Esta vez no pasó a tomar café con nosotros; que fuimos
nosotros a la huerta de Benidorm (l’horta), a la finca La Era, a tomar café,
tras un arroz de maestro, con Jaime
Climent, Jaume La Era, un tertuliano que nos tiene un poco abandonados
pero que desde la web nos sigue.
Tiene Jaume, a la vera del Canal Bajo del Algar y dentro del
término Municipal de Benidorm, una finca tradicional y una buena casa fruto de
sus orígenes y de su esfuerzo por mantener la esencia de aquel Benidorm donde
nació y con el que, a la par, ha ido creciendo. Es casi un museo etnográfico
que él gusta de mantener y a muy pocos enseña.
El viejo molino de maquila para
moler el grano con que alimenta a sus gallinas; la vieja almazara que le
produce su medio centenar de botellas de su propio aceite; los bancales que
acogen cítricos al capricho (naranjos y limoneros) para autoconsumo; los otros
que albergan árboles de nísperos y aguacates; algún almendro y algarrobo que
junto a unos pocos olivos ponen esencia mediterránea; el cornijal que alberga
las colmenas que le dan su buena miel y donde a él le gusta explicar cómo les
va el tom-tom a las abejas; la burra
Kika, que parece más cánido que los cuatro perros que allí deambulan; y l’arbre
tonto. Sí, Jaime tiene un árbol tonto; pero eso lo explica él, con tal
nivel de conocimiento, como explica lo de las abejas en su blog apisjaime, que reconozco, no estoy a su
altura. La próxima vez.
Aquella mañana nos había citado Jaime en su casa, frente al
manto verde que hasta Sierra Helada se extiende mientras deja un trozo de azul
mediterráneo que queda a la izquierda, camino de Altea. No era difícil llegar,
pero los tertulianos y el GPS están peleados; no como las abejas. En su descarga
diré que los caminos de l’horta de
Benidorm son intrincados y entran en vericuetos, pero son disfrutables. Como lo
es el Azagador de… Vamos, cualquier azagador: lugar por donde los animales van
azagados; uno detrás de otro. Fascinante. Ahora podemos ir en coche (o en moto)
por un azagador, pero ya es de doble dirección y está asfaltado. Maravilloso
conservar la toponimia.
Total: que con casi una hora de retraso sobre la hora H
estábamos ya todos, el día D, para girar visita a la Finca La Era donde las explicaciones
de Jaime, llenas de sabiduría y nostalgia, llenaron la mañana y abrieron las
ganas de disfrutar de un magnífico embutido de la montaña a la brasa y de un
arroz que el cuiner Jaime Pastor bordó al punto. Obviamente
le echamos al cuerpo varias cajitas de Señorío de Benidorm: yo soy de tinto,
pero como aparecieron por allí tertulianos delicados hubo blanco y rosado, con
tintes ecológicos y varios premios, que nos llevaron en volandas hasta el
postre final.
Y entonces, al llegar a ese momento, Jaume Climent tiró de explicación y nos llevó al mundo caribeño
estrujando caña de azúcar en una especie de trapiche que generaba abundante
cantidad de ese jugo dulzón de verde tonalidad que oscurecíamos a base de ron Fidel, en honor -dijo alguno- del Comandante, y que ninguno aguó.
Vamos, que le dimos al guarapo cubano, pero a nuestro modo. Nadie lo rebajó en
agua y le metimos ron por un tubo.
A partir de ahí, entramos en tertulia. Había café, pero
queríamos ver el culo a las botellas de ron, lo que a alguno le pasó factura,
guarapo viene, guarapo va.
Ni que decir tiene que tuvimos overbooking tertuliano y que
en esta ocasión nos acompañaron como despedida Antonio y Maricarmen
antes de integrarse en nueva aventura profesional en la Costa del Sol. El Meliá
Benidorm ha cambiado de director. La tertulia sigue allí, pero esta ocasión nos
metimos de lleno en l’horta de
Benidorm con Jaume Climent.
Es que, por allí, desde el siglo X por lo menos, la tierra
de l’horta se dejaba cultivar y había
la suficiente cantidad de agua para ello. Ahí comenzó ese Benidorm agrícola que
en “Así
será Benidorm”, la propuesta del 55, hablaba de 3.000 hectáreas en
producción. Menos mal que la realidad es tozuda, se apostó por el turismo y
gentes como Jaume Climent mantienen activa un horta que está protegida desde aquel Plan General del 56 para recordar,
más allá de las reseñas de Cavanilles y los estudios de Quereda; y de los
libros de Historia.
Y, claro, hablamos de aquellos años de la década de los 50.
De cuando el padre de Jaime tenía sus cultivos y su era (de ahí viene lo de Era
Park, la consecuencia evolutiva de hotel La Era que empezó con 12
habitaciones, y la finca). De cuando Jaime se metió a taxista, el tercer taxi
que hubo en Benidorm; de su dominio del inglés y de que desde el primer día
tuvo ese plus de actividad que le permitió plantearse, con sus ahorros, la
iniciativa de aquel primer Hotel La Era. De la llegada de los primeros
operadores turísticos británicos y de las propuestas para ampliar el primitivo
hotel. De su implicación en el desarrollo y evolución de Benidorm, de su paso
por el Ayuntamiento y las cuestiones de promoción. De la aventura del turismo.
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Sección de tertulianos rodeando a Jaime, en su finca. Fotos: M. Ayús |
Tiene tantos y tantos recuerdos a flor de piel, tantas
vivencias que narrar, tantas historias que contar, que necesitaríamos de toda
una semana de tertuliar para hacernos una idea de lo intenso de las vidas de
los pioneros del desarrollo turístico de Benidorm. Sí, Pedro, don Pedro, puso
en marcha un proceso que se hizo realidad porque contó con muchos que como
Jaime se imbricaron en la propuesta y la materializaron.
Disfrutamos esta tertulia al aire libre (donde pudimos
fumar) y reencontrarnos con tertulianos que no suelen ser habituales. Volvió
Juan José Campus; volvió Humberto Armas. La llamada a la tertulia de Jaime
animó a los tertulianos y nos quedamos pendientes de una nueva convocatoria
para probar la pitahaya (fruta del
dragón), que también tiene su historia en la finca de Jaume y quedamos con él
para que nos la contara con más detalle.
Y la historia de l’arbre
tonto, que si bien algunos sabemos debe ser su dictado el que dibuje la
historia. Así pues, volveremos a la Era y al relato de Jaume Climent.
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