8 oct. 2016

DE MANUEL MONCADA. ES TURISMO


Ayer tarde, en Los cafés del Meliá, con Manolo Moncada dimos un repaso a la Historia reciente de Benidorm. Lleva un ratito jubilado y tiene todos los datos en la punta de la lengua; y los expone, con profusión de fechas y de nombres.

Manuel Moncada
(foto: Mario Ayús)
Andaluz, de la provincia de Málaga (Cortes de la Frontera, postrimerías de la Serranía de Ronda y a un palmo del río Guadiaro), llegó a Benidorm, con su familia, en 1962. Lo tiene vivo y presente… y lo recuerda todo: de recadero de varios negocios hasta llegar como botones del Hotel Delfín mientras “aprendía frases en inglés con los guías”. Recuerda a Felipe Pastor y “la revisión de cada mañana: manos, uñas, pelo corto, afeitados… la dictadura de la imagen”.

Cuando terminó ‘la temporada’ de 1968 en Benidorm se marchó a Canarias pero para ‘la temporada’ de 1969 vuelve a Benidorm: “se abría el Hotel Joya -con préstamo de Clarksons- y Kiko ‘el Balaso’ me contrató. Ni un día libre de Abril a Octubre”. Dormía en el hotel. Para él fue “un trabajo gratificante”. Recuerda: “el turoperador te daba 30 millones para un hotel de 116 habitaciones y durante cinco años, habitaciones a 130 ptas en pensión completa, con aumento anual de 5 ptas/habitación. Así se hizo Benidorm”. Aquellos años, confiesa, “aprendí mucho, hasta escribir en inglés”.

En 1971, llamada a filas: “al Sahara. El Aium fue una gran experiencia”. Durante un permiso, vuelve a Benidorm y comienza a trabajar como guía para Global. “España era un país por descubrir para aquellos que nos visitaban; los españoles éramos muy acogedores y simpáticos y eso encantaba a nuestros visitantes”. Terminó el servicio militar y volvió, en 1972, al sector con Eurotravel. Le nombraron jefe de zona en Málaga, pero quiso volver a Benidorm y en 1975 se ocupa de un TTOO irlandés. Conoció a su esposa; luna de miel en Dublín y en diciembre de 1980, quiebra. Pasó a la banca; no era lo mismo.

Suerte que Cosmos buscaba operación en 1982… y con Cosmos hasta el 2000, con toda la intrahistoria que llegó a la operativa en El Caribe y aquellas escalas en el aeropuerto de Gander (Terranova). Lo de Isla Margarita era de película. Después de Cosmos siguió en el sector y en 2002 comenzó a gestionar los Apartamentos Torrealta hasta 2014.

La hotelería ha cambiado mucho; el cliente es hoy un viajero y no un turista”. Le interpreto que ‘el cliente’ ya no quiere descubrir, sólo vivir el momento que le puede deparar sensaciones. “Las redes sociales son tremendas, por su instantaneidad”. TripAdvisor es implacable. Y se explica: “antes dialogabas con el cliente y era fundamental hablar un inglés ‘pobre’, casi infundías ternura y era aceptado; antes venían con ganas de descubrir cosas. Ahora lo conocen todo”. Ya no cuela; apostillo yo.

Recordó los años de ‘overbooking’: “me he tenido que llevar gente a dormir a mi casa; y no solo eso, overbooking de aviones… ver cómo te faltaban tarjetas de embarque y tener que inventarte soluciones a pie de  pista”.



Con todo, Manuel Moncada valora muy positivamente aquellos años y la iniciativa de los TTOO de adelantar el dinero para construir los hoteles: “Benidorm lo hicieron los TTOO británicos y las cajas de ahorro. Si no hubiera sido por Global, Clarksons y Neckermann no se hubiera logrado este Benidorm”. Y recordó hoteles de esas operaciones: “… Britania, Royal, El Toro, Madeira, Ariel Park, Agua Azul…”. Y llegaron las quiebras de los TTOO. Un mundo difícil, siempre en la cuerda floja “el viernes pasado vencía una licencia de Cosmos, hoy en Monarch Hollidays”. Sigue en contacto con ese mundo, su mundo.

