10 feb 2014

DE CUANDO LOS VAGOS SÓLO ERAN LOS ERRANTES… CON HAMBRE, MUCHA HAMBRE.


La Ley de Vagos (y maleantes), La Gandula, fue un invento de la Segunda República (ley del 04.08.1933) que posteriormente fue modificada (15.07.1954) durante el franquismo para incluir en ella a los homosexuales. No contemplaba penas de cárcel. Fue sustituida y derogada en 1970 por la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social (¿?) que sí las contemplaba. La del 33 se refería a vagabundos (vagos sin empleo), nómadas, proxenetas y antisociales varios. El vago era (y es, semánticamente) el errante en una sociedad sedentaria. El vago es ahora el que no hace nada; el que no quiere trabajar.

Pero, ¿desde cuándo han sido los vagos (en general) un problema en España?

Los vagos no tuvieron consideración de problema en España hasta mediados del siglo XVI. Los vagos eran los errantes; tenían oficio (sin beneficio claro; más bien nulo) pero el hambre les llevaba a las ciudades. Aquellos vagos diferían en su consideración de los vagos sin ocupación.

Los vagos fueron un problema grave en España al compás de las hambrunas.

Y cuando estas llegaron, se sucedieron las disposiciones para atajar “el problema”, especialmente en el  siglo XVIII: Ordenanzas de 1725, 1726, 1733, 1749, 1755, 1775 (Ordenanza militar por la que los vagos de entre 17 y 30 años debían encuadrarse en el Ejército), 1783, 1784, 1785, 1786, 1789, 1791, 1798… Visto que no había forma de atajar el problema, pues la cuestión era la economía, ya en el XIX dejaron de emitir los gobiernos patrios normativas específicas contra los vagos. Nada más entrar en el siglo XX el vago, por errante, dio paso al vago sin ocupación, oficio o profesión.

El problema se inició, siempre han dicho los que entienden de esto, porque en España la revolución se inició “desde arriba -desde el poder-, auspiciada por los reformistas y con la oposición de los privilegiados (dicen también que, nobleza y clero).

Ni siquiera Carlos III -el que más se lo curró- consiguió sus propósitos; su reforma económica, promovida por Esquilache -el mismo que cercenó las capas y prohibió el chambergo (en una reforma que incidía en la salubridad y la higiene y donde las capas era una nimiedad)-, trajo carestía de precios y, en consecuencia, hambre. Cuentan que la libra de pan (460 gramos) llegó entonces a los 14 cuartos (y una familia necesitaba al menos dos libras de pan al día) y el jornal diario estaba en los 4 reales (34 cuartos; 1 real equivalía a 8’5 cuartos); y el pan era el alimento principal. Así llegó el Motín de Esquilache (1766).

Pero ese motín no fue más que uno más de los muchísimos motines de subsistencia que se produjeron en España (y en toda Europa) durante los siglos XVII,  XVIII, XIX y XX; desde el no menos célebre (y pionero) Motín de los Gatos (1699; a los madrileños les llaman “gatos”) hasta el motín que acabó en la Huelga de 1917. Tres siglos de motines de subsistencia; tres largos siglos de amotinamiento por hambre.

Durante todos esos años, desde el XVI, fueron legión los campesinos pobres (labradores, pastores y jornaleros), los inválidos, las viudas y las llamadas minorías no integradas (judíos, gitanos, esclavos y cautivos, que aún había en aquella España del Antiguo Régimen) que generaron el concepto de vago, por errante, al irse a las ciudades en busca de alimento por las hambrunas del campo; no ya en busca de trabajo, pues sabían que no había. 

Consideraban aquellos vagos que las posibilidades de subsistencia en las ciudades eran (y así fue) mayores. Pero es que la subsistencia en las ciudades sólo se lograba a través de la caridad. Más terrible aún.

Así, por caridad -diezmos y primicias-, proliferaron, gracias a las obras de beneficencia que iniciaron particulares e instituciones (conventos, cofradías, fundaciones, Órdenes Mendicantes y obispados) los hospitales de caridad (las llamadas Diaconías), las casas de misericordia, los albergues, los asilos y los hospicios por doquier. España, a finales del XVIII, era la nación europea con mayor número de instituciones de este tipo, financiadas por las Obras Pías, en las que se vivía de las limosnas y se comía (y cenaba, cuando se podía) la milagrosa “sopa boba”. El Catálogo de los Pobres señalaba la organización y distribución de las limosnas.

Aquello se desmandó. Para atajarlo surgió la Junta General y Superior de Caridad (1778) a instancias del conde de Floridablanca. Mantenía el murciano que era inútil una caridad sin organización porque “fomentaba a los ociosos”, como así fue… y comenzó la aventura de los vagos (ociosos) que no esperaban de la vida más... que un tazón de aquella sopa boba y un lugar donde dormir. Cada Junta de aquellas (de ciudad o de provincia) coordinaba a las diputaciones (que eran los barrios). Y hasta se creó un Fondo Pío que estabilizó la beneficencia cuasi universal.

Y don José Moñino tuvo razón. A aquellos vagos (por errantes) se unieron los nuevos vagos (ociosos, sin ocupación, oficio o profesión): los fulleros (que vivían de la fullería y las trampas) y los hampones (maleantes haraganes de poca monta). Estos nuevos colectivos se refugiaban en el gran grupo; eran tantos que degeneró en un problema mayor. Y ya el nombre de vago, por errante, cambió de concepto y cobró con ahínco un carácter aún más peyorativo.

Fue tal el auge en España de los vagos (sin ocupación) que hasta se apoderaron del término sopista.

