20 oct 2026

SOBRE CEUTA, con la que está cayendo... (III)

 

 

Y hoy vamos a entrar ya en faena, con la historia a cuestas…

 

VOY A CENTRARME EN CEUTA, QUE ES LA QUE ESTÁ EN EL PUNTO DE MIRA DE LAS PRETENSIONES TERRITORIALES MARROQUÍES Y QUE ES LA INVADIDA, PARA NO DISPERSARME[1]…

 

CEUTA, DESDE UNA VISIÓN EUROPEÍSTA

Yo, como digo, voy a centrarme en el tema desde una visión europeísta en base a la civilización cristiana, que nació dentro del mundo grecorromano y, aunque transformó radicalmente su visión religiosa, heredó, conservó y reinterpretó buena parte de su filosofía, su derecho, su lengua, sus instituciones y su idea de civilización.

El cristianismo nace en Roma, pero habla griego. Parto de una realidad histórica: Grecia dio al cristianismo buena parte de su lenguaje intelectual; Roma le proporcionó el espacio político y jurídico en el que se expandió; el cristianismo transformó lenguaje intelectual y espacios político y jurídico desde una nueva concepción sobre el hombre y Dios; y Europa, en su conjunto, desarrolló esa herencia.

Pablo de Tarso, San Pablo, es una figura clave y un excelente ejemplo: judío, ciudadano romano y formado en el mundo helenístico, predicó en ciudades griegas y romanas y utilizó categorías comprensibles para aquel mundo.

Así, Jerusalén aporta la tradición bíblica y judeocristiana, Atenas añade la razón y la filosofía y Roma completa el proceso con el aporte del derecho, las instituciones y la idea de universalidad política.

Esta civilización Occidental que partió de Europa nació del encuentro de Jerusalén, Atenas y Roma: de la fe bíblica, de la razón griega y del derecho romano.

El cristianismo fue el puente que permitió que la herencia de Grecia y Roma no desapareciera con el Imperio, sino que se incorporara a una nueva civilización europea.

 

LA PRIMERA CEUTA

Mucho antes de Roma, los navegantes fenicios y púnicos conocían la orilla Sur del Estrecho de Gibraltar y el lugar habitado que allí se localizaba era conocido como Abila/Abyla.

Abila/Abyla no nos referencia un enclave urbano habitado, pero ya en la Geografía[2] de Estrabón se cita un núcleo concreto: Hepta Adelphoi/Hepta Delfos (7 colinas). Y Tolomeo lo cita bajo el nombre de Exilisa. Pero para Roma siempre será SEPTEM FRATRES[3], aludiendo a las siete colinas de su orografía (como las siete colinas de Roma). Y de Septem derivará Septa y llegaremos a CEUTA.

Entre los siglos V y III aC podemos situar Septem en el Estado Púnico[4], la República Cartaginesa, con capital en Cartago; aunque la factoría púnica importante será Tingis (Tánger).

La ciudad de más renombre de aquel territorio mediterráneo norteafricano será Oualili —Volubilis para Roma y hoy Walili, en Marruecos; a 20 kilómetros de Mequinez— que fue reconocida como un gran centro comercial centrado en el aceite, el trigo y la captura de animales salvajes para los circos de Roma.

Y para el caso de Ceuta podemos comenzar hablando de una factoría[5] y asentamiento fenicio en el VII aC como Gadir, Malaka, Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra) o Baesipo (Barbate).

Pero todo aquel conjunto territorial en el norte de África formaba parte (del Reino) de Mauritania/Mauretania (el país de los mauris; los oscuros –de tez-, para diferenciarlos de los aethiops, etíopes, los negros… luego, la voz ‘mauri’ pasará a “moro” en la península ibérica; por lo general, en sentido despectivo).

Marruecos, como nombre, no viene a aparecer como referente territorial hasta el siglo XIII. Marruecos es una derivación procedente del nombre “Marrakech” (Marrākush; marruecus) y venía referido exclusivamente al territorio controlado desde la ciudad de Marrakech, fundada por los almorávides en el siglo XI[6] y que se convirtió en un gran centro político.

Posteriormente Marrakech fue también capital almohade y su importancia hizo que su nombre acabara utilizándose en las lenguas europeas para designar al conjunto del territorio en torno a esa ciudad; y después al área de influencia.

El historiador Enrique Gozalbes-Cravioto, en su estudio El nombre antiguo de Marruecos. De la Mauretania Tingitana a Marruecos[7], señala que la denominación Marruecos como identificación del territorio de Marrakech empieza a abrirse paso ya en la Primera Crónica General de España[8], del siglo XIII, precisamente cuando Marrakech se había convertido en el gran centro político de almorávides y almohades.

Y antes de entrar en más detalles quiero dejar claro que este norte de África en época islámica se conocerá como al-Maghrib (“el Occidente”) mientras que para el extremo más occidental del territorio, se acuñó al-Maghrib al-Aqṣā (“el Extremo Occidente” o “el Magreb lejano”)[9].

 

Roma entra en el 33 aC en esta historia.

Aquel territorio norteafricano pasó a integrarse en el Imperio (33 aC) y el emperador Augusto lo reorganizó, reconociendo al rey Juba II su titularidad. Y este gobernó Mauritania bajo la tutela de Roma, como rey cliente[10].

Ya en el año 42 dC el emperador Claudio anexionó[11] definitivamente el reino de Mauritania al Imperio y lo dividió en dos provincias: la Mauretania Tingitana, con capital en Tingis (Tánger) y la Mauretania Caesariensis, con capital en Caesarea (hoy Cherchel, en Argelia). Septem Fratres quedó en la Mauretania Tingitana.

Una tercera provincia, más al Este, fue el África Proconsularis sobre lo que hoy es Túnez.

Con Roma, Septem fue un importante y estratégico enclave portuario situado frente a Hispania y en la entrada del Mediterráneo. Su posición explica por sí su relevancia militar y comercial: controlaba el paso entre el Mediterráneo y el Atlántico y la comunicación con la Bética.

Y un detalle fundamental: desde finales del siglo III, la Mauretania Tingitana quedó integrada en la Diócesis Hispaniarum[12], estructura que agrupaba las provincias hispanas.

Ceuta fue africana geográficamente, romana políticamente y, en la Antigüedad tardía, estuvo administrativamente vinculada al espacio hispano.

