, en este trabajose destaca que la peatonalización del centro se percibió como muy positiva al tiempo que se calificaba como “conservador” (algo preocupante) el modelo comercial local de la ciudad; y ya estábamos en el siglo XXI.

Hay más trabajos en los repositorios, pero sobre bases de datos de los noventa, por lo que no voy a atender sus cuestiones. Pero en todos hay pellizcos y calvotás para el comercio local: sobredimensionado y desespecializado.

También he encontrado encuestas de Actividades del Sector Comercio y hasta me salió el Benidorm Phygital[10], que está formalmente activo y tecnológicamente desplegado, aunque parece encontrarse en una fase de actividad y visibilidad mucho menor de la que inicialmente prometía su planteamiento. La plataforma está abierta y operativa. Es una infraestructura municipal a disposición del conjunto del tejido comercial de una ciudad que cada día tiene decenas de miles de personas recorriendo físicamente sus calles, lo que convierte la calle en una gigantesca plataforma comercial y experiencial.

 

 Parte 2. El efecto imán: Por qué las marcas tractoras dictan las reglas del juego

Todo esto, lo reconozco, está muy bien, pero el problema es que Benidorm, como tantas otras ciudades, ha sido víctima de la relocalización de las marcas tractoras que son las que generan los flujos.

Y esto, pregunto: ¿se ha tenido en cuenta en el estudiete de AICO?

Desde 2016 que se venía advirtiendo[11] y hoy es una tendencia[12]. El retail español (el comercio minorista, el de venta al detalle) ha experimentado una transformación importante: las grandes cadenas han revisado su red física y han concentrado establecimientos en ubicaciones de mayor productividad. Y han reducido su red[13].

Han puesto el dedo en la llaga urbanística: un pequeño local en una arteria principal puede tener mucho valor comercial por su ubicación, pero suele ser muy poco eficiente operacionalmente[14]. Y en un centro comercial, aunque no cuente con locales excesivamente grandes, juega a favor la organización logística en la que se apoya.

Las grandes marcas racionalizan sus redes y las ciudades pierden establecimientos tractores. Pero ellas, las grandes marcas, ya han calculado —y requetevalorado— que para un turista un desplazamiento de 15 minutos (que puede llegar al doble por la congestión viaria y búsqueda de aparcamiento) no supone un problema[15]. Por eso lo hacen; y el vecino y residente local también acudirá: a la fuerza ahorcan.

Por principio elemental, reconozcamos que las grandes marcas son una cosa y el pequeño comercio otra; nada que ver estructuralmente. Pero el pequeño comercio necesita la aglomeración que le pueden proporcionar las marcas tractoras de flujo. Las marcas tractoras lo saben; ¿por qué ignoran esa realidad los pequeños comercios?

Y a veces olvidamos que una marca tractora vale más para el ecosistema comercial en sí que lo que representa su facturación comercial porque consigue poner en marcha la llamada línea de actividad.

Y les explico la línea: llega una tienda tractora (por lo general muy atractiva) y eso supone, por la novedad, más público; más público anima a más tiendas a sumarse al centro; eso se traduce en más ventas que, a su vez, anima a más tiendas a sumarse al centro buscando su oportunidad allí…. Y así, sin terminar por ser la pescadilla que se muerde la cola, se van sumando tiendas, pero sin colapsar el sistema.

Pero esta línea de actividad también opera en sentido inverso: desaparece una tienda tractora y con su marcha disminuyen los motivos de ir a la zona, lo que baja la afluencia de público y para el conjunto se hunden las ventas; y vamos a cierres y abandonos…

Sí, esto lo tenemos muy trillado: Ocurre.

Y es más: sabemos que en entorno urbano un centenar de pequeños comercios (moda, calzado, regalos, farmacia, decoración, alimentación, bar, cafetería, más moda, peluquería, etc.…) arman ciudad, mientras que —y esto hay que tenerlo en cuenta— una tercera parte de ellos concentrado en un centro comercial generan —¡atención!— ¡un destino de compras! Esto es así.

El pequeño comercio necesita la ciudad y a la marca tractora le da lo mismo la ciudad: puede hacerlo tanto en la ciudad como en otro sitio. Una marca tractora no necesita la ciudad porque ella en sí es el propio reclamo. La ciudad, es cierto, siempre generará demanda, pero esa misma demanda se distribuye en función de la comercialidad y una marca tractora puede conseguirlo por ella misma, sin ciudad.

Además, en la ciudad gravita desde siempre, cual espada de Damocles, el precio de compra del local o el precio del alquiler mensual del local. Ha sido una cuestión histórica que con el arranque del siglo XXI, por desorbitada, cobró mayor protagonismo antes de que cayera la losa de la crisis de las subprime y todo aquello. En 2006 denunciaba AICO el precio de los locales[16] en Benidorm (y la proliferación del comercio chino, que con el COVID desapareció). El alto precio alcanzado les iba echando del centro comercial que ellos mismos había contribuido a crear y propiciado la llegada de una o varias marcas tractoras. AICO tenía razón, pero esa era la situación.

Mañana, más. 

 




[2] El comercio al por menor, que incluye: alimentación; supermercados y autoservicios; carnicerías, pescaderías y fruterías; textil, moda y calzado; complementos, joyería y relojería; muebles, decoración y hogar; electrodomésticos y electrónica; informática y telefonía; ferretería, bricolaje y construcción; librerías, papelerías y prensa; ópticas; perfumería y cosmética; juguetes, deporte y ocio; bazares; souvenirs y artículos turísticos; estancos; vehículos y sus componentes, cuando proceda; venta ambulante y mercados, según la fórmula comercial.

[7] Diferencias en el desempeño económico de los destinos turísticos basados ​​en hoteles y los destinos turísticos residenciales, medidas por su actividad comercial. Evidencia de España, en Current issues in Tourism; https://www.researchgate.net/publication/309012772_Differences_in_the_economic_performance_of_hotel-based_and_residential_tourist_destinations_measured_by_their_retail_activity_Evidence_from_Spain

[10] Proyecto municipal en activo impulsado por el Ayuntamiento para modernizar y potenciar el comercio local y la hostelería. Fusiona el mundo físico de las tiendas de la ciudad con herramientas digitales para crear una gran área comercial abierta y conectada. https://benidorm.org/es/noticias/phygital-entiende-benidorm-ciudad-de-compras-como-una-gran-area-comercial-extendida

[14] Las grades marcas comprar edificios completos para expandirse verticalmente en las grandes ciudades o buscan la logística aplicada en las Grandes Superficies y Parques comerciales.