9 jul 2023

DE SOSTENIBILIDAD, DESDE BENIDORM

  

Estaba mucho tiempo sin agarrar la pluma y este domingo que se acaba ya me brinda la oportunidad de hacerlo mientras mitigo el previo de la canícula[1] -que va de virgen de julio (del Carmen) a virgen de agosto (de la Asunción) [16 de julio al 15 de agosto]- a golpe de hipocrás y me pesa no haberles contado que ayer 8 de julio -y cada 8 de julio- a las 11:15 UTC (13’15 de Benidorm), más del 90% de la población mundial es iluminado al mismo tiempo por el Sol; es de día, simultáneamente en toda Rusia y mira que es grande (y larga). Igualmente, hay luz solar en países ubicados en sitios opuestos del mapa, como son Chile y Japón. Cierto es que un porcentaje importante está en zona crepuscular, pero de día es. Casi todas las áreas más pobladas del mundo reciben algo de luz solar en el momento en cuestión, pero no de manera directa ciertas áreas del continente americano, la Antártida y Oceanía. La afirmación es técnicamente cierta si toma en cuenta las áreas crepusculares, sin importar que tan tenue sea la iluminación[2]. El fenómeno se repite cada año en la misma fecha, a la misma hora.



Y como quería hablar de sostenibilidad, hasta donde yo sé, que puede ser que no se sepa nada y me las de, llevamos la tira de tiempo hablando de sostenibilidad como papagayos. Como escribo desde Benidorm, aquí lo teníamos claro desde los años cincuenta del siglo XX -especialmente desde 1963- y luego hemos sabido que el mundo balbuceaba la palabra y el concepto sostenibilidad al mismo compás de nacer como ciudad-destino turístico.

Y ya puesto, saco a pasear que, en los inicios de la Edad Moderna, allá por el siglo XVIII, ya existía una corriente económica, la fisiocracia[3] (gobierno de la naturaleza), que introdujo las primeras nociones de sostenibilidad en el crecimiento económico… que bien pronto olvidamos.

Aquella doctrina queda resumida en la expresión laissez faire, dejar hacer, en oposición a la intervención del Estado en la economía, defendiendo el libre mercado de entonces

Sostenibilidad y turismo; perfecta combinación. Insisto: escribo desde Benidorm y aquí combinamos bien ambas cuestiones, pero voy a pinchar la cuestión del turismo sostenible porque llevamos de cháchara con el tema desde 1988: ¡35 años ya! En aquel año, la Organización Mundial del Turismo (WTO/OMT) comenzó a dar la vara con su definición para inculcarlo en el concepto genérico de apellidos en la gran familia del turismo y así dijo que era aquel “que conduce a la gestión de todos los recursos de tal forma que permita satisfacer las necesidades económicas, sociales y estéticas, manteniendo la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas que apoyan la vida”.

Es que, recuerden que -que yo recuerdo- veníamos del Informe Bruntland (1987)[4], que había introducido en el mundo el concepto de sostenibilidad con aquello del desarrollo sostenible -“desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades[5]- y esta Disneylandia que habitamos era muy bonita. Surgía, oficialmente, la conciencia medioambiental y había que estar dando la vara con esto.

Entonces, aquello de dar un uso óptimo a los recursos medioambientales manteniendo los procesos ecológicos esenciales y ayudando a conservar los recursos naturales y la diversidad biológica; respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas, conservar sus activos culturales y arquitectónicos y sus valores tradicionales, y contribuir al entendimiento y la tolerancia intercultural; y asegurar unas actividades económicas viables a largo plazo, que reporten a todos los agentes unos beneficios socioeconómicos bien distribuidos, entre los que se cuenten oportunidades de empleo estable y de obtención de ingresos y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, y que contribuyan a la reducción de la pobreza se convirtió en la Hoja de ruta de la progresía mundial enervando las conciencias medioambientales. Que está muy bien que ocurriera.

El mundo comenzó a tomar conciencia de que como sociedad global teníamos que tomar un camino porque estábamos destruyendo el Medio Ambiente -por un lado- y dejando a cada vez más gente en la vulnerabilidad, antesala de la pobreza. Eso de que los ‘países pobres’ debían seguir el camino de los ‘países ricos’ para ser ellos también ‘países ricos’ estaba llevando el planeta al caos de supervivencia y por eso se pusieron unos cuantos de acuerdo en señalar que no había más tutía que asegurar las necesidades básicas de salud, educación y vivienda; la seguridad alimentaria; el acceso al agua potable y al saneamiento; la conservación de la biodiversidad y la reducción del consumo de combustibles fósiles, incentivando la adopción de fuentes renovables de energía como meta para, de verdad, tener un futuro en común; vamos, el antecedente de la Agenda 2030 y los ODS… y 36 años dándole a la húmeda con el tema.

