14 ago. 2017

DEL TURISMO EN UNA TARDE DE DOMINGO






Tal vez parezca muy simple, incluso ramplón, comparar el Turismo con el Fútbol, pero es que hay categorías, divisiones, aficionados, profesionales… y hasta ultras; y en cada división siempre los hay arriba de la tabla, como líderes (y no miro a nadie) y colistas (tampoco miro a nadie) que en ocasiones descienden. Si queremos complicarlo un poquito, me atrevo a comparar también el Turismo con la Química y las reacciones, la combinación de reactivos para formar productos a una determinada velocidad. Es un mundo igual de complejo en que un mal manejo resulta explosivo. A mí me lo parece así, y… así lo cuento.



Cuando en el seno de la FEPET (Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo) debatíamos temas de Turismo y Viajes yo llegaba a la desesperación cuando el análisis era defendido desde Segovia, Verín, Zamora, Bilbao, Palma de Mallorca, Madrid, Barcelona, Gijón o Matalascañas… distintos puntos de vista, en nada coincidentes con los míos, y con premisas dalinianas. No, no entendemos el turismo de igual forma; que esa es otra.



Pero es que hasta en la estructura primaria de nuestra organización, disentía ya con los compañeros de Valencia y Castellón. Incluso en la estructura elemental, dentro de la provincia de Alicante -nuestra Asociación era la única uniprovincial- no coincidíamos Alcoy, Elche, Santa Pola, Torrevieja, Denia y Benidorm. No, no vemos las cosas igual o yo sufro de un integrismo nada recomendable. Sí, hay Turismo de playa, de ciudad, cultural, gastronómico… hay tantas formas de Turismo como opciones y posibilidades queramos aplicarle y el único denominador común es el nombre -Turismo- porque cada apellido lleva aparejado sus problemas y vicisitudes. Y cuando hablamos de Turismo, simplificamos al máximo; se caen los apellidos.



Cada uno entiende esto del Turismo en función de la afección que le supone. Muchos de nosotros mismos no sabemos bien -es mi opinión- en qué grado nos impacta el Turismo. No, ni siquiera si es la principal fuente de prosperidad y el nivel de afección que tenemos con él. Esto está en función de dónde vivamos y lo implicados que estemos con él. Creo, sinceramente, que no nos llegamos a dar cuenta de lo que representa el Turismo -me da lo mismo que vivamos en Astorga o en Burriana- y de lo mucho que incide el Turismo en nuestro bolsillo. Tal vez por eso, yo -tan primitivo y montaraz como soy- lo único que veo es que si el Turismo se convierte (se ha convertido) en un problema es porque no se ha sabido explicar -ni valorar- y porque una mala gestión administrativa lo ha ocasionado. No se ha sabido explicar lo que supone el Turismo en nuestras vidas y no se ha sabido valorar lo que representa el Turismo en nuestra economía y, finalmente, no se ha sabido gestionar lo que representa el Turismo en nuestra sociedad y en determinadas ciudades, espacios y productos.



Además, hay un elemento en la ecuación del Turismo que me preocupa: la vida cotidiana. Es fundamental que sea tenida en cuenta la vida cotidiana de las personas que habitan los lugares porque un desequilibrio en la reacción turismo-ciudadanía da al traste con el producto final en Barcelona o en Benidorm. Cómo en química, la reacción puede estar ligeramente desplazada, pero no más; deben seguir produciéndose reactivos y productos en función de la constante de equilibrio y cierta velocidad. De lo contrario la reacción no se produce. La vida cotidiana, en consecuencia, bien pudo haber languidecido o se recuperó con el turismo; la vida cotidiana resulta siempre alterada por el impacto del turismo. O bien, o mal. La vida cotidiana es fundamental que sea tenida en cuenta para varias generaciones, previas y posteriores. Unos lo han intentado; muchos lo han obviado.



La funcionalidad de los espacios habitados es otro factor determinante; algo que, por lo general, pasamos por alto en ciudades nuevas y ciudades viejas. Las funciones son las que justifican el lugar. La función militar se ha perdido en casi todos los enclaves; Cartagena es puerto de cruceros. Incluso la función industrial se ha diluido en este mundo de globalización. Ahora priman las funciones administrativas, educativas y culturales, comerciales y, más modernamente, las funciones de acogida. Estas no las teníamos muy claras y son las de alojamiento, diversión y recreo. Ahí va: funciones de acogida. Conjuntar funcionalidades es lo más interesante, pero lo más delicado. Vuelve a surgir la necesidad del equilibrio en la reacción química y la importancia de la vida cotidiana.



Hay que habitar la ciudad y disfrutarla cotidianamente. La cotidianidad, la sociabilidad, es, a fin de cuentas, el modo de vida de los individuos, y sobre la vida cotidiana de los ciudadanos impacta el Turismo. Lo cotidiano es lo que nos identifica. Vale, pueden ser rutinas compartidas; pero marcan un proceso que se nos acomoda y nos dirige hacia un futuro apacible -incluso en la mediocridad- que puede llegar a ser alterado por hechos inusuales a esas rutinas: el ocio ajeno. Esas rutinas, nuestras rutinas, nos gustan porque son las nuestras; nos hemos acostumbrado a ellas y las hemos integrado como partes de nuestra vida. Y si se rompe el equilibrio de la reacción llegamos a procesos de exclusión. Las disfunciones, si las hay -¡hay que cosas escribo!-, afectan a la vida cotidiana y rompen la convivencia. Hay que evitarlas.



¿A quién corresponde que esos procesos no se distorsionen? Pues en la química a la IUPAC y en el Fútbol… ahí lo tengo tan difícil como en la vida real. Y no es por el fenecido Villarato o por las cositas de Blatter en la FIFA. Evitarlo es labor de la Administración. Si es que las ciudades tienen como mínimo un Plan de Usos.



Los beneficios del turismo, que los tiene, tienen que hacerse visibles. El problema surge muchas veces cuando el ciudadano sólo percibe los inconvenientes y problemas, que también los tiene.



El Turismo no debe ser un problema. Todos coincidimos en que precisa un cambio en la gestión del proceso, pero también necesitamos que valoremos más lo que es y representa el Turismo. No sé -creo que sí-, pero echarle toda la culpa al Capitalismo y a la Economía de mercado limita la visión del problema y reduce el margen de solución porque la cuestión es muy amplia y son múltiples los factores. Y necesita una solución porque llevamos años reclamándola. Ya es hora.



Lo cierto es que tenemos que actuar. Si de toros entienden las vacas y no los toreros, de Turismo entienden los que hacen turismo y los que reciben a los que hacen Turismo y los atienden. Entendemos un rato (algunos, como yo, decimos que algo se nos pegará de estar cerca de los que entienden) y por ello merecemos que se nos tenga en cuenta cuando opinamos. Hay que arreglar esto y no darle argumentos a gente como Fritz Joussen, el consejero delegado de TUI, que ya ha dicho, porque le interesa mover otros destinos, que estamos muy llenos. El Turismo son puestos de trabajo e ingresos económicos. Podemos diseccionar la cuestión en otra entrega, otros Post, pero esa es una premisa que no podemos olvidar.



Dejar descansar a los cerebros y poner en marcha a los fanáticos, que le leí a Ángel Palomino, no nos lleva a nada bueno. El turismo ha sido, y es, nuestra fuerza modernizadora. El británico Mike Raven -que en realidad se llamaba Austin Churton Fairman-, un gurú de la música en los sesenta y con criterio a través de las ondas, dijo aquello de “Puede que no todo sean rosas en el jardín, pero España es un jardín”.



¿Oído, cocina?










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