El jueves por la noche, estaba yo feliz. Feliz del resultado del día: había salido todo bien, incluso diría que “mejor que bien”. Y, encima, va la Selección — “la Roja” — y hace un buen partido (yo, de fútbol, ando en párvulos de hooligans en afición desaforada y no crean que mejor en su práctica y conocimientos); no sé, de esos que se ganan y con ello se divierte el respetable.
Y segundos antes de que la brillante carroza del día se volviera calabaza, en un repasito de Redes Sociales antes de plegar la oreja con la almohada, una foto me heló el corazón.
Fue verla y mi cerebro entró en pánico; lo confieso.
Noté como si en esa ensalada de neuronas de ahí arriba se revolucionaran ante una alarma de caos; silenciosa, pero altamente revitalizante. Hizo que todas entraran en ebullición y su frenética actividad me conmocionó. Aquella foto, que aún no verá la luz en este blog, me hizo recordar las maldades de muchas ideologías políticas, pero de una, el terrible comunismo, en particular.
Yo tenía en la cabeza la imagen original de un cartel que la foto rememoraba. Y fue terrible, por el formato, por la persona y por lo que se proyecta sobre esta ciudad, Benidorm.
Las ideologías, en principio, no tienen por qué ser malas; la maldad, de origen, no aparece ligada a ellas. La maldad surge con las personas; cuando las convicciones se convierten en dogmas inflexibles y afectan a los ideales, lo que termina por incidir sobre la dignidad humana a lomos del fanatismo, la intolerancia y la deshumanización. Y mucho más en las totalitarias —como la de aquella foto sembró en mi madrugada los negrísimos retazos del comunismo chino— que llevan consigo la subordinación del individuo al Estado y la destrucción del tejido social a través de la colectivización forzada y la eliminación de cualquier oposición.
Y lo más grave no es que surja el loco de turno y lo proclame; es que tenga seguidores.
Pero lo gravísimo es que aun habiendo padecido tantísimos ejemplos en la historia reciente, aún haya quienes sueñen con aplicar sus medidas colectivistas y fracasadas a estas alturas de la evolución humana. Esto nos da idea de sociedades enfermas.
Leo por ahí que dos síntomas alertan de que estamos metidos en esta situación hasta el corvejón: pérdida de la percepción de la realidad y sustitución de la moral por la lealtad al líder. Y es que veo España así. Y cuando desciendo a lo más cercano, mi provincia y mi ciudad, ya es que la angustia se apodera de mí.
En la teoría marxista, el socialismo es la fase de transito hacia el comunismo. Pero tras la IGM el movimiento obrero se escindió entre quienes se mantuvieron en la vía revolucionaria soviética (los comunistas) y quienes apostaron —sin olvidar los orígenes— por el reformismo parlamentario y se llamaron socialdemócratas. Aquello fue una división estratégica e ideológica clave a lo largo del siglo XX, marcando la separación definitiva entre ambas corrientes de la izquierda. Y ahí estábamos, incluso en el XXI.
Pero en España fue distinto. En aquella España que no vivió la IGM los movimientos obreros tenían dos nombres propios: la anarquista CNT y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE); y para los que el socialismo se les quedaba corto y disfrutaban con sones reaccionarios se les abrió una ventana de oportunidad: alistarse en la Tercera Internacional Comunista de Lenin. Y ahí nació el Partido Comunista en España en una gestación rápida y muy escorada a la izquierda desde noviembre de 1921, materializada al año siguiente.
Dormí mal, muy mal, la noche del jueves. La foto y la maldad que encierra —al menos para mí —, no me dejaba conciliar el sueño. ¿Sabrá él el mensaje que pretendió?; ¿es el mismo que yo detecto y que por ello les advierto? No lo sé; no calo bien a la gente.
Pasé el viernes aún en shock; las noticias sobre este gobierno sanchista-comunista no es que me lo pusieran fácil.
