22 nov 2021

DE ESE BASTARDO DESCONOCIMIENTO DE LA REALIDAD

 

Lo repetía el maestro Iribas: “buscan ofender, no comparar; y evidencian su estulticia”. Tuve que vérmelas con el DRAE en 1986 para saber qué era aquello de la estulticia[1], que señalaba José Miguel en “La Pérgola”, aunque lo intuía.

Por cierto, comparar es una función semántica que demuestra una graduación de dos objetos o conceptos; conjuga el verbo ser y establece la superioridad, inferioridad o igualdad de dos elementos. Lo que se compara es la intensidad de cualidades, acciones o magnitudes. En toda comparación encontraremos dos elementos: cuantificadores y nexos… pero este repaso gramatical excede las premisas de este blog. Así, pues, al grano.

Llamar “‘Benidorm’ andaluz[2] a Matalascañas, Huelva, es coronarse cum laude en estulticia. Irene Asiaín lo consigue, y por partida doble: compara el enclave onubense como destino turístico con Benidorm y le suma ‘la gestión del agua’, que allí amenaza con acabar con Doñana al afectar al sistema acuífero del lugar y, especialmente, a las lagunas peridunares tan importantes en el ecosistema. Habla incluso de un “urbanismo acelerado” y señala todos los despropósitos de gestión que han sido capaces de hacer allí, sin amilanarse, hasta concluir señalando que “se están estudiando alternativas para proveer de agua a Matalascañas” porque la cosa está muy j... Pero, de momento, Irene demuestra supina ignorancia sobre turismo, urbanismo y gestión de un recurso preciado como el agua; ha colado un ‘Benidorm’ que llama la atención y ya el resto ni impoprta. Y la chica se acostará un día más sin haber averiguado nada de la realidad que la rodea…

Juan José Tellez, por su parte, al contar lo del sábado 20 en Cádiz para elDiario.es coloca bien arriba el vocerío de la Marea Blanca gaditana -“Cádiz no quiere ser Benidorm[3]- en plan estulticia supina colectiva entrando por Puerta Tierra a colación, dicen, de los problemas industriales de Cádiz y su bahía, que, en la época más reciente, comenzaron con la primera crisis del petróleo y estigmatizan Cádiz ya más de cuatro décadas. Vale que todos los empleos gaditanos no puedan venir del turismo y de la actividad transversal que conlleva, pero de ahí a vociferar la frasecita con su pretensión tiene bemoles. Minusvaloran la realidad del modelo turístico, la capacidad de generar empleo y la implicación de las industrias del sector con el territorio. En Cádiz deberían saber que el turismo es una industria que no se deslocaliza… como Airbus (mala planificación), Delphi, LTK… Oigo en la radio que “pluses tóxicos, desigualdad salarial, malas condiciones laborales, amenaza de inflación y falta de apuesta por la formación de las propias empresas” les llevan a la movilización y al grito absurdo que alude a ‘Benidorm

No saben que Benidorm genera más puestos de trabajo que población en edad laboral tienen empadronada, lo que es un plus para las poblaciones vecinas; la industria turística está imbricada en lo local, se vuelca con el territorio y la sociedad; y lucha por ella. Ya con esto, sobraría. Tal vez lancemos cuchillos en plan matices, que de todo habrá, pero es la contundente realidad.

Voy con Cádiz y luego con Matalascañas.

Lo de Cádiz es duro y no lo enmienda unas risas logradas en el Carnaval. La ciudad más antigua de Europa[4], por su posición, consiguió entrar en el comercio de Ultramar[5] y asentar una burguesía cosmopolita y adinerada desde que en 1680 se decidiera que las Flotas de Indias arribaran a Cádiz, por operatividad, convirtiéndose en cabecera del comercio indiano. Así, el Cádiz de comienzos del siglo XVIII vivió un crecimiento demográfico espectacular a través del éxito comercial que atrajo una fuerte corriente inmigratoria procedente del norte de la península y del extranjero. El puerto de Cádiz fue uno de los más importantes del mundo y gracias a é surgió una burguesía adinerada y mucho empleo. Los extranjeros hicieron de Cádiz una urbe cosmopolita en la que se asentó, también, lo mejor de la Marina española y la ciencia del momento[6], junto a un cierto desarrollo industrial que se truncó en la espiral bélica del XVIII, con y contra Inglaterra[7] y Francia y todas las desdichas posteriores que podamos imaginar.

Pero en medio de todo esto, a Cádiz debemos el nivel superior -en erudición- de la taberna: el café[8]. El café, como centro de reunión, surgió en Cádiz, y de allí se extendería al resto de España[9]. Se hicieron famosos en el siglo XVIII y comienzos del XIX, cuando Cádiz, asediada por los franceses durante la guerra de la Independencia, fue testigo de los parlamentos que alumbraron la primera Constitución española, la de 1812; ahí estaban el Café de las Cadenas, el Café del León de Oro, el Café del Ángel, el Café del Correo, el Café de Orta, llamado ‘de los Patriotas’, o el Café Apolo, llamado ‘las cortes chicas’ por la enjundia de los debates que se sostenían en su salón, al tiempo que en el oratorio de San Felipe Neri las Cortes ‘grandes’ celebraban sus sesiones.

Hasta la prensa en Cádiz vivió un tiempo de esplendor, un síntoma más del vigor de su burguesía. En Cádiz funcionaba todo por aquellos años. El esplendor gaditano lo corroboraba el político, escritor y viajero ilustrado Alexandre Louis Joseph, marqués de Laborde: “la urbe española en la que circulaba más dinero” coincidiendo, además, con la llegada del siglo XIX, una etapa gaditana de expansión comercial e industrial. En 1829 se le concede lo de puerto franco y en 1861 enlaza con el ferrocarril. Cádiz se configura como un importante centro portuario, industrial y financiero. La pujanza económica era notoria y se reflejaba, por ejemplo, en la existencia de cinco teatros, sólo por detrás de Madrid y Barcelona. Pero las independencias de las colonias americanas y asiáticas, cuyo último capítulo será la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico en 1898, le da a Cádiz la puntilla. Lo último de aquel pasado esplendoroso fue reunir a las tropas que saldrían para la Guerra de Cuba y de ella volverán allí. En consecuencia, con el desastre del 98 y la inmediata guerra de África, Cádiz entra en una profunda depresión económica que la dejará sumida en un estado de postración que se inicia en 1900 y dura ya muchas décadas.

En mitad de la Bahía está, solitario testigo de las memorias de Cádiz, impasible y capeando temporales el arrecife de la Galeona, donde se izara el Faro de las Puercas, hoy en desuso, soporte de una estatua de la patrona gaditana, la Virgen del Rosario, contemplando desde finales del siglo XIX el ir y venir de las mareas y los pesares de una industrialización que nunca va a más y repercute en las gentes de por allí.