Pero vamos a ir más a fondo en la cuestión de la sostenibilidad: de la necesidad de no joder más el planeta. Con permiso de todos ustedes me voy a 1961, cuando Benidorm ya desarrollaba su Plan General de Ordenación Municipal confiados en que el modelo tenía futuro.

Y es entonces cuando el matemático y filósofo Bertrand Russell[6] lanza la terrible pregunta: Has Man a Future? Ya crecidito, con 89 años a sus espaldas, se preguntaba en 1961 por el futuro de la especie humana. Russell estaba impresionado por la exhibición de armamento nuclear y la confrontación Kennedy-Kruschov, que nos llevaría vivir la crisis de los misiles[7] en el otoño del 62.

Russell, en el verano del 61, recién estrenada la película “Festival en Benidorm[8] y con la tercera edición en marcha -que ganaba José Francis, con “Enamorada”-, estaba convencido de que íbamos derechitos a la destrucción del mundo. Y nosotros de fiesta.

Sugirió Russell en el texto una serie de medidas para evitar el enfrentamiento de los hombres y la erradicación de las guerras; la mayor parte de sus propuestas se referían a la creación de una conciencia mundial y planetaria y a la eliminación de nacionalismos separadores de los hombres, ideologías confrontadas y creencias religiosas exclusivistas. ¡Vaya por Dios!, en qué cosas se aplicaba Russell en aquellos días. ¿Les suenan sus propuestas?; pues son de 1961.

Abría boca su libro diciendo que “el hombre es la más interesante, y también la más irritante, de las especies animales que existen en el planeta Tierra” y cerraba el trabajo con una súplica: “Señor Osiris, te rogamos que nos concedas una prórroga, una oportunidad para que salgamos de nuestra vieja insensatez e ingresemos en un mundo de luz, amor y belleza”. Russell pidiendo una oportunidad para el mundo. Ya sé que no es lo mismo, pero inauguró la conciencia mundial.

Y si esto fue el primer planteamiento, la conciencia ecológica para que esto del planeta no se nos fuera al traste la inauguró la bióloga marina Rachel Louise Carson en junio de 1962 -cuando Benidorm decide trasladar su Festival del Manila Park a la Plaza de toros (donde ganó Raphael), por ampliar aforo- con una tríada de artículos en The New Yorker[9] -que impactaron tanto que en septiembre del 62 ya estaban como libro- alertando de los efectos perjudiciales de los pesticidas -el DDT[10] en concreto- en el Medio Ambiente, especialmente sobre las aves (de ahí lo de “La Primavera Silenciosa” sin un pájaro que piar), culpando a la industria química de la creciente contaminación. Razones tenía la buena señora -soltera, enferma de cáncer y en pleno macartismo, del que fue víctima tras la publicación del libro- por los despropósitos que ya habían aflorado en su país. Y eso que no sabía lo que pasaba en la URSS. Al final, el DDT fue muy controlado en los EEUU y terminó por ponerse en marcha en aquel país la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Un soberbio paso.

Así, en los sesenta ya estaba surgiendo una conciencia social comprometida con los valores ambientales.

El 27 de septiembre de 1965 el italiano Aurelio Peccei -miembro del alto staff de la FIAT[11], vicepresidente de Olivetti[12] y presidente de Italconsult[13], el más importante equipo intelectual de Italia, formado en La Sorbona, con contactos en la URSS y China y con proyección en Iberoamérica, especialmente en Argentina- pronuncia una conferencia -“El reto de los 70 para el mundo de hoy”- en el Colegio Militar Nacional de Buenos Aires. La trascripción de esa conferencia llegará al científico escocés Alexander King meses después y le despertará el interés por aplicar lo que Peccei llamaba el predicamento de la humanidad: la necesidad urgente de “percatarse de las restricciones cuantitativas del medio ambiente mundial y de las trágicas consecuencias que tendría una extralimitación, a fin de iniciar nuevas formas de pensamiento”. En realidad, el italiano daba voz al estudio “The World in 1975” realizado por Stanford Research Institute y que venía a avanzar lo mismo; y King procuró contactar con italiano y animarlo a poner en marcha el concepto.

Y, como el que no quiere la cosa, se estaba fraguando el movimiento ideológico que daría forma, contenido y validez al mayo del 68 francés que terminó cuestionando los valores de la sociedad de consumo y defendiendo una forma de vida más respetuosa y armónica con la Naturaleza. Vamos, la sostenibilidad; que entonces (ni se entendía) ni se llamaba así.

