24 ene 2016

DE QUE… NI BENIDORM SE QUEDA SIN TURISMO, NI SE QUEDA SIN PLAYAS. DEL CLIMATÓLOGO JORGE OLCINA EN “LOS CAFÉS DEL MELIÁ”


Pasó a tomar café con nosotros el catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina Cantos. Director del Laboratorio de Climatología, experto Riesgos Naturales, director de la Sede Alicante y no sé cuántas cosas más con sus pocos años aún. Llevábamos detrás de él ya un tiempecito y, al final, conseguimos un hueco en la agenda: clases, exámenes, conferencias, ponencias, artículos y atender a Medios de Comunicación. En alguna cadena de radio es “hombre del tiempo” con galones y entorchados y en “Los cafés del Meliá” íbamos a hablar de clima y de cambio climático… (y hago una excepción porque me cuesta escribir esa conjunción de palabras que sólo es una redundancia: el clima es dinámico y cambia).

Jorge, como otros ilustres, fue profesor mío; esa suerte que tuve y tengo. Y recuerdo a aquél joven que encandilaba a muchas y despertaba la admiración de todos. Tal vez por mi vinculación a los Medios (y por mi edad) entablamos un grado de comunicación epistolar y verbal superior a la media, que seguimos manteniendo para todas las cosas que Jorge y el resto de componentes del Instituto de Geografía de la UA siguen haciendo en Benidorm: agua para arriba, riesgos naturales y ordenación del territorio a cada paso, y clima para abajo donde comentamos todas las boutades, chorradas y simplezas que se atreven a comentar algunos, y señalamos el acierto en muy contadas ocasiones.

Y es que Jorge, a la luz de los conocimientos, los datos y las evidencias científicas, lamenta la mediatización del tema -del CC- y nos anima a olvidar la visión catastrofista que se empeñan muchos en lanzar. En primer lugar, es que no va a ocurrir de hoy para mañana y podemos sacar conclusiones y trabajar en las cosas que nos pueden ser útiles. ¿De la COP de París?; mejor no hablar.

El caso es, explicaba Jorge a unos tertulianos que fuimos copando el salón al compás del avance de las agujas del reloj, que al funcionamiento natural del planeta se ha unida la acción antrópica y, denuncia, se está desinformando a la sociedad. Pide desvincular el tema de la política de los políticos y de los grupos de presión de toda condición, incluso de los ecologistas, y tratarlo única y exclusivamente desde el punto de vista científico. Y, añado yo, para esto no hay nada mejor que la visión de conjunto que sobre el territorio ejerce el geógrafo. Yo también soy, y me siento, geógrafo. 

El principal problema es la comunicación, insistió el profesor Olcina: noticias exageradas y utilización ideológica del tema.

Atrincherado en las evidencias científicas, que ya son bastantes y en unos pocos años serán más y en todos los sentidos, huyendo de las paranoias, nos contó que para el Horizonte 2050 lo único cierto es la pérdida de rendimiento en algunos cultivos y planteó anticiparse a los acontecimientos. Puso como ejemplo las empresas Freixenet y Torres; ya han comprado tierras en el pre-pirineo leridano para seguir con sus vides y sus caldos.

Insistió Jorge en lo que muchas veces he planteado yo en este Blog (he sido su alumno; y lo sigo siendo), pero él con mucha mayor autoridad: la alteración en el BEP (Balance Energético Planetario) es la clave del asunto. Ya hay cinco informes del IPCC y habrá que empezar a tomarlo en serio, pero lo que se cuenta sobre la afección al turismo no pasa de ser un brindis al sol.

Reclamó prudencia porque aún estamos ante una hipótesis en fase de confirmación. Y es que, insiste, lo importante del CC no se cuenta: el ser humano puede adaptarse a cuestiones de temperatura y precipitación donde una atmósfera más cálida implica mayor inestabilidad -riesgos naturales a los que prestar atención- y pérdida del confort climático -ausencia de malestar térmico- por lo que nos anima a mejorar el diseño urbano y la funcionalidad de los edificios. La cuestión, considera, no es dramática, pero sí trascendental: algo tendremos que tener preparado. Y “el CC puede ser una oportunidad para nuevas posibilidades”. Así que, arquitectos y urbanistas de por aquí, gentes en general, echen mano de los diagramas de Baruch Givoni y de Víctor Olgyay, y atiendan los postulados del profesor Olcina.

Lo único constatado en nuestras latitudes es el aumento de noches tropicales. Una noche tropical es aquella en la que la mínima no baja de 20ºC… y el cuerpo no lo acepta y se resiste a conciliar el sueño y descansar. La temperatura diurna se mantiene en sus cotas habituales, pero por la noche “no refresca”.

Jorge propone, ante la posible merca de caudales hídricos o temporalidad de los mismos, trabajar en sistemas de acumulación de agua; volver a los tiempos del aljibe. También, diseñar protocolos sanitarios para olas de calor. Y varias otras medidas más que se hacen necesarias. Hasta ahora hemos puesto en marcha políticas de ahorro energético tendentes a la sostenibilidad; bien, pues ahora habremos de poner en marcha políticas de territorio -preparar el territorio- y educativas, fundamentales.

