23 ago 2026

A VUELTAS CON EL COMERCIO DE BENIDORM. A PROPÓSITO DE AICO… (I)

  

A estas alturas de la película, a puntito de celebrar 50 años de actividad y representación, ni vamos a enmendarle la plana a AICO, ni a dorarle la píldora; pero sí a proponerles replantearse procedimentalmente su mera actividad a tenor de la realidad comercial del siglo XXI y las tendencias de consumo. Sólo tienen que mirar a su alrededor.

El asociacionismo profesional en Benidorm ha vivido etapas de gloria, comienzos duros y etapas de posicionamiento. Los profesionales de la ciudad siempre han tenido una asociación tras ellos, especialmente desde finales de los 70, y eso se ha notado mucho y bien en aquellos compases de los años ochenta y noventa; y más ahora, donde alguna de aquellas asociaciones ha saltado los límites de la ciudad, la comarca, la provincia y la Comunitat Valenciana. Siempre ha habido en Benidorm buenos mimbres.

De Benidorm han surgido para la ciudad y “el mundo mundial” HOSBEC, para el alojativo; ABRECA-COBRECA, para el resto del sector HORECA; AVIBE, para las agencias de viaje; ADISBAL, para las discotecas; APTUR, para los apartamentos turísticos; AICO[1], para los comerciantes… varias más me dejo, seguro.

Hoteles hay muchos; pero un denominador común. De ahí el éxito de HOSBEC. Ahora bien, lo del comercio es tan amplio y genérico que viene a ser lo mismo que intentar ponerle puertas al campo. ¿O no?

Veamos.

En la vida urbana, llamamos sector comercio al conjunto de actividades económicas del sector Terciario centradas en compra-venta de bienes y productos entre productores y consumidores. Pero… aquí hay tajo para desbrozar.

¿Una tienda de ropa la consideramos comercio? Sí, como un supermercado; pero una agencia de viajes es intermediación comercial, como una inmobiliaria; un bar es hostelería; una discoteca es ocio y una peluquería es un servicio; como un despacho de farmacia, que en puridad jurídica es un establecimiento sanitario, aunque incorpora actividad de venta minorista.

Lo del comercio[2] es un abanico más grande que los que usaban los de Locomía.

Al comercio se le define como el motor que hace andar la ciudad; el que la surte de bienes y da vida a las calles. Y el comerciante es el agente económico que actúa entre productores y consumidores.

Dicho todo esto a modo de introducción, este post viene a cuento porque AICO ha salido a la palestra, como todos los años, con su cantamusa y su encuestilla de pacotilla, sin método científico alguno y, obviamente, sin ficha técnica, más allá de un refrito corta-pega de parvulario que deja mucho que desear y se genera una noticia[3] que se recoge por las bravas sin mayor espíritu crítico.

 

Parte I: ¿Crisis real o falta de miras? El eterno lamento de final de verano

Antes que nada planteo mi punto de vista ante la polémica (para mí, absurda polémica de final de verano): la tradicional bajada de ventas (año tras año) del comercio que se denuncia (año tras año). Y la califico de absurda polémica porque el sector no ve la viga en el ojo propio y no quiere ver que su actividad (el comercio) —que no está en crisis de desaparición— está atravesando desde hace algunos años —y de forma penosa— dos crisis asociadas: una crisis de transformación y una crisis de centralidad. Sólo hay que salir a la calle, quitarse las ‘gafas’ que nos pusimos en la tarde noche del pasado día 12 y verlo; que esa es otra.

Ya soy muy mayor para esto; llevo cuarenta años oyendo lo mismo: “¡cada año vendemos menos!”. Habrá un por qué, ¿no?

Para presentarse a porta gayola y afirmar sin remilgos que han cuantificado la caída de ventas en un 30 % sería necesario conocer, como mínimo el número de establecimientos incluidos en el estudiete, saber a qué se dedica esos establecimientos, conocer el período comparado (agosto con agosto o el que sea), tener referenciadas las ventas nominales (o las reales), saber qué tipos de actividades han tenido en cuenta, la facturación por establecimiento, la evolución de precios y, sobre todo, la metodología estadística aplicada. Incluso quién ha hecho el estudio y redactado las conclusiones.

En los albores de los años 90, cada año, Manuel Bódalo, presidente de AICO, nos señalaba pérdidas entre el 3 y el 8% respecto al anterior; pero seguían en el tajo. Días antes de la Navidad, preparando el encuentro con los Medios, entraba en pánico y… sonaba el teléfono: “¡Juan, que esto no puede ser!”, que se me lamentaba el amigo Bódalo. Y yo cruzaba la avenida del Mediterráneo para tomar con él el pulso a “aquella realidad” en la que participaban muchos más, en mis tiempos de plumilla en activo… Pues en 2026, como entonces… y como antes; ¡como siempre!

Recordando aquellos planteamientos y las cosas de hoy, con una perspectiva personal de cuarenta años, en una toma de contacto previa a este post ha habido quien me ha señalado la importancia del asociacionismo en comercio… y su historia; que viene de muy antiguo. Y me ha tirado a la cara ¡los gremios medievales!

Pero bueno, ¿en qué país vivimos?

Los gremios tenían como fundamento el regular y limitar la actividad: el gremio decidía quién podía ejercer un oficio, bajo qué condiciones, cómo debía fabricarse un producto determinado y, en muchos casos, a cuánto y cómo podía venderse.

Pero es que, ni por esas; si me hubiera sacado a la palestra los consulados de mercaderes o las cofradías de comerciantes ya estaríamos en una senda de aproximación, pero ni siquiera en el camino.

¿De verdad es este el nivel?

