En esto de ver quien la tenía más grande -rusos o
norteamericanos- en plena Guerra Fría hay un episodio genial: la Guerra
de los Electrodomésticos. Se libró en dos batallas -Nueva York y Moscú- en los veranos de
1958 y 1959. Sonó a distensión, pero solo lo justo. Los principales “espadas” fueron el irascible Jrushchev por el bando soviético y un
rocoso y joven Nixon por el bando yankee; el ruso era el nº1 de su país,
el norteamericano era el nº2 del suyo.
En la década de los 50 los dos grandes antagonistas
nucleares se habían propuesto “medírsela”
también en el mundo de la Cultura y “en
la comprensión mutua de sus dos ideologías”,
en principio, tan opuestas. La CIA estaba ya trabajando en la esfera cultural
(¿?) y metiendo Dr. Zhivago hasta en la sopa de los soviets (y no alcanzo a
entender por qué; es un plomo).
En fin, que llegaron a un acuerdo para mostrarse, uno a otro
-y otro a uno-, sus modos de vida y logros tecnológicos: en 1958 los rusos expusieron “sus
cosas” en Nueva York; en 1959 los norteamericanos hacían lo mismo en Moscú;
puro exhibicionismo; incluso malsano.
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La cocina "tipo" soviética |
La exposición rusa,
en el Colliseum neyorquino, estuvo llena de glamour…
y de lujosos “chaikas” (gaviotas, del
fabricante GAZ; tal vez inferiores a los ZIL, pero esos eran para la nomenklatura), que no resultaban ser más
que clones mixers del Packard Patrician 55 y del Mercury V8. Incluso el gran Tupolev
colocó su modernísimo TU 114 en el aeropuerto Idlewild, que fue tan visitado
como la expo. En Nueva York, expusieron desde naves Sputnik a maquetas del
rompehielos atómico “Lenin”;
mostraban los logros de la tecnología soviética. Pero fueron a más: les enseñaron
a los norteamericanos cómo “eran” los nuevos y modernísimos apartamentos
amueblados que como rosquillas construían allí para los trabajadores -que
tenían hasta 3 dormitorios-, y les enseñaron las súper equipadas cocinas,
aunque breves, que disponían de todo tipo de electrodomésticos (¿?). No en
balde, ya había dicho Jrushchev que “en
15 años, el comunismo iba a enterrar el capitalismo”.
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Nixon explica a Jruschev la cocina "tipo" yankee |
La exposición
norteamericana del verano siguiente, en Solkol’niki Park -Moscú-, tampoco
estuvo exenta de glamour… pero ellos
fueron a la línea Blanca y a los electrodomésticos, así como algunos “gadges” para electrificar y solucionar
la vida de las personas: lavadoras, lavavajillas y aspiradoras eran las principales
protagonistas. Pero también presentaron cocinas híper-mega equipadas e híper-mega
tecnificadas; Whirlpool produjo unapelícula promocional de la cocina expuesta en Moscú. Los yankees también llevaron
material pesado: los más prestigiosos y selectos automóviles de su industria,
los mayores avances tecnológicos en medicina, como el corazón-pulmón artificial,
y un superordenador IBM RAMAC 305P
que en menos de 90 segundos entregaba una respuesta impresa en papel a
cualquier pregunta que se le formulara. El “número
de negros linchados por blancos” fue la más solicitada. La CIA había
pre-programado la máquina y la respuesta no ha trascendido (o yo no he podido
averiguarla), pero encandilaba a los rusos que se acercaban allí.
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El IBM PAMAC 305P en la feria moscovita |
Sí, la cosa era ver quién la tenía más grande…pero viró a
ver quién estaba más tecno-socializado.
