11 may. 2017

DE TURISMO 4.0 EN BENIDORM




Comenzó bien Nuria Montes, secretaria general de HOSBEC, al dar la bienvenida esta mañana a la Jornada Turismo 4.0 -y ahí estaban los de IMF Business School que el día 8, en Madrid, llamaba a su jornada similar Turismo 3.0- cuando nos despertó, sin golpe de café, con un golpe de sinceridad: “quién no acepte y gestione el Big Data se quedará fuera del negocio”.

Salvador Martínez, director de Economía 3 -“revista seria, aunque dicen que aburrida” que es lo primero y no es lo segundo- y organizador de la Jornada dijo que “para aprender hay que estar con los mejores y que en Turismo, los mejores están en Benidorm”; “un caso único”, apostilló.
En el ambiente flotaba una máxima: ante lo Martínez calificó como ‘shock tecnológico’, “el modelo de negocio tiene que cambiar y los profesionales tienen que adaptarse”. Y para eso la Jornada Turismo 4.0, digitalización y profesionalización.

De lleno, al primer bloque.

Mario de Felipe, de SISTEL (Consultoría y Servicios Informáticos) nos metió de lleno en la 4ª Revolución industrial, la de la Internet y los dispositivos móviles que acaban cambiando la sociedad y los negocios sobre tres tecnologías clave: big data, cloud y data science. Y los explicó, lo que excede del cometido de este Blog. Y como si de un Expediente X se tratara, nos dijo que “los datos están ahí fuera; ahora tenemos la posibilidad de utilizarlos, de saber más de cliente; pero hay que saber sacarle valor a los datos”. Y ahí entran ellos. La cuestión es averiguar patrones y capturar datos -“Internet es volátil”- lo que le llevó, no ya a la minería de datos sino a una refinería de datos, cuál si de zaíno crudo petrolero se tratara, pero es que los datos son petróleo, oiga. Hay que entender lo datos, hay que conocer al cliente a través de ellos, hay que predecir la demanda, detectar el fraude y optimizar los aprovisionamientos y costes.

Rafael Mesa, de IMF Business School, salió en tromba; el reloj mandaba. Nos contó que hacía 41 años había venido a Benidorm para comprobar cómo funcionaba uno de los tres baluarte del turismo de entonces: Benidorm, junto con Puerto de la Cruz y Torremolinos. 41 años después considera que “Benidorm es el ejemplo de mantener el éxito; está magnífico y esplendorosamente vivo” recordando que otros han muerto de éxito. Considera que “Internet el invento más grande para la Humanidad desde la rueda”, lo que le lleva a señalar que “el cambio fundamental del turista de hoy es la conectividad” con lo que nos llama a estar ojo avizor porque la “la experiencia digital va por delante de la presencia física” –vemos en Internet y decidimos mucho antes de ir al lugar- y en esto tenemos que ponernos las pilas. De Rafael Mesa es también la reflexión de que “hay que atender a la tribu, porque son fieles” y en ese peldaño de la escalera, el de la tribu, podríamos haber echado la mañana. Pero nos centramos en el tema y se animó a darnos la clave del mañana -ya hoy-: “anticiparnos a lo que quieren los turistas y darles lo que no se esperan”.

Una de sus muchas advertencias -sobre los millennials- me dejó un tanto perplejo. Ya sé que “adoran sus pantallas táctiles” pero no tenía ni idea de que “odian el servicio personal”, con lo que advirtió que en el futuro, “el 60-70% de los servicios deberán ser automáticos”. Ahí, me quedé rumiando el concepto. Ojo, coincido en, que “el negocio está en repetir la venta” y no sé yo si tanto automatismo… ya sé que algún hotel de Tokioha puesto un robot en la recepción, pero… En fin, “el turismo, también sentenció Mesa, es la gestión de dos elementos escasos: el dinero y el tiempo libre del turista” y hay que ser muy respetuoso con eso. Es la frase del día; luego la repitió el alcalde en la clausura.



Por cuestión de espacio en el Post tengo que ser breve en el resumen. David Devesa -que Devesa y Calvo también patrocinaban la jornada- animó a una mejor gestión de la empresa familiar y señaló que “en las mejores playas urbanas del mundo”, las de Benidorm, “el 89% de las empresas turísticas son familiares” y que hay que poner en marcha en Protocolo de Empresa Familiar que ayuda mucho. Diseccionó el proceso de las etapas, las generaciones y el desarrollo empresarial, la tecnologización y la profesionalización con todas sus consecuencias. Fue el más dinámico. Tras diagnosticar el problema nos ofreció el antídoto: “comunicación y planificación”.

Nos habíamos ido de hora ya a esa altura de la jornada. Por ello, los parte de los ejemplos brilló poco. Unos, por falta de luz y lo poco que alumbraron; y otro porque dos destellos cegaron. Hubieran necesitado más del doble de tiempo de exposición para hacerlos llegar; aunque a alguno le sobrara más del triple del tiempo que empleo en repertirse. Lo mejor, la formulación de las preguntas de Salvador Martínez a los ponentes; mucho mejor la pregunta que la respuesta en tres de los casos. No lo tenían preparado, porque repetir y repetir lo del camping y lo de las 5 fantásticas “E” de un gran proyecto, que lo es, y lo de “repensar la burocracia” y “desarrollar una cultura de liderazgo” es algo que tenía que estar ya en marcha.

