3 ago. 2015

DE LA BANALIZACIÓN DEL TURISMO...


Aquí cada uno acerca la sardina del ‘TI/AI’ al ascua de su posición, de su estructura económica e incluso de su formación política, aún a riesgo de socarrarse. Y aún no lo sabe. Nada, que este verano no salimos de Guatemala para caer en Guatepeor. Para abrir un nuevo y absurdo frente llega la información de Guadalest: “elpueblo más visitado, sin comensales”. Y claro, “consecuencia del ‘TI/AI’”. Sí hombre, sí.

El “Guadalest se queda sin clientes a mediodía porque todos marchan a comer a sus hoteles” responde a una verdad a medias porque si bien es cierto, llamar ‘turistas’ a los que suben a un autobús de “manteros” es tener unas tragaderas inconmensurables. El “Los hosteleros piden una regularización del ‘TI/AI’ para evitar ‘fugas’” demuestra una impotencia y, al mismo tiempo, una desesperación que no les deja ver el problemas. Y el “También creen que deberían hacer más atractivos sus establecimientos” es una realidad propia de la dinámica del momento, pero que tampoco va a arreglar la situación.

En un momento de la noticia se lee la verdad: “no culpa solo al ‘TI/AI’ o a las cinrcunstancias coyunturalesentona una especia de mea culpa y considera quelo que tienen que hacer ‘y de hecho estamos haciendo’es mejorar (la) oferta para hacerla más competitiva”.

Y sí; y no. Se nos llenaba la boca diciendo que esta crisis ha traído cambios y no vemos el cambio en el turismo; en la banalización del turismo. Sí, lo banal es algo trivial, común e insustancial (DRAE, dixit) y en eso ha caído el turismo; en lo banal. La banalización, consustancial con los tiempos, ha llegado para quedarse.

Banalización hasta en la noticia que twittean políticos y afectados. Le leí hace poco a Rosa María Calaf, periodista, corresponsal de TVE en mil y un saraos que “hasta el periodismo tiende a la banalización” y, con ello, sumarse al proceso. La noticia aludida es el ejemplo: “Guadalest se queda sin clientes a mediodía porque todos marchan a comer a sus hoteles”.

Y en cuanto al contenido, a lo mejor habría que leerse a Jorge Carrión -“Los Turistas”; es de una trilogía, pero yo sólo conozco ese- donde expone bien a las claras la banalización del viaje y del turismo en el siglo XXI: la masa se cansa de ver cosas maravillosas e inolvidables. Prima, ahora, la rapidez, la instantaneidad y el disfrute posterior. Ahora el ‘selfie-de “he estado ahí con toda esta gente”- es el protagonista; no el lugar. Y hecha la foto, p’alante como los de Alicante. Se acabó el lugar, aunque el sitio quite el hipo; lo importa es sólo el instante.

Desde que Luis Cernuda allá por 1952 escribió que “NO HACER NADA ya es una actividad” no vean la de gente que ha hecho bandera de esa frase. Yo mismo. Yo en mis vacaciones no quiero hacer nada; bastante es que me sacan para aquí y para allá para mezclarme con la masa. La inactividad, gracias don Luis, desde ese momento (aunque antes ya lo era; él solo lo constató) fue sinónimo de ocio. Así que sobra todo ya.

La célebre turistificación (ojo, palabro de órdago) trae estas cosas. Cuando se hace un uso indiscriminado de algo, se banaliza. La turistificación banaliza. Y si no aporta novedades; pues más. Y el 80% de los padres de los turistas británicos de hoy en día ya estuvieron en Guadalest, y a sus banales hijos… pues el selfie les salva la experiencia y no necesitan consumir más.

Yo me acuerdo cuando me contaban en una conferencia de Turismo que la visita turística se basa en una trilogía: busca la esencia del lugar, la aproximación multisensorial y la incardinación tanto en el momento como en su historia. ¡Filosofía! Esto se lo cuentas a uno que sube a uno de esos autobuses, armado con un 6 pulgadas o una tablet que chupa más datos que un viejo Univat y se me descojonciona del impacto. Él/Ella va a por el selfie porque más allá del momento y del lugar el único recuerdo que quiere lo tiene ya captado y el comercio le ofrece lo mismo que 10 kilómetros más adelante, o atrás. Sin novedad.

Y es cierto que aún quedan quienes buscan experiencias “a la antigua”, pero por no desentonar se camuflan (o son abducidos) por la masa.

La banalización es mala; pero ha llegado para quedarse, como daño colateral de la crisis. Estaba agazapada y ha salido violenta, agreste y montaraz a enseñorearse de todo. Sí, sabemos que es una pérdida de valor. Y por ello tal vez convendría leerse también al profesor Francesc Muñoz (tengo debilidad por los geógrafos) en “urBANALIZACIÓN. Paisajes comunes, lugares globales”. Es que la mercantilización que hemos aplicado turistificando cualquier lugar trae estas cosas ahora. El paisaje/imagen del lugar perdió su arraigo y ya es un producto más de consumo. Oiga, ¡No!; que es un lugar increíble. ¿Increíble para quién? En cuanto lo cuelgue en el feisbuck sabrán todos que he estado aquí. Pero yo. Es que no nos damos cuenta pero hemos creado paisajes repetidos; ya no hay un typical spanish que enseñar. Ahora es un patrón que repetimos una y otra vez en una epidemia de monotonía y reiteración que, más que promover experiencias -como antes-, recorta expectativas de ocio. Porque el ocio no es la visita; es estar con la masa. En fin, que hemos convertido lugares -antaño de excepción- en parques temáticos de consumo esporádico de ocio alejándolos de su función primigenia. El colmo es que hemos creado indiferentismo espacial e indiferencia en el visitante: no culminamos sus expectativas y en 15’ ha quedado todo liquidado. Foto de yo estuve aquí (que antes era del lugar) y… ¡sigamos!

A un argentino en un programa de radio le oí decir que “somos animales ópticos”: una imagen, y ya no necesito más en la creencia de que esa imagen puede sustituir las sensaciones. Nos va la banalización. Habrá que convivir con ella.

Hasta la pasada década (y ya estamos a la mitad de esta) y desde los años 60 del siglo XX nos empleamos a fondo en estandarizar productos turísticos que consiguieron un incremento cualitativo extraordinario. Pero la crisis ha destapado lo que pervivía como sustrato ya en los años 90 y no queríamos ni imaginar.

Pues ya ha llegado: la banalización del turismo. Seguro que si la empujamos terminará yéndose. Pero pasa lo de siempre: unos pocos sumergidos en la marabunta. Unos pocos buenos establecimientos sumergidos en la mediocridad general; unos pocos turistas que buscan sensaciones sumergidos en la marabunta de turistas que a golpe de selfie prefiere captar a sus congéneres sobre el lugar.. y no el lugar ni su esencia. La banalización del turismo.



PD. Un día en Guadalest me sirvieron “una paella” con una proporción de 1 guisante por cada 5 granos de arroz. ¡Tiene bemoles! De todas maneras, se salvan sólo dos.



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