Escribo a diario, pero no todos los textos pasan la prueba
del algodón en rama. Algunos, en cuanto los someto a falsación —gracias, Popper—,
se me desmontan por una nimiedad y los aparto. Unos pocos los recupero, adecúo
y puede que lleguen a feliz término y los suba al blog.
Este es el caso de este que hoy nos ocupa, a raíz de toda la
“porsaguera”[1]
que ha levantado el ‘MV Hondius’ y el hantavirus ese que muchos se empeñan en somatizar
bajo la lengua de Shakespeare y lo despotrican como “jantavirus”, con “j”,
mientras al barco le llaman “Hondius” y no “jondius”. ¡País!
Con lo simpática y mudita que es la letra “h” de la lengua
española; la “h” no se corresponde con ningún sonido. Muda, es muda. Cantinflas
era el mejor leyendo la “h”. ¡Que tiempos!
Y a lo que voy.
Pues en la cerveza del domingo 10 de mayo, en la pinada de
Foietes, con el Cross del Doble Amor por montera y tras asistir a la
inauguración del Mundiavocat, hablando de todo un poco con la peña salió a la
palestra lo del ‘MV Hondius’ (Buque a motor Hondius; Motor Vessel Hondius) con
un algo así como “¿hay novedades con el holandés errante”? Y les calló
en gracia.
Eso me dio pie para comenzar y endilgarle su carga de
profundidad a este post…
Que fue en un día de julio, en el Tuinpad de la sureña Terneuzen
—bastante al sur de Holanda, a nada de la frontera belga, en la confluencia de
las aguas del Escalda con la del mar—, cuando me sumergí en la historia de “El
Holandés Errante” (De Vliegende Hollander).
Buscando sombra y
cerveza en un típico barrio neerlandés de callejas antiguas tras la muralla del
siglo XVI di, dimos, con aquel antro —de
tal nombre— dedicado a la memoria del capitán Willem van der Decker, de la VOC
—Compañía Holandesa de la Indias Orientales; Verenigde Oostindische Compagnie—,
que partió de allí un domingo de Pascua —para más INRI; y dicen que— rumbo a
Java[2],
contra los expresos deseos de su esposa y… que jamás regreso; y que por ahí
sigue. Dicen y cuentan que por una maldición.
Eso de hacerse a la mar y no saber del marino era algo
normal en el mundo de la navegación desde la más remota antigüedad. Ya saben lo
que dijo Anarcaris en el siglo VI a.C.: “hay tres tipos de hombres: los
vivos, los muertos y los que se hacen a la mar” porque entran en el limbo
de no saber dónde están y si alguna vez volverán.
Y en el XVII, aunque ir a Java suponía seis meses en la
travesía de ida y otros tantos de vuelta —más el tiempo que estuvieras en la
isla—, imagino que sería como en la monarquía hispánica en la que a partir del
tercer año sin noticias del nauta ya te consideraban “ausente en Indias”; a
partir del sexto año la esposa ya comenzaba a tomar ciertas decisiones legales;
y a partir del décimo cuarto año… comenzaban a tratarla de viuda.
Pues el capitán holandés de mi cerveza —en el bareto
de Terneuzen— y la famosa leyenda estaba en esas, que no volvía y pasaban los
días; y los días, y los años y… y lo mismo es que pasaba algo, porque las
noticias no llegaban.
Con el tiempo se enteraron de que no iba a regresar. Willem
no estaba muerto —que no, que no; ni estaba, como “el chocolate”, tomando cañas—;
estaba maldito y, por ello, errante y no entraría jamás en puerto.
Hay quien les contó a los de Terneuzen —pero no se ponen de
acuerdo quién y cuándo— que la travesía fue terrible con mar gruesa y vientos
en contra que le impedían a Willem doblar el cabo de Buena Esperanza —que por
algo Bartolomeu Días, en 1487, ya lo bautizó como “Cabo de las Tormentas”; y los
holandeses lo llaman “StormKaap”[3]—
con lo que el capitán, hastiado en la
demora, en aquellos tiempos en el que el tiempo de la travesía afectaba al
valor de la carga —y los capitanes competían entre sí—, dicen que se lo tomó muy mal y lanzó un imprudente
juramento.
Nos contaron —siempre había un camata erasmus español
a principios de este siglo por todos los garitos de Europa— que ante las malas
condiciones meteorológicas la tripulación pidió al capitán abandonar la
navegación y refugiarse en la bahía de Mesa (Table Bay), en el extremo norte de
la Península del Cabo, y esperar la mejoría del tiempo para proseguir rumbo.
Pero el capitán dijo que no. Consideró aquello un motín, arrojó al timonel por
la borda —asesinato puro y duro; para que nada falte— y juró: “Por Dios o por
el Diablo que rodearé el cabo aunque tenga que navegar hasta el día del Juicio
Final”… y ambos dos le tomaron la palabra, con lo que el barco quedó maldito y la
tripulación confinada en él por los tiempos de los tiempos, condenados en
conjunto a navegar por los mares —eternamente— sin poder llegar nunca a puerto… y eso
es lo que hacen: vagar errantes.
Y por ahí siguen —cuentan— persiguiendo puerto, como el “MV Hondius”
ha estado y cuando escribo esto sigue en ello —dicen— camino del de Rotterdam.
