27 jun. 2013

DE LAS SMART CITIES… (REFLEXIÓN ANTE LOS NUEVOS USOS DE LOS “OPINÓMETROS” DE ESTE PUEBLO)


Lo del nombre -Smart City- está aún en proceso de definición; se trata de ciudades con infraestructuras lo suficientemente inteligentes como para hacerlas más “sostenibles” y eficientes en todos los campos. No sólo es utilizar la tecnología para mejorar los servicios, sino utilizar la tecnología para un más útil uso de sus recursos, y de la energía, en pos de una mejor calidad de vida. En las Smart Cities las TIC son fundamentales, y la actual situación de crisis (económica y, en muchas casos, de valores) ha motivado una imperiosa necesidad de eficiencia, lo que ha originado, o acelerado, el proceso en muchas de las ciudades que se apuntaron a ello. Ahorrar dinero era la meta, y la situación se ha aliado con el proceso. Dicen que estamos ante la 3ª Revolución Industrial[1].

En esto de las Smart Cities la ciudad debe ser sostenible económica y medioambientalmente. El mayor consumo energético del planeta se concentra hoy en día en las ciudades (en las fabriles, mucho más) y hacia ellas se dirige la producción agropecuaria de un agro cada vez más despoblado que también necesita de eficiencia. Y las ciudades generan cada vez más residuos y se hace cada vez más necesaria una gobernanza eficaz y eficiente en lo económico. El concepto Smart City implica a todo tipo de servicios que preste una ciudad desde una óptica inteligente, lo que exige un gobierno municipal inteligente… y tal como tenemos el concepto sobre la mayoría de nuestros políticos pues… nos aflora la versión moderna de la vieja cuestión aquella que aseguraba que era un anacronismo lo de Inteligencia Militar. Ahora, Gobierno Inteligente...

La clave es aportar inteligencia a las funciones, corregir disfunciones; monitorizar todos los aspectos posibles sobre las puntuales necesidades de las ciudades para tomar mejores decisiones sobre la gestión de su funcionamiento.

Ahora, como en este proceso el papel de las personas es fundamental… y las personas son activas, solidarias y participativas, pues suele salir la cosa bien aliándose con las TIC, y mucha voluntad.

He participado hoy en un debate radiofónico y las intervenciones me ha hecho reflexionar sobre la cuestión de la implicación de las administraciones públicas en nuevos procesos para un futuro mejor. Y, lo mejor: en la “servecita” posterior ha salido el tema de los “opinómetros” y su reciclaje hasta conectarlos con la estructura de una Smart City… (¿¿??).  

Vale, bueno que es hora de ponerse las pilas y dibujar, al menos, una Hoja de Ruta y en el concepto de Smart City entra todo, y como todo está ahora alterado, considero, sería un buen momento para acometer el cambio de tendencia; hay que cambiar los modelos de gestión. Podemos definir uno nuevo (o una variación más eficiente del existente), parir medidas posibles y, cómo no, llevarlas a cabo.

Ahora, con los viejos equipos para recoger la opinión ciudadana (opinómetros) adquiridos al amparo del puñetero Plan E y que ni sirvieron ni sirven para nada, no se entra en el concepto de Smart City por mucho que se hable con IBM. Por cierto, para añadir una guinda, el alcalde y su equipo de gobierno van a echar pie a tierra y patearse la ciudad para hablar con los vecinos cara a cara… lo más ideal para el concepto Smart City.

Indudablemente, hay que revisar el actual marco de prestación de todo tipo de servicios: hay que pasar del contrato por servicios movilizados al de nivel de servicios. Por ejemplo, y vuelvo a lo del reciclaje y los contenedores de la vía pública que ya señalé días atrás: pasar de la recogida X días a la semana a la recogida cuando se necesite. Y para ello se dota de un sensor al contenedor… y no damos esa imagen de negligencia y abandono. Es preciso implementar medidas de este tipo y, lo más importante, analizar y evaluar la aventura del nuevo modo de proceder.

El mayor acercamiento de Benidorm a este proceso de Smart Cities (salvo en cervecero comentario sobre los opinómetros) fue cuando se presentó el desarrollo de Mundo QR para identificar a enfermos de demencia senil y Alzheimer (2012)… y desde entonces, nada. Y mira que hay campo. En el XV Foro Internacional de Turismo (2011) alguno de los ponentes ya dejó caer la cosa… pero no iba con ninguno de los asistentes.

No confío en el colectivismo, ni en las ideas de quienes lo promueven; tampoco en ciertos movimientos vecinales, pero sí en los laboratorios urbanos (Urban Labs, que llaman los expertos) por aquellos de la inteligencia colectiva que potencia la optimización de servicios. Porque los políticos son sólo eso: políticos. Y los ciudadanos, si se implican, son (somos) geniales.

Pero, ahora que lo pienso: quiero dejar constancia de que considero muy a las claras que las Smart Cities no son la panacea universal. Ya me estoy viendo a quienes confunden “listo” con “espabilao”.






[1] 1ª Revolución Industrial: de mediados del XVIII a principios del XIX. Se inicia en Gran Bretaña y se para, abruptamente, con la crisis de 1873. La 2ª Revolución Industrial se desarrolla entre 1875 y 1914. La es la del Siglo XXI, la de las NNTT

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