20 feb 2014

DEL CEMENTERIO DE ÁRBOLES DE BENIDORM: MONUMENTO A LA ESTULTICIA MEDIOAMBIENTAL MUNICIPAL


Sí, de piedra me he quedado cuando me he dado de bruces con el “cementerio de árboles” de Benidorm en una esquinita de la Zona Escolar del Salt de l’Aigua.

El círculo amarillo enmarca el triángulo
rojo que ocupa el "cementerio"
Una vez, allá por 2010 (un 27 de febrero, y lo conté en el blog un 5 de mayo, lunes), en una tertulia radiofónica vespertina (Radio Benidorm que fue)  ya critiqué que se intentaran recuperar unos árboles que se “arrancaban” de su hábitat “natural” urbano de la avenida de Jaime I cuando la remodelaban. HOSBEC, la patronal hotelera de Benidorm, ya había salido a la palestra denunciando la tala de los árboles y criticando tanto al Ayuntamiento como a los llamados “grupos ecologistas” que no había puesto el grito en el cielo. El concejal de turno nos dijo que se iban a recuperar replantándolos.

Yo exploté. Ante una foto que apareció en la mesa yo escribía: “En la tertulia del jueves Pepe Marcet me enseñaba la foto de una empalizada… los árboles de esa avenida (Jaime I) han terminados “plantados” en un terreno por l’Aigüera, creo. Parecía el paso previo a levantar, por el 7º de Michigan, un fuerte Comansi de los que hacen época. Un monumento a la muerte arbórea; unos junto a otros –ignoro el marco de plantación- trasplantados para mal morir. Me pareció un bosque ya petrificado…” como el de Lesbos, Grecia.  (03.05.2010).

El caso es que hoy los he visto el triste cementerio.

Ya, en su día, le dije al político que regía en temas de Medio Ambiente que aquello fracasaría. Hoy he encontrado “aquellos árboles” en un deambular vespertino, apurando un Partagás de enjundia, y, tristemente, he comprobado que no sobrevivieron: naturaleza muerta. Y no se trata de un bodegón.

Bueno, la verdad es que es patético el conjunto. Ya sólo son madera inerte; faltos de vida están, inútiles. Es que no sirven ni para leña.

Eso sí, tienen “intacta” su instalación de riego por goteo en superficie. Y destaca cual negro manchurrón -en níveo pendón- sobre un terreno casi tan blanco como el citado pabellón. ¿De dónde les llegaría agua?; ¿quizás del inmediato IES l’Almadrava? Terrible. ¿Cómo se les ocurrió plantarlos allí? Aquél suelo parece ser un batidos de cascotes y arena de obra.

Pero más terrible es aún el “marco de plantación” al que yo aludía en 2010: dos palmos por cuatro palmos. Sí, la unidad de medida aplicada parece que es el palmo. Aunque no sé si se trata del palmo hispano de 20’873 cm (vamos, una cuarta (21 cm) de toda la vida -y no sé de qué-, que antaño también se decía) o el palmus romano de 7,3926 cm que era el equivalente a 4 digitus… y 1 dígitus, cuentan, equivalía 18’4 mm.

Todo esto para decir que están tan cerca unos de otros que, naturalmente, era inviable que arraigaran y sobrevivieran a su extrañamiento.

¿Cómo alguien de Medio Ambiente fue capaz de permitir ese monumento a la muerte de unos árboles que a nadie molestaban en su emplazamiento de Jaime I? Y lo que aún es más grave: con “un par” nos vendió -y le compramos- que era para recuperar los árboles.

Hoy he visto cómo los “plantaron”. Es increíble que nadie protestara sacando los pies del tiesto. Viendo lo visto hoy me parece tal el cumulo de despropósitos que no lo enmiendan ni con mil Días del Árbol que ahora tanto se afanan en celebrar. Y no es por el medio centenar de troncos que inhiestos apuntan al cielo; es por la mala baba de hacerlo así.

En fin, que como un monumento a la estulticia medioambiental ahí siguen. Están junto a algunos ejemplares de maceteros de esos que diseñó Bofil para el parque de l’Aiguera y que debieron costar parte del riñón que no nos extirparon para mediopagar el parquecito de marras que tiene menos verde de porte que el jardín de los Pin y Pon.

Con cosas así se entiende que nuestras playas (arena) tengan la consideración de parque urbano. Esa medida está muy bien… aunque choque frontalmente con el concepto de parque: prados, jardines y arbolado.

Aquí, lo que nos falta son árboles… aunque tengamos un catálogo de árboles singulares. Vamos, que “a falta de pan, buenas son tortas”; o que “a falta de faisán, buenos son rábanos con pan”.

Es que aquí tenemos como árboles singulares un pino piñonero y un almez (lledoner, en valencià) lindando con l’Alfàs del Pi, una morera en la Finca “Mon Bresol” (18 m), un algarrobo en el Barranco de Lliriet (del Lliriet dels frares), de tortuoso tronco, un eucalipto rojo en “El Tossalet” (20 m), un olmo en la Partida del Barranco de Coves, el ficus de la Plaza Triangular (6 metros de diámetro de tronco), algunas yucas, un minúsculo y raquítico tejo en la Avda. de Europa, un taray en la Avenida Tamarindos, el famoso pino piñonero de la Cruz, las seis araucarias de la Avda. de la Comunitat Valenciana, la chopera del barranco del Lliriet y la pinada del barranco del Murtal… y algunas palmeras y unos pocos arbolillos más en alguna calle cuyas aceras lo permiten… y poco más que algunos reductos de pinada nada cuidada.


