Como
decíamos ayer: hoy vamos con la Zona Gris…
¡ATENCIÓN: ZONA GRIS!
Y es en este contexto de la situación vivida por Ceuta donde cobra especial interés el concepto de “zona gris”, un espacio situado entre la cooperación pacífica y el conflicto abierto en el que un Estado puede tratar de alterar progresivamente el statu quo de otro sin cruzar el umbral que desencadenaría una respuesta militar. Aplicado a Ceuta y Melilla, este marco ha sido desarrollado de manera específica por investigadores que han analizado la posibilidad de que Marruecos combine instrumentos políticos, económicos, diplomáticos, informativos, migratorios y militares para ejercer presión sobre ambas ciudades. No se trata, por tanto, de afirmar que exista una guerra, sino precisamente de analizar una estrategia que persigue objetivos propios de un conflicto abierto sin llegar a la guerra, mediante una acumulación gradual de presiones destinada a modificar el statu quo.
La zona gris[1] no significa que haya guerra; significa precisamente que se intenta conseguir objetivos propios sin llegar a la guerra.
Zona Gris define campañas que persiguen objetivos políticos de manera gradual, empleando fundamentalmente medios no militares y manteniéndose por debajo de los umbrales que provocarían una guerra abierta.
Y muy molesto con todos los que están hablando en los últimos dos meses de “guerra híbrida”, decirles que “zona gris” y “guerra híbrida” no son exactamente lo mismo.
En el tablero de la zona gris, la presión sobre Ceuta no se limita a las reivindicaciones territoriales: incluye el aprovechamiento de las vulnerabilidades europeas y el riesgo de instrumentalización de los flujos migratorios como herramienta de presión política. En román paladin: Marruecos aplica la doctrina del engaño y el desgaste psicológico; conoce las vulnerabilidades legales y políticas europeas y utiliza la migración forzada, instrumentalizada, en el espigón de El Tarajal como palanca asimétrica de presión.
Frente a ella, la respuesta defensiva inteligente de España debe pasar por aplicar el axioma de “conocerse a sí mismo”: blindar su resiliencia interna e invencibilidad defensiva mediante los artículos 42.7 del Tratado de la Unión Europea y 222 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, herramientas que europeízan legalmente la soberanía y disuaden la coacción al convertir a Ceuta en un bastión inexpugnable.
Esto no es nuevo y desde 2020 no han faltado los informes alertando de esta situación.
Los profesores Josep Baqués, Javier Jordán, Manuel R. Torres y Guillem Colom elaboraron para el Observatorio de Ceuta y Melilla/Instituto de Seguridad y Cultura el informe “Las pretensiones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla desde la perspectiva de la zona gris”[2] publicado en noviembre de 2021. Posteriormente, Josep Baqués desarrolló individualmente la tesis en 2022 en la revista académica Defence Studies, con el significativo título: “Is Morocco operating a grey zone in Ceuta and Melilla?/ ¿Está Marruecos operando una zona gris en Ceuta y Melilla?”[3] donde concluye que Marruecos presenta suficientes elementos para hablar de una estrategia de zona gris dirigida a modificar el statu quo de Ceuta y Melilla a medio plazo. Pero esto es más grave, porque el profesor Baqués ya había publicado en noviembre de 2020 el artículo: “Marruecos y la Zona Gris. ¿La mejor herramienta para conquistar Ceuta y Melilla?”[4].
Y posteriormente otros autores españoles profundizaron en la cuestión, entre ellos el capitán de corbeta Carlos Fernández López, con “Zona gris en la frontera sur”[5] (2021), y Guillermo Pulido, con “Incidentes con Marruecos, ¿Una zona gris?” (2020).
La tesis de Baqués y sus colegas es bastante más sofisticada que decir simplemente “Marruecos hace guerra híbrida”. Su hipótesis es que Marruecos puede intentar alterar progresivamente el statu quo de Ceuta y Melilla sin provocar una guerra con España.
Para ello identifica Baqués diferentes instrumentos como presión migratoria, presión económica, aislamiento comercial, narrativa política, movilización social, presión diplomática, instrumentos jurídicos, demostraciones militares, etc. Es un “toma y daca”.