Lo de Peccei es anterior, por días. En abril de 1968 reúne en Roma a 35 personalidades de 30 países entre los que se cuentan académicos, científicos, investigadores y políticos, en la histórica Academia dei Lincei (la histórica Academia de los Linces) con el objetivo de comprender la problemática medioambiental del planeta y enfrentarse a ella. Para ello funda, ya que estaban allí, el Club de Roma[14]. Entre los 35 constituyentes estaba el español Ricardo Díez Hochleitner[15].

El inventario de problemas detectados en abril de 1968 por los 35 expertos puede que aún hoy -julio de 2023- les suene: deterioro del medioambiente físico, crisis de las instituciones, burocratización, enajenación de la juventud, violencia, educación inadecuada, brecha creciente entre países pobres e industrializados, crecimiento urbano incontrolado, inseguridad en el empleo, satisfacción decreciente obtenida en el trabajo, impugnación de los valores de la sociedad, indiferencia ante la ley y el orden, inflación y disrupción monetaria y brecha creciente en los países entre ricos y pobres. La asamblea, todo hay que decirlo, se convirtió en un fracaso por la falta de preparación de los asistentes para tratar los inéditos problemas; deciden investigar más sobre el asunto y anuncian nueva reunión.

El mayo francés (que llegó, diluido, hasta junio de 1968; ¡Prohibido prohibir!; ¡Seamos realistas, sigamos pidiendo lo imposible!) dio el protagonismo a la juventud, nos propuso la búsqueda de sociedades más humanizadas y clamó por el rechazo a la guerra de Vietnam (que se había iniciado con los franceses; que a veces lo olvidamos)[16] donde morían jóvenes y se empleaban bombas de nuevo diseño, napalm[17] y agentes químicos[18]. Y más cosas, que obvio en este post para que no me chafen el güito[19]. Llegado el verano, en Benidorm, con un jurado de sala internacional (de turistas de diversas nacionalidades) ganará “La vida sigue igual” -defendida por Los Gritos y Julio Iglesias- a pesar de que todos temían que esto del planeta tenía ya mal fario.

Por cierto, aquí llegados y bajo la estela de Julio Iglesias les cuento que la “necesidad de adoptar medidas de control poblacional”, estaba en todos los estudios y trabajos realizados desde el inicio de la década de los 50; pero esto se venía soslayando hasta que en 1968 se publicó La explosión demográfica (o La bomba P), de Paul y Anne Ehrlich, sobre los problemas derivados del crecimiento de la población mundial tales como la posibilidad de hambrunas masivas y otras calamidades… y ahora mismo estamos en 8.0991027.871 habitantes (julio de 2023), con India superando a China… lo previsto, que la demografía es una ciencia.

Y volviendo a la línea de tiempo, entre los rescoldos del mayo francés el holandés Willem Oltmans , corresponsal de la TV pública de su país en los EEUU, nos descubrió, en 1970, que los yanquis y la URSS sabían que esto se podía complicar mucho -y mal- y había iniciado las conversaciones secretas para crear un instituto de análisis de sistemas que advirtiera de la necesidad de cuidar el planeta.

Al mismo compás, el profesor Jay W. Forrester, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), se empeñó en calcular, mediante modelos de computación, los límites del planeta. Djhermen M. Gvishiani, mientras tanto, hacía lo propio en la Academia de Ciencias de la URSS.

Finalmente, el documental de Oltmans, “Debate sobre el crecimiento”, fue presentado en Rotterdam, con asistencia hasta de la Reina Juliana, el 26 de septiembre de 1971. Dio protagonismo internacional al Club de Roma -que se había constituido en 197o baja legislación de la neutral Suiza- y puso en marcha la edición del primer informe del Club de Roma (editado en los EE.UU. durante 1972).

Las repercusiones del informe de 1972 presentado por Dennis Meadows (del equipo de Jay W. Forrester y prácticamente desarrollado por su esposa, la biofísica Donella H Meadows ) lleva por título 'Los límites del crecimiento' y despertó preocupación y polémicas a partes iguales; pero colocó en el candelero al Club de Roma. Se centró en el análisis de las interacciones entre cinco elementos: el crecimiento de la población, la producción de alimentos, la industrialización, el agotamiento de los recursos naturales y la contaminación. Las conclusiones del informe eran pesimistas… si se continuaba con los modos de consumo que se practicaban. Los críticos lo consideraron alarmista, pero la conciencia social despertó y dio paso a un vasto movimiento ambientalista en la mayor parte del mundo.

