26 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (IX)

 

 

Y sigo en faena, con la historia a cuestas… arrancamos este post en el verano de 1936…

Ceuta no era una ciudad demográficamente homogénea, sino una plaza militar y portuaria en la que convivían diversos estratos sociales y religiones. El padrón de 1936 cifraba en 52.528 los empadronados en Ceuta.

La población mayoritaria era cristiana y con orígenes peninsulares en Cádiz y Málaga, principalmente. Estaba vinculada en su mayoría tanto a la administración civil y los servicios públicos, como al comercio, la hostelería y la actividad portuaria. También destacaban en la construcción y en los trabajos agrícolas; incluso entre los jornaleros. Muchos ejercían profesiones liberales y actividades empresariales. Bastantes pertenecían a familias de militares y a sagas de funcionarios destinados en la plaza. El desarrollo del puerto y la intervención española en el protectorado habían transformado profundamente la ciudad desde comienzos del siglo XX.

Poco más de 2.500 personas sumaba la población musulmana de Ceuta en aquellos días, incluyendo a todos aquellos con relaciones familiares, laborales y comerciales a ambos lados de la frontera y los vinculados con las unidades indígenas del Ejército español, como los Grupos de Regulares (de orden de los 1.500). En vísperas de la Guerra Civil, la comunidad judía rondaba los 300 integrantes y, además, existía una muy insignificante comunidad hindú, vinculada al comercio y asentada en Ceuta desde finales del siglo XIX, de no más de dos docenas de integrantes.

Pero la población empadronada no refleja necesariamente la totalidad de las personas presentes en la ciudad, porque los militares de las unidades acuartelados[1] no entraban en el padrón.

Centremos la cuestión: durante los primeros años de la Segunda República se había consolidado un movimiento sindical con una importante capacidad de movilización. UGT tenía una implantación significativa en la ciudad con una veintena de sociedades obreras y una afiliación cercana a las 3.000 personas que se habían radicalizado a partir de finales de 1933. La CNT, por su parte, controlaba los sectores portuario, de la construcción, la pesca y el transporte; prácticamente doblaba la sindicación de  la UGT y  mantenía una larga tradición de huelgas y enfrentamientos con la patronal. Ambas organizaciones convergieron progresivamente en iniciativas comunes.

En Febrero de 1936 el Frente Popular sumó casi el 71% de los apoyos, lo que hizo que entre marzo y abril aumentaran la ofensiva sindical y la tensión política; de lo segundo se encargaron tanto las Juventudes Socialistas y las Juventudes Libertarias como por la otra parte las Juventudes de Acción Popular y las de Falange.

La movilización obrera del 1º de mayo asustó a todos por su contundencia y repercusión. Y así llagamos a la huelga general del 30 de mayo en la que murieron dos obreros y un guardia civil. El delegado del Gobierno intentaba conciliar el derecho de huelga y las reivindicaciones sociales con el mantenimiento del orden público; pero con su tibieza crecían los enfrentamientos entre grupos radicalizados y todo se le fue de las manos.

Y llegamos al mes de julio de 1936.

Se celebraron las  tradicionales maniobras veraniegas del Llano Amarillo[2], en Ketama, reuniendo a varias unidades importantes del Ejército de África y proporcionando un contexto favorable para los contactos entre los militares conspiradores[3].

Así, cuando el 17 de julio de 1936 se inició en Ceuta la sublevación militar[4] las bases se tenían muy claras. El levantamiento comenzó en Melilla y bien pronto se extendió a Ceuta; aquella esa misma noche. La ciudad quedó rápidamente bajo control de los sublevados. Franco llegó a Ceuta el 19 de julio[5] y la ciudad pasó a desempeñar un papel estratégico en el traslado de tropas y material militar hacia la Península; y en la victoria del bando sublevado. Pero también, su población, sufrió represión política, militar y social.

El mismo 18 de julio de 1936 fueron detenidos militares leales a la República, dirigentes políticos, sindicalistas y otras personas identificadas con la izquierda[6].

Y en cuanto a lo terrible de la guerra en sí, tres días después del inicio de la sublevación, el destructor Sánchez Barcáiztegui bombardeó Ceuta[7]. El 25 y 26 de julio[8], lo hicieron el acorazado Jaime I y los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes. Estos mismos buques volvieron a hacerlo los días 21 y 26 de agosto[9].