Era tal el problema del paro, pobreza y crisis económica general que justamente un siglo después del Decreto de Puerto Franco (1829) llega el de Zona Franca (1929) para combatir los problemas endémicos gaditanos: paro, vivienda, un puerto que no despuntaba, astilleros y tabacalera en crisis o un comercio suspirando por épocas gloriosas. Fue la idea de Ramón de Carranza para un nuevo modelo de negocio con pocos, pero exitosos, ejemplos en Europa. No solventó el problema y el proceso para que entrara a funcionar fue largo y difícil. Los estatutos se aprobaron en 1933 y la primera industria en salir adelante fue la cantera de El Berrueco, en Medina Sidonia, proveyendo la piedra y dando trabajo, penoso trabajo. Las obras de construcción de la zona franca física culminaron a mediados de los años 50, tras la Guerra Civil, y poco después se construyó la central térmica, que comenzó a funcionar en 1956, convirtiéndose “los pilones[10]” de tendido eléctrico de la red en el recuerdo de aquella iniciativa (torres de Puntales y Matagorda). Fue precisamente al final de esta década cuando empezaron a asentarse en el recinto las primeras empresas y son muchas las fábricas que se han ido desvaneciendo en Cádiz sin ni siquiera llegar a existir.

Y me lo he saltado -y no quiero olvidar- la explosión del depósito de minas en la noche del 18 de agosto de 1.947[11] que destruyó casi la mitad de la ciudad. ¿No querías caldo?; pues dos tazas.

Lo cierto es que en los años 60 y 70 del siglo XX y gracias a los astilleros, sus industrias auxiliares y al dinero que los emigrantes, muchos, aportaban, comienza un despegue de la ciudad[12] que a trancas y barrancas tiene una cierta continuidad en los años de apertura democrática, pero de inmediato llega la lucha de los astilleros -que coincide con el resurgir de los partidos políticos donde Cádiz vuelve a recuperar el talante liberal que siempre tuvo- y otras zarandajas sociales que enmascara la recuperación del Carnaval que le gana la partida a lo que durante el franquismo se llamaron, oficialmente, “Fiestas Típicas”: Y se pensó en la vertiente turística potenciando las playas gaditanas , construyendo el palacio de congresos y exposiciones y apostando por el sector servicios. Luego llega la entrada en la UE, que crea sus problemas en la Zona Franca, y comienzan las reconversiones …que no fueron la solución. Hay muchos problemas y puede que uno sea que la provincia exhibe tricefalia: Cádiz, Jerez, Algeciras; y todas  tiran para sí, en una estructura provincial muy particular.

No dudo de que el futuro de Cádiz pase por el emprendimiento, el talento y la Universidad; pero hay mucha mano de obra que colocar y la industria a convocar no sé yo si… Y la causa puede ser que -lo mantiene el profesor Ruiz Navarro- “en Cádiz no tenemos empresas, sino establecimientos industriales en los que las grandes decisiones se toman fuera”. Y eso puede ser el problema.

Y, además -resulta que-, el turismo no alcanza del rango de panacea mientras no venza la estacionalidad, como en Benidorm, lo que conlleva pérdidas: de empleo y de rentabilidad de las empresas. Sé que existe una Red de Municipios contra la Estacionalidad Turística del Litoral Andaluz y que Cádiz está en ella, pero es un trabajo de pico y pala de años y años. Y caer en gracia, por lo que ofreces.

Y mira, Matalascañas -Torre de la Higuera, la playa de Sevilla-, que es una extrapolación turística de playa de la localidad de Almonte, aparece también en esa red, para lo mismo. Y lo único que tiene en común con Benidorm es que el arqueólogo alemán Schulten anduvo por ambos entornos buscando cosas de la antigüedad y que en un momento dado se rodaron películas.  Bueno, Benidorm sigue en ello aún hoy. Y una década después de que Benidorm tuviera su primer Plan General de Ordenación Urbana (que fue el primero de España para todo un término municipal), en 1966, se presentaba el Plan de Ordenación de la urbanización de Matalascañas. que consiguió en 1968 la declaración como Centro de Interés Turístico Nacional por el Ministerio de Información y Turismo para viabilizar e impulsar un proyecto cuya ejecución se inició en 1972, cuando Benidorm ya había vencido la estacionalidad.

Diversos avatares han condicionado el desarrollo turístico almonteño en la costa y aunque Matalascañas “estaba llamada a ser una urbanización pequeña, recoleta, con muy pocas edificaciones altas, con servicios exclusivos de alto nivel en comercio y hostelería”, como escribía este mismo verano en Huelva Información Navarro Antolín, “la gallina de los huevos de oro fue reventada, el suelo fue vendido a bajos precios, la especulación irrumpió y, por lo tanto, cierto criterio de calidad quedó orillado. El conglomerado urbanístico en el que se convirtió la playa es una realidad palmaria” y sin criterio racional han hecho un uso demencial de un recurso clave como es el agua.

Y, por contra y a día de hoy, podemos hablar de Benidorm como una ciudad referente a nivel internacional en turismo y en sostenibilidad y gestión eficiente del agua: consume un 23% menos de agua con el doble de población que hace 25 años y recicla y reutiliza porcentajes altísimos, “para atender una demanda que además registra una gran variación estacional, (con 71.500 habitantes censados, la población flotante de Benidorm se puede disparar en momentos del verano hasta casi el medio millón de personas transeúntes) ha sido fundamental la disminución de las pérdidas de agua en la red de distribución, en las cuales hoy se alcanza un rendimiento del 95%, cuando en el año 1995 este dato se situaba en el 73%; esto es, las pérdidas suponían más de la cuarta parte del suministro”, como contaba Enrique Bolland en El País... y podemos reconfirmar hoy aquí. Y no quiero ya entrar en más cuestiones. El que Dinapsis Lab, de Hidraqua-Suez, esté en Benidorm ya debería enmudecer el titular con el que arrancábamos este Post.

Es un ejercicio de bastardía querer ganar un titular o vocear una consigna con malsana intención.

 


Schulten y sus investigaciones arqueológicas es lo único que tienen en común Benidorm, Cádiz y Matalascañas…

 

 

 



[1] Necedad, tontería; a lo que añado: ignorancia, necedad o estupidez de una persona. Y en el de Autoridades, Tomo III, de 1732: Locúra, boberia, necedad y falta de juício. Es voz Latina y de poco uso. Latín. Stultitia. PALOM. Mus. Pict. lib. 4. cap. 2. §. 1. Cierta espécie de estultícia, y descuido digno de grave reprehensión, es desvelarse los hombres en cultivar la hacienda que han de dexar a sus hijos. CAST. SOLORZ. Donair. Prolog. Sin más que tu agudeza, tu estultícia.

