2 jun. 2018

DE LAS CRÓNICAS DE UN PUEBLO QUE FUE: BENIDORM




Esta vez no pasó a tomar café con nosotros; que fuimos nosotros a la huerta de Benidorm (l’horta), a la finca La Era, a tomar café, tras un arroz de maestro, con Jaime Climent, Jaume La Era, un tertuliano que nos tiene un poco abandonados pero que desde la web nos sigue.
Tiene Jaume, a la vera del Canal Bajo del Algar y dentro del término Municipal de Benidorm, una finca tradicional y una buena casa fruto de sus orígenes y de su esfuerzo por mantener la esencia de aquel Benidorm donde nació y con el que, a la par, ha ido creciendo. Es casi un museo etnográfico que él gusta de mantener y a muy pocos enseña. 
El viejo molino de maquila para moler el grano con que alimenta a sus gallinas; la vieja almazara que le produce su medio centenar de botellas de su propio aceite; los bancales que acogen cítricos al capricho (naranjos y limoneros) para autoconsumo; los otros que albergan árboles de nísperos y aguacates; algún almendro y algarrobo que junto a unos pocos olivos ponen esencia mediterránea; el cornijal que alberga las colmenas que le dan su buena miel y donde a él le gusta explicar cómo les va el tom-tom a las abejas; la burra Kika, que parece más cánido que los cuatro perros que allí deambulan; y l’arbre tonto. Sí, Jaime tiene un árbol tonto; pero eso lo explica él, con tal nivel de conocimiento, como explica lo de las abejas en su blog apisjaime, que reconozco, no estoy a su altura. La próxima vez.
Aquella mañana nos había citado Jaime en su casa, frente al manto verde que hasta Sierra Helada se extiende mientras deja un trozo de azul mediterráneo que queda a la izquierda, camino de Altea. No era difícil llegar, pero los tertulianos y el GPS están peleados; no como las abejas. En su descarga diré que los caminos de l’horta de Benidorm son intrincados y entran en vericuetos, pero son disfrutables. Como lo es el Azagador de… Vamos, cualquier azagador: lugar por donde los animales van azagados; uno detrás de otro. Fascinante. Ahora podemos ir en coche (o en moto) por un azagador, pero ya es de doble dirección y está asfaltado. Maravilloso conservar la toponimia.

Total: que con casi una hora de retraso sobre la hora H estábamos ya todos, el día D, para girar visita a la Finca La Era donde las explicaciones de Jaime, llenas de sabiduría y nostalgia, llenaron la mañana y abrieron las ganas de disfrutar de un magnífico embutido de la montaña a la brasa y de un arroz que el cuiner Jaime Pastor bordó al punto. Obviamente le echamos al cuerpo varias cajitas de Señorío de Benidorm: yo soy de tinto, pero como aparecieron por allí tertulianos delicados hubo blanco y rosado, con tintes ecológicos y varios premios, que nos llevaron en volandas hasta el postre final.
Y entonces, al llegar a ese momento, Jaume Climent tiró de explicación y nos llevó al mundo caribeño estrujando caña de azúcar en una especie de trapiche que generaba abundante cantidad de ese jugo dulzón de verde tonalidad que oscurecíamos a base de ron Fidel, en honor -dijo alguno- del Comandante, y que ninguno aguó. Vamos, que le dimos al guarapo cubano, pero a nuestro modo. Nadie lo rebajó en agua y le metimos ron por un tubo.

A partir de ahí, entramos en tertulia. Había café, pero queríamos ver el culo a las botellas de ron, lo que a alguno le pasó factura, guarapo viene, guarapo va.  

Ni que decir tiene que tuvimos overbooking tertuliano y que en esta ocasión nos acompañaron como despedida Antonio y Maricarmen antes de integrarse en nueva aventura profesional en la Costa del Sol. El Meliá Benidorm ha cambiado de director. La tertulia sigue allí, pero esta ocasión nos metimos de lleno en l’horta de Benidorm con Jaume Climent.

Es que, por allí, desde el siglo X por lo menos, la tierra de l’horta se dejaba cultivar y había la suficiente cantidad de agua para ello. Ahí comenzó ese Benidorm agrícola que en “Así será Benidorm”, la propuesta del 55, hablaba de 3.000 hectáreas en producción. Menos mal que la realidad es tozuda, se apostó por el turismo y gentes como Jaume Climent mantienen activa un horta que está protegida desde aquel Plan General del 56 para recordar, más allá de las reseñas de Cavanilles y los estudios de Quereda; y de los libros de Historia.

Y, claro, hablamos de aquellos años de la década de los 50. De cuando el padre de Jaime tenía sus cultivos y su era (de ahí viene lo de Era Park, la consecuencia evolutiva de hotel La Era que empezó con 12 habitaciones, y la finca). De cuando Jaime se metió a taxista, el tercer taxi que hubo en Benidorm; de su dominio del inglés y de que desde el primer día tuvo ese plus de actividad que le permitió plantearse, con sus ahorros, la iniciativa de aquel primer Hotel La Era. De la llegada de los primeros operadores turísticos británicos y de las propuestas para ampliar el primitivo hotel. De su implicación en el desarrollo y evolución de Benidorm, de su paso por el Ayuntamiento y las cuestiones de promoción. De la aventura del turismo.
Sección de tertulianos rodeando a Jaime, en su finca. Fotos: M. Ayús
Tiene tantos y tantos recuerdos a flor de piel, tantas vivencias que narrar, tantas historias que contar, que necesitaríamos de toda una semana de tertuliar para hacernos una idea de lo intenso de las vidas de los pioneros del desarrollo turístico de Benidorm. Sí, Pedro, don Pedro, puso en marcha un proceso que se hizo realidad porque contó con muchos que como Jaime se imbricaron en la propuesta y la materializaron.

Disfrutamos esta tertulia al aire libre (donde pudimos fumar) y reencontrarnos con tertulianos que no suelen ser habituales. Volvió Juan José Campus; volvió Humberto Armas. La llamada a la tertulia de Jaime animó a los tertulianos y nos quedamos pendientes de una nueva convocatoria para probar la pitahaya (fruta del dragón), que también tiene su historia en la finca de Jaume y quedamos con él para que nos la contara con más detalle.

Y la historia de l’arbre tonto, que si bien algunos sabemos debe ser su dictado el que dibuje la historia. Así pues, volveremos a la Era y al relato de Jaume Climent.




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