Y
sigo en faena, con la historia a cuestas…
CEUTA Y EL INICIO DEL ACOSO ALAUÍ
Si Portugal se resignaba sobre Ceuta, las cabilas del sultán no se resignaban a poseer la ciudad. La nueva dinastía alauí[1] de sultanes, iniciada en 1666, lejos de dominar las tribus las dejó a su albur y calmó sus aspiraciones belicosas dejándolas hacer a su antojo contra Ceuta; las más de las veces, no podía controlarlas.
No obstante, otras veces eran los propios sultanes los que se empleaban a fondo en la cuestión ceutí. Así, Ceuta abandona el XVI y entra en el XVII sumida en un durísimo episodio: el larguísimo sitio y asedio al que la sometió Muley Ismail, segundo soberano de la dinastía alauita, entre 1694 y 1727: 33 años[2] [3].
Ceuta la superó y a pesar de la situación, Ceuta transitó los primeros años del XVIII reforzada en su condición de plaza española; y cuando la Guerra de Sucesión (1701-1714), aún sitiada, Ceuta se mantuvo del lado de Felipe V, mientras que Portugal, la otrora nación poseedora, se alineó en la órbita del bando austracista.
Gracias a esta situación, Ceuta quedará así definitivamente identificada con la Monarquía española. En esas que en 1715 se le dota del Reglamento para integrarla plenamente en la estructura del Estado. El Reglamento de Ceuta[4] reorganiza el gobierno y funcionamiento de la plaza en el contexto de la nueva Monarquía borbónica como norma fundamental para comprender la organización militar, administrativa y penitenciaria[5] de la Ceuta española a comienzos del siglo XVII. La plaza era un presidio por su naturaleza militar y estratégica; algunos de sus habitantes lo eran por su condición penal.
Además, Ceuta superó también en el XVIII el violento episodio de 1732[6], consolidó su estructura sanitaria con un hospital (1744) y puso en marcha la Casa de Misericordia y hasta capeó, no sin alguna dificultad, los desastres naturales de 1755: el tsunami, tras el terremoto de Lisboa[7], y el terremoto de Mequinez[8]. Las reseñas de fallecidos en ambas catástrofes pasaron por alto la plaza de Ceuta por lo que parece quee resistió bien gracias a la disposición de sus murallas y la solidez de las construcciones.
Para 1767 imperaba en aquellas latitudes norteafricanas un Tratado de Paz y Comercio[9], aunque la cuestión de los presidios españoles siguió siendo un foco de tensión; posteriores acuerdos confirmaron los límites de Ceuta.
Pero para los sultanes, de siempre, los acuerdos nunca han conllevado a involucrarse en su cumplimiento.
Y, por ello, aún tuvo Ceuta que soportar el asedio del nuevo sultán Muley Yazid en 1790; lo que se conoció como la Guerra de 1790-1791[10]. Su padre, Mohammed III había comenzado una política de confrontación desde 1757, pero el asedio se lo puso a Melilla (1774-75).
CEUTA SIGLO XIX
El siglo XIX lo comienza Ceuta no tan ajena, por lejanía, a la Guerra de la Independencia, contra Napoleón (1808-1814), que se libraba en la península.
Nada más comenzar el mes de junio de 1808 un destacamento británico, llegado desde Gibraltar, ocupó el islote Perejil con el objetivo de controlar el paso del Estrecho de Gibraltar y el día 5 de junio, barcos británicos ayudaron al traslado a la península de tres regimientos de guarnición en Ceuta para oponerse al avance francés en la península; fueron desembarcados en Algeciras. El viejo enemigo, Gran Bretaña, se prestaba ahora como aliado en su sempiterna lucha contra el francés.
Como la ciudad había quedado un tanto desguarnecida en marzo de 1810 la Regencia de Cádiz autorizó la llegada a Ceuta de tropas británicas desde Gibraltar; se trató de un regimiento integrado por católicos irlandeses que estarían en Ceuta hasta agosto de 1814[11].
Y desde Ceuta, en una absurda maniobra criticada en los Manuales militares de la época partió la triste expedición del general Blayney para tomar Fuengirola de octubre de 1810[12].
Y aun en este clima bélico, en 1811 Ceuta constituye su nuevo Ayuntamiento[13] y tras la promulgación de Constitución de 1812, La Pepa, la jura solemnemente y eleva una protesta formal a la Cámara Nacional por no haber sido tenida en cuenta la voz de la ciudad en todo el proceso constitucional —Ceuta esgrimió los argumentos de importancia y mérito—, recordando que Ceuta, por su seguridad —además—, había sido ofrecida reiteradas veces como sede deliberante[14] frente a Cádiz.
