16 may 2026

DEL HOLANDÉS ERRANTE ESTE DEL SIGLO XXI… RESULTA QUE LA MEJOR INMUNIDAD ES LA SOLIDARIDAD.

 

 

Escribo a diario, pero no todos los textos pasan la prueba del algodón en rama. Algunos, en cuanto los someto a falsación —gracias, Popper—, se me desmontan por una nimiedad y los aparto. Unos pocos los recupero, adecúo y puede que lleguen a feliz término y los suba al blog.

Este es el caso de este que hoy nos ocupa, a raíz de toda la “porsaguera”[1] que ha levantado el ‘MV Hondius’ y el hantavirus ese que muchos se empeñan en somatizar bajo la lengua de Shakespeare y lo despotrican como “jantavirus”, con “j”, mientras al barco le llaman “Hondius” y no “jondius”. ¡País!

Con lo simpática y mudita que es la letra “h” de la lengua española; la “h” no se corresponde con ningún sonido. Muda, es muda. Cantinflas era el mejor leyendo la “h”. ¡Que tiempos!

Y a lo que voy.

Pues en la cerveza del domingo 10 de mayo, en la pinada de Foietes, con el Cross del Doble Amor por montera y tras asistir a la inauguración del Mundiavocat, hablando de todo un poco con la peña salió a la palestra lo del ‘MV Hondius’ (Buque a motor Hondius; Motor Vessel Hondius) con un algo así como “¿hay novedades con el holandés errante”? Y les calló en gracia.

Eso me dio pie para comenzar y endilgarle su carga de profundidad a este post…

 

Que fue en un día de julio, en el Tuinpad de la sureña Terneuzen —bastante al sur de Holanda, a nada de la frontera belga, en la confluencia de las aguas del Escalda con la del mar—, cuando me sumergí en la historia de “El Holandés Errante” (De Vliegende Hollander).

 Buscando sombra y cerveza en un típico barrio neerlandés de callejas antiguas tras la muralla del siglo XVI di, dimos, con aquel antro  —de tal nombre— dedicado a la memoria del capitán Willem van der Decker, de la VOC —Compañía Holandesa de la Indias Orientales; Verenigde Oostindische Compagnie—, que partió de allí un domingo de Pascua —para más INRI; y dicen que— rumbo a Java[2], contra los expresos deseos de su esposa y… que jamás regreso; y que por ahí sigue. Dicen y cuentan que por una maldición.

Eso de hacerse a la mar y no saber del marino era algo normal en el mundo de la navegación desde la más remota antigüedad. Ya saben lo que dijo Anarcaris en el siglo VI a.C.: “hay tres tipos de hombres: los vivos, los muertos y los que se hacen a la mar” porque entran en el limbo de no saber dónde están y si alguna vez volverán.

Y en el XVII, aunque ir a Java suponía seis meses en la travesía de ida y otros tantos de vuelta —más el tiempo que estuvieras en la isla—, imagino que sería como en la monarquía hispánica en la que a partir del tercer año sin noticias del nauta ya te consideraban “ausente en Indias”; a partir del sexto año la esposa ya comenzaba a tomar ciertas decisiones legales; y a partir del décimo cuarto año… comenzaban a tratarla de viuda.

Pues el capitán holandés de mi cerveza —en el bareto de Terneuzen— y la famosa leyenda estaba en esas, que no volvía y pasaban los días; y los días, y los años y… y lo mismo es que pasaba algo, porque las noticias no llegaban.

Con el tiempo se enteraron de que no iba a regresar. Willem no estaba muerto —que no, que no; ni estaba, como “el chocolate”, tomando cañas—; estaba maldito y, por ello, errante y no entraría jamás en puerto.

Hay quien les contó a los de Terneuzen —pero no se ponen de acuerdo quién y cuándo— que la travesía fue terrible con mar gruesa y vientos en contra que le impedían a Willem doblar el cabo de Buena Esperanza —que por algo Bartolomeu Días, en 1487, ya lo bautizó como “Cabo de las Tormentas”; y los holandeses lo llaman “StormKaap”[3] con lo que el capitán, hastiado en la demora, en aquellos tiempos en el que el tiempo de la travesía afectaba al valor de la carga —y los capitanes competían entre sí—, dicen que  se lo tomó muy mal y lanzó un imprudente juramento.

Nos contaron —siempre había un camata erasmus español a principios de este siglo por todos los garitos de Europa— que ante las malas condiciones meteorológicas la tripulación pidió al capitán abandonar la navegación y refugiarse en la bahía de Mesa (Table Bay), en el extremo norte de la Península del Cabo, y esperar la mejoría del tiempo para proseguir rumbo. Pero el capitán dijo que no. Consideró aquello un motín, arrojó al timonel por la borda —asesinato puro y duro; para que nada falte— y juró: “Por Dios o por el Diablo que rodearé el cabo aunque tenga que navegar hasta el día del Juicio Final”… y ambos dos le tomaron la palabra, con lo que el barco quedó maldito y la tripulación confinada en él por los tiempos de los tiempos, condenados en conjunto a navegar por los mares eternamente sin poder llegar nunca a puerto… y eso es lo que hacen: vagar errantes.

Y por ahí siguen —cuentan— persiguiendo puerto, como el “MV Hondius” ha estado y cuando escribo esto sigue en ello —dicen— camino del de Rotterdam.

