25 oct 2026

SOBRE CEUTA; con la que está cayendo... (VIII)

 

 

Y sigo en faena, con la historia a cuestas… a partir de la IGM… y hasta la victoria electoral del Frente Popular…

Al terminar la IGM, la acumulación de capitales, la actividad portuaria y el fin de las restricciones globales de transporte permitieron que, a partir de 1918, Ceuta entrara de lleno en una etapa de gran expansión económica. Se abrió el hospital de la Cruz Roja y se intensifican las iniciativas municipales dirigidas a afrontar las dificultades de la población.

La burguesía local reinvirtió los beneficios acumulados en la edificación privada, la industria de salazones y conservas de pescado, la alimentación y los servicios, transformando el paisaje urbano de la ciudad en la década de 1920 y, al mismo tiempo, la vida política local comenzó a reflejar las tensiones entre las estructuras tradicionales de poder y las nuevas demandas sociales, contrarrestadas por una fuerte inversión en obra pública en la ciudad.

Y en medio de aquel nuevo clima, el 20 de septiembre de 1920, el teniente coronel José Millán-Astray funda en Ceuta el Tercio de Extranjeros, posteriormente conocido como La Legión[1].

Este elemento militar es importante porque la Guerra del Rif (1909-1927), por aquellos años, estaba aún latente en el territorio; y poco se hablaba de ella, opacada por la Gran Guerra europea.

Ya lo vimos: se inició en 1909 con la Guerra de Melilla y el desastre del Barranco del Lobo, larvándose tras la respuesta española de 1911.

Poco más de una década después, en 1921, con la irrupción de Abd el-Krim[2], aquella guerra entrará en una etapa durísima (1921-1926) con una sublevación general de las cábilas rifeñas. 

La guerra existía. Y mientras el Alto Comisario Dámaso Berenguer estaba logrando importantes éxitos militares y acaparando recursos en la zona occidental (cerca de Ceuta y Tetuán), el general Fernández Silvestre, comandante general de Melilla, ansiaba adelantarse, conseguir la gloria de tomar Alhucemas.

La bahía de Alhucemas era considerada el “corazón” de la resistencia rifeña y el centro de operaciones de la cabila de los Beni Urriaguel (la tribu de Abd el-Krim).

El mando militar español estaba convencido de que quien controlara Alhucemas controlaría todo el Rif y lo pacificaría. Silvestre se propuso como meta personal terminar la guerra rápidamente mediante una ofensiva fulminante.

Guiado por un exceso de confianza, creyó que las tribus locales no opondrían resistencia por las armas y que podría llegar al mar en una carrera a pie a 130 kilómetros de su base principal: buscaba una victoria rápida y prestigiosa para la Corona… y Silvestre nos llevó a los desastres de Iguiriben, Annual y Monte Arruit[3] donde sí alcanzó la gloria de la inmortalidad el Regimiento de Caballería ‘Cazadores de Alcántara’ número 14 con sus míticas cargas[4] protegiendo la retirada.

La catástrofe reforzó la necesidad de reorganizar el Ejército y situarlo en el siglo XX, asegurar las comunicaciones cada vez más necesarias y revisar la estrategia en el Protectorado.

1922 transita en medio de sones guerreros y el juicio por responsabilidades de lo ocurrido el año anterior (Expediente Picasso[5]).

Mientras tanto, la guerra sigue y la sociedad española se resiente hasta tal extremo que el 13 de septiembre 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, encabeza un golpe de Estado que pone fin al sistema constitucional de la Restauración e instaura un Directorio Militar.

El 1º de octubre, la dictadura intervino el gobierno municipal de Ceuta y reforzó el control militar sobre la ciudad.

La cuestión marroquí constituía uno de los grandes problemas del nuevo régimen. Recordemos: en la primavera de 1917 Primo de Rivera se había posicionado como partidario de intercambiar Ceuta con Gibraltar y reducir los compromisos militares españoles en Marruecos.

Pero aquello fue en 1917; en 1924 tanto Primo de Rivera como los Estados Mayores de los tres Ejércitos coinciden en la necesidad de terminar esta compleja situación en el Protectorado.

