4 jul 2020

DE ALFONSO USSIA Y EL HUMOR DE LOS POLÍTICOS


No estamos instalados en la normalidad, aunque sí en la nueva realidad; realidad a la que nos ha sometido esta vida diminuta que llamamos 2019-nCoV.

La última entrada de este blog es del 18 de marzo, víspera de San José. Para entonces, confinado, tenía ya escritos hasta seis post de la serie que inauguraba “De una vida diminuta” y del que sólo he subido la primera entrega (y no subirán las demás), viendo la gravedad del asunto y la banalización, a fin de cuentas, que suponía a golpe de intento de literatura contar mi visión de un ‘bicho’ y el tiempo que llevaba la humanidad sin ser atacada por unos de ellos. Cada cincuenta años, más o menos, el mundo ha venido siendo pasto de uno u otros de estos bichos desde el principio de los tiempos. La OMS estaba con la mosca detrás de la oreja desde 1972, ‘porque tocaba que una de estas pandemias se desencadenara’… y va, se desencadena, y nos pilla con los pantalones gachos.

Viendo la desolación y con el trabajo diario acompañando en la gestión de una crisis sanitaria que ha devengado en social y económica, no he tenido ni tiempo, ni ganas, ni motivación para golpear las teclas… hasta ayer tarde. Y no es porque hayamos cesado en intensidad o porque vea luz al final del túnel… que lo mismo este es un túnel ferroviario y la luz que se ve es la de la Big Boy, de la Union Pacific, a toda máquina, quemando un carbón al que hoy mismo veo que hemos dado el carpetazo en cuanto a generación eléctrica.



Ussía me ha dado ganas de retomar el tecleteo para escribir lo que ayer me inspiró, en su charla ‘Humor y política’, del Club de Opinión Benidorm, en la que repasó, a modo de La Jaralera, lo que ha dado de sí la conjunción de las cosas de los políticos, de las cosas de la política, y la condición humana… de los políticos.

Me dejó Ussía una terna de frases rotundas, titulares: “La humanidad está desnuda ante el poder de las redes sociales”, “Con Zapatero llegó el resentimiento y el rencor” y “Todas las mentiras, las calumnias y las injurias caben en las cabezas huecas”. Y a fe que sí.

Aunque esta vez fue telemáticamente, Ussía volvía a Benidorm once años después y de nuevo al Club de Opinión. Y recordó Ussía cuando navegando en el ‘Giralda’, con Don Juan -al que elogió: “todos los deberes, ningún derecho”-, entre Castellón y Almería se sorprendió en los sesenta con el skyline de Benidorm.

En su línea, por ser el día de San Pedro y San Pablo, al comenzar la charla felicitó a todos los pedros y pablos, “menos a dos”. Y no hizo falta explicar más. Así es Alfonso Ussía Muñoz-Seca.

Y comenzó a repasar con pildorazos de humor la escena política internacional desde 1905 para acá (tal vez fuera en la visita de 1919) comenzando con el arzobispo de Canterbury y su primer contacto con los periodistas neyorquinos… y su respuesta a la preguntita sobre los prostíbulos en los barrios de Manhattan.

Se recreó en el duelo dialéctico entre Sir Winston Churchill y Nancy Langhorne, vizcondesa Astor, que ha dado mucho de sí. Y gustó y fue divertido en la sucesión de chascarrillos entre uno y otra, aunque la anécdota de la borrachera (que se pasa con una buena dormida) y la fealdad (que es perpetua) tuviera otra protagonista: Bessie Braddock, del partido laborista, como reveló Richard Langworth en su libro (2011).

Pero estábamos ante una sucesión desternillante de episodios en la vida de Jimmy Carter, Harold Wilson, Fermín Bohórquez, Agustín de Foxá, Gregorio Marañón –“Marañón, dígame, ¿cuándo trabaja usted?, que le preguntó Frabnco”-, Jaime Mayor Oreja, Leónidas Trujillo, el general Fernández Campos, el mismo Franco, De Gaulle, y, como no, su abuelo Pedro Muñoz Seca, quien quiso poner a su villa de Ondarreta por nombre Toki el Timbre… con anécdota de la carta que hizo llegar don Alfonso XIII a la viuda, cuando don Pedro había sido asesinado en una de las matanzas de Paracuellos. Esto no lo contó, pero uno -que es fiel lector de Ussía- conoce ese y otros varios detalles, por leerle casi a diario tantos y tantos años.

Y es que el escritor y conferenciante tiene multitud de seguidores en prensa y radio, y entregados lectores literarios que siguen las andanzas de muchos de sus personajes, en especial del Marqués de Sotoancho, al que diera vida Josema Yuste en una miniserie de A3 de finales del XX. Este personaje, un tal Cristián Ildefonso Laus Deo María de la Regla Ximénez de Andrada y… no me acuerdo de más (aunque podía buscarlo) y el universo de su finca ‘La Jaralera’ -entre Cádiz y Sevilla- le da pie a Ussía para ejercer una ácida y certera crítica de muchos de los conflictos y contradicciones de la sociedad española en cada momento. Y a mí me encanta Sotoancho y su mundo.

Y tras unos cuarenta y cinco minutos que se pasaron en nada, Ussía entró a tertuliar. Su reciente salida de la última página de La Razón presidía el ambiente. Y él explicó la situación -principio de acción y reacción, física elemental- que le ha llevado a salir del medio y unirse a la plataforma de Javier Negre (otro que salió, en este caso de El Mundo), Isabel San Sebastián, Fernando Sánchez Dragó… “con el apoyo de la Fox” (Fox Broadcasting Company) que se maneja de manera distinta por Europa que en los Estados Unidos. A mi pregunta, recordando a McLuhan, sobre la ideología y el medio -el medio es el mensaje- respondió: “no quier0 que me confundan con la línea editorial”. Y como guinda, y respecto al grupo mediático para el que escribía cada día su columna: “el periódico (La Razón), para el grupo (Planeta) se fue convirtiendo en la coartada”. Los paréntesis ilustran, para no versados en Ussía y dejan claro el tema.

Reivindicó Ussía el papel de la poesía en la vida y la oratoria en el parlamentarismo, criticando que ahora en el hemiciclo sólo se habla “con papeles”, habiéndose perdido la demostración de la brillantez de los políticos; clase que ha ido en decadencia: “los políticos españoles se han convertido, desde ZP, en una bazofia”, para pontificar, a continuación: “con él llegó el resentimiento y el rencor”. Y ese ‘el’ es ZP. Instalado en ese nivel habló del “resentimiento inalcanzable de Podemos”… y varias píldoras más de ese calibre  hasta orlar al argentino de cuna.