El Club de Roma publicó otros tres informes más en torno a este (y varias docenas desde entonces respecto a otros). En 1975, “Mankind at the Turning Point” (“La humanidad en la encrucijada”, se tituló en español), menos pesimista que el anterior, ofrecía diferentes escenarios que podían evitar potenciales catástrofes. En 1991 le llegó el turno a “Beyond the Limits” (“Más allá de los límites del crecimiento”). Y cuando se iban a cumplir treinta años de la publicación de su primer informe, 2002, el Club de Roma decidió recapitular, produciendo, por un grupo encabezado de nuevo por Donella Meadows (aunque falleció antes de su conclusión), otro informe: “Limits of Growth: The 30-Year Update” (“Los límites del crecimiento 30 años después”). En una de las secciones se preguntaba el equipo: “¿Tuvimos razón hace treinta años?”. Los hechos han demostrado que el concepto de limitación ecológica planetaria no es absurdo, cuando menos.

Pero volvamos a los 70, porque, también en 1972, tras la cumbre de Estocolmo, Edward Goldsmith y Robert Allen, presentan el “Manifiesto para la Supervivencia[20], un programa de largo alcance para una transición a una sociedad desindustrializada y descentralizada, y que sería utilizado para la formación de lo que más adelante se conocerán como los partidos verdes europeos. Ya fija el número de hijos por pareja en 2, fuera de la tasa de reemplazo generacional[21].

1972 fue un año de lo más activo. Tras él éxito de la cumbre de Estocolmo, el Consejo Europeo se reunión en París y decidió volcarse con las políticas medioambientales en pro de la sostenibilidad y la Asamblea General aprobó una resolución, el 15 de diciembre, que designaba el 5 de junio -el día que había comenzado la cumbre, como Día Mundial del Medio Ambiente, pidiendo desde entonces “a los gobiernos y a las organizaciones del Sistema de las Naciones Unidas a que todos los años emprendan en ese día actividades mundiales que reafirmen su preocupación por la protección y el mejoramiento del Medio Ambiente” y creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el organismo especializado para tratar los temas medioambientales.

Es el tiempo, aquellos inicios de la década de los setenta, de la primera ola ecologista: Amigos de la Tierra[22] (1969) o Greenpeace[23] (1973).

Y coincidiendo con la crisis (la primera) del petróleo (octubre de 1973; en España se sintió casi un año después) apareció otro documento fundamental para esto de car carta de naturaleza a la sostenibilidad: una colección de ensayos del economista alemán Ernst Friedrich Schumacher que bajo el título “Small Is Beautiful: A Study Of Economics As If People Mattered” (“Lo pequeño es hermoso: Economía como si la gente importara”) argumentaba que la economía moderna es insostenible y abogaba por la sostenibilidad. Y en plena crisis petrolera sorprende Wilfred Beckerman, desde la Universidad de Londres, saliendo “In Defense of Economic Growth” (“En defensa del crecimiento económico”) argumentando, con la que estaba cayendo, que el sistema de precios actúa como estímulo para encontrar sustitutos y que “no hay por qué preocuparse”. Y así ha seguido la humanidad.

Desde entonces, como digo -y hasta hoy-, hemos vivido todo tipo de situaciones, eventos, informes y demás documentos a favor de la muy necesaria sostenibilidad y donde unos han hecho más que otros.

Benidorm, insisto, sin meditar el alcance de su iniciativa, pero consciente de ese era el camino apostó por unos planteamientos, en 1963, de consumir cielo y no suelo; aunque la medida protectora inicial -sobre más de la mitad del término municipal- era de 1956. Y salió muy bien desde el momento en que se da paso a la ciudad vertical, conservando la trama urbana aprobada siete años antes, mientras dentro de ella se posibilita la experimentación tipológica. En 2017, Andrés Martínez Medina, arquitecto y profesor de Historia de la ciudad y la arquitectura en la Universidad de Alicante reseñaba que “el coeficiente de edificabilidad que planteó el plan de 1963 permitió aumentar el volumen en altura y ubicarlo en la parte óptima de la parcela, según el soleamiento y las vistas al mar”, para concluir que “esta autorregulación es el origen de la actual ciudad”. “Todo viene de una idea principal: no construir más, sino mejor[24]. Y en ello hemos seguido.

Pero hay más. Aquí, en la vieja piel de toro, ya en los años 50 del siglo XX se oyeron las primeras voces. Y, tras ellas, llegaron la Sociedad Española de Ornitología[25] (SEO; 1953 - que contó con el apoyo de personajes del mundo financiero y político muy vinculados al Régimen; propugnaba la defensa de la conservación de la naturaleza como “deber patriótico”-) y, gracias al carisma y el trabajo de Félix Rodríguez de la Fuente[26] en TVE, que abandonó SEO en 1968, se creó la Asociación en Defensa de la Naturaleza[27] (ADENA); incluso el parque de Doñana (1969).

