6 mar 2013

DE UNA CAMPAÑA PARA LIMPIAR LA TV: CLEAN UP TV



No salgo de mi asombro. A estos del hígado se le ha acabado la casquería -la gruesa y la fina- y ahora me entran a trapo a cosas mayores. Y nadie clama; ni al Cielo.

Pues no que ayer tarde practicando zapping se me coló una ráfaga del “Sálvame” (T5) cuando sus muy iluminados colaboradores (intelectualmente muy inspirados, naturalmente) sentenciaban sobre aspectos y procederes de los miembros de la Familia Real, y sus particularidades, asegurando tener información de primera mano: “mis fuentes me aseguran…”. ¿Hay fuentes en las cloacas de aquél complejo?

¡Dios!, me borro de este país en el que parece que en la Casa Real hay quien filtra interioridades a unos personajes de nivel de portería de finca cutre del Madrid de los años sesenta. Pero ¿dónde vamos a ir a parar?

Hemos dado cancha a todas las heces de ese submundo y cuando parece que se les ha acabado su escoria, siguen vomitando sus rumores sobre todo y todos. Y lo más grave, veo esta mañana los índices de audiencia y me informo de los seguimientos, es que tienen su público. ¡Dios!, me borro de este país. Cierto que el rumor es la antesala de la noticia, pero hay cosas que no son ni noticia.

Ahora mismo reivindico la puesta en marcha de una campaña “Clean Up TV” como la que se puso en marcha en Gran Bretaña en 1963: ¡Limpiemos la televisión! Tenemos un precedente: Constance Mary Whitehouse (1910-2001) lo hizo en 1963… y aún sigue en pie en Gran Bretaña y otros países anglosajones.

Vale, pongámosla en marcha, pero sin el sesgo religioso que le puso la doña porque yo, de moral… ando ligeramente distraído. No estoy por comulgar con ruedas de molino. Por lo general, mi universo no es más ancho que las caderas de mi contraria, adoro mis cigarros y me desvivo por las múltiples posibilidades de la alquimia de los zumos de la cebada (refrescante agua de cebada, estimulante cerveza, reconfortante güisqui) y voy de mi corazón a sus trasuntos.

Mary Whitehouse en esto de la moral me ganaba. Y harta ya de estar harta en la Gran Bretaña de los sesenta de que por todos lados se pregonara el “amor libre”, de que el movimiento gay irrumpiera en la pequeña pantalla a todas horas, de que la droga estuviera en todas las noticias y en que cualquier payaso opinara -y lamento el calificativo pero es que… esos personajes, desde niño, me han sido revulsivos; más que risa un payaso siempre me ha dado miedo- de las cuestiones del día a día del país, Mary lanzó la campaña Clean Up TV a través del Manifiesto CUTV.

El Escándalo Profumo fue el detonante.

Christine Keeler. Foto: Lewis Morley
¿Se acuerdan?  Entre 1960 y 1963 Christine Keeler compartió ratitos de felicidad tanto con el ministro de Defensa del Reino Unido como con el agregado militar ruso en la embajada de Londres. Ella era así. Y los británicos tenían aún muy reciente lo de Philby, Blunt, Burgess y McLean… (los 5 de Cambridge; falta por saber quién en realidad fue el 5º hombre. Hay hasta un libro y una peli) que se habían pasado al otro bando.

