10 nov 2014

DESDE LA OPERACIÓN ARGONAUTA... A LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN (II)


Hoy nos situaremos en junio de 1945. Alemania ya está dividida en 4 sectores; Berlín, también; en 4 sectores. Son las consecuencias de la Operación Argonauta.

Ya en Berlín, con la guerra terminada, los grandes jefes militares, celebran otra Conferencia. En Postdam, junto al rio Havel, los vencedores intentan poner en marcha la acordada Comisión Interaliada de Control… pero no obtiene el visto bueno de Stalin, con lo que hasta el 30 de agosto de 1945 no comienza a rodar. Su misión: ser el órgano de control supremo sobre aquellos cuatro sectores para gestionar la nueva “Alemania” a modo de gobierno. Se fijaron tres sesiones por mes y… a gestionar la paz. Soviéticos y yankees sólo procuraban hacerse la puñeta, pero aún así la cosa funcionaba… hasta que Francia se sintió fuerte y empezó a ponerse tiquismiquis. No obstante se llevó a cabo la desnazificación del país (pura cuestión estética), se creó un Tribunal Militar Internacional en Núremberg para juzgar a los cabecillas (por crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y guerra de agresión), se reactivó la Justicia, la Sanidad, la Educación, la Administración, la producción agraria e industrial. Y también se crearon los länder[1] y se garantizó, en la zona occidental, la libertad, y se restablecieron los derechos sociales y laborales. Y se suprimieron, en la zona occidental los cárteles[2] y konzerns[3].

Churchill, Truman y Stalin, en Postdam
Aquí llegados sí que me gustaría señalar que en Postdam se trataron otros temas. Por un lado, soviéticos y británicos acordaron abandonar Irán, pero Stalin lo incumplió creando la República Socialista Soviética de Azerbaiján y aquello quedó como conflicto latente, hasta hoy. Por otro, se habló mucho de España. Por de pronto se ordenó que evacuáramos Tánger y que se le devolviera a su estatus de ciudad internacional. España, cumplió y la declaró Ciudad Abierta… aunque Marruecos, por las bravas, la invadió y anexionó en 1956. Pero volvamos a Postdam porque allí mismo se dijo que no nos dejarían entrar en la ONU mientras estuviera “el presente gobierno, el de Franco. Luego llegaría aquello de “si ellos tienen ONU, nosotros tenemos DOSy en 1955 estábamos en la ONU; pero eso es otra historia. 

La Europa de Postdam
Y así, entre pullas de unos y otros -con muchos tanques por doquier- terminó aquél duro 1945, y llegamos a 1946 donde los Aliados occidentales cansados de que las imprentas del territorio ocupado por los soviéticos no hicieran más que imprimir dinero falso que hacían llegar al “otro” lado, deciden realizar una reforma monetaria. Los soviéticos dieron largas (había que hacer estas cosas en el seno de la Comisión Interaliada de Control) y siguieron imprimiendo billetes con lo que la inflación llegó a niveles estratosféricos. EE.UU. contraatacó en el Plan Marshall (Europa Recovery Program; 12.07.1947), al que invitaron a sumarse a los soviéticos, y comenzó un tira y afloja que acabó con la Comisión Interaliada de Control el 20 de marzo de 1948.

Esto no pilló a nadie de sorpresa; de hecho, los sectores yankee y británico, desde mayo del 47, estaban integrados en una misma realidad socio-administrativa y pasaban muy mucho de las decisiones de la Comisión. Sólo las seguía Francia, para el sector francés, y en enero de 1948 se pasa al sistema anglo-norteamericano. Así, ante el cabreo soviético, la zona bajo control Aliado, el 20 de junio de 1940, instaura la nueva moneda “occidental”, el marco, que entra en vigor al día siguiente (21 de junio) y con un reglamento que hoy nos hace palidecer de bochorno: “se prohíbe a las instituciones oficiales incurrir en déficit para asegurar la fortaleza de la nueva moneda”. A partir de ahí, en la zona Occidental, los gastos no podía superar a los ingresos. Y el endeudamiento público sólo podía hacer ante previsión cierta de ingresos futuros.

Expectación ante la llegada de los primeros aviones
El 23 de junio de 1948, con una ingente cantidad de falsos Reichmark en papel moneda que endilgarle a los occidentales, los soviéticos, cabreados como monos, deciden salirse del sistema de control, y el 24 de junio decretan el bloqueo de Berlín, cerrando todos los accesos posibles a la zona Occidental y cortándoles los suministros de agua, carbón y electricidad. La respuesta, contundente: se implantó, de inmediato (25 de junio), el primer puente aéreo[4] hacia Tempelhof y Tegel a cargo de aviones norteamericanos, ingleses, canadienses, australianos, neozelandeses y sudafricanos. También Francia contribuyó. Fueron diez meses de dedicarse a ver quién la tenía más grande. En esto ganaron los aliados, que hasta efectuaron un Rosinenbomber, bombardeo con huevos de chocolate -en Pascua- sobre todo Berlín. Las defensas antiaéreas soviéticas ese día tampoco se atrevieron a responder. El 12 de mayo de 1949, Stalin decretó el levantamiento del embargo, tras el acuerdo alcanzado en Nuevo York, el día 4 de mayo. La Universidad Libre de Berlín, en el lado Occidental, es todo un homenaje a aquél puente aéreo.

23.05.1949; esperando a Adenauer para sancionar
la Ley Fundamental de la RFA
El siguiente paso lo dieron los Aliados; con un par, el 23 de mayo de 1949 proclamaban la República Federal de Alemania (RFA, sobre los tres sectores occidentales) a través de la Ley Fundamental y celebraban las primeras elecciones parlamentarias el 14 de agosto; elegirían 420 diputados, de los que 10 sería del Berlín occidental. El 7 de octubre de 1949, cuatro meses después, la respuesta soviética consistió en la creación de la República Democrática de Alemania (RDA). De inmediato fue reconocida por la URRS, y acto seguido por lo mejorcito de aquellos días: República Popular de China, Corea del Norte, Albania, Bulgaria, etc.