Esto que estamos comentando ahora mismo es conservacionismo: defensa de la naturaleza salvaje. Funcionaba y no era necesariamente incompatible con la aceptación del modelo moderno de crecimiento económico del desarrollismo español.

Y como todo hay que decirlo, el ecologismo posterior a los años sesenta ya cuestiona el modelo de desarrollo interaccionando con ideologías socialistas y comunistas y se politizan las cuestiones. Claro, es que la paradoja llega con el ICONA[28] (Instituto para la Conservación de la Naturaleza; 1971) que lo mismo apoya a Rodríguez de la Fuente que planta pinos y eucaliptos sin ton ni son[29].

El primer impulso al desarrollo del ecologismo social en España se debe a la Asociación Española para la Ordenación del Territorio y del Medio Ambiente (AEORMA), fundada en 1970 y disuelta tras graves disensiones internas en 1976. En su Manifiesto de Benidorm[30] (1974) dejaron algunos principios del ecologismo, como la subordinación de la actividad industrial a las necesidades de la sociedad y no al lucro, la necesidad de planear adecuadamente la utilización de los recursos naturales españoles, de realizar estudios sobre la calidad del ambiente y la vida, o la vinculación entre un ambiente y una vida sana de la población. En Benidorm, AEORMA plantea “crear una conciencia pública sobre la necesidad de la ordenación del territorio, hacer estudios de los problemas ambientales, elaborar propuestas a los organismos competentes, y ser un ”cauce de estos deseos, sentimientos e intereses agredidos, facilitando documentación y consejo técnico, e integrando a estos ciudadanos en AEORMA”.

Y esto se parió en Benidorm, de la mano de Mario Gaviria. Veníamos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, que en Estocolmo (5-16; junio de 1972) planteaba la necesidad de un criterio y unos principios comunes que ofrecieran a los pueblos del mundo inspiración y guía para preservar y mejorar el medio humano. Por cierto: David Bowie publicaba el mismo día de la clausura de la conferencia su álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars donde alertaba de que “la Tierra se estaba muriendo de verdad”.

Pues aquí estamos en 2023, hablando de lo mismo, una y otra vez.

 

 


 



[1] Alusión al fenómeno de calor abrasivo, existe un fundamento astronómico: alude a la constelación Can Mayor/Canícula y su estrella Sirio, La Abrasadora, cuyo orto helíaco coincidía con el fenómeno de calor abrasivo. Cerca del 15 de julio el clima se secaba y no era conveniente sembrar. Este tiempo seco terminaba cerca del 15 de agosto, en cuya fecha reiniciaban la siembra. Este tiempo parecía coincidir con la posición de la constelación del Can Menor en el cenit a la media noche. Tiempo en que Sirio, la estrella más brillante de la constelación del Can, aparece junto con el Sol.

[2] Dentro de la fase más oscura del crepúsculo llamada el crepúsculo astronómico. Allí, el Sol está a 12-18 grados por debajo del horizonte. A ese ángulo, la luz indirecta del Sol se vuelve tan ligera que usualmente es indetectable a simple vista. Las trazas de luz en lo que de otro modo sería un cielo negro, son de interés sólo en contextos muy particulares. Por ejemplo, puede dificultar a lo astrónomos la observación de los objetos celestes más tenues, y de allí el nombre de esta fase del crepúsculo. De esa forma,  casi el 3% de la población mundial está tan lejos de la curva que no ven luz solar alguna. Más aún, muchas personas en la zona del crepúsculo náutico, ligeramente más brillante, no podrán notar alguna luz de día. Especialmente desde áreas urbanas, cuyos residentes comprenden la mayoría de los números de la población total, la contaminación lumínica puede mezclarse con el tenue resplandor del Sol, el cual en ese punto está entre 6 a 12 grados por debajo del horizonte.

[3] Doctrina económica que sostenía que la riqueza provenía exclusivamente de la explotación de los recursos naturales propios de cada país y del libre cambio de los productos de los diversos países entre sí, y que sostenía, además, la existencia de un orden natural de las sociedades humanas, y por consiguiente el deber de no inmiscuirse el estado en la vida económica del país.

[4] Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. "Nuestro futuro común", dirigido por la noruega Gro Harlem Brundtland con ecólogos del nivel de Vladimir Sokolov o economistas como . Gro Harlem Brundtland (Oslo el 20 de abril de 1939. Con 42 años, fue la primera mujer en encabezar un gobierno en Noruega (Primera-Ministra en 1981, 1986-89, 1990-96), líder del Partido Social-Demócrata de los Trabajadores entre 1981 y 1992; fue también Ministra del Medio Ambiente en 1974 y la primera médica a asumir la dirección general de la Organización Mundial de Salud, en 1988, donde lanzó una campaña contra la industria del tabaco que después se extendió por todo el mundo.

