1 oct. 2011

DE OSTENDE A CANCALE… CRÓNICAS ENTRE OSTRAS Y VIEJOS CAMPOS DE BATALLA. (I)




Esta es una historia de 20 días en dos partes; en dos Post.

Salí al mar por Ostende, desde Gante. Primero había visto el viejo Gravensteen, en cuyas letrinas nació el Emperador Carlos en 1500, y celebrado la Fiesta Nacional belga en una brasería del paseo Graslei, frente al embarcadero. Tras el canal, en una carpa, ¡¡grupos catalanes de salsa (válgame Sant Jordi)!! hacían las delicias de la multitud; las delicias, oiga. El objetivo del periplo era ponerme morado de ostras y visitar viejos campos de batalla; vamos, hacerme la 1ª y 2ª Guerras Mundiales en suelo de Francia, y de una tacada. Es que en Ostende está el Openluchtmuseum Atlantikwall y es un puntazo recorrerlo entre increíbles dunas: inimaginable.

Hasta Koksijde, la costa de Flandes se mantiene a base de espigones y las mareas bajas se las traen; luego la costa se mantiene mejor hasta que entras en Francia y, entre dunas inmensas, llegas a Dunquerque.

Dunquerque, segunda etapa, es I y IIGM a tope; Dunquerque es la Operación Dinamo y Le Memorial du Souvenir, en las casamatas del Bastión 32. En Dunquerque hay muchas tiendas en el centro… y a unos 15 km está Gravelines -en la desembocadura del río Aa, el de los crucigramas- con Le Musée Port Royal y las historias de los Corsarios gabachos de Luis XIV; unos por otros, aunque era salirse del cometido, pero eso era mejor que ir de tiendas.

En nada y menos, se llega a Calais… y hay playas hasta el mismísimo cabo Griz-Nez, donde empiezan los acantilados de la costa Ópalo. Calais es historia viva de ambos conflictos; queda nada y menos. El Ayuntamiento y los “Burgueses” de Rodin, compensa algo. Pero desde allí salían la V1; luego machacaron la ciudad.

Boulogne-sur-Mer tenía el atractivo de haber sido una base de submarinos nazis, pero lo bombardearon todo y no queda nada. Bueno, te hablan de la estatua del general San Martín (el libertador de Argentina, Chile y Perú, camino de Londres, la palmó allí) y del Esperanto, cuyo primer congreso aquí se celebró; pero yo estaba en lo bélico. A partir de aquí la costa es baja hasta la desembocadura del Somme.

Para lo del Somme hay que irse a Thiepval. Lo hice de regreso (en la próxima entrega lo entenderán). De Amiens a Thiepval hay como 40 kilómetros… y como a cuatro kilómetros del poblet está el Thiepval Memorial, un sólido monumento con 16 pilares de mármol, rematado en ladrillo rojo, con los nombres de los 72.195 soldados desaparecidos en esa batalla, y 600 tumbas más. Un conjunto increíble; tanto como el silencio que lo preside allí todo. Ni un visitante más, sólo silencio y paz. Precioso y sobrecogedor. “A los ejércitos francés y británico, desde el Imperio Británico agradecido”.

Cruzado el Somme, desde Cayeux-sur-Mer, pareces estar viviendo los manuales de la Historia del Turismo y los avatares de las guerras. Por Ault te asomas al mar entre blancos acantilados, y luego serpenteas veteranas urbanizaciones costeras hasta llegar a Dieppe.

Dieppe, quinta jornda, en la desembocadura del Arques, es el fracaso del 42. Una gran bandera canadiense preside un monumento con una inscripción: “Recordamos”. Y es que casi 5.000 canadienses perdieron la vida en aquél trágico 19 de agosto. Pero de aquél error se aprendió para los posteriores desembarcos: Torch (en el N de África) y Overlord (en Normandía).

Costeando se llega entre acantilados a Varengeville-sur-Mer sólo disfrutando de paisaje hasta Fécamp y Le Havre. No tiene mayor trascendencia que las modernas centrales nucleares, pero da paso a una aguerrida segunda parte que ya les narraré. Bueno, habría que reseñar la fascinante salida al mar por Étretat y sus blancos acantilados a ambos lados.

Le Havre siempre está en obras y es feo de c…  Es una ciudad condecorada con la Legión de Honor por los bombardeos sufridos, tanto en la I como en la IIGM, y su centro, reconstruido, está reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad… pero yo es feo de c...

Menos mal que nada más cruzar el Sena (que desemboca por aquí) está Honfleur y sus reparadoras otras, excelentes quesos y mejor cerveza… que te recuperan de la zozobra vivida en Le Havre. El Puente de Normandía es, casi, como escalar con coche un pequeño Everest; tiene su aquél de montaña rusa.

Total que salvo el Bastión 32 y Honfleur, en esta primera parte del viaje… res de res.


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