16 dic. 2014

DE ATÚN, ALMADRABAS Y SUS CAPITANES. UN LIBRO DE ÁNGELES RUIZ


Conocí a Ángeles RuizGarcía a través de Carles Llorca Baus. Carles era uno de los nuestros; era de la AAPET. Un buen día, sin más, Carles nos dejó. Llevábamos una temporadita en que raro era el día que no nos saludábamos y brevemente charlábamos en el tránsito entre el parking y los Institutos Universitarios de de la UA. Y, de repente, no nos vimos más. Pero nos quedaron sus libros e investigaciones.

Y en esa línea, ampliándola y yendo a más, mucho más, está Ángeles Ruiz García, la gaditana que compartió con él tantas cosas y que sigue ahí en la brecha como líder indiscutible de los periodistas gastronómicos de la Comunitat Valenciana: 20 libros e infinidad de artículos y trabajos donde la gastronomía y las cosas de La Terreta, aunque hay cositas de este largo territorio, campan por sus fueros.

Ayer, sin más, el Ayuntamiento de Benidorm, con llenazo de bandera, fue el marco de la presentación de su último trabajo: “De atún, almadrabas y sus capitanes”.

En este blog, desde 2010, hemos dado cancha a las cuestiones de la almadraba y de Benidorm; porque es casi increíble que en la patria chica de los más afamados arráeces de almadraba de todos los tiempos, la historia marinera de ellos esté, a flor de piel, olvidada. Puede que sepultada por una pátina de descuido. Ayer mismo, Jaume Climent -un viejo amigo- me decía que aún resonaban en sus oídos aquellas voces de mocedad que cada mañana oía: nombre de la almadraba y número de capturas. Era hacerse el Paseo de la Carretera y saber cómo le había ido a las gentes de Benidorm el día anterior en las almadrabas del Estrecho, principalmente. Llegaban los escuetos telegramas y de voz en voz los cantaban; el pueblo entero se enteraba, porque el que no estaba en una estaba en la otra.

Ayer, Ángeles Ruiz se dejó la mano firmando libros. La almadraba toca la fibra sensible de las gentes de Benidorm; hay tanto poso en sus casas y calles. La historia de Benidorm, una moderna historia de mujeres, no se puede entender sin aquellos hombres en la mar y ellas haciendo Benidorm a golpe de templanza. La toponimia local o los nombres de algunos veteranos hoteles llevan su carga de almadraba: el Agir sigue evocando la almadraba de Agadir.

Me impacto, al llegar al Ayuntamiento, el rótulo de la pantalla que presidía el Salón de Actos: “De atún, almadraba y sus capitanes” y “Ángeles García Ruiz”. Pero había algo más, una frase rotunda que definía perfectamente Benidorm y la temporada de la almadraba: “En memoria de los marinos de Benidorm que al zarpar metían su corazón en salazón para soportar la ausencia”. Más verdad que Dios; la temporada era larga y los de Benidorm dominaban todas las almadrabas del Mediterráneo y las bocas atlánticas de Europa y África, comenzaba a marchar nada más apuntar la flor del almendro para preparar la almadraba de paso… y hasta el cachondeo de finales de octubre, hasta que terminaban de faenar la almadraba de retorno y la levantaban, no volvían los últimos.

Yo que también he desarrollado un trabajo sobre la Almadraba, desde el ámbito de la Geografía, celebro la labor de investigación y contactos de Ángeles Ruiz García; como la de hablar con los hermanos Zaragoza que abren una larga lista de ilustres apellidos benidormeros ligados a la almadraba y de tantos y tantas benidormeros más. Es que Benidorm se prendó del atún, tanto del atún de paso como el de retorno, sin siquiera poseerlos en abundancia, y Ángeles la ha sabido reflejar. ¿Y las sagas familiares?, ¿los Tudela, los Xarrina, los Barceló, los Orts,, los Bayona, los Beches, los Besó, , los Maripepa, los Garullo, los La Sal, los Furier, los Zaragoza, los Candelaria…? Tantos y tantos hombres; tantos y tantos oficios: arráez, sotarráez, tercero… copejadores, varillas, almóceros, peteros, almokaenes, armadores, ronqueadores, arráeces cristianos, brebiones, cuchillas, escribanos, mandones, miradores, remeros, saladores, torreros, veedores y vigilantes; hasta tunantes y ventureros. La almadraba es grande, muy grande.

Para la presentación del libro, prologado por el chef Ángel León (del laureado Rte. A Poniente, el que se puso la mar por montera, y de Top Chef), acudió Susi Díaz (del no menos laureado e ilicitano La Finca y de Top Chef), que elogió el nivel gastronómico del Benidorm que acababa de descubrir; Vicente Leal, cuarta generación de salazoneros alicantinos y José Zaragoza Casamayor, con sangre almadrabera y un sentido elogio: “Ángeles no se ha quedado en los relatos de segunda boca y ha ido a la fuente original”. ¡Bien!

Para reforzar su aserto José Zaragoza no dudó en referirse a un célebre del folletín decimonónico que ahora ya nadie recuerda, y criticó que la almadraba fuera “una palabra que apenas se oye en Benidorm” aunque fue “el apaño de muchas familias y el paño de lágrimas de todos en Benidorm”.

Y Ángeles glosó su trabajo, de este trabajo, que es “un viaje personal” al epicentro del mundo de la almadraba. Se lamentó, como tantas veces lo hago yo, de que ahora ya sólo queden 4 almadrabas funcionando en España. Ella, gaditana, nació, contó, en una casa que se asienta sobre una vieja factoría fenicia; y allí siguen excavando, como ella ha excavado en los recuerdos de mucha gente, muchos de Benidorm, para sacar a la luz buenas pinceladas de una historia casi olvidada -la de Benidorm y la almadraba- que es la historia también de toda la provincia de Alicante; historias de hombres, de cáñamo y esparto, y de sal: sangre y sudor. ¿Dónde no hay un pal, un amerador, una cala de la almadraba?

Me he devorado el libro en una noche; se deja leer. He disfrutado mucho; es abundar en lo que sé, conocer nuevas pinceladas y estar a la última, con el fattening (engordar). Yo me quedó en proyectos de investigación de 2009 y cuando escribí aún operaban 8 almadrabas; con Ángeles sólo operan cuatro. La almadraba no puede morir.

La Almadraba no se puede perder; y menos olvidar. Es historia de Benidorm aunque la calen lejos, muy lejos. Una vez hubimos de cambiar hasta la fecha de celebración de las fiestas patronales porque los hombres de aquí aún estaban en la almadraba.

Bueno, y el colofón a la presentación del libro fue sensacional. Una decena de establecimientos ofrecieron un detalle de cocina con atún, desde el sangatxo al taco, pasando por la mojama de atún. Yo tuve que conformarme, en su día, con un arroz con atún y alcachofas, que no estaba nada mal.

Ofició de maestra de ceremonias la concejal de Turismo, Gema Amor, y cerró el acto el alcalde, Agustín Navarro.

“De atún, almadrabas y sus capitanes”, de la colección Cuadernos de Bitácora gastronómicos.

Enhorabuena, Ángeles: sencillo, ameno, documentado y que llega. Sana envidia. Y sí Ángeles; también a Carlos, allá donde esté navegando.




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