6 jun 2022

DE HISTORIAS BERLANGUIANAS FRENTE A REALIDADES BUÑUELESCAS...

  

Junio es un mes al que los norteamericanos, para Europa, le tienen querencia; y no digamos de los primeros días del mes en que lo mismo inician una invasión (6 de junio de 1944, Día D) que te lanzan un Plan de Recuperación para la Europa invadida y extenuada por la guerra (5 de junio de 1947).

Y hoy, en este post, vamos de 75 Aniversario… de un discurso en la universidad de Harvard, en un acto de graduación, que desencadenó el European Recovery Program[1] (ERP); aunque si echamos la vista atrás, esto va más allá de la mal llamada Comisión Consultiva Europea y del Protocolo de Londres[2].

En 1947, el problema de una Europa destruida por una guerra (1939-1945) era su economía y, para los Estados Unidos, -además- el auge del comunismo. La URSS estaban exultante, vencedora tras la toma de Berlín y dominadora de la Europa oriental; y en la occidental, con la paz en marcha, resulta que el comunismo iba ganando terreno en todas las democracias. En las elecciones francesas del 21 de octubre de 1945 los comunistas conseguían el mayor número de diputados[3] en la Asamblea Francesa; y tras las elecciones de 1946 en Italia, el Partido Comunista -además-, entraba en el Gabinete[4].

Aquello tenía muy mala pinta; había más comunistas que setas. Incluso en los Estados Unidos, donde el Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC) trabajaba sin descanso desde 1938. El embrión del comité había comenzado en 1934 a cuidarse de las actividades y propaganda de los nazis en suelo americano, bajo las directrices de John W. McCormack y Samuel Dickstein. En 1938, ya como Comité Especial de Investigación, copresidido por Martin Dies Jr. y el sempiterno Samuel Dickstein, amplió pesquisas hacia el Ku Klux Klan, pero -como el que no quiere la cosa y aquello era folclore patrio, pronto lo olvidó- se centró en investigar la posibilidad de que el Partido Comunista de los Estados Unidos se hubiera infiltrado en la Works Progress Administration, una agencia esencial para contratar personal para las obras públicas del New Deal; y ya se emperró en investigarlo todo.

El HUAC era más propio de fray Tomás de Torquemada, primer Inquisidor general (siglo XV), que del siglo XX. Y le tomó el gustillo a eso y cualquier tendencia izquierdista era milimétricamente analizada. Y en América existían organizaciones afiliadas a la Internacional Comunista, con lo que determinó que casi todo el monte era orégano. Hace relativamente poco apareció un libro que aseguraba que el omnipresente Dickstein era un agente encubierto del NKVD[5]. En fin, una buena tapadera si así fue. Cosas de por allí; y eso que cosas peores hemos visto como, por ejemplo, los del Círculo de Cambridge[6] que le hicieron un roto que no veas al Reino Unido.

Pero a lo que íbamos: en 1945 el comité especial de actividades antiamericanas se convierte en comité permanente y pasó a investigar -a pajera abierta- a los sospechosos de propaganda y subversión comunistas. Fue terminar la IIGM y comenzar la caza mayor de comunistas y supuestos comunistas, siendo su primera pieza notoria, Alger Hiss[7] (condenado en 1948).

En este ambiente de alerta ante el auge del comunismo por todas partes, especialmente en Europa, el 12 de marzo de 1947 el presidente Truman, se dirige al Congreso pidiendo urgente ayuda militar y económica para Grecia[8] y Turquía[9] y plantea en su discurso las bases de lo que se llamó ‘Doctrina Truman’ que les resumo en ‘contener la expansión del comunismo’. Mucho tuvo que ver en ello un artículo firmado por un Mr X[10] en la revista Foreing Affairs[11] (julio de 1947; Las fuentes del comportamiento soviético) explicando la proyección del comunismo y lo que supondría. Y aunque el mejor antídoto contra el comunismo es la realidad (pero hay que sufrirla), Truman no quiso esperar y lo fio todo al todopoderoso dólar (la libra se había hundido con la guerra): para revertir el anticomunismo y apoyar a los anticomunistas, dólares para fortalecer la economía. Y así llegó el Plan Marshall, el ERP del que estamos comentando.

El general George Catlett Marshall Jr. fue secretario de Estado y secretario de Defensa con el presidente Truman. Winston Churchill le definió como el ‘organizador de la victoria’ por su liderazgo en el triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial. un plan para la recuperación económica europea, una economía que había quedado devastada como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Orquestó un plan de recuperación europea, conocido como Plan Marshall, que ayudó económicamente a dieciséis países europeos, por lo que la revista Time lo consideró Hombre del año en 1948. Como secretario de Estado, se opuso al reconocimiento del Estado de Israel, en contra de la opinión del presidente Truman. Este enfrentamiento provocó su dimisión en 1949, siendo nombrado en 1950 secretario de Defensa, puesto al que renunció en 1951, después de tener diversas disputas con el senador Joseph McCarthy, el perseguidor de comunistas Posteriormente fue nombrado presidente de la sección norteamericana de la Cruz Roja. En reconocimiento por el plan para la Recuperación de Europa recibió el Premio Nobel de la Paz en 1953.

El hombre que lanzó la idea original del plan no fue el general. El empresario y diplomático William Lockhart Clayton se dio cuenta de que no bastaba con ganar una guerra, sino que había que asegurar el día después y se plantó ante el Congreso de los EE.UU.: "Necesitamos mercados, grandes mercados en los que comprar y vender". Y eso, en el capitalismo, es sagrado, y Europa era el mercado más grande al que podían aspirar los norteamericanos.

Si el 5 de junio se planteaba el plan, el 27 de junio, se reunían en París los ministros de Asuntos Exteriores de Francia, Reino Unido y la Unión Soviética para estudiar la propuesta de Marshall. El 2 de julio el ruso Molotov manifestó el rechazo de la URSS a aceptar el programa. Molotov dijo que veía en el plan una manifestación del imperialismo americano para establecer su dominación política y económica sobre Europa. Peo la idea no cayó en saco roto; no estaba Europa para dejar pasar ayudas y el 12 de julio los demás países aspirantes -entre los que no estaba España- se dieron cita en París y acordaron crear una comisión que fuera avanzado los trabajos necesarios. Se dieron un plazo largo: la siguiente reunión sería en marzo de 1948 para dar tiempo a constituir la organización que distribuiría la ayuda norteamericana, la futura OECE (Organización Europea para la Cooperación Económica).

España comenzó una carrera contra el reloj por estar en la pomada, pero como se anunció en un comunicado inicial, España, por dignidad, -esa de la honra sin barcos- no solicitaría oficialmente su admisión dada la postura antiespañola adoptada por los principales países. Confiaba en ser reclamada por el resto de los aspirantes, argumentando que su presencia en el grupo resultaba necesaria en la construcción occidental y era una incongruencia mantenerla ausente[12]. Hasta el mismísimo Marshall había manifestado que los EE.UU. no se oponían a que España entrara en el programa; la exclusión, matizó, sería cosas del resto de países europeos.

Y lo fue. Así que en este Post vamos a tratar de imprimir una visión agridulce y conmovedora de un proceso de ayuda económica a Europa frente al carácter surrealista de los motivos de la ausencia de España en la lista de beneficiarios -lo que sería el enfoque de Berlanga frente a la plasmación de Buñuel-; todo muy español, a costa del Plan Marshall. Y así saco a pasear Villar del Rio, que fue Guadalix de la Sierra, un pueblito andaluz; digoooooo, español (¡pues no hubo que matizar el guion ni !). Y meto de rondón a aquel alcalde que como nos debía una explicación, fue y nos la dio.

Ah, que no se me escape; que Bienvenido Mr. Marshall -película de Berlanga- fue calificada PIN (Película de Interés Nacional) y vino a coincidir con la etapa antinorteamericana de muchos gerifaltes del Gobierno español (1947-1953) ya que muchas familias del Régimen se sintieron ‘abandonadas’ por los dólares yankis que, como en la película, pasaron de largo.

Para cuando esta se estrenó la película (04.04.1953), cosas que pasan, estábamos ya a punto de revertir la situación; los Pactos de Madrid[13] se firmaron el 23 de septiembre de 1953 y como el 27 de agosto de ese año se había firmado el Concordato[14] con la Santa Sede, España -se puede decir- ya estaba pisando (barro) en el bando del mundo Occidental.