Frederick Marryat un británico, marino y escritor practicante de lo que se llamó ‘novela gótica’, en 1839 publicó “The Phantom Ship”/”El barco fantasma” que cuenta  la leyenda de “El holandés errante” y en la que el protagonista es Philip, el hijo del capitán Willem, que se entera de la película a la muerte de su madre. El padre no va a volver, está maldito; y nadie se lo había dicho hasta ahora para no turbarle su mocedad. Total: que sale en su búsqueda y encuentro —en otro barco de la VOC, naturalmente—, con una reliquia de la Vera Cruz, con ánimo de redimirle, pues un padre es un padre. Hasta da con él, pero no puede rescatarlo y redimirlo porque las fuerzas del mal son muchas y muy gordas: ¡un fracaso! Aunque Philip tiene el alegrón de una aventura-rollete con Amine, la hija de un personaje rarísimo y muy holandés de la época. El caso es que Philip regresa a Terneuzen marcado por la tragedia y convencido de que “el holandés errante”, su padre, en “el holandés errante”, el barco con velamen rojo, seguirá surcando los mares, salpicando mal fario como espuma, por toda la eternidad.

¡Vaya!, ya les he despanzurrado el libro. Bueno, uno por otro. Sé que de buena tinta que ha habido quien ha pedido a Schopenhauer en la biblioteca… lo mismo aprende a insultar.

Este “holandés errante”, antes de perjurar y enemistarse con Dios y con el diablo y entrar en la leyenda, pretendía doblar el cabo de las Tormentas y navegar hasta situarse en los “cuarenta rugientes”, los fuertes vientos que soplan entre los 40 y 50 grados de Latitud Sur, y entrar en la Ruta Brouwer[4] que era más eficaz para la travesía que la del monzón[5] que habían seguido árabes y portugueses en aquellos derroteros para llegar a la isla de Java. Se hizo famosa esta ruta porque los holandeses sabían exactamente dónde arrumbar al norte para subir hasta Java: a la altura de la Isla Amsterdam. Los británicos, que conocían también —más o menos— la ruta, la llamaron Ruta Meridional, pero al ignorar la latitud de la isla Amsterdam, tras la que debían caer al norte, se daban de bruces contra las Tryals Rocks —con una larguísima lista de naufragios— de lo que luego llamaron Australia. También les sirvió para descubrir el islón-continente que es; una cosa por otra.

A estas alturas del Post sigo recomendando la visita a Terneuzen y la buena cerveza de aquel tugurio: holandesa y belga, que había de la dos. Y ya puestos, les añado que, en un viejo canal, al borde del Herengracht, pueden contemplar la sólida estructura de un barco allí sólida y estáticamente plantado, que fuera del aquel espacio es errante; pero allí está varado en medio del agua y es —dicen— un atractivo turístico. Y, desde luego, viendo las aguas del Escalda y aquel barrizal de costa comprendo que prefiera seguir errante y no entrar en puerto. Al menos, aquel día que estuvimos por allí aquellas aguas invitaban más a disfrutar una espléndida Brugse Zot, marrón, espesilla y bien fermentada.

Las velas del “Holandés errante” son rojas, como luz fantasmagórica en la noche, cuando algunos han creído verlas. Hay varios relatos que hasta el siglo XIX se dieron por buenos de navegantes que se dieron de bruces con el “Holandés errante”; incluso el futuro  Jorge V —rey de Inglaterra y emperador de la India—, cuando joven cadete en el HMS “Inconstant”, su preceptor sostiene que, lo vio ante sus ojos, en 1881, en el Estrecho de Bass[6]. Y errante sigue, y colorado, manteniendo supersticiones marineras

Y ya va siendo hora de entrar en materia.

Si rojas —cuentan— eran y son las velas de “El holandés errante”, azul —hemos visto— es el casco de ‘MV Hondius’… ¿Homenajearán así en el siglo XXI al cartógrafo holandés Joost de Hondt, latinizado como Jocodus Hondius? Pues sí. El barco que ahora nos trae a este post, el del casco azul, lleva el nombre del cartógrafo De Hondt, el más grande de su época. Sus “Mercator” era únicos[7]. Hondius era natural de Gante… lo que me lleva al canal Terneuzen-Gante que es una joya para disfrutar; hay un montón de trayectos disfrutones.

¿Es que no voy a poder salir de Terneuzen y avanzar? Aquel, errante; y yo, anclado en Terneuzen

A lo que iba.



El MV Hondius[8] es un buque de expedición clase Polar 6[9] (LR PC6), lo que le permite navegar en aguas cubiertas de hielo de primera y segunda generación[10].

Y lo que sabemos: el 20 de marzo, el buque MV Hondius de la compañía Oceanwide Expeditions zarpó desde Ushuaia (54°48'31.14"S 68°18'10.20"O; Argentina), con 149 personas de 23 nacionalidades, haciendo varias paradas hasta regresar de nuevo a Ushuaia. De estas "varias paradas" por mares antárticos nadie nos dice nada.

El 1º de abril el MV Hondius reemprendió la marcha desde el puerto argentino con 89 pasajeros y 63 tripulantes y siguió un itinerario Atlántico Sur arriba, con múltiples escalas en islas remotas y ecológicamente diversas: Georgia del Sur, Nightingale, Tristán de Acuña, Santa Elena y Ascensión rumbo al archipiélago Cabo Verde.