Casi todos los árboles singulares están en propiedades privadas. ¡Menos mal!





15 feb 2014

DE QUE NO PARAMOS CON LO DEL CC… Y QUE CADA UNO DICE LO QUE QUIERE


En esto del CC, con el invierno que llevamos, no ganamos para sustos. Los hay que sacan los pies del tiesto o los hay que nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino. Yo, a lo de siempre: de clima saben los climatólogos (vía Geografía), no los economistas o los físicos de partículas por muy listos que sean.

Tenemos el parque muy revuelto.

Nicholas Sterm, Lord Sterm de Brentford (y por tanto, tratamiento de Sir) fue economista jefe del Banco Mundial entre 2000 y 2003, y asesor económico del Gobierno laborista británico de Gordon Brown (2005-2007); terminó por ser parte del visceral del CCCEP (Centre for Climate Change Economics & Policy) un invento de la Universidad de Leeds y la London School of Economics and Political Science. Sigue en sus trece y The Guardian es su altavoz: “Las inundaciones y tormentas en el ReinoUnido son claros signos del CC”. Le brinda sus páginas sin reparos: “El CCya está aquí y podría conducir a un conflicto mundial”, publica el propio Sterm por San Valentín. Él lo tiene claro: esta situación sólo puede traer consigo migraciones que terminaría creando una situación grave: “That would lead to conflict and war, not peace and prosperity” (“Esto llevaría al conflicto y a la guerra, no a la paz y a la prosperidad”, traduzco yo en mi inglé de la EOI de Benidorm, que a muchos les funciona; y muy bien).

Don Nicolás está siempre en lo peor. No es de hoy (Informe Sterm, 2006)

John Paul Holdren es asesor principal del presidente Barack Hussein Obama en temas de ciencia y tecnología. Es un chico del MIT (físico de partículas), doctorado en Stanford y profesor en Harvard y Berkeley. El recopón, vamos. Vincula la ola de frío que asola los EE.UU. con el CC y ataca a los escépticos a través de un VTR (mu bien montao) que ha colgado en la web de la Casa Blanca y luego ha sido subido a YouTube. No llega al pesimismo de don Nicolás, pero advierte que esto será lo más habitual en lo sucesivo. Recomienda ponerse las pilas.

Mario Picazo, el jefe de Meteorología de Telecinco, tiene en común con estos dos personajes el hablar muy bien inglés; no en balde nació casi en el corazón de los EE.UU., y tiene formación académica en aquél país (y de Barcelona); puede presumir de título de UCLA, tan carismático como el de Berkeley, donde se doctoró en Geografía y Medio Ambiente. Para él, como para muchos que seguimos el tema (algunos incluso con dedicación exclusiva profesional) resulta que “tanto el tren de borrascas Atlánticas que nos afecta este invierno como elintenso frío polar de Norteamérica forman parte de la variabilidad climáticanatural de la tierra, independientemente de que el planeta se caliente”. Sí, nos puede parecer todo lo raro que se quiera, pero forman parte de la variabilidad climática natural de la tierra.

Yo es que estoy en eso de la “variabilidad climática natural” del planeta Tierra, así que el que tengamos un “tiempo más inestable o más frío registrado durante estos primeros compases del 2014 en algunas zonas, no quiere decir que la tierra no se esté calentando”… ni enfriando, añado yo. Es que el planeta va a su bola. Nosotros, como mucho, le hacemos cosquilla; él, como poco, nos complica la vida.

Lo de la corriente en chorro polar y el famoso vórtice polar sobre los EE.UU. (que trae nieve en cantidad y nos genera trenes de borrascas) tiene su natural explicación que si alguien quiere verlo como CC -pues que lo vea-, pero que forma parte de esa variabilidad climática natural. ¿Qué es lo que pasa? Pues que las temperaturas más altas de lo que cabía esperar como “normal” en el Polo Norte, considerado como “normal” (en climatología no hay nada “normal”) que en Polo Norte -que es un océano bastante congelado en capas altas- haga bastante frío todo el año, han hecho disminuir el gradiente térmico y la corriente en chorro polar se distiende y se ondule más “de lo normal”, con lo que meandriza y baja más al Sur, dejando que penetre el aire frío más abajo y les llegue a los yankees hasta casi el Golfo de México. Y eso es lo que también provoca los trenes de borrascas que nos llegan y su potencia.

Esto, desde luego, no es lo “habitual; esto, desde luego, “no es a lo que estamos acostumbrados”. Lo que no quiere decir que esté mal la cosa. Y ahí está el problema; en que nos enseñaron que todo estaba encasillado y en cuanto se sale algo de su corralito, ya echamos las campanas al aire. Esto, el planeta, se mueve; es dinámico. Y por ello no hay límites concretos a nada.

De lo poco que sabemos, Picazo y otros muchos meteorólogos lo saben muy bien, es que la atmósfera ni tiene memoria, ni compensa unas estaciones con otras. Que esa es otra, lo de las estaciones. Nada más comenzar el capítulo 53 de la 2ª parte de El Quijote ya Miguel de Cervantes las enumera: Primavera, Verano, Estío, Otoño e Invierno… ¡cinco estaciones! Hubo un tiempo en que considerábamos la existencia de 5 estaciones. Ahora las hemos dejado en 4 y hasta calculamos el tiempo exacto que duran. Las estaciones del año “son consecuencia” de la percepción del tiempo que hacemos atendiendo a la inclinación del eje de giro de las tierra respecto al plano de su órbita respecto al Sol… y la 2ª ley de Keppler.

