14 nov 2022

POR CONTEMPLAR EL MAR ENBRAVECIDO

  

Al arrancar el siglo XVIII se produjo en Europa un hecho significativo. Aun sabiendo que la fuerza nobiliar seguía residiendo en las armas, los monarcas apostaron por la nueva nobleza administrativa que tendría poder y cada vez menos armas, lo que suponía un menor riesgo regio y una mayor dependencia hacia la real personal, que controlaba el Ejército. Este es un elemento clave, considero yo -¡faltaría más!; y sin pretender adeptos- en la larga creación del Estado Moderno; Estado económico sonaría mejor.

Y en cuanto a España, nos contaron en la carrera, la regeneración económica del país desde comienzos del XVIII se convirtió en el eje de la vida política; y los monarcas apostaron por la nobleza económico-administrativa frente a la nobleza por bemoles[1] que había imperado hasta entonces.

Y eso que aquella España del XVIII estaba enfrascada en mantener los territorios heredados y la defensa de su mundo colonial. Y ahora que tanto defendemos la paz deberíamos saber que en el siglo XVIII la guerra era aún una cuestión de supervivencia del propio Estado[2].

Para escribir esto, en Gijón, me he imbuido del espíritu de Jovellanos[3]. Además de pasear por Cimadevilla y de estar en su casa natal, esto de haber pasado un rato contemplando la gijonesa Playa de San Lorenzo a merced del temporal del Cantábrico me ha llevado más hasta su obra y pensamiento, en el mejor chigre encontrado al compás una chopa y sidrina; que tiempo habrá de potes y otras viandas.



Aquí, de golpe, ante una representación del Gijón del XVIII en una pared me viene a la cabeza la imagen del Benidorm de principios del XX: la montaña, ambas playas, el núcleo urbano y su desarrollo en la segunda mitad del XX. Y comienzo a cavilar…

El nuevo Gijón que se extiende desde Cimadevilla es, en realidad, el Plan de Mejoras presentado por Jovellanos en 1782. Incluía el diseño de una trama viaria casi radial, con calles trazadas a cordel; la desecación y el saneamiento de zonas pantanosas, que eran un riesgo para la higiene pública; la construcción de un paseo arbolado, con ejemplares que él mismo costeó y trajo desde Aranjuez; y el levantamiento de un muro de contención que puede verse hoy en el paseo de la playa de San Lorenzo que las olas golpean sin cesar.



Me doy la razón y entro en la segunda botella releyendo a Jovellanos…

Se ve a claras que los Austrias hicieron fue una política imperialista en la que la economía estaba sometida a los interesas políticos, pero sin preocuparse de que esa riqueza aumentara, porque parecía suficiente y porque los rivales no eran más ricos. Se hacía una política ‘a la antigua’ que era necesario reformar porque los tiempos y la sociedad lo demandaban.

Los gastos aumentaban, los recursos ya no llegaban con la celeridad y la importancia del siglo XVI y se recurría a la fiscalidad sobre una sociedad que no podía; se imponía la necesidad de otro modelo.

Las reformas necesarias para llegar al Estado moderno perjudicaban a la vieja nobleza de espada, aunque las medidas de reforma económica alcanzaron a todos los niveles promovidas por la nueva nobleza administrativa. A partir de 1760 el ritmo ya fue importante, pero sin llegar al Estado fiscal[4] que es la madre del cordero. El triunfo de los intereses mercantiles (burgueses) frente a los intereses de la tierra (patrimonio y monopolios, como la Mesta) es lo que define las economías modernas; cosa que Inglaterra puso en marcha ya en 1815 tomando la delantera en Europa. Los de las Cortes de Cádiz lo intentaron, pero la cosa no llegó a más.

Los reformistas pedían menos impuestos obsoletos y muchos menos obstáculos para el progreso (que los privilegiados pusieran menos cortapisas). Esa era la idea y el concepto de Libertad que manejaban.

Ya Miguel Antonio de la Gándara (el abate de la Gándara) había señalado, en tiempos de Carlos III, que “La libertad es el alma del comercio; es el cimiento de todas las prosperidades del Estado; es el rocío que riega los campos; es el sol benéfico que fertiliza las monarquías y el comercio, en fin, es el riego universal de todo. Su contrario son los estancos, murallas y tasas[5]. Para ser justos digamos también que de la Gándara planteaba una política económica fuertemente proteccionista con mucha libertad de comercio interior, pero excluyente con todo lo que hubiera más allá de los Pirineos y otras naciones.

En Francia, la aristocracia recurrió a la burguesía y al pueblo en su lucha contra la monarquía; en España la lucha fue contra los ministros extranjeros de Felipe V… así se explica -a trazo grueso- ya lo del motín de Esquilache -Leopoldo di Gregorio y Masnata, marqués de Squillace- en tiempos de Carlos III (1766). Vamos que, en España se podían hacer reformas siempre que las hicieran los de casa; que no las impusieran los de fuera.

A propósito, este motín más que por el bando de capas y sombreros[6] (contra la capa larga y el chambergo -introducido en España por los soldados del duque de Schomberg, jefe de la guardia de María Cristina de Austria, esposa de Felipe V y madre de Carlos II, allá por 1649- y a favor, entre otros, del sombrero de tres picos) fue por el precio del pan y los productos de primera necesidad en marzo de 1766 en medio de una de las seculares crisis de subsistencia del XVIII y muy en línea de los motines de subsistencia del siglo anterior; manteniendo la tradición levantisca hispana.

Aquellos ilustrados manejaban también el concepto de felicidad unido al de libertad.

Así, el vitoriano Valentín Tadeo de Foronda y González de Echavarri, que llegó a ser miembro de la American Philosophical Society de Philadelphia, fundada por Benjamín Franklin, sostenía que “Los derechos de propiedad, libertad y seguridad son los tres manantiales de la felicidad de los estados”. Por decirlo y sostenerlo se ganó tantos enemigos en la vieja piel de toro que en un alarde de lucidez de alguna autoridad del momento me lo enviaron a Filadelfia (cónsul general en 1801) y a Washington (1807), lo que le reportó más contactos, más conocimiento y erudición que le generaron un gran protagonismo y fama internacional. Abogó de Foronda por abandonar las colonias americanas, por el coste económico y humano que representaban, y reformar la Constitución que se debatía en Cádiz en 1811 por no especificar claramente los derechos individuales, otorgar excesivos poderes al rey y no separar los espacios político y religioso. Adelantado el vitoriano, ¿eh? Volvió a España y lo pasó mal; solo la llegada del Trienio Liberal (1820-1823) le reconoció su labor y contribución, pero, al final, otro español más al baluarte del olvido.

Cierto es que a finales del XVII ya hubo sendos giros industrialistas -fomento de la industria- y americanistas -mayor atención colonial y a su sistema mercantil-, pero en apenas un siglo las necesidades fiscales dieron al traste con la iniciativa: las necesidades reales de aquella reorganización fueron creando un nuevo orden social y unas nuevas reglas del juego que daban también nuevas posibilidades al ascenso de algunos personajes y sectores y a la caída de otros grupos y estamentos, porque el riesgo siempre se hace presente en la economía.

Una nueva casta de emprendedores, surgidos de la burguesía y del pueblo llano, conseguía el oropel que le llevaba a entroncar con la vieja nobleza. Aparece una nueva mentalidad de progreso que los llamados ‘adinerados’ llevan consigo allí donde van. Si el XVII aún es considerado como un siglo aristocrático, para el XVIII la dinámica social y el auge de las políticas económicas crean una nueva sociedad: el Estado cambia por el reformismo económico, aún con muchas dificultades, pero cambia. Y se abre la internacionalización.

La burguesía comercial sumó a la burguesía industrial y saludó las nuevas actividades que surgen sobre el algodón, la harina, el papel, la cerveza o la porcelana que si bien arrancan con conceptos individualistas llevará a las sociedades modernas industrializadas que llegan siempre cuando hay suficiente libertad empresarial. Así, como sostuvo el economista André Piettre, sobre el siglo XVIII, “el Estado mercantilista concede sus privilegios a quienes demuestren ser capaces de fabricar productos de calidad, los cuales estarán en una situación mejor que la de los demás ante el mercado[7].

