21 abr. 2018

DE REFLEXIONAR EN ALTURA (y II). A propósito del rascacielos




Yo, quiero recordar que, les había oído decir a Camarasa y Chiner -dos de los más grandes expertos en el Modelo Benidorm; porque lo han hecho realidad- que la necesidad -la urgencia, más bien- de conseguir terrenos para una de aquellas obras infraestructurales de las que les hablaba ayer (el colector de residuales de la Avenida del Mediterráneo) fue el revulsivo del Benidorm actual. No serían esas las palabras, pero sí el mensaje por lo que colijo que este Benidorm es hijo del Plan del 63 (así, planteo celebrar el 55º Aniversario a lo largo de este año. No estaría de más esta celebración).

Y, además, con un añadido: en 1963 se inventan lo del Coeficiente de Edificabilidad (la edificabilidad por usos para saber lo edificable en cada parcela) y, también, la altura libre; el concepto de ciudad-jardín se destierra al extrarradio urbano, a la periferia porque ‘no cabe’ en la Ciudad Nueva que se plantea y para la que se pide el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por lo mucho que representa; por el revulsivo que fue (y es).

El Plan del 63 se olvida una vez más de la zona deportiva (que habían puesto sobre el papel en el 56 y que tendrá que esperar dos décadas más) y replantea la zona de tolerancia industrial que, a esas alturas aún no se había ejecutado y a estas alturas... ni está, ni se le espera.

Es aquí, en esos días de 1963, cuando alimentamos el mito con la Teoría de la caja de cerillas. En aquellos tiempos, lo primero que se ponía encima de la mesa a la hora de hablar con alguien era el paquete de tabaco y la caja de cerillas. El que podía, un mechero. Las cerillas, de madera; fósforos de seguridad se leía en la caja. Los mecheros, un universo. Hasta los había de plata y de oro. ¡Qué tiempos! Luego llegaron Bic y Clipper, se universalizaron, y nos olvidamos hasta del yesquero; no te digo del martillo de gasolina. Hasta entró Zippo en nuestras vidas. Lo del encendedor tiene un Post.

Volvamos a la mesa de trabajo. El paquete de tabaco equivalía a superficie de la parcela y el coeficiente de edificabilidad te permitía edificar el volumen de la caja de cerilla que podías colocar por la base ancha, por el lado del rascador o “de pie”. Y de pie de quedaron ya todos los edificios de Benidorm, orientando su ubicación sobre el paquete de tabaco (la parcela) para no se estorbasen unos a otros en cuando a las visas al mar y el baño de sol matinal o vespertino.

La caja de cerillas de pie representó el triunfo del rascacielos; el triunfo del funcionalismo. Era el nuevo espacio contendor de vida y relaciones humanas en altura rodeado de espacios lúdicos. No sé, creo que Le Corbusier estaría feliz con este Benidorm: espacios libres entre torres, jardines, piscinas, actividad.

Ese mismo año, 1963 -con el Plan del 63 en marcha-, arranca el Benidorm de hoy con el Edificio Frontalmar. Tenían los propietarios 125 metros lineales de fachada para levantar una pantalla de 5 plantas o concentrarse en menos de un tercio del total y levantar 15 plantas. Ahí comenzó la historia moderna de Benidorm, en altura, con estructura metálica como esqueleto de la torre de apartamentos que marcaba hitos constructivos y que entrañaba celeridad.

La mayoría de los españoles de los 25 años de Paz estaban seducidos con lo de vivir (o alquilar) cerca del mar para el veraneo; en espacios reducidos y sin renunciar a la modernidad y a las comodidades. Pero en altura. Y ahí arrancó esta historia: playa, sol, ocio, restauración, vida en la calle. Y ahí estaba Benidorm y sus rascacielos.

Al poco descubrieron todos que las Ordenanzas no decían nada sobre la compatibilidad de los usos residencial y comercial. Auxiliados por la indigencia hídrica que nos aflige, dieron puerta a los jardines -que precisaban agua y competían con el abastecimiento- y las bandejas comerciales ocuparon aquellos espacios inicialmente verdes. Esto nos creó el problema de los retranqueos; pero eso es otra historia.

A favor del comercio digamos que otorgó vida a las calles y las calles fueron el complemento ideal de aquella socialización del turismo a la aspiraron “los padres fundadores” del Plan del 53 sobre un Benidorm que se hizo realidad con el Plan del 56.

Decisivamente contribuyó a este Gran Benidorm el hotel. Se subieron a las nuevas torres y ganaron en funcionalidad. A partir de marzo de 1970, con el boom de los turoperadores y el chárter, la demanda de plazas hoteleras se dispara. El hotelito familiar debió crecer exponencialmente y en tiempo récord. El Tour Operador se implicó y adelantó el dinero: necesitaba alojar a la masa de turistas que traía volando. Las crisis del petróleo (guerras árabe-israelíes) pondrían a prueba el modelo de transporte, pero no la receptación hotelera que estuvo siempre rápida y diligente para contrarrestar situaciones de demanda.

La planificación urbanística surgida del 63 también posibilitó los complejos residenciales que después han sufrido diversos avatares: Playmon Park o Ciudad Antena, por señalar los extremos. Era un nuevo concepto residencial, alejado de la playa y con la idea de hacer una ciudad de vacaciones dentro de la ciudad de vacaciones que era Benidorm. No consiguieron ese objetivo; creo que no superaron el dilema y han seguido derroteros tan opuestos que merecerían un análisis pormenorizado del calibre del desplazamiento del unifamiliar al límite de lo urbano y el universo de los retranqueos.

