19 ago 2015

DE LOS TABLOIDES BRITÁNICOS: QUE LA REALIDAD NO TE DESTROCE UNA ‘BUENA PORTADA’”


Una parte de la prensa británica exhibe sin pudor sus ramalazos de sensacionalismo amparados en la irreverencia ante la verdad, la provocación simplista y la estulticia más sublime, junto a dosis de patrioterismo y populismo -a partes iguales- sabiamente combinadas con el tratamiento visceral de cualquier nimia noticia y unas salpicaduras sexis con chicas ligeras de ropa. Eso es puro amarillismo y, reconozcámoslo, tiene su público. Como las producciones de Telecinco: ¡Mamá me han contratado en Telecinco!; eso te pasa por no tener estudios.

Se puede decir que todas las características antes enunciadas iluminan una fórmula periodística muy británica: el tabloide. Y en realidad, la palabra “tabloide” sólo viene a decirnos que estamos ante un formato periodístico de tamaño menor que el formato sábana (600 x 400 mm): estamos ante un 431’7 x 279’4 mm, que utilizan muchos periódicos “serios” en todo el planeta. Sí, en el mundo se editan muchos tabloides, pero aplicárselo a un periódico británico ya, como mínimo, supone abocarlo al sensacionalismo. Y, nunca defraudan. Su máxima: “que la realidad no te destroce una ‘buena portada’”.

Un tabloide abusa del color y en cuanto a la tipografía: pura entropía. Sus noticias sólo intentan llamar la atención y es patente la desproporción entre imágenes y textos. Pero sobre todo, hay ausencia de rigor.

Decía Walter Lippmann[1] hace casi un siglo, alarmado ante el auge del periodismo centrado en los escándalos, en las noticias de campanillas sin base periodística y en las que se cebaban en la vida de los famosos que “la calidad de las noticias sobre la sociedad moderna es un índice de su organización social”. Lo que no nos deja bien parados. Y lo decía asustado en 1920, y ya adelantaba que los periodistas debíamos “recuperar la legitimidad social como mediadores entre la actualidad y los ciudadanos, garantizando una información de calidad”. Pero entre los periodistas, como en todas las profesiones, hay ejemplares de distinto nivel moral, intelectual, profesional y pelaje. Y algunos encuentran en la fórmula de los tabloides el único puesto de trabajo para el que están cualificados, y pasan de la vieja idea de mediador entre la actualidad y el ciudadano y, sobre todo, pasan de la legitimidad social de la acción que desarrollan.

El criterio de selección de acontecimientos es determinante entre los que practican un modo y otro de mediación en la comunicación. Unos se ocupan de “las noticias” y otros de “las otras noticias”. Luego, además, está el enfoque y el añadir impacto frente a información; vamos, la más absoluta banalización de los temas frente tratamiento y análisis de los acontecimientos.

Un buen segmento de la prensa británica nada en esa charca y cuando nos salpica, el hediondo y fétido olor que desprende, nos provoca repugnancia.

Recuerdo mi primer contacto con esos titulares de prensa a finales de los años 80, cuando llegué a Benidorm. Había habido un problema en un hotel de Benidorm con resultado de alcance y a los pocos días me aparece la foto del director -un impactante primer plano tomado a traición- que ocupaba la mayor parte de la portada con un “Benidorm: ¿pondría su vida en manos de este hombre?”. ¡Terrible!

Aquello fue demoledor. De hecho, cada vez que me encuentro en la calle con “este hombre” siento por él una fraternal simpatía por el inmerecido escarnio al que le sometió el amarillismo británico. No viene al caso recordar más.

Ahora parece que más de uno se ha sobresaltado con el shark attack de Poniente sobre un chaval y el tratamiento de un tabloide británico. Nada del otro jueves; en la línea de su forma de entender y tratar la información.

En marzo de este mismo año, el mismo tabloide ya señalaba la presencia de tiburones en nuestras costas -2 habían sido “capturados”- , pero “tratábamos de mantenerlo en secreto”… ya que solo la totalidad de medios de la zona habían señalado la aparición de uno varado y otro capturado en una red. Insisto: “que la realidad no te destroce una ‘buena portada’”. El pie de una de las fotos que ilustraron la noticia (Tiburones: tiburón zorro encontrado en la playa de Benidorm [NC]) no deja dudas de que fuera en la playa de… la que quieran; lo que se ve al fondo no es la isla de Benidorm y hay quien me dice es una célebre mole calcárea. Pero lo mejor es cuando dice: “Tenga cuidado: los locales admiten que el aumento de los avistamientos de tiburones es ‘una preocupación’”. Y yo despreocupado. No, si va a ser cosa, también, del cambio climático.

La última noticia de hace unas horas se retrotraen hasta mi llegada a Benidorm para presentar la retahíla de “ataques” ocurridos en nuestro ámbito mediterráneo español (1986, 1992, 1993 y 2014) e invita a los lectores a que, por correo electrónico o teléfono, cuenten al tabloide sus “encuentros con tiburones en sus vacaciones en España”… planteándome la duda si se refiere a criaturas del género selachimorpha o del género sapiens-sapiens, dónde también se dan algunos tiburones tan depredadores como los marinos. Estaré pendiente no sea que estemos ante un problema de los gordos de verdad.