El asociacionismo profesional nace en el siglo XIX, ¡con la desaparición del sistema gremial! y la aparición de nuevas fórmulas de representación colectiva basadas en la defensa de intereses económicos y sociales comunes. Es en el siglo XIX cuando aparecen las asociaciones de comerciantes, los círculos mercantiles, las ligas industriales, las asociaciones de fabricantes y las federaciones patronales; y se consolidan las Cámaras de Comercio.

Y es el siglo XX cuando se especializa el asociacionismo. Y en el propio siglo XX se constata que ninguna asociación representa automáticamente a un sector por el simple hecho de existir: su legitimidad depende de tres factores: a quién agrupa, a cuántos del sector representa y a su capacidad para interpretar una realidad económica cada vez más diversa.

Dicho esto, como al principio: a estas alturas de la película, a puntito de celebrar 50 años de actividad y representación, ni vamos a enmendarle la plana a AICO, pero sí a proponerles replantearse procedimentalmente su mera actividad a tenor de la realidad comercial del siglo XXI y las tendencias de consumo.

Con motivo de sus primeros 25 años, AICO editó lo que entonces se llamaba un ‘libro de prestigio’ en homenaje “a los aproximadamente 6.000 trabajadores y empresarios del comercio de la ciudad” recordándonos, cosas del despertar al siglo XXI, que “Benidorm es una Ciudad Nueva del Ocio Playero, mundialmente conocida pero infravalorada, todavía subestimada por los líderes y estrategas del turismo mundial”. Y pontificaba: “Benidorm es una ciudad, entre otras cosas, porque hay unos 1.800 comercios y unos 1.100 bares”.

No doy crédito cuando lo leo y releo: “Benidorm es una ciudad, entre otras cosas, porque hay unos 1.800 comercios y unos 1.100 bares”.

Sé que mi admirado Mario Gaviria estuvo por en medio de ese trabajo —El corazón de la calle. Estudio del comercio de Benidorm— y no quisiera con mi duda faltarle al respeto y a su memoria; pero lo entrecomillado, que me niego a aceptar que sea de él, es un argumento sumamente reduccionista, impropio de él. Sólo alude a un indicador funcional de urbanidad. Sí, lo de los 1.800 comercios y 1.100 bares puede ser un argumento funcionalista, cuantitativo y empírico, pero es absolutamente incompleto para definir una ciudad. Yo siempre le he leído y escuchado al maestro Gaviria que la ciudad es una red de funciones; funciones que ni hablan de bares ni de comercios. Mal comienzo.

Para Gaviria la ciudad es, sobre todo, un espacio social donde se concentra y organiza la vida colectiva: donde se vive, se trabaja, se disfruta (ocio), se mantienen relaciones sociales, se practica el comercio, se dispone de servicios, hay movilidad y es lugar de  encuentro. Lo urbano, insistía el navarrico de Cortes, es una forma de organización de la sociedad y de la vida cotidiana, no una mera acumulación de edificios, bares y comercios. Y ahí entraba Benidorm para Gaviria: una concentración extraordinaria de población, actividad y vida social en un espacio relativamente compacto.

En realidad, dejemos claro un concepto básico: Benidorm tenía hace 25 años 1.800 comercios y 1.100 bares porque era —y es— una ciudad de enorme intensidad urbana, social y económica. No al revés. No por tenerlos era —y es— una ciudad.

Y a lo que iba.

Nada más recibí las reseñas de las noticias producidas en agosto por AICO me repantigué en mi asiento del AVE y comencé a buscar en repositorios trabajos sobre el comercio en Benidorm que pudieran ilustrarme sobre la situación denuncias (año tras año), más allá de algún estudio de retranqueos (otro caballo de batalla comercial por estas calles[4]). Y mira que encontré; y muy buenos.

Indudablemente la tesis del profesor Fernando Vera Rebollo[5], uno de los tres ‘culpables’ de mi pasión por a la Geografía, con un capítulo —el VII— dedicado  al comercio, abre mi compilación. Vera pone los puntos sobre las íes y salen los del comercio como salen.

Un poco anterior en el tiempo está el trabajo de Danielle Dumas aparecido en Annales de Géographie[6] que estudia expresamente el comercio minorista de Benidorm, su transformación y reacción al turismo… Recomiendo su lectura, pero tengan en cuenta que vio la luz en 1982…

Necesito algo más moderno… como el trabajo que dirige JF Perles de 2015[7] que utiliza la actividad comercial como indicador de comportamiento económico y donde leo que “en Benidorm -paradigma de los destinos hoteleros- existe una mayor presencia de (establecimientos de) equipamiento personal (calzado y ropa), típico de este tipo de destinos. También hay una alta incidencia de comercios de precio único y souvenirs, lo que revela la preferencia de los turistas hoteleros por este tipo de bienes”.

Perles y su equipo (Ana Ramón-Rodríguez, Martí Sevilla y Luís Moreno-Izquierdo) señalan que “Benidorm es una excepción” en su cuestionamiento de la generalización del rendimiento económico de la actividad comercial. Y en otro trabajo de Perles[8] encontré el índice de actividad comercial minorista de Benidorm (30’73) que dobla al índice de la provincia (16’32) y al de la Comunitat Valenciana (15’75) “lo que pone de manifiesto la importancia del turismo hotelero en la dinamización del comercio local” que dice

El profesor Perles y que pone de manifiesta lo excesivo e indiferenciado en número que digo yo. Perles toma como referencia para el estudio el Plan de Acción Comercial (PAC) de Benidorm elaborado por la Oficina PATECO del Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunitat Valenciana (que no encuentro en la web).