Fue ya el Imperio romano el que vinculó a Ceuta (y a Melilla) con la península Ibérica, con Hispania. Misma cultura, misma economía, mismos cuerpo y marco jurídico, mismas rutas comerciales.

Y la cosa fue a más con el cristianismo.

El emperador Constantino legalizó el cristianismo en 313 mediante el Edicto de Milán[13] y durante el siglo IV la religión cristiana pasó de ser perseguida a convertirse progresivamente en una religión protegida y después favorecida por el Estado romano.

En Ceuta hay restos de una basílica tardorromana, cuya cronología se sitúa, precisamente, en el siglo IV y que constituye una de las primeras evidencias materiales claras de una comunidad cristiana en Septem.

Se trata de un edificio con función litúrgica y funeraria, asociado a una necrópolis. Su existencia demuestra que en Septem había una comunidad cristiana suficientemente organizada y estable para disponer de un espacio de culto y de enterramiento propio.

Y, es más, bajo Bizancio, en el siglo VI, Septem adquiere una enorme importancia dentro del Mediterráneo cristiano. Tras la conquista bizantina del norte de África, Justiniano[14] incorpora Septem al sistema defensivo del Imperio de Oriente.

Según Procopio[15], los bizantinos fortificaron la ciudad y levantaron un templo dedicado a la Madre de Dios. Ceuta pasó a convertirse en uno de los extremos occidentales del África bizantina.

Recapitulemos: Ceuta fue romana desde el 42 y cristiana desde el 313.

La Septem Fratres de la Antigüedad tardía formaba ya parte de una civilización romana que, a partir del siglo IV, se hizo progresivamente cristiana. La basílica tardorromana de Ceuta constituye el testimonio material de aquella comunidad cristiana que ya existía en la ciudad siglos antes de la llegada del islam, así como el templo de la Madre de Dios.

 

CEUTA, TRAS LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO

El imperio Romano al que pertenecía Ceuta tiene una fecha trágica en el Siglo V: la del 31 de diciembre de 406, cuando una coalición de vándalos, suevos, alanos y otros grupos del oriente y norte europeo atraviesa el Rin congelado y penetra en la Galia: “la invasión de los bárbaros”.

Esos “bárbaros”, en su deambular europeo, entraron en Hispania en 409. Eran confederaciones de guerreros con sus familias y población acompañante, moviéndose por el territorio en un momento de enorme debilidad política y militar del Imperio romano.

Hidacio[16], el obispo galaico tardorromano, en torno a 411, señala que estos grupos se distribuyeron por áreas de las provincias hispanas: suevos y vándalos asdingos a Galicia, vándalos silingos a la Bética y alanos (que eran iranios) tanto a la Lusitania como a la Cartaginense. Roma sólo pudo conservar el control de la Tarraconense.

En 416, el emperador romano Flavio Honorio Augusto pactó con Walia, rey de los visigodos, y estos entran en Hispania como federados de Roma, con la misión de combatir a los otros pueblos que se habían asentado allí.

Así, en 429 los vándalos abandonan Hispania y pasan a África; y tras conquistar Cartago (439) establecieron en aquellas tierras el llamado reino vándalo de África; y Septem queda en él.

En el 533, casi un siglo después de la llegada de los vándalos, Belisario[17], en nombre del emperador romano de Oriente, Justiniano I ‘el Grande’, se hace con el control del territorio entre Ceuta y Melilla en nombre de Bizancio y aquella Septem[18] queda incluida en la órbita bizantina: Septem vuelve a ser una ciudad de tradición romana y cristiana.

 

Y mañana ya iremos a la Ceuta bajo el islam…

  


  


[1] Les recomiendo, para saber de la historia de Ceuta y sus pormenores la página web de Patrimonio Cultural de Ceuta: https://www.patrimonioculturalceuta.es/

 

[2] La Geographia de Estrabón es una de las grandes obras geográficas de la Antigüedad y una fuente fundamental para conocer cómo se concebía el mundo mediterráneo entre los siglos I a. C. y I d. C. Compuesta por 17 libros, no es simplemente un repertorio de lugares: pretende explicar el mundo conocido combinando geografía física, historia, etnografía y política. Sitúa las Columnas de Heracles y las costas de Hispania y Mauritania dentro de un mismo espacio geográfico, marítimo y cultural. Su valor hoy para Ceuta es el de documentar el espacio geográfico e histórico del Estrecho en aquellos días, no el de proporcionar un título jurídico moderno de soberanía. Estrabón menciona los Hepta Adelphoi (Ἑπτὰ Ἀδελφοί, “Siete Hermanos”) en su Geografía. La cita está en Libro XVII, capítulo 3, §6, dentro de la descripción de la costa de Mauritania. Estrabón, al describir la navegación desde Lixus hacia el interior del Mediterráneo, menciona sucesivamente Zelis, Tingis y los “monumentos de los Siete Hermanos”, y después el monte denominado Abila (Monte Hacho). Ya en el siglo I a. C.–I d. C., Estrabón identifica en la costa africana del Estrecho los Hepta Adelphoi, los “Siete Hermanos”, denominación griega de las elevaciones que dominaban este extremo de Mauritania. El topónimo reaparecerá en las fuentes latinas como Septem Fratres, consolidándose posteriormente como Septem y dando lugar, a través de una larga evolución histórica, al actual nombre de Ceuta.

[3] Pomponio Mela, en su De chorographia, escrita probablemente a mediados del siglo I dC, es el primero que utiliza la expresión latina Septem Fratres. Plinio el Viejo también emplea Septem Fratres en la Naturalis Historia (libro V), también en siglo I dC. El topónimo parece nacer como orónimo (“los Siete Hermanos”, las siete colinas) y posteriormente acaba identificándose con el asentamiento y, finalmente, con la ciudad. Septem Fratres designaba originalmente un accidente orográfico —las siete elevaciones— y no necesariamente la ciudad.