Y esta mañana, tras aplaudir la gesta caboverdiana —la selección de un país que pocos sabían que solo era un pequeño conjunto insular que muchos han descubierto ahora y menos podrían situar en un globo terráqueo— ante Messi y unos cuantos (me refiero a la selección Argentina), leo que “Un frente antifascista responde a la inauguración de una sede de Falange en Alicante”[1] mientras se critica el pacto PP-Vox en Andalucía por varios frentes.
Abres los periódicos y conforme avanzan las horas estamos hasta incluso un poquito peor. Ha subido el termostato de la intolerancia.
No entiendo nada. ¿Qué criterio de superioridad moral se aplica para esto?
Molesta que un grupúsculo político antagónico abra sede o que de natural se apoye a quien ha ganado unas elecciones, mientras que parece que sea normal que los comunistas hayan vuelto a un gobierno de España después de casi nueve décadas de venturosa ausencia gracias a las perentorias necesidades de Sánchez.
¿Pero en qué país vivimos?; ¿la izquierda radical ha anulada a la izquierda democrática, respetuosa con el Estado de Derecho? Es que detecto que vemos “lógica” su postura y “retrógrada” la opuesta. Increíble,
Pero es que lo de Andalucía es de psiquiatra.
Moreno se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta. Es por ello por lo que asisto asombrado y perplejo, una vez más, a un nuevo episodio de estulticia en esta España nuestra que ya ha rebasado el primer cuarto del siglo XXI. Hay quienes se rasgan las vestiduras por un pacto en Andalucía para un gobierno PP-Vox después de que más de 2’3 millones de andaluces (2.312.454) —que suponen el 55’42% del quienes ejercieron el derecho al voto— se decantaron por estas dos opciones[2]. ¿Qué hay de malo en respetar la voluntad de las urnas?
Que esa es otra.
Hoy los dos partidos del gobierno (PSOE y SUMAR)… ¿Hoy?, no…
Comienzo la frase de nuevo: los dos partidos del gobierno (PSOE y SUMAR), en su día sumaron el 44’01 % de os votos[3]. A los 7’8 millones del PSOE sumaríamos los 304.496 de SUMAR. Frente a esta cifra, los 8’1 del PP y los 305.700 —redondos— de VOX que elevan el conjunto al 45’44%; un 1’43% más. Y VOX consiguió 12.004 votos más que SUMAR.
¿Comunistas en el gobierno? Sí, somos la excepción europea —junto a Chipre— en esta maldad política.
Sí, bueno, me dirán; pero…
Sí, en Europa inventamos el eurocomunismo para ver cómo quitábamos los restos de sangre de las siglas PC de forma que ni el test de Nakayama pudiera detectarlas.
Para lo de la LOGSE y sucesores, el eurocomunismo surgió en los años setenta del siglo XX como una vía independiente al comunismo de la Unión Soviética. Fue un invento de los partidos comunistas de Italia, España y Francia buscando adaptar el marxismo a las sociedades occidentales industrializadas mediante el rechazo al modelo soviético y la aceptación total de la democracia parlamentaria, el pluripartidismo y las libertades civiles. Allí estaban Enrico Berlinguer[4], Georges Marchais[5] y Santiago Carrillo[6].
Ninguno de los tres me gusta, pero vieron que no se podía seguir la senda del comunismo marxista-leninista que ya por entonces estaba fracasando por todas partes. Y ha seguido fracasando bajo la marca comunismo como en la pseudo marcas que pululan por el planeta.
Yo soy, de principio, absoluto anticomunista. Es que su realidad me la han demostrado con el correr de los tiempos de derrota en derrota hasta el colapso final; como el muro de Berlín y la caída y desmembración de la Unión Soviética. Mientras tanto, el capitalismo ha sido el sistema económico que más riqueza ha generado y ha contribuido a sacar de la pobreza a cientos de millones de personas. Si hasta países como China lo han adoptado; a su aire, pero lo han adoptado. Y, sencillamente, lo ha hecho porque recompensa; eso sí, de manera desigual, basado en el capital, las habilidades, el riesgo y la innovación.