Y también di con un trabajo[9] que vio la luz en 2009, de Ana Espinosa, donde analiza los casos de Benidorm y Torrevieja para coincidir en que el turismo provocó “un proceso de sobredimensionamiento de la actividad comercial” en ambas ciudades, pero de manera diferente en cada caso. En Benidorm, sostiene, “la oferta se orienta a los turistas” con franquicias y cadenas de distribución (era 2009, recuerden) y “el verdadero motor es el gasto turístico” y ya denuncia Ana Espinosa “la fuga de gasto” hacia Finestrat y su gran centro comercial. Por cierto, en este trabajose destaca que la peatonalización del centro se percibió como muy positiva al tiempo que se calificaba como “conservador” (algo preocupante) el modelo comercial local de la ciudad; y ya estábamos en el siglo XXI.

Hay más trabajos en los repositorios, pero sobre bases de datos de los noventa, por lo que no voy a atender sus cuestiones. Pero en todos hay pellizcos y calvotás para el comercio local: sobredimensionado y desespecializado.

También he encontrado encuestas de Actividades del Sector Comercio y hasta me salió el Benidorm Phygital[10], que está formalmente activo y tecnológicamente desplegado, aunque parece encontrarse en una fase de actividad y visibilidad mucho menor de la que inicialmente prometía su planteamiento. La plataforma está abierta y operativa. Es una infraestructura municipal a disposición del conjunto del tejido comercial de una ciudad que cada día tiene decenas de miles de personas recorriendo físicamente sus calles, lo que convierte la calle en una gigantesca plataforma comercial y experiencial.

 

 Parte 2. El efecto imán: Por qué las marcas tractoras dictan las reglas del juego

Todo esto, lo reconozco, está muy bien, pero el problema es que Benidorm, como tantas otras ciudades, ha sido víctima de la relocalización de las marcas tractoras que son las que generan los flujos.

Y esto, pregunto: ¿se ha tenido en cuenta en el estudiete de AICO?

Desde 2016 que se venía advirtiendo[11] y hoy es una tendencia[12]. El retail español (el comercio minorista, el de venta al detalle) ha experimentado una transformación importante: las grandes cadenas han revisado su red física y han concentrado establecimientos en ubicaciones de mayor productividad. Y han reducido su red[13].

Han puesto el dedo en la llaga urbanística: un pequeño local en una arteria principal puede tener mucho valor comercial por su ubicación, pero suele ser muy poco eficiente operacionalmente[14]. Y en un centro comercial, aunque no cuente con locales excesivamente grandes, juega a favor la organización logística en la que se apoya.

Las grandes marcas racionalizan sus redes y las ciudades pierden establecimientos tractores. Pero ellas, las grandes marcas, ya han calculado —y requetevalorado— que para un turista un desplazamiento de 15 minutos (que puede llegar al doble por la congestión viaria y búsqueda de aparcamiento) no supone un problema[15]. Por eso lo hacen; y el vecino y residente local también acudirá: a la fuerza ahorcan.

Por principio elemental, reconozcamos que las grandes marcas son una cosa y el pequeño comercio otra; nada que ver estructuralmente. Pero el pequeño comercio necesita la aglomeración que le pueden proporcionar las marcas tractoras de flujo. Las marcas tractoras lo saben; ¿por qué ignoran esa realidad los pequeños comercios?

Y a veces olvidamos que una marca tractora vale más para el ecosistema comercial en sí que lo que representa su facturación comercial porque consigue poner en marcha la llamada línea de actividad.

Y les explico la línea: llega una tienda tractora (por lo general muy atractiva) y eso supone, por la novedad, más público; más público anima a más tiendas a sumarse al centro; eso se traduce en más ventas que, a su vez, anima a más tiendas a sumarse al centro buscando su oportunidad allí…. Y así, sin terminar por ser la pescadilla que se muerde la cola, se van sumando tiendas, pero sin colapsar el sistema.

Pero esta línea de actividad también opera en sentido inverso: desaparece una tienda tractora y con su marcha disminuyen los motivos de ir a la zona, lo que baja la afluencia de público y para el conjunto se hunden las ventas; y vamos a cierres y abandonos…

Sí, esto lo tenemos muy trillado: Ocurre.

Y es más: sabemos que en entorno urbano un centenar de pequeños comercios (moda, calzado, regalos, farmacia, decoración, alimentación, bar, cafetería, más moda, peluquería, etc.…) arman ciudad, mientras que —y esto hay que tenerlo en cuenta— una tercera parte de ellos concentrado en un centro comercial generan —¡atención!— ¡un destino de compras! Esto es así.

El pequeño comercio necesita la ciudad y a la marca tractora le da lo mismo la ciudad: puede hacerlo tanto en la ciudad como en otro sitio. Una marca tractora no necesita la ciudad porque ella en sí es el propio reclamo. La ciudad, es cierto, siempre generará demanda, pero esa misma demanda se distribuye en función de la comercialidad y una marca tractora puede conseguirlo por ella misma, sin ciudad.

Además, en la ciudad gravita desde siempre, cual espada de Damocles, el precio de compra del local o el precio del alquiler mensual del local. Ha sido una cuestión histórica que con el arranque del siglo XXI, por desorbitada, cobró mayor protagonismo antes de que cayera la losa de la crisis de las subprime y todo aquello. En 2006 denunciaba AICO el precio de los locales[16] en Benidorm (y la proliferación del comercio chino, que con el COVID desapareció). El alto precio alcanzado les iba echando del centro comercial que ellos mismos había contribuido a crear y propiciado la llegada de una o varias marcas tractoras. AICO tenía razón, pero esa era la situación.

Mañana, más. 