[4] Los púnicos fueron los pueblos de cultura y lengua fenicias establecidos en el Mediterráneo occidental, especialmente vinculados a Cartago, colonia fundada por fenicios procedentes de Tiro, según la tradición antigua, en 814/813 a.C. El término púnico procede del latín Poeni, derivado de Phoenici (fenicios). A partir de Cartago, los púnicos desarrollaron una extensa red comercial y marítima por el Mediterráneo occidental y el Atlántico próximo. Su presencia fue especialmente intensa en Sicilia, Cerdeña, el norte de África, el sur y sureste de la península ibérica y el área del Estrecho de Gibraltar. No constituyeron simplemente un imperio territorial al modo romano: buena parte de su influencia se articuló mediante puertos, factorías, alianzas, rutas comerciales y enclaves estratégicos. La arqueología demuestra la existencia de contactos y presencia fenicio-púnica en el entorno del Estrecho, y Ceuta forma parte de ese espacio estratégico. No cabe duda de que Ceuta, situada en una posición estratégica frente a las Columnas de Heracles, participó de las redes marítimas, comerciales y culturales que articulaban las dos orillas del Estrecho.

[5] Una factoría fenicia era un enclave comercial establecido en las costas del Mediterráneo para facilitar el intercambio de mercancías con las poblaciones locales. Fue una de las principales herramientas de la expansión comercial fenicia entre los siglos XII y VI aC. Sus funciones principales eran las de intercambiar productos fenicios —cerámicas, tejidos teñidos de púrpura, objetos de metal y artículos de lujo— por materias primas locales, adquirir metales como plata, cobre y estaño, además de sal, pescado y otros productos, guardar mercancías antes de embarcarlas hacia otros puntos del Mediterráneo, difundir técnicas artesanales, sistemas de escritura, prácticas religiosas y conocimientos de navegación y proporcionar puntos de escala y abastecimiento para los barcos que recorrían las rutas comerciales.

[6] La UNESCO señala que Marrakech fue fundada por los almorávides entre 1070 y 1072. En 1070 los almorávides eligen el emplazamiento y Abu Bakr ibn Umar inicia la construcción del Qasr al-Hajar («Palacio de Piedra»), núcleo inicial de la ciudad. En 1071 Yusuf ibn Tashfin continúa la construcción de Marrakech. Posteriormente se convertiría en la capital del Imperio almorávide. Marrakech es posterior a la conquista islámica de Ceuta en el siglo VIII en más de tres siglos, y también posterior a Fez (fundada hacia 789 por los idrisíes).

[9] Ibn ʿAbd al-Ḥakam (803-870), una de las primeras fuentes históricas árabes conservadas sobre la conquista del norte de África, ni siquiera utiliza todavía las categorías al-Maghrib al-Adnā, al-Awsaṭ y al-Aqṣā para referirse a estas tierras del Marruecos actual.

[10] Un rey cliente (rex socius et amicus populi Romani, “rey aliado y amigo del pueblo romano”) era el gobernante de un reino formalmente independiente que mantenía una relación de dependencia política y estratégica con Roma, sin que su territorio estuviera necesariamente incorporado a una provincia romana. En la práctica, Roma establecía con estos monarcas una relación de alianza desigual: el rey conservaba su trono, administración y autoridad interna, pero debía mantener una política exterior compatible con los intereses romanos, proporcionar apoyo militar cuando se le requería y reconocer la supremacía de Roma. El rey Juba II (52/50 a. C.–23 d. C.) fue instalado por Roma como rey de Mauretania en el año 25 a. C., después de haber sido educado en Roma. Gobernó un reino que comprendía aproximadamente el actual norte de Marruecos y parte del oeste de Argelia. De Juba II les puede sonar que fue esposo de Cleopatra Selene, hija de la reina Cleopatra de Egipto y del triunviro Marco Antonio, pero este sería un apunte para un programa de esos “del hígado”. Su hijo Ptolomeo de Mauretania heredó el reino y tras su muerte en el año 40 d. C. Roma anexionó Mauretania, que acabó dividida en las provincias de Mauretania Tingitana y Mauretania Caesariensis.

[11] En 40 d. C., Calígula: mandó ejecutar a Ptolomeo de Mauritania, último rey de la dinastía mauritana cliente de Roma. La muerte del rey provocó una rebelión en Mauritania y Roma decidió intervenir militarmente. En 42 d. C., el emperador Claudio sometió el territorio y Mauritania fue incorporada definitivamente al Imperio y dividida en dos provincias, Mauretania Tingitana y Mauretania Caesariensis.

[12] Gran circunscripción administrativa del Imperio romano tardío, creada durante las reformas del emperador Diocleciano, a finales del siglo III dC. Diócesis era una división civil y administrativa. Ceuta no formaba parte de la península Ibérica, pero durante el Bajo Imperio romano la provincia africana de Mauretania Tingitana quedó integrada administrativamente en aquella Hispania. La capital de la diócesis fue Augusta Emerita (Mérida) y estaba gobernada por un vicarius Hispaniarum. La Tingitana estaba separada de Hispania por el Estrecho, pero tenía una relación estratégica muy estrecha con el sur peninsular. La inclusión en la diócesis hispana permitía coordinar mejor la defensa y administración de ambos lados del Estrecho.

[13] En el año 313 los emperadores Constantino y Licinio acordaron en Milán una política de tolerancia religiosa que puso fin a las persecuciones oficiales contra los cristianos y reconoció su derecho a practicar libremente su religión. Además, se ordenó la restitución de los bienes que habían sido confiscados a las comunidades cristianas.

[14] Justiniano I (482–565), emperador del Imperio romano de Oriente. Su proyecto político estuvo marcado por la idea de restaurar la unidad y el poder del antiguo Imperio romano: la llamada Renovatio Imperii. Ocupó territorios en el sureste peninsular y conquistó el reino vándalo del norte de África, amén de guerras contra los ostrogodos en la península itálica.

[15] Procopio de Cesarea (ca. 500–después de 554) fue un historiador, jurista y funcionario del Imperio romano de Oriente que estuvo vinculado directamente al entorno del general Belisario, por lo que conoció de primera mano buena parte de las campañas de Justiniano. Es autor de tres obras fundamentales: Historia de las guerras (De Bellis), donde narra las campañas de Justiniano, incluidas las guerras contra vándalos y ostrogodos; Sobre los edificios (De Aedificiis / Peri Ktismaton), dedicado a las construcciones impulsadas por Justiniano; e Historia secreta (Anecdota), una obra mucho más crítica con Justiniano y su entorno. En el libro VI, capítulo 7, §§14–16 de De Aedificiis, Procopio describe Septem destacando que allí había una antigua fortaleza romana que había quedado abandonada y deteriorada durante el dominio vándalo. Justiniano ordenó restaurar y reforzar las murallas, establecer una guarnición permanente y levantar/consagrar una iglesia dedicada a la "Theotokos"; a la Madre de Dios. Justiniano habría convertido Septem en el “umbral del Imperio” en el extremo occidental. El título Theotokos, para la Virgen María fue solemnemente defendido y reconocido en el Concilio de Éfeso (431), frente a la posición asociada a Nestorio, que prefería para María el término Christotokos (“Madre de Cristo”).