En fin, que lo que se cuece en la dinámica atmosférica del día a día y la posición del planeta determinarán las condiciones meteorológicas. Así que a verlas venir. Y otra cosa es la sostenibilidad, y -otra muy distinta- la de putadas que le estemos pudiendo hacer a la vida en el planeta.





14 feb 2014

DE LOS SEFARDÍES EN 2014; DE QUERER SER ESPAÑOL, CON LA QUE ESTÁ CAYENDO.


El Diario israelí Haaretz publicaba el pasado día 7 la noticia: “España facilita el proceso de naturalizaciónde los Judíos sefarditas” con dos ilustraciones más que impactantes. La noticia, muy bien acogida por la población judía -y los sefarditas en particular-, es absolutamente aséptica; dice poco más. Ahora, las ilustraciones lo dicen todo. Tras indicar que “el fútbol es la principal forma de los judíos sefardíes de mantener lazos con España”, la viñeta de Amos Biderman caricaturiza el aluvión de ciudadanos judíos, descendientes de aquellos que vivieron en aquella España para informarse de la situación, luciendo “camisetas del Barça” como símbolo de españolidad (¿qué pensará Joan Tardà & Co.? La otra ilustración es del Decreto de la Alhambra/Edicto de Granada, de 31 de marzo de 1492, por el que se  expulsaba de los reinos de Castilla y Aragón a los judíos. [El Decreto fue “anulado” por un Gobierno de Franco el 21 de diciembre de 1969, cuatrocientos setenta y siete años después].

Viñeta de Amos Biderman en la edición del día 7 de enero de 2014, en Haaretz

Bueno, lo que más me llama la atención del texto de Haaretz es la palabra “Sephardic”; corresponde a nuestro “sefardí”.

En España, mientras tanto, no hemos pasado del “Sorpresay entusiasmo entre los judíos sefardíes al saber que pueden optar a serespañoles”, y cosas por el estilo, o hacernos eco (jocoso) de las colas ante los consulados de Jerusalén y Tel Aviv: querer ser español, con la que está cayendo.

Pero la decisión del Gobierno Rajoy de modificar el Código Civil para conceder la nacionalidad española a los descendientes de los judíos que -a partir de aquél 31 de marzo de 1942- tuvieron que salir con lo puesto de los territorios de Castilla y Aragón, ha obtenido una tremenda repercusión internacional, muy favorable. El lobby judío es importante y eso se ha notado: “500 años después, España vuelve a abrazar a sus judíos” (lema que se popularizó en 1992) viene a ser el resumen. Ha sido noticia destacada del NewYork Times, Financial Times, The Telegraph, Le Monde o Le Figaró. Un puntazo.

Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada; de 1492
SM el Rey don Juan Carlos, el 31 de marzo de 1992 (500 años después), derogó definitiva y oficialmente, el decreto que sancionaran Isabel y Fernando en 1492. Haham Salomón Gaón, rabino -descendiente directo de uno de aquellos que dejó Sefarad-, bendijo entonces al Rey en ladino, el castellano de los sefardíes,

El que la sigue, la consigue. Pero la cosa no es nueva.

En 1903, Ángel Pulido Fernández, médico y senador, durante el gobierno de Miguel Primo de Rivera, como gesto de reconciliación, presentó ya un proyecto de naturalización preferencial. Con su libro “Los españoles sin patria y raza sefardí” (1905) inició una campaña filosefardí (Comunidades Judías de España) que tuvo amplísimo eco mundial y que vino muy bien a los judíos durante la IGM.

Durante la IIGM desde el Régimen se protegió sólo a los sefarditas con pasaporte español. Eso sí, se permitió al Joint Distribution Comitte, desde Barcelona (bajo la tapadera de la Cruz Roja Canadiense), hacer su trabajo. Pero muchos judíos que no acudieron a esta vía fueron rechazados en la frontera y abandonados a su suerte. Cuando el ultimátum nazi de 1943 (a España, Suiza, Portugal y Suecia sobre los judíos) sólo se autorizaron visados de tránsito (para que siguieran a otros países), pero los cónsules de España hicieron de su capa un sayo. Más que un sayo hicieron una fábrica de pasaportes y visados. No sólo Ángel Sanz Briz (Budapest) se jugó el tipo; hicieron lo mismo los cónsules en París (Bernardo Rollán de Miotta y Eduardo Gasset y Díaz de Ulzurrum), Atenas (Sebastián Romero Radigales), Bulgaria (Julio Palencia Tubau)… Incluso el embajador en Berlín, Ginés Vidal Saura, y cónsul en Hamburgo Federico Oliván Bago. Junto a ellos, hay otros muchísimos nombres, no tan conocidos, que desde las legaciones de España en los países ocupados protegieron a sefarditas y asquenazíes. El único que contó con cierto respaldo del Gobierno español fue Sanz Briz.

