12 feb 2022

COSAS DE MANILA; HISTORIAS DE FILIPINAS

  

En esta semana que concluye por tres veces me han salido a relucir cosas de Manila, la capital filipina: que si un libro, que si una investigación, que si un mantón, vestido chinés… Y me he dicho: pues tírale a Manila. Me atrae hasta el mismo nombre.

Manila. El DLE de la RAE sobre la voz nila[1] dice que es una palabra del sánscrito[2] y del tagalo[3] y la refiere como arbusto con inflorescencias blancas. La principal ciudad de la isla de Luzón debe su nombre a la abundancia de esa mata en el hoy desaparecido manglar Yamstick, en el delta del río Pásig[4]: May-nila (hay nila aquí).

El caso es que la nila que hoy se identifica con la Scyphiphora hydrophyllacea parece ser la misma que en el libro (1877) “La Flora de Filipinas”, del agustino fray Manuel Blanco, aparece referenciada como Ixora manila, un taxón[5] asiático vinculado al índigo[6]. Sea como fuere, no es nuestro tema; pero ahí dejo esa puerta abierta a etnobotánicos y similares una vez que estamos en la bahía de Manila.

Y antes de llegar a la bahía, lleguemos al archipiélago de 7.641 islas.

El 16 de marzo de 1521 en su periplo con la Flota del Moluco, Fernando de Magallanes divisa un grupo de islas que, de buenas a primeras, llama “de San Lázaro”[7] y pone el pie en la de Tubabao… y así las Filipinas[8] comienzan a entrar, poco a poco y una tras otra, en nuestra Historia.

Lo harán, especialmente, de la mano de Miguel López de Legazpi[9] ya en 1565 con todo lo del tornaviaje[10]. Primero en Cebú, luego en Panay y finalmente en Luzón (1570), que es la gran isla que nos interesa, donde tejieron alianzas entre los gobernantes de los ‘reinos’ de Sapa, Namayan, Tondo y Maynila que eran los protagonistas del enclave, de la desembocadura del río Pásig.

El 19 de mayo de 1571 Legazpi tomó posesión del poblado de Manila en el que el 24 de junio celebró la solemne ceremonia de fundación oficial de la ciudad de Manila[11].

Y Manila fue creciendo y cobrando importancia con la rivalidad entre españoles y portugueses por el control del comercio de las especias y como puerta de entrada a Asia por el Pacífico, así como por el comercio, las disputas y la piratería de los ribereños de aquellos mares[12]. En 1595 se convirtió Manila en la capital de aquel universo insular que el Reino de España se empeñó en mantener.

Allí llegamos con ínfulas imperiales, sin ocaso para el Sol; pero para todos, absolutamente todos, lo hicimos cual elefante en una cacharrería -y no es cierto-aunque esa irrupción alteró el tradicional sistema de comercio y -¡ojo!- de piratería en la zona. Legazpi buscaba, habida cuenta de la inferioridad numérica, hacer aliados por doquiera que iba. Así, en 1571 liberó a los esclavos chinos en poder de los ‘reyes’ de Tondo y Maynila; y por esta acción recibió en Manila, al poco tiempo, once juncos[13] repletos de azúcar, naranjas, porcelanas, medicinas y seda del propio emperador chino. Pero, enseguida, Manila volvió a ser el objeto de deseo de todos los pueblos ribereños del sudeste asiático, China incluida. Guido de Lavezares, el sucesor de Legazpi al mando en Filipinas, ya se las tuvo que ver con el corsario chino Li-Ma Hong[14], al que venció en repetidas ocasiones, lo que valió el nombramiento Real de Maestre de Campo, perpetuo. El tercer gobernador, el cacereño Francisco de Sande, harto de los piratas chinos preparó un ataque a la China continental que el Rey Prudente desaconsejó. Los demás gobernadores hubieron de hacer frente a razias de piratas asiáticos -de Joló, de Brunéi, de China, Birmania y Japón- al mismo tiempo que ataques de flotas y navíos británicos, franceses, portugueses y holandeses.

Es más, con motivo de la guerra anglo-española de 1761-1764 (dentro de la Guerra de los 7 años[15]), por espacio de 20 meses los británicos ocuparon los puertos de Manila y Cavite. Era gobernador -desde el verano de 1759- el arzobispo Manuel Rojo del Río que -cayendo prisionero y por salvar su vida- les cedió la titularidad del archipiélago, pero que no pudieron ocupar porque Simón de Anda y Salazar, magistrado de la Real Audiencia de Manila, tomó el mando y con las pocas tropas reales -y la ayuda indígena; que eso siempre lo hicimos bien y nos salió mal- asedió ambas plazas impidiendo la salida de los británicos de Manila y Cavite tierra adentro hasta que por mar, como vinieron, abandonaron su pretensión sobre el archipiélago. De Anda superó también el alzamiento chino en Guagua y en 1764 entregó el poder al nuevo gobernador, Francisco Javier de Torre, y se embarcó para España donde había sido nombrado miembro del Consejo de Castilla. Volvió De Anda en 1770 -y hasta 1776- a ser la primera autoridad colonial filipina y revitalizó la capital y sus atarazanas.

Más que los tifones[16], los meses de dominación inglesa fueron los que más daño hicieron a la vieja Manila. La dejaron absolutamente esquilmada de todo -entre el pillaje inicial y la subsistencia final- por lo que se hubo de partir de cero.

Y partiendo de cero en esta historia me voy al espíritu del siglo XVI en el que se vio que aquel archipiélago podía convertirse en la frontera defensiva que protegiera la retaguardia del Imperio y hasta en el nexo que articulara ambos mundos. España se involucró en crear una gran base operativa en aquellas latitudes de cara, incluso y como etapa intermedia, a la conquista de la China de la dinastía Ming. Por conquistar que no quede, oiga: soy español, ¿a qué quieres que te gane? Luego vendrán los ayes y lamentos.

El Oriente -China y Japón- fue el objetivo para todas las potencias europeas desde el siglo XV, sólo que españoles y portugueses tomaron la delantera. Recordemos: Colón, buscando Cipango -el Japón- se topó con América. Portugal, sabido esto de que América era un infranqueable continente en la ruta de las riquezas de China, circunvaló África en busca de ese Oriente fabulado pero real. Pero tozudos que somos, Magallanes-Elcano abrieron el camino español hacia Asia; y Urdaneta, el regreso.

Y recordemos más: por el Tratado de Tordesillas[17] (1494) había quedado dividido el mundo para dos - España y Portugal- y luego llegaría la cosa del antimeridiano de Tordesillas[18]. Y el caso es que las Islas Molucas, las de las especias, quedaban, con esta nueva demarcación, en un ámbito donde los cosmógrafos de la época no se ponían muy de acuerdo. Pero Portugal pagó sus derechos sobre las islas, lo que ¿nos venía a dar la razón de que quedaban en el lado Español? Pues no, las cosas del viejo monarca español que dijo de ceder-vender por 350.000 ducados de oro los derechos españoles sobre aquellas islas, por no reconocer -antes de Urdaneta- que no sabíamos volver (el tornaviaje) a la Nueva España. Álvaro de Saavedra, Hernando de Grijalba y Ruy López de Villalobos fueron los últimos en intentarlo, sin éxito, en 1527, 1536 y 1542. Pero en 1565 el entonces fraile Urdaneta completó el viaje de vuelta desde Filipinas[19] subiendo hacia el norte, casi bordeando Japón, para entrar en la corriente de Kuroshio[20] que le llevó directo a la costa californiana de los (hoy) Estados Unidos, con lo que sólo era necesario bajar hasta Puerto de la Navidad y Acapulco, una ruta que a partir de entonces haría el Galeón de Manila/Nao de la China hasta 1815, doscientos cincuenta años.

Ya sabemos volver, pero China seguía siendo el objetivo por batir.