Y veníamos del ostracismo. Recordemos que no se quiso que estuviéramos en la fundación de la ONU y que la marginación de España alcanzó su máxima dimensión con la aprobación el 12 de diciembre de 1946 de la Resolución 39 (1)[15] de la Asamblea General de Naciones Unidas por la cual se recomendaba a los países miembros la retirada de embajadores y ministros plenipotenciarios acreditados en Madrid y la exclusión de España de todas las agencias especializadas y organismos vinculados a la ONU. Y enseguida el ardor patrio numantino salió a la Plaza de Oriente a gritar aquello de “Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos DOS”, porque a ocurrentes, ni en la peor de las situaciones, nos gana nadie.

Por cierto, de la peli berlanguiana, no puedo dejar de citar aquí lo del plano de la banderita de papel norteamericana arrastrada por el agua de lluvia; exactamente igual que la banderita española. He leído hasta la saciedad que aquellos 8 segundos en pantalla -cuando fue proyectada en el Festival de Cannes- desataron el patriotismo oportunista del actor Edward G. Robinson[16] que estaba en el punto de mira de HUAC. Robinson había sido investigado, había delatado compañeros de profesión y tenía algún que otro contacto calificado de comunista; necesitaba un puntito de patrioterismo barato. La ‘protesta oficial’ que cursó el actor, muy voceada por algunos sectores, sólo llegó -leo[17]- al delegado general del Festival, Robert Favre Le Bret, quien solicitó a los productores españoles que retiraran esos ocho segundos tan conflictivos. “La delegación española en Cannes, que se olía las posibilidades reales de premio[18], no tuvo ningún inconveniente en eliminar el plano”. Se cortó el negativo; y esos 8 segundo se conservaron para la distribución internacional, hábilmente pegados de nuevo.



Pero volvamos a 1947, al Plan Marshall y al ostracismo español[19].

El espíritu anticomunista de aquella España de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta (y así hasta el 75) nos iba a ir abriendo ventanucos de oportunidad. Tras una reunión el 29 de octubre de 1947 en Madrid -entre el director general de Política Exterior, José Sebastián de Erice -recomiendo muy encarecidamente la lectura de su informe sobre el proceso[20]-, y el encargado de Negocios de los EE.UU. en Madrid, Paul Culbertson- se consiguió que cambiara la percepción del Régimen de Franco en medio mundo. Pocos días después de aquella reunión los Estados Unidos se opusieron, con éxito y en la ONU, a una nueva condena del régimen de Franco y a la imposición de nuevas sanciones.

En este clima “favorable”, en febrero de 1948 Francia reabría fronteras con España[21], cerradas en 1946; y entre mayo y junio de 1948 se firmaron sendos acuerdos comerciales y financieros con Francia y con el Reino Unido: ambas naciones necesitaban las exportaciones agrarias españolas.

Pero España no entró en el maná del Marshall.

Tuvimos valedores del nivel de Patrick Anthony McCarran, senador por Nevada (el aeropuerto de Las Vegas se llamó, hasta el 14 de diciembre de 2021 McCarran) que estuvo negociando hasta última hora una enmienda de 100 millones de dólares para España. Y, muy especialmente, del congresista católico norteamericano por Wisconsin Alvin O’Konsky, de origen irlandés, que fue invitado por Franco a conocer “la realidad” de España en los primeros días de 1948. O’Konsky quedó favorablemente impresionado de esa visita y el 30 de marzo de 1948 logró que la Cámara de representantes de Estados Unidos propusiera la inclusión de España en el Plan Marshall. Pero el 1º de abril, dos días antes de la aprobación del plan, a instancias del propio presidente Truman, el Comité Mixto rechazó la enmienda. Y ello, al margen de las negociaciones de París.

Hay quien apunta que Truman, que era bautista -rama del cristianismo evangélico-, no quedó convencido de los informes del irlandés sobre España y un buen amigo con el que he conversado de todo esto, cargado de erudición y años de sabiduría, me mete en la ecuación O’Konsky al irlandés Éamon de Valera, presidente de Irlanda, de padre español y madre irlandesa, que había padecido su infancia en Nueva York y que tenía sus más y sus menos con Truman (¿?). Este tema lo incluyo, por el respeto que me merece mi interlocutor, pero lo dejo como cabo suelto; De Valera fue apartado como jefe de Gobierno de la República de Irlanda el 18 de febrero de 1948 (aunque volvería a la presidencia en 1951 y 1957). Bien es cierto que los meses de marzo y abril de 1948 De Valera estuvo en los EE.UU. dando conferencia contra el bocado del Reino Unido (Irlanda del Norte) en su República de Irlanda. Tuvo su entrevista con Truman (en los primeros días de marzo) sin que haya encontrado referencias a España. De Valera continuó gira por Australia y Nueva Zelanda. Tal vez dedicando más tiempo podría hilvanar algo más; pero ahí lo dejo. Aunque, sabedor que mi sabio interlocutor me va a leer, yo apunto a otro Valera: Fernando Valera[22], ministro del Gobierno de la República en el exilio quien advirtió a Francia con desestabilizar la IV República con la CGT y el Partido Comunista Francés -y hacer caer al inestable gobierno de Robert Schuman- si Francia daba entrada a la propuesta portuguesa para que España entrara en el Plan Marshall. Consideraba Valera que si España no entraba en las ayudas del ERP se desestabilizaría el Régimen. El caso es que no hubo que llegar a más porque Portugal, presionada por Francia, el 16 de marzo de 1948 eludió presentar la propuesta para admitir a España, que Le Monde justificaba diciendo que la lucha contra el comunismo no justificaba la colaboración con los fascismos, “hecho que los políticos americanos olvidaban”.

Por ahí se lee también que Truman era favorable a la entrada de España, aunque puso la condición de que se permitiera la libertad religiosa en España. No se trataba de que España dejara de ser un estado confesional católico, pero planteaba que se aceptara una permisividad a las confesiones cristianas que el catolicismo imperante no estaba por aceptar. Por decir -y dejar aquí constancia de ello- que no quede.

El caso es que parece acreditado que fue decisión de Truman la de sacar a España -que dos días antes estaba- de la lista de países beneficiarios del Plan Marshall en Washington y planteamiento firme de los republicanos comunistas en París.

Al saber que estábamos fuera, destacados miembros de la Falange y del SEU se lanzaron a la calle, deporte nacional de aquellos días, a proferir sandeces contra los yanquis y desde la embajada se advirtió al Gobierno de que así no se iba a lograr nada positivo.

Sea como fuere, a un país anticomunista no se le iba a dejar tirado; se le ayudaría a cambio de muchas cosas. Así, a principios de 1949 -el 8 de febrero- se recibía el primer crédito concedido por un banco estadounidense (Chase National Bank: 25 millones de dólares) con la aprobación de la Casa Blanca. Pocos días antes había visitado España el presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos y el director general para América, Pedro Prat, planteó a Franco ir a más y eliminar la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo -con su Tribunal especial y todo-, de febrero de 1940, señalando que los masones dominan la ONU. Franco era de los que sostenían que los masones controlaban EEUU, con lo que hubo cierta sintonía. Prat planteó que el comunismo podía ser juzgado por tribunales ordinarios, aunque terminó en el TOP[23]. No se le hizo caso, aunque se le tuvo en cuenta. La Ley y su tribunal fueron suprimidos el 8 de febrero de 1964, después de que gran parte de sus funciones fueran transferidas al TOP en 1963. La comisión liquidadora estuvo activa hasta 1971. Por ahí, tampoco

Lo que sí le quedó claro a Franco de todo el Memorándum Prat es que “a España se le ataca más por católica que por fascista[24] y que debía tener en cuenta que había que dejarse de tanto nacionalcatolicismo. ¡Qué bemoles los de Prat! No en balde el Marqués de Prat de Nantouillet había lidiado dos guerras mundiales en embajadas de conflicto y tenía más mundo a sus espaldas -y contactos- que nadie.