[4] Fundada en entre los siglos X y IX aC; civitas federata de gran prosperidad bajo el Imperio Romano sufre la crisis del siglo III y entra en declive pasando a manos de bizantinos, visigodos y dominio del Islam hasta Reconquista (desde 1246 en la Corona de Castilla) entrando en el mundo de la construcción naval y desde el siglo XV en la era de los Descubrimientos, enriqueciéndose en la época Colonial. De Cádiz salió la 1ª Constitución española

[5] En 1717 la exclusividad pasa al puerto de Cádiz, así como la Casa de Contratación, que se establece en Cádiz ese mismo año hasta 1768, dicho organismo interviene en todo lo que atañe a la navegación, desde inspección de barcos hasta organización de viajes o flotas, permisos, autorizaciones, licencias, cartas de navegación, titulaciones, recaudación de impuestos, etc. También tenía autoridad judicial para dirimir en casos de los pleitos que podían surgir entre navieras, violación de leyes del mar, causas civiles, comerciales o criminales. En Cádiz se desembarcaba principalmente cacao, café, azúcar, tabaco y cuero, y en menor medida lana, esparto, perfumes, tintes, etc. También se importaban metales preciosos, oro y plata en lingotes o monedas, y otros metales tales como estaño o hierro. En Cádiz se embarcaba rumbo a las Indias sobre todo vino, aceite, aceitunas, papel, jabón, carne salada, tejidos, herramientas, aperos de labranza, cera y en menor medida otros productos que a su vez venían importados de otros lugares. La burguesía gaditana, como caso único en España, la componían los grandes comerciantes, navieros, banqueros y consignatarios que mantenían un alto nivel económico en la ciudad, y en estratos más bajos, los artesanos, marineros, almaceneros y pequeños empresarios que también se benefician del comercio con América ya que toda la sociedad está vinculada unos con otros. La ciudad de Cádiz crecía de manera imparable, debido sobre todo a la actividad comercial que generaba el puerto, y también crecía la población emigrantes venida desde diversos puntos de España y de Europa, estableciéndose importantes colonias: franceses, italianos (los genoveses crearon escuela), flamencos, ingleses, irlandeses, etc.  Los burgueses y grandes comerciantes edificaban sus casas señoriales, que eran vivienda y lugar de trabajo (oficinas, almacenes), se construían barrios populares para las clases bajas y se contribuía económicamente o con mano de obra a levantar o restaurar iglesias y capillas que han llegado a nuestros días en un excelente estado de conservación en la mayoría de los casos. En 1778, durante el reinado de Carlos III, se publica el decreto sobre la libertad de puertos (Reglamento de Libre Comercio), comenzando ahí la decadencia comercial gaditana. Y en los últimos años del siglo XVIII y las primeras década del XIX, el país entra en una espiral bélica contra Inglaterra y Francia que perjudica gravemente a la ciudad.

[6] La Academia de Guardiamarinas (1717), el Real Colegio de Médicos de la Armada (1747), el Real Observatorio (1753) y la Escuela de Nobles Artes (1789; arquitectura, geometría y cálculo),

[7] Cuando la invasión napoleónica, la flota inglesa estaba en su puerto; y veníamos de Trafalgar (1805)

[8] Según la relación de gremios de 1802, existían en Cádiz 23 cafés y 29 confiterías, por no hablar de las cervecerías, que también las había, y las populares tabernas. Los cafés tenían un matiz innovador y liberal, para el historiador José María García León su papel se ha mitificado mucho porque la ‘principal’ ocupación, se decía, “era leer el periódico”. Y la mayoría de la población era analfabeta; hasta el 94% de los españoles en el año 1803. El principal atractivo del café era que los periódicos de la época se leían en voz alta. En realidad, al café se iba a tomar café, que se puso de moda, a conversar y a participar o escuchar tertulianos en tertulia y a jugar al billar, que era muy popular en la época. Y no siempre se hablaba de política, según explicó el profesor de la UCA García León.

[9] Según el catedrático Alberto Romero Ferrer

[10] Los “Pilones de Cádiz” son dos torres metálicas, una de 156 metros y otra de 160, situadas en la zona interior de la bahía de Cádiz; por ellas discurre los cables de conducción de electricidad de alta tensión. Son de diseño hiperboloide de una sola hoja y su autor fue el italiano Alberto Toscano en 1957, dicho proyecto debe su fisonomía a la escasez de acero que hubo en la época y a la imposibilidad de poder importarlo debido a las sanciones económicas que sufría el país. Comenzaron las obras a finales del año 1957 bajo la dirección del también italiano Remo Scalla. El diámetro de la base de las torres es de casi veintiún metros y en el extremo superior es de seis; son de estructura cónica. Los travesaños que coronan las torres son de diseño romboidal y tienen una longitud de unos setenta metros. La distancia entre ambas torres es de mil seiscientos metros y la altura mínima de los cables al mar es de cincuenta metros. Se accede a lo más alto de las estructuras por medio de una escalera helicoidal con más de mil cien escalones que discurre por el interior. La llamada "Torre de Puntales" se puede localizar en google maps en las coordenadas: 36°30'29.97"N 6°15'44.13"W; y la "Torre de Matagorda" en: 36°31'7.59"N  6°14'56.82"W. Se inauguraron en 1960 y 2000, con motivo de su 40ª aniversario, permanecieron iluminadas unos días. En mayo de 2007 fueron declaradas bien de interés cultural.

[12] Se construye el puente José León de Carranza que atraviesa la bahía, se mejoran las infraestructuras, se potencia el turismo, las fiestas, el Ateneo vuelve a resurgir, los círculos literarios, el Casino Gaditano, se traza la Avenida de Andalucía, entonces llamada López Pinto, se aprestan los museos, el municipal, el catedralicio, el arqueológico se amplía.

18 nov 2021

DEL SIDA, UNA PANDEMIA POR EFECTO DE LA DESCOLONIZACIÓN

 

 

 

Escribo este Post en la confianza de que algún día, más pronto que tarde, lo sabremos todo sobre el origen real del Covid. Ya sabemos que la mal llamada gripe española del 18 tuvo su origen en China (1916) y como ‘entró’ tanto en los EE.UU. como en Europa y en el resto del planeta. Sabemos ya dónde se originó el VIH y cómo se propagó el SIDA. No vamos a culpar ahora mismo a chinos y a belgas por estos virus, pero sí tener las cosas más claras. La movilidad, el vector de movilidad, es el que expande estas infecciones. Desde la arrendada Weiheiwei (Port Artur & Liu-Kung Island) partió el H1N1 con el Chinesse Labour Corp y se cruzó Estados Unidos de Oeste a Este; y llegó a Europa y al mundo. Desde un punto del Camerún llegó el VIH al mundo entero. La gripe fue por la IGM; el VIH, a raíz de la IGM por la ruta del caucho y los problemas de la descolonización.