 




[2] El comercio al por menor, que incluye: alimentación; supermercados y autoservicios; carnicerías, pescaderías y fruterías; textil, moda y calzado; complementos, joyería y relojería; muebles, decoración y hogar; electrodomésticos y electrónica; informática y telefonía; ferretería, bricolaje y construcción; librerías, papelerías y prensa; ópticas; perfumería y cosmética; juguetes, deporte y ocio; bazares; souvenirs y artículos turísticos; estancos; vehículos y sus componentes, cuando proceda; venta ambulante y mercados, según la fórmula comercial.

[7] Diferencias en el desempeño económico de los destinos turísticos basados ​​en hoteles y los destinos turísticos residenciales, medidas por su actividad comercial. Evidencia de España, en Current issues in Tourism; https://www.researchgate.net/publication/309012772_Differences_in_the_economic_performance_of_hotel-based_and_residential_tourist_destinations_measured_by_their_retail_activity_Evidence_from_Spain

[10] Proyecto municipal en activo impulsado por el Ayuntamiento para modernizar y potenciar el comercio local y la hostelería. Fusiona el mundo físico de las tiendas de la ciudad con herramientas digitales para crear una gran área comercial abierta y conectada. https://benidorm.org/es/noticias/phygital-entiende-benidorm-ciudad-de-compras-como-una-gran-area-comercial-extendida

[14] Las grades marcas comprar edificios completos para expandirse verticalmente en las grandes ciudades o buscan la logística aplicada en las Grandes Superficies y Parques comerciales.

15 ago 2026

CUATRO PATAS PARA UN BANCO: POBLACIÓN, TRAFICO, LIMPIEZA Y FINANCIACIÓN. EL CASO DE BENIDORM (y II)

 

 

Este, como dije ayer, es un Post en dos entregas; que me ha quedado un poco largo, porque son temas de enjundia.

Continúo: Parte IU. Y sigo tal que así.

Y del tráfico (que decíamos ayer) a la limpieza. Hay un paralelismo claro, pero no es exactamente lo mismo.

Benidorm, insisto, no tiene la población de 80.000 personas que refleja la estadística del INE; en un día punta este verano de 2026 puede estar gestionando más de 380.000 personas. Si hemos quedado (al menos yo) en que no podemos juzgar la circulación viaria comparándola simplemente con la de una ciudad de 80.000 habitantes, con la limpieza viaria ocurre algo parecido, pero elevado a una potencia superior.

Benidorm no genera residuos como una ciudad de 80.000 habitantes. Presta servicios de limpieza y recogida a una población efectiva hasta casi cinco veces superior. Pero aquí hay una diferencia fundamental. Si, en cuanto al tráfico, las personas activas en la ciudad no necesariamente tienen porqué generar un desplazamiento en vehículo, en cuestión de los residuos urbanos cada persona per se genera residuos en el hogar, en la calle, en los comercios, en los restaurantes, etc.; utiliza las papeleras de la vía pública, las de las  playas y los paseos, utiliza los servicios y siempre termina aportando “algo”. Aquí, en el parámetro limpieza viaria, el efecto de la población flotante es mucho más directo e impactante que sobre el tráfico.

El que persevera, alcanza; y me he hecho con una tablita de producción de Residuos Sólidos Urbanos, que es como se llaman, y el “resto” de los que no sean vidrio, envases, papel, enseres y escombros que la concesionaria recoge. Así mi serie comienza en 2010 con 55.225 toneladas y llega a 2025 con 56.970 toneladas.

PRODUCCIÓN ANUAL RSU (tm)

Año

RSU/resto

Año

RSU/resto

2010

55.225’48

2018

57.658’98

2011

55.495’60

2019

57.038’06

2012

53.848’32

2020

34.465’98

2013

53.457’80

2021

38.747’80

2014

53.691’48

2022

50.782’56

2015

54.830’08

2023

53.039’02

2016

54.964’28

2024

55.159’86

2017

57.809’70

2025

56.970’21

Elaboración propia con datos Ayuntamiento de Benidorm y Consorci Mare

Y no son cifras de “basura por habitante empadronado”, sino de la potencia y proyección turística de Benidorm con todos los vecinos, residentes, turistas, trabajadores y visitantes de día (o de noche) que viven, disfrutan y usan la ciudad,  Aquí tendríamos que aplicar el índice de población equivalente atendida que los encuadra a todos y los pondera por el tiempo que permanecen en la ciudad. Así llegamos al concepto de habitantes equivalentes. Por ejemplo, si hablamos de 80.000 empadronados ahora mismo y nos encontramos con el alojativo reglado y segundas residencias con 150.000 más todo el día, estamos prestando servicios urbanos a 230.000 habitantes equivalentes… y me quedo corto.

Y en determinados días podemos estar muy por encima de eso y llegar a esa punta de 365.000 que yo creo que vamos a superar este año.

Pero hay algo que hace que la limpieza sea más complicada que el tráfico. En el tráfico, recuerden, la concentración urbana era —es— una ventaja. Una ciudad compacta permite caminar, concentra  destinos, reduce distancias, anima a ir a pie, cuenta con un adecuado transporte público y reduce desplazamientos motorizados. Pero en el capítulo limpieza, la concentración urbana pasa a ser una desventaja porque tenemos a miles de personas simultáneamente por todas partes: en un vial o en un paseo, en las playas, en las terrazas… ¡por todas partes! Y así las papeleras se llenan rápidamente, los contenedores están sometidos a mucho más uso, aumentan los residuos de hostelería y comercio en general, y al final los restos de suciedad y las manchas en el viario se hacen más visibles exigiendo más intensidad.

Así, la misma densidad que hace eficiente a Benidorm para caminar puede hacer mucho más visible cualquier insuficiencia de limpieza. Y, por ende, aquí aparece la diferencia fundamental con el tráfico y se magnifica desde el punto de vista del impacto visual; y mucho más si se externaliza a través de las Redes Sociales.

