5 ene 2026

ALMA LLANERA; A PROPÓSITO DE VENEZUELA

 

 

¡Cómo pasa el tiempo! Que va camino de hacer cincuenta y cinco años de la visita de un primo de mi padre a España. Madrileño, hijo de alicantino, el bueno de Pepe -geólogo- trabajaba para la Corporación Venezolana de Petróleo[1] que se iniciaba en el mundo de los hidrocarburos. Total que, recaló por aquí en visita familiar. Tiempo después supe que por aquellos años en Venezuela habían surgido grupos de guerrilleros de izquierda, muy activos, que no se andaban con chiquitas en lo del petróleo y que lo del primo Pepe fueron como unas vacaciones forzadas.

Fue la primera vez que oía llamar “cafetera” a un Citroën 2 CV. No lo he olvidado; como tampoco el (mal) entonar ‘Alma llanera’; que aún resuena en mí lo del Arauca[2] vibrador… Y también fue la primera vez en mi mocedad que me contaban cosas de Venezuela narradas en primera persona por un tipo que trabajaba allí siempre unido, recuerdo su imagen y fotografía, a un pistolón; por estar en la selva, que decía él.

Nunca más he vuelto a saber del “primo cafetera” -como le bauticé- y dada mi natural querencia a resumir la familia a lo que abrazas a diario es muy normal que sólo me venga a la memoria -y de soslayo- cuando me hablan del Lago de Maracaibo, que no es un lago, pues está conectado con el Golfo de Venezuela, que es Mar caribe; pues decía vivir en Maracaibo[3].

Nunca más presté atención a ese país hasta que me topé con el tema “Iberoamérica” en aquel temario de oposiciones donde estudiábamos todas las repúblicas -alguna bananera- de aquella mitad continental. Y me llamó la atención Venezuela por sus riquezas, sus gentes y su realidad. Y a partir de entonces, cada vez que un Medio de comunicación me trae a colación un disparate de los que por allí se cocinan me acuerdo de lo que contaba el “primo cafetera”. No sé: así, al pronto que si la nacionalización petrolera del 76 y la Venezuela saudita de los petrodólares; que si el ‘caracazo’ del 89, por la crisis económica, consecuencia de la durísima resaca de la borrachera petrolera anterior; que si la irrupción de Hugo Chávez desde 1992; que si la Revolución Bolivariana de 1998… Y así hasta la extracción de Maduro… 

Venezuela, se las trae.

Leo por ahí que Venezuela es hoy un híbrido letal de dictadura, cártel de drogas y santuario del terrorismo global. Y lo peor es que hay evidencias. Y, aún así, hay quienes apoyan a los bolivarianos.

El coste humano de este cóctel imbebible que maquinaron Chávez y sus acólitos es el mayor éxodo del siglo XXI en el hemisferio occidental. Según ACNUR, 7’9 millones de venezolanos han huido del país, una cifra superior a la población total de muchos países vecinos y comparable a las crisis humanitarias de Siria o Ucrania. La Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela eleva la cifra a 8’7 millones[4].  Vamos: una joyita la Revolución bolivariana.

Además, en Venezuela -y sobre todo en Caracas- el mes de enero es un mes de sucesos.

En enero de 1958, golpe de Estado contra el general Marcos Pérez Jiménez que, por cierto, terminó viviendo en España; en enero de 1962, un intento de golpe por los militares del Batallón Simón Bolívar; en enero de 1969, la rebelión de Rupununi que recogió la prensa; en enero de 1972, el asalto guerrillero a Ocumare del Tuy; en enero de 1992 ya estaba Hugo Chávez preparando su 4F (del que luego hablaremos); en enero de 1994 la gran crisis bancaria; en enero de 1999 llega al poder Hugo Chávez -lo que fue un desastre-; en enero de 2018 una crisis humanitaria que conmocionó al país; en enero de 2019 todos contra Maduro, pero ahí seguía… y así cada enero despertaba Caracas (y Venezuela) con un  sobresalto monumental hasta este año en que el día 3 de enero los Delta Force se llevaron a Maduro de Miraflores o donde estuviera.