Y del gremio de los políticos, en general, señaló que “en el transcurso de su actividad pierden el humor; cuando deja la política recuperan la libertad, incluso el sentido común, pero nunca el sentido del humor”. Como excepción moderna señaló tanto a Alfonso Guerra como a Mariano Rajoy, cada uno en su latitud geográfica. Y citó a Aznar: “la negación del sentido del humor”.

Reivindicó Ussía la eliminación de la impunidad del anonimato en la Redes Sociales: “todos los que opinan tienen el deber de identificarse y todos los aludidos tienen derecho a saber quién les alude”. Y habló incluso de estilo y formas que utilizamos en ellas, para concluir que “somos un país ágrafo” (vamos, que no sabe escribir), exponiendo después que el problema arranca en las etapas propiciadas por las leyes de Educación y en la falta de interés por la lectura, que implica conocimiento. Y es que es así.

Declaró haber transitado “de monárquico emocional a monárquico pragmático”, elogió a don Juan de Borbón y Battenberg, destacó la figura de don Juan de Borbón y Borbón y señaló la preparación, la manida preparación “pero que es real” de don Felipe de Borbón y Grecia: “no se parecen entre ellos”.

Nos dejó con ganas de más y una avanzadilla: para su discurso de ingreso en la Real Academia de Cultura Valenciana, nombrado como Académico de Número por Madrid, la figura de Luís Sánchez Polack, Tip, será fundamental.

18 mar 2020

DE LA VIDA DIMINUTA (i)




Louis Pasteur, en su Teoría Germinal de las Enfermedades, señalaba que todas, absolutamente todas, estaban causadas por un tipo de ‘vida diminuta’ que hacía enfermar los cuerpos. Un íntimo colaborador suyo, Charles Chamberland, inventó un ‘filtro higiénico’ para bacterias (1884; filtro poroso de porcelana) que posibilitó dar con el primer virus. Las bacterias eran entonces el enemigo a batir y los virus no estaban ni en la película, porque como no los veíamos, ni al microscopio de entonces, pues no existían. Vamos, la ‘vida diminuta’ de marras.


Pero el caso es que las evidencias clínicas proclamaban la existencia de algo, que no eran bacterias, más diminuto aún y tan dañino o más. Pero nadie conseguía dar con ‘el bicho’ hasta que en 1892 el ruso Dimitri Ivanoski, filtrando en busca de bacterias, consiguió detectar el primer virus: el del mosaico del tabaco (TMV) que afecta a todas las solanáceas. Los virus atacan la vida.


Por cierto, cuando estábamos en la escuela nos decían -y los que atendieron se enteraron- lo de los reinos animal, vegetal y mineral; y los reinos de la vida eran dos: el animal y el vegetal. Pues son más reinos los de la vida: animal, vegetal, hongo, protista (organismos eucariontes) y monera (células procariotas). Y los virus no tienen cabida en ningún porque no son seres vivos, pero atacan a todos los seres vivos. Los virus son casi ‘código genético puro’. Carecen por completo de la maquinaria necesaria para proveerse de energía o replicarse. La única manera de conseguir ambas cosas que tienen es introducirse en una célula (de animal, vegetal, hongo, protista o monera) y emplear todas sus estructuras en beneficio propio.


Por cierto: todavía existen unos ‘bichos más raros’ que los virus. Se trata de los priones. Tan raros, que ni siquiera tienen código genético. Son proteínas anormales con la propiedad de infectar células y multiplicarse a sí mismas. El prion más famoso es el que ocasiona la conocida ‘enfermedad de las vacas locas’ y su variante humana es la enfermedad de Creutzfeld-Jacob.


Bueno, que me vuelvo a despistar; volvamos a Ivanoski que es el que detectó al Petancas de los Trancas y Barrancas de los virus: al digamos ‘más gordo’ de todos los virus conocidos hasta hoy. Como digo, se quedó -por gordo- atrapado en el filtro de Chamberland pero hasta 1935 no consiguieron verlo y estudiarlo con detenimiento.


Para este post sólo nos interesan los virus que afectan al reino animal. Sabemos que llevan causándonos problemas, a la vista de las investigaciones, una rato lago: unos 300 millones de años (por lo menos; a tenor de una serie de estudios genéticos con avispas). En cuanto a los humanos, hoy estamos convencidos de que el faraón Ramsés V murió de viruela -enfermedad producida por un virus- hace tres mil años; a partir de estudios sobre su momia. Hoy tenemos ‘la foto’ de la secuelas de la poliomielitis (‘la polio’, producida por otros virus: parálisis infantil espinal) en las estelas egipcias (Dinastía XVIII; unos 1.650 años antes de Cristo) se representa a un sacerdote con sus típicas secuelas en extremidades inferiores.
También tenemos la primera descripción de la rabia (otra enfermedad zoonótica viral) de puño y letra del mismísimo Aristóteles (de Estagira; s. IV aC), aunque será Aulo Cornelio Celso (s, I), escribiendo sobre ella, el primero en meter el palabro virus en la ecuación, aunque de forma semántica: aconseja “drenar el virus” refiriéndose así a la sustancia viscosa (saliva) de la boca de cánido; no al patógeno.


En la antigüedad, como dije, las bacterias eran los malos de la película de la vida. Así, la Plaga de Justiniano (541-543: por la bacteria Yersenia pestis) habría acabado con la vida de entre 25 y 50 millones de personas (que son un montón y durante doscientos años que estuvo activa la epidemia en un ahora sí aparezco y lo hago por aquí y me desaparezco para aparecer al año siguiente por allí; hasta el año 750). Fue tan letal que persistió en la memoria de los pueblos y las culturas más allá de la Edad Media. Y es que un tal Procopio de Cesarea narró lo ocurrido en el 542 y puso en la picota al emperador Justiniano -de ahí el nombre de la plaga- que se empeñó en recaudar impuestos en plena epidemia (hasta los muertos debían pagar). Hoy sabemos que aquella pandemia se originó en Tanzania y fue subiendo por el África de las caravanas comerciales hasta Etiopía y Egipto, desde donde se expandió por lo costa mediterránea oriental -Gaza, Jerusalén, Antioquía- hasta Constantinopla, la principal ciudad del momento, donde morían más de cinco mil personas al día, generando episodios de histeria colectiva y apocalíptica, unidos a una grave crisis económica sumaria. Así son las pandemias.