[16] Hidacio de Lemica (c. 400–c. 470) fue obispo de Aquae Flaviae —la actual Chaves, en Portugal— y escribió una Crónica (Chronicon) que continúa la tradición historiográfica de otros eclesiásticos como Eusebio y Jerónimo. Su relato cubre aproximadamente hasta el año 468 y es especialmente valioso porque Hidacio vivió en la propia Hispania y fue testigo de buena parte de los acontecimientos. La investigación moderna destaca que los suevos, vándalos y godos ocupan un lugar central en su obra. La referencia fundamental: el año 411- Hidacio cuenta que, después de la entrada de suevos, vándalos y alanos en Hispania en 409, y tras dos años de saqueos, hambre y epidemias, los pueblos invasores se repartieron las provincias para establecerse en ellas. Su texto latino dice: sorte ad inhabitandum sibi provinciarum dividunt regiones. Vamos, que se las repartieron por sorteo las provincias para establecerse en ellas.

[17] Flavio Belisario (c. 500–565) fue el principal general del emperador Justiniano I y uno de los militares más importantes de la Antigüedad tardía

[18] Procopio —en De Bellis, IV, 5, 6— cuenta que "Belisario envió a otro Juan, uno de sus guardias, a Gadira y al Estrecho de las Columnas de Hércules, para tomar posesión del fuerte que allí llaman Septem”.

19 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (II)

 


Como decíamos ayer: hoy vamos con la Zona Gris…

 

¡ATENCIÓN: ZONA GRIS!

Y es en este contexto de la situación vivida por Ceuta donde cobra especial interés el concepto de “zona gris”, un espacio situado entre la cooperación pacífica y el conflicto abierto en el que un Estado puede tratar de alterar progresivamente el statu quo de otro sin cruzar el umbral que desencadenaría una respuesta militar. Aplicado a Ceuta y Melilla, este marco ha sido desarrollado de manera específica por investigadores que han analizado la posibilidad de que Marruecos combine instrumentos políticos, económicos, diplomáticos, informativos, migratorios y militares para ejercer presión sobre ambas ciudades. No se trata, por tanto, de afirmar que exista una guerra, sino precisamente de analizar una estrategia que persigue objetivos propios de un conflicto abierto sin llegar a la guerra, mediante una acumulación gradual de presiones destinada a modificar el statu quo.

La zona gris[1] no significa que haya guerra; significa precisamente que se intenta conseguir objetivos propios sin llegar a la guerra.

Zona Gris define campañas que persiguen objetivos políticos de manera gradual, empleando fundamentalmente medios no militares y manteniéndose por debajo de los umbrales que provocarían una guerra abierta.

Y muy molesto con todos los que están hablando en los últimos dos meses de “guerra híbrida”, decirles que “zona gris” y “guerra híbrida” no son exactamente lo mismo.

En el tablero de la zona gris, la presión sobre Ceuta no se limita a las reivindicaciones territoriales: incluye el aprovechamiento de las vulnerabilidades europeas y el riesgo de instrumentalización de los flujos migratorios como herramienta de presión política. En román paladin: Marruecos aplica la doctrina del engaño y el desgaste psicológico; conoce las vulnerabilidades legales y políticas europeas y utiliza la migración forzada, instrumentalizada, en el espigón de El Tarajal como palanca asimétrica de presión.

Frente a ella, la respuesta defensiva inteligente de España debe pasar por aplicar el axioma de “conocerse a sí mismo”: blindar su resiliencia interna e invencibilidad defensiva mediante los artículos 42.7 del Tratado de la Unión Europea y 222 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, herramientas que europeízan legalmente la soberanía y disuaden la coacción al convertir a Ceuta en un bastión inexpugnable.

Esto no es nuevo y desde 2020 no han faltado los informes alertando de esta situación.

Los profesores Josep Baqués, Javier Jordán, Manuel R. Torres y Guillem Colom elaboraron para el Observatorio de Ceuta y Melilla/Instituto de Seguridad y Cultura el informe “Las pretensiones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla desde la perspectiva de la zona gris”[2] publicado en noviembre de 2021. Posteriormente, Josep Baqués desarrolló individualmente la tesis en 2022 en la revista académica Defence Studies, con el significativo título: “Is Morocco operating a grey zone in Ceuta and Melilla?/ ¿Está Marruecos operando una zona gris en Ceuta y Melilla?”[3] donde concluye que Marruecos presenta suficientes elementos para hablar de una estrategia de zona gris dirigida a modificar el statu quo de Ceuta y Melilla a medio plazo. Pero esto es más grave, porque el profesor Baqués ya había publicado en noviembre de 2020 el artículo: “Marruecos y la Zona Gris. ¿La mejor herramienta para conquistar Ceuta y Melilla?”[4].

Y posteriormente otros autores españoles profundizaron en la cuestión, entre ellos el capitán de corbeta Carlos Fernández López, con “Zona gris en la frontera sur”[5] (2021), y Guillermo Pulido, con “Incidentes con Marruecos, ¿Una zona gris?” (2020).

La tesis de Baqués y sus colegas es bastante más sofisticada que decir simplemente “Marruecos hace guerra híbrida”. Su hipótesis es que Marruecos puede intentar alterar progresivamente el statu quo de Ceuta y Melilla sin provocar una guerra con España.

Para ello identifica Baqués diferentes instrumentos como presión migratoria, presión económica, aislamiento comercial, narrativa política, movilización social, presión diplomática, instrumentos jurídicos, demostraciones militares, etc. Es un “toma y daca”.