Pero en 1830 cambia el panorama geoestratégico en el Magreb. Francia inicia su conquista de Argelia como resultado de una mezcla de desesperación política interna, disputas financieras acumuladas y ambición de prestigio internacional. El plan inició su ejecución el 14 de junio de 1830 pocas semanas antes de que el rey Carlos X fuera derrocado por la Revolución de Julio[15].
Por primera vez en todo el amplio Magreb una gran potencia europea, Francia, comenzaba a construir un dominio territorial permanente frente a la fachada mediterránea española.
El sultanato se convirtió en el territorio intermedio entre dos espacios europeos de expansión: la Argelia francesa y las plazas españolas del norte de África. Y hay que precisar que aquella España no estaba embarcada —ni la del siglo XVIII— en una política colonial norteafricana; pero nos vimos involucrados en ella.
Buen ejemplo de ello es que en 1792, trescientos años después de la toma de Granada, España había abandonado Orán[16], que había mantenido desde 1509, y la plaza pasó al Dey de Argel. En Ceuta se asentaron entonces contingentes de argelinos que habían formado parte de la guarnición española de Orán.
No obstante, a partir de 1844, España reorganizará el régimen de gobierno y administración de las plazas norteafricanas dentro de la reorganización territorial del Estado liberal una vez que la breve guerra del mes de agosto entre el sultán marroquí y Francia trajo la derrota de este[17] y el regreso de los acosos de las cabilas rifeñas a la ciudad que fueron todos repelidos con prontitud.
Pero en 1859 Ceuta asumió un triste protagonismo en la llamada Guerra de África, ya durante el reinado de Isabel II, y tiene una importancia especial para entender la posición real de la ciudad. Todo se inició por un incidente fronterizo. En agosto de 1859, miembros de la tribu Anyera/Anghera, en la Yebala, consideraron que las obras españolas de fortificación en la llamada ‘zona exterior’ invadían sus zonas de pastoreo; y atacaron y destruyeron[18] los mojones y trabajos en marcha.
España reclamó al sultán que castigase a los responsables y reparase los daños. El sultán inb Hisham falleció y su sucesor, Mohamed IV, dio evasivas a Madrid. Ante ello, España, tras obtener el beneplácito de Inglaterra y Francia —las grandes potencias europeas—, declaró oficialmente la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859 y el propio O'Donnell, presidente del Gobierno, asumió el mando de las operaciones.
En tres meses y tres batallas (Castillejos, 01/01; Tetuán, 04/02; y Wad-Ras, 23/03) se liquidó el conflicto llegándose al Tratado de Wad-Ras el 26 de abril de 1860, que reconoció como plazas de soberanía las de Ceuta y Melilla, los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas, y las Islas Chafarinas[19] que habían sido ocupadas por España en 1848 para evitar que Francia se hiciera con ellas; y como apoyo logístico a la ciudad de Ceuta.
Por mediación británica, para sentar los límites de las ciudades españolas en el norte de África, se alcanzaron dos tratados muy concretos: el Acuerdo de Tánger (28/08/1844 sobre Melilla) y el Convenio de Larache (06/05/1845) específico sobre Ceuta: “El primero de los límites es desde el mar de la Barranca Hafats Accadar, en la parte del Tinidac, hasta el mar de Jaudac Bab el Arais (Barranca de la puerta de las novias), que es la corriente de las aguas en el tiempo de las lluvias y el primero de los del lado derecho pasando a la Barranca de Larais está dentro de los límites de Ceuta, y el lado izquierdo pertenece a los moros; y el agente mediador estableció las señales mencionadas en dichos límites para que fabricasen los pilares de material u otra cosa sin número y sin posición; como igualmente estableció el dicho mediador en el terreno llano entre las dichas dos barrancas, un pilar de piedra, y éste es con objeto de marcar mejor los mencionados límites, como estaban antiguamente, y una fuente que está al fondo de la Barranca de Larais el expresado, dentro de la parte de Ceuta, aprovecharán su agua ambas partes, y cada una de ellas puede poner en sus límites las guardias que quiera”[20].
Y por si no estaban específicamente claros estos límites, por el Tratado de Paz y Amistad firmado en Tetuán el 26 de abril de 1860[21] se puntualizaron los límites ceutíes en el Artículo III[22] y se señaló el establecimiento de un campo neutral[23].
Tras Wad-Ras Ceuta vivirá una etapa de expansión urbana que avanzará con la apertura de su puerto al comercio (1869) que revitalizará la economía ceutí y posibilitará un auge de actividades civiles. A partir del Tratado de Wad-Ras nace la Ceuta moderna que vive una etapa de esplendor que irá a más, incluso tras la guerra hispano-norteamericana y los desastres de las pérdidas de Puerto Rico, Cuba y Filipinas.
