9 ago 2013

DE GIBRALTAR; DEL CABRERO SUSARTE, DEL CORONEL FIGUEROA, DE 500 SOLDADOS… Y DE LA FATUIDAD DEL MARQUÉS DE VILLADARIAS


En la “Historia de Gibraltar” de Ignacio López de Ayala (1782) se cuenta que un buen día de 1704 pudimos reconquistar Gibraltar… pero hicimos el canelo. El cabrero Simón Susarte (Simón Rodríguez Susarte), a los dos meses de capitular y salir de la plaza con lo poco que tenía, ofertó la posibilidad de recuperar Gibraltar… y un “comando” atacó el peñón… pero los refuerzos, que sólo tenían que cruzar el istmo, no aparecieron. Ayala transcribe un manuscrito del párroco de Gibraltar, don Juan Romero de Figueroa, testigo ocular del acontecimiento.

Es demencial que en mayo de 1704 se avistara la flota anglo-holandesa y sólo se pensara en proteger Cádiz.

Es que en 1702 ya lo habían intentado: el 26 de agosto desembarcaron en Rota, y la tomaron; el 31 de agosto estaban ante el Puerto de Santa María, pero la fortaleza de Santa Catalina, con el Tercio de Armada y algunas unidades del Tercio Viejo de Levante, resiste. Y llegan los refuerzos y el duque de Ormond, al mando de los británicos, se retira; Cádiz intacta… y los ingleses, con los holandeses de aliados, peregrinan por el Mediterráneo buscando su oportunidad.

Aún hoy hay quien se niega a reconocer que los ingleses ya había acordado en 1648 (Paz de la Haya) obtener posesiones españolas. Así, en 1697 (Paz de Rijswick) pretendían obtener Gibraltar, Menorca, Ceuta… y no pillaron cacho. Estaban obsesionados y la Guerra de Sucesión les venía que ni al pelo.

En 1704, tras un raid fallido en Cataluña, vuelve la flota hacia el Sur. Y al saberlo, los militares hispano-franceses piensan en Cádiz, nuevamente. Pero los anglo-holandeses saben que Gibraltar está desguarnecido. Los 110 cañones de Gibraltar (algunos inservibles) estaban atendidos por sólo 10 artilleros. Desde la roca se pidieron cien artilleros de refuerzo, pero el capitán general de Andalucía no atiende la solicitud. Se olvida de la petición de Isabel I (la Católica): “nunca perdamos Gibraltar”. Isabel, en 1501, había nombrado a Gibraltar “municipio de realengo” (lo vinculó a la Corona) y le otorgó escudo: una llave, la llave de España. Y en su testamento lo dejó bien claro: pide a sus sucesores que “tengan i retengan en sí i para sí i para la dicha ciudad (Gibraltar); ni la enagenen de la corona de Castilla, ni á ella ni á parte de ella de su jurisdicción civil y criminal”.

En los combates de agosto de 1704 la villa y castillo de Gibraltar recibieron de 3.000 a 18.000 disparos de artillería naval (según la fuente consultada; lo cierto es que los 55 barcos de la flota atacante sumaban 2.600 cañones de todo tipo) y un asalto de la fuerza desembarcada. Antes de capitular el balance era de 64 muertos por parte española y 70 de los anglo-holandeses; pero capitulamos porque el Capitán General de Andalucía, cuatro años de guerra por medio, no atendió las peticiones del gobernador militar Diego Salinas. Esta fue la ignominia nº 1; y aún habremos de ver la más grave.

El 6 de agosto de 1704 los españoles ya se plantean recuperar Gibraltar.

El 8 de octubre de 1704 entra en acción Simón Susarte, el cabrero Ese día plantea al Capitan General marqués de Villadarias llevar un grupo de hombres a Gibraltar, por la retaguardia, por el Paso del Algarrobo, y atacar a la guarnición. Desde tierra, por el istmo, el grueso de la fuerza debería atacar. Desde la cumbre harían señales para iniciar el ataque.

En la noche del 9 de octubre, 500 soldados españoles al mando del coronel Antonio de Figueroa y con Simón, el pastor, de guía ascienden por la senda de los pastores, y por la vereda del Hacho llegan a Los Tarfes, reagrupándose en la Cueva de San Miguel (una red de cuevas). La subida es dura, y el equipo que portan los militares es escaso para permitirles la marcha.

Al amanecer del día 10 asaltaron el apostadero del Hacho y acabaron con los ingleses.

Entonces se agruparon en La Silleta, lo más alto del peñón, para iniciar el ataque, esperando movimientos desde el bando hispano-francés. El general francés Henri De Cavanne, con 3.000 hombres, debía atacar al ver las señales desde La Silleta.

A media mañana los ingleses supieron de la acción del Hacho y al mando del coronel Whetham ascendieron para recuperar el apostadero. Se entabló combate sin que desde el campamento del itsmo se apoyara a los de la cumbre que cuando se quedaron sin munición, se batieron cuerpo a cuerpo hasta que no hubo más remedio, ante la falta de ayuda, que emprender la desastrosa huída. Algunos se precipitaron al mar por el Salto del Lobo (murieron) y unos pocos, con el coronel Figueroa y el cabrero Simón Susarte llegaron al campamento donde tuvieron que escuchar que los franceses se negaron a intervenir porque esperaban la llegada de un mariscal francés ante el que deberían rendirse los ingleses… aquél honor no podía recaer en un pastor… y el marqués de Villadarias, capitán general de Andalucía, no quiso desairarlos, perdiendo en el intento casi 400 hombres y la oportunidad de haber recuperado Gibraltar.

A partir de diciembre de 1704 Gran Bretaña reforzó Gibraltar al máximo.