Y entonces llegamos a la realidad de nuevos empresarios de orígenes variados: comerciantes que invertían en industria, propietarios agrícolas que establecían actividades industriales en sus propiedades, artesanos que abandonaban el gremio y se establecían por su cuenta, maestros y operarios extranjeros que llegaban, bien como empresarios, bien como técnicos. No fue un camino de rosas, pero sí el inicio de lo que conocemos y vivimos y que fue configurando una nueva organización del Estado.

Y en esto que llegó la Primera Revolución Industrial -comenzó en el siglo XVIII- con las aplicaciones del vapor y la mecanización de la producción… y a estas alturas del siglo XXI hablamos ya de la Cuarta Revolución Industrial… pues eso; sigamos a sidrinas que ya hay hasta aguardiente y vermú de sidra…

[1] Eufemismo coloquial de cojones (RAE dixit); Valor o atrevimiento para hacer algo; ponderar lo que se tiene por muy grave y dificultoso [Diccionario histórico de la lengua española (1933-1936)]

[2] Conclusión propia a partir de leer “Las prioridades de un monarca ilustrado: el gasto público bajo el reinado de Carlos III”; de Jacques A. Barbie R y Herbert S. Klein. Revista de Historia Económica, III, 3, 1985

[3] Melchor Gaspar de Jovellanos (1744-1811) Gijonés formado en las universidades de Oviedo, Osma, Ávila y Alcalá y que, disuadido de seguir la carrera eclesiástica (para la que se había preparado, al mismo tiempo que se formaba en Leyes, en las mencionadas universidades) optó por trabajar en beneficio de la Administración del Estado. Su década como magistrado Alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Sevilla fue fundamental: trabó amistad con el intendente Pablo de Olavide, quien le metió en el mundo de Montesquieu, Voltaire o Rousseau; estudia inglés para conocer directamente las obras de Young, Milton y Macpherson. En 1778, Jovellanos se traslada a Madrid, nombrado Alcalde de Casa y Corte; ingresa en la Sociedad Económica Madrileña y en la Academia de la Historia y la Academia Española. En 1780, la Sociedad Económica de Asturias le distingue como individuo honorario y es promovido al Consejo de las Órdenes Militares.  En 1790, Jovellanos es enviado a Asturias, comisionado por el Ministerio de la Marina, y es allí funda el Real Instituto de Náutica y Mineralogía (1794) y acaba el Informe en el expediente de Ley Agraria (1795; planteaba disolver la Mesta). Propuesto parea embajador en Rusia, en noviembre de 1797 se le nombre ministro de Gracia y Justicia; ocho meses durará en el cargo. La involución truncó sus expectativas y las de todos: la Revolución francesa paralizó con Carlos IV las ideas ilustradas y apartó de la vida pública a la mayoría de los pensadores avanzados. El estallido de la Revolución Francesa hizo que Jovellanos acabara perseguido por sus ideas ilustradas, a pesar de ser un patriota leal a la Corona, y fuera desterrado a su ciudad natal. Y en esas que Manuel Godoy -favorito de Carlos IV- ordena su detención el 13 de marzo de 1801 y Jovellanos es desterrado a Mallorca. Liberado el 6 de abril de 1808, tras el motín de Aranjuez -abdica Carlo IV y llegará Fernando VII-, rechazó formar parte del gobierno de José Bonaparte y fiel a su país, Jovellanos, que era reformista pero no revolucionario, rechazó a los franceses y representó a Asturias en la Junta Central -órgano que ejerció los poderes ejecutivo y legislativo españoles durante la ocupación napoleónica de España-. El 6 de agosto de 1810 pisó otra vez Gijón; hoy en la Plaza del 6 de agosto una escultura conmemora ese recibimiento. Huyendo de los Franceses, que atacaban de nuevo Gijón, se refugió en Puerto de Vega, concejo de Navia, donde tenía la seguridad de su amigo el caballero Antonio Trelles Osorio. Allí moriría el 27 de noviembre de 1811.

[4] Estado que sea capaz de defenderse por sí mismo ante el ataque exterior de una superpotencia, en buena medida porque tenga unas sofisticadas estructuras crediticias y una capacidad para mantener continuos incrementos fiscales sin quiebra política ni económica. Richard Bonney, dixit.

[5] Almacén de frutos literarios inéditos de los mejores autores; 1804. Miguel Antonio de la Gándara

[7] Agustín González Enciso “El ‘Estado económico’ en la España del siglo XVIII” (2003)

30 oct 2022

DE OTRA MÁS DEL CAMBIO DE LA HORA


Este panfleto que les reproduzco -y que es de hace 115 años; The Waste of Daylight[1]; aunque hay varias ediciones (con la portada en color ya en la de 1914)- tiene la culpa de todo.

Su autor, William Willett, un promotor urbanístico del XIX, veía que ‘en verano’ se desperdiciaban muchas buenas horas de sol mañanero sobre el colchón y orquestó su campaña. Le costó 9 años de machaque, pero en 1916 el Reino Unido lo convirtió en ley.

Allí, en la pérfida Albión, venían debatiendo esto del horario desde la década de 1840[2] cuando la Asociación de Cierre Temprano -Early Closing Association- había abogado por horarios de apertura restringidos de las tiendas como una forma de combatir el exceso de trabajo de los empleados. T. Thatcher, en ‘Health and high pressure in business’, proponía, como solución “madrugar más, para cerrar antes”.

Sabíamos -y sabemos- que a lo largo del año la declinación del Sol va variando, entre −23,44º y +23,44º, dando lugar a las estaciones climáticas y a una variación de la duración del día y la noche, que depende fuertemente de la latitud geográfica (φ) del lugar.

La propuesta de Willett para adecuarnos laboral y socialmente a la luz solar era hasta divertido: no pedía un cambio de una hora (60 minutos) lo que pedía eran 80 minutos de nada. Y el proceso era, digamos, cachondo. Willett sugería adelantar los relojes 20 minutos -a las 2 de la madrugada- cada uno de los domingos sucesivos de abril, y que fueran atrasados en la misma cantidad de minutos los domingos sucesivos de septiembre. Su constante desesperación fue (y es) que el sol brilla muchas horas mientras estamos dormimos o refocilándonos en la molicie.

Entre febrero de 1908 y agosto de 1909, se nombraron dos comités especiales de la Cámara de los Comunes para considerar la institución nacional de la propuesta de Willett y por cinco veces se debatió y por cinco veces Willett y los políticos que le apoyaban se la tuvieron que tragar doblada.

En el debate parlamentario se escucharon argumentos de peso: “las vacas no darán leche veinte minutos antes de lo que estaban acostumbradas cada semana de abril -ni a la inversa, cada domingo de septiembre-, con lo que se desorganizaría el comercio de la leche”. ¡La leche!; sólido argumento de unos semovientes sin ánimo colaboracionista.

La parte científica reaccionó sólo con testosterona: Nature fue muy crítica[3]: "La idea es impropia de la dignidad de una gran nación y haría de nosotros el hazmerreír de las gentes ilustradas del mundo", mantenía uno de sus editoriales sobre la materia por aquellos años de debate parlamentario.

Los argumentos de Willett eran de similar solidez (y están impresos; no como las palabras que se las lleva el viento, aunque algunas las recoja el diario de la Cámara): “No nos robaremos el sueño. Por el contrario, podemos dormir mejor, ya que 80 minutos más de luz en nuestras horas de vigilia dejarán 80 minutos más de oscuridad en nuestras horas de sueño”. O este otro de profundo calado social: “Todos, ricos y pobres por igual, verán reducidos considerablemente sus gastos ordinarios en luz eléctrica, gas, aceite y velas durante casi seis meses al año”. Y uno, genial, en el capítulo ‘la cuenta de la vieja’: “Al llegar a la edad de 28 años (sin contar nada por 6 años de infancia), un hombre habrá ganado un año entero de luz del día. A los 50 habrá ganado 2 años, a los 72, 3 años”.  Eres joven, guapo y con dinero, ¿Qué más quieres, Baldomero? ¡Filomatic! (que daban un gustirrinín que pa qué).

