19 may. 2018

Y, DE REPENTE, HABLÓ...




Nos consta -tenemos médico de cabecera en la tertulia “Los cafés del Meliá” que hasta oficia de fotógrafo oficial suplente, aunque farfulla en noruego- que no era una cuestión clínica lo de Antonio en la tertulia. Pero la noticia que hoy brindamos al mundo es que después de toda una década de silencio, de repente, ¡habló! Antonio Escobar habló.

Jo, ¡qué alegrón!

Hombre, la verdad sea dicha, conocíamos su timbre de voz. Alguna vez llegó a balbucear algo.

He de confesar que se estiraba con los chistes. Pero, mismamente, Marco Tulio Cicerón no parecía. No parecía, hasta ayer viernes.


En casa, nos cuenta Maricarmen, habitualmente lo hacía. Lo de hablar, digo. Pero en los cafés, en la tertulia que él nos concedió, no. Y eso que jugaba en casa, pero en sumir el peso de la palabra estaba inédito. Bueno, como dije, algún chascarrillo, algún chiste, soltó alguna vez.

Eso sí, hablaba con gestos. Y de esos tengo dos docenas de anécdotas de un profesional de la dirección hotelera. Pero no es el caso; lo que nos trae aquí ahora es que, de repente, habló.

La cuestión es que Antonio Escobar, de los Escobar de Medellín (España; cuna de Hernán Cortés), el director del Meliá Benidorm y padre del invento de la tertulia “Los cafés del Meliá”, se nos va para el Sur, a la Costa del Sol, en una nueva aventura profesional; como la que le trajo aquí.

Le hemos cogido cariño a Antonio en toda esta década que nos ha aguantado en el Meliá Benidorm. Y ahora se va. Sí, cariño; le hemos cogido cariño y más. Sobre todo, ahora que sabemos que sabe hablar.

Conseguimos once minutos y medio de manera ininterrumpida. Y no le interrumpimos. Oye, que sabe hablar. ¡Qué cosas hacen los directores de hotel!

De ellos, de los directores de hotel, sabemos que “milagros, pocos; ¿y vida?, menos. Los que nos dedicamos a esta profesión no tenemos más vida que esta: lo nuestro es estar desde la mañana a la otra mañana pendientes del hotel”.

Es que un hotel, y Antonio en todos estos años nos lo ha ido mostrando, es como una ciudad dentro de una ciudad y el director es… el que toca todas las teclas de piano, sopla todas las boquillas y embocaduras, pulsa todos los pistones y llaves, tañe todas las cuerdas y agarra la batuta con los dientes; no importa que sean cuerdas, vientos en madera o metal, percusión u otros. La orquesta debe sonar y el director la hace sonar.

Supimos ayer que Antonio lleva en esto cuarenta y un años… Ya peina canas. Y supimos que ha pasado por Ibiza, la Costa del Sol, México, Cuba, Venezuela, Colombia, Indonesia, Singapur, Australia, Canarias… de nuevo a la Costa del Sol (tiene un hogar en por el Sur)… un ratito por Benidorm -que vino por un par de años y han sido catorce (y que tiene otro hogar en Benidorm)-… y ahora, de nuevo, y a la tercera va la vencida, a la Costa del Sol hasta que…

Pero luego me vuelvo a Benidorm”, que nos dijo; y sabemos que sí.

Detalles y pormenores de la decisión, anécdotas que, algunas, ya sabíamos de las aventuras de los hoteles en aquellas latitudes asiáticas y la pequeña intrahistoria de la tertulia “Los cafés del Meliá” nos refirió Antonio.

Nos contó que érase una vez una noche de aquellas del Festival de Benidorm de 2006 cuando mi buen amigo Manolo Ballestero, helmántico y cauriense… y por esta segunda acepción, paisano de Antonio -extremeños los dos-, le proponía recuperar una de las más rancias tradiciones de Benidorm: la tertulia.

Al poco, Manolo nos dejó… pero ahí quedó lo de la tertulia.

Antonio, nos contó este último viernes, que por todos y cada uno de los hoteles fuera de España por donde pasó, montó su “Rincón español”, un lugar donde conversar, más que añorar, sobre las cosas de aquí. La idea de Manolo Ballestero tenía un hueco que en el verano de 2008 materializaron Juan Portolés, Pepe Soriano “El Cardenal” y Mario Ayús cuando trataron el tema con Antonio Escobar.

Total: que desde el 18 de septiembre de 2008 está en marcha esta tertulia de los viernes que de vez en cuando se asoma a este blob: “Los cafés del Meliá”… y que sin Antonio en la cabecera de la mesa y en silencio no va ser lo mismo. La tertulia sigue; Meliá quiere que siga y seguirá. De momento, el miércoles vamos a ver qué es eso del guarapo y otras lindezas con el amigo Jaume Climent.

En un momento dado de su intervención se nos puso a elogiar a la tertulia; a elogiarnos. ¿Tú te crees? Aquí, quien debe elogiar es el grupo de tertulianos a su anfitrión.

Recordamos a muchos de los que han pasado en esta década de cafés y a algunos tertulianos que, cosas del tiempo, nos han dejado, “por todo lo que nos han enseñado”. Hablamos hasta de aquellos de efímero paso a la cita del viernes en los salones del Meliá Benidorm.

Está satisfecho Antonio de la experiencia vivida: “Benidorm tenía tanto escondido que la tertulia ha sacado a la luz”… Y lo que queda, Antonio.

Me gustó cuando refiriéndose a nosotros nos dijo aquello de “sabéis de todo; si no, lo inventáis”. La carcajada retumbó. Todos le entendimos.

Siento irme”, nos dijo; “pero no lamento irme”, manifestó; que es una manera superlativa de expresar su profesionalidad. Nuevos retos que solventará dando un nuevo impulso a su dilatada y exitosa carrera profesional.

Luego nos demostró que es humano con un “pero os voy a echar de menos”. Como nosotros a él; a su persona y a sus chistes.

Nos interesamos por esa década de silencio en la cabecera de la mesa de debate de la tertulia “Los cafés del Meliá”: “yo escucho y aprendo; sois una máquina de enseñar”. Nos ruborizó.

Rendidos quedamos ante la hidalguía de un extremeño de Medellín que ha recorrido el mundo de la hotelería siempre en la vanguardia caribeña, cafetera o del exotismo del Sudeste asiático y que por esas cosas de la vida llegó un buen día a Benidorm, por un rato, y catorce años después se da un respirito profesional en la Costa del Sol.

El honor ha sido el nuestro Antonio; el compartir amistad, charlas de café, copas de vino y algún viaje. Y te lo garantizo Antonio, en nombre de todos los tertulianos: hemos aprendido más de ti, de buenas maneras, compostura y saber hacer, que tú de lo que se dice en la tertulia “Los cafés del Meliá” donde lo que pasa siempre queda entre los posos del café.

Y, a todo esto: yo, ayer, tampoco tomé café. Todo se me fue en tempranillo.

En unos días nos vemos, Antonio.

Gracias, Maricarmen; cuídanos a Toño y que él haga lo mismo contigo.






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