El proceso de -digamos- la rehabilitación del régimen franquista ante el mundo se inició formalmente en 1950: en junio estallaría la guerra de Corea y esta protuberancia de la península que es Europa que está en la confluencia del Atlántico con el Mediterráneo se hizo fundamental en los esquemas de defensa occidental y para el anticomunismo. A Truman ya le habían planteado desde el Estado Mayor Conjunto de los EE.UU. en 1948 la necesidad de forjar una alianza con España como “último bastión de Europa continental” desde donde lanzar un contraataque. En Junio de 1950 la idea tomó cuerpo. Incluso hay investigaciones que apuntan la existencia de una propuesta de enviar soldados españoles a Corea (esto, ni con vaselina). Lo que sí que es cierto, reafirmamos, es que el 4 de noviembre de 1950, la Asamblea de las Naciones Unidas votó a favor de autorizar el regreso de los embajadores a Madrid, y España fue admitida en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En el verano de 1951, el general Eisenhower, comandante supremo de la OTAN, el Pentágono y el Estado Mayor Conjunto acordaron enviar una misión militar estadounidense a España a negociar un pacto bilateral. Y respecto a la OTAN, si bien no invitaban a España a formar parte sí lo hacían en la Comunidad Europea de Defensa. La cuestión era hacer de los Pirineos la línea de defensa europea en caso de un ataque de los comunistas… … … lo que ha llovido desde entonces.

Y mientras tanto, por aquí seguíamos viendo pasar de largo los muy golosos dólares del Plan Marshall y nunca se desistió de poder entrar en el European Recovery Program, aunque fuera en la repesca. España, gracias al llamado Spanish lobby, que manejaba José Félix de Lequerica, tuvo valedores de importancia para estar en la lista de naciones del ERP. Así, por ejemplo, llegaron las ayudas de septiembre de 1953.

Los Pactos de Madrid de 1953 se tradujeron en tres acuerdos ejecutivos firmados en Madrid: cuatro bases militares estadounidenses en territorio español a cambio de ayuda económica y militar. La compensación económica que recibió España de Estados Unidos entre 1953 y 1963 fue de algo más de 1.500 millones de dólares, básicamente créditos gestionados por el Export-Import Bank para comprar productos estadounidenses, fundamentalmente alimentos, algodón y carbón. La ayuda militar fue de 456 millones en material de guerra de segunda mano, que a pesar de ello sirvió para modernizar las Fuerzas Armadas durante la dictadura franquista, que seguían utilizando armas italianas y alemanas de la Guerra Civil.

Pero no pillamos ni un dólar del Plan Marshall; y estuvimos a puntito. ¿Por qué Truman nos apartó?

El plan, por una línea colateral, llegó hasta la China de Chang Kai-Cheng (570 millones de dólares).

Ah, lo de la leche en polvo es otra historia, si bien llega con la admisión de España en la ONU y la UNICEF. La primera ayuda del Unicef a España se concretó en 1954 y fue el envío de leche en polvo proveniente del plan ASA: Ayuda Social Americana. Entre 1954 y 1968 llegaron más de 300.000 toneladas de leche en polvo. Un total de 3.000 millones de litros una vez preparada para su consumo. Cáritas Española fue la encargada de distribuirla. Pero eso es ya otra historia de las muchas que no conocí.

 

 



[1] Nombre del conocido como Marshall Plan (abril de 1948 a diciembre de 1951), programa patrocinado por EE. UU. diseñado para rehabilitar las economías de los países europeos afectados por la guerra con el fin de crear condiciones estables en las que pudieran sobrevivir las instituciones democráticas. Los Estados Unidos temía que la pobreza , el desempleo y la dislocación del período posterior a la Segunda Guerra Mundial reforzaran el atractivo de los partidos comunistas en la Europa occidental. El 5 de junio de 1947, en un discurso en la Universidad de Harvard , el Secretario de Estado George C. Marshall avanzó la idea de un programa europeo de autoayuda financiado por los Estados Unidos: “La verdad es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentación y otros productos esenciales —producidos principalmente en Estados Unidos— son mucho mayores que su actual capacidad de pago, por lo que deben contar con una ayuda adicional sustancial o se enfrentarán a dificultades económicas, sociales , y a un deterioro político de carácter muy grave”. Sobre la base de un plan unificado para la reconstrucción económica de Europa occidental el Congreso de los EE . UU . autorizó el establecimiento del Programa de Recuperación Europeo, que fue promulgado por el presidente Harry S. Truman el 3 de abril de 1948. El plan Marshall se desarrolló desde el 1 de abril de 1948 hasta el 30 de junio de 1952, y a su través Estados Unidos canalizó hacia Europa unos 13.000 millones de dólares, que, teniendo, en cuenta la inflación desde entonces vendrían a equivaler a unos 60.000 millones de dólares actuales (+/-). La ayuda se ofreció originalmente a casi todos los países europeos, incluidos los que estaban bajo la ocupación militar de la Unión Soviética. Sin embargo, los soviéticos se retiraron pronto de la participación y obligaron a hacerlo a sus satélites. Fueron beneficiarios del plan Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia (18%), Grecia, Islandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suecia, Suiza, Turquía, Reino Unido (26%) y Alemania occidental (11%). Se creó la Administración de Cooperación Económica (ECA; dirigida por Paul G. Hoffman) que distribuyó durante los cuatro años de vigencia del plan unos 13.000 millones de dólares en ayuda económica para restaurar la producción industrial y agrícola, establecer la estabilidad financiera y expandir el comercio. Las subvenciones directas representaron el mayor porcentaje de la ayuda; también hubo préstamos. Para coordinar la participación europea se estableció el Comité de Cooperación Económica Europea para sugerir un programa de recuperación de cuatro años. Esta organización fue sustituida más tarde por la Organización para la Cooperación Económica Europea (OEEC), en la que finalmente se admitió a Alemania Occidental . El Plan Marshall tuvo mucho éxito. Los países de Europa occidental involucrados experimentaron un aumento en su producto nacional bruto de 15 al 25% en cuatro años; el plan contribuyó en gran medida a la rápida renovación de las industrias química, la ingeniería y la siderúrgica de Europa occidental. Tuvo una extrapolación mundial; Truman extendió un plan similar a los países menos desarrollados de todo el mundo: Programa Point Four, que no tuvo el mismo impacto. El Programa Punto Cuatro se dirigió a los países de Oriente Medio, América Latina, Asia y África para demostrar que la democracia y el capitalismo pueden brindar bienestar al individuo, pero no contó con la misma implicación ni dedicación y el comunismo lo tachó de imperialista. Fracasó.

[2] 12.09.1944, por el que las Fuerzas Aliadas de la II Guerra Mundial (Reino Unido, URSS y EE.UU.) acordaron dividir Alemania en tres sectores tras el fin de la guerra.

[3] Elecciones para la asamblea constituyente encargada de redactar una constitución para la Cuarta República Francesa. Los 586 parlamentarios fueron elegidos por un sistema de representación proporcional. El partido más votado fue el Partido Comunista Francés con 5 millones de votos y 159 escaños. El Movimiento Republicano Popular consiguió 150 escaños y la Sección Francesa de la Internacional Obrera, 146. Los moderados, la derecha, con 3 millones de votos sólo consiguieron 53 escaños.

[4] 2 de junio de 1946. Se eligieron 556 diputados a la Asamblea Constituyente. Deberían haber sido 573 diputados, pero no se celebraron elecciones en Venecia Julia y en el Tirol del Sur, que estaban bajo ocupación militar por las Naciones Unidas. La restauración de la democracia después de la era fascista era el objetivo. La Democracia Cristiana, con 8 millones de votos, consiguió 207 escaños. El Partido Socialista de Unidad Proletaria, con 4'8 millones de votos. consiguió 115 escaños y el Partido Comunista, con 4'4 millones de votos, 104 escaños. Por primera vez, se permitió a las mujeres italianas votar en una elección nacional y,  a la vez que las elecciones a la asamblea, se celebró un referéndum constitucional, en el que se decidió cambiar la monarquía por una república, que salió refrendada con el 54.26 % de los votos. El 2 de junio Italia celebra la Fiesta de la República. El primer presidente fue Enrico de Nicola.