Tal vez lo mejor de la noticia del tabloide y del shark, que también tiene algo bueno, es que en medio de la misma, en Internet, hay una encuesta: ¿Esto te desanima para viajar a España? Y el 82% ha dicho que no.



PD: De un periodista británico se puede esperar de todo (como de uno patrio). Suelen tener sus destellos, como Moss el día que “tomó” Ses Rates y lo contó en The Guardian (uno de los “serios”, en julio de 2002)… Y yo ledediqué un Post. Y hasta me acuerdo cuando la vieja guardia del periodismo local analizábamos el alcance y repercusión de cualquier noticia de Benidorm antes de lanzarla al aire. Nunca dejamos de publicar ninguna, pero siempre analizábamos sus consecuencias.






[1] Periodista, crítico de medios y filósofo, junto con Charles Merz estudió los problemas de inexactitud, sesgo y partidismo con que los periódicos de su época cubrían las noticias y publicó en 1920: “A Test of the News”. Su análisis de la situación EE.UU.-URSS en 1947 (The Cold War) introdujo el término “guerra fría”.

18 ago 2015

DE CUANDO TARDARON TRES AÑOS EN DARNOS UNA TEMPERATURA


2010 resultó un año de calores. Y eso que aún no “se había inventado” lo del caloret riteño. 2010 remató la llamada “década más caliente de la Historia” (¿?)… aunque la temperatura media global fue de 14’3ºC… luego en algún lado hizo un frío de esos que hacen que los grajos viajen en metro.

El caso es que en Bielorrusia vieron el termómetro por encima de los 38ºC o que en varios puntos de Birmania llegaron hasta los 47’2ºC. En mayo, en el mes de mayo de 2010, en Pakistán (en Mohenjo-Daro) llegaron a la máxima asiática con 53’5ºC nunca antes jamás registrada. En la república rusa de Kalmikia vieron los 45’4ºC a mediados de julio, y en la mismísima Finlandia, en Joensuu, estuvieron, también en julio, a 37’2ºC. Lo nunca visto, contaron los periódicos… menos La Hoja del Lunes.

Se habló de una mega-ola de calor a la que se la calificó de excepcional en el hemisferio Norte que también -¡cómo no!- en España dejó sentir sus efectos: en aquél verano se alcanzaron los 42ºC en casi toda Andalucía y en los 39º quedaron Castilla-La Mancha, Madrid y el Valle del Ebro. Avisos naranja por todo el Mediterráneo y hasta en Canarias, día sí y día no. Y aún teníamos el calor del verano de 2003 en el cuerpo.

 Pero lo más grave fueron las continuadas noches tropicales que superaron los 25ºC por toda la península. Pero el 27 de agosto el litoral mediterráneo vio los 42’8ºC (Aeropuerto de Manises-Valencia) y los 44ºC (Alcantarilla, Murcia), aunque el récord fue para Carcaixent (Carcagente, Valencia) con 45’1ºC (27.08.2010).

Ah, ese verano, llovió “más de la cuenta”; a pesar del calor, pero lo cortés de la lluvia no quita lo valiente, y tan valiente, del calor.

Pues bien, mientras eso pasaba por el hemisferio Norte, en el hemisferio Sur, que estaban de puritito invierno se alcanzaba la temperatura más baja jamás registrada. Todos los medios nos contaban que en el verano austral el hielo marino se había reducido muchísimo y que probablemente estábamos ante el volumen más bajo en millones de años. La rotura de la Placa Larsen en 2002 y la Placa Willis en 2009 les tenía de los nervios. Aún no metían en la ecuación el grosor de la capa de hielo antártico, pero hizo mucho frío. “Ola de frío polar en el Cono Sur” era el titular común, incluso por zonas subtropicales: 80 muertos por frío, efectos sobre el ganado, las cosechas, las infraestructuras y el turismo. Un caos.

En el segundo semestre de 2010 el iceberg Fjor-Balog captaba todo el interés de los medios de comunicación del hemisferio Norte, aludiendo al Sur, por los procesos de retroalimentación que soportaba y por todos lados se aventuraba -con su imagen- que se acabaría el hielo de la Antártida del mismo modo que se derretía el célebre y muy fotografiado iceberg… que se había escapado de Groenlandia; pero eso a los calentólogos les daba lo mismo. Y terminó 2010 y el iceberg aún estaba tonteando por el mar hasta bien entrado marzo de 2011 en donde ya no se habló más de él.

Y mientras todo eso ocurría, el 10 de agosto de 2010 se registró la temperatura más baja jamás registrada en el planeta: -93’2ºC. Sí: menos noventa y tres coma dos grados centígrados.


Eso fue en agosto de 2010 y hasta agosto de 2013 no se publicó en medios científicos el registro. Increíble. Algunos medios periodísticos recogieron el dato en el mes de diciembre de ese año porque ese mismo año -diciembre de 2013- se habían detectado registros similares de -93’0ºC.