Lo fundamental es que ninguna de esas acciones, tomada aisladamente, tiene por qué desencadenar una guerra. Pero su utilización coordinada y acumulativa puede modificar progresivamente las condiciones de las ciudades.

El propio informe insiste en que la zona gris pretende precisamente forzar una relación entre dos Estados para alterar el statu quo sin cruzar las líneas rojas que activarían una respuesta militar.

Este pulso invisible nos traslada a la referencia de ayer a Sun Tzu y nos coloca sobre un apartado nuevo, el uso de los espías. Sí, agentes e infiltrados marroquíes operan en la ciudadela para tejer redes de influencia, mientras que ejércitos digitales saturan las redes sociales con campañas de desinformación destinadas a inducir crisis masivas o pánico colectivo.

Históricamente, esta sofisticación y el despliegue de influencia blanda recuerdan al almirante chino Zheng He (1371-1433), quien demostró que el verdadero dominio de las rutas globales no radica en la conquista violenta de la costa, sino en la proyección pacífica de una capacidad logística imbatible que disuada al oponente.

Por su parte, España emula este principio en el ciberespacio mediante el uso de Honey-pots o ciber-señuelos (“espías liquidables”), inyectando datos erróneos de vulnerabilidad para forzar a las granjas de trolls del adversario a revelar sus estructuras en tiempo real, neutralizando la agresión cognitiva antes de que cause daño real en el plano físico. Vamos: algo de manual que es lo que se debería estar (o haber estado) haciendo.

Y finalmente, quiero incorporar a este posicionamiento al geógrafo francés (comunista) Yves Lacoste[6] y su obra La geografía: un arma para la guerra —responsable de que yo me hiciera geógrafo— porque nos ofrece el cierre perfecto para este conflicto asimétrico. Lacoste revolucionó las ciencias al denunciar que la geografía no es un saber escolar inofensivo, sino un instrumento estratégico y militar utilizado por los Estados para la dominación territorial.

Marruecos conoce el valor estratégico de la frontera y la capacidad de los flujos migratorios para generar situaciones de presión sobre Ceuta. Por eso, resulta imprescindible analizar cuándo la gestión de esos flujos responde a dinámicas ordinarias y cuándo puede convertirse en un instrumento de presión política. Y si encima encuentra apoyos, como el que denunció el sábado día 17 de octubre El Español —El vídeo de la vergüenza: la Policía intentó evitar el asalto a Ceuta y la Guardia Civil abrió la verja por orden del Gobierno[7]— ¿qué más podemos hacer? ¿Qué está pasando en este país?

Hasta ese mismo día 17 de octubre creíamos que para contrarrestar esta ofensiva, España oponía, como mínimo, una “geografía institucional” respaldada por agencias como Frontex. Pero no.

La premisa última de Lacoste: ante un mapa utilizado como arma de guerra, la única defensa eficaz es la solidez política y soberana sobre el propio territorio.

Lacoste permite ir más allá de la historia de las reivindicaciones territoriales marroquíes y examinar cómo la geografía, el control del espacio, las fronteras y el conocimiento del territorio pueden convertirse en instrumentos de poder político y estratégico.

a)   La Geografía como instrumento de poder: el conocimiento del espacio no es neutral: puede servir para planificar, ejercer autoridad y desarrollar estrategias políticas y militares. En Ceuta, esto obliga a estudiar su posición junto al Estrecho, su frontera terrestre con Marruecos, sus conexiones marítimas y su condición de territorio español en el norte de África. 

b) El control del territorio más allá de la fuerza militar: el control de una frontera también puede verse afectado por decisiones administrativas, flujos comerciales, movilidad de personas, cooperación policial y gestión migratoria. Son ámbitos que condicionan la relación entre los dos Estados y el funcionamiento cotidiano de Ceuta, aunque no todos constituyan por sí mismos instrumentos de presión deliberada. 

c)   Y el espacio geográfico como realidad y como representación política porque un territorio puede tener un significado distinto para cada Estado.

La posición de Ceuta es una realidad física; interpretarla como frontera europea, enclave estratégico o territorio pendiente de incorporación (supuestamente) una construcción política.

Analizar cómo se utilizan esas representaciones permite comprender mejor el conflicto de narrativas.

Lacoste ofrece una perspectiva especialmente útil para comprender la dimensión geopolítica de Ceuta. Su principal aportación consiste en recordarnos que el territorio no es solamente un espacio físico que se describe en los mapas, sino también una realidad que los Estados conocen, interpretan y utilizan para defender sus intereses.

En Ceuta, la posición junto al Estrecho de Gibraltar, la frontera terrestre con Marruecos y su condición de ciudad española y frontera exterior de la Unión Europea configuran una singularidad estratégica. Desde esta perspectiva, las reivindicaciones marroquíes no deben analizarse únicamente como una controversia histórica, sino también atendiendo al valor político de la geografía y a las formas en que se construye la legitimidad territorial.

La cuestión fundamental es determinar hasta qué punto los discursos, las decisiones fronterizas y las relaciones económicas y diplomáticas expresan una competencia por influir sobre el espacio. Lacoste no proporciona por sí mismo la respuesta, pero sí una herramienta para formular la triple pregunta esencial: ¿quién interpreta el territorio?, ¿con qué objetivos? y ¿mediante qué instrumentos pretende ejercer influencia sobre él?

La foto que ilustra este post es de traca: un “BMR del Ejército en el Tarajal, Ceuta, con decenas de personas observando desde la ladera”, podía ser mi pie de foto. Ni guerra ni paz: la zona gris en una sola imagen.

En el borde inferior izquierdo, dos motitos aparcadas, un detalle muy cotidiano que contrasta con el material bélico: el blindado y las motos en el mismo plano visualizan esa ambigüedad entre lo civil y lo militar.

En lo alto, a lo largo de toda la cresta, una larga fila de personas observando a los militares: arriba los observadores (los que quieren entrar), abajo los soldados en una jerarquía visual clara, casi un cuadro. La línea de gente en la cresta es muy potente.

La luz es plana y grisácea, de cielo cubierto.

La foto condensa la idea: una posición de posible respuesta militar ante un fenómeno que no es una guerra, con civiles que miran en lugar de atacar. El colmo: el arma del blindado enfundada. Es casi una metáfora visual literal: el arma está ahí, pero tapada; no sea que les moleste verla, porque intimida… ante un acto de agresión que pueden llegar a cometer.