[5] El Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD). La Cheká, de Félix Dzerzhinski, que terminó reorganizada como GPU y OGPU, en 1934, fue incorporada al NKVD transformándose en el Directorio Principal de Seguridad del Estado. El 13 de febrero de 1941, las Secciones Especiales del NKVD (responsables de contrainteligencia en el ejército) pasaron a formar parte del Ejército y la Marina. La GUGB fue separada del NKVD y se le dio el nuevo nombre de NKGB. El NKVD y la NKGB fueron unidos de nuevo al mando de Lavrenti Beria, el 20 de julio de 1941, y la contrainteligencia fue devuelta al NKVD en enero de 1942. En abril de 1943, fue transferido otra vez al SMERSH. Al mismo tiempo, el NKVD fue de nuevo separado de la NKGB. En 1946, el NKVD cambió su nombre por el de MVD y la NKGB por el de MGB. En 1953, estas dos dependencias volvieron a unirse. Tras el arresto de Lavrenti Beria, las fuerzas chekistas fueron finalmente separadas del MVD en 1954, para formar finalmente el KGB.

[6] Grupo de espías británicos reclutados por la Unión Soviética en el Trinity College de la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y que pasaron información durante la Segunda Guerra Mundial y hasta principios de la década de los 50 del siglo XX. Sus miembros fueron Kim Philby ("Stanley"), Donald Maclean ("Homer"), Guy Burgess ("Hicks") y Anthony Blunt ("Tony" y "Johnson") e, hipotéticamente, John Cairncross ("Liszt"), quien nunca reconoció haber pertenecido a este grupo de espías.

[7] Funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos y funcionario de la ONU acusado de ser un espía soviético durante los años treinta, en 1948. Whittaker Chambers, excomunista, aseguró haber ocultado microfilmes que le había entregado Hiss. Fue condenado por perjurio en 1950. Hiss cumplió tres años y medio de prisión y décadas de incomprensión, pero durante toda su vida siguió manteniendo su inocencia.

[8] Recordemos que en Grecia se seguía combatiendo en 1947. Grecia entró en una guerra civil (marzo 46 a octubre de 1949) entre los guerrilleros comunistas griegos -apoyados por Bulgaria y Yugoslavia- y las fuerzas anticomunistas, apoyadas principalmente por británicos que en 1947 estaban entrando en una crisis económica sin precedentes y pidieron ayuda a los norteamericanos. La victoria de las fuerzas anticomunistas condujo a la entrada de Grecia en la OTAN y ayudó a definir el equilibrio estratégico en el mar Turquía, con un gobierno débil, pero siendo el único país de la zona con un ejército lo suficientemente fuerte -500 mil soldados- como para hacer dudar a los rusos, se encontraba en una posición insostenible. La Unión Soviética realizaba reclamos sobre las regiones fronterizas de Kars y Ardahan, además de que demandaba un nuevo régimen que gobernara los Estrechos (Bósforo y Dardanelos), exigiendo así una revisión al Tratado de Montreux. Egeo y los Balcanes en la Europa de la posguerra.

[9] Turquía tenía un gobierno débil e inestable, pero un ejército de medio millón de hombres en armas y la URSS no entró a desestabilizar con guerrillas comunistas (el TKP, el Partido Comunista Turco no tenía suficiente implantación) pero comenzó a reclamar las regiones fronterizas de Kars y Ardahan, exigiendo una revisión la Convención de Montreux (sobre el paso por los Estrechos del Bósforo y Dardanelos, un acuerdo internacional firmado en 1936, por el que el Reino Unido transfirió a Turquía la soberanía sobre los estrechos del Bósforo y los Dardanelos y regula el tránsito de buques de guerra de otros Estados a través de los mismos)

[10] Este Mr X sí sabemos quién fue: George F. Kennan, quien llegó a ser embajador de los EE.UU. en Moscú (1952). Cuando escribió el artículo, era segundo jefe de la misión. Suyos son los conceptos del comunismo: “impermeable a la lógica de la razón, pero muy sensible a la lógica de la fuerza”.

[11] Foreing Affairs Magzine es una revista estadounidense de relaciones internacionales, publicada bimestralmente por el Council on Foreign Relations (CFR), una organización privada fundada en Nueva York en 1921. La revista alcanzó su mayor apogeo tras la IIGM cuando la política exterior se convirtió en eje de la política de los Estados Unidos y los Estados Unidos se convirtieron en un actor poderoso en la escena mundial. Desde el fin de la Guerra Fría y, especialmente, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los lectores de la revista han aumentado considerablemente.

[12] Pedro Martínez Lillo: La diplomacia española y el Plan Marshall en el marco de las relaciones hispanofrancesas (junio 1947-abril 1948) , cita a Florentino Portero.

[13] Los Pactos o Acuerdos de Madrid se firmaron en el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Los firmantes fueron, por parte española los ministros de Exteriores, Alberto Martín-Artajo, y de Comercio, Manuel Arburúa. Por parte norteamericana, el embajador James Clement Dunn, y el presidente de la Cámara de Comercio norteamericana en España. En realidad, fueron un Pacto Ejecutivo entre Gobiernos para ayuda militar, ayuda económica y defensa mutua (las bases militares de utilización conjunta quedarían siempre bajo pabellón y mando español, y España asumiría la obligación de adoptar las medidas necesarias para su seguridad exterior). Un protocolo adicional secreto señalaba que Estados Unidos podía usar unilateralmente las bases en caso de una agresión comunista que amenazase la seguridad de Occidente, sin tener que contar con la oportuna autorización del gobierno español.

[14] Tras la Guerra Civil, las negociaciones para una renovación concordataria fueron arduas y largas. Partíamos del Concordato de 1851, derogado por la II República. Y aprovechando la celebración del centenario de aquel concordato, Franco escribió a Pío XII solicitando uno nuevo. Temiendo la reacción de la Democracia Cristiana en Italia y de las repercusiones internacionales, el concordato entre el Estado español y la Santa Sede de 1953 fue firmado en la Ciudad del Vaticano, casi clandestinamente, el 27 de agosto por el secretario de Estado de la Santa Sede Domenico Tardini, el ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo y Fernando María Castiella y Maíz, embajador de España ante la Santa Sede. La Iglesia y el Estado Español se fundían así en un todo: el Estado reconoce su confesionalidad católica y la Iglesia determina los días festivos; exenciones fiscales para la Iglesia y dotación económica al culto y el clero, así como matrimonio canónico obligatorio para los católicos. Y un aval al Gobierno para ser reconocido internacionalmente.

[16] Robinson formó, junto a Bogart y Bacall, el Comité para la Primera Enmienda, apoyando a Los Diez de Hollywood (guionistas y directores). Pero cuando fue interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso (HUAC), de John Parnell Thomas -presidido por Joseph McCarthy-, se encargó de proclamar su más ferviente anticomunismo; pero declaró contra el novelista Dalkton Trumbo y la profesión le pasó factura.

[18] Recibió, entre otros, el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo, el premio a la Mejor Película de Humor y una mención especial al mejor guion de la FIPRESCI (Federación Internacional de Críticos Cinematográficos)

[19] En Yalta (4-11.02.1945) se fijó fecha para una conferencia en San Francisco que entre el 25 de abril y el 26 de junio elaborarían la célebre carta de la Naciones Unidas, firmada entonces por 51 estados. Había nacido la ONU y España no estaba en ella. Es más, por expresa resolución de 13 de diciembre de 1946 se vetaba la posible entrada de España en cualquiera de los organismos internacionales, al tiempo que recomendaba la retirada de los embajadores del resto de países. El caso es que la propia Asamblea General de la ONU revocara en febrero de 1950 -por 38 votos a favor 10 en contra y 12 abstenciones- la reprobación diplomática que había impuesto a España en 1946, lo que sería el paso previo, y en la práctica el fin del aislamiento, a su definitivo ingreso en la ONU en 1955.

[21] La frontera estuvo cerrada entre el 1 de marzo de 1946 y el 10 de febrero de 1948

[22] Fernando Valera Aparicio (1899 - 1982); político y escritor español, sobrino del escritor Juan Valera. Destacado miembro del exilio republicano ocupó diversos cargos en las instituciones y gobiernos republicanos y fue el último presidente del Gobierno de la República Española en el exilio. En París en 1946, ocupó numerosos cargos del gobierno republicano en el exilio: fue vicepresidente y ministro de Justicia y Hacienda en los gobiernos de Álvaro de Albornoz (1947-1949 y 1949-1951). Fue uno de los fundadores de Acción Republicana Democrática Española (ARDE). El 28 de febrero de 1971 sucedió a Claudio Sánchez-Albornoz como jefe del Gobierno republicano en el exilio, siendo el último en este puesto.