Pero el hecho militar más grave y luctuoso de aquella guerra se sufrió en Ceuta los días 21 y 22 de enero de 1937 cuando la aviación republicana bombardeó la ciudad en lo que se ha llamado “el Guernica de Revellín”[10] y a modo de respuesta bajo la triste ley de talión llegó con la saca posterior y fusilamiento de republicanos retenidos[11].

En esta guerra hay que destacar también que la población ceutí (cristiana, musulmana, hindú o judía) tuvo presencia en las unidades militares que combatieron en la Península, especialmente en los Regulares y otras fuerzas vinculadas al Ejército de África.

Al terminar la contienda, Ceuta quedó integrada en el nuevo Estado franquista. La victoria militar no significó el fin inmediato de las consecuencias del conflicto: continuaron tanto la depuración de funcionarios, como la persecución política, las sanciones económicas y el control de la vida pública.

Eso sí, al iniciarse la IIGM Ceuta cobró un nuevo protagonismo geopolítico, especialmente tras la caída de Francia y la entrada de Italia en el conflicto, lo que elevó aún más su importancia estratégica. No obstante, lo que más afectó a aquella Ceuta de postguerra española fueron las alteraciones del comercio internacional provocadas por la IIGM que agravaron aún más la situación de penuria de una economía, la ceutí, muy dependiente de su actividad portuaria.

La posición de Ceuta frente a Gibraltar la convirtió en un punto de interés para las potencias enfrentadas. España reforzó sus defensas y asumió la cuestión de espías e informadores de ambos bandos contendientes.

Y así fue transitando las distintas fases del conflicto hasta que la guerra se asomó a la parte noroccidental africana. En noviembre de 1942, previo al desembarco aliado en el norte de África, se produjo un apasionante intercambio de mensajes entre Washington y Madrid[12]. El día 10, cuarenta y ocho horas después del desembarco, Franco agradecía al presidente Roosevelt las garantías de que la operación no se dirigiese contra los intereses ni los territorios españoles[13].

El intercambio de mensaje desde primeros de aquel mes de noviembre refleja a las claras la preocupación de Washington por evitar que España interviniese militarmente en el conflicto.

Y en aquel noviembre de 1942 las alarmas aéreas y el temor a un bombardeo volvió a sobresaltar a los ceutíes rememorando aquel enero de 1937. Los días  24 y 25 de noviembre aviones norteamericanos sobrevolaron Ceuta y el Monte Hacho[14].

Se sabía de la existencia de la planificación de un ataque a España: la Operación Backbone[15] contemplaba atacar, entre otros puntos españoles, Ceuta. Los Aliados  no tuvieron necesidad de ponerla en marcha.

Y con ellos en el Norte de África, para nuestra historia, cobra especial protagonismo la Conferencia de Anfa (también llamada Conferencia de Casablanca), celebrada del 14 al 24 de enero de 1943, donde los líderes aliados Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt se reunieron en secreto para planificar la estrategia militar final de la Segunda Guerra Mundial.

Charles De Gaulle, representante de la Francia Libre sólo llegó al final[16]; ni Churchill ni Roosevelt confiaban mucho en él. Ambos preferían al general Henri Giraud para dirigir el contingente francés y ser la cabeza visible de Francia.

Lamentablemente, para el futuro de Marruecos, la Conferencia de Anfa tuvo un momento clave cuando, recién aterrizado De Gaulle, la noche del 22 de enero el Sultán de Marruecos ofreció una cena[17] a Roosevelt y a Churchill, Y aquella cena cambió el rumbo de nuestra historia en el norte de África.

A ella asistió también el hijo del sultán, el futuro rey Hassan II; pero, como señalé, no estuvo presente el líder de la Francia Libre, Charles de Gaulle; una señal política de enorme peso.

Durante la velada, Roosevelt expresó su profunda simpatía por las aspiraciones de libertad del pueblo marroquí. El presidente estadounidense criticó abiertamente el sistema colonialista europeo y le sugirió al sultán que, una vez terminada la guerra, Marruecos podría contar con el apoyo económico y político de Estados Unidos para desarrollarse de forma independiente, especialmente en la explotación de sus propios recursos naturales.