 

Sí, sostengo que el SIDA se convirtió en pandemia por efecto de la descolonización[1]. Entre 1947 y 1969 el planeta vivió una fiebre descolonizadora, que avivó la Resolución 1514 (ONU, 1960), precipitando los acontecimientos y, sin pretenderlo, considero que, fue la causa de que el SIDA saltara de continente y comenzara su expansión.

Conforme nos acercamos al 1º de diciembre, nos metemos en reflexión sobre esta enfermedad, la gran enfermedad que nos compungió desde mediados de los años ochenta. Es que, hasta la irrupción del Covid[2], salvando la distancia del Ébola[3] que (de momento) se nos queda por África, el otro bicho demencial que aterrorizó -y aterroriza- el planeta es el VIH, del que, aunque se asociaba a una parte de la población, nadie queda al margen de padecerla.

Fue tal la conmoción por los efectos de la enfermedad, una vez que saltó de África, que la Cumbre Mundial de Ministros de Salud decidió que 1988 fuera el año de la ‘Comunicación y Cooperación sobre el SIDA’ y desde ese año y hasta 2004, ONUSIDA lideró la celebración del Día Mundial de la lucha contra el SIDA el 1º de diciembre, que desde 2005 organiza World Aids Campaign. En resumen: prevención, tratamientos, solidaridad y apoyo. E historia.

Al despertar 2021, que ahora está declinando, entre 30,2 y 45,1 millones de personas vivían con el VIH en el cuerpo y con sus consecuencias en todo el mundo[4]. Millón y medio de personas se infectaron durante los 366 días de 2020 y se registraron, entre la colectividad de afectados, 680.000 muertes. 27’7 millones de personas tienen acceso a antirretrovirales y pueden capear el problema (poco más de la mitad de los infectados); el resto, no. Ojo al dato, porque el 53% de los enfermos son mujeres y niñas.

Tras más de cuarenta años de investigación y desarrollo de tratamientos, el SIDA es hoy, en el mundo civilizado, una enfermedad crónica más, de la que algunos pacientes se curan. Hemos logrado importantísimos avances en el control de la infección y la enfermedad. La ansiada vacuna ha llegado y están trabajando con ella. La ‘Mosaico’, de Johnson&Johnson, se prueba, por ejemplo, en el Hospital General Universitario de Valencia, y la I-AVI, de Moderna, está también operativa desde hace unos pocos meses. Y hay muchos fármacos antirretrovirales controlando el problema. Y hay ya casos de pacientes que se han curado y llevan meses sin necesidad de tratamiento. Pero ¡Ojo!, se estima que 110 millones de personas se han contagiado desde el “comienzo” de la pandemia. Pero ¿cuándo comenzó?

Tenemos localizado el punto exacto del primer contagio y hasta casi identificado al paciente 0 (que no es ninguno de los nombres aparecidos en los Medios de Comunicación en los últimos 35 años). Se trató de un africano que vivió entre 1884 y 1924. Lo que parece más probable es que la infección se produjera hacia 1908 y por las características del lugar y las costumbres de la población, la enfermedad quedó focalizada en el entorno selvático tropical camerunés de Moloundou[5], en un área concreta entre los ríos Sanaga, en Camerún y Congo, en Congo. Está trazada la ruta de propagación y el proceso. Algún día, y espero verlo, tendremos lo mismo sobre el COVID-19.

La primera referencia, en ‘arqueología’ médica (rastreo del origen del virus; secuenciación del genoma) del VIH se sitúa, como hemos señalado, al comienzo del siglo XX atendiendo a una cepa primitiva del VIH. Dos muestras de sangre de enfermo de 1959 (etnia bantú) y 1960 (etnia no confirmada) nos han llevado allí: la de 1960 es una muestra del virus atrapado en una biopsia de un nódulo linfático. Con estas claves, son muchos los que han llegado hasta Moloundou. Un equipo de investigadores de Camerún, Francia, Reino Unido y EEUU, coordinado por la viróloga biomédica Beatrice Hahn y el genetista Paul Sharp, localizó en Moloundou un virus de simio casi idéntico al VIH-1, grupo M, que sabemos ocasiona la enfermedad en humanos. En la revista Science, en 2006, publicaron su descubrimiento. En 2008, el biólogo evolucionista Michael Worobey determinó que el VIH-1, grupo M, era mucho más antiguo de lo que nadie había imaginado, publicándolo en Nature y situándolo a principios del XX. El epidemiólogo canadiense Jacques Pépin, sin salir del entorno de Moloundou, colocó el origen de la infección en 1921.

1908 o 1921, pero en Moloundou. Y una vez que el virus saltó del chimpancé al humano, una única persona infectada llevó el virus del VIH, siguiendo el curso del río Sangha, afluente del Congo, hasta Kinshasa, capital congoleña y puerto fluvial, por la ruta del transporte del caucho[6]. Y allí -miseria, superpoblación, concupiscencia y falta de higiene- en el VIH dejó de ser un mero brote y alcanzó nivel de epidemia.

Los científicos han descubierto tres rutas de propagación desde Kinshasa: por el Este, hacia el Lago Victoria; por el sur, vía Zambia, Botswana y Sudáfrica; y saltando el océano Atlántico hasta llegar a Haití. Esta última, la que supuso la internacionalización de la epidemia africana, es consecuencia de la descolonización. Pero todo, a su tiempo.

El SIDA es la historia del caucho y del colonialismo, con las potencias europeas interesadísimas en conseguir las riquezas naturales de la cuenca del río Congo al coste que fuera. Bélgica y Prusia desde mediados del XIX estaban en ello[7].

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial los aliados se volcaron en controlar los territorios bajo dominio teutón en África ocupándolos militarmente. En 1919, tras la derrota alemana, el viejo imperio colonial germano en África fue transferido, por la Liga de las Naciones, a Bélgica, Francia, Portugal, Sudáfrica y el Reino Unido.

Según Jacques Pépin, su paciente cero formaba parte de una unidad militar integrada por 1.600 soldados belgas y franceses y unos 4.000 ayudantes africanos que se adentraron en el Kamerún alemán llegando hasta Moloundou, una de las zonas caucheras más ricas de África, donde los alemanes habían establecido una factoría y allí se quedaron. Y en Moloundou, como dijimos, se produjo la infección y comenzó a gestarse la tragedia a partir de 1921. En 2015, el científico y naturalista David Quammen, reafirmó en su libro 'El chimpancé y el río' esta cuestión.

Los actores de la historia del VIH son chimpancés y monos, cazadores, mujeres libres[8] y prostitutas, jeringas y vendedores de plasma; y, oculto entre todos, el personaje central: un virus.

A la vía de transmisión sexual añadamos también el vector intravenoso. Poco antes de la descolonización, las autoridades coloniales belgas pusieron en marcha campañas de vacunación masiva para la viruela. Los auxiliares sanitarios congoleños, poco dados a desinfectar agujas y esterilizar jeringuillas, propagaron muchas enfermedades durante esas campañas; entre ellas, el SIDA.

