21 oct 2026

SOBRE CEUTA, con la que está catendo... (IV)

  

Y sigo en faena, con la historia a cuestas…

 

CEUTA BAJO EL ISLAM

En el siglo VI, como dijimos, Septem ya está bajo control del Imperio bizantino; incluso a comienzos del VIII su último gobernante —el personaje conocido en las fuentes árabes[1] como Bulyān (¿Yulyan, Olbán, Ylyan, Iulianus “nuestro” Julián[2]?)— aparece relacionado con el poder cristiano del Estrecho.

Y es aquí, en los inicios del siglo VIII, cuando se nos complica un poco la historia, pero nos da vidilla.

Septem seguía siendo una plaza cristiana, bizantina y estratégica del Estrecho con un comes (conde) al frente al que se le otorga un cierto protagonismo por unos hechos que nos serán trascendentes. Al-Hakan nos presenta a nuestro Bulyan como “un extranjero, señor de Septa (Ceuta)” y al que añade otro elemento diferenciador: gobernador del territorio del Estrecho. Y lo relaciona con poder en una ciudad situada en la orilla norte del Estrecho y, además, súbdito de Rodrigo, al que identifica como señor de lo que luego fue al-Andalus.

La Crónica Mozárabe, del año 754 —casi contemporánea con los hechos— es más parca en datos y sólo referencia un personaje cristiano procedente de África, al que llama Urbanus/Urbano (y no Julián) y sobre el que algunos historiadores han relacionado con la figura que las fuentes árabes denominan Bulyan; la identificación, sin embargo, no es segura.

Este Bulyan/Urbanus era un al-ʿaǧam: lo ajeno a lo árabe. Sería, pues, cristiano bizantino; me decantaría por un ar-Rüm, un heredero del imperio romano, pero figura como un “no árabe”.

Es más, sitúan a Bulyan también como gobernador de una ciudad llamada al-Khaḍrāʾ/Alchadra, situada “en la misma orilla del Estrecho que Tánger”, pero del lado de al-Andalus”. La identificación tradicional de esa al-Khaḍrāʾ (“la Verde”) es Algeciras.

Por eso al-Ḥakam lo llama “gobernador del Estrecho” (posesiones a ambos lados del estrecho, en tierra firme). Y esto nos enlaza la figura con los que llaman a este Bulyan/Urbanus, tal vez Julián, porque nos viene de perlas la ligazón con el comes Iulianus (conde Julián) porque Algeciras se llamó Iulia Traducta bajo el Imperio romano.

Sea como fuere —y aquí podemos meter la historia de la hija de Bulyan/Urbanus/Julián, la tal Rosinda ‘la cava’ y la venganza por la afrenta del ultraje[3]—, este personaje, en 709 pacta con Ṭāriq ibn Ziyād[4] y permite la entrada de aquella expedición omeya en Ceuta, entregando rehenes y aceptando el pago de un tributo, para poder conservar él y los suyos su posición y propiedades. Sólo a la muerte de Bulyan/Urbanus/Julián Ceuta se integró en aquel nuevo mundo que se nos venía encima.

Que Ceuta entre en la órbita de Dar al-islam (Tierra del Islam) hacia 709-710 no significa que todos sus habitantes se convirtieran inmediatamente a la nueva religión. Existió una población cristiana, y el proceso de islamización cultural y religiosa fue gradual. Y parece que ya hay también una incipiente población judía.

Desde Ceuta, nuevamente con apoyo logístico atribuido a Yulyān, Ṭāriq ibn Ziyād cruza el Estrecho en 711 y comienza la conquista musulmana de la Hispania visigoda. El propio nombre de Gibraltar, Jabal Ṭāriq (montaña de Ṭāriq), conserva la memoria de aquel episodio.

En esta invasión de Hispania, el poder político era árabe-omeya, pero la mayor parte del contingente de las tropas desplegadas en el Magreb occidental era bereber/amazig. El contingente que Ṭāriq llevaría a la Península en 711 sería también mayoritariamente bereber.

A partir del 711 la historia posterior de Ceuta es algo más compleja. Una vez el grueso de las fuerzas invasoras en la península, tenemos referencias de una inmediata revolución bereber 740-743[5] que deja a Ceuta sumida en el caos: crisis, pérdida de control político y posible despoblación.

En fin, que mal comienza la etapa de Medina Sabta que, recuerden, podemos iniciar en 709 y que acabará en 1415, en el ámbito de Dar al-islam (la morada de islam) … pero... Ceuta es demasiado importante para permanecer al margen de las grandes potencias del Estrecho.

Eso sí, el período comprendido entre los años 742 y 830 es una etapa de enorme oscuridad documental.

Sabemos que en 830 los idrisíes se hacen con el poder y reorganizan el Magreb al-Aqsa. ¡Ojo!: los idrisíes[6] son determinantes en factor reivindicativo de Marruecos.

Ceuta quedó vinculada a la esfera de poder de los idrisíes a partir de que los bereberes gumaríes[7] (en ese “famoso” 830) se asienten en la ciudad, que recupera su vitalidad bajo el mando de un tal Maykan. En 855, Isam, hijo de Maykan, entronca con los Banu Isam[8], también vinculados a la dinastía idrisí que desde Fez marcaba la pauta territorial.

Mientras tanto, en la península, en 929, ʿAbd al-Raḥmān III se proclama califa en Córdoba y se encuentra con que en el Magreb occidental se está produciendo al mismo tiempo una lucha entre idrisíes, fatimíes y diferentes poderes bereberes que el omeya de Córdoba no puede permitir. Y Ceuta tiene una importancia estratégica extraordinaria porque controla el acceso al Estrecho, por lo que en 931, ʿAbd al-Raḥmān III, por las bravas, incorpora Ceuta a su dominio directo[9].

