7 mar. 2014

DE CUANDO NO ENVIÉ AL AMIGO CECILIO A LUCHAR CONTRA LOS ELEMENTOS DEL LOW FESTIVAL


Apesadumbrado “di de mano” ayer. Tengo otras cosas en la cabeza, sin lugar a dudas más trascendentes, pero ver la desazón de un amigo -que siente Benidorm bastante más que yo- por una inminente acción municipal me ha tenido toda la noche dándole a la neurona.

Es por lo del “Low Festival”, el atiguo “Low Cost Festival”. Ahora, cuentan, será el “Low Festival Benidorm”.

Yo, parodiando a Brassens, “cuando la música de cualquier festival, me quedo en la cama igual”. Y eso que me gustaba la parafernalia del fenecido Festival de Benidorm; no el cotarro musical. No me creo ninguna de las bondades económicas que puedan representar estos “eventos”… más allá de lo represente para el organizador (si las cosas salen bien). Dejar todo como estaba (antes del festival) es una tarea que también se come lo suyo.

Dicho esto… tengo al amigo Cecilio (ya les he contado quién es en otro post) que se lo llevan los mengues (coloquialmente, los diablos) alertando a tirios y troyanos de lo que puede pasar si cometen la tropelía de conceder a una empresa creada ad-hoc hace nada, y ¡¡por siete años, siete!!, este festival donde el Ayuntamiento corre con la parte del león; vamos, que pone hasta la cama.

He leído que “El ayuntamiento ‘blinda’ en Low Festival hasta 2020”… Y me mosqueo: hay blindajes que parecen mantequilla. Yo, en blindajes, prefiero los reactivos -blindajes reactivos- y en eso tanto rusos como israelitas fabrican los mejores; y el “Trophy” israelí ya lo quisiera yo para todo. Eso sí es un blindaje. Y el problema es que estos blindan la cosa con mis euros.

Leo que “para que este certamen no vuele hacia otro municipio” van y le meten euros para que con este peso metálico no remonten el vuelo y no nos abandonen. Por mí, como dije, que vuelen: con el paíño común ya tengo pájaro propio de Benidorm (y protegido que está).

Luego me cuentan que no es tanta la cosa: “55.000 euros este año y pagar la cuota de la SGAE”… que no dicen a cuánto ascenderá. Incluso señalan que en 2013 no se pagó (“por el plan de ajuste”). Y luego se dice que “A partir de 2015 desparecerá el pago en metálico pero se incluirán otros gastos indirectos, como los recibos de la SGAE, el mantenimiento de césped o la cesión de espacios para publicidad, que alcanzarían una cuantía estimada en 73.000 € anuales”. 

Vamos, que lo mismo que pagamos ahora pero sin  los 55.000 € de este 2014 que parecen sonar a castigo por no pagar el año pasado. Porque además, el Ayuntamiento “debe aportar el recinto y garantizar la seguridad en su exterior (-que son euros a sumar-), colaborar en la obtención de permisos necesarios (-como ahora-), no utilizar la denominación ‘Low’ para otra actividad musical en Benidorm hasta 2020 (-como es lógico; no se puede evidenciar tan mal gusto en el nombre-); no celebrar otro festival similar de mayo a septiembre (-insisto en el mal gusto-), hacerse cargo de la retirada de residuos y limpieza del recinto (-como ahora y que también suma euros-)… Vamos que más de lo mismo y como ahora: este año un mínimo de 139.000 € y en los sucesivos… otro mínimo de 73.000 € mal contados. Que serán más euros; muchos más. Total, ¿pa qué?; total, ¡pa ná!

Esto lo defiende Conrado Hernández, ahora concejal del Ayuntamiento y al que conocí cuando hacía programas de música en Radio Benidorm SER. La música… podría ser lo suyo.
A la oposición (léase PP) no le convence mucho, pero…

Pero, claro, en música y en amor y pasión por Benidorm… con Cecilio han topado.
Se me desgañita Cecilio clamando contra esta aberración. A mí me parece tan aberración como a él, pero en cosas de música, yo me quedo en la cama igual.

Razones no le faltan. Ya en 2006 criticó, con poderosos argumentos, la rendición de la marca Benidorm a una empresa que arriesgaba nada y menos, y nosotros le pagábamos hasta la cama. Ahora vuelve con lo mismo.

Pide que no se cometan los errores “de siempre”. Da lo mismo Cecilio: siempre he oído (y visto) que “el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra”. Hasta ahora, el español era el único capaz de tropezar mil veces con el mismo peñón (de Gibraltar), pero veo que en Ayuntamiento de Benidorm les da lo mismo la altura y magnitud de la roca.

Tú defiende que “hay que negociar sin prisas” porque “es el promotor el que más interés tiene”; tú, a verlas venir. Tus bazas (las nuestras) son claras: “gente, mucha gente y tirón por lo atractivo y turístico del lugar”… y un ayuntamiento dispuesto a todo, añado yo. Coincido en que “el planteamiento económico lo debe fijar el ayuntamiento”. Bueno, tú pides que sea un “Benidorm SA”, y me ratifico en lo que propones: “siempre en función del potencial de beneficio, añadiendo el coste de oportunidad”.

Tal vez a Benidorm le pueda interesar este u otro festival, pero no llegar “a la subvención” empresarial. Benidorm también debe obtener beneficio; “no se puede aportar nada a fondo perdido”. Y no puedo estar más que de acuerdo cuando señalas que “el poder de la marca es muy grande”, porque la marca es “Benidorm” y no “Low” (bajo, escaso, reducido, pequeño, humilde, deficiente, vil, módico…)

Y, sobre todo, que cuán largo me lo fiáis: siete años, siete. “La evolución de este tipo de eventos puede ir a más… o a menos”. No tiene sentido una cosa así por más de dos años, posiblemente renovables… porque no sé yo cuantos novios, con la que está cayendo, puede tener este Low Festival de infausto nombre. Pero, ¿quién soy yo para opinar de una movida musical si cuando estalla me quedo en la cama igual?

Tu Jam Benidorm me parece mejor. Pero, ya lo sabes: eso se te ocurrió a ti. No a ellos.

No vas a cambiarles el sentido del voto ni la decisión; no te encabrones más. Y como le dijeron a gusanito: “desiste de tal empeño; no corres, eres pequeño”.

¡Pero tienes razón!







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