20 jun 2014

DEL BARRIO CERO DE BENIDORM (IV)


Después de una rápida -y muy tempranera- descubierta por Alicante, que están en Hogueras, y con una buena ración de brevas para desayunar, sigo, cuarta entrega, con lo que yo llamo Barrio Cero de Benidorm porque no sé cómo llamarlo; que si Casco Antiguo, que si Casco Viejo, que si Casco Tradicional. Ni en eso nos ponemos de acuerdo.

Hablemos de sus calles.



Hasta ahora se ha citado como una de las más principales: la Alameda. Es, sin duda una prolongación de la calle Mayor/carrer Major que se abre en el siglo XVIII sobre un terreno que debió albergar la segunda de las puertas de Benidorm -que se situaría en el entronque con las calles Coles (donde se ubicaría una carpintería y se oreaba la cola) y Purísima Concepción-, en un lugar que antaño se llamó, me contaba Pepe Bayona, Els Bancs, por existir allí unas bancadas de piedra. En 1926 se le replantaron los árboles; siempre estuvo arbolada.

La calle Mayor, por su parte, se inició como calle del Arrabal y calle del Hospital (obviamente por encontrarse aquí el hospital), lindaba con la muralla por Levante, arrancaba en la llamada Plazuela de la Perla y bajaba al llano que luego fue la Alameda. El campanario de la Iglesia la define en lo alto.

También importante fue la calle Santa Faç, con su hornacina, parece que, desde 1816. Con anterioridad pudo ser el carrer del Cupet.

El Paseo de la Carretera, sin ser una de las destacadas por Figueras, tiene una atractiva historia y la que más nombres atesora; es el límite por el Sur del Barrio Cero de Benidorm. Es la vieja calle del Mar, incluso del Camí Real y del Camí d’Altea, es la calle de San Pedro y el carrer dels Magatzems (que imaginamos de los pescadores). Es la calle del Revirado cuando llegó a conectar (casi) las dos playas. Pero es también la Calle de Salamanca cuando hay que homenajear al banquero José Salamanca porque el ferrocarril llega a Alicante; es la calle de Barzallana cuando hay que hacerlo con el ministro Manuel García Barzallana que trae la carretera con Alicante; es la calle del Circuito Nacional cuando la red de carreteras de la República, es la calle de Durruti (Buenaventura Durruti) durante la Guerra y es la calle de José Antonio (Primo de Rivera) en la postguerra. Pero es el Paseo de la Carretera de siempre.


No le va a la zaga en nombres el carrer de Martínez Oriola. Comenzó como calle de Santa Bárbara para cambiar a carrer de la Presó (aquí estuvo la cárcel), calle de la Sala (del primer Ayuntamiento), calle de la Casa Consistorial, calle de Alfonso XIII, calle del capitán Ángel García Hernández (el de la sublevación de Jaca, con Fermín Galán), calle Sala y finalmente el nombre del ilustre pedagogo Martínez Oriola. 

Una de las primitivas calles es sin duda la calle Alicante/carrer d’Alacant, bien conformada ya en 1758, salta la muralla en 1781 y se completa en 1808, referenciándola como “calle del camino que va a Alicante”. En algún momento posterior se llamó calle del Presbítero Ballester/Prevere Ballester.

También hay calles de particular sabor. Por ejemplo, el carrer de l’Alt: tuvo su primer nombre como carrer de l’Alt de Barceló, aunque también figura como carrer de l’Alt de Gallart y carrer de l’Alt d’Orts. Imagino que según la referencia al propietario de aquella zona, Los Huertos. Llegó a rotularse como calle Comandante Franco, en referencia al aviador Ramón Franco. También significativa es la historia del carrer dels Angels que empieza figurando en las referencias como carrer d’Angeleta, incluso de Jaleta y Cheleta, y termina como carrer de la Mare de Déu dels Angels. También es interesante la zona de La Costereta, al final de la calle Santo Domingo que dio paso a un pequeño enclave, el Bon Retir, del que sólo queda la calle de igual nombre. También el carrer del Pal (donde se fabricaba la cabuyería para cuerdas y redes) surge en una de las primeras iniciativas de higiene ambiental que se acometen en el XIX (1869) en l’Alt de Barceló creándose la que se llamó Calle Pitágoras, pero el cultismo no arraigó en la población que la llamó Calle de la Playa a sabiendas que allí estaba el Pal y olvidando al matemático. La calle Panaderos cerraba una buena parte de Barrio Cero predefinido; aquí se vendía el pan que se horneaba en la calle del Horno. Los flequers (panaderos) eran toda una institución ancestral.

La calle del héroe local, el Condestable Zaragoza, también ha tenido su recorrido: carrer Rocassa, calle Santa Teresa, carrer de les Roques, carrer de les Roquetes, carrer de les Barques, calle San Joaquín, nuevamente Les Roques hasta que se le adjudica al suboficial artillero del crucero Vizcaya. Fue una de las primeras calles en llegar hasta el llano y hacia la mitad de ella se localizaba “El Trencat” de la muralla, un portillo que permitía acceder a la Playa donde se dejaban las barcas.