Ceuta quedará ya vinculada directamente a al-Ándalus y pasa a ser una especie de “puerta africana” del Califato de Córdoba.

La medina se fortifica y la ciudad desarrolla una estructura urbana considerable. El núcleo califal queda protegido por murallas y foso, con mezquita aljama. Alrededor, se desarrollaron arrabales, cementerios y áreas artesanales.

Así, en el siglo X, Ceuta es el gran puerto del Estrecho integrado en las grandes redes comerciales mediterráneas, por lo que, de inmediato, suma presencia de comunidades judías[10], además de contactos constantes con el mundo cristiano europeo.

Y esa vinculación con la península, tras la desaparición del Califato de Córdoba en 1031, se mantuvo con la Taifa de Málaga que concede tal importancia a Ceuta que la consigna como residencia del heredero.

En el siglo XI Ceuta está vinculada a los Banū Ḥammūd, una familia de origen árabe-islámico que había desempeñado un papel fundamental en la crisis del Califato y organizó su poder en torno a dualidad Málaga-Ceuta. Y a partir de 1043 Ceuta vive una etapa floreciente e independiente que le lleva a competir con la taifa de Sevilla por el control del Estrecho.

Y al poco, los almorávides, procedentes del Sahara y del Magreb occidental, en 1083/1084 se hacen con el control de Ceuta[11]. Yusuf ibn Tasfīn utiliza la ciudad como plataforma para sus operaciones en al-Ándalus a partir de 1091. Y al despuntar el siglo XII, en 1102, Yusuf cruza por última vez el Estrecho y proclama a su hijo Alī heredero en Córdoba.

El fugaz paso almorávide llega a su fin en 1146. Tras ellos irrumpen los almohades de ʿAbd al-Muʾmin y tras la caída de Marrakech ponen coto  a Ceuta que negociará un amān (garantías de seguridad) que conseguirá convertirla en “capital” de un territorio que se extendió por Gumara, Tánger, Alcazarquivir, Arcila y, en determinados proyectos administrativos, incluso hasta las ciudades Algeciras, Tarifa y Málaga al otro lado del estrecho.

En la Ceuta almohade se señala la presencia de frailes cristianos que atendían a la comunidad de comerciantes asentada junto al puerto y los capturados como esclavos. De esta época, del siglo XIII, nos llega la historia del patrón ceutí, San Daniel, mártir.

La tradición sitúa su ejecución el 10 de octubre de 1227. Procedentes de Calabria llegó a Ceuta, a comienzos de ese año, una expedición que integraban 6 monjes y un lego: Daniel, superior de la expedición, Angelo, Samuel, León, Hugolino, Nicolás y Dónulo (el lego). Se instalaron en el arrabal cristiano donde residían los comerciantes europeos, especialmente del norte de la península itálica. Ceuta era ya entonces un puerto “internacional” en el que había una comunidad mercantil cristiana estable.

Con su ansia evangelizadora, Daniel y sus compañeros decidieron entrar en la ciudad musulmana y predicar públicamente el cristianismo; fueron detenidos y conducidos ante las autoridades. Al negarse a retractarse de su predicación, fueron condenados a muerte. La tradición sitúa su ejecución el 10 de octubre de 1227[12].

En aquellos momentos Ceuta vivía en la vorágine de la crisis almohade que había arrancado en los inicios del siglo XIII, lo que permitiría que Ceuta se independizara de facto: en 1232, al-Sayyid Abū Mūsā, gobernador de Ceuta, se rebeló contra el poder almohade y con el apoyo de los grandes comerciantes ceutíes consiguió mantener un estatus de independencia hasta el extremo de buscar legitimidad simbólica reconociendo al califato abasí de Bagdad y acuñar moneda en su nombre. Lo que consiguió es que Ceuta quedara vinculada a los hafsíes de Túnez, que representan otra rama de la descomposición del mundo almohade.

Y tras la conquista castellana de Sevilla, en 1248, Ceuta se convierte en refugio de intelectuales, comerciantes y familias procedentes de al-Ándalus dando comienzo a uno de los grandes fenómenos culturales de la historia ceutí: la edad de oro cultural[13] y comercial. En esta etapa, el puerto de Ceuta comercia con Génova, Marsella, Mallorca, Barcelona y Valencia, así como con otros puertos magrebíes y de al-Ándalus. Ceuta llega a tener importantes relaciones con la Corona de Aragón.

Esta etapa se produce bajo el liderazgo de los azafíes, una familia ceutí que consigue construir un poder local prácticamente independiente en la segunda parte del siglo XIII y el arranque del turbulento siglo XIV. En 1306 los nazaríes granadinos toman Ceuta; el sultán Muḥammad III, aprovechando las divisiones internas de los azafíes, consigue hacerse con la ciudad y Ceuta pasa así a formar parte del ámbito nazarí de Granada.

Pero en 1309, la alianza entre la Corona de Aragón y los meriníes[14] provoca una rebelión en Ceuta y los ceutíes expulsan a los granadinos, reconocen al sultán meriní y los azafíes regresan. En este periodo Ceuta se convierte en una pieza fundamental de su sistema político y militar, consolidando el dominio en torno a 1328 en que se construye el Afrag, una nueva ciudad palatina y militar al oeste de la ciudad (las murallas meriníes) y que funcionaba tanto como defensa como símbolo del poder meriní.