Como ya avanzamos, en el siglo XIX Ceuta albergaba una importante población de condenados, cuya mano de obra se empleaba en obras públicas, construcción, limpieza y otros servicios. El peso militar y penitenciario dificultaba el desarrollo de una burguesía comercial comparable a la de otras ciudades portuarias españolas. Y, finalmente, Ceuta era frontera conflictiva: las relaciones con las comunidades vecinas estaban condicionadas por los límites territoriales, los incidentes fronterizos y la situación política del sultanato marroquí.
Uno de los acontecimientos fundamentales para comprender la frontera actual de Ceuta se produjo en 1844, cuando se modificó la delimitación del territorio. La línea fronteriza quedó establecida tomando como referencias los arroyos de Fez y Cañaveral. Fue una ampliación anterior a la gran modificación territorial de 1860. Este antecedente importa porque permite distinguir dos procesos diferentes: la delimitación de 1844 y la ampliación posterior a la Guerra de África[24].
Precisamente la Guerra de África (1859-1860) convirtió a Ceuta en la principal base española para el desembarco, abastecimiento y organización de las operaciones militares en territorio marroquí. La campaña también puso de manifiesto las carencias de la ciudad en muelles, almacenes, hospitales, cuarteles y vías de comunicación.
La consecuencia territorial fue trascendental: la frontera avanzó hacia el oeste y el sur, hasta alcanzar la configuración general que conocemos actualmente[25]. El tratado no creó la presencia española en Ceuta: estableció una ampliación de su territorio y nuevas condiciones de seguridad. Es importante mantener esa distinción cuando se analiza la españolidad histórica de la ciudad.
Entre 1860 y 1870 se construyeron fuertes destinados a proteger la nueva línea fronteriza y controlar los accesos terrestres. Las fortificaciones reforzaban el sistema defensivo de la ciudad y permitían vigilar el territorio incorporado tras el conflicto.
La organización militar también experimentó cambios. En 1860 se reorganizaron unidades de artillería y, durante los años siguientes, se desarrollaron nuevas estructuras y fortificaciones para la defensa de Ceuta.
Otro dato de interés para la españolidad de Ceuta es que Agustina de Aragón[26] murió allí, en Ceuta, el 29 de mayo de 1857[27]. La heroína de los sitios de Zaragoza había ingresado honoríficamente en las filas del Regimiento Fijo de Ceuta[28]. Su fallecimiento constituye uno de los episodios biográficos destacados de la presencia militar española en la ciudad durante el siglo XIX.
Y, por cierto: de la Guerra de la Independencia, la
guerra contra el francés, hay otro personaje que sumar a la españolidad de
Ceuta. Se trata de un militar relevante para la historia española del siglo XIX:
Jacinto Ruiz Mendoza[29],
nacido en Ceuta en 1779.
Teniente de infantería del Regimiento de Voluntarios del Estado, participó en el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid contra las tropas napoleónicas, junto a los capitanes de artillería Luis Daoiz y Pedro Velarde. Su trayectoria constituye un vínculo destacado entre la historia ceutí y la Guerra de la Independencia española. No ha pasado a la historia general de España que se le cite como uno de los héroes del 2 de mayo; no murió, como ellos, en combate el mismo 2 de mayo (de un disparo Velarde y cosido a bayonetazos Daoiz); pero sus restos sí reposan en la Plaza del 2 de mayo de Madrid en su condición de héroe de dicha fecha.
En España no se te perdona que no mueras en combate; pero un día alguien se acuerda de ti, y faltan plazas para erigirte un monumento en memoria. Otra pincelada para la españolidad de Ceuta.
Y mañana nos metemos de lleno en el complicadísimo y belicoso siglo XX…
Cartografía. Museo Zumalacárregui. Mapa, firmado por Andrés Villalón y fechado el 24 de abril de 1860, representa la frontera entre la plaza española de Ceuta y el territorio marroquí. Incluye la zona neutral, los caminos, las principales fortificaciones y la línea divisoria acordada.
[1]
La
dinastía alauí es la familia real que gobierna Marruecos desde el siglo XVII y
a la que pertenece el actual rey, Mohamed VI. Es una de las dinastías
históricas del Magreb y resulta fundamental para comprender la formación del
Estado marroquí y sus relaciones con España. Los alauíes —también llamados
alauitas o Alawíes— afirman descender de Alí ibn Abi Tálib, primo y yerno del
profeta Mahoma, y de Fátima, hija del profeta. Por esa genealogía, la dinastía
reivindica su condición de descendiente de Mahoma y su legitimidad religiosa.