Entre dimes y diretes políticos, pues el panfleto entró en el Parlamento británico, se nos metió por en medio la IGM y, en eso que, los alemanes toman la delantera -si en esto se puede considerar eso- y se pusieron su hora ‘veraniega’ por su cuenta.

Entonces cobró protagonismo la propuesta de Willett con un triple objetivo: proporcionar más horas de luz después del trabajo para el entrenamiento del Ejército Territorial, reducir los accidentes ferroviarios y reducir los gastos de iluminación.

Willett no se enteró de su éxito (al final fue ley); murió de gripe a las primeras de cambio en 1915.

Y fue ley el horario de verano porque ya metida Gran Bretaña en la Gran Guerra y con los alemanes ahorrando carbón con su medida del cambio de 60’, el Parlamento británico promulgó la Summer Time Act el 17 de mayo de 1916 señalando que los relojes se adelantarían una hora el domingo siguiente, 21 de mayo, dando comienzo al British Summer Time (BST) que enseguida saltó el canal y contagió a Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suecia y Turquía.

Como he indicado, se adelantaron los alemanes. El káiser Guillermo II firmó el decreto del Sommerzeit (horario de verano) el 6 de abril de 1916 señalando que el domingo 30 de abril de 1916 a las 11 de la noche sería las 12. Y punto castrense prusiano.

De inmediato, los aliados austrohúngaros cambiaron la hora y los países cercanos a Alemania, con fuertes vínculos comerciales, como Países Bajos, Dinamarca o Suecia, lo hicieron el domingo siguiente.

En el Reunió Unido y en toda Europa, terminada la contienda, se olvidó la medida hasta que, en 1925, en las islas, la reimplantaron y la consolidaron en 1972 con la British Summer Time Act y luego siguieron la norma europea una vez que en 1973 entraron en el Mercado Común Europeo.

Al otro lado del charco la cosa fue parecida[4]. Cosas de la IGM, la primera ley estadounidense sobre el horario de verano entró en vigor el 19 de marzo de 1918; allí fue la Cámara de Comercio el principal patrocinador de la política, y la cuestión fue de pelotas: se incrementó la venta de bolas de béisbol y de golf, además de su contribución al tema energético. Pero no contaron con la fuerza del lobby agrícola y de Hollywood, que quería oscuridad para que la gente entrara en las salas cinematográficas. Pasada la guerra, carpetazo al horario.

New York fue la única ciudad a favor del horario de verano (y continuado) porque tenía más vinculación con Europa. Era cruzar el Hudson y ya estabas en la América profunda del reloj tradicional. Pero fue llegar la IIGM y en 1942 se volvió a imponer, cogiéndole el gusto los yanquis. En 1966, Lyndon B. Johnson firmó la primera ley de horario de verano en tiempos de paz, The Uniform Time Act que resumimos en 6 meses de horario de verano y 6 meses de "horario de invierno". La referencia ‘uniform’ viene de que exigía a todo un estado respetar el tipo de horario. Arizona dijo que pasaban de aquella ley, como Hawái (por en medio del Pacífico) y Alaska (que, por latitud, ni le va ni le viene) . En 1973, cuando la crisis del petróleo lo engulle todo, se popularizó el tema del horario de verano con tal aceptación que en 1986 los EE. UU. comenzaron a disponer durante siete meses del mismo, un mes adicional en el que la industria del golf y los fabricantes de equipos para barbacoa afirmaron conseguir ventas adicionales de 200 y 400 millones de dólares respectivamente. Así que desde 2005 los EE. UU. vienen disfrutando de ocho meses de horario de verano al año.

España, que nos faltaba reseñar a España, fue una de las últimas naciones occidentales en sumarse al cambio de hora cuando la IGM; todo fuere porque no estaba inmersa. No obstante, un Real Decreto de fecha 3 de abril de 1918 (Gaceta de Madrid del día 4), implantó el adelanto horario para el día 15 de abril, cuando a las 23 horas serían las 24 horas, volviendo a recuperar esa hora el 6 de octubre. La razón, la escasez de carbón provocada por la IGM, que obligó a intensificar la producción y a reducir el consumo y, al mismo tiempo, armonizar el horario con el de los países vecinos.

La generalización del cambio de hora no volvió hasta estallar la IIGM. Hitler, por ejemplo, adelantó los relojes en 1940 y en la vieja piel de toro le seguimos; los franceses, por imposición germana, hicieron lo mismo. Los estadounidenses se esperaron a 1942 (entraron en guerra tras el bombardeo de Pearl Harbour, en diciembre del 41) y los británicos, cogido el tranquillo del cambio, se aplicaron una segunda taza de caldo: adelanto de 2 horas respeto al GMT entre 1941 y 1945; y recayeron en 1947 porque la cosa de su economía estaba pero que muy malita.

Salvo esa excepción, terminada la IIGM, ya lo hemos señalado, cada mochuelo a su olivo y si te he visto, horario de verano, ya no me acuerdo, salvo los british y el experimento de las dos horas.

Por volvamos a España en esta reseña destacando que, este proceso de cambio horario, como lo explica Pere Planesas en ‘La Hora Oficia de España y sus cambios’[5] -que considero es de obligada lectura- no lo va a encontrar en ningún otro sitio. Así, leyendo a Planesas, te enteras de que, en 1919, con la IGM terminada, tuvimos horario de verano porque “los ayuntamientos y los grandes intereses económicos nacionales” lo solicitaron al Ministerio de Abastecimientos.

Coincidiendo con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, la Sociedad de Naciones pidió un periodo común mundial y aquella España, durante los años 1924, 1926, 1927, 1928 y 1929, se unió al horario de verano. Horario que se volvió a aplicar en 1931 y en los años 1937 y 1938 con diferencia según el bando: la República lo operó entre el 16 de junio y el 2 de octubre, en 1937; y entre el 2 de abril y el 30 de octubre, en 1938. Por su parte, los sublevados lo aplicaron del 22 de mayo al 2 de octubre, en 1937; y del 26 de marzo al 1º de octubre, en 1938. En ese año, 1938, el gobierno de la República incluso llegó a adelantar el horario de invierno en una hora, la primera vez que ello se hacía en España.

Terminada la contienda, en España volvimos al horario de verano en 1939, pero no en 1941, 1947 y 1948. La cosa iba en función de la disponibilidad y alguna ocurrencia; en 1949 fue cosa de la pertinaz sequía que impedía producción hidroeléctrica.

El cambio de hora más importante en suelo patrio fue el de 1940 ya que supuso un cambio permanente de la hora oficial de España adoptando, sin decirlo y, posiblemente, sin planearlo, la del huso horario +1 para la península y las islas Baleares y la del huso horario 0 para las islas Canarias. Y ahí que nos quedamos.

La crisis del petróleo nos llevó a aplicar el horario de verano de 1974 a 1977; luego, como la experiencia había resultado satisfactoria, seguimos 1978 a 1980, año en que adoptamos la directiva del Consejo de la Comunidad Económica Europea, aunque no entraríamos hasta 1986 en la CEE. Y desde 1980 a 2001, según la pertinente directiva comunitaria, revalidada en 2007, 2010 y 2012.

La Unión Europea acordó suprimir definitivamente el cambio de hora para 2019, pero se prorrogó hasta 2021, una decisión que no se hizo efectiva por el desacuerdo de sus estados miembros sobre qué franja horaria adoptar en cada país.

Actualmente hay tres husos horarios en Europa, y la gran mayoría de los países utilizan la hora de Europa Central como estándar de 1940, aunque los hay que se iniciaron antes: Albania, Alemania (1893), Andorra, Austria, Bélgica, Bosnia y Herzegovina (1884), Croacia (1884), Dinamarca, Eslovaquia (1890), Italia (1893), Liechtenstein (1894), Luxemburgo, Macedonia del Norte (1884), Malta (1893), Mónaco, Montenegro (1884), Noruega (1895), Países Bajos, Polonia (1915), República Checa (1891), Eslovenia (1884), España (1940; excepto en Canarias), Francia, Hungría (1890), Italia (1893), Liechtenstein (1894), Luxemburgo (1904), Macedonia del Norte (1884), Malta (1893), Mónaco (1945), Montenegro (1884, Noruega (1895), Países Bajos, Polonia (1915), República Checa (1891), Serbia (1884), Suecia (1900) y Suiza (1894)

Otros diez países utilizan la hora de Europa Oriental (UTC+2; Bulgaria, Chipre, Estonia, Finlandia, Grecia, Letonia, Lituania, Moldavia, Rumanía y Ucrania) y 6 la de Europa Occidental (UTC+1; Islandia -todo el año-, Reino Unido, Islandia, Portugal, islas Canarias -España-, islas Feroe y noreste de Groenlandia, que son extensión de Dinamarca).

