El equipo de la Secretaria General de Turismo, porque le iba
la vida en ello, no paraba de inventar cosas que tuvieran repercusión en los
medios y le ayudaran a colocar el Turismo en la mente de todos los españoles;
de los que mandaban y de los no . Uno de aquellos ‘inventos’ fue ‘el turista ¿? millones’ que sería recibido a bombo y platillo
en el aeropuerto turístico de turno, según conviniera. En octubre de 1963 se
daba la bienvenida a la pasajera 1 millón, en Madrid. Y ni te cuento lo de las
mises… pero el ser el turista X millones era la repera.
Se seleccionaba el país de procedencia y el destino del
momento; se buscaba una pasajera agraciada y se esperaba que los Medios de
Comunicación hicieran el resto; y lo hacían. Como lo hacían con otro invento:
el del “Día del Turista”, que en 1964 estaba ya generalizado. La
prensa, la radio, las revistas y el cine apoyaron siempre al Turismo.
El equipo de Fraga trazó planes para que “los españoles fueran adquiriendo conciencia
de su papel como diplomáticos de paisano” con los turistas. Y como se
quería estar a bien con todos, se llegaron a cuestionar los toros y el piropo.
Con los toros no hubo nada que hacer: los turistas acudían a las plazas. Pero con
el piropo… con el piropo se reclamaba “cortesía”,
evitando “la chulería y el chicoteo[1]”.
A todos nos pueden venir a la cabeza ‘piropos 3R’ (para mayores, con reparos) y
barbaridades patológicas de tipo caníbal.
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Normas de 1953 |
Pero con la moral pública, principalmente con el traje de
baño, la cosa se las trajo.
Más que nada, la cosa fue por la difusión en los tabloides
británicos y en la prensa sensacionalista alemana que se hacían un eco impúdico
de lo que aquí podía llegar a considerarse impúdico comportamiento del turista
en cuestión (de la turista, principalmente): desde besarse en público (que
sería por un calentón y no por el beso en sí) al traje de baño con menos
centímetros cuadrados de los estrictamente aceptable para la trasnochada
moralidad patria de la época.
Le leo a Pack que el marqués de Santa Cruz, José
Fernández-Villaverde y Roca de Togores, embajador de España en Londres una pila
de años, recibió una carta -21 de agosto de 1959; custodiada en el Archivo
General de la Administración con referencia 77.02/6871- de la británica madre
de una chica, modelo de ropa de baño (se especifica), en la que le comunicaba
en tono de queja al señor embajador que ‘tras
pasar 2 semanas en Benidorm’, “nadie
se ha quejado sobre [mi hija] ni ninguna otra persona que llevara bikini en la
playa” pero que ‘luego un guardia
civil arrestó a la chica por vestir ese traje de baño’. ¿Un guardia civil
en el casco urbano de Benidorm? La carta es consultable en Paseo de los
Aguadores, 2, de Alcalá de Henares, sede del AGA… lo dejamos para otro día,
por, también le leo a Pack, ‘un diario de
Stuttgart, en 1963’ decía que por aquí, en España “todas las mujeres llevan bikini” y que “ni la Guardia Civil los reprime”. (“a bayoneta calada”; que la Benemérita impone incluso a orillas del
río Neckar).
La cosa se las traía. La Ley de Ordenamiento Jurídico de la
zona Marítimo-Terrestre, en su Anteproyecto de 1965, llegó a reconocer una “policía de moralidad, salubridad, urbanismo,
ornato y buen gobierno de las playas y lugares de baño y esparcimiento”, pero
en la práctica era la Policía Municipal del lugar la que actuaba a instancias
de la directriz del Gobierno Civil de la provincia que atendía la norma del
Ministerio del Interior… y sobre esto ya hemos tratado mucho en este blog. No
se toleraban los bikinis en las calles y sí en las playas; hubo más de una
circular sobre el “uso de prendas ligeras -¡qué estilo, para
no mentar el dos piezas!- en la zona
propiamente urbana de la zona balnearia y ciudadana normal”. En la página
223, Pack coloca una foto de chicas en bikini cuyo pie de foto dice: “A principios de la década de 1960, el bikini
había conquistado ya a cinco de cada seis bañistas de la playa de Benidorm”.