La clausura contó con el presidente de Hosbec, Toni Mayor -que le está cogiendo gustillo a dejar mensajes-, el alcalde de Benidorm, Toni Pérez -“venimos a aprender; sigan enseñándonos” cuando venía de estar en Madrid con la UNWTO sobre los destinos inteligentes y hemos testado la norma española; o Leire Bilbao que venía de hacer “bolos” por las universidades- y el Secretario de Turismo, Francesc Colomer, que apuntó novedades sobre debate en el Parlamento Europeo de la cuestión de la “economía colaborativa”, ayudas al sector y advertencias sobre “el lado oscuro de la Revolución digital”, para cerrar con un “el rey es el turista… aunque uno sea republicano”. Aún se le escapó algo así como un “no me podía imaginar que yo cerraría un acto con la palabra ‘rey’”. Y lo cerró.

Interesante la jornada.



23 abr. 2017

DE JUAN LUIS IBORRA; 3, 2, 1… ¡Y ACCION!


Pasó a tomar café con nosotros por el Meliá Benidorm, Juan Luís Iborra, un alfasino que ya lo ha demostrado todo en el cine, en el teatro y la televisión… Y que ahí sigue, cosechando éxitos.

Era, Juan Luís Iborra es, como un poco nuestro. Todos le recordamos por haber puesto en marcha el Festival de Cine de l’Alfàs y por su empeño en colocarlo en lugar preeminente entre los festivales de cine del país; de cuando el glamour, una semana de julio, llenaba las calles de l’Alfàs y se acercaba hasta El Albir, en cuyo paseo, Paseo de las Estrellas, se iban jalonando metros con los nombres de las estrellas de nuestro cine que acudía, año a tras año, a recibir el Faro de Plata, Faro d l’Albir, como galardón.

Juan Luís Iborra, “hijo de panadero y actor” accedió a estar con nosotros aprovechando que “Gibraltareña”, su última obra, se representa en el Teatro Principal de Alicante. Un lujo tenerlo con nosotros en Los cafés del Meliá.

Quería ser actor y estudió Arte Dramático en Madrid. “Comencé haciendo de paje en una obra en la compañía de Fernando Fernán Gómez, y por esas cosas de la vida, de paje pasé a hacer de conde”. Y con 22 años, con la alegre inconsciencia de esa edad (que siempre señalo yo), “llamé a Juan Gil-Albert pidiéndole adaptar la novela ‘Valentín’ al teatro”. Pero el madrileño Miguel Narros se le había adelantado en la propuesta. A pesar del renombre de Narros en el mundo escénico, el alcoyano Gil-Albert se decantó por la propuesta del joven alfasino y finalmente Iborra -todo quedó entre alicantinos- adaptó la obra y triunfó con su “Valentín”, que años después llevaría al cine.

Pero no corramos, ni adelantemos acontecimientos. Su éxito, recordó, llegó sobrevenido porque en aquellos primeros años 80 del triunfo socialista “va Alfonso Guerra y dice que su autor favorito era Gil-Albert; y todos se volcaron, ministrables sobre todo, en dejarse caer por la obra”… y eso le fue bien. Pero el resto ha sido fruto de su esfuerzo y de su saber hacer.

Le gustaba escribir y adaptar, y de ahí pasó a TVE como guionista para programas -con Raffaella Carra y Pepe Navarro, por ejemplo- y series de TV; y luego llegaron los guiones de cine hasta las grandes realizaciones con Joaquín Oristrell y García Serrano.

Y así, su primera película: “Amor de hombre” (1977). Se sucedieron los festivales internacionales y los premios. Luego llegó “Km 0” con epicentro en la Puerta del Sol, que siguió el mismo camino de festivales y premios. Y a la tercera va la vencida: su primera película en solitario, “Tiempos de azúcar”, una “historia de amor imposible” vivida y rodada en su pueblo, l’Alfàs, pero recreada también en Polop, Altea y Benidorm. Media tertulia la había visto y disfrutado; fue muy elogiado. Eran recuerdos de su infancia y juventud que afloraron epítetos que no creía yo en el acerbo de la Tertulia. Yo, como siempre, agreste y montaraz, en la banda contraria: me han jurado que ya hay color y sonido en el cine…

Bueno, así hasta 7 éxitos… que si “Salsa Rosa”, que si “El amor perjudica seriamente la salud”, que si…  Sí, “hace 15 años de ‘Tiempos de Azúcar’ y es muy satisfactorio saber que su guión se sigue estudiando en las universidades”. En su modestia, le cuesta, pero le agrada, reconocerlo.

Un puntazo este café con Juan Luís. Yo evidenciaba mis carencias culturales, pero te reconforta saber que el resto de la tertulia tiene un nivel que pa qué. Que si el cine italiano, que matices, que si luces, que si guiños del guión. Y Juan Luís Iborra estaba en su salsa, pero pendiente de llegar al ensayo en Alicante. Es que saca tiempo para seguir con el cine, con el teatro y con la televisión: ahora mismo dirige la serie “Aquí no hay quien viva”…  Y yo, como siempre, en la banda contraria: me han dicho que hay varios canales de TV.

Cornijal de Tertulianos

Para muchos, en la tertulia, Juan Luís sigue siendo “el chico aquél que venía de Madrid para el Festival y traía a sus amigos y amigas que eran actores, directores y actrices”. Diseccionó para nosotros la historia de un Festival que en 2018 cumplirá 30 años, haciendo hincapié en etapas de gloria y en momentos de caída de popularidad. Confía en que se relanzará; en ello está él.