Puede que alguien entienda presencia disuasoria sin uso activo; quizás fuerza que se exhibe pero no se ejerce, porque no se puede. Eso es muy cercano a la lógica de la zona gris, donde se actúa por debajo del umbral del conflicto abierto.

 

Expuesto esto, mañana ya entramos con la (grande y terrible) historia de Ceuta…

 


[1] El concepto de gray zone describe el espacio de competencia entre la paz y la guerra abierta, utilizando presión política, económica, informativa, diplomática, cibernética o incluso militar, pero sin cruzar claramente el umbral de una guerra convencional. El término zona gris aparece por primera vez en la revista Quadrennial Defense Review (2010) referido a un espacio ambiguo “ni completamente guerra ni completamente paz”. En 2015, el general Joseph L. Votel, entonces jefe del U.S. Special Operations Command, contribuyó a poner el concepto en la agenda estratégica estadounidense. Y también en 2015 Michael J. Mazarr, de RAND y del Strategic Studies Institute, le dio una formulación teórica mucho más completa en su artículo Mastering the Gray Zone: Understanding a Changing Era of Conflict. https://thepoliticalroom.com/blog/conflictos-en-la-zona-gris-origen-y-desarrollo-del-concepto

[6] Yves Lacoste (Fez, Marruecos 7 de diciembre de 1929-Bourg-la-Reine, Altos del Sena, 20 de junio de 2026) Geógrafo, profesor (emérito de geopolítica en la Universidad de París VIII) y geopolítico, fundador de la revista «Herodote», un referente inevitable en los análisis geopolíticos y geográficos. Lacoste es también considerado padre de la geopolítica moderna. https://legrandcontinent.eu/es/2026/06/22/yves-lacoste-1929-2026-padre-refundador-de-la-geopolitica-francesa/ 

18 oct 2026

SOBRE CEUTA, con la que está cayendo... (I)

 

 

Hoy comienzo una serie de post centrado en la españolidad de Ceuta (y de Melilla). Se me ofreció la oportunidad de dar una charla a la Asociación de Amas de Casa de Benidorm sobre ese particular en la víspera de su patrona: Santa Teresa.

Acepté el reto que ello suponía y el 9 de octubre, tras el acto institucional, recluido por otras cuestiones, empecé sobre un folio en blanco a estructurar a bolígrafo lo que podía ser. Sábado 10 y domingo 11, le di forma picando tecla a tecla en el ordenador. El lunes 12 de octubre, antes de cumplir con la Guardia Civil estaba terminado. El problema se me planteó el miércoles 14 a la hora de la exposición: mucho material, que me atreví a resumir.

Creo que salió bien y se pudo responder a las preguntas a todas las preguntas.

Y ya que está confeccionado el texto, que me fue solicitado, lo aireo a través del blog, en fascículos, añadiendo "un par de detalles de última hora" que hemos ido sabiendo y eliminando lo que estaba iluminado "en fosforito" para destacar en la charla; ahora es un texto en su conjunto.

Comenzaba tal que así…

 

La soberanía de Ceuta descansa en títulos jurídicos, no en continuidades civilizatorias; y la presión actual de Marruecos se entiende mejor como zona gris que como guerra híbrida.

Me he decantado por Ceuta, aunque se me pidió inicialmente “por la españolidad de Ceuta y Melilla”, por una razón, digamos, sentimental. Para Benidorm, Ceuta es un referente en la almadraba y en nuestra historia local. Durante generaciones, Ceuta fue uno de los grandes destinos fundamentales de los almadraberos benidormenses y el último vínculo de una tradición marinera que había proyectado a Benidorm por todo el Mediterráneo y el norte de África.

El Diccionari de Benidorm destaca que las fiestas patronales de Benidorm se celebran el segundo domingo de noviembre porque esa era la fecha enque ya estaban de regreso los almadraberos que trabajaban en la almadraba de Ceuta, cuya temporada terminaba más tarde que la de las otras[1].

 

PARTE I: Planteamientos

La reclamación de Ceuta y Melilla (y las plazas de soberanía) por parte de Marruecos se fundamenta en la idea de que ambas ciudades (y el conjunto) constituyen un vestigio colonial sobre suelo africano que vulnera su integridad territorial y que debe ser integrado en su Reino, apelando a la continuidad de los antiguos sultanatos magrebíes.

Una pretensión política no puede prevalecer sobre los títulos históricos y jurídicos que acreditan la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Entre sus argumentos jurídicos y políticos, Rabat ha esgrimido habitualmente cinco cuestiones principales: la integridad territorial, la prescripción adquisitiva[2], la nulidad o pérdida de valor de los acuerdos al calificarlos de “tratados desiguales”[3], la condición de ”enclave”[4] y el principio de contigüidad[5] o integración geográfica.

Frente a la postura marroquí, España contrapone un sólido cuerpo de argumentos históricos, internacionales y constitucionales que rebaten la reclamación marroquí:

A)  Preexistencia histórica y títulos internacionales. Confieren una secuencia de soberanía. Ceuta pasó a soberanía portuguesa en 1415, quedó adscrita a la monarquía hispánica en 1580 tras la unión dinástica y decidió permanecer con España tras la separación de Portugal en 1640. Esta cesión quedó ratificada definitivamente en el Tratado de Lisboa de 1668 entre España y Portugal. Melilla se incorporó a la Corona de Castilla en 1497 tras la expedición de Pedro de Estopiñán. En esa época, el territorio no pertenecía a un Estado marroquí unificado, sino a un espacio en constante disputa entre dinastías locales. Melilla ha sido española durante más de 500 años de forma ininterrumpida.


B)  Preexistencia al Estado marroquí: Todos los títulos históricos y jurídicos son muy anteriores, varios siglos anteriores, al nacimiento del Reino de Marruecos contemporáneo, en 1956, tras el fin de los protectorados.

 

C)  Existencia de Tratados bilaterales de límites[6]: A lo largo de los siglos XVIII y XIX, diversos tratados firmados entre España y los sultanes marroquíes (como los de 1799, 1844, 1860 o 1894) delimitaron las fronteras de Ceuta y Melilla y reconocieron explícitamente la jurisdicción y soberanía española. En Derecho internacional, los tratados de límites poseen un carácter indefinido e intangible que no puede ser rescindido unilateralmente.