En cuanto a plazas, la Plaza de la Constitución fue la antigua Plaza del Mesón, la Plaza del Hostal, la Plaza del Mercado e incluso la Plaza Mayor. Y la Plaza de la Cruz es la vieja Plazuela de la Costereta, que en 1931 fue la Plaza de la República; a partir de ahí se acababa Benidorm. La Plaza de Canalejas, en honor al ilustre visitante José Canalejas (ministro que fue de Justicia y de Fomento, y presidente del Consejo de Ministros; diputado por Alicante), se llamó en principio Plaza de Cazorla (hay documentado un Cazorla en protocolos notariales de 1810 en adelante); incluso Plaza del Ayuntamiento y Plaza de la Almadraba, a la que tanto debe Benidorm. Y esta es la bendita hora que Benidorm no tiene un enclave dedicado a sus arráeces. Ni a sus corsarios.
El carrer de Sant Miquel también tiene su historia: se le llamó calle de la Chaumusa (¿?), carrer de Santo Tomás y hasta calle de la Chalanguera, que a mí me recuerda al gentilicio de las gomeronas del Valle Gran Rey. Su travesía se llamó carrer de Xixo y carrer d’Altea.

Han mantenido desde el principio el nombre tanto el carrer de Santa Anna como el carrer de  Sant Vicent, aunque éste también aparece con una anotación en protocolos notariales como carrer del Coxo de les Gayates.

Hay otras calles y plazas en el Barrio Cero de Benidorm, pero termino esta relación con una calle que para mí encierra un indudable atractivo: la Costera del Barco. Se llamó calle del Horno de Ruzafa, carreró de Russafa, callizo de Ruzafa y calle de la Paz, tanto en 1929 como en 1939, que ya es mérito. Fuera cual fuera su nombre allí la gente de Benidorm tenía, en una arcada (la calle se inventó para dar salida a las traseras de las casas y tiene un trazado revirado) un pequeño exvoto dedicado a los marinos de Benidorm, un velero en miniatura que alguien afanó. Hoy una placa (y esta foto) lo recuerda.







 Nota: Las fotos pertenecen al Archivo personal de Mario Ayús Rubio

19 jun 2014

DEL BARRIO CERO DE BENIDORM (III)


Sigo, por tercera entrega, con lo que yo llamo Barrio Cero de Benidorm porque no sé cómo llamarlo; que si Casco Antiguo, que si Casco Viejo, que si Casco Tradicional. Ni en eso nos ponemos de acuerdo.

Al comenzar el siglo XIX Benidorm ya ha olvidado sus murallas y se ha completado los trazados de las calles que hoy conocemos como Condestable Zaragoza, Sant Llorenç, Sant Vicent, Alacant, Santa Faç, Santissima Trinitat, Santo Domingo, Martínez Oriola, Sant Miquel, Rosari, Bon Retir, Panaderos, Alameda, Ángeles y Pintor Lozano. Podemos señalar que hacia 1830 el Barrio Cero de Benidorm queda conformado con su disposición actual.

El Libro de Matrícula Parroquial Nº 3 señala esos límites por la calle de las Rocas (Condestable Zaragoza; a Poniente y sobre la Platja de l’Escata), la calle del Mar (Paseo de la Carretera; NW-NE) y la calle de Panaderos (hacia Levante y sobre la Platja de la Xanca).

En 1833 el danés Konrad Malte-Brunn, en su Nueva Geografía Universal, tiene una entrada para Benidorm: “desde siempre el pueblo estuvo agrupado en torno al castillo y fue extendiéndose por la suave pendiente, siendo la mejor calle la de la Alameda que llegaba hasta la salida del pueblo hacia Polop, formada por espaciosas casas…”. Adjudica a Benidorm “900 viviendas, la mayoría de un solo piso, con buhardillas que por aquí llaman ‘porchins’ y que servían de graneros…”. Aquél Benidorm contaba con “Casa-Ayuntamiento, cárcel, 4 escuelas de primeras letras con 250 niños y 80 niñas, Iglesia dedicada a Sant Jaume (y aclara que se trata del mismísimo Santiago) servida por un cura y dos beneficiados, situada en lo alto del cerro…”. El problema: el de siempre, el agua.

Durante la década de 1840 se debió vivir una época de bonanza porque Benidorm se abrió por completo a dos nuevos barrios: hacia Poniente el Barrio del Campo y hacia el Norte el Barrio de El Calvari. Así pues, tanto el Campo como El Calvari ya no son el Barrio Cero de Benidorm; son su primer ensanche. El Barrio Cero, a su vez, tiene un marcado barrio para las gentes de mar, Les Roques (a Poniente) y vislumbra un recoleto enclave, Bon Retir (a Levante), diferenciado del resto.

El Censo de Madoz (1842) consigna la cifra de 1.140 vecinos -que con las extrapolaciones de Bernat y Badenes- podemos señalar que podría reflejar hasta unos 5.500 habitantes (¿?), aunque es el propio Madoz quien en 1849 (sólo siete años después) apunta en su entrada Benidorm: “806 vecinos y 4.502 almas”. Madoz cuantifica el urbanismo: “846 edificios en la Villa de Benidorm, 262 edificios diseminados por su Término Municipal: 12 en la playa y 169 edificios más en 7 caseríos: Armanello (49 edificios), La Caseta (13), A Coves (10), Ermita de Sanz (15), Foia Manera (45), La Llama (24) y El saltet (13)”. Apunta Madoz: “3 molinos harineros y 3 almazaras, 1 fábrica de esparto y otra de lonas para buques”. Benidorm era Ayuntamiento y Aduana de 4ª Clase con notable Matrícula de Mar entre almadraberos, guardacostas, marinos mercantes, pescadores o en la Armada.