Y  como digo, en la tertulia, los eruditos tomaron el mando y de sus preguntas supimos los del pueblo llano que -Juan Luís- “para escribir necesito el título, que me ayuda a concentrarme, y tener claro el final, aunque al final lo cambie; pero siempre he de saber el camino que debe recorrer el personaje”. Esta confesión no debe ser el secreto de su éxito, porque tan fácilmente no lo confesaría. Yo apuesto porque el secreto de su éxito es él mismo, porque sigue siendo el mismo Juan Luís, profundo, que conocimos a finales de los ochenta.

Yo le pregunté por el IVA cultural; se explayó. Nos habló de Francia, un país a imitar en esto de los impuestos a la cultura. Yo le pregunté por el personal que se mueve en el mundo del cine: “los mejores; muchos están triunfando en Hollywood y hay directores que sólo trabajan con profesionales españoles”. Dio nombres que, por supuesto, no conozco y no voy a reproducir para parecer que sí. Y también le pregunté por la Ciudad de la Luz, porque sabía que le había contactado en su día: “deben encontrar un sponsor” y… “no hacer lo que hicieron”.

Bueno, dijo más, pero eso se queda en los posos del café… aunque yo, como soy como soy, no bebo café.






21 abr. 2017

DEL COMPORTAMIENTO DE LAS LADERAS. A PROPÓSITO DE MANIZALES


La tragedia deManizales (Colombia), ciudad hermanada con Benidorm, me ha vuelto a traer uno de mis obsesiones como geógrafo: las laderas. La falta de atención a las laderas. Es un problema a nivel mundial.


Vista parcial de Manizales (El Espectador, Colombia)

Un llano, tiene pase; pero en cuanto hay un plano inclinado, por poco inclinado que esté… la cosa, ya saben, tiende a caer. Parece mentira que ni nos demos cuenta, ni prestemos más atención al tema. Pero si es que protestamos en cuanto una mesa “está coja”, pero nos importa una higa cuando estamos ante un desnivel donde la estabilidad del mismo debe ser primordial. Y no te digo cuando estamos ante ese desnivel y un asentamiento humano que tiene como espada de Damocles una inestable ladera, una pendiente, un desnivel.

Cuando esquiaba, aunque soy más de cafetería que de coger el remonte, me obsesionaba con las pistas, el desnivel y la nieve no consolidada, que tiende a caer. Y cuando se ven los efectos de una avalancha, ni te cuento el descalabro por la suma de masas y energías.

Las laderas tienen eso. Y su estabilidad es fundamental.

Y a lo que íbamos. De Manizales sé, lo que se; no más. Estuve en un tris de asistir este año a la reunión de la VII Semana de Normas Verdes en esa ciudad (#ICT4SDG) y, de paso, ser testigo de la inauguración de la Plaza de Benidorm. Mi colega Jaime Esquembre estuvo allí; y bien que reportó. En los días previos, me documenté a fondo -como no podía ser de otra forma, geógrafo y periodista- y me encontré con que “Manizales y Villamaría están ubicadas en una zona de alto riesgo sísmico y geotécnico, específicamente las laderas superiores que resultan inestables y aparecen afectadas con actividades antrópicas intensas. Este es el medio ambiente del trópico andino, donde el clima y la particular circunstancia de los suelos residuales le imponen condiciones a cualquier proyecto de desarrollo urbano…[1]

Conozco varios países centro y sudamericanos; he trabajado ponencias para varios congresos y he visitado algunos de ellos. Y he visto la desatención a las laderas.

Además, en Manizales, por su geografía, flujos y deslizamientos de materiales no consolidados están a la orden del día allí y son muchos y reiterados los episodios catastróficos vividos (… 1987, 1994, 2003, 2007…). Manizales es una ciudad en laderas y las recomendaciones siempre han apuntado a “facilitar los procesos de estabilización del territorio ocupado” con el problema de que las laderas se ocupan a ritmo más rápido que las estructuras del municipalismo pueden estabilizar. La presión urbana, gracias al éxito del Eje Cafetero, urgían “la elaboración de planes maestros el uso adecuado del suelo y el agua para afianzar el buen comportamiento de las laderas”. Y las cosas de Palacio siempre van, pero van despacio a uno y otro lado del Atlántico.



No se me entienda esto como una crítica (que tiene su parte), pero es que debemos prestar mucha más atención al paisaje donde estamos. Y por paisaje hemos de entender, desde el punto de vista geográfico, lo que es el objeto de estudio primordial de la Geografía. Así, se entiende por paisaje “cualquier área de la superficie terrestre producto de la interacción de los diferentes factores presentes en ella y que tienen un reflejo visual en el espacio”. El paisaje geográfico es el aspecto que presenta el espacio geográfico en que vivimos.

Manizales, como Lorca (Murcia, España) -por ejemplo, que cuando el terremoto ya tuvo sus post-, están sobre estructuras muy falladas. Mírese la palma de la mano: tantas líneas verá en ellas, y casi con la misma forma, que fallas activas hay en el subsuelo de Manizales. Vale, cuando llegó el primero a posar allí sus reales no miró (ni se estilaba) lo que había debajo de sus pies, pero después de tanto susto y de que ejercemos mucha más presión sobre el medio (por ser cada vez más), ¿qué menos que prestar atención al comportamiento de espacio geográfico y su interacción con nosotros mismos? Y, de paso, poner remedio.

