26 nov. 2017

DEL MENÚ TURÍSTICO… LUEGO MENÚ DEL DÍA





A mediados del XVIII las fondas españolas comenzaron a servir un plato “del día” a precio ajustado y económico, según contaba don Benito Pérez Galdós en su obra “Montes de Oca” (uno de sus Episodios Nacionales; 3ª Serie. La historia de un golpe de Estado -¿otro?- tras la 1ª Guerra Carlista que más bien debió llamarse, propongo yo, “Las desventuras de Manuel Montes de Oca”) publicada en 1900. No había orden ni concierto; funcionaba con los asiduos… y al resto ‘se le aplicaba la legislación vigente’, como al indiferente. Había su picaresca; era ‘un detalle’ para con la clientela de siempre.

Galdós narra la inauguración de uno de los primeros ‘restaurants’ de Madrid en la calle de Ábada y las vicisitudes que acontecieron a la hora de definir los platos de la carta y la intrahistoria. Pero si hacemos caso a los del XIX -Mariano José de Larra, Ángel Muro y otros- comer fuera de casa en aquella España del XIX era morir de asco e inanición… a pesar del plato “del día”.

Y en cuanto al menú turístico que nos trae aquí hoy, resulta que fruto de las regulaciones turísticas del franquismo ha quedado en nosotros este menú, cuyo antecedente habría que buscarlo, como digo, buceando entre las fondas del XVIII. Y la verdad es que su implantación levantó alguna polémica (las que entonces se podían producir) entre las gentes de la hostelería que rápidamente, pero con desigual fortuna, atajaron los inspectores del ramo. Pero aún hay recelo a la hora de acudir a él. Tanto, que Ferran Adriá anunció su muerte (la del menú turístico) en 2009 (1er Congreso San Sebastián Gastronómika), pero la verdad es que podemos comprobar, con excelentes ejemplos, que sigue vivo, aunque en ocasiones con un salir del paso que desagrada.

El caso, y a lo que voy, es que la Circular núm. 29, de 30 de junio de 1964, de la Subsecretaría de Turismo, trató de la Ordenación de los restaurantes y la creación del menú turístico. Surgía con peso y rigor porque a la Circular nº 15, de 31 de julio de 1963, se le había hecho más bien poco caso. La nº 15 señalaba entre otras muchas cosas que “los restaurantes debían dar publicidad a los precios y facturar por conceptos separados, claros e inteligibles”. Tantos años haciendo el fenicio nos había apartado de estas naturales prácticas. Por eso, la nº 29 urgía a cumplir con la nº 15 y a poner en práctica esa recomendación que pasaba a ser obligación y daba vida al menú turístico… y creaba el Libro de Reclamaciones (modelo oficial).

También en la nº 15 se decía lo de “locales limpios -incluso en los servicios sanitarios (que ese sería otro cantar; siendo asignatura no superada en todos)- y correctamente amueblados”; y en la nº 29 se conmina a ello al tiempo en que se urge “el trato amable y cortés” con los clientes (por lo general, extranjeros) aludiendo a la “repercusión turística” toda vez que el ‘buen sabor de boca’ del turista actuaría como bandera promocional al abandonar el país y llegar al del aborigen turista a contar lo bien que funcionaba aquella España de la que -como hijo del baby boom- me gusta recordar.

Bueno, centrando que voy por los cerros de Úbeda, resulta que atendiendo a la Ley 48/63, de 8 de julio, y al Decreto 877/1964, de 26 de marzo, y al Artículo 7 de la Dirección General de Empresas y Actividades Turísticas (que por Legislación no iba a quedar), y una vez oído el Sindicato Nacional de Hostelería (que por doctrina tampoco) se fijó todo sobre el menú turístico, destacándose además, que en las cartas de restaurantes no se podía incluirse el manido “s/m”, porque “‘según mercado’ no podía haber nada: los precios fluctuantes se reflejarán a diario”… y ahí seguimos; con el s/m.

El caso es que se fijó que “desde el primero de agosto de 1964 en todos los establecimientos, cualquiera que fuera su categoría, que facilitaran al público comidas y bebidas” debía confeccionarse “a diario” un menú turístico compuesto de “un primer plato de sopa, crema o entremeses, un segundo plato, con guarnición, de un repertorio compuesto, cuando menos, por huevos, pescado y carne, ofreciendo a continuación un postre de fruta, dulce o queso”. Se acompañaría de “1/4 de litro de vino del país, sangría, cerveza u otra bebida, y pan”.

Se insistía en la orden en que, además el menú turísticose serviría con la máxima rapidez y preferencia” al tiempo que se indicaba la benignidad de la idea de “dar entrada en él (menú turístico) de platos típicos de la cocina española”. Ya en 1939 los ideólogos del Régimen recomendaban promocionar “la paella, la tortilla de patatas, el pescado bien frito y los platos de renombre de la cocina española”. Ah, para las cafeterías se impuso el “plato combinado turístico”.

Y, en cuanto al precio, se pedía que fuera “global y libre” quedando siempre “bien visible”. Sobre el precio se añadía que “incluiría el importe del servicio, el porcentaje destinado al personal, la Póliza de Turismo y cuantos impuestos, arbitrios y tasas estén legalmente autorizadas”. Como se desmandó la cosa, desde 1965, año tras año, se publicaba los precios máximos a cobrar por el menú turístico y el plato turístico combinado.

Aquí llegados debo señalar que ‘la imposición del menú turístico’ no fue una medida muy aceptada por la restauración. No fue bien acogida en 1963; de ahí que para 1964 se planteara con contundencia si implantación ‘urbi el orbi’, como si de una bendición papal se tratara. Y ni aún así comenzó siendo aceptado por los del sector.

De puertas adentro, en aquellos años de la mitad de los sesenta, los restaurantes no lo recomendaban; más bien lo desaconsejaban. Esto provocó que en 1965 se tomaran cartas en el asunto. Y ni con esas. La picaresca llevaba no incluir el menú turístico en la carta o a grabar los platos que en él se incluían con un suplemento, como muy bien nos retrata -y nos saca los colores- James A. Michener en ‘Iberia: viajes y reflexiones sobre España’ (P&J, 1971) a pesar de que la norma era muy clara: “aunque estén grabados, no se pagará el gravamen en los platos del menú turístico” (ABC, 07.03.1968; pág. 58). Es más, se insistía en que “El 'menú turístico' no debe ser confundido con un 'menú para pobres'. Es sencillamente un menú protegido y cuyo precio fija la Administración, y es el cliente quien lo confecciona” (Marta Valdivieso; Así creó Franco el menú del día, citando al Diario ABC).

El 24 de junio de 1970 desapareció oficialmente el menú turístico (y el “plato combinado turístico”). Pasó a denominarse “menú del día” y sus precios, por categoría de establecimiento se fijaron entre las 80 y las 285 pesetas… Y así comenzó esta historia.

  

Nota: La Póliza de Turismo fue creada por Ley el 17 de julio de 1946. Inicialmente se fijaba a cada uno de los partes individuales de entrada de viajeros en establecimientos de alojamiento de viajeros y… como todo lo que pasa por aquí, pues llegó hasta la restauración… Yo la considero como la primera “tasa turística” dándole un argumento a los que la quieren implantar ahora. ¡¡Fue una medida franquista!!


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