Los de Rusia es la hora Europea extraoriental: UTC+3… y aquí ya me niego a entrar por ultraoriental.

Como pildorita de final he de comentarles que, en los Estados Unidos, el Senado aprobó hace bien poco suprimir el cambio de hora y mantener definitivamente el horario de verano para tener “tardes más luminosas”, recuerdo haber leído. Si la medida es ratificada por la Cámara de Representantes y aprobada después por el presidente Biden, la medida entrará en vigor en noviembre de 2023.

Y si han llegado hasta aquí, vuelvo a William Willett y cierro el post contándoles que sir Henry Norman, uno de los primeros en apoyar a Willett en su apostolado por el horario de verano, en un alegato en la Cámara de los Comunes soltó lo de: "Quiero pensar que llegará un día en el que los trabajadores de este país, y en eterno agradecimiento, querrán erigir en honor de William Willett una estatua en alguna colina donde pueda ser bañada por el primer rayo de un amanecer de abril, una hora antes de la Hora Media de Greenwich"[6].

En 1927 le levantaron un piedrolo en una colinilla de Petts Wood, al sureste de Londres, con un pétreo reloj de sol y la leyenda  “Horas non numero sivi aestivas”: SOLO MARCO LAS HORAS DEL VERANO. ¡Albricias, que buen reloj!

 


 

9 oct 2022

DE OTRO 9 d'0CTUBRE; POR SAN DIONISIO

 

 

Dionisio, obispo de Lutecia (con el paso del tiempo, París), fue decapitado por los romanos en torno al año 272 -junto al sacerdote Rústico y al diácono Eleuterio- en el Monte de los Mártires parisino -que no es monte ni es nada; como mucho era y es colina y ya los druidas de la escuela de Panoramix hacían de las suyas por allí- y que los romanos consagraron a Marte (Mons Martis). Tras lo de Dionisio -el Apóstol de las Galias, el Santo sin cabeza[1]- y sus colegas -también con el paso del tiempo- llamaron a aquel lugar Mons Martyrum/Mont Martre, Montmartre.

El caso es que este Dionisio, santo, es patrón del barrio, del distrito y de París; el honor nacional lo reservan los franceses a otros del santoral: a Juana de Arco, a Teresa de Lisieux y a Martín de Tours, que fue quien pidió a Dionisio acudiera a evangelizar el lugar.

Montmartre está en París y en Montmartre, para geolocalizarnos, está la basílica del Sacré Coeur[2] -¿quién no se ha subido las empinadas escalinatas de la rue Foyatier, Paul Albert o Maurice Utrillo por no tomar el funicular hasta el Parvis, o coger el Montmatrebus?-; aunque la más antigua de las iglesias de la colina es la de Saint Pierre[3], de donde arrancará la compañía de Jesús en agosto de 1534 con San Ignacio de Loyola. Uf, que como siempre me salgo de órbita.

Y a lo que iba: hoy, 9 de octubre, se celebra san Dionisio, un santo pero que muy parisino. Sí, alguno me sacará lo del estadio y de cómo está ahora el entorno de Saint Denis, pero esa es otra historia.

San Dionisio, con el que vamos ahora, no tiene mayor relación con España que la de figurar en el Santoral que recoge la fecha del 9 de octubre como consagrada a él.

Aquí, en la vieja piel de toro, nueves de octubre sonados hay varios. Además del valenciano, notorio es el 9 de octubre barcelonés.

El 9 de octubre de 1705 acaba el Sitio de Barcelona, episodio de la Guerra de Sucesión Española. En junio de aquel año, representantes de la burguesía acomodada -vigatans[4]; austracistas partidarios del archiduque Carlos, contrarios al borbón Felipe V- firman el pacto de Génova con Inglaterra, se coaligan con media Europa y se sublevan en el principado esperando el desembarco de la flota anglo-neerlandesa que había salido desde Lisboa y que en su camino hacia Barcelona tuvo ocasión tanto de bombardear Alicante -un 3 de agosto- como para llegarse hasta Altea[5] donde el Archiduque, proclamado rey, consiguió que los maulets[6] se unieron a su causa.

El caso es que el 9 de octubre de 1705, con Barcelona sitiada, la revuelta definitiva se inicia en el barrio de la Ribera y es decisiva para la capitulación de la ciudad. Carlos III entró en Barcelona trece días después (22 de octubre).

Contada esta punzadita catalana, el 9 de octubre que nos trae aquí, San Dionisio, es ‘nuestro’ 9 de octubre que arranca como fecha a celebrar desde aquel 9 de octubre de 1238 en que el rey Jaime I entra en la ciudad de Valencia.

El cerco a Valencia, que la fruta no car del árbol hasta que está madura -y en ocasiones hay que cortar, comenzó, dicen los expertos, el día 5 del ramadán de la Hégira 635, jueves por más señas, que se corresponde con nuestro 22 de abril de 1238.

Y aquella Balansiya/Valencia cercada -tras alguna escaramuza, presa del hambre y tras arduas negociaciones- capitula el 28 de septiembre de 1238; en Ruzafa, se firmó el documento. Al cumplirse el undécimo día, el 9 de octubre, rey entró en la ciudad y se celebró una misa de acción de gracias y, este hecho dio consistencia a esta celebración.

Por cierto, la campaña militar de Jaime I para conquistar el Reino Musulmán de Valencia fue ofrecida por el rey conquistador como penitencia para que se le levanta la pena de excomunión por haber actuado contra el obispo Bernardo de Monteagudo, electo por el Cabildo de la Seo de Zaragoza para este menester. Jaime I lo mandó detener y encarcelar -a pesar de haber sido consejero regio y haber estado junto al rey en la toma de Burriana (verano de 1233)- porque quería aquella sede episcopal para un amigo suyo. El papa Gregorio IX contrariado al máximo pidió su inmediata liberación y dictó la regia excomunión al haber actuado el rey contra su autoridad. Excomulgado y con ganas de redimirse, ofreció Jaime I nuevas conquistas.

Falto de gente, para poder llevarla a cabo, envió Jaime I embajadores a Roma, en abril de 1237, en solicitud de Bula papal para entablar Cruzada que reportara privilegio y beneficios religiosos a los que acudieran a la conquista para el mundo cristiano de la ciudad de Valencia, en manos de los moros.

Los embajadores se emplearon a fondo, pero no lograron agilizar la tramitación de las Bulas papales de cruzada, con lo que Jaime I tuvo que levantar campamento frente a El Puig en junio de 1237. El papa quería que se notara su enfado. Y mientras tanto, Jaime excomulgado y procreando bastardos.

Al comienzo de 1238, por fin, llegaron las Bulas que declaraban Cruzada, como las de Tierra Santa, y comenzó Jaime a preparar la toma de Valencia iniciándola por los pueblos alrededor de la gran ciudad. Blasco de Alagón, capitán general, y Nuch de Follalquer, maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén (Orden hospitalaria; Orden de Malta), son decisivos para animar al rey en este proceso.

Pero cuando el rey se plantó ante Valencia de buenas a primeras, sólo diez docenas de almogávares (estos no se perdían ocasión de despertar ferro, unas pocas tropas de Blasco de Alagón, algunos caballeros del Hospital y muy pocos nobles con mesnadas estaban apoyándole. Bien entrado aquel verano, sí hubo un verdadero Ejército de aragoneses, navarros, catalanes, italianos, franceses, ingleses, alemanes y hasta húngaros que se aprestaron a conquistar la ciudad, conocidas las bulas de cruzada… y se quedaron con un palmo de narices -y a verlas venir en la rapiña- porque en las capitulaciones se acordó que quien quisiera pudiera abandonar la ciudad; ligerito, pero con pertenencias.