Y aquí, ahora, un toque de filosofía. En los documentos y las páginas web consultadas para documentar este post se habla de la limpieza objetiva (¿cuánto residuo se genera?; ¿cuánto se recoge?; ¿con qué frecuencia?; ¿cuánto tarda en retirarse? o ¿de cuántos medios se dispone para ello?), de la limpieza percibida (¿qué ve el ciudadano?; ¿qué encuentra el turista? y ¿qué aparece en redes sociales y Medios de Comunicación?) y de la capacidad del servicio (¿de cuántos medios y trabajadores dispongo y hay por cada mil habitantes equivalentes?).  Y a partir de aquí ya podemos encontrar una explicación muy interesante.

A resultas: un vial puede estar congestionado una fracción horaria del día; y en cuanto pasa, la normalidad hace que deje de ser impactante la congestión aludida. Pero una papelera llena que permanece así, visible, durante varias horas, o una bolsa de basura fuera de un contenedor o enseres en la vía pública, pueden generar una imagen de suciedad tremendamente más impactante que un concierto de claxon solista de un conductor incrustado en un lento flujo viario. La percepción de limpieza tiene una relación enorme con los puntos críticos y los tiempos de respuesta, no solamente con las toneladas recogidas.

Sí. Y con los datos que hemos encontrado, ya podemos hacer una primera reconstrucción “histórica” de Benidorm consigo misma. Creo que, en este caso, es más útil que comparar destinos, porque permite separar tres cosas: cuánto ha aumentado la presión sobre este servicio en concreto, qué ocurrió con los recursos y cuándo aparece el problema de percepción de limpieza.

 

RSU EN EL CONTEXTO DE LA POBLACIÓN EFECTIVA

Año

RSU (TM)

Variación (%)

Variación respecto año anterior (%)

Plazas hoteleras

Ocupación hotelera (%)

Pernoctaciones

2010

55.225’48

Índice 100

0

39.941

75’0

10’21

2011

55.495’60

+ 0’48

+ 0’48

39.798

75’2

10’43

2012

53.848’32

- 2’49

- 2’96

39.772

78’6

10’47

2013

53.457’80

- 3’20

- 0’72

39.983

81’6

10’93

2014

53.691’48

- 2’77

+ 0’43

40.095

82’4

10’73

2015

54.830’08

- 1’53

+ 2’12

40.087

83’1

11’64

2016

55.964’28

+ 1’33

+ 2’06

40.500

85’5

14’01

2017

57.809’70

+ 4’67

+ 3’29

41.096

84’5

14’28

2018

57.658’98

+ 4’40

- 0’26

41.096

84’3

15’04

2019

57.138’06

+ 3’28

- 0’90

~ 41.000

84’2

15’96

2020

34.469’98

- 37’58

- 39’67

~ 41.000

-

4’0

2021

38.747’80

- 29’83

+ 12’41

~ 41.000

61’3

9’8

2022

50.782’56

- 8’04

+ 31’06

~ 41.000

76’3

13’51

2023

53.039’02

- 3’95

+ 4’44

~ 41.000

80’4

15’02

2024

55.159’86

- 0’11

+ 3’99

~ 41.000

81’1

15’46

2025

56.970’21

+ 3’15

+ 3’22

43.800

82’2

16’21

Elaboración propia con datos e información de Visit Benidorm y Benidorm.org

A la vista de la tabla llega primera sorpresa: los residuos no han crecido al mismo ritmo que la ciudad turística. Menos mal.

Hay algo claro: un destino puede estar objetivamente muy limpio y, sin embargo, alguien tener una percepción de falta de limpieza derivada de la concentración de evidencias fruto del número de personas. En este tema, aquí hay tela marinera que cortar porque entran en liza el civismo —cómo se comporta el ciudadano en el espacio público—, la educación —cómo se demuestran los ciudadanos los comportamientos aprendidos en casa y fuera de ella— y hasta la urbanidad —cómo se convive respetando unas reglas comunes en el espacio compartido— para evidenciar cómo somos.

Benidorm soporta una presión de uso del espacio público extraordinariamente elevada. La cuestión no está en si recibe muchos turistas, sino en la capacidad de los servicios públicos en cuanto a dimensión y adaptación al volumen real de población que la ciudad atiende. Benidorm genera una presión sobre el espacio público extraordinaria. Y a esto añadimos el factor que el contrato de limpieza viaria sufrió una reducción importante; que después recuperó capacidad; y que la percepción negativa no refleja necesariamente el nivel medio del servicio.

Y aquí encontramos una paradoja muy interesante: La misma característica que hace más sostenible económicamente el destino —menos estacionalidad— hace que sea más difícil dimensionar el servicio de limpieza. Porque ya no basta con concentrar los refuerzos en tiempo estival (julio y agosto); Benidorm ha vencido la estacionalidad y los necesita, prácticamente, todo el año.

En Benidorm los residuos se generan todo el día, pero especialmente en unas horas y en un espacio muy concentrado. Eso explica por qué una ciudad puede recoger casi 57.000 toneladas al año y presentar en alguna cuestión cierta percepción de suciedad.

El contrato de la limpieza de Benidorm tiene una estructura contractual antigua y tiene su miga; quedó caducado en 2018 y se ha ido prorrogando (en julio de 2026 se aprobó la séptima prórroga anual, por más de 16 millones de euros). En 2023 se aprobó un nuevo contrato para quinces años y por unos 328 millones de euros de coste total, precisamente, para actualizar un servicio que el Ayuntamiento consideraba muy alejado de las necesidades actuales. Pero el procedimiento fue recurrido ante el TACRC por el Grupo Municipal Socialista; y tuvo que rehacerse. Y ahora estamos en agosto de 2026 todavía con el contrato antiguo.