Bueno, hablamos de mucho más e incidimos en muchos otros aspectos relacionados con el turismo: que si el nivel del mar -cuya presunta subida apenas si vamos a notar en el Mediterráneo-, que si la posible ampliación de la “temporada” turística, que si tal y que si cual, Pero siempre abundando en la necesidad de adecuar el diseño urbano y la funcionalidad de las edificaciones que, de cara a la necesidad de revisar nuestro PGOU con vista en el horizonte 2050 se hacen necesarias.

Ni Benidorm se queda sin turismo, ni Benidorm se queda sin playas, pero nos dejó una agenda de la sostenibilidad: agua, eficiencia energética, limpieza y reducción de riesgos. En el caso del agua, alabó la acción del Consorcio de Aguas de la Marina Baixa, la gestión general y la labor de los hoteles; pero animó a realizar infraestructuras de cara al futuro.



Ah, y se animó a volver a tomar café con nosotros a la vuelta de un par de años para que comprobemos sus análisis. Le vamos a tomar la palabra. Hoy, por e-mail, me cuenta que se lo pasó muy bien con nosotros; y nosotros, mejor que él. Gracias Jorge.





PD.- No asistió Mario Ayús (un beso Mari; recupérate). Así que actué de guardia de la porra y afotador ofisiá, por lo que la calidad del material gráfico es más que lamentable: deplorable. Disculpen.





19 ene 2016

DEL RECELO ANTE LA “NUEVA LEY DEL TURISMO”; COSAS DE LA COMUNITAT VALENCIANA.


Nada, que llega uno de Brabante, de dejarles sin cerveza, y se encuentra que aquí solo queda el apuntador: que están todos los son en FITUR. Hasta alcaldesa accidental que tenemos.

Y no me aguanto más esto que me pesa desde que lo supe: lo de la “nueva” ley del Turismo de la Comunidad Valenciana. Vale que es hablar por hablar -hasta del nuevo Libro Blanco del Turismo que me están pariendo- pero es que me temo lo “pedor”.

Es que en Turismo, todos hablamos la misma lengua pero no el mismo idioma. Y me explico: lo de “lengua” me lo entienden vuesas mercedes como sistema lingüístico de comunicación, y como “idioma” hacen lo propio con las peculiaridades de estilo de ese sistema. Vamos, que filosofar sobre el concepto Turismo -incluso sobre “Ocio” y hasta sobre “Hospitalidad (¡que insana manera de traducir mal las cosas y los topicazos!)- todos sabemos un rato (y por ahí están los múltiples ejemplos de lo que llaman turismo), pero entablar una mediana e inteligible conversación sobre la realidad del concepto (eficacia de modelo) sólo quedan (¿quedamos?) unos pocos por ahí con ganas de hacerlo. 
La diferencia entre pasatiempo y economía colaborativa, por un lado, y profesión y economía productiva, por el otro, salta a la vista... de todo el que quiere verlo. Pero… en el país de los ciegos, el tuerto ve más que ninguno.

Dejando de lado que la ley lo que de momento busca es cargarse los patronatos de Turismo de las Diputaciones y que sólo desde el Cap i Casal dirijan el cotarro con la habitual merma de miras que otorga la altura del Micalet (recordemos que por la curvatura del planeta la visión máxima en condiciones óptimas no rebasa los 40 kilómetros)… pues, que estamos aviados. No sé yo si recortarme (aún más) la barba porque no hay mayor ciego turístico a la orilla del Turia que el que no quiere ver quién maneja la barca del Turismo.

En fin, que soy un cándido en esta materia.

Y yo que hasta me creía que el turismo era innovación; y que hasta la promo de la nueva ley asegura que “la Comunitat se merece tener una ley de vanguardia, innovadora, que actualice, que modernice y que también fije las coordenadas y criterios, y que enmarque qué modelo turístico queremos representar en este mundo global”. ¡Pero bueno!, ¿Aún no tenemos claro el modelo?

Como dije, y ahora insisto, miedo me da la -por mí- temida “nueva” ley del Turismo, Ocio y Hospitalidad; no hace más que arrancarme recelos.  Lo del Ocio lo llevo como lo llevo. Ocio: “diversión u ocupación reposada”. Uf, reposar las cosas; pues que en esto del Turismo no estamos para mucho relax. Bueno, hay que ofrecerlo; pero no podemos  recetarnoslo. Somos lo que somos: la fiesta del turismo.

Y la guinda final: la hospitalidad. Aquí es que me han “matao”. Me inclino por la suspicacia. La hospitalidad, sí, es la virtud que se ejercita con unos que la necesitan y, por encima de todo, la práctica de la buena acogida y recibimiento que se hace con extranjeros y visitantes. ¿Qué busca la ley con el ramalazo de hospitalidad?; ¿Qué se pretende colocando la palabra en el título de la ley?
Pero, sobre todo: ¿A quién se dirige?

Vale que es un elemento clave y un factor básico en la satisfacción de quienes nos elijen. La hospitalidad, de siempre, se ejerció de un modo generalizado; era una obligación social. Del hospitium latino derivan desde hotel a huésped; la hospitalidad es el cimiento de la construcción del Turismo.