El caso es que aún vivimos de las rentas del Plan del 63. El del 91, nos guste o no, solo fue un parcheo. Los estudios previos estuvieron muy bien, pero faltó valentía. A estas alturas del siglo XXI sería conveniente ir pensando en qué ciudad queremos a cincuenta años vista para consolidarnos y sacudirnos los estigmas que aún nos pudieran quedar.

Decía JJ Chiner (BND, Los orígenes de la ciudad vertical) que “cuando Benidorm se convirtió en el gran destino de los turoperadores, quedó contaminado con los estigmas de los muchos usuarios”. Venía a decir, interpreto, que la masificación envileció el conjunto y Benidorm quedó estigmatizado como destino de turismo barato (que fue cierto) y de masas.

Con ello, Benidorm fue demonizado. Su éxito despertaba tanta envidia que todos sus competidores se echaron sobre ella. Ahí irrumpieron Gaviria o José Miguel Iribas, el gran Iribas, al que, permítanme, pongo al nivel de Pedro, don Pedro. Y comenzó una etapa de trabajo en la que evidenciar la realidad de un Benidorm que fue pionero en marcar la planificación del suelo y la gestión de los recursos; adelantado en fiarlo todo al rascacielos y precursor en la transición del concepto vacaciones-descanso a vacaciones-diversión. Y esto es irrefutable.

Y al final, el rascacielos forma parte no solo de skyline de Benidorm sino de nuestro futuro. Es ya parte de nuestras vidas y hoy sabemos que nos permite una estructura de vida que nos permite contemplar la ciudad en función de la altura. Y eso no es malo; en todo caso es muy bueno.


20 abr. 2018

DE REFLEXIONAR EN ALTURA (I). A PROPÓSITO DE LA ZONIFICACIÓN



Ha coincidido que en menos una semana he tenido que acompañar a periodistas que preparaban reportajes sobre Benidorm y he tenido que refrescar los argumentarios sobre urbanismo e historia moderna de Benidorm. Más o menos, desde Beltrán de Belpuig (1271) a Mario Gaviria, que nos dejó hace nada.

Lo que más ha interesado, desde Paul Richardson (CN) a los amigos de Gente Viajera (OCR), ha sido lo de la planificación urbana de Benidorm, tantas veces tratada en este Blog.


Esta vez, el resumen lo arranqué en 1953; justo en aquellos días en que por aquí, me contaron, la gente se preguntaba cómo querían que fuera Benidorm; cómo aspiraban ser un Centro Vacacional.

Centro Vacacional era, al inicio de los años 50, el palabro de moda, traducido desde los conceptos anglosajones de Vacation Center o Resort: un lugar diseñado para el turismo donde relajarse y divertirse durante las vacaciones. Hospedaje, restauración, actividad y vida social, cultural y comercial. Después, con el paso de las décadas hemos llamado resort a cualquier cosa y a nada ya llamamos vacation center.

Aquel Benidorm de 1953 que tenía a Pedro, don Pedro, Zaragoza de alcalde. Aquel Benidorm programó en actuar sobre la primera línea de la playa de Levante (playa de la Xanca; playa de la Llosa) a base de chalets unifamiliares y pequeños hoteles; hasta el Rincón de Loix.

El Festival de la canción de Benidorm salió a base de “quicos” (una sabia combinación de limón granizado y su acompañamiento etílico), pero esto de la planificación urbanística no fue cosa lo mismo. Encerrados en despachos, no salía a disfrutar de la Noche de Benidorm. Y así pasaron los años 1954 y 1955: respondiendo a las alegaciones que resultaron de la exposición al público de aquellas alineaciones.

Pero se obró el milagro: llegó la Ley del Suelo de 1956 con la varita mágica de definir a las claras la función social de la propiedad de suelo y los derechos y deberes de los propietarios de ese suelo. Y a partir de ahí se pudo orquestar todo.

Sí, se aprobó el Plan del 56 (PGOU 1956) sobre la base de los ensanches decimonónicos con la estructura en cuadrícula que tan bonito hace y, ¡atención!, la zonificación.

Cuando en Benidorm plasmaron en el documento y los planos el concepto zonificación, éste llevaba casi medio siglo aplicándose en los Estados Unidos. El objetivo de la zonificación no era otro, allí y aquí, que impedir actividades que minusvaloraran la zona concreta.

El Plan del 56 planteó la zonificación en Benidorm y otorgó al suelo urbano sólo actividad residencial. Bueno, dejó un pedacito para una supuesta actividad industrial bajo el epígrafe “Tolerancia Industrial”… que se eliminó enseguida. También marcó una zona deportiva, pero eso fue otra historia.

Yo no me canso de repetir lo que le he oído a cuantos alcaldes he conocido, y al propio Pedro, don Pedro. “Benidorm fue el primer plan general de España para todo un Término Municipal”. Hoy, después de haber analizado el urbanismo español de los años 50, 60 y 70 repito eso, pero planteo que Benidorm fue el primer sitio donde salió bien.

Y en esto que digo, no me pillo los dedos. Aquí en Benidorm es donde se aplican por primera vez con éxito las ideas de las vanguardias urbanísticas de preguerra (previas a la IIGM).

Recordemos que en los años Treinta (la Carta de Atenas es de 1933) se planteará el concepto bloque abierto en el centro de espacios comunitarios; cuestiones de dignidad, iluminación natural e higiene buscan implantarse a la hora de diseñar viviendas para todos, que incluyen jardines comunes y hasta piscinas. Fue una revolución social que en el Plan del 56 Benidorm proponía hacer realidad. Eso sí, las dimensiones de los nuevos contendores del bloque abierto resultarán más reducidas que las de un cuarto de siglo antes porque la economía lo exigía.