La retirada de Xauen[6], en noviembre de 1924, fue uno de los episodios más significativos del proceso emprendido, quedando entonces Ceuta sometida a un mayor control de las autoridades de militares.

Finalmente, Primo de Rivera terminará impulsando una operación decisiva contra Abd el-Krim a raíz de que la presión de las fuerzas rifeñas estaba ejerciendo en el entorno de las grandes plazas de Ceuta y Melilla obligando a España a reorganizar cada vez más sus posiciones.

 La estrategia de Primo de Rivera evolucionó hacia la concentración de fuerzas para la preparación de una operación decisiva, el desembarco en Alhucemas[7], que ya había tenido hasta cinco planificaciones precedentes. Se materializó con la sexta y se llevó a cabo el 8 de septiembre de 1925[8]. La operación combinó, por primera vez en la Historia, fuerzas terrestres, navales y aéreas y permitió establecer una cabeza de puente y avanzar hacia Axdir, centro principal rebelde. Además, se contó con participación francesa[9].

Abd el-Krim sufrió el colapso de su resistencia militar en lo que restó de 1925 y, finalmente, el 26 de mayo de 1926, temiendo caer en manos de los españoles decidió entregarse[10] voluntariamente al ejército francés.

A partir de ahí, la virulencia del conflicto cayo a mínimos y, aunque se mantuvo hasta mediados[11] de 1927, las fuerzas españolas continuaron operaciones de sometimiento y desarme en distintas cabilas. La campaña supuso el final de la gran insurrección rifeña y permitió al régimen presentar la resolución del problema de Marruecos como uno de sus principales éxitos.

Para Ceuta, el final de la guerra supuso un cambio en su función militar: de base militar y plaza de apoyo de las operaciones de ocupación pasó a ciudad base para la consolidación del Protectorado.

La victoria militar permitió a los partidarios de la intervención reivindicar la eficacia de la nueva estrategia, pero la censura, las restricciones políticas y la diversidad de intereses sociales nos obligan a distinguir entre la imagen pública de la victoria y las opiniones que la población pudiera mantener.

El fin de las operaciones militares y la repatriación de tropas redujeron el movimiento de personas y mercancías que había alimentado el crecimiento de Ceuta; lo que comenzó a notarse tras el verano de 1927[12].

1927 fue también el año de creación de la Asamblea Nacional Consultiva, constituida en septiembre. No era un parlamento democrático elegido por sufragio universal, sino un órgano consultivo promovido por la dictadura para dar una apariencia institucional y corporativa al régimen. El sistema político seguía caracterizado por la suspensión del funcionamiento ordinario del parlamentarismo, la restricción de las libertades políticas y el predominio del poder ejecutivo.

Para Ceuta, esta concentración del poder tuvo una consecuencia especialmente importante: la creciente subordinación de la administración civil a las autoridades militares y a la estructura gubernativa del Protectorado.

El Real Decreto de 3 de octubre de 1927 dispuso la desaparición de la denominación de Comandancia General de Ceuta, que pasó a denominarse Jefatura General de la Circunscripción Ceuta-Tetuán. Dos días después de la reorganización militar, Ceuta vivió un acontecimiento de gran relevancia institucional.

El 5 de octubre de 1927, el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia visitaron Ceuta e inauguraron oficialmente el Palacio Municipal, actual Palacio de la Asamblea. Alfonso XIII ya había estado anteriormente en Ceuta el 3 de mayo de 1904. Y su padre, Alfonso II, había sido el primer rey de España en visitar la ciudad el 20 de marzo de 1877[13].



Ese mes de octubre de 1927 tuvo más repercusiones en Ceuta. El 31 de octubre un Real Decreto estableció la figura del delegado gubernativo del alto comisario en Ceuta, con funciones semejantes a las de un gobernador civil.

Así, Ceuta constituyó su Junta Municipal con un régimen de gobierno local diferenciado del Ayuntamiento ordinario decimonónico anterior y se abrió a la reorganización de su nueva estructura de ciudad de frontera.