En la década de 1850 comienza la migración de benidormeros a Barcelona. A esa pérdida de población se unirán otras bajas provocadas por las oleadas de cólera-morbo y fiebre amarilla, encadenándose, que diezmaron la población. Y como a perro flaco todo son pulgas, nos golpeó una gran crisis económica y social. Pero en la década siguiente las cosas tienden a mejorar: en 1865 llega la primera acometida de aguas (desde Lliriets a las 3 fuentes públicas existentes… aunque hasta cien años después -1965- no llegará el agua potable a los hogares) y se abrirá la primea instalación hotelera de la ciudad: el Hostal La Mayora.

Estos dos hechos coincidirán, además, con las grandes crisis de la almadraba y de la Compañía Trasatlántica, donde trabajaban la mayoría de los hombres de Benidorm, que volverán a traer problemas a la villa. Ese periodo funesto acabará hacia 1876, por mejora general de la situación del país, y Benidorm comenzará a resituarse en el panorama urbano abriéndose hacia la playa de Levante que hasta comenzar el siglo XX no empezará a plantar sus primeros chalets.

Benidorm, 1912
Foto: Archivo Mario Ayús
Francisco Figueras Pacheco (1913) describe el callejero de Benidorm señalando ‘las mejores calles’: “lo son la Mayor, la de Ortuño, la de Santa Faz y la Alameda, ancha vía esta última embellecida con arbolado. Hay dos plazas: la Constitución y San Jaime; la primera es la mayor y la segunda la que luce mejores edificios. En la calle Condestable Zaragoza hay un bonito teatro de aficionados. El Ayuntamiento ocupa un edificio de 3 pisos… la parroquia titular de Santiago es bastante buena. Se encuentra en la calle de San Jaime y fue restaurada en 1912 a 1913… Según la estadística de 31 de diciembre de 1910 el número total de edificios del término de Benidorm asciende a 1.301 de los cuales 697 son de 1 piso, 607 de 2 pisos y 87 de 3 o más… la población de hecho es de 3.498 habitantes, y de derecho 3.863 habitantes…”. Reseña Figueras que en la villa hay 901 edificios y el resto (400) se localizan en los caseríos de Armanello, Coves, Ermita de Sanz, Hoya Manera, La Lloma, El Ricón y El Saltet.





18 jun 2014

DEL BARRIO CERO DE BENIDORM (II)


Sigo con lo que yo llamo Barrio Cero de Benidorm porque no sé cómo llamarlo; que si Casco Antiguo, que si Casco Viejo, que si Casco Tradicional. Ni en eso nos ponemos de acuerdo.

Pocas referencias a cómo debió ser el primitivo Benidorm hasta el siglo XV; incluso después.



Y así, siguiendo a Bárbara Alemany (El Castell de Benidorm, 2005) -y yéndonos al año 1525- en una inspección ocular del notario Lluís Palau y del mestre obrer de obres de pedra Pere Alvarado -a instancias del Batlle general del Reino de Valencia, Lluís Carròs de Vilaragut-, resulta que el Benidorm de entonces, sobre el Canfali, “tenía dos puertas de entrada (una con puente levadizo de madera), una torre (que no castillo), una iglesia, 50 casas de moros (¡¿?!), un aljibe y un horno”. Tenía muralla (de 14 palmos de grueso) de Poniente a Mediodía y de Mediodía a Levante. Las murallas de aquél recinto, maltrecho por las razzias piráticas, fueron reconstruidas entre abril de 1535 y agosto de 1543 bajo la dirección del mestre Martín Donapetro con mano de obra de La Vila. En las playas, se cuenta, “había chozos de pescadores y albergues de almadraberos”. Al interior se ubicaba la alquería de Lliriets.

Benidorm, 1561; dibujo de Antonelli
De 1561 es el dibujo de Giovanni Battista Antonelli que muestra cómo sería el Benidorm del XVI. Sólo dibuja 4 edificaciones, que son sólo 3 para el profesor Quereda Sala: “la casa de don Luis Fajardo, la iglesia y un mesón de pescadores”. Los dos baluartes que se abren al Norte, a ambos extremos, son la propuesta defensiva de Antonelli. El resto está sobre el Canfali.

En la referencia del Patriarca de Valencia, el Beato San Juan de Ribera (1574), se vislumbra que nadie vive permanentemente en el Canfali; y por ello se dice que “aquél lugar merecía ser habitado” y se detalla que en el castillo de Benidorm “sólo le habitan los pescadores cuando llega el tiempo de pesca…”. Un año después (1575), el Príncipe de Sabionetta, Vespasiano Gonzaga Colonna, “desestima la recuperación del torreón defensivo” existente, al que muchos llaman castillo, y apunta a que “las casas están derruidas y sólo existe la casa del señor del lugar y un mesón de pescadores”.

En 1600 Gaspar Juan Escolano, Cronista del Reyno y Predicador de la Ciudad de Valencia, atribuye a Benidorm “60 casas de cristianos viejos” (menos de 300 personas) y cita Quereda Sala una referencia de 1619 (tras la expulsión de los morisco, 1609) de “17 familias” (menos de cien personas).