Una vez ganada Valencia, la conquista continuó hacia el sur llegando a sumar con los años al nuevo territorio cristiano lo que hoy es la provincia de Alicante. Pero aquí hay un galimatías de conquistar el uno por el otro (Castilla y Aragón) porque estaban vigentes varios tratados. Por el Tratado de Almizra (26 de marzo de 1244) las coronas de Aragón y de Castilla fijaron los límites del reino de Valencia. Jaime I de Aragón y el infante Alfonso de Castilla, que poco más tarde sería su yerno y llegaría a rey -Alfonso X el Sabio- acordaron que las tierras al sur de la línea Biar-Busot-Barranç de Aigües (Villajoyosa-El Campello) quedarían reservadas a Castilla -Jaime I había concedido a Castilla el territorio entre Biar y Orihuela, que formaba parte del sur del extinto emirato de Denia, como dote en la negociación matrimonial durante el año 1240 de su hija, la infanta Violante de Aragón y de Hungría, con el infante Alfonso-, si bien con el Tratado de Tudilén ya se había establecido en 1151 que la extensión de la Corona de Aragón llegaría hasta el emirato de Murcia; el acuerdo se revisó a su vez en el Tratado de Cazola (Soria, 1179) entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón.

Por cierto, desde 1243, por el Tratado de Alcaraz, el reino musulmán de Murcia se puso bajo protectorado del rey castellano con la ciudad de Murcia y todos sus castillos “desde Alicante fasta Lorca y fasta Chinchilla”. Laqant (Alicante) se rendió el 4 de diciembre de 1248 al rey Fernando III de Castilla. La soberanía castellana cesó en 1296.

Jaime II de Aragón firmó un tratado de paz con Sancho IV de Castilla (1291) sellándose con un enlace matrimonial entre Jaime II y la princesa Isabel, de tan solo 8 años de edad. Para asegurar el pacto se dispusieron diez castillos en rehén y garantía del contrario. Alicante fue uno de ellos. Como quiera que Jaime supo de la alianza secreta de Sancho con el rey francés Felipe IV, dio por roto el pacto en 1293 consiguiendo del papa la invalidez del matrimonio. Y aprovechando la crisis sucesoria en Castilla y la Concordia de Monteagudo (Soria), Jaime II reclama a Castilla varios castillos -entre ellos Alicante y Orihuela- que terminará tomando por las armas: Alicante, un 22 de abril de 1296. A principios de enero de 1301 Jaime II incorporaba a la Corona de Aragón el Reino de Murcia. Por la Sentencia Arbitral de Torrellas-Tarazona (agosto de 1304) se creó la Procuración General de Orihuela y todo su conjunto aquel pasó a ser Reino de Valencia ultra Sexonan.

Todo aquel territorio tenía desde en el año 1261 Fueros propios al jurar los Fueros de Valencia -Alicante los juró el 25 de junio de 1308- por lo que se convertía esta terreta en Reino de Valencia, un reino diferenciado frente a la corona de Aragón.

Y volviendo al 9 de octubre, cien años después de la conquista de la ciudad, el 9 de octubre de 1338, se conmemoraría por primera vez la entrada triunfal del rey Jaume I en Valencia, ciudad que a mí me pilla siempre muy lejos, esté donde esté.

Y esta es la fiesta que hoy celebramos.

Por cierto: el esbozo de estandarte real que ondeó un 28 de septiembre de 1238 en señal de rendición de la ciudad en la torre de Ali Bufat (hoy del Temple, junto a la puerta de Bab Ibn Sakhar de la muralla de Balansiya/Valencia), se conserva en el Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Valencia. Se trata de una pieza hecha con tres tiras cosidas de trapo tosco, de color blanco, que presentan una forma recortada en forma de uve abierta, sobre el que se pintaron cuatro barras rojas. Actualmente las franjas blancas están amarillentas y ajadas por el paso del tiempo. Considerada como reliquia se dice que Jaime I pudo ordenar que se conservara en la iglesia del hospital de San Vicente, antiguo lugar de culto cristiano dedicado al patrón de la ciudad, donde quedó hasta el siglo XIX. El cronista Pere Antoni Beuter, en el segundo centenario de la conquista de la ciudad (1538) señaló que penó se conservaba en la bóveda de la iglesia de San Vicente y defendió su autenticidad.

En Daroca (Zaragoza), por su parte, se conservan dos estandartes reales que cuenta la tradición que fue el propio rey Jaime I quien concedió a la mesnada darocense -como reconocimiento a su osadía y valor- que se sumó, como milicia concejil, a la cruzada por conquistar Valencia, al final de aquel verano de 1238, por su acción en la puerta de Serranos -otros que bajo la torre de Alí Bufat- tras perder a capitanes y estandarte en una acción de asalto. Cuatro barras rojas sobre fondo amarillo en sendos estandartes que procesionan con el Corpus y que figuran como unas de las banderas antiguas de España, sólo superadas por las banderas de San Juan de Plan, Jaca, Huesca y Tauste, que entraron en Zaragoza con Alfonso el Batallador en 1118.

El caso es que, al ser el estandarte del rey, en 1238 aquella bandera no lo era de la ciudad ni de los territorios conquistados, pues aún no habían sido conformados como Reino de Valencia.

La Senyera valenciana fue creada hacia 1365, en agradecimiento del rey Pedro IV (el Ceremonioso) por los esfuerzos desempeñados por los valencianos en rechazar a las tropas de Pedro I de Castilla (el cruel/el justiciero, según el bando castellano) durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-1365). A la bandera de la ciudad le otorga el derecho a utilizar sus armas -las barras o bastones-, su simbología en la cimera del asta -el casco del dragón alado- y una corona, símbolo del Reino, sobre las mismas y sobre color azul que ya había institucionalizado tras la concesión a Burriana de la banda azul en 1348.

Leo por ahí que Pedro IV el Ceremonioso adjudicó el origen de los bastones/barras a los Condes de Barcelona porque abundaban en sus sepulcros; y a los Reyes de Aragón les creó el escudo conocido como de Sobrarbe: azul, con una cruz blanca en el ángulo superior izquierdo. El color azul sería, por tanto, el esmalte de los antiguos Reyes de Aragón, y símbolo de la realeza. El azul de la Senyera representa a la estirpe real; la corona, al Reino y a la ciudad de Valencia; y las barras, el favor y el amor del monarca hacia un pueblo, al que concede sus armas.

Aquella bandera se convirtió en la Senyera que era la bandera principal de la “host”, el brazo militar que acudía a la llamada del rey y de las Cortes para defender el reino. Una bandera que no se inclina ante nadie, porque tiene rango real.

 

En el capítulo de detalles, al respecto de este Post, lo de Jaime I con la Iglesia es de armas tomar. Excomulgado por dos veces; pero readmitido en el seno de la Iglesia. Lo suyo con los obispos era de cuidado. En una de estas hechas fue excomulgado por haber cortado la lengua al dominico Berenguer de Castellbisbal, obispo de Gerona, que se chivó de un secreto de confesión[7] -sigilo sacramental[8] infringido- ante el papa Inocencio IV. El caso es que, en 1245, cuatro años después de los hechos, el papa revocó la excomunión de Jaime I.