Lo fundamental es que ninguna de esas acciones, tomada aisladamente, tiene por qué desencadenar una guerra. Pero su utilización coordinada y acumulativa puede modificar progresivamente las condiciones de las ciudades.
El propio informe insiste en que la zona gris pretende precisamente forzar una relación entre dos Estados para alterar el statu quo sin cruzar las líneas rojas que activarían una respuesta militar.
Este pulso invisible nos traslada a la referencia de ayer a Sun Tzu y nos coloca sobre un apartado nuevo, el uso de los espías. Sí, agentes e infiltrados marroquíes operan en la ciudadela para tejer redes de influencia, mientras que ejércitos digitales saturan las redes sociales con campañas de desinformación destinadas a inducir crisis masivas o pánico colectivo.
Históricamente, esta sofisticación y el despliegue de influencia blanda recuerdan al almirante chino Zheng He (1371-1433), quien demostró que el verdadero dominio de las rutas globales no radica en la conquista violenta de la costa, sino en la proyección pacífica de una capacidad logística imbatible que disuada al oponente.
Por su parte, España emula este principio en el ciberespacio mediante el uso de Honey-pots o ciber-señuelos (“espías liquidables”), inyectando datos erróneos de vulnerabilidad para forzar a las granjas de trolls del adversario a revelar sus estructuras en tiempo real, neutralizando la agresión cognitiva antes de que cause daño real en el plano físico. Vamos: algo de manual que es lo que se debería estar (o haber estado) haciendo.
Y finalmente, quiero incorporar a este posicionamiento al geógrafo francés (comunista) Yves Lacoste[6] y su obra La geografía: un arma para la guerra —responsable de que yo me hiciera geógrafo— porque nos ofrece el cierre perfecto para este conflicto asimétrico. Lacoste revolucionó las ciencias al denunciar que la geografía no es un saber escolar inofensivo, sino un instrumento estratégico y militar utilizado por los Estados para la dominación territorial.
Marruecos conoce el valor estratégico de la frontera y la capacidad de los flujos migratorios para generar situaciones de presión sobre Ceuta. Por eso, resulta imprescindible analizar cuándo la gestión de esos flujos responde a dinámicas ordinarias y cuándo puede convertirse en un instrumento de presión política. Y si encima encuentra apoyos, como el que denunció el sábado día 17 de octubre El Español —El vídeo de la vergüenza: la Policía intentó evitar el asalto a Ceuta y la Guardia Civil abrió la verja por orden del Gobierno[7]— ¿qué más podemos hacer? ¿Qué está pasando en este país?
Hasta ese mismo día 17 de octubre creíamos que para contrarrestar esta ofensiva, España oponía, como mínimo, una “geografía institucional” respaldada por agencias como Frontex. Pero no.
La premisa última de Lacoste: ante un mapa utilizado como arma de guerra, la única defensa eficaz es la solidez política y soberana sobre el propio territorio.
Lacoste permite ir más allá de la historia de las reivindicaciones territoriales marroquíes y examinar cómo la geografía, el control del espacio, las fronteras y el conocimiento del territorio pueden convertirse en instrumentos de poder político y estratégico.
a) La Geografía como instrumento de poder: el conocimiento del espacio no es neutral: puede servir para planificar, ejercer autoridad y desarrollar estrategias políticas y militares. En Ceuta, esto obliga a estudiar su posición junto al Estrecho, su frontera terrestre con Marruecos, sus conexiones marítimas y su condición de territorio español en el norte de África.
b) El control del territorio más allá de la fuerza militar: el control de una frontera también puede verse afectado por decisiones administrativas, flujos comerciales, movilidad de personas, cooperación policial y gestión migratoria. Son ámbitos que condicionan la relación entre los dos Estados y el funcionamiento cotidiano de Ceuta, aunque no todos constituyan por sí mismos instrumentos de presión deliberada.
c)
Y el espacio geográfico como realidad y como
representación política porque un territorio puede tener un significado
distinto para cada Estado.
La posición de Ceuta es una realidad física; interpretarla como frontera europea, enclave estratégico o territorio pendiente de incorporación (supuestamente) una construcción política.
Analizar cómo se utilizan esas representaciones permite comprender mejor el conflicto de narrativas.