Este episodio fue por bacterias, pero también hay otros, en la antigüedad, causados por los virus; hoy sabemos que fueron por virus. Es el caso de la Peste Antonina, también llamada Plaga de Galeno (165-187), que pudo llevarse por delante a unos cinco millones de personas. Ahora sabemos que fue vírica: vamos que, o viruela o sarampión. Y a todo lo malo le llamaban ‘Peste’.


El caso es que entre virus y bacterias, a cual más mortal, fueron pasando los siglos -y la gente palmándola- mientras muchos, los más, pensaban que no eran ‘bichos’ los causantes, sino ¡la ira de Dios! La que causaba aquellos estragos. Y algunos, los menos, pusieron la percepción científica por delante; pero a su modo. Es el caso del veronés Girolano Fracastoro (a principios del s. XVI) que le puso letra poética a la primitiva música científica de Aristóteles y aportó, imagino que sin saberlo, alguna información adicional a la cuestión del ‘virus’, pero sin dar con ‘el bicho’. Este Fracastoro, un típico hombre del Renacimiento, fue el que describió la sífilis, ¡en un poema! -también era poeta- sobre el pastor Siphilo y los rebaños del rey Alcihtous: cosas de la época. La gente se aprendió la poesía y se enteró de lo que pasaba: didáctica en verso. Pero eso es, como siempre que me voy por las ramas digo, otra historia.


Y vuelvo al virus, que me pierdo en cualquier recodo de la espiral del ADN.


En el siglo XVIII Thomas Fuller (1730) nos habla ya de los “corpúsculos virosos” culpables del desarrollo de las enfermedades. Los llama ‘corpúsculos’ porque los imaginaba tan pequeños que no daban la talla para llamarlos cuerpos, y los califica de ‘virosos’ -de venenosos- porque terminaban muy malamente los infestados. Angelo Gatti (1764), cuando explica la viruela, da un paso más allá y habla del “virus variloso” sin darle aún carga de concepto a la palabra ‘virus’.


Es que, al principio, se creía que los virus eran las toxinas excretadas por las bacterias, que -insisto- eran el enemigo a batir de la época, pero desde 1899 el mundo científico tiene ya la percepción de que son un ‘nuevo agente infeccioso’ al que el holandés Martinus Beijerinck llamó “germen viviente soluble/contagium vivum fluidum” porque eran tan pequeños que no los detectaban y creía que tenían forma líquida. El no ver al enemigo tiene estas cosas que lo imaginas y lo temes más. Desde hace casi cien años sabemos que un virus en un conjunto de unos pocos genes encapsulados por proteínas; primitivos, enrevesados y mortales. Sabemos de la existencia de unos tres mil y planteamos que en realidad hay mil veces más que aún no hemos detectado. Enfermedades como la viruela, la polio, la rabia, la hepatitis o el sarampión son consecuencia de los virus y están, con nosotros, ‘de toda la vida’. Pero hay más: otros virus que están saltando a la palestra últimamente, a su vez, ‘han saltado’ de animales a humanos por mordedura o contacto con sus vísceras en los últimos cincuenta años.


Virus por doquiera que voy me voy encontrando. En la bibliografía médica del siglo XIX el término ‘virus’ ya estaba escrito sin tener muy claro a qué se refería. En aquellos años englobaba un buen número de agentes infecciosos. En el XIX al virus se le dice “criatura de la razón”; no conseguíamos verlos, pero la razón dictaba su existencia. Ya en los inicios del siglo XX, en 1909, Karl Landsteiner y Erwin Popper señalan la existencia “de un agente filtrable” como causa de la ancestral poliomielitis: una vida diminuta causante que no eran capaces de detectar. Un descubrimiento clave en esta historia vírica fue el del británico Frederic W. Twort. En 1914 dio con lo que llamó ‘agente bacteriolítico’, una suerte de “substancia fundamental” que era capaz de aniquilar bacterias. Hoy son los llamados virus bacteriófagos: virus que aniquilan bacterias. Unos aliados. Pero no es esa la historia que les quería contar. Mañana, más.








9 mar 2020

A PROPÓSITO DEL 8M (y II)

Como decíamos ayer, la IGM cambió el mundo. Llegaron los felices años 20 y mientras las mujeres de Europa y América (del Norte) ansiaban ser unas auténticas flappers [1] y llevar el corte de pelo bob cut -como las enfermeras de los hospitales militares de la época (por higiene)- en España las cosas llevaban otro ritmo. La fuerza laboral femenina de los países más representativos de la contienda representaba casi el 30% del total laboral y de ese porcentaje, más del 80% eran viudas o solteras; que todo hay que decirlo. Y los trabajos femeninos en oficinas y tiendas eran una minoría. En España, las cosas llevaban otro ritmo.

Lo que sí avanzó en España en los años veinte del siglo XX fue el tema educativo. Se crearon escuelas para niñas: no tantas como se hubiera deseado, pero las suficientes para provocar el primer descenso serio del analfabetismo femenino; pero la presencia de chicas en la enseñanza secundaria y en la Universidad, abierta a las mujeres desde 1910 -aunque es en 1888 cuando, tras la solicitud de tres mujeres, se permitió de nuevo [2] a las mujeres matricularse en la Universidad, en principio sólo para exámenes y posteriormente, a instancia de Matilde Padrós en la enseñanza oficial- siguió siendo testimonial hasta mediados los años cincuenta.

Pero sentemos el por qué. Tras los felices veinte, el Crac del 29 fue terrible para todo el mundo. Ojo, que la bolsa caía y caía y no tocó fondo hasta 1932; y las secuelas se arrastraron, IIGM por medio, hasta 1954. ¡Pues imagínense en España! Aquí comenzamos a ver los efectos del 29 en el 31, en 1931: un altísimo nivel de paro masculino (y no te digo el femenino), el consecuente endeudamiento familiar, el lógico cierre de empresas y el previsible y muy elevado déficit del Estado. Todo ello agravado con la falta de una lógica cobertura social que protegiese a los desempleados y una voluble inestabilidad política que vio cómo se pasábamos de una dictadura, a la República y la posterior guerra civil en menos de una década. La peseta se depreció más de un 50% y el gobierno republicano decidió aplicar un sucedáneo del New Deal de Roosevelt con obra pública a mansalva. Pero la caída de las exportaciones agrícolas por sobreproducción y las costosas importaciones de casi todo -con la pesetas por los suelos- provocaron un aumento del déficit que asfixió las arcas del Estado. Del superávit de 30 millones en 1930, las cuentas públicas acumularon una deuda de 595 millones de la época en el año 1935, y la casa sin barrer.