Aquí todos ocultan lo que quieren. No, es que resulta que les pasó inadvertida esa medición. La más baja jamás registrada y a los científicos que están estudiando esto va y se les pasa.

Fue el satélite Landstad-8 con sensores infrarrojos el que efectuó la medida y hasta facilitó las causas para que se alcanzara esa temperatura: capas de aire superfrío en días soleados y sin nubes. Vamos que el Sol sirve lo mismo para un roto que para un descosido; por un lado que te torras y por otro que te hielas.

-93’2ºC es una temperatura cuyos dígitos se escriben con celeridad inmisericorde pero que su cuantificación real es dificilísima de imaginar hasta para los científicos. Un frío tan extremo es algo hasta duro de explicar. En 1983 se habían registrado los famosos -89’2ºC en la estación rusa Vostok, en la Antártida. Nadie pensaba que se pudiera rebasar ese registro.

En las zonas habitadas del planeta -en el hemisferio Norte- se han llegado a medir, y por dos veces, (en Verkhoyansks y Oymeykon) los -67’8ºC (en 1892 y 1933) pero nunca jamás esas gélidas medidas han vuelto a ocupar reseñas científicas y periodísticas. El registro de -71’2ºC de Oymeykon de 1926 no está totalmente aceptado.

Pero a lo que íbamos, a la dualidad frío-calor. Resulta que la llamada Oscilación meridional de El Niño (ENSO; El Niño-Oscilación del Sur) genera temperaturas extremas en el Pacífico, con lo que afecta a los patrones atmosféricos planetarios.

El fenómeno ENSO tiene dos fases: la propia de El Niño (EN) que produce efectos de elevación de la temperatura planetaria global y La Niña que tiende a reducirla visceralmente y cuya acción llega sin problemas a nuestras latitudes influyendo en la llamada Oscilación del Mediterráneo Occidental (weMO) que incide en la acción y potencia de nuestras “gotas frías”/DANA. Los procesos ENSO se engarzan muy eficazmente con las fases de ciclos solares para aumentar o disminuir de actividad.

En el segundo semestre del año 2010 La Niña y un mínimo de irradiación solar hicieron descender el termómetro en todo el Cono Sur y en la Antártida y así los calores del primer semestre del año en el conjunto euroasiático quedaron tan contrarrestados en el sistema planetario que al final, como dijimos al comenzar este Post, la temperatura media planetaria quedó en esos 14’3ºC tan engañosos. Pero eso lo que tienen las medias y más si son planetarias.

Como conclusión final: es el sol el culpable tanto del calor como del frío extremo y especialmente el registrado en esas condiciones en la Antártida. Estudiemos más el proceso y sabremos; aunque sea para callar a algunos.

Y cómo tenemos la cosa del hielo ahora. Pues con mediciones de agosto de 2015 en el Ártico estamos por debajo del promedio, pero el Paso del Noroeste es impracticable y el hielo persiste en Baffin y Hudson, y en la Antártida la extensión es superior al promedio, pero se ha ralentizado el crecimiento este mes.







17 ago 2015

DEL MAPA DEL FONDO MARINO


Ya tenemos mapa de la composición de los fondos marinos planetarios.

¿Y?

Pues que es muy interesante porque podemos aprender qué es lo que ha pasado hasta ahora y comprender los cambios ambientales que se han producido. Incluso ir más allá y presentar previsiones.

Ah.

Foto fija del primer mapa digital de la geología del fondo marino en la Tierra. / EarthByte Group, School of Geosciences, University of Sydney, Sydney, NSW 2006, Australia National ICT Australia (NICTA), Australian Technology Park, Eveleigh, NSW 2015, Australia

Resulta que el fondo abisal de los océanos es un gran cementerio de todo bicho viviente marino y la composición de esos fondos ayuda a descifrar el comportamiento y la respuesta oceánica a la variabilidad del clima. Metros y metros de sedimentos para estudiar lo que ha pasado.

Por ejemplo.

Las algas diatomeas son una fuente de oxígeno increíble. Una vez que mueren, van al fondo del mar, donde están las famosas llaves de la canción.

Con sólo fijarnos en los suelos calificados como cienos de diatomeas -que en inglés suena más fino: diatom ooze- nos podemos conjeturar una idea de la proporción de oxigeno en el planeta en distintas épocas atendiendo a la temperatura y a la salinidad del agua del mar.

Las diatomeas son muy importantes: se comen el CO2 con un apetito voraz.

Las diatomeas producen una buena parte del oxígeno que respiramos y, además, contribuyen a eliminar más CO2 que la mayoría de las plantas en tierra firme.

Hay una frase lapidaria del jefe del Departamento de Ciencias Oceánicas de la UNESCO, el profesor Valdés (que fue director del Oceanográfico de Gijón): “Cada vez que respires, piensa que la mitad de tu oxígeno viene del mar”.

Con eso ya está dicho todo.

Sí, ya sé que siempre nos han vendido lo de la Amazonia y todo eso, pero la fábrica de oxígeno planetario es propiedad de la multinacional Fotosíntesis que tienen delegaciones por todos los rincones planetarios; menos mal.