La importante y numerosa comunidad china de Manila (siempre extramuros de la ciudadela y en los barrios del Parián primero y Binondo después) hacía despertar el máximo interés hacia el coloso continental. Y los misioneros Jesuitas ansiaban esa proyección evangélica, aunque será el agustino Martín de Rada (1569) el primero en proponer el salto invasor. Los planes del jesuita Alonso Sánchez eran más detallados y concretos; incluso aventuraban éxito, pero llegaron a Madrid al mismo tiempo que las noticias del desastre de la Gran Armada contra Inglaterra y fueron desestimados. Con ausencia de armas y milicia, individualmente, los jesuitas Alessandro Valignano, Michele Ruggieri y Matteo Ricci prefirieron la iniciativa individual y entraron en China de avanzadilla. Diego García de Palacio, bilbaíno, fiscal de la Audiencia de Guatemala, diseñó un plan de conquista de China que dejó en dos libros (Diálogos Militares, 1583 y 1587). Los planes de 1583 se cambiaron por una embajada al emperador Wan-Li. Y el Memorial General de 1586 vuelve a contener planes de invasión en un anexo -De la entrada en China en particular- cifrándose en 20.000 los soldados necesarios y cuantificando los beneficios económicos de la empresa. Al final se optó por una invasión de misioneros: fray Jerónimo de Burgos planteó enviar un centenar de franciscanos, los dominicos, por su parte, enviarían sesenta miembros de la Orden de Predicadores y los jesuitas de las Juntas Filipinas, un número similar al de franciscanos. Así las cosas, la invasión de China se tornó en misión evangélica -no se podían detraer 20.000 soldados y los barcos necesarios- y Borneo, Camboya y Siam estaban más a mano y con lo justo se podía conseguir. Y así se hizo; es más, sin necesidad de poner pie a tierra. A aquellas alturas finales del XVI en aquellos mares asiáticos bastaba con deponer al que mandaba y colocar en su lugar uno más afín. Y así fue.

Y con la presencia militar y burocrática asentada en Filipinas el objetivo pasó a vincular administrativamente el archipiélago al virreinato mexicano de Nueva España, y desarrollar en él un sistema colonial basado en la ocupación y la evangelización, con una administración mínima de militares y funcionarios, presencia activa de órdenes religiosas, delegando en los encomenderos, los religiosos y las autoridades indígenas filipinas, la mayor parte de la gestión administrativa. Este proceder favoreció la pervivencia de los modos de vida tradicionales filipinos, lo que fue aceptado de muy buen grado por los locales. La ley del más mínimo esfuerzo… Y con la caló que hace por allí.

Y así se desarrolló una economía basada en todo lo que llegara de China y de otros puertos asiáticos porque resultaban ser una serie de bienes muy apreciados en los mercados europeos -y americanos-: sedas, lacas y porcelanas chinas; muebles y ornamentos de Japón; pimienta, clavo, nuez moscada y otras especias de Sumatra y el Maluco; piedras preciosas de la India; y algodones de Bengala. Y esos fueron las mercancías que viajaban de vuelta a Nueva España desde Filipinas. La economía de las islas, bajo dominación española, fue inicialmente de intermediación; y con pingües beneficios para todos.

Pudo haberse mejorado todo en Filipinas si desde las Cortes de Cádiz se hubiera tenido más en cuenta al archipiélago. Pedro Pérez de Tagle y Blanco-Bermúdez, José Manuel Couto y Aballe-Bravo y el septuagenario y activísimo Ventura de los Reyes y de la Serena fueron los 3 diputados criollos que representaron cabildos filipinos acudieron a la cita gaditana. Hay un trabajo de María Dolores Elizalde al respecto, publicado por el CSIC[21], que lo cuenta todo.

Uno de los grandes logros de las Cortes gaditanas fue la proclamación de la igualdad entre los territorios y los habitantes del imperio. Así, el 15 de octubre de 1810, se ratificó en Cádiz esa voluntad de equiparación en una hermosa declaración, que luego confirmaría la Constitución de 1819: Que los dominios españoles de ambos hemisferios forman una sola y misma monarquía, una misma y sola nación, y una sola familia, y que, por lo mismo, los naturales que sean originarios de dichos dominios, europeos o ultramarinos, son iguales en derechos a los de esta península, quedando a cargo de las Cortes tratar con oportunidad y con particular interés todo aquello cuanto pueda contribuir a la felicidad de los ultramarinos… pero dicen que la distancia es el olvido… hoy mi playa se llena de amargura… al cruzar otros mares de locura, cuida que no naufrague en tu vivir… Y naufragamos porque la distancia es… eso, la distancia.

El caso es que a finales del XVIII, cuando las tendencias comerciales cambiaron, se fomentó la colonización interior del archipiélago y se activó -¡por primera vez!- el comercio directo entre Filipinas y España a partir del establecimiento de los estancos sobre el tabaco y los alcoholes de nipa[22] y coco[23], que fueron los principales soportes económicos de la administración colonial durante un siglo. Es más, se consiguió que la relación entre España y Filipinas sobreviviera a la quiebra del Imperio americano español y se mantuviera otros cien años más. El político catalán Víctor Balaguer, Ministro de Ultramar en 1871 y 1874, redefinió la relación España-Filipinas, creó la línea de vapores-correo España-Filipinas y organizó la Exposición General Filipina en Madrid (1887), logrando que a partir de 1880 cambiara el concepto económico que se tenía en la península de un territorio donde no todos hacían fortuna.

Y Filipinas entró de lleno en la economía mundial gracias a sus exportaciones de abacá[24], azúcar, tabaco, café, añil y arroz-. A ello también contribuyó, obviamente, la apertura del canal de Suez y la extensión de los barcos de vapor que facilitaron las comunicaciones entre Europa y Asia. Ah, y la crisis cubana que reorientó capitales e intereses coloniales españoles hacia Filipinas. En ese clima propicio y de bonanza el gobierno español, imbuido de liberalismo, no fue capaz de reconocer que, a lo largo del siglo XIX, se habían producido una serie de transformaciones fundamentales dentro de la sociedad filipina y no supo reaccionar. En todo este tiempo, pero especialmente de 1770, se habían creado en Filipinas unas elites integradas por ilustrados de todo rango y condición, que se habían educado en universidades, y por grupos económicos autóctonos que controlaban el desarrollo de distintas islas y regiones. Con todo ello, surgió un movimiento de afirmación nacional filipina que se fue radicalizando, ante la falta de tacto y acción de Madrid, hasta generar a partir de 1896 una auténtica revolución a la que se sumó la derrota en la guerra hispano-norteamericana en aquellas islas. El gobierno español tuvo que renunciar a su soberanía y poner fin a más de tres siglos de relación colonial.

Un elemento determinante fue el Colegio de Santo Tomás[25], la primera Universidad en Asia, que forjó la elite ilustrada filipina. Fue fundamental y determinante en la creación de la nación filipina. Y eso sólo pudo ser posible gracias a que España contribuyó sobremanera a la creación de una identidad nacional única sobre lo que era un conjunto de islas independientes en las que habitaban pueblos distintos, formados por diversos grupos tribales, étnicos o lingüísticos, cuyos territorios estaban limitados por fronteras naturales como el mar, los ríos o las cordilleras montañosas y con formas de gobierno distintas. La administración colonial española quiso unirles a todos -y lo consiguió- en un mismo conjunto que tuviera las mismas leyes y la misma organización.

De aquellos escasos días en que España se volcó con las Islas Filipinas datan la Compañía General de Tabacos de Filipinas[26], la cervecera San Miguel[27], la azucarera La Carlota y el enraizamiento de la piña en Filipinas, que tan excelentes frutos ha dado. Y los prácticos de los puertos; con lo que meto el nombre de Benidorm en este Post.

 

 

                                            Manilia 1671                Manila 1720


Ah, dos cosas finales: lecturita hiper-mega-recomendada es el libro Elcano, viaje a la Historia de Tomás Mazón Serrano, Ediciones Encuentro; y la consulta en la web https://www.rutaelcano.com/. Y que los mantones de Manila, eran -y son- una realidad china que llegaron a Nueva España (Méjico) con el Galeón de Manila. Y allí, en el Méjico colonial, especialmente en el Estado de Puebla, comenzaron las mujeres a usarlo (china poblana): y de ahí pasaron a la metrópoli. En el madrileño Museo del Traje se detalla que se producían en Cantón (hoy Guangzhou) y en otras localidades chinas y eran exportados a través de un Cohong (consejo mercantil), cuyos trece miembros eran los únicos autorizados a comerciar con los bárbaros extranjeros. Aunque la tradición del bordado en seda chino es casi tan antigua como la propia seda, y ya desde el siglo XVI el célebre Galeón de Manila transportaba a España tejidos chinos, todos los mantones que han llegado hasta nuestros días se produjeron a partir de principios del siglo XIX, que es probablemente el momento en el que se desarrolló el modelo. Se dice que los flecos, que se añadían ya en la Península, eran una herencia de gustos y labores moriscas.