El sopista había sido -desde el siglo XIII- el estudiante universitario sin recursos económicos que rondaba bares y tabernas amenizando el tugurio a cambio de una comida en escudilla (por lo general unas gachas). Cuando el sopista quiso diferenciarse del vago (errante) que también buscaba la comida, pasó a llamarse tuno, y al grupo de tunos, pues acudían en grupos, se le llamó tuna.

Y al final, el sopista fue el vago (bien errante, bien de empleo); España fue durante siglos un país de sopistas… y por ende, de vagos.



9 feb 2014

DE QUIEN HABLA DE TURISMO… TRAS LEER MUCHA LITERATURA, Y DESBARRA


Se levanta uno tan tranquilo a repasar la prensa y se encuentra, en El Mundo de Baleares (ayer), con un titular de esos que te enervan: “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”.

¿Depreda? No lo tengo yo muy claro. ¿Depredar?, eso son palabras mayores. Lo de “no adquirir conocimientos” ya me deja muy tocado. No, si va a resultar que a la vuelta de las vacaciones te tienen a someter a un examen a ver si “progresas adecuadamente”. Soy muy primitivo, pero esto me enerva.

Me meto en el texto y veo que es una entrevista a la escritora y filóloga Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948). La cosa va de los preparativos de un centenario en torno a un viajero romántico que se enamoró de las Baleares. Doña Carme, catedrática de Literatura de la Autónoma de Barcelona, es una autoridad en el tema de literatura de viajes, y sobre viajes y literatura versó su discurso de ingreso -al tomar posesión del sillón “n”- en la Real Academia de la Lengua. Dicen que estuvo soberbia: Sobre un lugar parecido a la felicidad (07.11.2013). Mallorca vista por los viajeros del XIX… y los del primer tercio del XX.  Hasta ahí, muy bien; pero es que, ayer sábado (07.02.2014), va y suelta su “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”.

La verdad es que no voy a cuestionar los méritos literarios de la señora Riera, a la que no conozco por sus obras (aunque me he leído -y disfrutado, que todo hay que decirlo- su discurso de ingreso), pero sí por sus disparates trasnochados a la prensa.

Muy bueno su compendio sobre los escritores y artistas viajeros que visitaron y escribieron sobre Mallorca entre 1837 y 1936, pero muy mala su consideración sobre el turismo de ahora: “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”. Es increíble.

Ella debe estar más por los viajeros que por los turistas. Ojo, pero por viajeros como su elogiado Archiduque Luis Salvador de Austria (1847-1915), un toscano de mediados del XIX que optó por Mallorca, a dónde llegó en 1867. Es que en la Revolución de 1849 había sacado al Gran duque de Toscana, su padre, desde el florentino y precioso Palazzo Pitti al exilio; y la familia, con él.

Bueno, el caso es que el Archiduque no llegó a Mallorca a pasar unas vacaciones ni a evadirse de sus vida profesional; tampoco llegó con un paquete turístico ni fue a hotel o apartamento alguno. Vino porque a algún sitio habría que ir y compró varias fincas (Miramar y otras, ahora propiedad de los Vives), edificó sus mansiones  (entre otras s’Estaca, ahora de Michael Douglas) y cultivo sus tierras consiguiendo excelentes vinos (premiados internacionalmente, lo que colocó Mallorca en muchos mapas) y buenos aceites. El Archiduque se implicó en el progreso de Mallorca; fue un mecenas sin paragón.

Es más, se trajo hasta sus fincas mallorquinas a personajes de la Europa chachi de entonces: geógrafos, geólogos, botánicos, naturalistas, historiadores, escritores, pintores, escultores, tenores, poetas, actores… que luego contaron las bondades del lugar. Todo al que invitaba acudía a Mallorca; desde Sisí, la emperatriz, a La Chata, cuando aún era Infanta de España.

Es más, el Archiduque no paró de escribir sobre sus progresos en agricultura (que fueron notabilísimos), geografía y costumbres de Mallorca. En Die Balearen in Wort und Bild (9 tomos, 9, publicados en Leipzig entre 1869 y 1891) describió el archipiélago como nadie, maravillado -como estaba- por la belleza y posibilidades que atesoraba. Sus 50 obras, quince de ellas exclusivamente sobre Baleares (donde destaca Die Balearen), le significaron honores en la Academia Imperial de Ciencias de Viena, en la Sociedad húngara de Geografía y en la Real española de la Historia. Y la isla también le otorgó reconocimientos: Académico de la de Bellas Artes, presidente honorario del Fomento del Turismo, Hijo Adoptivo de Baleares e Hijo Ilustre de Palma y de Sóller. Estaba en todas las pomadas.

En fin, que yo entiendo la frustración de doña Carme; no es fácil comparar a Archi, como le llamaban en su casa, con cualquier otro turista alemán, austríaco o británico de ahora; incluso patrio. Lo entiendo. Pero ello, la añoranza que pueda tener por un tipo de turista culto y adinerado (se compró Archi un buen cacho de la isla para poner en marcha sus fincas junto al mar; que de tonto nada), no le otorga a doña Carme la potestad de desbarrar utilizando el altavoz de los Medios a través de la Real de la Lengua para pontificar en una entrevista, en su paranoia sobre el turismo, que “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”.

Doña Carme, permítame: es el turista, en su absoluta libertad por el destino y la forma de turismo que hace, es el que decide si adquiere conocimientos -o no- con esa visita, y -sobre todo- qué tipo de conocimientos. Hay turistas que sólo pretenden disfrutar, sin más; otros prefieren conocer algo más. Pero es su libertad. Y en cuanto a que el turismo de sol y playa “depreda” (roba, saquea con violencia y destrozo, RAE dixit), pues… ¡qué quiere que le diga! Usted misma. No eligió la palabra adecuada, cuando menos. Busque, busque, que está Ud. en la RAE.

