19 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (II)

 


Como decíamos ayer: hoy vamos con la Zona Gris…

 

¡ATENCIÓN: ZONA GRIS!

Y es en este contexto de la situación vivida por Ceuta donde cobra especial interés el concepto de “zona gris”, un espacio situado entre la cooperación pacífica y el conflicto abierto en el que un Estado puede tratar de alterar progresivamente el statu quo de otro sin cruzar el umbral que desencadenaría una respuesta militar. Aplicado a Ceuta y Melilla, este marco ha sido desarrollado de manera específica por investigadores que han analizado la posibilidad de que Marruecos combine instrumentos políticos, económicos, diplomáticos, informativos, migratorios y militares para ejercer presión sobre ambas ciudades. No se trata, por tanto, de afirmar que exista una guerra, sino precisamente de analizar una estrategia que persigue objetivos propios de un conflicto abierto sin llegar a la guerra, mediante una acumulación gradual de presiones destinada a modificar el statu quo.

La zona gris[1] no significa que haya guerra; significa precisamente que se intenta conseguir objetivos propios sin llegar a la guerra.

Zona Gris define campañas que persiguen objetivos políticos de manera gradual, empleando fundamentalmente medios no militares y manteniéndose por debajo de los umbrales que provocarían una guerra abierta.

Y muy molesto con todos los que están hablando en los últimos dos meses de “guerra híbrida”, decirles que “zona gris” y “guerra híbrida” no son exactamente lo mismo.

En el tablero de la zona gris, la presión sobre Ceuta no se limita a las reivindicaciones territoriales: incluye el aprovechamiento de las vulnerabilidades europeas y el riesgo de instrumentalización de los flujos migratorios como herramienta de presión política. En román paladin: Marruecos aplica la doctrina del engaño y el desgaste psicológico; conoce las vulnerabilidades legales y políticas europeas y utiliza la migración forzada, instrumentalizada, en el espigón de El Tarajal como palanca asimétrica de presión.

Frente a ella, la respuesta defensiva inteligente de España debe pasar por aplicar el axioma de “conocerse a sí mismo”: blindar su resiliencia interna e invencibilidad defensiva mediante los artículos 42.7 del Tratado de la Unión Europea y 222 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, herramientas que europeízan legalmente la soberanía y disuaden la coacción al convertir a Ceuta en un bastión inexpugnable.

Esto no es nuevo y desde 2020 no han faltado los informes alertando de esta situación.

Los profesores Josep Baqués, Javier Jordán, Manuel R. Torres y Guillem Colom elaboraron para el Observatorio de Ceuta y Melilla/Instituto de Seguridad y Cultura el informe “Las pretensiones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla desde la perspectiva de la zona gris”[2] publicado en noviembre de 2021. Posteriormente, Josep Baqués desarrolló individualmente la tesis en 2022 en la revista académica Defence Studies, con el significativo título: “Is Morocco operating a grey zone in Ceuta and Melilla?/ ¿Está Marruecos operando una zona gris en Ceuta y Melilla?”[3] donde concluye que Marruecos presenta suficientes elementos para hablar de una estrategia de zona gris dirigida a modificar el statu quo de Ceuta y Melilla a medio plazo. Pero esto es más grave, porque el profesor Baqués ya había publicado en noviembre de 2020 el artículo: “Marruecos y la Zona Gris. ¿La mejor herramienta para conquistar Ceuta y Melilla?”[4].

Y posteriormente otros autores españoles profundizaron en la cuestión, entre ellos el capitán de corbeta Carlos Fernández López, con “Zona gris en la frontera sur”[5] (2021), y Guillermo Pulido, con “Incidentes con Marruecos, ¿Una zona gris?” (2020).

La tesis de Baqués y sus colegas es bastante más sofisticada que decir simplemente “Marruecos hace guerra híbrida”. Su hipótesis es que Marruecos puede intentar alterar progresivamente el statu quo de Ceuta y Melilla sin provocar una guerra con España.

Para ello identifica Baqués diferentes instrumentos como presión migratoria, presión económica, aislamiento comercial, narrativa política, movilización social, presión diplomática, instrumentos jurídicos, demostraciones militares, etc. Es un “toma y daca”.

Lo fundamental es que ninguna de esas acciones, tomada aisladamente, tiene por qué desencadenar una guerra. Pero su utilización coordinada y acumulativa puede modificar progresivamente las condiciones de las ciudades.

El propio informe insiste en que la zona gris pretende precisamente forzar una relación entre dos Estados para alterar el statu quo sin cruzar las líneas rojas que activarían una respuesta militar.

Este pulso invisible nos traslada a la referencia de ayer a Sun Tzu y nos coloca sobre un apartado nuevo, el uso de los espías. Sí, agentes e infiltrados marroquíes operan en la ciudadela para tejer redes de influencia, mientras que ejércitos digitales saturan las redes sociales con campañas de desinformación destinadas a inducir crisis masivas o pánico colectivo.

Históricamente, esta sofisticación y el despliegue de influencia blanda recuerdan al almirante chino Zheng He (1371-1433), quien demostró que el verdadero dominio de las rutas globales no radica en la conquista violenta de la costa, sino en la proyección pacífica de una capacidad logística imbatible que disuada al oponente.

Por su parte, España emula este principio en el ciberespacio mediante el uso de Honey-pots o ciber-señuelos (“espías liquidables”), inyectando datos erróneos de vulnerabilidad para forzar a las granjas de trolls del adversario a revelar sus estructuras en tiempo real, neutralizando la agresión cognitiva antes de que cause daño real en el plano físico. Vamos: algo de manual que es lo que se debería estar (o haber estado) haciendo.

Y finalmente, quiero incorporar a este posicionamiento al geógrafo francés (comunista) Yves Lacoste[6] y su obra La geografía: un arma para la guerra —responsable de que yo me hiciera geógrafo— porque nos ofrece el cierre perfecto para este conflicto asimétrico. Lacoste revolucionó las ciencias al denunciar que la geografía no es un saber escolar inofensivo, sino un instrumento estratégico y militar utilizado por los Estados para la dominación territorial.

Marruecos conoce el valor estratégico de la frontera y la capacidad de los flujos migratorios para generar situaciones de presión sobre Ceuta. Por eso, resulta imprescindible analizar cuándo la gestión de esos flujos responde a dinámicas ordinarias y cuándo puede convertirse en un instrumento de presión política. Y si encima encuentra apoyos, como el que denunció el sábado día 17 de octubre El Español —El vídeo de la vergüenza: la Policía intentó evitar el asalto a Ceuta y la Guardia Civil abrió la verja por orden del Gobierno[7]— ¿qué más podemos hacer? ¿Qué está pasando en este país?