Así el caso, ahora lo que hay que hacer es investigar más esas proporciones de cienos de diatomeas (y otros cienos marinos, y gravas, y arenas, y todo lo del fondo del mar) y de todos esos estratos de deposiciones para saber más, mucho más de la evolución del planeta y las relaciones ambientales. Pero el trabajo base ya está hecho. Ahora es cuando de verdad se abre el camino para estudiar el ciclo del carbono marino.

Comprender los ciclos biogeoquímicos nos dará muchas claves evolutivas y podremos afinar en la información y en la predicción.

En mapa en 2D


Dicen los autores del trabajo (de la Universidad de Sydney y del NICTA[1] -un auténtico Parque Tecnológico con spin off sobrevenidas de proyectos universitarios de investigación, como esa quimera rubeniana benidormera): está muy bien llegar a Plutón; pero mejor saber cómo nos ha ido en el planeta azul, cómo nos está yendo y cómo puede que nos vaya y, en todo caso, plantear prevenir situaciones de futuro.

El trabajo es importante; baste señalar que el 70% de la superficie del planeta es mar y bajo él está el fondo marino. Por primera vez tenemos un estudio de conjunto de ese 70% del planeta del que antes sólo teníamos detalles puntuales y un trabajo manual de los años 70 que por sus carencias instó a realizar este. Y sólo se han necesitado 50 años y 15.000 sondeos para realizarlo.




PD: Para celebrarlo y homenajear a las australianos me voy a ir al único pub con pinta de ambiente australiano que tenemos en Benidorm -Outback Aussie Bar- y hasta me voy a pedir una Foster (que ya es propiedad británica); que yo para las cervezas soy muy mirado. Me han hablado muy bien de la Coopers Stout (de las que me van); pero no creo que aquí lleguen. Estamos prácticamente en la antípodas.






[1] Financiado por el Gobierno Australiano como centro de Excelencia en Investigación Tecnológica a través del Consejo Australiano de Investigación Científica

16 ago 2015

DE CUANDO Mr. AIRY SE COLUMPIÓ EN 340 PIES CON LO DEL MERIDIANO


Ya una vez les hablé del Meridiano de Airy, que algunos -muchos- llaman Meridiano 0 o Meridiano de Greenwich.

Si, es que en 1851 Sir George Airy Biddell, astrónomo real, construyó un instrumento -Círculo de Tránsito de las estrellas- para medir el tiempo de paso de los astros por el Meridiano de Londres (y de paso, determinar el tiempo cronométrico local para las islas Británicas y, de paso, todo para todo el Imperio) y que terminó (1884, en conferencia internacional) siendo considerado el Primer Meridiano. Cosas de los british.

Antes, cada uno tomaba el meridiano que le venía a mano: aquí tomábamos el Meridiano de Cádiz para las cosas de la náutica cartográfica. Los franceses que si el de París; el mundo árabe que si el de Bagdad; y todos, que si tapatín, que si tapatán.

A mí me gusta la gesta del farero de Orchila y que al Meridiano 0 le sigamos llamando -algunos- Meridiano de Altea, y pase por La Llosa de Camacho. Aunque cuando visito Londres me guste pasar delante de la Real Sociedad Geográfica (en el 1 de Kensington Gore) y llegarme hasta Greenwich. Tienen un no sé qué.

Ahora parece que alguno ha descubierto que el Meridiano de Airy, el Meridiano 0 o de Greenwich, no pasa por donde está colocado el afiche metálico que lo indica en la esquina del patio del Observatorio londinense. Eso se veía venir… conforme avanza la tecnología y las mediciones son más precisas. Ya una vez, en La Llosa de Camacho, el compás de la brújula “nos decía” que muy bien para la foto en rinconcito aquél, pero que por allí no pasaba el meridiano… ni la madre que lo parió. ¿Chasco, no?

En un artículo -en el Journal Geodesy- se indica que en realidad pasa a 102 metros más al Este de donde está marcado, y hasta se explica el cómo y el porqué del error. Mister Airy apoyó una de las patas de su telescopio sobre un terreno inestable que ya le jorobó la medida; no tuvo en cuenta que la tierra es un piedrolo absolutamente irregular y para nada redondo; y que, por la cuestión anterior, la gravedad va a su bola dependiendo de lugar. Total que… Mr. Airy se columpió en 340 feet (que vienen a ser esos 102 metros que se han señalado).



En 1884 la Conferencia Internacional del Meridiano no tenía ni idea de los tres errores de Airy; errores que los cometían todos porque lo desconocían. Ahora, casi todo bicho viviente, lleva su GPS en la mano con su móvil y ya no necesita que nadie le indique por dónde pasa el Meridiano o. La verdad es que cuando en 1984 el Bureau Internacional de la Hora (BIH) proporcionó los marcos de referencia para todas las realizaciones del Sistema Geodésico Mundial (WGS84; que es el que llevan todos los GPS) ya se sabía que por aquella línea metálica incrustada en el pavimento de la entrada al edificio no pasaba en famoso Meridiano de Airy, pero hasta ahora nadie había calculado por dónde pasaba y cuanto de desviado estaba el astrónomo real. Y ha sido los del propio Observatorio los que han calculado esa distancia… señalando una papelera del parque como nuevo hito del Meridiano 0. (Esto es pura coña, claro).