Yo es que no salgo de mi asombro: “no hay nada que represente mejor la misión y propósito de la hotelería que la hospitalidad, o sea, la cualidad y actitud de acoger amablemente a los visitantes”. En este principio se encierra toda la sabiduría y conocimiento que podemos desarrollar en relación fundamental que marca el turismo: la de los clientes (huéspedes) con el establecimiento.

¿No han podido encontrar las sesudas lumbreras que trabajan en ello mejor iniciativa –“hospitalidad”- con la que acercarse a los que hacen posible nuestra posición en el turismo? Vamos a volver a las Téseras de hospitalidad de las tribus íberas. Si es así, me apunto: cambiamos el modelo de puntuación de hoteles, como se pretende, y le añadimos el concepto de tésera: ¿unas manos entrelazadas a la esencia romana?, ¿un delfín?, ¿un jabalí?, ¿la tésera de Munigua? ¡Cuánta duda, Dios mío!

Espero que la llegada de la nueva directora general, que sale de la fuente de la Academia (de la Universidad) -de Sociología del Turismo-, aporte algo de inspiración a los muñidores de estas cuestiones expuestas en una lengua que nuestro idioma no entiende. En la Fons Sapientae, en Lovaina (cuna de la más antigua universidad de Europa), la cabeza del personaje está completamente hueca… Y el líquido que le entra, le sale… salvo en invierno, que por allí se congelan las ideas.


Nota: lo que el estudiante feliz lee es la Fórmula de Geluk, la fórmula de la felicidad.


8 ene 2016

DE CUANDO DEJÁBAMOS NAVEGAR POR EL MISSISSIPPI. DE LA PIEDRA ELLICOT


Resumía yo la entradilla a una charla sobre cuestiones económicas del XVIII, pues se hacen imprescindiblemente necesarias unas pinceladas históricas, que en tiempos de Carlos III, “cuando la Guerra de independencia de los Estados Unidos (1776-1783) España continuó la alianza que mantenía con Francia e intervino contra Inglaterra. Así, desde la Declaración de Independencia (04.07.1776) los sublevados recibieron ayuda española, de forma solapada. Pero ya en 1779 se rompieron las relaciones con Inglaterra: asediamos Gibraltar (sin éxito), pero pudimos recuperar Menorca (y mantener la tradición de destilar ginebra). Entonces, el bueno de Bernardo de Gálvez ocupó todo lo que pudo al Oeste de Florida. Al final, Inglaterra, aislada y sin poder someter a los rebeldes, tuvo que firmar la paz (Tratado de París; 1783). Se reconocía la independencia de las Trece Colonias como los Estados Unidos de América y se otorgaba a la nueva nación todo el territorio al norte de Florida (que era española), al sur del Canadá (que se reservaba la Corona británica) y al este del río Mississippi (que era francés y fue cedido sin más). El Paralelo 31º fijaba la frontera sur entre el Misisipi y el río Apalachicola. Los británicos firmaron también el mismo día acuerdos por separado con España, Francia y los Países Bajos, que ya habían sido negociados con anterioridad. España mantenía los territorios recuperados de la isla de Menorca y Florida (oriental y occidental). También recuperábamos las costas de Nicaragua y Honduras (Costa de los Mosquitos). 
Desde el Tratado de París de 1763 (veinte años antes), la extensa Luisiana era española.

Así con la Florida por el Sur y la Luisiana por el Oeste, era necesario fijar muy bien las fronteras con el nuevo país. En 1763 los británicos habían movido la frontera (a 32º 28’ N); el paralelo 31º les quedaba alejado de los puestos comerciales fortificados de los ríos Mississippi, Alabama, Tombigbee y Chattahoochee. Obviamente, con los acuerdos de 1783, España exigió la vuelta a las fronteras originales a los nuevos, aduciendo los viejos derechos de conquista. Y, con un par, prohibieron a los nuevos estadounidenses navegar por el Mississippi.

En junio de 1784 el murciano José Moñino, conde de Floridablanca, actuando como lo que hoy sería el ministro de Asuntos Exteriores de la superpotencia que entonces éramos definió la frontera, un río tras otro: desde el Apalachicola al Flint, al Hiawassee, al Tennessee, al Ohio y al Mississippi. En nuestro territorio se quedaron los Cherokees, los Chickasaw y los Choctaw y mucho antes que los del Far West y John Wayne hiciera películas de indios y vaqueros ya nos las tuvimos que ver con ellos.

Ya con Carlos IV, por el Tratado de San Lorenzo el Real (1795) el espadón pacense Manuel Godoy firmó, en nombre del rey, con Thomas Pinckney, representante del presidente George Washington -quien lo refrendó al año siguiente- (pues rápidas eran las comunicaciones entonces) acordamos cuestiones de amistad, límites y navegación. Aquí les dejamos ya navegar por el Mississippi y llegar a New Orleans. Ah, y compromiso mutuo de reprimir las hostilidades cometidas por los indios contra la parte contraria, y de no establecer alianzas con los indios que habitasen en la otra parte.