Aún con estos problemas, la II República se ocupó de reconocer derechos a la mujer; pero fueron más derechos formales que reales, pero que ahora son magnificados. No había con que sostener los derechos que se le reconocían a las mujeres.

En este periodo surgirá, también, Acción Católica con mucha fuerza. Sí, aunque fundada en 1926 será a partir de 1931 cuando supera los treinta mil militantes y lanza su propio periódico ‘Mujeres Españolas’ dando fuerza a sus talleres (para el adoctrinamiento) femeninos. La mujeres burguesas de derechas lanzaron los “Tés azules” con reuniones asociativas femeninas y en la CEDA encuentra arraigo Francisca Bohigas Gavilanes, la única política de derechas y católica en las Cortes republicanas de 1936 firme defensora de la Participación política de las mujeres y de su independencia económica, posteriormente integrada en la Sección Femenina.

Y luego estallará la Guerra civil y comenzará la postquerra franquista donde poco se cuenta de la actividad de las mujeres de derechas. Se mostraron muy activas y se implicaron en las campañas contra la secularización del Estado y la escuela. No podemos, ni debemos, olvidar a María Rosa Urraca Pastor, una dirigente carlista de Barcelona de la organización Las Margaritas. El personaje de cómic de ‘Doña Urraca’ fue una venganza en lápiz entre carlistas y falangistas por un dibujante republicano reinsertado en el franquismo donde malamente convivían dos ópticas diferenciadas a la hora de cómo organizar el orden moral y la actividad de las mujeres. Las mujeres del Régimen tuvieron que resolver el dilema de seguir las propuestas de Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo, inspiradas en la Alemania nazi, o de Pilar Primo de Rivera y la Sección Femenina que se inclinarían por estar a bien con las doctrinas morales de la Iglesia católica. Y eso que, en un principio, Falange considerara imprescindible la separación Iglesia-Estado, porque la intención de Franco, refrendan los modernos investigadores, era conseguir una identidad nacional-católica más que fascista. Ganaron estas y la Iglesia dictará normas de moralidad regulando la vida privada, laboral y pública de las mujeres.

Bajo la influencia de la Iglesia se deroga la ley sobre el matrimonio civil, y de manera retroactiva el divorcio. El código penal marca como delitos el aborto, el adulterio y el concubinato, mientras se regula la prostitución. El nuevo Código civil llevará a los 25 años la mayoría de edad para las mujeres y a los 23 para los hombres. El cardenal Isidro Gomá abogará por suprimir la educación mixta (1938) como fórmula para liberar a la mujer del taller y del trabajo… Y entonces va Pilar Primo de Rivera y proclama que “la única misión que la Patria asigna a la mujer es el hogar”. Si el final de la guerra Civil fue el comienzo de lo que muchos llaman la larga noche del franquismo; para el tema que nos ocupa, para muchas, la noche fue más fría, y algo más oscura. En el franquismo la mujer era esposa, madre y reserva de los valores espirituales. Se protegió a la familia como núcleo vital del nuevo Estado. Se estimuló la procreación y se premió a las familias numerosas por mera cuestión de repoblación. La legislación española, inspirada en el Código de Napoleón, comparó a la mujer casada con menores de edad. El ideal femenino era el del sacrificio, de la obediencia y el de la subordinación. Es que el Fuero del Trabajo había establecido que el Estado se encargaría de liberar a la mujer casada del taller y la fábrica. Pero la crisis de finales de los cincuenta, obligó a una serie de revisiones de la política económica del régimen. La expansión industrial necesitaba incrementar la población laboral, y especialmente la más barata, y se recurrió a la mano de obra femenina.
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Y, entonces, desde los cincuenta, mal que les pese a muchos que quiere obviarlo, poco a poco, los signos de cambio fueron haciéndose más visibles: se empezaron a publicar revistas y algunos libros sobre la cuestión de la mujer donde se analizó con dureza la problemática femenina en la sociedad española, y las grandes teóricas del feminismo internacional fueron traducidas a finales de los sesenta. Por otra parte, surgieron varias asociaciones legales de mujeres (universitarias y juristas principalmente), y también organizaciones clandestinas vinculadas a partidos políticos de la oposición. La radio se convertirá en los años cuarenta, cincuenta y sesenta en uno de los instrumentos principales de socialización de las mujeres por los mensajes transmitidos.

Y aquí llegados quiero destacar una figura del franquismo. Mercedes Formica-Corsi Hezode, una jurista gaditana, novelista y ensayista especializada en la lucha por los derechos de la mujer en España. Sus denuncias lograron en 1958 la reforma de 66 artículos del Código Civil. Sin embargo sus logros apenas tuvieron el reconocimiento público en el posfranquismo, a causa, según ella misma de su pasado falangista. Y ahora, le han retirado su busto en Cádiz los progresistas de candilejas. Mercedes Formica se hizo cargo en 1944 de la dirección del semanario ‘Medina’ (Sección Femenina) y fue colaboradora de ABC y Blanco y Negro. El 7 de diciembre de 1953 la revista Time le dedica una página entera, porque persiguiendo una reforma legal del Código Civil a favor de la mujer pronunció conferencias y escribió artículos y fue recibida por Franco. Cinco años después de la publicación de “El domicilio conyugal” se logró una modificación del Código Civil.