1928 fue un buen año: el tráfico de mercancías en su puerto alcanzó casi las trescientas mil toneladas, con un claro predominio de las importaciones, reflejando la función comercial de Ceuta. El padrón alcanzó los 52.207 habitantes.

Incluso 1929 funcionó muy bien hasta aquel lunes negro que produjo la contracción del comercio mundial.

La crisis de 1929 golpeó a Ceuta de una forma particular: la ciudad sufrió simultáneamente las consecuencias tanto de la Gran Depresión (internacional) como las de la desaparición de la economía de guerra que había sostenido buena parte de su expansión durante las campañas de Marruecos.

Para intentar compensa, el Gobierno llevó adelante el Real Decreto-ley de 11 de junio de 1929, que ratificó el carácter de puerto franco de Ceuta; su desarrollo normativo llegó con el Real Decreto de 22 de julio de 1930 justo cuando el comercio ceutí intentaba soslayar los negativos efectos del Crack del 29 y veía como seguían disminuyendo los ingresos fiscales vinculados a la actividad económica.

La población disminuyó en los años 1929 y 1930. La crisis también dificultó los proyectos municipales de reforma y mejora urbana.

La proclamación de la Segunda República se produjo, pues, en una ciudad que arrastraba desempleo, dificultades comerciales y problemas de financiación y que confiaba en el nuevo modelo, quizás, con demasiadas ansias.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dieron la victoria a la Conjunción Republicano-Socialista, con veintidós concejales frente a trece monárquicos. El 14 de abril, en Ceuta, se proclamó la República y el día 15 se constituyó el nuevo Ayuntamiento.

A continuación, dos disposiciones fueron decisivas: el decreto del 8 de mayo creó una circunscripción electoral propia para Ceuta, con representación parlamentaria, y el del 21 de mayo estableció la Delegación del Gobierno y separó la administración civil ceutí de la Alta Comisaría del Protectorado. Fue un paso importante hacia su integración en el régimen administrativo común español.

Y el artículo 8 de la Constitución republicana de 1931 establecía que “Los territorios de soberanía del norte de África se organizarán en régimen autónomo en relación directa con el Poder central”. La disposición reconocía la singularidad de los territorios españoles norteafricanos y contemplaba una relación directa con el Gobierno central. Sin embargo, durante los primeros años republicanos se discutió si la administración de Ceuta y Melilla debía mantenerse separada de la Alta Comisaría del Protectorado o si convenía unificar determinadas competencias[14].

El Decreto-ley de 16 de junio de 1931 había atribuido al alto comisario determinadas funciones sobre las plazas. La decisión fue controvertida porque las autoridades civiles de Ceuta y Melilla defendían su independencia administrativa respecto del Protectorado.

Con la proclamación de la Segunda República, el debate sobre Marruecos adquirió una nueva dimensión en España. Sectores republicanos y socialistas defendieron posiciones contrarias a la expansión colonial y partidarias de reducir o revisar la presencia militar española en África. Sin embargo, el abandono del Protectorado no se materializó.

Persistieron organizaciones, publicaciones y círculos africanistas que defendían la importancia de Marruecos para España. La política republicana trató de potenciar una actuación civil y cultural, aunque tuvo que desenvolverse en un entorno internacional condicionado por la presencia francesa y por los intereses de otras potencias.

En consecuencia, durante los años siguientes coexistieron tanto el cuestionamiento de la aventura colonial, como la voluntad de reducir el protagonismo militar, así como la continuidad de una cultura africanista dentro de determinados sectores del Estado y del Ejército.

En esas que el Decreto de 19 de julio de 1934 confirió al alto comisario las atribuciones de gobernador civil de ambas plazas, con facultades para proponer delegados gubernativos. La medida pretendía coordinar sus intereses con los del Protectorado, pero generó tensiones con el principio de autonomía contemplado en la Constitución.