Y después, pues… Hasta 1986 (17 de enero) España no tuvo ni relaciones diplomáticas con Israel. Eso sí, Ejército y servicios de información siempre estuvieron a partir un piñón. Tras la IIGM Israel no quiso saber nada de España; la condena del embajador Abba Eban en la ONU al Régimen de Franco hizo que, aunque en 1950 los EE.UU. exigieron que tuviéramos relaciones, Franco no quisiera. En 1964 se recuperaron las Comunidades Judías en España, bajo el pretexto de lugar para los sefardíes. La primera crisis del petróleo (1973) nos abocó aún más a unas buenas relaciones con los árabes, y eso molestó más a Israel que ya había comenzado una intensa cooperación con España (desde 1972) a través de los servicios de Inteligencia. En 1984 la sintonía socialista de Felipe González y Simon Peres propició un acercamiento más allá de las relaciones con la Fundación Elnet o de los pisos de Mossad y el Aman. Julio Feo y Micha Jarisch propiciaron la entente que se materializó en 1986. Pero mientras esto se gestaba “lo sefardí” prevalecía en las relaciones.

Luego hemos asistido, atónitos, a dos extrañas realidades: siempre se ha dicho que el PSOE se acerca más al mundo árabe, y la causa palestina -si no, que se lo pregunten a Moratinos-, y el PP se acerca más a Israel. Ahora el PP se ha hecho con la bandera sefardí. Pues bienvenida sea, porque es la primera vez que veo que alguien hace cola por ser español.

Y eso me agrada, porque yo sí soy español, español, español. Y paso mucho del fútbol y… de “la negra” por muchos ribetes fosforitos que le pongan. La roja es y era la roja… lo que me lleva hasta el cántabrum carmesí, la primera bandera de la vieja piel de toro; que ya era roja, roja.




13 feb 2014

DEL AMAZONAS... Y DEL HAMZA


Se dice, “ofisialmente”, que un 13 de febrero (pero de 1541; hace pues 473 años) dos españoles (Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana), al frente de una ya muy diezmada expedición, “descubrieron” el río Amazonas. Gonzalo era hermanastro del gran Francisco Pizarro, Marqués de la Conquista y de los Atavillos, y los tres eran primos y extremeños; todo quedaba en casa. La verdad es que aquello de “descubrir” el río Amazonas debió de ocurrir entre el 4 de febrero y el 26 de agosto de 1541 (más bien en febrero que en los meses sucesivos), pues un tanto vago es el relato, pero si el cronista dice que fue el día 13, pues el 13.

El caso es que en busca del País de la Canela Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana se metieron en el berenjenal este del que tenemos referencias por las crónicas de Gaspar de Carvajal, un dominico que oficiaba de cronista de las andanzas de Orellana (porque le pagaba) y que le escribió, a mayor gloria de éste, la “Relación del nuevo descubrimiento del famosos río Grande que descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana” y que Gonzalo Fernández de Oviedo incluyó en su “Historia General y natural de las Indias” (escrita en 1542, de primera mano, aunque publicada en 1855). En la peliAguirre, la cólera de Dios”, me hacen aparecer a este dominico que sí acompañó a Orellana, pero no a ese Aguirre.

Hoy, alguno podría decir que menudo lío montaron por lo de la canela. Pero habría que recordar que la canela y la pimienta eran las especias más apreciadas de entonces, y alguien, al que la chicha se le había subido a la cabeza, les había dicho que por allí (por la Amazonía de hoy) había “bosques de canela”. Y aunque hoy sólo le añadamos canela al arroz con leche -y al flan, en rama-, por aquél entonces la canela iba con casi todo, porque si bien no ayudaba a conservar los alimentos si que les “mataba” el mal sabor -y el mal olor- a lo que se metían entre pecho y espalda aquellos especímenes de la raza humana que vivían por Europa.

En ocasiones tenían las especias, y la canela en especial, consideración de medicinas por sus propiedades antisépticas. Y es que el Cinnamomum verum (la canela), entonces, sólo se daba en Ceylan (Sri Lanka hoy, pero durante algunos siglos conocida como “la isla de los mil nombres”, porque nadie se ponía de acuerdo en el oficial). Encontrar el arbolito de la canela en aquellas tierras americanas hubiera sido un puntazo económico mundial para el descubridor y para España. 

La canela ha sido usada, hasta hace bien poco, incluso en la España rural, como el mágico relajante que inducía sueño a los niños… y permitía a las madres ir al campo a trabajar. Además, cuentan, retrasa la menstruación, cauteriza abrasiones en la lengua, es beneficiosa contra la diabetes (reduce el azúcar en sangre) y el colesterol. Funciona contra los resfriados, la gripe y la bronquitis; combate náuseas, vómitos y diarreas; estimula el sistema digestivo y, aún hay quien asegura, tiene algo de estimulante del deseo sexual. Vamos, que si había un bosque de canela por allí, había que ir a por él. Y fueron. Y, lógicamente, canela no encontraron. Pero se dieron con un conjunto fluvial inmenso.

Al río en cuestión, Grande que dejó escrito Carvajal, le llamaron enseguida Amazonas porque contaba el cronista que en repetidas ocasiones fueron atacados por “feroces mujeres guerreras” que le recordaron, erudito que era el dominico, a las amazonas de la literatura griega. El listo de turno -y no uno, que han sido varios- rebate a Carvajal diciendo que, todo lo más, les atacaron hombres de cabellos largos… pero liderados por mujeres. Vaya Ud. a saberlo ahora. El caso es que Amazonas lo llamamos, y la Amazonía es su zona de influencia.