El caso es que mientras en un lado, el occidental, a pesar de estar fatal las cosas, el país comenzaba a salir adelante, en la parte oriental a malas penas eran capaces de ir tirando. Sólo en 1948 la producción industrial de la parte occidental aumentó un 45%, frente al 3’5% de la zona oriental. Durante el periodo 1949-53 el promedio anual de incremento occidental fue del 20% frente al 7% oriental. Las cuentas salían al Oeste y no salían por el Este. En 1951 ya la RFA, la Alemania Occidental, fue capaz de destinar los fondos del Plan Marshall a comprar bienes de equipo, y en 1952 ya estaban con Francia, Bélgica, Italia, Luxemburgo y Holanda en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) y en el Euratom. A la RDA, ni se la esperaba por el resto del mundo mundial.

Y eso era debido a que hasta 1952 Stalin creyó que habría una reunificación alemana, que era cuestión de tiempo, y que la manzana caería sobre su terreno. Por eso no invertían en la recuperación del país, de la RDA. Eso sí, el 10 de marzo de 1952 envió al otro lado su “célebre” propuesta -la Nota de Stalin, que inauguró la llama “Guerra de las Notas”- a favor de una Alemania unificada y neutral que fue celebrada con un sonoro pitorreo diplomático. Cabreadísimo, ordenó Stalin -el 1º de abril- la constitución del Ejército Popular de la RDA. Y como el movimiento de ciudadanos de la RDA hacia la RFA era incesante, el 1º de junio de 1952 el mismísimo Stalin ordena el cierre total de las fronteras interiores. Se creó entonces una frontera física, una barrera, entre las dos Alemanias. Y en el lado oriental, además, una franja de 500 metros como zona prohibida -junto a la barrera- y otra zona más amplia, de 5 kilómetros, a la que sólo se podía acceder con permiso especial. Y para vigilar todo ese perímetro se creó la tropa especial de fronteras -Grenztruppen der DDR-, con 47.000 efectivos, en sustitución de las tropas de frontera soviéticas que se ocupaban hasta entonces de esos menesteres.

Sólo en Berlín, entre los dos sectores, se mantenía la comunicación entre las dos Alemanias. Se permitieron hasta 81 pasos entre los sectores oriental y occidental desde aquél 1º de junio de 1952. La Volkspolitzei -los VoPo, la Policía Popular- controlaba la parte oriental.

A partir de entonces, la maltrecha economía de la RDA, la falta de apoyo soviético, y la floreciente economía de toda la zona occidental provocó una creciente corriente migratoria sin precedentes de la zona oriental a la occidental. Y esa, haría estallar la rabia soviética.
URSS)arselo entes, bajo control de la ONUrocito de Prusia Oriental (controlaba P






[1] División territorial que otorga capacidad legislativa, administrativa y fiscal a un determinado espacio geográfico.
[2] Acuerdo formal entre empresas para eliminar la competencia en un determinado mercado
[3] Reunión de varias empresas independientes en una única entidad económica surgida como iniciativa antimonopolio que terminó por ser altamente monopolista.
[4] 277.728 vuelos a Berlín en los que transportaron 2.34 millones de toneladas de alimentos y otros suministros. 72 aviadores perdieron la vida en accidentes ocurridos en el puente aéreo

9 nov 2014

DESDE LA OPERACIÓN ARGONAUTA... A LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN (I)


He oído estos días a una representante comunistas (¡comunistas en el siglo XXI!) contar una milonga a los telespectadores de la La 1 sobre el Muro de Berlín y el fracaso-colapso de la RDA y -ella no lo entendían así- del comunismo.

También oí a otra, comunista -en el mismo debate-, apuntarse tantos que sonrojarían, de estar vivos, a los “inventores” del eurocomunismo (Berlinguer y Marchais; aunque alguno meterá en este concepto hasta a Carrillo, que llegó mucho más tarde -y de rebote- a esta opción). Estamos con eso del 25º Aniversario de la caída del Muro de Berlín… y la edad les juega malas pasadas, lo que unido a la incultura y al credo comunista de la intoxicación, resulta letal.

Vale que la sindicalista no tuviera muy clara la Historia, pero que lo hiciera la letrada, me deja estupefacto.

Churchill, Roosevelt y Stalin, en Yalta
Me voy a remontar, para tratar el tema de los “forjadores de los derechos sociales de los trabajadores”, a la Operación Argonauta que no fue otra cosa que poner en solfa, adecentar, la ciudad de Yalta para la conferencia de Yalta. Yalta, sí; en Crimea. Yalta, el paraíso en el Paraíso comunista, a orillas del “Mar Hospitalario” de los griegos -el que nosotros llamamos Mar Negro… que era el color que se le adjudicaba al Norte; como el rojo al Sur- por donde Jasón guió a sus Argonautas en busca del vellocino de oro (o de la zalea). Ah, entre los argonautas, los que viajaban en el navío “Argo”, estaban Tiphys, el timonel, Linceo, el de la penetrante mirada, Orfeo, el de la lira, e incluso el mismísimo Hércules. Vamos, la repera mitológica. Pero por mucho que los soviéticos se empeñaran en llamar Argonauta a la operación, ni Jasón si sus chicos pasaron por allí, por Crimea; más bien a los Argonautas les dio por viajar por las orillas Sur y Este. El Norte era bastante inhóspito. Y en el Norte del Euxeinos Pontos habitaban, por entonces, indómitas tribus salvajes.

Contaba Churchill en sus Memorias que “Si hubiéramos pasado 10 años buscando, no habríamos podido encontrar, en todo el mundo, un sitio peor que Yalta. Es solamente bueno para pillar el tifus, y los piojos mortíferos proliferan por todas partes”. Sí, eso decía Churchill del paraíso del Paraíso comunista. Y eso que para organizar la conferencia, la continuación de la de Teherán, dispuso Stalin el envío de hasta 1.500 vagones ferroviarios con material y personal para que todo saliera bien. Desplazaron a tanta gente -cerca de ocho mil personas para servicios- que muchos creyeron -cosas del Paraíso comunista- que estaban siendo deportados a Siberia… claro, allí todo podía ser, sin previo aviso. Y llegaron a Yalta, y vieron que no era Siberia; pero lo mismo, a los pocos días, terminaron allí; que hay poca investigación al respecto.