Unos añitos después; hacia 1810 aún éramos tela, ¿eh?
Y allí fijamos la frontera en el Paralelo 31 y, por medio, los ríos Mississippi y Chattahoochee; y por el río Flint al Santa María y al Atlántico. Y acordaron nombrar un comisario y un topógrafo, por cada parte, para -conjuntamente- para marcar los límites territoriales. Por parte yankee acudieron el comandante Andrew Ellicott y el mayor Thomas Freeman; por parte española, el gobernador de Luisiana, Barón de Carondelet (un francés que había hecho carrera con la Corona española en América) y el teniente coronel Gilberto Guillimard (otro francés al servicio de España), que, como es tradición, bien pronto delegaron. 

Durante 4 años los miembros de aquél equipo se patearon la frontera y la mojonaron observando y cartografiando la posición de las estrellas, obviando el poder de refracción. Los Estados Unidos celebraron el bicentenario de esta expedición entre 1996 y el 2000; nosotros, obviamente, no. Ellos se volcaron con “El bicentenario de la línea de demarcación entre el Territorio de Mississippi y West Florida española”. Nosotros, ni un triste recuerdo. Está mal visto por la progresía recuerdos imperiales; y por lo que no son progresía, también.

Gracias a que ellos lo celebraron te enteras que pese a todos los permisos del mundo, la expedición se encontró con el celo de los soldados españoles en la zona y se les detuvo en febrero de 1797 en Nuevo Madrid (Missouri); que el fuerte español de Chickasaw Bluffs (hoy, Menphis) era uno de los grandes y se convertía en la puerta del Mississippi comercial; que España mantenía galeras de patrulla por el río; que Cincinnati era un emporio español y que al Barón de Carondelet se la traía al pairo el trabajo, porque le preocupaban más los indios; indios que en junio de 1798 los llevan a mal traer. En noviembre de 1798 termina la comisión el trabajo de campo y los planos se concluyen en febrero de 1799, aunque hasta marzo de 1800 no están confirmados con la verificación astronómica. Tras ello, la frontera queda fijada y el punto de origen queda marcado con un mojón que hoy se conserva: la Piedra Ellicot.

La Piedra Ellicot está en el Paralelo 31, el Paralelo de San Esteban, en la margen derecha del delta Mobile-Tensaw. En 1803 se designó este punto como el inicial para la confección de cuadrículas base para el reparto de tierras (sistema de la milla cuadrada) estatales y se tomó como referencia para marcar el límite actual entre Alabama y Florida (a tantas millas de…). Por un lado, en la Piedra Ellicot está grabado: US Lat 31 – 1799. Por el otro: Dominio de Su Majestad Carlos IV. Lat 31 – 1799; nosotros, siempre más.

La piedra Ellicot, con “nuestra” inscripción; la yankee, del otro lado

Los yankees valoran la piedra, por la historia que tiene: Monumentos histórico. Nosotros ni recordamos lo que fuimos porque hay mucho lerdo tergiversando la Historia


5 ene 2016

DE LA DUODÉCIMA NOCHE, LA DEL 5 DE ENERO


Esta noche es la Noche de Reyes, la duodécima desde la Natividad. Es noche mágica para la ilusión de los niños y con la ilusión de los más pequeños no se debiera jugar en la absurda forma en que lo hace la progresía. Hay mucho zascandil suelto metido a edil y un vacío inmenso entre las sienes que han procurado llenar solo de indigencia intelectual.

No sé si el problema de los republicanos trasnochados es que se les llame, a los protagonistas de esta noche, “Reyes” (Magos) y esa palabra -rey; plural, reyes- es tabú para ellos, o que alguno de ellos llevaba oro capitalista, de siempre asociado a la figura ancestral del rey, al Portal de Belén. Hasta donde yo llego, nunca quedó escrito que fueran reyes; todo lo más “sabios”... y, claro, el concepto sabiduría es ya de por sí clasista (unos saben y otros no) y no pega nada con la progresía. Si se hubiera tratado de lerdos en camello, no habría problema.

Otro sí digo, considerando que, nadie se pone de acuerdo en el número. Pero como tres parece que fueron los presentes: oro, incienso y mirra… pues hay quien dice, en el colmo de la sabiduría políticamente incorrecta -claro-, que si hubo tres regalos, pues…. ¡Tres reyes! Y tan campantes. Si hubo cuatro, como en la baraja, alguno repitió regalo y no está bien que de un algo haya más que de los otros. No te digo cinco reyes o doce reyes, que también se apunta.

Sobre su procedencia, ¡mira por dónde!, no surge tanta controversia. Da lo mismo, que lo mismo da. Y eso que he oído (y leído) de todo. El mismísimo Benedicto XVI los situó como provenientes de Tarsis (Tartesos; actual Andalucía occidental), lo que no quiere decir, se apresuró en su día un autoridad eclesiástica peninsular, que fueran andaluces (de entonces; cargaítos de gracia y salero además de oro, incienso y mirra) pero es que en el Atlas Catalán, que en realidad es mallorquín, de 1375 (folio 5) se les señala como provenientes de Tarsis, pues... Ahora bien, la costumbre general es que “llegaron de Oriente” y por Oriente de Palestina tenemos Persia y hasta de más allá; de Kandahar, Afganistan, apuntan la procedencia de Gaspar… y lo que Mateo dice en su Evangelio es que venían de “por donde sale el Sol”, no más. Y apostando muchos por Oriente, en San Apolinar Nuevo (Rávena), allá por el 565, les representaron de tal guisa: de persas. Pero hay un grupillo por ahí que apunta que pudieron llegar del Sur, de donde hoy está Yemen, del Reino de Punt -de donde los romanos situaban la Arabia Felix-, un territorio que estaba en sintonía con las tribus judías y conocían aquellas ensoñaciones y profecías de Daniel, Miqueas, Balaam, etc.