El 21 de mayo de 1706, perdida la esperanza de recuperar la roca, se autorizó al Cabildo de Gibraltar en el exilio fundar el nuevo pueblo que se llamó San Roque, transfiriéndosele todos los privilegios que tuvo el antiguo pueblo de Gibraltar. Simón Rodríguez Susarte, el cabrero Simón Susarte, es Hijo Predilecto de San Roque.
Francisco Arias del Castillo Fajardo y Muñoz, Marqués de Villadarias, siguió, a pesar de todo, como capitán general de Andalucía hasta su retirada en 1710 como Capitán General de los Ejércitos Reales. Aún la pifió otra vez más en Cataluña (pero esa es otra historia) y se retiró a Antequera, donde en 1711 se construyó el palacio que lleva su nombre, y allí permaneció hasta que Felipe V le requirió para la Capitanía General de Valencia entre 1713 y 1716.

Por su fatuidad estamos como estamos; Francisco Arias del Castillo Fajardo y Muñoz, Marqués de Villadarias, merecería permanecer apartado de la lista de militares de este país por mucho que comenzara en Flandes, a pesar de su hidalguía, como simple soldado de Infantería de los Tercios. Llegó a Sargento Mayor, que es el segundo al mando en un Tercio, por méritos de guerra. Llegó a Maestre de Campo, máximo rango de los Tercios. Llegó a Capitán General de los Reales Ejércitos, llegó a lo máximo del escalafón… y perdió el recuperar Gibraltar y a 400 hombres por supeditarse al mando francés (2ª ignominia).

Así nosotros llegamos a la Paz de Utrech… y se cumplió la pretensión británica de 1697: Gibraltar y Menorca… y el comercio de indias, y el asiento de negros…

En 1704, tras lo de Gibraltar, la escuadra anglo-holandesa fue repelida en Ceuta. Menos Mal.






DE LA COCA-COLA DE AIELO DE MALFERIT… AHORA QUE TODOS HABLAN DE ELLA.


Los alemanes del Der Spiegel (pero on line international) lo han publicado: The SpanishFirm that Inspired Coke (la firma española que inspiró la Coca-Cola) y hasta por Facebook me llega la noticia de asombrados españoles que sacan pecho; “inventamos la coca-cola”. Pero esto, ¿qué e lo que e? Resulta que aún hay gente por el terruño que no sabe lo de Aielo de Malferit y la Cola-Cola. Pero bueno, ¿en qué desconcertante país vivo? En mayo de 2011 lo había hecho ya el servicio BBC-Mundo: “Elorigen secreto de la Coca-Cola” en un pueblo de España.

Es que esto va de ilustres; si hasta fue el doctor Peset Alexandre el que realizó los análisis para la patente… española del invento.

Reconozco que el puntillo de diferencia entre el jarabe de Aielo de Malferit y el de la farmacia de Pemberton está en el agua con burbujitas que le puso el norteamericano. Aquí no se nos ocurrió; todo lo más, “agua del Segura que tó lo cura”.

Bueno, la verdad de la buena es que John Pemberton hizo poco por la Coca-Cola; él le daba más a la cocaína… como herido de guerra que era; no me vayan a pensar peor de lo que ya pienso yo. En realidad todo lo hicieron Frank Robinson (que trabajaba con Pemberton) y Asa G. Candler, otro farmacéutico de Atlanta (Georgia) que le compró la fórmula a Pemberton por 2.300 dólares y fundó la compañía.

En 2011, en plena euforia de la compañía de Atlanta por su 125º Aniversario, El Economista daba cuenta de que “Medios de EE.UU. dan crédito alorigen valenciano de la Coca-Cola”, al tiempo que advertía que la pizza pudo salir de Valencia para Italia con los Borgia… lo que abre otro frente que tendrían perdido los italianos. Y no vi yo esa euforia patriótica por unir ambos superéxitos.

Esto de la Coca-Cola (el jarabe de nuez de kola y coca peruana) y Aielo de Malferit lo tengo yo en mi ADN particular apenas unas horas después de ver la luz del sol en mi Alicante natal. Lo recuerdo vagamente en el ABC y en Historia y Vida; pero pónganse ahora a buscar. Luego, en mi breve paso profesional por Xàtiva (1985), conocí mucho más de cerca la historia, pues en Xàtiva estuvo parte de aquél invento.

En fin, la prensa lo ha contado en varias ocasiones; por ejemplo, el diario Levante-EMV, en julio de 1995; el diario Las Provincias, en octubre de 1998; o el diario El Mundo en junio de2011. Vamos, que no entiendo ese fulgor patrio que hincha corazones a estas alturas de la película. Aielo de Malferit era ya conocido por su reivindicación cocacolera cuando triunfó Nino Bravo. Es Aielo/Ayelo un poblet con 2 estandartes: la “botellería” y Nino Bravo… y no por este orden.

Yo para esto de la Coca-Cola en Aielo de Malferit me traslado al libro de Abel Soler (Aielo de Malefrit, Gª, Hª y Patrimonio) que además está disponible en Issuu y entre las páginas 90 y 103 lo cuenta todo, con pelos y señales.

Más de un Ayuntamiento debiera aprender cómo hacer las cosas; el de Abel Soler, para su Ayuntamiento, es un gran trabajo.

Por cierto, en Aielo de Malferit, en la Travesía de la Plaça del Palau (Ayuntamiento) a la Plaça la Font está “La Botellería”, la destilería de “Hijo de J. Juan Mompó”. Ahí siguen vendiendo el jarabe original.