Además, estos primeros años de la década de los Treinta fue un tiempo de conflictividad social. Las huelgas portuarias[15] enfrentaron a trabajadores, patronal y autoridades. UGT y CNT compitieron, como en el resto de España, por la influencia sindical[16].

La huelga revolucionaria de octubre de 1934 tuvo un seguimiento importante en Ceuta con diversos altercados e incidentes. Hubo explosiones de bombas, detenciones masivas, clausura de sedes obreras y republicanas y destitución gubernativa de diez concejales.

La conflictividad local quedó así conectada con la crisis política nacional que aumento en 1935 junto a un repunte de la crisis económica. Y junto a ello, volvió a la palestra nacional el debate sobre las plazas de soberanía.

Además, en 1935, surgieron controversias sobre la fiscalidad aplicable a Ceuta y Melilla y sobre la financiación de sus administraciones.

En febrero de 1936 se produjo la victoria del Frente Popular que abrió una etapa de intensa tensión.

 

Y de eso ya seguiremos mañana tratando: Ceuta… desde la Guerra Civil…

 



[1] Aunque el Real Decreto de su creación fue firmado por el rey Alfonso XIII en Madrid el 28 de enero de 1920, la unidad cobró vida sobre el terreno en septiembre de ese mismo año cuando su fundador, el teniente coronel José Millán-Astray, estableció las oficinas de mando en el Cuartel del Rey. Debido a la masiva incorporación de voluntarios alistados, el cuerpo se trasladó poco después al campamento de Dar Riffien, situado en las cercanías de la ciudad, convirtiéndose en la gran base histórica y centro de formación de la unidad. Por este motivo, Ceuta es considerada unánimemente como la cuna de la Legión.

[2] Muhammad Ibn 'Abd el-Karim El-Jattabi (Axdir, 1882-1963 El Cairo). Nació en la cabila de Beni Urriaguel, hijo del cadí. Estudió Bachillerato español en Tetuán y Melilla, y derecho islámico en la Universidad de Qarawiyyin, en Fez; incluso asistió a cursos de Derecho en la Universidad de Salamanca. Sirvió a la Administración española en la Oficina Central de Tropas y Asuntos Indígenas en Melilla, donde trabajó también para el periódico El Telegrama del Rif. Llegó a ser cadí de Melilla y atrajo a su causa a gran parte de los soldados indígenas que prestaban servicio en el Ejército colonial español. 

[3] El desastre se activó definitivamente tras el trágico asedio y rendición de la posición avanzada de Igueriben, un promontorio rodeado de profundos barrancos, perteneciente a la cabila de Tensamán. La posición estaba dominada por otras lomas más elevadas a su alrededor, especialmente la conocida como “Loma de los Árboles” desde donde las fuerzas de Abd el-Krim podían disparar y controlar visualmente el fortín de forma impune. El 21 de julio de 1921 casi toda la guarnición fue masacrada, lo que dejó totalmente desprotegido el flanco sur de Annual. Al día siguiente, ante la presión rifeña, el general Silvestre ordenó la retirada masiva desde al campamento central de Annual hacia Melilla. Esta evacuación, mal planificada y tardía, degeneró en un pánico generalizado y una desbandada desorganizada donde los soldados fueron masacrados a lo largo del camino, donde el Monte Arruit, un campamento fortificado, fue el escenario del epílogo más trágico y cruel del Desastre de Annual. Si Annual representó el colapso del frente, el Monte Arruit simbolizó el martirio definitivo del ejército español en el verano de 1921. Ante la falta de socorro desde Melilla y la agonía de sus hombres, el Gobierno autorizó al general Navarro a negociar la rendición. El 9 de agosto de 1921, se pactó la entrega de la posición a cambio de que los soldados españoles pudieran retirarse desarmados hacia Melilla. Sin embargo, una vez que las tropas salieron del fortín y entregaron sus fusiles, las cabilas rifeñas incumplieron el acuerdo y masacraron brutalmente a casi 3.000 soldados españoles indefensos. Solo sobrevivieron unos 60 oficiales de alta graduación (incluido el propio general Navarro), a quienes los rifeños tomaron como rehenes para exigir rescate económico. Cuando el ejército español reconquistó el Monte Arruit un par de meses después, las tropas se encontraron con miles de cadáveres insepultos y mutilados bajo el sol norteafricano. Las fotografías y crónicas de aquel escenario de horror llegaron a la península, provocando una ola de indignación social sin precedentes que aceleró el juicio de responsabilidades (el Expediente Picasso) y la caída del sistema político tradicional. En la zona de Annual y la retirada general (21 al 28 de julio) fallecieron 10.000 hombres; en la masacre de Monte Arruit (9 de agosto) fueron asesinados a sangre fría cerca de 3.000 soldados indefensos.