Frederick Marryat un británico, marino y escritor practicante
de lo que se llamó ‘novela gótica’, en 1839 publicó “The Phantom Ship”/”El
barco fantasma” que cuenta la
leyenda de “El holandés errante” y en la que el protagonista es Philip, el hijo
del capitán Willem, que se entera de la película a la muerte de su madre. El
padre no va a volver, está maldito; y nadie se lo había dicho hasta ahora para
no turbarle su mocedad. Total: que sale en su búsqueda y encuentro —en otro
barco de la VOC, naturalmente—, con una reliquia de la Vera Cruz, con ánimo de
redimirle, pues un padre es un padre. Hasta da con él, pero no puede rescatarlo
y redimirlo porque las fuerzas del mal son muchas y muy gordas: ¡un fracaso! Aunque
Philip tiene el alegrón de una aventura-rollete con Amine, la hija de un
personaje rarísimo y muy holandés de la época. El caso es que Philip regresa a
Terneuzen marcado por la tragedia y convencido de que “el holandés errante”, su
padre, en “el holandés errante”, el barco con velamen rojo, seguirá surcando
los mares, salpicando mal fario como espuma, por toda la eternidad.
¡Vaya!, ya les he despanzurrado el libro. Bueno, uno por
otro. Sé que de buena tinta que ha habido quien ha pedido a Schopenhauer en la
biblioteca… lo mismo aprende a insultar.
Este “holandés errante”, antes de perjurar y enemistarse con
Dios y con el diablo y entrar en la leyenda, pretendía doblar el cabo de las
Tormentas y navegar hasta situarse en los “cuarenta rugientes”, los fuertes
vientos que soplan entre los 40 y 50 grados de Latitud Sur, y entrar en la Ruta
Brouwer[4]
que era más eficaz para la travesía que la del monzón[5]
que habían seguido árabes y portugueses en aquellos derroteros para llegar a la
isla de Java. Se hizo famosa esta ruta porque los holandeses sabían exactamente
dónde arrumbar al norte para subir hasta Java: a la altura de la Isla
Amsterdam. Los británicos, que conocían también —más o menos— la ruta, la
llamaron Ruta Meridional, pero al ignorar la latitud de la isla Amsterdam, tras
la que debían caer al norte, se daban de bruces contra las Tryals Rocks —con
una larguísima lista de naufragios— de lo que luego llamaron Australia. También
les sirvió para descubrir el islón-continente que es; una cosa por otra.
A estas alturas del Post sigo recomendando la visita a
Terneuzen y la buena cerveza de aquel tugurio: holandesa y belga, que había de
la dos. Y ya puestos, les añado que, en un viejo canal, al borde del
Herengracht, pueden contemplar la sólida estructura de un barco allí sólida y
estáticamente plantado, que fuera del aquel espacio es errante; pero allí está varado
en medio del agua y es —dicen— un atractivo turístico. Y, desde luego, viendo
las aguas del Escalda y aquel barrizal de costa comprendo que prefiera seguir
errante y no entrar en puerto. Al menos, aquel día que estuvimos por allí
aquellas aguas invitaban más a disfrutar una espléndida Brugse Zot, marrón,
espesilla y bien fermentada.
Las velas del “Holandés errante” son rojas, como luz
fantasmagórica en la noche, cuando algunos han creído verlas. Hay varios
relatos que hasta el siglo XIX se dieron por buenos de navegantes que se dieron
de bruces con el “Holandés errante”; incluso el futuro Jorge V —rey de Inglaterra y emperador de la
India—, cuando joven cadete en el HMS “Inconstant”, su preceptor sostiene que,
lo vio ante sus ojos, en 1881, en el Estrecho de Bass[6].
Y errante sigue, y colorado, manteniendo supersticiones marineras
Y ya va siendo hora de entrar en materia.
Si rojas —cuentan— eran y son las velas de “El holandés
errante”, azul —hemos visto— es el casco de ‘MV Hondius’… ¿Homenajearán así en
el siglo XXI al cartógrafo holandés Joost de Hondt, latinizado como Jocodus
Hondius? Pues sí. El barco que ahora nos trae a este post, el del casco azul,
lleva el nombre del cartógrafo De Hondt, el más grande de su época. Sus “Mercator”
era únicos[7].
Hondius era natural de Gante… lo que me lleva al canal Terneuzen-Gante que es
una joya para disfrutar; hay un montón de trayectos disfrutones.
¿Es que no voy a poder salir de Terneuzen y avanzar? Aquel,
errante; y yo, anclado en Terneuzen
A lo que iba.
El MV Hondius[8]
es un buque de expedición clase Polar 6[9]
(LR PC6), lo que le permite navegar en aguas cubiertas de hielo de primera y
segunda generación[10].
Y lo que sabemos: el 20 de marzo, el buque MV Hondius de la
compañía Oceanwide Expeditions zarpó desde Ushuaia (54°48'31.14"S
68°18'10.20"O; Argentina), con 149 personas de 23 nacionalidades, haciendo
varias paradas hasta regresar de nuevo a Ushuaia. De estas "varias
paradas" por mares antárticos nadie nos dice nada.
El 1º de abril el MV Hondius reemprendió la marcha desde el
puerto argentino con 89 pasajeros y 63 tripulantes y siguió un itinerario
Atlántico Sur arriba, con múltiples escalas en islas remotas y ecológicamente
diversas: Georgia del Sur, Nightingale, Tristán de Acuña, Santa Elena y Ascensión
rumbo al archipiélago Cabo Verde.
El día 3 estaban en el Pasaje de Drake, antesala de la Antártida.
Y aunque se llame así, el corsario británico nunca lo atravesó. El primero en
hacerlo fue el holandés Willem Schouten en 1616. Tiene poco que ver este ancho
brazo de mar más allá de sentir la fuerza de las olas y del viento pues el mar
allí condensa la historia del desafío humano frente a la naturaleza. Pero hay
gente pa tó, como dijo el torero Rafael “el Gallo” cuando le presentaron
al filósofo Ortega y Gasset, de nombre José.
