5 ago 2016

DE CUANDO RECUPERAS UN CACHITO DEL PARAÍSO SOÑADO


Ayer no lo mencioné, pero un punto añadido para volver a la Playa de las Tres Piedras era el parking que ofrecían (y ofrecen) los chiringuitos; hoy clubes de Mar. Sí, un reducto donde poder aparcar cerca de todo: del mar y del bar, que tan importante es uno como otro. Y eso lo ofrecía el añorado Faro Blanco (que no es ni la sombra de lo que era)… y los clubes de mar. Es que el lugar estaba (y está) lejos de todo; por narices hay que coger el coche y desplazarse hasta allí ex profeso. Y para uno que vive en Benidorm, que bajas de casa y está la playa, playa urbana por excelencia, lo de hacerse quilómetros para llegar a ella es de lo más complicado que debe soportar.

El caso es que habiendo dejado el día de autos el coche a la altura de las Antillas Menores, las botas de Indiana calzadas y el salacot de turno para protegerme de los rayos de sol, bañado en protección 50+ e impelido por el espíritu de los grandes descubridores patrios, comencé la aventura de encontrar mi Walhalla particular -a ser posible- no lejos de allí.

Tras el fracaso, se hacía imprescindible localizar una alternativa al apagado Faro Blanco; el plan B -que no existía- solo apuntaba en la dirección de abandonar la zona y decir adiós a aquél frente litoral entre el Prospín y el Ajedrez que tanto nos gusta a 770 kilómetros de casa. Además, uno no es de tumbona, ni baños de sol; más bien uno es de taburete de barra y recipiente de cristal -bien lleno y frío- en la mano.

Y, sobre todo, de ambiente andaluz.

Yo no busco un Club de Mar de esos; vivo en el mayor Club de Mar del Mediterráneo: Benidorm. Dispongo de una sensacional oferta gastronómica (vascos, andaluces, castellanos, alicantinos…).Busco otra cosa; por eso fui allí.

Total, que comencé la caminata aventura con tal fortuna -¡válgame Dior!- que a los pocos pasos, no más de dos docenas -he de confesar-, me topé con La calita de Meca. Y fue curiosidad, porque ni calita, ni Meca (ni el nadador, ni el cúlmen de la almadraba -recuerden: de la Ceca de Sevilla a los Caños de Meca-). Traspasé el umbral…

Y más que con el lugar en sí, me topé con Ilde y con Nani. Que me disculpen Pedro y José María, pero entre el sanluqueño y el sevillano me descubrieron que la esencia del chiringuito no había muerto, a pesar de que se pueda jugar a Club de Mar (palabro) entre niveles, barras y espacios. Fue entrar… y ya no habían problemas: lo que haga falta. ¡Olé!

¡Albricias!, grité -y reclamé- cual mensajero que entra en Roma poseedor de buenas noticias y reclama el pago por ello. ¡Albricias! Había recuperado el trocito del Paraíso sureño que un rato antes me había sido robado por la modernidad impenitente del concepto raquítico de Club de Mar.

Por suerte, no estaba todo perdido; había vida detrás de aquella atalaya. Las ventajas del faro: la luz da vueltas e ilumina en todas direcciones. El faro blanco me enseñó el camino a La Calita de Meca. Vuelta a la vibrante realidad, a la familiaridad, al ambiente agradable, al toque andaluz… y a unas tapas que quitan el sentido, sin abandonar los guisos, que a la orilla del mar cobran otra dimensión, o la cocina de altura, que también la hay: ¡cómo tratan el atún! Mi libro sobre la almadraba hubiera mejorado mucho de haber conocido antes el lugar.

Hay un guiso que le llaman “berza”, pero nada que ver con la brassica olerácea -en tapa o en plato-, suficiente para resucitar un muerto, con “su pringá y tó”. En julio, como en agosto; bajo buena sombra y bien regado, un plato de “berza” te deja nuevo y te saca el sol del cuerpo. ¡Por Dios!, unas “castañitas” te elevan al 7º cielo, y un atún encebollao te dejan en estado de trance. Y las tapitas de siempre -huevas y papas aliñás, la carrillada y los pescados-, las invenciones de la modernidad jugando con la berenjenas, y las copitas de siempre. Y, sobre todo, ese toque del sentir andaluz que tanto echo de menos aquí.

Muchas veces se olvida que a Andalucía se va por su gente.

Sí, en La calita de Meca, juegan también a Club de Mar (y son buenos) sin perder la esencia del atractivo que nos llevó al lugar; tienen su golpe de chiringuito de playa almibarado por su apuesta moderna. Lo hacen en otra división. Para mí, que lo han logrado: sublimar lo sublime. A La calita de Meca sigue llegando el langostino vivo y la gamba saltando; la corvina aleteando, la sardina con su puntito amarillo… y hasta los postres tienen su aquél. Casi todo, como la carrillada, te entra por la vista. Además, inventan toques de cocina y no pierden la esencia de lo andaluz. Bueno, hasta tienen un vasco bordando espetos al más puro estilo andaluz. Me olvidé preguntarle si eran 8 sus apellidos, pero este quedó prendado del Sur y en ná y menos se casa.

Sí, La calita de Meca juega a Club de Mar (y son muy buenos jugando) con el reggae de Marley y Tosh sonando a cualquier hora, mientras Pedro, con parsimonia, se entrega a sus cócteles que trasladan sabor cubano y preludian noches de copas y música en vivo. Sí, pero de día rezuma ambiente tradicional de chiringuito, refinado, donde José María te ofrece un fino, Monge (vino en rama), que es de otro mundo, aunque está en este, y  no falta gente normal que disfruta el placer de una tapa cerca del mar.

Y pasan las horas y descubres a Pedro en Isla Mayor. ¡Caray!; yo conocí bien ese lugar cuando “los patos de Doñana”. Se llamaba Villafranco del Guadalquivir, y mientras buscábamos evidencias de Roundup (glifosato, de Monsanto) vivíamos el expediente de segregación de Puebla del Río, que consiguió. ¡Qué pequeño es el mundo!