En los tiempos de Archi pocos podían permitirse el lujo de hacer turismo; hoy lo hace casi todo el que quiere. Ah, y se compró, para él, lo mejor de la isla. Usted misma dice que por aquél entonces “la gente -en Baleares- lo pasaba muy mal”, y él llegó con pasta. Lo que sí le digo -permítame y disculpe mi osadía- es que si hemos conseguido que muchos disfruten Mallorca (y cualquier otro destino), y no sólo unos pocos adinerados y elegidos, pues resulta que hemos triunfado.

Debería sentirse orgullosa, doña Carme, de que en los tiempos actuales se halla socializado el turismo y no sea exclusividad de unos pocos. Vale que ahora como mucho, los turistas, puedan colgar en Facebook una foto de su borrachera o una puesta de sol acaramelados, pero es que no todos puede in a Leipzig a editar 9 tomos o no tienen tiempo más que para escribir en Twiiter esos 140 caracteres.

Doña Carme, enhorabuena por sus méritos académicos, literarios y docentes, pero respecto al turismo… ¡hágaselo ver! Seguir en su dualidad “viajeros” vs. “turistas” no es nada bueno. Y mucho menos seguir anclada en el XIX… o en su Siglo de Oro.






8 feb 2014

DE LO QUE PUEDE HACER UNA CANCIÓN; DE PACO BARCO


La dinámica tertuliana de “Los Cafés del Meliá” no para, aunque uno se haya tenido que bajar del carrusel de las tertulias durante unas cuantas. Lamento no haberles hablado de Esteban Soler López y las muchas cosas que atesora en conocimientos de agricultura, del níspero y de la Cooperativa de Callosa d’Ensarriá, como de las aventuras ciclistas y vivencias de Mikel Figuren y el equipo Euskastel, o de la trayectoria musical de la Rafael Doménech Pardo, “el mestre”, y la Unión Musical de Benidorm. Compromisos de fuerza mayor me apartaron del café vespertino de los viernes.

Francisco Barco
Foto: M. Ayús
Pero a Paco Barco no podía faltarle. La 155ª tertulia de “Los Cafés del Meliá” era con Francisco Barco González y ahí tenía que estar. Llegué tarde, pero estuve.  Comparto con él mesa, con micrófonos, cada miércoles en una tertulia matinal radiofónica y aunque diametralmente opuestos, con Paco se puede dialogar; no lo apeas del burro, como a mí, pero es fácil entenderse y llegar a la conversación inteligente.

Llegó Paco, como lo hizo antes su hermano, un buen día desde Santiago de la Ribera, Murcia; del Mar Menor al emporio del Sol en el Mare Nostrum, a Benidorm. Pasó por Valencia, donde una canción, cuando estudiaba en Los Escolapios, le motivó y le llevó a esto, nos confesó. “Al vent”, de Raimon, casi, casi, tiene “la culpa” de todo.

Bueno, el caso es que con 8 años comenzó a venir a Benidorm donde su hermano, de 14, ya trabajaba como pinche de cocina. Pero lo laboral le llevó hasta Murcia donde en 1965 está de interino en el Ayuntamiento murciano. Buscando las papeletas del “No” al Referéndum Nacional del 66 (14.12.66) vio que aquello no era lo suyo y se centró en la hostelería… tras pasar por una fábrica de preservativos.

Llegó a Fuengirola (Hotel Mare Nostrum, 1967) y recaló en Benidorm (Hotel Tanit, 1969) donde ya ha hecho toda su vida profesional ligado a los hoteles de la familia Ruiz de Apodaca que tenían sus contactos con el Partido Comunista. Y Paco militó en el PCPE y se afilió a CC.OO.… y nos contó lo de aquellas primeras reuniones clandestinas. Monge recordó que todo aquél movimiento se inició en la HOAC (Hermandades Obreras de Acción Católica) y salieron los nombres de quienes impulsaron aquellos movimientos durante los 70.
Como los hoteles en Benidorm aún invernaban por aquél entonces (hasta los ochenta no se venció la estacionalidad) en 1976 invernó él en Madrid, Restaurante La Spinetta… y vivió su primera huelga con intensidad.

Volvió a Benidorm y con la actividad sindical por norte estuvo en los primeros convenios de hostelería (1978) que eran provinciales. Cuenta que estar UGT muy unida al PSOE, y ellos muy cercanos al PCE, era muy difícil congeniar; tanto que a la huelga de hostelería del 82 fueron por libre.

Lamenta (y no perdona) Paco a delación de un veterano periodista local que conocía donde se reunían clandestinamente (lo que le llevó por primera vez a Comisaría) y recuerda (hoy con una sonrisa) cuando en la tarde del 23F escondieron todas las fichas de militantes comunistas y sindicalistas.

En CC.OO. ha estado en la Federación Estatal de Hostelería, y recordó emocionado a Marcelino Camacho, del que destacó su honestidad y sensatez, y señaló que había sido Secretario de Formación de Hostelería de CCOO-PV… y que lo que ha salido de los cursos de formación en otras comunidades hace mucho daño y es muy lamentable. Ha estado en los consejos del CDT y del programa de Vacaciones del IMSERSO y se ha volcado por Benidorm: fue uno de los fundadores del movimiento de las AMPAs locales (1993) y hasta entró en política activa cuando por Eu fue concejal del Ayuntamiento de Benidorm (1995/1999) donde “defendí desde la soledad una política diferenciada del PSOE”. Ni él ni Jacinto Gallego conseguían meter baza en aquél ayuntamiento.