Cuando el 13 de enero de 1959, el rey de los belgas Balduino (Balduino de Sajonia-Coburgo-Gotha y Bernadotte) anunció que Bélgica trabajaría por la plena independencia del llamado Congo Belga, el SIDA ya campaba a sus anchas por el país y hasta más allá. La independencia llegó el 30 de junio de 1960 y trajo consigo el colapso económico y social; la miseria lo inundó todo y el nacionalismo hizo de las suyas en Bakongo, Kasai y Katanga creando enemigos a un Patrice Lumumba que desde el Mouvement National Congolais se convirtió en el primer presidente congoleño. Las potencias de la Guerra Fría se implicaron fuertemente en el conflicto por el control de las riquezas de la nueva república independiente, obviando una enfermedad que no sabía cómo tratar.

La primera realidad de la nueva república fue el auge de la prostitución; las ‘mujeres libres’, para subsistir, se vieron abocadas a aumentar la frecuencia y el número de sus relaciones con hombres y con ello aumentar la transmisibilidad de la enfermedad[9]. Y, para colmo, la desaparición de la escasa sanidad colonial trajo consigo un problema añadido.

El siguiente nexo de la historia nos lleva a Haití. Los colonos belgas nunca se ocuparon de crear una élite intelectual africana que pudiera gestionar una Administración propia tras la independencia. Apenas doscientos[10] congoleños, no vinculados al clero, sobre una población de 13 millones tenían estudios universitarios cuando el país alcanzó la independencia. A todas luces, un número absolutamente insuficiente para poner en marcha la nueva administración. Para suplir la falta técnicos y cuadros, Naciones Unidas hizo un llamamiento para atraer -con sustanciosos salarios- a burócratas y docentes con educación francófona.

A este llamamiento por la francofonía respondieron unos 4.500 haitianos que huían de la dictadura de François Duvalier (Papa Doc), sus tontons-macoutes y su reinado del terror. Entre 1965 y 1966 fueron obligados a regresar y el virus llegó a Haití. A la rápida difusión del VIH en la isla antillana contribuyó la pobreza del país. En 1986 terminó la dictadura de los Duvalier y el país fue gobernado por varias juntas militares hasta 1990. Durante ese período, el débil sistema de salud haitiano quedó destruido por la carencia de recursos para sostenerlo. Era tal la miseria que una fuente de ingresos pasó a ser la donación de sangre: cada extracción proporcionaba 3 dólares norteamericanos de aquellos días a los haitianos: una fortuna. Y esta sangre, extraída sin muchas medidas de control, terminaba en los EEUU para transfusiones, en uno de los negocios del sistema económico del clan del poder haitiano. Además, la nación antillana era uno de los principales destinos del turismo sexual para los norteamericanos. Un cóctel perfecto.

Michael Worobey y sus colegas calcularon que la cepa del subtipo B llegó a Haití alrededor del año 1966 y entró en Estados Unidos en 1969. Hasta su ‘reconocimiento oficial’, en 1981, el virus del SIDA circuló durante más de una década por Haití y determinadas comunidades de los Estados Unidos sin control.

En diciembre de 1981 aparecía en la revista científica The Lancet una breve reseña sobre la muerte de un hombre cuya identidad no revelaba, pero que describía como un ‘conocido homosexual que tras un viaje a Miami había fallecido aparentemente de una misteriosa enfermedad; un mal desconocido que comenzaba a hacer estragos entre los gais de América. Entonces, ni siquiera tenía nombre. Un estudio publicado en la Revista Estadounidense de Medicina en 1984 concluyó que muchas de las primeras infecciones por VIH en Nueva York eran atribuibles a un asistente de vuelo canadiense que estaba infectado. Hoy sabemos que la cosa venía de mucho más atrás.

A Cuba, otro país antillano que tal les cuento, también llegó el VIH desde el Congo. Reconocieron el primer caso de sida en 1985 en un combatiente que regresó de África. Los cubanos estuvieron apoyando movimientos en África desde 1963[11].

Hoy “casi” lo sabemos todo del VIH. Espero que con el Covid pase lo mismo. Y lo podamos leer.

 


 

 

 



[1] Procesos de independencia política de colonias o territorios dominados, principalmente, por potencias europeas que habían implantado serias condiciones de dependencia política, social y económica. Al terminar la IIGM la ONU impulsó lo que se consideró un proceso social, que viró a político, y produjo una catarata de accesos a la independencia, principalmente en África, aunque también en Asia, creando una brecha tremenda entre mundos.

[2] La enfermedad por coronavirus de 2019​ -conocida como COVID-19, covid-19 o covid-, incorrectamente llamada neumonía por coronavirus, es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2. La OMS anunció el 11 de febrero de 2020 que COVID-19 sería el nombre oficial de la enfermedad. COVID-19 es un acrónimo de COronaVIrus Disease 2019

[3] El virus del Ébola​ (Ebolavirus)​ es una referencia al género de virus de la familia Filoviridae que se detectó por primera vez en África. La enfermedad produce una fiebre hemorrágica viral de la misma categoría que la fiebre de Marburg, la fiebre de Lassa y la fiebre del dengue. Es una enfermedad infecciosa muy grave que afecta a los seres humanos. Su nombre hace referencia al río Ébola (en la República Democrática del Congo, antigua Zaire), donde fue identificado por primera vez en 1976 durante una epidemia con elevada tasa de mortalidad.

[4] Datos ONUSIDA

[5] Moloundou se encuentra en el extremo sureste de Camerún, a 850 km de Yaundé, 530 km de Bertoua y 230 km de Yokadouma, en la ribera del río Ngoko. Su actividad se centra aún en el caucho.

[6] Podemos hablar de una fiebre del caucho entre 1879 y 1912, experimentando un renacimiento entre los años 1942 y 1945, tras las IIGM. El descubrimiento de la vulcanización y de la cámara neumática en la década de los años 1850 provocó que las zonas tropicales con abundancia de euforbiáceas y heveas fueran codiciadísimas. Las primeras llantas inflables de caucho para bicicletas se popularizaron en la década final del XIX y en XX la producción masiva de coches hizo que se disparara la demanda de caucho para neumáticos. Y luego, las cintas transportadoras para automatizar el trabajo en las fábricas.