Y pasan las horas; y entre crónica viene y crónica va, te encuentras frente a dos grandes de su profesión: Ilde y Nani. Ya en casa sabes que allí, por lo menos hasta el verano que viene, dejas amigos. Ilde me dibujó el más fantástico mapa de Sanlúcar de Barrameda que se pueda uno imaginar. Le bastó una servilleta de papel. No en balde, eso es arte, Pedro Campaña -ya manierismo- pintó un fantástico Descendimiento para su pueblo, Sanlúcar. ¿De ahí le viene? No sé. Y otro que tal: Nani deja por unos días su pasión de lutier sevillano para derrochar profesión y gracejo de mesa en mesa.
¿Cómo no voy a volver a La calita de Meca? Ya cuento los días y sueño con las tapitas. Gracias; recuperé el cachito de paraíso que había perdido y gané amigos.




4 ago 2016

De cuando te rompen un cachito del Paraíso soñado.


Fue terrible. Terminas en Sevilla tus cosas y sueñas, a finales de julio, con un trocito del Paraíso en la Playa de las Tres Piedras, aún Chipiona, junto a Costa Ballena. Es un reducto mínimo delimitado por el arroyo del Barracón y las últimas construcciones (o primeras, según la dirección que se tome) de la urbanización roteña. Uno soñaba con Paco y sus tapas, al borde del mar, en su Faro Blanco; en sus tumbonas en atalaya privilegiada, en su ducha (¿por qué no?; es un sueño), en su cocina (tradicional y típica; con y sin pretensiones), en su balcón repostero y en sus gin-tónics de media tarde sin liturgias; hasta las 9 y pico que el sol, allí, lo permite. Y la noche mantenía su ambiente.

Fue espeluznante. Llegas, con todo el golpe de calor, y te encuentras con coches aparcados que alcanzan hasta el mismísimo puente que cruza el arroyo. ¿Qué pasa aquí?

La margen derecha del Barracón también está colapsada; increíble. Desde otro vehículo, con la misma sorpresa y sensación de frustración, se oye: “es que se ha puesto de moda; ya te lo decía yo”. Va a ser que sí; hace ocho años ya “amenazaba” con ponerse de moda, porque lo tenía todo a su favor. Falté, faltamos, el año pasado: España tiene rincones fascinantes para una escapada de playas y gastronomía. Y viviendo en Benidorm, buscas lo mínimo que aquí no tienes: cosa harto difícil. Y lo había encontrado allí, en un frente de playa de 100 metros -que yo acotaba sin más-, donde la tiza volaba sobre una barra pintada de añil, donde las tapas salían a golpe de megáfono y donde la más ordenada entropía (la medida del desorden de un sistema) marcaba el funcionamiento detrás de la barra donde tapas, platos “en amarillo” o los platillos elaborados de Koke te subían al séptimo cielo entre una clientela variopinta y fiel que no dudaba en “echar el día” allí. Al final, la libreta señalaba una cuenta muy asumible ante tal cúmulo de sensaciones placenteras vividas.

Horripilante llegó a ser el descubrir la imposibilidad de hallar tumbonas, mesas o un resquicio entre la marabunta congregada; muchos asombrados. Atroz resultó ver la menguadísima y raquítica carta y la imposibilidad -frustrante- de llegarte hasta la barra a pedirte un manzanilla bien frío o una caña y un “algo”. Espantoso fue comprobar que no era yo solo; que había otros más en mi misma situación: ¡El fin del mundo!, sentenció un madrileño en mi mismo estado de incredulidad.

Terrorífico nos pareció tener que volver a calzar las botas de Indiana y el salaksak filipino (salacot colonial) y ponernos a descubrir algo que no fuera un “Club de Mar”. ¡Por Dios!: clubes de mar. Esto ya no es lo que era. Hastiante resulta pensar que el futuro va por ahí. El chiringuito pasará a ser un vestigio arqueológico.

Ya se veía venir. Al Ajedrez le siguió el Chinini; apuesta de restauración y movida llegada de tierras interiores con marca registrada. Aún asumiéndolo, es trágico ver el Faro Blanco, casi en tinieblas, con una carta reducida a sota, caballo y jamelgo, que nunca rey, cuando antes te volvías loco de indecisión ante el cúmulo de excelentes posibilidades que ofrecía, sabiendo que ninguna defraudaría. Antes refulgía a la altura de la Turris Caepionis, el faro más alto de España -del que dista muy poco- en la Punta del Perro alertando de los escollos de la Piedra Salmedina.

Si este Faro Blanco ya no alumbra, no me pudo alertar de los escollos que me iba a encontrar.
En estas que te niegas a entregarte rendido y abatido a la realidad, tozuda realidad. Recuerdas el grito de “¡Santiago y cierra España!” (porque era su día) y hasta el “¡desperta ferro!” almogávar para orquestar una rebeldía en toda regla ante la triste vivencia. Pero eres el único beligerante con la cosa; los demás se dejan arrastrar por la cruel realidad, optando por aceptar lo que se ofrece o abandonarse en la playa que surcan carritos y otros vehículos con posibilidades de abastecimiento.

Te reconforta saber que no eres el único. “Mi hija ha llorado al encontrarse con esto”, le oí decir a una señora que atendía al nieto. Yo estaba a punto de hacer lo que la hija: llorar. Puede que los tiempos demanden, “estando de moda”, esa ordinariez de abandonar lo autóctono por media carta de platos mejicanos, otra media, escasa, de boutades que pretensiones autóctonas y un ejército de de pipas de aguas a tu disposición entre sopicaldos de “botánicos” que llaman gin-tónics tras haber escuchado la letanía de marcas de ginebra con sorprendentes cualidades que nunca hubiera imaginado ni el destilador principal. ¡Cuanta literatura!

Me lo han cambiado todo; esto ya no es para mí.

Yo le soy fiel a Benidorm 355 días al año; aunque esté lejos. Pero los diez días restantes exhibo mi impúdica infidelidad en las playas gaditanas del Atlántico. Aún así, por ese pecado, no merecían esta penitencia final.

Maldije y juré en arameo, pero asumí que esos emprendedores se merecen el éxito (que deben ganarse): “hay gente pa tó”, recordé. Han hecho una apuesta por algo que se está imponiendo, aunque yo no lo comparta. Para mí, al Faro Blanco le hace falta, ahora mismo, cambiar la lente, mejorar la linterna y olvidarse del acetileno, pero sus actuales concesionarios no apuestan por ello. ¡Ojalá triunfen!

Esto del Club de Mar, debe ser la edad, es un concepto que no termino de asimilar. Yo a la playa, por regla general, no voy porque me molestan los granitos de arena; tal vez iba a aquella porque el andar de la marea no permitía tanta superficie de arena seca y suelta, porque tenía la ducha a mano, sombra, tranquilidad, ambiente de chiringuito andaluz (que eso es tela marinera difícil de cortar), mucha bebida y abundante y exquisita comida: el paraíso.