El dominio granadino sobre las dos orillas del Estrecho preocupó especialmente a Aragón y a los meriníes. Jaime II de Aragón y el sultán Abu al-Rabi acordaron en 1309 colaborar para recuperar Ceuta: Aragón debía bloquearla por mar y los meriníes atacarla desde tierra. Así, Ceuta volvió al poder meriní.

A partir de entonces, la práctica totalidad del siglo XIV, Ceuta funciona prácticamente como una ciudad autónoma, aunque vinculada al mundo político meriní. Y es entonces cuando se suman a la ciudad y se afincan en ella los comerciantes genoveses. Las distintas potencias cristianas estaban cada vez más interesadas en el control de los puertos del Estrecho, cuestión que se materializará en el siglo XV.

 

Y mañana entrarán en escena en los portugueses…

 


 Ceuta y Algeciras en el Mapa de Piri Reis



[1] Ibn ʿAbd al-Ḥakam, en su obra sobre la conquista de Egipto y el Magreb, compuesta en el siglo IX.

[3] A comienzos del siglo VIII, el reino visigodo atravesaba una profunda crisis política. En el año 710 murió el rey Witiza, aunque las circunstancias de su sucesión y la fecha exacta de su muerte presentan dificultades documentales. Rodrigo, duque de la Bética, accedió al trono en medio de las rivalidades entre las grandes familias aristocráticas. Una parte de la nobleza no aceptó su legitimidad y habría preferido mantener en el poder a la familia de Witiza. Esta división resulta fundamental para entender la conquista musulmana: cuando las tropas procedentes del norte de África cruzaron el estrecho de Gibraltar, el reino visigodo no se encontraba unido bajo una autoridad indiscutida. Y según la leyenda, Florinda era hija del conde don Julián, un personaje al que las tradiciones posteriores presentan como gobernador de Ceuta. Su padre la habría enviado a Toledo para recibir educación en la corte del rey visigodo don Rodrigo. La joven destacaba por su belleza y, según el relato legendario, el monarca se encaprichó de ella. A partir de aquí, 2 versiones de la historieta. En la más conocida, Florinda se encontraba bañándose en el río Tajo cuando el rey la vio y quedó prendado de ella. En otras narraciones, el acercamiento se produce durante la convivencia en la corte. Sea como fuere el caso es que Rodrigo habría intentado conseguir sus favores y, finalmente, la habría forzado sexualmente, abusando de su posición como rey. Florinda comunicó lo sucedido a su padre. Algunas versiones incorporan un detalle legendario: la joven le habría enviado un huevo podrido para hacerle comprender, mediante una señal, la deshonra sufrida. Don Julián entendió el mensaje y decidió vengarse del monarca. Para castigar a Rodrigo, habría establecido contactos con los musulmanes que se estaban expandiendo por el Magreb. En aquel momento, el norte de África estaba siendo incorporado al poder del califato omeya. Musa ibn Nusayr dirigía la administración y las operaciones militares musulmanas en la región, mientras que Tariq ibn Ziyad desempeñaría un papel decisivo en la expedición a la península ibérica. El conde Julián habría ofrecido información sobre las divisiones internas del reino visigodo y facilitado el paso del estrecho. Para reforzar la leyenda, en Toledo se conserva la referencia a un lugar conocido como el Baño de la Cava, que quedó asociado posteriormente a esta tradición. Sin embargo, no constituye una prueba histórica de que los hechos sucedieran allí. Finalmente, la tradición relacionó el sobrenombre de la hija de Julián, Florinda, con una palabra de origen árabe interpretada como «mujer perdida» o mujer de mala reputación: la Cava. Esta denominación contribuyó a transmitir una imagen negativa de Florinda, como si ella hubiera sido responsable de la tragedia.

[4] Era mawlà (cliente liberto) de Musà ibn Nusayr, gobernador omeya de Ifriqiya (el actual Magreb oriental), que lo puso al mando de Tánger y de las tropas del extremo occidente. Las fuentes lo describen como bereber (amazigh), aunque no coinciden en su tribu ni en su lugar de nacimiento, lo que no es impedimento para que eso lo convierta en un referente de la participación amazigh en la expansión del islam y en la conquista de al-Ándalus, un tema muy presente en la identidad marroquí y en el discurso sobre la herencia amazigh del país. Actualmente la Marina Real marroquí tiene un buque con ese nombre (numeral 613); una fragata ligera de la clase SIGMA que Marruecos encargó al astillero holandés Damen Schelde Naval Shipbuilding.

[5] Guerra civil bereber 740-743. Maysara al-Matghari se levanta en Tánger contra el poder omeya de Kulthum ibn Iyad. La revuelta bereber es contra la élite omeya (sirios) que se refugian en Ceuta y termina cercada. El gobernador de al-Ándalus, ʿAbd al-Malik ibn Qaṭan (omeya sirio) se niega a intervenir, pero al expandirse la revuelta bereber a las tropas en Hispania/al-Andaluds, inb Qantan autoriza la salida de Ceuta de Baly ibn Bishr y sus hombres que pasan a la Península poco antes del verano de 742. Tras la evacuación de las tropas sirias, los bereberes arrasan la ciudad.