Así, luego llega el más pintao y te suelta lo de los efectos del cambio climático. Y hay quien le escucha. Pero es que puede que ahora llueva menos (o mucho más), pero lo que pasa es que estamos ocupando un terreno expuesto y que antes pasaba lo mismo, pero como no estábamos allí pues no lo sufríamos. Ahora estamos, y bien que lo padecemos. Los taludes, las laderas, presentan comportamientos variables en función del comportamiento de los drenajes del suelo y…

Y Manizales está bien documentado. Por eso duele más la tragedia y nos demuestra que el no existe. Allí existen infinidad de estudios académicos y un Plan de Ordenación con diagnóstico integral del territorio, que no en todas partes cuentan con uno igual, incluso en Europa y América del Norte. Y bien detectados que quedan los estratos de areniscas,  los cuerpos gabroicos, los sedimentos volcagénicos y los depósitos fluviovolcánicos; los domos, los depósitos de escombros y las zonas de caídas piroclásticas (vulcanismo de la zona). El marco estructural de Manizales es muy complejo; y el marco tectónico local es un campo de fallas. Además, el 46% del casco urbano tiene ya de por sí una pendiente de entre 15 y 30º; el 13’21 % está entre 30 y 45º; que el resto está por encima… y son tenidos en cuenta los deslizamientos rotacionales (sobre depósitos de piroclastos) y los deslizamientos traslaciones (sobre depósitos de cenizas); y los derrumbes en zonas de más de 35º de talud (por erosión diferencial); y los flujos de lodos; incluso los casos de reptación, el lento movimiento de materiales no consolidados sobre la pendiente. Las zonas amenazadas se conocen. Si el problema es convivir con la posible tragedia y que esta llegue.

Ahora mimo el problema no es saber lo que tenemos bajo los pies; el problema es procurar que los ciudadanos no tengan que enfrentarse a la catástrofe: prevenir. Consolidar terrenos y plantear donde los riesgos son asumibles, porque el no existe. La Universidad de Caldas y la propia municipalidad tienen la cuestión científica analizada; el problema es que a pesar de estudiar el comportamiento del territorio, porque hay gente viviendo sobre el mismo, te encuentres con estos sucesos que tienes tan bien estudiados que pueden ocurrir. Y ocurren

Y como siempre: despreciamos la importancia de las laderas, de los taludes.








[1] Geomecánica de las laderas de Manizales; Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales, 207

19 abr. 2017

DE CUANDO EMPEZÓ ESTO DEL TURISMO, Y SU ESTUDIO


Parece ser que esto del Turismo, tal y como podemos llegar a concebirlo hoy en día, tiene una fecha de arranque: 1713

¿Qué pasó ese año? Muchas cosas, pero una básica. El 11 de abril se firmaba el Tratado de Utrecht… de Utrecht-Rastatt, porque a los largo de dos años (que la cosa duró hasta mediado 1715) se estuvieron firmando acuerdos a troche y moche donde España salía perdiendo un poco de aquí y otro de allá. ¡País!

El caso es que en ese tiempo (1713-15) se puso fin a la Guerra de Sucesión de España y se cambió el mapa político de Europa otorgándose una cierta sensación de tranquilidad que propició los viajes de los aristócratas británicos, que eran los únicos del Viejo Mundo interesados en viajar.

Total, que esto del turismo, tal como intentamos entender ahora, lo inventaron, mal que me pese, ellos; los británicos. Y yo en esto soy como nuestros marinos del XVIII -“en el mar, contra el inglés; y contra el viento, tiento”- pero las cosas son como son. Y es que con el Tratado de Utrecht nos rompieron en mil pedazos: perdimos Menorca -que luego recuperamos, con la ginebra de por allí-, Gibraltar, Nueva Escocia, la Bahía de Hudson, Terranova… y ellos comenzaron a ser árbitros del Mundo, por su hegemonía marítima.

Bueno, bueno, y malo y peor… Y además tengo un buen amigo catalán -PIdD-, del mismo nombre que el “embajador” de Cataluña (de los Tres Comunes de Cataluña) ante Inglaterra en aquellos días (que la cosa ya tenía bemoles), que consiguió que la reina Ana (de Inglaterra) intercediera por ellos, pero el Artículo 13 de Tratado es claro: mantendrían los catalanes “todos aquellos privilegios que poseen los habitantes de las dos Castillas”, más no.

Pero dejemos esto atrás, y avancemos un poco, que tengo mal regusto del Tratado de Utrecht y esto va de Turismo.

Total, que los ingleses comienzan como descosidos a viajar y a visitar sus territorios y, de paso y para llegar a ellos, hacer turismo; vamos que se les quedó pequeña la isla y como que con poca consistencia.

Al poco, ya en 1746, cuenta Fernández Fuster, los ingleses eran capaces de exhibir en documentos la frase “to take a tour”, para prepararlo, y “to make a tour” a la hora de ir a darse un voltio por el mundo conocido (que casi siempre era el suyo, pero tenían que atravesar otros, insisto, para llegar). Me refiero a su “Grand Tour”, del que varios Post han dado cuenta.