Y los  años cincuenta terminan con una mujer que ha pasado por escuelas, colegios e institutos que llega a la Universidad y empieza a conocer una realidad económica y social distinta, a la que tendrá que adaptarse. Las necesidades reales superarán los márgenes que el franquismo se empeñaba en mantener. En los sesenta las mujeres ya se dejan sentir en la universidad y evolucionan desde el modelo tradicional, vinculado al estilo católico y al conservadurismo falangista, a uno modernizado que ha sufrido transformaciones debido a las necesidades de la economía y la sociedad -Ley de Derechos Políticos Profesionales y Laborales de la Mujer (1960)- gracias a los Medios de Comunicación. Y es en los años sesenta cuando la situación de la mujer comenzó a cambiar al compás de la modernización social, el turismo y la industrialización.
Y en los años 70, con una incorporación ya fuerte y progresiva se suceden los mazazos económicos de las crisis petroleras y la muerte de Franco. Antes de un mes del 20N, se celebraron en Madrid las Primeras Jornadas por la Liberación de la Mujer… Y un no parar desde entonces…




[1] Flapper es un anglicismo que se utilizaba en los años veinte para referirse a un nuevo estilo de vida de mujeres jóvenes que usaban faldas cortas, no llevaban corsé, lucían un corte de cabello especial y escuchaban música no convencional para esa época, que también bailaban
[2] El 2 de septiembre de 1871, cuando Mª Elena Masseras consigue un permiso especial del Rey Amadeo de Saboya para realizar estudios de segunda enseñanza y poder continuar en la Universidad después. Mª Dolores Aleu Riera es la primera mujer que realiza el examen de grado para obtener una Licenciatura, en Medicina, el 20-4-1882, seguida en el mismo año por Martina Castells Ballespi y Mª Elena Masseras Ribera, todas por la Universidad de Barcelona. En 1886 obtiene la Licenciatura en dicha Universidad Dolores Llorent Casanovas (26-VI-86) y dos días después la quinta mujer licenciada en Medicina, Mª Luisa Domingo García natural de Palencia, la obtiene en la Universidad de Valladolid.

A PROPÓSITO DEL 8M (I)

Y dicen que todo esto de hoy comenzó aquí a partir de la Revolución de 1868, aquella de septiembre que llamaron ‘La Gloriosa’ cuando Concepción Arenal Ponte, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro (sin más apellidos, por ser hija de cura) se pusieron manos a la obra a defender cambios jurídicos y educativos que encajaron con el krausismo (del alemán Karl Christian Friedrich Krause) que alcanzó en España su máximo esplendor con Julián Sanz del Río y la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos: defendían la necesidad de mejorar el nivel educativo de las mujeres al considerar que serían las protagonistas del progreso social y por ende del país. Así, Fernando de Castro crea (1871) la Asociación para la Enseñanza de la Mujer; enseñanza que es también protagonista principal de esta historia.

La educación de la mujer, para su realización, será clave.

Y esta aventura por la educación comenzó bastante antes. El Reglamento de Instrucción Pública de 1821 -emanado de la Constitución de 1812 y del Informe Quintana-dice ya que “las escuelas de niñas tengan el mismo plan, sistema y orden que el de las escuelas de niños”. La Pepa ya decía que “La Educación debía ser pública, universal y gratuita”. Pero, como siempre, el texto legal y el reglamento que lo desarrolla y lo dota de fondos llevan en España caminos distintos y no siempre coincidentes.
Los derechos de la mujer eran -y son- una cuenta pendiente; pero había otras. En el XIX se consiguieron algunos logros sociales: la ley que prohibía el trabajo de los menores de diez años (1873) y la ley que prohibía a los niños menores de quince años los trabajos insalubres y peligrosos (1878), como son los de torero, domador de fieras, buzo y unos pocos más de ese calibre. No creo que fuera más allá de un sentimiento de misericordia hacia el débil, pero no entraba en el concepto social de hoy en día y hacia la mujer.

Y, además, resulta que no todos en aquellos días finales del XIX estaban por la labor; los había que rompía moldes y esquemas la atención preferente a la mujer. Aparecieron libros como “La educación moral de la mujer” (1877) del militar y novelista Ubaldo Romero Quiñones o las recomendaciones de leer (a las que sabían, claro) determinados clásicos, como “De la instrucción de la mujer cristiana”, de Juan Luis Vives, escrito en 1523 y en el que Vives defendía ya la educación para todas las mujeres, independientemente de su clase social y capacidad -y que elogiaron tanto Erasmo como Tomás Moro-, pero que a finales del XIX chirriaba porque estaba en latín, o “La perfecta casada”, de Fray Luis de León, escrita en 1584 con proverbios del mismísimo Rey Salomón. Vamos que, la tendencia no era muy avanzada que digamos.

Por ello, no es de extrañar que el Código Civil de 1889 -Napoleónico aún- lo deja todo como antaño estaba: que si “el marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido” (Art. 57), que si “la mujer está obligada a seguir a su marido dondequiera que fije su residencia” (Art. 58), que si el marido era el administrador de los bienes del matrimonio (Art. 59) o que si el marido era también el representante de la mujer y ésta no podía, sin su presencia, comparecer a juicio (Art. 60). Así las cosas, si la mujer poseía algún derecho de soltera, este desaparecía cuando se casaba. Y, a todo esto, acabando el XIX, la mayoría de las mujeres españolas no estaban nada convencidas de que su futuro fuera a estar en el mundo laboral; era una España agraria, con destellos puntuales de industria manufacturera, donde el analfabetismo en la mujer era superior al 88%, aunque un estudio realizado en Madrid y Barcelona -en 1885- lo deja en el 71’4% (¿?).

Con aquellos mimbres, al compás de la fecha del nuevo Código Civil, en Barcelona, se funda la primera organización feminista de España: la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona (1889). Venía con trayectoria de atrás, pero hasta ese momento no estaba el triunvirato femenino que la popularizó. Fueron la espiritista Amàlia Domingo Soler, la anarquista Teresa Claramunt Creus –“la virgen roja barcelonesa”, fundadora de ‘El Productor’- y la republicana Ángeles López de Ayala las que le dieron carta de naturaleza. En cuanto flaqueó en intensidad de esta Sociedad Autónoma, López de Ayala tomó el relevo (1898) con su Sociedad Progresiva Femenina que disponía de sendas escuelas laicas (de mañana y de tarde), un grupo teatral y un coro que actuaba en los círculos obreros de Barcelona, arropados por el radicalismo de Lerroux. Y hasta tuvieron revistas de masculinos nombres: ‘El Gladiador’, ‘El Libertador’, ‘El Gladiador del Librepensamiento’… y organizaron la primera manifestación de mujeres se produjo en Barcelona, el 10 de julio de 1910.
Y hubo más mujeres en aquellas primeras décadas del siglo XX, también en Barcelona: Dolors Monserdà i Vidal, desde las páginas de ‘Or i Grana’ (1906), Carmen Karr i Alfonsetti, desde ‘Feminal’ (de 1907 a1917) o Francesca Bonnemaison Farriols, creadora de la Biblioteca Popular per la Dona (1910) y de un instituto de Cultura.