[6] A la muerte del Profeta (632) se abre el periodo de los califatos, los sucesores, del árabe "jalifa", sucesor... Entre 632 y 661, el califato ORTODOXO o RASHIDUM, dirigido desde Medina por cuatro compañeros cercanos a Mahoma (Abu Bakr, Omar, Otmán y Alí). Finaliza con el asesinato de Alí, lo que provoca la fractura definitiva entre las ramas Suní y Chií. Entre 661 y 750 califato OMEYA; los omeyas toman el control y trasladan la capital a Damasco. Expanden el islam hasta Hispania (al-Andalus) y la India. La marginación de los islamizados no árabes provoca innumerables revueltas. Así, en 750, la dinastía de los abasíes (descendientes de Al-Abbas, tío de Mahoma) derroca a los omeyas en una sangrienta revolución. Cuando los abasíes tomaron el poder contaron con el apoyo los alíes (los seguidores del linaje de Alí y Fátima, la hija de Mahoma). Sin embargo, desde el primer momento, los califas abasíes comenzaron a perseguir sistemáticamente a los líderes alíes para evitar cualquier rebelión que amenazara su control dinástico. Y aquí entra la revuelta de los biznietos y tataranietos de Mahoma en Medina en el 768 (169 de la Hégira). Salieron de la ciudad con destino a La Meca aprovechando  la temporada del Hajj (la peregrinación anual) para conseguir adeptos, pero  en el valle de Fakhkh, cerca de la Meca, los abasíes, que también estaban de peregrinación y sabiendo de sus intenciones les tendieron un emboscada de la que únicamente pudo escapar Idris ibn Abdallah que huyó hacia el oeste hasta llegar al Magreb donde fue acogido por tribus bereberes locales, fundando en el año 788 lo que algunos llaman el emirato Idrisí, el primer Estado chií independiente en la historia de la región. Idris ibn Abdallah, tataranieto del profeta Mahoma (a través de la línea de Hasan, hijo de Alí y Fátima) tenía la condición de shorfa (descendiente directo del Profeta). Llegó a la antigua ciudad romana de Walili habitada por los awraba, una poderosa confederación de tribus bereberes donde los líderes lo proclamaron imán y líder político en el año 789.  Idris se casó con Kenza al-Awrabiya, la hija del jefe de la tribu. Esta unión simbolizó la fusión perfecta entre la legitimidad árabe y la fuerza guerrera local bereber, unificó a varias tribus de la región. En el año 791 d.C., un emisario de Bagdad se ganó la confianza de Idris haciéndose pasar por un aliado y logró asesinarlo.

[7] Brevísimo río en las inmediaciones de Tetuán, hasta el siglo XV navegable, que hacía de puerto de la ciudad púnico-mauritana de Tamuda que se convirtió en la antagonista de Ceuta. En el siglo XV, se convirtió en sede de corsarios que practicaban la piratería por el estrecho de Gibraltar. El rey Enrique III de Castilla destruyó la ciudad y sus barcos en 1399.

[8] Linaje bereber que llegó a ejercer el poder sobre Ceuta en la segunda mitad del siglo IX. Pertenecían a las élites bereberes islamizadas del norte de África.

[9] La tradición histórica sitúa a Umayya ibn Isḥāq al-Qurašī, gobernador de Algeciras, al frente de la plaza después de la incorporación. Una investigación histórica de 1964 aporta incluso la fecha de la llegada de una flota omeya a Ceuta y la entrada de tropas: 25 de marzo de 931 (2 Rabīʿ I de 319 H).

[10] Algunas tradiciones sitúan la llegada de los primeros hebreos en tiempos del rey Salomón (siglo X aC), vinculándolos al comercio fenicio sobre el siglo VIII aC que sumó más migraciones judías hacia el norte de África, relacionadas con las diásporas de Oriente Próximo y las redes comerciales mediterráneas. En el siglo I, la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, en el año 70, pudo impulsar nuevas migraciones judías hacia el norte de África. Así, en el siglo II existen testimonios arqueológicos de presencia judía en la antigua ciudad romana de Volubilis, en el actual Marruecos. Los judíos ya formaban parte de las poblaciones del norte de África cuando comenzó la conquista árabe. En con la expulsión de los judíos de los territorios de la Corona de Castilla y de la Corona de Aragón. Muchos sefardíes buscaron refugio en el norte de África, incluido Marruecos. Una nueva oleada se produjo tras la expulsión de los judíos de Portugal en 1496-1497. Durante siglos, los judíos formaron parte de la sociedad marroquí. Desarrollaron comunidades en ciudades como Fez, Marrakech, Tetuán, Tánger y Essaouira, y mantuvieron vínculos comerciales y culturales con la península ibérica. En los siglos XIX y XX se siguieron produciendo llegadas de judíos al norte de África y desde allí se organizaron, tras la IIGM, regresos al nuevo Estado de Israel. Un detalle más; la bandera actual de Marruecos presenta una estrella verde de cinco puntas sobre fondo rojo. Esta estrella se conoce tradicionalmente como el Sello de Salomón, en árabe Khatam Sulayman. Se incorporó oficialmente el 17 de noviembre de 1915, mediante un dahir del sultán Mulay Yúsuf, durante el Protectorado francés. Por cierto: Salomón/Sulayman es una figura central tanto en la tradición judía como en la musulmana. En el judaísmo, Salomón es el rey asociado a la sabiduría y a la construcción del Primer Templo de Jerusalén. En el islam, Sulayman es un profeta y rey al que Dios concede poderes extraordinarios. Según la tradición islámica, tiene autoridad sobre los genios (yinn), los vientos y otras criaturas. El Corán habla de los poderes extraordinarios concedidos a Sulayman, aunque no describe explícitamente un anillo mágico llamado Sello de Salomón. El relato del anillo pertenece a tradiciones posteriores.

[11] Alī ibn Yūsuf, hijo y sucesor de Yusuf ibn Tasfīn, nacerá en Ceuta

[12] La tradición sitúa el martirio en lo que fue la Playa de la Sangre, en las proximidades de la actual zona del Sardinero. Allí fueron decapitados. Los cristianos de la ciudad recogieron y enterraron sus cuerpos. Los siete fueron venerados posteriormente como mártires franciscanos y León X aprobó su culto en 1516. San Daniel acabó convirtiéndose en patrón de Ceuta, y su festividad se celebra el 10 de octubre.