Sea donde fuere el lugar de procedencia, el caso es que llegaron y como llegaron de un viaje y se presentaron en el lugar, esta noche por las calles les queremos recordar. Y ahí empiezan los problemas. Lo de montar el espectáculo de la llegada de sus majestades o lo que fueran carga tintas de evidencia de neurona remolana.

El probelama radica en que por llevar la laicidad a extremos de paranoia rompemos y corrompemos la ilusión de los niños que llevan días oyendo sandeces en los telediarios o en las conversaciones de los adultos.

Esta mañana hasta yo me asombraba, capacidad en la que me falta un hervor, de que en la de Valencia, aparte del espectáculo grotesco de las magas, los animales iban a ser de pega. Iban a estar interpretados por humanos. El colmo. Ahora, que ver animales “tradicionales” resulta una odisea natural y es más fácil verlos transformados en los estantes de un supermercado, se oponen a que aparezcan en el preámbulo de la mágica noche especies que ya no ven más en los cuentos o en las páginas de los libros de texto si no pasan unos días en la granja-escuela. ¡Papá, aquí hay animales como en el zoo! llegó un día a proferir mi hija Chabela en la casa de campo de mi amigo Andrés; desde entonces visita obligada a la huerta familiar donde ya no había olor a vacas de Harry, pero sí algún ternero, gallinas, pavos y los recuerdos de una yegua torda.

Cabalgata es en sí una concentración de jinetes. Y el jinete monta a caballo. A caídas se aprende a jinete, que me decían.

¡Cambiémosle el nombre!, que es lo más fácil. No les llamen cabalgatas, pero no rompan la magia. Es que estas “cabalgatas” del siglo XXI, las de la postmodernidad de la progresía, terminan por ser una muestra de la estupidez que atesoran muchos organizadores que sólo saben exhibir comparsas bufas, algunas zafias, para evidenciar la ausencia de expresión artística de quienes están más pendientes de adoctrinar que atender a la ilusión de los niños.

Igual que el frío no existe (es solo ausencia de calor, que sí existe) el arte y las plasticidad estética ha huido del espectáculo que se ofrece a los niños. Melpómede, la musa de la tragedia, se pasea airosa por muchas cabalgatas a la vista de los resultados estéticos; Terpsícore no ha avalado la escenografía de casi ninguna y Calíope, la más augusta de las musas, nunca visitó a los organizadores de la mayoría de ellas.

Menos mal -y ahora lo veo en mis tres sobrinitos-nietos- que los niños sólo esperan a tres personajes, tres, y se la bufa -como le leen; se la bufa- eso de que, como en Valencia, el “papel” de los animales lo interpreten personas… a modo de miniplaneta de los simios, por no mentar el show desfasado y orondo a medio camino entre Hocus Pocus (el retorno de las brujas) y Priscila reina del desierto que se montaron en el Cap i Casal.  

Menos mal que los niños sólo esperan ver a tres personajes y la magia de los padres obrará el resto. Una vez me contaron del pesar de los tres magos por no tener tiempo material de llegar a todos los niños del Mundo. Sí, son tan mágicos que son capaces de llegar, con más o con menos, a todos (un principio totalitario comunistoide si no fuera por que a unos les llegan con más y otros con menos). Pues me contaron que los tres protagonistas pidieron al niño Dios al menos 1 paje por cada niño… y al niño Dios le gustó tanto la idea que les concedió hasta dos pajes por niño para que en nombre de aquellos Hombres Sabios atendieran a la ilusión de todos los niños en la misma noche. Y ser padre lleva la encomienda de ser paje de la ilusión de los niños esperando a los Hombres Sabios/Reyes Magos de la duodécima noche de ciclo de todos los años… la del 5 de enero.

Hoy les doy las gracias a mis pajes. Mientras fueron noches de ilusión las viví con total intensidad. La cabalgata me importaba una higa: sólo me interesaba "mi" rey, Gaspar; que Melchor ya estaba pedido. ¡Eh!, que estoy aquí; que supiera "mi" Rey por dónde andaba yo, no se le fuera a pasar. Y rápidamente a casa a plegar la oreja y a dormir rápido y fuerte no sea que por un descuido me quedara sin nada. Los pajes siempre cumplieron. Nunca me trajeron carbón, y eso que la tonelada sigue estando a peo de zorra.





2 ene 2016

DE RODOLFO P...