En Benidorm, aquellos primeros planteamientos del bloque abierto en espacios comunitarios ven la luz con los llamados edificios tranvía. Y con ellos llegan los apartamentos que conviven, a pocos metros, con los chalets de primera línea. Es la socialización de las vacaciones. A la propiedad de un moderno apartamento en aquellos días podían acceder muchas más economías familiares; al alquiler, casi todas.

Al mismo tiempo, con los nuevos tiempos y la socialización del turismo, el concepto hotel pierde la opulencia de las primeras décadas de los años 20: está en la playa. Se pierde la rigidez que encorseta la liturgia del alojamiento hotelero y se universaliza la clientela. El hotel se vuelve funcional y amigable. En los primeros, la experiencia de la gestión familiar ha acercado el trato alojador-alojado hasta el nivel de amistad; y aparecen la fidelización al hotel y al lugar. Será tal, que los primeros clientes del primitivo hotel serán los primeros compradores de las nuevas propiedades.

Aquello funcionaba, pero no despegaba. (Benidorm) Tenía lagunas infraestructurales que se iban corrigiendo a salto de mata. Al inicio de la década de los sesenta se decidió subsanarlas en bloque; y a pesar de ello al final de esa década nos consideraban un “gigante de pies de barro” porque las infraestructuras no iban a la velocidad de hiperespacio del consumo humano y la inversión estatal (luego autonómica) iba a velocidad de quelonio.

A pesar de todo, sí que hay que señalar las cuestiones del agua, a partir del Consorcio de Aguas de la Marina Baixa, los temas de depuración de aguas, el abastecimiento, el aeropuerto y la A7. Todos estos temas están hoy de actualidad puntera porque no paran de generar noticias positivas gracias al dinamismo de un Benidorm surgido, insisto yo, del plan del 63.

1 abr. 2018

DE DON PEDRO; DIEZ AÑOS YA




Diez años ya. Aquél 1º de abril de 2008 recibí la noticia en un hotel, lejos de Benidorm, y no daba crédito. Como ya conté en su tercer aniversario, en enero de 2008, don Pedro nos había dictado la que sería su última lección magistral. Fue con motivo de la entrega del Premio “Pedro Zaragoza Orts al Turismo” que desde la Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo (AAPET) habíamos instituido, no sin problemas, e intentábamos universalizar. Asignatura pendiente.





La verdad: ha hecho más por la figura de don Pedro el realizador Óscar Bernácer -con el corto “Bikini” y el documental “El hombre que embotelló el sol”- que nosotros -los de la AAPET- creando un premio con su nombre. Y eso que, desde la FEPET, la Federación española del gremio de plumillas del turismo, le hacíamos unos meses antes un reconocimiento en El Maestral; las mejores fotos de Pepe Alarcón. Y ahí estuvo todo el colectivo. Don Pedro no se merecía menos.



Diez años ya. Yo no había reparado; me lo comentó el amigo Cecilio González que se había movido en varias direcciones buscando honrar la memoria de don Pedro en este décimo Aniversario. Ni flores. Pero ¿qué nos pasa?



Para cuando pasen las Pascuas tengo una cita con el director de la cátedra Pedro Zaragoza Orts, con el nuevo director, para ver si se hace algo. No he estado fino yo tampoco; ni diligente en el tiempo.



Diez años ya. Y no olvido sus frases: “Soy falangista, pero si alguien me dice que soy de derechas me sienta peor que si me insultasen”. Planteaba Pedro, don Pedro, que lo de Franco había sido una República presidencialista… Esto lo hacía, convencido, en la Cambreta del Xano; en la bodega -aquella bodega de empinadas escaleras- con un vaso de vino a la vera de aquella barrica oscura, “El abuelo” por nombre. Pero lo hacía de corazón y con convicción en una de aquellas tardes, habíamos dejado de hablar de los inicios del Festival de Benidorm -para un libro que nunca vio la luz- y salió a relucir algo de política, de la misma política que se cargó aquél libro y de la misma que intentaba impedirle publicar sus Caras del Moro o cualquier otro raciocinio de los suyos. Política que nunca le abandonaba y a la que nunca abandonaba: se atrevió a pedir el Ejecutivo la estatua ecuestre de Franco cuando la retiraron de Nuevos Ministerios; se ofreció a comprarla. Nadie le respondió.



También recuerdo, cuando en una profunda reflexión en su despacho, mientras esperaba unas fotocopias, me dijo aquello de “el día que tengamos cojones para devolver el bien a quien nos hace mal, se habrá acabado el odio en el mundo”. Era Pedro, don Pedro, en estado puro; en cualquier momento. Tenía una fortísima convicción moral; muy superior a sus contemporáneos.