El Estado también aportó su granito de arena. En el año 1900, se aprobó la Ley de Accidentes de Trabajo a la que siguieron la Ley de Descanso Dominical (1903) y la conocida vulgarmente como la Ley de la silla (1912) -por cierto, ¡no derogada aún!- que pedía tantas sillas como trabajadoras. No era una concesión caballeresca o galante; era la consecuencia de una solicitud de varios colectivos médicos ante la cantidad de abortos y partos distróficos advertidos en las trabajadoras que habían de pasar muchas horas sin poder sentarse; vamos, por cuestiones de supervivencia de la raza, el asegurar la descendencia ligada al embarazo, parto y lactancia. Por cierto: esta ley lo único que hizo fue marcar aún más la discriminación entre hombre y mujeres. Admitía la debilidad del sexo femenino y discriminaba al hombre. Tuvieron que pasar seis años para que el Real Decreto de 16 de octubre de 1918, estableciera en su artículo 15 que “con sujeción a lo determinado en el artículo 18 de la Ley todo dependiente varón gozará el derecho al asiento en los mismos términos que para las mujeres empleadas establece la Ley de 27 de febrero de 1912”. Y la ley de 1912 sigue sin derogarse. Y veo pocas sillas…

Y poco más. Europa se sumergió en la Gran Guerra y casi al final de ella, aquí, en el año 1918, nació la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, que defendía reformas en el Código Civil, la represión de la prostitución legalizada, la promoción educativa y el derecho de la mujer a ejercer profesiones liberales.
Everybody Works But Father
Hay un detalle que explica el retraso de la emancipación de la mujer en la mayoría de los países de la contienda y no en España. Allí, la mujer tuvo que ocupar el puesto laboral del hombre llamado a filas para la IGM; en España, cuya neutralidad se debió -principalmente- a que nadie quería el lastre de nuestra Flota y Ejército no recuperados ni la una ni el otro de los desastres de 1898 y 1911, no. Aquí, en la vieja piel de toro, la mujer seguía siendo mayoritariamente, como la sociedad: agraria.

25 ene 2020

DE FITUR 2020


He vuelto a pisar moqueta en la edición 2020, en la que FITUR cumplía cuarenta años. Es un decir, porque todos los años, desde 1985, lo vengo haciendo; pero no con la intensidad de esta edición. Y debo confesar que, para una inmensa mayoría, sigue siendo ‘la Feria de la Vanidades’; definición certera a más no poder que le oí un buen día a José Luis Calvo en sus tiempos al frente de Patronato de Turismo de la Costa Blanca.

Para muestra: Wonder Woman (que no se parecía en nada a Linda Carter) pululando por allí, una imitadora de Giuseppina Ronzi dando gorgoritos a las ocho de la tarde, después de haberlo estado haciendo -y muy bien- toda la santa jornada, dos cromañones, haciendo el ídem, salidos de algún stand perdido en la marabunta de pseudo marcas turísticas y dos damas de un Tabor de Regulares, una con tarbush, sulham y alquicel, aunque sin skara, componían muchas de las escenas fitureras que se sobresaltaban ante el paso de, tal vez, una supuesta miss carioca, alguna, dicen, reina de la belleza de un posible país sudamericano, varias falleras, belleas y damas de la Conquista, algún nazareno penitente (sin capirote) que desentonaba lo que no está escrito y hasta una Dama de Elche con dos horripilantes panderetas (porque así lo parecían) a la altura de las orejas. De todo esto y más, mucho más, por los pasillos de Fitur. Y así llevan cuarenta años creyendo que eso es promoción. Bueno, también los hubo que apostaban por llevar una maqueta de una supuesta mascletá en el interior de una maleta… intentando reclamar -que no llamar- la atención del peregrino que hace estación de penitencia recorriendo los pasillos de la feria en pos de llevarse cualquier cosa de recuerdo de un stand.

Y en eso que entró, ayer (viernes, 24), el presidente del Gobierno, por segunda vez, con paso decidido y ante una nube de fotógrafos, para acercarse al stand de Cataluña, directo, antes de acudir a la reunión del Consejo Español de Turismo, donde largó su discurso y luego tuvo que escuchar los planteamientos de los miembros del mismo; entre ellos, el alcalde Benidorm, Toni Pérez, que le pidió que se atienda “la relevancia de los destinos” y se les coloque a estos “en el centro de las políticas e iniciativas turísticas”, ya que “desde el destino se pueden canalizar todas las necesidades, tanto del sector público como del privado; al tiempo que el propio destino, desde la perspectiva de la colaboración público-privada, debe ser el catalizador del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Bueno, este ha sido el Fitur de los ODS, de ponerle a todo el sambenito de la sostenibilidad y de añadirle a todo el palabro Inteligente, para decir que se está, turísticamente, en la onda. Así que… lo mismo hay montañas inteligentes que deportes inteligentes. Por ello, mi querido José Luis, te enmiendo la calificación de ‘Feria de las Vanidades’ por la de ‘Feria de la Estulticia’… que llega al extremo de ver a una vaca sagrada de la profesión plantarse ante Benidorm y preguntar lo de “Y vosotros, ¿qué vendéis en Fitur?”. Si hemos llegado a esto, pues apaga y vámonos; porque echamos por tierra cuarenta años de progreso en turismo.

Ah, le han dado el premio al stand de la Comunidad Valenciana que ha tenido de todo: bueno, malo, deplorable, mejorable, pendenciero, exultante, innovador, tradicional, vistoso y hasta exquisito, pero de esto último llegaba poco…

Por el Pabellón 7 pasaron todos los que son algo en la Comunitat. Vino Ximo Puig… y alteró la programación del miércoles; ya todo fue de cabeza. Volvió el jueves, cuando “tocaba” y lo de los horarios para citas y compromisos, siguió siendo caótico. Al ministro Duque, don Pedro, que en su DNI del terruño tiene haber sido nº1 por Alicante en una lista electoral, una abuelita le birló, por toda la cara, un almanaque (esto, en Fitur no cambia; hay profesionales de nivel) y el ministro Ábalos pasó a desgana y flácido. También pasaron, y no de largo, con fotito y todo, que los cubitos de los ODS dieron mucho juego, el gobierno valenciano, empresarios de nivel y políticos como Moreno Bonilla, Isabel Bonig y Pablo Casado. Y alguno que no cito, castellonense de talla muy profesional, que sabe estar y sabe de qué va esto del turismo.