Los 4 jefes de la Comisión Interaliada de Control: Montgomery,
Zhúkov, Eisenhower y De Gaulle
En Yalta (04 al 11.02.1945), hoy sabemos que, hubo 8 sesiones plenarias, 8 reuniones de ministros de Asuntos Exteriores, 3 cenas y 1 almuerzo de trabajo. Allí acordaron soviéticos, yankees y británicos, dividir Alemania en 4 zonas que estarían administradas por una Comisión Interaliada de Control (que incluiría a Francia, que no estaba en la conferencia), aunque -de facto- estarían administradas las 4 zonas por los mandos militares de la potencia ocupante del sector. El secretario del Foreing Office, Anthony Eden, presidiría la comisión en plan “figurón”. Stalin, el mismísimo Stalin, calculó -y todos aprobaron sin chistar- la cuantía de las “reparaciones” que Alemania debería pagar a las potencias vencedoras: veinte mil millones de dólares (20.000.000.000’00 $, de 1945; dólares y no rublos del Paraíso comunista, que valían bastante poco) en razón a pérdidas materiales y humanas sufridas. La mitad, para la URSS, sin más. El otro 50% restante se lo repartían el Reino Unido (14%), los Estados Unidos (12’5%) y Francia (10%). ¡Coño!, eso sólo suma el 36’5%; ¿A dónde fue a parar el 13’5% restante? Pues fue a parar a control de la URSS, ya que iba destinado a los “otros” países afectados (Polonia, Hungría, Checoslovaquia, etc.) y que, casualmente, estaban dominados por ellos… por los comunistas del paraíso comunista.

Ah, también se habló en Yalta de Polonia. Polonia, la triturada Polonia, cedería -faltaría más- a la URSS un trozo de lo que hoy es Bielorrusia (Bielorrusia Oriental) y Galitzia oriental, aunque a “cambio” recibiría un pedazo de Alemania, al Este de la línea de los ríos Oder-Neisse, que los Aliados occidentales nunca reconocieron, pero Stalin puso sus cojones sobre la mesa y a ver quién atravesaba media Europa, hasta Moscú, para objetarle algo.

Y la guerra siguió su curso y la Comisión Interaliada de Control comenzó a trabajar sobre el terreno con las premisas establecidas en Teherán (1943) y en Yalta (1944), pero los soviéticos fueron a lo suyo: la expulsión de las poblaciones alemanas de los Sudetes (Checoslovaquia) y Silesia (Polonia), así como las afectadas por la línea Oder-Neisse (Prusia oriental y el Este de Pomerania). En total, unos quince millones de alemanes (15 millones) que fueron pasando penalidades, de camino a la Alemania “Occidental”, por los campos de trabajo de Lambinowice, Zgoda, Potulice, Jaworzno, Glaz, Milecin, Gronowo y Sikawa, donde -mira por dónde- se dejaron la vida entre 2 y 2’5 millones -de esos alemanes- en sólo seis meses, por obra y gracia de la orden de Stalin… líder del paraíso comunista. ¿Venganza?, obvio que sí.

Cuando por fin terminó la guerra estaba ya casi todo decidido en cuanto al reparto territorial de Alemania. En septiembre de 1944 ya estaba hecho. Primero fue el Plan Morgenthau (el plan de Henry Morgenthau Jr., Secretario del Tesoro de los EE.UU., para “eliminar a la Alemania nazi”) que era incluso, se opinó entonces, interesante: dos nuevos países -Alemania del Norte y Alemania del Sur- como secuelas de la antigua Alemania, un trocito de territorio para la URSS -que resultó ser Prusia Oriental (¿qué más daba?, controlaba Polonia)-, el Sarre (vieja reivindicación) para Francia, y la zona de Ruhr y sus adyacentes quedarían bajo control de la ONU (según la propuesta de enero de 1942 de Roosevelt). Pero los yanquees ni siquiera se atrevieron a presentar el plan a Stalin. En septiembre de 1944, la Comisión Consultiva Europea (EE.UU., Reino Unido y la URSS) prefirió reunirse en Londres y desarrollar lo que se llamó el Protocolo de Londres: el reparto de Alemania y de Berlín, su capital. Se sacó de un cajón de la Inteligencia británica la ley alemana del 27 de abril de 1920 sobre el Gran Berlín, y se lo repartieron. El trozo más grande, para la URSS.Y el mismo día que nació la ONU (26.06.1945) incluyeron en ese reparto a Francia. Así que cuando los soviéticos tomaron Berlín (oficialmente, el 2 de mayo de 1945), por el Protocolo de Londres, sólo les correspondían 400 km2 del Gran Berlín (con una población de 1’1 millones de habitantes); los otros 480 km2 del Gran Berlín (con una población de 2’2 millones de habitantes) eran para los Aliados y estos no llegaron en Berlín hasta el 1º de junio (ya se ocuparon los soviéticos de ponerles trabas y saquear convenientemente lo que quedaba de su territorio); y hasta el 4 de julio no pudieron tomar el control efectivo de todo el Berlín, llamemos, “Occidental”. Y ya estaba el Gran Berlín repartido.

En cuanto al país, Alemania, como se refrendó en la tercera de las Grandes Conferencias, Potsdam (17.07-02.08.1945, junto a Berlín), los soviéticos ocuparían Mecklemburgo-Pomerania Occidental-Brandemburgo-Sajonia y el Anhalt. Incluso cuando se pusieron muy pesados con el cumplimiento del Protocolo de Londres se les permitió a los soviéticos quedarse con Turingia y el trocito de Sajonia que aún, por un meandro de un río, ocupaban los yankees. Ellos eligieron su territorio, y nunca, querida sindicalista, optaron por el rico Ruhr.






6 nov 2014

DE LAS COSAS QUE HICIERON POSIBLE EL TURISMO


Llevo unos días sin escribir en el Blog, centrado en un informe que tengo que presentar el día 11; el día sólo tiene 24 horas. Pero no puedo dejar pasar por alto (no me he podido resistir a) el sensacional trabajo “100 innovaciones que transformaron elturismo/100 Innovations That Transformer Tourism” que acabo de descargar a través del TTRA (Travel & Tourism Research Association). Su autora es la profesora Anne-Mette Hjalager del Centro de Turismo del Departamento de Medio Ambiente y Economía de la Empresa de la Universidad del Sur de Dinamarca (en Odense, en la Isla de Fionia… de dónde era el cuentista Andersen; Hans Christian Andersen).

Para mí, por eso lo comparto, ha sido fascinante reparar en esos 100 ítems revolucionarios para el Turismo. La movilidad, el aumento de posibilidades de esa movilidad, es clave y resulta que casi la mitad de ese centenar de innovaciones están relacionadas con ese factor. Movilidad: 1 de cada 6 personas en todo el planeta viajó por turismo en 2013. Y “pelas”: gracias al turismo 1’4 billones de dólares confluyeron en la cuenta de resultados del Turismo.