Moulay Rachid (1666-1672) unificó buena parte de Marruecos e inició el dominio
alauí sobre el país. La dinastía procedía del oasis de Tafilalet, en el sureste
marroquí. Moulay Ismail (1672-1727) consolidó el poder central, organizó un
ejército permanente y reforzó la autoridad del sultán. Durante su reinado se
desarrolló una política de recuperación de plazas costeras ocupadas por
potencias europeas como Tánger y Larache después de que Inglaterra evacuara a
sus comerciantes. Sus sucesores viven momentos convulsos de rebeliones internas
e intrigas hasta alcanzar el siglo XX: Moulay Ahmed al-Dhahabi (1727-28
/1728-29), Moulay Abdelmalek (1728), Moulay Abdallah (1729-34 / 1736 /
1740-41), Moulay Ali (1734-36), Mohammed II (1736-38), Moulay al-Mostadi
(1738-40 / 1742-43 / 1747-48), Moulay Zine el-Abidine (1741), Mohamed III
(1757-90), Moulay Yazid (1790-92)m, Moulay Slimane (1792-1822), Moulay
Abderrahmane (1822-1859), Mohamed IV (1859-73), Hasan I (1873-1894), Moulay
Abdelaziz (1894-1908), Moulay Abdelhafid (1908-1912), Moulay Youssef
(1912-1927), Mohammed V (1927-1961), Hasan II (1961-1999) y Mohamed VI.
[2]
Los
sitiadores nunca lograron bloquear el acceso marítimo a Ceuta que siguió
recibiendo vituallas, armas y soldados. Los defensores realizaban pequeñas
salidas en barco para capturar naves enemigas e intercambiar mercancías.
Incluso cuando los británicos tomaron Gibraltar en 1704 e intentaron dificultar
el paso de suministros, el flujo marítimo español nunca llegó a cortarse por
completo.
[3]
En 1721 el llamado Socorro de Ceuta puso prácticamente fin al prolongado cerco que los
marroquíes mantenían desde 1694. Participan unidades del ejército peninsular,
entre ellas el Regimiento Montesa. En 1720 Felipe V ya había enviado una
expedición para socorrer Ceuta que obligó a los sitiadores a retirarse hacia
Castillejos… pero una epidemia de peste mermó hasta tal extremo al Ejército
español que los cabileños continuaron meses después el asedio.
[4]
Disposición
dictada por el rey Felipe V el 9 de diciembre de 1715 para regular la
organización político-militar y el sostenimiento del presidio (connotación
netamente militar como puesto fortificado de frontera y destacamento defensivo
permanente) y la guarnición de la plaza de Ceuta al inicio de la administración
de la Casa de Borbón. Forma parte de la primera serie de normativas del siglo
XVIII con las que la monarquía centralizó y reformó el gobierno de los enclaves
norteafricanos (precediendo a los reglamentos de Melilla o el Peñón de Vélez en
1717). Establecía de forma minuciosa los sueldos y la paga que debían recibir
los miembros de la guarnición militar instalada en la ciudad. Ordenaba la
constitución de una unidad encargada de la custodia y gestión de armas y
municiones, a cargo de un Mayordomo de Artillería. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5854743.pdf El reglamento
terminó su redacción en Madrid el 28 de noviembre de 1715 y señaló que su aplicación
debía comenzar el 1 de enero de 1716, perseguía tres objetivos principales
[5]
La función
penal de Ceuta se remonta a la época portuguesa, desde 1415, y el presidio
desapareció definitivamente en 1911, aunque los últimos reclusos fueron
trasladados a la Península a comienzos de 1912. La Portugal del siglo XV
recurrió al envío de condenados y desterrados a la ciudad. Ceuta formó parte de
los denominados coutos de homiziados, espacios en los que determinados
delincuentes podían encontrar refugio bajo unas condiciones jurídicas
específicas, vinculadas históricamente a la prestación de servicios y a la
defensa. Tras la incorporación de Portugal a la Monarquía Hispánica en 1580,
Ceuta continuó recibiendo condenados. Durante esta etapa se fue consolidando la
utilización de penados en las fortificaciones y en otras actividades necesarias
para el sostenimiento de la plaza. El Reglamento de 28 de noviembre de 1715
reorganizó el funcionamiento de la plaza y reguló su estructura militar y
administrativa, incluyendo la organización de los presidiarios. La Ordenanza de
1791 introdujo reformas específicas en el presidio ceutí de carácter penal: se
organizaron brigadas de penados destinadas a diferentes trabajos, entre ellos
las obras de fortificación y los oficios relacionados con la artillería y la
ingeniería. Los condenados podían desempeñar tareas de albañilería,
carpintería, herrería y otros trabajos necesarios para las instalaciones militares.