Esa cena fue el detonante psicológico que necesitaban los líderes marroquíes. Al ver que la mayor potencia económica y militar del mundo respaldaba su soberanía, el sultán y los movimientos independentistas comprendieron dos cosas clave: que Francia ya no era invencible (había sido ocupada por la Alemania nazi y ahora necesitaba de los Aliados) y que el colonialismo tradicional ya no gozaría de legitimidad internacional tras la guerra[18].

Este baño de confianza fue el que empujó directamente al sultán a coordinarse con los nacionalistas[19] que redactaron y proclamaron, apenas un año después, el Manifiesto de la Independencia[20] de 1944.

Esto marcó un antes y un después en la historia moderna de Marruecos.

Firmado por 66 líderes nacionalistas del partido Istiqlal (Independencia) —entre ellos una mujer, Malika Al-Fassi[21]—, constituyó la primera reclamación formal, pública y unificada de la soberanía e independencia total del país frente a las potencias coloniales de Francia y España.

Hasta la publicación de este texto, el movimiento nacionalista marroquí solo había exigido reformas políticas y sociales dentro del marco legal del Protectorado; con este manifiesto, la estrategia cambió radicalmente hacia inmediata la exigencia del fin del protectorado y la ruptura total.

La respuesta de las autoridades coloniales francesas fue altamente represiva: detenciones de los firmantes del documento y de militantes del Istiqlal. Eso desató una ola de protestas y disturbios populares en ciudades clave como Rabat, Fez y Marrakech, que fueron sofocadas con contumaz brutalidad por el ejército colonial francés, dejando decenas de víctimas[22].

En esas que, el avance aliado prosiguió en Europa y en la primavera de 1945 llegó la derrota alemana. El nuevo escenario de paz modificó el equilibrio estratégico del Estrecho, aunque las fortificaciones de Ceuta, sin embargo, permanecieron en el paisaje como huella material de aquella etapa[23].

El final de la IIGM puso fin a la emergencia militar internacional, pero no a las dificultades económicas de la posguerra que, como continuidad a las de la guerra civil, se dejaron sentir en Ceuta.

Eso sí, se avanzó en el Plan General de Ordenación Urbana, asociado a Pedro Muguruza, cuyo proyecto se había presentado en 1944 y no comenzó a desarrollarse hasta 1946. El objetivo era articular el centro urbano, el monte Hacho y el Campo Exterior. Ese mismo año se reforzó la presencia administrativa del Estado en una etapa marcada por la escasez de recursos y las necesidades de salud pública.

En 1947 los esfuerzos de Ceuta se centraron en infraestructuras para el puerto ya que la actividad portuaria seguía siendo esencial para el abastecimiento y la economía local, aunque la recuperación estaba condicionada por la autarquía y las dificultades del comercio exterior.

Y el trienio 1948-1950 centró la actividad ceutí en actuaciones de abastecimiento de agua, saneamiento, abastos y vivienda; Se creó la Escuela de Comercio y se fomentó la interculturalidad. En este periodo, mientras el entorno afrontaba los problemas propios de una ciudad con recursos limitados y una economía muy dependiente del puerto, la administración y las guarniciones dieron vida a Ceuta.

A partir de 1950 se consolidó la convivencia diaria en la ciudad de las cuatro comunidades principales (cristiana, musulmana, judía e india), integradas en el comercio del centro y los barrios periféricos en expansión como Hadú.

Además, el puerto de Ceuta consolidó su posición como una de las estaciones de aprovisionamiento de combustible (bunkering) más importantes del Mediterráneo, gracias a su ventajoso régimen fiscal de puerto franco, lo que generó una enorme riqueza local ,convirtiéndose en el motor económico indiscutible de la sociedad civil ceutí. Ceuta superó los 58.000 habitantes de hecho y la población musulmana no alcanzaba el 10%, manteniéndose prácticamente el número de judíos (poco más de  300) e hindúes (superando ligeramente el centenar).

Pero es el momento en que se reactivan las pretensiones territoriales sobre Ceuta y Melilla.

Aquí llegados, conviene recordar (y con énfasis) que en torno a los protectorados español y francés, aunque no con la misma intensidad, bullía el ánimo independentista al máximo nivel insuflado por la sobremesa posterior a la cena del sultán con Roosevelt y Churchill del año 43.