Mira por donde, el 3 de enero es una fecha para enmarcar para dictadores sudamericanos. El 3 de enero de 1990, capturaron los norteamericanos al general panameño Manuel Antonio Noriega en Ciudad de Panamá. El 3 de enero de 2026 capturaron a Maduro en Caracas. A Noriega se lo llevaron a Nueva York, fue juzgado y le endilgaron 40 años de nada. A Maduro se lo han llevado a Nueva York y -cuando escribo esto- ya le han leído los cargos[5].

De lo que en realidad estaba siendo Venezuela me abrió los ojos, hace un mes -el 5 de diciembre-, un artículo de Gustavo de Arístegui[6] sobre la realidad de ese país con Maduro y los suyos.

Aunque la verdad es que ya se venía señalando desde lo del “Pollo” Carvajal. Este también es un personaje.

Hugo Carvajal Barrios fue un militar que estuvo con Hugo Chávez en la asonada del 4F (que luego saldrá por aquí) y terminó como jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en dos periodos claves: con Chávez y con Maduro. Fue el encargado de echar de Venezuela a la DEA -la misma que ha paseado ahora a Maduro por Nueva York- en agosto de 2005 y desde entonces vivió momentos muy turbios coqueteando con el narcotráfico… hasta que un día cayó del caballo y una luz cegadora lo sumergió en una catarsis personal por la que terminó denunciando a sus compinches… lo que le obligó a tener que salir por piernas de Venezuela -en febrero de 2019- tras haber reconocido a Juan Guaidó -un personaje de este drama que se ha desvanecido- como presidente del país.

Guaidó, de centro izquierda (por el partido Voluntad Popular), fue designado como presidente del parlamento venezolano el 5 de enero de 2019 -otro enero- y asumió la presidencia interina del país el 23 de enero -siempre pasan allí cosas en enero- siendo reconocido por Estados Unidos, el Parlamento Europeo y medio centenar de países. Rusia, China, Irán, Turquía y Nicaragua dijeron que nones y reconocieron a Maduro. El 30 de abril, Guaidó llamó a las Fuerzas Armadas a sublevarse frente a una base militar en Caracas; y hasta aquí has llegado, pibe. Con el fracaso del intento de rebelión, Guaidó tuvo su más y sus menos y terminó saliendo del país y ahora vive en Miami.

El caso es que, tras este episodio -donde también entraría Leopoldo López, también de Voluntad Popular-, el chavismo recuperó el control de la Asamblea Nacional con una enorme mayoría.

López fue el líder de la oposición a Chávez en 2006; en 2008 se le inhabilitó para optar a cargo público hasta 2014 no fuera que le ganara a Chávez. Y viendo que su popularidad iba en aumento, en 2014 se emitió una orden de arresto contra él “por intentar poner fin a la Revolución Bolivariana” y fue declarado culpable por “incitación a la violencia” y -cosas de allí- encarcelado; terminó en arresto domiciliario hasta el levantamiento contra Nicolás Maduro el 30 de abril de 2019, donde fue liberado (lo de Guaidó del párrafo anterior). Pero como vimos, el levantamiento no tuvo éxito y a López no le quedó otra que buscar refugió en la embajada de España en Caracas; escapó de Venezuela y recaló en Madrid en octubre de 2020; y aquí sigue.

Y vuelvo al “Pollo” Carvajal que tiene su miga. De compañero de golpe de Chávez a cantar las cuarenta en bastos a los de la Revolución Bolivariana. Hasta publicó una carta abierta a Nicolás Maduro, exigiéndole que asumiera su responsabilidad por la escasez de alimentos y medicinas en Venezuela y, a los militares, exigiendo que se permitiera el reparto de la ayuda humanitaria almacenada. Maduro le acusó de traición a la patria. Este también terminó en España, donde fue detenido en febrero de 2019 atendiendo a una orden internacional desde Estados Unidos por narcoterrorismo.