 

Y en detalle final, por ser san Dioniso, a mí, de los Dionisios del mundo -a parte de la canción que Sabina dedica al Dioni, que no por otra cosa-, el que mejor me cae de todos ellos es Dionisio el Exiguo. Y más allá de por ser el creador del Anno Domini[9] (para el cálculo de la fecha -cambiante- de la Pascua) es por la polémica sobre su tamaño: que si era enano (exiguo, pequeño: un mote para la eternidad) o, por el contrario, por su tremenda humildad. Es que todo esto viene de su carta al Papa Juan I en la que recalca su insignificancia frente a la grandeza del Sumo Pontífice; aunque se le consideraba el abad más erudito de Roma. Yo apunto a la humildad monacal más que a la talla lo del mote. Ya el colmo de su humildad es que cuando envió al que sería papa Bonifacio II (entonces canciller del papa Juan I) sus tablas no pretendían que sus cálculos[10] se convirtieran en la nueva base cronológica; pero así fue. Luego le achacan que se equivocó y así no se pueden precisar las fechas más señaladas, pero estamos ante un margen de error de unos cinco años que para la cosa de los milenios está muy bien. Y lo hay más malvados que dicen que se olvidó del número 0, que es el primero. Vale: cuando Dionisio plantificó sus tablas resulta que el número cero (0) no había llegado a Europa (lo hizo en 1202 cuando Leonardo Bigollo, más conocido como Fibonacci, publicó su Liber Abaci dándole entrada en la computación: de viajar por el norte de África lo aprendió de los árabes que basaban su cálculo matemático en diez números, del 0 al 9); pero no podemos considerar un error. No hay año cero de 365 días. La Era Cristina comienza en el año 1 y hasta que no termina no entramos en el año 2… el 0 -número, que no año- estaría en el paso del año -1 al +1: los días antes al punto 0 pertenecen al año -1 y los días siguientes son ya del +1. Por eso, el año 0 no tiene extensión alguna, es sólo un instante entre los años -1 y +1. La Era Cristiana arranca en el año 754 AUC (Ab Urbe Condita; desde la fundación de la ciudad… de Roma); no hay lugar para el año cero.

 

 


 



[1] Según las Vidas de San Dionisio, escritas en la época carolingia, tras ser decapitado, Dionisio caminó con su cabeza bajo el brazo, atravesando Montmartre, por el camino que, más tarde, sería conocido como calle de los Mártires. Al término de su trayecto, entregó su cabeza a una piadosa mujer descendiente de la nobleza romana, llamada Casulla, y después se desplomó. En ese punto exacto se edificó la célebre basílica de Saint-Denis en su honor.

[2] Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre. Su construcción fue decidida por la Asamblea Nacional en 1873, como un edificio religioso a perpetuidad en homenaje a la memoria de los numerosos ciudadanos franceses que habían perdido la vida durante la Guerra franco-prusiana y para expiar los pecados de la Comuna de París. El concurso para su diseño y construcción lo ganó el arquitecto Paul Abadie. La primera piedra se colocó en 1875, y aunque se completó en 1914, no se consagró hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, en 1919. La iglesia fue construida con fondos procedentes exclusivamente de una suscripción popular, en la actualidad es uno de los monumentos más visitados de París.

[3] Según la tradición, fundada por San Dionisio en el siglo III, la iglesia quedó en ruina durante la Revolución francesa, y en su lugar se construyó una torre para el telégrafo óptico. Fue reconstruida en el siglo XIX

[4] Gentilicio de los naturales de la Plana de Vic, de donde provenían los propietarios y nobles que firmaron el Pacte dels Vigatans (17 de mayo de 1705), a partir del que se formó la Companyia d'Osona, una unidad paramilitar, y del que nació el Pacto de Génova que selló la alianza entre el reino de Inglaterra y los vigatans en nombre del Principado de Cataluña, y que dio el impulso definitivo a la rebelión austracista de Cataluña que culminó con la entrada del archiduque Carlos en Barcelona en octubre de 1705.

[5] Uno de los hechos históricos más importantes y trascendentales en el Reino de Valencia durante el siglo XVIII y que marcaría la historia de esta centuria fue la Guerra de Sucesión (1705) y en este proceso Altea jugaría un papel muy importante. La importancia de Altea en este proceso se debe en primer lugar a la calidad de las aguas del río Algar, que sirvieron como punto de aguada de las embarcaciones austracistas en varias ocasiones. Es por esto por lo que la escuadra angloholandesa fondeara en la bahía de Altea donde contaba con un contingente de población a su favor encabezado por dos sacerdotes: el doctor Martí Morales, párroco desde 1695 y su vicario, Jaume Ripoll, que habían preparado que el inicio de la toma de poder comenzara desde Altea.

[6] Partidarios del archiduque Carlos de Austria —proclamado rey como Carlos III—, generalmente campesinos, así como el bajo clero, los gremios urbanos y una parte de la pequeña nobleza decantados a favor del candidato austriaco. Maulet, es diminutivo de la voz árabe maula, que significa esclavo o persona de baja clase social que se encuentra subordinada, ya sea en forma de dependencia o de clientela.

[7] Lo de la promesa de matrimonio que realizó a, la noble navarra de origen valenciano, Teresa Gil de Vidaure, y que incumplió para desposarse con Violante de Hungria en 1235 tiene sus detractores porque Teresita tendría por aquel entonces 5 años, aunque tampoco eso puede considerarse un impedimento para la época…

[8] En el Código de Derecho Canónico se estipula el sigilo sacramental es inviolable, siendo castigado dicha violación sacramental con la excomunión y posterior expulsión de la comunidad religiosa a la que el confesor perteneciera.

[9] A.D. es un indicador de calendario que señala que la cifra antecedente está contada a partir del año del nacimiento de Jesús de Nazaret (el año 1) considerado el inicio de la era cristiana. La formulación latina original anno Domini nostri Iesu Christi fue simplificada posteriormente como anno Domini, siendo tal año determinado en el 525 por Dionisio el Exiguo en su Tabla de Pascuas, adoptándose por la Europa occidental durante el siglo VIII y en Oriente en el siglo XVI. Dionisio estableció el nacimiento de Jesús de Nazaret en el año 753 AUC, aunque este cálculo fue errado por ser posterior a la muerte de Herodes I el Grande

Tanto Mateo como Lucas asocian el nacimiento de Jesús con la época de Herodes el Grande, durante el censo de Quirino/Cirenio,  en algún momento entre 6 y 7 d. C. Dado que Herodes murió varios años antes de este censo, la mayoría de los eruditos descartan el censo y generalmente aceptan una fecha de nacimiento entre 6 y 4 a. C., el año en el que murió Herodes.

[10] Lo suyo fue calcular el periodo de tiempo en el que un número determinado de meses sinódicos de aproximadamente 29,5 días coinciden con un cierto número de años solares de unos 365,25 días.

17 sept 2022

DE FANYS Y WRENS; MUJERES DE ACCIÓN

  

Estos días que tanto se habla de Isabel II -y sus retazos biográficos- se alude mucho a su faceta activa durante la IIGM: que si conduciendo vehículos, que si en plan mecánica, foto viene, foto va…

El caso es que estos exégetas isabelenses están olvidando que cuando comenzó la contienda ella tenía sólo 13 años; y cuando se le permitió alistarse, febrero de 1945 -con 18 añitos cumplidos y directa a los 19-, el camino hacia Berlín estaba casi expedito; aunque faltaba poner el pie bajo los tilos. Aun así -y esto no puede entenderse más que como una apreciación puntual- la joven princesa realizó su periodo de entrenamiento de seis semanas en campamento militar que la capacitó para conducir vehículos, interpretar mapas y tener nociones de mecánica. El 8 de mayo de 1945 terminaba la guerra en Europa; y en julio de 1945 la joven Isabel era promovida a Junior Commander.

No quito mérito ninguno a la real persona, que se tuvo que chupar la guerra con sus miserias y bombardeos en la adolescencia y la durísima posguerra y la recomposición del país ya como soberana. Y añado que fue la primera mujer de la Casa Windsor en alistarse y acudir a un campamento militar de entrenamiento; pero hizo lo mismo de cientos de miles de británicas. Un motivo de orgullo más para todas ellas.

Al contrario que Isabel, otros miembros de esa Familia Real que nunca recibieron formación castrense ostentaron mando en unidades auxiliares femeninas del Ejército británico, por abolengo regio, desde 1907.

Insisto: lo mío en este post es sólo una puntualización a todos aquellos que exaltan sin saber, reconociendo, faltaría más, que ya con sus mensajes en radio y dando aquel paso, fue -el suyo- un gran estímulo para su pueblo.

Pero no olvidemos, como ya he dejado caer, que en la década de los años 40 del siglo XX -como en la IGM- miles de mujeres británicas estaban enroladas como auxiliares en sus fuerzas armadas. En la IIGM, en el Servicio Territorial Auxiliar (ATS, Auxiliary Territorial Service), más de 490.000 mujeres, entre los 17 y los 43 años, hicieron todo tipo de labores, desde cocineras a espías, como esfuerzo de guerra. Dejen fluir la imaginación que seguro acertarán en ocupación y cometido de todas aquellas mujeres británicas; se dedicaron a todo, por peregrina que le parezca la función.