El capitalismo genera diferencias económicas y sociales; no hay quien lo niegue. Pero la evidencia histórica nos reconoce que las sociedades con mejores resultados en prosperidad y cohesión no han sido las de economías completamente planificadas y férrea disciplina social, sino aquellas que han combinado capitalismo con mercados dinámicos, instituciones sólidas, competencia efectiva y políticas públicas que consoliden las oportunidades y atenúen las desigualdades más persistentes.
El objetivo capitalista no es la redistribución de la renta de manera equitativa; si hasta Marx sostenía que “de cada cual según su capacidad; a cada cual según su trabajo”[7] ... Sí, pero luego venía la segunda fase… y entonces ya, ¡pues no! Y ahí te quedabas, preso de patas, como las moscas, en la mierda comunista.
El comunismo es una ideología política de mediados del siglo XIX; ya está pasada de moda y es ajena a la realidad social de la vida moderna. Se basó en la idea de que la propiedad privada y el capitalismo generan diferencias. Y claro que las generan , como ya he señalado. Ahora bien, el comunismo propone su abolición y creación de una sociedad sin clases…. Donde también se generan diferencias y no se sale de la miseria como la vida ha demostrado y los ejemplos duelen por su persistencia y aplausos de muchos de los de aquí.
Esto de que a todos nos vaya mejor se ha propuesto a la largo de la Historia varias veces. Pero con el comunismo llegó a convertirse en mentira oficial y una lacra; una plaga social que traigo hoy a colación para que no se les olvide. Pido refrescar a los colectivistas.
Echen un vistazo a la historia y tropiécense con la realidad de la Unión Soviética de Stalin, la China de Mao Zedong, la Cuba de Fidel Castro, la Albania de Enver Hoxha, la Bulgaria de Gueorgui Dimitrov y Todor Zhivkov, la Checoslovaquia de Klement Gottwald y Alexander Dubček, la Hungría de Béla Kunt y János Kádár, la Polonia de Bolesław Bierut, la Rumania de Nicolae Ceaușescu (y Elena Petreșcu), la Yugoslavia de Jósip Broz, más conocido por Tito —que tuvo su postura independiente de Moscú antes—, la Birmania de Thakin Than Tun, la Camboya de los Jemeres Rojos prochinos de Saloth Sar —que ha pasado a la historia del genocidio como Pol Pot—, el Vietnam de Ho Chi Mihn, la Corea del Norte de los Kim —Kim Il Sung fue el fundador y es abuelo de su actual líder Kim Jong Un—, el Laos de Kaysone Phomvihane, la Mongolia de Damdin Sükhbaatar, la Nicaragua de Elí Altamirano (que nos llevado hasta Daniel Ortega), el Congo de Marien Ngouabi, la Etiopía de Mengistu Haile Mariam… Puedo seguir. Todos terminaron mal; algunos muy mal, como este último etíope, presidente desde 1987 hasta 1991, condenado a muerte por la justicia etíope en 2008 bajo cargos de genocidio durante el llamado Terror Rojo.
Sí, terror rojo y terror a lo rojo que tengo yo. Hasta en forma de libro.
Muchos historiadores consideran que el régimen de Mao fue el que causó el mayor número de muertes del siglo XX, con estimaciones que oscilan aproximadamente entre 40 y 80 millones. La posición dos es para Josef Stalin, su mala gestión y sus purgas y reasentamientos forzosos. Se le atribuyen aproximadamente 23 millones de muertes al líder ruso. Y como no hay dos sin tres, este triste ranking es para un nacional socialista: Adolf Hitler es responsable de la muerte de 17 millones de personas.