[23] El Tribunal de Orden Público, TOP, fue una instancia judicial especial existente en España. Su misión fue la represión de las conductas que bajo ese régimen eran consideradas delitos políticos, que hasta la creación del TOP habían sido competencia de la jurisdicción militar, a la que vino a complementar pues los delitos "políticos" más graves como "terrorismo" siguieron siendo juzgados por los tribunales militares. Fue creado en diciembre de 1963 y suprimido en enero de 1977.

[24] El antiamericanismo franquista (1936-1953); Daniel Fdez. De Miguel. Pág. 228

25 abr 2022

DE UN 25 DE ABRIL... DE 18989

  

Hoy es 25 de abril; el 25 de abril de 1898 los Estados Unidos nos declararon la guerra por la explosión del Maine[1] (15.02.1898).

Esto me lo ha recordado el que el jueves pasado, 21 de abril de 2022, el historiador y bisnieto del almirante Cervera[2], Antonio Luís Cervera Fantoni, disertara en Benidorm sobre el Desastre del 98 uniendo la figura del ilustre asidonense con la del benidormer Francisco Zaragoza y Such, condestable de la Armada.

Hoy voy de guerras, antillana y filipina, sumando una derrota más en el devenir de aquel triste momento en el que fuimos de derrota en derrota hasta la debacle final y la pérdida de las colonias.

Tras lo del Maine, movilizadas las masas por Pulitzer[3] y Hearts[4], el ultimátum norteamericano se transmitió por los canales oficiales y diplomáticos el 20 de abril de 1898. El 21 de abril y sin previa declaración de guerra -recordemos, fue el día 25-, fueron atacados y capturados varios mercantes españoles, algunos de los cuales acababan de zarpar de puertos norteamericanos.

Ese 21 de abril Cuba ya estaba en guerra y las islas de Puerto Rico y Filipinas fueron puestas en Estado de Guerra.

El 1º de mayo de 1898 el comodoro Dewey y su escuadra mandaron a pique a la del contralmirante Patricio Montojo en la bahía de Manila[5]. A partir de ese momento, toda la atención se centró en las islas antillanas porque una serie de factores de política internacional que exceden de este post, así como la actitud británica de apoyar a los Estados Unidos y las consecuencias materiales y morales de la anterior insurrección tagala, jugaron un papel decisivo[6].

España estaba inmersas en sus guerras de ultramar: en Cuba, desde 1895; y en Filipinas, desde 1896.

Desde el 24 de febrero de 1895 se luchaba en Cuba; en agosto de 1896, los independentistas tagalos se sublevaron y hostigaron a las tropas españolas a través de una guerra de guerrillas. En diciembre de 1897 Primo de Rivera[7] y los rebeldes firmaron un pacto (17.12.1897) por el que debía concederse a Filipinas una autonomía política y administrativa similar a la que se otorgaría a Cuba y Puerto Rico. La paz, después de muchos esfuerzos, parecía asegurada. La verdad es que nos fuimos retrasando en ese nivel de autonomía y a partir del 25 de abril de 1898 entró en escena un actor imprevisto: los Estados Unidos. Y aquí, conflicto y muertos por medio[8], llegaríamos a la Batalla simulada de Manila[9], que esa es otra.

Y vamos al conflicto antillano que es el que nos interesa hoy por Cervera, sin perder de vista el filipino, porque algún dilecto espabilado, como el ministro Miguel Correa[10], ajeno a la realidad, creyó que Cervera y su Escuadra de Operaciones, podían resolver ambos conflictos. Realidad de poltrona.

Por lo que fuera, los yankis tenían la mosca detrás de la oreja con la Escuadra de Cervera y pusieron todo su empeño en el control de los accesos a Cuba. Y ahí estaba Puerto Rico, lugar ideal para carbonar a la Escuadra. Sin satélites como ahora pensaron que los barcos de Cervera estaban ya en San Juan y en esa convicción desarrollaron un primer ataque el 12 de mayo; la ciudad fue bombardeada sin previo aviso (5 muertos y 18 heridos, lo que provocó la protesta internacional); el objetivo eran los fuertes que protegían la bahía -19 baterías en los castillos y bastiones[11]- que en el bombardeo registraron 2 muertos y 39 heridos. Y ya puestos, desembarcaron[12] y se desarrollaron combates[13]. La misión inicial de la flota americana era interceptar la escuadra de Cervera y en Puerto Rico muchos disparos fueron defectuosos[14].

Esto contrasta con la certera puntería y eficacia demostrada en la batalla naval del 3 de julio que Ángel Luis Cervera Fantoni, en la noche del jueves 21 nos hizo amena en una documentadísima y precisa disección del momento y de los personajes protagonistas, la gesta -¿o no lo es salir a batirse con un enemigo muy superior en barcos y cañones sin sus piezas principales como hizo el ‘Colón’?-, la sociedad, el contexto y una España, aquella de finales del XIX, de políticos sin fuste ni talla, capaces de enviar al desastre a un grupo de marinos en un conflicto al que enviaron a más de 200.000 varones españoles en edad militar, de una población total que rondaba los 18 millones y que venía de diez años de guerra en Cuba (1868-1878; la Guerra de los Diez Años) que ya nos había costado 113.000 vidas[15], principalmente por enfermedades, y de la que Martínez Campos, que había conseguido el triunfo entonces, le había advertido al presidente del Gobierno de España en 1878 que -en su opinión “leal y sincera”- “antes de doce años tendremos otra guerra[16]; y a los siete años (1895) ya estábamos de nuevo en armas y enviando más paisanos a un territorio antillano en el que cuando estalló el nuevo conflicto teníamos acantonados unos 100.000 efectivos[17] y el 20% de ellos (unos 20.000) estaba postrados en camas por malaria, fiebre amarilla, tuberculosis, neumonía y disentería, entre otras enfermedades. ¡Mas madera! En el Diario Oficial del Ministerio de Guerra se especifica que en la Guerra cubana 1895-1898 “los muertos en lucha fueron 3.101, y por enfermedades, 41.288. Los primeros, el 6'98% del total, y los segundos, el 93'01%[18] [19]. ¡Con un par!

La Guerra en Cuba a la que enviaron a Cervera y su Escuadra se había iniciado el 24 de febrero de 1895 cuando se cumplió la orden dada por Martí[20] días antes, desde su hotel en Nueva York, para iniciar otra insurrección en 35 puntos del país. Se conoce el momento como “el grito de Baire” -un barrio hoy del municipio de Contramaestre, en la provincia de Santiago de Cuba-; pero fue un levantamiento simultáneo en otros 34 lugares más, iniciando la que el propio Martí llamó “Guerra Necesaria”, que se prolongó hasta la entrada en ella de los Estados Unidos (25.04.1998) terminando con la firma del Tratado de París (10.12.1898), tras el Desastre de 1898 (25.10.1898-10.12.1898). El caso es que los americanos terminaron ocupando Cuba hasta 1902 y el resto de la historia (más o menos y con sus consecuentes lagunas obligadas por la falta de interés y el programa educativo impuesto en este país) ya se la saben (mal).

En aquel febrero de 1895 al que me he ido gobernaba lo que quedaba de España Sagasta[21]. Conocido el levantamiento en Cuba, le dejó vía libre a Cánovas[22] para que organizara financiera y militarmente la nueva etapa bélica que se abría. Desde el Pacto de El Pardo (24.11.1885) los antagónicos Cánovas (conservador) y Sagasta (liberal; la extrema izquierda de la época conservadora[23]) practicaban el turnismo -ahora tú, ahora yo[24]-. Cánovas lidió el proceso hasta agosto de 1897, cuando fue asesinado; el general Azcárraga tomó el timón, pero manteniendo el espíritu del pacto cedió el poder a Sagasta en octubre de 1897, quien lo asumió hasta marzo de 1899, gobernando todo el marrón del Desastre.

En el caso que nos ocupa, el ministro Bermejo[25] decide enviar a Cervera para Cuba al mando de una Escuadra más ficticia que real y con instrucciones difusas: “salir para las Antillas, a Puerto Rico u otro puerto cualquiera, para llevar a cabo la de defensa marítima de aquellas costas” y con sólo 2.000 TM de carbón, “de no muy buena calidad,” en el carbonero San Francisco[26]. Le envía a él, a la Escuadra y a los marinos a una aventura de la que solo sabe Cervera, el 23 de abril por un telegrama, que la bandera americana “es enemiga[27]

Y para remarcar lo ridículo de aquella expedición -para la que le habían pedido reducir carbón y tiros en las prácticas realizadas en el Mediterráneo, frente a Santa Pola- desde Cabo Verde parten rumbo al desastre un 29 de abril de 1998. Tan mal estaba la cosa que -para reducir consumo de carbón- cada crucero de la flota de Cervera toma rumbo llevando un destructor a remolque; salvo el Vizcaya porque por sus fondos sin limpiar era el de menos andar.