Pero cosas que pasan solo en esta España del sanchismo, en septiembre de 2019 nuestro país no solo se negó a la extradición a los EE.UU. del detenido Carvajal sino que le concedió libertad provisional. Tamaño dislate fue revocado un mes después; y se autorizó su extradición. Pero el “Pollo” había volado. En septiembre de 2021 fue nuevamente localizado por la DEA (Drug Enforcement Administration) en Madrid y la policía española lo detuvo (de nuevo). Para evitar su extradición, tanto a los EE.UU. como a Venezuela -que también la había solicitado-, pactó el “Pollo” con la Audiencia Nacional piar lo fuera -información sensible (que, por ejemplo, afectaba a la financiación de Podemos, al Movimiento italiano 5 Estrellas e incluso a líderes de la izquierda en Sudamérica a los que financiaba Chávez en secreto)- a cambio de que no le cruzaran el charco… y aquí que se mantenía a mesa y cama.

Y tuvo que ser el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo, en julio de 2023, el que le pidiera a España atender la solicitud de extradición norteamericana. Finalmente, la Audiencia Nacional hizo entrega a Interpol del detenido, que fue trasladado a Nueva York para ser juzgado por delitos relacionados con narcotráfico y blanqueo de divisas. El 26 de junio de 2025 Hugo Carvajal se declaró culpable ante el juez federal de la Corte de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, Alvin K. Hellerstein de cuatro cargos penales: narcotráfico, narcoterrorismo, tráfico de armas y de secuestro y asesinato de personas. Y se comprometió a colaborar para una reducción de sentencia[7].

Prácticamente lo mismo -piar- hizo otro ex de la banda de Chávez: Cliver Antonio Alcalá, mayor general, que viéndole las orejas al lobo se entregó directamente a la DEA en octubre de 2020 y ahora anda denunciando las cosas de Maduro y del resto a cambio de rebajar penas.

Así pues, ahora la DEA y el juez federal tienen -como mínimo- dos manantiales de información que han permitido cerrar el organigrama del narcoterrorismo que ahora lideraba Maduro.

Mientras tanto, para mantenerse en el poder y posibilitar sus negocietes, los bolivarianos -de la cúspide la pirámide- no han dudado en ir conculcando derechos y actuando contra los disidentes. Aun así, son muchos los venezolanos de mayor o menor rango y estatus que se han opuesto[8] a Chávez y Maduro con desigual desenlace y fatal fortuna.

Pues aún así -y con todo lo que sabemos- el chavismo sigue campando por sus fueros a pesar de la extracción de Maduro y todas las denuncias de narcoestado sobre un país que debería dar gloria verlo.

Aquí llegados quiero destacar que una de las cosas que me dejan patidifuso de Venezuela es que pese a su gran potencial, por estar donde está -zona Sur del mar Caribe- la industria turística hoy no pinta nada; apenas aporta un 0,5% al PIB venezolano, siendo el país con el sector turístico más débil de todos los que analiza el Consejo Mundial del Turismo y que son ciento ochenta y tantos. A ver quien tiene bemoles a ir allí de turismo y vacaciones.

Me llama la atención que la obcecación de los revolucionarios bolivarianos por sus chanchullos haya hecho que el país que posee algunos de los paisajes y playas más espectaculares de Sudamérica -desde el Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo, hasta los archipiélagos de Los Roques, Isla Margarita o los tepuyes de Canaima- no tenga mayor protagonismo en el mundo del turismo y este sólo sea un sector residual dentro de su economía.

Lejos de parecer una alternativa sólida al petróleo o al menos un pilar económico a considerar, la actividad turística es residual.

Me llama la atención el caso de Isla Margarita. Fue durante años fue uno de los destinos favoritos del Caribe ya que prácticamente ofrecía lo mismo que Cancún o Punta Cana, pero a unos precios más competitivos. Pero Chávez y Maduro la han convertido en resort de narcos y terroristas de Hezbolá y Hamás[9].

Hoy, la economía venezolana sigue siendo muy dependiente del petróleo, dejando subexplotados la práctica totalidad de los demás sectores productivos. Según el ICEX (el antiguo Instituto español de Comercio Exterior y hoy España Exportación e Inversiones), en 2024 el petróleo suponía el 27% del PIB venezolano. A esto unan que Venezuela cuenta con las mayores reservas de crudo del mundo y, encima, es el octavo país con las mayores reservas de gas natural.