El presidio se convertía así en una fuente de mano de obra para la
construcción y el mantenimiento de la ciudad fortificada. La Ordenanza
General de los Presidios del Reino de 14 de abril de 1834 integró el presidio
de Ceuta en la organización penitenciaria española. Ceuta pasó a desempeñar un
papel importante en el cumplimiento de condenas graves, mientras que el trabajo
de los penados continuó vinculado a distintas actividades de la plaza. La Ley
de Prisiones de 1849 mantuvo la importancia de los presidios africanos en el
cumplimiento de determinadas condenas. Para comprender la magnitud de esta
realidad, una referencia publicada a partir del Diccionario de Madoz cifra en
2.434 los reclusos registrados en diciembre de 1846. Es un dato que muestra el
considerable peso de la población penal en la Ceuta del siglo XIX. Durante la
segunda mitad del siglo XIX, la ciudad continuó siendo plaza militar, centro
administrativo y establecimiento penitenciario. La fortaleza del Hacho, por
ejemplo, adquirió una función penal específica en 1870. El Real Decreto de 23
de diciembre de 1889 convirtió el establecimiento en una colonia penitenciaria.
El Real Decreto de 6 de mayo de 1907 dispuso el traslado de los presidios
africanos a la Península. El proceso culminó en Ceuta en 1911, cuando se
suprimió definitivamente el presidio. Los últimos reclusos fueron trasladados a
la península a comienzos de 1912. Su desaparición tuvo consecuencias económicas
y sociales: los penados habían constituido una parte importante de la mano de
obra empleada en la construcción, los talleres, la limpieza urbana y distintos
servicios.
[6]
El asedio
estuvo instigado e increíblemente dirigido por Juan Guillermo Ripperdá,
un noble de origen holandés que había sido primer ministro de España bajo el
reinado de Felipe V. Tras caer en desgracia, revelar secretos de Estado y
escapar de su prisión en el alcázar de Segovia, huyó al norte de África. Allí
se convirtió al islam y convenció al sultán Abdalá II para armar un
ejército imponente de 35.000 hombres, compuesto por el ejército regular del
sultán y guerreros de las tribus locales (cabileños) A pesar de la gran
desventaja numérica, las defensas de Ceuta reaccionaron con rapidez. La
guarnición, liderada por el gobernador y mariscal de campo Antonio Manso,
ejecutó una arriesgada y contundente operación militar de contraataque que
derrotó por completo a los atacantes, obligándolos a retirarse y frustrando los
planes del renegado holandés.
[7]
El 1 de
noviembre de 1755. El consiguiente tsuanmi causo más de 10.000 muertos en las
ciudades costeras. Destruyó la parte baja de Agadir, Tánger, Arcila, Larache y
Casablanca. Las olas remontaron el curso del río Bu Regreg y llegaron hasta
Rabat
[8]
27 de
noviembre de 1755; más de 20.000 víctimas de las que 12.000 fueron en Mequinez
con especial incidencia en la judería local (Mellah), donde fallecieron unos
8.000 judíos de los 16.000 que residían en el barrio. El terremoto destruyó lo
que pervivía de la ciudad de Volubilis.
[9] El tratado fue acordado entre el rey Carlos III de España y el sultán Sidi Mohammed ben Abdallah (Sidi Mohammed III) de Marruecos. El
sultán marroquí buscaba modernizar su reino abriéndolo al comercio exterior y
consolidar sus ingresos fiscales. España envió como embajador extraordinario al
marino ilustrado Jorge Juan y Santacilia,
quien negoció hábilmente las cláusulas del documento directamente en la corte y
se aseguró la paz perpetua (cese de
hostilidades tanto por mar como por tierra, prohibiendo el corso o la piratería
autorizada entre ambos reinos) la libre
navegación y comercio con los puertos del otro reino (con aranceles
regulados y prohibición estricta del contrabando), el establecimiento de Cónsules (para proteger a los comerciantes
españoles, administrar justicia entre sus nacionales y emitir pasaportes) y
sobre los presidios (Plazas
Africanas) se reconoció el respeto y el cese de agresiones a los enclaves
españoles de Ceuta, Melilla, el Peñón de Vélez de la Gomera y Alhucemas. El
tratado estipulaba la devolución mutua de los desertores que huyeran a
territorio enemigo.