A esta escuadra estaba asignado también, orgullo provinciano desde este blog, el vapor correo Alicante[28], de la compañía Trasatlántica, que estará en todos los grandes momentos de 1898 tanto en Cuba como en Filipinas y que será el transporte de los últimos de Filipinas hasta Barcelona.

El caso es la Escuadra de Operaciones de Cervera, burlando a los barcos norteamericanos llega a Curazao -Islas de Sotavento, al sur del Caribe- donde consigue 600 toneladas más de carbón que sabiamente administradas le hacen entrar en la bahía de Santiago de Cuba el 19 de mayo de 1898 sin haber sido detectada por el bloqueo yanki.

En Santiago, lo único que hacía la Escuadra de (supuestas) Operaciones de Cervera era complicar más la delicada situación de la población del puerto de recalada en media de la guerra que se vivía en Cuba. Con la escuadra americana bloqueando la entrada a Santiago, no se les ocurre otra cosa a los del Gobierno de Madrid que pedir que Cervera -sin carbón, mal artillado, bloqueado y con los barcos como los tenía- que saliera para Filipinas (¡!) con la indicación de que “resuelva allí la situación y regrese a Cuba[29]. No caben adjetivos para calificar tamaña imbecilidad de militar metido a político -Miguel Correa- que la ordenó.

El 3 de julio, con las calderas a tope, la Escuadra de Operaciones de Cervera se hace a la mar. El capitán de navío Robley D Evans, al mando del Iowa, describió la batalla naval de Santiago de Cuba en un documento disponible en el Departamento de Historia de la Universidad de Ohio[30]. Elogia la bravura en combate de navíos y tripulaciones españolas, destaca la superioridad norteamericana y cuenta del Vizcaya -donde servía el condestable Zaragoza- que en el momento final de la batalla “arrié todos mis botes y los envié de inmediato en ayuda de los desafortunados hombres, que se estaban ahogando por docenas o quemándose ​​en la cubierta”. Evans denuncia que “los cubanos insurgentes desde la orilla estaban fusilando a los hombres que estaban en el agua”. El comandante del Iowa consiguió que los cubanos dejaran de disparar -no especifica como- y con pesar narra que “no pude impedir la mutilación de muchos cuerpos por parte de los tiburones dentro del arrecife”.

Evans describe la llegada al Iowa del capitán de navío Antonio Eulate, comandante del Vizcaya: “El capitán Eulate se incorporó con aire distante en la silla, me saludó con grave dignidad, se desabrochó el cinto y, sosteniendo la empuñadura de su espada ante él, la besó con reverencia, con lágrimas en sus ojos, y luego me lo entregó. Por supuesto, me negué”, escribe; y me emociona. En el camarote de Evans un médico atendió sus heridas de Eulate. 30 oficiales del Vizcaya y 272 tripulantes fueron rescatados, recibidos con honores y atendidos en el acorazado que, a continuación, se dirigió hacia el cañonero Gloucester, que había recogido del mar al almirante Cervera pidiendo que este subiera a bordo. Al mismo tiempo, narra, pidió Evans al capitán de navío Cotton, del Harvard, que recogiera a las tripulaciones en el agua de los cruceros Infanta María Teresa y Almirante Oquendo.

Evans se centra entonces en Cervera y señala que “Por coraje y audacia, no hay paralelo en la historia a esta acción del almirante español”. Y describe: “Subí al almirante Cervera a bordo del Iowa desde el Gloucester y lo recibí con una guardia de almirante completa… Cervera subió con la cabeza descubierta. Sobre su camiseta llevaba un fino traje de franela que le prestó el teniente comandante Wainwright, del Gloucester. La tripulación vitoreaba a gritos. Cervera era un almirante de pies a cabeza, aunque no llevara gorra. Se sometió a la suerte de la guerra con una gracia que lo proclamaba un purasangre”. Cuando Evans recibió en la cubierta del Iowa al almirante Cervera le dijo: “Caballero, sois un héroe. Habéis realizado el acto más sublime que se recoge en la historia de la Marina”. En contraposición, a su regreso a España, tras su internamiento en Annapolis, el recibimiento del ministro Ramón Auñón[31] fue tan gélida como significativa: “Siento mucho lo sucedido, General. Supongo que habrá usted perdido todo lo suyo en el naufragio”. “Así es -respondió Cerera- todo menos el honor[32].

El comportamiento de la escuadra y sus marinos en la muy desigual batalla y el inicial incidente del Merrimac[33] le granjearon a Cervera una tremenda popularidad en los Estados Unidos.

Después del desastre de la batalla naval del 3 de julio, la rendición de Santiago de Cuba se produjo el 12 de julio; y la de Manila un mes después (14 de agosto). El 10 de diciembre, España firma el Tratado de París, liquidando el imperio ultramarino. En este Tratado España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas (por 20 millones de dólares): Guam pasó a manos de los EE.UU. A principios de 1899 vendimos, contemplado en el acuerdo, las Islas Marianas, Palaos y Carolinas, a Alemania. Liquidamos la insularidad imperial.

La agencia francesa de noticas Havas dio a conocer el desenlace de la batalla naval de Santiago de Cuba; se cuenta que hubo disturbios en las grandes ciudades de la vieja España, pero al salir de los toros. Que no sé yo cómo de rápido llegó a tiempo la noticia de complicarse con una mala tarde de Enrique Vargas “Minuto” en un duelo con José García Rodríguez “El Algabeño”, las dos figuras de la tauromaquia en aquel verano de 1898; los toros son a las cinco de la tarde, con sol y moscas

La jornada del 3 de julio ha sido un desastre horroroso, como yo había previsto”, dejó escrito en el parte de Guerra el Almirante Cervera; “La patria ha sido defendida con honor. La satisfacción del deber cumplido deja nuestras conciencias tranquilas, con solo la amargura de lamentar la pérdida de nuestros queridos compañeros y las desdichas de la patria”; a fuer que sí.

Los prisioneros rescatados del mar por los norteamericanos de la Escuadra de Operaciones de Cervera fueron desembarcados en tres lugares: los heridos más graves y enfermos ingresaron en el Hospital Naval de Norfolk; la marinería y los heridos y enfermos menos graves, junto con algunos oficiales, en Camp Long, en la Isla de Seavey en Portsmouth; y el resto de los oficiales y algunos reposteros fueron llevados a Annapolis, junto a la Academia Naval. Cervera, por su rango, estuvo en Annapolis, y desde su llegada comenzó a recibir muestras de simpatía del pueblo Americano especialmente por el trato dispensado al teniente Hobson y sus hombres con motivo del hundimiento del Merrimac. Recibió muchas cartas e innumerables obsequios; incluso una oferta de dar conferencias, que se negó.

Declinó Cervera el ofrecimiento de libertad a cambio de una declaración de no hacer armas contra los Estados Unidos el 20 de agosto de 1898; el 31 de agosto se concedió la libertad incondicional a todos los retenidos. El 19 de septiembre de 1898 entraba en el puerto de Santander el buque Cyty of Rome llevando a bordo al almirante Cervera y a los demás supervivientes del combate de Santiago de Cuba. El Gobierno de Sagasta temía una explosión de solidaridad hacia el almirante como había sucedido en Estados Unidos y que esta se convirtiera en una dura crítica a la gestión de la crisis y guerra con Estados Unidos. A medida que transcurría el tiempo y se conocían detalles del conflicto, la opinión pública tenía más argumentos para ellos.

Si el Desastre de 1898 se inició con la distorsión de la realidad por Pulitzer y Hearst, el final en suelo patrio tuvo los mismos tintes. Aquí también se buscaron culpables y se sometió a consejo de guerra a aquellos que no hicieron más que cumplir con honor y lealtad su deber. El clamor popular y las voces que se pronunciaron a su favor desde el exterior, dieron como resultado el sobreseimiento de la causa y la restitución del honor del Almirante. La publicación de su “Colección de Documentos de la Escuadra de Operaciones de las Antillas[34], que tan previsoramente había puesto en manos del Arzobispo de Santiago antes de la salida para el combate, puso las cosas en su sitio.