El primer ítem es el pasaporte; llama la atención que el pasaporte sea la innovación más antigua.
Y es que el pasaporte es una innovación del siglo XV; de 1414, cosa de Enrique V de Inglaterra. Vivimos ahora en la UE-28 y el Espacio Schengen nos lo hace olvidar… pero ¿qué sería del Turismo sin el pasaporte? Vale que en el siglo XV, ni foto, ni banda magnética; pero desde entonces está en marcha el pasaporte.

También son interesantes los ítem del taxi (1640), del barómetro (1643), y del termómetro (1714) -por aquello de que el clima nos condiciona mucho lo de hacer turismo -o las mismísimas vacaciones, incluso si son en la nieve- son otros importantes elementos que señala la danesa, pero habrá que esperar a 1847 para que los institutos meteorológicos nacionales empiecen a dar sus partes y previsiones.

Todos estos jalones de la carrera turística no dejan de ser importantes, pero por aquellos días del siglo XVII, que ya ha llovido, para mí es fundamental el primer museo (1683), el Museo Ashmolean (Ashmolean Museum of Art and Archaelogy) construido para albergar “el gabinete de curiosidades” de Elias Ashmole y que éste donó a la Universidad de Oxford en 1677. El 6 de junio de 1683 abrió este museo, que también incluía las colecciones de los John Tredescant -padre e hijo- que contaban, como anécdota, con el último dodo[1] disecado que se vio en Europa. Se convirtió en un atractivo de la ciudad de Oxford; mucho más que su prestigiosa universidad.

Y en ese capítulo de grandes hechos hay que citar el cheque de viaje (1772; sí, siglo XVIII). Aquél primer traveler’s check emitido en Londres era válido en 90 ciudades europeas; fue un “invento” de la London Exchange Company. Se trataba, en realidad, de un pagaré[2] bajo el título de “promissory notes for travelers”, según la idea de Sir Robert Herries. Fue tal el éxito, y el desprecio de casa matriz, que Herries creó su propia firma -Herries, Farquar & Co.- para seguir con ellos en 1797. En 1893, Lloyd se hizo con el negocio.

Prof. Anne-Mette Hjalager
Y siguiendo a la profesora Anne-Mette Hjalager descubres que el cinturón de seguridad es de 1804; incluso anterior al “invento” de trasatlántico, que es de 1818. Sí, hasta 1818 ninguna compañía ofrecía un servicio regular de pasajeros entre ambas orillas del Atlántico (ni imaginar por el Pacífico; incluso por el Mediterráneo) haciendo énfasis en la comodidad de los pasajeros. Se efectuaba en buques a vela y se tardaban poco más de mes en hacer la travesía. Hombre, habría que irse a 1838 para que este mismo ítem tuviera verdadero carácter para estar en esta lista, cuando comenzó a hacerse con barcos de hierro movidos por vapor, tardando sólo dos semanas en la singladura Bristol-Nueva York, que inaugurara por el “Great Western” con sus 152 pasajeros.

Guía Michelin, 1900
El ferrocarril es de 1825 y el coche-cama es de 1837, el mismo año en que “se inventa” la piscina cubierta. La bicicleta es de 1839 y el telégrafo de 1844. De 1854 son la maleta (aunque habrá que esperar a 1987 para que ¡le pongan ruedas!), el ascensor y los seguros de viaje. Hasta 1875 no llegará el automóvil y hasta 1877 no hará irrupción el teléfono. Terminará el siglo XIX (con el año 1900) con los primeros zeppelines y con la aparición de la Guía Michelin, una guía publicitaria que André Michelin re-ga-la-ba por la compra de sus neumáticos. Era el súmun de la simplicidad: una lista de me-cá-ni-cos (los automóviles no eran de una fidelidad extrema de funcionamiento), otra de médicos, algún plano de ciudades y una lista de curiosidades del lugar. Hasta 1920 no incluirá restaurantes, y sus estrellitas calificatorias comenzaron en 1926, aunque hasta 1931 no empieza el ranking.

Ya el siglo XX nos traerá el aire acondicionado (1902), la roulotte (1907; alias “ca-ra-va-na), la aviación civil como transporte de pasajeros (1919), las autopistas (1919), las gafas de sol (1929) o las azafatas (1930); dieciséis años volando los aviones sin aeromozas, que es como aquí se las llamó al principio.

Claro, es que en aquellos primeros aviones, caber, lo que se dice caber… sólo cabían los pasajeros… que se podían contar con los dedos de una mano. El 5 de febrero de 1919 la compañía Deutsche Luftreederei comenzaba a operar la línea Berlín-Weimar, vía Leipzig, con aviones AEG con capacidad para cinco pasajeros en 2 horas y 18 minutos. Tres días después se inauguraba la línea París-Londres (2 horas y 35 minutos, sin escalas) con aviones Farman Goliath (bombarderos transformados, como los AEG) con capacidad para 11 pasajeros… y las consabidas sacas de correo que fueron los primeros “pasajeros” de la aviación comercial.

Pero sin lugar a dudas el hecho trascendental del Turismo, de la socialización del Turismo, son las vacaciones pagadas y esas, como la carta de compras, son del año 1936. Aquello sí que fue un ítem: las vacaciones pa-ga-das. Fue un acuerdo, a conveniar con los distintos países a partir de entonces, adoptado en Ginebra el 24 de junio, San Juan, de 1936. Su memorable Artículo 2 decía: “Toda persona a la que se aplique el presente convenio tendrá derecho, después de un año de servicio continuo, a unas vacaciones anuales pagadas de seis días laborables, por lo menos”. Y gracias a eso el turismo y las vacaciones en un activo más de todos (casi todos).


La profesora Anne-Mette Hjalager señala muchas cosas más, cien en total, que considera que son claves en esto del Turismo, como la tarjeta de crédito (1938), la crema de protección solar (1944), el sistema informático de reservas (1946), el cañón de nieve (1950), la mochila (1951; ¿qué sería de los mochileros sin ella?), la famosa cámara fotográfica “Instamátic” (1963; ¡qué gran invento de Kodak!), la guía Lonely Planet (1972), el mini-bar (1974; ¡sin palabras!)… y muchas otras cosas más.