Por pasar, pasaron muchos: los que iban camino de Andalucía (P5) y los que lo hacían camino de Madrid (P9). Todos se pararon en Benidorm y terminaron haciéndose la foto con los cubitos de los ODS: “Ay, yo quiero el 4; y yo el 12. A mí dejarme el 6 que es el del agua; yo prefiero el 11, que va de sostenibilidad; yo quiero el 13, o el 15, que son los más verdes”… Yo quiero el 2; porque hemos pasado un hambre.   
  

Esto de Fitur ya no es lo que era. Falta el poderío gastronómico de los stands que antes se exhibía con desmesura -y hasta con displicencia- y sobra altanería en los baretos del recinto ferial que ofertan hamburguesa del montón a precios del Wagyu Kobe Rib Eye Cheesesteak del muy recomendable y carísimo (aunque una vez es una vez) Barclay Prime de Filadelfia[1].

He de reconocer que pese a todo, todos ha demostrado actividad. Unos, trasnochada; algunos folklórica, otros oportunista y los menos, una febril labor profesional y evolutiva, pensando en el mañana. Muy comentada la declaración gubernamental de “emergencia climática”: desde la sonora carcajada, por mediática y oportunista, al llanto más desgarrador, por apocalíptica. Si es que no estamos preparados para estos eventos.

Fitur son tres días de gloria para alcaldes y concejales que creen que todo el monte, además de orégano, es turismo. Total que van, exhiben su vacuidad y se vuelven por donde habían venido; en ocasiones, con paradiña y selfie ante monumentos de la capital, que para eso es la capital. Y no te digo si encima acuden con stand propio; que los hay. Y mean fuera del mingitorio/tiesto de su comunidad.

El 1 y el 10 son dos stands raros; la perdición de FITUR. Son como la vieja y el candil de la canción; una por regruñona y el otro por gastar grasa (para iluminar). Y hasta allí, a los stand ‘iluminados’ sólo se llegan los interesados… En el caso del 1, en un reducto (que no stand) de Venezuela servían buen café y mejor ron -Diplomático; gracias don Juancho Nieto por parir este néctar- ajenos a lo que pasaba a unos kilómetros, en Barajas. En el caso del 10, FiturtechY con sus cuatro frentes abiertos -Sostenibilidad, Destino, Negocio y Futuro- concitaba a primeros espadas defendiendo sus postulados para el turismo del mañana. Por allí no se pasan más que los profesionales. Y estuvo Benidorm.

Y para profesionales, hay muchos Fitur: Fitur Festival, Fitur Gay, Fitur Health, Fitur Know How & Export, Fitur Screem, Fitur Talent, Fitur Next Observatoy, Fitur B2B, Fitur MICE, Investur y el Foro Exceltur, que es el preámbulo de todo.

Y Benidorm, que juega en la Champions de este deporte que es la promoción y gestión (parte que siempre se olvida) del turismo ha estado en casi todo: en un panel del Foro, con stand propio, con representación en todos los campos anexos de Fitur, con participación activa en FiturtechY, repartiendo conocimiento e impartiendo doctrina a través del propio Ayuntamientos, de Visit Benidorm -y su equipazo- y de Inteligencia Turística, presentando sus Eventos 2020, sus herramientas de comunicación de los destinos, su novedosa apuesta Pet Friendly, su Benidorm Gastronómico, su iniciativa de turismo LGTBI, su Film Office, las nuevas herramientas de asistencia sanitaria senior internacional, la nueva gobernanza para abordar los destinos sostenibles y su apuesta por una estrategia de implicar los ODS de la Agenda 2030 con el DTI a través de su iniciativa de medir el impacto de los parámetros del destino turístico inteligente (primero del Mundo, certificado) sobre el territorio bajo el paraguas de un Smart Destination Living Lab, el primero que pone en marcha un destino turístico.

Y más, mucho más: gestión y gobernanza.  Y van y vienen; y te preguntan: “Y vosotros, ¿qué vendéis en Fitur?

Que a estas alturas del baile turístico del siglo XXI, cuando te dicen -y te explican- el por qué para Benidorm el Brexit no es un tema preocupante y ves cómo se suceden las reuniones, tomas de contacto, presentaciones y se ejemplifica con Benidorm los casos de éxito turístico, el que aún estemos con una preguntita así, te da, cuando menos, grima.

Voy a ver si me enciendo un Lusitanias, como el plural del trasatlántico, y este no me lo hunden con sus tonterías. 









[1] 237 S 18th St, Philadelphia, PA 19103





7 dic 2019

DE LO DE MADRID Y LA CHICA ESTA




Hasta el Madrid ha jugado hoy de verde. Esto puede conmigo. Y no es el fútbol.

He leído, no comparto, que Alexander von Humboldt, el barón de Prusia que nació en el Berlín de Federico el Grande un 14 de septiembre de 1769, fue el primero en cuestionar, tercio final del XVIII, que esto del clima nos iba a llevar a mal traer. Joseph Fourier, el matemático francés que consiguió resolver la ecuación del calor, que había nacido sólo un año antes y había dado una explicación al efecto invernadero (1824), fue quien le puso sobre la pista.

Pero fue una mujer, la climatóloga estadounidense Eunice Newton Foote la primera en echar la culpa (1856) de lo que pasaba al CO2: “el mayor efecto lo he encontrado en el gas ácido carbónico”.

Pues nada, que han pasado 163 años y aún andamos con esto. Y no ponemos remedio. Y no tiene buena pinta.

A la señora Foote no se la creyeron ni en el mundillo académico ni en el industrial, incluso cuando John Tyndall (1859) demostró que estaba en los cierto. Eunice, la señora Foote, ha tenido que esperar a 2011 para ser redescubierta, y a 2016 para reconocerle su advertencia a la humanidad. Esto va así.

Que esto no es de hoy: cuarenta años después de Eunice, el sueco Svante Arrhenius (1896) expuso que “la reducción de un 40% de CO2 en la atmósfera podría reducir la temperatura en Europa unos 4-5 °C”. Arrhenius fue el primero en señalar lo que entonces se llamó “sensibilidad climática”. El sueco estimó que “las emisiones industriales de CO2 serían un factor relevante en los próximos miles de años”… y ha pasado poco más de un siglo.

Arrhenius murió (1927) con su teoría rebatida por su colega Knut Angström; entonces no lo llamaron negacionismo.

En 1931 el físico norteamericano  Edward Olson Hulburt rehízo los cálculos y rebatió, a su vez, a Angström, con más pena que gloria, hasta que ésta -la gloria- se la llevó el británico Guy Stewart Callendar en 1938 dando su nombre -Efecto Callendar- al aumento de temperatura que nos ocupa y que dicen es debido al CO2 antropogénico.

