1 abr. 2016

DE ELOGIAR A DON PEDRO: HACE 8 AÑOS QUE NOS DEJÓ Y SE CUMPLEN 60 DEL PLAN GENERAL.


1º de abril. Hoy, hace 8 años nos dejó Pedro, don Pedro, Zaragoza; el hombre, dicen, que “fundó” Benidorm. Lo refrendo: fundó el Benidorm de hoy del mismo modo, imperial modo, en que los españoles iniciamos nuestras cosas: Yo empiezo, y los vengan detrás que arreen; y si sale bien, pa todos. Y salió, porque Pedro lo encauzó bien y los implicó a todos… y todos respondieron.

Hoy, su vida etérea discurre entre el mito y la leyenda, envolviendo al hombre, hombre emprendedor, que puso los mimbres para que otros tejieran la cesta. Si prescindes del halo que envuelve la figura de Pedro emerge la del hombre, don Pedro, que no deja indiferente a nadie. No sé si aquél plan que urdió -sí, urdió- podemos considerarlo como la 3ª Carta Puebla (la definitiva) pero desde el 25 de abril de 1956 Benidorm sí, esta vez sí, echó a andar, de verdad, aunque siempre pendiente del abastecimiento de agua. Si nos ha dado por encumbrar a Bernat de Sarriá, señor de Montjuit (XIV) y a Beatriu Fajardo de Mendoza, señora de Benidorm (XVII), por sus Cartas de Poblament, pongamos en el mismo sitial a Pedro Zaragoza Orts, señor de El Carrasco, por su Plan General del 56, verdadera Carta Pobla de Benidorm. Sí, estamos a días del 60ª Aniversario de aquél Plan General que puso en marcha este Benidorm (25 de abril de 1956).

Pedro, don Pedro, no hizo nada que no estuviera en marcha ya; eso sí, echándole gónadas, grandes dosis de optimismo y fantasía. Otros ya lo habían intentado antes y… su empuje se diluía sobre el territorio. El éxito de Pedro, don Pedro, es que implicó a todos en el proceso; ilusionó a todos… y todos participaron.

Ayer estuve en un programa de TV sobre el personaje y el tema… y salí con un regusto a poco; se diluyó la efemérides hablando del sexo de los ángeles. Hoy me lo tomo como desquite y pretende homenajear a Pedro, don Pedro; y con él, a todos los que se contagiaron de su ilusión y con su generosidad hicieron posible este Benidorm.

Cuatro años después de aprobado el Plan, en 1960, el entonces presidente de la Diputación, José Martínez Alejos, decía: “el pueblo más pobre de la provincia va a ocupar lugar preferente entre los de la provincia”. Esto ya nos indica el revulsivo que significó aquél Plan en la vida de Benidorm.

¿Pobre? En 1950 ya la Armada no requería el cuajo de aquellos hombres de mar, los corsarios de Benidorm. La Compañía Trasatlántica (CTE, Spanish Line), donde tantos benidormenses hicieron carrera, hacía aguas: quedó tocada de muerte desde la crisis del 1929 y, encima, la II República no apostó por ella y, por Ley (23.07.32), rescindió contratos y obligó a cambiar de nombres algunos de los barcos. ¿A quién se le ocurre poner Alfonso XIII a un trasatlántico? Ya con la Guerra Civil se encontró que unos y otros hundieron sus barcos, y los gobiernos de otros países le requisaron lo poco que quedaba a flote. Total, que ni barcos, ni honra, ni cuartos. Encima, la almadraba no vivía sus mejores días. El Consorcio Nacional Almadrabero (1928) estaba llevando el antaño lucrativo negocio a su peor etapa económica; en 1951 prácticamente “había entregado la cuchara”. Hasta la almadrabilla de Benidorm cerró en 1952.