Estaba todo ahí, pero la profesora Anne-Mette Hjalager lo ha recopilado. Y aunque nos pueda sorprender, estaba inventado.







[1] Ave endémica de Isla Mauricio (Océano Índico), extinta a finales del XVII
[2] Documento que contiene la promesa incondicional de una persona (denominada suscriptora), de que pagará a una segunda persona (llamada beneficiario o tenedor), una suma determinada de dinero en un determinado plazo de tiempo. Su nombre surge de la frase con que empieza la declaración de obligaciones: "debo y pagaré". La diferencia entre la letra y el pagaré es que el pagaré es emitido por el mismo que contrae el préstamo.

1 nov 2014

DE ESTAR A VUELTAS DE ESTO DE HALLOWEEN


Ya les conté el año pasado lo de Halloween, pero la gente no escarmienta y sigue con su fiesta, honrando a la muerte; sin saberlo. ¡Qué le vamos a hacer!

Pero hay más tonterías en todo esto: mezclamos la ancestral fiesta del final de las cosechas (a partir de ahora el campo quedaba estéril hasta la primavera) que nos vale para casi todas las civilizaciones, con la acción de la Iglesia de Roma trasladando el Día de Todos los Santos al 1º de noviembre en el siglo IX, con el homenaje a la muerte (epidemias de los siglos XIV, XV y XVI), con el trágico siglo XVII y con la Revolución Agraria… que no a todos les trajo lo mismo. Lo que amalgamaba todo esto era el fuego y las historias tenebrosas con fantasmas incluidos.

De la Edad Media, las gentes, sumaron al Halloween, en la segunda mitad del XVIII, las viejas supersticiones. Así añadieron los gatos negros -conectados con el Maligno- y las brujas, sus mentoras; incluso la mala suerte si te cruzas con ellos. Incluso los búhos -si se te presentaban ante la ventana o los veías a plena luz del día (son aves nocturnas)- y los gorriones, que llevan, cuentan, las almas de los muertos. Ahora bien, si ustedes vieron una araña en Halloween no la machaquen. Resulta que lleva el alma de un ser querido, ya fallecido, que vela por Ud.

Pero, la verdad sea dicha, más allá de bailar en torno a la hoguera y convertir la noche en un “Sálvame” de fastasmones y brujildas, hasta la mitad del XVIII… Halloween no pasa más de eso; la fiesta se quedaba en eso.

Bueno, los yanquis le dieron un toque “de distinción” a esto del Halloween, tras la IIGM, al meter a los niños en esto, atiborrarlos de caramelos y jugar con Stingy Jack. En 2012 los niños de yanquilandia movieron un negocio acaramelado de 2.000 millones de dólares, y la cuarta parte, leo, en esa noche. Y aquí nos comemos, “con paticas y tó”, lo que nos llega de allí y lo hacemos muestro. ¡Horror!

A mí me gusta Stingy Jack y su historieta; sólo que la “lantern” original de este truhán pendenciero siempre fue un nabo, y no una calabaza. Y la lantern de nabo es más terrorífica que la de calabaza; y el nabo es europeo y la calabaza es americana, y hasta que no la trajeron los españoles, a lo largo del XVI, nadie supo de ellas. A las islas británicas no llegaron hasta bien entrado el XVIII.

Y ya en esto podríamos entrar en la Revolución Agrícola británica y sus personajes; desde Jethro Tull (y no el grupo rock del flautista Ian Anderson… ¡que suene Aqualung!), el primer gentleman-farmer, hasta Robert Bakewel y sus cruces de razas ganaderas. De entre todos ellos, para este Halloween, Lord Nabo.

Lord Turnip convenció a los británicos para eliminar el barbecho (rotación de cultivos con un año -o varios- en blanco -en barbecho- para recuperarse). Desde tiempos de Roma se aplicaba en la agricultura el barbecho… y se utilizaba el arado romano… tirado por hombres o bueyes. La revolución agrícola británica consistió, entre otras muchas cosas, en cambiar los bueyes por caballos (les doblaban en velocidad de trabajo), en aplicar el nuevo arado Rotherham (triangular, 1730) y en plantar nabos en lugar de dejar las tierras en barbecho. Y hubo nabos hasta para hacer sopa. Aquél sistema trigo-tubérculos-cereales de primavera/leguminosas-forrajeras fue básico para el gran salto adelante que dio la agricultura y Gran Bretaña en el XVIII. Y ahí estaban los nabos, una suculenta de raíz napiforme, que completaban el ciclo… y se hicieron tan populares que Stingy Jack pudo conservar las ascuas que le lanzó el diablo en un nabo vaciado y horadado que le sirvió -y aún le sirve, dicen- de linterna.

Y por decir, dicen que el negro y el naranja son los colores de esta época del año… y son, además, los colores de Halloween: el negro, de la oscuridad invernal que se avecina (y de la Muerte), y el naranja, del otoño… y de las calabazas. Pero es que el “pumpkin” británico no llega a aparecer por ningún lado hasta bien entrado el XVIII, aunque Shakespeare, el gran Shakespeare, en “Las alegres comadres de Windsor” señala la novedad del “pumpion” que parece que así las llamaron en principio. Pero la calabaza no llegará al escenario de los cuentos de fantasmas de Halloween hasta que Washington Irwin, el yankee que se enamoró de Granada y la Alhambra, escriba “La leyenda de Sleepy Hollow/La leyenda del jinete sin cabeza”, para “El cuaderno de bocetos de Geoffrey Crayon”, y de Ichabod Crane solo queda, tras perseguirle el jinete (sin cabeza), su caballo, su sombrero y -¡zas!- una calabaza destrozada. Hasta ese momento, las calabazas no pintaban nada en Halloween.

Lady Dorothy “Dolly” Townshend… en vida
Y para cerrar con un relato fantasmagórico, en esto de Halloween, pongamos en liza a Lord Nabo. Charles Townshend, 2º Vizconde de Thownsend -el introductor del nabo (Turnip Townshend) en el sistema para eliminar el barbecho,  fue todo un personaje; Secretario de Estado durante una década, dirigió la política exterior de Gran Bretaña y estuvo en todos los saros; incluso en el Tratado de Utrech (1713; Menorca y Gibraltar para los británicos). Y en la holandesa Utrech conoció Charles las ventajas del cultivo del nabo, que aplicó en sus tierras de Norfolk.

