Es festivo. Te asomas y aún siguen entrando coches a buen
ritmo. Y a estas horas. Salir, salen pocos. ¿Cabremos? Tengo enfrente un
chan-chan a ritmo de discoteca moruna que es insoportable, banderola norteafricana
en ristre. Voy a escribir lo que sea a ver si se me pasa. ¿No querías caldo?;
pues dos tazas. ¡En qué hora lo abrieron!
Me pasa cada cosa. Esta mañana eché a andar sin rumbo y
dando cuenta ya del final de un espléndido 8-9-8, en la avenida de los
Almendros, que -por ancho- de calle no pasa, he oído, ante una vendedora de
ilusiones de la ONCE a una persona interesarse por “el número de la Belén Esteban”. ¡Cielos; hay “un número” de la Esteban! ¡Terrible!; no me lo puedo
creer. Esto no es lo que era.
Bueno, reconozco que simplemente ha despertado mi
admiración, que no mi curiosidad, el saber que hay gente que busca el número
ese. Podría haberme interesado por más particularidades, pero hoy es lunes
festivo, Día de la Virgen (de agosto), y no vamos a mezclar lo mundano con lo
divino.
Divino… en su acepción de muy excelente; extraordinariamente
primoroso. Pero todos entenderán la de relativo a los dioses.
Así es que mentado lo divino y estando en Benidorm, con la
tranquilidad que da el festivo doy una pincelada más al cuadro del Turismo.
Leía yo, tiempo ha, que el primer turista “famoso” fue Zeus
quien no queriendo faltar a las competiciones deportivas organizadas en su
nombre (los Juegos Olímpicos) tomó forma humana y se presentó en Olimpia, donde
fue acogido y hospedado. ¡Zas!, Turismo.
Y como Zeus era lo más alto del escalafón divino de aquella
rama religiosa, estamos, efectivamente, en lo divino.
Y para esto hay datación: optó Zeus por el turismo en torno
al 776 aC. Me atrevo a decir que hizo lo que otros muchos ya hacían, con lo que
el Turismo (al menos en la vertiente de evento deportivo de magnitud) es
anterior al 776 aC; y lo que hizo Zeus fue sumarse a la corriente.
Por cierto, y ahora que estamos en Río con los Juegos Olímpicos
de la XXXI Olimpiada (moderna; que la olimpiada es el periodo de cuatro años
ente Juegos Olímpicos), decir que los Juegos Olímpicos (de Olimpia) eran los
juegos panhelénicos más importantes; había otros. Y los del 776 aC se apunta
que “fueron los primeros” porque en desde
esa ocasión es cuando empezamos a tener constancias de los ganadores de las
pruebas.
El primero reconocido, y lo fue en velocidad, fue un tal Corebo (Corebo de Élide), un panadero
del oeste de Grecia que fulminó la plusmarca del momento en la prueba del stadion
(192’27 metros). No consta la marca que hizo (Omega aún no hacía relojes ni los
jueces iban con sombrerito), pero sí se sabe que llegó el primero… y le dieron una
rama de olivo; se quedó sin metal alguno… como Nadal en su partido de ayer
tarde-noche con el nipón colorao que se ausentó antideportivamente camino,
dijo, del escusado rompiendo el ritmo de nuestro Rafa Nadal de oro macizo. Entiendo
el cabreo: once minutos de retrete no hay subsilicato de bismuto que lo
justifique. Y tenía cara de “japo”, más bien de estreñido. Antideportividad; yo
lo llamo así.
Volviendo a Olimpia y al 776 aC: allí estaba Zeus para
aplaudir al velocista. Vamos, que el Turismo, y en especial de verano, nació en
Grecia.
¿O fue en Egipto?
¡Qué lío!
Más mundanos, los egipcios también se iban de veraneo.
Bueno, el faraón que era divino. Pero con él iba de veraneo un buen séquito de
personas, animales y cosas. Pero la verdad sea dicha, lo que con ellos comenzó
con los egipcios fue el camping; la acampada de verano junto al Nilo. Nada de
construcciones sólidas.
Parece que en torno al 1500 aC (desde tiempos de Tutmosis I;
Dinastía XVIII, máximo esplendor de la civilización faraónica y comienzo
expansivo de su imperio) desde el 21 de junio, solsticio de verano, a los
faraones les dio por ir de camping junto al Nilo inaugurando un periodo
vacacional -con su corte- al compás que el pueblo llano comenzaba la
recolección de las cosechas: lo de siempre, unos al ocio (y la molicie) y otros
al curro.
Pero, sin lugar a dudas, hasta que Roma irrumpe en escena
mundial la cosa esta del Turismo y las vacaciones es para una minoría elitista.
Durante el Imperio Romano se puso de moda la escapada estival y aparecieron las
zonas de recreo. La primera parece que fue Ostia Antica, la playa de Roma (para
diferenciarla de la Ostia actaul de los stablimenti
en la playa). Luego llegarían los éxitos de Baias (golfo de Puzzioli;
colonización intensiva de la costa), Pompeya, Anzio y similares; y hasta las ciudades
(balnearias) de vacaciones por todo el Imperio como Bath (UK) o Aix-les-Bains
(Francia).
Había comenzado el turismo con toques de distinción y civilización.
Los patricios romanos rendían culto al tiempo libre, y ese culto se hacía más
intenso al llegar los meses del verano. Todo muy bonito, pero el motor de
aquél furor turístico imperial se debe, cuentan, no al interés por el mar -y todo
eso- sino por el hedor estival de las cloacas de Roma. Ese fue el propulsor de
la corriente turística. Tiberio, el sucesor de Augusto, bien que lo recalca en
más de una ocasión; hasta Nerón lo voceaba. Salir de Roma en verano se
convirtió casi en necesidad salutífera.
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Mosaico de Piazza Armerina. Siglo IV (¿El Voley-playa del momento?) |
Y en las ciudades de vacaciones se vivían largas saturnalias
que todos aprovechaban. Fuera de Roma se lo pasaban mejor. Tiberio fue un gran
impulsor del veraneo. Como le iba la
marcheta, fuera de Roma -en verano- se lo pasaba mejor; más que Tiberius,
sus coetáneos, le llamaban Biberius:
hasta el agua de los floreros.
El caso es que el mundo giró a más velocidad de la cuenta y
se acabó lo que se daba. Cayó el imperio Romano y se acabó el Turismo; se
desvaneció como se había desvanecido en Egipto, en Grecia y en todos lados.
Menos mal que en cuenta nos volvimos a civilizar, muchos
siglos después, lo recuperamos… y lo universalizamos.
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