El día 3 estaban en el Pasaje de Drake, antesala de la Antártida. Y aunque se llame así, el corsario británico nunca lo atravesó. El primero en hacerlo fue el holandés Willem Schouten en 1616. Tiene poco que ver este ancho brazo de mar más allá de sentir la fuerza de las olas y del viento pues el mar allí condensa la historia del desafío humano frente a la naturaleza. Pero hay gente pa tó, como dijo el torero Rafael “el Gallo” cuando le presentaron al filósofo Ortega y Gasset, de nombre José.

El 6 de abril desde el MV Hondius informan de un pasajero con problemas (diarrea, fiebre y dolor de cabeza); fallece el 11. Era un holandés, Leo Schilperoord; un biólogo de 70 años especializado en observación de aves y apasionado por la naturaleza. A la cámara frigorífica que me meten. Había embarcado junto a su esposa, Mirjam Schilperoord-Huisman, luego de recorrer durante varios meses distintos destinos de Sudamérica. Residían en Haulerwijk, en la norteña Frisia holandesa, y el interés de la esposa era llegar cuanto antes a Johannesburgo y embarcar el cadáver de su marido en un vuelo a Holanda.

Con el señor Schilperoord fallecido, el siguiente “puerto” al que arriban crucero y cruceristas —13 de abril— es Tristán de Acuña, una islita volcánica de 98 kilómetros cuadrados y habitada por poco más de 200 personas —que entre ellas mantienen sólo 8 apellidos distintos— en un enclave urbano que llaman Edimburgo de los Siete mares que tiene un puertecín chiquito que con el ampuloso nombre de Callshot Harbor en el que jamás podría entrar el MV Hondius. Tristán de Acuña es la llamada “isla más remota del mundo” porque está a 2.400 kilómetros de Ciudad de El Cabo y a 3.360 de Río de Janeiro. La tierra firme más cercana es la isla de Santa Elena, a ‘tan solo’ 2.700 kilómetros.

Es una islita lluviosa, ventosa, fresquita, brumosa, con muchos días nublados, veranos cortos e inviernos largos, donde se pescan muchas langostas —langosta de San Pablo— y la principal actividad económica reside en la venta de sellos de correos, muy valorados entre los coleccionistas debido a la singularidad de su procedencia[11]. Pues muy interesante debió parecerles la “parada” porque allí permanecieron fondeados también todo el día 14, con don Leo a bordo y doña Mirjam incubando y, parece que, infectando un poco todo aquello. Ah, Tristán de Acuña tiene un campo de golf, leo en un prospecto de Internet, por si se animan.

Casi un mes después, una vez que todo se supo y se montó el revuelo consiguiente, un posible caso entre los isleños con síntomas compatibles de estar infectado de hantavirus provocó que el Reino Unido montara un operativo militar que voló casi 10.000 kilómetros, desde la base de Brize Norton, para lanzar en paracaídas —recuerde: no hay aeropuerto— a dos médicos y a otros seis militares, así como equipo específico y oxígeno que, esperemos, no haya tenido que ser utilizado, porque no encuentro más referencias. Buscando, sí que he encontrado la historia de William Glass[12] que murió en 1853 y dicen que ha sido la única muerte por enfermedad letal que allí se ha producido.

Regreso al MV Hondius, que vuelve a navegar el 15 de abril, con extraño rumbo SSE y es cuando el médico del barco ya reseña un grupo de pasajeros con fiebre y síntomas respiratorios similares. Una evaluación inicial sugirió una posible enfermedad viral; aún no se había llegado a un diagnóstico definitivo, pero el caso que el MV Hondius, a las pocas horas de navegar, vuelve a arrumbar al Norte, como estaba inicialmente previsto, hacia la isla de Santa Elena a la que llegan el 22 de abril. Han viajado 11 días con el cadáver del “paciente cero” en el congelador y mientras tanto la esposa ha ido desarrollando la enfermedad y trasladándola por el barco. En Santa Elena tampoco hay puerto; deben fondear en la bahía de Jamestown. Un poco más al norte está el muelle de Ruperts, un espigón para pequeños mercantes donde no recala el MV Hondius.

Para gustos los colores. La isla de Santa Elena, de 122 km2, es famosa porque sirvió de prisión a Napoleón Bonaparte y está a 1.950 kilómetros de la costa de Angola; como para ir a nado. Se abastece por barco, desde Ciudad del Cabo, en una travesía de 5 días de ida y otros tantos de vuelta. Esto ya es otro nivel. Santa Elena tiene hasta policía: el Real Servicio de Policía de Santa Elena (RSHPS) que se ocupa de esa isla y de las islas “cercanas” de Ascensión (a 1.300 km)  y Tristán de Acuña (a 2.700 km). No creo que vayan mucho a patrullar, pero es solo una opinión; mi opinión.

Santa Elena vive del turismo (de visitar Longwood House y el Pabellón Briars, donde estuvo prisionero Napoleón) y —esto ya se está convirtiendo en manía— de las ediciones de sellos. Desde 2017 tiene aeropuerto y la sudafricana Airlink tiene un vuelo semanal con Johannesburgo; y desde allí, al mundo.

El 24 de abril, viernes, antes de zarpar de Santa Elena, del MV Hondius desembarcan el finado y su esposa —y una treintena de pasajeros más que daban por concluido su viaje[13]— que embarcarán al día siguiente, sábado, en el vuelo de Airlink a Johannesburgo, al aeropuerto OR Tambo. Suben al avión 82 pasajeros; hay seis tripulantes a bordo. La señora ya mostraba evidentes síntomas de estar afectada. Tras cinco horas de viaje aéreo intentó tomar el vuelo de KLM que la llevara a Amsterdam, pero su estado de salud ya le impidió volar y terminó hospitalizada en Johannesburgo, donde falleciendo el día 26.