7 ago 2013

DE TORRES; DE RASCACIELOS… DE CONSTRUCCIÓN EN ALTURA


A finales de julio cayó en mis manos un ejemplar del Diario de Sevilla dónde descubrí una nueva variante de la cuestión de la “modernidad” (la edificación en altura) y una noticia. Resulta que Sevilla, con su nueva torre (el allí llamdo “neo-obelisco” de la Torre Caixa-Cajasol), “ya es moderna, como Benidorm” (dice Jorge Benavides), al tiempo que anuncia que en febrero de 2014 la Torre Intempo (200 m, 56 plantas) estará en Bombay “nominada como uno de los mejores edificios de hormigón del mundo” en los premios que convoca la Asociación Científica-Técnica del Hormigón Estructural (ACHE). ¡Enhorabuena, Roberto y gente de Intempo!.

La inconclusa Torre Intempo; agosto de 2013
Las torres, parece, son sinónimo de modernidad, y otras ciudades optan a pugnar por esa modernidad. Y en torres, Benidorm es de lo más moderno. Hoy vamos con esto de las Torres en sus inicios; y llegaremos hasta los años setenta.

Cuentan que cuando muchas personas quieren compartir un mismo espacio urbano la solución llega de la mano de la torre. El concepto “Ville Contemporaine” (Charles Édourat Jeanneret-Gris, más conocido por Le Corbusier, 1922) marcó entonces el futuro, aunque el futuro había comenzado 70 años antes cuando en 1852 Elisha G. Otis inventó el ascensor “seguro que es cuando se inició la carrera de la modernidad. Bueno, fue un mano a mano entre Otis y sir Henry Bessemer; los dos son los padres del proceso. Bessemer patentó en 1855 un proceso para producir acero en cantidades industriales a bajo precio; el que se necesitaba para levantar las torres.

Y queriendo investigar en ese “futuro” resulta que la tercera pata del taburete la puso una catástrofe: el incendio de Chicago (1871). Es que hubo que reconstruir la ciudad a toda prisa y los ingenieros civiles tomaron la batuta de las estructuras. Y así surgieron las torres, los edificios en altura.

En España, hasta hace nada, sólo Madrid, Barcelona y Benidorm estaban en esa cuestión de las torres, aunque puntualmente en otros lugares del país se hicieran (Alicante y la Playa de San Juan). Me he querido entrometer en los inicios de todo esto que, arranca, en los EEUU y pese a que en Europa se hacen cosas, no será hasta los años 60 cuando se tome con fuerza la cosa.

El Home Insurance Building (Chicago, 1884, 42 m) fue la primera “torre” moderna. Bueno, la Torre de Babel (cuyos restos descubriera en 1913 Robert Koldowey, parece que medía más: entre 60 y 90 metros) no aguantó el paso del tiempo: ladrillos y argamasa de betún. Las de ahora, acero y hormigón tecnológico. Ahora mismo, para llegar a esa categoría de “torre” hemos puesto el listón en superar los 8o metros, prácticamente el doble la Home.

Las nuevas torres apuntan, gracias al acero, a muchísimo más, aunque la primera torre completamente de acero fue la Rand-McNally Building (Chicago, 1890, 50 m; demolido en 1911) para de inmediato alcanzarse las 16 plantas de la Monadnock Building (Chicago, 1892; 60 m), el primero en utilizar también aluminio. La carrera de la modernidad era trepidante, pero Chicago (1893, previo a la Exposición Colombina) emitió una ley que prohibía construcciones de más de 40 metros de altura… y el banderín de la modernidad emigró a Nueva York. Y así llegó el Flatiron Building (1902, 87 m), aunque las sedes del rotativo The World (1890, 106 m) y el Park Row Building (1899, 119 m) le precedieron y superaron en altura, pero él conserva el título y está por encima del límite de los 8o m. El Empire State Building es de 1931 (443 m).

Y es en Nueva York donde se creó el concepto de “torre”; se limitó el volumen (1903), pero no la altura, con lo que se consiguió no macizar la ciudad… y en 1961 llegarían otro “adelanto”: las “zoning laws” (alturas mayores si cedían suelo público a la ciudad). Hitos urbanísticos que aquí, en Benidorm, adaptamos con la Teoría de la Caja de Cerillas[1] y los “retranqueos”.

En Europa, fíjense, Londres inicia el proceso de sus torres en 1963 con la Centrepoint Tower (117 m), y París comenzó a pensar en sus torres cuando en 1964 aprueba su primer plan de ordenación (el de Benidorm es de 1956) y crea el Establecimiento Público para la Planificación de La Défense. Para ellos la Torre Eiffel era -y es- lo más (324 m), y en los años 70 prohibieron alturas que pudieran emularla. En Frankfurt, desde 1970, se permite sobrepasar la altura de la catedral de San Bartolomeo (96 m), pero hasta entonces, en “Bankfurt” (por aquellos de las cosas del €), nada de nada. En Moscú, los soviets quisieron en los años 30 rivalizar con Nueva York y planificaron sus torres, un conjunto de 8 edificios del que quedan en pie 7, “las 7 hermanas” (terminadas completamente en 1952; una de ellas es la Universidad Lomonósov, y otra el Ministerio de Exteriores), porque el Palacio de los Soviets nunca se ejecutó, y de los años sesenta son las 9 torres del Complejo Kalin. En Italia, de 1958 es la torre (118 m) que se levante en Cesanático, en la costa Romagnola -entre Rímini y Rávena, frente al Adriático-, y de 1960 es la Torre Pirelli de Milán a la que Celentano dedica su canción “Un árbol de 30 pisos”.