En medio de todo aquello y con la tormenta de familias en casa, en diciembre de 1950 hacen (cuestión “digital”; de dedo) a Pedro Zaragoza, alcalde de Benidorm. Y empieza la labor del visionario. Al mes de ser alcalde (24.01.1951) convoca al pueblo de Benidorm -y todos cabían en el Casino Ronda- y les propone “la solución turística”. Y les plantea sustituir, con el esfuerzo de todos, las carencias públicas. Y todos aceptan; como en Fuenteovejuna, aquellas gentes del Benidorm de 1951 le dijeron a Pedro que sí.

Y, claro: se fue animando Pedro. El 18 de noviembre de 1952 propone a la Corporación tomar “una resolución definitiva y de trascendencia” que no era otra que “escoger entre salvar Benidorm de la ruina y convertirlo en una importante estación veraniega”. Apostar por el turismo.

Sí, “estación veraniega”. Pedro ya tenía entonces sobre la mesa documentación original de estaciones veraniegas: desde Prora a S’Agaró: desde el macro complejo báltico nazi a la solución del comunista José Luís Sert para el capitalista Josep Emsesa.

Pero es que el turismo ya estaba en el ADN local. A veces olvidamos que en 1880 ya funcionaba el Hostal La Mayora; que ya había gente que buscaba en la talasoterapia o en la contemplación del mar un motivo de ocio. Olvidamos que el muy reproducido pasquín de Francisco Ronda Galindo (1883) -publicitando su balneario Virgen del Sufragio- ya habla de “crisis turística”: “familias que antes venían y que han dejado de favorecernos con su visita veraniega”. Y ya se dice que sus playas “rivalizan con las mejores de España”. Se olvida que el tren botijo, que tanta gente llevó a Alicante, entre 1893 y 1917 trasladó a Benidorm (a través de la diligencia que se tomaba en La Balseta alicantina) a 35.000 veraneantes. Se olvida que en 1925 se produce el primer “overbooking”, lo que lleva a Pedro Cortésel Bilbaíno” a tener listo su hotel en 1926 para solucionar el problema de alojamiento. O que en 1931 se inicia el Expediente de Alineación de la Playa de Levante.

En los años 30 aquí, en las costas mediterráneas de España, todos se vuelven locos con el turismo y sobre el plano se plantean las urbanizaciones. En la provincia de Alicante aparecen los proyectos de la Playa del Arenal (Jávea), El Montañar (Jávea), Les Rotes (Dénia), El Portet (Moraira), l’Olla (Altea), Dr. Esquerdo (La Vila), Las Playas (Santa Pola), Los Locos (Torrevieja)… Alicante, que aspira a más, plantea toda una Ciudad Satélite de Turismo… a la que el plan de abastecimiento de agua del ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto, anima a ponerle su nombre: Ciudad Prieto… hoy, apenas un vestigio: la Playa de San Juan.

La Guerra lo trastocó todo. Y en la dura posguerra sólo el Marqués de Alfarrás, Luís Desvalls, se atreve en Segur de Calafel a poner en marcha su proyecto de turismo playero.

Y aparece don Pedro. Lo de ciudad balneario no le satisface y pide documentación, planos e informes porque busca un aliciente más para la clase media. Y aparecen sus “cómplices”: Alfredo Sánchez Bella, embajador en Italia, que le sirve los proyectos italianos de la costa adriática; José de Rojas, conde de Casas Rojas, embajador en Francia, que le aporta los de la Costa Azul, y José Mª de Areilza, embajador en los EE.UU. que hace lo mismo con las realizaciones de California y Florida. Ya hay base para trabajar. Y Pedro se pone en marcha; y su mayor logro técnico es hacerse con los servicios de Francisco Muñoz Llorens, arquitecto alicantino del Ministerio de la Vivienda al que nombra Arquitecto Municipal Honorario; no había dinero para pagarle. Y Muñoz Llorens acepta.