Hasta media tarde, antes, todos éramos, por allí, iguales: en bañador. Ahora no. Cuando el sol amenaza con ocultarse comienzan a llegar “textiles” a tono con la noche que está por comenzar. Se intercalan con los que aún están en traje de baño calentando un copón de gin-tónic al ritmo de la música: un chunda-chunda de discoteca que yo dejo en exclusiva a la discoteca y no para vora mar. El sol ya no quema y el “club de mar” se llena de ambos grupos: unos que al poco se irán y otros que al poco aumentarán. Ya no pego ni con cola ahí. Me sobra la música, que antes estaba pero muy de fondo: llegaba del Club de Mar de más allá; era cosa de los otros.

Este no es mi trocito del paraíso nacional, que me lo han cambiado. Pero, como dije, calcé las botas de Indiana y me protegí del sol con el salaksak… y descubrí el último reducto…







11 jun 2016

DE VICENT FUSTER; QUE SE NOS JUBILA


Entre las preguntas del millón siempre está la del huevo y la gallina; y la de si el periodista nace o se hace… que sirve para hacerse la pregunta en cualquier OTRA profesión.

Lo del huevo y la gallina ya se lo preguntaba Aristóteles… que tenía mucho tiempo para  dedicarse a las cosas de enjundia: Pero desde entonces y hasta el año pasado (2015), en que The Guardian cogió el toro por los cuernos y los científicos se decantaron por el huevo, la sociedad andaba dubitativa entre el huevo y la gallina. Incluso hubo un duelo de universidades: la de Sheffield (UK) se decantaba por la gallina, y lo de Warwick (UK) les dijeron que un huevo; que fue el huevo, quiero decir. Y no entro en el de Colón, que es un huevo menos molón.

Lo del periodista es menos peliagudo, máxime cuando desde las universidades lanzan hornadas de periodistas como churros hace un churrero. Salen, informan y desaparecen. Y para no meterme en arenas movedizas elevaré el nivel hasta el de los periodistas de casta; digamos… periodistas del Antiguo Testamento.

Hablaré de Vicent Fuster.

Ayer homenajeamos a Vicent Fuster que en pocos días se nos jubila. Y fue una fiesta de las de época: gentes de los Medios de Comunicación, gentes de deporte y políticos que reconocían la entrega y dedicación de Vicent a la información deportiva y a la actualidad local. Las ausencias se podían contar con los dedos de una mano, mientras sostiene un buen veguero, y se sumaron al homenaje dejando un video, que vimos pero no oímos; éramos tantos y tan empeñados en que el vino no nos lo trajeras del congelador, que pa qué.

Vicent se olía la tostada. El miércoles nos encontramos por la calle y yo no sabía cómo eludirle la mirada no fuera a delatarme por una chorrada del subconsciente. Se olía algo, y creía que iba a ser en la emisora municipal, donde lleva a cabo una excelente labor de arqueología  aborigen con su Gent de Benidorm; lo que todos hubiéramos querido hacer y sólo él ha hecho. Además de su sempiterna conexión al deporte.

Creo que del gremio plumillas, variantes papel, voces e imágenes… estuvimos todos.

Periodistas, de marxeta (con un añadido); 1988
Conocí a Vicent Fuster desde el primer día en Radio Benidorm. Él era el “señor del banco” que cada noche, en cuanto María José y yo salíamos del estudio tras el informativo y un “disfruten de Benidorm que es el ocio más divertido”, entraba él a contar las cosas del deporte. Sí, Vicent es gent de Benidorm que estaba en el Banco Popular, y en la oficina móvil que montaba el banco en el puerto cuando llegaban los barcos de la VIª Flota, y que era capaz de llenar cada noche  (menos los sábados) un mínimo de media hora con cosas del deporte comarcal. Y si no le dabas más tiempo, más que contaba. Y los domingo; ni te cuento.

Nadie en la comarca podrá decir que su actividad deportiva, por extraña que fuera, no estaba bien tratada por Vicent; hacía a todo y de todo informaba.  Hasta de bolos, “deporte” del que era un consumado campeón. Y digo era que “era” porque no he vuelto a jugar a los bolos y no sé cómo lo lleva él.

Para nosotros, gente de la comunicación  a caballo entre  la radio de finales del Antiguo Testamento –que no llegamos a usar micros de carbón, pero que aún vimos magnetófonos de alambre (wire recorder)- y comienzos del Nuevo Testamento radiofónico ya con FM y micrófonos Sennhesiser y magnetófonos Uher y Revox, hay cosas que se maman y se aprenden lejos de las aulas y del concepto Academia. En las aulas, también se aprenden cosas; pero el día a día, la academia de la vida, te otorga ese puntillo de más.

Vicent así lo hizo. Y además fue el primero adaptarse a las “nuevas tecnologías” de la comunicación inalámbrica… con un ladrillófono que pesaría del orden de los seis kilos y que llevaba a todas partes: todo batería y que ocupaba buena parte de su mesa de redacción. Veías el teléfono antes que a Vicent.

Con Peter Dieckman, Javier Giménez y Mª José García;
Vicent Fuster y JD
Yo tengo mi historieta particular con Vicent. A pesar de que antes de cada verano ya me entregaba el calendario de retransmisiones, desde finales de agosto, cada lunes, yo odiaba a Vicent. Cada lunes la misma monserga. Bueno: a Vicent y a Berto. Que lo mismo retransmitíamos fútbol, que balonmano, que lo que fuera. Y en aquellos años de transición entre periodos de la historia tecnológica, las retransmisiones se hacían con la famosa y puñetera línea microfónica a “X” hilos; Telefónica insistía en que fuera a 4 hilos (por lo de las comunicaciones internas, creo recordar). Pero es que era una aventura a dos, a cuatro y a ocho hilos. Dependías de Santa Rita, de la Fortuna y de la ausencia de gatos negros.

Sí, dependías de que un tío en la mesa técnica de la provincia en la que tuvieras la retransmisión lograra contactar con el lugar de la retransmisión, donde estaba Vicent, y, además, conectara con la mesa técnica de Alicante. Y ésta, con la emisora de Benidorm. Se puede decir que cada semana se producía el milagro: retransmitíamos. Había campos de deportes -y pabellones, Berto- tan aislados y lejanos a la civilización que ni de cerca pasaba un tendido telefónico. Y ahí había que echar labor de despacho.

