6 mar 2021

DE POLICÍAS Y CUERPOS POLICIALES (I)

 

A modo de Introito: No suelo meterme en el terreno de la solanum melongena porque la pubescente y espinosa solanácea suele dejar, como mínimo, raspaduras a quien por un campo de ellas transita. De ahí lo de no meterse en berenjenales. Pero habida cuenta que he osado preguntar -y obtenido respuesta- a un mando policial amigo sobre un particular de esta historia, héteme aquí que por culpa de un vermú que resultó ser de Cacabelos -León-, donde se habla uno de los mejores castellanos que se recuerde- por nombre Guerra Reserva Rojo -berciano que es, como mi interlocutor- paso a entrar en otra de mis historias… que considero conviene refrescar en la memoria.

 

La Policía, como la conocemos hoy -la policía ‘moderna’- es un invento del XIX. Pero esto no quiere decir que no hubiera ‘policía’ -servidores públicos para el orden y persecución del delito- antes. Si en cualquier momento de la historia hay delincuentes, por el elemental principio de acción y reacción hay policía. El delito siempre es castigado, no importa en que civilización sea.

En todas, desde las antiguas a hoy, con mayor o menor fortuna, se dispuso de estos cuerpos a las órdenes de un, digamos, juez y para unos menesteres que se mantienen inalterados, aunque con matices desde el principio de los tiempos civilizados. Sin riego de equivocarnos (aquí le paso la pelota), podemos concluir que -má o meno- desde el 1.700 aC hay estructura de ‘policía’; por lo menos en el antiguo Egipto y en la milenaria China civilizaciones en la que por aquel entonces ya disponían de estos funcionarios contra la delincuencia y la desviación social, concepto que tomo prestado de mi interlocutor.

Pero por estos pagos europeos, la palabra ‘policía’ se empieza a utilizar bastante más tarde; en tiempos de Clodeoveo I (481), rey de los francos salios, fundador de la dinastía Merovingia, quien tras su expansión al Este, entre los ríos Rin y Meno, instaura una fuerza -bajo ese nombre- para preservar el orden. El concepto cobrará protagonismo en tiempos de otro merovingio, Clotario II (595), y llegará a alcanzar nivel de institución en la Europa centro-occidental desde los inicios del siglo XIII. El origen de la palabra ‘policía’, pues, está en el francés antiguo, arrancando desde el griego -polis; ciudad- y bajo el influjo del latín. Y de la ciudad salió al campo.

El primer cuerpo policial urbano se constituyó en París, en 1254: les Chevaliers du Guet -a instancias del rey Luis IX-, para “velar por la seguridad de cuerpos y bienes, y remediar los males que se producía cada noche en la ciudad, tanto por el fuego, el robo, la violencia y el secuestro de mujeres[1]. Ya en el siglo XIV el condestable Raoul de Bienne (1337) eleva el nivel del grupo, que Colbert (1667) reorganizará como cuerpo y Fouché (1804) llevará al cénit la estructura policial como institución. Y de Francia, el primer laboratorio científico de policía (1870) y la primera Escuela de Policía (1883).

Y vieja piel de toro, ¿cómo nos lo organizamos con esto de la policía? Miren, me cuentan que fue el Motín de Esquilache (marzo de 1766) el que llevó a Carlos III a dar carta naturaleza formal a una institución para orden público y seguridad. Pero que tienen su historia anterior.

Por ahí se puede leer que, en el reino de Castilla, en las Cortes de Valladolid (1440), se cita lo de un cuerpo de policía, siendo la pax pública su razón de ser. Pero resulta que quieres comprobar la cita, vas y ves que no hubo Cortes en Valladolid ese año; asín que

Haber, como en todas partes, por aquí había delincuentes y embrionaria organización para combatirlos. En las ciudades, la cuestión era más fácil; pero fuera de ellas -y ancha era Castilla por aquel entomnces- imperaba la ley del más fuerte, que solía ser el que delinquía.

A herencia de los romanos, los visigodos tenían instaurada la figura del sayón para estas cuitas policiales, como subalterno de los órganos de justicia. Mientras el bucelario era un funcionario más militar, el sayón tenía esa componente de orden público a semejanza de los vigiles romanos. Roma había tenido su policía, militarizada, encargada de luchar “contra la delincuencia violenta, la prostitución, la falsificación de moneda y el mantenimiento de una higiene pública”. Pero cuando se fue deteriorando el imperio y los ricos huyeron al campo, se fueron dotando de milicias armadas como séquito clientelar. Y así rizamos el rizo del bucelario, y en esas y para la península, saltamos a la invasión árabe y sus dos cuerpos ‘policiales’ -a su modo- como la shurta[2] y el derrah[3] para estos menesteres. Y siguiendo ese patrón llegamos hasta los primeros reinos cristianos, que recuperan al sayón y crean un nuevo cuerpo de serviros de mayor entidad: los Porteros de Vara[4]… figura que se mantendrá latente durante siglos y que cobrará nueva vida en el siglo XVIII en su recomposición como el Sereno de la Noche[5] con el cometido de “proteger de robos y asaltos, evitando las peleas (incluso domésticas), dando aviso de incendios y prestando auxilio a todo aquel que lo necesitara”. Pero el sereno, en sí, no era policía y hoy vamos de policías, asín que

Volvamos a la cosa de la “Policía” en las pocas ciudades en que había.

Pero como la Reconquista avanzaba, en las nuevas tierras de frontera, que eran casi tierra de nadie, también había delito y necesidad de reprimirlo. A partir del siglo XI se fueron instalando entre el Tajo y el Guadiana los golfines[6]. Y para censurar sus desmanes surgieron las Hermandades[7], siendo la más famosa la Santa Hermandad Nueva de Castilla[8], que debía “prohibir la realización de determinados juegos, la blasfemia, la usura, cualquiera de los pecados públicos y realizar la persecución de adivinos y malhechores”. Vamos, más trabajo que el chapista de las lecheras de la BriMo de los Mossos a finales de febrero de 2021.

Esto de las hermandades es un capítulo apasionante sobre la organización de los municipios, la explotación de tierras en común y su defensa; pero, como siempre, excede del objetivo de estas pinceladas. Todo lo más, recordemos que utilizaban el cuadrillo, una ballesta pequeña; por ello les llamaban cuadrilleros. Y es que iban en cuadrilla.

Cuadrillero, representado con un desproporcionadísimo cuadrillo


Y hubo mucho tiempo de cuadrillas en el medio rural, mientras la evolución se daba en el entorno urbano, conforme crecían las ciudades. Y de ahí iban saltando las nuevos de cuerpos policiales difíciles de encajar en esta historia que vamos a hacer arrancar en el siglo XVIII, cuando se instaura el modelo nacional de policía del Antiguo Régimen. Serán los alcaldes (1776) los que pasen a tener competencias en seguridad pública y con ello deban “organizar las patrullas de vigilancia diurna y nocturna, control de la población transeúnte e inspección de los establecimientos públicos” que serán las policías de cada etapa y época.

Con los Borbones llegó la organización “moderna”. Las primeras fuerzas policiales españolas en ciudad fueron creadas por Felipe V a partir de componentes militares. Los Inválidos Hábiles[9] (1717) y la Milicia Urbana[10] creadas para Madrid, pronto fueron habilitadas en el resto de las ciudades importantes, reforzando el trabajo de los siempre escasos alguaciles, única figura policial del periodo de los Austrias, anclado en la Edad Media.

Pero aquello funcionaba poco, tarde y mal. Total que, como dijimos, tras el Motín de Esquilache (1766) Carlos III se vio en la necesidad de reorganizar el sistema y comenzó por la primera unidad de Salvaguardas para asuntos de orden público e investigación criminal. Y es que ya se había prohibido deambular por las calles -desde 1761- ciñendo al cuerpo, para ocultarlas, armas blancas, cortas y largas -incluso armas cortas de fuego- y no había manera de poner coto a refriegas y asaltos. Que luego hablamos del Far West.

Ah, las penas por llevar estas armas, leo, tenían su aquel: 6 años en presidio al noble, o 6 meses en minas al plebeyo. Y era más sano el más inmundo de los presidios que bajar a la mina.

En 1782 Carlos III propuso a sus ministros reorganizar un poco la cosa esta del sistema policial y constituyó la Superintendencia General de Policía. Y por primera vez tenemos por aquí el concepto Policía.