 

o   Irrevocabilidad: conforme al Derecho Internacional, los tratados que fijan fronteras territoriales tienen un carácter indefinido e intangible y no pueden ser anulados ni rescindidos unilateralmente.

 

o   En el siglo XV —y mucho menos antes— NO existía un Estado marroquí (unificado) en los términos del Derecho Internacional moderno, sino un espacio fragmentado y sometido a pugnas de poder entre diversas autoridades tribales. Por tanto, no se puede afirmar categóricamente que existiera un Estado marroquí en el siglo XV al que pertenecieran dichas ciudades. Aun cuando se considerasen los sultanatos de los siglos posteriores como un todo, los propios sultanes de Marruecos pactaron y firmaron con España múltiples tratados internacionales de límites en los siglos XVIII y XIX (como el Tratado de Mequínez de 1799 o el de Wad-Ras de 1860), reconociendo de forma explícita la jurisdicción y soberanía española sobre ambas plazas.

 

D)  Refutación de las tesis de “enclave” y “contigüidad”: Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía española tienen mar territorial y espacio aéreo. En el Derecho Internacional del Mar, no puede calificarse ni a Ceuta, ni a Melilla, como “enclave” porque cuentan con fachada marítima y poseen mar territorial y espacio aéreo propios (que a la luz de los acontecimientos, Marruecos invade con impunidad y cuando quiere[7]). En cuanto a contigüidad geográfica, la jurisprudencia del Tribunal Internacional de Justicia establece que la mera contigüidad o proximidad territorial no confiere por sí misma un título automático de soberanía a favor del Estado colindante.

 

E)   Integración constitucional y voluntad democrática. Ceuta y Melilla tienen Estatus constitucionales propios y en el ordenamiento español, Ceuta y Melilla se rigen en calidad de Ciudad Autónoma en el marco de la Constitución de 1978 y cuentan con Estatuto de Autonomía (Ley Orgánica 1/1995), constituida como parte integrante de la unidad nacional.

 

F)   Derechos y ciudadanía: sus habitantes son ciudadanos españoles y europeos de pleno derecho que eligen democráticamente a sus representantes en las Cortes Generales y el Parlamento Europeo, sin que exista movimiento social o voluntad manifestada de integrarse en otro Estado.

 

G)  Estatus internacional y la ONU: Cuando la Asamblea General de la ONU elaboró y actualizó la lista de territorios no autónomos sujetos a descolonización bajo el Capítulo XI de la Carta, jamás incluyó a Ceuta, Melilla y demás plazas de soberanía en ella. La ONU NUNCA ha incluido Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía en la lista de Territorios No Autónomos ni en el Comité Especial de Descolonización (C-24). Por tanto, jurídicamente no constituyen colonias ni son territorio pendiente de descolonización.

 

Diferencia con Gibraltar: España rechaza la comparación con casos como el de Gibraltar; la colonia británica sí figura expresamente en la lista del Comité Especial de Descolonización (C-24) de la ONU y se rige por las limitaciones del Tratado de Utrecht de 1713.

 

 

PARTE II: irrumpen el geógrafo y la Geografia


Soy geógrafo, periodista y geógrafo. Y en base a la madre de todas las ciencias, la Geografía, apoyándome en las ciencias auxiliares, como la Historia, establezco mi postulado de defensa de Ceuta:

 

A.   NO ES POSIBLE COMPRENDER LOS GRAVES CONFLCITOS ACTUALES SIN CONOCER SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA

 

B.   AMBAS CIUDADES LLEVABAN CINCO Y SEIS SIGLOS BAJO PABELLÓN ESPAÑOL Y ANTES DE QUE EXISTIERA EL ESTADO MARROQUÍ MODERNO

 

Ya, en el siglo XIII, el pensamiento de Sun Tzu expuesto en El arte de la guerra ya ofrecía la clave metodológica para descifrar la gobernanza contemporánea de Ceuta y Melilla, bajo la máxima de que «el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar». Desde la óptica del estratega chino, el control de ambas ciudades autónomas no se dirime en un choque frontal de ejércitos, sino en el terreno de la inteligencia, la diplomacia y la explotación del “terreno clave”.

Pero volviendo al momento actual, la geopolítica moderna, nacida de los postulados del sueco Rudolf Kjellén, sólo concibe que la supervivencia de un Estado depende de su capacidad para nutrirse de recursos y asegurar posiciones defensivas vitales. En esta matriz orgánica, Ceuta y Melilla representan nodos neurálgicos indispensables para la soberanía de España y la Unión Europea, actuando como un receptor estratégico de impulsos migratorios, comerciales y demográficos procedentes de su entorno inmediato en el Magreb. Su condición de frontera terrestre directa en el norte de África personifica la tensión geopolítica pura que describía Kjellén, donde la geografía impone de forma permanente una vecindad compleja con Marruecos, obligando al Estado a proyectar poder en su periferia para evitar la asfixia o el desgaste de sus fronteras exteriores.

Desde la perspectiva teorizada por Alfred Thayer Mahan, las plazas de Ceuta y Melilla se erigen como baluartes insustituibles al custodiar uno de los cuellos de botella o puntos de estrangulamiento (chokepoints) más críticos y transitados del comercio global: el Estrecho de Gibraltar. Siguiendo el enfoque de Mahan, los puertos de Ceuta y Melilla, en perfecta simbiosis y espejo geográfico con Gibraltar, no son simples enclaves coloniales desfasados, sino activos navales de primer orden que garantizan a las potencias occidentales y a la OTAN la vigilancia sobre el tráfico comercial, el suministro energético europeo y el control de los accesos occidentales al mar Mediterráneo.

Al proyectar la Teoría del Heartland (de la región cardial o del corazón continental) de Halford John Mackinder sobre esta encrucijada, Ceuta y Melilla se posicionan como exclusas marítimas esenciales de la periferia de la "Isla-Mundial". El control soberano de la orilla sur del Estrecho a través de Ceuta y Melilla impide que una potencia terrestre exterior o rival logre bloquear este pasillo naval estratégico. Se convierten Ceuta y Melilla, por tanto, en puestos de avanzados que asegura la conectividad y la libre navegación, elementos nucleares para la proyección de la OTAN y la defensa del flanco sur continental europeo frente a amenazas procedentes de la profundidad de Eurasia.