Esta gente es así. A pesar de todo, sobre Mao no pesa el mismo repudio que sobre Hitler. Claro, Mao se cebó con su gente. Y sigue ocupando un lugar central en la narrativa del partido comunista chino. Acuciados por la proliferación de libros que sacaba a la luz sus vergüenzas, en 1981, el Partido Comunista Chino aprobó una resolución histórica en la que afirmaba que Mao había realizado inmensas contribuciones a la revolución china, pero también había cometido “graves errores”. Deng Xiaoping, primero, y Xi Jinping, después, han reinterpretado su legado; especialmente Jinping que considera que el crecimiento económico —capitalismo encubierto— es esencial para la legitimidad del régimen, algo muy distinto de la prioridad que Mao daba a la movilización revolucionaria.
No puedo dejar de pensar, cuando veo a alguien con un formato rojo en la mano, en aquel conjunto de “Citas del líder Mao Zedong” —el Libro Rojo— que recopiló y editó Lin Biao, ministro de Defensa que fue… y que terminó ‘Lin Piao’ —la gracieta de los plumillas en aquel septiembre de 1971— cuando huía en avión a Moscú y se estrelló, en extrañas circunstancias[8], casi en la frontera con Mongolia.
De estas hay muchas historias truculentas en los regímenes comunistas. Si gustan de saber cómo se las gastan, lea a Iván Vitker[9].
Sigo viendo la foto, terrorífica foto de las horas finales del jueves; que no me esperaba, y entro en pánico por lo que pudiera llegar a significar. Les va la marcha, lo llevan en el ADN. Sólo veo una organización basada en el hiperliderazgo de un Pedro Sánchez ajeno a la realidad y una férrea disciplina interna; hay tintes de secta. Y solo detecto miopía.
La foto verá la luz, porque esto no tiene enmienda. Hemos olvidado tantos principios democráticos…
Pero recuerden: las democracias no suelen morir por la fuerza de quienes desprecian la libertad, sino por el olvido de quienes dejamos de valorar el precio que costó conquistarla. Las ideologías pasan; lo que permanece son sus consecuencias. Conviene no olvidar unas ni otras. Créanme: aversión a lo rojo; aversión en rojo.
[1] https://www.informacion.es/politica/2026/07/03/frente-antifascista-responde-alicante-falange-132107052.html
[4] Berlinguer se
inició como un activo marxista-leninista que aspiraba a una transformación
socialista de la sociedad y aceptaba los fundamentos revolucionarios del
comunismo de la época. La invasión soviética de Checoslovaquia le abrió los
ojos y ahí comenzó su distanciamiento progresivo del comunismo soviético. Rechazó
la idea de partido único y aceptó totalmente el pluralismo político, las
elecciones libres y las libertades civiles; incluso promovió el llamado “compromiso
histórico”, una alianza con la Democracia Cristiana para garantizar la
estabilidad democrática italiana. Rechazó Berlinguer el estalinismo, la subordinación a Moscú, la
dictadura del proletariado entendida como régimen de partido único y la
revolución violenta como vía necesaria al socialismo
[5] Marchais sólo
fue revolucionario en el plano ideológico; se apartó de la doctrina de Moscú,
pero llegó a justificar la invasión soviética de Afganistán desconcertando a
todos. Le reconocen que nunca defendió la violencia revolucionaria como
estrategia en la Francia democrática y que aceptó plenamente la competición
electoral y el sistema parlamentario.
[6] Se radicalizó en
el 34, con la Revolución de Asturias; en 1936 impulsó la unificación de las
juventudes socialistas y comunistas, muy próximas al Partido Comunista de
España. Fue consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid y su
figura quedó ligada a los fusilamientos de Paracuellos. Pero en el 68, con la
Primavera de Praga despertó y fue abandonando progresivamente la estrategia
revolucionaria y pasó a defender el pluralismo político, la democracia
parlamentaria, las elecciones libres, la independencia respecto de Moscú y la
reconciliación nacional entre vencedores y vencidos de la Guerra Civil española.
La reconversión fue tal que en 1977 aceptó públicamente la Restauración de la
Monarquía en España, la bandera rojigualda y el marco constitucional que
desembocaría en la Constitución Española de 1978.
[7] Crítica del
Programa de Gotha: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/critica-al-programa-de-gotha.htm;
primera parte de la sociedad comunista

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