En su reino -me refiero a este país en tiempos del mejor alcalde de Madrid- operaban desde mucho tiempo atrás y para cuestiones de orden público, vigilancia, control fiscal y de contrabando los más dispares cuerpos, casi siempre surgidos del Ejército y que trampeaban en demasía y conseguían desafección y temor popular: Fusileros Guardabosques Reales[11], Infantería Fija del Reino de la Costa de Granada[12], Partidas Armadas[13], Escuadras de Paisanos[14], Guardias del Reino[15], Fusileros de Aragón[16], Migueletes[17], Somatén[18], Mossos d’Esquadra[19], Escopeteros Voluntarios de Andalucía[20], Miñones[21], Milicias Honradas[22] y Serenos. Un sinfín de cuerpos, principalmente de ‘ámbito rural’, que terminarán desapareciendo e invitando a sus miembros a integrarse en el futuro cuerpo de policía regional que desde 1844 será la Guardia Civil.

Total que llegamos a las puertas del XIX con las cosas claras pero con un futuro espeso, como el mejor chocolate. Y  a ver si aclaramos conceptos y terminamos mañana con los siglos XIX y XX que se me están pareciendo como un campo sarcopoterium de pimpinelas espinosas de muy difícil tránsito para salir indemne.

 

 

 



[1] Francoise Husson, en una historia de los carpinteros de París; en 1903.

[2] Con el cometido de mantenimiento del orden público entre las gentes del pueblo bajo y la persecución de los malhechores y ociosos

[3] Policía y fuerza de seguridad interna con funciones judiciales, penitenciarias y fiscales. Lo mismo actuaban como guardaespaldas de las autoridades, que recogían la basura y vigilaban de noche las ciudades.

[4] Vara que representaba la autoridad y que era también un arma, sabiéndola emplear.

[5] 1715-1977; equipados con un chuzo y un silbato, que cantaban las horas y el tiempo atmosférico –“las once y lluvioso”, “las dos y sereno”; y con sereno -de tiempo atmosférico y no de abstemio- se quedaron estos personajes.

[6] Gentes de aquí y de allá que deseaban vivir libres en un territorio libre sin sometimiento a reyes ni señores, haciendo del robo y del secuestro su forma de vida, pues no había otra cosa de qué vivir.

[7] Federaciones de municipios en la Edad Media para el mantenimiento del orden público y seguridad y la protección de las actividades en las tierras comunales. En 1370, un ordenamiento real consintió y reglamentó estas hermandades de policía; serán los propios monarcas, ya en el siglo XV, quienes impulsen el ingreso de los concejos en las grandes hermandades de su reino. La Hermandad de las Tierras de Escalona (1190) fue una de las primeras y más destacadas.

[8] Cortes de Madrigal, 1476, unificando las distintas Hermandades que habían existido desde el siglo XI en los reinos de Castilla y León. Se le considera el primer cuerpo policial de Europa sometido a cierta organización y administración gubernamental. Fue decretada su extinción total en el año 1834, habiendo sido para entonces reemplazada por la Superintendencia General de Policía, creada en 1824 como órgano director de la Policía General del Reino.

[9] Instituto armado integrados por soldados cojos, tuertos, mancos y otros impedidos, provenientes del Ejército, con cometidos de orden público: control de vagabundos, mendigos, holgazanes y maleantes, inspección de establecimientos públicos, de hospedajes y viajeros.

[10] Voluntarios (burgueses, comerciantes y artesanos) comprometidos en ayudar al Cuerpo de Inválidos Hábiles

[11] Creada en Cataluña (1761) para servicio de policía y seguridad de la familia real y custodia de los sitios y posesiones del Real Patrimonio.

[12] Lucha contra contrabandistas de las costas africanas y Gibraltar.

[13] A las órdenes de un Corregidor, para reprimir el crimen y la delincuencia.

[14] Con el añadido del contrabando y otros delitos fiscales.

[15] Reino de Aragón;1568-1708. “Con jurisdicción y competencias sobre ladrones bandoleros, asesinos, secuestradores, contrabandistas y demás delincuentes; incluso en auxilio del Ejército”

[16] Sucesores de los Guardias del Reino; debían ser naturales de Aragón y eran elegidos por su robustez, agilidad, vigor, agilidad, resistencia a la fatiga y espíritu. Terminaron siendo una unidad militar entre 1835 y 1843

[17] Migueletes: llamados así por portar un fusil de llave de restrillo, o llave española, precursora de la llave de chispa. Tenemos Migueletes combatiendo al bandolerismo en las sierras de Andalucía -y la rebelión de las alpujarras- y Migueletes como Fusileros del Reino de Valencia, que terminaron integrados en la Guardia Civil en 1844. Sustituyeron a los ballesteros del Centenar del Gloriós Sant Jordi (o de la Ploma; 1365-1707) cuya misión era de la perseguir malhechores y su privilegio más destacado era la custodia de la Real Senyera. Nada que ver estos Migueletes con la Compañía de Almogávares de 1640 y Miquelón de Prats -¿mito o verdad?- y sus actos de pillaje tras la Guerra de los Segadores (1640-1652).

[18] De tradición medieval, a imagen del bucelario visigodo, centrado en la represión de bandoleros y piratas que llega hasta 1714, siendo reestablecido en varias ocasiones, tras guerras, para perseguir desertores. Refundado en 1855, pasó a ser un cuerpo auxiliar de Orden Público y ámbito rural que cobró un especial protagonismo en la Dictadura de Primo de Rivera como “policía de buenas costumbres y persecución de la blasfemia” pero que se fajó en la represión de los “delitos sociales” (huelgas). Disuelto en 1931 en toda España, continuó en Cataluña. Se reactivo entre 1936 y 1939 en la zona nacional para cobrar protagonismo en 1945-1948 al encomendársele colaborar con la Guardia Civil “en su lucha contra el maquis y las organizaciones obreras clandestinas”. Aunque en el olvido desde 1968, fue disuelto en 1978.

[19] Desde 1721 centrado en la persecución de criminales y bandidos en Cataluña; y a los austracistas tras la Guerra de Sucesión. Siguen la tradición de las Escuadras de Paisanos Armados. Hoy son un cuerpo policial activo. Fueron la primera organización policial en España y en Europa encargada de velar por la seguridad interior sin formar parte del organigrama militar

[20] 1777; fuerza policial surgida de regimientos militares para perseguir delincuentes y malhechores y ayudar a la Justicia. Entre su uniforme figuraba una cuerda de cáñamo para atar a los delincuentes que apresaban. Conflictos entre chancillerías y la jurisdicción militar acabaron con esta unidad.

[21] Desde 1793, aunque arrancan de las Hermandades de la Baja Edad Media. También se centraron más en otros cometidos -represión de liberales y prevención de las sublevaciones- sus encomiendas era típicamente policiales. Hoy, los Miñones de Álava están adscritos al Departamento de Interior del Gobierno vasco.

[22] 1808; constituidas para evitar desórdenes y reprimir a bandidos, malhechores y desertores de la Guerra de la Independencia.


20 feb 2021

HABLANDO DE TURISMO

  

Como rescoldo de una conferencia telemática a la que habíamos asistido, pasé a integrarme -un poco hastiado, todo hay que decirlo, y con un tentempié de cena- en una conversación WhatsApp entre colegas a cuenta del turismo y sobre lo asistido. La cosa se alargó más de la cuenta y fue degenerando hasta tal infranivel que el colega -llamémosle- A nos sobresaltó con un ¿cómo cuantos tipos de turismo conocéis?

Se produjo un silencio que atronaba. Entrarle al trapo al colega A podía traer consecuencias nefastas y el bocado -con su pizca de anchoa en lo alto- era tan sublime que opté por pasar turno mientras abría otro botellín.

Pero el colega -llamémosle- B, cual metrallera[1] Fatchamps de 1851 empezó a disparar en plan ráfaga sostenida: “de Sol y Playa, de incentivos y reuniones, de segunda residencia, de naturaleza, rural, de salud y belleza, cultural, de compras, gastronómico, de congresos, de cruceros, etnográfico, urbano, de negocios, de festivales, de tercera edad, de museos, religioso, de cementerios…”.

Al llegar al tanatoturismo, ya deglutido el bocado, me atreví, con inusual osadía, a preguntar: “y este repaso, ¿para qué?”. Era ya tarde; desbarrábamos.