El 6 de abril desde el MV Hondius informan de un pasajero
con problemas (diarrea, fiebre y dolor de cabeza); fallece el 11. Era un
holandés, Leo Schilperoord; un biólogo de 70 años especializado en observación
de aves y apasionado por la naturaleza. A la cámara frigorífica que me meten. Había
embarcado junto a su esposa, Mirjam Schilperoord-Huisman, luego de recorrer
durante varios meses distintos destinos de Sudamérica. Residían en Haulerwijk,
en la norteña Frisia holandesa, y el interés de la esposa era llegar cuanto
antes a Johannesburgo y embarcar el cadáver de su marido en un vuelo a Holanda.
Con el señor Schilperoord fallecido, el siguiente “puerto”
al que arriban crucero y cruceristas —13 de abril— es Tristán de Acuña, una
islita volcánica de 98 kilómetros cuadrados y habitada por poco más de 200
personas —que entre ellas mantienen sólo 8 apellidos distintos— en un enclave
urbano que llaman Edimburgo de los Siete mares que tiene un puertecín chiquito
que con el ampuloso nombre de Callshot Harbor en el que jamás podría entrar el MV
Hondius. Tristán de Acuña es la llamada “isla más remota del mundo” porque está
a 2.400 kilómetros de Ciudad de El Cabo y a 3.360 de Río de Janeiro. La tierra
firme más cercana es la isla de Santa Elena, a ‘tan solo’ 2.700 kilómetros.
Es una islita lluviosa, ventosa, fresquita, brumosa, con muchos
días nublados, veranos cortos e inviernos largos, donde se pescan muchas
langostas —langosta de San Pablo— y la principal actividad económica reside en
la venta de sellos de correos, muy valorados entre los coleccionistas debido a
la singularidad de su procedencia[11].
Pues muy interesante debió parecerles la “parada” porque allí permanecieron fondeados
también todo el día 14, con don Leo a bordo y doña Mirjam incubando y, parece
que, infectando un poco todo aquello. Ah, Tristán de Acuña tiene un campo de
golf, leo en un prospecto de Internet, por si se animan.
Casi un mes después, una vez que todo se supo y se montó el
revuelo consiguiente, un posible caso entre los isleños con síntomas
compatibles de estar infectado de hantavirus provocó que el Reino Unido montara
un operativo militar que voló casi 10.000 kilómetros, desde la base de Brize
Norton, para lanzar en paracaídas —recuerde: no hay aeropuerto— a dos médicos y
a otros seis militares, así como equipo específico y oxígeno que, esperemos, no
haya tenido que ser utilizado, porque no encuentro más referencias. Buscando, sí
que he encontrado la historia de William Glass[12]
que murió en 1853 y dicen que ha sido la única muerte por enfermedad letal que
allí se ha producido.
Regreso al MV Hondius, que vuelve a navegar el 15 de abril,
con extraño rumbo SSE y es cuando el médico del barco ya reseña un grupo de pasajeros
con fiebre y síntomas respiratorios similares. Una evaluación inicial sugirió
una posible enfermedad viral; aún no se había llegado a un diagnóstico
definitivo, pero el caso que el MV Hondius, a las pocas horas de navegar, vuelve
a arrumbar al Norte, como estaba inicialmente previsto, hacia la isla de Santa
Elena a la que llegan el 22 de abril. Han viajado 11 días con el cadáver del
“paciente cero” en el congelador y mientras tanto la esposa ha ido
desarrollando la enfermedad y trasladándola por el barco. En Santa Elena
tampoco hay puerto; deben fondear en la bahía de Jamestown. Un poco más al
norte está el muelle de Ruperts, un espigón para pequeños mercantes donde no
recala el MV Hondius.
Para gustos los colores. La isla de Santa Elena, de 122 km2,
es famosa porque sirvió de prisión a Napoleón Bonaparte y está a 1.950
kilómetros de la costa de Angola; como para ir a nado. Se abastece por barco,
desde Ciudad del Cabo, en una travesía de 5 días de ida y otros tantos de
vuelta. Esto ya es otro nivel. Santa Elena tiene hasta policía: el Real
Servicio de Policía de Santa Elena (RSHPS) que se ocupa de esa isla y de las islas
“cercanas” de Ascensión (a 1.300 km) y
Tristán de Acuña (a 2.700 km). No creo que vayan mucho a patrullar, pero es
solo una opinión; mi opinión.
Santa Elena vive del turismo (de visitar Longwood House y el
Pabellón Briars, donde estuvo prisionero Napoleón) y —esto ya se está
convirtiendo en manía— de las ediciones de sellos. Desde 2017 tiene aeropuerto
y la sudafricana Airlink tiene un vuelo semanal con Johannesburgo; y desde allí,
al mundo.
El 24 de abril, viernes, antes de zarpar de Santa Elena, del
MV Hondius desembarcan el finado y su esposa —y una treintena de pasajeros más
que daban por concluido su viaje[13]—
que embarcarán al día siguiente, sábado, en el vuelo de Airlink a Johannesburgo,
al aeropuerto OR Tambo. Suben al avión 82 pasajeros; hay seis tripulantes a
bordo. La señora ya mostraba evidentes síntomas de estar afectada. Tras cinco horas
de viaje aéreo intentó tomar el vuelo de KLM que la llevara a Amsterdam, pero
su estado de salud ya le impidió volar y terminó hospitalizada en
Johannesburgo, donde falleciendo el día 26.