Ha comenzado mal, muy mal, 2016. Se nos ha ido Rodolfo, Rodolfo P… (hoy se ha ganado que olvide su mal nombre), el semoviente de la unidad familiar. Una década haciéndose querer y demostrando tener más inteligencia y sentido común que muchos humanos. Y se ha ido sin despedirse; ahora que estaba a punto de comenzar una nueva etapa de su vida en Valencia.

Su último salto ha sido para vencer la manilla de la puerta de su ama y caer rendido a los pies de su cama; lo que nos ha extrañado. Aún era él, pero parecía vencido. De carreras al veterinario y allí mismo, sin apartar los ojos de mis chicas se ha ido apagando… hasta quedarse inerme.  Se fue, seguro y con permiso de Dani Martín, al Cielos de los perros.

Ahora esto, mi casa, es un valle de lágrimas; hasta a mí se me amontonan los recuerdos mientras noto la congestión. Era un golfo simpático: bonachón. Hasta los más peques, que estaban en casa dando la bienvenida al 2016, están desechos. ¡Vaya sorpresa!



El día está plomizo porque se ha ido Rodolfo. Ya no vaciará mi papelera buscando no sé qué; ya no me morderá los cables de los cargadores de teléfono.

Nos hemos pasado toda unna década para averiguarle la raza y al poco de saberlo, va y nos deja: Grand Basset Griffon Vendéen. Llegó bebé y fue creciendo con nuestra sobrina Saira. Rodolfete, le llamaba ella aún anoche. Y cuando se ha levantado y no estaba… Hasta Jesús ha enmudecido. Pero ningún veterinario le sacaba la raza.

Su dueña soñaba con su nueva vida en Valencia. Nunca lo disfrutó lo suficiente. Llegó un 9 de octubre cuando ella ya estaba en la Universidad; luego que si se fue al Reino Unido de Erasmus, que si Master, que si trabajo… Y ahora que la empresa la mandaba a Valencia era su tiempo. Y Rodolfo parece que lo sabía: desde que llegó esta vez, con ella. Es como si sintiera que su corazoncito era oriundo de Bélgica, como la matriz de la empresa de su ama.  

Cuando lo sepa Emilia, hasta para ella será terrible.

Y luego estamos nosotros. A Ana nunca la dejaba sola; ni a sol ni a sombra; más bien era su sombra. Siempre guardándola, con afán protector. Ya se le hacía difícil saber que en febrero se le iría a Valencia; ya organizaba sus viajes para ver a sus criaturitas: Ana y Rodolfo. Y, lo confieso, a mí también me hacía tilín, aunque me tocara la parte negativa del paseo: la bolsita de plástico. Haciéndome el duro, era mi escusa para fumar.

Era un reloj para todo; y no perdonaba sol, calor, frío o lluvia: el paseo es el paseo. Posaba delante de la tablet cuando Skype conectaba con el Reino Unido, pero huía de la cámara del móvil. Sabía cuando se venía de viaje y cuando él no entraba en lista de viajeros; entonces te castigaba con su indiferencia volcándose con otros, pero olvidaba pronto y era el remolón de siempre.

¿Travieso?, lo justo. Parece que tenía capacidad de perdonarte las afrentas; olvidaba muy pronto. Aguantaba pajarita, luces de Navidad y sobrinitos a la grupa; tiraba de un carrito y jugaba con los niños. Sus orejas y su cola estaban en baile continuo. Detectaba un gato a la legua, se ponía en plan broncas… y se olvidaba de la cuestión al minuto siguiente.



Era todo fachada -cabeza, cabezón y desafiante- pero con un enorme corazón y unas patas tan largas que le llegaban hasta el suelo. Un día, por el paseo de Levante, una chica se tiró hacia él y nos dijo: “si encuentro un tío con unos ojos como los de este, me caso con él”. Y ese era Rodolfo, Rodolfo P. Se nos ha ido como nos llegó: en un suspiro.



17 dic 2015

DE QUE YO TAMBIÉN FUI AYER ABOFETEADO. YO SOY MARIANO


Breve, porque me oprime el corsé del tiempo y no es plan ir por las calles diciendo que sardina fresca es, pero contundente. Ayer, entre el puñetazo y la estulticia asomada por la ventana de las llamadas redes sociales, retrocedimos un siglo en esto de la democracia. Y lo expreso porque con aquella bofetada, yo también fui abofeteado ayer.

Lo de ayer en Pontevedra es una agresión en toda regla. Y la agresión es un delito (me dicen que hay lo menos cinco artículos al respecto en el Código). Es que agresión es una acción violenta con la intención de causar daño. Y en este caso, me entero ahora, va a ser tratado como “atentado al presidente del Gobierno”, que es más que agresión (Código Penal, Artículo 550).

Y estas cosas se condenan o se jalean; no hay término medio. Con ambas acciones (condena o jaleo) nos calificamos. Yo las condeno.

Y estas cosas no se condenan para acto seguido justificarlas con una frase que sólo evidencia estulticia, porque nos lo pide el cuerpo. Si condenas, condenas; no hay peros que valgan. El “pero…” añadido -al falso mensaje de condena- aún más que calificar al que lo añade, lo descalifica. Si justificas, te unes al delincuente. Mejor que calles y asumas tu culpabilidad.