Y Pedro embarca en el proceso a Pedro Bidagor, director general de Urbanismo que redactaba esos días la Ley del Suelo (1956) y a Luís Rodríguez, profesor en la Escuela Oficial de Arquitectura, que ayuda a Muñoz Llorens a aplicar esa Ley sobre los diseños de Benidorm. Y a ellos se pega, como una lapa, Manuel Muñoz Monasterio que quería chupar del momento.

Pero si esos hombres fueron importantes en el planteamiento de Pedro, muchísimo más lo fue Guillermo Campos, el topógrafo, que marcó y replanteó el parcelario con gran pericia y máxima honradez. Y Luis Mayor, Pepe Enríquez, Gregorio “el Casillero” o Pepe Fuster, los maestros de obra. Junto a ellos, el empeño de Pedro Zaragoza y el convencimiento de que sólo “la fe, la colaboración y el esfuerzo de los benidormenses” harían posible la gesta.

El Plan del 56 desconcierta por su simplicidad; y ese ha sido el secreto de su vigencia. Se concibió una ciudad para el turismo y el ocio; se dejó todo en manos del futuro y fue la dinámica la que creó Benidorm en función de la protección de las playas y de 17’5 millones de metros cuadrados, de los 37’8 que conforman el término municipal, protegidos. Y así siguen hoy, sesenta años después.

Fue el primer Plan General de toda España para todo un término municipal. Vale que no contempló zonas verdes internas, que no protegió el casco antiguo, que no reservó suelo para equipamientos y que no contempló mecanismos de gestión (como los de ahora); pero como contó Francisco Muñoz, el arquitecto, “ni se estilaba, ni había dinero para prever esas actuaciones; el tiempo y los recursos económicos habilitarían esas cuestiones”.

El hallazgo de Muñoz -insisto yo, tras leer a los clásicos- fue voltear la ciudad contemporánea de Le Corbusier y otorgar uso residencial al rascacielos, concebido como lugar de oficinas. El Pruitt Igoe (1952) de Minoru Yamasaki fue demolido en 1972; el Benidorm de Muñoz Llorens (de Pedro, don Pedro, Zaragoza) está vivo y en expansión.

El Plan de 1956 fue respetuoso con el Medio Ambiente, exigente con el cuidado de las playas y concebido por y para el turismo; fue un plan para construir ciudad. Y con el apoyo de los benidormenses construyó ciudad.

Primero hizo un Benidorm de casas bajas que no satisfizo. En 1958 permitió ya las 5 alturas y los edificios tranvía; en 1961 consiguió infraestructuras; en 1962 primó los hoteles y permitió los retranqueos. En 1963 aplicó la teoría de la caja de cerillas y apostó por los bloques verticales; aquí nunca se les llamó rascacielos. Pero en 1966 se quitó la máscara y apostó por “levantar bloques verticales proporcionales a la superficie del solar y al coeficiente volumétrico”. Sí, esos 3 metros cúbicos por metro cuadrado que son en Benidorm de hoy frente a los muros pantalla de 9 metros cúbicos por metro cuadrado.

Y lo mejor: todos los que siguieron a Pedro en el sitial municipal continuaron la tradición de apoyarse en la fe y en el esfuerzo de los benidormenses. Suena bíblico, ¿verdad? Pero es que ha sido así; y así seguirá porque Benidorm lo han hecho los benidormenses. ¿Quién ha hecho Benidorm si no?; ¿qué administración ha puesto los dineros que Benidorm necesita? Apenas llegó alguna limosna. ¿Quién se pagó la primera depuradora de aguas de España?

Ni municipio turístico ni leches. Y eso que ya en 1961 Pedro Zaragoza, don Pedro, comenzó una campaña en solitario reivindicando la Carta Municipal que otorgara recursos a los municipios turísticos. Fue el primero en pedirle al Régimen dinero para el municipio turístico… y en permitir el biquini. Tal vez porque no dudaba en vestir la camisa azul mahón cuando el momento lo requería.



Por todo ello, gracias don Pedro.








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