[7] El caucho fue elemento vital económico del colonialismo en la Cuenca del Congo. Y entran en escena el explorador Henry Morton Stanley y el rey Leopoldo II de Bélgica, país que consiguió su independencia de Holanda en 1830. Stanley descubrió que a través del río Congo se podía llegar y explotar el centro de África; pero en el Reino Unido no le hicieron caso. El rey de los belgas, Leopoldo II, en el poder desde 1865, sí. Así, el 12 de septiembre de 1876 Leopoldo II convocó -con mucho éxito- la Conferencia Geográfica de Bruselas con el objetivo de “abrir las puertas de la civilización al África central”. De la conferencia nació la Asociación Internacional Africana (AIA) y en enero de 1879, Stanley emprendió expediciones, al servicio de Leopoldo II, para crear bases comerciales en el Alto Congo y establecer líneas de comunicación por barco. Pierre Savorgnan de Brazza, también exploró la zona en nombre del comité francés de la AIA. Ante ello, Leopoldo II abandonó su supuesto altruismo y dio instrucciones a Stanley para formalizar contratos en nombre de la Asociación Internacional del Congo (AIC) donde el dueño era el propio monarca. En la Conferencia de Berlín (1884-1885), organizada por el canciller alemán Otto von Bismarck se reconoció al Estado Libre del Congo (ELC) como territorio del rey Leopoldo II -a título personal- y no como colonia belga. Era tan grande como media Europa occidental. El nuevo estado fue administrado de modo privado por el monarca hasta 1908 en que la opinión internacional obligó a cesar esa condición burocrática. Con préstamos concedidos por el Estado belga, Leopoldo II desarrolló las infraestructuras necesarias para la explotación de las riquezas de la colonia y consiguió una gran fortuna. El marfil y el caucho fueron las materias primas más rentables. Su explotación necesitaba del trabajo sin descanso de los nativos, para lo cual el nuevo estado y su propietario no dudaron en consentir los métodos más crueles: amputaciones de manos, encadenamientos, secuestros y latigazos se convirtieron en prácticas corrientes llevadas a cabo por la Force Publique, un ejército privado formado por más de quince mil hombres. Los oficiales de este ejército eran blancos, de diferentes países europeos, y sus soldados eran negros, primero mercenarios hausas y de Zanzíbar y progresivamente pobladores locales. Se explotaba a los congoleños hasta donde fuera necesario; por lo general hasta la muerte. El jurista afroamericano George W. Williams, el cónsul británico en el Congo Roger Casement y el corresponsal de una naviera británica Edmund Morel, contaron al mundo lo que pasaba en el Congo. Pusieron en marcha, sin pretenderlo, el primer gran movimiento social en defensa de los derechos humanos del siglo XX y a raíz de ello en 1904 se creó la Congo Reform Association que capitalizó la corriente internacional. En 1908 el rey Leopoldo renunció a la titularidad del territorio a favor del estado belga que aún tardó un par de años en humanizar la situación y en proceder a la destrucción de cualquier documento que recordara lo sucedido entre 1879 y 1908: pero algún álbum familiar conserva fotos del desmadre por conseguir que los congoleños exprimiera el jugo de los árboles. Los alemanes, por su parte, ya había señalado su interés por África desde que en 1682 constituyeran la Compañía Africana de Brandeburgo, pero lo hicieron tímidamente hasta que tras la citada Conferencia de Berlín se decidieron a controlar África y la llenaron de colonias costeras y de interior: Togoland, Tanganika, Mahinlandia, Kapitaï und Koba, Katanga, Ruanda, Kionga, Witulandia, Lüderitzland, Nyassaland, un enclave en la costa somalí llamado Deutsch-Somaliküste, la ciudad costera de Ouidah, la colonia brandenburguesa de Groß Friedrichsburg, la isla de Arguin y el gran Kamerun (que incluía el Camerún actual, el norte de Gabón y parte del Congo en disputa con los belgas).

[8] En el África colonial las mujeres adultas eran habitantes urbanos legítimos sólo si eran esposas, viudas o ancianas. De lo contrario, se suponía que eran mujeres libres y debían pagar un impuesto especial por ser libres, bien fueran prostitutas o no y tuvieran ingresos por ello o no. De 1939 a 1943, más del 30% de las mujeres adultas congoleñas en la ciudad de Stanleyville (ahora Kisangani) estaban registradas como ‘mujeres libres’. Los impuestos que pagaban constituían la segunda fuente de ingresos fiscales más importante de la localidad.

[9] Una situación similar se observó en un estudio con prostitutas en Nairobi (capital de Kenia). En 1981, un 5% de ellas estaban infectadas con el virus VIH; un lustro más tarde (1986) el porcentaje de infectadas era ya del 82%.

[10] En algunos informes se señala que sólo eran 30

[11] El 10 de octubre de 1963, el buque mercante Aracelio Iglesias zarpó de La Habana;  su destino era la ciudad argelina de Orán, donde llegaron el 21 de octubre. El 28 de octubre al Aracelio Iglesias se le sumaría el buque González Lines y dos vuelos especiales de Cubana de Aviación. En total, viajaron a Argelia 686 hombres, un batallón de 22 tanques, grupos de artillería y de morteros y una batería de cañones antitanques. Aquella misión, que nunca llegó a entrar en combate, abrió el camino a otras de mayor envergadura, como la de Angola de 1975 y la de Etiopía de 1978, que marcaron durante años la política exterior de la isla. El último soldado cubano de Angola salió en 1991. En la llamada “Operación Carlota” (desde noviembre de 1975) el contingente militar cubano llegó a tener 52 000 hombres y unos 1000 tanques, interviniendo en operaciones en el Congo, entonces Zaire. Cerca de 450 000 cubanos -entre médicos, maestros, ingenieros y soldados- sirvieron en Angola durante los 16 años que duró la operación. Aproximado de 2100 cubanos perecieron en el conflicto; sus restos fueron repatriados y enterrados en sus lugares de origen en la isla de Cuba.

16 nov 2021

A VUELTAS DE LA COP...

  

Nada, que ya ha terminado la COP26 de Glasgow: hacer más y ayudar mejor. (Ovación cerrada). De “la mejor y última esperanza” hemos pasado a esto. Los jefes de Estado, los titanes de la industria y la avifauna característica llegaron exultantes. Greta también llegó y dijo aquello de que “será un bla, bla, bla”. Y el sábado hubo un acuerdo que resumía Helen Mountford[1] con un “Hemos logrado avances mucho mayores de los que podíamos haber imaginado hace dos años. Pero seguimos estando muy lejos de lo necesario”.

En esto de la preocupación por el planeta y el clima, que hay a quien se le olvida, comenzamos con la Primera Cumbre para la Tierra, celebrada en Estocolmo (Suecia) del 5 al 16 de junio de 1972 y con la mosca detrás de oreja transitamos la década hasta que en 1979 el Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en el contexto del programa Earth Watch, adoptó el primer instrumento internacional en materia de clima: la Convención sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a larga distancia que fue elaborando informes que fueron estimulando conciencias… pero hasta 1988 no se creó el puñetero IPCC. Lo que sí es cierto es que desde 1990 vamos a evento por año, poniédonos serios a mitad de década con las COP.

