7 oct 2014

DE MANIPULAR EL CLIMA (III)


Ayer, tal vez, debí señalar (no quería extenderme mucho; como hoy) que Borisov terminó por publicar un libro -en 1973 (“Can Man Change The Climate?” /“¿Puede el hombre cambiar el clima?”)- tras haberse pasado toda una década machacando la cosa con artículos en prensa sobre su idea (calentar el Ártico) que no se ponía en marcha. Borisov, supimos entonces, quería reemplazar los 61 primeros metros de la masa de agua marina ártica (fría) por aguas más cálidas, con lo que el Ártico perdería, así, su manto helado. Su inspiración, en 1958, llegó, como dijimos (pero poco) de la mano del libro publicado en 1956Soviet Electric Power: Developments & Propsect” -traducido en Iberoamérica como “La energía del país soviético: proyectos de futuro” (1957)- del climatólogo Arkadii B. Markin, decidido partidario de energía atómica… de las bombas atómicas para lograrlo.

Y señalado esto, aún debo recordar (de 1956) el arrecife propuesto por los soviéticos en el Estrecho de Tartaria (entre la Isla de Sajalin y el continente, por su punto más estrecho). En realidad el arrecife se pensó construir en lo que se llamó a nivelk muy local Estrecho de Nevelskoi por donde incluso pensaban construir un túnel submarino que a la muerte de Stalin se olvidó. Entonces comenzaron los estudios para un el arrecife artificial de 25 km de longitud que impediría, desviando la corriente de Kuroshio, que el mar de Ojotsk se congelara en invierno y posibilitar la actividad portuaria y comercial en la zona. Quedó en nada, pero japoneses y norteamericanos siguieron muy de cerca el proyecto.

Destacado esto, ya podemos movernos por la década de los 60 en esto de manipular el clima. Y la cosa comenzó en esa década con una conferencia internacional una vez que los norteamericanos lanzaron los satélites de la Misión TIROS (Tv Infra-Red Observation Satellite; Satélite de Obsevación por TV e Infrarrojos) desde lo que entonces era el Centro de Pruebas de Misiles de la Fuerza Aérea de los EE.UU. en Cabo Cañaveral, Florida: TIROS-1, el 1º de abril de 1960, y el TIROS-2, el 11 de noviembre de ese mismo año; al que seguirían otros. La NASA quería demostrar que los satélites podían ser útiles para el estudio del planeta Tierra. El principal objetivo del TIROS-1 era averiguar la capacidad de alertar y evacuar a la población costera frente a la llegada de un huracán. El segundo objetivo, básico en toda la misión, era la capacidad de previsión del tiempo y el desarrollo de  pronósticos meteorológicos precisos a partir de datos conseguidos desde el espacio.

Todo este proceso de la Misión TIROS arrancó en 1954 cuando la Oficina Meteorológica de la Armada, el Servicio Meteorológico de la Fuerza Aérea, el Gabinete de Estudios Avanzados del MIT y el Departamento de Climatología de la Universidad de Chicago conforman la Unidad Mixta de Predicción del Tiempo que con un computador IMB Mod. 701 que procesaba los datos conseguido por el primer radar meteorológico (AN/CPS-9) que no paraba de volar en aviones al efecto. En 1956, ante los buenos resultados, el US Weather Bureau inicia el Programa de Investigación de Huracanes, una iniciativa básica para su estudio que sigue operativa.

Las iniciativas norteamericanas referidas hasta ahora, en sí, sólo tenían base científica pero ante los datos de la Misión TIROS se programa la “Skyline Conference” (cuyas resoluciones se publicaron en su día) y se invita a meteorólogos de 21 países a estudiar estos datos y a atender la posibilidad de modificaciones del clima.

De inmediato (1961) y paralelamente, el estamento militar puso en marcha los programas Skyfire[1] y Stormfury[2] con la intención de aprender a controlar los rayos y manipular las tormentas; también el Programa Skywatcher para sembrar nubes y provocar la lluvia, aunque más de uno lo mezcla, con el tiempo, con los chemstrail… lo que complica la cosa y da entrada a los conspiranoicos.