Hasta ese mismo día 17 de octubre creíamos que para contrarrestar esta ofensiva, España oponía, como mínimo, una “geografía institucional” respaldada por agencias como Frontex. Pero no.

La premisa última de Lacoste: ante un mapa utilizado como arma de guerra, la única defensa eficaz es la solidez política y soberana sobre el propio territorio.

Lacoste permite ir más allá de la historia de las reivindicaciones territoriales marroquíes y examinar cómo la geografía, el control del espacio, las fronteras y el conocimiento del territorio pueden convertirse en instrumentos de poder político y estratégico.

a)   La Geografía como instrumento de poder: el conocimiento del espacio no es neutral: puede servir para planificar, ejercer autoridad y desarrollar estrategias políticas y militares. En Ceuta, esto obliga a estudiar su posición junto al Estrecho, su frontera terrestre con Marruecos, sus conexiones marítimas y su condición de territorio español en el norte de África. 

b) El control del territorio más allá de la fuerza militar: el control de una frontera también puede verse afectado por decisiones administrativas, flujos comerciales, movilidad de personas, cooperación policial y gestión migratoria. Son ámbitos que condicionan la relación entre los dos Estados y el funcionamiento cotidiano de Ceuta, aunque no todos constituyan por sí mismos instrumentos de presión deliberada. 

c)   Y el espacio geográfico como realidad y como representación política porque un territorio puede tener un significado distinto para cada Estado.

La posición de Ceuta es una realidad física; interpretarla como frontera europea, enclave estratégico o territorio pendiente de incorporación (supuestamente) una construcción política.

Analizar cómo se utilizan esas representaciones permite comprender mejor el conflicto de narrativas.

Lacoste ofrece una perspectiva especialmente útil para comprender la dimensión geopolítica de Ceuta. Su principal aportación consiste en recordarnos que el territorio no es solamente un espacio físico que se describe en los mapas, sino también una realidad que los Estados conocen, interpretan y utilizan para defender sus intereses.

En Ceuta, la posición junto al Estrecho de Gibraltar, la frontera terrestre con Marruecos y su condición de ciudad española y frontera exterior de la Unión Europea configuran una singularidad estratégica. Desde esta perspectiva, las reivindicaciones marroquíes no deben analizarse únicamente como una controversia histórica, sino también atendiendo al valor político de la geografía y a las formas en que se construye la legitimidad territorial.

La cuestión fundamental es determinar hasta qué punto los discursos, las decisiones fronterizas y las relaciones económicas y diplomáticas expresan una competencia por influir sobre el espacio. Lacoste no proporciona por sí mismo la respuesta, pero sí una herramienta para formular la triple pregunta esencial: ¿quién interpreta el territorio?, ¿con qué objetivos? y ¿mediante qué instrumentos pretende ejercer influencia sobre él?

La foto que ilustra este post es de traca: un “BMR del Ejército en el Tarajal, Ceuta, con decenas de personas observando desde la ladera”, podía ser mi pie de foto. Ni guerra ni paz: la zona gris en una sola imagen.

En el borde inferior izquierdo, dos motitos aparcadas, un detalle muy cotidiano que contrasta con el material bélico: el blindado y las motos en el mismo plano visualizan esa ambigüedad entre lo civil y lo militar.

En lo alto, a lo largo de toda la cresta, una larga fila de personas observando a los militares: arriba los observadores (los que quieren entrar), abajo los soldados en una jerarquía visual clara, casi un cuadro. La línea de gente en la cresta es muy potente.

La luz es plana y grisácea, de cielo cubierto.

La foto condensa la idea: una posición de posible respuesta militar ante un fenómeno que no es una guerra, con civiles que miran en lugar de atacar. El colmo: el arma del blindado enfundada. Es casi una metáfora visual literal: el arma está ahí, pero tapada; no sea que les moleste verla, porque intimida… ante un acto de agresión que pueden llegar a cometer.

Puede que alguien entienda presencia disuasoria sin uso activo; quizás fuerza que se exhibe pero no se ejerce, porque no se puede. Eso es muy cercano a la lógica de la zona gris, donde se actúa por debajo del umbral del conflicto abierto.

 

Expuesto esto, mañana ya entramos con la (grande y terrible) historia de Ceuta…

 


[1] El concepto de gray zone describe el espacio de competencia entre la paz y la guerra abierta, utilizando presión política, económica, informativa, diplomática, cibernética o incluso militar, pero sin cruzar claramente el umbral de una guerra convencional. El término zona gris aparece por primera vez en la revista Quadrennial Defense Review (2010) referido a un espacio ambiguo “ni completamente guerra ni completamente paz”. En 2015, el general Joseph L. Votel, entonces jefe del U.S. Special Operations Command, contribuyó a poner el concepto en la agenda estratégica estadounidense. Y también en 2015 Michael J. Mazarr, de RAND y del Strategic Studies Institute, le dio una formulación teórica mucho más completa en su artículo Mastering the Gray Zone: Understanding a Changing Era of Conflict. https://thepoliticalroom.com/blog/conflictos-en-la-zona-gris-origen-y-desarrollo-del-concepto

[6] Yves Lacoste (Fez, Marruecos 7 de diciembre de 1929-Bourg-la-Reine, Altos del Sena, 20 de junio de 2026) Geógrafo, profesor (emérito de geopolítica en la Universidad de París VIII) y geopolítico, fundador de la revista «Herodote», un referente inevitable en los análisis geopolíticos y geográficos. Lacoste es también considerado padre de la geopolítica moderna. https://legrandcontinent.eu/es/2026/06/22/yves-lacoste-1929-2026-padre-refundador-de-la-geopolitica-francesa/ 

18 oct 2026

SOBRE CEUTA, con la que está cayendo... (I)

 

 

Hoy comienzo una serie de post centrado en la españolidad de Ceuta (y de Melilla). Se me ofreció la oportunidad de dar una charla a la Asociación de Amas de Casa de Benidorm sobre ese particular en la víspera de su patrona: Santa Teresa.

Acepté el reto que ello suponía y el 9 de octubre, tras el acto institucional, recluido por otras cuestiones, empecé sobre un folio en blanco a estructurar a bolígrafo lo que podía ser. Sábado 10 y domingo 11, le di forma picando tecla a tecla en el ordenador. El lunes 12 de octubre, antes de cumplir con la Guardia Civil estaba terminado. El problema se me planteó el miércoles 14 a la hora de la exposición: mucho material, que me atreví a resumir.

Creo que salió bien y se pudo responder a las preguntas a todas las preguntas.