Aun siendo esta una circunstancia objetiva, la evidencia y los datos apuntan a algo más complejo. La demanda turística ha aumentado y se ha desestacionalizado. Eso incrementa la presión sobre el servicio durante más meses.

La producción de residuos ha vuelto a crecer tras la pandemia. Sin embargo, el servicio no, aunque ha demostrado capacidad de refuerzo como en el verano de 2025 y en el actual. La percepción no parece homogénea.

Identifico tres problemas diferentes: un problema estructural (contrato antiguo con reducción histórica de recursos y aparición de nuevas necesidades de la ciudad), un problema operativo (picos de demanda que pueden estresarlo) y un posible problema de gestión (que sería por zonas, en función de frecuencia, rutas, horarios o medios para atender picos de demanda en condiciones de excelencia).

Benidorm no necesita defenderse diciendo que “no está sucio”; esa es una batalla imposible y, además, innecesaria. Siempre habrá alguien que esgrima esa percepción ante una realidad percibida, por muy puntual que sea. Una ciudad de 365.000 personas en un día punta, con decenas de miles de personas concentradas en playas y vías públicas va a tener siempre episodios de suciedad. Les recuerdo, además de la cantidad, las cuestiones de civismo, educación y urbanidad.

La cuestión es otra: ¿tiene Benidorm hoy una capacidad de limpieza dimensionada para la ciudad que realmente es, y no para la ciudad que era cuando se diseñó el contrato?

La respuesta sencilla es no; pero la respuesta cierta y veraz, en realidad, es compleja. Y eso nos lleva a una conclusión bastante elegante: el problema no es el éxito turístico de Benidorm; el problema es que algunos de sus servicios públicos no se acompasan con la misma celeridad al éxito turístico de Benidorm, una ciudad que debe conseguir que sus servicios crezcan al mismo ritmo que la ciudad efectiva que atiende.

Y como hoy voy de tablas intentando dar visibilidad a las cuestiones, pues sobre la basura en Benidorm, otra:

LA CUESTIÓN DEL CONTRATO DE LIMPIEZA VIARIA Y RECOGIDA RSU

Año

Situación

Trascendencia

1993

FCC obtiene el contrato de recogida de residuos y limpieza viaria.

Estructura contractual de partida

2005

FCC informa de un servicio de unos 115 trabajadores, operativos sobre 160 toneladas/día de residuos y refuerzos en verano, Navidad y Semana Santa.

Referencia del dimensionamiento del servicio

2010

Coste presupuestado del servicio: 17,6 millones €.

Primeras referencias a recortes y aumento de la suciedad

2011

El coste del servicio ya había bajado a 14,3 millones €.

Antes de la reducción formal del 25% ya había un ajuste importante

2012

El gobierno municipal anuncia una reducción de más del 25% del contrato con FCC para ahorrar unos 4 M€/año

El origen político de la operación[1].

Marzo

2013

Se renegocia el contrato en medio de fuertes discrepancias sobre precios, servicios prestados y facturación.

Conflicto contractual y económico[2].

Abril 2013

El Pleno aprueba la modificación a la baja. La reducción efectiva queda en el 27,58%, equivalente a 3.958.953’12 €.

Se fija un canon de 9.175.815’39 € + IVA[3]. Es incluso superior al 25% anunciado.

2017

El Ayuntamiento sigue resolviendo las consecuencias de las revisiones de precios de 2009-2017[4]

El Ayto. de Benidorm debe abonar a la empresa 14 millones € por la diferencia de los cánones facturados y revisados de 2009 a 2011.

2018

El contrato llega a su fecha de caducidad

Arrancan las prórrogas.

2022

La reducción de 2012 se identifica como causa de insuficiencia del servicio[5].

El quid de la cuestión.

2024

El TACRC obliga a rehacer parte de los nuevos pliegos[6].

Se retrasa aún más la nueva adjudicación.

2026

Séptima prórroga; el alcalde reconoce no estar satisfecho con el estado de la ciudad[7].

La situación se ha prolongado hasta hoy…

 El contrato actual lleva años caducado; aproximadamente ocho años funcionando fuera de su periodo ordinario de vigencia.

Y de cara al nuevo contrato, atendiendo las recomendaciones del TACRC[8], las cifras, sí, son enormes: 249’7 millones de euros de presupuesto de licitación (226’3 millones de euros, má IVA); diez años de duración. Aproximadamente 25 millones de euros anuales.

Mientras llega, el machaque en RRSS no demuestra que toda la ciudad esté sucia, ni siquiera que el nivel medio de limpieza haya empeorado; lo que evidencia es que hay puntos negros. La existencia de quejas sobre limpieza no distingue a Benidorm de otros grandes destinos turísticos españoles[9]. Que el problema no sea exclusivo de Benidorm no significa que su dimensión sea la misma en todas las ciudades. La comparación relevante no es, por tanto, quién recibe más quejas, sino qué presión soporta cada municipio, qué recursos destina a combatirla y con qué sistema de financiación cuenta para hacerlo; que esta es otra a la que ahora llegaremos.

Y hay una variable que debemos introducir: la densidad. Aquí creo que está la clave.

Comparar Benidorm con una ciudad turística convencional sin corregir por densidad de uso del espacio público puede ser engañoso.

¿Es suficiente el actual servicio de limpieza para una ciudad que recibe esta cantidad de usuarios y genera esta cantidad de residuos?

En abril de 2012, el Gobierno municipal de Agustín Navarro anunció su intención de reducir en más de un 25% el contrato de limpieza viaria y recogida de residuos con FCC. Según informó entonces El País, el objetivo era obtener un ahorro de unos 4 millones de euros anuales. La reducción no se formalizaría hasta abril de 2013: el nuevo canon supuso finalmente una rebaja de 3.958.953’12 euros al año, el 27’58% del contrato[10]. La operación en 2012 situaba el coste de limpieza de Benidorm en 14’3 millones frente a 17’6 millones en 2010, y explicaba que el Ayuntamiento pretendía seguir renegociando a la baja el contrato[11].