 

 

                                                       Plaza Mayor de Manila; 1847



[1] Arbusto de Filipinas, de la familia de las rubiáceas, con tallos ramosos de unos dos metros de altura, hojas aovadas, opuestas, gruesas, enteras y lampiñas, con flores blancas, axilares, en ramilletes poco apretados y fruto en drupa elipsoidal del tamaño de un guisante, coronada por el cáliz y con dos semillas

[2] Lengua clásica de la India y una de las lenguas indoeuropeas más antiguas y documentadas, después del hitita​ y del griego micénico

[3] El tagalo o tagálog es una lengua hablada mayoritariamente en Filipinas. Se encuentra dentro del filo austronesio, más concretamente en la rama occidental de la familia malayopolinesia. Es autóctono de las partes central y sur de la isla de Luzón, donde se encuentra la capital, Manila. Lo hablan algo más de 100 millones de personas.

[4] El río Pásig conecta la Laguna de Bay con la bahía de Manila. Tiene una longitud de 25 kilómetros. Vierten sus aguas en él sus afluentes Marikina y San Juan. El río Pásig fue la vía de transporte más importante, en torno a la cual se creó una gran riqueza económica.

[5] Cada una de las subdivisiones de la clasificación biológica, desde la especie, que se toma como unidad, hasta el filo o tipo de organización

[6] Índigo, añil o glasto es un colorante textil azul de extracción vegetal; una pasta colorante que se ha usado desde tiempo inmemorial para teñir telas, en la fabricación de tintas​ y como pigmento pictórico. La voz añil, derivada del árabe y del persa, es 'nila' en sánscrito.

[7] Empujada por los alisios, la expedición arribaría doce días más tarde a unas islas reverdecientes de luminosas playas, en donde los indígenas congregados saludaban amistosamente. Magallanes puso el ancla en Cebú y tomó posesión de las islas en nombre del rey de España. Aquel día 16 de marzo de 1521, las futuras islas Filipinas recibirían el nombre de San Lázaro. En la jornada del 14 de abril bautizaron a un millar de indígenas, empezando por su jefe, Humabón. Este se hallaba en guerra con Lapu Lapu, jefe de la isla de Matcán, situada frente a la de Cebú. Magallanes decidió tomar el partido del nuevo cristiano, Humabón, y desembarcó en Matcán, acompañado por unos cincuenta hombres (27 abril 1521). Una lluvia de flechas los recibió y los españoles huyeron rápidamente hacia su embarcación. Magallanes, cojo y chapoteando en el cieno, se quedó solo y los indígenas de Matcán le dieron muerte. Humabón, a ver que los españoles volvían sin su jefe y comprendiendo que no eran invulnerables pese a los amuletos de su religión, les preparó una trampa y dio muerte a unos veinte. Carvallo, el ayudante de Magallanes, decidió proseguir la expedición. Pero, como sólo podía contar con 108 hombres, número insuficiente para maniobrar las tres naves que les quedaban, ordenó quemar una de ellas, la Concepción.  http://www.mgar.net/magallae.htm   

[8] Ruy López de Villalobos (1543), había bautizado con el nombre de Filipina a la isla de Leyte, en honor del príncipe Felipe, el futuro Felipe II; y a la isla de Mindanao la denominó Cesárea Karoli.

[9] Miguel López de Legazpi. Zumárraga (Guipúzcoa), 12.VI.1502 – Manila (Islas Filipinas), 20.VIII.1572. Colonizador de las islas Filipinas y fundador de Manila. Su padre, Juan de Legazpi, fue primer oficial a las órdenes del Gran Capitán, en Italia. Su madre, Elvira de Gurruchátegui, perteneció a una distinguida familia guipuzcoana. Segundón, sin derecho a herencia, marcha a México en 1528 junto al franciscano Juan de Zumárraga, obispo. Hizo carrera administrativa en México. A la muerte del virrey Velasco (1564) López de Legazpi asume interinamente el gobierno de la Audiencia y organiza la expedición Urdaneta. Se le nombra capitán general y se le dan las instrucciones secretas para dirigir la expedición hacia las islas del Poniente, respetando las cláusulas del Tratado de Zaragoza (1529) relativas al pacto de retrovendendo de las Molucas a favor de Portugal.

[10] El patache San Lucas, con Alonso de Arellano y Lope Martín al mando, -que se separó de la flota de Legazpi-Urdaneta- llega, de pura casualidad, a Puerto de Navidad el 9 de agosto de 1565, dos meses antes de que Urdaneta completara oficial y geográficamente el tornaviaje. El jesuita e historiador Mariano Cuevas refería la navegación de vuelta del San lucas así: “impulsados por el hambre y con ignorancia absoluta de las vías marítimas y mayor ignorancia aún de los cursos ciclónicos, hicieron toda esa navegación a punta de milagros”.

[11] El 28 de junio se constituía el primer Ayuntamiento, redactando las primeras ordenanzas por las que debería regirse el Cabildo. Nombró dos alcaldes ordinarios, doce regidores, un alguacil mayor y un escribano mayor. Señaló el sitio de la plaza principal y repartió los solares para la iglesia y el convento de los agustinos, dejando al arbitrio del Cabildo los repartimientos de solares entre los cincuenta vecinos casados de la recién fundada ciudad de Manila. Ordenó que se llamase cabeza de la Nueva Castilla. El 21 de junio de 1574 -muerto Legazpi- Felipe II otorgaba a la ciudad el título de “insigne y siempre leal”.

[12] Recomendar encarecidamente “Historia de la piratería malayo-mahometana en Mindanao, Joló y Borneo” de José Montero Vidal -en Cervantes virtual- que comprende desde el descubrimiento las Filipinas hasta el mes de Junio de 1888. Y, cómo no, en la editorial Desperta Ferro, “Moros. España contra los piratas musulmanes de Filipinas (1574-1896)”, de Julio Albi de la Cuesta

[13] Embarcación de vela típica de los mares de la China y el Océano Índico. Ibn Batutta en el siglo XIII hizo una magnífica descripción de ellos para Europa; su aparición se documenta en fuentes chinas hacia el 600 aC. Los principales avances tecnológicos de los juncos fueron recogidos por el historiador y mnarino Zhu Yu durante la dinastía Song, hacia 1119. No confundir con el sampán, que es más propio de navegación fluvial.

[14] Pirata y señor de la guerra chino. Invadió con una flota de 62 embarcaciones y 3.000 piratas el norte de Filipinas en 1574. Los españoles, capitaneados por Juan de Salcedo, repelieron los ataques y, finamente los derrotaron en el combate del 3 de agosto de 1575, donde parece ser que Li-Ma Hong se escabulló del cerco. Nunca más se tuvo noticias de él. Dos expediciones imperiales chinas se desplazaron a Filipinas en búsqueda del pirata; una de ellas la capitaneó el general Wang Wanggao… y aquí recomiendo el libro de Juan Uceda Requena “Esto no estaba en mi libro de Historia de los Asutrias” (Ed. Almuzara) que tiene algún detalle más y va mucho más allá en todo lo de aquella época.

[15] Primer conflicto global en el planeta. Los dos principales oponentes fueron Francia y Gran Bretaña, pero la guerra implicó a la gran mayoría de las grandes potencias de la época, y se desarrolló en Europa, Norteamérica, Centroamérica, en la costa occidental de África, la India y las Islas Filipinas.

[16] Tifones, huracanes y ciclones son el mismo fenómeno meteorológico. Estos vientos intensos acompañados de tormenta se llaman de distinto modo según el lugar donde se producen: en Pacífico noroccidental estas tormentas reciben el nombre de tifones y son más comunes entre finales de junio y hasta diciembre. Al parecer la palabra tifón vendría del portugués tufão (de donde procede nuestro español tifón). A su vez sería originario de la palabra árabe طوفان, que significa tifón o también inundación; se pronuncia tūfān. Esta palabra vendría del latín typhōn (viento, torbellino), que a su vez procedería del griego τυφών. Es el nombre de un monstruo de la mitología griega capaz de generar huracanes y terremotos con el movimiento. de sus alas.

[17] Reparto de las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y del Nuevo Mundo (América) mediante una línea -Meridiano- situada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde para evitar un conflicto de intereses entre la Monarquía Hispánica y el Reino de Portugal.