Y ya que está confeccionado el texto, que me fue solicitado, lo aireo a través del blog, en fascículos, añadiendo "un par de detalles de última hora" que hemos ido sabiendo y eliminando lo que estaba iluminado "en fosforito" para destacar en la charla; ahora es un texto en su conjunto.

Comenzaba tal que así…

 

La soberanía de Ceuta descansa en títulos jurídicos, no en continuidades civilizatorias; y la presión actual de Marruecos se entiende mejor como zona gris que como guerra híbrida.

Me he decantado por Ceuta, aunque se me pidió inicialmente “por la españolidad de Ceuta y Melilla”, por una razón, digamos, sentimental. Para Benidorm, Ceuta es un referente en la almadraba y en nuestra historia local. Durante generaciones, Ceuta fue uno de los grandes destinos fundamentales de los almadraberos benidormenses y el último vínculo de una tradición marinera que había proyectado a Benidorm por todo el Mediterráneo y el norte de África.

El Diccionari de Benidorm destaca que las fiestas patronales de Benidorm se celebran el segundo domingo de noviembre porque esa era la fecha enque ya estaban de regreso los almadraberos que trabajaban en la almadraba de Ceuta, cuya temporada terminaba más tarde que la de las otras[1].

 

PARTE I: Planteamientos

La reclamación de Ceuta y Melilla (y las plazas de soberanía) por parte de Marruecos se fundamenta en la idea de que ambas ciudades (y el conjunto) constituyen un vestigio colonial sobre suelo africano que vulnera su integridad territorial y que debe ser integrado en su Reino, apelando a la continuidad de los antiguos sultanatos magrebíes.

Una pretensión política no puede prevalecer sobre los títulos históricos y jurídicos que acreditan la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Entre sus argumentos jurídicos y políticos, Rabat ha esgrimido habitualmente cinco cuestiones principales: la integridad territorial, la prescripción adquisitiva[2], la nulidad o pérdida de valor de los acuerdos al calificarlos de “tratados desiguales”[3], la condición de ”enclave”[4] y el principio de contigüidad[5] o integración geográfica.

Frente a la postura marroquí, España contrapone un sólido cuerpo de argumentos históricos, internacionales y constitucionales que rebaten la reclamación marroquí:

A)  Preexistencia histórica y títulos internacionales. Confieren una secuencia de soberanía. Ceuta pasó a soberanía portuguesa en 1415, quedó adscrita a la monarquía hispánica en 1580 tras la unión dinástica y decidió permanecer con España tras la separación de Portugal en 1640. Esta cesión quedó ratificada definitivamente en el Tratado de Lisboa de 1668 entre España y Portugal. Melilla se incorporó a la Corona de Castilla en 1497 tras la expedición de Pedro de Estopiñán. En esa época, el territorio no pertenecía a un Estado marroquí unificado, sino a un espacio en constante disputa entre dinastías locales. Melilla ha sido española durante más de 500 años de forma ininterrumpida.


B)  Preexistencia al Estado marroquí: Todos los títulos históricos y jurídicos son muy anteriores, varios siglos anteriores, al nacimiento del Reino de Marruecos contemporáneo, en 1956, tras el fin de los protectorados.

 

C)  Existencia de Tratados bilaterales de límites[6]: A lo largo de los siglos XVIII y XIX, diversos tratados firmados entre España y los sultanes marroquíes (como los de 1799, 1844, 1860 o 1894) delimitaron las fronteras de Ceuta y Melilla y reconocieron explícitamente la jurisdicción y soberanía española. En Derecho internacional, los tratados de límites poseen un carácter indefinido e intangible que no puede ser rescindido unilateralmente.

 

o   Irrevocabilidad: conforme al Derecho Internacional, los tratados que fijan fronteras territoriales tienen un carácter indefinido e intangible y no pueden ser anulados ni rescindidos unilateralmente.

 

o   En el siglo XV —y mucho menos antes— NO existía un Estado marroquí (unificado) en los términos del Derecho Internacional moderno, sino un espacio fragmentado y sometido a pugnas de poder entre diversas autoridades tribales. Por tanto, no se puede afirmar categóricamente que existiera un Estado marroquí en el siglo XV al que pertenecieran dichas ciudades. Aun cuando se considerasen los sultanatos de los siglos posteriores como un todo, los propios sultanes de Marruecos pactaron y firmaron con España múltiples tratados internacionales de límites en los siglos XVIII y XIX (como el Tratado de Mequínez de 1799 o el de Wad-Ras de 1860), reconociendo de forma explícita la jurisdicción y soberanía española sobre ambas plazas.

 

D)  Refutación de las tesis de “enclave” y “contigüidad”: Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía española tienen mar territorial y espacio aéreo. En el Derecho Internacional del Mar, no puede calificarse ni a Ceuta, ni a Melilla, como “enclave” porque cuentan con fachada marítima y poseen mar territorial y espacio aéreo propios (que a la luz de los acontecimientos, Marruecos invade con impunidad y cuando quiere[7]). En cuanto a contigüidad geográfica, la jurisprudencia del Tribunal Internacional de Justicia establece que la mera contigüidad o proximidad territorial no confiere por sí misma un título automático de soberanía a favor del Estado colindante.

 

E)   Integración constitucional y voluntad democrática. Ceuta y Melilla tienen Estatus constitucionales propios y en el ordenamiento español, Ceuta y Melilla se rigen en calidad de Ciudad Autónoma en el marco de la Constitución de 1978 y cuentan con Estatuto de Autonomía (Ley Orgánica 1/1995), constituida como parte integrante de la unidad nacional.

 

F)   Derechos y ciudadanía: sus habitantes son ciudadanos españoles y europeos de pleno derecho que eligen democráticamente a sus representantes en las Cortes Generales y el Parlamento Europeo, sin que exista movimiento social o voluntad manifestada de integrarse en otro Estado.

 

G)  Estatus internacional y la ONU: Cuando la Asamblea General de la ONU elaboró y actualizó la lista de territorios no autónomos sujetos a descolonización bajo el Capítulo XI de la Carta, jamás incluyó a Ceuta, Melilla y demás plazas de soberanía en ella. La ONU NUNCA ha incluido Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía en la lista de Territorios No Autónomos ni en el Comité Especial de Descolonización (C-24). Por tanto, jurídicamente no constituyen colonias ni son territorio pendiente de descolonización.

 

Diferencia con Gibraltar: España rechaza la comparación con casos como el de Gibraltar; la colonia británica sí figura expresamente en la lista del Comité Especial de Descolonización (C-24) de la ONU y se rige por las limitaciones del Tratado de Utrecht de 1713.