Los visitantes modernos del Observatorio, al plantarse sobre la raya, podían leer en sus artilugios telefónicos de última generación que estaban en 00º 00’ 05.03”… pero nadie le había dado más importancia y lo que importaba eran las libras que se dejan (nos dejamos) en la entrada. Yo en su día pagué 6, y ahora está a 8 libras la visita.

El estudio ha demostrado que la WGS84 y la IRTF (Marco de Referencia Terrestre Internacional) están separados 102 metros… y todo el edificio está en el lado Oeste del planeta. Esto va a ser una putada, por ejemplo, para la Marina Greenwich de Altea que ya “no podrá certificar” ser el único puerto del mundo en 00º00’00”… pero eso lo arreglamos poniendo una boya en el mar, como ellos tienen su papelera en el parque. También sabemos que más al norte del Cabo Norte hay un cabo más al norte. Esto es así; cada día descubrimos una cosa nueva.

Pero hay que decir que desde 1927 se sabía ya que no pasaba exactamente por ahí en meridiano primigenio; pero era un joya de la Corona y del orgullo británico. Cuando en 1957 se trasladó el Real Observatorio de Greenwich a Herstminceux se cuenta que fue por ello; pero no hay nadie que de veracidad al asunto. En 1969 se publicó el primer estudio serio, aunque tardó dos años en vez la luz; pura dinamita decir que no pasaba por donde se decía. El Observatorio regresó a su casa original en 1988 y sólo rumores maledicentes incidían en el tema.

Con los años se fue intentando dar un base al error y en medios científicos hasta se apuntó a la deriva del polo de rotación terrestre (0’5 segundos de arcos por siglo; IERS 2014 dixit); incluso a la deriva continental, que en Europa es de unos 3 cm/año en dirección Noreste y que está contemplada en la WGS84. Sí, nos movemos esos 3 cm/año en dirección a Tallin (por ejemplo). Pero estas cosas no contentaban a nadie… ni tampoco explicaban que no pasara por allí el Meridiano Primero.

Total que para que Greenwich siga siendo lo que es, casi un lugar de “culto” científico (y un parquecito en una colina) se ha encontrado una fórmula: poner en primer plano la masa del planeta Tierra y su centro de masa. Así, el plano del meridiano cero a través del centro de masa de la Tierra sí pasa por Greenwich porque la pendiente local de geoide en Greenwich es del signo y la magnitud adecuada para seguir teniendo allí la marca puesta. Aunque a la papelera que está a 102 metros al este le tengamos que poner ahora un pedestal y un cartelito porque más de uno se empeñará en buscarla y nada mejor que buscarle rentabilidad. Greenwich seguirá siendo Greenwich, como la casi desconocida Llosa de Camacho seguirá siendo La Llosa de Camacho por mucho que el meridiano pase a 340 pies más al Este.

Y todo porque… sin embargo, se mueve.


14 ago 2015

DE VOLVER CON LO DEL PARQUE Y LOS 80.000 M2


Me ha llegado al correo una nueva nota de prensa del GM Socialista con un artículo de opinión del secretario general local volviendo a insistir en el Parque Tecnológico de Benidorm. Y ha sonado de repente la vieja canción… “para tocar con Lorenzo, mañana sábado día de la Virgen. Me lleva él o me lo llevo yo, pa’ que se acabe esta vaina…”. Y no dudo ni un instante de los técnicos de la concejalía señalada. Y precedentes, para llenar la Fosa de las Marianas.

Ya en abril salí en tromba contra la ideíca, aunque no la colgué en este blog. E insisto: el espíritu es loable. Ahí tenemos 80.000 m2 y si conseguimos que se instalen empresas y se creen puestos de trabajo, pues miel sobre hojuelas. Y seguro que el nombre no va a ser un inconveniente: Parque, Polígono o lo que sea. Pero pongamos las cosas en su sitio.

En Alicante, promovido desde la Universidad de Alicante -porque estas cosas de los parques tecnológicos precisan del empuje de una universidad o entidad de porte tecnológico- hay uno con 9 empresas; algunas son una spin-off (anglicismo para señalar una escisión de una empresa mayor) promovidas de la propia comunidad universitaria para desarrollar actividad a partir de iniciativas desarrolladas desde la propia universidad. La Universidad Miguel Hernández (Elche/Elx) tiene otro: Parque científico empresarial, con 65 empresas de diverso corte y capacidad. Y cuestan un cataplín y un ojo de la cara ponerlos en marcha y hacerlos funcionar; ni te cuento lo de rentabilizar la iniciativa y que produzcan los beneficios necesarios como la diversificación de la actividad productiva de la zona (que sería cojonuda), el progreso tecnológico y el desarrollo económico (objetivo final de la cuestión).

En España hay ya 80 parques que puedan optar a esa categoría de Parques Tecnológicos… con 62 operativos y 16 que están desarrollándose, y 2 en embrión. 24 de estos parques, la mitad de los operativos, están abanderados por universidades; hasta 46 universidades españolas están metidas en el fregado de los parques. La mayoría de ellos (68) están asociados en APTE.