[18] El antimeridiano de Tordesillas, una referencia usada en la aplicación del Tratado de Tordesillas que cruzaba las islas Molucas y que sirvió como límite entre los hemisferios portugués y español en todo el mundo, tanto en relación con América del Sur como en el Lejano Oriente. Por el Tratado de Zaragoza (22.04.1529) se delimitan las zonas de influencia portuguesa y española en Asia. El tratado fijaba las esferas de influencia de Portugal y España a 297,5 leguas al este de las Molucas. Esta línea de demarcación se encontraba por lo tanto cerca del meridiano 135º Este. El 11 de marzo de 1526, el Emperador Carlos se casa con Isabel de Portugal, lo que refuerza los lazos entre las dos coronas, y permite un acuerdo sobre las Molucas. A esto se añade el interés del emperador en evitar problemas con Portugal para poder centrarse en la política centroeuropea, más el hecho de que todavía no se sabía cómo llevar las especias de las Molucas a Europa navegando hacia Oriente (el primer tornaviaje, realizado por Andrés de Urdaneta, es de 1565).

[19] Andrés Urdaneta es una de las figuras más completas de la historia de la penetración colonial española en América y en el Pacifico. Nació en Villafranca de Oria (de Ordizia, desde 1982; Guipúzcoa), en 1508 o 1510. Inició sus viajes muy joven: a los diecisiete años formó parte de la expedición de García Jofre de Loaysa a las Molucas, como criado y asistente del ya veterano piloto mayor Juan Sebastián Elcano. Durante los once años que Urdaneta vivió en las Molucas adquirió conocimientos sobre las poblaciones, geografía del área y sobre la navegación por esa parte del mundo, haciendo acopio de experiencia administrativa, política, náutica y militar. Urdaneta permanece en la zona hasta el año 1535, en que se dirige a Malaca y, de aquí, a Cochin (en lo que es hoy la India ), llegando en 1536 a Lisboa –con lo que dio también él la vuelta al mundo–, donde los portugueses le confiscan escritos, libros y material diverso que había reunido y elaborado durante esos años, en los que recorrió el archipiélago malayo. Le permiten entrar en España y en 1538 pasa a México, a petición de Pedro de Alvarado, para preparar una expedición por el Pacifico, que se malogró. Allí permanece casi treinta años ocupando cargos en la administración virreinal, en la administración de justicia -corregidor en varios pueblos- y participa en algunas operaciones militares. En 1553, en México, decide ingresar en los Agustinos. En 1559, Felipe II aceptó la sugerencia del virrey de Nueva España, Velasco, de enviar una expedición hacia el Pacífico occidental, con el fin de intentar la penetración en el archipiélago de San Lázaro. Para organizar la expedición, el propio virrey sugirió que se contase con Urdaneta como experto cosmógrafo y con la experiencia de viajes anteriores al ser conocedor de Insulindia (el archipiélago Malayo). Urdaneta también creía que entre América y Japón había islas habitadas por hombres blancos muy ricos y amistosos, lo que era una auténtica fantasía. La expedición de Legazpi llegó a Filipinas y Urdaneta partió de Cebú el primero de junio de 1565 en dirección noroeste para completar la 2ª fase del proyecto: se dirigió hacia el Pacífico norte. El 3 de agosto alcanzó los 39° y siguió hasta llegar al paralelo 42°, la latitud del norte del Japón A partir de aquí el barco vira al este, siguiendo la corriente marítima del Kuro Shivo, en dirección a lo que es hoy Estados Unidos, avistando tierra el 26 de septiembre de 1565.  Bajando por la costa hacia México, el primero de octubre entró la nao San Pedro en el puerto de Navidad. El 8 de octubre de 1565 finalizaba el larguísimo viaje en el de Acapulco. El piloto Rodrigo Despinosa lo reflejó así: “Lunes quando amanesçió, a primera de Octubre año del nasçimiento de nuestro señor y salvador Jesús Cristo de mil e quinientos y sesenta y çinco, amanesçimos sobre el puerto de Navidad, ya esta ora miré en mi carta y bide que avia andado MDCCCXII leguas desdel puerto de çubú fasta el puerto de la Navidad , ya esta ora me fuy al capitán y le dixe que a dónde mandaba que llevase el navío porque estávamos sobre el puerto de la navidad, y él me mandó que lo llevase al puerto de Acapulco, y obedesçi su mandado(…); allegamos a este puerto de Acapulco Lunes a ocho deste presente mes de Octubre con harto trabajo que traya toda la gente.” Regresó a España para dar cuenta al rey. Desembarcó en San Lúcar de Barrameda en 1566; en abril estaba en Madrid y poco después en Valladolid, donde lo recibió Felipe II, a quien mostró y entregó los mapas, relaciones, libros de navegación y otros documentos. Casi inmediatamente, en 1567, estaba de vuelta en Méjico y se reincorporaba a su convento de los agustinos, donde muere al año siguiente.

[20] La corriente de Kuroshio (también conocida como Kuro-Shivo) es una fuerte corriente de frontera occidental en el océano Pacífico nor-occidental. Comienza frente a la costa oriental de Taiwán y fluye hacia el noreste pasando por Japón, donde se funde con la deriva oriental de la corriente del Pacífico Norte al confluir con la corriente fría de Oya-Shivoy que la hacer virar hacia el Este para formar parte de la corriente Norecuatorial. Es análoga a la corriente del Golfo en el océano Atlántico, que transporta agua tropical cálida hacia el norte, dirigiéndose a la región polar. A veces también se la conoce como el Río Negro — la traducción de Kuro Shio, y una alusión al azul oscuro de su agua — y también como corriente del Japón. Este color azul oscuro característico se debe a que, por su temperatura relativamente elevada provoca pobreza en nutrientes y de ahí la escasez de vida marina y su azul intenso, lo que le da su nombre de corriente negra o agua oscura.

 

[22]  Planta de la familia de las palmas, de unos tres metros de altura, con tronco recto y nudoso, hojas casi circulares, de un metro aproximadamente de diámetro, partidas en lacinias ensiformes reunidas por los ápices, flores verdosas, separadas las masculinas de las femeninas, pero todas en un mismo pedúnculo, y fruto en drupa aovada, de corteza negruzca, dura por fuera y estoposa por dentro, que cubre una nuez muy consistente. Abunda en las marismas de las islas de la Oceanía intertropical. De sus hojas se hacen tejidos ordinarios, y muy especialmente techumbres para las barracas o casas de caña y tabla de los indígenas. La palma nipa (Nypa fructicans) produce savia rica en azúcar con altos rendimientos de forma continua. Los jugos de Nipa están compuestos por un alto contenido de sacarosa, glucosa y fructosa. Las savias se pueden fermentar a etanol fácilmente con y sin suplementos de nutrientes.

[23] Alcohol de coco o vino de coco, conocido localmente como lambanog, es un potente licor de palma destilado de savia de coco con un contenido de alcohol de 40% a 45%. Es una bebida popular en Filipinas.

[24] El abacá (Musa textiles; cáñamo de Manila) es una planta herbácea de gran porte, de la familia de las musáceas, nativa de Filipinas. Bastante parecida al plátano (Musa paradisiaca), del mismo género, se diferencia de este en que sus frutos no son comestibles y en tener un follaje más erguido y angosto. Su fibra la que le confiere una especial valía económica, por su utilidad para la industria textil. Se utiliza en la fabricación de cordajes y sombreros; también para producir papel y textiles no tejidos para diversos usos como bolsas de té, papel moneda, papel de envolver, sobres (los llamados sobres de Manila), papel Manila y filtros

[25] La Pontificia y Real Universidad de Santo Tomás, Universidad Católica de Filipinas, es aún hoy en día propiedad de la Orden de los Dominicos, en Manila. Fue fundada el 28 de abril de 1611 por el arzobispo español Miguel de Benavides. Posee los estatutos de fundación más antiguos de toda las Filipinas y es, por ende, la universidad más antigua de Asia. Actualmente, en términos de población estudiantil, es la universidad católica más grande del mundo.

[26] La Compañía General de Tabacos de Filipinas, S.A. (Compañía Española de Tabacos de Filipinas) fue la primera gran multinacional española fundada en 1881 por Antonio López y López en Barcelona, basada en Manila. López implicó en la creación de la tabaquera a dos bancos, el Hispano Colonial -que creó y presidió él mismo- y la Banque de Paris et des Pays Bas, así como a una financiera, la Sociedad de Crédito Inmobiliario Español.