Está contra la maquinaria de partido y a favor de un acuerdo, en Benidorm, con Compromís; lamentó que en 2003 no se apoyara esa comunión. Ahora, anuncia, que Eu concurrirá sola en 2015 y 2016 y aseguró que Benidorm “es una plaza muy dura y sorprendente”… vaticinando que el PP volverá a gobernar Benidorm con el apoyo de UPyD, “porque el PSOE no lo puede hacer peor”. Ahí, en estos futuribles no me atrevo a penetrar yo, aún.

Le preocupa Benidorm; “un Benidorm que no puede ir creciendo a golpe de ideas”, y reclamó un “Plan General consensuado que lo defina todo”. Y ese todo es para él “crecer respetando el Medio Ambiente, evitar más Planes Parciales, revitalizar el mestizaje entre residentes y visitantes, mantener la vida y la actividad comercial en las calles y olvidarnos de los macroproyectos”. No olvidó su vena sindical y pidió “cambiar la cultura empresarial y las leyes laborales”, al tiempo que, apocalíptico, sentenció que el Benidorm del mañana “va a tener que contar mucho con el Sr. Ortiz, nos guste o no”.

Paco Barco, finalmente, lamentó las cifras del paro, criticó las faltas de contratación, denunció la presión laboral sobre los trabajadores y, con autocrítica, confesó que las camareras de piso, en los hoteles, nunca había sido un tema en el que volcar el peso de la negociación en los convenios. Con humildad entonó un “mea culpa” que no fue nunca, en exclusiva, cosa suya.

Ahora, que he puesto a sonar a Raimon y escucho “Al vent”... y no llego a entender como “buscando la paz, buscando a Dios” este Paco llegó dónde llegó… a no ser que todo aquello viniera de que “Y todos estábamos llenos de noche…”, que puede ser, pero que “…nosotros, al viento”.




6 feb 2014

DEL VALOR DE BENIDORM; LA MEGAEFICIENCIA DE LOS DESTINOS LITORALES



Víctor Yepes es un ingeniero que ha tenido varias e importantes comunicaciones sobre turismo. Es doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y profesor titular en la Politécnica de Valencia. Ha trabajado para la Administración autonómica; director del área de Producto de la Agencia Valenciana de Turismo.

Una de sus frases emblemáticas es aquella de que “la calidad es sostenible” en relación con los tratamientos que otorgamos a las playas. Otra es aquella de “la gestión de las playas debe orientarse a satisfacer las necesidades de turistas y residentes, el medio ambiente y las generaciones futuras”. Claro que, ha insistido Yepes en más de una ocasión, “trasladar requisitos de calidad a cualquier lugar es un error imperdonable”. Otra de sus aplastantes conclusiones: “antes de actuar hay que ponderar nuestros tramos de costa”. Si es que es de Perogrullo, ¿pero se actúa con esos parámetros?

Una vez dijo, y yo apunté, que “al turismo litoral (el nuestro) no le conviene que las playas se gestiones exclusivamente bajo la perspectiva turísticani se puede complacer en todo al turistani gestionar una playa desde un punto de vista exclusivamente medioambiental”.

Una vez le oí decir que “los TTOO”, por su entidad, eran “lo suficientemente influyentes como para hacer que las administraciones (espoleadas por las agencias receptoras) para exigir mejoras sustanciales en los destinos”. Pero, ojo, mejoras lógicas; que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar.

Tenga en alta estima sus opiniones vertidas en innumerables artículos. Y de vez en cuando consulto su blog anclado en los de la Politécnica Valenciana. Siempre tiene cosas de ingeniería (que siempre es bueno saber cómo avanzan las técnicas y las máquinas) o, como ayer, lanza un potente haz de luz sobre la gestión de las cosas del turismo: “La eficiencia de los destinosturísticos litorales”. Y, claro, Benidorm… ¡de bandera!

Mantener el litoral, para los destinos turísticos, es fundamental. El deterioro paisajístico y la pérdida de atractivos deben ser evitadas, insiste Yepes, con pasmosa celeridad. Para Yepes, “el verdadero problema no es que el turismo se constituye como un auténtico depredador del territorio costero”. Para él hay dos modelos: el de la gestión y el de la venta del territorio; vamos, distingue entre una estructura urbana de alta concentración y gestión como Benidorm y entra una estructura extensiva y de alta densidad de urbanización como Torrevieja.

BENIDORM. Poniente en primer plano.
Al fondo, Serra Geleda; y a la izquierda, el Peñón de Ifach
Para los que sentimos Benidorm con fuerza, porque lo conocemos, tiene un párafo genial: “Benidorm, con apenas 5 km de litoral funcionalmente útil, aporta casi dos terceras partes de las pernoctaciones hoteleras de la Comunitat Valencianarepresenta casi el 40% de todas las plazas hoteleras de la Comunitat Valencianala capacidad alojativa total del municipio supera las 200.000 plazas, de las cuales las dos terceras partes corresponden a alojamiento de viviendas de potencial uso turísticoademás, es uno de los pocos destinos turísticos mundiales donde se ha conseguido romper la estacionalidad veraniega (Curtis, 1997)En cambio, Torrevieja no alcanza el 2% de las plazas hotelera regionales, sin embargo su capacidad alojativa supera las 225.000 plazasalgo más del 2% son regladasla ocupación media en las viviendas de segunda residencia raramente supera el 30% anual…”.  
Y vamos a más: “un cliente hotelero que utilice una instalación urbana requiere aproximadamente 14 veces menos suelo bruto que el que necesita el habitante de una vivienda unifamiliar”. Y luego está, fundamental en esta zona, el consumo de agua: “el uso intensivo del territorio presenta un consumo por persona y día 4 veces menor, las redes de agua potable presentan menores pérdidas, se depura una proporción mayor de aguas residuales, se consume menos energía por persona y día en el alumbrado y tienen una proporción netamente inferior de suelo asfaltada por persona”.