Soy muy primitivo -y hasta agreste y montaraz en mis planteamientos- y no llegaba -ni aún hoy llego- a alcanzar lo que perseguía el colega A. Cuando la cita al turismo de cementerios, que no hay que confundir con el turismo negro -que aglutina a los lugares donde la muerta ha sido protagonista por guerra y terrorismo-, pensaba yo que el colega B iba a llegar al sumun del excentricismo y me iba a colocar al mismo nivel de turismo lo que hago yo en mis vacaciones y tiempo libre con cuestiones tales como el narcoturismo, el turismo tolkiano y el sexual (que lo hay).

No obtuve respuesta. El colega B seguía con su retahíla y no reparó -tal vez en su ensimismamiento- en mi pregunta.

Él ya estaba al nivel de Jack Keruac que tiene su propia lista ‘de turismos’. Nos hablaron de su clasificación en una formativa de estas en diciembre último. Keruac tiene un abanico que va desde el turismo abortivo (la condición humana) al turismo de póquer, pasando por el turismo pobrista. Sí, resulta que hay gente que viaja por el mero hecho (no se le puede llamar placer, aunque mira los masocas) de pisar lugares donde la pobreza está anclada. Visitan, fotografían y se van. Es fuerte, ¿no? Mínima acción temporal sin compromiso con aquellos a los que observas. ¡Jo, con la condición humana!

He leído en un reportaje que son las agencias las que sueltan un poco de pasta gansa para mantener la ignominiosa experiencia a modo de decorado permanente para una modalidad que como apellido ensucia el nombre del Turismo.

En fin, que ‘hay gente pa tó’ como dicen que dijo el califa Guerrita[2]. Hay más -y entre ellos estaba mi abuelo José- que dicen que la frase es de El Gallo[3], tras conocer a Ortega y Gasset -que sólo era uno, aviso para algún lector- y tras explicarle que nuevo caballero era filósofo. Si me he de pronunciar, diré que estoy más con el Divino Calvo que con el Califa y que por no minusvalorarlo citaré otra frase, referenciada a ciencia cierta como suya: ‘lo que no pué ser, no pué ser; y además, e imposible’.

Imposible era seguir con aquel martilleo de tipos de turismo que soltaba el colega B, ante el silencio del colega A y el tedio que me producía.

Colijo de aquellos minutos de bombardeo de posibilidades turísticas que la industria del turismo se ha encargado de satisfacer las ‘necesidades’ de todo tipo de turistas y viajeros imposibles y hasta llega a ofertar opciones muy fuera de lo común a personas con intereses muy particulares. Pero la excepción no debe confirmarnos la regla.

Visitar los lugares de los libros de Tolkien -o los de Harry Potter-, tiene, considero, un pase distinto de aquellos que visitan el castillo Poenari, en Rumanía, donde vivió Vlad Tepes que, dicen, inspiró a Bram Stocker para su obra Drácula; porque una cosa es el libro (y las pelis) y otra muy distinta la verdadera historia del empalador y su crueldad, que bulle a borbotones en las crónicas eslavas frente a ambrosía que ofrece la tradición rumana, que lo considera un sólido héroe nacional. Estos ‘turis, turis, turitas-tas’ de Poenari son los mismos que no visitan los castillos de Cachtice, en Eslovaquia, y Esei, en Hungría, marcados por la condesa Erzsébet Báthory de Ecsed… ni se atreven con el año sin verano -1816- por lo que no visitan la ginebrina Villa Diodati, o la inmediata Maison Chapuis, con las historias de John Polidori, Mary Godwin, Percy Shelly, lord Byron y alguno más, con sus cuentos de vampiros, frankenteins y dráculas. La Villa Diodati y la Maison Chapuis, las casas de la liga del incesto -como las llegó a llamar algún tabloide decimonónico-, está en Coligny, ahora un rico suburbio de Ginebra, en la ribera izquierda del Leman. Aquí, sostengo yo, se aguanta un paseo con más realismo que los muchos escalones que hay que subir -y bajar- para visitar el destartalado castillo rumano: y hay más verdad.

Con un ‘bueno, os dejo; ha sido muy instructivo’ me despedí de los colegas. Ni me tendrán en cuesta esta huida en puente de plata.

Entre la chapa de antes y el desabarre de ese momento, me quedaba claro que aquí de turismo habla cualquiera -¡Dios, cuanto experto!- y que, con sus modas y modismos, esto del turismo es siempre lo mismo: emociones.

Vaya por Dios. Coincido con Fernando Gallardo: el turismo es emocional. Es más; hasta suscribo lo de “el negocio del turismo pertenece al viajero, que es quien lo paga”, que dijo Gallardo. Y hasta ahí.

Impartió doctrina Gallardo en la tarde noche del jueves en el Club de Opinión de Benidorm. Y lo dejó claro: “la pandemia no cambia nada, pero acelera los procesos que ya estaban en marcha”.

Las triadas mágicas, la escuela de anfitriones y el Benidorm con palabros de marketing son cosas como que están bien para la filosofía aplicable a la hora de “redefinir el turismo para 2025, aprovechando la oportunidad para la digitalización y la sostenibilidad”, pero no solucionan el día a día, ni el pasado mañana que ha de llegar; y, ¡Virgencita!, por lo menos que esté en el ajo entonces y aún con vida.

Bueno, en la hoja de ruta de este receptivo que es Benidorm está lo de la digitalización y la sostenibilidad… y la accesibilidad universal, y la aplicación de la tecnología; todo ello para una mejor gobernanza: DTI de libro.

Gallardo nos lo fio todo a 2025. Y estamos a 20 de febrero de 2021, un año, dijo, que será “complejo”. La “remisión del problema”, avisó, “no llegará hasta 2022”. Pronosticó “un turismo incipiente, con alegría pero a espasmos para 2023” y la “vuelta a la normalidad a lo largo de 2024”, para señalar que “a partir de 2025 llegarán los felices 20”… y aquí me hallo, en mi otero, preguntándome si el foxtrot seguirá de moda y llegará otro charleston… y una Josephine Baker para bailarlo en blanco y negro… y si ese va a ser el color que salpicará el verde esperanza, el sinople de la fortaleza. Los nuevos brotes siempre son verdes y hay esperanza en la cosecha. Y el verde también es armonía y equilibrio, pero…

Vicente Larraga, hoy en el Diario Información, nos contaba que tenemos Covid para “dos o tres años” más, “aunque la normalidad volverá a España en otoño”. Le tomo la palabra, doctor. Larraga trabaja en una de las vacunas del CSIC que espera que esté autorizada y para producir, en otoño. Pide reindustrializar el país en mascarillas y vacunas; pero si es que hasta los analgésicos hemos dejado que nos los fabriquen en Asia y hasta para un dolor de cabeza hay que tirar de amarillos.

Margarita del Val, también del CSIC -pero de otro equipo, pues tienen tanta diversificación como modismos el turismo- ya pronostica la cuarta ola; la que generará “la prisa por desescalar para Semana Santa”. Y critica nuestra manera de “vivir al límite” y “ventilar poco”. Abranos de par en par las ventanas mientras podamos; que no nos las tengan que abrir.

Manuel Franco, de la Sociedad Española de Salud Pública y profesor en las universidades de Alcalá y John Hopkins, plantea bajar la incidencia a 50 antes de desescalar y nos señala los 3 errores que ya hemos cometido: “Ya hemos visto cómo desescalamos en primavera, cómo salimos en verano y cómo hemos salido en Navidades. ¡Ya va la tercera vez!”. Se decía que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra… y el español, con el mismo peñón, frente a La Línea de la Concepción.


El caso es que, para Gallardo, Keruac y mis colegas -y hasta para mí- hay muchos tipos de turismo, pero necesitamos doblegar al bicho para disfrutarlos. La cuestión está en aguantar. Resiliencia que le dicen ahora. Un sábado, como hoy, a finales de enero, oía en la radio que la palabra resiliencia está sacada de la Física e indica la capacidad de los materiales de aguantar los golpes y no romperse. Los sacos de boxeo, por lo general, tampoco se rompen; y mira que los golpean y aguantan golpes.

Caba vez más se están pareciéndose más a un saco de boxeo las gentes que sostienen el turismo.

Y yo me quedé sin saber por qué mi colega -llamémosle- A hizo aquella pregunta y ¿para qué? Al final, son emociones y la felicidad es una de ellas, quizás la principal.

 

 

 

 



[1] Antecedente de la ametralladora

[2] Rafael Guerra Bejarano (Córdoba, 6 de marzo de 1862-ibídem, 21 de febrero de 1941), más conocido como Guerrita o el Guerra, fue un famoso torero español, reconocido también como el segundo de los cinco Califas del Toreo.