[27] En el año 1885, con la idea de abrir la primera fábrica cervecera en el sudeste asiático, un grupo de españoles, encabezado por Enrique María Barretto de Ycaza, comienza a producir cerveza en Manila, en el barrio de San Miguel, en ese momento capital colonial española de las islas Filipinas. En 1890, concretamente el 29 de septiembre, se inaugura oficialmente la Fábrica de Cerveza San Miguel. La Corporación San Miguel fue creada por una comunidad de frailes Agustinos Recoletos en la isla de Cebú y trasladada en 1890 a Manila, Filipinas, como remedio a la debilidad que sufrían por el calor. ... El éxito hizo que la comunidad se viera desbordada ante la demanda y traspasaran su fabricación. La producción iniciada cinco años antes, y comienza su exportación a otras regiones y países de la zona, llegando a destinos comerciales tan importantes como Guam, Shanghái y Hong Kong a principios del siglo XX. Tras la pérdida de Filipinas, en el contexto del Desastre de 1898, los propietarios de la cervecera trasladan su producción y su sede a España, donde permanece hoy en día. Sin embargo, todavía en Filipinas -y países como Estados Unidos-, la cerveza San Miguel que se comercializa lo hace bajo sello filipino, y no español.

9 ene 2022

DE UN VERMÚ DE BABY BOOMERS

 

En una pugna sui generis[1] de víspera de Reyes entre el amigo Carlangas (que se nos vino de vacaciones a la Terreta[2] con su Miró Gran Reserva) y yo (y mi Valdespino) creo que he salido ganador en la primera competición espirituosa de 2022; esta vez sobre licorosos vinos compuestos y fortificados (alias vermut/vermú). El jerezano, sinceramente (y me lo ha reconocido Carlangas), ha ganado esta partida; y eso que Cataluña -y Reus en particular- presume y con fuerza de ser la cuna del vermut español. Esta vez, Carlangas ha mordido el polvo[3].

Y, lingotazo viene, lingotazo va, nos hemos puesto a hablar de cosas peregrinas, al sol de Levante, y ha salido a relucir el artículo de Javier Arroyo, en El País (4 de enero de 2022)[4], dando referencia a la investigación de Miguel Ángel del Arco -profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada- que, asegura, “compromete” dice Arroyo, los mitos del primer franquismo. Concluye que fue un relato falso… A buenas horas, mangas verdes[5] con lo de la “pertinaz sequía” y otras zarandajas.

La pertinaz sequía del franquismo duró apenas un año. El aislamiento internacional fue mayoritariamente voluntad del régimen y los desastres de la guerra no fueron tan grandes como para no poder remediar los llamados años del hambre en España, una década larga en la que muchos españoles vivieron en la miseria y con serias dificultades para comer”. Esto es pasarse varios pueblos sin mirar registros pluviométricos, tablas de producción y exportación y los recortes de celuloide de la época. Eso sí, “La dictadura siempre encontró razones externas para justificar el desastre, pero, como explica Del Arco, los motivos estaban siempre dentro, en sus propias decisiones”.

Por ello, lo que sí que habría que señalar es que ¡ni tanto, ni tan calvo, que se le vean lo sesos!, (que es como termina el dicho).

Vale que se ha explotado mucho respecto a la autarquía[6] lo de la “pertinaz sequía” -como causa de la baja producción agraria e industrial, los frecuentes problemas de abastecimiento, incluso energético, y todo lo demás que provocaron “los años malos”/”los años del hambre[7]”- pero ya con la perspectiva de los años vividos (estudiados a fondo y analizados al detalle) todo lo escrito, dicho y repetido sólo evidencia que el país estaba hecho unos zorros desde que comenzó el siglo XX y máas tras la guerra del 36; y que los dirigentes políticos -y es lo principal- no fueron capaces, durante mucho tiempo, de enmendarle la plana a la situación y taponarle tanta vía de agua al barco patrio para que navegara en la tempestad de los tiempos. (vaya, absurdamente poético).

El caso es que salimos adelante a costa de muchos sacrificios y sin sabores casi siempre por la base de la pirámide. Y héteme aquí que estábamos en enero de 2022, con la que está cayendo, hablando de esto, sorbo a sorbo, en la hora del vermut.

Por hablar, Carlangas y yo hemos hablado hasta de las cartillas de racionamiento. Sí, dos baby boomers[8] que no tenemos ni repajolera idea de aquella etapa, por edad. Vale que hemos leído, escuchado algún relato -la procesión va por barrios y no fue lo mismo en unos lugares que en otros- o mediatizado alguna situación -incluso estudiado-; pero no la sufrimos. Mi padre, largo nonagenario, no quiere ni hablar de eso.

Pero el que Carlangas no supiera que lo del racionamiento en España comienza cuando la Junta de Defensa de Madrid lo aplica en el otoño de 1936[9] y que fue el Gobierno de Largo Caballero quien lo terminará instaurando, mediante decreto de 5 de marzo de 1937 (que publicará la Gaceta de la República el día 7 -Art. 1º: Se crea en todos los Municipios de la España leal la tarjeta de racionamiento familiar-) me ha dejado tocado. Sí, a partir del 39 y hasta el 52, la cartilla fue el pan nuestro -y nunca blanco- de todos los españoles, pero comenzó en el 36 y en el Madrid de la República.

Y así, resulta que, mientras la España leal tenía problemas de abastecimiento y distribución, la España rebelde, en principio, no sufría ni escasez, ni racionamiento, ni hiperinflación. Sí, se inventó lo del Plato Único[10] y lo del Día sin Postre[11] bajo la clave de disminuir las raciones y destinar ese dinero (por parte de las familias) a subsidios. Michael Seidman[12] concluye que “los nacionales… evitaron la escasez que afligió a sus adversarios republicanos”. Es más, alude a la propaganda: los nacionales se jactaban del “pan blanco de Franco, sin adulterar” y así llegaron los bombardeos con pan blanco del otoño del 38 sobre Madrid, Barcelona y Alicante: Un golpe durísimo a la ya tambaleante moral republicana, señala Seidman.

Y el racionamiento llegó a todo el país en mayo de 1939; y duró hasta 1952[13]. Y fue una práctica habitual de los años cuarenta, hasta la llegada de la década de los cincuenta en buena parte del mundo; no sólo en España. En algunos países se prolongó hasta 1958[14] y ni siquiera los EE.UU. se salvaron del racionamiento.

Y a lo que íbamos, la ‘nueva España’ comenzó con hambre; nadie lo pone en duda.

Una Orden del Ministerio de Industria y Comercio de 14 de mayo de 1939 estableció un sistema de racionamiento de artículos esenciales para asegurar el abastecimiento. Un posterior decreto de 28 de junio de 1939 fijaría las cantidades que serían entregadas a precio de tasas y que serían distintas si se trataba de un hombre adulto, mujer, menor de 14 años o persona de más de 60 años. La degradación del nivel de vida en la década de los 40 fue tal, que asegurarse la subsistencia se convirtió en una auténtica lucha diaria para la mayoría de los españoles, un extraordinario esfuerzo de tiempo, recursos e imaginación. La prensa era la encargada de publicar la ración diaria de cada producto, así como los lugares para conseguirlo.

Un problema añadido es que con la cartilla y la posguerra nació en España una separación de clases sociales manifestada en cartillas de 1ª, 2ª y 3ª que fijaban la cantidad diaria o semanal que correspondía a cada persona, y aunque al principio fueron familiares, terminaron siendo individuales (1943) con el objetivo de llevar un control más exhaustivo del reparto. Pero aquello tampoco hizo que la situación mejorara. Hasta los cigarros (de picadura) también fueron racionados y tenían una cartilla aparte. Y un masclet[15] final: el racionamiento no cumplió su función casi nunca.

La cuestión clave radicaba en la necesidad de que el sector primario abasteciera al país y para ello eran precisas una serie de reformas del agro y disponer de infraestructuras hidráulicas que desde los primeros compases del siglo XX eran asignaturas pendientes; La reforma agraria nunca se produjo; las obras hidráulicas terminaron por nombrar a Franco “Paco ‘el rana’” porque saltaba de pantano en pantano (inaugurando obras).