¿Dónde pernoctó el 24?; ¿se ha tomado alguna medida por allí? Mirjam ya bajó “tocadita” del MV Hondius. Y a los demás pasajeros del crucero que desembarcaron se les ha intentado seguir la pista…

Desde Santa Elena también hay un vuelo (al mes) a la isla Ascensión, otra rareza de la naturaleza que alberga una base aérea británica que le proporciona casi un millar de almas entre miembros de las fuerzas armadas británicas y de los Estados Unidos y sus contratistas civiles. Hasta allí había volado un pasajero del MV Hondius que el día 27, ante su estado de salud, es evacuado a Johannesburgo. The Guardian reflejó su evolución positiva, desde crítico estable a mejoría, pero desde el 7 de mayo no hay referencias a él sin haber trascendido datos personales y si hubiera abandonado la hospitalización y regresado al Reino Unido. Aquí me pierdo.

El MV Hondius siguió navegando rumbo norte en el Atlántico y el sábado 2 de mayo, llegando a las Islas Cabo Verde se notifica el fallecimiento de una ciudadana alemana de 78 años que presentaba síntomas respiratorios compatibles con un síndrome pulmonar grave. Fallecida en navegación, al congelador.

La OMS recibe entonces la primera comunicación sobre la situación y se activan las alarmas.

El domingo día 3 fondea el MV Hondius en Praia, Cabo Verde, y se toman las primeras muestras del barco, quedando fondeado en la bahía a la espera de instrucciones internacionales.

Ante el revuelo internacional y las sospechas de enfermedad vírica contagiosa, Cabo Verde deniega el lunes día 4 la entrada del buque a puerto alegando motivos de “Salud Pública”.

Con el MV Hondius frente a Praia, la OMS confirma tres fallecimientos y siete casos a bordo: dos confirmados y cinco sospechosos. Se iniciaron entonces labores de rastreo de contactos para los pasajeros que habían desembarcado en Santa Elena el 24 de abril, nueve días ya desparramados por el mundo. Se habla de un hantavirus[14]; falta conocer la cepa.

El miércoles día 6 de mayo, la agencia filipina de noticias GMA News, avanza que se trata de la cepa Andes, tras analíticas del Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Sudáfrica y el Hospital Universitario de Ginebra, Suiza. Había 38 tripulantes de nacionalidad filipina en el MV Hondius; ninguno de los cuales ha dado positivo ni manifestado síntomas hasta la fecha. De ellos, 24 fueron desembarcados en Granadilla y 14 siguen a bordo en su moderno holandés errante hasta el puerto de Rotterdam.

Cabo Verde es un archipiélago volcánico (de la gran región macaronésica, donde están las Canarias) de diez islas[15] frente a las costas de Senegal y frente al Cabo Verde, el punto más occidental de África; se independizó de Portugal en 1975. Ahora mismo es uno de los países más desarrollados y libres de África, sumando una superficie de 4.000 km2 y una población ligeramente superior a los seiscientos mil habitantes. Eso sí, hay más de medio millón de caboverdianos que viven fuera del territorio insular, principalmente emigrados de la etapa de gobiernos de corte socialista revolucionario —gobiernos de partido único— que felizmente terminó en los últimos compases del siglo XX. Ahora se centran en los servicios y el turismo. No me ha dado tiempo a comprobar si la venta de sellos es tan importante como en las otras islas más remotas; no semos perfectos.

La cuestión, recordemos, entró en efervescencia el lunes  4 de mayo; desde ese día el mundo entero habla ya de la peligrosidad del hantavirus “Andes”[16]. El martes 5 fue de infarto en teletipos. Esa noche se adopta la decisión del que el MV Hondius recale en Canarias. Se alude al cumplimiento del Derecho Internacional y el espíritu humanitario. No se señala puerto alguno. El presidente canario sale en tromba. Clavijo denunció que Canarias conoció parte del operativo por medios de comunicación, que pidió informes técnicos y PCR previas y que no obtuvo respuestas claras. El Gobierno defendió que la operación estaba coordinada con OMS, la UE y con “las autoridades canarias”. ¡Olé!

Mientras tanto, en Cabo Verde ha habido que evacuar de inmediato a dos pasajeros y al médico de a bordo. Los tres presentaban síntomas extremos y se consideró que no deben seguir a bordo.

Cabo Verde organizó de inmediato una evacuación médica internacional mediante corredores sanitarios, ambulancias aéreas y coordinación con Países Bajos, Reino Unido —de donde eran los evacuados— y la OMS.

No sé por qué, sólo aterrizó en el ‘Nelson Mandela’ de Praia un pequeño avión ambulancia, pero había posibilidades de cualquier avión.

El “pequeño avión ambulancia” este será el que emprenda el vuelo hacia Amsterdam reclamando permiso para repostar y escala técnica en Casablanca, que Marruecos se niega a autorizar. Fue desviado a Canarias donde después salió a la luz que se había roto la burbuja de seguridad, lo que retrasó el despegue tras el repostaje. Esto ya ocurre, como digo, el miércoles 6 de mayo, día en el que el Gobierno español anuncia que el buque MV Hondius llegará a Canarias en tres días —el 9 de mayo, sábado— y garantiza que no supondrá ningún riesgo para la población ni para la actividad económica[17].

