11 abr. 2013

DE AQUELLA ESPAÑA DE PROYECTOS DE PARQUES DE OCIO… TERRIBLE 1991



En 1991 llevábamos en España un rato hablando de Parques de Ocio temático. Los de la Disney habían tomado el portante una vez que la l’Ille de France les prometió (y concedió) el oro y el moro… y aquí nos sorbíamos los mocos después de la llorera. Y no somos nadie… lamiéndonos las heridas; ahora verás.

Es que desde que en 1984 se supiera que Disney buscaba un terrenito en Europa, media España había puesto sus baldíos a orear por si acaso. Era como un “Bienvenido Mr. Marshall”… pero con ventanas a la calle.

Y el caso es de los más de mil posibles emplazamientos europeos para albergar un parque Disney, a la corta final pasaron sólo 4: dos en España y otros dos en Francia (Toulón en el Mediterráneo y París). Y París, ya sabemos, bien vale una misa, aunque uno ni crea ni practique.

1985 fue un año de infarto: sacamos a pasear todas las bondades de nuestros terruños patrios ante los ojeadores de Disney. Por aquí cerca pusimos alfombras a toda la marjal de Pego-Oliva, y alguno que otro hizo lo propio con los naranjales de Carcaixent. Incluso después de saber (diciembre de 1985) que París era la elegida, más de uno de por estos lares se nos fue a Florida (y a California) buscando a los señores Nunis y Cora que se había dicho que eran (y lo eran) los jefes de la División de Parques de TWDC para que reconsideraran la oferta. Y se habló, oiga: comunicaciones, agua y suelo barato estábamos dispuestos a dar hasta aburrir, pero no podíamos competir en lo del radio de visitantes y en que los gabachos lo regalaban todo y ponían una caja de ahorros (y el aval de dos bancos) en el proyecto. Íbamos con un ful… y los franceses llevaban escalera de color… Y por ella subieron al Olimpo de París los de Disney.

Pero el virus parquemaníaco estaba sembrado en la vieja piel de toro. Y aquí había más de un avispado. Y estuvo latente la enfermedad casi 5 años hasta que explotó en los medios de comunicación y así supimos de, al menos, cuatro casos de parques y morro; mucho morro.

En 1991 se reactivó un proyecto de “sólo” setenta mil millones de pesetas en San Pedro de Alcántara, Málaga, que a lo largo del mismo año se fue desinflando. Es que la cosa rondaba ya siete años al consistorio y los inversores siempre pedían un algo más que lo trastocaba todo; incluso incluyeron un parque de ocio temático alucinante, pero fantasma. Al final se descubrió que la cosa no era más que una operación inmobiliaria en el término municipal de la colonia agraria que montara el Marqués del Duero en 1860 y que mira por dónde tenía una franja de mar que ahora eran playas apreciadísimas para la especulación inmobiliaria. Carpetazo al “proyecto”.

Entonces, la prensa nacional destapa que la “Ciudad China” de Anheuser-Busch (AB inBev; propietaria de los Busch Gardens) que sobrevoló Vilaseca-Salou no encerraba otra cosa, aún cuando pasó a ser “Tibi Gardens”, que una promoción inmobiliaria de 15.000 viviendas en donde participaba La Colonial, la inmobiliaria de La Caixa. Es que ahí estaba Grand Península (Javier de la Rosa… KIO, Tibidabo, Corporación Nacional de Leasing, ¡pelotazos!). Y esto fue bueno porque destapada la trama se rediseñó el proyecto, se marchó Pearson-Tussauds (libras esterlinas y Alton Towers), y se terminó por dar carta de naturaleza a Port Aventura.

Y por ese mismo 1991 teníamos dos proyectos de ocio temático en la Comunidad Valenciana. El primero se pretendía materializar en Picassent, al sur del Área Metropolitana de Valencia, donde lo más famoso era (y es) la Torre Espioca (siglo XI)… y la prisión. La cosa no ligaba bien desde el principio, tenía cierto tufillo. Y en eso que apareció el grupo canadiense Mail Europa, de capital japonés, a mostrar su interés por unos terrenos para un parque de ocio justo cuando se pone en marcha la 1ª Fase del Complejo Penitenciario de Valencia, en Picassent, y se anuncia la 2ª Fase para 1993. Mail Europa insiste en que va en serio y hasta enseña bocetos; le llaman, ¡Ojo!, “La Ciudad de las Ciencias” y hasta presentan un anteproyecto al Ayuntamiento… en espera de que lleguen las exenciones municipales y las ayudas autonómicas para empezar a trabajar, al tiempo que anuncian que crearían 2.000 puestos de trabajo fijo cuando el parque estuviera en marcha (1997) y necesitarían unos 5.000 obreros para realizarlo. En enero de 1992 ya nadie hablaba ni de los canadienses, ni del capital japonés; pero sí de los 3 millones de metros cuadrados que habían apalabrado con los propietarios que se había construido algún castillito en el aire.

Y ese mismo año de 1991, en medio de un debate nacional sobre si necesitamos parques de ocio temático, o no, aparece una extraña pareja (Benicam SA y Producciones Pan-Americanas) y en Benidorm presentan a “Camarita”, la mascota, y anuncian un parquecito (70.000 m2) entre l’Alfàs del Pi y Benidorm. Bueno, tenía tantas cosas que en ese espacio parecía el camarote de los Hermanos Marx. Se trataba del “Proyecto Phoenix” que lidera el empresario local Francisco García (Hoteles Costa Blanca) y que es visto con buenos ojos por ambos ayuntamientos: el de Benidorm incluso declara los terrenos que le afectan como “de interés social”, pero ni por esas entra la Generalitat al trapo (escamada con los de Disney que le habían tomado el pelo todo lo que querían hasta que Ignacio Vasallo vino y les dijo que sólo estaban dando celos a París), que es quien debe dar el visto bueno, y que no se cree eso de “un parque temático dedicado al mundo del cine con una serie de mundos y atracciones donde los protagonistas son los visitantes que interactúan con los animatronics”. Vamos: que había muchas lagunas, desde el tema de accesos y aparcamientos, al de viabilidad, por muchos “mundos” de la Magia, de la Aventura y de los Niños, y de que las atracciones se llamen “Viaje al Centro de la Tierra” o “Viaje al interior del Cuerpo Humano”; o que la aventura consista en auxiliar al mismísimo John James Rambo en alguna de sus películas. El “detalle” más estrafalario (y escalofriante) es que se embarcan en el proyecto y carecían de los permisos para convertir en elementos de ocio el guión de conocidas películas que tienen dueño y señor. Vamos, una del Capitán Araña… que no tiene parque. Y luego vino lo de “tematizar” todo Benidorm… que más de uno se preguntó qué se fumaba por aquél despacho.

Y a todo esto que se acaba 1991, llega 1992… y no sé si por lo del 5º Centenario, la Expo sevillana y los Juegos Olímpicos de Barcelona…  la cosa es que 1992 trajo un poco de paz y sosiego al cotarro de los parques de ocio temático en la vieja piel de toro… y ya no se habló más del tema hasta inaugurar en Vilaseca.

Bueno, Alejandro Rojas Marcos (alcalde de Sevilla) nada más acabar la Expo ya empezó a moverse en lo que llamó Cartuja’93, luego Isla Mágica. Pero eso es otra historia.



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