Y lo que no descubrieron los extremeños del siglo XVI -y sí los científicos del siglo XXI- es un río subterráneo, por debajo del Amazonas, a unos 4.000 metros de profundidad, que sigue su mismo trazado. Se trata del río subterráneo más grande del mundo. En realidad no es un río en el sentido y la forma con que conocemos a los ríos terrestres del planeta, pero se trata de una inmensa masa de agua que se mueve a través de rocas porosas, a mínima velocidad, y que dicen que es salada. Estamos en el Amazonas sobre una corriente subterránea de 3.900 metros cúbicos por segundo (unos 133.000 m3/seg tiene la corriente superficial del Amazonas) a la que han bautizado como río Hamza, en honor al geólogo Valiya Mannathal Hamza que lleva cuarenta años estudiando el subsuelo del gran río.

El río Amazonas, en superficie; el río Hamza, en profundidad

Petrobras, la petrolera brasileña, hizo un sinfín de prospecciones en la Amazonía buscado petróleo (y gas natural) durante los años 70 y 80, y no reparó en que estaban sobre el Hamza y no sobre petróleo. Sólo conseguían agua salmaya en cantidad y los 241 pozos abiertos se abandonaron en lo que consideraron un sonoro fracaso. Pero los datos obtenidos entonces -volcados en 2010 para un estudio de la zona- evidenció la existencia de “un inmenso ‘río’ subterráneo” y, aunque hoy en día se discute el que le llamamos “río”, nadie pone en duda la existencia de esa inmensa masa de agua subterránea en lento discurrir. Si el cauce del Amazonas varía entre 1’6 y 95 km a lo largo de su recorrido, el del Hamza oscila entre 200 y 400 kilómetros.

La verdad es que nadie “ha bajado” a 4.000 metros de profundidad a comprobar que este río existe de verdad; ahora mismo sólo existe -aunque está ya totalmente aceptada su existencia- en los folios de la tesis de la doctora Elizabeth Tavares Pimentel (Universidad Federal do Amazonas), quien lo dio a conocer en 2011 a la SociedadBrasileña de Geofísica. Pero la comunidad científica está convencida de que está, y ahora ya discuten el que pueda desembocar en el Atlántico, también a 4.000 metros de profundidad, porque en la zona donde hipotéticamente desembocaría (a unos 150 km de la costa brasileira y esa profundidad) se localiza una zona de baja salinidad (¿por presencia de afloramientos de agua dulce?) que modifica el ecosistema existente y que permite que localicemos por allí especies tolerantes al agua dulce… lo que es un lío porque el agua del Hamza se presume salada.

En fin, que seguimos sin saber que tenemos bajo los pies…  





11 feb 2014

DE LA PUÑETERA CICLOGÉNESIS EXPLOSIVA… QUE PARECE QUE HAYAMOS DESCUBIERTO AHORA


Bueno, pues ayer mañana, camino de Madrid, nos cayó una buena desde Villena hasta Chinchilla, especialmente en el Puerto de El Blanco (898 m que dice el cartel; 930 m que decía mi GPS, aunque al pasar por las antenas se leyó 970 m). Lluvia seguida de nieve, en ventisca; y fuertes rachas de viento. Fue bajar de Chinchilla a Albacete… y ni gota, ni gota; ni copo, ni copo. Los cartelones de las radiales madrileñas anunciaban nevadas para hoy… pero no nos ha nevado, y sin problemas hasta La Terreta.

Luego, en Madrid, cosas que tienen los entierros: se habla de todo. Hasta se llega a hablar del finado.

A la gente no se le caía de la boca lo de la ciclogénesis explosiva. ¡Qué paliza con lo de la ciclogénesis!

Yo, recuerdo (porque lo ha contado hasta la saciedad don Antonio Gil Olcina, catedrático de Geografía) cuando se introdujo el término “gota fría” en las informaciones de los Medios de Comunicación a finales de los 70… y ya, la “gota fría”, forma parte de nuestro acerbo cultural en cuantito caen más de cuatro gotas. El término gota fría es de los años 30 del siglo XX (Kaltlufttropfen; Richard Sherharg y Wladimir Köppen), pero aquello no salía de círculo académico. Y en cuanto saltó a los tabloides, se desmandó la cosa. Ahora no paramos de hablar de gotas frías ante lluvias de enjundia, pero resulta que gotas frías hay unas cuantas “cada temporada”, pero que unas “maduran” y otras no. No todo lo que desmanda en primavera -u otoño- por estas tierras surestinas es una gota fría. En más de un post ya hemos hablado de esto.

Ahora la hemos tomado con la ciclogénesis explosiva. Menos mal que a nadie en meteorología audiovisual le ha dado por mentar el palabro ciclolisis, que, si no, tenemos tela para rato. La ciclogénesis es la generación -o génesis- de un sistema de bajas presiones, y la ciclolisis es la desaparición (o disipación; rotura, vamos) de un sistema de bajas presiones. Pero este no nos ocupa.

A mí, como “palabro” de estos para conversación de velatorio, me gustaba más el de “trócola”. Me acuerdo de los Gomaespuma y el anuncio del purito Reig donde salía la famosa “trócola”: mejor, la “juntade la trócola”. Pero ahora a todos les ha dado por la ciclogénesis apellidada explosiva.