¿Dónde pernoctó el 24?; ¿se ha tomado alguna medida por
allí? Mirjam ya bajó “tocadita” del MV Hondius. Y a los demás pasajeros del
crucero que desembarcaron se les ha intentado seguir la pista…
Desde Santa Elena también hay un vuelo (al mes) a la isla
Ascensión, otra rareza de la naturaleza que alberga una base aérea británica
que le proporciona casi un millar de almas entre miembros de las fuerzas
armadas británicas y de los Estados Unidos y sus contratistas civiles. Hasta
allí había volado un pasajero del MV Hondius que el día 27, ante su estado de
salud, es evacuado a Johannesburgo. The Guardian reflejó su evolución positiva,
desde crítico estable a mejoría, pero desde el 7 de mayo no hay referencias a él
sin haber trascendido datos personales y si hubiera abandonado la hospitalización
y regresado al Reino Unido. Aquí me pierdo.
El MV Hondius siguió navegando rumbo norte en el Atlántico y
el sábado 2 de mayo, llegando a las Islas Cabo Verde se notifica el
fallecimiento de una ciudadana alemana de 78 años que presentaba síntomas
respiratorios compatibles con un síndrome pulmonar grave. Fallecida en
navegación, al congelador.
La OMS recibe entonces la primera comunicación sobre la
situación y se activan las alarmas.
El domingo día 3 fondea el MV Hondius en Praia, Cabo Verde,
y se toman las primeras muestras del barco, quedando fondeado en la bahía a la
espera de instrucciones internacionales.
Ante el revuelo internacional y las sospechas de enfermedad vírica
contagiosa, Cabo Verde deniega el lunes día 4 la entrada del buque a puerto
alegando motivos de “Salud Pública”.
Con el MV Hondius frente a Praia, la OMS confirma tres
fallecimientos y siete casos a bordo: dos confirmados y cinco sospechosos. Se
iniciaron entonces labores de rastreo de contactos para los pasajeros que habían
desembarcado en Santa Elena el 24 de abril, nueve días ya desparramados por el
mundo. Se habla de un hantavirus[14];
falta conocer la cepa.
El miércoles día 6 de mayo, la agencia filipina de noticias
GMA News, avanza que se trata de la cepa Andes, tras analíticas del Instituto
Nacional de Enfermedades Transmisibles de Sudáfrica y el Hospital Universitario
de Ginebra, Suiza. Había 38 tripulantes de nacionalidad filipina en el MV Hondius;
ninguno de los cuales ha dado positivo ni manifestado síntomas hasta la fecha. De
ellos, 24 fueron desembarcados en Granadilla y 14 siguen a bordo en su moderno
holandés errante hasta el puerto de Rotterdam.
Cabo Verde es un archipiélago volcánico (de la gran región
macaronésica, donde están las Canarias) de diez islas[15]
frente a las costas de Senegal y frente al Cabo Verde, el punto más occidental
de África; se independizó de Portugal en 1975. Ahora mismo es uno de los países
más desarrollados y libres de África, sumando una superficie de 4.000 km2 y una
población ligeramente superior a los seiscientos mil habitantes. Eso sí, hay
más de medio millón de caboverdianos que viven fuera del territorio insular, principalmente
emigrados de la etapa de gobiernos de corte socialista revolucionario —gobiernos
de partido único— que felizmente terminó en los últimos compases del siglo XX.
Ahora se centran en los servicios y el turismo. No me ha dado tiempo a
comprobar si la venta de sellos es tan importante como en las otras islas más remotas;
no semos perfectos.
La cuestión, recordemos, entró en efervescencia el lunes 4 de mayo; desde ese día el mundo entero habla
ya de la peligrosidad del hantavirus “Andes”[16].
El martes 5 fue de infarto en teletipos. Esa noche se adopta la decisión del
que el MV Hondius recale en Canarias. Se alude al cumplimiento del Derecho
Internacional y el espíritu humanitario. No se señala puerto alguno. El
presidente canario sale en tromba. Clavijo denunció que Canarias conoció parte
del operativo por medios de comunicación, que pidió informes técnicos y PCR
previas y que no obtuvo respuestas claras. El Gobierno defendió que la
operación estaba coordinada con OMS, la UE y con “las autoridades canarias”.
¡Olé!
Mientras tanto, en Cabo Verde ha habido que evacuar de inmediato
a dos pasajeros y al médico de a bordo. Los tres presentaban síntomas extremos
y se consideró que no deben seguir a bordo.
Cabo Verde organizó de inmediato una evacuación médica
internacional mediante corredores sanitarios, ambulancias aéreas y coordinación
con Países Bajos, Reino Unido —de donde eran los evacuados— y la OMS.
No sé por qué, sólo aterrizó en el ‘Nelson Mandela’ de Praia
un pequeño avión ambulancia, pero había posibilidades de cualquier avión.
El “pequeño avión ambulancia” este será el que emprenda el
vuelo hacia Amsterdam reclamando permiso para repostar y escala técnica en
Casablanca, que Marruecos se niega a autorizar. Fue desviado a Canarias donde
después salió a la luz que se había roto la burbuja de seguridad, lo que retrasó
el despegue tras el repostaje. Esto ya ocurre, como digo, el miércoles 6 de
mayo, día en el que el Gobierno español anuncia que el buque MV Hondius llegará
a Canarias en tres días —el 9 de mayo, sábado— y garantiza que no supondrá
ningún riesgo para la población ni para la actividad económica[17].
Por cierto el aeropuerto de Praia tiene vuelo regular con
Casablanca, Marruecos. Ahí lo dejo; por lo de los primos del Sur.