Por cierto el aeropuerto de Praia tiene vuelo regular con Casablanca, Marruecos. Ahí lo dejo; por lo de los primos del Sur.

Además, este aeropuerto caboverdiano está conectado regularmente con los de Lisboa, Oporto, Charles de Gaulle (París), Zurich, Luxemburgo y Recife (Brasil), amén de los de Guinea-Bisáu, Lomé (Togo) y Dakar (Senegal). ¡Vaya, por Dios!

A pesar de esa capacidad demostrada por el Sistema de Salud caboverdiano[18], se decidió que el barco siguiera hasta España. La agencia de noticias china Xinhua[19] reportó la capacidad sanitaria de Cabo Verde e incluso señaló la capacidad de recogida y trámite de las muestras biológicas que se enviaron por avión a distintos laboratorios.

Dicho esto, señalemos que la cosa se había complicado más cuando el jueves día 7 Reuters informa de que un pasajero suizo que desembarcó en Santa Elena había dado positivo y que una azafata de KLM había sido hospitalizada en Holanda tras haber estado en contacto con la mujer fallecida en Johannesburgo, a la que no se le permitió acceder al avión.

Y no vean la que se armó cuando el viernes 8 de mayo la agencia de salud de la ONU confirmó al menos cinco casos de hantavirus vinculados al crucero MV Hondius. La BBC informó de que una docena de países participaban en el rastreo de pasajeros potencialmente expuestos.

Resulta que las autoridades sanitarias mundiales estaban coordinando una respuesta multinacional para identificar y monitorear los contactos del brote.

El NY Times intentó poner cordura con un editorial tranquilizador pero en España la noticia alarmante fue que una mujer de 32 años ingresó con síntomas en Alicante, al tiempo que en Cataluña se identifican otros dos contactos estrechos vinculados al vuelo de la aerolínea holandesa. Entonces aparece el Ministerio de Sanidad y anuncia cuarentena obligatoria para los españoles del MV Hondius en el Hospital General de la Defesa, el Gómez Ulla de siempre. Esto se estaba poniendo tenso.

Como el recuerdo del Covid está muy presente aquí no se para de dar pábulo a todo y ese sábado 9 de mayo la Justicia ratifica en España la orden de cuarentena que había sido puesta en entredicho por aquello de la libertad individual y todo eso.

Y como no hay dos sin tres, hasta en el caso de las noticias, el director de la OMS, Tedros Adhanom, se nos planta en Tenerife tras reunirse con Pedro Sánchez —se dijo que— para supervisar el operativo, junto a cuatro ministros del Gobierno. La ministra de Sanidad ya habla “de un puerto cercano con capacidad técnica” que sería una de las islas Canarias como destino del moderno holandés errante. El show en España ya estaba montado.

Estaba claro —se insistía— que para aislar y hospitalizar un gran número de personas potencialmente infectadas Cabo Verde no estaba preparado; ¡pero Canarias tampoco!

Hasta ahora no hay ni documentos filtrados, ni correos, ni testimonios internos verificables, ni investigaciones periodísticas sólidas que evidencien un cambalache OMS-Pedro Sánchez, pero desde 2020 España lleva medrando para tener un sillón confortable en la OMS y a nadie se le escapa la voluntad española de mostrarse como actor sanitario internacional fiable basado en un cálculo político sobre imagen y liderazgo exterior. Y con la que está cayendo más. Y la OMS, desde que Trump le dio la espalda, está ávida de cariños (en dólares, mejor).

El día anterior, el viernes 8 de mayo, el presidente canario, Fernando Clavijo Batlle —a lomos del caballo del general Espartero—, salió en tromba y aseguró que no autorizaría el atraque en puerto canario alguno del MV Hondius por la falta de garantías sanitarias y los retrasos en los vuelos de evacuación programados (ya sabía algo más). Al mismo tiempo, manifestaba su rechazo a mantener pasajeros asintomáticos más tiempo a bordo —¿en qué quedamos? — y destacaba el temor a un posible riesgo en la isla por la innata capacidad natatoria de los roedores —¡marditos roedore!— como vehículos de transmisión del hantavirus que ha sacado a redes sociales tantos reels, algunos divertidos. Madrid, por su parte y en plena batalla política, insistía en que, como decía Tedros en su epístola a los tinerfeños, el riesgo epidemiológico era muy bajo, no había roedores detectados a bordo (como si llevaran un cascabel para anunciar su presencia) y que el puerto industrial de Granadilla era el lugar más seguro del mundo mundial.

El sábado 9 de mayo —recordemos, insisto— llega el momento más tenso del conflicto: el Estado utiliza la Ley de Puertos y ordena el operativo pese a la negativa canaria. La Dirección General de la Marina Mercante firma una resolución obligando a aceptar el buque en Tenerife. Fernando Clavijo estalla diciendo que se trata de una “imposición”, que es una “falta de respeto institucional” y que con ello se hace efectivo un desplazamiento del Gobierno autonómico del mando real del operativo.

Es que ese mismo 9 de mayo, Tedros, el director general de la OMS, se había dirigido a los tinerfeños[20], como epístola moral a Mariluz, diciéndoles que este bicho “no es otro COVID… el riesgo es bajo”. Pues si no es otro COVID y el riesgo es bajo, ¿por qué haber sometido al pasaje al extra del viaje Cabo Verde a Granadilla con el que convivieron en el holandés errante de posible atmósfera constreñida?