Y luego, otra: el siempre atribulado instalador te dejaba la línea en medio del graderío para que retransmitieras sintiendo el calor de la afición local cuando tú retransmitías para la afición foránea. En alguna retransmisión no le llegaba la camisa al cuerpo. O te dejaba la línea en lo más alto de un poste al que no había forma de llegar.

Cada lunes un ratito de conversación y varios fax camino de Telefónica. ¿Pero tienen autorización?, preguntaba siempre la voz femenina al otro lado del auricular. Contráteme la línea, póngamela y póngale tres velas al santo del lugar para que esto funcione… y no pregunte por una autorización que sabe bien que no tengo. Y que no tengo tiempo de tramitarla. Y funcionaba… casi siempre. Y allí estaba Vicent, siempre.

¡Qué tiempos! Ah, se me olvidaba: un hurra por la Benemérita. Toni, su hijo (enhorabuena por el exitazo de la convocatoria; te lo has currao, chaval) también cumplimentaba los resultados de la jornada con el mágico método de llamar al cuartel de la Guardia Civil del lugar y preguntar el resultado. Los guardias de puerta hacían medio programa; más de uno te hacía la crónica. Historias de la radio.

Vicent: que si un Rallye para ayer, que si los remeros se van a tal sitio, que si un fichaje por aquí, que si una lesión allá. Ahí estaba Vicent; siempre a la última.

Luego coincidí con Vicent en la época de Canal 9. Él, y Dragui -que allí estaba; faltaría más-, eran el dúo de la información de la comarca para la tele autonómica: los corresponsales. Desde el principio de los tiempos, periodista y cámara; la papela la enviaba Vicent.

Vicent parla ese valencià de carrer, de sempre, que todos entienden. Mi primer contacto con el valencià fue a través de él cuando La Taula del Bon Profit se acordó de nosotros, los periodistas, y acudimos a aquel sopar en un restaurante que había en la Curva de “El Niño”, y tuve que abrir la xarrada. Fue entrañable como maestro.

Vicent Fuster y Toni Fuster, en el photocall para la ocasión

Total, que a su paso por el Popular, por Radio Benidorm, por el Diario Información, por Canal 55, por Canal 9, por Marca y por Onda Benidorm solo cosechó amigos que ayer estábamos con él. Y de todos los medios acudimos, y una buena representación de deportistas (no doy nombres para no olvidar a ninguno; no es lo mío), amigos y familia no dudaron en sumarse al acto.

Bonito y emotivo. Gracias Vicent por todo. El periodista nace… y se hace. Y actos como este refrendan su valía.    






3 may 2016

DE CABEZA AL 26J


Pues nada, que el Rey Felipe VI ya ha firmado. La XI Legislatura pasa por ser la más efímera; el 26J nos vemos en las urnas. Artículo 99, punto 5, de la Constitución de 1978 (esa que ahora muchos dicen que no votaron): Si transcurrido un plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato obtuviere la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del presidente del Congreso.

6 meses perdidos; con la que está cayendo. Y ahora, volver a oír lo mismo; lo de siempre. Si ya nos lo sabemos y el que más y el que menos ya le ha visto a todos la patita por debajo de la puerta.

Aún no conozco a nadie que vaya de mítines, como de Rebajas, a ver dónde compra la mejor oferta para lo que necesita. No sé: necesito unas alpargatas con suela de esparto (que aquí mucho campo espartario) y voy a ver dónde las hay y a qué precios; para comprar la que mejor me convenga. Pues no, cada uno va -si va- al de los suyos, a hacer bulto y a recargarse la pila. Y luego se asusta o reconforta viendo en la tele (viendo, que no oyendo) cómo les va a los demás.

Y luego… Es terrible: les elegimos para empleen lo de arriba y lo de abajo y terminan mostrándonos lo de en medio. No, hombre, no: el voto a estos chicos (entiéndase también chicas; soy de la vieja escuela y no escribo chicas/as o jueces/as… porque serían juecas y no juezas) era -y es- para que utilizaran (y utilicen) el cerebro y las gónadas para sacar esto adelante y, en cambio, lo único que han hecho es enseñarnos lo de en medio, las vísceras.”Yo Aníbal Barca, hijo de Amílcar Barca, juro ante Baal-Melkart, dios de la ciudad, protector de los comerciantes y navegantes, que lucharé contra los romanos hasta mi muerte y los consideraré siempre enemigos”. Odio eterno a los romanos. (Puede el lector cambiar “romanos” por cualquier otro nombre).

No, si aquí viscerales somos ya desde antes de Indíbil y Mandonio. Pero a lo mejor sólo necesitábamos ser como Argantonio.

Sí, ya sé que a más de uno se lo pide el cuerpo (se lo piden las vísceras), pero la cosa está en el empleo de la neurona. ¡Qué digo empleo en este país de las tasas de desempleo! Neurona, ¡para qué te quiero!

El caso es que hoy por hoy nos sobran las campañas y si por ley hay que cumplir plazos, cumplámoslos yendo directos al 26J; sin pasar por los preámbulos. Directos al meollo de la cuestión. El caso es que las previsiones económicas de imprentas, parafernalia y mailings de los c…  quedaron cubiertas en diciembre pasado. ¿Para qué repetirnos como el ajo?; eso sólo beneficia a unos cuantos y nos cuesta a todos.

En fin, directos al 26 J con unos políticos que, si es que de antes ya no lo sabíamos, se han retratado que no veas en estos meses; más de uno ha enseñado el pedigrí tanto, tanto, como de todos era conocido lo corregible de la ley electoral que ahí seguirá, sin raya de typex.

En la confianza de que no nos caeremos del guindo el 26J (para bien y/o para mal; españoles somos) y sabiendo que el español es el único animal -racional- que tropieza más de una vez con la misma piedra (y si es una roca y del tamaño de Gibraltar, ni te cuento) sólo me queda confiar… ¿en Nadie? Sí, porque Nadie es perfecto. ¿Se presenta Nadie? Aún no están cerradas las listas.

Nada, hasta el 26J.