Además, este aeropuerto caboverdiano está conectado
regularmente con los de Lisboa, Oporto, Charles de Gaulle (París), Zurich,
Luxemburgo y Recife (Brasil), amén de los de Guinea-Bisáu, Lomé (Togo) y Dakar
(Senegal). ¡Vaya, por Dios!
A pesar de esa capacidad demostrada por el Sistema de Salud
caboverdiano[18],
se decidió que el barco siguiera hasta España. La agencia de noticias china Xinhua[19]
reportó la capacidad sanitaria de Cabo Verde e incluso señaló la capacidad de
recogida y trámite de las muestras biológicas que se enviaron por avión a
distintos laboratorios.
Dicho esto, señalemos que la cosa se había complicado más
cuando el jueves día 7 Reuters informa de que un pasajero suizo que desembarcó
en Santa Elena había dado positivo y que una azafata de KLM había sido
hospitalizada en Holanda tras haber estado en contacto con la mujer fallecida
en Johannesburgo, a la que no se le permitió acceder al avión.
Y no vean la que se armó cuando el viernes 8 de mayo la
agencia de salud de la ONU confirmó al menos cinco casos de hantavirus
vinculados al crucero MV Hondius. La BBC informó de que una docena de países
participaban en el rastreo de pasajeros potencialmente expuestos.
Resulta que las autoridades sanitarias mundiales estaban
coordinando una respuesta multinacional para identificar y monitorear los
contactos del brote.
El NY Times intentó poner cordura con un editorial tranquilizador
pero en España la noticia alarmante fue que una mujer de 32 años ingresó con
síntomas en Alicante, al tiempo que en Cataluña se identifican otros dos
contactos estrechos vinculados al vuelo de la aerolínea holandesa. Entonces
aparece el Ministerio de Sanidad y anuncia cuarentena obligatoria para los
españoles del MV Hondius en el Hospital General de la Defesa, el Gómez Ulla de siempre.
Esto se estaba poniendo tenso.
Como el recuerdo del Covid está muy presente aquí no se para
de dar pábulo a todo y ese sábado 9 de mayo la Justicia ratifica en España la
orden de cuarentena que había sido puesta en entredicho por aquello de la
libertad individual y todo eso.
Y como no hay dos sin tres, hasta en el caso de las
noticias, el director de la OMS, Tedros Adhanom, se nos planta en Tenerife tras
reunirse con Pedro Sánchez —se dijo que— para supervisar el operativo, junto a
cuatro ministros del Gobierno. La ministra de Sanidad ya habla “de un puerto
cercano con capacidad técnica” que sería una de las islas Canarias como
destino del moderno holandés errante. El show en España ya estaba montado.
Estaba claro —se insistía— que para aislar y hospitalizar un
gran número de personas potencialmente infectadas Cabo Verde no estaba
preparado; ¡pero Canarias tampoco!
Hasta ahora no hay ni documentos filtrados, ni correos, ni
testimonios internos verificables, ni investigaciones periodísticas sólidas que
evidencien un cambalache OMS-Pedro Sánchez, pero desde 2020 España lleva
medrando para tener un sillón confortable en la OMS y a nadie se le escapa la voluntad
española de mostrarse como actor sanitario internacional fiable basado en un cálculo
político sobre imagen y liderazgo exterior. Y con la que está cayendo más. Y la
OMS, desde que Trump le dio la espalda, está ávida de cariños (en dólares,
mejor).
El día anterior, el viernes 8 de mayo, el presidente canario,
Fernando Clavijo Batlle —a lomos del caballo del general Espartero—, salió en
tromba y aseguró que no autorizaría el atraque en puerto canario alguno del MV
Hondius por la falta de garantías sanitarias y los retrasos en los vuelos de
evacuación programados (ya sabía algo más). Al mismo tiempo, manifestaba su
rechazo a mantener pasajeros asintomáticos más tiempo a bordo —¿en qué
quedamos? — y destacaba el temor a un posible riesgo en la isla por la innata
capacidad natatoria de los roedores —¡marditos roedore!— como vehículos de
transmisión del hantavirus que ha sacado a redes sociales tantos reels, algunos
divertidos. Madrid, por su parte y en plena batalla política, insistía en que,
como decía Tedros en su epístola a los tinerfeños, el riesgo epidemiológico era
muy bajo, no había roedores detectados a bordo (como si llevaran un cascabel
para anunciar su presencia) y que el puerto industrial de Granadilla era el
lugar más seguro del mundo mundial.
El sábado 9 de mayo —recordemos, insisto— llega el momento
más tenso del conflicto: el Estado utiliza la Ley de Puertos y ordena el
operativo pese a la negativa canaria. La Dirección General de la Marina
Mercante firma una resolución obligando a aceptar el buque en Tenerife.
Fernando Clavijo estalla diciendo que se trata de una “imposición”, que es una “falta
de respeto institucional” y que con ello se hace efectivo un desplazamiento del
Gobierno autonómico del mando real del operativo.
Es que ese mismo 9 de mayo, Tedros, el director general de la
OMS, se había dirigido a los tinerfeños[20],
como epístola moral a Mariluz, diciéndoles que este bicho “no es otro
COVID… el riesgo es bajo”. Pues si no es otro COVID y el riesgo es
bajo, ¿por qué haber sometido al pasaje al extra del viaje Cabo Verde a
Granadilla con el que convivieron en el holandés errante de posible atmósfera
constreñida?