El siglo XVII se abre con la reseña de Vicente Castañeda y Alcover quien para sus Relaciones Geográficas atribute a Benidorm “un centenar de casas” (unas 500 personas). No debió ser así porque cuando Beatriu Fajardo pone en marcha el Reg Major de l’Alfàs (1666) aquí hay viviendo 20 familias (poco más de un centenar de personas). Pero para añadir confusión resulta que cuando fray Mauro Pérez Beamont inicia el Archivo Parroquial de Benidorm (1696) hay varios autores que le endosan al lugar una cifra importante de población: 2.400 habitantes. (¿?) Y no lo sé, pero el caso es que la Guerra de Sucesión (1701-1714) fue ajena a esta población y si hubiera tenido ese número de habitantes la guerra hubiera pasado por aquí; no les quepa la más mínima duda.

Lo que sí que sabemos es que en el XVIII la villa salta sus murallas y se extiende por el llano, surge así la calle Alameda. En 1730 Quereda le asigna a Benidorm una población de 400 vecinosdedicados a la pesca, al comercio por mar, al corso y a la agricultura” (almendra, algarroba y pasas).

Entre 1761 y 1780 se acometió la construcción de la Iglesia, aunque Martínez Morellá pone el inicio de las obras en 1740. En 1740 lo que sí comenzó (y se terminó) es la edificación una ermita en honor a San Antonio Abad, costeada por Tomás Sanz, procurador de la baronesa, en una zona del extrarradio (a unos 7 kilómetros del Benidorm de entonces) donde existían varias casas de labranza y residían algunas familias. La primitiva iglesia medieval de Benidorm, de maltrecha vida, estaba en lo que hoy es la Plaza de la Señoría (antes, Plaçeta de l’Esglèsia Vella).

El Censo de Aranda (1767) le otorga a Benidorm 1.595 habitantes.

Benidorm, 1782; del plano del fondeadero.
J Camacho y M Salom
De 1782 es el Plano del Fondeadero de Benidorm (realizado por el piloto naval Joaquín Camacho; levantado por Manuel Salom) que muestra la estructura urbana mínima que parte del torreón de Punta Canfali. No se aprecian ya las murallas. 

Una de las causas de que Benidorm salta las murallas y se expande por el norte-noroeste es el accidente que sufre la casa de Jaime Llorca (1783) al ser socavada la roca del cantil del Mal Pas por la acción del mar. Todo lo que estuviera cerca del Mal Pas terminaba siendo engullido por el embate del mar.

Y es el botánico Cavanilles (1792) el primero en decirnos cómo es aquél Benidorm: “las calles son en cuesta y las casas acomodadas”. Apunta a que la población “pasa de 600 familias” (cerca de 3.000 habitantes) y apostilla: “pocos pueblos habrá en España que en tan corto periodo de tiempo hayan hecho tantos progresos de vecindario y agricultura”. Ah, también señala que el principal problema es el agua. Documentos coetáneos citados por Quereda Sala en su monográfico de 1978 -y que localizó en el Archivo Parroquial de Polop- señalan que “el vecindario se agrupa en forma de dos semicírculos. Hay Casa del Municipio, cárcel, matadero, otras dependencias, Iglesia pequeña y gran Plaza de Armas con aljibe y polvorín”. Orts i Verdin, en sus Apuntes Históricos de Benidorm, cita que por aquél entonces “el cementerio ocupaba bóvedas subterráneas de la Iglesia”.

En cuanto al castillo de Benidorm, que de torreón fortificado no pasaría (más que nada por imposibilidad material de espacio en el Canfali y porque en más de un documento se cita sólo “la torre de la cárcel”), voló por los aires el 26 de abril de 1814 en un bombardeo naval que sufrió la villa (ocupada por los franceses del Regimiento 117) por parte de la escuadra británica: “se vinieron abajo -cuentan Quereda y otros- las puertas de la nueva iglesia”. Igualmente fueron bombardeadas las Torres de Escaletes y Aguiló. En 1830 se rehabilitó “el castillo” para albergar una sección de Carabineros para perseguir el contrabando… y en los años cincuenta estaba así (fotografía que dispongo por cortesía de Mario Ayús).



Si desea saberlo todo sobre el Castillo de Benidorm nada mejor que consultar el blog del maestro Francisco Amillo, HISTOBENIDORM





17 jun 2014

DEL BARRIO CERO DE BENIDORM (I)


Le voy a llamar Barrio Cero de Benidorm porque no sé cómo llamarle; que si Casco Antiguo, que si Casco Viejo, que si Casco Tradicional. Ni en eso nos ponemos de acuerdo. 

Y todo viene por el Post del 15J

Hace algunos años (marzo 2006) desarrollé una suma de referencias para la elaboración de un Catálogo de Tipologías Urbanas para esa zona de la ciudad. El Catálogo, finalmente, no se llevó a cabo y las referencias que elevé siguen durmiendo el -dicen- sueño de los justos. En principio, pienso, algo conozco sobre lo que voy a escribir.

Por lo general, el Barrio Cero este a la que aludo, es el área a la que se asocia la noción de núcleo original -fundacional- de la estructura urbana de la población que ha llegado hasta nosotros. En ocasiones, puede llegar a mantener -aún- la estructura funcional, incluso monopolizar funciones urbanas superiores y actividades administrativas, bancarias, comerciales, culturales, de negocio, de ocio y despachos profesionales. Vamos; seguir vivo.