Diez años ya. Y si hoy salen artículos en los Medios (me sé por lo menos de dos; gracias Cecilio, gracias Matías) seguirán llamándole ‘visionario’. Os recuerdo a todos, a los que habéis escrito y a los que leéis esto, que a él no le gustaba que ‘lo tacharan’ de ello, de visionario. Me decía, lo recuerdo, que “un visionario es una persona fantasiosa que imagina imposibles”. Y él estaba convencido de que lo planteaba se podía conseguir. Y se consiguió. Y aquí está un Benidorm que entre todos hicieron; hicimos, que yo también he puesto mi granito de arena. Benidorm es una obra de todos. Xavier Canalis, en mayo de 2016, decía en Hosteltur que “Pedro Zaragoza fue el primer Millennial de Benidorm; planificó el Benidorm del siglo XXI”. Me parece excesivo lo de la planificación del XXI, pero sí que nos ilusionó a todos para conseguir el mejor Benidorm con el correr de los años; el del siglo XX es idea suya materializada por todos… desde finales de los 90 no se ha movido…



Sí, vale: se atrevió con aquel “Así será Benidorm” en 1955… pero como banderín de enganche. Sí, claro: orquestó toda la revolución que supuso el Plan General de Ordenación de 1956… pero bien pronto lo enmendó. Somos hijos del Benidorm del 62 y no del 56; del Benidorm en altura. Lo suyo era ilusionar. ¿Marketing turístico lo quieren llamar?, pues llámenlo… porque, como dice Matías Pérez, “de ilusión también se vive” y este pueblo, otra cosa no, pero ilusión le ha puesto a todo y de ella vive.



Diez años ya. Se nos fue Pedro, don Pedro, un primero de abril. Recuerdo haber leído maravillosas necrológicas sobre el hombre hasta engrandecer el mito. Frases inconexas llegan hoy hasta mí: aquello de que “Benidorm era su amante mientras él se mantenía fiel a su familia”; que si la vida le deparó una docena de sinsabores y traiciones de las que siempre se repuso sin guardar un ápice de rencor. Su convicción de que el futuro era de las clases medias y a ellas había que brindar el futuro… y cosas así hacen aún más grande la figura de Pedro, don Pedro.

Diez años ya. Y los que no tienen que olvidar parece que lo han olvidado…




12 mar. 2018

DE CUESTIONES DE DISTRIBUCIÓN ALIMENTARIA CON JAVIER QUILES; CONSUM




Pasó a tomar café por el Meliá Benidorm el director de Relaciones Externas de CONSUM, Javier Quiles, abogado, llauriner del 64. La gran distribución, las cuestiones de alimentación, tampoco había sido tratada con intensidad en “Los cafés del Meliá” y teníamos interés por los detalles.

Alumno aventajado en La Salle (Paterna) y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, quiso ser notario y, al final -en 1988; el 13 de septiembre de 1988-, se decantó por la Cooperativa de Consumo Popular, CONSUM. Ya había declinado una oferta en la cátedra de Derecho Financiero por preparar la dura oposición de Notarías; pero Francisco Pons y Luis Calero le animaron a dar el paso cuando CONSUM comenzaba a despegar. Ilusionante aventura.
Con Javier Quiles mantuvimos una tertulia distendida y amigable. Recordó emocionado el esfuerzo de sus padres para “dar carrera” a sus cuatro hijos, se mostró orgulloso de su familia y de los logros de sus hijos (economista y biotecnólogo) y recordó en la tertulia su primer encargo profesional: “un contrato de maquila de jamones”. “¿Y qué era eso de la ‘maquila’[1]?”, se preguntó él entonces, y nos preguntamos los tertulianos. Nos lo contó. En resumidas cuentas: comprar jamones en crudo que después iban al secadero. Pero tuvo que averiguar qué era eso de la maquila. “Un abogado no lo puede saber todo, pero el que contrata a un abogado parte del supuesto de que el abogado lo sabe todo”.

Nos comentó aspectos del proceso de crecimiento de CONSUM desde el 88 a hoy, incidiendo en detalles como la adquisición de Perecederos Benidorm (EcoBen) y otras batallitas. Supimos pormenores de aquella operación iniciada en el 90 que les llevó a unirse a EROSKI para hacer un grupo empresarial “donde CONSUM sólo representaba el 12%; pero lideró el proceso” que se truncó en enero de 2004 “por la diferente forma de entender la gestión”. Esa alianza, nos dijo, “permitió que en 92 sumáramos la cadena JOBAC que era más grande que CONSUM”. Hoy CONSUM cuenta con más de 700 supermercados (500 propios y unos 250 de Chárter) y suma algo más de 14.000 trabajadores, de los que el 95% son cooperativistas. CONSUM es una cooperativa que “va creciendo poco a poco, como balsa de aceite” y que sólo ha habido una apertura fallida en todo este tiempo.

Momento crítico fue, explicó, aquella ruptura con el grupo vasco: “nos quedamos sin central de compras, sin marca propia -Consumer-, sin revista, sin departamento de marketing y sin tarjetas de compras y fidelización”, pero salieron adelante y ya en 2008 había duplicado las facturaciones del momento de la ruptura y habían sumado los activos de Caprabo y Dinosol. La clave está, dijo, en que “gestionamos como una mercantil y repartimos como una cooperativa”.
Tertulianos, con Javier Quiles, en Tertulia. (Fotos: Mario Ayús)


Hoy CONSUM es el séptimo operador nacional y segundo en la Comunidad Valenciana, donde tiene su sede el líder nacional que está a años luz del líder mundial, Walmart que factura 470.000 millones de euros y ya toca todos los palos de la distribución, “un segmento donde ya compite Amazon”.