Con sólo estos mimbres -petróleo, gas y el olvidado y denostado turismo- si Venezuela está como está -y se ha volcado con lo que no debe- es, sin lugar a duda, por la pésima gestión bolivariana y por la corrupción y las mordidas. También es cierto que las sanciones de EEUU han hecho daño; mucho daño y la industria petrolera anda obsoleta. Pero es que el chavismo bolivariano se las trae.

La agricultura sólo le aporta un 6% al PIB; Venezuela produce maíz, arroz, caña de azúcar y café. La minería -su segunda gran promesa económica- es un fracaso. La minería legal, apenas aporta un 1% del PIB, mientras que la ilegal hincha los bolsillos de los compinches de Maduro. Venezuela concentra (y más adelante señalaremos) alrededor de 3% de la oferta mundial de minerales en el llamado Arco Minero del Orinoco y las Fuerzas Armadas Bolivarianas controlan el acceso y la explotación.

Lo de Venezuela tiene un llanto amargo que no vean. Mucho militar de todo color y mucho ladrón.

Pero si es que de casta le viene al galgo.

Venezuela entró en el siglo XX metida de lleno en el ‘gomecismo’, la etapa de dictadura de Juan Vicente Gómez Chacón (militar), que ha había sido vicepresidente durante la dictadura de Cipriano Castro (militar), y en la que comenzó la etapa petrolera del país (1914).

La verdad sea dicha: Gómez transformó las arcaicas estructuras de poder vinculadas con la agricultura en un estado moderno hasta llevarlo a cotas de crecimiento económico sustancial y convertirlo en uno de los países más prósperos de América Latina en los años treinta y cuarenta. Otro militar, Marcos Pérez Jiménez, continuaría con el legado de Gómez. En los años cincuenta, Venezuela estaba en su apogeo: cuarto PIB per cápita en el mundo.

No solamente el petróleo fue capaz de ello; tengamos en consideración también una economía relativamente libre, un sistema de inmigración que atrajo y asimiló a trabajadores de Italia, Portugal y España -principalmente- lo que permitió a Venezuela experimentar niveles sin precedentes de desarrollo económico hasta la década de 1970. En este periodo fue clave la dictadura de otro militar: Marcos Pérez Jiménez (1952-1958). Pero lo de siempre: la represión era brutal. O con el régimen o a la trena. Un golpe de Estado provocado por el descontento debido a la represión -que esto les mola- llevó al contralmirante Wolfgang Larrazábal -entre los mismos militares se daban las asonadas- a dirigir una junta militar que en menos de un año llevó a unas elecciones.

En toda aquella década de los cincuenta -incluso en la de los cuarenta- funcionó con notable éxito en Venezuela el llamado ‘Capitalismo de Compadres’ (crony capitalism), un sistema económico donde el éxito empresarial dependía de la cercanía y favoritismo entre empresarios y políticos, llegando solo a unos pocos las subvenciones y las ayudas, incluso con leyes a medida, a costa de la eficiencia y la libre competencia. Este modelo se caracterizó por la corrupción, el amiguismo y el favoritismo que distorsionaron el mercado, limitaron la inversión y perjudicaron la economía, frenando el desarrollo real del país.

Releyendo lo escrito en este párrafo anterior me ha dado un pasmo por los ejemplos de crony capitalism que han salido a la luz en los últimos meses del año 2025 con el actual y sanchista gobierno de España… Pero lo mismo las apariencias engañan… ¿O no?

Yo se lo he oído más de una vez a Feijóo[10]. Y me lo parece.

Bueno, sigo; que me disperso y me disparo en el pie.

Vuelvo a aquella ribera del Arauca vibrador y al año 1959 que trajo un gobierno, salido de las urnas, presidido por Rómulo Betancourt que de líder estudiantil contra el gomecismo pasó a ser  ¡miembro del Polit Buró del Partido Comunista de Costa Rica! (que está a más de mil kilómetros de distancia) y se avino con posterioridad en socialdemócrata. Vamos, un comunista de libro que dijo dulcificarse. Lanzó la llamada ‘doctrina Betancourt’ a favor de gobiernos democráticos en América Latina que su sucesor, el socialcristiano Rafael Caldera, cortó de cuajo nada más llegar al poder en marzo de 1969.

