16 jun. 2013

DE VINOS Y OTROS MENESTERES... CON NACHO COTERÓN


Nacho Coterón es el que más sabe de vinos & Co. a este lado del Monnegre (y al otro lado también) que es como llaman al río Seco más arriba de la Huerta de Alicante y de El Campello, que es donde mora este madrileño bien que un día dejó plantada a una empresa farmacéutica para dedicarse a esto de los vinos de todo tipo… y todo tipo de bebidas y comidas.

Un poco “ovejo” negro, Coterón hace gravitar su vida en torno a su pasión por esa arista sibarita que tiene, exhibe y pule (y afila) hasta parecerse más a un bisturí, que disecciona terruños, bodegas, añadas y “cosas” que acompañar.

Llegó a Alicante hace 25 años y le apasiona la sumillería, todo un arte.

Está convencido de que “hace lo que le divierte” y lo hace con tanta pasión que abruma. Es una locomotora, tipo Big Boy, y en cuanto le ponen las vías larga millas a una velocidad de escándalo. El bueno de Vicente Hipólito (un amigo; una institución en Radio Alicante-SER) le pide que se relaje y module, pero él sigue: va a 311 voltios cuando los demás vamos a 220.

Llevo algún tiempo suscrito a su boletín (el sumiller) que, la verdad, con 80 páginas ya representa un tochito aceptable, y me encanta porque cada número te ofrece algo nuevo e interesante que te suma a esa legión de seguidores que ya tiene.

Tertulianos en tertulia.
Fotos: Mario Ayús
En “Los Cafés del Meliá” marchó a su frenético ritmo descorchando ideas, sugerencias, recomendaciones y sentencias: “un viticultor busca calidad; un agricultor, producción”. Criticó el desconocimiento superlativo y la estulta prepotencia que caracteriza a muchos de los que se meten en el negocio del vino, la restauración, o “las copas”. 
Nos explicó cómo se prepara un gin-tónic que en nada se parece a esas cosas que nos suelen servir donde el carbónico lucha contra el ácido, la cucharilla mata la combinación, o estos de última moda en donde te pasas la noche escupiendo “botánicos” (yo, al menos) que le han echado al gin-tónic para “reforzar” no sé qué estúpida sensación organoléptica. Yo me quejo: parecen una sopa de restaurante chino más que un trago largo.

Lamentó Corterón el esnobismo de muchos y criticó la falta de confianza que por lo general tenemos, y muchos del negocio de la restauración exhiben, sobre los vinos de la DO Alicante. “Hay que creer en ellos”, y puso algunas maravillas como ejemplos… que yo me reservo. Ir a su güeb y enteraros.

Reclamó una cultura de vino -que no tenemos por aquí- y que en nuestros restaurantes y bares se ofrezcan “vinos de Alicante”, en vez de tanto “Riojita”, que haberlos haylos, y “güenísimos”.

Hicimos campaña por el Fondillón, el gran vino alicantino del que hablaron Shakespeare, Saint Simon, Defoe, Townsend, Dumas, Salgari, Dostoyevski…, y señaló que excelente en calidad y precio tenemos en el de Bodegas Alejandro Pérez (monóvar), o en el fuera de serie de Brotóns (Pinoso) que comercializa ahora el de 1964 (y el de 1970) y aún tiene botellas de 1925. El Fondillón (el bueno) debería estar en los altares: 200 barriles embarcó (con un coste superior al de las armas) la expedición de Magallanes en agosto de 1519… y fue el primer vino en dar la vuelta al mundo. Y por cierto, cuenta Martínez Moñino, en su libro de cocina publicado en 1617 que hasta al Hasekura Tsunenaga este de la Embajada Keicho (de la que estamos en el 400 Aniversario -príncipe japonés incluido-) le sirvieron fondillón alicantino.

Hablamos tanto y de tanto que… me remito nuevamente a su boletín y a su web porque para saber más, hay que estar al tanto de todo. Por ejemplo: “Ya ni el brandy es tal, ¡¡le han bajado la graduación!!”. Rediez, eso no lo sabía yo.

Amenizamos “Los Cafés del Meliá” con un Fondillón (Solera de 1948) de Primitivo Quiles que estaba “muerto”, y mira que lo sentimos, y un “Dolç de Mendoza” (2007) que quitó penas. Tenía también preparado un cava rosado, de no sé quién, al que no hicimos ni caso, pero que tenía buena pinta. Una lástima lo del Fondillón, con lo que aprovechó Coterón para reclamar el cuidado del vino, e incluso una cristalería en consonancia: “el cristal, su calidad y… tamaño, forma, transparencia y grosor”. Nacho Coterón reivindica “el parámetro de calidad siempre” e incluso recomendó una Guía de Vinos de Supermercado, asequibles; que los hay.

En fin, una excelente tarde en el Meliá con un buen amigo y profesional; un logro más de “Los Cafés del Meliá”.




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