[10]
Para legitimarse ante las tribus, Muley Yazid adoptó una postura
beligerante (una guerra santa) frente a los Presidios españoles (Ceuta,
Melilla, Peñón de Vélez de la Gomera). El 25 de septiembre de 1790 Yazid atacó
Ceuta. España reforzó rápidamente las
plazas enviando buques ligeros desde Algeciras y tropas adicionales, comandadas
por figuras como los generales Luis de Urbina y José de Urrutia. Las fuerzas
defensivas españolas sumaron unos 12.000 soldados frente al ejército del
sultán, de entre 18.000 y 20.000 hombres. Tras un alto el fuego para atender la
del sultán de entregar las plazas, que el rey Carlos IV rechazó de plano, se
retomaron las hostilidades. La Armada española bombardeó plazas del sultanato,
como Tánger, coincidiendo con el estallido de una guerra civil interna en la
que los hermanos del sultán disputaban su liderazgo, Muley Yazid se vio
obligado a levantar definitivamente el asedio a Ceuta el 14 de septiembre de
1791. Las hostilidades terminaron con una victoria defensiva española,
consolidándose el control de España sobre sus plazas norteafricanas. Yazid, que
controlaba el eje Fez-Tetuán-Tánger, con apoyo británico quería debilitar a
España. Muley Hisham reunió en torno
a Marrakech a las tribus del Sur y las provincias más ricas. Un tercer hermano Muley Abd al-Raman levantó las cabilas
de Tafilat y Sus; finalmente, el cuarto hermano, Muley Sulayman, se dedicó a boicotearlos a todos. España apoyó a
Hisham, pero quien consiguió el poder fue Sulayman, que terminó manteniendo una
buena relación momentánea con España.
[11]
Se trató
del 2º Batallón del 4º Regimiento King’s Own al mando, primero, del mayor
general John Fraisery desde 1813, del general Charles Griffits (King’s Own
Regiment History). Algunos de sus integrantes casaron con mujeres ceutíes (El
faro de Ceuta). El King¡s Own fueun regimiento creado por los británicos en su
breve posesión de la ciudad de Tánger el 13 de julio de 1610.
[12]
Desde
Gibraltar partieron para Ceuta los batallones 82 y 89 y en la ciudad española
se formó el convoy uniéndose a ellos el Regimiento Imperial de Toledo, saliendo
con destino Fuengirola el 12 de octubre. Desembarcaron en la Cala del Moral, a
tres kilómetros al suroeste de Fuengirola, defendida por soldados polacos del
4ª Regimiento de Infantería del Ducado de Varsovia que rechazaron el ataque y
capturaron a Blayney. La flora regresó a Ceuta con los restos del Imperial de
Toledo y los británicos volvieron a Gibraltar
[13]
Los
ayuntamientos constituidos en España en 1811-1812 dejaron de ser, en buena
medida, corporaciones vinculadas a los privilegios del Antiguo Régimen para
convertirse en instituciones representativas reguladas por un modelo
constitucional común.
[14]
El
Ayuntamiento ceutí, constituido en 1811 y presidido por el alcalde Antonio
Salas, había elevado una queja formal a la denominada Cámara Nacional,
expresando su malestar porque Ceuta había quedado sin representación directa en
las Cortes reunidas en Cádiz. El escrito fue leído en las Cortes el 4 de mayo
de 1811. La respuesta parlamentaria consistió en incorporar el distrito
electoral de Ceuta a los de otras ciudades andaluzas, a la espera de que
pudiera completarse el número de electores necesario para justificar un
diputado propio. La solución vinculó electoralmente a Ceuta con Sevilla, a
través del partido de Algeciras.
https://elfarodeceuta.es/ceuta-en-la-constitucion-de-1812/ + https://elfarodeceuta.es/las-cortes-y-la-constitucion-de-cadiz-en-ceuta/
[15]
El fracaso
del intento de restaurar el poder de la monarquía tradicional frente a una
sociedad que había cambiado profundamente tras la Revolución francesa y el
Imperio napoleónico. La revolución fue el resultado de una creciente
confrontación entre la Corona, la oposición liberal y sectores de la sociedad
francesa. El detonante fueron las ordenanzas reales promulgadas el 25 de julio
de 1830 conocidas como las Ordenanzas de Saint-Cloud, incluían tres medidas
fundamentales: la suspensión de la libertad de prensa y la imposición de nuevas
restricciones a las publicaciones; la disolución de la Cámara de Diputados
antes de que llegara a reunirse; y la modificación del sistema electoral para
reducir la influencia de determinados sectores de la oposición. La Corona
pretendía neutralizar a sus adversarios por vía legal, pero las medidas
provocaron precisamente la reacción que buscaban evitar. El 29 de julio
ocuparon el Palacio de las Tullerías. Carlos X abdicó el 2 de agosto de 1830 en
favor de su nieto, Enrique de Artois, conde de Chambord, pero la Cámara de
Diputados no aceptó esa solución y ofrecieron la Corona de Francia a Luis
Felipe de Orleans. El 9 de agosto, Luis Felipe I de Francia fue proclamado rey
de los franceses. La fórmula tradicional «rey de Francia» evocaba una
legitimidad dinástica; «rey de los franceses» subrayaba una legitimidad
vinculada a la nación.
[16]
El factor determinante para el abandono
de Orán fue el terremoto y las réplicas de los días 8-9 de octubre de 1790. Fue
devastador: la mayor parte de la ciudad de Orán quedó destruida y las
fortificaciones gravemente dañadas, lo que aprovechó Mohammed el-Kebir, Bey de
Mascara, para someter la maltrecha ciudad de Orán a una fuerte presión militar.