En la medida de mis posibilidades, todas estas cosas, con mejor o peor fortuna y documentación, ya las hemos contado en este Blog, pero el refrendo que ofrece el superior criterio de Yepes es todo un puntazo adrenalínico.

Hay muchos datos en el post de Yepes, pero hay uno que me llama poderosamente la atención: “según cálculos realizador por la Junta de Andalucía (2000), una misma porción de suelo litoral dedicado a uso hotelero generaría 8 veces más empleo y 12 veces más renta que si se destina a segunda residencia. A ello se añadiría que el uso residencial sólo genera beneficios apreciables durante la construcción…”.

La conclusión es intachable: las premisas enunciadas le llevan a señalar hacia “una mayor eficiencia ecológica y de uso territorial de los modelos de gestión turística intensiva del territorio, siempre que no se supera la capacidad de carga…”.
Con lógica aplastante señala que “el modelo turístico Benidorm no es exportable sin más a otras zonas…”, y como colofón apunta a que “la rentabilidad económica y social que genera toda la actividad turística de la Comunidad Valenciana sólo necesitaría de un equivalente a un máximo de 20 km de litoral con este modelo de gestión. Como contrapartida, el resto del territorio podría reservarse para otros usos”.

Esto mismo lo vengo diciendo yo (¿pero quién soy yo?) desde aquella reflexión final del III Congreso Ibérico de Urbanismo, celebrado en Vilamoura (Algarve portugués, en octubre de 1999. Fue portada de uno de mis trabajos publicados, porque… es total. Aquella Reflexión Final decía: “Es importante ofrecer unas cifras que resultan sorprendentes y que son un caso concreto: en el litoral alicantino el 85% del suelo es urbano o urbanizable, pero Benidorm, que sólo representa el 1% produce más del 50% del PIB de la provincia. Es decir; con sólo 2 Benidorm se podría conseguir el mismo resultado económico y así proteger o salvaguardar al resto del litoral y para el futuro. Esto hace reflexionar sobre la oportunidad de uso dado al otro 99% del territorio costero alicantino”.



PD. Y luego llega la noticia que pone las cosas en su sitio y es la guinda del pastel: El 45% de las pernoctaciones de la Comunitat fueron en Benidorm. En fin, Benidorm, Benidorm, Benidorm
Es más, Benidorm se consolida como tercer destino del país, detrás de Barcelona y Madrid: 11 millones de pernoctaciones.





4 feb 2014

DEL RÍO SEGURA Y DE UNA PORTADA EN LA PRENSA INTERNACIONAL… DEL XIX


Me hace llegar mi hermana la portada del número 2107 del The Illustrated London News correspondiente a 1º de noviembre de 1879; es que la portada es Orihuela, Origüelica del Señor si Uds. prefieren. Sí, un grabado del río Segura a su paso por Orihuela con todas las traseras de las casas y sus caños directos al cauce del río. 2 soberbias palmeras, al fondo rematan una vista romántica del XIX. El titular es “The great floods in Spain. Orihuela”.

Portada del 1º de noviembre de 1879.
The Great Floods in Spain. Orihuela
Se refiere a la celebérrima Riada de Santa Teresa (15.10.1879) que el ejemplar del 1º de noviembre de la prestigiosa revista británica trae ya en portada tan sólo quince día después de iniciarse el luctuoso suceso. ¡Total!

The Illustrated London News (1842-2003) fue la primera revista ilustrada del mundo, de periodicidad semanal hasta 1971… y luego fue languideciendo hasta su último número en 2003. Por 1879 ya editaba 300.000 ejemplares.

La Riada de Santa Teresa llegó a aportar 1.890 m3/s al río Segura a su paso por Murcia, y a superar los 2.000 m3/s en Orihuela… lo que se tradujo en alcanzar los 3’80 metros de altura el agua en algunas calles más emblemáticas la ciudad de Miguel Hernández. Luego el río se desparramó por sus huertas, donde la barraca era la vivienda habitual. Creo que la barraca desapareció de la Vega del Segura con esta riada; nunca se volvió a levantar una más.

El número de víctimas superó las mil (la gente, huyó de sus casas a lugares altos) y multiplicó esa cifra por 20 en cuanto a animales ahogados. Gustavo Doré, el ilustrador francés, realizó grabados específicos de aquellas jornadas y, la francesa se sensibilizó tanto que incluso editó un “París-Murcie” donde escribieron Victor Hugo y Emile Zola.

Aquél día de 1879 cayó “la mundial” en las cabeceras de los ríos Guadalentín (el río más salvaje de Europa), Mundo (Calares del Mundo y La Sima; es el río que recibe desde los ochenta de este siglo el Trasvase Tajo-Segura), Alhárabe (siempre se le llamó río Moratalla), Argós (que tributa en Calasparra), Quípar (que vierte al Segura poco antes del Cañón de los Almadanes y el karst de Los Losares) y Mula (que se entrega nada más pasar Alguazas). Bueno, aquello fue un día muy concreto y especial… y su periodo de retorno, leo, está establecido en unos 300 años… no obstante, una “buena” gota fría de primavera u otoño dispara las alarmas.