Los hombres válidos estaban en los frentes y ellas, las mujeres, en organizaciones militares y paramilitares, asumieron los roles productivos, defensivos y organizativo, que sumaron al tradicional de madre y esposa, y fueron granjeras, conductoras de camiones y ambulancias, bomberas, especialistas de encriptación, mecánicas, operadoras de radar, radiotelegrafistas… Se ocuparon hasta de misiones de policía militar o camparon en territorio enemigo. Simplemente, sirvieron a su país.

No importaba el estrato y la clase social. En el ATS cabían todas; la hija el premier Winston Churchill, Mary, sirvió lo mismo que la joven princesa Isabel. Todas prestaron servicio a su patria.

Pero tengamos en cuenta una cosa. En aquellos días de las primeras décadas del XX muchos hombres en la vieja Europa -todos- cuestionaban si las mujeres estaban capacitadas para de realizar “todas” las habituales labores masculinas del servicio castrense; excepto el servicio de armas (¡faltaría más!). En el imaginario tradicional sobre los roles masculino y femenino de inicios del siglo XX no se veía con buenos ojos que la mujer se expusiera a actividades con potenciales riesgos para su salud y, ¡atención!, su estética[1].

Por cierto, tales eran las dudas sobre la valía de las mujeres en el conflicto que en 1941, ante la necesidad de varones para atender las baterías antiaéreas (reflectores, radares, ametralladoras y cañones) -porque, insisto, casi todos estaban en los frentes- se realizó un experimento en el Reino Unido sobre la capacidad y actitud femenina -Experimento de Newark- y resultó que las mujeres del ATS superaron con mayor aptitud y eficacia todas las pruebas[2] - lo que rompió esquemas castrenses y burocráticos. El Ministerio de la Guerra -The War Office- reconsideró su postura y a partir del experimento se dio luz verde a la posibilidad de que las mujeres pudieran incorporarse, primero, a las llamadas Baterías Mixtas del Mando Antiaéreo de la Artillería Real y, en pocos meses, a las primeras baterías servidas enteramente por mujeres.

Los resultados del experimento consiguieron una mayor aceptación hacia el trabajo femenino en la milicia y los servicios de la Defensa. Por carta, desde The War Office -fechada el 2 de diciembre de 1941-, se recomienda a miembros del ATS, mujeres, para realizar operaciones activas en la defensa del país. aunque por ley, vuelvo a destacar, no podían combatir. Ese mismo mes de diciembre de 1941, el Parlamento británico aprobaba la Ley del Servicio Nacional (The National Service Act), convocando a las mujeres a incorporarse a uno de los servicios auxiliares.

En el Reino Unido, el proceso de la incorporación de la mujer a las cuestiones auxiliares castrense se inició en 1907 y, en los años sucesivos, se fueron integrando ellas como fuerzas auxiliares en varias asociaciones y cuerpos paramilitares. El primero fue el First Aid Nursing Yeomanry (FANY, 1907: Cuerpo Voluntario de Primeros Auxilios ) y al poco surgieron algunas variantes más como el Cuerpo Auxiliar de Ejército Reina María (QMAAC, surgido del Women Army Auxiliary Corps, WAAC de 1917; que fue desmovilizado en 1921), los cuerpos de la marina y la aviación (WRNA y WRAF) o la Legión de la Mujer (1915)[3]. Del Women Army Auxiliary Corps surgirá -en 1939- el Auxiliary Territorial Service (ATS), en el que sirvió en 1945 Isabel II y que aún permanece activo.

Personalmente hay dos grupos de mujeres -en aquellos días de la IIGM- que me llamaron siempre la atención: las Fanys, las Wrens.

Comencemos por las Fanys.

El First Aid Nursing Yeomanry (FANY) surgió, como dijimos, en 1907 para prestar primeros auxilios entre las unidades que operaban en primera línea de fuego y los hospitales de campaña.

El Yeomanry de Enfermería de Primeros Auxilios tiene su toque particular historicista británico. En el mismo nombre, Yeomanry, alude a un nivel estamental ciudadano -gente libre propietaria, capaz de ganar nobleza con sus actos- que aportando su propio caballo a la unidad de combate desarrolla acciones de apoyo y actividades a favor de la Corona y del país. Los Yeomanry se integraban en el arma de Caballería, como un nivel superior al soldado de leva y de bajo estrato social.

Y en el concepto del Yeomanry cupieron las primeras mujeres en la estructura militar del Ejército Británico al despuntar el siglo XX. En el First Aid Nursing Yeomanry (FANY) despuntaron aquellas primeras voluntarias que prestarían asistencia sanitaria a soldados en combate. Para ello, además de valor y capacidad de entrega, tenían que aportar su propio caballo a la unidad, saber cabalgar y atender a los heridos; incluso evacuarlos con más diligencia que los carros sanitarios.

Al concluir la IGM, las Fanys había sido distinguidas con 17 Medallas Militares; 27 Cruces de Guerra; una Legión de Honor y 11 Menciones. Un éxito para el cuerpo que no tenía consideración militar y que en el transcurso del conflicto cambió el caballo por los primeros automóviles ambulancia.

Y por el final de las hostilidades en Europa, los cuerpos WAAC, WRNA y WAAF fueron disueltos. Pero la FANY, al ser una organización independiente, no fue ni disuelta, ni abolida; y en 1926 pasó a ser reconocida como unidad militar inscrita en el Ejército Británico como Ambulance Car Corps (ACC).

En 1937 el ACC cambió de nuevo su denominación a British Women’s Transport Service, que añadió su viejo nombre -FANY- para ser conocido como WTS FANY. Y el compromiso consiguiente de la FANY fue proporcionar Fanys; mujeres capacitadas como conductoras y mecánicas que en 1938 terminaron por integrarse en un nuevo cuerpo formado como Servicio Voluntario de Mujeres que juntaba todas las organizaciones femeninas existentes.

Así, a punto de comenzar la IIGM, el nuevo Ejército Territorial (Auxiliar) del Reino Unido de la Gran Bretaña incluiría tanto una sección de transporte (a cargo de las Fanys) como la Legión de la Mujer.

A días de estallar la IIGM todas las mujeres que servían en el Ejército británico pasaron a quedar adscritas al Auxiliary Territorial Service (ATS, Servicio Territorial Auxiliar).

La WTS FANY dotó de personal a las Compañías Motorizadas del ATS, pero las Fanys mantuvieron su identidad de cuerpo de acción. Así, la primera misión en el nuevo conflicto mundial les llegó fuera de las Islas británicas: en febrero de 1940 un convoy de diez ambulancias y cuarenta Fanys (conductoras de sanidad militar) fue destinado a Finlandia, vía Suecia, para auxiliar en la contienda en aquellas latitudes.

Pero las Fanys fueron a más y se integraron en el Special Operations Executive (SOE; Dirección de Operaciones Espaciales). El SOE, surgido, a su vez, en julio de 1940 a partir de la Sección de Infiltración y Sabotaje del Secret Intelligence Service (SIS; al poco conocido como MI6), tenía carta blanca de Winston Churchill para realizar acciones en la Europa ocupada y las mujeres se mostraron como tremendamente eficientes.


Al principio de la guerra, las misiones principales de la Fanys en el SOE se centraron en la sección comunicaciones y cifrado de mensajes adscrita al Departamento de Señales. La capacidad de inteligencia de sus integrantes fue muy bien aprovechada para maquinar las claves y encriptaciones de los mensajes. En pocos meses se contó con ellas para participar en operaciones encubiertas en Europa. Piensen que con la población masculina en Francia y los demás países continentales estaba en el frente o en la producción y trabajos forzados para asegurar la producción de los nazis, con lo que una mujer desplazándose por una ciudad -o viajando entre ciudades- era habitual; una mujer pasaba más desapercibida para las tropas de ocupación, que un hombre. Así, fueron cincuenta las mujeres enviadas por el SOE en misiones a Europa y 39 de ellas eran Fanys. 13 fueron capturadas, interrogadas y terminaron siendo asesinadas por la Gestapo. En el Memorial de los miembros del FANY, que se encuentra en la Catedral de San Pablo en Londres, están grabados los nombres de 54 Fanys que murieron en acto de servicio con el SOE y el ATS durante la IIGM en Europa, Birmania, Vietnam, Tailandia, Malasia, Japón y las Indias Orientales; porque la organización estuvo allá donde combatía un soldado británico.