Algunas de las torres de Benidorm
Madrid, al contrario que las otras capitales europeas, fue una pionera en esto de las “torres”. En 1906 se inició, con la vista puesta en Nueva York, se construcción del Edificio Metrópolis (La Unión y el Fénix, 45 m, en la esquina de Alcalá con La Gran Vía), y en 1924 la del Palacio de la Prensa (60 m). Pero el primer rascacielos de Madrid será el Edificio Telefónica, iniciado en 1926, con 89 m. Tras la guerra comienza la batalla de las construcciones y así llega la Torre Iberia (Banco de Vizcaya, en la confluencia de Avenida de América con Francisco Silvela; 1947, 82 m), el Edificio España (1948, 117 m) y la Torre de Madrid (1954, 142 m). Después habrá que esperar a 1968 para la Torre Valencia (94 m). El Complejo Azca, las Torres de Azca, aunque proyectado en 1944 tendrá que esperar 20 años para desarrollarse al compás de La Defénse parisina.

Barcelona se adelantó a la hora de ganar altura con el Edificio Vitalicio Seguros (1921, 75 m) y ninguno otro superará la barrera de los 80 metros hasta finales de los sesenta con la llegada de las torres del Banco de Sabadell (1968, 85 m) y del Banco Atlántico (1969, 83 m) así como el Edificio Colón (1970, 110 m) y el Edificio Barcelona (1970, 83 m) cerrarían este grupo inicial.

Y llegamos a Benidorm y la Costa Blanca, el tercer lugar de rascacielos de España… en aquellos años. El primer rascacielos de Benidorm es el Edificio Front al Mar (1963, 14 plantas… que no dan la talla de este capítulo, pero que fue marcó la tendencia, como el Edificio Fábregas, de 1944, lo hiciera en Barcelona). La primera torre será el Edificio Benidorm (1965, 87 m), y acto seguido Juan Guardiola, el arquitecto, construirá en la Playa de San Juan el edificio La Rotonda (1967, 87 m), y en l’Albufereta el Vistamar (1967). La Torre Coblanca (1966, 94 m) marcará un hito constructivo.

Secuencia de construcción de las principales torres de Benidorm
El salto a la modernidad de Benidorm llegará en los años 90... con torres de más de 80 metros casi sin parar, y aquí hemos puesto el listón español en los años setenta. Hoy Benidorm tiene 52 torres de más de 80 metros, de las que 27 superan los 100 metros… con techo construido está en los 186 metros del Gran Hotel Bali, o en los 200 metros de la aún inconclusa Torre Intempo, la nominada para Bombay’2014.






[1] El arquitecto redactor del PGOU de Benidorm (1956), Francisco Muñoz, la explicaba incansablemente para demostrar que el mismo volumen de edificación se puede construir en vertical, consumiendo menos suelo. Y ponía la caja de cerillas (el edificio) sobre un paquete de tabaco (el solar) plana (edificio bajo), por el lado del rascador (edificio medio) y por el lado más estrecho (edificio alto). El volumen siempre es el mismo, el de la caja de cerillas, pero la altura irá a más en cada paso. 

5 ago 2013

A PROPÓSITO DE LO DEL AGUA Y LAS SEQUÍAS… INCLUSO DE LA DEL 78


Insisto en lo del agua y la suerte que hemos tenido con que Beniardá fuera solidaria (tiene una avenida a su nombre en el callejero benidormero).

Ahora, dejen su mente en blanco y retrotráiganse unos cuantos siglos; cuatro docenas o más.


Desde siempre, la tribu tuvo su mago/hechicero que se ocupaba de tener la cosa a bien con el “suministrador” de lluvias. Aún hoy, me cuentan, en Cadaqués se conserva la danza del trencador de les aigües que es el ejemplo, dicen, del druida del agua que más ha perdurado en la península, junto con alguno extremeño menos conocido. Vienen de la Edad del Bronce; vaya Ud. a saber.

La romanización trajo consigo que las robigalias dejaran de ser abrileñas (25 de abril; luego lo convertirán el día de San Marcos, muy dado a rogativas) y salieran al paso, en cualquier momento, de cualquier sequía o perrería climática: la cuestión era degollar un perrillo y un lechal. El lechal, reclamando el agua que asegurar la fertilidad para los campos y la bebida de los humanos, y el chucho por Sirio (la estrella del Perro) que marcaba mucho las etapas de sequía. La de perriches y corderillos lechales que perdieron la cabeza por un llueve ahora que lo necesito.

Representación de una rogativa ad petendam pluviam
La cristianización dejó el papel del brujo de las aguas, como el de tantos otros, en manos del sacerdote, que, a falta de mejor aliado, buscó amparo en las imágenes sacras. Y así, cuando la sequía era calamitosa, se sacaba a la imagen de turno a que contemplara la desastrosa situación de los campos y gentes. Y no sé cómo, pero por lo general terminaba por llover y se arreglaba, aunque fuera una miaja, la situación. Bueno, recordemos la creencia de que las campanas alejan el pedrisco, las bendiciones aseguran las cosechas y las rogativas bien las lluvias o el cese de éstas. Dominaba una visión providencialista; la intervención divina.

Para evitar la idolatría, la Iglesia católica se inventó lo de la dulía y la hiperdulía, además de la latría: se veneran a los Santos, a la Virgen o a Dios, no a su imagen. Pero hay imágenes e imágenes. Por ejemplo, en Murcia tenía como patrona la Virgen de la Arrixaca (siglo XIII), pero en el XVII los frailes que la custodiaban no consideraron oportuno sacarla en procesión ad petendem pluvian, por lo que el cabildo tiró de la Virgen de la Fuensanta, de la que eran titulares… y llovió. Unos años después, otra impresionante sequía hizo de las suyas, y sacaron a la de la Arrixaca. Pero… no llovió. Entonces volvieron a recurrir a la de la Fuensanta, y llovió. Y, cabreados como monos,… le quitaron el patronazgo a la de la Arrixaca (venerada y entregada por Alfonso X) en favor de la de la Fuensanta. Tuvo que intervenir un Papa (Pio VI), con bula por medio, pero los murcianos se decantaron por la Fuensanta que hacía llover.

