8 mar. 2014

DE UN CAFÉ CON TOQUES DE CHOCOLATE… VALOR


Va para un año que en el XXII Congreso Internacional de la Historia de la Ciencia, la Tecnología y la Medicina que se celebró en la Universidad de Manchester (22-28 de julio 2013) se volvió a señalar a la anandamida (sustancia similar a las que se liberan al consumir cannabis) como responsable de la “dependencia” que podamos tener del chocolate. Y la cosa no venía de ahora, que los chocolates están más refinados; con los chocolates “de antes, antes” había mucha más dependencia y casos, leo en el resumen de ponencias, de histerismo. Yo, sin llegar a esto último, confieso que tengo una soberana adicción al chocolate y que ni estoy por hacérmela mirar, ni por tratar de superarla.

Pedro López López
Foto: M. Ayús
Por ello, cuando anunciaron que el tertuliano del viernes (7 de marzo) iba a ser Pedro López López (Chocolates Valor, de La Vila) poco menos que cambié mi agenda para estar allí el primero… y llegué el último. El hombre propone, y la mujer dispone.

Pedro López es la cuarta generación familiar al frente de Chocolates Valor, en La Vila; Villajoyosa. Valor no es el apellido familiar; ellos son López. El fundador de esta marca de chocolates fue Valeriano López Lloret y a los Valerianos, en el valenciá de La Vila, se les llama Valor. Don Valeriano comenzó su andadura en 1881 con dos marcas: “La Sin Rival” y “Vicente López”, el nombre de su hijo y sucesor. Después llegarían “Zambrita” y otras más hasta que “Valor” fue el emblema de la firma. Ya en los censos vileros de 1871 don Valeriano figuraba como xocolater. Y es que en La Vila, la cosa del chocolate parece ser que es de 1810 cuando, cuentan que, un napolitano, que huye de Napoleón, se nos vino… justo, justo, cuando las tropas de Napoleón, por el sur de la provincia, comienza a aparecer por aquí. ¡Cachis la! Bien es cierto que hasta 1812 la guerra, lo que se dice guerra, no llegará a las amuralladas puertas de La Vila, pero aquél napolitano terminó viendo a los franceses en casa. Si eso fue así.

El caso, sea como fuere, es que por el puerto de La Vila entra el chocolate (a finales del XVIII o principios del XIX) y en 1858 ya se censan 22 piedras de moler cacao, que ya serán 32 en 1863, y hasta 70 trajineros[1]. En 1864 se produce la industrialización de la producción y un año antes se cuenta que se producían mil arrobas[2] por mes. Y así se inicia Valor como empresa en 1881, como dijimos.

A principio el mestre xocolater acude a domicilio a realizar el trabajo. Al poco pasa a hacerlo en casa y los trajiners lo reparten. Después, consigue su “Patente de Ambulancia” y sale a venderlo por la contorná y, ya puestos, hasta más allá. En aquél entonces, la “zona Valor” era más grande que la provincia de Alicante e incluía toda La Mancha. Así, con la “Patente de Ambulancia” los trajiners ponían las recuas en marcha hasta Motilla del Palancar y desde allí irradiaban la venta del producto. A mes, regresaban a Motilla y todos juntos, de nuevo, a La Vila a producir más chocolate y salir a venderlo. Qué tiempos aquellos; qué historias del chocolate. Hasta 20 rutas.

El chocolate llega a España con Hernán Cortes entre 1527 y 1528. Termina en el Monasterio de Piedra (Nuévalos) al que llega con las cosas del benedictino Jerónimo de Aguilar o con las del franciscano Pedro Olmedo. Y va de monasterio en monasterio (primero, de los del Císter). Y termina asentándose en los pueblos cercanos al monasterio de turno como Ateca, Astorga, Torrente… o La Vila donde no hay monasterio y sí puerto.
A Europa llegará el chocolate desde los dominios españoles -en Flandes y Nápoles- y por las bodas de las hijas de los reyes españoles con reyes de Francia, principalmente: Ana (Felipe III) con Luis XIII y María Teresa (Felipe IV) con Luis XIV. Y de Francia, al resto de Europa… donde ahora parece que lo inventaron ellos y consumen más que nosotros. En honor a la verdad, el “invento” centroeuropeo fue añadir leche al conjunto.

A don Valor (Valeriano) le siguió su hijo Vicente; y a Vicente, su hijo Pedro López Mayón; y a Pedro, su hijo Pedro López López que allí estaba, en “Los cafés del Meliá”, para hablarnos de él y de la empresa, cuya 5ª generación ya asume responsabilidades de gestión.

Pedro, como todos los López “Valor”, es vilero de pura cepa. Formación universitaria en Valencia (ciudad que ahora le gusta) y empresarial en Londres, pero vivencias y querencias vileras. No cambian La Vila por nada; oficia de vilero y con pasmosa sinceridad y a golpe de reflexión nos metió de lleno en el mundo empresarial del chocolate y de la filosofía “Valor”, nos transmitió la consideración de los valores empresariales y hasta los conceptos de beneficio (satisfacción de productor y cliente) y del I+D que no es “ingresar más dinero”. Con afable toque vilero, este escritor a ratos que atesora momentos de expansión y no cifras, nos contó que hoy por hoy producen 12.400 toneladas de chocolates, tienen cerca de 500 empleados, su Museo Valenciano del Chocolate recibe 80.000 visitas/año y que son la primera franquicia mundial de chocolaterías (“Valor”).

Hoy Valor está en 50 países y como cada uno tiene su especial miramiento por la transformación del cacao en chocolate, Valor se mantiene fiel -y firme- a sus formulaciones y se centra en el segmento Premium, en plan Gourmet. Y en eso están: en pulir sus reglas de juego, las que Pedro López Mayón instituyó hace cuarenta años y son el norte de la empresa. Integridad, pasión y compromiso tienen por norte.

Los Valor (López) son una empresa familiar que no dudan en reconocer que en el esfuerzo y en los logros Valor han sido piezas clave Antonio Galiana y Jesús Riesco, pero la quinta generación Valor (López) está ya empujando.







[1] Los que reparten la producción.
[2] 1 arroba (@. del árabe, ar-arub; la cuarta parte) son 12’563 kilos o litros, que tanto daba entonces. Aunque si eran de vino, la cosa era ya distinta: una arroba de vino igual a una cántara, que eran 8 azumbres y sumaban 16’133 litros. 

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