Los centros históricos son el origen de la propia vida de la ciudad[1]” y mantienen la traza que ha sobrevivido al devenir de los tiempos, definiendo un callejero repleto de vivencias y creado a golpe de acontecimientos sociales. Por ello, esos centros, exigen tratamientos para llevarlos a la conceptualidad actual para que sigan albergando el hueco del corazón que fueron antaño de la ciudad.

Hasta bien entrados los 50 del siglo XX estos Barrios Cero no sufrieron cambios funcionales en ninguna parte de España; es más, hasta los 80 los centros históricos fue el centro, aunque fueran degradándose. Eso se debe a que la ciudad original se fue haciendo a sí misma entre todos, mientras que la ciudad moderna es diseño de unos pocos. La ciudad antigua es ejemplo de habilidad integradora; lo que no siempre le ocurre a la ciudad moderna que polariza esa cuestión.

Recuperar el origen de la ciudad no es cosa de la segunda mitad del XX. Rafael Sanzio (Rafael de Urbino; Rafael a secas) ya le pidió (siglo XVI) al Papa Alejandro VIrecuperar el trazado y los lugares la vieja Roma”. Aquello fue una excepción porque no será hasta el XIX (1883) cuando el Congreso de Arquitectos Italianos reivindique recuperar los viejos centros históricos e irlos dotando de la funcionalidad perdida.
En España esas ideas no se pusieron en marcha hasta 1915 (legislación sobre Monumentos Nacionales) y ya en 1924 dieron un aldabonazo con el Estatuto del Urbanismo Municipalista. Las primeras leyes de Centros Históricos llegarán en 1926 (preservación de Tesoros Artísticos) y 1933 (legislación específica amparada en la Carta de Atenas, de 1931). También llegará la Ley del Suelo (que alertaba de que no se matara a los viejos lugares, 1956) y desde 1980 (atendiendo también a la Carta de Quito de 1967) proliferan las legislaciones específicas del Estado español y de las CCAA en una clara línea del tiempo donde pasamos del monumento concreto al ámbito general de barrio. Pese a todo esto, hasta el Real Decreto 2329/83 en España hay absoluto desinterés por estos Barrios Cero que por lo general se fueron degradando, incluso, una década después. En 1995 triunfan ya netamente las líneas regeneracionistas, aunque, como siempre, hay casos aislados y muy significativos.

Desde finales de los 80 la mayoría de los Ayuntamientos tomaron, con mayor o menor efectividad, cartas en el asunto y amparándose en planes con siglas que nos son familiares -PEPRI[2], PERI[3], ARI[4] y CHA[5]- comenzaron a filosofar primero (muchísimo debate teórico, porque no se tenía ni idea de qué hacer con estos lugares) hasta que se decidieron a establecer catálogos de realidades físicas y -sobre todos- sociales para estudiar, valorar y llevar a cabo iniciativas.

Las verdaderas soluciones -que no hacía falta estudiarlas mucho- llegaban siempre de la mano de las muy necesarias inversiones económicas (enterrar mucho dinero en el subsuelo y en rehabilitaciones físicas y sociales) para evitar la degradación, y el problema siempre fue la dotación económica para transformar aquellos lugares, por lo que la primera iniciativa que se tomaba, siempre muy barata, fue la de peatonalizar… para evitar males mayores.
Pero ahí no se acaban los problemas; podemos decir que al peatonalizar afloraban otros problemas que estaban latentes y larvados, pero no olvidados, y que requerían medidas urgentes. Hay clamorosos fallos en esto de la peatonalización, pero no entraremos hoy en detalles…

Contado esto, el Barrio Cero de Benidorm es mayoritariamente peatonal aunque mantiene una red de rodadura para dar servicio de acceso a residentes y a suministros logísticos. No se trata de una estructura urbana dormida, es ajena al concepto de Patrimonio Histórico pero mantiene una importante esencia cultural e incluso señas y rasgos de identidad propia. Si bien ha perdido parte de su estructura comercial arcaica, mantiene una vitalidad residencial importante que se complica ante la estrechez de la red viaria.

Lo mejor es que tiene todas sus infraestructuras renovadas desde hace década y media y alberga zonas de indudable atracción turística al tiempo que conviven, con desigual fortuna, zonas de restauración y ocio nocturno con viviendas residenciales.
Lo peor es que la aplicación inicial de unas ordenanzas municipales de la construcción sumamente permisivas a lo largo de tres largas décadas condicionó la escala y el paisaje urbano. Grave es que se constante una laxitud impenitente diaria en el cumplimiento general de las ordenanzas.

En los próximos días destriparemos este Barrio Cero de Benidorm que unos llaman Casco Viejo, otros le dicen Casco Antiguo y los documentos lo llaman Casco Tradicional. A ver si nos aclaramos.








[1] Antonio J. Campesino Fernández. Centros Históricos: retos urbanísticos de finales de los 80.
[2] Plan Especial de Protección y Reforma Interna
[3] Plan Especial de Reforma Interna
[4] Área de Rehabilitación Integrada
[5] Conjunto Histórico Artístico

15 jun 2014

DE CUANDO UNO NO COMULGA CON RUEDAS DE MOLINO


Pepita Orozco
Foto: Mario Ayús
Como cada viernes de temporada (que también nos vamos de vacaciones) acudimos el último vienes 13 al Hotel Meliá Benidorm para nuestra tradicional tertulia “Los cafés del Meliá”. Ni imaginábamos cómo nos iba a vapulear Holanda horas después y nos atraía conocer más de nuestra invitada, lo que molesta -y perturba- en el Casco Antiguo e incluso lo del movimiento vecinal. Nuestra contertulia era Pepita Orozco, benidormera del 54, del carrer Sant Miquel, hija de benidormer y alfasina, con abuelos centrados en las tierras de la familia León y almazara propia; vamos, del terruño. Pepita ejerce de benidormerapata negra”.