[3] Rafael Gómez Ortega (Madrid, 16 de julio de 1882-Sevilla, 25 de mayo de 1960),​ apodado Gallito, el Gallo y después el Divino Calvo, fue un célebre torero español, hermano mayor de Joselito y miembro de la familia Gallo.

14 feb 2021

DE CUANDO HACÍA “VIBRACIONES”; DE MIS DÍAS DE MÚSICA EN LA RADIO

 

En recuerdo de mis días de radio, desde mediados de los setenta, cuando ponía en antena ‘Vibraciones’, un programa con “mi” mejor música, que JuanCar López suministraba desde Madrid (en ocasiones a precio oro) y que el NME (el “enemigo”/New Musical Express, que llegaba con bastante retraso en fechas) y otras publicaciones de JR Pardo -y aquellas grandes figuras de la radio musical- posibilitaban erudición y actualidad, creando -me justifico yo- cultura. Eran los días de EAM32, que luego emitió en FM…

Una vez por mes, recuerdo, hacía un especial, trabajadísimo, con lo mejor de… Hoy, va de The Beatles.

-.-

El 14 de febrero de 1961 cayó en martes. A ellos les daba lo mismo el día que fuera. Si actuaban, hacía pellas y no estaban en el instituto. Ni San Valentín, ni gaitas escocesas. Actuaron aquel martes en el Cassanova Club de Liverpool y hay una filmación; ¿la primera de la banda? Habían actuado con bastante éxito en la noche del sábado anterior y se les contrató para esa noche… y seis fechas más.

El Cassanova Club era un anexo del restaurante Sampson & Barlow's (39 London Road, Liverpool) que se publicitaba como The New Ballroom. Se acababan de trasladar de Dale Street, a comienzos de febrero de 1961, y querían ser un local puntero y para ello querían contar con ‘los mejores’.

Y London Road era entonces el centro de Liverpool, en el Barrio de San Jorge, donde el viejo cine Odeon era referencia obligada. Hace cuatro años, cuando la última vez que pisé Liverpool siguiendo las huellas de los Beatles, tristemente vi que del espíritu sesentero de esta calle sólo quedaba el mercadillo de Monument Place y algún pub destartalado. Y la recomendación que no pasear por allí al caer la noche. Fui -y eso no se olvida- un ‘bitelmaníaco’ y aún me gustan estas cosas. Fíjate, no entiendo la pasión por Harry Potter y me asomo a London Road.

Y a lo que iba con este post. El caso es que el éxito de aquella tarde-noche de San Valentín les volvió a llevar a The Cavern Club, esta vez con Gerry Marsden, el de Gerry And The Pacemakers, a vivir de lleno noches de R’n’R.

Desde que en abril del 54 entrara en escena el ‘Rock around the clock’ de Bill Haley (su ricito) y sus Comets, esto de la música dio un brinco y pasó a otra dimensión. El R’n’R, incluso, cambió el orden social, apareciendo las subculturas juveniles que exceden de este post.

La película (del mismo título que la canción y en torno a ella) llegó al Reino Unido en 1956 y en el  poco más de año y medio entre una y otra se constató la revolución larvada de una juventud británica que por aquel entonces tenía un futuro más oscuro que el sempiterno amanecer invernal de la noruega Rjukan.

Eran los días de los mods y rockers que Quadrophenia (de The Who) refleja tan bien; los días en que se enfrentaron en Brighton Beach; el despuntar de la década de 1960. Los Teddy Boys prendieron fuego al primer motín adolescente de la Gran Bretaña y fueron espejo mundial.

Había que haber estado allí para contarlo, pero otros lo han hecho por mí. Al estudiarlos, sabes que al ritmo de ‘Rock around the clock’ Gran Bretaña se despertó en estado de shock ante la existencia de adolescentes que soñaban con un futuro que pintaba más negro que el carbón de las minas de gales.

En la prensa se reflejaba el pánico moral que tenía la tradicional sociedad británica a “la juventud salvaje” o a “la amenaza adolescente”. Y la banda sonora, una de las bandas sonoras de aquellos días, la estaban poniendo, desde Liverpool, los Beatles.

Por nadie pase, y más con la que nos está cayendo, pero a la salida de la penumbra de la posguerra, en la década de 1950, los Teddy Boys (los Teds/Teddys) fueron la subcultura adolescente original de Gran Bretaña y establecieron los modelos para todas las tribus jóvenes que seguirían sus pasos: los Mods, Rockers, Punks, New Romantics y más allá. Inspirados en el R’n’R americano y en los dandies eduardianos (que era lo imperante), el estilo de los Teds marcó tendencias. Y allí estaban John, George y Paul, que en realidad no eran Teddys, pero no sabían cómo resolver su carga emocional.

Echando la vista atrás a los nombres de sus primeras formaciones ya tenemos la pista del problema: John y Paul actuaban como The Nurk Twins; cuando se les unía George ya eran “The Quarrymen”, “Johny & The Moon Dogs” o “The Silver Beatles”; este último nombre lo adoptaron a semejanza de The Crickets (Los Grillos) que era la banda de otro de los grandes ídolos del momento: Buddy Holly.

Al poco de estrenarse la película de Bill Haley, John y Paul, en un día que hacen novillos, componen en “Love me do”, el primer himno que aguantarán hasta 1962 para pasar a vinilo. Aún no habían interiorizado aquello de que ‘si algo te duele, ¡grítalo!’ que contendrá el espíritu de sus canciones.

En el 59 el dúo-trío se amplía con Stuart Suftclife que iba de pintor (y con la venta de un cuadro se compró un bajo); y en agosto de 1960 llaman a Pete Best para la batería, que siempre será la asignatura pendiente del grupo -Andy White y otros rondaban-, aunque Ringo consiguió su huequecito.

Stuart, dejará el grupo tras las actuaciones de Hamburgo en el 61, murió en agosto del 62. Se cuenta que en una de aquellas tradicionales peleas tras una actuación en el Litherland Town Hall, en la primavera del 61, le patearon la cabeza y ya no fue el mismo. A Pete Best se lo quitaron de en medio al regreso de la ‘primera gira por Hamburgo’: era un verso suelto. Johnny Hutchinson, fue su sustituto, por un concierto y dos días, hasta que Ringo se unió a la banda en el 62. De Hutchinson, seguro que han oído poco hablar, fue Beatle por unas horas.

Los comienzos de la banda no fueron fáciles. Tras una penosa batida por Escocia consiguen una llamada para Hamburgo; Bruno Koschmider los paseó primero por The Indra Club y luego se los llevó al Kaiserkeller; y de ahí, al Top Ten, Star Club, Beer-Shop… hasta que les deportan a George, por ser menor de edad y Paul y Pete por incidentes menores en un Hamburgo que por aquellos días era el mayor centro de perversión de Europa: prostitución, gansterismo y tráfico de armas para la guerra de Argelia y todos los conflictos del África efervescente contra el colonialismo.

En aquel Hamburgo, conocen a Astrid Kirchherr y a Klaus Voormann. La primera terminará por marcarles el look beatle y quedarse con Stuart. Klaus será el sexto Beatle de por vida y el autor de sus mejores portadas.

Ya fogueados, vuelven a Liverpool y acortan el nombre de la banda: The Beatles. Y se produce la irrupción de Brian Epstein. En Hamburgo, John, Paul y George conocen a Tony and the Jets (Tony Sheridan) y por esas cosas de la escuela alemana de productores musicales, Bert Kaempfert une a Sheridan con Paul, John y George (The Beat Brothers) y lanzan su versión de una canción popular escocesa -My Bonnie (My Bonnie Lies over the Ocean, que habla de Bonnie Prince Charlie; el  del Drambuie)- que marca el principio de la era Beatle.

[Osvaldo Pérez d’Elías; ABC, domingo 13 de mayo de 1990]


La gente joven se interesa por el disco y lo busca. Raymond Jones -que ha entrado en la historia como el primero que buscó esa grabación en la tienda NEMS de Whitechapel- había leído en el Mersey Beat, un periodiquito que publicaba las actuaciones de las bandas de Liverpool, lo de este tema que arrasaba, y lo buscaba. Epstein, el dueño de la tienda, a su vez, buscaba satisfacer a sus clientes y no tenía ni idea de la canción ni del grupo, pero lo buscó, lo localizó, fue al lugar de actuación -The Cavern- y… les firmó el primer contrato: 9 de noviembre de 1961.

De Brian Epstein siempre se ha dicho que fue el quinto Beatle.