[4] Las cargas, hasta 9, se produjeron el 23 de julio de 1921, desde el cauce del río Igán. El general Felipe Navarro ordenó al regimiento proteger la retirada de la exhausta e indefensa columna de infantería española que huía desde Dar Drius. Unos 690 jinetes del Alcántara se enfrentaron a miles de guerreros rifeños atrincherados en una loma al otro lado del río. Al mando del teniente coronel Fernando Primo de Rivera (hermano de Miguel Primo de Rivera), el regimiento cargó de manera heroica hasta en nueve ocasiones consecutivas contra las líneas enemigas hasta quedar casi aniquilado. De los 691 hombres que iniciaron las cargas, apenas sobrevivieron 60. Por esta acción de abnegación y valor, el Regimiento Alcántara recibió colectivamente en el año 2012 la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima distinción militar de España. Hoy, aquella unidad se ha transformado en el Regimiento de Caballería nº 10, dotado de medios acorazados (Leopard 2A4) y mecanizados (Pizarro y VEC M1). El Grupo de Caballería Acorazado «Taxdirt» I/10, es el componente operativo principal de fuerza de esta unidad. Recuerda la carga de la brigada en 1909 contra la posición Taxdirt, en las afueras de Melilla.

[5] El Expediente Picasso fue la investigación oficial dirigida por el general de división Juan Picasso González para esclarecer las causas y depurar las responsabilidades militares derivadas del Desastre de Annual, que provocó el hundimiento de buena parte de las posiciones españolas en el Rif oriental. Por orden del Ministerio de la Guerra, Picasso inició sus investigaciones en agosto de 1921. Recopiló testimonios y documentación sobre las operaciones militares de julio y agosto de aquel año, en las que las fuerzas españolas fueron derrotadas por los combatientes rifeños dirigidos por Abd el-Krim. El expediente, concluido en abril de 1922, reunió más de 2.400 folios. Su objetivo era esclarecer los errores cometidos, las negligencias y los posibles delitos de los mandos militares. Su investigación se centró fundamentalmente en las responsabilidades militares y operativas, sin abordar en profundidad las posibles responsabilidades políticas. El Expediente Picasso constituye un documento fundamental para comprender la crisis del sistema colonial español en Marruecos y la descomposición política de la monarquía de Alfonso XIII. El Expediente Picasso convirtió el desastre militar de Annual en una crisis política de Estado. el golpe de Primo de Rivera interrumpió la vía parlamentaria para esclarecer las responsabilidades políticas, pero no debe confundirse esa interrupción con la inexistencia de actuaciones judiciales militares. El proceso de depuración de responsabilidades tuvo tamEl informe de Picasso puso de manifiesto graves fallos entre distintos escalones del mando militar: oficiales que habían abandonado posiciones, mandos que no habían organizado adecuadamente la defensa y responsables que habían incumplido sus obligaciones durante el derrumbamiento del frente. Las conclusiones del instructor propusieron procesar a 37 jefes y oficiales. Posteriormente, el fiscal militar amplió el ámbito de las posibles responsabilidades, incorporando a otros 39 mandos. En conjunto, se llegó a contemplar la responsabilidad de 76 militares.