Y oírle a la doctora Diana Rojas, jefe de operaciones de la
OMS, soltar la parida de que lo mismo en Cabo Verde no disponían de 150
termómetros para tomarle la temperatura a los pasajeros y tripulantes a evacuar,
sabiendo como sabemos de la existencia de los termómetros digitales e
infrarrojos —sin contacto—, es confirmar que te toman por un imbécil más,
gracias a que hay un altísimo número de imbéciles dispuestos a aceptar lo que
les dice el que manda de turno.
Y vuelvo a la misiva de Tedros, que tiene miga. Insiste en decirle
a los tinerfeños —negro sobre blanco— que el riesgo “es bajo”,
destacando que “esta es la evaluación de la OMS, y no la hacemos a la
ligera”.
Pues verde y con asas, ¡alcarraza! No los traigas a Tenerife,
que allí en Cabo Verde, en Praia, había puerto —que ha ampliado la española Sacyr—
y aeropuerto; y capacidad de hacer PCR y mandarlas fuera, por avión. Si, lo mismo que aquí. Vamos que me acuerdo de
Carlos Cano —la letra es de Antinio Burgos—, con Cádiz y La Habana: La Habana
es Cádiz con más negritos; Cádiz es La Habana con más salero. Cambien La Habana
y Cádiz por Praia y Granadilla.
De la misiva lo que más me intranquilizó, y lo hizo en grado
supino, es que dijera “la OMS está con ustedes” —¡Vaya por Dios!,
de nuevo— y que recalcara que “a los virus no les importa la política ni
respetan las fronteras” —cosa que ya sabíamos, Sire—, para culminar con
un “La mejor inmunidad que podemos tener es la solidaridad”.
Sin palabras: Resulta que la mejor inmunidad es la
solidaridad. Esto tiene un toque filosófico de no te menees, Manuel, pero excede
de mi capacidad cognitiva
El domingo 10 de mayo el MV Hondius entra en el dique de
Granadilla a las 06:05 horas. Comienza el show, sabiamente retransmitido. Hay
expectación. La UME coordina el traslado de los 14 españoles hacia el
aeropuerto Tenerife Sur para su posterior ingreso en el Gómez Ulla. El resto de
los pasajeros internacionales son repatriados por tandas y grupos en aeronaves
fletadas por sus respectivos países. El desembarque comenzó según el orden de
salida de los vuelos de regreso a casa, que había comenzado por los ciudadanos
españoles. El primer vuelo de evacuación despegó a las 13:31 hora local. Al
anochecer, habían partido siete vuelos de evacuación, transportando a 94
pasajeros de 19 nacionalidades a seis destinos europeos y Canadá. Todos los
viajeros fueron escoltados a tierra por personal con equipo de protección
integral. Otra cosa es la historia de los viajeros y de algún psicólogo
ministerial y su equipillo de plástico. Pero como esto iba de show, no
hablamos.
Clavijo acusó al Gobierno de “ocultar información”, de “actuar
con arrogancia, prepotencia y caciquismo”, de “minimizar riesgos y negar PCR
porque ya conocían contagios positivos”. El Gobierno respondió acusando a
Clavijo de “alarmismo”, criticando su teoría de los “ratones nadadores” y calificando
algunas decisiones de “irracionales” o “sin lógica”.
Y ese mismo día 10, domingo, se reportó en Cataluña un nuevo
posible caso y en Estados Unidos apareció un “positivo leve”; además, un francés
dio positivo con una rápida progresión de la enfermedad. Se informó que en, al
menos, siete estados de EE. UU. estaban monitoreando a los contactos
repatriados para detectar posibles contagios. El lunes 11 de mayo el primer
ministro francés habló de cinco franceses del MV Hondius en cuarentena y, por
fin, llegan los 16 norteamericanos al Centro Médico de la Universidad de
Nebraska, ingresando uno de ellos en la unidad de biocontención al tiempo que
enviaron a otros dos al CDC de Atlanta. A la vista de la situación se pidió a todos
los que bajaron del MV Hondius un mínimo seis semanas de cuarentena.
El martes12 de mayo Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general
de la OMS salió a la palestra calificando la operación como una respuesta
internacional exitosa, aunque insistiendo en que el riesgo es bajo. Aquí
nos quedamos con lo primero y nos faltó encargar una peli a Hollywood. En su
comunicado, Tedros, resumió: “se ha pasado de la respuesta marítima activa a
la vigilancia posterior a la evacuación, con las autoridades sanitarias
nacionales a cargo del rastreo de contactos y el aislamiento de los casos
confirmados y probables en los países de destino”.
Mientras tanto el moderno holandés errante sigue navegando…
Aquí, en la vieja piel de toro, islas adyacentes y plazas de
soberanía, Clavijo salió a la palestra diciendo que Canarias “estudia
recurrir judicialmente la actuación estatal, aunque mantiene la cooperación
institucional”; vamos que no romperá relaciones con el Estado después de “lo
que han hecho”, pero dijo que el próximo fin de semana —este es el de las
elecciones andaluzas— Coalición Canaria analizará “si hubo invasión
competencial y fallos de coordinación”. Clavijo mantiene que Canarias fue
tratada “como una colonia”, pues se impuso la una decisión desde Madrid y que
se le “ocultó información epidemiológica sensible”. Por su parte, el Gobierno insiste
en que “el operativo fue un éxito” —¡Cómo no! —, la coordinación existió —¡faltaría
más! — y que “Canarias acabó colaborando plenamente”.