Bien, pues a nuestro Lord, un socio político del partido Whig (Partido Liberal Británicos; 1678-1868), Robert Walpole -Conde de Oxford-, lo dejó en la estacada política, con el culo al aire en 1730, y Turnip Townshend se retiró a sus tierras a hacer dinero cultivando y vendiendo nabos… hasta para Halloween.

Y en Halloween, fantasmas.

Turnip Townshend vivía en la casa familiar de Raynham
La mansión de los Townshend; Raynham Hall, en Norfolk
Hall
y su segunda esposa, de soltera Dorothy Walpole (hermana del socio político que le dejó luego en la estacada), murió en circunstancias muy misteriosas (hay quien dice que de viruela y en 1726). Se cuenta que en un regreso imprevisto a Raynham Hall, desde Londres, la sorprendió con otro  (Lord Wharton, con la que había estado casada antes que con Turnip Townshend y que, en aquellos momentos -y para más inri- era su cuñado; el marido de su hermana)  y la mandó emparedar viva, aunque fingió su funeral… aunque Lady Dorothy  “Dolly” Townshend moriría muchos años después… y su fantasma sigue apareciéndose. La “Dama de Marrón” se aparece por Raynham Hall y hasta fue “vista” hasta por el Príncipe Jorge de Gales (futuro Jorge IV) y hasta por el escritor Frederick Marryat… y por muchos más… Y hasta fue fotografiada (19.09.1936).

Y no sólo se pasea por allí “Dolly/La Dama de Marrón”; también lo hacen, entre los muros de Raynham Hall, dos niños, un perro, el duque de Monmouth, otro perro… Historias de Hallowen, de las que estoy de vuelta





28 oct 2014

DE UN RUEGO: ¡POR FAVOR, ACABEN CON ESTO!, QUE HUELE A TANGENTÓPOLIS


Qué manía: traernos cosas de Italia. Y, por favor, que no acabemos como ellos.

Vale que el Derecho Romano tiene sus cosas atractivas y no estuvo mal importarlo. Firme en sus convicciones: al esclavo manumite y a la esclava “mite manu”. Pero más allá… ni la pizza que no es más que un invento mediterráneo clásico (en Grecia), aunque debo reconocer que los italianos lo adornaron (queso, miel y hojas de laurel)., aunque también, en el XVIII, la estropearon echándole el puñetero pomodoro, que ya por entonces era rojo, y no dorado. Del tomate, yo, sólo en el Bloody Mary; aunque le pido disculpas a Petiot porque yo paso de la salda Worcestershire.

Volviendo a Italia: toda la telebasura nos la hemos importado de allí… y que me perdone el bueno de Ángel Moreno, que parió Tómbola, por haber escrito este párrafo. Por cierto, Moreno acaba de sacar un libro contándolo todo de aquella máquina de hacer dinero televisivo (y sus entresijos), pero es que Tómbola, aunque abrió el camino, al lado de lo de hoy… no es telebasura.

Es que hasta lo de Manos Limpias nos lo hemos traído de Italia: Mani Pulite, por allí. Pero con una neta diferencia; allí, Mani Pulite era la Fiscalía… y aquí Manos Limpias, con o sin el pequeño Nicolás, juega en otra dimensión social.

La noticia de hoy/ayer -con 51 detenidos- por corrupción, me ha hecho recordar Tangentópolis. Bueno, el nombre te hacía despistar: Púnica. Y, ¡zas!, te ibas directo a los punos-cartagineses y a las Guerras Púnicas… y ¡no!, que la cosa va de botánica; del Punica granatum que es un arbolito frutal original del mismísimo centro de Asia, pero Linneo (Carl von Linneo) se hizo el sueco leyendo a Plinio El Viejo: “En África, en los alrededores de Cartago existe la manzana púnica, que algunos llaman granatum”. Y claro, Punica granatum. Y de ahí, como el más visible del rebaño era el tal Granados, Francisco, pues Operación Púnica. ¡Bravo!

Es de Oscar de Hollywood lo del policía que pone nombre a las operaciones estas. Lo de Francisco Correa y Operación Gürtel es igual. En alemán, correa (cinturón) se dice Gürtel… como Granados es Púnica… Y sólo los más avispados sabrán en qué trabajamos. ¡Bravo!

Página 8 de La Stampa (18.02.1992)
Y a lo que iba: Tangentópolis. Aquello fue un palo al sistema -corrupto- italiano. Milán era Tangentópolis -la ciudad de las "tangenti"- al inicio de los 90. Expliquémonos: “tangenti”, en Italia, es la “mordida” de por aquí; el “tifus”. Y por aquellos días allí tocaban pelo, todos. La cosa comenzó por Milán, pero al dejar al afectado Chiesa delante de los leones, éste cantó hasta la parte de los coros en La Traviata y 2,500 procesos y 1.233 condenas… y todos los partidos políticos al traste. La cosa comenzó como una anécdota; grave, pero anécdota, en la página 8 de La Stampa (18.02.1992).

Lo dicho, a Mario Chiesa le pillan con la 9ª “tangenti” en metálico (que de las otras ocho nadie contó nada), Benedetto “Bettino” Craxi, el primer ministro inventor del Craxismo (unificación de la izquierda italiana… y degeneración moral por sobornos), lo pone en la picota, por corrupto… y Chiesa, abandonado por los suyos, empieza a cantar toda la lista del Billboard Hot 100. Pero es que varios de los denunciados por Chiesa, a su vez, hacen lo propio y cantan y cantan. Aquello parecía el Festival de San Remo por todo el país. Total, que los italianos estallaron y mandaron a la porra tanto al PSI como la DC… y les llegó la Lliga Norte con Berlusconi, que no sabemos qué fue peor… porque lo que ahora tienen, Beppe Grillo incluido… ¡ya me dirán!

Aquí, no sé si esto de ayer va a ser un afloramiento del Tangentópolis patrio. Sobre todo porque allí le dio a más de un pez gordo por salir del país rumbo al exilio (para  no sentarse en un banquillo) y a otros muchos pececillos les dio por suicidarse (hubo semanas de hasta 4)… pero nadie, como aquí, devolvió el dinero de la “tangente” en la ciudad de la mordida, Tangentópolis.

Allí, la mordida gorda se la llevó el PSI, aunque la DC le fue a la par. Aquí, hoy, la mordida gorda la lleva el PP. Allí, llegó Berlusconi; aquí nos puede llegar Iglesias… y con la Iglesia hemos topado.