¡Qué lejos estamos de aquella primera COP de 1995! Y no lo digo por el tiempo transcurrido, si no por la cuenta que nos trae. En la COP1 se adoptó el llamado ‘Mandato de Berlín’ que exigía a las partes el inicio de negociaciones para reducir las emisiones más allá del año 2000 mediante objetivos cuantitativos y plazos concretos. Después de dos años de negociación esto se materializó en Japón, en la COP3, con la firma del ‘Protocolo de Kioto’. Hemos firmado más cosas y hemos hecho mucho turismo. En cada una de las conferencias de las partes ha surgido algo.

Esta COP26 lo más destacado -permítanme la maldad- , a tenor del pseudoperiodismo de las Redes Sociales, ha sido la “cabezadita” de Biden en Glasgow cuando su plan climático andaba atascado en los pasillos del Capitolio. Pero luego ha saltado el gran logro: los Estados Unidos y China acuerden cooperar –“intensificar la cooperación”, dice el documento- para frenar la emergencia climática. Y esto es de dos orejas, rabo y vuelta al ruedo a hombros; aunque lo anunciaran ambas delegaciones en ruedas de prensa diferentes, aunque a la misma hora (que eso es otro logro… de coordinación). China es la responsable del 30’7% de las emisiones; Estado Unidos, lo es del 13’8%. India figura en el cuarto puesto, con el 7’1%, porque el conjunto de la Unión Europea es bronce en esta cuestión con el 7’9%. Vamos, un golpe de optimismo.

Y a raíz de eso, miel sobre hojuelas, el lunes 15 de octubre, telemáticamente, Xi Jimping llamó “viejo amigo” a Joseph Robinette Biden Jr. que debía pensar del chino lo mismo que Ayuso de Sánchez (lo que dijo en “El Hormiguero”; 09.11.2021) porque China va a su bola medioambiental: van y desarrollan (además del misil hipersónico[2] que dicen que no detectaron ‘los otros’) un tren ¡movido por hidrógeno! (pila de hidrógeno y batería de litio) para seguir -erre que erre- transportando (negro, negro y contaminante) carbón desde las grandes minas de Baiyinhuca, en Mongolia Interior -una región autónoma del norte de China-, y el puerto de Jinzhou, en la provincia de Liaoning. No es el destello neuronal del que vendió el coche para comprar gasolina, pero… Pero démosles el voto de confianza y a esperar acontecimientos.

Y hablando de acontecimientos. El que más me marcó de esta COP26 fue el del regreso de Greta.

Cielos, ¡no!: es que volvió Greta con el rollo de la COP26 glasgowita. Y con ella, la cuestión de la ecologización de las economías occidentales[3].

Lo confieso: a ella, no la aguanto. Me la han hecho aborrecer los que la mediatizan, No dudo de que su postura es consecuente.

Lo otro, la ecologización -o como porras queramos llamarle- es algo que nos viene impuesto por la razón y, además, necesario. Muy necesario.

En todo esto, lo que -a veces- obviamos, es que, en los últimos tiempos, la movida de Greta y todo lo que la rodea lo explosionó la antipatía internacional (natural) hacia Donald Trump desde que comenzó a hacer gansadas en la Casa Blanca y a denostar la realidad de la situación. Y ahí entraron en escena tanto Ingmar Rentzhog[4], quien en LinkendIn se define como “Official Eco-warrior”, como Sara Magdalena (Malena) Ernman[5], la madre de Greta. Mucho antes que ellos, otros estaban en el proceso de luchar contra el cambio climático y con argumentos y razones; no con moviditas al amparo de la Internet y sus posibilidades. La lista de personas comprometidas con el Medio Ambiente y a favor de luchar contra el cambio climático es extensísima, sin tener que recurrir al populismo de Vicente. ¿Dónde va Vicente?, donde va la gente. (Y en lugar de la cita a Vicente pondremos “Monkey see, monkey do” en la versión internacional de este post).

Los comprometidos con el clima y el medio ambiente siempre han sido muchos, pero no han tenido coríferos a go-gó, ni rebaños ideologizados. Vale, les hicieron poco caso; como a Greta. ¿Hay que coger el toro por los cuernos?, pues sí; y pronto. Este tren no espera (salvo que de él tire la locomotora a pila de hidrógeno china).

En esto de los defensores del clima, echando la vista atrás, me puedo retrotraer hasta Teofrasto[6], pupilo de Aristóteles, quien ya advirtió de las consecuencias de la deforestación y su relación con las masas de agua generando efectos sobre el clima, aunque, de verdad, el primero que empieza a ponerlo todo en tela de juicio es Alexander Von Humbolt[7], en el XIX, en cuanto puso en marcha los estudios de biogeografía y climatología comparada. En 1799 inició su periplo que le llevó a determinar el delicado equilibrio en el que conviven todos los seres vivos. Vale que entonces no estaba de moda todo esto de movilización, sentimiento de culpabilidad, conciencia medioambiental, catástrofes en los telediarios y los papers científicos, lo de asegurar el futuro y que si tapatín, tapatán, pero el alemán comenzó. Y siguieron John Muir, John Tyndall, Svante Arrhenius, Arvid Högbon… y todos los grandes nombres que hemos ido desgranando en este Blog desde la década de los 50 del siglo XX; incluido James Hausen exigiendo desde el Congreso de los Estados Unidos (1988) meterle, en serio, mano a esto.

Lo de Greta Tintin Eleanora Thumberg y su iniciativa Skolstrejk för klimatet (huelga escolar por el clima) fue un puntazo, pero no pasa de anécdota movida desde las Redes Sociales y con mucho menor calado (y muchísima más publicidad) que otras iniciativas puestas en marcha por jóvenes, aún más jóvenes, como la del holandés Boyan Slat[8], la norteamericana Anna Du[9], las hermanas indonesias Isabel y Melati Wijsen, Alez Schulze, Adrew Cooper, Andres Turton, Pete Celinsky (Proyecto Seabin)… y otros muchos jóvenes sin tanto respaldo mediático y con mucha más actividad y planteamientos lógicos y eficaces.

Allá cada cual con su monserga; pero ninguno de jóvenes citados que no fuera sueco contó con la sabia y eficaz instrumentalización de la señora Ernman -y no olvidemos al ideólogo señor Thumberg- que, leo, ya preparan a su segunda hija Beata Mona Lisa Thumberg para cuestiones relacionadas con la causa feminista, que la pandemia ha postergado un poco. A favor de los Thumberg-Ernman, me rindo, la absoluta dedicación a sus hijas desde que fueran diagnosticadas.

Pero yo a lo mío, que lo cortés no empaña lo evidente: la instrumentalización.