Eso sí, en el lado español, el régimen de Franco adoptó una postura mucho más tolerante, excesivamente tolerante, con los nacionalistas marroquíes; como si no fuera con nosotros.

El punto de ruptura definitivo que unió el destino de ambas zonas ocurrió en agosto de 1953, cuando Francia derrocó[24] y exilió al sultán Mohammed V por apoyar a los independentistas, imponiendo en su lugar a un sultán títere, Ben Arafa[25].

España se negó rotundamente a reconocer al sultán impuesto por Francia, considerando que los franceses habían tomado la decisión de forma unilateral. Es más, el Alto Comisionado español en Tetuán, teniente general García Valiño manifestó al Jalifa de Tetuán[26] la afinidad española al exiliado Mohammed V[27].

Pero a pesar de ganarnos ciertas simpatías de los afectos al sultán no supimos sacar beneficio de aquella política; al contrario, el rechazo a abordar las exigencias territoriales del Marruecos independiente (que se centraban en la costa atlántica entonces) enturbió las relaciones bilaterales a partir de ese momento.

La postura contraria a la negociación de España provocó que los nacionalistas de ambas zonas se unieran bajo una misma causa y aceleraran la lucha armada (al principio) contra Francia, sabiendo que el frente norte español no colaboraría con los franceses.

Y un tanto ajena al proceso que se libraba en el protectorado francés prosiguió Ceuta también en el quinquenio 1951-1954. La Ley de 22 de diciembre de 1955 reorganizó el régimen económico y administrativo de Ceuta (y Melilla) buscando superar las limitaciones del sistema fiscal anterior y establecer nuevas bases para el desarrollo económico.

Pero la situación de ingobernabilidad en el protectorado francés, y los problemas que le estaba dando a París los reveses en Indochina (Vietnam) y Argelia, obligaron a Francia a negociar la independencia porque mantener el protectorado empezaba a resultarle más costoso política, militar y estratégicamente que aceptar un Marruecos soberano, pero vinculado a Francia. En octubre de 1955, obligaron a Ben Arafa a abdicar abriendo el camino para el triunfal regreso de Mohammed V de su exilio en Madagascar y, por consiguiente, la firma de la independencia pocos meses después, en 1956. 

 

Y mañana seguiremos con Ceuta… y arrancaremos con Al-Fassi.…



[1] Tercio Duque de Alba, 2.º de la Legión; Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta n.º 3; Batallón de Cazadores de África Ceriñola n.º 6; Batallón de Cazadores del Serrallo n.º 8; la Agrupación de Artillería de Ceuta; unidades de Zapadores y Transmisiones; el Grupo de Ametralladoras de Posición. El Hospital Militar O’Donnell, construido a partir de 1913, contaba con personal médico, farmacéutico, administrativo y tropa dedicada a los servicios hospitalarios. En total, poco más de 15.000 hombres entre soldados, auxiliares y oficiales.

[2] Ejercicios militares desarrollados por el Ejército de África en el valle de Isagüén (Ketama) entre el 5 y el 12 de julio de 1936 en los que habían participado unos 18.000 hombres. El domingo 12 un grupo de jefes y oficiales durante el banquete que puso fin a los actos comenzaron a gritar la consigna “¡café¡”, “¡café¡” (Camaradas, Arriba la Falange Española). Eran respondidos por otros con: “¡siempre¡, ¡siempre!” Presidía el acto el general Manuel Romerales Quintero, comandante jefe de la circunscripción oriental del protectorado español con sede en Melilla, que no conocía el significado de aquella consigna.  Así, el 17 de julio, un grupo de oficiales al mando del cual actuaron el coronel Luis Solans Labedán y el teniente coronel retirado Juan Seguí Almuzara, jefe de la Falange en el protectorado español de Marruecos. iniciaron la insurrección al verse sorprendidos por una indiscreción en su conspiración, lo que les obligó a adelantar los planes previstos para el 18 de julio. Ocuparon el edificio de la comandancia de Melilla.

[3] Franco, como Comandante General de Canarias, tuvo esa reunión en La Esperanza (Tenerife) el 17 de junio de 1936.