No sé si lo del “clavel del Almirante” -amarillo, con los bordes de los pétalos rojos- que se vendía en las floristerías de Nueva York aquel verano de 1898 es verdad, pero sí lo es que Arthur Bird, editor de Sidney Record, gestionó un Memorial en los Estados Unidos para el almirante Cervera[35].

Vamos, que un 25 de abril de 1898 los Estados Unidos nos declararon la guerra…

 

 

 Almirante Pascual Cervera

 

 

 



[1] La comisión española dictamina valiéndose de los informes de submarinistas, de ingenieros de la artillería naval y de declaraciones de varios expertos internacionales, que la explosión fue interna, por tanto, accidental. La comisión norteamericana concluyó valiéndose también del informe de los submarinistas, que la explosión había sido externa, sin consultar a expertos neutrales. Los pescadores y submarinistas afirmaron que, al ser externa, la explosión debería haber existido una gran cantidad de peces muertos, a lo que EE.UU. argumentó (1899) que en el puerto de la Habana apenas existían peces. EE.UU. omite la opinión del ingeniero jefe de la armada estadounidense Melville, que sostenía que la causa de la explosión fue un estallido fortuito de los pañoles de munición. EE.UU. omite la opinión del experto en municiones de la armada estadounidense Philip Alger quien afirman que la explosión pudo ser producida por un incendio causal en los pañoles de carbón y cuya combustión provocó la deflagración de los pañoles de munición. Se constituye una comisión prescindiendo de técnicos externos, llegando a la misma conclusión. En diciembre de este mismo año, los EE.UU. hunden el Maine en alta mar. En 1971, el Almirante estadounidense Rickover, ordena una investigación sobre fotografías, planos y documentación del buque, señalando que la causa de la explosión fue una combustión espontánea en una carbonera que provocó el estallido del polvorín. En 1995 Rickover afianzó su teoría de que la explosión no se debió a una mina, afirmación que sostuvo sobre un estudio realizado sobre los daños que sufrieron los buques de la 2ª Guerra Mundial. El análisis de la AME que fue publicado en el número de febrero de 1998 de National Geographic examinó las teorías de la mina y de la combustión del carbón: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/explosion-acorazado-maine-atentado-o-accidente_12386

[3] Joseph Pulitzer (1847–1911) Editor estadounidense de origen judío húngaro, conocido por su competencia con William Randolph Hearst, quien originó la llamada prensa amarilla, y por los premios periodísticos que llevan su nombre, los Premios Pulitzer. En 1892, Pulitzer ofreció al presidente de la Universidad de Columbia, Seth Low, financiar la primera escuela de periodismo del mundo. La Universidad rechazó inicialmente el dinero, evidentemente influida por la polémica figura de Pulitzer. En 1902, el nuevo presidente de la Universidad, Nicholas Murray Butler, fue más receptivo hacia el plan de la escuela y de instaurar unos premios, pero no sería hasta la muerte de Pulitzer que este sueño se haría realidad (primer premio en 1917). Pulitzer dejó a la Universidad 2 millones de dólares en su testamento, lo que permitió la creación en 1912 de la Columbia University Graduate School of Journalism (la escuela de periodismo), que sería una de las más prestigiosas del mundo, aunque ya no fuese la primera, por haberse creado antes la de la Universidad de Misuri.

[4] William Randolph Hearst (1863-1951) Periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa y los medios estadounidenses, que emergió como uno de los más poderosos personajes de la escena política y empresarial de dicho país. Consolidó uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer en su epítome un total de 28 periódicos de circulación nacional, además de la posesión de empresas editoriales, compañías y emisoras de radio, así como revistas. Ampliamente conocido por usar los medios como auténticos instrumentos políticos, además de ser el más afamado de los promotores de la prensa amarilla, se valió de generar escándalos y de la manipulación mediática para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados; siendo los casos más reseñables su intervención para que la Guerra hispano-estadounidense aconteciera y sus periódicos fuesen los que obtuvieran las primicias, así como la campaña que realizó en contra de la Revolución Mexicana. Conocido como el gran manipulador sobre la crisis del Maine de 1898 y del Holodomor de 1932-33 en Ucrania.

[5] La batalla de Cavite fue el enfrentamiento entre fuerzas navales estadounidenses y españolas ocurrido el 1 de mayo de 1898 en la bahía de Manila en el contexto de la guerra hispano-estadounidense.

[7] Fernando Primo de Rivera y Sobremonte (1831-1921) Militar y político español que, además de gobernador en dos ocasiones de la Capitanía General de Filipinas, ejerció entre 1907 y 1909 y en 1917 de ministro de la Guerra en sendos gobiernos conservadores presididos por Antonio Maura y Eduardo Dato. Ostentó los títulos nobiliarios de i marqués de Estella y i conde de San Fernando de la Unión. Firmó en 1897 el Pacto de Biak-na-Bato, por el que el insurgente filipino se comprometía a exiliarse en Hong Kong.

[8] Los listados de las muertes en Filipinas se publicaron en el DOMG desde el 31 de junio de 1897 hasta

el 16 de septiembre de 1900. Las relaciones ofrecen datos muy confusos. De Filipinas (DOMG 12-IV-1896/20-IV-1898,23 listados), regresaron enfermos 2.748 combatientes.

[9] Los generales españoles y estadounidenses, que todavía estaban legalmente en guerra, planearon en secreto transferir el control del centro de la ciudad -de los españoles a los norteamericanos- mientras mantenían al Ejército Revolucionario Filipino de Emilio Aguinaldo, fuera del centro de la ciudad, creando las condiciones para el comienzo de la guerra filipino-estadounidense

[10] Miguel Correa y García (1832-1900) Militar y político español. Ministro de la Guerra entre el 4 de octubre de 1897 y el 4 de marzo de 1899

[11] Castillos de San Cristóbal y San Felipe del Morro y los bastiones de San Sebastián, Santo Tomás, Ánimas, Santa Teresa, Santa Rosa, San António, San Fernando, Santa Elena y San Agustín

[12] El 25 de julio desembarcaron los norteamericanos en Guánica; el 13 de agosto finalizaban los combates. El cañonero Glocuester, que luego será protagonista en la batalla de Santiago de Cuba del 3 de julio, fue la avanzadilla que entró en Guánica y posibilitó el desembarco de 3.000 soldados que se enfrentaron a los 550 hombres dispuestos en el Caney, los 500 que se dispuso de la Escuadra de Cervera y los 900 en las Lomas de San Juan. Las unidades metropolitanas que defendían el territorio y que como todas llevaban sin paga desde hacía más de 10 meses, víctimas de enfermedades y alimentados con arroz cocido, café y aguardiente. ¡Olé!

[13] Las bajas en Puerto Rico a partir del 12 de mayo, según tres únicos listados (3-VII/3-XI-1898), fueron: 1 muerto por la fiebre

amarilla, 3 por enfermedades y 1 en campo de batalla. A su regreso a España, el DOMG 12-IV-1896/7-IV-1898 recoge 15 listados con 70 combatientes con enfermedades.