Le preocupa, hasta cierto punto, el Brexit: “la libra sigue cayendo y eso sí marcará el futuro; el nuestro y el de nuestros competidores”. Y aquí llegados se puso serio: “ese 15 o 20% que parece que tenemos de turismo ‘prestado’ tenemos ahora tres años para consolidarlo”. Turquía, Egipto y Túnez tienen que despertar y van a jugar duro: “nosotros nos quedará la baza de los precios; habrá que lanzar ofertas”. Pero lo importante, insistió, es consolidar el mercado y para ello tenemos hasta 2020.

Contó anécdotas -lo que se cuenta en los cafés, como poso en las tazas se queda- y esculpió frases: “los turoperadores aquellos murieron de éxito; la lucha por la cuota de mercado fue tan letal que acabó con ellos”. Es que hablamos de un segmento multimillonario en volumen de negocio y con márgenes mínimos.

Hablamos de todo un poco; Manolo se sentía a gusto. Roc Gregori le apuntaba que “hemos sobrevivido porque hemos dejado de hacer barbaridades”, lo que Manolo asentía al tiempo que destacaba que había “sentido vergüenza en muchas ocasiones de nuestros políticos en el mundo del Turismo” (toma y daca) y urgía a la Administración a “facilitar fondos para que sean los organismos del turismo los que hagan las campañas y no ellos”, llegando a plantear una cuestión final en el campo administrativo: “Benidorm genera suficiente riqueza al país para que el país se implique en Benidorm”. Pero es que eso lo hemos oído tanto, Manolo; lo oímos nosotros, no quien debe.

Elogió el turismo británico: “Benidorm no sería lo que hoy es sin el turismo británico”; “si el Reino Unido se constipa… nosotros, gripe; volveríamos a los orígenes, a la estacionalidad”.

Destacó que los TTOO han sido fundamentales y que ahora mismo también lo son pero que su futuro está en la especialización: “las low cost les han quitado mercado; deben apostar por el cliente privado y la especialización”. Coincide con la mesa en que los principales turoperadores de hoy en día son Booking o Expedia, por ejemplo. Y algo que debemos asumir. Benidorm es hoy en día un ‘destino doméstico’ y eso escapa a la turoperación.

Destacó la calidad de la planta hotelera de Benidorm, rechazó la tasa turística y pidió llevar a los colegios de aquí la historia moderna de Benidorm, un esfuerzo colectivo en pos del turismo, para concienciar a las generaciones de la importancia que tiene porque Benidorm, dijo, “es un parque temático gigante lleno de atracciones y hay que mantenerlo operativo, en perfecto estado de funcionamiento e implicarse en su mantenimiento y futuro”.

También nos dijo que el relevo generacional en la propiedad de los hoteles presenta hoy algunos problemas porque “no hay conocimiento de causa; las terceras generaciones ‘no han mamado’ el turismo, lo han heredado; no han estado implicados y no saben del esfuerzo. Terminarán cediendo la explotación”. Roc recordó que “el abuelo no tenía otra salida; el nieto es graduado universitario y tiene otro concepto”.

Finalmente le pregunté (sus años en la turoperación y la gestión hotelera le avalaban en la respuesta) por la existencia de un ‘cliente tipo ‘Benidorm’’. “No”, fue su respuesta. “No hay un cliente tipo Benidorm, todos, absolutamente todos, encuentra su hueco. No hay un cliché”.

En fin, que nos tomamos un larguísimo café en el Hotel Meliá. Hemos quedado para otro día en que tras la sobremesa, “echaremos” humo… porque ayer, el veguero, se me quedó sin encender. Manolo Moncada fue un relato continuo de realidad.






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