29 jun. 2014

DE LA NEUTRALIDAD INDUCIDA DE ESPAÑA EN LA GUERRA DEL 14 (I)


Acabamos de conmemorar el centenario del magnicidio que provocó el estallido de la IGM. Comenzó la guerra justo un mes después (28.07.2014): Austria-Hungría atacó Serbia y Alemania hizo lo propio con Bélgica. Se lió la mundial, nunca mejor dicho. Todos los Medios ahora, cien años después, destacan la neutralidad española. Neutralidad inducida. Pero es que hay neutralidades que matan (Romanones, dixit: 19.08.1914).

En el aperitivo de hoy nos ha dado la IGM. He oído tanto disparate que ahora mismo no tengo más remedio que remontarme hasta la Conferencia de Berlín (1884, cuando las potencias europeas se repartieron África para no pelearse entre ellas) para explicar nuestra neutralidad. Añadir que bajo manga se pactó lo mismo con Asia e incluso con China. El acuerdo no funcionó; prueba de ello es el Incidente de Fachoda (1898) entre británicos y franceses en lo que hoy es Sudán del Sur. Y luego vino lo de Mozambique, entre portugueses y alemanes. Y luego estaba la pugna por Marruecos entre España, Francia, Inglaterra y Alemania que no se arregló hasta la Conferencia de Algeciras (1906) que nos otorgó un buen trozo de Marruecos que empezamos a tener de defender en 1909 a costa de vidas de españoles.

Los EE.UU., por su parte, quedaron al margen de todo aquello pero ellos iban por su cuenta y ya estaban intencionadamente actuando en México, Hawái y Japón. El Caribe era objetivo prioritario yanqui y así resulta que hasta cuatro presidentes norteamericanos habían hecho fuertes ofertas económicas al Reino de España para comprarnos Cuba. Por aquellos días España, la metrópoli, impedía a Cuba comerciar con los EE.UU. y eso molestaba mucho a los norteamericanos y a muchos cubanos. Para generar un sentimiento antiespañol de calado en la isla llegaron las leyes y aranceles que protegían la industria textil catalana frente a la cubana y tras la primera revuelta (10 años de guerra) la Paz de Zanjón sólo nos abocó a la Guerra Chiquita (chiquita, chiquita, de tan sólo un año, porque no teníamos ni para balas), casi prólogo de la Guerra de la Independencia Cubana (como ellos la llaman) que trajo a los norteamericanos a la isla y a nosotros nos colocó al benidormer condestable Zaragoza en la Historia.

Un poco antes, en 1885, los alemanes se empeñaron en quedarse con nuestras Islas Carolinas (ahora Micronesia y Palaos) donde lo único español era la bandera, unos guardias civiles, unas monjas y un médico. Medió el Papa León XIII y los alemanes se contuvieron un poco; nosotros tuvimos que dejarles establecer factorías. Después de eso, las Filipinas quedaban muy expuestas. Allí sólo teníamos alguna dotación militar (acuérdense de Baler) y muchos curas, monjas y frailes. Los tagalos filipinos comenzaron su insurrección en 1896. En Cavite (Bahía de Manila; 01.05.1898) nos pasó lo mismo que Santiago de Cuba (03.07.1898): los yanquis nos dieron pal pelo. 2 escuadras a pique.

Total que con los Acuerdos de París (10.12.1898) acabaron nuestras guerras coloniales: Cuba comenzará su andadura (tutelada por los yanquis) hasta su independencia (1902) y a cambio de 20 millones de dólares les cedimos a los americanos Puerto Rico, Filipinas y Guam. Sin flota y sin soldados terminamos vendiendo a los alemanes “sus” ansiadas Carolinas y las Marianas por 25 millones de dólares más. Y así prácticamente entramos en el siglo XX, con 45 millones de dólares en la buchaca, sin flota, con pocos soldados, con dificultades económicas y sociales y sin posesiones de ultramar.