[15] En los diez años de guerra fueron enviados 180.000 hombres a Cuba entre septiembre de 1868 hasta marzo de 1878: 80.000 reclutados específicamente para esta guerra, y 100.000 de otras unidades peninsulares. Las bajas totales fueron 113.000 hombres

[17] El Diario Oficial del Ministerio de Guerra publicó el 13 de junio de 1888 las cifras “en papel” del Ejército: el permanente de la Península sumaba 95.266 hombres; en Cuba estaban 19.571 hombres; en Filipinas, 8.753 hombres; y en Puerto Rico, 3.155 hombres. Nada comparado con la realidad. Estas cifras se correspondían a los cupos y no contemplaban redimidos, excluidos y otras bajas. No contemplan Guardia Civil, Orden Público ni voluntarios pagados con cargo a la sección Guerra de los presupuestos de las islas. El Anuario Militar Español de 1897 señala más de 100.000 efectivos en Cuba. https://ebuah.uah.es/xmlui/bitstream/handle/10017/5950/Combatientes%2C%20Muertos%20y%20Pr%C3%B3fugos%20del%20Ej%C3%A9rcito%20Espa%C3%B1ol%20en%20la%20Guerra%20de%20la%20Independencia%20de%20Cuba%20%281895-1898%29.pdf?sequence=1&isAllowed=

[19] También el DOMG publicó 10 relaciones (26-X-1898/12-IV-1899) con los nombres y una serie de circunstancias y filiación de los que regresaban de Cuba y murieron, al poco de ser ingresados en una treintena de hospitales civiles y militares dispuestos para acoger a estos combatientes, y en algún caso en el mismo barco en que regresaban. Fueron 827 los muertos. Parece una cantidad baja, si se tiene en cuenta el estado en que volvían. Los fallecimientos publicados por el DOMG se produjeron entre el 7 de agosto de 1898 y el 1 de marzo de 1899. Es imposible saber el número de los heridos y enfermos que pudieron regresar a España y fallecieron en sus casas o en diversos lugares. El DOMG publicó (12-IV-1896/1 -V-1898) listados con los componentes de las unidades de Ultramar que regresaban enfermos de Cuba. En total fueron 16.415 combatientes. Los que mu-rieron en España a consecuencia de la enfermedad contraída en Cuba debieron ser muchos, si se tiene en cuenta las bajas absolutas ofrecidas anteriormente y las condiciones en que vivían los soldados, mal alimentados y sin anticuerpos y defensas naturales físicas para hacer frente a las enfermedades tropicales.

[20] José Martí Pérez (1853-1895) Poeta y político cubano, republicano democrático, ensayista, periodista y filósofo, fundador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra de Independencia de Cuba. Se le ha considerado el iniciador del modernismo literario en Hispanoamérica. El 29 de enero de 1895, junto con los coroneles Mayía Rodríguez (en representación de Máximo Gómez) y Enrique Collazo (en representación de los patriotas de la isla), firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución. Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Máximo Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como Manifiesto de Montecristi, programa de la nueva guerra. Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa, al sureste de la antigua provincia de Oriente.

[21] Práxedes Mariano Mateo Sagasta y Escolar (1825-1903) Ingeniero civil, masón y político español, miembro sucesivamente de los partidos Progresista, Constitucional y Liberal-Fusionista; varias veces presidente del Consejo de Ministros en el período comprendido entre 1870 y 1902,

[22] Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) Político e historiador, figura capital de la política española de la segunda mitad del XIX. Redactó el Manifiesto de Manzanares publicado al inicio del Bienio progresista. Fue un prominente miembro dentro de la Unión Liberal, principal valedor de Alfonso XII y el mayor artífice del sistema político de la Restauración, durante el cual fue el máximo dirigente del Partido Conservador, que él mismo creó. Ejerció el cargo de presidente del Consejo de Ministros en seis ocasiones, alternando el poder, principalmente, con su rival político Práxedes Mateo Sagasta.

[23] Había participado de la sublevación del Cuartel de San Gil, aplastada por Serrano y O’Donnell, un motín que tenía por finalidad destronar a Isabel II; y por ello había sido juzgado y condenado a muerte, aunque había conseguido exiliarse en Francia. Tras la caída de la Reina en 1868, Sagasta regresó a España y fue ministro de Gobernación del mismo general Serrano que le había perseguido, y presidente del Consejo de Ministros con Amadeo de Saboya. Volvió a ocupar ese cargo en los últimos tiempos de la Primera República, en 1874, en los meses previos a la Restauración borbónica. Sagasta fundó el Partido Liberal en 1880.

[24] La alternancia turnista en el poder a partir del Pacto de El Pardo se cumplió rigurosamente hasta el asesinato de Cánovas por el anarquista italiano Michele Angiolillo en 1897.

[25] Segismundo Bermejo y Merelo (1833-) Marino militar y político español, ministro de Marina entre 1897 y 1898, durante la guerra hispano-estadounidense. Bajo su mandato se produjo el desastre naval de Cavite, tras lo cual fue sustituido por Ramón Auñón y Villalón, en mayo de 1898.​ Cesó como ministro el 18 de mayo de 1898, siendo sustituido por Ramón Auñón y Villalón

Se consideró que tuvo una perspectiva demasiado optimista o poco realista respecto de las posibilidades de España en un enfrentamiento contra los Estados Unidos en el conflicto del 98

[27] “Oída Junta de generales de Marina, opina ésta que los cuatro cruceros y los tres destructores salgan urgentemente para las Antillas. La derrota, recalada, casos y circunstancias en que V. E. debe empeñar o evitar combate quedan a su más completa libertad de acción. Los torpederos deben regresar a Canarias con los buques auxiliares. La bandera norteamericana es enemiga”. La misión imposible del Almirante Cervera; de José Cervera Pery (pág. 75)

[28] El vapor correo Alicante fue construido por los astilleros escoceses de William Denny & Bros. en Dumbarton, siendo botado el 4 de febrero de 1889. Bajo su primer nombre, Pegu, navegó con el pabellón de la naviera British & Burmese Steam Navigation Co. Ltd. Desplazaba 7.910 toneladas con una eslora de 113,44 metros, 13,74 metros de manga y 7,62 metros de calado. Era propulsado por una máquina de cuádruple expansión a un eje con una potencia de 3.000 hp. y una velocidad máxima de 12,5 nudos. Dotación, 60 tripulantes. En 1896 el Pegu fue comprado por la Compañía Trasatlántica española con sede en Barcelona, rebautizado como Alicante fue utilizado para las líneas comerciales con Cuba al estallar la guerra de 1898 fue convertido como transporte de tropas incorporándose a la escuadra de Cervera y al finalizar la misma fue transformado nuevamente a buque hospital. Realizó repatriaciones de personal militar herido hacia España desde Cuba y Filipinas. Durante la Guerra del Rif de 1911 a 1927, el vapor Alicante volvió a ser requerido para ejercer de transporte de tropas desembarcando soldados en los puertos de Ceuta y Melilla, y para el Desastre de Anual fue utilizado nuevamente como buque hospital.

[29] La misión imposible del Almirante Cervera; de José Cervera Pery (pág. 77)

[31] Ramón Auñón y Villalón (1844-1925)​ Militar y político español, ministro de Marina durante la Guerra hispano-estadounidense en Cuba y gobernador civil de Barcelona en un breve periodo entre 1917 y 1918, además de varias veces diputado durante la regencia de María Cristina de Habsburgo y el reinado de Alfonso XIII

[33] El USS Merrimac (a veces llamado erróneamente USS Merrimack) fue un buque de vapor de la armada de los Estados Unidos que se hundió en la Guerra hispano-estadounidense de 1898. Fue el único buque estadounidense que hundió España en ese conflicto. El contraalmirante William T. Sampson ordenó que fuera hundido en la entrada del puerto de Santiago de Cuba para bloquear la salida de la flota española allí estacionada, mandada por el Almirante Cervera. En la noche del 2 al 3 de junio, ocho voluntarios intentaron ejecutar esta misión, pero las baterías terrestres del puerto le dañaron seriamente el barco y le dejaron desgobernado alejándose del puerto. Posteriormente fue hundido por los disparos y los torpedos del crucero protegido Vizcaya, el crucero Reina Mercedes, y el destructor Plutón. No pudo lograr su objetivo de obstruir la entrada del puerto de Santiago de Cuba. Sus tripulantes fueron rescatados por los españoles y hechos prisioneros de guerra, siendo bien tratados y reconociéndolo posteriormente. Al mando de la operación estuvo el teniente Richmond P. Hobson. El Merrimac tenía colocados explosivos en sus amuras para hundirse más fácilmente con la explosión. La misión fue un fracaso y el canal permaneció abierto. Hobson y la tripulación lograron salir del barco a salvo con solo heridas leves, pero fueron capturados por la tripulación de la lancha de vapor del propio Almirante Cervera. Los ocho integrantes del comando fueron premiados con la Medalla de Honor por su participación en la fracasada misión. Hobson se convirtió en un héroe de la prensa estadounidense. Su retrato apareció en cientos de periódicos con historias adornadas de su valentía al ofrecerse como voluntario para lo que se percibió como una misión suicida. Se recaudó un fondo para ayudar a sus padres a evitar la ejecución hipotecaria. Hobson fue liberado el 6 de julio de 1898, fue recibido por el presidente William McKinley y viajó por todo el país, convirtiéndose en un símbolo sexual de la época victoriana.

[34] ISBN: 978-84-7823-611-4