La idea es buena, pero ponerla en marcha requiere un operativo de narices y unos riñones económicos como los del caballo de Espartero, que también los debería tener. Ya de principio, “Los Parques Científicos y Tecnológicos son zonas urbanizadas gestionadas por una entidad promotora (de la que la idea vertida en artículo de opinión no dice nada), cuyas parcelas son ocupadas única y exclusivamente por entidades públicas o privadas cuyo objetivo básico es favorecer la generación de conocimiento científico y tecnológico y la promoción de la transferencia de tecnología”. Lo de la generación empleo, como en el servicio militar de antes el valor… “se le supone”.

Ciencia y tecnología son -y lo serán cada vez más- claves en el desarrollo del futuro. La idea, tanto en abril como en agosto, está bien: “los estudios sobre ciclos económicos demuestran el papel que juega la aparición de innovaciones para generar e impulsar períodos de expansión importantes. Los períodos de crisis actúan como motores en la aparición de nuevos productos y procesos. Las oleadas tecnológicas son decisivas para entender las variaciones de los ritmos de crecimiento de las economías locales y regionales (Preston-Hall, P., 1990; Méndez, R., 1998; Ondategui, J.C., 2001).

Pero ojo, que no todo el monte produce orégano. Muchas iniciativas que ya han demostrado que funcionan, son absolutamente insuficientes para convertirse en un detonante de economías locales y comarcales. Algún ejemplo tecnológico “local” lo tengo a siete kilómetros de casa; y no es Carrefour precisamente, aunque está al lado. Es que resulta que las necesidades del tejido económico que nos circunda deben aliarse con la concertación de objetivos perseguidos y con… conseguir los recursos financieros necesarios… que es aquí dónde echo sal en la herida, pues si bien puede que se den exenciones fiscales municipales (que ya quisieran), autonómicas (que bien vinieran) y nacionales (para las que hay un plan estatal y más peticiones que corbatas pueden haber en el armario de Carrascal), la cuestión es que nadie ha dicho nada de la entidad promotora ni de los cuartos para que eche a andar. Y todo es cuestión de lo que no tenemos en el Ayuntamiento de Benidorm: euros.

Los parques tecnológicos son muy molones
La IASP (International Association of Science Park) tiene colgado en su web una entradilla que -traducción libre de 1º de Nivel Básico- viene a decir que para estas cosas, “nadie parte de la nada: debe existir un conocimiento científico previo acumulado y unas líneas previas de especialización en disciplinas muy concretas”. Lo del “conocimientos científico previo acumulado” lo vamos a dejar en suspenso en nuestro caso, pero es tan grave o más que el saber que “el objetivo es crear sinergias conectados con una Universidad que investigue y genere los proyectos de donde salen las spin-off ” famosas y con quien deben colaboran las nuevas empresas que llegarían a instalarse y que pudieran conectar con las demandas de la economía regional. Y de momento, lo que más demandamos es turistas.

Sí, sí: un parque tecnológico, tecnoilógico o lo que haga falta. Pero, ¿dónde está la pasta?; ¿dónde está la entidad promotora? Tener 80.000 m2 como de libre disposición para la cuestión es como tener un tío en La Habana (aún hoy); yo tengo uno petrolero a orillas del Maracaibo y sólo me manda una postal por tal día como mañana: día de la Virgen de Agosto. No sólo hay que tener los 80.000 m2; sino hay que tenerlos en situación de “excelencia urbanística” (que aún no he conseguido saber exactamente qué es) y saber que la inversión (ah, ¿pero que hay que hacer una inversión por parte del promotor de la idea además de poner la cama (entiendan los 80.000 m2)?) sólo se rentabiliza cuando triunfa la innovación tecnológica. Si no, es como un aparcadero de empresitas que poco a poco van tirando.

Es que llamarle polígono industrial a estas alturas del XXI -y sabiendo lo que hay en algunos polígonos industriales- queda muy feo: 80.000 m2 para un polígono industrial suena fatal. Yo pongo el bar para los almuerzos. Y ojo, que el futuro está en la tecnología. Y si no lo hacen atractivo no vende.

Pues ya saben: entidad promotora y euros. ¿Los tenemos?, no. Pues, ajo y agua; pero que nadie nos quite el soñar.

E igual que comencé cuando me vino a la mente la canción (“me lleva él o me lo llevo yo, pa’ que se acabe esta vaina del parque poligonero) me vino el chiste: “Papá, ¿cómo se llama lo que hay en las esquinas de los polígonos?”. “Putas”, respondió el padre. Y el niño dijo: “¿entonces quito lo de ángulos?

Pues eso, polígono sin ángulos en 80.000 m2.


PD (domingo, 16): Ya que cita la nota que inspira (o provoca; no sé muy bien) este Post una iniciativa francesa, yo le adjunto otra, leída en las páginas salmón de EL PAÏS de hoy (aunque fechada el día 13), donde se cita una iniciativa municipal (del Ayuntamiento de París) junto a otras privadas. Así es como deberían planterse las cosas y no como una quimera demagógica al socaire de los tiempos.