Las PCR son la pieza angular. Aprovechando la disputa de
Clavijo con Madrid a este respecto, el presidente canario y varios expertos
argumentaron que sí era posible montar capacidad diagnóstica temporal en Cabo
Verde, tanto en tierra como en el propio barco, al que la OMS desplazó un
médico y equipo. El apoyo científico vino del parasitólogo Basilio Valladares quien
afirmó públicamente que “sí se podían hacer PCR” en Cabo Verde y que la OMS
había desplegado laboratorios de campaña en crisis sanitarias más complejas y
que no habría habido problema en esta. Casi se lo comen las terminales
garantistas gubernamentales.
No hay duda de que Cabo Verde podía hacer las pruebas y
remitirlas a otros laboratorios mientras no llegara uno de la OMS. De hecho, así
lo hicieron y hasta se analizaron algunos casos allí[21].
La única controversia es la de si Cabo Verde podía haber realizado allí, in situ,
un cribado masivo fiable y rápido de todo el barco.
El Gobierno sostiene que no y varios expertos nacionales e
internacionales dicen sí.
Aquí en España, en Granadilla, no se ha hecho el famoso
cribado.
Ustedes mismos… porque el hecho de que después hayan aparecido
positivos en pasajeros evacuados desde Tenerife alimenta aún más el capítulo de
críticas y la sensación de que el control previo fue absolutamente insuficiente
y teatral en territorio europeo.
A la vista de lo investigado llego a la conclusión de la
izquierda española tiende a aceptar el consenso científico únicamente cuando
coincide con sus posiciones ideológicas.
Este moderno holandés errante sigue navegando; pero lo
tenemos controlado. Salió el 11 de mayo del puerto de Grandilla a las 18’07
horas, en nada estará a la altura del puerto francés de Brest… y en un par de días,
a este andar, dejará de ser errante y me chafará el Post.
Aquí lo dejó pues. Mucho ruido para estar en el candelabro.
[1]
Polvareda;
versión del panocho murciano que en tierras valencianas se convierte en
polsaguera. Pues por eso.
[2]
Siglo
XVII: Holanda alcanza su apogeo como potencia comercial, dominando el comercio
mundial y estableciendo un imperio global. La Bolsa de Ámsterdam, fundada en
1602, se convirtió en el centro financiero del mundo, facilitando las
inversiones y el comercio internacional; La Compañía Holandesa de las Indias
Orientales (VOC), fundada también en 1602, fue la primera empresa multinacional
de la historia. Dominó el comercio con Asia, estableciendo colonias y
monopolizando el comercio de especias. La Ruta Holandesa fue un fenómeno
histórico que transformó el mundo. El imperio comercial holandés, basado en el
comercio marítimo, la innovación financiera y la colonización, proyectó el
poder de Holanda a nivel global. Aunque el imperio holandés declinó en el siglo
XVIII, su legado sigue presente en la historia del comercio mundial y en las
relaciones entre las naciones. La gran isla de Iabadiu o Jabadiu ya fue
mencionada en la Geographia de Ptolomeo (siglo II). En 1596 arribaron a Java
nueve navíos neerlandeses al mando de Jacobo Neck. Las fuerzas neerlandesas
expulsaron a los portugueses e ingleses, que ya habían hecho algún conato de
colonización. En 1619 el general Coen edificó la ciudad de Batavia y situó allí
el cuartel general de la VOC que puso fin al monopolio portugués del comercio
de las especias, asumiéndolo Holanda a partir de entonces.
[3]
Juan II de
Portugal, en cuanto Vasco da Gama llegó a la India (1497), le cambio el nombre:
Cabo de Buena Esperanza. La esperanza de llegar a esas nuevas tierras en el
viaje de ida y de regresar a Portugal en el retorno. Aunque no es la punta sur
de África, honor que le cabe al Cabo Agulhas, a 90 millas al ESE
[4]
El
navegante holandés Hendrik Brouwer la desarrolló a partir de 1611 para alcanzar
las costas de Java.
[5]
Viento
estacional y periódico que cambia drásticamente de dirección entre el verano y
el invierno. En verano (de mayo a octubre; de S y de SW) soplan desde el océano
Indico hacia la masa continental asiática a la que llegan cargados de humedad y
provocando aguaceros; en invierno(de octubre a abril); vientos del NE, del
continente al mar. Muy buscados en la antigüedad por los navegantes que subían
por la fachada oriental africana (por el Canal de Mozambique) o bajaban por
ella en función de la estación meteorológica.
[6]
Separa la
isla de Tasmania de la costa meridional de Australia; unos 240 km en el punto
más ancho.
[7]
En 1604
compró las planchas del Atlas de Gerard Mercator a uno de sus nietos. El
Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius era el best seller de la época.
Pero Hondius publicó de nuevo la obra de Mercator con 36 mapas adicionales,
incluyendo varios que él mismo había producido. Dio el crédito completo como
autor del trabajo a Mercator, quedando él mismo como editor. La nueva edición de
Hondius del trabajo de Mercator fue un gran éxito. Hondius publicó más tarde
una segunda edición, así como una versión de bolsillo, el Atlas Minor. Los
mapas se han convertido desde entonces en la conocida como «series de
Mercator/Hondius».
[8]
MV Hondius
ofrece alojamiento para 174 pasajeros en una espaciosa suite (35 metros
cuadrados), seis grandes suites con balcones (27 metros cuadrados), ocho junior
suites (19 a 20 metros cuadrados), ocho cabinas superiores (20 a 21 metros
cuadrados), 11 cabinas de lujo dobles, (19 a 21 metros cuadrados) y 14 salas.
Dispone de una cubierta con en un gran salón de observación y una sala de
conferencias reservadas para una amplia variedad de talleres interactivos y
exposiciones. particulares del buque.