De los 13.000 agentes formados por el SIS para el SOE entre julio de 1940 y el final de la IIGM, 3.200 fueron mujeres.

A las Fanys del SOE no se les consideró militares en activo por lo que las Fanys recibieron recompensas civiles que reconocían la valentía frente a la acción del enemigo y las hazañas en general: 3 cruces de San Jorge y 2 medallas del Rey Jorge VI y otras 3 al Valor en la Causa de la Libertad; una mención del rey por conducta valiente y cantidad de menciones por sus operaciones. Pero también distinciones internacionales: Legión de Honor francesa; Medalla de la Libertad de Noruega; estrella de bronce de EE. UU. y Medalla de la Libertad de los Estados Unidos con Palma de Bronce.

La FANY siguen hoy en activo y cuenta con un operativo de 150 miembros.

Y conocidas las Fannys, seguimos con las Wrens

Las Wrens son las integrantes del Women's Royal Naval Service (WRNS; Real Servicio Naval de Mujeres) se integraron, entre otros servicios, en la Western Approaches Tactical Unit (WATU, Unidad Táctica de Aproximaciones Occidentales). Su misión era conseguir descubrir las tácticas de los lobos grises[4] alemanes que atacaban los convoyes de aprovisionamiento en el Atlántico Norte en su ruta desde Estados Unidos y Canadá al Reunió Unido y lograban hundir cantidad de mercantes, afectando gravemente en los primeros años de la contienda. Estos barcos y sus mercancías y hombres eran necesarios eran para abastecer Reino Unido y socorrer los esfuerzos de la guerra en Europea.

La de las Wrens fue una de las más apasionantes aventuras de la IIGM reflejada en cientos de investigaciones modernas; ellas contribuyeron decididamente a la victoria sobre los nazis en la IIGM[5].

Trabajaban desde Liverpool, en Derby House -visita que recomiendo al nivel de The Cavern Club-, y en vista del éxito de su perspicacia al respecto del proceder de los comandantes de los U-Boot, se fortaleció el equipo y se organizaron cursos de capacitación de oficiales navales. Las Wrens[6] se mostraron didácticas y muy hábiles en juegos de guerra y, también, para formar a aquellos hombres de mar “sin herir sus sentimientos[7]. Una jovencísima analista naval de 19 años, Janet Okell -o Jean Laidlaw, de 21-, instruía a oficiales de máximo rango; hasta 130 cursos de formación -para más de 5.000 oficiales de las marinas aliadas- de seis días de duración sobre tácticas antisubmarinas y como evadir los ataques impartieron las Wrens; fueron las más eficaces a la hora de intuir y adelantarse a todas y cada una de las nuevas maniobras de los submarinos nazis.

Las Wrens habían sido elegidas por sus aptitudes superiores en matemáticas, estadística y juegos tácticos. Entre la primera semana de febrero de 1942 y la última de julio de 1945, cuando la WATU fue clausurada por el final de la IIGM en Europa, un total de 66 Wrens habían completado el curso para convertirse en miembros de la WATU e impartir, a su vez, a oficiales navales superiotres cursos sobre tácticas contra sumergibles alemanes.

En Derby House, como cuartel general combinado de la RAF y la Royal Navy, las Wrens contribuyeron decisivamente a ganar la guerra. Un anexo en el inmediato Exchange Building de Liverpool también sirvió para ello.



Y Wrens también fueron muchas de las chicas de Bletchley Park, una mansión victoriana rodeada de cabañas de madera a 80 kilómetros de Londres, entre Cambridge y Oxford; en cada cabaña se seguía un proceso criptográfico a través de un equipo de investigación integrado por lingüistas, matemáticos, físicos, filósofos o experto en crucigramas. Bueno, como el 75% del personal lo integraban mujeres, coloquen el femenino de todas estas profesiones y actividades.

En Bletchley Park se había instalado, en 1938, la Oficina Central de Comunicaciones del Gobierno, así como la Escuela de Cifrado (GC&CS), coordinada por el Servicio de Inteligencia Secreto (SIS). La primera computadora Colossus fue diseñada y construida en Bletchley Park, permitiendo gracias a la astucia e inteligencia de varias Wrens descifrar los códigos de la máquina alemana Enigma.



Más de 6.600 mujeres trabajaron en Bletchey Park. Un importante grupo lo constituyeron las Wrens del Women’s Royal Naval Service (WRNS); pero también había Waffs del Women’s Auxiliary Air Force (WAAF) y personal del Auxiliary Territorial Service (ATS).

Y a la hora de felicitarlas, lo mismo. No eran soldados y la consideración de premiar a civiles tiene sus espinitas. Varias de las Wrens fueron reconocidas como miembros de la Orden del Imperio Británico por su gran trabajo, pero ni retribuidas conforme a su nivel, ni consideradas por su inmensa valía.

Baste un detalle de cómo era el mundo en aquellos años. Alguna de las Wrens llegó desde el prestigioso Newnham College[8], de Cambridge, con la referencia académica de “brillante”; pero el Newnhan College no concedió licenciaturas a mujeres hasta 1948.

 

 

 

 

 (Material gráfico: web FANY y Wikimedia Commons)



[1] J. Keegan (1995), Historia de la guerra, Planeta, Madrid, p. 263

[2] El 23 de abril de 1941, 54 miembros del ATS fueron enviados a entrenar a Newark. Tenían entre 19 y 35 años: “Las mujeres fueron capaces de operar equipos pesados de reflectores y hacer frente a las condiciones en los sitios de las baterías, a menudo desolados”; “las pruebas de Inteligencia del Ejército demostraron que la inteligencia general del grupo era bastante superior a la de los hombres” por parte de las Searchlight Girls.

[3] Voluntarias que vestían uniformes de estilo militar y asumían diversas funciones dentro de las secciones de agricultura, cantina, cocina y transporte motorizado. Más de 40.000 mujeres se unieron a sus fuerzas.

[4] Los U-Boote, pintados de gris, solían perseguir a sus presas mercantes de los convoyes durante el día para ‘cazarlas’ durante la noche. Concretamente, procuraban mantenerse al acecho y –en algunos casos- se sumergían para no ser detectados. Luego, salían a cielo abierto para lanzar sus torpedos. Atacaban de noche y en superficie debido a que ofrecían un blanco muy pequeño y podían navegar a una velocidad media de entre 17 y 18 nudos, casi lo mismo que un buque de escolta. Sólo se sumergían de manera muy puntual. Para empezar, solo podían estar un tiempo limitado bajo el agua porque las reservas de aire eran limitadas. En segundo lugar, cuando no estaban en la superficie únicamente podían detectar enemigos a través del sonar pasivo y del hidrófono, lo que provocaba que el submarino estuviese casi ciego. Era totalmente diferente a lo que sucede en un submarino de hoy en día. A su vez, no podían permanecer bajo el mar durante mucho tiempo debido a dificultades de propulsión. Recordemos que en 1941 sólo  Llevaban dos motores, uno diesel para cuando estaban en la superficie, y otro eléctrico que se alimentaba mediante baterías para cuando estaban sumergidos. Estos se recargaban fuera del agua, lo que limitaba su autonomía. Además, sumergidos sólo podían avanzar a 8 o 9 nudos como máximo, lo que correspondía a unos 3 o 4 nudos de velocidad media, es decir, muy lentamente. Juan Vázquez García,  U-Boote. La Leyenda de los 'Lobos grises'" 2009

[6] Las primeras Wrens fueron Jean Laidlaw, Jane Duncan, Nancy Wales, Christian Oldham, Judy DuVivier, Elizabeth Drake, Elizabeth Hackney, Jane Howes, Doris Lawford, Pauline Preston y Janet Okell

[7] Instruidos por una mujer; algo inconcebible para marinos militares y civiles en los años 40 del Siglo XX

[8] College para mujeres en la Universidad de Cambridge, fundado en 1871 por Henry Sidgwick. Fue el segundo college de Cambridge que admitió mujeres.