Pero bueno, con la que está cayendo, vayamos a la meteorología climatológica que nos ocupa. La ciclogénesis es la formación de un ciclón. Y ciclón no es más que una borrasca de esas que aparecen en nuestros mapas españoles del tiempo con una letra “B”. El ciclón/borrasca es una zona de bajas presiones. Resulta que vamos a tener que ir ahora a pedirle explicaciones al Sr. Piddington, un capitán de la marina mercante que si bien nació en Gran Bretaña pasó toda su vida profesional por el Indico, porque fue el primero en señalar el sentido rotacional en esas zonas de bajas presiones que desatan inestabilidad, por haber “inventado” el palabro.. Se basó Piddington en el griego (kyklón, que da vueltas) y puso el nombrajo ciclón en multitud de memorándums durante la década de los 40 del siglo XIX. Vamos, que lo bautizó.

El ciclón/borrasca/baja presión se va formando con el paso del tiempo y tiene sus afecciones por donde discurre. Si el proceso de formación es muy, pero que muy, rápido se le califica de “explosivo”… y así llegamos al palabro que nos ocupa, “ciclogénesis explosiva”, que aplicamos a una situación en que la presión atmosférica llega a bajar 10 milibares en 12 horas (o 20 en 24 horas).

Y ya hemos metido otro palabro: milibar. El milibar es la milésima parte de un bar, y ese bar viene del griego baros (peso) y que en realidad el bar viene a equivaler a la presión de una columna de mercurio de 760 mm de altura, a 0º C, en situación de gravedad normal. Vamos, 1 atmósfera.

La presión atmosférica a nivel del mar viene siendo de 1.013’25 milibares… según se acordó en 1954 en la Xª Conferencia General de Pesas y Medidas (celebrada, como todas, en Sèvres, París). Bueno, allí en realidad se dijo que era de 1.013.250 dinas/cm2. En fin, que por debajo de 1.013’25 milibares estamos ante una zona de bajas presiones (ciclón, borrasca) y por encima de esa cantidad estamos en zona de altas presiones (anticiclón).

En el Sistema Internacional de Unidades (SI), heredero del antiguo Sistema Métrico Decimal (SMD o MKS), instaurado en 1960 para todo el mundo pero que ni los EE.UU. -ni Birmania, ni Liberia- aceptan como prioritario (pero sí lo siguen a rajatabla), la presión se mide en pascales. Y como el pascal es muy manejable lo utilizamos en un amplio abanico de posibilidades que van desde el yottopascal (10 elevado a -24 pascales) al yottapascal (10 elevado a 24 pascales), estando por ahí en medio el hectopascal (10 elevado a 2; vamos, por 100 pascales) que es a lo que equivale el milibar de antes.

Los dos últimos párrafos se resumen, pues, en que un milibar equivale a 1 hectopascal… de ahí que la presión de los ciclones (y de los anticiclones, que son todo lo contrario) se mida, desde que impera el SI, en hectopascales.

Bueno, pues todo esto viene a cuenta de que los ciclones y los anticiclones (buen tiempo, en general porque la subsidencia impide la formación de nubles) y su formación o génesis son de toda la vida, aunque hasta que Henry Piddington no le puso nombre a la célula de baja presión -ciclón- nadie le dio por citarla como tal más allá de “un tiempo de perros”. Ahora bien, si la célula no es de entidad gorda, gorda, por estas latitudes la llamamos borrasca y dejamos el término ciclón para los tropicales (que también llamamos huracanes -en el Atlántico, nombrajo que le pusimos los españoles cuando los indios taínos decían que era cosa de su dios del mal, un tal Jurakán- y tifones –en el Pacífico-).

En fin, que esto de la ciclogénesis es más antiguo que Lucy, la austrolopithecus afarensis encontrada en Etiopía. Pero se ha puesto de moda.





10 feb 2014

DE CUANDO LOS VAGOS SÓLO ERAN LOS ERRANTES… CON HAMBRE, MUCHA HAMBRE.


La Ley de Vagos (y maleantes), La Gandula, fue un invento de la Segunda República (ley del 04.08.1933) que posteriormente fue modificada (15.07.1954) durante el franquismo para incluir en ella a los homosexuales. No contemplaba penas de cárcel. Fue sustituida y derogada en 1970 por la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social (¿?) que sí las contemplaba. La del 33 se refería a vagabundos (vagos sin empleo), nómadas, proxenetas y antisociales varios. El vago era (y es, semánticamente) el errante en una sociedad sedentaria. El vago es ahora el que no hace nada; el que no quiere trabajar.

Pero, ¿desde cuándo han sido los vagos (en general) un problema en España?

Los vagos no tuvieron consideración de problema en España hasta mediados del siglo XVI. Los vagos eran los errantes; tenían oficio (sin beneficio claro; más bien nulo) pero el hambre les llevaba a las ciudades. Aquellos vagos diferían en su consideración de los vagos sin ocupación.

Los vagos fueron un problema grave en España al compás de las hambrunas.

Y cuando estas llegaron, se sucedieron las disposiciones para atajar “el problema”, especialmente en el  siglo XVIII: Ordenanzas de 1725, 1726, 1733, 1749, 1755, 1775 (Ordenanza militar por la que los vagos de entre 17 y 30 años debían encuadrarse en el Ejército), 1783, 1784, 1785, 1786, 1789, 1791, 1798… Visto que no había forma de atajar el problema, pues la cuestión era la economía, ya en el XIX dejaron de emitir los gobiernos patrios normativas específicas contra los vagos. Nada más entrar en el siglo XX el vago, por errante, dio paso al vago sin ocupación, oficio o profesión.