[6] Primo de Rivera decidió evacuar la ciudad santa de Xauen para concentrar las fuerzas en la costa y proteger ciudades clave como Tetuán y Ceuta. La retaguardia del repliegue quedó encomendada a las banderas de la Legión al mando del entonces teniente coronel Francisco Franco. Al hacerse pública la intención de abandonar el territorio, las cabilas rifeñas locales se sublevaron de inmediato. El acoso de los guerreros de Abd el-Krim, sumado a un otoño de lluvias torrenciales que enfangaron los caminos, convirtió la retirada en una operación sumamente hostil y sangrienta. Aunque la propaganda oficial de la dictadura intentó vender el movimiento como una maniobra perfecta y sin bajas, la realidad es que el ejército español sufrió alrededor de 2.000 muertos debido al constante hostigamiento. A pesar del coste humano, se evitó un colapso total de magnitudes similares al Desastre de Annual gracias a que se mantuvo la disciplina militar. La evacuación comenzó el 15 de noviembre de 1924 y concluyó formalmente el 10 de diciembre de 1924.

[9] Francia contribuyó con apoyo naval y aéreo y, sobre todo, desarrolló una ofensiva terrestre simultánea en su zona del Protectorado para impedir que las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim pudieran concentrarse contra los españoles. Mientras España desembarcaba el 8 de septiembre de 1925 en las playas de Ixdain y La Cebadilla, Francia apoyaba con una escuadra de cobertura y daba apoyo artillero naval al tiempo que desarrollaba operaciones terrestres en el sector de la cabila de Beni Zerual, en el norte de su Protectorado. El general Miguel Primo de Rivera dirigía la estrategia española, mientras que el mariscal Philippe Pétain asumió responsabilidades en la dirección de las operaciones francesas en Marruecos.

[10] Fue deportado a la isla de Reunión, en el océano Índico, donde permaneció exiliado durante dos décadas. Después de unos 21 años en Reunión, consiguió abandonar la isla cuando el barco que trasladaba a su familia hizo escala en Port Said, Egipto. Allí recibió acogida y pudo volver a la actividad política. Se convirtió en una figura de referencia para los movimientos anticoloniales del norte de África. Apoyó la emancipación del Magreb y mantuvo su oposición al dominio colonial.  Abd el-Krim murió en El Cairo en febrero de 1963, sin regresar a su tierra.

[11] La Guerra del Rif se dio oficialmente por terminada el 10 de julio de 1927, cuando el general José Sanjurjo, alto comisario español en Marruecos, anunció la conclusión de la campaña de pacificación del Protectorado.

[12] El 10 de julio de 1927 se dio por concluida la campaña de pacificación, aunque el establecimiento efectivo de la administración española y el control del territorio fueron procesos que continuaron desarrollándose.

[13] Alfonso XII llegó a bordo de la fragata Victoria, acompañado por los buques Numancia y Ceres. La visita formaba parte de los desplazamientos del joven monarca por distintas regiones españolas para conocer directamente el país y reforzar la presencia de la Corona tras la Restauración borbónica de 1874.

[14] ¿Debía España mantener su presencia colonial en Marruecos? La experiencia de la guerra del Rif, el desastre de Annual de 1921 y el coste humano y económico de las campañas militares habían alimentado una corriente crítica con la política africana española. El dirigente socialista Pablo Iglesias había expresado anteriormente una posición contraria a la aventura colonial con una frase que continuó citándose durante las décadas siguientes: «Mientras no se abandone Marruecos no podrá nuestro país levantar cabeza ni moral ni materialmente». El debate estaba relacionado con la conveniencia de mantener la presencia española en el norte de África, el coste del Protectorado y la posibilidad de abandonar parte de las posiciones africanas. Al mismo tiempo, las dos ciudades defendían su personalidad propia y reclamaban soluciones para sus problemas económicos y administrativos. el Congreso Económico-Administrativo de las Plazas de Soberanía, celebrado en 1935, que buscó articular un programa de reformas para Ceuta y Melilla.

[15] Especialmente las de mayo-junio de 1932 y noviembre de 1932-marzo de 1933

[16] En febrero de 1934, una huelga general por los despidos en el puerto fue respaldada por ambas organizaciones y concluyó con la readmisión temporal de unos 300 trabajador

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