El problema de la tierra nos viene de atrás. Desde el siglo XVII el Consejo de Castilla acumulaba expedientes denunciando el lamentable estado la agricultura y la tenencia de la tierra. En 1777 Campomanes[16] urge a la Sociedad Económica de Madrid a analizar aquellos expedientes y dar soluciones. Así llegamos al Memorial ajustado en el Expediente de Ley Agraria (1784, en el que interviene Pablo de Olavide[17], muy centrado en la reforma agraria de Andalucía) y al Informe en el Expediente de la Ley Agraria (1795, de Jovellanos[18], realizado de destierro en destierro) y así discurrimos el XVIII, leyendo, para llegar al XIX en que, sobre todo en el último tercio, se multiplicaron los proyectos reformistas en busca de mecanismos capaces de corregir las tensiones sociales -nunca una reforma agraria-, pero los proyectos nunca se aplicaron. Y -si quieres que algo no se realice, crea una comisión- la Comisión de Reformas Sociales, en 1902, en un alarde de inteligencia convocó un concurso sobre ‘El problema agrario[19]’ con el que ni trataba de buscar transformaciones radicales de las formas de la propiedad, ni de proponer fórmulas que alteraran la precaria estabilidad de la estructura social; pretendía buscar -una vez más- un sistema que permitiera evitar los conflictos. Y así transitamos décadas hasta que la II República desarrolla la suya. En el tránsito, la preocupación por la mejora de la agricultura se canalizó entre lo técnico -políticas hidráulicas- y lo paternalista -propuestas de colonización y repoblación interior-; con lo que el problema de fondo seguía se resolverse. Llega entonces la II República y considera como objetivo primordial la redistribución de tierras y el asentamiento en ellas de los campesinos. Ramón Tamames, en 1980, sostenía que la Ley de 1932, en lo que se refiere a sistemas de expropiación e indemnización, “no resulta muy avanzada para su tiempo si se compara con otras leyes de la Europa de los años 20 realizadas por gobiernos conservadores” y a pesar de eso no salió bien parada. Es que era romper con siglos y siglos de estructura y servilismo.

Terminada la Guerra Civil, la política del nuevo gobierno vuelve a la reforma técnica y el Instituto Nacional de Colonización (INC, 1939; creado para enfrentarse a la cuestión agraria[20]) sigue su marcha técnico-paternalista hasta que en 1971 se da carta de naturaleza al Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA; 1971-1995) el que vuelve a la idea de que “reformar no es más que desarrollar y desarrollar es producir[21]”. Y, por en medio, leyes como la de 1949 que combinaba legislación de la Italia fascista con propuestas del New Deal de Roosevelt para los regadíos del Valle de Tennessee[22]. Incluso (1953) la Ley de Fincas Manifiestamente Mejorables como maquillaje del régimen de cara al exterior. Pero lo que funcionó fue el proceso de colonias que cambió el campo español: del millón y medio de hectáreas de regadío que se contaban al acabar la guerra civil se pasó a los tres millones al acabar el franquismo, pero, como señala Gómez Benito[23], solo un tercio de ese millón y medio de hectáreas nuevas de regadío estaba en manos de los colonos, los otros dos tercios eran de los grandes terratenientes. Y así, hasta la PAC. En fin, que reforma, lo que se dice reforma… ¡nada!

Pero, a lo que íbamos: a los años de la jambre. Tirando de Ernest Labrousse[24] resulta que entre 1930 y 1955 estaríamos ante una de las llamadas ‘crisis de tipo antiguo[25]’. Sí, volviendo casi a los tiempos de “las revueltas del pan[26]” en una España muy rural aún[27]. Hubo quien dijo[28] que la de 1868 había sido la última de las crisis de tipo antiguo en la península, pero analizando con detalle lo ocurrido en la primera mitad del siglo XX vemos que estaba muy, pero que muy, equivocado.

La producción agrícola, sin infraestructuras hidráulicas ni reforma agraria, fue escasísima durante muchos años; 1930, 1937, 1939, 1941 son de fuerte sequía; y luego se encadenaron varios episodios de intensa sequía entre 1944 y 1955. Luego sí podemos hablar de una ‘pertinaz sequía’, pero en sí no sería la sequía la ‘mala de la peli’[29]. Ya desde finales de los setenta muchas investigaciones vienen demostrando que se magnificaron las consecuencias de todos estos episodios, principalmente tras el final de la Guerra Civil, por el retraso en la construcción de infraestructuras hidráulicas de regulación y abastecimiento, la falta de alternativas a la producción de energía hidroeléctrica y el pésimo contexto socioeconómico de la posguerra. El período más seco fue el de 1943 a 1954. El período húmedo más prolongado discurrió entre 1955 y 1966, que revertió la situación, con profusión de pantanos y obras de regadío, que nos lanzaron al desarrollismo[30].

La asignatura pendiente de España, desde siempre, fue gestionar los estiajes de los ríos y aprender a utilizar de forma plurianual los recursos hídricos que debían ser compartidos entre las comunidades de regantes y, con la modernidad, con los usuarios hidroeléctricos. Pero el contexto socioeconómico, no me lo pierdan de vista.

A veces olvidamos que la principal causa (algún ‘alumbrado[31]’ saldrá con que no) de las convulsiones políticas, sociales y económicas que llevan a la proclamación de la II República son la recesión económica y el colapso de la monarquía, que había apoyado la dictadura. Francisco Comín (Premio Nacional de Historia 1990) lo resumía a la perfección desde las páginas de El País[32]. La Gran Depresión del 29 llegó a España y se manifestó como una crisis coyuntural; resultó “breve y liviana”. Los problemas llegaron con los años.

Y llegaron porque España era, al llegar a los años treinta del siglo XX, un país atrasado en el que la agricultura ocupaba a más del 50% de la población activa. La tendencia y los ciclos anuales del PIB venían marcados por la producción agraria[33]. Ambas variables alcanzaron el máximo en 1929, pero la mala cosecha de 1930 arrastró al PIB a un pozo al que cayeron la industria y la construcción al año siguiente. El incipiente sector servicios ralentizó su crecimiento. El PIB cayó un 6,4% de 1930 a 1931[34]. Pero la salida de la crisis española fue rápida porque la excelente cosecha agraria, especialmente cereal y naranjas, de 1932 elevó el PIB. Volvió a caer en 1933, pero otra gran producción agraria en 1934 la recuperó y se puede considerar que la crisis coyuntural había acabado en 1935, pero en el 36 España sufrió las consecuencias de las políticas de ‘empobrecer al vecino’ practicadas por los demás países.

No estábamos por aquel entonces en el patrón oro y desde 1928 la peseta se depreció por la presión de los mercados de divisas y cuando la libra británica salió del sistema (1931) resultamos muy afectados por hacer seguidismo al franco francés, lo que fortaleció la peseta entre 1931 y 1935, perjudicando a las exportaciones españolas (naranjas valencianas, que llegaron a suponer el 40% de las exportaciones españolas) y favoreció las importaciones, con lo que agravó las repercusiones de la crisis internacional. Y cuando se proclamó la República, la inversión privada se asustó tanto por los conflictos sociales -las huelgas se iniciaron en 1930-, las políticas socializantes, el acoso a la propiedad, la desconfianza en el régimen y la paralización de las obras públicas, que salieron por piernas los invesrores y el capital. Durante la República, las reformas provocaron una reacción antirrepublicana en los empresarios más conservadores, cuyas acciones agudizaron los conflictos sociales y la inestabilidad política. En 1934 ya estábamos en déficit presupuestario y tan mal la cosa que un par de años más tardes, en medio de la contienda, ambos bandos comenzaron a planificar una solución al tema de las infraestructuras hidráulicas como solución a la agricultura y a la producción de energía eléctrica. Los planes de la época de Primo de Rivera estaban sobre la mesa, como los de Lorenzo Pardo[35].

Más recorrido, sin lugar a dudas, los planes del Goberno de Burgos que en 1937 comienza una planificación a futuro. Además de crearse el Servicio Nacional del Trigo[36], al ingeniero de caminos Alfonso Peña Boeuf se le encargan la realización de un plan de Obras Públicas para el que recuperará en buena parte el Plan Nacional Hidrográfico de 1933. Peña Boeuf participó en el enfrentamiento político su ministerio, junto al de Agricultura, con el de Industria; y más en particular con el Instituto Nacional de Industria, dirigido por el ingeniero militar Juan Antonio Suanzes[37]. Suanzes lo dijo muchas veces -y mandaba mucho- quería el agua para producir electricidad y no para la agricultura; y esto representó un gran problema.

Pero eso es otra historia y nos llamaron para comer… allí lo dejamos.