Hombre, siempre nos quedaba recurrir a Gibraltar; incluso tuvimos la ocasión con una Inglaterra enfrascada en la Guerra de los Bóers (1899-1902), pero no teníamos el cuerpo para nada. En 1903 Gran Bretaña construyó más barracones en Gibraltar y aquí todos nos tiramos de los pelos por la oportunidad, decía la prensa de entonces, perdida. Mientras tanto Europa se debatía entre si tener un Ejército tipo prusiano o más colonial; y en España aún estábamos en que si traje de rayadillo, alpargatas ó  botas.

Conferencia de Algeciras, 1906
Gran Bretaña maniobró para que la influencia de Francia en el norte de África fuera protagonista y los acuerdos de los gabachos con España e Italia trajeron unos meses de tranquilidad entre 1904 y 1907 porque Gran Bretaña y Francia necesitan ponerse de acuerdo, entre ellas, sobre Egipto -y lo que hoy es Oriente Medio- y nos les importaba ceder mayor protagonismo a España en el flanco atlántico del norte de África. Así Francia se centraba en atender el Marruecos mediterráneo. En 1904 estábamos tan hundidos económica y moralmente que Gran Bretaña optó por apoyarnos para que no vendieramos o cediéramos nuestras posesiones africanas a Alemania, y las Potencias Atlánticas (Francia, Gran Bretaña, Portugal junto a Italia y Rusia, apoyaron a España (Conferencia de Algeciras) Pero entonces Alemania enarboló derechos comerciales en puertos y todos callaron. Es más, exigió Alemania el tendido de cables telegráficos submarinos hasta las Islas Canarias (camino de América del Sur) y los ingleses se mosquearon nuevamente con España porque ellos eran hegemónicos en las Canarias, a pesar de ser territorio español. Por aquél entonces a los isleños les era más fácil ir a Liverpool que a Cádiz. De hecho, alguna isla era más británica que española.

9 Reyes; 20.05.1910 Sentados, Alfonso XIII, Eduardo VII y el rey de Dinamarca
Detrás del monarca británico, el Kaiser Guillermo II
Para evitar que funcionara más y mejor el nuevo acercamiento telegráfico España-Alemania, en 1907 se llevan a cabo en Cartagena (Murcia) los llamados Acuerdos Mediterráneos (16.05.1907), también conocidos como Declaraciones de Cartagena. En resumidas cuentas: Gran Bretaña asistiría a España en caso de agresión a las Canarias y Fernando Po; también a las Baleares. Se firmaron en una base naval porque nadie se fiaba de la seguridad en aquella España; los acuerdos se iban a firmar en Madrid pero el atentado de Mateo Morral (31.06.1906) en la boda de Alfonso XIII aconsejó a los servicios de seguridad británicos a aconsejar a Eduardo VII (tío político del monarca español) hacerlo en una base naval como Cartagena; y dijimos que sí. Francia vio con buenos ojos todo esto y, al final -confianza-, en Londres y París se ratificaron estos acuerdos. España se olvidaría de Gibraltar, al que no se citaba en los textos pero todos entendían que era la máxima prioridad británica, y nos ponían de gendarmes de un trocito del norte de África. Y todo esto venía porque sin flota (tras el desastre de 1898) España no podía defender nada que no estuviera en tierra firme y de paso los ingleses mantenían operativo su eje Gibraltar-Mahón-Malta (como en el XVIII; Menorca permaneció bajo dominio británico, en tres largos periodos, entre 1708 y 1802) y aspiraban a sumar al grupo a Italia y Grecia. En unos meses, aún en 1907, sumaron a la Entente a Rusia y Japón. El objetivo era aislar a las potencias centrales de Europa y el vínculo franco-británico lo estaba logrando.

Así llegamos a las negociaciones sobre el protectorado (Marruecos) de 1911-12 donde se le volvió a otorgar a España el papel protagonista “planetario” que le fue arrebatado cuando la Conferencia de Berlín de 1848 y en la de París de diciembre de 1898.

Mañana, más.





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