El problema se inició, siempre han dicho los que entienden de esto, porque en España la revolución se inició “desde arriba -desde el poder-, auspiciada por los reformistas y con la oposición de los privilegiados (dicen también que, nobleza y clero).

Ni siquiera Carlos III -el que más se lo curró- consiguió sus propósitos; su reforma económica, promovida por Esquilache -el mismo que cercenó las capas y prohibió el chambergo (en una reforma que incidía en la salubridad y la higiene y donde las capas era una nimiedad)-, trajo carestía de precios y, en consecuencia, hambre. Cuentan que la libra de pan (460 gramos) llegó entonces a los 14 cuartos (y una familia necesitaba al menos dos libras de pan al día) y el jornal diario estaba en los 4 reales (34 cuartos; 1 real equivalía a 8’5 cuartos); y el pan era el alimento principal. Así llegó el Motín de Esquilache (1766).

Pero ese motín no fue más que uno más de los muchísimos motines de subsistencia que se produjeron en España (y en toda Europa) durante los siglos XVII,  XVIII, XIX y XX; desde el no menos célebre (y pionero) Motín de los Gatos (1699; a los madrileños les llaman “gatos”) hasta el motín que acabó en la Huelga de 1917. Tres siglos de motines de subsistencia; tres largos siglos de amotinamiento por hambre.

Durante todos esos años, desde el XVI, fueron legión los campesinos pobres (labradores, pastores y jornaleros), los inválidos, las viudas y las llamadas minorías no integradas (judíos, gitanos, esclavos y cautivos, que aún había en aquella España del Antiguo Régimen) que generaron el concepto de vago, por errante, al irse a las ciudades en busca de alimento por las hambrunas del campo; no ya en busca de trabajo, pues sabían que no había. 

Consideraban aquellos vagos que las posibilidades de subsistencia en las ciudades eran (y así fue) mayores. Pero es que la subsistencia en las ciudades sólo se lograba a través de la caridad. Más terrible aún.

Así, por caridad -diezmos y primicias-, proliferaron, gracias a las obras de beneficencia que iniciaron particulares e instituciones (conventos, cofradías, fundaciones, Órdenes Mendicantes y obispados) los hospitales de caridad (las llamadas Diaconías), las casas de misericordia, los albergues, los asilos y los hospicios por doquier. España, a finales del XVIII, era la nación europea con mayor número de instituciones de este tipo, financiadas por las Obras Pías, en las que se vivía de las limosnas y se comía (y cenaba, cuando se podía) la milagrosa “sopa boba”. El Catálogo de los Pobres señalaba la organización y distribución de las limosnas.

Aquello se desmandó. Para atajarlo surgió la Junta General y Superior de Caridad (1778) a instancias del conde de Floridablanca. Mantenía el murciano que era inútil una caridad sin organización porque “fomentaba a los ociosos”, como así fue… y comenzó la aventura de los vagos (ociosos) que no esperaban de la vida más... que un tazón de aquella sopa boba y un lugar donde dormir. Cada Junta de aquellas (de ciudad o de provincia) coordinaba a las diputaciones (que eran los barrios). Y hasta se creó un Fondo Pío que estabilizó la beneficencia cuasi universal.

Y don José Moñino tuvo razón. A aquellos vagos (por errantes) se unieron los nuevos vagos (ociosos, sin ocupación, oficio o profesión): los fulleros (que vivían de la fullería y las trampas) y los hampones (maleantes haraganes de poca monta). Estos nuevos colectivos se refugiaban en el gran grupo; eran tantos que degeneró en un problema mayor. Y ya el nombre de vago, por errante, cambió de concepto y cobró con ahínco un carácter aún más peyorativo.

Fue tal el auge en España de los vagos (sin ocupación) que hasta se apoderaron del término sopista.

El sopista había sido -desde el siglo XIII- el estudiante universitario sin recursos económicos que rondaba bares y tabernas amenizando el tugurio a cambio de una comida en escudilla (por lo general unas gachas). Cuando el sopista quiso diferenciarse del vago (errante) que también buscaba la comida, pasó a llamarse tuno, y al grupo de tunos, pues acudían en grupos, se le llamó tuna.

Y al final, el sopista fue el vago (bien errante, bien de empleo); España fue durante siglos un país de sopistas… y por ende, de vagos.



9 feb 2014

DE QUIEN HABLA DE TURISMO… TRAS LEER MUCHA LITERATURA, Y DESBARRA


Se levanta uno tan tranquilo a repasar la prensa y se encuentra, en El Mundo de Baleares (ayer), con un titular de esos que te enervan: “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”.

¿Depreda? No lo tengo yo muy claro. ¿Depredar?, eso son palabras mayores. Lo de “no adquirir conocimientos” ya me deja muy tocado. No, si va a resultar que a la vuelta de las vacaciones te tienen a someter a un examen a ver si “progresas adecuadamente”. Soy muy primitivo, pero esto me enerva.

Me meto en el texto y veo que es una entrevista a la escritora y filóloga Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948). La cosa va de los preparativos de un centenario en torno a un viajero romántico que se enamoró de las Baleares. Doña Carme, catedrática de Literatura de la Autónoma de Barcelona, es una autoridad en el tema de literatura de viajes, y sobre viajes y literatura versó su discurso de ingreso -al tomar posesión del sillón “n”- en la Real Academia de la Lengua. Dicen que estuvo soberbia: Sobre un lugar parecido a la felicidad (07.11.2013). Mallorca vista por los viajeros del XIX… y los del primer tercio del XX.  Hasta ahí, muy bien; pero es que, ayer sábado (07.02.2014), va y suelta su “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”.