 

 

PARTE II: irrumpen el geógrafo y la Geografia


Soy geógrafo, periodista y geógrafo. Y en base a la madre de todas las ciencias, la Geografía, apoyándome en las ciencias auxiliares, como la Historia, establezco mi postulado de defensa de Ceuta:

 

A.   NO ES POSIBLE COMPRENDER LOS GRAVES CONFLCITOS ACTUALES SIN CONOCER SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA

 

B.   AMBAS CIUDADES LLEVABAN CINCO Y SEIS SIGLOS BAJO PABELLÓN ESPAÑOL Y ANTES DE QUE EXISTIERA EL ESTADO MARROQUÍ MODERNO

 

Ya, en el siglo XIII, el pensamiento de Sun Tzu expuesto en El arte de la guerra ya ofrecía la clave metodológica para descifrar la gobernanza contemporánea de Ceuta y Melilla, bajo la máxima de que «el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar». Desde la óptica del estratega chino, el control de ambas ciudades autónomas no se dirime en un choque frontal de ejércitos, sino en el terreno de la inteligencia, la diplomacia y la explotación del “terreno clave”.

Pero volviendo al momento actual, la geopolítica moderna, nacida de los postulados del sueco Rudolf Kjellén, sólo concibe que la supervivencia de un Estado depende de su capacidad para nutrirse de recursos y asegurar posiciones defensivas vitales. En esta matriz orgánica, Ceuta y Melilla representan nodos neurálgicos indispensables para la soberanía de España y la Unión Europea, actuando como un receptor estratégico de impulsos migratorios, comerciales y demográficos procedentes de su entorno inmediato en el Magreb. Su condición de frontera terrestre directa en el norte de África personifica la tensión geopolítica pura que describía Kjellén, donde la geografía impone de forma permanente una vecindad compleja con Marruecos, obligando al Estado a proyectar poder en su periferia para evitar la asfixia o el desgaste de sus fronteras exteriores.

Desde la perspectiva teorizada por Alfred Thayer Mahan, las plazas de Ceuta y Melilla se erigen como baluartes insustituibles al custodiar uno de los cuellos de botella o puntos de estrangulamiento (chokepoints) más críticos y transitados del comercio global: el Estrecho de Gibraltar. Siguiendo el enfoque de Mahan, los puertos de Ceuta y Melilla, en perfecta simbiosis y espejo geográfico con Gibraltar, no son simples enclaves coloniales desfasados, sino activos navales de primer orden que garantizan a las potencias occidentales y a la OTAN la vigilancia sobre el tráfico comercial, el suministro energético europeo y el control de los accesos occidentales al mar Mediterráneo.

Al proyectar la Teoría del Heartland (de la región cardial o del corazón continental) de Halford John Mackinder sobre esta encrucijada, Ceuta y Melilla se posicionan como exclusas marítimas esenciales de la periferia de la "Isla-Mundial". El control soberano de la orilla sur del Estrecho a través de Ceuta y Melilla impide que una potencia terrestre exterior o rival logre bloquear este pasillo naval estratégico. Se convierten Ceuta y Melilla, por tanto, en puestos de avanzados que asegura la conectividad y la libre navegación, elementos nucleares para la proyección de la OTAN y la defensa del flanco sur continental europeo frente a amenazas procedentes de la profundidad de Eurasia.

La Teoría del Rimland (Teoría del borde o del cinturón marginal) de Nicholas J. Spykman —que reorientó el eje del poder mundial hacia las franjas costeras que rodean el continente euroasiático— sitúa a Ceuta y Melilla en el epicentro de la contención geopolítica actual. Para Spykman, quien controla el Rimland domina el mundo, y el Estrecho de Gibraltar es la bisagra donde convergen la seguridad del Atlántico Norte y el flanco mediterráneo de Oriente Medio.

En el escenario contemporáneo de 2026, la estabilidad de Ceuta y Melilla frente a las presiones de soberanía híbrida ejercidas por actores regionales las consolida como el pivote geopolítico que resguarda el equilibrio de fuerzas en el Magreb. Su defensa y consolidación institucional no solo son cuestiones de integridad territorial española, sino un imperativo de seguridad internacional en la franja más sensible del Rimland occidental.

Spykman, el geógrafo y politólogo estadounidense en America's Strategy in World Politics (1942) sostiene que para valorar la posición estratégica de un Estado hay que estudiar: tamaño del territorio, situación geográfica, proximidad a otros Estados y a posibles enemigos, topografía, clima, recursos naturales, población y estructura económica, comunicaciones y profundidad estratégica y vulnerabilidad.

Para Spykman, la geografía no determina la política exterior, pero condiciona las posibilidades estratégicas de un país. La localización respecto a los vecinos determina, entre otras cosas, los problemas básicos de seguridad territorial. 

 

Y mañana entrará en la ecuación la cuestión de la ZONA GRIS… mañana, mas…

 

 


 


[1] La influència de l’almadrava va ser tan intensa en la vida dels benidormers i benidormeres que fins i tot afectava la vida quotidiana de la població. Així, per exemple, les Festes Majors se celebren el segon diumenge de novembre perquè era la data d’arribada dels almadravers de Ceuta, última de les almadraves en dur el cóp a terra, com em confirma el senyor Josep Llorca, qui fou capità de l’almadrava de Ceuta. (Diccionari de Benidorm; artículo Benidorm i l'almadrava: https://diccionaridebenidorm.org/benidorm-i-lalmadrava/ 

 

[2] La prescripción adquisitiva en el Derecho Internacional Público es un modo de adquisición de soberanía territorial mediante el cual un Estado consolida su título legal sobre un territorio a través del ejercicio continuo, efectivo y pacífico de la autoridad estatal durante un período prolongado, ante la ausencia de protesta efectiva o con el asentimiento tácito del anterior soberano. Marruecos alega que las plazas pertenecían históricamente a su ámbito territorial. Marruecos sostiene que las continuas protestas diplomáticas y los combates o rebeliones fronterizas del pasado habrían evitado la consolidación de la soberanía española. España argumenta soberanía fundada en Tratados Bilaterales, con reconocimiento formal, ratificados entre los siglos XVII y XIX; la inexistencia de un Estado marroquí previo puesto que el Reino de Marruecos contemporáneo aún no existía como entidad estatal soberana; y, finalmente, que las agresiones o incidentes fronterizos históricos cometidos por tribus o grupos no pueden considerarse actos de interrupción de una prescripción, pues los tratados internacionales de límites firmados por ambas partes tienen carácter indefinido y no pueden rescindirse ni anularse unilateralmente.