En 26 de junio se han hecho grandes cosas: en 1945 se firmó la Carta de Naciones Unidas… o en 1963 John F Kennedy dijo aquello, en Berlín, de “Soy berlinés”… y lo que trajo de cola… También un 26 de junio de 1876 Custer murió -con las botas puestas- en Little Bighorn con su 7º Regimiento de Caballería de Michigan a la virulé… También un 26J ocurrió lo de los niños de Hamelín (130 que fueron raptados en aquella ciudad… o reclutados para una evangelización en Palestina -la cruzada de los Niños- contra el felón infiel como si un cándido niño de aquellos del siglo XIII fuera a cambiarles la cuestión; terminaron como esclavos)… o un 26J el emperador Nerón -sí, el tal Nerón Claudio Cesar Augusto Germánico, el último Julio-Claudio- se suicidó al verse abandonado por sus tropas y ser declarado enemigo público por el Senado… ¿abandonado?, ¿senado?... Me va gustando el 26J. Marchando otro sol-y-sombra pa desayunar.    






18 abr 2016

DE UNA CHARLA EN LA UA. CÁTEDRA PEDRO ZARAGOZA ORTS


En la sobremesa,  saboreando un 8-9-8 de Partagás y un buen Penderyn Red Flag (que quedaba un “culín” largo en la botella, todo sea dicho) me ha dado que pensar… después de haber comido opíparamente con grandes amigos -Ana, Cecilio y Anita; y Tikus-, sobre si esta mañana he sabido transmitir, en 75 minutos, todo lo que pretendía sobre Benidorm. Me queda esa duda.

La Cátedra Pedro Zaragoza Orts me había ofrecido la posibilidad de contar a los alumnos del Grado de Turismo “La forja de Benidorm” que no es otra cosa que “El secreto mejor guardado del Mediterráneo”. Eran tantas las cosas que les quería contar; tan poco el tiempo, y tan grandes mis ansias por hacerlo (hacerlo bien, claro) que ahora mismo no sé si he estado a la altura de las circunstancias. ¿Dudar es tan humano como errar?, pregunto. Es que Benidorm es grande, pesa mucho la responsabilidad y da para mucho más.

En resumidas cuentas: lo que he querido transmitir a los alumnos es que antes de que entrara en acción Pedro Zaragoza ya existía un Benidorm que apostaba por el turismo.

Sí, pero al mismo tiempo, quería dejarles bien claro que sin Pedro Zaragoza y su apuesta por el futuro -a la que se apuntaron todos los de Benidorm; todos- este Benidorm no hubiera sido más que otro punto más de vacaciones en el Mediterráneo español.

De vacaciones; que ni siquiera turístico. Seguro estoy que Benidorm se hubiera desarrollado -porque buenos mimbres no faltaban para la cesta; como tampoco excelentes tejedores- pero, convencido estoy que, no hubiera llegado a donde hoy ha llegado. Pedro sentó las bases que luego otros continuaron. De eso no me cabe duda y eso he plasmado hoy (al menos, lo he intentado).

He avalado es espíritu local: gentes de la almadraba, del corso, de la marina mercante. Mujeres abnegadas. He señalado el problema del agua, la indigencia hídrica, ahora que venimos de celebrar el 360 aniversario de la Séquia Mare (1666-2016). He apuntado los comienzos: desde Fisher (1803) a Mestre de San Juan (1852). He subrayado la incidencia de los trenes botijo (1853-1917), de los primeros alojamientos (Hostal La Mayora, 1860), de los balnearios y de “la primera crisis turística”: en 1883 Francisco Ronda (Baños de Mar “Virgen del Sufragio”) ya apunta a un público “que desde hace algunos años ha dejado de favorecernos con su visita”. ¡1883! … ¡Qué poco ha cambiando el panorama!

He significado el impacto del primer hotel (Hotel Bilbaíno; 1926) y hasta de la Junta Local de Turismo (1936) y de su continuadora, la Comisión Pro-playas “Asociación Gabriel Miró” de Amigos de Benidorm para el impulso del Turismo (1940). He blandido el urbanismo turístico y las Alineaciones de la Playa de Levante (1931) y su proyecto urbanístico (1935). He mencionado eso y mucho más.

Aquél Benidorm de los albores de la década de los 50 estaba languideciendo. Se moría; hasta cerró la almazara. El 24 de enero de 1951 es Pedro Zaragoza, asambleariamente  y en el Casino Ronda, el que propone la “Solución Turística”… Y nadie se mueve. Es Pedro Zaragoza quien en noviembre de 1952 se pone tajante y da el ultimátum: “hay que escoger entre salvar Benidorm de la ruina y convertirlo en importante estación veraniega y centro de enorme afluencia de forasteros”. Sí, hoy nos pueden parecer ridículos los conceptos “estación veraniega” y “afluencia de forasteros”, pero en los años 50 era lo que había. Recordemos que en 1952 tuvo que cerrar la almadraba y que no había agua para cultivar nada; ni recortes de hostia. Recordemos que había gente que buscaba el verano de Benidorm, pero que Turismo es un concepto superior al de veraneo.

Y recordemos que el éxito de Benidorm está en haber sabido diseñar desde el primer día un enclave por y para el turismo; un modelo de organización de la actividad turística.

El Plan de 1956 fue un plan para construir ciudad; algo impensable entonces para un núcleo que aspiraba al turismo. Convencido estoy que con aquél PGOU -y el tiempo- “se buscó y se consiguió crear una ciudad concebida para el ocio”; se dejó la puerta abierta a la dinámica turística futura que fue, en realidad, la que concretó el proceso. Con aquél plan se tuvo un especialísimo cuidado con las playas y se protegió el cinturón verde mediante de “reserva de suelo”. Aún hoy hay 17’5 millones de metros cuadrados, de los 37’8 que constituyen el término municipal que aún siguen protegidos… ¡desde 1956!

Pedro fue quién implicó a todo un pueblo en pos de una quimera que veían cada verano ante su puerta y que por fin verían materializarse para todo el año. Pedro subió un escalón, se fue, y todos los demás se implicaron en hacer realidad y mejorar todo aquello.

Sí, si queremos podemos culpar a Pedro de no contemplar ninguna zona verde, como si en 1956 le fuera a importar eso a alguien cuando estábamos quitándonos los mocos de la posguerra; de no reservar suelo para equipamientos sociales, como si en 1956 se pensara en ello en la vieja piel de toro (¿social?, ¿sociales?); de no contemplar mecanismo de gestión como los que tenemos ahora (¿ahora?, ¿tipo agente urbanizador?); de no proteger lo suficiente el casco antiguo que otros después llamaron “caso tradicional” para no pillarse los dedos y dejarlo que llegara a estar como está ahora. Por querer, podemos querer ponerle puertas al campo de Pedro y abofetear el trabajo de Francisco Muñoz Llorens.