Por tanto, no estamos hablando de una reducción imaginaria o de una interpretación política posterior. Pero aparece algo todavía más interesante: en octubre de 2012, en plena negociación, el PP llegó a denunciar que existía un informe técnico que planteaba rescindir el contrato por incumplimiento del 30% de los servicios[12]. En aquel momento había dos problemas distintos y simultáneos: el Ayuntamiento quería pagar menos, por razones de ajuste financiero (un eufemismo literario) y había discrepancias sobre qué servicio estaba prestando realmente FCC. Y esto desembocó en auditorías, litigios y controversias sobre revisiones de precios.

Y así podemos señalar una cadena causal que podemos resumir así. A partir de un contrato caducado desde 2018 llegamos a unos nuevos pliegos preparados en 2022 que obtienen reparos de Intervención que conllevaron a su paralización en julio de 2022 por discrepancias con Hacienda. Una nueva tramitación lleva a la aprobación de los nuevos pliegos en diciembre de 2023 y entra en liza un recurso del PSOE, en enero de 2024, que se materializa con una resolución del TACRC en febrero de 2024 que lleva consigo la anulación de varios elementos en los pliegos, lo que conlleva la retirada de los mismos. Una nueva redacción se materializa en un nuevo expediente en diciembre de 2025 en cuya tramitación se hace imprescindibles la séptima prórroga en julio de 2026.

El desenlace lógico es que sea adjudicado tras el verano.

Ahora mismo, Benidorm continúa prestando el servicio con el contrato antiguo, mientras el nuevo contrato todavía está en fase de licitación. El nuevo expediente se ha redactado después de la resolución del TACRC y actualmente se encuentra en fase de licitación Aún con esas, este verano, el problema de fondo no desaparece hasta que el nuevo contrato sea adjudicado y entre efectivamente en servicio. El nuevo contrato conlleva una renovación completa de medios, organización y una base logística y es razonable pensar que el nuevo contrato puede producir una mejora apreciable en la percepción de limpieza de Benidorm. Hay que distinguir entre tener más recursos y que el ciudadano y el turista perciban la ciudad como más limpia.

El propio debate de los últimos años muestra que no todo el problema de la limpieza se resuelve con la contrata. Una ciudad turística como Benidorm genera una cantidad extraordinaria de residuos y tiene comportamientos que afectan directamente a la percepción: abandono de enseres, residuos fuera de contenedor, colillas, suciedad asociada al ocio nocturno, etc.

Por eso, incluso un contrato mucho mejor puede no dar el resultado esperado si no va acompañado de vigilancia, sanción, educación y colaboración ciudadana.

Así, con todo, el verdadero indicador de éxito se verá en 2027 si se percibe Benidorm como una ciudad más limpia. QWue repito: la limpieza es cuestión de percepción.

La Encuesta Turística de Benidorm 2025 proporciona exactamente el indicador que necesitamos para esta cuestión: los turistas dieron a la limpieza de calles y plazas una puntuación de 8’1 sobre 10[13]. La valoración general del destino fue 8,8 y la del entorno natural 8’5. Ya más, en agosto de 2025 la Cadena SER recogía opiniones divididas entre residentes y turistas; aunque había críticas, la mayoría de los visitantes consultados expresaba una valoración positiva de la limpieza[14].

Así que… para gustos: ¡los colores!, pero puede ir mejor.

Y expuesto esto, considero que los grandes destinos turísticos españoles no tienen un problema de exceso de población estival con todo lo que ello conlleva, por ejemplo, en tyráfico y limpieza viaria. Lo que tienen —tenemos— es un problema de desajuste entre población administrativa y población efectiva. Benidorm es uno de los ejemplos más claros. Su éxito turístico hace que durante buena parte del año sus calles, paseos, playas, suministros, servicios de limpieza o sistemas de transporte sean utilizados por muchas más personas de las que figuran en su padrón. Por eso, tráfico y limpieza no deberían analizarse como problemas aislados sino como dos manifestaciones que son de una misma realidad: la presión urbana que genera una población flotante muy superior a la población residente.

En turismo, estimo yo aqyi y ahora, el verdadero indicador no debería ser el de “densidad turística” sino el de “población estimada atendida” que bien podría salir de las cifras de la población estimada atendida.

POBLACIÓN ESTIMADA ATENDIDA EN BENIDORM

Año

Padrón

Habitantes

Turistas

Pernoctaciones (millones)[15]

Consumo

Agua (m3)