Lacoste ofrece una perspectiva especialmente útil para comprender la dimensión geopolítica de Ceuta. Su principal aportación consiste en recordarnos que el territorio no es solamente un espacio físico que se describe en los mapas, sino también una realidad que los Estados conocen, interpretan y utilizan para defender sus intereses.
En Ceuta, la posición junto al Estrecho de Gibraltar, la frontera terrestre con Marruecos y su condición de ciudad española y frontera exterior de la Unión Europea configuran una singularidad estratégica. Desde esta perspectiva, las reivindicaciones marroquíes no deben analizarse únicamente como una controversia histórica, sino también atendiendo al valor político de la geografía y a las formas en que se construye la legitimidad territorial.
La cuestión fundamental es determinar hasta qué punto los discursos, las decisiones fronterizas y las relaciones económicas y diplomáticas expresan una competencia por influir sobre el espacio. Lacoste no proporciona por sí mismo la respuesta, pero sí una herramienta para formular la triple pregunta esencial: ¿quién interpreta el territorio?, ¿con qué objetivos? y ¿mediante qué instrumentos pretende ejercer influencia sobre él?
La foto que ilustra este post es de traca: un “BMR del Ejército en el Tarajal, Ceuta, con decenas de personas observando desde la ladera”, podía ser mi pie de foto. Ni guerra ni paz: la zona gris en una sola imagen.
En el borde inferior izquierdo, dos motitos aparcadas, un detalle muy cotidiano que contrasta con el material bélico: el blindado y las motos en el mismo plano visualizan esa ambigüedad entre lo civil y lo militar.
En lo alto, a lo largo de toda la cresta, una larga fila de personas observando a los militares: arriba los observadores (los que quieren entrar), abajo los soldados en una jerarquía visual clara, casi un cuadro. La línea de gente en la cresta es muy potente.
La luz es plana y grisácea, de cielo cubierto.
La foto condensa la idea: una posición de posible respuesta militar ante un fenómeno que no es una guerra, con civiles que miran en lugar de atacar. El colmo: el arma del blindado enfundada. Es casi una metáfora visual literal: el arma está ahí, pero tapada; no sea que les moleste verla, porque intimida… ante un acto de agresión que pueden llegar a cometer.
Puede que alguien entienda presencia disuasoria sin uso activo; quizás fuerza que se exhibe pero no se ejerce, porque no se puede. Eso es muy cercano a la lógica de la zona gris, donde se actúa por debajo del umbral del conflicto abierto.
Expuesto esto, mañana ya entramos con la (grande y
terrible) historia de Ceuta…
[1] El concepto de
gray zone describe el espacio de competencia entre la paz y la guerra abierta,
utilizando presión política, económica, informativa, diplomática, cibernética o
incluso militar, pero sin cruzar claramente el umbral de una guerra
convencional. El término zona
gris aparece por primera vez en la revista Quadrennial Defense Review (2010) referido a un espacio ambiguo “ni completamente guerra ni completamente paz”.
En 2015, el general Joseph L. Votel,
entonces jefe del U.S. Special Operations Command, contribuyó a poner el
concepto en la agenda estratégica estadounidense. Y también en 2015 Michael J. Mazarr, de RAND y del
Strategic Studies Institute, le dio una formulación teórica mucho más completa
en su artículo Mastering the Gray Zone:
Understanding a Changing Era of Conflict. https://thepoliticalroom.com/blog/conflictos-en-la-zona-gris-origen-y-desarrollo-del-concepto
[2] https://www.observatorioceutaymelilla.org/wp-content/uploads/2021/11/2-OCM-Pretensiones-Marruecos.pdf
[6]
Yves
Lacoste (Fez, Marruecos 7 de diciembre de 1929-Bourg-la-Reine, Altos del Sena,
20 de junio de 2026) Geógrafo, profesor (emérito de geopolítica en la
Universidad de París VIII) y geopolítico, fundador de la revista «Herodote», un
referente inevitable en los análisis geopolíticos y geográficos. Lacoste es
también considerado padre de la geopolítica moderna. https://legrandcontinent.eu/es/2026/06/22/yves-lacoste-1929-2026-padre-refundador-de-la-geopolitica-francesa/

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