A lo tonto, tontos, nos habíamos pimplado[38] casi tres cuartos de Valdespino (el último con toque de Oxley Gyn y un chorreón de sifón) y sólo un primer trago de Miró. Carlangas se me fue con la mosca detrás de la oreja[39] directo a la pitanza, bien regada con cava del amigo Quirce, al que llamamos por la tarde y por WhatsApp, conjurándonos todos, cuando se lo explicamos, que tras tan opípara comida no había que hablar más de los años del hambre teniendo como tenemos la barriga llena. ¿Lo conseguiremos? Creo que se fue muy tocado con lo de las cartillas de racionamiento.

 

 


 

 

 



[1] Peculiar, original, estrafalaria; muy de las del 222 de la 11 Brigada

[2] Una Itaca emocional que se circunscribe a la provincia de Alicante

[3] Según José Mª Iribarren, en El porqué de los dichos, se trata de una expresión muy antigua: “Los caballeros de la Edad Media, cuando se sentían mortalmente heridos, tomaban un puñado de tierra y lo mordían, como beso postrero a la Madre Tierra, que los había sustentado y que ahora iba a recibirles en su seno”.

[5] Chanza sobre la lentitud y tardanza; en alusión al tiempo que tardaban en llegar al lugar de los hechos los cuadrilleros de la Santa Hermandad, soldados cuyo uniforme consistía en un chaleco de piel hasta la cintura con mangas de color verde. También sus mandos, alcaldes, lucían varas tintadas de verde para distinguirse de los alcaldes ordinarios de las villas. La Santa Hermandad fue uno de los primeros cuerpos policiales organizados de Europa; fue creada en los años posteriores a la guerra civil que enfrentó a los partidarios de Isabel de Castilla y a los de Juana La Beltraneja. En 1476, las Cortes de Madrigal decidieron unificar las distintas hermandades de este tipo, que venían existiendo a nivel local desde el siglo XI en los reinos cristianos, para combatir el problema del bandolerismo en los campos castellanos. Los alcaldes y cuadrilleros estaban autorizados a buscar y perseguir a los delincuentes hasta cinco leguas de su villa, desde donde tomaban el relevo los cuadrilleros del siguiente lugar previamente avisados por el toque de campana. Una vez capturado el malhechor, la Santa Hermandad lo trasladaba al lugar donde hubiera cometido el delito y… La Santa Hermandad actuaba de policía, juez y verdugo; estaba facultada a condenar y ejecutar la sentencia sin juicio previo. La condena a muerte se ejecutaba con el disparo de saetas en el campo de forma pública, una costumbre heredada de la Hermandad de Colmeneros de Talavera y Toledo y de otros cuerpos policiales de carácter medieval previos. Los cuadrilleros se llamaban así por estar armados con el cuadrillo, especie de ballesta que disparaba saetas.

[6] Sistema económico en el que un estado se abastece con sus propios recursos, evitando en lo posible las importaciones.

[7] Se calcula que entre 1939 y 1942 se produjeron en España entre 200.000 y 600.000 muertes como consecuencia de la mala alimentación o de las enfermedades que derivaban de ella. Una época difícil, trágica, que es mejor para aprender que para repetirla.

[8] La generación que nació entre 1957 y 1977

[9] Por el aumento de población a causa de la llegada a Madrid de miles de personas. Así, Madrid fue la capital de Europa Occidental sometida al racionamiento durante más años; sólo superada por Berlín oriental

[10] El martes 3 de noviembre de 1936 era publicado en el BOE, editado en Burgos y firmado por el Gobernador General de la Junta Técnica del Estado, Francisco Fermoso Blanco, el bando en el que se anunciaba que a partir del 15 de noviembre de aquel mismo año y con carácter indefinido, los días 1 y 15 de cada mes se convertían en Día del Plato Único. El Día del Plato Único consistía en que en la jornada señalada tan solo se podría comer un único plato al mediodía y éste podía estar compuesto de verdura, legumbres, carne o pescado. Después se debía hacer un cálculo del coste de ese plato ingerido y el resto del presupuesto para comer ese día debía ser donado, obligatoriamente, a la entidad benéfica. Esta práctica debía de ser llevada tanto en las casas particulares como en los restaurantes o establecimientos donde se servía algún tipo de comida. En este caso se cobraría al cliente el menú completo y el hostelero se encargaría de abonar la diferencia al inspector que pasaría por el local a realizar la correspondiente recaudación. Solo estaban exentos de comer un plato único las personas enfermas, los niños pequeños o los ancianos. El resto de 'ciudadanos de bien' deberían seguirlo a rajatabla pudiendo estar expuestos al escarnio público de ver aparecer sus nombres escritos en listas que se publicarían en la prensa con los 'insolidarios con la patria'. El dinero recaudado debía ir destinado a cubrir las necesidades y gastos de las casas cuna, orfanatos, asilos y otros establecimientos dedicados a la caridad, aunque despertó cierto recelo al haber indicios de que parte del mismo se desvió para financiar al ejército del bando nacional.

[11] A partir de julio de 1937 se instauró en la zona rebelde una nueva jornada solidaria que fue bautizada como Día sin postre, la cual debería realizarse todos los lunes. El método era similar al anterior. Los lunes, no se comería postre y el dinero no gastado en ese concepto se donaría a final de mes al fondo solidario junto con lo ahorrado en el día del plato único. Tras finalizar la Guerra Civil, a partir del 30 de julio de 1939, tanto el Día del Plato Único como el Día sin Postre se extendieron a todo el territorio nacional y se estuvo llevando a cabo hasta 1942, año en el que comenzó a aplicarse la 'cartilla de racionamiento'.

[12] Historiador, investigador hispanista, profesor en la Universidad de Carolina del Norte, en Wilmington; autor de La victoria nacional, la eficacia contrarrevolucionaria en la Guerra Civil.

[13] La cartilla dejó de estar en funcionamiento en abril de 1952, cuando el Gobierno consideró que dejaba de ser necesaria.

[14] Alemania Occidental (1939-1950), Alemania Oriental (1939-1958), Francia (1940-1949), Gran Bretaña (1940-1954), Italia (1940-1949), Bélgica (1940-1949), Holanda (1939-1952), Irlanda (1939-1951), Finlandia (1939-1955), Suiza (1940-1948), Suecia (1940-1951), Hungría (1940-1948), Estados Unidos (1941-1946), Canadá (1942-1947).

[15] Masclet, proviene de la palabra en valenciano mascle: macho. Es un petardo de gran potencia sonora, cargado con una importante cantidad de pólvora. Un trueno gordo, vamos.

[16] Pedro Rodríguez de Campomanes y Pérez-Sorriba (1723-1802), primer conde de Campomanes. Ministro de Hacienda en el primer gobierno reformista de Carlos III dirigido por el conde de Floridablanca (1760). Cesado en 1789 ante el temor que despertó en el rey Carlos IV la Revolución francesa.

[17] Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui (1725-1803); jurista y político español. Desarrolló exitosas empresas de colonización como las Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena.

[18] Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811); escritor, jurista y político ilustrado español comprometido con el desarrollo económico y cultural del país. Fueron relevantes su Informe sobre la Ley Agrariay su Memoria sobre la educación pública.

[19] “El problema agrario en el Mediodía de España. Conclusiones para armonizar los intereses de propietarios y obreros. Medios de aumentar la producción del suelo”.

[20] Joaquín Bosque Maurel: Del INC al IRYDA

[21] De mi paso por la EUITA; curso 1976-77 (que he encontrado buceando en el trastero).

[22] Tennessee Valley Authority Act

[23] Cristóbal Gómez Benito, Profesor Titular de Sociología Rural y de Ecología Humana de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

[24] Camille-Ernest Labrousse (1895-1988); historiador especializado en la historia económica y social. Estableció un modelo histórico centrado en los planos económico, social y cultural. Fue el iniciador de la historia cuantitativa que posteriormente se ha dado en llamar cliometría, mediante la aplicación de métodos estadísticos.

[25] Hundimiento brusco de los recursos de la capa inferior de los campesinos, con una caída inducida del salario real del obrero, en definición de Pierre Vilar (1906-2003) historiador e hispanista francés. Está considerado una de las máximas autoridades en el estudio de la Historia de España, tanto en el periodo del Antiguo Régimen como en la Edad Contemporánea, así como en la historia económica y la historia social en general.