La plaza quedó en una situación tan difícil de sostener que España tuvo que
valorar si merecía la pena reconstruirla y mantener una costosa guarnición
allí. Se optó por alcanzar el Tratado de cesión de la plaza de Orán y del
puerto de Mazalquivir a la Regencia de Argel, firmado el 12 de septiembre de
1791.
[17]
El sultán
marroquí apoyó al emir argelino Abd al-Qadir y realizó algunas acciones contra
las tropas francesas. Francia bombardeó Tánger (06/08), les venció en la
batalla de Isly (14/08) y bombardeó Mogador (15 y 17/08). El 10 de septiembre
en Tánger, el sultán de Marruecos reconocía Argelia como territorio y posesión
de Francia.
[18]
El
Ejército español había iniciado la construcción de nuevas instalaciones
defensivas en el Campo Exterior de Ceuta, fuera del recinto fortificado
tradicional. Los rebeldes ocasionaron los siguientes daños: destrucción de un
puesto de vigilancia de caballería, derribo de la garita de un centinela de
infantería, arranque de varios mojones que delimitaban la frontera, destrucción
de los trabajos del cuerpo de guardia en construcción y arranque de la puerta
del puesto denominado Centrillo.
[19]
Las Islas
Chafarinas se encuentran situadas en el mar de Alborán, a tan solo 1,9 millas
náuticas (3,52 kilómetros) de la costa norte de África (frente a la localidad
de Ras el Ma) a unos 45 kilómetros al este de Melilla, muy cerca de la frontera
con Argelia. Son tres islas. Isla Isabel
II, la isla central y la única habitada (alberga de forma permanente un
pequeño destacamento militar del Grupo de Regulares de Melilla y personal
científico); Isla del Congreso e Isla Rey Francisco. Entre las tres
suman 0'58 km2
[21]
https://www.dipublico.org/108562/tratado-de-paz-y-amistad-entre-s-m-catolica-y-s-m-el-rey-de-marruecos-firmado-en-tetuan-el-26-de-abril-de-1860/
[22]
Su
Majestad el Rey de Marruecos cede a Su Majestad la Reina de las Españas en
pleno dominio y soberanía el territorio comprendido desde el mar, siguiendo las
alturas de Sierra Bullones hasta el barranco de Anghera. Como consecuencia de
ello, S. M. el Rey de Marruecos cede a Su Majestad la Reina de las Españas en
pleno dominio y soberanía todo el territorio comprendido desde el mar,
partiendo próximamente de la punta oriental de la primera bahía de Handag
Rahama en la costa Norte de la plaza de Ceuta por el barranco o arroyo que allí
termina, subiendo luego a la porción oriental del terreno, en donde la
prolongación del monte del Renegado, que corre en el mismo sentido de la costa,
se deprime más bruscamente para terminar en un escarpado puntiagudo de piedra
pizarrosa, y desciende costeando desde el boquete o cuello que allí se
encuentra por la falda o vertiente de las montañas o estribos de Sierra
Bullones, en cuyas principales cúspides están los reductos de Isabel II,
Francisco de Asís, Pinier, Cisneros y Príncipe Alfonso, en árabe Vad- aniat, y
termina en el mar, formando el todo un arco de círculo que muere en la ensenada
del Príncipe Alfonso, en árabe Vad- aniat, en la costa Sur de la mencionada
plaza de Ceuta, según ya ha sido reconocido y determinado por los comisionados
españoles y marroquíes con arreglo al acta levantada y firmada por los mismos
en 4 de abril del corriente año. Para conservación de estos mismos límites
se establecerá un campo neutral, que partirá de las vertientes opuestas del
barranco hasta la cima de las montañas desde una a otra parte del mar, según se
estipula en el acta referida en este mismo artículo.
[23]
El tratado
se firmó el 26 de abril de 1860, pero la delimitación concreta se apoyó también
en los trabajos posteriores y actas de los comisionados sobre el terreno.
[26]
En el
verano de 1808, el ejército francés de Napoleón asedió la ciudad de Zaragoza.