En la segunda semana de mayo de 1970 sonaba por primera vez su último disco -“Let it be”-; en horas anunciaron su separación. 1961-1970. Sólo una década de The Beatles -quince años desde que Paul y John comenzaron- que está dando para mucho; y lo que queda…


13 feb 2021

DE ESPAÑOLES EN GÒ CÔNG

 

 

Desde que en noviembre de 1520 descubrimos que se podía ir al Maluco por el Oeste, comenzamos a sentir predilección por aquellas tierras lejanas y, mira por donde, orientales.

Este Post entraña una pequeña historia de españoles en Gò Công; incluso en Da Nang, a donde ahora, en pleno siglo XXI, nos ha dado por ir de turismo. Pero entre el XVI y el XX, dejamos nuestra sangre por Vietnam.

A Gò Công llegó la Misión Sanitaria Española a Vietnam de Sur (1966-68), como justamente un siglo antes llegó Palanca en la Campaña de la Cochinchina (1858-63), por señalar dos situaciones en las que nos embarcamos con las potencias del momento y así llegamos, al reino de Annan... Y, si recuerdan, en unos de los últimos post les he hablado de “la fiebre de Annan”, como se llamó también a la Gripe del 18 (que seguro que salió de por allí, como ésta ahora) y como estamos con la Covid-19 a cuestas, pues he echado la vista atrás y…

Cuando Lyndon B Johnson llamó -1964- a todas las naciones del mundo a combatir el comunismo en la llamada campaña “Más banderas” y en el marco de la Oficina de Asistencia Militar del Mundo Libre (FWMAO), unos cuantos países se unieron de forma decidida enviando tropas -Corea del Sur y Australia, por ejemplo; y hubo más países- mientras otros lo hicieron de forma testimonial -Marruecos, por ejemplo, enviando 10.000 latas de sardinas (no he conseguido saber si en aceite de oliva o en escabeche)-; incluso algún país más lo hizo de forma semiclandestina, como España, enviando un equipo médico-sanitario que fue destinado al sur de Saigón, en el Delta del Mekong, al hospital Truong Công Dinn de Gò Công, entre septiembre de 1966 y septiembre de 1968, justo al lado de la “Ruta Ho-Chi-Minh”. Sí, cosas del destino: a Gò Công.

La misión inicial fue de 12 sanitarios (se convocaron 14 plazas; y se cubrieron 12). El operativo contemplaba reemplazos cada seis meses (con un descanso mensual en Saigón y unas vacaciones de 15 días pagadas por los Estados Unidos, además del sueldo -1.000 dólares [80.000 pesetas] USA y las 12.000 pesetas de la paga del Ejército español [no vale reírse]- y otras cuestiones); varios se rengancharon. Al final, treinta y seis expedicionarios españoles estuvieron en el Delta del Mekong.

El destacamento español estuvo muy bien considerado y por su trabajo y dedicación fueron recompensados por el Ejército survietnamita, con la Medalla de Honor de 1ª clase y la Medalla de la Campaña, y por el Ejército de los Estados Unidos, con la Medalla al Mérito en el Servicio. Al capitán Linares le fue impuesta la Estrella de Bronce; eso sí, bajo el más absoluto secreto y en dependencias de la embajada norteamericana en Madrid. Ahora bien, salieron en los noticiarios USA cuando visitaron el hospital donde ejercían las gentes de Hollywood -Jane Mansfield y otras estrellas de ese firmamento- y el general de cuatro estrellas William Westmoreland, al mando del XVIII Cuerpo Aerotransportado y jefe de las tropas norteamericanas por allí.

A finales de enero de 1968, en la Ofensiva del Tet, el hospital fue atacado y resultaron heridos dos suboficiales integrantes de la expedición (sangre española). Y, cosas del ADÑ, resulta que un informe posterior a los combates describe como a los pocos días del ataque los guerrilleros vietcong detuvieron a uno de los vehículos con los que los militares hacían las visitas a los poblados para pedirles perdón por los daños ocasionados al hospital. La mayoría de los pacientes que atendían eran heridos vietcong y la fama de los médicos y sanitarios españoles corría por el delta del Mekong donde a uno de los puentes que salvaban los brazos del río se le bautizó como Puente del España (sí, DEL España; que hay fotos); aunque tay-ban-nha quiere decir “de los españoles”. Hoy no existe por la reurbanización del lugar.

Y aunque suene a demagógico, el ‘hogar español’ del hospital reunió a todos, especialmente a militares yanquis, a la hora del rancho con las paellas y otros guisos y artes culinarias practicadas con el mismo acierto que la cirujía.

No recuerdo en qué revista de todas aquellas que leía mi padre en los 70, pero leí un reportaje de Miguel de la Cuadra Salcedo sobre la Guerra del Vietnam donde se reseñaba esa presencia militar médica española -con “los 12 de la fama”- que ahora parece que ‘sólo se descubrió a finales de los 80’. ¡Qué país!

No sé si aquellos militares supieron que un siglo antes soldados españoles habían conquistado Gò Công y muchos habían dejado su vida en Vietnam.

Distintivo de los expedicionarios españoles del siglo XX


Un poco más al norte, en el mismo Vietnam, está Da Nang. Allí se produjo el primer desembarco de marines en 1965 y se construyó el aeropuerto de mayor tráfico del mundo; operaba a finales de los años sesenta más dos mil doscientas operaciones (militares) al día.

Por el portugués Antonio da Faria supimos en 1535 de Da Nang y comenzamos a comerciar y, de paso, evangelizar. Y “nos” iba bien en ambas cuestiones hasta que comenzaron, hacia 1840, las persecuciones de misioneros y conversos. Francia, que operaba de gendarme de la zona, exhibía su artillería naval y calmaba los ánimos hasta que el emperador Tu Duc, harto de que los misioneros le fueran ganando terreno hizo de las suyas. Y ahí entraron en acción los soldados españoles escribiendo otra página de la Historia en tierras lejanas; ante el imperio de Annam.

A principios de 1857 llegaron noticias inquietantes a Manila sobre la situación en el vicariato de Tonkín (delta del río Rojo, al Norte de Vietnam). La persecución religiosa iniciada años atrás por el emperador Tu-Doc estaba en su momento álgido con detenciones de cristianos y ejecuciones de misioneros españoles y franceses. El cónsul español en Cantón, Nicasio Cañete, pidió a su homónimo francés, Alfonso de Bourbulón, ayuda al mismo tiempo que el gobierno de Narváez (general, él) pedía la intervención del propio Napoleón III que, como dije, ejercía de gendarme del sudeste asiático.

Total, que los annamitas ejecutaron al obispo español a finales de julio y desataron la persecución de todo cristiano por la Cochinchina; bien nativos, bien europeos. Eso ya pintaba tan mal que el gobierno francés proyectó una expedición de castigo contra Tu Doc. La idea era que cesaran las persecuciones. La flota francesa en el mar de la China fue activa y el almirante Rigault de Genouilly puesto al mando de una operación conjunta franco-española. El Gobierno español aportaba mil cuatrocientos hombres de la Capitanía General de Filipinas. Al frente del contingente español se nombró al coronel de Infantería Bernardo Ruiz de Lanzarote; su segundo jefe era el comandante Carlos Palanca Gutiérrez.

El 12 de agosto de 1858 llegaba a Manila el vapor francés Dorogne para embarcar al primer contingente; el 6 de septiembre el segundo contingente español salía de la bahía manilense en la fragata Durance. La escuadra conjunta (es un decir) la componían 12 unidades navales francesas y el aviso[1] español Elcano. En Da Nang se fijó la base de operaciones (que debía ser tomada al asalto). El 14 de septiembre los franceses bombardearon los fuertes y las columnas de Palanca tomaron las fortificaciones y la ciudad.

Con Da Nang como cabeza de puente, el 3 de febrero de 1859 la flota de castigo puso rumbo a Saigón con las cinco compañías expedicionarias españolas destinadas a la operación. Una semana después llegaban al delta del río Mekong; en seis días conquistaron los ocho fuertes que protegían el delta y al  amanecer del 17 de febrero asaltaron Saigón. Las unidades españolas estaban dirigidas por los comandantes Palanca (que no ha pasado con ríos de tinta a la Historia) y Primo de Rivera (que sí). Al caer la noche, la capital de la Baja Cochinchina, que así la llamaban los gabachos, se hallaba en poder de las tropas aliadas. Por esta acción le fue concedido a Carlos Palanca el grado de teniente coronel -por méritos de guerra- y hasta fue recompensado por Napoleón III con la distinción de Caballero de la de la Orden Imperial de la Legión de Honor. A petición del ministro de la Guerra, José Mac Crohom y Blake[2], en febrero de 1860 recibió el nombramiento de ministro plenipotenciario de Su Majestad para realizar tratados de paz, amistad y comercio con el gobierno de Annam. Dos días más tarde era nombrado comandante general de las fuerzas expedicionarias en aquel Imperio: las fuerzas expedicionarias sumaban 322 soldados franceses y 233 españoles. Sólo el Ejército de Caucho de Bevan tenía menos soldados para hacer frente a aquello.