[26] Las crisis de subsistencias eran los periodos de escasez de alimentos producidos por las malas cosechas; al no poder disponer de acceso a mercados integrados de dimensión, como mínimo, nacional, producían hambrunas. Estas hambrunas producían a su vez sus propias consecuencias: desnutrición, enfermedades, mortalidad catastrófica por encima de la ordinaria, ya muy elevada; y por otro lado descontento y estallidos sociales y conflictos que se extendían al ámbito político, militar e incluso ideológico. Habituales en la Europa de los siglos XV a XIX

[27] En 1900 la población activa agraria española llegaba a los 4’5 millones; 68% de la población activa total. En 1950 llegaba a 5’3 millones, aunque sólo representaba ya el 49’9% de la población activa total de España

[28] Nicolás Sánchez-Albornoz y Aboín; historiador, hijo del historiador y presidente del Gobierno republicano en el exilio Claudio Sánchez-Albornoz. Fue el primer director del Instituto Cervantes. Sufrió represión franquista y huyo a Argentina donde inició su carrera docente en la Universidad Nacional del Litoral (Argentina); fue también profesor de las Universidades del Sur, La Plata y Buenos Aires. En 1968 se incorporó al departamento de Historia de la Universidad de Nueva York (New York University). Profesor emérito en dicha universidad.

[29] Las películas frecuentemente tienen una trama en la que hay un personaje bueno, el/la protagonista, actor o actriz principal, y otro que hace de contrapartida, el antagonista; el personaje malo, el villano. Este es llamado, formalmente el ‘malo de la película’.

[30] Es la etapa del llamado segundo franquismo (1959-1975). Entre 1957 y 1959 la economía española se encontraba al mismísimo borde del abismo (Juan Sardá, uno de los padres del Plan de Estabilización de 1959, dixit). Teníamos una inflación desbocada, déficit en la balanza de pagos (prácticamente en bancarrota por el agotamiento de las reservas de divisas y en peligro de suprimir las importaciones de petróleo), una moneda sobrevalorada y ya en recesión. Aunque en 1951 se plantea la necesidad de un cambio, no será hasta 1957 cuando se desregularice el mercado de trabajo. Así, en abril de 1958, con la Ley de Convenios Colectivos, se determinan las condiciones de trabajo y los salarios, aunque dentro de la Organización Sindical franquista y se demuestra que el modelo autárquico e intervencionista estaba agotado. Se convence a Franco -Mariano Navarro Rubio, ministro de Hacienda (1957-65): Mi general, ¿qué pasará si tenemos que volver a la cartilla de racionamiento y se nos hiela la naranja?- de la necesidad de darle la vuelta a la economía como si de un calcetín se tratara, de importar lo que producíamos mal y carísimo y de dar entrada al capital extranjero para la renovación y la ampliación del aparato productivo. Y así nació el Plan de Estabilización y Liberalización económicas de 1959: un conjunto de disposiciones decretadas entre el 17 de julio y el 5 de agosto de las que el FMI y la OECE [1] estuvieron siempre al tanto. Y se devaluó la peseta en un 30% y se levantaron muchas restricciones a las inversiones extranjeras. Y llegaron divisas: las remesas de emigrantes (6.000 millones de dólares entre 1960 y 1975), los turistas (que pasaron de los 6 millones de visitantes en 1960 a los más de 34 millones en 1973)​ y el capital internacional (cerca de 7.000 millones de dólares entre 1960 y 1973) Y encima la tasa de desempleo se mantuvo en unos niveles mínimos (en torno al 2% a lo largo de la década de los 60) porque se daba la paradoja de que el excedente de fuerza de trabajo, alrededor de dos millones de españoles emigrantes estaban fuera del país trabajando y enviando divisas. Así, para 1969 España se había convertido en la 12ª potencia industrial del mundo y llegó a escalar hasta la 10ª posición.

[1] OECE: Organización Europea para la Cooperación Económica, organismo internacional fundado el 16 de abril de 1948 con el objetivo de administrar las ayudas del Plan Marshall y del que fueron miembros Portugal, Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Austria, Dinamarca, Noruega, Grecia, Suecia, Suiza, Turquía, Irlanda e Islandia. Alemania ingresó en 1949. Su objetivo consistió en facilitar el comercio, conceder créditos y fomentar la liberalización del capital. España ingresó en 1958. EE. UU. y Canadá en 196. En 1965 se convirtió en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) fijando su sede en París. Hoy la integran 37 países. Lituania y Colombia han sido los últimos en unirse

[31] En alusión a los alumbrados, secta mística española (por supuesto que calificada de herética por su aproximación al protestantismo), frente a los iluminados (iluministas bávaros, conocidos como illuminati

[33] Antonio Flores de Lemus

[34] Leandro Prados

[35] Manuel Lorenzo Pardo (1881-1953), el ‘genio del agua’. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, fue el gran impulsor, fundador y primer Director Técnico de la Confederación Hidrográfica del Ebro, fue el impulsor del I Plan Nacional de Obras Hidráulicas (1933) de España, proyecto que incorporó por primera vez una visión unitaria del país al contemplar que los recursos naturales tienen que canalizarse en beneficio de todos los ciudadanos. El plan que presentó tenía dos objetivos principales: solucionar los desequilibrios hídricos entre la vertiente atlántica y la mediterránea y subsanar el desequilibrio resultante del Plan General de Canales de Riego y Pantanos (Plan Gasset, 1902), donde la cuenca mediterránea era marginada. Para ello, preparó el Plan de Mejora y Ampliación de los Riegos del Levante, que preveía la transformación de 338.000 hectáreas en las provincias de Murcia, Valencia, Alicante, Almería, Albacete y Cuenca. Fue el impulsor del Trasvase Tajo-Segura, infraestructura que quedó recogida en el citado plan.

[36] Servicio Nacional del Trigo (SNT) a raíz del Decreto Ley de Ordenación triguera de 23 de agosto de 1937, del Gobierno de Burgos. Promotor de la Red Nacional de Silos. Desapareció en febrero de 1968 al pasar a nombrarse Servicio Nacional de Cereales (SNC),​ que a su vez se convertiría en 1971 en el Servicio Nacional de Productos Agrarios (SENPA). El SNT supuso la total intervención de la producción triguera por parte del Estado: los agricultores se vieron obligados por las sucesivas normativas no sólo a vender sus cosechas al Estado (completamente, con lo que se eliminó el libre mercado de trigo), sino que progresivamente las exigencias se irían incrementando, hasta el punto de obligarse a declarar bajo juramento las siembras y a precisar de unas guías especiales para el mero transporte del grano. En las décadas de 1940 y 1950 el precio que el Estado pagaba por el trigo apenas llegaba a cubrir los gastos de producción, lo que provocó rechazo y el surgimiento de redes clandestinas de mercado extraoficial, unas por verdadera necesidad, otras para generar enormes enriquecimientos a costa del hambre; en las décadas de 1960 o 1970, en las que ya el Estado pagaba bien el cereal y porque se había producido un éxodo rural permitió a los cosechadores de trigo un puntual momento de beneficio y garantía.

[37] Juan Antonio Suanzes Fernández, (1891-1977); I marqués de Suanzes,​ Militar y político español. Ministro de Industria y Comercio -(1938-1939) y (1945-1951)-, fue fundador y primer presidente del Instituto Nacional de Industria y presidente del Patronato Juan de la Cierva del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1941 es nombrado director del Instituto Nacional de Industria, (INI; 1941-45 y 1951-61). Para compensar la falta de petróleo, promovió un proyecto de destilación de pizarras bituminosas (1950). Se encarga de desarrollar la marina mercante, recuperar la militar (confrontación con la británica Vickers de equipamiento militar), la producción de aluminio, de energía eléctrica, de carbón y de automóviles. Siguiendo su rumbo de soberanía económica, se preocupa por rescatar el sector de telecomunicaciones de la propiedad de la compañía norteamericana ITT, a la que en 1924 fue concedida el monopolio de teléfonos. Aunque anterior a la creación del INI, también es artífice de la creación de la compañía aérea Iberia. En 1963 rompe con Franco, retirándose poco a poco de la vida pública.

[38] Pretérito pluscuamperfecto de pimplar: beber con exceso

[39] Alerta y desconfiado. La mosca era un tipo de mecha usado antiguamente y permitía disparar las armas de llave de mecha o serpentín, de manera que disponías de cierto tiempo para apuntar y precisar el disparo, gracias al tipo de mecanismo que le hacía entrar en contacto con la pólvora. Una vez se había usado y apagado convenientemente la mosca, se colocaba tras la oreja; de manera que era fácilmente accesible en caso de tener que volverla a utilizar.