Ya en 1991, cuando fue por primera vez (también lo fue en 1999) presidenta de la Asociación de Fiestas Virgen del Sugrafio -la de las Fiestas Mayores Patronales-, debatí con ella en Radio Benidorm sobre la casta de “fills de poble” (que ella representaba) y el resto del pueblo, los “forasters” (yo y otros como yo, entonces y ahora). No sé si pretendía -y pretende- preservar el ADN de los primeros, pero terminé señalandole -ya entonces- la división entre “aborígenes” benidormeros y gente que había venido (hemos venido) de más allá del cíngulo montañoso que rodea Benidorm y lo hace tan maravilloso. Nunca llegamos -ni jamás llegaremos- a entendernos. Me parece absolutamente xenófoba (por no escribir la palabra nazi; hale, ya está) esa discriminación. Lo mío, con el personaje, viene de lejos. Ya empecé, en su día (nada más llegar a Benidorm), por criticar que se le cambiara el nombre a la patrona: de Virgen del Naufragio a Virgen del Sufragio, y como nadie me da ni una nimia explicación medianamente inteligible -Sufragio en su concepción etimológica de ayuda y favor (el escape se lo brindo yo)- pues no lo acepto.

No obstante, le reconozco su mérito y su labor: alguien tiene que hacerla.

Se formó, como tantos otros niños de Benidorm, la contorná y más allá, en el Colegio de las Monjas (Hermanas de la Doctrina Cristiana) y en el Colegio Lope de Vega, “cuando de verdad era internacional” y allí convivió con otras formas de vida y estilos de alimentación. “Yo no pedía a mi madre otra cosa para desayunar que copos de avena”; es que sus compañera alemanas (en Benidorm vivían varias familias de origen alemán con pasado aledaño al NSDAP) desayunaban eso y eran muy altas.

Pepita cursó Magisterio en Valencia y marchó después a Zaragoza donde estudió Teología con las Hermanas de Santa Ana. Hoy es, además, miembro del Consejo Pastoral de San Jaime y Santa Ana, en Benidorm. Y también fue una de las primeras alumnas de Dolores Santadell en Benidorm: ballet y hasta llegó al Conservatorio de Valencia.

Su primera frase tertuliana fue de las que parece que se labran en el mármol: “No todo el mundo quiere Benidorm como lo quiero yo”. Premisa absolutamente desconcertante para abrir boca. ¿Qué sabe ella de cómo queremos los demás a Benidorm?, ¿qué se yo de cómo lo quiere ella?

A ello añadió lo de “el olvido de la memoria de lo que es Benidorm es lo peor”. Bueno, coincido en que “Es muy duro que un pueblo pierda la memoria”, pero no es achacable -mantengo y defiendo- a los forasters que un día llegamos a Benidorm a “arrebatarle” la identidad que ella propala; todo lo más, mantengo, un fallo garrafal que de los que presumen de ADN pata negra benidormero. Eso de foraster del poble de Benidorm lo llevo con inmenso orgullo; no quiero que me confundan con los de un ADN que no tengo. Nací en Alicante, me crié en Orihuela, estudié en Murcia y he recorrido media España en destinos profesionales.

Antes, la calle era nuestra”, señaló con tremendo pesar. Y yo me acordé de Fraga Iribarne, ministro de la Gobernación en 1976, con aquél “la calle es mía”; me dejó el mismo regusto en la boca. Las calles son de la ciudad y de sus ciudadanos, y estos las ordenan y gestionan a través del Ayuntamiento. Y son los ciudadanos, cada 4 años, los que ponen y deponen a sus gestores. La perversión del sistema, el olvido de los munícipes de sus cometidos, es lo que hace crecer la participación ciudadana ocupando el espacio de la inacción municipal.

Luego siguió con aquello de “nos hemos dejado invadir; primero fueron los vascos”. Estuve a punto de saltar. Sólo quien desconoce su Historia es capaz de cometer los mismos errores. Se refiere a la zona “vasca” de un Casco Antiguo/Tradicional que primero colonizaron los británicos… y antes se pretendió su andalucización.

Ella defiende el Casco Antiguo de Benidorm… que en todos los documentos urbanísticos de esta ciudad no aparece como tal, sino como Casco Tradicional. Ella -y otros muchos más-, con legítimo derecho, quiere seguir viviendo allí y el problema es que desde siempre hemos venido desestructurando ese trozo de Benidorm: “No quiero que el Casco Antiguo sea un parque temático de locales”; ni usted, ni nadie. Tal vez es que “ha llegado el momento de decir ¡Basta!”, defiende Pepita -y la apoyo-, como defiende el comercio tradicional y hasta los “bares tradicionales”: “¿dónde se puede comer salazón en un bar de Benidorm?” preguntó. Y sólo nos salieron dos bares en todo el pueblo… pero la salazón no es una seña de identidad autóctona local; lo es tanto como el pulpo seco y las huevas de sepia de todo el Levante mediterráneo.