Bueno, pues si en toda la UE (UE-27) hay 215 demarcaciones hidrográficas… la que cuenta con menos recursos es la del Segura: sólo 400 m3 por habitante y año, muy lejos del umbral mínimo existencial que establece la propia UE de 1.000 m3/hab/año. Y para más inri, el 30% de las exportaciones nacionales de frutas y hortalizas salen de las vegas del río Segura. ¡Olé! Resulta que el déficit hídrico de la misma es de 480 Hm3; consigue una media de 1.354 Hm3 en aportes naturales y la demanda total de es 1.834 Hm3. La agricultura, aún hoy, consume el 80% del agua disponible.

Para evitar males mayores se parió en su día, ya lo hemos contado, el Trasvase Tajo-Segura… pero ese nunca llega a aportar lo que es necesario.

El agua que hace falta se obtiene de la depuración (143 Hm3), la reutilización del agua de regadío hasta en un 95% (lo que supone 100 Hm3 más) y más de 200 Hm3 llegan desde el ahorro y la desalinización. Ya saben, se desala el bacalao y se desaliniza el agua.
Bueno, lo de la desalinización es un cachondeíto fino.

Recordemos que en 2005 se “modificó” el PHN y se destinaron 721 millones de € para las 15 desaladoras (así las llaman en el informe) del litoral mediterráneo afectado por lo que iba a ser el trasvase del Ebro cercenado. Cuando en 2008 se tuvieron redactados todos los proyectos, ya las desaladoras (que dice el informe) costaban 1.337 millones. ¡Olé! Total, que en enero de 2014 podemos decir que están operando -parcialmente- 8 de las 15 programadas… pero no se han terminado las obras de distribución y redes anexas… y llevamos ya más de 800 millones invertidos.

¿A cómo se nos va a poner la gota de agua desalinizada cuando términos las cosas?

Lo que más me pone es que ahora mismo estamos aprovechando sólo el 40% de la capacidad instalada porque no hay quien pague el producto que se obtiene.
Y lo mejor es que hay poner todas las plantas en operación total… o devolver los fondos comunitarios que nos entregaron. ¡Olé! ACUAMED ha pedido, y conseguido, un crédito del Banco Europeo de Inversiones para no… ¿ahogarse?... y salir a flote.

Y luego está lo de la Directiva del Agua y los compromisos patrios e internacionales que establece para el río Segura 18 tramos estratégicos que para 2015 tienen que haber recuperado sus condiciones medioambientales y mantenerle su caudal ecológico. El río Segura tiene un curso alto fascinante.

Y no entro en lo de los acuíferos de la zona porque muchos están sobresaturados y casi todos tienen excesos de nitratos.

Menos mal que ya hay Memorándum del Tajo y ha quedado blindado el Tajo-Segura (porque al entrar el Memorándum en la Ley de Evaluación Ambiental adquiere, a su vez, rango de ley). Vale lo de que “nunca se sobrepasarán los 650 Hm3”, pero es que ni por asomo nos hemos acercado a ello. Hay más cosas buenas extraíbles del Memorándum… pero no es objeto de este Post.

Lo que sí que es cierto es que el Segura tiene derecho a salir en más portadas; pero por hacer las cosas bien. Y, sobre todo, por ser un río.



PD. En cuanto me consigan la revista veré lo que cuenta en sus páginas




3 feb 2014

DE CUANDO EN LA TELE DICEN LO DE LA ALTURA DE LAS OLAS… Y LA ALTURA DE LAS OLAS


Don Luis Sancho sigue impertérrito en Santander mirando al mar y, como yo, no sale de su asombro cuando en las teles cuentan lo de la altura de las olas estos días de temporal. A don Luis casi todos le conocen como Jorge, Jorge Sepúlveda; y lo suyo es onírico e inmortal ya. Lo mío, pasajero.

Casi donde don Luis pierde el horizonte, a 22 millas de aquella costa, sí hay una boya que mide la altura de las olas, pero que las olas lleguen con fuerza al litoral y choquen contra escolleras y paseos levantando su espuma a la altura de alguna edificación no indica, en realidad, “la altura de las olas” que aparecen en las noticias. La boya que sí mide esa altura se pierde en la distancia que otea don Luis y tiene nombre propio: Augusto González de Linares (43’84 N y 3,77 W; más o menos, pues se mueve en su entorno -está anclada a 2.850 m de profundidad-). Pertenece al IEO (Instituto Español de Oceanografía) y tiene en su haber el haber medido olas de 26’13 metros de altura (24.01.2009; la altura de un edificio de 7 u 8 plantas), pero lo máximo que midió el día 2 de febrero de 2014 fueron 10’31 m (que ya son) a las 3 de la madrugada (que es el último registro que puedo consultar). Las boyas de la red VIGIA entre 4 y 7 millas de la costa, como la de la Virgen del Mar o la de Berria (Santoña), ya se quedaron en 4’62 m (que también son metros) a las 5’28 horas.

La espectacularidad de una ola batiendo la isla de Mouro (Santander)
Lo que hay que hacer es decir, en la información, en qué punto se midió la altura de la ola. Luego está lo de ver romper las olas, por ejemplo, en la isla de Mouro, frente a la Magdalena, desde la bocana de puerto santanderino -que ya impresiona la cosa- y da lo mismo que sean ocho que ochenta. Bueno, pues parece que aquellas olas no alcanzaban ni los 2 metros; pero rompiendo ya son harina de otro costal.