En los primeros días de 1863 se activó nuevamente la insurrección annamita, pero le llegaron a Palanca nuevos refuerzos desde Manila: 515 soldados. Palanca ocupó entonces el enclave de Gò Công, donde un siglo después estarían los sanitarios españoles durante la Guerra de Vietnam, y terminó pacificando el territorio. Se firmó el correspondiente tratado, Francia se quedó en su Cochinchina y las tropas de Palanca embarcaron en Saigón el 1 de abril de 1863, llegando a Manila el día 7. A estos sí se les tributó un caluroso recibimiento.

En 1898 los franceses llevaron los cuerpos de todos los soldados caídos en la Campaña de Cochinchina al cementerio de Da Nang.

Lápida, en el cementerio de Da Nang


 



[1] Embarcación de guerra, pequeña y muy ligera (veloz), destinada a usos auxiliares.

[2] A pesar de sus apellidos, ferrolano y hasta diputado por Alicante en 1854 y 1858

24 ene 2021

INSISTIENDO, ERRE QUE ERRE; DE LA CHINA MANDARINA CON UN MATIZ AMBIENTAL

  

Yo sigo en la línea de que las pandemias vienen del Este, como esta de la Covid19.

Y sostengo que la gripe del 18 -la mal llamada Spanish Flu- llegó con el reclutamiento, por Francia e Inglaterra, de chinos -como mano de obra y auxiliares- que en la primavera de 1917 se cruzaron Canadá y el Atlántico para llegar a los campos de Europa: unos a trabajar en labores agrícolas y otros a servicios auxiliares.

Mark Osborne Humphries, en 2014[1], le puso origen al problema: epicentro en la región de Shanxi (China) y vector de propagación desde el puerto de Weihaiwei[2], en la primavera de 1917, para que en el otoño de ese año se produjeran los primeros casos en Estados Unidos de la “fiebre china”, lo que ya no podía ir dando una pistita del origen de aquella pandemia, que entro en la historia de la contienda un cincelado 5 de marzo de 1918 y que de Canadá pasó a los Estados Unidos casi el mismo tiempo que llegó a Europa.

Y es que, sin abandonar un origen oriental, tenemos otro ítem más en la cuestión -otro más a mi buchaca-.

En aquella Europa metida hasta las cachas en la Gran Guerra, se reporta en suelo francés y en los primeros meses de 1917, un potente brote de gripe y neumonía bacteriana que se había desatado en la principal base de la Fuerza Espedicionaria británica, situada en Étaples, en la desembocadura del río Canche, en Pas de Calais. Allí se llegaron a hacinar a cerca de  cien mil soldados, en pésimas condiciones de habitabilidad, junto a unas marismas donde patos, gansos y otras aves migratorias tenían un hábitat idóneo, que compartían con piaras de cerdos. El paraíso del bestiario en medio del infierno de la guerra.

Las aves, sabemos, son la fuente de la mayoría de las gripes, y los cerdos -contaba Michele Catanzaro en julio último en La Vanguardia- “son unas ‘cocteleras’ en las que distintas infecciones se mezclan y evolucionan con rapidez”. Pues otro minipunto para mi cuestión.

Y es que, hasta la atestada base de Étaples llegaron, desde las colonias francesas de ultramar y para defender la metrópolis, miles de soldados de las llamadas unidades ‘indígenas’ que habían sido reclutados en Indochina, Laos y Camboya (el antiguo reino de Annam, al Sur de China) y resulta que en las reseñas de los oficiales médicos galos se describen ya en las primerías de 1917 cientos de muertes por la “neumonía annamita[3]. ¿Verde y con asas?, ¡alcarraza!

Llegó del Este; nos la trajimos del Este.

Luego, las mutaciones la fueron complicando y la cepa se hizo más mortal. Una variante, surgida en Sierra Leona[4], llegó a Francia a través de soldados británicos y se reforzó en agosto de 1918. Su origen, desconocido; como el de la variante de Massachussets, de por las mismas fechas. Y se sigue estudiando, como fleco de la cuestión. Ya verán como hay vector del Este, chino o conchinchino.

Y ya puestos a meterle presión a la cosa tenemos varios estudios, incluso del Taubenberger del Post de ayer, que echan una pizca de culpa a la virulencia del virus por el empleo de gases tóxicos, en especial del gas cloro, en los campos de batalla de la IGM. Antxon Erkoreka, director del Museo Vasco de Historia de la Medicina, de la Universidad del País Vasco, sostiene en varios trabajos que algunos de los gases empleados en el conflicto “son mutagénicos”. Vamos, que interaccionan con los virus y les llevan a mutar, lo que podría haber promovido su evolución hacia una variante más letal. No todos coinciden con esa posibilidad que, por crear más neblina mayor, dejamos por aquí.

Y a estas alturas del Post nos vamos a la anomalía ambiental, que es el lío que nos faltaba.

A partir de 1916 se produjo una anomalía ambiental que reportó abundantes lluvias, incrementándose en el bienio 1918-1919 y complicándose especialmente con frío. Este reforzamiento ambiental vino a coincidir con las grandes batallas de la IGM/WWI: Champagne (Verdún), Somme, Ypres… donde los gases tóxicos tuvieron también su protagonismo.




Los registros conseguidos corroboran los relatos históricos sobre precipitaciones torrenciales en los healdos campos de batalla, generando un aumento de bajas militares por neumonía y otras infecciones.

Además, esas condiciones ambientales alteraron significativamente los patrones de migración de las aves de los pantanales del Canche (y otros ríos europeos), en especial del Anas platyrhynchos (pato mallard, ánade real, pato silvestre), el reservorio primario para el virus de la gripe aviar H1N1, que sostienen muchos científicos.

La lluvia, el barro y el frío convirtieron aquellos campos de batalla en lodazales inmundos que sirvieron a los corresponsales de guerra para describir el suelo de las trincheras como “tumbas líquidas”.

La anomalía ambiental trajo otra fatal consecuencia: fallaron las cosechas, lo que ocasionó hambrunas que ayudaron a debilitar aún más a la población con penosas condiciones, bajas defensas y paupérrima alimentación.

La coincidencia entre precipitaciones torrenciales y aumento de la mortalidad en las ondas pandémicas se pone de manifiesto a través de gráficas como las que acompañan el texto que señalan morbilidad enfrentando condiciones ambientales y mortalidad por infecciones respiratorias, como ahora mismo también se están estudiando con la Covid19.

Por la anomalía ambiental de lluvias y frío, la migración del ánade real se interrumpió y hubo notables incrementos de población de estos patos silvestres que generaron mayor cantidad de excrementos en sus hábitats, lo que contribuyó a aumentar la carga viral por deyecciones de aves infectadas. Un nutrido grupo de investigadores habla de una tasa de infección, por superpoblación, que pudo llegar al 60% de las colonias de patos mallard, especialmente juveniles, ‘inmunológicamente ingenuos al virus” -señala Lennard Bengtsson en sus artículos-, que permanecieron en los pantanos de Canche, propagando la pandemia.

Y un añadido al problema de base: la exposición de otros mamíferos, especialmente humanos y cerdos, a los cuerpos de agua infectados por lo patos explicarían las conexiones en la transición del virus y su virulencia en determinados casos.

Total, que una anomalía ambiental alteró la costumbre migratoria de un puñetero pato que complicó el problema de un puto virus que, como siempre, nos llegó de China o de la Conchinchina, creando unas condiciones ideales para la supervivencia y replicación del bicho. Así las cosas, no podemos subestimar, a la luz de los estudios, la contribución de un cambio ambiental -y la acción humana- a la morbilidad pandémica en coinfecciones neumocócicas.

Todo está todo muy interconectado.

 


 

PD. Escribí intencionadamente “cambio ambiental” y no “cambio climático”. Ojito al dato.