A mí me preocupa ahora cómo va a quedar en el imaginario popular este país. Hace un par de años Yanki Tsvetskov, en su Atlas de los Prejuicios, nos vio (basándose en lo que le decíamos al ver al vecino) y así nos dibujó. ¿Cómo se nos verá a partir de esta gota que ya ha colmado el vaso?

Bueno, pongamos una sonrisa final; que no toda va a ser malo de toda maldad. Tsvetskov también se atrevió en base a ello a publicar dos mapas más: la Europa actual (2013) y la Europa futura (2022) donde tiemblo ante el Merkelreich, el Imperio Catalán o el Valle durmiente andaluz.

Aunque esta previsión me reconforta. Ni sombra de Podemos… con la que está cayendo. Fiesta, fiesta, queremos fiesta.
Europa actual
Europa 2022

En fin, agárrense que vienen curvas.







25 oct 2014

DEL VEROÑO Y EL CAMBIO DE HORA


Esta mañana, mi sobrina-nieta (9 years old; y tan old. ¡Cuán de mayores nos van haciendo!) me ha sorprendido con un “¡Mira, tío, qué bonito día de Veroño!”. Es muy zalamera y puñetera esta niñita, Sairota von Henflincht; de los Von Henflincht de Benidorm de tota la vida, que conste.

Y me ha explicado Sairota esto del Veroño mientras trasegaba toda una pinta de leche: una cosa, esta cosa, entre verano y otoño que vivimos ahora mismo. Mi sensor ventanométrico (está en la ventana) está ya en los 27º y sólo nos acercamos a las 12 de la mañana. Veroño, ¡cómo se nota que esta niñita no sale a trotar cada mañana antes de las siete y se tropieza con los 13º de los últimos tres días! Veroño, ¡así va el país!

Luego me he enterado, tras pasear a “Putoperro”, que lo de Veroño lo ha leído en el WhastApp de su madre… y me lo ha hecho llegar: “Veroño, época del año en la que puedes tomarte un granizado de castañas, buscar níscalos en bañador, comerte unos panellets -típicos del 1º de noviembre por estos lares, añado yo- en el chiringuito de la playa donde hasta hace unos días comías sardinas, tomarte un helado de boniato, matar mosquitos con la bufanda” y cosas por el estilo ya con menos gracia… si es que lo de Veroño la tiene. A mí me ha gustado.

¿Gustar?, ¡me ha encantado eso de Veroño! Definió perfectamente la situación a mediodía.

Y mucho más me ha encantado la facilidad con que se le olvidan las cosas a Sairota. Ayer mañana, mismo, iba al cole con leotardos gordos, gordos… porque bajar de Polop a la hora del cole de Benidorm se las trae a esas horas matineras y de frescor de octubre. Pero hoy está feliz con su Veroño y ya se ha montado su “oficina” en el salón no sin antes preguntar lo de la hora para esta próxima madrugada.

Del cambio de hora ya hemos hablado en este blog; y no sólo una vez, que es recurrente, con lo que valga la del año pasado. Ahora bien, como le oí anoche a un colaborador de Alsina mientras paseaba a “Putoperro” (mi vida, ahora, se reduce a sacar al semoviente de la unidad familiar a hacer sus deposiciones… y daba cuenta de una rabaseta, que todo hay que decirlo), este país está para hacérselo ver. Sí, “un país que cada 31 de diciembre hay que recordarle lo de las campanadas, los cuartos y el trayecto de la bola, no es muy normal”. Y mucho menos si dos veces al año (último domingo de octubre y último domingo de marzo) hay que estar tratando y retratando lo del cambio de hora… porque hay una Directiva Europea y un Decreto de Presidencia del Gobierno… y muchos años de tradición para haberlo ya asumido como natural; como las tradicionales subidas de la gasolina y de la bombona de butano.

Y me gusto más, si cabe, la explicación que ofreció otro colaborador de Alsina, anoche, sobre la duración de los días y la luz solar, que venía a colación con el tema. Puso un ejemplo híper-mega-didáctico: un pollo al ast.

Sí, el planeta Tierra es el pollo ensartado en el espetón que se coloca en la máquina y gira y gira hasta asarse… y el sol equivale al foco calefactor de la máquina que es una placa cerámica.
¡Perfecto!, pero algo ajeno a la realidad. Eso sí, didáctico; muy didáctico.

Sí, si el planta Tierra estuviera “pinchado” (por su eje) como el pollo del asunto -o el planeta Mercurio, cuyo eje es prácticamente perfecto (a 0’1º)-, el día y la noche tendrían la misma duración y no haría falta aplicar ese cambio de hora.


Lo que pasa, y muy bien que lo explicó el colaborador de Alsina, el pollo/planeta nuestro no está ensartado en la dirección cabeza-culo (N-S, vamos) sino que está ensartado de la guisa que un taurino describiría como “travesao”. El eje del planeta tierra (eje polar) está desplazado del, digamos, eje natural-oficial unos 23’5º. Si eso mismo lo trasladáramos al pollo de la máquina sería como atravesarlo de muslo a ala… y diríamos que está mal ensartado… para un resultado de cocinado uniforme “al ast”

Es que, resulta que, un pollo al ast de tal guisa, que no gira “como debe”, pasaría a estar más quemado en unos lugares que en otros: el día y la noche serían ya distintos. Esto, además, explica las estaciones: 4, primavera, verano, otoño, invierno… incluso este Veroño este. El giro -así, “travesao”- ya no sería uniforme, y cambia la cosa. ¡Menos mal que el planeta Tierra no es ese pollo, porque algún alienígena vendría a comernos!; estaríamos riquísimos.

Si cambiamos el ejemplo -por exceso de calor; que nos torramos- y lo pasamos sólo a iluminación, nos encontramos con que para conseguir un mínimo ahorro cambiamos  el horario en que decimos que amanece (que no es poco) y nos ponemos en funcionamiento; pero mantenemos al planeta ensartado del muslo al ala. Menos mal.

E insisto: ¡Menos mal que el planeta Tierra no es ese pollo! Aquí, en el baile del planeta sobre su eje, entran también en liza el plano de la elíptica y otros movimientos -como nutación y precesión- que unir el de rotación.