[6] Bertrand Arthur William Russell (1872-1970); filósofo, matemático, lógico y escritor británico, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1950 en reconocimiento a sus variados y significativos escritos en los que defiende los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento

[7] 14 al 28 de octubre de 1962

[8] Dirigida por Rafael J. Salvia y protagonizada en los papeles principales por Concha Velasco, Carmen de Lirio, Ángel Picazo y Manolo Gómez Bur.

[9] The New Yorker es una revista estadounidense semanal que publica críticas, ensayos, reportajes de investigación y ficción. Aunque se concentra preferentemente en la vida social de Nueva York, The New Yorker tiene una amplia audiencia fuera de esta ciudad debido a la calidad de sus periodistas. Es cosmopolita, con un carácter urbano acentuado por su sección Talk of the Town, con sus comentarios refrescantes sobre la vida en Nueva York, la cultura popular y las excentricidades estadounidenses, y el seco ingenio de sus sketches y famosas viñetas. The New Yorker se empezó a publicar el 21 de febrero de 1925. Empezó con una tirada semanal. Ahora, publica 47 veces al año, de las cuales, cinco son bisemanales. Fue fundada por Harold Ross.

[10] El dicloro difenil tricloroetano (DDT); compuesto organoclorado principal de los insecticidas. El DDT fue sintetizado por el científico austriaco Othmar Zeidler, durante su tesis doctoral en Viena(1874). Fue redescubierto y producido en los laboratorios de la Compañía Geigy en Suiza. Descubrió su uso como insecticida el químico suizo Paul Hermann Müller y recibió por ello en 1948 del premio Nobel de Fisiología y Medicina por su utilidad en el control de la malaria, la fiebre amarilla, el tifus y muchas otras infecciones causadas por insectos vectores.En el siglo XX fue utilizado con intensidad como insecticida pero, tras comprobar que este compuesto se acumulaba en las cadenas tróficas y ante el peligro de contaminación de los alimentos, se prohibió su uso en gran número de situaciones y circunstancias.

[11] Fiat Automobiles -siglas de Fabbrica Italiana Automobili Torino-; histórica marca italiana de automóviles, bajo la que se comercializan vehículos desde 1899, origen del mayor grupo industrial italiano, Fiat S.p.A., propiedad de Stellantis. Lancia, Abarth y Alfa Romeo que junto a Chrysler Group, Ferrari y Maserati son las divisiones automovilísticas de Fiat S.p.A.

[12] Empresa fundada en 1908 cerca de Turín, por Camillo Olivetti, como fábrica de máquinas de escribir. Olivetti produjo el primer ordenador de Italia, el Elea 9003, en 1959. En 2003, Olivetti fue absorbida por el grupo Telecom Italia, pero mantiene una identidad aparte, bajo el nombre de Olivetti.

[13] ITALCONSULT es una empresa consultora de ingeniería italiana fundada en Roma en 1957 por los mayores grupos industriales de la época para demostrar en todo el mundo el "saber hacer" italiano y la capacidad de "hacer ingeniería". Desde diciembre de 2012, la Compañía tiene una “nueva” estructura accionaria formada por Bevilacqua Engineering Group, que opera activamente en Italia en el sector de infraestructura de transporte público y privado a través de las Sociedades “SIS S.p.A.– Studio di Ingegneria Stradale” y “A&S, Autostrade e Strade Engineering S.p.A., ahora fusionadas en ITALCONSULT, y dos grupos representantes de la excelencia italiana en los campos económico y financiero: Intesa Sanpaolo S.p.A., el mayor banco italiano muy activo en el apoyo a las inversiones en infraestructuras y también en actividades en el extranjero y Tecnoinvestimenti Srl, perteneciente a las Cámaras de Comercio de Italia a través de TECNOHOLDING S.p.A., que disfruta de su propia red nacional e internacional capaz de impulsar iniciativas y programas de inversión así como activar acuerdos técnico-comerciales bilaterales. Esta nueva estructura accionaria permite a ITALCONSULT seguir adelante para ofrecer a los Clientes sus servicios de ingeniería especializada altamente integrados en los sectores estratégicos para el desarrollo socioeconómico de los territorios en cuestión con referencia específica a la infraestructura de transporte, agua, medio ambiente, energía y principales estructuras civiles.

[14] Aunque cuenta con un límite máximo de 100 miembros procedentes hoy de 38 países, actualmente el Club de Roma tiene su sede principal en la ciudad suiza de Winterthur y cuenta con 104 miembros; además, tiene 46 miembros honorarios entre exjefes de Estado, reyes y altos funcionarios. Tiene, asimismo, 32 capítulos, o asociaciones nacionales, repartidos por todo el mundo, entre los que se encuentra el Capítulo Español, que fue fundado a finales de 1976. A su vez, el Capítulo Español del Club de Roma cuenta también con grupos de socios configurados con criterios de distribución territorial, referidos a Comunidades Autónomas (el Grupo Catalán, Madrileño, Valenciano, Vasco, etc.).