[4] Tras estallar la rebelión en Melilla a media tarde, el teniente coronel Juan Yagüe lideró el movimiento en Ceuta. A las 23:00 horas, las fuerzas militares rebeldes tomaron los puntos estratégicos de la ciudad prácticamente sin encontrar resistencia armada. Las autoridades civiles y militares leales a la República fueron arrestadas de inmediato. Durante las primeras horas de la rebelión se organizó un plan clandestino para asesinar a Franco a su llegada a Ceuta. El complot, liderado por el cabo José Rico y varios soldados del Batallón de Cazadores del Serrallo Nº 8, fue delatado por uno de sus compañeros, lo que provocó la detención y posterior procesamiento de los implicados antes de que pudieran actuar.  Al quedar bloqueadas las comunicaciones marítimas ordinarias por la escuadra fiel a la República, Ceuta se convirtió en el puerto logístico clave. El 5 de agosto partió de allí el denominado «Convoy de la Victoria» (escoltado por el cañonero Eduardo Dato), logrando burlar el bloqueo y trasladar las primeras grandes unidades del Ejército de África hacia la península para continuar el avance militar.

[5] El 18 de julio Franco despegó del aeródromo de Gando, en Gran Canaria, rumbo a Marruecos, con escala en Agadir y llegada a Casablanca, donde pasó la noche. El 19 de julio de 1936, Franco llegó primero a Tetuán. Aterrizó aproximadamente a las 7:30 de la mañana en el aeródromo de Sania Ramel. Tetuán era entonces la capital del Protectorado español en Marruecos y asumió el mando de las tropas sublevadas del Ejército de África. Franco llegó a Ceuta procedente de Tetuán el domingo 19 de julio de 1936, a primeras horas de la tarde y se dirigió al edificio de la Circunscripción Occidental, próximo a la Iglesia de África donde se reunió con los mandos militares sublevados, encabezados por Juan Yagüe. La ciudad estaba ya bajo control de los militares rebeldes desde la noche del 17 al 18 de julio.

[6] El portal de Patrimonio Cultural de Ceuta, que recoge investigaciones del historiador Francisco Sánchez Montoya, detalla todas estas cuestiones y documenta la persecución de militares leales a la República, dirigentes obreros y otros sectores de la sociedad ceutí cifrando en 268 las víctimas de la represión entre 1936 y 1944.

[7] Las fuentes consultadas no se ponen de acuerdo en el número de víctimas; pero sí se señalan, por estudios posteriores, dos ejecuciones en represalia.

[8] Siete soldados del Batallón de Cazadores del Serrallo n.º 8 y tres del Grupo de Regulares n.º 4resultaron muertos.

[9] De estos dos últimos he encontrado parte de bajas: diez militares en el Hacho el 21 y otros diez civiles el 26 de agosto.

[10] El bombardeo del Mercado Central de Abastos de Ceuta dejó 53 víctimas civiles y coincidió trágicamente con la festividad y visita del Jalifa Muley Hassan para despedir a los peregrinos musulmanes que partían hacia La Meca. Las crónicas describieron minuciosamente la devastación en el Mercado y las céntricas calles Jáudenes y la Brecha, denunciando que las bombas cayeron sobre mujeres que hacían la compra y sobre la población musulmana.

[11] En el trabajo ‘Ceuta y el Norte de África: república, guerra y represión”, Francisco Sánchez detalla con precisión el nombre de los 33 represaliados.

[15] Plan de contingencia militar, diseñado por los Aliados en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial, contemplaba la invasión del sur de España y del Protectorado español de Marruecos en caso de que el régimen de Franco se uniera al Eje o permitiera la entrada de tropas alemanas. Incluía de forma prioritaria a Ceuta porque era considerada la posición más difícil debido a sus fortificaciones y sus 8 cañones de costa. Neutralizarla era vital para asegurar el control del Estrecho de Gibraltar. Contemplaba el desembarco de comandos aliados cerca de la ciudad (en la zona de Cabo Negro) bajo fuego aeronaval para destruir su artillería y cortar las carreteras. la operación no se ejecutó debido a que España mantuvo su neutralidad tras el inicio de la Operación Torch.

[16] De Gaulle, que lideraba las Fuerzas de la Francia Libre desde su exilio en Londres, se negó inicialmente a viajar a Casablanca. Consideraba una humillación intolerable que dos líderes extranjeros (Roosevelt y Churchill) se reunieran en suelo colonial francés (Protectorado de Marruecos) para decidir el futuro de Francia sin consultarle previamente. Finalmente, Churchill tuvo que amenazarlo drásticamente con cortarle la financiación británica y reconocer a su rival como único líder francés para obligarlo a subir al avión el 22 de enero. Además, Roosevelt pretendía que el general Henri Giraud asumiera el mando del esfuerzo de guerra francés en el norte de África, apartando a De Gaulle.