 

Gráficos, del trabajo de AF More, CP Loveluck, H Clifford, MJ Handley, EV Korotkikh, AV Korbatov, M McCormick y PA Mayowski, The impact of a six-year climate anomaly on the “Spanish Flu” Pandemic and WWI

 

 



[1] Paths of Infection: The First World War and the Origins of the 1918 Influenza Pandemic; M. O. Humphries. SAGE Journals,

[2] Comisariado británico entre 1898 y 1930; tras retornar el territorio continental, la Royal Navy mantuvo el control de la isla de Liugong (frente a Weihaiwei) hasta la invasión japonesa de 1940.

[3] Sostiene John Oxford, virólogo de la Queen Mary University de Londres

[4] Costa occidental africana; colonia británica en 1808 y protectorado desde 1896 hasta su independencia en 1961

23 ene 2021

DE PATOS Y DE MURCIÉLAGOS; DE ESCANDINAVOS Y SINOS

Lo mismo, el lunes 25 pueden ya los de la misión de la OMS, cuarentena pasada, salir de su hotel y comenzar a peinar la guedeja china en busca del origen perdido del SARS CoV2. Que mucho bombo de que llegaron, pero aún están en el hotel, panza arriba, en confinamiento preventivo mientras les espían los emails y les atrezan los escenarios.

Yo, aprovechando el impasse, y he echado la vista atrás para trasladarles una historia de escandinavos y virus.

Comencemos, hilando nuestra historia, por Tollef Larson Brevig, un pastor luterano noruego, nacido en Telemark en 1857, que emigró a los Estados Unidos y allí ejerció como tal. En 1894 el gobierno norteamericano, fruto de un acuerdo con lapones noruegos (samis) para enseñar a los inuit/inupiat nativos de Alaska a mejorar la crianza de rebaños de caribúes y renos, acordó enviarles, al pueblo de Teller (Estación de Renos Teller), un pastor para las necesidades espirituales. Los samis finalizado su trabajo volvieron a la Laponia noruega, pero Brevig y su familia permanecieron en aquel lugar hasta 1917 implicándose tanto en la comunidad -ofició de maestro, médico, jefe de correos y capitán marítimo- que hasta les buscó un mejor emplazamiento, al otro lado del golfo, que en 1919 fue bautizado como Brevig Mission.

Brevig Mission, Alaska (un soleado día de verano)

Brevig Mission, Alaska (el resto del año)

Bañada por el mar de Bering, Brevig Misión fue bandeando los años y asentando población; ahora tiene casi 400 habitantes y aeropuerto (faltaría más). Se ubica en la salida al mar de la cuenca del Imuruk, a más de 65ºN (frío alasqueño), mirando al sur (algo es algo), en la bahía de Port Clarence, frente a Teller.

En 1918 tenía 80 habitantes y entre el 15 y el 20 de noviembre de 1918 la gripe A se llevó por delante a 72 de ellos en una única oleada, dejando solo a niños y adolescentes. Hoy sabemos que el virus les llegó con el correo; la trajo el cartero, en trineo. Y allí se quedó el virus, enterrado con las víctimas en el suelo siempre congelado. Breving Mission entró en la historia de las pandemias en 1918 y en la historia de la medicina desde entonces como testimonio del legado mortal de un virus que la prensa de la época comenzó llamando “de los patos”.

En un Zoom profesional de la tarde del jueves volvió a entrar Brevig Mission en escena con una clara referencia a la “gripe de los patos”, mientras transitamos esta “gripe de los murciélagos”. Y así ha llegado a esta Post el sueco Johan Hultin, nacido en 1924 y formado en la Universidad de Iowa. Hoy, con 95 año, residiendo en California, es toda una celebridad en patología vírica.

En 1950, con 25 años, Hultin quiso dar el campanazo con su tesis doctoral sobre el virus de la gripe del 18 -H1N1- tras haber hablado con el antropólogo Otto Geist quien desde la Universidad de Alaska le habló de la devastación en Brevig Mission; Hultin decidió ir en busca del virus perdido.

Entonces, llegar hasta allí fue una aventura. De Teller a Brevig tuvo que navegar en un esquife de piel de morsa, pero se ganó al consejo tribal y le dejaron desenterrar cuerpos (helados en terreno helado) para investigar. A aquellas 72 personas las habían enterrado 33 años antes un grupo de mineros enviado por el gobierno, equipados con trajes de perforación en hielo, desde Nome, otra población alasqueña famosa por otra epidemia y la desesperada carrera por conseguir la antitoxina diftérica que ha hecho entrar en la historia a perros de trineo como Balto, con estatua en Central Park, y Togo.

Cementerio de Brevig Mission, Alaska (1950)

Hultin, en 1950, tomó muestras de tejido pulmonar de cuatro cuerpos hallados en aquel cementerio de permafrost y muerte congelada. Utilizando durante el viaje el CO2 de los extintores de a bordo, intentó que las muestras de tejido llegaron intactas al laboratorio en Iowa; pero no consiguió su objetivo.

Hultin ejerció como patólogo en varios hospitales de California y desarrolló investigaciones sobre bioterrorismo y trabajos para otros departamentos californianos. En 1997, leyó en Science un artículo del investigador del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos (AFIP), Jeffrey Tauberberger, sobre la caracterización inicial genética del virus de la influenza trabajando sobre muestras de tejido pulmonar de dos soldados fallecidos a finales de 1918 conservada en el Museo Médico Militar en tacos de parafina. Tauberberger había sido capaz de secuenciar nueve fragmentos de ARN viral de cuatro de los ocho segmentos genéticos del virus. Desde 1986 se disponía de la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para obtener copias de fragmentos de ADN y así poder identificar virus y bacterias; técnica que Hultin no disponía en 1950 y Tauberberger sí, pero sin virus.

Las pocas muestras de tejidos conservados de aquellos soldados fallecidos en 1918 estaban muy deterioradas, pero con la técnica PCR y buenas muestras se podría conseguir. Nadie recordaba Brevig Mission, salvo Hulting que, con 72 años a cuestas y envidiable vitalidad, escribió a Tauberberger y se ofreció de nuevo a ir a Brevig Missión, como en 1950.

Con los medios técnicos de finales de los noventa, Hultin aterrizó en el aeropuerto de Breving Mission y consiguió las autorizaciones pertinentes y la colaboración tribal. Localizó el cuerpo de una joven inuit, obesa (el exceso de tejido graso protegió la conservación del virus), y le extirpó los pulmones, enviándolos, en equipo adecuado, al AFIP de Washington. Hultin, acabado el trabajo, colocó dos cruces blancas en el helado cementerio de Brevig Mission y regresó a California. A los pocos días le confirmaron que habían conseguido el virus. Hultin lo había logrado; 46 años después había conseguido su muestra.

Johan Hultin en Brevig Mission. 1997. Ante las cruces que puso y que tienen los nombres de las 72 víctimas “de la pandemia de influenza”

Y en 1999, al ser publicado en PNAS por la doctora Ann Reid el hallazgo, se le incluyó como coautor.

Los tejidos de los dos soldados parcialmente conservados y el aportado por la joven inuit localizada por Hultin determinaron que el H1N1 había estado dando vueltas por el mundo entre 1900 y 1915 hasta llegar a la fórmula mortalmente dominante de 1918. Hultin fue galardonado como Alumno Distinguido por la Universidad de Iowa en 2000, y en 2009 se otorgó un Doctorado Honoris Causa en Ciencias. Hultin consiguió en 2009 ser el Dr. Hultin, la meta de 1950.

Todos los trabajos desarrollados entre 2000 y 2020 no han llegado a precisar si es cierto que la del 18 fue “la gripe de los patos”, aunque el análisis filogenético parece indicar que la fuente principal de la NA del virus de 1918 era de naturaleza aviar; pero los investigadores del XXI no han podido determinar aún el recorrido desde la fuente aviar hasta la forma pandémica final del virus.

En esta historia hay también un burgalés, Adolfo García Sastre, catedrático de microbiología de la Escuela de Medicina Monte Sinaí de Nueva York (que ha aparecido en TV en varios telediarios) que es coautor, junto al Dr. Peter Palese, a la hora de reconstruir el virus para investigación; pero eso es otra historia, como la de la anomalía climática que alteró las costumbres migratorias de los patos.

Desde 1918, el mundo ha experimentado otras tres grandes irrupciones de este virus -1957, 1968 y 2009- que fueron muchísimo menos severas y muy localizadas, aunque la de 1957 (H2N2) y la de 1968 (H3N2) dejaron por el millón de muertos cada una de ellas.