[15] Ricardo Díez Hochleitner (1928-2020). Licenciado en Ciencias Químicas por la U. de Salamanca (1950),  realizó estudios de postgrado de ingeniería química y elaboró su tesis doctoral en la Universidad Técnica de Karlsruhe (República Federal de Alemania). Su Máster en Administración de Empresas (MBA) lo hizo en EEUU por la Universidad de Georgetown en Washington D.C. (1957-58). Destinado, primero, en la UNESCO en 1958 como Especialista en planificación y administración de la educación, siguió en París hasta 1962. Durante 1961-1962 simultanea dicho cargo en la UNESCO con el de Secretario ejecutivo de la Comisión de Educación (Task Force) de la Alianza para el Progreso - OEA -, con sede en Washington D.C. llegando a ser el primer director del Departamento de inversiones en educación del Banco Mundial (1962 a 1964). Más tarde fue nombrado Director del Departamento de Planificación y financiación de la educación de la UNESCO (1965 a 1968). De regreso a España, fue nombrado Secretario general técnico (1968-1969) y Subsecretario (1969-1972) del Ministerio de Educación y Ciencia. Desde allí se ocupó de la elaboración del Libro Blanco y del Proyecto de Ley General de Educación.

[16] La Guerra comienza en 1946 en una primera fase que dura hasta 1954, en la que las tropas coloniales francesas combatieron contra el Viet Minh -liderado por los comunistas- en la Indochina francesa. La mayor parte de la financiación del esfuerzo de guerra francés fue proporcionado por los Estados Unidos. Después de que los franceses abandonaran Indochina tras ser derrotados en 1954, en la Conferencia de Ginebra se decidió el abandono de la colonia asiática, la separación de Vietnam en dos estados soberanos (Vietnam del Norte y Vietnam del Sur) y la celebración de un referéndum un año después donde los vietnamitas decidirían su reunificación o su separación definitiva. Pero los dirigentes del Sur optaron por dar un golpe de Estado y no celebrar este referéndum para evitar que ganara la reunificación. Por este motivo Vietnam del Norte comenzó las infiltraciones de soldados en apoyo del Vietcong para anexionarse a Vietnam del Sur. Entonces Estados Unidos, en virtud de la Doctrina Truman y la Teoría del dominó (contener la expansión del comunismo), envió recursos y, a partir de 1964, tropas a Vietnam del Sur para evitar la conquista por el norte comunista, dando lugar a este conflicto que se prolongó casi 20 años más; hasta 1975.

[17] Gasolina gelatinosa que produce una combustión más duradera que la de la gasolina simple. Su nombre procede del acrónimo de ácido nafténico y ácido palmítico, con los que se fabrica.

[18] Desde la más remota antigüedad se han utilizado diversas substancias (alquitrán ardiente, azufre en estado de combustión, aceite hirviente, el fuego griego (fuego romano que llamaban los árabes, que también lo padecieron: nafta –una fracción del petróleo también conocida como bencina–, azufre, amoníaco, nitratos y cal viva) y agentes tóxicos, irritantes y quemantes contra el enemigo. Durante la IIGM los nazis emplearon agentes tóxicos para exterminar masivamente prisioneros. La existencia de estos productos fue conocida por Estados Unidos al final de la contienda y, sobre la base de las investigaciones alemanas y en muchos casos con el concurso de los mismos investigadores, se continuaron, ampliaron y perfeccionaron los trabajos en este campo ya en los Estados Unidos. Otras potencias también desarrollaron los suyos. En Vietnam se utilizaron herbicidas y defoliantes como los llamados agentes Naranja, Azul, Blanco y Púrpura; y sales inorgánicas de arsénico; esterilizadores del suelo, como el bromacilo y el Urox 22; gases tóxicos, como el CS, CS-1, CS-2, DM o adamsita, CN o cloroacetafenona, bromoacetato de etilo; y agentes incapacitantes, como el BZ. También termita y el fósforo blanco como hace ahora Rusia con Ucrania.

[19] Sombrero, prenda de cabeza.

[20] The Ecologist's Blueprint for Survival, publicado en la revista británica The Ecologist, en enero de 1972; posteriormente editada en formato libro.

[21] La fecundidad de reemplazo se refiere a la fecundidad mínima necesaria para que una población cerrada (las migraciones se entienden aparte) se mantenga indefinidamente en el tiempo sin disminuir su volumen, y suele cifrarse en 2,1 hijos por mujer como promedio.