Y se complica mucho el tema con Harry Wexler, un doctor en Meteorología por el MIT que estudiando las siembras de nubes con iones de cloro y bromo llega hasta la capa de Ozono y su destrucción, con lo que empieza a sembrar dudas del procedimiento. Cuando anuncia su conferencia “El clima de la Tierra y su modificación” en la Universidad de Maryland… va y, de repente, se muere de un ataque al corazón, iniciando un episodio de extraños acontecimientos cuando se tratan estos temas.

Y la verdad es que extrañó mucho la muerte de Wexler porque se había destacado con diversas propuestas para calentar el Ártico y en criterios para la modificación artificial del clima trabajando para el Departamento de Defensa de los EE.UU. ¿Fueron los rusos?; ¿lo hicieron los propios norteamericanos?, ¿entre todos lo mataron y él sólo se murió?

El 19 de julio de 1963 la Misión TIROS consigue poner en órbita su séptimo satélite (TIROS-7) que ya es capaz de transmitir automáticamente imágenes que se suministran a 100 países y mientras tanto siguen produciéndose intentos de manipular el clima gracias a todas las nuevas informaciones que van proporcionando los satélites, y en 1966 se pone en marcha, en los EE.UU. el Programa Nacional de Modificación del Clima reconociéndose, por primera vez por parte de los EEUU (que había programas similares en la URSS y en Inglaterra), que se trabaja en ello. Así, desde el Interdepartmental Committee for Atmospheric Sciences (ICAS) se harán públicas las ideas de los militares norteamericanos para modificar puntualmente el clima… que no pasaban, al menos las hechas públicas, de intentar que lloviera; todo lo demás eran entelequias. Sólo ese año, el Gobierno norteamericano gastó 7 millones de dólares en acciones no secretas de inducción a la lluvia y, aseguran, modificaciones climáticas (¿?) puntuales. ¿Los resultados? Pues…

Cuando la Guerra de Vietnam la cosa se desmadró con la Operación Popeye, Motorpool y otras similares. Se intentó prolongar la acción de los monzones (lluvias) sobre la llamada “Ruta Ho Chi-Minh” (en Laos y Camboya; incluso en Vietnam). El 54º WRS (Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico)[3] se encargó de la misión y las pruebas realizadas en octubre de 1966 consiguieron una efectividad del 82%, con lo que las acciones militaron se orquestaron desde el 20 de mayo de 1967 (de marzo a noviembre) hasta el 5 de julio de 1972. Cuando la prensa destapó la operación “secreta” en 1973, los militares norteamericanos argumentaron una eficacia de solo el 5%, siendo esa la causa, dijeron, de haberla cancelado.

En 1968 se publicaron los informes “Hacia el 2018” y “Hacia el 2015”… y ya se organizó el pitote de los seguidores de las conspiraciones. Unos no queriendo informar (generalmente, los gobiernos implicados en operaciones de geoingeniería) y otros lanzando todo tipo de elucubraciones sobre lo que los primeros estaban intentando hacer.

En los 60 se pusieron las bases para la geoingeniería y la modificación climática y estallaron las elucubraciones sobre este tema. ¿Será verdad, será mentira?









[1] Iniciado por el US Forest Office para evitarlos y reacondicionado por US Army para dirigirlos.
[2] Desarrollado íntegramente por el Departamento de Defensa para poder controlar los huracanes y  abandonado en 1958 sin resultados concluyentes. Aún así fue aplicado por los canadienses hasta 1983.
[3] Basada en la Isla de Guam (en el Pacífico), Base Andersen. Inactivado en 1987. Al final, el lema de la escuadrilla terminó siendo “Make mud, not war” (“hacemos barro, no la guerra”). Su misión inicial era la de investigar huracanes y tifones; hizo de todo.

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