Pero no debemos olvidar que el hallazgo, el éxito, de Muñoz Llorens fue voltear la ciudad contemporánea de Le Corbusier dando a los rascacielos, originariamente previstos como oficinas, un uso residencial que aumenta meteóricamente la densidad de población y que mientras en los EEUU derribaron (1972) el complejo urbanístico Pruitt-Igoe de Minuro Yamasaki -en San Luis (Missouri-USA), construido en 1952- Benidorm sigue en pie y con ritmo.

El plan de 1956 estaba vivo y abierto a modificaciones desde su creación. Se cambió rápido -1958- y varias veces -1961, 1962, 1963- hasta dar con la solución: la Ciudad de los Bloques Verticales, la más absoluta contraposición a la ciudad-jardín original de 1956. En 1963, aún con Pedro, Benidorm se hacía hija de la corriente arquitectónica del Movimiento Moderno surgido a raíz de la Carta de Atenas (1933). Eso no se puede olvidar. Yo, al menos, me niego a hacerlo.

Pedro, don Pedro, Zaragoza dejó la alcaldía en octubre de 1966… hace casi 50 años. Naturalmente que los que le siguieron materializaron, por tiempo, aquella planificación tantos años testada… y la mejoraron; y entre todos hicieron de Benidorm una ciudad productiva: una fábrica de recreo, descanso y felicidad para más de 6 millones de españoles y extranjeros. Una ciudad nueva y un centro de producción de una industria nueva en la Historia como es el Turismo.

A partir de 1956, Benidorm es una ciudad experimental porque en ella los problemas son distintos y nuevos; y las soluciones han de ser distintas y nuevas. Desde Pedro, don Pedro, Benidorm, más que un punto de vacaciones es un espacio de innovación turística que ofrece soluciones peculiares a problemas insólitos para cualquier otra urbe, incluso turística. Benidorm es una estructura turística comercial incorporada al mercado europeo del ocio; una ciudad escaparate, una ciudad testimonio del proceso turístico que han sido capaces de hacer todos los que después de Pedro le han seguido en la faceta de “forjar Benidorm”: vecinos y políticos; pero sobre todo los vecinos… aquellos de “No volem atre alcalde”.

Sí, sin aquél Pedro visionario (o loco; en todo caso genial) hoy no podríamos estar hablando de un movimiento de viajeros en establecimientos hoteleros, en el año 2015, de 11’05 millones de pernoctaciones (5’6 millones de  ciudadanos españoles y 5’4 millones de ciudadanos extranjeros).
Sí, sin Pedro y la implicación de todos aquellos benidormeros de 1956 a hoy no estaríamos ante lo que hoy es Benidorm. Todo lo más estaríamos hablando de un destino turístico del tipo de… … …

No me atrevo a poner nombres para no envilecer el texto. Pero apelando un poco a su imaginación, abnegado lector, seguro que le aparecen lo menos seis o siete mil nombres para esos puntos suspensivos.

Pues eso, mantengo que más vale ser cabeza de león que cola de ratón. Ah, que el dicho es otro: cabeza de ratón que cola de león… pero creo que se me entiende muy bien. Y, como decía Julio Iglesias: al final las obras quedan, las gentes se van; otros que vienen las continuaran… Y eso fue lo que pasó: que la vida sigue igual y los que después vinieron las continuaron y las engrandecieron.

Pero a Pedro lo que es de Pedro; y a Dios… adiós. 


PD1. Gracias, profesor Tomás Mazón por dejarme contar estas cosas en la Academia; Gracias también a Nacho Cervera.

PD2. Gracias Penderyn Welsh Whisky; gracias Habanos SA. Gracias.


10 abr 2016

DE DOS PERSONAJES, 43 DÍAS


Llegaron a casa el 26 de febrero. 



Formaban parte de una camada abandonada que recaló en la Protectora de Animales de Benidorm y como la dureza de la ausencia de Rodolfo era tan fuerte, quiso Ana ablandarla un poco volcando amor con estos dos enanillos que han pasado con nosotros seis semanas.

Seis maravillosas semanas. Sí, maravillosas. Igual que llegaron se iban a ir; lo sabíamos. Pero en esta ocasión a mejor vida real. Y por aquí han pasado todos los que convivimos con Rodolfo. Con los niños hacían migas, con los adultos… maravillas.

Cuando aparecieron eran tan insignificantes que parecían sacados de “Pin y Pon” y así comenzamos a llamarles. Pin, el chiquitín -nos dijeron que en cada camada hay uno más pequeño- hubo que sacarlo adelante a base de leche en el dedo, ablandarle su comida y echarle paciencia a raudales. Costó, pero ahí lo tienes, un broncas de cuidado con su hermana, Pon, que desde el primer momento evidenció que será toda una dama y una perrita encantadora. Bueno, perrita; Pon será una diva de la escena canina. Ya verán. Los dos exhibían maneras, pero Pon se lo llevará de calle.

Nos han dejado en casa sin periódicos (ni en la mía, ni en la de mis padres, ni en otras; eran unas máquina) y sin bolsas (lo mismo); y ahora que se han ido, también nos han dejado un vacío. Y también nos han dejado sin esquinas de rodapiés, con alguna zapatilla menos, sin cordones en unos zapatos y con todas mis carpetas mordidas. Ah, y con un listado de “aventuras” que ya quisiera el más pillo tener; y mira que seis semanas dan para poco. Pero el compromiso era acogerlos mientras los vacunaban y encontraban familias y así lo hemos hecho.

Pasaron los días y Pin se transformó en Odín y Pon en Olimpia. ¡Qué rápido crecen! La última semana ya salían a la calle, siempre jugando y aprendiendo a comportarse. Ella, miedosa, respondía ante las motos trepando por mis piernas; él, valiente, “la defendía”. Estoy p’al psiquiatra (psykhé, mente; que sykón es higo), ¿verdad?

Creemos que han sido muy felices aquí; casi tanto como nosotros. Ya están con sus familias. Él se queda por Benidorm y ella se fue hasta Murcia. El viernes por la mañana estaban tristones al llegar a la Protectora, pero habrá sido cosa de horas. A juguetones nos les gana nadie.