[3] Desde el punto de vista del Derecho Internacional Público, calificar un acuerdo de "tratado desigual" no es un argumento jurídicamente válido para sostener su nulidad o pérdida de valor legal. En Derecho Internacional rige el principio tempus regit actum (el acto se juzga según el derecho vigente en el momento de su celebración).  La Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados consagra la irretroactividad de las normas internacionales en su artículo 4. Además, los acuerdos internacionales que fijan fronteras y delimitaciones territoriales poseen un carácter indefinido y una protección jurídica especial. La calificación de "tratado desigual" es una construcción político-doctrinal, utilizada históricamente por Estados que buscan liberarse de obligaciones convencionales ante cambios en las relaciones de poder, pero no constituye una causa de nulidad. El anclaje más fino es el art. 62.2.a de la Convención de Viena, que excluye el cambio fundamental de circunstancias en tratados de fronteras. Además, la jurisprudencia de Libia/Chad sobre la permanencia de las fronteras te refuerza más que “carácter indefinido e intangible.

[4] Un enclave es un territorio que pertenece a un Estado, pero está completamente rodeado por el territorio de otro Estado. Ceuta no es jurídicamente un enclave internacional, porque no está completamente rodeada por otro Estado: tiene costa marítima española (y espacio aéreo). Estar enclavado no determina a quién pertenece el territorio. Ceuta es un territorio español extrapeninsular.

[5] Es una idea del Derecho internacional según la cual la proximidad o continuidad geográfica entre dos territorios puede ser relevante para determinar su pertenencia territorial, especialmente cuando se trata de territorios próximos, islas o espacios que forman una unidad geográfica. La contigüidad geográfica, por sí sola, no crea soberanía. El caso clásico (Isla de Palmas, 1928) fue un arbitraje de la Corte Permanente de Arbitraje, no del Tribunal Internacional de Justicia. El caso de la Isla de Palmas (1928) fue una famosa disputa territorial entre los Estados Unidos y los Países Bajos resuelta por un arbitraje internacional de la Corte Permanente de Arbitraje (fallado por el jurista suizo Max Huber). Se determinó que un título basado en el mero "descubrimiento" o en la "contigüidad geográfica" (dejarla por estar cerca de otro territorio) no es suficiente si otro Estado demuestra un ejercicio real, continuo y pacífico de la soberanía en el terreno.

[6] Tratados clave: Tratado de Mequínez de los Olivares (1799), Convenio de Tetuán (1859), Tratado de Wad-Ras (1860), Tratado de Paz, Amistad y navegación de Tetuán (1860; por el que Marruecos cedió y reconoció explícitamente la jurisdicción y pleno dominio de España sobre el territorio municipal y sus inmediaciones) y los tratados de demarcación de 1862, 1863 (Acuerdo de Draa-es-Seyet), 1894 y 1895, en los que Marruecos reconoce y delimita las fronteras definitivas de las plazas.

19 sept 2026

YO, CON VIVAS; YO, CON CEUTA

 

De tanto correr por la vida sin freno, me olvidé que la vida se vive un momento… y creo que ya ha llegado el momento de poner de poner los puntos sobre las íes y en valor a una persona a la que las circunstancias han convertido en involuntario protagonista: Juan Jesús Vivas Lara

Sí, el alcalde Vivas. El alcalde de Ceuta al que algún imbécil en RRSS le coloca epítetos injuriosos mientras el hombre afronta con la mayor dignidad que se me ocurre imaginar y con los achaques de su vida, la invasión de su ciudad y la obligación inducida de aguantar carros y carretas con altura de liderazgo y defensa de la convivencia. Y, por mucho que le pese a algunos, serán sus convecinos, los ceutíes, quienes llegado el día le valoren su acción; no los que estamos al otro lado del “ancho”, cada día más ancho, de Gibraltar.

Hoy olvidamos a un Juan Vivas que fue protagonista de los dos estudios que Merco Ciudad, el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa, hizo en España de la figura de los alcaldes. Aquellas encuestas evaluaban y  medían la imagen y la reputación de quienes administraban las ciudades dentro del marco de Merco[1]. Pues bien, por dos veces se consideró a Vivas, a Juan Jesús Vivas Lara, “el mejor alcalde de España”. Y Vivas lleva en el cargo ininterrumpidamente desde el 6 de febrero de 2001. Fue en los años 2009 y 2010. En 2009 Juan Jesús Viva quedó 1º de España, con 1.000 puntos, por delante de Iñaki Azkuna (alcalde de Bilbao) y Teófila Martínez (alcaldesa de Cádiz), que ya de por sí eran los “grandes alcaldes” del momento en acción, repercusión y apoyo ciudadano. El primer estudio incluía 78 ciudades; en 2010 hubo una segunda edición y Vivas volvió a quedar 1º, por segundo año consecutivo. En esta ocasión el estudio se amplió a 81 ayuntamientos.

Merco Ciudad no ha vuelto a hacer el estudio “de alcaldes”, que yo sepa. Merco concentró su actividad en otros monitores y en su expansión internacional. Lo había empezado en 2008, pero no doy con los resultados de aquel estudio ni en su web. Ahora bien, distintas encuestas de valoración ciudadana, citadas posteriormente por Nueva Economía Fórum y otras biografías, sitúan a Juan Vivas entre los alcaldes mejor valorados de España en los años 2008, 2009 y 2010.

Vamos, que de casta le viene al galgo para que luego pueda llegar un impresentable de anatomía generosamente desarrollada y conducta manifiestamente mejorable —de humanidad abundante y virtudes escasas, que también podríamos decir— y pueda pretender faltarle al respeto como persona y como político. Y no te digo ya del presidente del Gobierno de España, del que no voy pergeñar descripción física alguna por ser, de todos, bien conocido y estar en el imaginario personal bien, regular, mal o peor reconocido.

Juan Vivas, hoy por hoy, no es simplemente un alcalde más, porque está de triste actualidad y porque está al frente de la administración de una de las dos ciudades autónomas que tiene España. Y por cosas del Estatuto (de Autonomía de Ceuta)[2], se le llama presidente; pero eso de “presidente” no es el equivalente a un presidente de diputación o un presidente de una comunidad autónoma. Vivas, como señalé, es el presidente de una ciudad autónoma cuyo régimen tiene una singularidad constitucional y estatutaria. El propio Estatuto de Autonomía de Ceuta, en su artículo 15, establece literalmente que el presidente “ostenta también la condición de Alcalde”;  verde y con asas… ¡alcarraza! Vivas es el alcalde de Ceuta, como Juan José Imbroda es el de Melilla[3].