La verdad es que no voy a cuestionar los méritos literarios de la señora Riera, a la que no conozco por sus obras (aunque me he leído -y disfrutado, que todo hay que decirlo- su discurso de ingreso), pero sí por sus disparates trasnochados a la prensa.

Muy bueno su compendio sobre los escritores y artistas viajeros que visitaron y escribieron sobre Mallorca entre 1837 y 1936, pero muy mala su consideración sobre el turismo de ahora: “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”. Es increíble.

Ella debe estar más por los viajeros que por los turistas. Ojo, pero por viajeros como su elogiado Archiduque Luis Salvador de Austria (1847-1915), un toscano de mediados del XIX que optó por Mallorca, a dónde llegó en 1867. Es que en la Revolución de 1849 había sacado al Gran duque de Toscana, su padre, desde el florentino y precioso Palazzo Pitti al exilio; y la familia, con él.

Bueno, el caso es que el Archiduque no llegó a Mallorca a pasar unas vacaciones ni a evadirse de sus vida profesional; tampoco llegó con un paquete turístico ni fue a hotel o apartamento alguno. Vino porque a algún sitio habría que ir y compró varias fincas (Miramar y otras, ahora propiedad de los Vives), edificó sus mansiones  (entre otras s’Estaca, ahora de Michael Douglas) y cultivo sus tierras consiguiendo excelentes vinos (premiados internacionalmente, lo que colocó Mallorca en muchos mapas) y buenos aceites. El Archiduque se implicó en el progreso de Mallorca; fue un mecenas sin paragón.

Es más, se trajo hasta sus fincas mallorquinas a personajes de la Europa chachi de entonces: geógrafos, geólogos, botánicos, naturalistas, historiadores, escritores, pintores, escultores, tenores, poetas, actores… que luego contaron las bondades del lugar. Todo al que invitaba acudía a Mallorca; desde Sisí, la emperatriz, a La Chata, cuando aún era Infanta de España.

Es más, el Archiduque no paró de escribir sobre sus progresos en agricultura (que fueron notabilísimos), geografía y costumbres de Mallorca. En Die Balearen in Wort und Bild (9 tomos, 9, publicados en Leipzig entre 1869 y 1891) describió el archipiélago como nadie, maravillado -como estaba- por la belleza y posibilidades que atesoraba. Sus 50 obras, quince de ellas exclusivamente sobre Baleares (donde destaca Die Balearen), le significaron honores en la Academia Imperial de Ciencias de Viena, en la Sociedad húngara de Geografía y en la Real española de la Historia. Y la isla también le otorgó reconocimientos: Académico de la de Bellas Artes, presidente honorario del Fomento del Turismo, Hijo Adoptivo de Baleares e Hijo Ilustre de Palma y de Sóller. Estaba en todas las pomadas.

En fin, que yo entiendo la frustración de doña Carme; no es fácil comparar a Archi, como le llamaban en su casa, con cualquier otro turista alemán, austríaco o británico de ahora; incluso patrio. Lo entiendo. Pero ello, la añoranza que pueda tener por un tipo de turista culto y adinerado (se compró Archi un buen cacho de la isla para poner en marcha sus fincas junto al mar; que de tonto nada), no le otorga a doña Carme la potestad de desbarrar utilizando el altavoz de los Medios a través de la Real de la Lengua para pontificar en una entrevista, en su paranoia sobre el turismo, que “el turismo de sol y playa depreda y no adquiere conocimientos”.

Doña Carme, permítame: es el turista, en su absoluta libertad por el destino y la forma de turismo que hace, es el que decide si adquiere conocimientos -o no- con esa visita, y -sobre todo- qué tipo de conocimientos. Hay turistas que sólo pretenden disfrutar, sin más; otros prefieren conocer algo más. Pero es su libertad. Y en cuanto a que el turismo de sol y playa “depreda” (roba, saquea con violencia y destrozo, RAE dixit), pues… ¡qué quiere que le diga! Usted misma. No eligió la palabra adecuada, cuando menos. Busque, busque, que está Ud. en la RAE.

En los tiempos de Archi pocos podían permitirse el lujo de hacer turismo; hoy lo hace casi todo el que quiere. Ah, y se compró, para él, lo mejor de la isla. Usted misma dice que por aquél entonces “la gente -en Baleares- lo pasaba muy mal”, y él llegó con pasta. Lo que sí le digo -permítame y disculpe mi osadía- es que si hemos conseguido que muchos disfruten Mallorca (y cualquier otro destino), y no sólo unos pocos adinerados y elegidos, pues resulta que hemos triunfado.

Debería sentirse orgullosa, doña Carme, de que en los tiempos actuales se halla socializado el turismo y no sea exclusividad de unos pocos. Vale que ahora como mucho, los turistas, puedan colgar en Facebook una foto de su borrachera o una puesta de sol acaramelados, pero es que no todos puede in a Leipzig a editar 9 tomos o no tienen tiempo más que para escribir en Twiiter esos 140 caracteres.

Doña Carme, enhorabuena por sus méritos académicos, literarios y docentes, pero respecto al turismo… ¡hágaselo ver! Seguir en su dualidad “viajeros” vs. “turistas” no es nada bueno. Y mucho menos seguir anclada en el XIX… o en su Siglo de Oro.