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3 ago 2015

DE LA BANALIZACIÓN DEL TURISMO...


Aquí cada uno acerca la sardina del ‘TI/AI’ al ascua de su posición, de su estructura económica e incluso de su formación política, aún a riesgo de socarrarse. Y aún no lo sabe. Nada, que este verano no salimos de Guatemala para caer en Guatepeor. Para abrir un nuevo y absurdo frente llega la información de Guadalest: “elpueblo más visitado, sin comensales”. Y claro, “consecuencia del ‘TI/AI’”. Sí hombre, sí.

El “Guadalest se queda sin clientes a mediodía porque todos marchan a comer a sus hoteles” responde a una verdad a medias porque si bien es cierto, llamar ‘turistas’ a los que suben a un autobús de “manteros” es tener unas tragaderas inconmensurables. El “Los hosteleros piden una regularización del ‘TI/AI’ para evitar ‘fugas’” demuestra una impotencia y, al mismo tiempo, una desesperación que no les deja ver el problemas. Y el “También creen que deberían hacer más atractivos sus establecimientos” es una realidad propia de la dinámica del momento, pero que tampoco va a arreglar la situación.

En un momento de la noticia se lee la verdad: “no culpa solo al ‘TI/AI’ o a las cinrcunstancias coyunturalesentona una especia de mea culpa y considera quelo que tienen que hacer ‘y de hecho estamos haciendo’es mejorar (la) oferta para hacerla más competitiva”.

Y sí; y no. Se nos llenaba la boca diciendo que esta crisis ha traído cambios y no vemos el cambio en el turismo; en la banalización del turismo. Sí, lo banal es algo trivial, común e insustancial (DRAE, dixit) y en eso ha caído el turismo; en lo banal. La banalización, consustancial con los tiempos, ha llegado para quedarse.

Banalización hasta en la noticia que twittean políticos y afectados. Le leí hace poco a Rosa María Calaf, periodista, corresponsal de TVE en mil y un saraos que “hasta el periodismo tiende a la banalización” y, con ello, sumarse al proceso. La noticia aludida es el ejemplo: “Guadalest se queda sin clientes a mediodía porque todos marchan a comer a sus hoteles”.

Y en cuanto al contenido, a lo mejor habría que leerse a Jorge Carrión -“Los Turistas”; es de una trilogía, pero yo sólo conozco ese- donde expone bien a las claras la banalización del viaje y del turismo en el siglo XXI: la masa se cansa de ver cosas maravillosas e inolvidables. Prima, ahora, la rapidez, la instantaneidad y el disfrute posterior. Ahora el ‘selfie-de “he estado ahí con toda esta gente”- es el protagonista; no el lugar. Y hecha la foto, p’alante como los de Alicante. Se acabó el lugar, aunque el sitio quite el hipo; lo importa es sólo el instante.

Desde que Luis Cernuda allá por 1952 escribió que “NO HACER NADA ya es una actividad” no vean la de gente que ha hecho bandera de esa frase. Yo mismo. Yo en mis vacaciones no quiero hacer nada; bastante es que me sacan para aquí y para allá para mezclarme con la masa. La inactividad, gracias don Luis, desde ese momento (aunque antes ya lo era; él solo lo constató) fue sinónimo de ocio. Así que sobra todo ya.

La célebre turistificación (ojo, palabro de órdago) trae estas cosas. Cuando se hace un uso indiscriminado de algo, se banaliza. La turistificación banaliza. Y si no aporta novedades; pues más. Y el 80% de los padres de los turistas británicos de hoy en día ya estuvieron en Guadalest, y a sus banales hijos… pues el selfie les salva la experiencia y no necesitan consumir más.

Yo me acuerdo cuando me contaban en una conferencia de Turismo que la visita turística se basa en una trilogía: busca la esencia del lugar, la aproximación multisensorial y la incardinación tanto en el momento como en su historia. ¡Filosofía! Esto se lo cuentas a uno que sube a uno de esos autobuses, armado con un 6 pulgadas o una tablet que chupa más datos que un viejo Univat y se me descojonciona del impacto. Él/Ella va a por el selfie porque más allá del momento y del lugar el único recuerdo que quiere lo tiene ya captado y el comercio le ofrece lo mismo que 10 kilómetros más adelante, o atrás. Sin novedad.

Y es cierto que aún quedan quienes buscan experiencias “a la antigua”, pero por no desentonar se camuflan (o son abducidos) por la masa.