Rajoy, gallego, terminó haciendo retranca del hecho. Pocas horas después recordaba que él empezó en política, en Pontevecdrta, pegando carteles, y que allí aún “siguen pegando, y  mucho”.

La piña se la llevó Rajoy cerca de la Iglesia de la Peregrina (todo fachada; preciosa, con planta en forma de vieira) y casi en la puerta de la farmacia que otea, ahora estático y en bronce, Ravachol. Le cogí cariño al Ravachol pontevedrés en una escapada galaica porque me recordaba al Ravatjol/Ravachol/Ravatxol de Valencia: al tranvía (a sangre) que unía Valencia con el Grao… y a la barca (a motor) que se utilizaba en la Albufera en los años sesenta (que así se les llamaba, Ravachol, para diferenciarlas de las tradicionales barcas de perxa).

El Ravachol pontevedrés, no cabe duda, fue descendiente de uno de aquellos “papagayos de flota” que salieron indemnes de la Batalla de Rande y los paisanos cuidaron. Ravachol, el loro (papagayo), era atrevido y deslenguado y por eso le pusieron por nombre el de moda del momento: el del francés François Ravachol, que a golpe de dinamita se labró una aureola de anarquista, siendo un delincuente común. Y hasta el loro Ravachol la palmó, como el Ravachol delincuente; pero no fue en la guillotina y sí, parece, de un empacho de bizcochos mojados en vino.

Y termino: asistimos, con la bofetada a Mariano, al fenómeno de la desintegración de las formas en las sociedades. No es de recibo la pasividad con que nos tomamos estas cosas. Hoy he oído hablar hasta del temor reverencial; ya estamos entre churras y merinas. La cosa se reduce a la impunidad, lo que es bien triste.

Y luego la estulticia vuelve a campar y se difunden en las redes, por unos y por otros (y ahí está el problema), la misma viñeta (que me niego a reproducir): la que dice “así no”, dado la bofetada, y “así sí”, votando… que lo mismo vale para condenar que para decir dale la bofetada en las urnas. Mientras no delimitemos las cosas, esta equidistancia es malísima. Más claro, agua: Así no; con la violencia nunca. Luego, que tu intelecto decida la segunda parte; pero, Así NO.

Y como parece que mola más hacerlo en francés: Je suis Mariano; moi aussi, je suis Mariano. Incluso I’m Mariano.

En fin, ante este hecho, Yo soy Mariano… y me siento golpeado por la estulticia y la sin razón; me dolieron más las redes sociales que la bofetada en sí.




16 dic 2015

DE UN DEBATE Y SU ENMIENDA.


Hoy que tengo un ratito, y porque me lo pide el cuerpo, me marco un post sobre lo del lunes por la noche. No me atrevo a llamarlo debate y sí combate de boxeo.

Y no me atrevo a llamarlo debate porque DRAE dixit que “debate” es, y te traslada a “controversia” sin miramientos, “discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”. 

Y opiniones contrapuestas, pues sí; pero discusión, pues no... en la noche del lunes. Uno, y llego al pugilato, salió en tromba repartiendo sin mirar a nadie, lo que devengó en golpes al cuerpo y al aire sin reparar que a 1’70 metros tenía al contrincante. Otro se quedó impávido, en la comodidad del 1’70 de distancia, conocedor de su fortaleza: fajando. Gustará o no el símil, pero yo me lo explico así. 

Entonces, esto ya me cuadra más con lo del lunes por la noche porque en la entrada “debate” hay una segunda acepción: “contienda, lucha, combate”. Y ahí sí que vi yo la cosa; pero yo me esperaba la primera, pero visto lo visto el lunes por la noche fui de los pocos que esperaban ver eso; mucho querían sangre, de uno o de otro, estaban por la segunda… que son ganas.

Y es que aquí, llego a la conclusión, se vota contra… contra esto o contra el otro, y no a favor de este o a favor de este otro. Semos asín

Ahora, esto me ha llevado al espíritu del obispo de Pensilvania, Ethelbert Talbot (que era episcopaliano), con aquello de “lo esencial no es ganar, sino participar” que no estaba en la hoja de ruta de los citados a debatir. Claro, que el obispo Talbot había soltado aquello, en el sermón de la misa inaugural de los JJOO 1908 (que ya es una forma pasada de inaugurar un algo), con la única intención de enmendarle la plana al dominico Henri Didon (católico) que había parido lo de “citius, altius y fortius”, y Coubertain se lo había copiado, empujando a los jóvenes a darlo todo en la pista… como a los dos del debate del lunes por la noche les animaron sus preparadores, aunque los de una banda habían clamado más fuerte lo de ¡más rápido, más alto, más fuerte! En fin que de episcopalianos contra católicos pasamos a socialistas contra populares. ¡País!

Y aquello del lunes por la noche sí que era un combate de boxeo: golpe viene, golpe va. Vamos, golpear por golpear, sin hilazón, sin  composición; al buen tuntún (DRAE dixit que “sin cálculo ni reflexión o sin conocimiento del asunto”). Sigo sin entender estos debates; hasta yo le hubiera rebatido cosas al aspirante y le hubiera urgido respuestas y contundencia al defensor del título (esto va de boxeo, versión Consejo Mundial). No me gustó nada lo del lunes por la noche.