Cuando volvía de trotar cada mañana era como si entrara en Central Park y traspasara el primero, ganador, la línea de los 42.195 metros; no había “corredor” más aclamado y jaleado. Iban a desayunar. Y como dos campeones dejaban limpios los comederos. Las cantidades estaban en consonancia con sus tamaños (ridículas; gramos), pero comían como limas. Y tengo las piernas hechas jirones. Luego se venían conmigo al despacho y me inmovilizaban: se echaban sobre mis pies.

Han sido seis semanas fantásticas. Se marcharon el 8 de abril.

La última tarde-noche


Pero sigo viendo Wasth y leo en Facebook de que siguen apareciendo cachorritos abandonados. Es increíble. Cachorritos y también adultos. Jopé con la “condición humana”.

Y me he enterado que muchas veces los acogen familias de más allá de los Pirineos porque aquí no encuentran quienes les acojan. Y eso que hay un puñado de voluntarios, que no dan abasto, colaborando con la Protectora de Animales. Algo es algo.

En la Galería de la Fama de esta casa, además de Rodolfo, que la preside, hay ya dos nombres chiquititos: Odín y Olimpia. 43 días han sido suficientes para ganarse el privilegio. Nunca le harán sombra, pero han estado y por eso están.




1 abr 2016

DE ELOGIAR A DON PEDRO: HACE 8 AÑOS QUE NOS DEJÓ Y SE CUMPLEN 60 DEL PLAN GENERAL.


1º de abril. Hoy, hace 8 años nos dejó Pedro, don Pedro, Zaragoza; el hombre, dicen, que “fundó” Benidorm. Lo refrendo: fundó el Benidorm de hoy del mismo modo, imperial modo, en que los españoles iniciamos nuestras cosas: Yo empiezo, y los vengan detrás que arreen; y si sale bien, pa todos. Y salió, porque Pedro lo encauzó bien y los implicó a todos… y todos respondieron.

Hoy, su vida etérea discurre entre el mito y la leyenda, envolviendo al hombre, hombre emprendedor, que puso los mimbres para que otros tejieran la cesta. Si prescindes del halo que envuelve la figura de Pedro emerge la del hombre, don Pedro, que no deja indiferente a nadie. No sé si aquél plan que urdió -sí, urdió- podemos considerarlo como la 3ª Carta Puebla (la definitiva) pero desde el 25 de abril de 1956 Benidorm sí, esta vez sí, echó a andar, de verdad, aunque siempre pendiente del abastecimiento de agua. Si nos ha dado por encumbrar a Bernat de Sarriá, señor de Montjuit (XIV) y a Beatriu Fajardo de Mendoza, señora de Benidorm (XVII), por sus Cartas de Poblament, pongamos en el mismo sitial a Pedro Zaragoza Orts, señor de El Carrasco, por su Plan General del 56, verdadera Carta Pobla de Benidorm. Sí, estamos a días del 60ª Aniversario de aquél Plan General que puso en marcha este Benidorm (25 de abril de 1956).

Pedro, don Pedro, no hizo nada que no estuviera en marcha ya; eso sí, echándole gónadas, grandes dosis de optimismo y fantasía. Otros ya lo habían intentado antes y… su empuje se diluía sobre el territorio. El éxito de Pedro, don Pedro, es que implicó a todos en el proceso; ilusionó a todos… y todos participaron.

Ayer estuve en un programa de TV sobre el personaje y el tema… y salí con un regusto a poco; se diluyó la efemérides hablando del sexo de los ángeles. Hoy me lo tomo como desquite y pretende homenajear a Pedro, don Pedro; y con él, a todos los que se contagiaron de su ilusión y con su generosidad hicieron posible este Benidorm.

Cuatro años después de aprobado el Plan, en 1960, el entonces presidente de la Diputación, José Martínez Alejos, decía: “el pueblo más pobre de la provincia va a ocupar lugar preferente entre los de la provincia”. Esto ya nos indica el revulsivo que significó aquél Plan en la vida de Benidorm.

¿Pobre? En 1950 ya la Armada no requería el cuajo de aquellos hombres de mar, los corsarios de Benidorm. La Compañía Trasatlántica (CTE, Spanish Line), donde tantos benidormenses hicieron carrera, hacía aguas: quedó tocada de muerte desde la crisis del 1929 y, encima, la II República no apostó por ella y, por Ley (23.07.32), rescindió contratos y obligó a cambiar de nombres algunos de los barcos. ¿A quién se le ocurre poner Alfonso XIII a un trasatlántico? Ya con la Guerra Civil se encontró que unos y otros hundieron sus barcos, y los gobiernos de otros países le requisaron lo poco que quedaba a flote. Total, que ni barcos, ni honra, ni cuartos. Encima, la almadraba no vivía sus mejores días. El Consorcio Nacional Almadrabero (1928) estaba llevando el antaño lucrativo negocio a su peor etapa económica; en 1951 prácticamente “había entregado la cuchara”. Hasta la almadrabilla de Benidorm cerró en 1952.

En medio de todo aquello y con la tormenta de familias en casa, en diciembre de 1950 hacen (cuestión “digital”; de dedo) a Pedro Zaragoza, alcalde de Benidorm. Y empieza la labor del visionario. Al mes de ser alcalde (24.01.1951) convoca al pueblo de Benidorm -y todos cabían en el Casino Ronda- y les propone “la solución turística”. Y les plantea sustituir, con el esfuerzo de todos, las carencias públicas. Y todos aceptan; como en Fuenteovejuna, aquellas gentes del Benidorm de 1951 le dijeron a Pedro que sí.

Y, claro: se fue animando Pedro. El 18 de noviembre de 1952 propone a la Corporación tomar “una resolución definitiva y de trascendencia” que no era otra que “escoger entre salvar Benidorm de la ruina y convertirlo en una importante estación veraniega”. Apostar por el turismo.

Sí, “estación veraniega”. Pedro ya tenía entonces sobre la mesa documentación original de estaciones veraniegas: desde Prora a S’Agaró: desde el macro complejo báltico nazi a la solución del comunista José Luís Sert para el capitalista Josep Emsesa.