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Bikinis. Playa de Levante. Benidorm, 1963 |
Era lógico que el diario Ya, (ultra) católico, y el beaterio
nacional protestara por la relajación de las costumbres. El sacerdote y teólogo
Antonio Pildain, obispo de Canarias hasta 1966 (que había sido diputado entre
1931 y 1936) y que se declaraba un ‘intolerante
doctrinal’, atacara el bikini: “se ha
convertido en el símbolo del delito y la degeneración de la mujer de hoy”.
Pero el bikini triunfó y la constelación de detractores no pasa de ser, hoy, un
episodio más de Celtiberia Show (con permiso del maestro Carandell… que debiera
ser de obligada lectura en 2º de Bachillerato).
Pack pone como ejemplo del impacto del bikini, el turismo y
las suecas -y del concepto de la trasnochada estructura patria una película (señalando
que la irrupción del bikini generó un auténtico subgénero cinematográfico) de
Manolo Escobar: ‘Un beso en el puerto (de
Alicante, y el resto en Benidorm)’ -¡Bienvenida,
Dorothy!- donde “un joven del campo,
llamado Manolo (icono de la masculinidad ibérica del momento), se va a Benidorm
buscando trabajo y enseguida aprende a sacar partido a su papel de donjuán para
seducir a las veraneantes nórdicas. Al final, Manolo encuentra la virtud en la
vida familiar y no en ese ‘juego peligroso’ que practicaba en Benidorm”… que era exactamente lo
mismo que ellas -las veraneantes nórdicas- practicaban aquí -“juego peligroso”-
para volver a su país y encontrar la virtud en la vida familiar con un rubio
compatriota que hasta habían podido conocer durante sus vacaciones en España.
¡País!
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Portada del disco, BSO de "Un beso en el puerto". Manolo e Ingrid Pitt, por Poniente, con Benidorm al fondo |
Ah, a Manolo ni mentarlo para “cosas malas”; Manolo era miembro de la Tertulia ‘Los cafés del
Meliá’, tertuliano de pro y amante de Benidorm, donde sigue su carro y seguimos
sus amigos.
Por cierto, el hispanista Justin Crumbraugh, en Destination
Dictatorship: The Spectacle of Spain’s Tourist Boom and the Reinvention of
Difference (SUNY Press 2009), cuenta exactamente lo mismo e ilustra
con el mismo ejemplo que el libro de Pack. ¡Olé, Manolo!
Es que las costas, “caracterizadas
por su cosmopolita anonimato, fueron la vanguardia de la liberalización que
luego florecería en la España democrática”. Hasta los gays tenían puntos de encuentro en los destinos turísticos del
litoral mientras ni en Madrid ni en la “obsesivamente modernista” Barcelona
podía manifestarse más que en reducidísimos círculos.
El cúmulo de prejuicios no fue más que un ‘falso problema’
que se atajó con sentido común (que es el menos común de los sentidos y del que
más adolecemos los españoles). Hasta la Iglesia Católica ‘Nacional’, tras el
Concilio Vaticano II (1962-65) ofrecía “la
oración del turista” y las misas “bilingües”.
Pluralismo pragmático, el mismo que siempre empleo Fraga en esta etapa de la
Historia de España.
“Turismo y
Cristianismo”, como lidiar este toro -aunque no se lo puedan creer hoy en
día-, fue uno de los temas que con más enjundia analizó el IET. Arrillaga y sus
expertos le deban una y otra vez la vuelta al calcetín intentando encontrar
resquicio a favor de transigencia de todos como evidencia la serie de estudios
y memorándums internos cursados… hasta que todo se diluyó. El turismo fue lo
más europeizante que ha tenido España… y si se aburren, pues… la 1ª parte deeste NO&DO de agosto de 1964 que incluye El Misteri d’Elx…
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