[13] Hasta Ceuta llegaron Ibn Jaldún e Ibn al-Jatib. Ibn Jaldún, el padre de la sociología moderna y de la filosofía de la historia, en su obra sociológica y geográfica elogió repetidamente el valor de Ceuta como el bastión militar, puerto de vigilancia y arsenal naval clave indispensable para la supervivencia del islam en la península ibérica. Ibn al-Jatib polígrafo, poeta y primer ministro (visir) de la Alhambra varias veces sentía una enorme admiración por la ciudad. Dejó escrito en sus crónicas un célebre testimonio sobre el orgullo de sus habitantes: “Aman a su ciudad como ama el triste a quien le distrae con su gracia... No prefieren ninguna ciudad a la suya, ni la Meca ni Medina… ".

[14] Los meriníes (también llamados benimerines o marínidas) fueron una dinastía de origen bereber que gobernó el Magreb occidental y partes de Argelia y Túnez entre los siglos XIII y XV (1244–1465). Los meriníes pertenecían a la confederación tribal de los Zenata, un grupo de bereberes nómadas y pastores que habitaban las estepas. Surgieron del vacío de poder dejado por el colapso del Imperio Almohade y se convirtieron en la última gran potencia norteafricana en intervenir militarmente en la península ibérica para auxiliar al Reino nazarí de Granada.

20 oct 2026

SOBRE CEUTA, con la que está cayendo... (III)

 

 

Y hoy vamos a entrar ya en faena, con la historia a cuestas…

 

VOY A CENTRARME EN CEUTA, QUE ES LA QUE ESTÁ EN EL PUNTO DE MIRA DE LAS PRETENSIONES TERRITORIALES MARROQUÍES Y QUE ES LA INVADIDA, PARA NO DISPERSARME[1]…

 

CEUTA, DESDE UNA VISIÓN EUROPEÍSTA

Yo, como digo, voy a centrarme en el tema desde una visión europeísta en base a la civilización cristiana, que nació dentro del mundo grecorromano y, aunque transformó radicalmente su visión religiosa, heredó, conservó y reinterpretó buena parte de su filosofía, su derecho, su lengua, sus instituciones y su idea de civilización.

El cristianismo nace en Roma, pero habla griego. Parto de una realidad histórica: Grecia dio al cristianismo buena parte de su lenguaje intelectual; Roma le proporcionó el espacio político y jurídico en el que se expandió; el cristianismo transformó lenguaje intelectual y espacios político y jurídico desde una nueva concepción sobre el hombre y Dios; y Europa, en su conjunto, desarrolló esa herencia.

Pablo de Tarso, San Pablo, es una figura clave y un excelente ejemplo: judío, ciudadano romano y formado en el mundo helenístico, predicó en ciudades griegas y romanas y utilizó categorías comprensibles para aquel mundo.

Así, Jerusalén aporta la tradición bíblica y judeocristiana, Atenas añade la razón y la filosofía y Roma completa el proceso con el aporte del derecho, las instituciones y la idea de universalidad política.

Esta civilización Occidental que partió de Europa nació del encuentro de Jerusalén, Atenas y Roma: de la fe bíblica, de la razón griega y del derecho romano.

El cristianismo fue el puente que permitió que la herencia de Grecia y Roma no desapareciera con el Imperio, sino que se incorporara a una nueva civilización europea.

 

LA PRIMERA CEUTA

Mucho antes de Roma, los navegantes fenicios y púnicos conocían la orilla Sur del Estrecho de Gibraltar y el lugar habitado que allí se localizaba era conocido como Abila/Abyla.

Abila/Abyla no nos referencia un enclave urbano habitado, pero ya en la Geografía[2] de Estrabón se cita un núcleo concreto: Hepta Adelphoi/Hepta Delfos (7 colinas). Y Tolomeo lo cita bajo el nombre de Exilisa. Pero para Roma siempre será SEPTEM FRATRES[3], aludiendo a las siete colinas de su orografía (como las siete colinas de Roma). Y de Septem derivará Septa y llegaremos a CEUTA.

Entre los siglos V y III aC podemos situar Septem en el Estado Púnico[4], la República Cartaginesa, con capital en Cartago; aunque la factoría púnica importante será Tingis (Tánger).

La ciudad de más renombre de aquel territorio mediterráneo norteafricano será Oualili —Volubilis para Roma y hoy Walili, en Marruecos; a 20 kilómetros de Mequinez— que fue reconocida como un gran centro comercial centrado en el aceite, el trigo y la captura de animales salvajes para los circos de Roma.

Y para el caso de Ceuta podemos comenzar hablando de una factoría[5] y asentamiento fenicio en el VII aC como Gadir, Malaka, Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra) o Baesipo (Barbate).

Pero todo aquel conjunto territorial en el norte de África formaba parte (del Reino) de Mauritania/Mauretania (el país de los mauris; los oscuros –de tez-, para diferenciarlos de los aethiops, etíopes, los negros… luego, la voz ‘mauri’ pasará a “moro” en la península ibérica; por lo general, en sentido despectivo).

Marruecos, como nombre, no viene a aparecer como referente territorial hasta el siglo XIII. Marruecos es una derivación procedente del nombre “Marrakech” (Marrākush; marruecus) y venía referido exclusivamente al territorio controlado desde la ciudad de Marrakech, fundada por los almorávides en el siglo XI[6] y que se convirtió en un gran centro político.