Cuando se destapó el lío con la Keeler y “un rato tú y otro yo”, John Profumo tuvo que presentar la dimisión (murió en 2006 como Comandante del Imperio y Héroe Nacional; ¿?), Yevgeny Ivanov fue llamado a Moscú y… desapareció (se llevó consigo las alegrías que se quiso dar al cuerpo con la Keeler). Al celestino de la operación, el doctor Stephen Ward, “me lo suicidaron”. Harold McMillan presentó su dimisión como Primer ministro… y hasta hay quien dice que a la mismísima Isabel II le plantearon abdicar. (Coño, esto de abdicar no es de ahora). Hubo por en medio, en la misma olla (esta chica era un portento), un exnovio, Johnny Edgecombe, y un traficante de drogas jamaicano Lucky” Gordon, y noches de farra y alcohol. Por un lío de Edgecombe salió a relucir el nombre de Christine y un posado en la mítica silla Modelo 3107 (diseño de Arne Jacobsen) con fotos de Lewis Morley… y dieron con Profumo… y con Ivanov. Y ya está el lío: ¿qué no supieron los rusos de la defensa británica a través de Christine?

La chica, con el lío, se las piró pa España con tan mala suerte que como había aparecido en una foto del ABC (la chica estaba como un queso) el conserje del Hotel Bayren de Gandía la reconoció (en Benidorm hubiera pasado desapercibida) y avisó a la prensa. Y con la prensa llegó la Guardia Civil… y Cristine pa Londres… a hacer bolos televisivos… después de pasar 9 meses en la cárcel. Treinta y cinco años después, y si pasar por la cárcel, aprendieron a hacerlo las call girl’s españolas y el petardamen patrio. No, si Tómbola (1997-2004) inauguró un tsunami nefasto de casquería del tres al cuarto que se ha ido deteriorando en las televisiones de la piel de toro hasta esto de ahora.

Por cierto, durante años tuve el poster de la Keeler (en la silla Mod 3107), todo un icono sexual, colgado tras la puerta de mi leonera. Y se vino conmigo a la Universidad. ¿Dónde estará? Ven. Moral distraidilla.

Por cierto: el único que salió ganando fue Sir Alec Douglas-Home que se encontró con que le sirvieron en bandeja el 10 de Downing Street.   

Bueno, pues el caso es que con la Keeler haciendo bolos por el Reino Unido Mary Whitehouse lanza su Manifiesto CUTV y en un par de años crea la Asociación Nacional de Espectadores y Oyentes (NVLA) amparada en el conservadurismo social que fue dando caña a estos programas.

Yo no pido tanto; sólo que estos parásitos opinadores hablen de su mundo; del mundo del menudillo y las vísceras. No del mío.

La verdad es que -de antemano les digo- me temo el fracaso de mi iniciativa. No creo que ni me apoyen los de Intereconomía; ni los de 13TV (Conferencia Episcopal a los mandos). No dispongo de un apoyo como lo fue para ella el Grupo Oxford, de dónde salió Rearme Moral (MRA). Me daría con un canto en los dientes (y luego necesitaría una buena ortodoncia) con que esto hiciera reflexionar a más de uno: a dos.

Mary consiguió la dimisión de Sir Hugh Green, director general de la BBC. Ese tipo de programas se erradicó de las parrillas británicas durante la década de los setenta. Y la farándula atacó inmisericordemente a la señora Whitehouse. Yo supe de ella en mi etapa musiquera escuchando Pigs (Three different Ones) de Pink Floid. ¿Quién es Mary Whitehouse? Y supe de Clean Up TV.

El propio Hugh Green la retrató e su libro The Third Floor Front. A view of Broadcastig in the Sixties (1969) un documento imprescindible para entender los cambios en los Medios de Comunicación y la TV en aquellos años. La BBC (por la BBC2; que una cosa es ser bueno y otra tonto) le dedicó un docudrama poniendo algunas de las cosas en su sitio: reconociendo algunos de sus logros y dando cancha suelta a las cosas su activismo moral. Poco escapó a su ira. Por favor: en Filth: The Mary Whitehouse History traduzcan ese “filth” como “inmundicia” mejor que como “mierda”. La señora Whitehouse se lo agradecerá.

Clean Up TV, a la muerte de Mary Whitehouse en 2001 se transformó en Media Watch-UK y sigue su labor… intentado limpiar la TV… con resultado harto improbable de rozar el éxito. Pero ahí están.

Y nosotros aquí.



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