[18] En agosto de 1941 el presidente estadounidense y Churchill habían formulado la Carta del Atlántico, un documento que exponía principios para el orden internacional posterior a la guerra. Entre sus ideas figuraban el respeto al derecho de los pueblos a elegir su forma de gobierno y la aspiración a restablecer los derechos soberanos de quienes habían sido privados de ellos por la fuerza. Estos principios alimentaron las expectativas de los movimientos nacionalistas en los territorios coloniales. La Carta del Atlántico establecía los principios para un nuevo orden mundial. La Carta no establecía un procedimiento para conceder la independencia a todos los territorios coloniales ni contenía una obligación general de desmantelar los imperios europeos. Churchill defendió una interpretación restrictiva de sus principios y negó que estos implicaran automáticamente la independencia de los territorios que formaban parte del Imperio británico. Roosevelt, por su parte, mantenía una visión más crítica de determinados aspectos del colonialismo europeo, aunque su política también estuvo condicionada por las necesidades estratégicas de la guerra. Esta divergencia alimentó las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos.

[19] El partido Istiqlal (Partido de la Independencia) se fundó oficialmente el 11 de diciembre de 1943 a partir de la unión de antiguos movimientos nacionalistas como el Bloque de Acción Nacional/Koutlat al-Amal al-Watani, bajo el liderazgo del carismático político e intelectual Allal al-Fassi, junto a Ahmed Balafrej y Mohamed Hassan El Ouazzani; el Partido de la Reforma Nacional (Hizb al-Islih al-Watani), liderado por Abdeljalak Torres en Tetuán e importantes líderes de los comités de trabajadores urbanos y de los sectores industriales. Esta confluencia con el incipiente sindicalismo marroquí —que años más tarde se consolidaría en la Unión Marroquí del Trabajo (UMT)— dotó al Istiqlal de la fuerza de movilización popular necesaria para sostener las huelgas y protestas masivas que vendrían después.

[20] El documento constaba de tres bloques argumentales muy claros: A) Independencia absoluta, exigía la abolición total del régimen del Protectorado y el reconocimiento de Marruecos como un Estado soberano e integrado territorialmente bajo la corona del sultán. B) Monarquía constitucional; proponía el establecimiento de un sistema democrático bajo una monarquía constitucional, garantizando los derechos de todos los ciudadanos. C) Apoyo internacional; solicitaba a las potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial (especialmente a Estados Unidos y el Reino Unido) que respaldaran la libertad del país, basándose en los principios de la Carta del Atlántico, que defendía el derecho de los pueblos a elegir su propio gobierno. El manifiesto fue redactado y presentado en estrecha coordinación secreta con el entonces sultán (y futuro rey) Mohammed V. Al dar su apoyo implícito a las demandas nacionalistas, la figura del monarca se consolidó como el símbolo político del movimiento de liberación nacional, rompiendo su tradicional rol de mediador sumiso ante las autoridades francesas.

[21] Malika Al-Fassi (1919-2007) fue una nacionalista, periodista, escritora y pionera del feminismo marroquí. Su importancia histórica radica, sobre todo, en haber sido la única mujer entre los 66 firmantes del Manifiesto de la Independencia de Marruecos del 11 de enero de 1944. Fue una de las primeras mujeres marroquíes en ejercer el periodismo y reivindicar públicamente el acceso femenino a la enseñanza. En 1937 se incorporó a un núcleo clandestino del movimiento nacionalista marroquí, conocido como Taïfa. Su marido, Mohamed Ghali El Fassi, mantenía vínculos con la corte, lo que facilitó que Malika tuviera acceso al entorno del sultán. En la memoria nacional marroquí quedó como una figura que unió dos reivindicaciones: la independencia del país y la emancipación de las mujeres.