Agustina, que se encontraba en la ciudad llevando comida y munición a los
defensores, llegó a la batería de la Puerta del Portillo. Un proyectil enemigo o una explosión de
granada acabó con la vida de todos los artilleros que defendían el cañón de 24
libras, provocando el pánico y permitiendo que las tropas francesas se lanzaran
al asalto final. Ante el repliegue de
los defensores, Agustina corrió hacia la pieza de artillería, tomó la mecha de
las manos de un artillero moribundo y prendió la mecha del cañón, disparando a
bocajarro contra la formación francesa que avanzaba. La descarga causó graves bajas en el enemigo,
detuvo el asalto y devolvió el coraje a las tropas españolas para resistir la
posición. El general José de Palafox,
impresionado por su arrojo, le concedió inicialmente el título de artillera y
los grados de sargento y subteniente (llegando a recibir el reconocimiento
oficial como subteniente de los reales ejércitos). Lejos de retirarse tras el primer asedio,
Agustina participó activamente en el segundo sitio de Zaragoza y en otras
acciones de la guerra (como en Tolosa o Vitoria), combatiendo incluso junto a
las guerrillas tras ser capturada y lograr escapar. Su figura trascendió la historia para
convertirse en un icono del heroísmo popular plasmado en la literatura, la
ópera, la pintura y el cine. Sus restos descansan en la capilla de la
Anunciación de la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo en Zaragoza.
[27]
Agustina
Raimunda María Saragossa Domènech murió en Ceuta, en la casa de su hija
Carlota. Carlota Cobos Saragossa se había casado con Francisco Atienza Morillo,
un militar que fue destinado a la plaza de Ceuta. Al mudarse su hija allí,
Agustina comenzó a visitar la ciudad autónoma con frecuencia. Su segundo
marido, el médico Juan Cobos, se involucró activamente en la causa carlista.
Debido a sus diferencias ideológicas (Agustina apoyaba la línea de Isabel II),
Agustina decidió separarse de él. En 1853 decidió mudarse definitivamente a
Ceuta para vivir junto a su hija, su yerno y sus nietos, quienes cuidaron de
ella en sus últimos años de vida. Tras su fallecimiento el 29 de mayo de 1857,
y debido a su estatus de subteniente de infantería del ejército regular
español, la ciudad de Ceuta se conmovió profundamente y le rindió honores
militares. Fue enterrada con la máxima solemnidad en el cementerio de Santa
Catalina de Ceuta, donde permanecieron sus restos hasta que en 1870 el
Ayuntamiento de Zaragoza acordó su traslado definitivo.
[28]
El
Regimiento Fijo de Ceuta fue una de las unidades militares más emblemáticas y
longevas de la historia de España, clave para la defensa de la ciudad autónoma
frente a los constantes asedios norteafricanos y destacada en numerosos
conflictos internacionales. Estaba compuesto mayoritariamente por soldados
nativos de la propia tierra ceutí. Nació
partir de la unión de dos unidades defensivas preexistentes, la "Bandera
Vieja" y la "Bandera Nueva", que en 1670 pasaron a llamarse
formalmente Compañías de la Ciudad de Ceuta. El término "fijo" se
utilizaba en el Imperio español para definir a las unidades militares que
tenían su guarnición y base permanente en una plaza específica (en este caso
Ceuta) y no rotaban por la península. Además de guarnecer la plaza de Ceuta
intervino heroicamente en hechos relevantes de la Historia de España: prticipó
en el histórico intento hispano-francés por recuperar el Peñón (1779-1783);
combatió contra la Francia revolucionaria en la Guerra del Rosellón
)1793-1795); y sus batallones se desplegaron en diversos momentos para defender
los intereses de la corona española hasta en las Guerras Carlistas. Su vasto
historial militar, sus tradiciones y su nombre honorífico han sido heredados
por el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54.
[29]
El
teniente Ruiz Mendoza convaleciente en mayo de 1808 en su cuartel por una grave
enfermedad, al escuchar los disparos y enterarse de que el pueblo de Madrid
estaba siendo masacrado, vistió su uniforme y acudió de inmediato a sumarse a
la defensa. Aunque era oficial de Infantería, Velarde le asignó el mando de una
de las piezas de cañón situadas a las puertas del Parque de Artillería de
Monteleón (en la actual Plaza del Dos de Mayo, ubicada en el corazón del
céntrico barrio de Malasaña en Madrid), coordinando a soldados y civiles (entre
ellos la célebre Benita Pastrana) para repeler las oleadas francesas. A
diferencia de Daoíz y Velarde, que murieron en el acto, Ruiz sobrevivió a la
batalla, aun habiendo recibido dos impactos de bala en su cuerpo, resultando
gravemente herido. Se le ordenó trasladarse a Badajoz para recuperarse y fue
ascendido por su heroísmo. Nunca llegó a Badajoz, falleciendo en Trujillo
(Cáceres), el 13 de marzo de 1809. En 1909, su cuerpo fue trasladado a Madrid
donde descansa junto a Daoíz y Velarde en el Monumento a los Caídos por España
de la Plaza de la Lealtad. Sus cenizas también están repartidas en cofres de
honor en los museos militares de Ceuta y La Coruña. En Madrid se le recuerda con una estatua de
bronce tallada por Mariano Benlliure en la Plaza del Rey, mientras que en Ceuta
preside la céntrica Plaza del Teniente Ruiz con un busto en su honor.