Venía Quiles de ser ponente en Forinvest, el mayor espacio de networking financiero-empresarial del país. Y atendiendo a los temas destacados en los Medios nos interesamos por los SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Reciclado en envases; vamos, la recogida de envases) y el impuesto a las bebidas azucaradas. “La extraterritorialidad es clave”, resumió en cuanto a la medida que plantea el Ejecutivo valenciano que se empeña en ponerla en marcha (“10 céntimos por envase”, máquinas de 18.000 euros y espacio operativo). Y en la misma clave trató el tema de impuesto a las bebidas azucaradas señalando que otros territorios “crearon la tasa, aunque no su entrada en vigor”. Señaló que “en 2025 hay ya un compromiso de reducir los excesos de azúcares” y que “es el mercado, el consumidor, el que se va decantando por los productos 0”.

Hablamos de referencias en lineales… Y disfrutamos de una ensalada de términos nuevos para nosotros: cesta básica, masa crítica, cuota de bolsillo, sacrificar márgenes, maduración (de un supermercado), segmentación, perfil de cliente, última milla, mystery shopper, pérdida desconocida, tienda de conveniencia…  isócronas… ¡Por fin un término conocido!: isócronas. Una vez en la Facultad, en AGR, tuvimos una cuestión de isócronas, determinado áreas de influencia distancia-tiempo. Una gozada aprender de Javier Quiles.
Por la inmediatez del 8M hablamos de la mujer trabajadora: “73% de nuestro personal es mujer” y que “hay igualdad entre puesto de trabajo y remuneración salarial, aunque aquí entran cuestiones de antigüedad”. Señaló que “el 65% de los directores de supermercados son mujeres” y que “en 2017, de cada tres promociones de ascenso, dos han sido mujeres”.

Hay mucho futuro en la distribución alimentaria en este país” -en Benidorm acaban de abrir dos nuevos supermercados- y que ahora están en un “plan estratégico digital” adaptándose al futuro. Les va bien y están orgullosos de “sacrificar beneficios productivos a cambio de generar empleo”.

Entramos en pormenores de la gestión, en ofrecer “un 87% de marcas de fabricante”, de precios competitivos, de calidad y de servicio, de la logística de la alimentación, de márgenes comerciales, de referencias en el lineal… ¡de todo! Pero, como siempre, lo que se cuenta en la tertulia “Los cafés del Meliá” se queda entre los posos del café.





[1] Un contrato que plantea como objetivo de compromiso que la empresa maquiladora utilice su capacidad y procesos para la prestación de un servicio intangible o productos tangibles, me explica el letrado tertuliano de cabecera.

6 mar. 2018

DE UNA VOCACIÓN DE SERVICIO




Tras una década de tertulias, a una media de 40 tertulias anuales, creíamos haber tocado todos los palos de flamenco. Y no. Por eso pasó a tomar café con nosotros Santiago de la Heras por el Meliá Benidorm.

Este abogado madrileño -que quiso ser juez- bien pronto optó por funcionario de Instituciones Penitenciarias y, hoy por hoy, es el director de Alicante I; Fontcalent.

Me explico a mí mismo, para comenzar el Post, que la prisión, la cárcel, es un elemento más del Sistema de Justicia cuyo objetivo sería proteger a la sociedad de algunos de sus elementos, disuadir de que se realicen hechos delictivos y también reeducar al detenido. No sé; son conceptos básicos que me hago a la hora de escribir. Hoy es más complicado. Santiago vino y, como muchos de los invitados a la tertulia “Los cafés del Meliá” abrió su corazón y su alma contándonos cosas. Con los policías, jueces y fiscales que por la tertulia han pasado lo he tenido más fácil.

Durante la carrera tuve un compañero que era funcionario en Fontcalent y esperaba que la licenciatura le abriera puertas en el escalafón. Miro la orla y no lo veo. Era un tipo genial; aunque al principio hablaba poco. Y costó que nos dijera en qué trabajaba; no siempre acudía a clase. En el club social, alguna vez me habló de ello. Escuchando a Santiago le veía a él; debe ser cosa de la institución. Le pregunté en su día al compañero si había estado cuando el motín (noviembre de 1990); y no, se había incorporado un par de años después. Yo lo viví desde la barrera de los informadores.

Santiago de las Heras tampoco estuvo en el motín. Y se parece mucho, como dije, a mi compañero de Geografía. En cuanto lo tratas, destaca su bonhomía, entrega al trabajo y amor a la profesión.

Sí, De las Heras reconoció un mundo antes y después en el tema de las prisiones en España. Recordó que comenzó en la de jóvenes de Madrid, pasó luego a Carabanchel “que se decía que se iba a cerrar y tardó aún un tiempo” (cerró en el 98). Para ilustrar ese periodo de Instituciones Penitenciarias nos dice que “Celda 211 es un referente de aquellas prisiones; hoy ha cambiado todo”. Recalca que “Las prisiones no han dejado de cambiar, para mejor, desde que ingresé”.

Y él lo sabe bien. Estamos ante quien fue el más joven de los jefes de servicio, de la Inspección Penitenciara y de los directores de prisión de la Institución. Ha recorrido varios centros. Conoció y sufrió el poder de ETA –“lo pasé mal tres años: te recordaban varias veces a diario que te podían matar, o a alguno de los tuyos”-, la situación de las plantillas –“el miedo lo corrompe todo”-, el compañerismo y la camaradería –“ha habido incidentes serios; pero hay presos que cuidan de ti”-, el código ético y los cambios en la sociedad española: “antes, había otra forma de vivir y mucha menos suerte; antes había más gente víctima de la sociedad”.