[22] En un telegrama del 31 de enero de ese año, el Departamento de Estado advirtió a su consulado en Rabat que cualquier agitación que pudiera perjudicar el esfuerzo bélico aliado era inoportuna. Washington temía que las protestas alterasen la estabilidad de Marruecos mientras el norte de África seguía siendo un escenario estratégico de la Segunda Guerra Mundial. El 28 de enero de 1944 fueron detenidos en Rabat Ahmed Balafrej, secretario general del Istiqlal -que será protagonista de los siguientes años-, y Mohamed Lyazidi, uno de sus principales colaboradores. Del número de víctimas nadie ha querido investigar mucho. El consulado de Rabat informó de varios episodios y su número parcial.

[23] En septiembre de 1939 se creó la Comisión de Fortificación de la Frontera Sur, dirigida por el general de brigada de Artillería Pedro Jevenois Labernade para organizar una defensa en profundidad. Pero en el verano de 1940, tras la derrota de Francia y en plena expansión alemana en Europa occidental. La preocupación por el futuro de Gibraltar y por el control del Estrecho adquirió una nueva dimensión y la propuesta respondía al propósito estratégico de controlar el Estrecho y neutralizar la posición británica de Gibraltar. El sistema combinaba instalaciones de distintas épocas y funciones, distribuidas por el litoral, la península de la Almina, el monte Hacho y sectores elevados del Campo Exterior. En 1941 cinco eran los enclaves artilleros y estaban dotados de piezas de gran calibre: Punta Leona: 3 cañones Krupp de 305/35 mm, modelo de 1887. Punta Cires: 2 cañones Krupp de 240/35 mm. El Obispo: 4 obuses Ordóñez de 240/16 mm. Punta Almina: 4 piezas Vickers de 152/50 mm. Y Punta Blanca: 3 piezas Vickers de 152/50 mm.

[24] Todo comenzó con un discurso de Tánger del 10 de abril de 1947 expresó públicamente su voluntad de que Marruecos recuperase su unidad e independencia. Para las autoridades francesas, el problema era que el sultán, cuya legitimidad religiosa y dinástica era ampliamente reconocida, estaba proporcionando al nacionalismo una autoridad que la administración colonial no podía controlar fácilmente. La independencia amenazaba, por tanto, no solo el prestigio francés, sino también un entramado de intereses económicos y políticos. Los colonos franceses, conocidos como colons, se oponían a las concesiones al nacionalismo. Temían que las reformas políticas pusieran en peligro sus privilegios y su posición económica. A ellos se sumaron dirigentes marroquíes enfrentados al sultán y a la creciente influencia de los nacionalistas. Entre estos destacó Thami El Glaoui, pachá de Marrakech, uno de los hombres más poderosos del Marruecos de la época. El Glaoui encabezó una campaña contra Mohamed V y colaboró en las maniobras destinadas a apartarlo del trono. Por su parte, Mohamed V no aceptaba una solución que mantuviera indefinidamente la subordinación política de Marruecos.

[25] Mohamed ben Arafa (1886-1976), miembro de la dinastía alauí impuesto como sultán por las autoridades francesas a propuesta de Thami El Glaoui, Pachá de Marrakech durante 44 años (1912-1956) que utilizó su brutal influencia tribal y militar —apodado el "Señor del Atlas" o la "Pantera Negra"— para convertirse en el brazo ejecutor del Protectorado francés, llegando a ser más rico y poderoso que el propio sultán. El Glaoui, finalmente, tuvo que postrarse ante Mohamed V a finales de 1955 y fallecería en enero de 1956. A su muerte, la Corona marroquí confiscó todas sus riquezas, propiedades, tierras y acciones industriales. Sus herederos fueron desterrados y despojados de cualquier título. En un acto de castigo histórico y memoria colectiva, el Estado marroquí decidió dejar que sus espectaculares palacios y Kasbahs (como la de Telouet) se desmoronaran en el abandono absoluto. Hoy en día, sus ruinas siguen sirviendo en el país como un imponente recordatorio arquitectónico del precio de la traición al rey de Marruecos.

[26] El jalifa (vicario o representante del sultán) representaba al sultán en la zona del Protectorado español y ejercía la autoridad marroquí en ese territorio; Muley El Hassan Ben El Mehdi.

[27] Como recoge la crónica de AFP publicada por Le Monde el 5 de agosto de 1955 https://www.lemonde.fr/archives/article/1954/01/21/le-rassemblement-des-notables_2036433_1819218.html

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