James Murray, primer editor de
The Osford English Dictionary
Hurgando en las cosas de Francisco Muñoz Escalona, y en las de Antonio Díaz Medina, te encuentras con que en 1800 ya tenían definido al turista los del The Oxford English Dictionary. Y ahí es nada: el que hace un tour, especialmente quien lo hace por recreo, el que viaja por placer o para aumentar sus conocimientos culturales visitando lugares por sus objetos de interés, su paisaje o su peculiaridad. Así que también me he encontrado una referencia al historiador Edward Gibbon que dice que “a fines del siglo XVIII podía haber en Europa unos cuarenta mil ingleses practicando el Grand Tour educativo, sin contar los que estuvieran haciéndose por otros motivos”. Que ya eran cifras: al menos 40.000 desocupados -la cuestión era el ocio- pululando por el Viejo Continente. Turismo.

Tal era la percepción de que aquello del turismo era cosa de ingleses que el Dictionnaire de la Lengue Française (Hachette, Paris, 1873-1878)  define la entrada Turista como “viajeros que transitan por países extranjeros por curiosidad y porque no tienen nada que hacer, que realizan una especie de gira por los países habitualmente visitados por sus compatriotas (se dice, sobre todo, de los viajeros ingleses en Francia, Suiza e Italia)”. Y ojito a ese “porque no tienen nada que hacer” y a ese otro de que “se dice, sobre todo, de los viajeros ingleses”…


Vale, el turista era un tipo inglés que se hacía el Tour y disfrutaba. Pero hasta 1911 no se atrevieron los de The Oxford English Dictionary a definir el concepto Turismo y se sacaron de la manga una definición tal que así: teoría y práctica de hacer viajes turísticos; realización de viajes de placer. Coinciden los expertos que le otorga ya una dosis de fenómeno social.

Y será un austriaco, Josef Stradner, en 1905, el que afine más la cosa con eso del turista que practica turismo al hacer entrar en escena la cuestión de la pernocta: “Aquellos que motu propio se detienen en un sitio fuera de su lugar de residencia y con su presencia en ese país no persiguen ningún propósito económico sino buscar la satisfacción de una necesidad de lujo”. Bueno, podríamos matizar al austriaco, con lo que ha llovido desde entonces y la socialización del turismo, pero excede de los cometidos de este Post.

Pero ya que estoy en nombres, no puede faltar en esto el del italiano Luigi Bodio. Bodio era un economista de del XIX que estaba pirao por la estadística, pero que fue el primero en analizar lo que representaba el turismo en su país ya en 1899 con “El movimiento de extranjeros en Italia y el dinero que se gastan” en una etapa de exaltación de lo italiano (recordemos que Italia “es un invento” de 1861, cuando el país se reunifica). Vale que era para echarse flores, pero comenzó el estudio del fenómeno con cifras en la mano. Y entonces no era fácil.

En fin, que en cuando nació la moda de hacer turismo comenzó nuestra bendita manía de escudriñar en las cuestiones propias y derivadas del mismo.




16 abr. 2017

DEL BOSQUE DE COLÓN, DE DON CRISTÓBAL


La Agenda del verano la tengo ya bastante completa; prácticamente cerrada. Sí, tiene días de playa; pero sólo para que no se piense que soy un bicho raro. Y sí, algún tiempo se pasa en Benidorm. Pero si es que fuera de Benidorm habiendo chiringuito a mano, donde también pega el sol, ¿para qué la arena? Y yo vivo todo el año en Benidorm. Pero bueno, eso son detallitos sin importancia.

Nada más comenzar junio, a Pontevedra para el 1er Congreso de Historia del Turismo. Ponencia finiquitada, presentación *pwp de apoyo en perfecto estado de revista y ejemplos optimizados. Ahora ultimo el paquete postcongreso, que siempre es el mejor, y que me pondrá a tiro de la siguiente paradiña/etapa para un curso de verano en Asturias.

Y héteme aquí que, buscando cosas que hacer y ver en Poio, he dado con el Bosque de Colón, de don Cristóbal. Sí, ¡un bosque se secuoyas rojas de California en Galicia!

La secuoya roja (Sequoia serpervirens) es un perennifolio muy longevo, el que más, que puede llegar a vivir 3.000 años y ganar la máxima altura que en un árbol se conoce; bautizado como “Hyperion”[1] mide 115’61 metros de altura en un tronco de 8 metros de diámetro en el Parque Nacional Redwood en California.

En Europa, desde mediado del XIX, siempre ha habido algún intento de introducir secuoyas -rojas y gigantes (que es otra variedad que engaña por su nombre, porque no son tan altas como las roja pero sí de tronco con mayor diámetro)-; incluso en España hay ejemplares, casi siempre regalos distinguidos; que si de la propia Isabel II, que si de un congresista USA. Las de Granada lo son del duque de Wellington, por lo que los del lugar las llaman Welintonias y Santas Pascuas que son. Las hay también en el Palacio de La Granja y en la Sierra de Guadarrama -por cierto, el único lugar del mundo en el que hay indicios de regeneración natural de la especie; ¡toma ya, yakees!-, en el Monasterio de Silos (Burgos), en la Sierra de Huetor (Granada)… En muchas partes hay ejemplares de secuoyas. Bien documentadas están las de Cabezón de la Sal (Cantabria), plantadas en 1940 como idea de reforestación del Régimen, que al final se decantó por los pinos que crecen mucho más rápido. Pero desde 2003 el Bosque de Secuoyas de Cabezón es Monumento Nacional y está protegido.