Bueno, lo de las imágenes en procesión no siempre ha tenido éxito. En más de una ocasión arrojaron al Cristo -o al santo/a- del lugar al río, todo cabreados por la ausencia de lluvias a pesar de la rogativa. Incluso, en procesión (que no en rogativa), sacan al Cristo de turno y, más que nada, le advierten. En una pedanía de Abanilla (Murcia), creo que fue en Macisvenda -porque íbamos en otro rollo y me suena-, entre baladres y tarayales, en el río Chícamo -que es un paraje reducido y precioso-, la romería que nos tropezamos capuzó al santo (San Juan Bautista, creo; y estábamos a finales de agosto) al grito de “acapuza zorroñoño y asegúranos el agua”. Y lo hicieron, ante nuestro asombro, por tres veces. 

Aquello fue a finales de los sesenta; el agua ahora parece que les llega por otros cauces.

En fin, que eso era antes; cuando vivíamos en sociedades agrarias y la dependencia del agua de lluvia tenía incluso una connotación esotérica. En el XIX padecimos las sequías prolongadas y terribles de 1800 a 1808; de 1820 a 1830; de 1840 a 1851 y de 1861 a 1880.

Pero la Sequía del XIX por antonomasia fue la de 1841-1850, de tristísimo recuerdo en el Sureste y en dos fases, siendo la más agresiva la de 1846-50. Esa sequía fue la responsable, por ejemplo, de la emigración general al norte de África ante la crisis de subsistencia en toda la provincia de Alicante (y en Murcia, y en Almería se buscaron la vida de otra manera). En el XX no fue mejor la cosa: 1904 a 1914; 1978 a 1984 (la que nos ocupa) y 1992 a 1996, sin olvidar tres bienios sequísimos (1938-39, 1944-45 y 1963-54).

Bueno, ya en los setenta y como baluarte turístico que éramos, no estábamos, por culpa de la sequía, como para cambiar de patrona, capuzar al Cristo, o acudir al barranco del Murtal en procesión rogativa. Mucho menos en tirarlo todo por la borda y largarnos al norte de África de donde habían salido ya por peteneras los países colonialistas (especialmente Francia). Entonces lo mejor fue recurrir a la geología (los acertados informes de José Luís Hervás), tras sonoros fracasos de zahoríes (radiestesistas).

Y se encontró agua en 1979. El 24 de marzo de 1979 comenzó a funcionar el primero de los pozos de Beniardá… pero la situación la remedó, cómo no, una gota fría en octubre. Aquél verano del 78 se pasó como se pudo, bordeando la legalidad y la sanidad. A partir del 24 de marzo de 1979 cambió la historia con el agua de Beniardá.

La cosa no era del 78; venía de atrás… y con retranca. Es que titulares como “Benidorm: un gigante que se bebe el agua de los campesinos. Callosa de Ensarriá se subleva” (Blanco y Negro; 22.05.1976) donde se recuerda que en 1934, aprovechando que la Guardia Civil estaba desplegada sofocando la Revolución de Asturias, “los callosinos dinamitaron 200 metros de canal que pretendía quitarles el agua y llevársela hasta Altea” generan un poco de miedo. Claro, aquello era la España del 34 y esta de la que hablamos fue la del 78. Y no se estaba por “robar” el agua de El Algar.

Don Pedro Zaragoza presumía de zahorí y de haber localizado algunos pozos, pero el pozo que brotó fue en los tiempos del alcalde Rafael Ferrer Meliá (que no tiene calle en el callejero local).

Por cierto como consecuencia de la “Sequía del XIX” el gobierno de entonces solicitó a los científicos del momento opiniones -Memorias se les llamó- para intentar poner remedio. Manuel Rico Sinobas, el físico y médico que consiguió con su tesis ganar el premio llega a decir que “el clima ha cambiado… por deforestación”; y estábamos en 1851. Lo que evidencia que no es novedoso lo de los calentólogos de ahora. Pero acto seguido señala que “Nuestro clima Puni-Ibérico no ha cambiado respecto a las aguas hidrometeoras”.


3 ago 2013

DANDO LAS GRACIAS A BENIARDÁ POR EL AGUA… AHORA QUE ELLOS ESTÁN EN FIESTAS


Beniardá (38º 41’ 46” N – 0º 12’ 16” W) es un poblet de poco más de 200 habitantes (248 en 2012, dice el INE) que está por encima del embalse de Guadalest y que celebra sus fiestas patronales en el primer fin de semana de agosto. Beniardá está a 8 km de Guadalest y a 35 km de Benidorm. Ha salido en prensa que se ha firmado el tradicional convenio por el que Benidorm (38º 32’ 3” N – 0º 7’ 53” W) aporta, en esta ocasión, 8.000 € para sus fiestas y más de uno/una me ha salido por peteneras en el poble. ¡¡Demencial!!

Y eso sólo obedece a la estulticia supina de no tener, entre las muchísimas y absurdas asignaturas de los planes de estudio que padecen nuestros jóvenes de ahora antes de llegar a la Universidad, una asignatura propia que les enseñara a estos benidormeros/as aspectos básicos sobre la ciudad en que viven, una ciudad que se ha hecho a sí misma gracias al esfuerzo de sus ciudadanos: los aborígenes fills del poble y otros forasters que nos han precedido, incluso los que llegamos en los ochenta.