Y ya que estábamos con el Estatuto ceutí, el artículo 25 dice que Ceuta ejerce todas las competencias que la legislación estatal atribuye a los Ayuntamientos, además de competencias procedentes de las Diputaciones, dadas sus peculiaridades al estar enclavada en el Norte de África.  Y esto me lleva a otra cuestión que quería también plantearles porque se produce en la geografía peninsular y nos parece de lo más normal.

Para los que somos de la Comunidad Valenciana, el Rincón de Ademuz[4], salvando las distancias geoestratégicas con Ceuta, es un territorio “comparable” con Ceuta. El Rincón de Ademuz es un enclave valenciano —pertenece a la Comunitat Valenciana y a la provincia de Valencia— pero no tiene continuidad territorial con el resto de la Comunitat Valenciana. Está situado entre Teruel (Aragón) y Cuenca (Castilla-La Mancha). La propia documentación de la Mancomunidad lo define como una “isla valenciana” (sin mar por medio, para más inri) en tierras aragonesas y castellano-manchegas. Ceuta, salvando las enormes diferencias que ustedes me quieran achacar, tiene una lógica territorial semejante: Ceuta es territorio español separado físicamente de la España peninsular.

Aquí llegados, enarbolo mi bandera y sostengo que la discontinuidad territorial no es condición que impida la pertenencia nacional. Ceuta es un territorio español situado fuera de la Península y en contacto directo con un Estado extranjero cada vez más enemigo: Marruecos.

España, por si a alguno se le ha olvidado, tiene incluso dentro de su territorio peninsular más “ejemplos” que demuestran que la pertenencia territorial no depende de la continuidad geográfica.

Así es que, Ceuta, por esa misma lógica mía que ahora esgrimo de pertenencia territorial a una dimensión completamente distinta, es territorio español, con personalidad jurídica y autogobierno propios, situado en la frontera exterior de España y de la Unión Europea.

Miren: esto está muy claro (para mí). Un mapa explica dónde está un territorio; pero lo coloreamos para indicar a quién pertenece. La pertenencia —que quede claro— la determinan la historia, el derecho y la voluntad política expresada conforme al ordenamiento constitucional.

Y tengo más ejemplos de igual calado; de “territorios discontinuos” españoles… Se me ocurre el caso del Treviño[5] (Brugos dentro de Álava), de Villaverde de Trucíos[6] (Cantabria dentro de Bizkaia) o de Llivia[7] (Gerona  en medio de Francia). Este último ejemplo se acercaría más al caso de Ceuta, pero los gabachos no se parecen a los vecinos del Sur.

En estos casos que saco a relucir, la historia, el derecho y la organización política han producido una realidad territorial que no coincide con la continuidad geográfica. Y tengo más: Petilla de Aragón (lugar de nacimiento de Santiago Ramón y Cajal) y Baztanes, que son enclaves Navarros en Zaragoza; Ternero (enclave burgalés en La Rioja); u Orduña (Vizcaya, entre Burgos y Álava). Somos así, ¡qué le vamos a hacer!

Hecha esta salvedad, vuelvo a mi Ceuta y al alcalde Vivas que lleva esta cuestión a una dimensión diferente.

Tengamos muy claro que el alcalde es el órgano unipersonal que preside el Ayuntamiento, representa al municipio, dirige el gobierno y la administración municipal y ejerce las competencias que le atribuyen la legislación y las normas locales. El alcalde es, además de la máxima autoridad política del municipio, por lo que es una figura pública cuya valoración ciudadana comprende la percepción que los habitantes tienen sobre su liderazgo, integridad, capacidad de gestión, cercanía, accesibilidad, representación del municipio y defensa de los intereses de la comunidad. Y Vivas es, para mí hoy por hoy, la representación más genuina de todo ello.

Ceuta, su ciudad, no es un enclave administrativo dentro de otro territorio español (como los que antes vaíamos) ni una anomalía cartográfica; Ceuta es una ciudad española con territorio propio, instituciones propias y frontera exterior de España y de la Unión Europea. Y no hace falta interpretar nada: su propio Estatuto de Autonomía dice literalmente que Ceuta es “parte integrante de la Nación española” y goza de autonomía para gestionar sus intereses, identificando su territorio con la delimitación actual de su municipio[8]. Vivas lo sabe y está en ello.

Además, el Tribunal Constitucional ha ratificado la condición de naturaleza “bifronte” que tiene Ceuta definiéndola como un ente autónomo que actúa, al mismo tiempo, como municipio y como Ciudad Autónoma[9]  —Ceuta aparece como ente municipal al que se le reconoce que posee un régimen especial de autonomía local, diferente tanto del régimen ordinario de los municipios como del de las comunidades autónomas con competencias específicas en materias como urbanismo, vivienda, transporte, desarrollo económico, patrimonio, turismo, asistencia social, sanidad, policía local, etc.— donde el presidente de la Ciudad Autónoma ostenta también la condición de alcalde.

Y a lo que voy, pues: Juan Jesús Vivas Lara es alcalde; alcalde-presidente de una Ciudad Autónoma con un régimen institucional singular. Y sabiendo que no es más —¡ni menos!— que el alcalde de Ceuta, al César lo que es del César y al Estado recordarle la competencia exclusiva sobre nacionalidad, inmigración, extranjería y derecho de asilo, además de defensa, relaciones internacionales y seguridad pública. Lo del alcalde son otras competencias.

Puede gustar o no gustar Vivas; puede caer bien o mal Vivas; pero de ahí a convertirlo políticamente en una especie de adversario exterior del Estado español es sólo una maléfica ocurrencia del más recalcitrante sanchismo.

Se puede discrepar de un alcalde; se le puede criticar; se le pueden exigir responsabilidades sobre sus competencias y actitudes (incluso aptitudes); lo que quieran. Pero en una situación como esta, cuando ese alcalde representa a una ciudad española situada en la frontera sur de Europa, con unas circunstancias extraordinariamente singulares de invasión, y cuando los que aparecen en los telediarios de las distintas cadenas señala al liderazgo de Vivas, la respuesta del Estado no debería ser la que está siendo y debería primar la lealtad institucional. Ahora mismo, viendo despotricar a los ministros lenguaraces sobre Vivas, parece que Vivas sea el dirigente de una potencia extranjera con la que estamos en conflicto.

Yo viendo lo que veo, leyendo lo que leo, y oyendo lo que oigo… ¿de verdad creemos que la mejor manera de afrontar la actual crisis en Ceuta es forma de proceder la del Gobierno de España?; ¿de verdad debemos tratar al alcalde de una ciudad española como si fuera el presidente de un país enemigo?  Es que se trata mejor al mohamed de turno que a un ciudadano español que tiene la confianza de su pueblo.