Por cierto, la secuoya gigante que es la más difundida de por aquí (Sequoiadendron giganteum), pero es otra cupresácea, prima al menos de la que nos ocupa. La llamaron “gigante” porque aún nadie había reparado en la secuoya roja o porque es “más gorda” de tronco… y porque en aquellos años nadie subía a medirlas y esperaban a que cayeran/talaran para hacerlo. El ejemplar más notorio, General Sherman, llega a los 83’79 metros y su tronco tiene un diámetro de 31’27 metros. Imponente.

Me atrae la secuoya roja de Poio, de líneas, digamos, más esbeltas. Me atrae el Bosque de Colón que está en Poio, a un palmo del hotel del congreso, en el Monte Castrove.

Y me atrae que el lugar elegido para plantarlas fuera Poio, que se llame de Colón y que entre en liza la teoría de que don Cristóbal era de por allí. Uf, ¡cómo se pone la cosa! Es más, en Portosanto (Poio) está la Casa-Museo de Colón (que ya visitamos y hablamos cuando el congreso de centros urbanos). Sí, en la desembocadura del Lérez y frente al astillero donde se construyó la nao “La Gallega” que luego bautizarían como “Santa María” para irse a descubrir las Américas. A Celso García de la Riega se le debe la teoría de “Colón español; origen y patria”. Ya saben: los primeros 
descubrimientos en el Nuevo Mundo llevan marchamo, dicen, de su “Galicia natal”. Así, Isla de San Salvador (como la parroquia donde se sitúa hoy la casa-museo), bahía de Portosanto, isla La Gallega, Punta de San Miguel (cofradía de Mareantes de Pontevedra) o Punta Lanzada (en referencia a la playa de la Lanzada, de Sanxenxo o O Grove), o que Colón, cuenta fray Bartolomé de las Casas, mandara celebrar la fiesta de Santa María de la O (18 de diciembre), patrona de Pontevedra… o la mención a los Colón en el altar de Santa María de la O. En fin; que esto va de secuoyas y no de Colón descubridor.

De Pontevedra, me quedo con la Iglesia de la Peregrina, con planta en forma de vieira, y las historias del loro Ravachol; menudo c…, que  a mí me recordaba por nombre al “Ravatxol”, el barco-correo que recorría los intrincados canales de la Albufera de Valencia conectando los pueblos albuferencos con el Cap i Casal.

Y volviendo al bosque, de Colón, lo que más me atrae del mismo es que hay una resolución del Congreso de los Estados Unidos para el envío de los 500 ejemplares de secuoyas rojas de California que lo integran y que se plantó a finales de 1992 como “regalo a las gentes de España conmemorando el 5º Centenario del Descubrimiento”.

De la Resolución me gusta eso que dice que “cada persona que visite el Bosque de Colón pueda experimentar la impresionante potencialidad y la maravillosa belleza de la creación, al tiempo que representa la esperanza de un futuro de creciente amistad entre los pueblos de ambos hemisferios”. Si esto es para irse ya a verlo; no sé si voy a poder aguantar. Y más este año que los “arbolitos” van a cumplir sus primeros 25 años y el Ayuntamiento de Poio/Poyo a nombrado este año 2017 como “Año del Bosque de Colón”.








[1] Mira que le gusta la mitología griega a los yankees. Todo el día con Homeros y Jasones (de los argonautas) que ellos llaman “Jómer” y “Yeison” y hasta aquí me llegan. De Hiperion y Tea nacieron Helios (el Sol), Selena (la Luna) y Eos (la Aurora) que bien sea de día o bien sea de noche, siempre iluminan a los mortales en su deambular por la Tierra. 

15 abr. 2017

DE SER UN WINE LOVERS DE BODEGAS MENDOZA


Han prorrogado, como las buenas compañías de teatro cuando la obra que representan es un éxito. Tras alcanzar la gloria -y la masificación- de las cinco ediciones  anteriores de la Mendoza’s Experience, este año mis amigos de BodegasMendoza le han dado un vuelco a la cosa… y tres, serán tres, jornadas. “En los papeles” y la Internet se anunciaban dos, pero hoy sábado vuelven a la carga: demanda que hay. Y los muchos que os habéis quedado sin ir… al año que viene, otra Wine Lovers Editions, que ahora se llama así

Y es que, si no ha estado entre los “elegidos” –vamos, entre quienes fueron diligente a la hora de reservar-… no se sabe lo que se pierde. Han duplicado el caché, sí; pero ofrecen quince veces más todo tipo de sensaciones relacionadas con el vino: hasta te la dan con queso, que de eso se encarga Ladespensa de Andrés, de Ibi.