Y oírle a la doctora Diana Rojas, jefe de operaciones de la OMS, soltar la parida de que lo mismo en Cabo Verde no disponían de 150 termómetros para tomarle la temperatura a los pasajeros y tripulantes a evacuar, sabiendo como sabemos de la existencia de los termómetros digitales e infrarrojos —sin contacto—, es confirmar que te toman por un imbécil más, gracias a que hay un altísimo número de imbéciles dispuestos a aceptar lo que les dice el que manda de turno.  

Y vuelvo a la misiva de Tedros, que tiene miga. Insiste en decirle a los tinerfeños —negro sobre blanco— que el riesgo “es bajo”, destacando que “esta es la evaluación de la OMS, y no la hacemos a la ligera”.

Pues verde y con asas, ¡alcarraza! No los traigas a Tenerife, que allí en Cabo Verde, en Praia, había puerto —que ha ampliado la española Sacyr— y aeropuerto; y capacidad de hacer PCR y mandarlas fuera, por avión. Si,  lo mismo que aquí. Vamos que me acuerdo de Carlos Cano —la letra es de Antinio Burgos—, con Cádiz y La Habana: La Habana es Cádiz con más negritos; Cádiz es La Habana con más salero. Cambien La Habana y Cádiz por Praia y Granadilla.

De la misiva lo que más me intranquilizó, y lo hizo en grado supino, es que dijera “la OMS está con ustedes” —¡Vaya por Dios!, de nuevo— y que recalcara que “a los virus no les importa la política ni respetan las fronteras” —cosa que ya sabíamos, Sire—, para culminar con un “La mejor inmunidad que podemos tener es la solidaridad”.

Sin palabras: Resulta que la mejor inmunidad es la solidaridad. Esto tiene un toque filosófico de no te menees, Manuel, pero excede de mi capacidad cognitiva

El domingo 10 de mayo el MV Hondius entra en el dique de Granadilla a las 06:05 horas. Comienza el show, sabiamente retransmitido. Hay expectación. La UME coordina el traslado de los 14 españoles hacia el aeropuerto Tenerife Sur para su posterior ingreso en el Gómez Ulla. El resto de los pasajeros internacionales son repatriados por tandas y grupos en aeronaves fletadas por sus respectivos países. El desembarque comenzó según el orden de salida de los vuelos de regreso a casa, que había comenzado por los ciudadanos españoles. El primer vuelo de evacuación despegó a las 13:31 hora local. Al anochecer, habían partido siete vuelos de evacuación, transportando a 94 pasajeros de 19 nacionalidades a seis destinos europeos y Canadá. Todos los viajeros fueron escoltados a tierra por personal con equipo de protección integral. Otra cosa es la historia de los viajeros y de algún psicólogo ministerial y su equipillo de plástico. Pero como esto iba de show, no hablamos.

Clavijo acusó al Gobierno de “ocultar información”, de “actuar con arrogancia, prepotencia y caciquismo”, de “minimizar riesgos y negar PCR porque ya conocían contagios positivos”. El Gobierno respondió acusando a Clavijo de “alarmismo”, criticando su teoría de los “ratones nadadores” y calificando algunas decisiones de “irracionales” o “sin lógica”.

Y ese mismo día 10, domingo, se reportó en Cataluña un nuevo posible caso y en Estados Unidos apareció un “positivo leve”; además, un francés dio positivo con una rápida progresión de la enfermedad. Se informó que en, al menos, siete estados de EE. UU. estaban monitoreando a los contactos repatriados para detectar posibles contagios. El lunes 11 de mayo el primer ministro francés habló de cinco franceses del MV Hondius en cuarentena y, por fin, llegan los 16 norteamericanos al Centro Médico de la Universidad de Nebraska, ingresando uno de ellos en la unidad de biocontención al tiempo que enviaron a otros dos al CDC de Atlanta. A la vista de la situación se pidió a todos los que bajaron del MV Hondius un mínimo seis semanas de cuarentena.

El martes12 de mayo Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS salió a la palestra calificando la operación como una respuesta internacional exitosa, aunque insistiendo en que el riesgo es bajo. Aquí nos quedamos con lo primero y nos faltó encargar una peli a Hollywood. En su comunicado, Tedros, resumió: “se ha pasado de la respuesta marítima activa a la vigilancia posterior a la evacuación, con las autoridades sanitarias nacionales a cargo del rastreo de contactos y el aislamiento de los casos confirmados y probables en los países de destino”.

Mientras tanto el moderno holandés errante sigue navegando…

Aquí, en la vieja piel de toro, islas adyacentes y plazas de soberanía, Clavijo salió a la palestra diciendo que Canarias “estudia recurrir judicialmente la actuación estatal, aunque mantiene la cooperación institucional”; vamos que no romperá relaciones con el Estado después de “lo que han hecho”, pero dijo que el próximo fin de semana —este es el de las elecciones andaluzas— Coalición Canaria analizará “si hubo invasión competencial y fallos de coordinación”. Clavijo mantiene que Canarias fue tratada “como una colonia”, pues se impuso la una decisión desde Madrid y que se le “ocultó información epidemiológica sensible”. Por su parte, el Gobierno insiste en que “el operativo fue un éxito” —¡Cómo no! —, la coordinación existió —¡faltaría más! — y que “Canarias acabó colaborando plenamente”.