Cierto es que con Betancourt, la IV República de Venezuela, se dotó de una Constitución (1961) y consolidó el orden político mediante el llamado Pacto de Punto Fijo que consistió en un acuerdo bipartidista entre los denominados socialdemócratas -de Acción Democrática- y los autodenominados socialcristianos -del COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente)- que sentó las bases de un orden político de matiz socialista -dijeron que a la europea- y con alternancia de poder entre ambos, lo que distorsionó la realidad a las primeas de cambio.

Con la visión del tiempo, los analistas políticos coindicen en que esto fue un proceso de socialismo progresivo -regresivo en lo social y económico- que gradualmente redujo los fundamentos económicos e institucionales de Venezuela. Pero se justifica en que fueron demócratas; pero no cuela, oiga.

Quizás por eso se preguntaba el sábado un contertulio en la radio: ¿qué se puede pedir de una sociedad forjada en las ideas de un comunista como Betancourt que se transmutó en socialdemócrata? No lo sé, pero lo que sí sé es que está (tristemente) muy clara es la relación entre el papel activista del Estado en asuntos económicos y el fracaso asegurado. A miles de pruebas me remito…

Betancourt pretendía en sus inicios nacionalizar completamente el sector petrolero de Venezuela y utilizar las rentas para establecer el Estado del Bienestar: una industria petrolera nacionalizada financiaría educación gratuita a todos los niveles, asistencia médica universal, servicios públicos gratitos y gasolina a porrillo y subvencionada. Un lógico cuento de la lechera sobre el papel. Creía, como tantos, que para que Venezuela se convirtiera en un país verdaderamente independiente y se liberara de la influencia de intereses extranjeros, el gobierno debía dominar absoluta y completamente el sector petrolero. Muy en la fracasada línea de los colectivistas, pensaba que el petróleo sería producido, administrado y suministrado por el Estado venezolano; y esto le animó a tratar de eliminar el sector privado; y casi lo consigue.

Pero con las multinacionales hemos topado.

Y encima fracasó la Reforma Agraria, que fue más absurda e ineficiente que la española de la II República (1932), que, como bien sabemos, aunque ambiciosa para redistribuir tierras y combatir latifundios, se topó con una burocracia lenta, falta de consenso político y aplicación errática. Resultado: pocas y mínimas expropiaciones, frustración social y agitación del campo, sin lograr transformar la estructura de la propiedad y generando caos entre quienes trabajaban a jornal la tierra.

El caso es que a pesar del maná del petróleo, los gobiernos venezolanos -a partir de los años sesenta- comenzaron a generar monstruosos déficits fiscales con programas sociales fuera de control que ni la nacionalización del sector petrolero (1975, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez), lograron revertir. La idea era convertir Venezuela en un PetroState y el objetivo fue comprar la voluntad de todo bicho viviente con los dólares del petróleo aprovechando las crisis y los recortes de los productores árabes.

A pesar de la bonanza, por culpa del llamado capitalismo de compadres y la compra de voluntades populares, en Venezuela, toda una década (1975-1984) no se creó riqueza neta: ni un dólar real. Un desastre. Y aunque la nacionalización de la industria petrolera no fuera motivo de recesión económica, sí sentó las bases para el desastre de los años ochenta y noventa.

No han tenido suerte con sus gobernantes aquellas almas llaneras.

A los desastres de Carlos Andrés Pérez le sucedieron los de Luís Herrera Campins, que comenzó su mandato bajo el lema ‘Luís arregla esto’ y terminó siendo el Luisma de Aída: no arregló nada. Se justificó y dijo se había encontrado con un “país hipotecado” -como si no lo supiera- y como aquello se iba al garete, pues lo dejó ir. Por más que dijo que lo intentó, no resolvió nada. Pero entraban dólares por el petróleo. A su favor jugó que la Revolución iraní -la deposición del sah Mohammad Reza Pahleví en 1979 y el inicio de la guerra Irán-Irak en 1980- hizo subir el precio del petróleo; pero ni por esas se salvó el país del desastre. Herrera no cambio el rumbo ni un milímetro hasta que el bolívar, la moneda, se hundió a cotas abisales (18.02.1983). Su sucesor, Jaime Lusinchi, no supo lidiar la crisis que trajo las continuas devaluaciones del bolívar, a las que sumar las complicaciones con el pago de la deuda externa, el acelerado deterioro del poder adquisitivo de la gente de la calle y la implantación de un control de cambio que sumó infinitos casos de corrupción política y social.