La Teoría del Rimland (Teoría del borde o del cinturón marginal) de Nicholas J. Spykman —que reorientó el eje del poder mundial hacia las franjas costeras que rodean el continente euroasiático— sitúa a Ceuta y Melilla en el epicentro de la contención geopolítica actual. Para Spykman, quien controla el Rimland domina el mundo, y el Estrecho de Gibraltar es la bisagra donde convergen la seguridad del Atlántico Norte y el flanco mediterráneo de Oriente Medio.

En el escenario contemporáneo de 2026, la estabilidad de Ceuta y Melilla frente a las presiones de soberanía híbrida ejercidas por actores regionales las consolida como el pivote geopolítico que resguarda el equilibrio de fuerzas en el Magreb. Su defensa y consolidación institucional no solo son cuestiones de integridad territorial española, sino un imperativo de seguridad internacional en la franja más sensible del Rimland occidental.

Spykman, el geógrafo y politólogo estadounidense en America's Strategy in World Politics (1942) sostiene que para valorar la posición estratégica de un Estado hay que estudiar: tamaño del territorio, situación geográfica, proximidad a otros Estados y a posibles enemigos, topografía, clima, recursos naturales, población y estructura económica, comunicaciones y profundidad estratégica y vulnerabilidad.

Para Spykman, la geografía no determina la política exterior, pero condiciona las posibilidades estratégicas de un país. La localización respecto a los vecinos determina, entre otras cosas, los problemas básicos de seguridad territorial. 

 

Y mañana entrará en la ecuación la cuestión de la ZONA GRIS… mañana, mas…

 

 


 


[1] La influència de l’almadrava va ser tan intensa en la vida dels benidormers i benidormeres que fins i tot afectava la vida quotidiana de la població. Així, per exemple, les Festes Majors se celebren el segon diumenge de novembre perquè era la data d’arribada dels almadravers de Ceuta, última de les almadraves en dur el cóp a terra, com em confirma el senyor Josep Llorca, qui fou capità de l’almadrava de Ceuta. (Diccionari de Benidorm; artículo Benidorm i l'almadrava: https://diccionaridebenidorm.org/benidorm-i-lalmadrava/ 

 

[2] La prescripción adquisitiva en el Derecho Internacional Público es un modo de adquisición de soberanía territorial mediante el cual un Estado consolida su título legal sobre un territorio a través del ejercicio continuo, efectivo y pacífico de la autoridad estatal durante un período prolongado, ante la ausencia de protesta efectiva o con el asentimiento tácito del anterior soberano. Marruecos alega que las plazas pertenecían históricamente a su ámbito territorial. Marruecos sostiene que las continuas protestas diplomáticas y los combates o rebeliones fronterizas del pasado habrían evitado la consolidación de la soberanía española. España argumenta soberanía fundada en Tratados Bilaterales, con reconocimiento formal, ratificados entre los siglos XVII y XIX; la inexistencia de un Estado marroquí previo puesto que el Reino de Marruecos contemporáneo aún no existía como entidad estatal soberana; y, finalmente, que las agresiones o incidentes fronterizos históricos cometidos por tribus o grupos no pueden considerarse actos de interrupción de una prescripción, pues los tratados internacionales de límites firmados por ambas partes tienen carácter indefinido y no pueden rescindirse ni anularse unilateralmente.

[3] Desde el punto de vista del Derecho Internacional Público, calificar un acuerdo de "tratado desigual" no es un argumento jurídicamente válido para sostener su nulidad o pérdida de valor legal. En Derecho Internacional rige el principio tempus regit actum (el acto se juzga según el derecho vigente en el momento de su celebración).  La Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados consagra la irretroactividad de las normas internacionales en su artículo 4. Además, los acuerdos internacionales que fijan fronteras y delimitaciones territoriales poseen un carácter indefinido y una protección jurídica especial. La calificación de "tratado desigual" es una construcción político-doctrinal, utilizada históricamente por Estados que buscan liberarse de obligaciones convencionales ante cambios en las relaciones de poder, pero no constituye una causa de nulidad. El anclaje más fino es el art. 62.2.a de la Convención de Viena, que excluye el cambio fundamental de circunstancias en tratados de fronteras. Además, la jurisprudencia de Libia/Chad sobre la permanencia de las fronteras te refuerza más que “carácter indefinido e intangible.

[4] Un enclave es un territorio que pertenece a un Estado, pero está completamente rodeado por el territorio de otro Estado. Ceuta no es jurídicamente un enclave internacional, porque no está completamente rodeada por otro Estado: tiene costa marítima española (y espacio aéreo). Estar enclavado no determina a quién pertenece el territorio. Ceuta es un territorio español extrapeninsular.

[5] Es una idea del Derecho internacional según la cual la proximidad o continuidad geográfica entre dos territorios puede ser relevante para determinar su pertenencia territorial, especialmente cuando se trata de territorios próximos, islas o espacios que forman una unidad geográfica. La contigüidad geográfica, por sí sola, no crea soberanía. El caso clásico (Isla de Palmas, 1928) fue un arbitraje de la Corte Permanente de Arbitraje, no del Tribunal Internacional de Justicia. El caso de la Isla de Palmas (1928) fue una famosa disputa territorial entre los Estados Unidos y los Países Bajos resuelta por un arbitraje internacional de la Corte Permanente de Arbitraje (fallado por el jurista suizo Max Huber). Se determinó que un título basado en el mero "descubrimiento" o en la "contigüidad geográfica" (dejarla por estar cerca de otro territorio) no es suficiente si otro Estado demuestra un ejercicio real, continuo y pacífico de la soberanía en el terreno.

[6] Tratados clave: Tratado de Mequínez de los Olivares (1799), Convenio de Tetuán (1859), Tratado de Wad-Ras (1860), Tratado de Paz, Amistad y navegación de Tetuán (1860; por el que Marruecos cedió y reconoció explícitamente la jurisdicción y pleno dominio de España sobre el territorio municipal y sus inmediaciones) y los tratados de demarcación de 1862, 1863 (Acuerdo de Draa-es-Seyet), 1894 y 1895, en los que Marruecos reconoce y delimita las fronteras definitivas de las plazas.