Critica Pepita Orozco que “Benidorm no tiene proyecto global que contemple, incluso, las diferencias de barrios y zonas” -y no le falta razón- y que no haya “autoridad moral que sea capaz” de acometer la empresa -que no la hay-. Eso mismo lo llevamos manteniendo en la Tertulia desde hace cinco temporadas. Insiste Pepita Orozco en criticar que Benidorm “sólo se mueve en pos del Turismo y no del vecino”, que “hay poco interés en los detalles”, que “la invasión se puede ordenar”, que “hay que cumplir las ordenanza municipales” (¡faltaría más!; pero todos: Ayuntamiento y ¡¡vecinos!!), “la dejadez de la escena urbana” y hasta de lo de Facebook y el “no eres de Benidorm si…” que ha pasado ya coger un tono “chabacano” (no pronunció esa palabra, pero es que no entiendo lo que escribo a velocidad del rayo; no entiendo mi propia letra).

Como representante del movimiento vecinal señaló su “deseo de mejorar la vida de los vecinos” y criticó la “dejadez de la escena urbana” en general, al tiempo que urgía a “transformar Benidorm”, denunciando que hay un cierto “empacho de éxito” (turístico) y que “a los vecinos no se nos hace apenas caso” (y eso que hay un Consejo Vecinal con 25 asociaciones de vecinos) porque, dijo, “los vecinos son una minoría”. ¿? ¿Olvida que los vecinos son ciudadanos? No sé, me pierdo; me perdí de continuo.

Los vecinos tienen derecho a vivir en sus barrios; el Casco Antiguo/Tradicional de Benidorm es fruto de una supina dejadez -desde siempre- por lo que ha sido desestructurado y colonizado por el ocio en determinados tramos y calles. Es un enclave de la ciudad en que, mantiene Pepita Orozco, “no se han unificado criterios desde hace 15 años”. Yo diría que la última vez que se le miraron las tripas al barrio fue hace, eso, 15 años, y desde entonces, a un ritmo desenfrenado, ha ido perdiendo identidad y vitalidad urbana. Y eso ha sido problema de todos. El “nos tenemos que hacer una cura de humildad” no puede abarcarnos, querida Pepita, a todos…

Tú misma: cuando esgrimes el “No todo el mundo quiere Benidorm como lo quiero yo”, ¿te refieres a criterios -en magnitud- de cantidad o calidad?

Ah, defiende Pepita el valenciano/el valenià. Nada que objetar. Y, ¿por qué no la rotulación bilingüe? Es por evitar ese rótulo que asoma en algún lugar benidormer que dice “Roba amiga” que no es otra cosa que una organización que recoge ropa -Ropa amiga- pero que escrito sólo en valencià, para los que no son aborígenes -o doctos en la lengua de Eiximenis o Fuster- marca, al detectarla y leerla, una expresión de asombro en su cara; especialmente en la de las mujeres.




14 jun 2014

DEL PAVOR ANTE EL MAL JUEGO DE “LA ROJA”


Aún no he podido salir de casa; con qué ánimo encaro el tener que tomarme un algo hoy con mi buen amigo Peter Hubertus Dieckmann. El 1-5 de ayer noche pesa sobre mi espíritu y se lo encumbra a él; me la tenía jurada.

¿Es que no repararon los de “La Roja” ayer noche -antes de “tener un mal día” o “no acertar en los detalles” [es que fueron tantos]- en lo que su inacción suponía? Allí había 10 azules que hacían lo que querían con los 10 blancos; incluso con el de amarillo. ¿Qué nos habían contado de Molière y del color amarillo?

Yo, esto de ayer -lo mío con Peter y la colonia naranja-, lo resuelvo en cuanto me haga el ánimo, pero desde aquí les exijo a los que andan por Brasil vestidos de corto que para otro espectáculo de estos que me devuelvan ese corazón que me pidieron, pues han hecho un nefasto uso de él. Partío; me lo han dejao partío.

Es que es asomarse al kiosko esta mañana y leer “Humillación” y “Ridículo para empezar” (El Mundo), “España, fuera de sus casillas” y “La Roja, deconstruída” (La Razón), “Descalabro mundial” (El País), “España se complica en su triste debut” y “Robben aniquila a España” (ABC), “Roja de Vergüenza” y “España sin defensa” (El Periódico), “España fracasa en su debeut en el Mundial! Y “Humillante venganza de Holanda” (La Vanguardia); “Cruel venganza” (Información), “Desastre” (Las Provincias), incluso “Holanda humilla a la campeona” (Levante)… Eso por no entrar en los deportivos: “Siniestro total” (As), “Viernes 13” (Mundo Deportivo) o el “Arreglad esto” de Marca, sobre fondo negro zaíno de luto y banda sonora de plañideras lloronas). Sport pasa de todo, lo de La Roja no va con ellos.

Yo, insisto, lo mío lo resuelvo en cuanto me eche al coleto un buen trago de ginebra (jenever) en el koopstot que ya me tendrá Peter preparado, junto a la botella de cerveza, pero lo de todos esos locales que habían hecho acopio de todo para lo que durara el Mundial, ¿quién se lo va a resarcir? Es que al segundo día llegó el chasco.

Esto tiene muy mal arreglo; nos han pillao con el carrito del helao… y hace mucho calor. Habrá que pasar cual apisonadora sobre Chile y Australia y esperar a que los hados de las matemáticas nos sean propicios

Yo, sigo siendo fiel a la Roja; la llevo en el corazón… pero la puñalada trapera de anoche no se la perdono yo.