Posteriormente Marrakech fue también capital almohade y su importancia hizo que su nombre acabara utilizándose en las lenguas europeas para designar al conjunto del territorio en torno a esa ciudad; y después al área de influencia.

El historiador Enrique Gozalbes-Cravioto, en su estudio El nombre antiguo de Marruecos. De la Mauretania Tingitana a Marruecos[7], señala que la denominación Marruecos como identificación del territorio de Marrakech empieza a abrirse paso ya en la Primera Crónica General de España[8], del siglo XIII, precisamente cuando Marrakech se había convertido en el gran centro político de almorávides y almohades.

Y antes de entrar en más detalles quiero dejar claro que este norte de África en época islámica se conocerá como al-Maghrib (“el Occidente”) mientras que para el extremo más occidental del territorio, se acuñó al-Maghrib al-Aqṣā (“el Extremo Occidente” o “el Magreb lejano”)[9].

 

Roma entra en el 33 aC en esta historia.

Aquel territorio norteafricano pasó a integrarse en el Imperio (33 aC) y el emperador Augusto lo reorganizó, reconociendo al rey Juba II su titularidad. Y este gobernó Mauritania bajo la tutela de Roma, como rey cliente[10].

Ya en el año 42 dC el emperador Claudio anexionó[11] definitivamente el reino de Mauritania al Imperio y lo dividió en dos provincias: la Mauretania Tingitana, con capital en Tingis (Tánger) y la Mauretania Caesariensis, con capital en Caesarea (hoy Cherchel, en Argelia). Septem Fratres quedó en la Mauretania Tingitana.

Una tercera provincia, más al Este, fue el África Proconsularis sobre lo que hoy es Túnez.

Con Roma, Septem fue un importante y estratégico enclave portuario situado frente a Hispania y en la entrada del Mediterráneo. Su posición explica por sí su relevancia militar y comercial: controlaba el paso entre el Mediterráneo y el Atlántico y la comunicación con la Bética.

Y un detalle fundamental: desde finales del siglo III, la Mauretania Tingitana quedó integrada en la Diócesis Hispaniarum[12], estructura que agrupaba las provincias hispanas.

Ceuta fue africana geográficamente, romana políticamente y, en la Antigüedad tardía, estuvo administrativamente vinculada al espacio hispano.

Fue ya el Imperio romano el que vinculó a Ceuta (y a Melilla) con la península Ibérica, con Hispania. Misma cultura, misma economía, mismos cuerpo y marco jurídico, mismas rutas comerciales.

Y la cosa fue a más con el cristianismo.

El emperador Constantino legalizó el cristianismo en 313 mediante el Edicto de Milán[13] y durante el siglo IV la religión cristiana pasó de ser perseguida a convertirse progresivamente en una religión protegida y después favorecida por el Estado romano.

En Ceuta hay restos de una basílica tardorromana, cuya cronología se sitúa, precisamente, en el siglo IV y que constituye una de las primeras evidencias materiales claras de una comunidad cristiana en Septem.

Se trata de un edificio con función litúrgica y funeraria, asociado a una necrópolis. Su existencia demuestra que en Septem había una comunidad cristiana suficientemente organizada y estable para disponer de un espacio de culto y de enterramiento propio.

Y, es más, bajo Bizancio, en el siglo VI, Septem adquiere una enorme importancia dentro del Mediterráneo cristiano. Tras la conquista bizantina del norte de África, Justiniano[14] incorpora Septem al sistema defensivo del Imperio de Oriente.

Según Procopio[15], los bizantinos fortificaron la ciudad y levantaron un templo dedicado a la Madre de Dios. Ceuta pasó a convertirse en uno de los extremos occidentales del África bizantina.

Recapitulemos: Ceuta fue romana desde el 42 y cristiana desde el 313.

La Septem Fratres de la Antigüedad tardía formaba ya parte de una civilización romana que, a partir del siglo IV, se hizo progresivamente cristiana. La basílica tardorromana de Ceuta constituye el testimonio material de aquella comunidad cristiana que ya existía en la ciudad siglos antes de la llegada del islam, así como el templo de la Madre de Dios.

 

CEUTA, TRAS LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO

El imperio Romano al que pertenecía Ceuta tiene una fecha trágica en el Siglo V: la del 31 de diciembre de 406, cuando una coalición de vándalos, suevos, alanos y otros grupos del oriente y norte europeo atraviesa el Rin congelado y penetra en la Galia: “la invasión de los bárbaros”.

Esos “bárbaros”, en su deambular europeo, entraron en Hispania en 409. Eran confederaciones de guerreros con sus familias y población acompañante, moviéndose por el territorio en un momento de enorme debilidad política y militar del Imperio romano.

Hidacio[16], el obispo galaico tardorromano, en torno a 411, señala que estos grupos se distribuyeron por áreas de las provincias hispanas: suevos y vándalos asdingos a Galicia, vándalos silingos a la Bética y alanos (que eran iranios) tanto a la Lusitania como a la Cartaginense. Roma sólo pudo conservar el control de la Tarraconense.

En 416, el emperador romano Flavio Honorio Augusto pactó con Walia, rey de los visigodos, y estos entran en Hispania como federados de Roma, con la misión de combatir a los otros pueblos que se habían asentado allí.

Así, en 429 los vándalos abandonan Hispania y pasan a África; y tras conquistar Cartago (439) establecieron en aquellas tierras el llamado reino vándalo de África; y Septem queda en él.