Les he contado más de una vez lo que son -y representan para mí- mis amigos de la familia Mendoza-Gracia. Sí, son Mendoza, de Bodegas Mendoza; son la viva esencia de Enrique Mendoza viticultor, que así gustan de lanzar sus vinos en homenaje al padre, y yo es que siento debilidad por su madre, Asunción, que fue a la primera que fui a saludar nada más llegar al Pago -sí, está entre los Grandes Pagos de España- de la Partida El Romeral. Es que no puedo olvidar como ella ha vivido, ha apoyado y ha liderado, como madre, el proceso. Debilidades que uno tiene (si hasta va a resultar que no soy divino…)

Y hablando de vino… En El Romeral te sumerges en el Mundo del Vino de Bodegas Mendoza rodeado de auténticos wine lowers que impresionan por su juventud (treintañeros, cuarentañeros). Algún carroza quedábamos, pero disfrutábamos con los matices de los conocimientos que derrochaban aquellas jóvenes parejas. Porque resulta, una vez más lo hemos comprobado, que esto de beber buenos vinos va en pareja, aunque abundaba el sexo femenino. No, no estabas de vinos con amigotes, no; había profundidad en la charla y en los talleres.

Sí, el Taller de Agricultura Ecológica sobre el viñedo y el mimo a las cepas es interesante, también lo es educar la pituitaria para saber si de verdad un vino “huele” a corcho testándonlo sobre un vino Bouchonné[1] en copa negra. Si has estado un par de días con Pepe, o con Enrique-Pepe-Julián, ya sabes que no es lo mismo “nariz, aroma y bouquet, aromas primarios y secundarios, y lo de la ‘copa parada’ y los golpes de nariz”, y terminas sabiendo lo que es el TCA[2] de la degradación de los TPA[3] y lo que en realidad es olor a hongos contaminantes, y así no caes como lo hacen “los entendidos” con los que más de una vez te has topado.

Y más.



En los días previos a esta cita de Semana Santa le leía a Pepe que uno de los mayores atractivos sería la cata guiada en la cava subterránea de la bodega; lo de “pipetear directamente en barrica y meterse en la piel del enólogo”, que es meterse en la suya en el trabajo de cada día. Y a fe que sí. Y no vean el taller de cata de añadas antiguas -¡qué grandes recuerdos ante la contemplación de las antiguas etiquetas de Bodegas Mendoza!- de mediados de los 90, con degüelle mediante tenaza al rojo vivo, pluma de ave, gota de agua, corte limpio, filtrado al decánter y lacrado del vidrio. Una experiencia que sólo se puede tener ante vinos de tronío, en sitios de ídem, no siempre al alcance de nuestro bolsillo (o al menos del mío… que soy bebedor de cervezas).



Y a todo esto sumen la posibilidad de disfrutar de hasta 10 vinos de la bodega -yo me quedé en 3 (los tres “míos”); huyo de los blancos y rosados y no llegué al Moscatel- probar unas cocas del terreno exhibiendo buenos embutidos, la aventura de tastar hasta 100 quesos, un arroz alicantino -de Pepe “El Moliner”- de los que “quitan el sentío”, y hasta el cóctel con Dolç de Mendoza que realizó la bartender Marina Canales. Yo, en vinos y tras una hábil negociación, me centré en el Petit Verdot, el Cabernet-Shizaz (“less Internet and more Cabernet”, se leía en un cartel) y el Santa Rosa. Echo de menos aquél Merlot de los primeros años de la bodega, pero el que sabe, sabe, y Pepe se centra en estos caldos ahora.

Vista parcial de la mesa de quesos y Andrés García impartiendo su masterclass

Esta edición rompió moldes con los quesos. Vinos y quesos. Me habían dicho que es cosa de los taninos del vino, que bloquean la lengua, pero armonías entre vino y queso ya hay constatadas. No obstante con mi sentido del gusto tan primitivo, entre neandertal y cromañón, disfruté como un enano con los quesos que anclaron su real en la entrada a la sala de embotellado de la bodega. Andrés García (la despensa de Andrés; we love cheese) echó el resto con los 100 quesos artesanos más importantes de Europa, cachito a cachito, y una master class final con el propio Andrés, con sabores in crescendo hasta dormirte la boca y resucitarla con un noruego, que para eso sirve el queso noruego.

Y a todo esto, te encuentras con amigos -como Lluís Ruiz (diario de un glotón)- y disfrutar del conjunto -sol, buen vino, viandas, amigos y wine lovers- con la música de The Crooners, jazz y swing.

Un año más, gracias Pepe por esta mañana de fiesta para los sentidos y el corazón; gracias Enrique, gracias Julián… Muchas gracias Asunción.













[1] Vamos, que sabe a corcho. Vin nouchoné:  vino “corchúo”, contaminado por moho.
[2] Tri-cloro-anisol
[3] Tri-cloro-fenoles en general

14 abr. 2017

DE LA PATATA (I)


Pues no que Roc me recuerda que el antropólogo José Manuel Reverte, que fue alcalde de Benidorm (y famoso en su etapa de investigador forense al resolver el doble asesinato del Mesón del Lobo Feroz, en 1987), en su etapa municipalista y en promoción por Bélgica siempre recordaba a Dodonellus de Malinas como introductor de la patata en aquél país, cosa que gustaba por aquellos días al público al que iba dirigida la acción promocional, a los belgas.

Y nada, que el tal Dodonellus se fue haciendo un hueco en algún imaginario, pero yo no he sabido dar con él. Hasta me he puesto en contacto con el Museo de la Patata (frita) de Brujas. Lo descubrí una buena mañana de verano callejeando; a un paso de la plaza Jack Van Eick, en un edificio de pinta gótica que entretiene... y lo de dentro. Y mientras espero la respuesta, desespero.