Consumo eléctrico millones KWH

RSU

Recogidos

Población Estimada

Atendida

2005

67.422

1.801.095

10’66

12.495.960

474’77

61.616’52

237.090

2006

67.627

2.252.246

-

12.246.390

480’35

62.744’58

247.462

2007

69.058

2.030.311

10’93

12.190.904

480’23

63.003’66

242.838

2008

70.280

1.970.401

-

11.939.660

483’59

60.276’96

237.670

2009

71.034

1.924.441

9’95

10.929.819

480’74

56.338’00

226.499

2010

71.198

2.027.309

10’21

10.385.870

445’22

55.225’48

219.645

2011

72.062

2.143.070

10’43

10.334.870

460’58

55.495’60

224.140

2012

72.991

2.109.321

10’47

10.183.717

437’37

53.848’32

217.661

2013

73.768

2.276.054

10’93

10.022.550

425’98

53.457’80

218.266

2014

69.010

2.260.890

10’73

10.107.892

441’74

53.691’48

220.805

2015

69.045

2.342.172

11’64

10.110.257

436’52

54.830’08

223.056

2016

66.642

2.504.311

14’01

10.459.810

441’64

55.964’28

230.256

2017

67.558

2.586.285

14’28

10.296.256

440’71

57.809’70

232.985

2018

68.721

2.630.256

15’03

9.987.631

440’75

57.658’98

232.064

2019

68.721

2.687.541

15’96

9.980.486

436’45

57.138’06

232.052

2020

70.450

-

4’0

7.184.388

304’76

34.469’98

-

2021

69.118

-

9’8

7.775.237

324’48

38.747’80

-

2022

69.738

2.575.540

13’5

9.911.391

415’12

50.782’56

219.637

2023

72.342

2.774.130

15’02

10.476.696

431’14

53.039’02

231.269

2024

74.668

2.848.834

15’46

11.028.869

434’37

55.159’86

238.582

2025

77.327

3.050.408

16’21

11.663.554

466’77

56.970’21

252.592

Elaboración propia en base a datos Benidorm.org y Visit Benidorm.

La “población estimada atendida” es una magnitud que permite conectar en una misma ecuación tanto turismo en sí, como el tráfico rodado, la génesis de residuos, la eliminación de los mismos (la limpieza viaria y la recogida RSU), los suministros de agua y electricidad, otros varios más que a bote pronto no me salen y, ¡cómo no!, la más que necesaria financiación municipal; porque  el objetivo es atender a las personas.

Sí, los municipios turísticos necesitan una financiación adicional y específica. Y esto lo lleva reclamando Benidorm desde 1963[16].

Pero voy a más porque me veo venir a más de uno. No creo que la solución adecuada sea una simple tasa turística municipal. La solución más coherente sería reformar el sistema de financiación local para que incorpore la población efectiva que soporta cada municipio; sumando la población turística.

Y esto ya no es solo una reivindicación de Benidorm. En mayo de 2026 la propia FEMP ha pedido al Gobierno reactivar el concepto y la financiación de los municipios turísticos[17], precisamente porque considera que el modelo actual no refleja la presión real sobre los servicios municipales.

Es más: el Ministerio de Hacienda ha reconocido que el actual sistema tiene un régimen específico para los llamados municipios turísticos, pero la definición del mismo es extraordinariamente restrictiva: más de 20.000 habitantes y más viviendas secundarias que principales. Solo 14 municipios encajan actualmente en esa categoría[18].

Benidorm, permítanme que insista, no es una ciudad de 80.000 usuarios; es, cuando menos, de 250.000 y, además, la mayor parte de la riqueza fiscal que genera la actividad turística de la ciudad no retorna directamente al Ayuntamiento en proporción a la intensidad que soporta. De hecho, el Ayuntamiento de Benidorm ha cuantificado públicamente esa reivindicación: sostiene que Benidorm genera unos 1.800 millones de euros anuales de recaudación tributaria para el Estado y recibe alrededor de 18 millones en financiación estatal[19]. Es un dato que expresa perfectamente el desequilibrio que se denuncia.

Con la financiación que se pide, yo no hablaría de que se solicita un “privilegio para los municipios turísticos”. Yo hablaría de una financiación de la población efectiva de un municipio como es el municipio turístico.

Es que, por ejemplo, un municipio que tiene 50.000 habitantes censados pero soporta 150.000 personas durante buena parte del año no está pidiendo un privilegio con esa financiación: lo que hace es reclamar recursos para prestar servicios a esas 150.000 personas. Está pidiendo que la financiación pública reconozca la realidad sobre la que tiene que desarrollar la gestión de gobierno; que el sistema de financiación reconozca la población efectiva sobre la que un municipio presta servicios.

Y esa financiación debe tener cabida en la Participación en los Tributos del Estado como un Fondo Estatal de Compensación por Población Turística Efectiva. Y no, esa financiación no llegaría de una tasa más que tuviese que pagar el turista directamente en destino. Sería una transferencia del Estado a los municipios, financiada con los ingresos tributarios que ya genera la alta actividad económica turística que en los municipios turísticos se desarrolla.

Insisto: no sería necesario gravar nuevamente al turista. El turista ya paga IVA, impuestos especiales, IRPF indirectamente a través de la actividad económica, impuestos empresariales, etc. No necesitamos cobrarle otro impuesto más; necesitamos que una parte de la riqueza fiscal que genera el turismo en el territorio llegue al mismo territorio que soporta sus costes.

Sí, planteo una revisión del concepto de municipio turístico desde una perspectiva funcional, que reconozca su peso económico y social, así como el mayor esfuerzo de servicios que deben hacer los municipios turísticos a través de sus servicios municipales. No una tasa turística para que el turista pague más, sino un Fondo Estatal de Municipios Turísticos que devuelva a los municipios una parte de la capacidad fiscal generada por una actividad económica que ellos soportan territorialmente.

Ahora Ud., que ha llegado hasta aquí, respóndame con sinceridad a esta pregunta: ¿Puede España presumir de ser una potencia turística mundial y seguir financiando sus grandes destinos como si solo vivieran en ellos sus empadronados?

Pues eso, que Benidorm no tiene un problema de exceso de población turística; tiene una cuestión de desajuste entre la población administrativa que financia el municipio y la población efectiva a la que el municipio presta servicios. Y, de paso, planteo que habría que dar un paso adelante y llegar a un Índice de población efectiva soportada académicamente desarrollado y aceptado. El IUT, que pulula por ahí, nos sirve para comparar intensidad territorial; pero la población efectiva soportada nos serviría para explicar el coste de gobernar una ciudad turística.

 



[8] Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales

[15] Hasta 2015 sólo recoge pernoctaciones hoteleras.