En el 533, casi un siglo después de la llegada de los vándalos, Belisario[17], en nombre del emperador romano de Oriente, Justiniano I ‘el Grande’, se hace con el control del territorio entre Ceuta y Melilla en nombre de Bizancio y aquella Septem[18] queda incluida en la órbita bizantina: Septem vuelve a ser una ciudad de tradición romana y cristiana.

 

Y mañana ya iremos a la Ceuta bajo el islam…

  


  


[1] Les recomiendo, para saber de la historia de Ceuta y sus pormenores la página web de Patrimonio Cultural de Ceuta: https://www.patrimonioculturalceuta.es/

 

[2] La Geographia de Estrabón es una de las grandes obras geográficas de la Antigüedad y una fuente fundamental para conocer cómo se concebía el mundo mediterráneo entre los siglos I a. C. y I d. C. Compuesta por 17 libros, no es simplemente un repertorio de lugares: pretende explicar el mundo conocido combinando geografía física, historia, etnografía y política. Sitúa las Columnas de Heracles y las costas de Hispania y Mauritania dentro de un mismo espacio geográfico, marítimo y cultural. Su valor hoy para Ceuta es el de documentar el espacio geográfico e histórico del Estrecho en aquellos días, no el de proporcionar un título jurídico moderno de soberanía. Estrabón menciona los Hepta Adelphoi (Ἑπτὰ Ἀδελφοί, “Siete Hermanos”) en su Geografía. La cita está en Libro XVII, capítulo 3, §6, dentro de la descripción de la costa de Mauritania. Estrabón, al describir la navegación desde Lixus hacia el interior del Mediterráneo, menciona sucesivamente Zelis, Tingis y los “monumentos de los Siete Hermanos”, y después el monte denominado Abila (Monte Hacho). Ya en el siglo I a. C.–I d. C., Estrabón identifica en la costa africana del Estrecho los Hepta Adelphoi, los “Siete Hermanos”, denominación griega de las elevaciones que dominaban este extremo de Mauritania. El topónimo reaparecerá en las fuentes latinas como Septem Fratres, consolidándose posteriormente como Septem y dando lugar, a través de una larga evolución histórica, al actual nombre de Ceuta.

[3] Pomponio Mela, en su De chorographia, escrita probablemente a mediados del siglo I dC, es el primero que utiliza la expresión latina Septem Fratres. Plinio el Viejo también emplea Septem Fratres en la Naturalis Historia (libro V), también en siglo I dC. El topónimo parece nacer como orónimo (“los Siete Hermanos”, las siete colinas) y posteriormente acaba identificándose con el asentamiento y, finalmente, con la ciudad. Septem Fratres designaba originalmente un accidente orográfico —las siete elevaciones— y no necesariamente la ciudad.

[4] Los púnicos fueron los pueblos de cultura y lengua fenicias establecidos en el Mediterráneo occidental, especialmente vinculados a Cartago, colonia fundada por fenicios procedentes de Tiro, según la tradición antigua, en 814/813 a.C. El término púnico procede del latín Poeni, derivado de Phoenici (fenicios). A partir de Cartago, los púnicos desarrollaron una extensa red comercial y marítima por el Mediterráneo occidental y el Atlántico próximo. Su presencia fue especialmente intensa en Sicilia, Cerdeña, el norte de África, el sur y sureste de la península ibérica y el área del Estrecho de Gibraltar. No constituyeron simplemente un imperio territorial al modo romano: buena parte de su influencia se articuló mediante puertos, factorías, alianzas, rutas comerciales y enclaves estratégicos. La arqueología demuestra la existencia de contactos y presencia fenicio-púnica en el entorno del Estrecho, y Ceuta forma parte de ese espacio estratégico. No cabe duda de que Ceuta, situada en una posición estratégica frente a las Columnas de Heracles, participó de las redes marítimas, comerciales y culturales que articulaban las dos orillas del Estrecho.

[5] Una factoría fenicia era un enclave comercial establecido en las costas del Mediterráneo para facilitar el intercambio de mercancías con las poblaciones locales. Fue una de las principales herramientas de la expansión comercial fenicia entre los siglos XII y VI aC. Sus funciones principales eran las de intercambiar productos fenicios —cerámicas, tejidos teñidos de púrpura, objetos de metal y artículos de lujo— por materias primas locales, adquirir metales como plata, cobre y estaño, además de sal, pescado y otros productos, guardar mercancías antes de embarcarlas hacia otros puntos del Mediterráneo, difundir técnicas artesanales, sistemas de escritura, prácticas religiosas y conocimientos de navegación y proporcionar puntos de escala y abastecimiento para los barcos que recorrían las rutas comerciales.

[6] La UNESCO señala que Marrakech fue fundada por los almorávides entre 1070 y 1072. En 1070 los almorávides eligen el emplazamiento y Abu Bakr ibn Umar inicia la construcción del Qasr al-Hajar («Palacio de Piedra»), núcleo inicial de la ciudad. En 1071 Yusuf ibn Tashfin continúa la construcción de Marrakech. Posteriormente se convertiría en la capital del Imperio almorávide. Marrakech es posterior a la conquista islámica de Ceuta en el siglo VIII en más de tres siglos, y también posterior a Fez (fundada hacia 789 por los idrisíes).

[9] Ibn ʿAbd al-Ḥakam (803-870), una de las primeras fuentes históricas árabes conservadas sobre la conquista del norte de África, ni siquiera utiliza todavía las categorías al-Maghrib al-Adnā, al-Awsaṭ y al-Aqṣā para referirse a estas tierras del Marruecos actual.