Las PCR son la pieza angular. Aprovechando la disputa de Clavijo con Madrid a este respecto, el presidente canario y varios expertos argumentaron que sí era posible montar capacidad diagnóstica temporal en Cabo Verde, tanto en tierra como en el propio barco, al que la OMS desplazó un médico y equipo. El apoyo científico vino del parasitólogo Basilio Valladares quien afirmó públicamente que “sí se podían hacer PCR” en Cabo Verde y que la OMS había desplegado laboratorios de campaña en crisis sanitarias más complejas y que no habría habido problema en esta. Casi se lo comen las terminales garantistas gubernamentales.

No hay duda de que Cabo Verde podía hacer las pruebas y remitirlas a otros laboratorios mientras no llegara uno de la OMS. De hecho, así lo hicieron y hasta se analizaron algunos casos allí[21]. La única controversia es la de si Cabo Verde podía haber realizado allí, in situ, un cribado masivo fiable y rápido de todo el barco.

El Gobierno sostiene que no y varios expertos nacionales e internacionales dicen sí.

Aquí en España, en Granadilla, no se ha hecho el famoso cribado.

Ustedes mismos… porque el hecho de que después hayan aparecido positivos en pasajeros evacuados desde Tenerife alimenta aún más el capítulo de críticas y la sensación de que el control previo fue absolutamente insuficiente y teatral en territorio europeo.

A la vista de lo investigado llego a la conclusión de la izquierda española tiende a aceptar el consenso científico únicamente cuando coincide con sus posiciones ideológicas.

Este moderno holandés errante sigue navegando; pero lo tenemos controlado. Salió el 11 de mayo del puerto de Grandilla a las 18’07 horas, en nada estará a la altura del puerto francés de Brest… y en un par de días, a este andar, dejará de ser errante y me chafará el Post.

Aquí lo dejó pues. Mucho ruido para estar en el candelabro.

 

 


 



[1] Polvareda; versión del panocho murciano que en tierras valencianas se convierte en polsaguera. Pues por eso.

[2] Siglo XVII: Holanda alcanza su apogeo como potencia comercial, dominando el comercio mundial y estableciendo un imperio global. La Bolsa de Ámsterdam, fundada en 1602, se convirtió en el centro financiero del mundo, facilitando las inversiones y el comercio internacional; La Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC), fundada también en 1602, fue la primera empresa multinacional de la historia. Dominó el comercio con Asia, estableciendo colonias y monopolizando el comercio de especias. La Ruta Holandesa fue un fenómeno histórico que transformó el mundo. El imperio comercial holandés, basado en el comercio marítimo, la innovación financiera y la colonización, proyectó el poder de Holanda a nivel global. Aunque el imperio holandés declinó en el siglo XVIII, su legado sigue presente en la historia del comercio mundial y en las relaciones entre las naciones. La gran isla de Iabadiu o Jabadiu ya fue mencionada en la Geographia de Ptolomeo (siglo II). En 1596 arribaron a Java nueve navíos neerlandeses al mando de Jacobo Neck. Las fuerzas neerlandesas expulsaron a los portugueses e ingleses, que ya habían hecho algún conato de colonización. En 1619 el general Coen edificó la ciudad de Batavia y situó allí el cuartel general de la VOC que puso fin al monopolio portugués del comercio de las especias, asumiéndolo Holanda a partir de entonces.

[3] Juan II de Portugal, en cuanto Vasco da Gama llegó a la India (1497), le cambio el nombre: Cabo de Buena Esperanza. La esperanza de llegar a esas nuevas tierras en el viaje de ida y de regresar a Portugal en el retorno. Aunque no es la punta sur de África, honor que le cabe al Cabo Agulhas, a 90 millas al ESE

[4] El navegante holandés Hendrik Brouwer la desarrolló a partir de 1611 para alcanzar las costas de Java.

[5] Viento estacional y periódico que cambia drásticamente de dirección entre el verano y el invierno. En verano (de mayo a octubre; de S y de SW) soplan desde el océano Indico hacia la masa continental asiática a la que llegan cargados de humedad y provocando aguaceros; en invierno(de octubre a abril); vientos del NE, del continente al mar. Muy buscados en la antigüedad por los navegantes que subían por la fachada oriental africana (por el Canal de Mozambique) o bajaban por ella en función de la estación meteorológica.

[6] Separa la isla de Tasmania de la costa meridional de Australia; unos 240 km en el punto más ancho.

[7] En 1604 compró las planchas del Atlas de Gerard Mercator a uno de sus nietos. El Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius era el best seller de la época. Pero Hondius publicó de nuevo la obra de Mercator con 36 mapas adicionales, incluyendo varios que él mismo había producido. Dio el crédito completo como autor del trabajo a Mercator, quedando él mismo como editor. La nueva edición de Hondius del trabajo de Mercator fue un gran éxito. Hondius publicó más tarde una segunda edición, así como una versión de bolsillo, el Atlas Minor. Los mapas se han convertido desde entonces en la conocida como «series de Mercator/Hondius».

[8] MV Hondius ofrece alojamiento para 174 pasajeros en una espaciosa suite (35 metros cuadrados), seis grandes suites con balcones (27 metros cuadrados), ocho junior suites (19 a 20 metros cuadrados), ocho cabinas superiores (20 a 21 metros cuadrados), 11 cabinas de lujo dobles, (19 a 21 metros cuadrados) y 14 salas. Dispone de una cubierta con en un gran salón de observación y una sala de conferencias reservadas para una amplia variedad de talleres interactivos y exposiciones. particulares del buque.