13 jun 2014

DEL PAVOR HACIA LOS ÁRBITROS (ANTE EL MUNDIAL BRASIL’2014)


No fuimos a Uruguay (1930), sí a Italia (1934), nos retiramos de la fase clasificatoria en 1938 (Francia; digamos que… por motivos “de agenda”)… y ya no aparecimos hasta aquél Mundial de Brasil de 1950. Un nuevo lapsus (1954 y 1958), dos fugaces apariciones en Chile (1962) e Inglaterra (1966), para apagarnos de nuevo hasta reaparecer en México (1970) y Alemania (1974) y desde Argentina (1978) ya hemos estado en todas las citas: obviamente en España’82, y luego en México (1986), Italia (1990), EE.UU. (1994), Francia (1998), Korea del Sur-Japón (2002), Alemania (2006), Sudáfrica (2010), donde ganamos nuestra primera estrella, y ahora Brasil’2014. Vamos, que esta es nuestra decimotercera participación en 19 ediciones.

El fútbol y yo no nos llevamos lo suficientemente bien para llegar a opinar, pero si lo visto ayer es una muestra de que nos espera, pues apaga y vámonos.

Los árbitros me dan muy mala espina siempre. Y la espina es sinónimo de tormento (¿o no fue de espinas la corona aquella de Cristo?). Pues eso.

Visto lo visto, la frase de Gary Linecker (04.07.1990) “El fútbol es un deporte inventado por los ingleses y en el que siempre ganan los alemanes” pasará a ser una boutade. El tal Nishimura, nipón, regaló ayer el triunfo a Brasil. Si esto va a tener que ser así para evitar la deshonra canarinha y que la violencia campe por el país, pues que lo confirmen (todos lo sospechamos) y tal y tal. Jugamos la pachanga, copiamos a los holandeses -dicen- de fiesta carioca, y nos volvemos en paz.

Es que no quiero revivir lo del 22 de junio de 2002, en Gwangju, Korea.

Se celebraban por aquellos días las “tradicionales” Jornadas de Prensa y Turismo en Tenerife y allá que estábamos hasta con lo del municipio turístico a cuestas. Aquella mañana “la sesión de trabajo” se iniciaba (8’30 h) con el televisor como protagonista. A las 11 estaba previsto retomar las sesiones técnicas, pero... ¡no hubo manera! El tal al-Ghandour, egipcio no momificado, nos la jugó fina (se retiró, me cuentan, ese año del arbitraje). El Gamal aquél nos anuló los goles de Baraja y Morientes (en la prórroga, que hubiera sido “gol de oro” de 24 kilates) y pitó aquellos fuera de juego de Joaquín, Morientes y Mendieta, solos antes el portero coreano, para dar por concluido el partido cuando íbamos a lanzar un saque de esquina, que siempre es peligroso. Luego, en los penaltis, nos ganaron: 5 chicharos a Iker Casillas que ya estaba por ahí. Los sudores de Camacho, el seleccionador nacional de 2002, fueron los nuestros en Tenerife. Hasta ese día, un mundial de fútbol me importaba un bledo. Pero ver al holandés Guus Hiddink convertido en héroe nacional coreano… ¿pues qué quieren que les diga? El estadio donde Korea nos ganó en los penaltis se llama ahora Guus Hiddink.

De aquél mundial recuerdo aún a Silvio Berlusconi decir sobre la Azzurra: “Si vuelven antes de lo previsto, los metemos en la cárcel”. Italia se despidió en octavos y no recuerdo que fueran a la cárcel. Las cosas de don Silvio; don Benito (Mussolini) había dicho lo mismo en 1934… cuando el mundial se celebró en Italia, ganó Italia y… muchos de aquellos árbitros fueron suspendidos en sus respectivos países de origen.

En aquél 1934 la selección española (republicana) venció a Brasil por 3 goles a 1 (entonces los brasileños vestían de blanco). Luego, el 31 de mayo empatamos con Italia, el anfitrión, debiendo jugar el desempate al día siguiente, 1º de junio, y sucumbiendo ante Italia por 1 gol a 0; a aquello se le llamó “la Batalla de Florencia” y es que en el estadio Comunale Gianni Berta de Florencia se celebró.

El árbitro belga, un tal Baert, hizo la vista gorda en el empate italiano del día 31 y hasta anuló el segundo gol de España. La cosa terminó con 7 jugadores españoles “rotos” frente a sólo 3 italianos. El desempate del día siguiente fue cosa del árbitro suizo, un tal Mercet, que concedió un gol a Italia y anuló otro a España. Al final, nosotros para casa.

Ah, y para cuando nos toque con Chile. España, la selección española de Fútbol, desde las Olimpiadas de Amberes (1920; VIº JJOO) fue titulada por la prensa italiana como la Furia Rossa (Furia Roja) en la previa del partido que nos iba a enfrentar a Italia a la que, por cierto, ganamos. Es que llevábamos un león rampante como escudo y la camisola era roja. Y Chile no jugó nada importante hasta 1930, toda una década después.

Selección Española de Fútbol; Amberes, 1920 . VIº JJOO; Furia Rossa


Asín que… es que esta noche jugamos… Yo ya he puesto la bandera en el balcón; la de España, oiga.