Y luego está lo de siempre: el tipo mayor que sale y dice lo que “yo, en toda mi vida, no recuerdo una cosa igual”. Pues… flaca memoria. Así, a bote pronto y por toda la costera cantábrica… enero 1930, febrero de 1965, febrero 1978… y más fuertes que esta.

El mar es el mar y las olas son las olas. Por cierto, recordemos que las olas son ondulaciones de la superficie marina por acción del viento. En cuanto los vientos superan los 3 km/h se generan olas. La ola, en sí, es sólo un movimiento oscilatorio pero cuando la onda llega a la orilla… revienta. Lo “bonito” es observar, en la mayoría de los casos, la rompiente de la ola. 
Aquí ya entraríamos en cuestiones de dinámica y todo eso que excede del cometido del Post entrando en estabilidad e inestabilidad y poniendo las cosas en su sitio respecto a cresta, seno, altura, longitud y velocidad. También la cuestión del roce y la pérdida de fuerza conforme llega a la línea de costa y el posible strand existente.

Por cierto, las boyas gallegas frente a los cabos Silleiro (Bayona) y Vilán (Camarilla) también han tenido registros importantes, pero no han “batido récords” en 2014 como lo hiciera en 2010 con olas de más de 20 metros. También la boya “Donostia”, a 5 millas del Pasaia ha hecho “buenos” registros. La boya “Bilbao-Vizcaya” a 20 millas del puerto de Bilbao ha llegado a medir alturas de 10’3 metros y la que hay a 12 millas de Hondarribia midió más 8 metros. Pero al llegar a la costa la altura no es tal; aunque la fuerza sea descomunal y la rompiente espectacular. Si a eso unimos la marea de tormenta, el lío es importante.

Sensacional viñeta de Dávila, hoy en El Faro de Vigo
Pero a lo que nos trae. Con las mareas vivas de estas fechas, con los periodos de retorno de cada uno de estos episodios de 50/60 años, con mar de fondo, con fenómenos ciclogenésicos como Nadja y todo eso, pues lo de estos días tiene, sin duda, un papel protagonista en los Medios. Desde el año 828 para acá, por los días finales de diciembre y hasta primeros de febrero, con mareas sicigias, hay infinidad de episodios de mareas de tormenta (storm surges) asolando las costas atlánticas europeas desde Finisterre hasta Pomerania en el Báltico.

Esto no ha acabado y en las próximas horas se espera un nuevo episodio. Como esto es cíclico y “ya toca” (dicen, por periodos de retorno de 50/60 años), en media Europa esperan lo peor. En los Países Bajos se recuerda, aún con temor, “De Watersnood” (La Inundación), en la noche del 31 de enero al 1º de febrero de 1953. Los diques en Zelanda no aguantaron la combinación marea viva + la marea de tormenta. Francia, Bélgica, Gran Bretaña y Alemania también la sufrieron. De hecho, en este diciembre último, coincidiendo con la tormenta Xaver se desataron todas las alarmas: ¡tocaba episodio descomunal! En Holanda, en esto, podemos retrotraernos a estos episodios desde el Grote Mandrenke (enero de 1632; “gran ahogamiento de hombres”) donde las crónicas describen perfectamente la marea de tormenta que se desencadenó.

Hamburgo, en Alemania, aún vive angustiada por la “Sturmflut” de 1962 (17 de febrero). Rompió los diques que retienen el mar por donde va a desembocar el Elba. Están en tiempo de que otro de estos vuelva a ocurrir.

Lo que sí hemos visto son los destrozos causados por la fuerza machacona del oleaje. Y es que a veces se nos olvida que estas olas, de 2 a 4 metros me están llegando a rompeolas y batientes de la costa, ya pueden descargar impactos de más de 10 (incluso 12) toneladas por metro cuadrado. Y claro, esa potencia de 10 ó 12 TM/m2 (en estas olas litorales que nos ocupan; que mar adentro pueden llegar a engrosar hasta 100 TM/m2 las olas de 30 metros, que las hay) contra un espigón es normal que lo desmantelen y metan las piedras de menor tamaño tierra adentro llevándose muros y muretes; incluso que socaven cimientos en paseos marítimos.

La fuerza del mar es descomunal. No hay que subestimarla y sí hay tenerle el respeto que merece. Si en ello hubiéramos reparado no estaríamos hablando de 5 muertos en estos días. 


 PD. El diario EL PAÍS ha publicado, el día 4 de febrero, un interesante artículo al respecto: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/02/04/actualidad/1391531931_466850.htm



2 feb 2014

DE UN COCIDO CON PELOTAS Y TODA SU HISTORIA… Y AVÍOS


Terminé el sábado con los amigos de la Cofradía del Cocido con Pelotas y su primer concurso internacional de “idem”. ¡Qué gran idea!

Además, tuve la oportunidad de probar la Olla Adafina, que -se presume- es la precursora del cocido de hoy, con pelotas o no.

Y entre vaso y vaso de vino, viendo como se compone el guiso, uno se va remontando hasta el caldo espartano (incluso sopa espartana; caldo negro que era, por la sangre que se le añadía) que, dicen, es el origen de la cosa. Porque si hay quien teoriza con que el cocido es territorio del garbanzo, el caldo negro ya lo llevaba. Tampoco le faltaba la cebolla y mucha especia del momento: jengibre, pimienta, mostaza y mejorana acompañaban aquél guiso negro propio de espartanos.