[9] PC6, según la clasificación del Lloyd’s Register

[10] Un hielo de primera generación (first-year ice)Es hielo marino que se forma durante un solo invierno, tiene menos de un año de antigüedad, suele ser más fino y menos duro y normalmente mide entre unos pocos centímetros y alrededor de 2 metros de espesor. Es el típico del Océano Ártico. Un hielo de segunda generación (second-year ice) es hielo que ha sobrevivido al menos un verano de deshielo, tiene más de un año, ha perdido salinidad y se vuelve más compacto y resistente y suele ser más grueso y peligroso para la navegación. El hielo de primera generación puede ser atravesado por buques con cierta clasificación polar mientras que el de segunda generación requiere cascos reforzados o rompehielos.

[11] postoffice@tdc-gov.com or phone: (44) 0203 014 5103; https://www.tristandc.com/postoffice.php

[12] Aunque Thomas Corrie es reconocido el primer británico que se asentó en Tristán de Acuña, el asentamiento comienza con William Glass, un cabo de Artillería del Ejército británico integrante de la expedición enviada en 1816 a controlar la isla en una expedición militar (72 hombres del 21er Regimiento de Dragones Ligeros y la Artillería Real, transportados a bordo del HMS Falmouth, que llegó el 28 de noviembre de 1816, bajo el mando del capitán Josias Cloete). Con ellos fueron caballos de transporte artillero, ovejas y pollos. Tras la operación, la unidad volvió a Ciudad de El Cabo permaneciendo parte del ganado en la isla. El 7 de noviembre de 1817, el teniente Henry James Aitchison, comandante saliente de la isla, otorgó permiso formal al cabo William Glass, y a los soldados Samuel Burnell y John Nankivel, para que junto a sus familias y otros cinco hombres marcharon a la isla y permanecieran en ella, permitiendo así el establecimiento del primer asentamiento civil permanente. Glass regresó con su esposa sudafricana -María Magdalena Leenders- y a sus dos hijos (entonces). Planteó un pacto al que se suscribieron todos basado en la igualdad y la solidaridad más absoluta de trabajo, responsabilidades y beneficio, libre de jerarquías, centrados en la agricultura, la pesca de langostas y la caza de focas bajo principios de propiedad comunal y estricto control para evitar sobrepastoreo y sobrepesca. En 1827 solicitó al duque de Gloucester el envío de mujeres a la isla; y llegaron 5 mulatas desde la isla de Santa Helena. Glass tuvo 16 hijos; En 1854 sumaban ya 34 habitantes. Diseñó una serie de leyes para la isla basadas en el pacto inicial que siguen vigentes. Murió en 1853, a los 67 años, cuando la isla era conocida como la Edimburgo de los Siete Mares. Los 222 residentes actuales de Tristan da Cunha (a noviembre de 2025) son descendientes directos de él y su esposa, preservando una identidad cultural única. Abogó por la atención religiosa a la comunidad en 1848, lo que propició el nombramiento del reverendo William F. Taylor en 1851.

[13] No se ponen muy de acuerdo las fuentes entre si desembarcaron 23 o 29 pasajeros, y el finado, y volaron a Johannesburgo, sin saber que se estaba desarrollando un brote de hantavirus a bordo. Entre los destinos posteriores figuraban Australia, Taiwán, Estados Unidos, España, Suiza y los Países Bajos.

[14] La enfermedad por hantavirus es una zoonosis emergente producida por virus ARN pertenecientes a la familia Bunyaviridae

[15] Islas de Barlovento (al norte): Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia (deshabitada), São Nicolau, Sal y Boavista; Islas de Sotavento (al sur): Maio, Santiago, Fogo y Brava. La capital del país es Praia, en la isla de Santiago, la más grande del archipiélago. Su parte antigua, Ciudad Velha, es el primer núcleo urbano europeo en los trópicos y Patrimonio de la Humanidad. La segunda ciudad en importancia es Mindelo, en la isla de São Vicente, conocida por su animada vida cultural y su famoso carnaval.

[16] El virus Andes es la única especie de hantavirus capaz de transmitirse de persona a persona de forma limitada mediante contacto estrecho y prolongado

[18] El sistema de salud de Cabo Verde opera bajo un modelo de dos niveles, con instalaciones públicas financiadas a través del Servicio Nacional de Salud (SNS) y un sector privado en crecimiento principalmente en centros urbanos. El país ha logrado un progreso notable en indicadores de salud pública desde su independencia en 1975, con una esperanza de vida que alcanza los 73 años, por encima del promedio africano de 63 años según datos de la OMS. Las islas de Santiago (particularmente Praia, la capital) y São Vicente (Mindelo) ofrecen las instalaciones médicas más desarrolladas, mientras que las islas más pequeñas tienen infraestructura sanitaria más básica. Según la OMS, Cabo Verde gasta aproximadamente el 5,2% de su PIB en atención médica. (España gasta el 14'5). El país mantiene dos hospitales centrales (en Praia y Mindelo), cinco hospitales regionales, y numerosos centros y puestos de salud distribuidos entre las nueve islas habitadas. Por sus acuerdos internacionales, las condiciones médicas complejas que requieran evacuación médica se trasladan a Portugal, Senegal u otros países con sistemas de salud más avanzados.

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