 

El Dr. Hultin y su esposa, en la prensa local de California este verano

 

PD. Esperemos que todos a una como ahora estamos y con los datos del equipo OMS en China no tardemos tanto en saber como ha sido la cosa. No sé si queda otro Hultin por ahí; y tanta paciencia.

 


12 ene 2021

DE QUE YA TENEMOS DÍA INTERNACIONAL DE LA PREPARACIÓN ANTE LAS EPIDEMIAS

 

Ya tenemos de todo. Aún estamos lidiando con er bisho, apenas si hemos comenzado a vacunar, y ya estamos de celebración. Sepan que el ‘próximo’ lunes 27 de diciembre de 2021 vanos a celebrar el DíaInternacional de la Preparación ante las Epidemias. Tenemos casi un añito para prepararnos y celebrarlo convenientemente.

España, junto a países tan trascendentes como San Vicente y las Granadinas, Tayikistán, Guinea Ecuatorial, Qatar, Senegal, Vietnam, Palestina y Camboya, ha presentado la propuesta que, tras ser aceptada, consagra el 27 de diciembre de cada año, a partir de 2021, como Día Internacional de la Preparación ante las Epidemias. Bueno, no seamos malvados y digamos que también en la propuesta están Canadá, Corea del Sur (República de Corea; pues la del Norte es la República Democrática Popular de Corea), Nicaragua, Níger y Singapur. La crème de la crème.

Y la cosa está muy bien -por qué no-: el 27 de diciembre, mediante actividades de educación y concienciación, habremos de resaltar la importancia de la prevención de las epidemias y, lo más importante, la preparación y colaboración para darles respuesta.

Colaboración. Esa está siendo la clave. Y los chinos, lo mismo que han anulado toda referencia al laboratorio de Shanghái que contó al mundo la primera secuenciación del SARS CoV2 (hay quien dice que hasta lo han cerrado) han dado luz verde al viaje de la misión de la OMS para investigar el origen de la pandemia y así, la decena de expertos internacionales llegará el jueves 14 de enero, tras meses de preparativos, incertidumbre y desesperantes retrasos.

De momento, dos semanitas de cuarentena a los que llegan no sea que les metan el bicho en el país, lo que son dos semanitas más para poner en orden la cosas y que les cueste más cumplir su misión de “llevar a cabo labores de investigación conjuntas con expertos chinos sobre el rastreo del nuevo coronavirus”.

Recordemos que, en el mes de mayo de 2020 Pekín había accedido a que una misión internacional investigara in situ. Y hasta hubo reuniones preparatorias, desde octubre Y, prácticamente, ocho meses después, los chinos les dan luz verde y aún habrán de esperar la cuarentena en un hotel del país. Vamos, tiempo para llegar a un parto… y parir un ratón. Al tiempo.

Y es que, en diciembre último, uno de los integrantes de la misión, el veterinario alemán Fabian Leendertz, declaraba a la agencia France Press que el objetivo de la misión “no es encontrar culpable a un país o a una autoridad”. ¿Qué pasa?; ¿Qué lo tenemos ya muy claro? A lo que parecen ir es a “entender lo que pasó para reducir el riesgo en el futuro”, lo que entra perfectamente en el espíritu de la conmemoración que habremos de ir preparando para el próximo 27 de diciembre en que seguiremos sin saber nada de nada; ni siquiera de la inmunidad vacunal porque si no agilizamos el ritmo de vacunación, en las próximas uvas vamos a estar como en estas.

En el lío están, aún, los 7º Juegos Mundiales Militares (10.000 atletas militares, de 110 países, en Wuhan, China, 18 al 27 de octubre de 2019). Es que me los sitúan los chinos al mismo nivel que la importación de marisco como origen de la pandemia; que les metimos er bisho en casa con eso de ir a Wuhan a competir con uniforme.

Nosotros, España, en la maleta de vuelta metimos una medalla de bronce; y los Estados Unidos, sólo ocho (3 de plata y 5 de bronce); los chinos se quedaron con 239 medallas, de las que 113 fueron de oro: un ejército de atletas.

También metimos en la maleta amoxicilina, con la que fueron tratados, al menos, dos uniformados españoles que padecieron síntomas de gripe compatibles con el nuevo coronavirus durante su estancia en Wuhan. Y al menos otros dos mostraron dolencias nada más llegar a sus destinos en España. 65 días después de clausurar los juegos fue cuando China alertó a la OMS. En la Academia Básica del Aire, de León, de donde era uno de ellos, hubo un pico de contagios en enero. Un quinto militar, que estuvo en Wuhan, también tuvo su gripazo en el mes de diciembre.

Que se podía investigar si pillaron er bisho; digo yo. Pues se les ofreció -en junio, con pasmosa celeridad- hacerse pruebas a los 167 miembros de la delegación y 148 lo hicieron: 6 dieron positivo en anticuerpos; como otros militares franceses, italianos y suecos. Por cierto, 19 pasaron del tema. Otra irresponsabilidad más.

Al que fueran militares extranjeros los que llevaron er bisho a Wuhan -y en concreto militares yanquis- se acogió, cual clavo ardiendo- el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, cuando soltó aquello de “podría ser el Ejército de los Estados Unidos que trajo el Coronavirus a Wuhan” cuando los Juegos Mundiales Militares de Wuhan, en octubre de 2019. Podría ser; lo dejó caer, no los acusó. Y al Global Times, que es el Diario del Pueblo (PCCh) pero en inglés, le faltó tiempo para sacarlo por todos lados.


Esto vino porque el 12 de marzo de 2020, el director del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, Robert Redfield, en una declaración ante el Congreso de su país, admitió que algunos casos diagnosticados como “gripe estacional” entre septiembre y octubre de 2019 pudieran deberse al Covid. ¡Tate!, fueron ellos; largó el chino.

Y encima estaba rulando lo del Evento 201 (NY, octubre 2019) donde 15 expertos mundiales (ante 130 reputados especialistas) simularon un escenario como el que estamos viviendo ahora, a instancias del centro Johns Hopkins para la Seguridad en la Salud, el Foro Económico Mundial, y la Fundación Bill y Melinda Gates. Concluyeron que la próxima pandemia grave -y la Covid19 estaba en puertas- no sólo causaría grandes pérdidas de vidas, sino que también podría desencadenar importantes consecuencias económicas y sociales en cascada que podrían contribuir en gran medida al impacto y sufrimiento global. Y ahí están sus 7 conclusiones.

El caso es que de hipotéticos cerdos en granjas de Brasil (Evento 201) hemos pasado a reales murciélagos de Mojiang y la manipulación en Wuhan. Y lo que concluyan los expedicionarios de la OMS.

El evento 201 comienza a disminuir a los 18 meses de empezar y con 65 millones de muertos; seguiría activo hasta una vacuna efectiva o con el 80-90% de la población expuesta, con lo que podría quedar como una enfermedad infantil endémica, tratable. Camino llevamos.


Confiemos en que no sea así; pero de momento ya tenemos día para concienciarnos de que la responsabilidad primordial de actuar corresponde a los gobiernos; que la OMS tiene su papel a la hora de coordinar (a ver si se da por aludida y no sigue de quintacolumnista chino); que es básico reafirmar la importancia de la cooperación internacional para responder a las epidemias; que es clave estar preparados para responder lo más rápido y apropiado al virus que sea y que es necesario fortalecer las cuestiones de prevención (aplicando la experiencia adquirida). Que hay que concienciar y sensibilizar a la población mundial de los riegos y las consecuencias que las pandemias traen.

A la vista de comportamientos irresponsables y bandadas negacionistas se entiende que esta es una labor de enjundia; como la de disponer de sistemas de salud sólidos y resilientes. A esto, por cierto, se indica en la resolución que existe un Reglamento Sanitario Internacional que cumplir (desde 1951); que el último, de 2005, entró en vigor en 2007 y es vinculante para todos los países de la OMS; que desde 2017 se tiene en Naciones Unidas como meta común, de enfoque multisectorial, el concepto Una Salud, concebido para diseñar y aplicar programas, políticas, leyes e investigaciones en el que múltiples sectores se comuniquen y colaboren para lograr mejores resultados de salud pública teniendo en cuenta Una Salud humana, Una Salud animal y Una Salud vegetal; incluso Una Salud Ambiental. Por principios, que no quede.

Para ver si cala esto entre la población recuerdan que las pandemias traen pobreza en todas las dimensiones y formas posibles y recurren a la Agencia 2030 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, donde el ODS 1 es el Fin de la Pobreza y el ODS 17 el de las Alianzas para lograr los objetivos. Que el ODS 3 es Salud y Bienestar.