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Nixon, ante Jruschev, inaugura la Expo USA en Moscú |
En Moscú, Jrushchev y Nixon protagonizaron el “Debatede la Cocina” que los norteamericanos emitieron en directo y en color
(altísima tecnología para aquellos momentos; minipunto para los yankees) por
las tres principales cadenas norteamericanas; los rusos tuvieron que esperar 3
días para ver la entrevista convenientemente retocada. Jrushchov y Nixon
discutieron: “el capitalismo permite un mayor nivel de vida”, dice Nixon; Jrushchov
le responde con “Ustedes han tardado 150 años en llegar a esto; nosotros en 42 años
estamos a su nivel y en 7 años vamos a superarles”.
Pero lo que no pudieron los rusos superar, ni entonces ni
ahora, fue el éxito de los brownies -triunfaron
en la expo; no daban abasto a fabricarlos-y de la Pepsi. Coca-Cola se negó a acudir a Moscú (al mismísimo epicentro
del comunismo) y Pepsi-Cola
desembarcó a lo grande. Ahora bien, los rusos se decepcionaron mucho porque no
llevaba alcohol… pero, aún así, trasegaron varias decenas de miles de litros de
refresco totalmente gratis que se ofrecía en el recinto.
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Un Roomba "fantasma" evolucionando en Moscú |
Ante el éxito de la expo yankee, los rusos montaron de
inmediato un pabellón anexo con la réplica exacta de casi todo lo que exhibían
los norteamericano, pero fue un fracaso y causó mucho malestar el saber que
existían esos productos capitalistas en el corazón socialista y que prácticamente
nadie, allí, podía acceder a ellos. Además, resultaban mucho menos vistosos. Y
luego pesaba el rol de la “Jaziaika”, la tradicional y arcaica
institución de la mujer-ama-de-casa-rusa que el comunismo no quería ni tocar de
soslayo. “La libertad conseguida con la
liberación del trabajo doméstico no era libertad para convertirse en un objeto
de ocio” replicó la propaganda soviética. Además, en el urbanismo masivo
soviético, las casas de los trabajadores disponían de diminutas cocinas y desde
la estructura de poder se fomentaba el comer en el lugar de trabajo o en las stolóvayas (cantinas) al efecto.
Los yankees se pasaron en su apostolado capitalista: en 1959
presentaron en la expo moscovita un aspirador tipo Roomba… que hasta se movía por allí, pero los chicos del MIT no
lograron poner la tecnología de la máquina a punto hasta 1990.
Aquella guerra de los electrodomésticos, digamos, quedó en
tablas. La neta superioridad norteamericana en esa materia no servía para nada.
Tras el Telón de Acero, los norteamericanos, no tenían mercado en el que
colocar todo aquellos “adelantos”. Incluso en visitantes, empataron: si en
Nueva York la expo soviética suscitó en interés de 3 millones de personas…
Moscú no iba a ser menos, y para ver la expo yankee “llegaron” hasta campesinos
de Siberia, interesados por saber lo que el capitalismo exhibía.
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Ike recibe a Nikita |
Finalmente, Jrushchev manifestó su interés por visitar los
EE.UU…. y Nixon le dijo que sí; iba a ser el primer presidente ruso que lo
hiciera. Así en septiembre de 1959, y por 15 días, tenemos a Jrushchev en
Norteamérica, con entrevista con Ike
Eisenhower en Camp Davies, con visita a Hyde Park de Nueva York -para honrar a
Teodoro Roosevelt, “gran amigo de Rusia”,
señaló el mismísimo Jrushchev-, con viaje a Hollywood para ver actores y el
rodaje de películas… aunque su deseo espontáneo de visitar Disneyland (que
impidió el veto del general Serov, su jefe de seguridad, con gran alivio de los
yankees) no se pudo llevar a cabo, su choque dialéctico con el presidente de la
20th Century Fox y con el alcalde de Los Angeles, las granjas de Maryland… En
fin, dos semanas de tourné en
Yankeelandia donde San Francisco, le cautivó, y un hot dog, en Des Moines (Iowa), le hechizó: “les hemos derrotados en la batalla de la Luna, pero esto es insuperable”.
Incluso visitó la sede de IBM… y se maravilló con el self-service de la cafetería tras asegurar que no veía futuro a los
ordenadores personales.
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