Porque…  es que la patata… Passsa con el Darwin tanto dar la lata, si el hombre viene de la patata, que cantaba La Trinca: esta teoría es incuestionable, lo de la patata es un hecho palpable… cuando Adán y Eva metieron la pata, no fue la manzana, que fue la patata…  


Con la patata tengo mi anécdota de joven ingeniero técnico agrícola que en salida de campo se embelesa con gran mata de flores blancas y las lleva a su madre que, con ternura -quiero recordar-, musitó algo así como “para esto te pagamos una carrera”… tras lo que opté por esto de juntar letras y la Geografía. Eran flores, preciosas flores blancas… de patata. Yo entiendo a Luis XVI y a María Antonieta ante la flor de la patata; pera la suya fue otra historia.

Cuenta la leyenda andina peruana que unos opresores segaban las cosechas una y otra vez para hacerles perecer por hambre. Invocando a sus dioses les animaron a plantar lo que ellos les enviaban y que dejaran segarlas a sus enemigos; después ellos encontrarían un tesoro bajo tierra, la patata. Y así fue… que como leyenda no está mal. Pero ese tesoro enterrado no fue del gusto de los españoles que arribaron a aquellas tierras… hasta que a fuerza de pasar hambre y por recomendación del corregidor de Huarochiri (Perú), Diego Dávila, a partir de 1586 no hubo más remedio que echarlas a la olla.

Un poco antes de esa fecha había llegado la patata a la península, por sus flores. No tenemos fecha concreta, pero todo un éxito editorial como fue la obra de Pedro Cieza de León en 1533, la Chronica del Perú, describe que por allí, por el Perú, se cultivaban “batatas dulces, por el sabor de ellas es casi como de castañas, y asimismo algunas papas y muchos frisoles y otras raíces gustosas”. Es la primera referencia a la patata: papas. La “patata” nuestra viene del patatoe de los British. En 1555 es Agustín de Zárate el que en su Historia del descubrimiento y conquista de la provincia de Perú, editado en Amberes, se recrea más en los datos, consumo (allí) y cultivo de la papa. Y aún más abundará en la papa el carmelita fray Antonio Vázquez, en 1622, en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales.

Pero hasta la hambruna de 1586 a nadie se le había ocurrido echar a la olla el “tesoro bajo tierra” que habían anunciado los dioses a los andinos. Hasta entonces, donde había castañas, no había hambre. Pero una brutal epidemia acabó con los castaños (Castanea sativa) desde Galicia hasta el confín mediterráneo. Los primeros en echar la patata al caldo aguado fueron entonces (1586) los hermanos del sevillano Hospital de las Cinco Llagas/Hospital de la Sangre (hoy, sede del Parlamento de Andalucía) que las habían plantado como ornamental en sus jardines. La patata y el maíz se mostraron eficaces sucedáneos del trigo y del centeno -la cebada o la almorta- con la que se hacían gachas; las patatas venían a sustituir al pan. El Ejército copió a Sanidad y patatín, patatán. En su Crónica del malvivir, el profesor Juan Ignacio Carmona (U Sevilla) señala que por aquellos días “lo normal era el hambre cualitativa: una alimentación deficiente, monótona... pan acompañado de vino, alguna hortaliza y salazones”. Bien por la patata, bien.

Pero la patata, había sido planta ornamental. Tan interesante que una vez llegada a España, en fecha imprecisa, goza de total aceptación en jardines con la pureza de su blanco, después de unos inicios morados, embelesa y ensalza aún más la virginidad que el azahar. Tal vez por su blancura, sabemos que en 1558, poco antes de morir, el emperador Carlos decide mandar patatas para su cultivo ornamental en Roma al Papa Paulo IV; y en Roma se plantan.

Y hasta donde uno llega, a expensas de la respuesta del Museo de la Patata, es que un legado pontificio del papa Gregorio XIII, en 1587, hizo llegar la patata a la ciudad de Mons -que bien sabe de las andanzas del duque de Alba en 1572- como regalo papal al Señor de Waldheim, Philippe de Sivry, el gobernador. Por otros caminos llegará también la patata a la Cátedra de Botánica de la Universidad de Leiden (entonces parte de las Provincias Unidas, hoy Holanda) en 1593. Con todo, tenemos la patata en Bélgica.

Y hasta aquí, sin pistas de Dodonellus de Malinas (o de Mechelen, en flamenco), con lo que no quiero que se me mosqueen los “maneblusers”, que alguno llamará malinenses. Se les llama “maneblusers/apagalunas” a raíz de un incidente/anécdota ocurrido en la madrugada del 28 de enero de 1867 cuando todo Malinas se echó a la calle, pozal en ristre, para apagar el incendio de la torre de San Rumoldo… y sólo era el reflejo de la luna en la cima de la torre de casi 100 metros de altura. Es que…

A Irlanda, me cuentan, no llegó la patata en 1565; parece que fue la batata, con “b”. Lo siento, John Hopkins; siempre serás un pirata. Hay gente investigando el ADN de la patata irlandesa y parece que les llegó desde Inglaterra, de las que se trajo el capitán Thomas Harriot en 1586, y bien documentadas que aparecen en la Collectiones peregrinatorum in Indiam orientalis et occidentalem de los De Bry y Johan Wechel. Chico, Hopkins, la fuerza del papel y de la ciencia; ajo y agua.

Y, fumando un Vegueros espero la llegada de la comunicación del Museo de la Papata. Que no quede por dar con Dodonellus de Malinas o de Mechelen.