Nos abrió las puertas, directamente, del centro penitenciario; nos invitó a visitarlo como lo hacen delegaciones internacionales –“israelíes y norteamericanos se asombran de cómo funcionan y del respeto en nuestras instalaciones”- o alumnos de las universidades (Derecho, Criminología; “hasta de la Universidad de Texas”). No descartamos desde la tertulia “Los cafés de Meliá” la visita, porque…. ‘a la cárcel y al cementerio, ir; no que te lleven’, que precisó Mario Ayús.
Tertulianos en tertulia. (Fotos M. Ayús) 


Nos contó que de puertas adentro funciona “la solidaridad” y que el peor delito entre la población reclusa es “la falta de respeto”; que la apertura del centro de Villena (Alicante-II) mejoró mucho la situación; que “Alicante es un centro muy tranquilo ahora mismo” y que, en general, las prisiones son “centros asistenciales más que de reclusión”.

Y entramos en materia. Coincidimos, aunque él sabe más porque lo vive, que “estar privado de libertad es un duro castigo”. Nosotros nos lo imaginamos; él conoce el ruido de la reja. Es cierto, nos reconoció, “que dentro lo tienen todo, pero no la libertad; están castigados”.

Supimos del funcionamiento, de los horarios, de los jueves de Administración penitenciaria “que velan por los derechos de los reclusos”, de los ‘Módulos de Respeto’, de los “contratos terapéuticos”… Quisimos saber si las cadenas largas tienen efectos perversos y nos explicó que “se pierde la capacidad de vivir en libertad y hasta autonomía”. Ahí entramos en detalles…

Le noté que hacía muy suyo el lema ‘Odia el delito y compadece al delincuente’: “descubres que hay de todo; pero en general son personas y muy dignas”.

Y con Concepción Arenal en el tema, está el otro, que también se le atribuye, de ‘abrid escuelas y se cerrarán las cárceles’. Entonces le preguntamos, a las claras, si la cárcel servía para algo. Nos respondió más a las claras: “es como dejar de fumar; dejas de fumar tú. Te reinsertas tú”.

Ni una palabra más. Al salir te espera el medio en que tradicionalmente te has movido. “El objetivo es que esa estancia se un tiempo útil”.

Nos expuso la diferencia entre conducta y actitud, terminando por reconocer, y no como fallo del sistema, que “hay personas que no son reinsertables; para un psicópata no hay reinserción posible”. Recordó algunos ejemplos de “magníficos presos, pero malos ciudadanos”.

Hablamos de todo. “En prisión no hay bandas, o son muy efímeras, porque se las disgrega”; “el 25% de la población reclusa es extranjera”; “los transgénero eligen módulo: hombres o mujeres”; “la Administración es responsable de la población reclusa; tienen ciertos privilegios, pero están privados de libertad, aunque todas las necesidades están cubiertas por la Administración”.

Hablamos de la comida, la asistencia religiosa, de la figura del Indulto –“reducción de condena por la vía del Indulto”, nos matizó-, de la hepatitis C, de la heroína, de las celdas, de la siesta… de todo.

Pero como siempre, lo que de verdad pasa en ‘Los cafés del Meliá” queda entre los posos del café.

Con Santiago de las Heras descubrimos al hombre, a la persona y al funcionario de prisiones. Y creíamos que ‘lo habíamos visto todo’…


26 feb. 2018

DE COMPROMISO CIUDADANO; DE JUAN A. LIZANCOS




Pasó a tomar café por el Meliá Benidorm un amigo que me trasladó por unos instantes al aula y a rememorar a personajes con David Harvey (el urbanista rojo), Griffith Taylor, William Bunge y… a toda la Escuela de Chicago.

Juan Antonio Lizancos venía a la tertulia “Los cafés del Meliá” como miembro del Movimiento Vecinal… y eso pesa. Por aquí ya han pasado otros que han dejado el pabellón a media asta; y alguno ya me soltó un ‘¿no será lo mismo?’. Y no fue.

Sus treinta y pico años en Benidorm, su trayectoria por arquitectura y urbanismo, su conocimiento de la materia y del movimiento, su saber hacer y sus dotes de comunicador levantaron la tarde. Si es que, al final, en las estrategias de desarrollo -y en aplicarlas a Benidorm- estamos de acuerdo.

Para comenzar, recuerdo emocionado a su madre, escaladora, y a su padre, que de ciencias exactas en La Sorbona llegó a planificar en la delineación del Plan Badajoz y terminó como arquitecto; a sus hermanos, a los Corazonistas de San Sebastián y a la Escuela de Arquitectura… a su militancia antifranquista, que le llevó a conocer a Billy ‘el Niño’ (González Pacheco), a su proximidad a la Izquierda… a Paca Sahuquillo y a Cristina Almeida…

Total: que no terminó Arquitectura, pero está aún en ello. Que si le pilló el cambio de plan y que si la libertad de cátedra y los programas que no casan de una Universidad a otra… Todo eso. Terminará y será “el arquitecto con más créditos y más asignaturas cursadas”. ¡Ánimo!

Llegó a Benidorm mediados los ochenta, días antes que yo, junto a un compañero de carrera, Luís Díaz, “que trabajaba con Camarasa”; vino a echarle una mano y… “comencé con las obras del Jai Alai y conocí a Joe Fernández Echeverría… Contigo no sigo” -que le dijo- y al poco consiguió seguir trabajando en el departamento técnico de una empresa de El Campello hasta que la crisis del 94 quebró su actividad como había pasado una década antes. Pero se recuperó de nuevo y un nuevo estudio de arquitectura cobijó sus anhelos entre 1999 y el 2006, donde una nueva crisis le cortó el paso. Y se rehízo.