[9]
PC6, según
la clasificación del Lloyd’s Register
[10]
Un hielo
de primera generación (first-year ice)Es hielo marino que se forma durante un
solo invierno, tiene menos de un año de antigüedad, suele ser más fino y menos
duro y normalmente mide entre unos pocos centímetros y alrededor de 2 metros de
espesor. Es el típico del Océano Ártico. Un hielo de segunda generación
(second-year ice) es hielo que ha sobrevivido al menos un verano de deshielo,
tiene más de un año, ha perdido salinidad y se vuelve más compacto y resistente
y suele ser más grueso y peligroso para la navegación. El hielo de primera
generación puede ser atravesado por buques con cierta clasificación polar
mientras que el de segunda generación requiere cascos reforzados o rompehielos.
[11]
postoffice@tdc-gov.com
or phone: (44) 0203 014 5103; https://www.tristandc.com/postoffice.php
[12]
Aunque
Thomas Corrie es reconocido el primer británico que se asentó en Tristán de
Acuña, el asentamiento comienza con William Glass, un cabo de Artillería del
Ejército británico integrante de la expedición enviada en 1816 a controlar la
isla en una expedición militar (72 hombres del 21er Regimiento de
Dragones Ligeros y la Artillería Real, transportados a bordo del HMS Falmouth,
que llegó el 28 de noviembre de 1816, bajo el mando del capitán Josias Cloete).
Con ellos fueron caballos de transporte artillero, ovejas y pollos. Tras la
operación, la unidad volvió a Ciudad de El Cabo permaneciendo parte del ganado
en la isla. El 7 de noviembre de 1817, el teniente Henry James Aitchison,
comandante saliente de la isla, otorgó permiso formal al cabo William Glass, y
a los soldados Samuel Burnell y John Nankivel, para que junto a sus familias y
otros cinco hombres marcharon a la isla y permanecieran en ella, permitiendo
así el establecimiento del primer asentamiento civil permanente. Glass regresó
con su esposa sudafricana -María Magdalena Leenders- y a sus dos hijos
(entonces). Planteó un pacto al que se suscribieron todos basado en la igualdad
y la solidaridad más absoluta de trabajo, responsabilidades y beneficio, libre
de jerarquías, centrados en la agricultura, la pesca de langostas y la caza de
focas bajo principios de propiedad comunal y estricto control para evitar
sobrepastoreo y sobrepesca. En 1827 solicitó al duque de Gloucester el envío de
mujeres a la isla; y llegaron 5 mulatas desde la isla de Santa Helena. Glass
tuvo 16 hijos; En 1854 sumaban ya 34 habitantes. Diseñó una serie de leyes para
la isla basadas en el pacto inicial que siguen vigentes. Murió en 1853, a los
67 años, cuando la isla era conocida como la Edimburgo de los Siete Mares. Los
222 residentes actuales de Tristan da Cunha (a noviembre de 2025) son
descendientes directos de él y su esposa, preservando una identidad cultural
única. Abogó por la atención religiosa a la comunidad en 1848, lo que propició
el nombramiento del reverendo William F. Taylor en 1851.
[13]
No se
ponen muy de acuerdo las fuentes entre si desembarcaron 23 o 29 pasajeros, y el
finado, y volaron a Johannesburgo, sin saber que se estaba desarrollando un
brote de hantavirus a bordo. Entre los destinos posteriores figuraban
Australia, Taiwán, Estados Unidos, España, Suiza y los Países Bajos.
[14]
La
enfermedad por hantavirus es una zoonosis emergente producida por virus ARN
pertenecientes a la familia Bunyaviridae
[15]
Islas de
Barlovento (al norte): Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia (deshabitada), São
Nicolau, Sal y Boavista; Islas de Sotavento (al sur): Maio, Santiago, Fogo y
Brava. La capital del país es Praia, en la isla de Santiago, la más grande del
archipiélago. Su parte antigua, Ciudad Velha, es el primer núcleo urbano
europeo en los trópicos y Patrimonio de la Humanidad. La segunda ciudad en
importancia es Mindelo, en la isla de São Vicente, conocida por su animada vida
cultural y su famoso carnaval.
[16]
El virus
Andes es la única especie de hantavirus capaz de transmitirse de persona a
persona de forma limitada mediante contacto estrecho y prolongado
[17]
https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Paginas/2026/060526-reunion-seguimiento-mvhondius.aspx
[18]
El sistema
de salud de Cabo Verde opera bajo un modelo de dos niveles, con instalaciones
públicas financiadas a través del Servicio Nacional de Salud (SNS) y un sector
privado en crecimiento principalmente en centros urbanos. El país ha logrado un
progreso notable en indicadores de salud pública desde su independencia en
1975, con una esperanza de vida que alcanza los 73 años, por encima del
promedio africano de 63 años según datos de la OMS. Las islas de Santiago
(particularmente Praia, la capital) y São Vicente (Mindelo) ofrecen las
instalaciones médicas más desarrolladas, mientras que las islas más pequeñas
tienen infraestructura sanitaria más básica. Según la OMS, Cabo Verde gasta
aproximadamente el 5,2% de su PIB en atención médica. (España gasta el 14'5).
El país mantiene dos hospitales centrales (en Praia y Mindelo), cinco
hospitales regionales, y numerosos centros y puestos de salud distribuidos
entre las nueve islas habitadas. Por sus acuerdos internacionales, las
condiciones médicas complejas que requieran evacuación médica se trasladan a
Portugal, Senegal u otros países con sistemas de salud más avanzados.
[19]
https://www.thestar.com.my/news/world/2026/05/05/cape-verde-prepares-air-evacuation-from-cruise-ship-hondius-after-respiratory-outbreak


