Del tren botijo ya he dejado en este blog, al menos -que yo
recuerde-, un par de post: por su 120 Aniversario y sobre un reportaje en un
ABC antiguo. Me suena alguno más, pero con más de mil no doy con la tecla.
Esta vez me dado de bruces con una “Crónica de Alicante” de Ramón
Bonafats, de 1914, publicada en el Eco
de Benidorm, de la tercera semana de agosto.
No me atrevo a calificarla; entra de una forma y sale de
otra. Ustedes mismos.
“Un ‘botijo’ es uno de esos trenes abarrotados, hacinados de viajeros
que por pequeña cantidad trae madrileños, gente castiza y de humor, que han
sabido ahorrar para divertirse estrujado y ahogado en este clima. Sí, vayamos a
esperarlos y en ellos esperamos la alegría ya que esto es una de las notas más
salientes de esta temporada.
Sigamos sus movimientos, los pasos del Madrid trabajador que, a él que
visita nuestras playas, del Madrid castizo, lleno de picardía y de gracia
innata y a través de sus dichos observarías su ingenio y su desenvoltura… pit…
pit..
Ya está en agujas el tren; ya trepita el suelo a su paso, ya se acerca
mansurrón y despacio. Ya están abiertas las portezuelas antes de parar. Los
prisioneros, en estos departamentos de los vagones repugnantes desean salir de
la ‘cárcel móvil’…
La caravana de veraneantes se precipita en el andén; los coches se
llenan y el ruido estrepitoso de los vehículos se escucha por algún tiempo. Al
rato, la calle y los balnearios son asaltados por estos cortesanos humildes que
quieren zambullirse y disfrutar de este mar bendito y no en el Manzanares
‘aprendiz de río’, como lo llamó Quevedo.
Sus juegos y sus chácharas se escuchan en todos sitios, en la calle, en
el paseo, en la playa y sobre todo en este, que acoge sus cuerpos, blandamente
mejor que el lecho de plumas y respeta sus carnes en medio del júbilo y la
algazara más enorme. Y Madrid rumba nuestros oídos estos meses de baños y el
Madrid de Arapiles y Embajadores vive con nosotros, y levantinos y castellanos
gozan siempre temiendo llegue el momento que les separe, el momento clásico en
que con el botijo y la sandía salga el tren alborotado”.
El caso es que este Bonafats, entiendo yo, comienza gruñendo
por la llegada y se muestra reacio a que se vayan porque son, señala, “gente castiza y de humor” muy en la
tónica del costumbrismo y el buen ánimo de las corralas que le hemos leído a
otros. Esto, además, evidencia -elemental, querido Watson- que los de Alicante
siempre hemos sido un poco siesos. Los de Alicante; no los de Benidorm que,
como los de Bilbao, nacen donde les da la gana… y terminan en Benidorm.
Y vuelvo al tren botijo y a la gente divertida. Ya en 1909
se decía que sólo mentar el “‘tren Botijo’ es sinónimo de tren de
alegría, de bulla, de gresca continuada”. Cita que aparece, leo, en una
reseña de 1909; pero de otro “botijo” que desde Salamanca llevaba a los touristas a Santander. Ah, y gresca también
tiene la acepción de “bulla y algaraza” (además, de pelea y riña; cosas del
castellano).
Y una vez más que vuelvo al ‘tren botijo’, al genuino ‘tren
botijo’ y la ‘orden botijeril’ que es la de aquí;
la del periodista Ramiro Mestre con
destino a Alicante.
El jueves 7 de septiembre de 1893, de la mano del propio
Ramiro, La Correspondencia de España, diario político y de noticias
(para más inri), en portada traía un reportaje sobre el segundo tren Botijo
Expreso. A los integrantes del grupo excursionista los llama “los
botijeristas”.
“El contingente de esta segunda hornada ha sido menor que el del 20 del
pasado mes; pero está compuesta de personas de muy buen humor y de indiscutible
gracia”.
Gracias a este reseña en prensa sabemos que en Alicante,
aquellos días, operaban once balnearios y que los había de más y menos postín.
A los primeros correspondían Diana, La Alianza, La
Esperanza, La Confianza y La Estrella; y a los segundos La
Florida, La Rosa, Delicias, Guillermo, del
Almirante y Baños de Madrid. Y, en
Benidorm, cuando menos, los Baños de Ronda; los del eslogan “¡Con que
a veranear, a veranear, Benidorm!”
Balnearios alicantinos en la Playa del Postiguet a finales del XIX |
En septiembre de 1893 los dueños de aquellos balnearios confiesan
a Ramiro Mestre que “notan la falta de bañistas procedentes de
Novelda, Sax, Caudete, Villena, Almansa y Alpera” y cifran el descenso “en 4.000 viajeros”; y también bajó la
afluencia de madrileños.
Y Mestre viene a señalar que su idea es buena al reflejar
que “los
dos últimos ‘trenes botijo’ son los que han animado algún tanto esta hermosa
playa, la cual ha estado el mes de agosto muy poco concurrida”.
Y da la explicación: “Gran número de los botijeristas llegados
ayer no se han quedado en Alicante sino que unos han marchado a los pueblos
inmediatos... … …de los cuales regresarán a esta el 12 para aprovechar las doce
pesetas”, que era el precio del paquete ferroviario.
Benidorm, desde la playa de Poniente, el 17 de julio de 1894 |
Y añade: “Como ya no habrá más trenes de mil
doscientos céntimos de peseta, con esta última emisión de excursionistas
quedará concluida la temporada hasta el año próximo” .
Y hubo más temporadas y aquello fue un éxito afianzado con
el despuntar del siglo XX; porque estábamos hablando de finales del XIX… muchas
horas de traqueteo en tren y otras más en diligencia hasta llegar a Benidorm.
Había que tener ganas… y pertenecer a la Orden
Botijeril.
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