No trabajo desde hace 4 años; puedo permitírmelo al ralentizar mis necesidades; es muy difícil ser comunista en un sistema capitalista, pero aquí sigo centrándome en la acción vecinal y en las cuestiones que domino”.
Paco Barco, Paco Amillo, Juan Fco Lizancos y Arturo Cabrillo. (Fotos: M. Ayús)


Él es la voz -mucho más que la voz- de Els Tolls y se lamenta de que “el movimiento vecinal sigue sin existir en Benidorm; hay asociaciones de vecinos e incluso un Consejo Vecinal, pero no hay Movimiento vecinal”, se lamentaba.

Volvimos hacia atrás: al teleclub de aquel barrio –“veía la tele desde la ventana; hasta que la bajaban”-, de los párrocos de izquierdas de aquellas barriadas de extrarradio. Reivindicó los barrios; “desde los barrios llegó la fuerza de la democracia catalizando el malestar y la necesidad”, dijo. No lo comparto totalmente; hubo más focos. Pero desde luego que desde los barrios se movieron y fueron revulsivo. Yo no estaba allí; él, sí.

Hablamos, como no, de la EDUSI (Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado). “Benidorm tiene virtudes, pero también tiene déficits y carencias”. Ante una iniciativa tan interesante considera que “es un tema de ciudad y Benidorm tenía que haberse volcado”. Veo que sus más de 30 años en Benidorm no le han hecho morder el polvo; tiene ilusiones. Yo también.

A su favor tiene que a él le llamaron para participar. Y se implicó. Y hay gente a la que ni llamaron ni se implica.

Los puntos flojos de Benidorm los conocemos todos; pero él los plantea urgiendo soluciones: las colonias Alfredo Corral y Madrid, el Playmon F y vertebrar Els Tolls. “Benidorm no tiene un ‘Mil viviendas’ o un ‘Las tres mil viviendas’; pero en Benidorm al doblar el último edificio está el campo, como dice Tusquets”. Nos insistió: “Benidorm mira al mar, pero no mira hacia atrás y tiene detrás un tesoro mal cuidado”, que enumeró.
Tertulianos en faena


Apostó por el “litoral verde; el corredor norte”. Coincidimos todos los tertulianos del Meliá que sonaba mejor ‘Litoral Verde’ mientras Txuny -a estas alturas de la tarde ya éramos amigos- nos recordaba que “nos falta concienciación cívica y ambiental y que la vieja idea de Iribas -y de Gaviria- de unir Els Tolls con El Murtal deber ser una realidad”. Lo dicho, revoloteaban en mi cabeza las cosas de Harvey, Garrison y Bunge: “utilizar los barrancos como colectores urbanos y cerramos con un paseo rural”.

Benidorm ya optó a su primera Edusi (que era la segunda convocatoria); no salió. Ha vuelto a concursar a una segunda Edusi (que es la tercera y última; la UE es así). “Fuimos los primeros en aprobar y que no hubiera dinero; aprendimos mucho”. Elogió el trabajo de Guía Consultores. “Fomento nos puntuó con un 7’5”. Ahora tenemos mucho trabajo hecho y estamos ante “un proyecto de ciudad más que de vecinos”: Nuevas tecnologías, eficiencia energética, ecología e integración. La respuesta llegará en 60 días: tic, tac…

Insiste Lizancos en crear conciencia de barrio y pontifica: “de urbanismo, la gente entiende más de lo que se piensa”. Para esta EDUSI, dijo, “se ha hecho un diagnóstico de ciudad; sabemos también que hay conectar La Cala y el Rincón de Loix”. Nos planteó, sabiendo como sabemos, que Benidorm vive del turismo, “no debe olvidar a los que viven en Benidorm” y que “el compromiso ciudadano debe ser valiente e ir más allá del barrio”.

No lo puede evitar; le sale. Denunció en la tertulia la actitud del ciudadano en egenral: “hemos dejado todo en manos del político; y no es así”. No seré yo quien le contradiga.

Hablamos de ‘su’ Asociación de Vecinos, de Els Tolls, de su mascota, de los granotas y de la labor social que desarrollan; “de mostrar lealtad a la ciudad”.

Y, aquí llegados, insistió en recordar que existe una justicia social y que él no descarta “entrar en política como plataforma vecinal; es que vengo del desengaño en que todo lo que se generó en el 77 ha devengado”.

Por un rato volví a la Academia; a la Geografía radical y al poder del espacio urbano… a la ideología de un ambiente contestatario… y recordé mi libro de cabecera: La Geografía, un arma para la guerra (Yves Lacoste). Lo tengo frente a mí: huir de la ‘geografía de los profesores’ y de la ‘geografía espectáculo’… ir a la aplicabilidad, al valor de la Geografía: la Geografía aplicada.

Gracias, Txuny; un café delicioso. Pero yo no tomo café.

Y me acordé de Salvador Dalí y el elogio a Picasso; y lo vuelvo hacia el tertuliano. Sí hombre, de aquello de Picasso  que (como él) era español y un genio y de que… Picasso era comunista; yo, tampoco.

Insisto: ¡Gracias Txuny!