Yo me hago cruces, insisto. Ceuta no es solamente un territorio fronterizo; es una ciudad española. Y como tal, sus instituciones forman parte de la estructura del propio Estado[10] —y de la España de las Autonomías y sus dos ciudades Autónomas, que también está Melilla en el ajo y tiene un alcalde parejo en aptitudes y respaldo popular— y del engranaje del municipalismo español. El Tribunal Constitucional, recuerden la sentencia expuesta antes, ha subrayado precisamente esa singularidad. Ya con esto, el “pregúntele a Vivas” del 16 de septiembre pronunciado por el presidente del Gobierno de España —y aplaudido por sus ministros faltones— ¡no es de recibo!

Si el propio Estado declara que estamos ante una situación de interés para la Seguridad Nacional, difícilmente puede presentarse después como un asunto esencialmente municipal.

A estos que nos representan hay que exigirles deferencia institucional, respeto a la autonomía local y lealtad entre administraciones. Una crisis fronteriza no puede convertirse en una crisis de responsabilidades institucionales en la que se termine responsabilizando al alcalde de aquello que no puede decidir.

Vivas no controla la frontera española; Vivas no decide quién entra en España; Vivas no dirige la Policía Nacional ni la Guardia Civil; Vivas no interviene en política migratoria…

Vivas alertó de lo que se nos veía encima…  y Vivas debe soportar, con sus vecinos, la invasión y la falta de escrúpulos de quienes han cortado de cuajo el final del verano de los ceutíes y amenaza la normal convivencia y el final de este duro y complicado 2026.

La frontera es del Estado, pero el caos que ha producido la inacción de Gobierno en la frontera le toca soportarlo a la ciudad y a los ciudadanos que representa Vivas.

Ahora su ciudad está viviendo bajo el Real Decreto 681/2026[11] que reconoce que la llegada masiva de migrantes ha generado una inaudita y sobrevenida presión sobre los servicios sociales, protección de menores, transporte y funcionamiento administrativo de Ceuta… Al margen, porque no son competencias de Vivas, están las capacidades de control fronterizo, identificación, atención humanitaria y acogida. Y no es nada subjetivo el mal ambiente que se vive en Ceuta donde los vecinos están hasta las napias de lo ocurrido y la falta de iniciativa gubernamental para repelerlo y controlarlo; amén de la pésima gestión del gobierno. Ahora sabemos que  Marlasca se quitó de en medio[12] en cuanto el presidente Sánchez se dio la vuelta para irse de vacaciones o que el del mando único, cuando las noticias son que la avalancha desborda el cordón policial[13], se va de mítin de fin de semana a Canarias[14]. Si no pasan más porque no llega para conjunción astral.

 En fin. Yo a lo mio. Vivas NO es responsable de lo que sucede en la frontera; y en consecuencia el Gobierno NO puede desentenderse de lo que sucede en su ciudad.

 Vivas no controla el Tarajal; la política fronteriza corresponde al Estado. Vivas no decide las devoluciones o repatriaciones; esas materias forman parte del ámbito estatal de extranjería e inmigración. A Vivas le toca gestionar las terribles consecuencias que llegan a las calles de Ceuta: menores, servicios sociales, policía local, servicios urbanos, atención ciudadana, transporte, alojamiento de titularidad propia, etc. porque el propio Real Decreto[15] de 2026 identifica expresamente esos recursos de la Ciudad.

A Vivas, insisto, se le pueden exigir responsabilidad por lo que está dentro de sus competencias; pero no se le puede atribuir como si fuera competencia suya aquello que constitucionalmente corresponde al Estado.

Yo, con tristeza, me pregunto: ¿Por qué estamos convirtiendo al alcalde de una ciudad española en el adversario político de una crisis cuya competencia fundamental corresponde al Estado?

A Vivas se le puede exigir todo aquello que sea competencia de Vivas. Pero no se le puede convertir en responsable de una frontera que constitucional y legalmente no controla. Y si Ceuta es España cuando hay que defenderla, también tiene que ser España cuando hay que afrontar las consecuencias de esa frontera.

España no puede dejar de funcionar como Estado cuando las consecuencias recaen sobre una ciudad tan española como Ceuta.

A Vivas, insisto, se le puede discutir lo que se quiera en su condición de alcalde de Ceuta; que es lo que es. Lo que no me parece razonable es pedirle cuentas como si fuera ministro del Interior o de Asuntos Exteriores. Porque no lo es. Aquí lo que ha habido —y lamentablemente hay— es un problema de frontera; por eso el Estado debe centrar sus y acciones en la frontera y no en el alcalde. Y devolver a Ceuta su estado de normalidad arrebatada.

Es más; y me duele más. La desproporción entre la capacidad de comunicación de un Gobierno y la de una ciudad de 84.000 habitantes es tal que, por vergüenza torera, más de uno de la estructura del Gobierno debiera reprimirse hasta de respirar el mismo aire que los ciudadanos de bien. Un objetivo a batir del tamaño de un alcalde dice muy poco de las formas de ministros y hasta del propio presidente del Gobierno que son los que han colocado personalmente a Vivas en el centro del debate.

Vivas es el hombre que está dando la cara por una ciudad de unos 84.000 habitantes que, en 48 horas, recibió una presión migratoria extraordinaria casi equivalente a su misma población… y ahí sigue.

Vivas, en sus intervenciones en Medios —porque la falta de acción del Gobierno y sus satélites lo han convertido en protagonista—, no es el problema. Si lo escuchan con atención, Vivas es parte de la solución.

Eso, a Vivas, ¡pregúntele! Pero pregúntenle por aquello que depende de Vivas. Al Gobierno de España habrá que preguntarle por aquello que depende del Gobierno de España.

 No estoy defendiendo a Vivas por ser del PP, afín al PP o español sin más. Estoy defendiendo algo bastante más importante: que en un Estado de Derecho cada administración responda de aquello que realmente le corresponde.

Porque si el Estado controla la frontera, gestiona la extranjería y dirige la política migratoria, no parece razonable que, cuando las consecuencias de esa política llegan a aplastar una ciudad española, la responsabilidad termine descargándose sobre su alcalde.

Y menos aún cuando ese alcalde lleva una pila de años ejerciendo la representación institucional de Ceuta y cuando, en esta crisis, ha reclamado públicamente al Gobierno central, antes de desencadenarse la invasión, recursos, actuaciones y respuestas. Ceuta no necesita que Madrid se pelee con ella. Ceuta necesita que España esté con Ceuta. Y cuando digo España, digo el Gobierno de España, la Delegación del Gobierno, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, las instituciones europeas y todas las administraciones trabajando juntas; porque los españoles ya hemos manifestado nuestro apoyo irreductible a Ceuta.