Es lamentable que mucha de esa gente que se presume de vecino/a de Benidorm no sepa de la misa la media; ni lo de las sequías. Hombre, no digo yo que no tenga ni repajolera idea de lo que traerse un iceberg a la bahía (que a más de uno le molaría la historieta y que aún me faltan detalles para referirla con propiedad), pero lo del esfuerzo por asegurarnos el abastecimiento, el poder driblar a la indigencia hídrica que nos marca, debería ser de obligado conocimiento.

Hombre, Francisco Amillo ha contado muy bien lo del Reg Major y la sèquia mare… y lo del Consorcio de Aguas de la Marina Baixa. Benidorm es una de las pocas ciudades con 2 -¡¡dos!!- Cartas de Poblament. Hasta que en el XVII no se aseguró un mínimo de agua, aquí no hubo futuro posible.

Y cuando en los años sesenta esto empieza repuntar (lo de la Almadraba se nos acaba en los cincuenta y la Trasatlántica iba siendo historia, como lo fueran los guardacostas y las acciones al corso) volcados en el Turismo, llegan las sequías. La primera importante fue la de 1964; estábamos tan en mantillas turísticas que se notó lo justo. La de 1969 ya fue otra cosa. Se decidieron, en el curso de la misma, las primeras actuaciones serias: bombear los sobrantes del “río” Algar hasta el Embalse de Guadalest… cuyas obras no estarán terminadas hasta 1977.

Y en el 77 estábamos en el tercer año de un aparatosa situación seca que se había iniciado en 1975… En 1978, ya, ni gota, ni gota. Los tres veranos que van del 75 al 77 se pasaron con enormes dificultades, pero para el verano de 1978 sólo nos quedaban las rogativas “ad petendam pluviam” y las cubillas del Ejército del Aire repartiendo agua por las calles del casco tradicional y los aljibes de la Armada enchufando su carga en la conducción que entierra la arena de la Playa de Levante frente al Manila. Más de uno en el hotel de turno hizo café echándole el agua de la piscina a la máquina… y no se fue el turismo (de vareta). Hombre aquí entraría la historieta de la EDAR, de la cota 75, y de las contribuciones especiales que pagaron religiosamente todos los de aquí, porque de la Administración… ni gota, ni gota. Como en tantas otras cosas de Benidorm.

En 1978, el Servicio Geológico del entonces MOPU autoriza a la CHX los sondeos en Beniardá y se consigue -a base de mucha profundidad, buenas bombas, alguna acidificación importante y muchísima electricidad (que es una pasta gansa)- el agua para el Consorcio de Aguas de la Marina Baixa; que es como decir, es la realidad, el agua para Benidorm.

Desde 1979, por “h” o “b” no hemos tenido problemas (serios problemas). Ahora el cordón umbilical Taibilla-Amadorio es un seguro de vida, pero desde 1979 somos lo que somos por Beniardá y una excelente gestión que iniciara José Ramón García Antón, el ingeniero, y han seguido Paco de Santiago y otros.

Vamos, que colaborar con Beniardá es un deber moral que dejaremos en herencia a los nietos de nuestros nietos. Aquella agua de 1979 era para su agricultura y la cedieron. Ese y todos los demás años… a cambio de la que suelta la EDAR.

La Unidad Hidrogeológica Sierra Aitana (08.45) tiene 47 acuíferos y 195 puntos de agua, de los que 96 son manantiales, con más de 60 vivos. El resto, sondeos; y uno de ellos es el de Beniardá.



El Campo de Sondeos de Beniardá consta de 9 pozos, aunque sólo 3 son operativos. El acuífero de Beniardá, en un afloramiento del Turioniense calizo, ocupa gran parte de la mitad oriental de la unidad hidrogeológica en dos áreas litológicas: una de calizas micríticas del Cretácico superior (Barranco de Xirles) y otra de gravas, arenas y limo del Pliocuaternario, como el mismísimo río Guadalest aguas abajo del Embalse. La sierra de Polop y los relieves montanos de El Florent, Peña Martí y El Casals, en el Norte, y el Ponoig (1.182 m) en el Sur son puntos vitales. Casi en el centro del acuífero (de 105,5 km2) se encuentra el Embalse de Guadalest. El acuífero de Beniardá es un acuífero confinado y muy profundo en gran parte de su extensión.



En el sector centro oriental destacan hasta tres sinclinales estrechos de gran envergadura, de norte a sur, Barranco de Tagarina, Barranco de l'Arc y Alto de la Capitanía que son las responsables de acumular en esta zona las mayores reservas hídricas subterráneas de la unidad hidrogeológica.

El funcionamiento del acuífero es relativamente complejo por su carácter predominantemente confinado -y su profundidad- en el que la recarga se produce únicamente por infiltración de la lluvia sobre los afloramientos permeables de las sierras citadas. El acuífero tiene salidas naturales que se producen a través de varios manantiales localizados en los cascos urbanos de La Nucía y Polop, así como por la pedanía de Xirles. Los más relevantes, históricamente, son La Salud, El Garrofer, Cotelles, Xirles y el de Rovira.

El conocer nuestra historia, historieta -por corta- si se quiere, nos evitaría quedar como lerdos/as cuando desde la necedad aireamos nuestra ignorancia.




DE LA HIGUERA DEL NÁUTICO


La susodicha higuera
En el Paseo de Colón, a la altura de la Escuela de Vela del Club Náutico de Benidorm, hay una higuera. Cada mañana, en esta nueva faceta de mi vida, salgo a andar y, según el itinerario que siga, a la altura del kilómetro 4’300 (paso arriba, metro abajo) o del kilómetro 7’100 (metro arriba, paso abajo) paso por debajo de ella y me inunda su particular aroma. Es una gozada, reconforta e imprime fortaleza para llegar al destino: a la ducha.