17 feb. 2018

DE VICENT FUSTER; GENT DE BENIDORM


Pasó a tomar café con nosotros, en el Meliá Benidorm, el amigo Vicent Fuster. El motivo era su libro “Gent de Benidorm” y en la tertulia “Los cafés del Meliá” queríamos conocer los intríngulis del mismo y saber algo más de él.
Yo conocí a Vicent cuando llegué a Benidorm; él ya hacía los deportes de Radio Benidorm, entonces, con José Antonio -Pepetoni- Alama. Le tengo, pues, cariño. Con él gané mi única partida de bolos (en bolera americana). Vicent es un buen jugador de bolos; y yo… tampoco. Él fue campeón de España; lo de aquí fue un torneo de prensa.
Luego la vida nos llevó a coincidir también en RTVV y en cuantos saraos periodísticos se daban por estos lares. Cuando se le hizo el homenaje, tras su jubilación (pospuesto porque s reenganchaba a lo del trabajo) no dudé en posponer la presentación de una ponencia en Sevilla para estar con él; con el amigo Fuster.
Vino a la tertulia a hablar de su libro y no le pasó como a Umbral: habló. Habló de su libro y de sus cosas.
Nació en la Foia Manera, aquí en la huerta benidormí –“mi abuelo era el procurador de las tierras de doña Vicenta Vives y me trajo al mundo Encarnación ‘la Corrilla’, la comadrona”- y siempre estuvo ligado a las cosas de Benidorm, aunque ahora sea Novelda quien le acoja para dormir, porque pasa mucho tiempo aún por aquí. No se ha jubilado del deporte y es habitual las tardes de Balonmano y Baloncesto en el Palau l’Illa de Benidorm. Ahora el fútbol, en Benidorm, es otra historia; pero hubo un tiempo, contó, donde el Benidorm estuvo rozando lo más alto.

Vicent Fuster es de Benidorm; hijo de un maquinista naval que operaba en l’Ametlla de Mar y que, luego, en Benidorm, fue “sequier”; el encargado de la acequia de riego de la huerta de Benidorm. Y taxista.
Nos contó sus aventuras con el destacamento de la Cruz Roja de Benidorm, en el puesto de la Playa de Poniente, junto al Glasor. Allí hizo su servicio militar. Días aquellos en que tras hacer instrucción en la playa –“un sargento ex legionario que se empeñaba en ello; camilla para arriba y para abajo en la playa”- pasaba las guardias en el puesto de Socorro y luego se integraba como sanitario en la clínica de Benidorm.
Nos habló de su etapa en el Banco Popular y de su faceta en el departamento de moneda extranjera, cuando era la principal actividad de las entidades bancarias en Benidorm. Vivió allí la tromba de agua que inundó los bajos del banco en el 71 o el atraco sufrido. Nos relató aquella aventura del atracador que “al saltar el mostrador se metió una piña” y que del asombro pasaron al miedo. Quedó en nada.
De sus días en Radio Benidorm y las penalidades de las retrasmisiones deportivas en aquellas jornadas épicas de las líneas microfónicas a 2 y 4 hilos; de la aventura de narrar los partidos desde la grada rodeado de aficionados contrarios, de las carreras del campo al bar más cercano para llamar a la emisora o de recurrir a la Guardia Civil para poder confeccionar la tabla de resultados. “La Guardia Civil no fallaba; siempre tenía que ir la pareja al campo y con llamarles tenías el resultado del mismo; e incluso las incidencias”.

De su paso por el diario Información en los mismos cometidos deportivos y de la decisión que tuvo que tomar, dejarse la seguridad del banco, cuando llegaron los contratos con Radio 9, primero, y Canal 9 TVV, después. “Hacer lo que me gusta fue lo que me animó a tomar la decisión”. Un buen día le tentó Jaume Tamarit y Miquel Àngel Picornell para Ràdio 9 y… todo le cambió. Y su etapa como corresponsal de Canal 9 TVV con Dragui Steiner con la cámara. Una pareja que acudía presta a cualquier requerimiento como corresponsales en la Marina Baixa.
Y es que, a él, a Vicent Fuster, lo que le ha gustado siempre ha sido el contar, el relatar cosas. “Empecé en Canfali con Nino, el del bar ‘La Rana’” y de ahí hasta terminar sus días profesionales en Onda Benidorm, una vez que Radio Benidorm pasó a la fórmula 40 Principales. “Con Jorge Fauró se decidió que la radio municipal tuviera un programa en valenciano con gente de Benidorm para hablar de aquel Benidorm”. Y hablamos de su libro.
Gent de Benidorm’ no nació más que como programa de radio: 100 programas. Pero al poco pensaron -su hijo y él- darle formato. Los programas se subían por YouTube y al poco pensaron compilar un libro con las cosas de aquellos 100 personajes “que reflejaban la sociedad de Benidorm y, por ende, la Historia de Benidorm”.
Y como tengo el libro -que no encuentro modo de que me lo dedique; y ayer, que venía a la tertulia, no me lo llevé- y quiero dedicarle un post, no despanzurraré las anécdotas y las fotos reflejadas en el mismo.
El 10 de junio de 2016 le hicieron un homenaje los que mejor y más cercanamente le conocían en esa etapa. Era el programa 101, que en realidad fue un programa 0. No tiene desperdicio.
¡Qué aventuras, Vicent! Él ha retrasmitido todas las gestas del deporte local. No importaba la disciplina deportiva, allí estaba Vicent Fuster, para el medio que fuera -prensa, radio y televisión- contándolo y entrevistando; dando cuenta de lo que pasaba.
Un día de estos me pongo manos a la obra y resumo en un post lo que él, y su hijo Toni Fuster, han hecho con ese inmenso trabajo de reconstrucción de la Memoria Histórica de la Gent de Benidorm con su Gent de Benidorm. El ‘bruto’ del material está en YouTube, pero la esencia se condensa en ese libro, “Gent de Benidorm” que fue la excusa para echar un ratito en Los cafés del Meliá, con un amigo, gran persona: Vicent Fuster.