Pero es que el turismo ya estaba en el ADN local. A veces olvidamos que en 1880 ya funcionaba el Hostal La Mayora; que ya había gente que buscaba en la talasoterapia o en la contemplación del mar un motivo de ocio. Olvidamos que el muy reproducido pasquín de Francisco Ronda Galindo (1883) -publicitando su balneario Virgen del Sufragio- ya habla de “crisis turística”: “familias que antes venían y que han dejado de favorecernos con su visita veraniega”. Y ya se dice que sus playas “rivalizan con las mejores de España”. Se olvida que el tren botijo, que tanta gente llevó a Alicante, entre 1893 y 1917 trasladó a Benidorm (a través de la diligencia que se tomaba en La Balseta alicantina) a 35.000 veraneantes. Se olvida que en 1925 se produce el primer “overbooking”, lo que lleva a Pedro Cortésel Bilbaíno” a tener listo su hotel en 1926 para solucionar el problema de alojamiento. O que en 1931 se inicia el Expediente de Alineación de la Playa de Levante.

En los años 30 aquí, en las costas mediterráneas de España, todos se vuelven locos con el turismo y sobre el plano se plantean las urbanizaciones. En la provincia de Alicante aparecen los proyectos de la Playa del Arenal (Jávea), El Montañar (Jávea), Les Rotes (Dénia), El Portet (Moraira), l’Olla (Altea), Dr. Esquerdo (La Vila), Las Playas (Santa Pola), Los Locos (Torrevieja)… Alicante, que aspira a más, plantea toda una Ciudad Satélite de Turismo… a la que el plan de abastecimiento de agua del ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto, anima a ponerle su nombre: Ciudad Prieto… hoy, apenas un vestigio: la Playa de San Juan.

La Guerra lo trastocó todo. Y en la dura posguerra sólo el Marqués de Alfarrás, Luís Desvalls, se atreve en Segur de Calafel a poner en marcha su proyecto de turismo playero.

Y aparece don Pedro. Lo de ciudad balneario no le satisface y pide documentación, planos e informes porque busca un aliciente más para la clase media. Y aparecen sus “cómplices”: Alfredo Sánchez Bella, embajador en Italia, que le sirve los proyectos italianos de la costa adriática; José de Rojas, conde de Casas Rojas, embajador en Francia, que le aporta los de la Costa Azul, y José Mª de Areilza, embajador en los EE.UU. que hace lo mismo con las realizaciones de California y Florida. Ya hay base para trabajar. Y Pedro se pone en marcha; y su mayor logro técnico es hacerse con los servicios de Francisco Muñoz Llorens, arquitecto alicantino del Ministerio de la Vivienda al que nombra Arquitecto Municipal Honorario; no había dinero para pagarle. Y Muñoz Llorens acepta.

Y Pedro embarca en el proceso a Pedro Bidagor, director general de Urbanismo que redactaba esos días la Ley del Suelo (1956) y a Luís Rodríguez, profesor en la Escuela Oficial de Arquitectura, que ayuda a Muñoz Llorens a aplicar esa Ley sobre los diseños de Benidorm. Y a ellos se pega, como una lapa, Manuel Muñoz Monasterio que quería chupar del momento.

Pero si esos hombres fueron importantes en el planteamiento de Pedro, muchísimo más lo fue Guillermo Campos, el topógrafo, que marcó y replanteó el parcelario con gran pericia y máxima honradez. Y Luis Mayor, Pepe Enríquez, Gregorio “el Casillero” o Pepe Fuster, los maestros de obra. Junto a ellos, el empeño de Pedro Zaragoza y el convencimiento de que sólo “la fe, la colaboración y el esfuerzo de los benidormenses” harían posible la gesta.

El Plan del 56 desconcierta por su simplicidad; y ese ha sido el secreto de su vigencia. Se concibió una ciudad para el turismo y el ocio; se dejó todo en manos del futuro y fue la dinámica la que creó Benidorm en función de la protección de las playas y de 17’5 millones de metros cuadrados, de los 37’8 que conforman el término municipal, protegidos. Y así siguen hoy, sesenta años después.

Fue el primer Plan General de toda España para todo un término municipal. Vale que no contempló zonas verdes internas, que no protegió el casco antiguo, que no reservó suelo para equipamientos y que no contempló mecanismos de gestión (como los de ahora); pero como contó Francisco Muñoz, el arquitecto, “ni se estilaba, ni había dinero para prever esas actuaciones; el tiempo y los recursos económicos habilitarían esas cuestiones”.

El hallazgo de Muñoz -insisto yo, tras leer a los clásicos- fue voltear la ciudad contemporánea de Le Corbusier y otorgar uso residencial al rascacielos, concebido como lugar de oficinas. El Pruitt Igoe (1952) de Minoru Yamasaki fue demolido en 1972; el Benidorm de Muñoz Llorens (de Pedro, don Pedro, Zaragoza) está vivo y en expansión.

El Plan de 1956 fue respetuoso con el Medio Ambiente, exigente con el cuidado de las playas y concebido por y para el turismo; fue un plan para construir ciudad. Y con el apoyo de los benidormenses construyó ciudad.

Primero hizo un Benidorm de casas bajas que no satisfizo. En 1958 permitió ya las 5 alturas y los edificios tranvía; en 1961 consiguió infraestructuras; en 1962 primó los hoteles y permitió los retranqueos. En 1963 aplicó la teoría de la caja de cerillas y apostó por los bloques verticales; aquí nunca se les llamó rascacielos. Pero en 1966 se quitó la máscara y apostó por “levantar bloques verticales proporcionales a la superficie del solar y al coeficiente volumétrico”. Sí, esos 3 metros cúbicos por metro cuadrado que son en Benidorm de hoy frente a los muros pantalla de 9 metros cúbicos por metro cuadrado.

Y lo mejor: todos los que siguieron a Pedro en el sitial municipal continuaron la tradición de apoyarse en la fe y en el esfuerzo de los benidormenses. Suena bíblico, ¿verdad? Pero es que ha sido así; y así seguirá porque Benidorm lo han hecho los benidormenses. ¿Quién ha hecho Benidorm si no?; ¿qué administración ha puesto los dineros que Benidorm necesita? Apenas llegó alguna limosna. ¿Quién se pagó la primera depuradora de aguas de España?

Ni municipio turístico ni leches. Y eso que ya en 1961 Pedro Zaragoza, don Pedro, comenzó una campaña en solitario reivindicando la Carta Municipal que otorgara recursos a los municipios turísticos. Fue el primero en pedirle al Régimen dinero para el municipio turístico… y en permitir el biquini. Tal vez porque no dudaba en vestir la camisa azul mahón cuando el momento lo requería.



Por todo ello, gracias don Pedro.