Y a Juan Vivas, al alcalde, se le puede pedir que gobierne mejor; se le puede pedir que acierte más; se le puede pedir incluso que rectifique sobre algo o sobre todo (por pedir que no quede). Pero lo que no se le puede pedir a Juan Vivas es que cargue con una crisis que España entera, por inacción de su Gobierno, tiene la obligación de afrontar exigiendo la defensa a ultranza de Ceuta y de los ceutíes.

El experimento de frontera que ya denuncié en un anterior post no debería consistir en comprobar cuánto puede aguantar Ceuta antes de culpar a su alcalde; debería consistir en comprobar hasta dónde es capaz de llegar España cuando una de sus ciudades está bajo presión. Porque si consideramos que Ceuta es frontera y que Ceuta es España, cuando Ceuta sufre las consecuencias de esa frontera, Señores del Gobierno, Ceuta sigue siendo España y Juan Vivas su alcalde.

Y aquí, en la vieja piel de toro, tenemos tradición de alcaldes con el ADÑ bien puesto. Si no, que se lo pregunten a los de Móstoles… y al francés.


  



[1] Merco elabora ocho monitores (Merco Empresas, Merco Líderes, Merco Responsabilidad ESG, Merco Talento, Merco Talento Universitario, Merco Sociedad, Merco Digital y el Monitor de Reputación Sanitario) y tiene presencia en más de diecinueve países: España, Colombia, Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil, México, Perú, Costa Rica, Panamá, Uruguay, Portugal, Italia, República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Honduras y Paraguay. Y en proceso en otros países como Estados Unidos.

[3] Gratos recuerdos de aquella compañera en los tiempos de Antena 3 de Radio, SA, Toñi Ramos, que vivió el duro momento protagonizado por Aomar Mohamedi Dudú, quien rindió fidelidad al rey Hassan II y pasó a desempeñar funciones vinculadas al Gobierno marroquí y doy mucho por saco en Melilla en aquellos primeros años ochenta siendo ella directora de la emisora. ¡Melilla, qué maravilla! en la voz de Toñi Ramos aún resuena, seguro, en esa ciudad. Este Dudú militó en el PSOE de Melilla y llegó a formar parte de su ejecutiva provincial. En 1985 fue expulsado del partido... peroooooo en septiembre de 1986 el Gobierno socialista de Felipe González lo nombró asesor del Ministerio del Interior, en relación con la problemática de la comunidad musulmana de Melilla. Si es que la cabra tira al monte.

[4] El Rincón de Ademuz es una comarca castellanohablante que constituye un enclave de la Comunidad Valenciana, separado de esta por el municipio conquense de Santa Cruz de Moya al sur, y al norte por el municipio turolense de Arcos de las Salinas. Es una zona montañosa que se encuentra regada por el río Turia —o río Guadalaviar—, con actividad agrícola (cereal, hortalizas, forrajes), de ganadería lanar y explotaciones forestales. Las tierras del Rincón de Ademuz fueron conquistadas por Pedro II de Aragón en 1210, que tomó los castillos musulmanes de Castielfabib y Ademuz. Entre 1259 y 1261, al organizar los nuevos territorios cristianos, Jaime I decidió incorporar estas tierras al recién creado Reino de Valencia en lugar de unirlas a Aragón, por lo que enviaban sus síndicos a las Cortes Valencianas. Su adscripción al territorio valenciano se plasmó en los Fueros de Valencia de 1261. Tras una breve adscripción a Teruel en 1822, el Rincón de Ademuz retornó a la provincia de Valencia en 1823, consolidándose como el exclave (territorio separado administrativamente) que es hoy en día entre las provincias de Teruel y Cuenca.

[5] Treviño es un enclave situado en el norte de España, perteneciente a la provincia de Burgos (Castilla y León), aunque completamente rodeado por territorio de Álava (País Vasco). Pertenece a la comarca del Ebro y forma parte del partido judicial de Miranda de Ebro, ciudad que se encuentra a pocos kilómetros. Está formado por dos municipios: Condado de Treviño y La Puebla de Arganzón. La fundación oficial de Treviño se realizó en 1161 por el rey de Navarra Sancho VI el Sabio, aunque en 1200 pasa a poder de Castilla tras la victoria que el rey castellano Alfonso VIII obtuvo en la guerra que mantuvo contra el rey navarro, siendo desde ese momento Treviño una parte más de Castilla hasta nuestros días. En el medievo era conocido con el nombre de Uda Treviño o tierras de Uda.

[6] Villaverde de Trucíos es un enclave cántabro en la comarca del Agüera (en Las Encartaciones de Bizkaia) a 79 Kilómetro de Santander. Villaverde se incorporó a Bizkaia en el siglo XII y hasta el siglo XV disfrutó de los mismos derechos que el resto de los valles de Las Encartaciones. El poderoso linaje de los Avellaneda se hizo con este valle por gracia de los Señores de Vizcaya que se lo dieron como premio a la participación de Lope de Ochoa de Avellaneda en la batalla de Aljubarrota (Portugal) librada en 1385. El 13 de Septiembre de 1440, y ante Fernán Sánchez, escribano y notario público de Valladolid, Diego de Avellaneda, hijo bastardo de Lope de Ochoa, vendió el valle por 500.000 maravedíes a Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro. Los Avellaneda lo vendieron por una simple falta de liquidez y así, nada de anacronismo histórico: una operación mercantil. El valle pasó a pertenecer al Señorío del Condestable de Castilla, se incluyó en el Corregimiento de Soba y fue apartado de Las Encartaciones del Señorío de Bizkaia.

[7] Llivia es un municipio español perteneciente a la provincia de Gerona, rodeado totalmente de territorio francés. En la comarca de la Baja Cerdaña, Llivia se encuentra a 153 kilómetros de Gereona, rodeado por el departamento de Pirineos Orientales como resultado del Tratado de los Pirineos de 1659, y del Tratado de Llivia (12 de noviembre de 1660); exactamente limita con las comunas francesas de: Targazona, Estavar, Sallagoza, Santa Leocadia, Bourg-Madame, Ur y Angostrina-Villanueva de las Escaldas. Por tanto, constituye un enclave de España en Francia.

[10] El ayuntamiento es el órgano de gobierno y administración de los municipios, y está regulado principalmente en el Artículo 140 de la Constitución Española dentro del Título VIII.