Tan mal estaba la cosa -“de guatemala en guatepeor”- que volvió al poder Carlos Andrés Pérez (1989-1993) prometiendo devolver el esplendor y la prosperidad de los años setenta. Y se lo creyeron. Pero Venezuela estaba al borde de la bancarrota por la excesiva intervención del Estado en la economía. Pidió ayuda al FMI y estos le dijeron lo de siempre: los excesos se combaten apechugando todos. Así que -proclamó, pero no ejecutó- el fin del capitalismo de compadres, aumentó los impuestos y planteó una reducción de gastos que no se pudo llevar a efecto. Ni sus correligionarios de Acción Democrática le apoyaron y en mayo de 1993 la Corte Suprema suspendió a Pérez como Presidente de la República por actos de corrupción. El presidente del Congreso, Octavio Lepage asumió la presidencia interinamente hasta el nombramiento de Ramón Velásquez como nuevo presidente para completar el período constitucional de Pérez; del que aún restaban casi nueve meses.

Este Carlos Andrés Pérez fue vicepresidente de la Internacional Socialista, con Willy Brandt de presidente. El 30 de mayo de 1996, la Corte Suprema de Justicia de Venezuela lo condenó por “malversación genérica agravada”. Por su edad, estuvo en arresto domiciliario y siguió tan pancho.

Rara avis en Venezuela, Rafael Caldera, un democristiano, llegó a la presidencia -de nuevo- en 1994. Ya había sido presidente entre 1969 y 1974 y veinte años después tuvo que destinar el 12% del PIB de aquel año a tapar agujeros de mangoneo del anterior gobierno y a torear el morlaco de la economía venezolana con los precios del petróleo por los suelos (20 dólares barril Brent, que bajó hasta los 12 dólares en 1998). Caldera se empeñó en arreglar el régimen de prestaciones sociales, la seguridad social y la creación de fondos de pensiones; incluso se permitió impulsar entre otros aspectos la construcción de viviendas sociales. Pero poco más; que para lo que habían hecho otros (y de boquilla) fue mucho.

Y un clima pútrido, las elecciones del 6 de diciembre de 1998 las ganó un teniente coronel retirado liderando el Movimiento Quinta República, un partido de izquierdas que a la postre resultaría el más votado de Venezuela entre 1998 y 2006, año en que fue disuelto para integrarlo en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Se trató de Hugo Chávez Frías -¡por qué no te callas!-, que se quedó de presidente entre 1999 y 2013.

Chávez, bien lo saben, era un personaje nefasto. En diciembre de 1982 había fundado el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 a raíz de un golpe de Estado fallido, protagonizado por él mismo el 4 de febrero de ese año (el 4F que dijimos al principio) contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Cinco tenientes coroneles protagonizaron la Operación Zamora; fracasó y fueron encarcelados y, con el tiempo, liberados. Total: sólo se habían levantado contra el poder constituido.

La Coordinadora ‘Simón Bolívar’ -revisionista- dice que aquello del 4F fue una insurrección cívico-militar: fue un golpe de Estado en toda regla pero que fracasó, lo que -mira por dónde- le valió a Chávez para popularizar su movimiento bolivariano entre los más desfavorecidos y descontentos con el régimen; ¡y ganar las elecciones del 98!

¿Cómo no estaría Venezuela para posibilitar aquello?

Ya con Chávez en el poder, el año 1999 fue un desastre. Nadie daba un bolívar por su futuro. Pero como en el año 2000 se dispararon los precios del petróleo -se puso a más de 28 dólares el barril- ya pudo poner en marcha sus “Misiones Bolivarianas” que mejoraban condiciones económicas y sociales con autogestión del trabajo y cooperativas colectivistas en las zonas marginales. Y el sistema bolivariano funcionaba mientras el precio del petróleo iba al alza. Así, Chávez enjugaba los problemas de la balanza económica del país, rodeado de marxistas de absurdas teorías económicas y académicos del colectivismo que se empeñaron en subvertir el ya frágil orden político de Venezuela.