Es una higuera y ya se ven los higos.

No sé si es refloreciente o brevera (o bacorera) -en junio no hacía yo este periplo matiner- pero ansío enfilar, ahora, el Paseo de Colón para pasar bajo ella; es ahora un poco mi higuera.

La higuera es una morácea fascinante; por lo general, en el Mediterráneo, crece espontáneamente en muchos espacios. Y además de esa característica de poder dar dos cosechas (brevas, para antes del verano -que en realidad son flores tardías de otoño-, e higos para después del verano -que son las flores del año-) tienen la particularidad de poder ser árboles dioicos (árboles de flores bien masculinas o bien femeninas; a los de flores masculinas se les conoce como cabrahígos -o higos de Capri-, y suelen ser silvestres) o monoicos (flores masculinas y femeninas en el mismo árbol). Por lo general, las de por aquí son monoicas, autofértiles. Y más cosas: el higo, en realidad, es una infrutescencia, el fruto de un fruto: lo que nos comemos y parecen semillas (destripen un higo y verán), en realidad, son los frutos de la higuera. Y más cosas: tienen flores, muy pequeñas y de color amarillo, que son difíciles de observar. Ah, se dice que el que ve (o la que ve) una flor de higuera la noche de San Juan gozará por siempre de la felicidad.

La higuera fue uno de los primeros árboles que el hombre cultivó y se encuentra bastante ligado a él. Tiene su origen en la Caria, esa zona de Turquía a la que apunta la isla de Rodas, y por ello la clasifican como Ficus carica. Es una planta arbustiva genial; de esas de planta y olvida. No necesita cuidados, y da, cuando menos, higos; y brevas e higos las reflorecientes. 
Bueno, tiene alguna plaga la higuera y un par de posibles enfermedades, pero nada del otro jueves.

higos en la higuera
Adán y Eva, después del Pecado Original, se cobijan bajo una higuera y cubren sus partes pudendas con hojas de higuera (pámpanos de higuera le decían en Lo Reche); era, dicen, uno de los árboles más abundantes en el Paraíso Terrenal. Los egipcios gustaban de su cultivo, y adoraban los higos; después será uno de los árboles más señalados en la Tierra Prometida y animará aquella huída.

La higuera es el árbol de Venus y la breva y el higo tiene sus connotaciones sexuales. A Rómulo y Remo los amamanta Luperca, la loba, bajo una higuera, y las ofrendas al dios Baco eran con higos. Tanta importancia llegó a tener el higo en Roma que la Tercera Guerra Púnica se inició cuando Marco Porcio Catón, el censor Catón el Viejo, presentó hermosos higos púnicos y dijo dos cosas: “están a sólo 3 días de Roma” (¡Ojo! que pueden acabar con nuestro mercado) y, luego, la célebre frase de “Cartago delenda est/Cartago debe ser destruida”.

Ah, también tiene su lacra: resulta que Judas se ahorcó en una higuera y, a pesar de la traición, se la maldijo. Bueno, es que Jesús ya la había maldecido previamente, aunque hay quien dice que se trató de un cabrahígo (higuera macho) y no de una higuera.

A mí, esta higuera del Náutico, me recuerda los veranos de Lo Reche; aquellos de traje de Adán, sandalias y bicicleta. Frente a la Casa del Canal, mi abuelo José tenía sus higueras de higos, de dos en dos, de “verdal”, “blanca” y “pellejo de toro”. Una vez supe distinguirlos. 
Cada tarde, al caer el sol, había ración de higos, y unos bancales más allá se cogían los que se secaban en cañizos. Mi padre contaba lo de Platón y los higos: durante mucho tiempo se dijo que eran “alimento de filósofos”... no sé si por su poder nutritivo o porque el filósofo no hallaba otro sustento. Eso sí, tanto Hipócrates como Galeno los recomendaban.

El verano se acababa cuando mi abuela Mercedes y aquellas gentes se ponían a preparar el 
dulce de membrillo, el arrope y el calabazate. Arrope de higos, negro dorado y dulce; calabazate con membrillo y melón… cosas que no he vuelto a probar, cosas de Lo Reche y de aquella niñez donde el Canal de Riegos de Levante, entre 2 partidores, era una auténtica piscina olímpica.

También en Lo Reche, junto a la Casa de la Palmera, había un grupo de higueras brevales de la variedad “colar”; por las mañanas, al principio del verano, acompañaba a mi padre a coger unas docenas… y más de una breva madura terminó despanzurrada en mis manos, o cayó desde ellas al suelo… con la consiguiente bronca; eran las mejores. Y no se me ha olvidado el refrán: “después de comer brevas, agua no bebas”… porque esa combinación es un laxante eficaz

La “leche” de la higuera (el látex de la higuera) servía para muchas cosas. Recuerdo que Ramón cuajaba leche muy azucarada con unas gotas de este látex, removiendo con el rabo de una buena hoja de higuera; y estaba buena. Y una vez que me picó una avispa me frotaron con “leche” de higuera… y se pasó. Y decían que la gente fabricaba una buenísima lejía, muy desinfectante, con la ceniza de las ramas de la higuera. Decían.

Pasar bajo la higuera del Náutico me trae muy buenos recuerdos… que me impelen para poder culminar mi periplo matinal.