[22] Amigos de la Tierra Internacional (FoEI) es una red internacional de organizaciones medioambientales en 74 países. Fue fundado en 1969 por un grupo de activistas antinucleares liderado por Robert O Anderson. FoEI cuenta con una pequeña oficina (ubicada en Ámsterdam, Países Bajos) que proporciona soporte a la red y sus campañas importantes. El comité ejecutivo, elegido por los representantes nacionales, define las políticas y supervisa el trabajo de la oficina.

[23] Greenpeace es una ONG​ ambientalista internacional. Realiza campañas en todo el mundo por temas como la agricultura ecológica, los bosques, el cambio climático, contra el consumismo, por la democracia y el contrapoder, el desarme y la paz y el cuidado de los océanos. Fue fundada en 1971 en Vancouver, Canadá y tiene su sede en Ámsterdam, Países Bajos.​ Tiene oficinas en 55 países. Surgió a partir del movimiento Don't Make A Wave/No hagas una ola para frenar pruebas nucleares en Alaska en 1969.

[25] La Sociedad Española de Ornitología (SEO, en la actualidad SEO/BirdLife) es una organización no gubernamental española de utilidad pública que tiene como principales objetivos la conservación y el estudio de las aves y sus hábitats. Fue fundada el 15 de mayo de 1954 en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Está inscrita como ONGD en la AECID. A mediados de 2021 contaba con casi veinte mil socios y unos cinco mil voluntarios. La sede central está situada en Madrid y además existen delegaciones en Aragón, Andalucía, Canarias, Cantabria, Cataluña, Extremadura y en la Comunidad Valenciana además de oficinas en Doñana y en el Delta del Ebro.

[26] Félix Samuel Rodríguez de la Fuente (1928-1980); naturalista y divulgador ambientalista español, defensor de la naturaleza, y realizador de documentales para radio y televisión, destacando entre ellos la exitosa e influyente serie El hombre y la Tierra (1974-1980).​ Licenciado en Medicina por la Facultad de Medicina de Valladolid y autodidacta en biología, fue un personaje polifacético de gran carisma cuya influencia ha perdurado a pesar del paso de los años.2​ Su saber abarcó campos como la cetrería3​ y la etología, destacando en el estudio y convivencia con lobos. Contribuyó en gran medida a la concienciación ecológica de España en una época en la que el país todavía no contaba con un movimiento de defensa de la naturaleza.

[27] La Asociación para la Defensa de la Naturaleza fue creada el 30 de julio de 1968. Félix Rodríguez de la Fuente fue uno de sus fundadores y su vicepresidente hasta su muerte en 1980. El nacimiento de ADENA está por lo tanto muy vinculado con la creación del parque nacional y natural de Doñana, uno de los lugares de mayor biodiversidad de Europa. Más adelante se unió a la red de WWF y pasó a denominarse WWF/Adena. Desde 2009 se denomina WWF España.

[28] El Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) fue un organismo administrativo español para el estudio y actuación en la conservación de la naturaleza, que por el Decreto-Ley 17/1971 de 28 de octubre reemplazó al preexistente de la Dirección General de Montes. Estuvo adscrito al Ministerio de Agricultura. El ICONA durante su tiempo de funcionamiento desempeñó un papel clave en la conservación de los espacios naturales,1​ y tras la asunción de la mayoría de sus competencias por las distintas comunidades autónomas, fue sustituido en 1991 por la Dirección General de Conservación de la Naturaleza.

[29] En 1940, apenas finalizada la guerra civil, se ponía en marcha en España un Plan Nacional de Repoblación por el que se preveía la forestación de 5.679.000 hectáreas en el plazo de cien años. Hasta 1972, el total repoblado ascendió a 2.658.700 hectáreas, lo que supuso alcanzar el 46% aproximadamente de la meta entonces fijada, en el intervalo de los 32 primeros años.  De las 2.658.700 hectáreas repobladas, como ya comentamos, hasta 1972, 2.078.968, es decir, el 90,1 % del total se replantaron de pinos; 202.539 hectáreas, el 8,7 %, con eucaliptos, y solamente 24.710 hectáreas, es decir, un simbólico 1 % del total fueron replantadas con especies frondosas autóctonas. Los bosques propios de los ecosistemas canarios fueron igualmente diezmados, pasando, por ejemplo, el pino canario, de una superficie de 115.000 hectáreas, en 1956, a sólo 63.721 hectáreas en 1976. Igual proceso experimentó la laurisilva, formación arbórea peculiar de estas islas, que juega un papel importante en su estructura ecológica, y que en la actualidad se encuentra reducida en fracciones muy importantes.

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