Y cuando el petróleo empezó a flaquear en precio descubrieron la coca colombiana y armar a las guerrillas de medio mundo: pingües negocios.

Y sus gobiernos bolivarianos siguieron en sus trece: control de divisas, expropiaciones, control de precios y el uso de la petrolera estatal, PDVSA, para financiar programas de gasto social. Chávez tuvo el apoyo de los altos precios del petróleo de 2003 a 2010 para financiar sus planes socialistas y canalizar las rentas petroleras para consolidar el apoyo político en el corto plazo. Pero el 5 de marzo de 2013 muere Chávez.

Le sucede, bien lo sabemos, Nicolás Maduro. Y le toca vivir la bajada del precio del crudo y el reinicio de los problemas económicos del país. Pues más al sector narcoterrorista.

Es una obviedad, pero el socialismo rancio sólo crea un círculo vicioso de intervencionismo que sólo lleva a más caos y miseria. Lo hemos visto en todo en el mundo pero especialmente en Sudamérica donde dos países con gobiernos de esa índole -Venezuela y Nicaragua- están en crecimiento negativo cuarenta años ya. Venezuela es un estado fallido.

Pero lo más grave es lo que ha pasado en los últimos tiempos, ya con Maduro, que es la explotación inmisericorde y extraoficial del Arco Minero del Orinoco que es doble en territorio del arco petrolero del país. Se trata de un área de explotación irregular y trabajos precarios de recursos minerales y personas en Venezuela desde 2017, gestionado por las Fuerzas Armadas de Venezuela. Allí se localizan yacimientos de diamantes, níquel, torio, oro, cobre, carbón, coltán, hierro, bauxita, fosfatos, caliza, níquel, manganeso, yeso y uranio; Venezuela -demostraron los servicios secretos israelíes- facilitó el uranio a Irán para sus bombas y está en el núcleo del integrismo terrorista y del narcotráfico.

¿Cómo un país tan apañado en lo material ha llegado a esto en lo social?

No se les ocurra responderme: es lo de siempre. Después de lo de Trump con Maduro todos opinan… Yo sólo he visto cirugía de precisión y mantengo que si de toros entienden las vacas… de Venezuela dejemos que opinen los venezolanos y venezolanas que lo sufren y padecen.

 

 

De Wikipedia; los del MBR200; Chávez al micro y Maduro... con bigote

 



[1] La Corporación Venezolana del Petróleo fue creada por decreto (Nº 260) el 19 de abril de 1960 y se dedicó principalmente al mercado doméstico de productos derivados del petróleo y a la distribución de gas en la zona metropolitana de Caracas, ocupándose en reducida escala de la exploración y del comercio internacional, actividades claves para el desarrollo de la industria petrolera. En 1967 logró acuerdos con Creole, Shell, Mene Grande, Texas, Mobil y Phillips. En 1974, la CVP y Shell firmaron un contrato para investigar los crudos pesados venezolanos y CVP pasó a ser una SA. En 1978 CVP cesó actividades comerciales al fusionarse con Llanoven en una nueva entidad denominada Corpoven. CVP fue reactivada en 1995 como filial de PDVSA (Petróleos de Venezuela, SA) centrándose en controlar y administrar todo lo concerniente a los negocios que se realizan con otras empresas petroleras de capital nacional o extranjero y siendo el brazo ejecutor de PDVSA para cuestiones de desarrollo económico y social de Venezuela.

[2] Río, afluente del Orinoco que hace frontera con Colombia. De ahí el “yo nací en esta ribera”; en la venezolana.

[3] Es la segunda ciudad más poblada de Venezuela (prácticamente 2 millones de habitantes) y el centro económico más importante del occidente del país, debido a la industria petrolera que se desarrolla en las orillas del Lago de Maracaibo, específicamente en su sector noroccidental.

[4] Colombia (2,8 millones), Perú (1,7 millones) y Estados Unidos (0,99 millones) son los tres países con más personas refugiadas de Venezuela. Brasil y Chile son el cuarto y quinto destino más elegido por los venezolanos para emigrar con 732.300 y 669.400 personas respectivamente. España es el sexto país con más refugiados de Venezuela: 602.500 personas.