Cabe a los egipcios el haber convertido al garbanzo en protagonista total del guiso. Tal vez por eso Roma no gustó de esta comida y el cocido se desvirtuó. Bueno, Roma es que no era partidaria de ninguna verdura; se insultaba a la gente llamándolos comedor de garbanzos (Pultafagónides) o anclándoles un mote (Léntulo, por lentejas; incluso Fabio, por habas) que terminó generalizándose en la onomástica romana.

Y encima, para mayor vilipendio del garbanzo en Roma, resulta que el garbanzo era el plato nacional de los pueblos púnicos como Cartago. Roma venció a Cartago más que por el comercio, porque los romanos aborrecían el garbanzo. Pero los cartagineses lo habían introducido ya en Hispania y aquí arraigó. Y fue de lo poco que arraigó en el espartal que éramos, pues aquí no se era muy dado, por aquél entonces, a cultivar hortalizas; aquí la cesta de la compra de aquellas tribus pre romanas se nutría de cereales, algún ave, caza, pesca y vino, que era lo que daba el terreno. No había más: los árabes no nos había traído aún el arroz, el trigo, la caña de azúcar, la lechuga, la alcachofa, la berenjena, el espárrago, las naranjas y limones, el cardo, las habas, la sandía, el melón, la granada, el azafrán, la canela, el comino, el clavo de olor, el orégano y otras especias. Los romanos no se prodigaron mucho en comer más de lo que había; lo refinaban, pero nada más.

Después, he indagado que por aquellos tiempos altomedievales el garbanzo era fundamento patrio de gachas; lo que un fino llama hoy humus. Los visigodos no acabaron con los garbanzos y los árabes los mantuvieron en sus dietas; y de ahí pasó a la alimentación de todos los pueblos peninsulares. Tanto, tanto, que el mismísimo Alfonso X los elogia en sus Siete Partidas; habla de la garvança, que había pervivido entre los mozárabes (cristianos que vivían en al-Andalus) como arbanço. Y lo echaban a la olla.

Y en esos guisos reposados, de horas y horas junto al hogar de la lumbre, empiezan a aparecer los garbanzos, sin machacar, y empiezan los potajes y los cocidos que van engrandeciéndose al compás de la llegada de las nuevas especias que traen los árabes. Y la verdad es que cocer en olla de barro carnes, leguminosas, verduras y especias, a fuego lento era patrimonio de infinidad de culturas y pueblos por todo el orbe. Pero nosotros, a lo nuestro.

El caso es la tradición de esa cocción -el cocido- perduró a través de la cocina judío-sefardí con su olla adafina/adefina cuyo nombre deriva, por mucho vino que trasegáramos ayer, del dafinah árabe (que era casi lo mismo), y ha llegado hasta nosotros. El dafinah en al-Andalus seguía, en sus carnes, los preceptos coránicos; y la adafina siguió los preceptos kosher judíos. Expulsados los árabes y los judíos de la península (que a todos les dimos puerta de una forma u otra), el salto, digamos, cualitativo del manjar nos lo dieron los marranos; los judíos conversos al cristianismo que, naturalmente, judaizaban, pero que de cara a la galería querían demostrar que abjuraban de los suyo y fueron los que le añadieron cerdo (tocino y chorizo) y recuperaron la sangre (en morcilla y en las pelotas) para el guiso que así, con alguna variante, ha llegado a nuestros días. Ellos “acreditaban” así su conversión; ¡qué menos que ahora se lo agradezcamos! Seguro que la Inquisición disfrutó de tan buenos cocidos que ni de soslayo se fijó en que judaizaban. La Cofradía torrevejense en esto hace un gran papel; no soslaya nada.

El sábado día 1 hubo cuatro categorías en el concurso y diecisiete equipos que realizaron cocidos andaluces, cántabros, madrileños, castellano-manchegos, murcianos, de la Vega Baja e incluso uno argentino. Es que eso del cocido lo llevamos también a América y el maíz (choclo), la calabaza (zapallo), la batata, la patata y las acelgas ayudan mucho también… y yo no le vi garbanzos; en mi escudilla no aparecieron.

El cocido de JV Ríos, a fuego de leña,
cocido en barril de cerveza transformado
a modo de olla, con su tapadera y todo. Una genialidad.
Al final, los premios para el puchero argentino de Viviana Hunter, al grupo “Bien avenidos” por su cocido regional, a José Vicente Ríos por su cocido con pelotas, a fuego de leña, y a Ramón Bernabé por su cocido con pelotas tradicional de Torrevieja. Un puntazo dominical.

Y un premio que faltó, me atrevo a señalarle. Sin lugar a dudas para Mari Carmen; por haber tenido la valentía de recuperar la adafina con su huevo y sus “peloticas”, con sus especias de entonces (no faltó la canela ni el clavo de olor), con su cebolla con piel (para dar tonalidad, que no color)… aunque -digo yo, Maricarmen, y sin querer ofender a naide ni a nenguno- no debió de ser tu olla adafina de tiempos sefardíes y de época de marranos porque llevaba su golpecito de cerdo y su poca de sangre, ¡no?

¡Genial!; aún me relamo sólo de escribirlo.



PD.-  Me contaron, entre vaso de vino y lasca de jamón, de la existencia de cocido madrileño, castellano, lebaniego (cántabro), maragato (leonés), andaluz, montañés (astur-cántabro), con pelotas (de la Vega Baja del Segura y, ya que estamos, Torrevieja), gallego, pote (asturiano), escudella (“i carn d’olla”, catalana), extremeño, rancho (canario), puchero (argentino)… incluso es cocido el Pot-au-feu gabacho y el alemán Steckrübeneintopf de la Baja Sajonia, con sus klöbe (pelotas) y todo.

Fastuoso cocido, vive Dios.