1 ago 2013

DE KIVALINA, UN PUEBLO QUE DESAPARECE… A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES


Pues no que ayer salta la alarma: “Un pueblo de Alaska desparecerá bajo el océano en una década”, o “Kivalina, el primer pueblo norteamericanoque desaparece a causa del cambio climático”. Y son capaces de contar que “Kivalina, un pueblo mayoritariamente de esquimales, pero con todas las características del mundo moderno, era hasta hace apenas horas un verdadero desconocido del pueblo norteamericano: sin embargo sus 400 habitantes han pasado a un papel protagónico al conocerse que se trata del primer pueblo que desaparecerá bajos las aguas del Mar de Bering, en unos diez años, como consecuencia de los efectos del cambio climático”.



Y no, esto no es así. Estos tíos no se enteran. Llevan 6 años de retraso desde que Los Ángeles Times dio la primera noticia sobre Kivalina (Una isla que pierde terreno) y dos, por ejemplo, desde que Christine Shearer escribió su libro “Kivalina. A Climate Change Story” denunciando la situación y que hemos estudiado muchos (por lo menos lo hemos hecho en mi grupo de trabajo sobre efectos de la Variabilidad Climática).

Bueno, sin tomar partido y bajo mi formación de geógrafo, consciente de la realidad de la variabilidad climática, insistiendo en la incompatibilidad de las palabras “cambio” y “climático” (porque el clima -el tiempo- es dinámico; acuérdese de cuando estaba en la escuela), reconozco que en Kivalina hay un problema que se reparten a medias la naturaleza y el hombre.

Kivalina se asienta en una barra de arena de 12 km de longitud, un cordón litoral de arena asentado sobre un fondo coralino (por eso algunos lo llegan a llamar arrecife de barrera), que cierra la desembocadura del río Kivalina, en la laguna de su mismo nombre, en Alaska

Kivalina; Temperatura y Precipìtación
Vamos, que Kivalina está arriba, pero que muy arriba: 67º 43’39’’ N – 164º 32’21’’ W. En invierno, no hay problema: barra de arena y Mar de Chukchi (un mar marginal del Océano Ártico) son una misma costra de hielo. En primavera, con el deshielo, no hay problema, pero en verano la cosa cambia, y en otoño, las tormentas de otoño, montan un sin Dios -cada año- que llevan la barra a mal traer. La erosión costera es el problema, no el aumento del nivel del mar.

Todo comenzó a finales de los 60 cuando construyeron la pista de aterrizaje y se reforzó el terreno detrayendo la capa de grava que constituía la defensa natural ante la furia otoñal del Mar de Chukchi. Una sucesión de temporales en los ochenta y noventa y muy especialmente en 2004 y 2007 han dejado la barra arenosa bajo mínimos. Por lo general, si en otoño las temperaturas son muy bajas, la capa helada -granizada entonces- impide la fuerte erosión de la costa arenosa en los temporales. Pero si no se produce esa congelación del mar hasta bien entrado el invierno, no hay barrera amortiguadora contra el oleaje.

Kivalina en invierno;
No Problem
Varias empresas (por ejemplo Nortwest Artic Borough) actuaron con diversas iniciativas para proteger Kivalina con containers HESCO, incluso el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EEUU (USACE) construyó en 2008 una barrera… y volvieron a utilizar las gravas de la fachada marítima con lo que desprotegían más la barra de Kivalina. Además, los nativos construían sus sigluaqs (sótanos helados) para conservar la pesca (trozos de ballena y pudrideros de carne de morsa) en la misma barra arenosa. Muchos sigluaqs han colapsado ante el empuje de la erosión que al llegar a ellos ha continuado erosionando aún más la barra al encontrar ese vacío del terreno.

El caso es que por “h” o por “b” se van a convertir los casi 400 ciudadanos de Kivalina en refugiadosclimáticos”; los primeros de los EEUU. Los inuit del lugar protestan porque no les han hecho caso y -de quemados, al río- buscan echarle la culpa al cha-cha-cha del CC amparándose en la concienciación social respecto del CC. En 2011 ya tuvieron que ser evacuados cuando arreciaron las tormentas otoñales y entonces ya estaban de vuelta de todo.

El Gobierno de los EEUU ha diseñado el plan de reubicación de Kivalina en una zona más firme al otro lado de la laguna, en zona continental, donde desemboca el río Kivalina: carreteras, escuela, consultorio médico, casas, servicios… entre 125 y 400 millones de dólares les costará el nuevo poblet, según la ubicación.

Po su parte, la gente de Kivalina intentó en su día sacar tajada de la desgracia y no tuvieron otra ocurrencia que demandar a 9 petroleras (entre ellas a la todopoderosa Exxon Mobil Co.), 14 compañías eléctricas y una compañía de carbón a las que les piden más de 400 millones de dólares en concepto de indemnización al considerarlas responsables de los efectos del CC -por sus emisiones de gases de efecto invernadero- y la desprotección de su pueblo ante los efectos de las tormentas otoñales. La demanda fue desestimada.

Hoy el problema radica en que el Gobierno Federal está dispuesto a ubicar Kivalina en tierra firme, pero ninguno de los asentamientos propuestos cuenta con el placet de los inuit, y ninguno de los asentamientos propuestos por los inuit, por puras razones geológicas, satisface a la Pacific Ocean Division del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EEUU que es quien ya tiene los planos y los medios para reubicar Kivalina y paliar el error que en 2008 cometieron al construir un dique descarnando parte de la defensa natural del lugar.

Unos por otros, la casa sin barrer. La alianza entre la variabilidad climática y la negligencia humana es demoledora… y la indigencia de conocimiento científico sobre el caso Kivalina por parte de los propaladores de noticias catastrofistas es supina… y pasa lo que pasa: ¡a la gloria por un titular mentiroso!