No he conseguido saber a ciencia cierta cual fue el documental-espoleta que desató la reacción de Greta y que sus padres supieron canalizar y -así- recuperar a su hija. Iba, se cuenta hasta en un libro, sobre “islas de basura” en el Pacífico y sobre los puñeteros plásticos por los mares y océanos. Sobre esto hay docenas de grandes documentales y millones de documentos, informes y tesis. En el medio marino, la basura se encuentra en todas partes: desde el Ártico a las llanuras abisales que -antes de llegar a hundirla- la dinámica marina reparte desde las llamadas áreas fuente hacia el interior del océano, agrupando y acumulándose en los vórtices de los grandes giros oceánicos conformando esas “islas” que con el tiempo -por degradación y precipitación- terminan tapizando el fondo marino siempre que, de camino de inmersión no ingrese en la cadena trófica cuando algún pez lo confunde con alimento.

Aquí, en este Blog, ya hemos tratado esto de las islas de basura en los océanos a modo de una “sopa de plásticos” hasta una determinada profundidad. La islita del Pacífico norte tiene una “extensión” de 15 millones de kilómetros cuadrados (y España sólo medio millón[10]; vamos, como 30 Españas) con unos 100 millones de toneladas de desechos semiflotantes, localizada entre las coordenadas 135º y 155º Oeste, y 55º y 79º Norte.

El conocimiento de las “Garbage Patch” arranca en 1997, cuando Charles J Moore al regresar de la Transpac (regata de Los Ángeles a Hawái) se “sube” más de la cuenta en la derrota, lejos de las habituales rutas comerciales, y se topa, con la primera de ellas, que en un primer momento llamó “mancha” en vez de “isla”. Moore inició entonces una cruzada de concienciación, escribió artículos y hasta fundó la Algalita Marine Research and Education… y nadie le da, ni siquiera, la misma cancha que a Greta.

Ahora hay localizadas al menos 7 Garbage Patch sueltas por el planeta: Ártico, Índico, Mar de los Sargazos y las de los hemisferios Norte y Sur de los océanos Atlántico y Pacífico. Incluso hay quien habla de otra para el Mediterráneo.

Las manchas/islas en sí no son el gran problema; el lío viene porque solo permanece en la sopa de plásticos el 30% de los residuos… y el 70% del total se va descomponiendo poco a poco en micro y nano plásticos que se hunden y entran, como dije, en la cadena trófica y representan un problema porque peces (y aves) los ingieren y terminan, querámoslo o no, en nuestras mesas.

La consultora McKinsey & Company en un informe de 2019 señala que de los 260 millones de toneladas anuales de plástico que tiramos en el mundo apenas reciclamos el 10%; se incinera un 12% y la inmensa mayoría termina en los vertederos (70%). Al mar ¡sólo! llega un 8%, con lo que estamos hablando de “dieciocho millones de toneladas de plástico al año” y tenemos 7 islas de basura plástica de estas. Y son los ríos el principal vector de transporte al mar y en esto Asia y África copan el Top 5 de los ríos que más plásticos transportan al mar: cuatro sistemas fluviales asiáticos (dos en China, uno en India y otro en indonesia) con 600 millones de kilos, y el río Cross en África que saca 40 millones de kilos de plástico de Nigeria.

No hay que ser Greta para darse cuenta del problema… y nuevamente me colocan a China en el epicentro de la cuestión y la India por en medio.

Vale que llevamos más tiempo contaminando, pero es que ahora ellos van cuesta abajo y sin frenos y el plástico nos lo comemos entre todos.

Ah, para el año que viene nos vamos de balneario. La 27ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP 27) de la CMNUCC tendrá lugar, del 8 al 20 de noviembre, en Sharm El-Sheikh, Egipto. No, si mal gusto no tienen; la verdad.

 

 


 

 


[1] Helen Mountford es la vicepresidenta de clima y economía de World Resources Institute (WRI). Es directora de programa del proyecto New Climate Economy (NCE), la iniciativa emblemática de la Comisión Global sobre Economía y Clima que proporciona evidencia independiente y autorizada sobre acciones que pueden fortalecer el desempeño económico y reducir el riesgo de un cambio climático peligroso.

[2] La tecnología hipersónica es aquella que viaja a una velocidad  al menos cinco veces superior al sonido. En atmosfera y a una temperatura de 20°C, el sonido viaja a 1235 km/h. Se considera velocidad hipersónica aquella que supera los 6125 km/h, siete veces más rápida que un avión comercial.

[3] La economía ecológica es la ciencia de la gestión sostenible y comprende el estudio y valoración de la (in)sostenibilidad del sistema. Es un conjunto de modelos de producción integral que incluyen la toma en consideración de variables ambientales y sociales. A diferencia de la llamada "economía marrón" que es la administración eficaz y razonable de los bienes que se basa en la persecución del crecimiento económico a través del uso óptimo de insumos y factores de producción.​ La Economía Ecológica no es una rama de la teoría económica; es ya un campo de estudio interdisciplinario, lo que quiere decir que cada experto en una ciencia conoce un poco de otras disciplinas, con la finalidad de fusionar conocimientos​ que permitan afrontar mejor los problemas, ya que el enfoque económico convencional no se considera adecuado.

[4] CEO y fundador de We Don't Have Time, la red social más grande del mundo para la Acción Climática.

[5] Cantante lírica sueca especializado en óperas y operetas, miembro de la Real Academia Sueca de Música; está en posesión del título honorífico de Hovsångerska (cantante de la corte) otorgado por el rey de Suecia Carlos XVI Gustavo. En 2009 representó a Suecia en el Festival de Eurovisión con la canción de pop operístico ‘La Voix’. Está casada con el actor Svante Thunberg; son los padres de Greta y Beata Thumberg. Malena Earman es la autora de “Our House Is on Fire: Scenes of a Family and a Planet in Crisis” (’Nuestra casa está ardiendo: una familia y un planeta en crisis’), que califica de biografía familiar.

[6] Tírtamo de Éresos, al que apodó “Teofrasto” el mismo Aristóteles, fue un filósofo y botánico griego del sigtlo III aC. Aristóteles le legó sus escritos y lo designó como sucesor en el Liceo estando considerado como el padre de la Botánica.

[7] Federico Guillermo Enrique Alejandro Freiherr von Humboldt (1769-1859) fue un polímata, geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador prusiano, considerado como cofundador de la geografía como ciencia empírica.

[8] The Ocean CleanUp

[9] Finalista del concurso 3M Young Scientist Challenge para soluciones creativas y factibles a problemas actuales, como la contaminación marina por plásticos y microplásticos. Creó, con 12 años, un robot que robot que identifica el plástico marino; un dispositivo pueda llegar a atravesar el océano identificando y recolectando plásticos.

[10] Siendo puristas en el dato: 506.030 km2 y creciendo; que se lo digan a la isla de la Palma, al Cumbre vieja y a sus coladas ya en el mar o camino de este. (493.514 de la península; 4.992 de las islas Baleares: 7.492 de las islas Canarias y 32 de Ceuta, Melilla e islotes de soberanía)