A lo peor, un pollo al ast ensartado como el planeta Tierra (línea de de polos; a 23’5º) con movimientos de nutación y precesión, no se nos socarra tanto como imaginamos a priori… con lo que, a lo pedor, estoy dando una idea de nueva -y compleja- máquina de asar pollos: no sólo con el giro de rotación sobre su eje, sino con los añadidos de plano de la elíptica, nutación y precesión… pero me imagino que no hay mecanismo terrestre que aguante semejante bamboleo… y, además, sabiendo que cada 25.767 años hay que variar la orientación del eje, que hay que estar atentos al calendario  no sea que se nos pase.

Vanos, que en la madrugada del domingo cambiamos la hora (a las 3 serán las 2… en la península) y seguimos en Veroño; lo de siempre.





23 oct 2014

DE LA ESTACIONALIDAD TURÍSTICA ESA QUE VUELVE


El 21 de octubre supimos que el 74% de los hoteles de la Costa Blanca continuará abierta en invierno. Vamos, que el 26% cerrará porque, principalmente, no llegan al umbral de rentabilidad cuando asoma el calendario invernal. La Costa Blanca es muy grande; incluye Benidorm.

Eso de cerrar hoteles en invierno (siendo un destino de Sol y Playa) se llama estacionalidad… y desde 2008, la verdad sea dicha, es que hemos vuelto a mentar la bicha -estacionalidad- con asiduidad otoñal y como apósito antes de que se nos produzca la herida durante el crudo (¿?) invierno.

Pero, hablemos de Benidorm.

Yo me acuerdo que cuando profesionalmente llegué a este emporio -en 1986- al alcalde de entonces, Manuel Catalán Chana -y casi todos sus concejales de gobierno- no se le caía de la boca aquello de que “hemos vencido la estacionalidad”. Le preguntabas por la hora… y te respondían aquello de “son las tal y cual; y hemos vencido la estacionalidad”. Henchido orgullo, recordemos.

Tempus fugit; y la economía da dolores de cabeza.

En 2008 cerraron 26 hoteles (5.053 plazas); en 2014 cerrarán 43 hoteles (10.852 plazas)… pero no se me alarmen.  

En el XIII Foro Internacional de Turismo (2009) ya se propuso como “solución” para romper esa tendencia (estacionalidad, vamos; que no se quería mentar la bicha) “incrementar la ocupación un 15% en los meses no estivales, sobre todo en enero, febrero y marzo” porque hasta “las uvas” llegamos sin problemas, pero la “cuesta de Enero”… y la de febrero -incluso la de marzo- se nota. En 2010 se dijo que Benidorm iba a “combatir la estacionalidad a través de la organización de congresos”. Bueno, Manuel Cabezuelos era el concejal de Turismo… y le vino la inspiración cuando los chicos y chicas del ITT estaban de congreso en Benidorm y muchos Medios de Comunicación tenían las “alcachofas” tendidas y los bolígrafos prestos.

Tempus fugit; y la economía da dolores de cabeza.

Bueno, el caso es que Benidorm echará el cierre a 43 hoteles desde mediados del próximo mes, dos más que en el invierno anterior. Insisto: no se me alarmen.

A eso se le llama “problema de estacionalidad”. En los manuales de Turismo se dice que la estacionalidad es “la concentración periódica de los flujos turísticos en determinadas épocas del año”, lo que dejan otras épocas del año bastante tocadas. Las causas de la estacionalidad son, también, de manual: naturales (clima, época y medio natural, por ejemplo) e institucionales. Sí, institucionales: “relativo a las instituciones”, “organismos que regulan, ordenan y normalizan la vida de los ciudadanos”. A este grupo pertenecen los calendarios laborales y escolares (que son los que señalan nuestras vacaciones), la tradición y la cultura, y esos son los responsables de esta causa. Si es que pasa lo que pasa: a la gente patria no le suelen dar vacaciones a mitad de diciembre para que se vengan a tostar al cálido sol invernal porque no le entra a muchos en la cabeza lo de bañarse en diciembre a la altura 38º N a menos que el clima se caldee. Pero se pueden hacer otras cosas.

La estacionalidad, en sí, no es un problema. Lo que pasa es que manifiesta la evidencia palpable de una realidad: “no te vienen en invierno con la intensidad que en verano”. Y don Pero Grullo sin saberlo.

Si tiramos de manual (en Turismo hay muchos; en alguno hasta he colaborado yo) resulta que las causasoficiales” de la estacionalidad son la “escasa diversificación del producto”, la “excesiva identificación del destino con una temporada dada” y, ¡ojo al dato! -que diría Butanito-, una “mala comercialización”. Hombre, yendo al mismísimo origen del mundo y pasando -muy- mucho del arzobispo Usher pues… ¡sí! Pero yéndonos a la vibrante realidad, pues… ¿qué quieren que les diga? Los calendarios, el clima y la tradición cultural pesan más.

Planta hotelera de Benidorm (2014)
Ahora bien, cerrando el Manual y volviendo a Benidorm: un tercio de los 43 hoteles cierra para “reformas y mejora de la oferta”. Este año, incluso, hay más hoteles que aprovecharán el parón invernal para “realizar inversiones”. Eso se llama “aprovechar la coyuntura” y “echarle bemoles al negocio”. Por eso decía que no se me alarmaran. Los que de verdad cierran son 26.

Eso sí, tirando una vez más de Manual (que parece el Libro gordo de Petete), el que te venza la estacionalidad (que se cierren hoteles porque asoma la patita el invierno) tiene efectos negativos en lo económico, en lo laboral, en lo sociocultural y en lo de la imagen del lugar. Ah, incluso dicen los del color del pepinillo en vinagre que también tiene efectos negativos en lo ecológico; y ahí, me pierdo. No me lo han explicado más pero creo que esto debería ser al revés. Pero ellos sabrán; cosas de los Manuales.

Por cierto, para hablar de estacionalidad hay cientos de informes y un documento clave: “Estacionalidad:el cáncer del turismo español”, de Hosteltur (de abril de 2013). No tiene desperdicio… Las cosas por su nombre; diagnóstico certero.

En fin, que sinprogramas turísticos al margen del IMSERSO y sin lanzarnos a la loca aventura de demostrar en la fría Europa del inminente invierno que aquí , por esos mismos días, somos competitivos en precio y no se nos congela el moquillo al hocicar cada mañana seguiremos hablando de estacionalidad. Por ello tendremos que fijarnos en las cohortes de edad que pululan por ahí.

Pero de esas generaciones hablaremos otro día. Tempus fugit; ¿la economía?...