La banalización es mala; pero ha llegado para quedarse, como daño colateral de la crisis. Estaba agazapada y ha salido violenta, agreste y montaraz a enseñorearse de todo. Sí, sabemos que es una pérdida de valor. Y por ello tal vez convendría leerse también al profesor Francesc Muñoz (tengo debilidad por los geógrafos) en “urBANALIZACIÓN. Paisajes comunes, lugares globales”. Es que la mercantilización que hemos aplicado turistificando cualquier lugar trae estas cosas ahora. El paisaje/imagen del lugar perdió su arraigo y ya es un producto más de consumo. Oiga, ¡No!; que es un lugar increíble. ¿Increíble para quién? En cuanto lo cuelgue en el feisbuck sabrán todos que he estado aquí. Pero yo. Es que no nos damos cuenta pero hemos creado paisajes repetidos; ya no hay un typical spanish que enseñar. Ahora es un patrón que repetimos una y otra vez en una epidemia de monotonía y reiteración que, más que promover experiencias -como antes-, recorta expectativas de ocio. Porque el ocio no es la visita; es estar con la masa. En fin, que hemos convertido lugares -antaño de excepción- en parques temáticos de consumo esporádico de ocio alejándolos de su función primigenia. El colmo es que hemos creado indiferentismo espacial e indiferencia en el visitante: no culminamos sus expectativas y en 15’ ha quedado todo liquidado. Foto de yo estuve aquí (que antes era del lugar) y… ¡sigamos!

A un argentino en un programa de radio le oí decir que “somos animales ópticos”: una imagen, y ya no necesito más en la creencia de que esa imagen puede sustituir las sensaciones. Nos va la banalización. Habrá que convivir con ella.

Hasta la pasada década (y ya estamos a la mitad de esta) y desde los años 60 del siglo XX nos empleamos a fondo en estandarizar productos turísticos que consiguieron un incremento cualitativo extraordinario. Pero la crisis ha destapado lo que pervivía como sustrato ya en los años 90 y no queríamos ni imaginar.

Pues ya ha llegado: la banalización del turismo. Seguro que si la empujamos terminará yéndose. Pero pasa lo de siempre: unos pocos sumergidos en la marabunta. Unos pocos buenos establecimientos sumergidos en la mediocridad general; unos pocos turistas que buscan sensaciones sumergidos en la marabunta de turistas que a golpe de selfie prefiere captar a sus congéneres sobre el lugar.. y no el lugar ni su esencia. La banalización del turismo.



PD. Un día en Guadalest me sirvieron “una paella” con una proporción de 1 guisante por cada 5 granos de arroz. ¡Tiene bemoles! De todas maneras, se salvan sólo dos.



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DE LOS CIPOLINES


He visto el anuncio de Operación UNCLE y me he acordado inmediatamente (uno que ya es mayor) de El Agente de CIPOL… Sí, porque The Man from UNCLE en el área hispana se tradujo como El Agente de CIPOL… que chascaba cuando aparecían las letras en inglés (The-Man-from-UN-CLE) y la voz sudaca en of decía “El A-gen-te de CI-POL”: “el agente”, uno, cuando siempre eran dos en el lío.

Bueno, ver algún episodio de aquellos de El Agente de CIPOL, lo que se dice verlo, fue bastante difícil en su día; lo “echaban” por las noches… y siempre me mandaban a dormir o a estudiar. Pero remoloneaba un poco hasta que se imponía la “dialéctica de la zapatilla”… y me iba a mi cuarto con la esperanza de cumplir los 18 y poder ver alguna vez algún episodio. El caso es que cuando los cumplí, la serie había pasado a peor vida

Pasaba lo mismo con Los Vengadores y el bombín y el paraguas de John Steed (Patrick Macnee), que eran la escusa para intentar poder ver a Diana Rigg y sus largas y perfectas piernas que, como conté en elcincuentenario de la minifalda, me ponían un montón. Diana se embutía en aquél mono negro brillante y que para qué la nomenclatura de la IUPAC.

Bueno, a decir verdad sólo me dejaban ver “Viaje al fondo del mar” los sábados; creo que arrastro un trauma de series de TV. Ni siquiera “El gran Chaparral”. De “Escala en Hi-Fi” no pasé; y eso no era una serie, aunque unos actores dieran vida a los artistas.

Nada que intentaba yo de soslayo poder ver alguno de aquellos episodios donde Napoleón Solo e Illya Kuryakin, un georgiano (y Georgia era una de las repúblicas socialistas soviéticas de la URSS) que “iba con los buenos” (los yankees), eran de UNCLE (que visto con los ojos de hoy sonaba a Uncle Sam; y estaban en Nueva York y estábamos en plena guerra fría) y luchaban contra THRUSH (esto lo he leído ahora; entonces iban contra “los malos”) que abogaba por la “subyugación de la humanidad”; ¡qué cosas! Visionados hoy los viejos episodios, dicen muy poco; pero entonces eran interesantísimos. Lo juro. Y el Doctor Waverly hoy me parece un ridículo tocapelotas.

A mí me quedan recuerdos inconexos (por mi trauma, claro; ni siquiera me dejaban ver al orondo detective “Cannon” y su gran Continental), pero a todos nos queda un recuerdo material de “El Agente de CIPOL”; de aquellas aventuras contra el mal.

Cuando los agentes (de CIPOL) querían acceder a la sede (camuflada y a la que se accedía por una tintorería) tenían que echar mano de sus tarjetas identificativas ante la máquina torno de turno y acceder… y poco a poco comenzamos a ver, por doquier, tarjetas identificativas de ese tipo para acceder a empresas y entidades en España que pasamos a llamar, como no, CIPOLINES (aunque también se les llamó, despectivamente, “escapularios”).

De El Agente de CIPOL nos quedan aún hoy los cipolines.