Y tal vez sea porque hasta en el boxeo hay un árbitro: un tipo que modera. “Árbitro: persona que modera en un conflicto entre partes”; y cojo esta acepción del DRAE porque se trataba de eso, de un conflicto entre partes. Sí, eche de menos a un tipo así; un tipo que vigila que no se den golpes bajo la cinturilla del calzón, o en la nuca; que impida que se muerdan o que se metan el dedo en el ojo. Bueno, en lo del ojo ya hemos estado prestos y los guantes de boxeo han tenido que ser modificados haciendo que el dedo gordo no pueda ser un arma. Y el árbitro, además, está ahí para parar la pelea cuando lo cree necesario. Y no digo nada más de boxeo porque la última vez que vi un combate (por la tele) era en blanco y negro y el que boxeaba, y ganó, era Perico Carrasco; ni siquiera Pedro Carrasco.

Pero con lo del árbitro moderador me vuelvo al DRAE. Y aquí en la entrada “moderar leo lo de “templar, ajustar, arreglar algo, evitando el exceso”; incluso “disminuir la intensidad o evitar el exceso de una cosa. Pues en la noche del lunes, esto de moderar… nada de nada. Luego oí, parece ser que dicen, que lo que hubo fue un no-moderador. Así lo entiendo: un no-moderador. Entonces… ¿se puso puertas el Campo? También leí del no-moderador que estaba “agotado físicamente” después del debate. ¿Del qué?; ¿del debate? Esto es demasiado. Debió agotarse de pura inacción, porque la inacción, me cuentan, agota. Aunque también podría ser de llevar un paraguas en la mano en un momento dado; yo no le vi consumo energético mayor. Desde luego, nulo en el plató.

Y claro, al tomar el rábano por las hojas y ante la presencia de un “no moderador”, aquello en vez de un debate fue un belén. Así pues, ya no hay que complicarse la vida esta Navidad montando el belén: ponga en su casa en un sinfín televisivo, en un bucle infinito -y hasta el 7 de enero-, el belén que se montó el lunes por la noche en la Academia de la TV. ¿Qué se montó?, no; que se dejó montar.

Me cachis… Lo de Campo Vidal me lleva al bueno de Balbín y las viejas operaciones de control sobre los medios… era yo muy joven; pero este hombre tiene un post de su pase por Antena 3. ¿Pero quién soy yo…?

Vuelvo a lo del lunes por la noche y reflexiono: el debate, conste, fue un género para la TV… y ahora la TV ha hecho un género del debate al nivel de “Sálvame”, que parece ser que era lo que pretendía el aspirante convirtiendo en zafio el momento. Aquí, dicen que los emergentes crecen “a costa de”… y hay que evitarlo. Y así, en la pelea contra el defensor del título -y vuelta al pugilato- quiso evidenciar  -¿lo consiguió?- que aquí no hay dos bien avenidos, sino uno y otro.

¿Oxidado el debate? No; oxidado el modelo por dejación de funciones del moderador, que no moderó. Resultó un debate destructivo que molestó a muchos por el tono y sólo agradó a los propios… aunque no las tengo yo todas conmigo. ¿Cómo el aspirante se permitía confundir los enunciados de sus preguntas-mazazo-acusaciones?; ¿Cómo el defensor del título no ponía en evidencia los errores preguntones?; ¿Por qué no hizo frente a derechazos los izquierdazos que volaban?

Me dijeron en el amor y en la guerra, todo vale. Y el lunes por la noche vi que en la política también. Bueno, eso ya lo había visto antes. Vi hasta terrorismo sentimental en forma de carta, triste carta, y yihadismo visceral en el insulto proferido bajo el amparo de que “es lo que muchos piensan”. ¿Muchos?, ¿eso es contable o incontable?  

Pues hasta aquí hemos llegado: lamentable. Le habrá gustado a los suyos; cada uno a los suyos. A mí, Rajoy.

Lo de moderar, yo sé que no es nada fácil. Consiste en ser imparcial, mantener el enfoque, respetar los turnos y evitar consumos de tiempo descompensados. Porque, resulta que, el moderador incluso puede y debe señalar observaciones y refutar cuestiones… con imparcialidad; llevar el control del proceso… sin desenfocar; dar oportunidades de intervención… sin partidismo; y marca el tempo… mandando en el debate. Pero debe hacer todo eso sin evidenciar que los que debaten van por libre. El moderador debe hasta de estar pendiente de la contraparte y de las refutaciones. Hombre, y si sabe más que los que se están partiendo la pana en directo, debe poner las cosas en su sitio. Si hasta DRAE dixit que el árbitro que yo buscaba el lunes por la noche debería ser una persona cuyo criterio se considere autoridad. ¿Quedan en la profesión?: yo creo que sí.

Nada, que a falta de moderador el lunes por la noche la cosa esta del debate fue sacada de madre. Menos mal que nosotros somos capaces de moderarla y ponerla en su sitio el domingo… aunque hay contumaz constancia de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; y el español… en el mismo Peñón.