[10] Un rey cliente (rex socius et amicus populi Romani, “rey aliado y amigo del pueblo romano”) era el gobernante de un reino formalmente independiente que mantenía una relación de dependencia política y estratégica con Roma, sin que su territorio estuviera necesariamente incorporado a una provincia romana. En la práctica, Roma establecía con estos monarcas una relación de alianza desigual: el rey conservaba su trono, administración y autoridad interna, pero debía mantener una política exterior compatible con los intereses romanos, proporcionar apoyo militar cuando se le requería y reconocer la supremacía de Roma. El rey Juba II (52/50 a. C.–23 d. C.) fue instalado por Roma como rey de Mauretania en el año 25 a. C., después de haber sido educado en Roma. Gobernó un reino que comprendía aproximadamente el actual norte de Marruecos y parte del oeste de Argelia. De Juba II les puede sonar que fue esposo de Cleopatra Selene, hija de la reina Cleopatra de Egipto y del triunviro Marco Antonio, pero este sería un apunte para un programa de esos “del hígado”. Su hijo Ptolomeo de Mauretania heredó el reino y tras su muerte en el año 40 d. C. Roma anexionó Mauretania, que acabó dividida en las provincias de Mauretania Tingitana y Mauretania Caesariensis.

[11] En 40 d. C., Calígula: mandó ejecutar a Ptolomeo de Mauritania, último rey de la dinastía mauritana cliente de Roma. La muerte del rey provocó una rebelión en Mauritania y Roma decidió intervenir militarmente. En 42 d. C., el emperador Claudio sometió el territorio y Mauritania fue incorporada definitivamente al Imperio y dividida en dos provincias, Mauretania Tingitana y Mauretania Caesariensis.

[12] Gran circunscripción administrativa del Imperio romano tardío, creada durante las reformas del emperador Diocleciano, a finales del siglo III dC. Diócesis era una división civil y administrativa. Ceuta no formaba parte de la península Ibérica, pero durante el Bajo Imperio romano la provincia africana de Mauretania Tingitana quedó integrada administrativamente en aquella Hispania. La capital de la diócesis fue Augusta Emerita (Mérida) y estaba gobernada por un vicarius Hispaniarum. La Tingitana estaba separada de Hispania por el Estrecho, pero tenía una relación estratégica muy estrecha con el sur peninsular. La inclusión en la diócesis hispana permitía coordinar mejor la defensa y administración de ambos lados del Estrecho.

[13] En el año 313 los emperadores Constantino y Licinio acordaron en Milán una política de tolerancia religiosa que puso fin a las persecuciones oficiales contra los cristianos y reconoció su derecho a practicar libremente su religión. Además, se ordenó la restitución de los bienes que habían sido confiscados a las comunidades cristianas.

[14] Justiniano I (482–565), emperador del Imperio romano de Oriente. Su proyecto político estuvo marcado por la idea de restaurar la unidad y el poder del antiguo Imperio romano: la llamada Renovatio Imperii. Ocupó territorios en el sureste peninsular y conquistó el reino vándalo del norte de África, amén de guerras contra los ostrogodos en la península itálica.

[15] Procopio de Cesarea (ca. 500–después de 554) fue un historiador, jurista y funcionario del Imperio romano de Oriente que estuvo vinculado directamente al entorno del general Belisario, por lo que conoció de primera mano buena parte de las campañas de Justiniano. Es autor de tres obras fundamentales: Historia de las guerras (De Bellis), donde narra las campañas de Justiniano, incluidas las guerras contra vándalos y ostrogodos; Sobre los edificios (De Aedificiis / Peri Ktismaton), dedicado a las construcciones impulsadas por Justiniano; e Historia secreta (Anecdota), una obra mucho más crítica con Justiniano y su entorno. En el libro VI, capítulo 7, §§14–16 de De Aedificiis, Procopio describe Septem destacando que allí había una antigua fortaleza romana que había quedado abandonada y deteriorada durante el dominio vándalo. Justiniano ordenó restaurar y reforzar las murallas, establecer una guarnición permanente y levantar/consagrar una iglesia dedicada a la "Theotokos"; a la Madre de Dios. Justiniano habría convertido Septem en el “umbral del Imperio” en el extremo occidental. El título Theotokos, para la Virgen María fue solemnemente defendido y reconocido en el Concilio de Éfeso (431), frente a la posición asociada a Nestorio, que prefería para María el término Christotokos (“Madre de Cristo”).

[16] Hidacio de Lemica (c. 400–c. 470) fue obispo de Aquae Flaviae —la actual Chaves, en Portugal— y escribió una Crónica (Chronicon) que continúa la tradición historiográfica de otros eclesiásticos como Eusebio y Jerónimo. Su relato cubre aproximadamente hasta el año 468 y es especialmente valioso porque Hidacio vivió en la propia Hispania y fue testigo de buena parte de los acontecimientos. La investigación moderna destaca que los suevos, vándalos y godos ocupan un lugar central en su obra. La referencia fundamental: el año 411- Hidacio cuenta que, después de la entrada de suevos, vándalos y alanos en Hispania en 409, y tras dos años de saqueos, hambre y epidemias, los pueblos invasores se repartieron las provincias para establecerse en ellas. Su texto latino dice: sorte ad inhabitandum sibi provinciarum dividunt regiones. Vamos, que se las repartieron por sorteo las provincias para establecerse en ellas.

[17] Flavio Belisario (c. 500–565) fue el principal general del emperador Justiniano I y uno de los militares más importantes de la Antigüedad tardía

[18] Procopio —en De Bellis, IV, 5, 6— cuenta que "Belisario envió a otro Juan, uno de sus guardias, a Gadira y al Estrecho de las Columnas de Hércules, para tomar posesión del fuerte que allí llaman Septem”.