¿Qué pasa?, ¿Qué han estado jugando con nosotros todos estos años?



Pues parece ser que sí. Y en juego entran interese políticos y económicos junto a peculiares personajes recientes como sir Krispin Tickell, Nicholas Stern o Paul Krugman. Sus informes han generado ríos de tinta y océanos de palabras, con sus corrientes y todo. Ah, me quedo con William D. Nordhaus, que recibió en 2018 el Nobel de Economía -junto a Paul Romer- por desarrollar un modelo cuantitativo que reproduce la interacción entre el desarrollo económico y la evolución del clima a escala global… al que pocos dedicamos tiempo.

Resulta que tantos años de industrialización y emisiones de gases han interactuado en la composición química de la atmósfera. Edwar Teller, el padre de la Bomba H, un físico nacido en Hungría y que huyendo de la revolución comunista de Bela Kun pasó a Alemania, donde vio llegar a los nazis, terminando por exiliarse en los EEUU, aprovechó su posición (1955) para encontrar, incluso, un culpable: los combustibles fósiles. Pero, de nada sirvió.

Todos nos fijamos en los EEUU y poco -o nada- hablamos de los demás. Hay países mucho más “contaminantes”, pero los “apestados” son los yankees desde que Lindon B Jhonson se negara a aceptar el informe (1965) que le urgía tomar medidas… y así llegamos al particularísimo Donald J Trump. Claro, que también es allí donde se plantean las medidas: Alan Greenspan y Paul Volcker, junto a 27 premios Nobel y los últimos presidentes de la Reserva Federal -tanto demócratas como republicanos-, piden un impuesto al carbono para que su coste social (la externalidad en el clima) se tome en cuenta en las decisiones de los actores económicos.

El caso es que las alertas llevan ululando con la sostenibilidad la tira de años. ¡Que viene el lobo, que viene el lobo! ¿Debieron decir que venía Greta?

Ya en 1968, hace 51 años, los Informes del Club de Roma (21 informes, desde entonces) metieron el miedo en el cuerpo. Pero nada más. El último, de 2016 –“2052: Una proyección para los próximos 40 años”- apenas si ha sido comentado.

El informe de 1972, que lo realizó el MIT, fue impactante: “Los límites del crecimiento”. ¿Recuerdan? Lo realizaron tres investigadores con el modelo computacional global World3. Ahora todos destacan la autoría principal de la doctora Donella Meadows. Sus doce puntos de influencia son aún básicos en investigación sobre este tema.

Sin entrar en el clima, simularon el crecimiento planetario y llegaron a la conclusión que de seguir así el planeta no era sostenible. En 1992 se actualizó el informe -Más allá de los límites del crecimiento- y ya habíamos superado los límites de carga del planeta de 1972. En 2002 se reactualizó -Los límites del crecimiento 30 años después- y se mantenía la pesimista conclusión de 1972. Que no sigan, que es peor,

Pura cuestión de sostenibilidad, más que emergencia climática en sí misma. 



Los Informes del Club de Roma, al menos, despertaron tenue concienciación. Así llegaron la 1ª Conferencia Mundial MaB (Estocolmo, 1972) sobre un programa MaB (Man & Biosphere) que había nacido en París, en 1968, de la mano de la UNESCO. La “Conferencia de Estocolmo” (1972; ahora llamada 1ª Cumbre de la Tierra) generó el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y sentó las bases para la primera Conferencia Mundial del Clima -que toda va ligado-, que se celebró en Ginebra, en 1979… y entre gin-tonics ha ido penando el tiempo.

Convocada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en Ginebra se trató el tema del calentamiento global y de cómo este podría afectar a la actividad humana, reconociendo hace 40 años el tema como un problema grave para el planeta. La Conferencia emitió una declaración convocando a los gobiernos del mundo a controlar y prever cambios potenciales en el clima, provocados por el ser humano, que pudieran resultar adversos para el bienestar de la humanidad. En aquella cita ginebrina del 79 se estableció el Programa Mundial sobre el Clima (PMC), bajo la responsabilidad conjunta de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Consejo Internacional para la Ciencia… ¿Y? Pues eso.

¿Se me acuerdan del Informe Bruntland de 1984? “Nuestro futuro en común”, llevaba por título; y nos dejó el concepto “desarrollo sostenible”, que ahí está.

Y por estar, ahí están las Conferencias de las Partes (COP), que -con esta de Chile/Madrid- suman ya 25. Y todas las cumbres que nos hado por montar: que si la Cumbre de Río (1992) con su Convenio Biodiversidad, el Programa 21, el Convenio sobre el Cambio Climático, el Documento sobre los Bosques y la Carta de la Tierra (muy bonita, ¡Oiga!), que si la Cumbre de Nueva York (1992; Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que si la Cumbre de Kyoto (1977) con su protocolo y todo; que ni nuevamente en NY la Cumbre del Milenio (2000); que si la Cumbre del Cambio Climático (Bonn; 2001), que si la Cumbre Mundial Desarrollo Sostenible (Johanesburgo; 2002). Haciendo tanta cumbre hemos dejado a Juanito Oyarzábal y sus ochomiles a nivel de un senderista aficionado.

Y, lo peor: que volvemos de ellas con el petate lleno de papeles y vacío de contenido.

Y este post viene porque me sale, con lo de Madrid, la niña Greta hasta en la sopa. Y no la aguanto: no me entra por los ojos. Entiendo lo suyo; pero a ella no.

Dicen que es un símbolo: “mujer, joven, decidida, con Asperger”; que eso último, no sé yo la importancia de destacarlo. Gabriela Warkentin -la mejicana- en su Parada de Postas contaba el otro día (25 de septiembre) en El País que “la fuerza del símbolo no está en la literalidad de su discurso sino en la potencia de la convocatoria”.

Bueno, pues la tiene. No me gusta Greta; pero tiene convocatoria. ¿Es lo que estábamos esperando?

Y me reconforta leerle a Gabriela que “Greta no es la solución; pero ojalá sea un llamado de atención”. Llamado, como se dice por allí; llamada, como decimos por aquí. Ojalá que sea eso; ¡¡somos tan banderizos!!

Es que, en mi pueblo, sin pretensión, tengo mala reputación. Y en el mundo, pues, no hay mayor pecado que el de no seguir al abanderado. Todos, todos me miran mal; salvo los ciegos, es natural. Y no es cuestión de propia fe.

Y a ver si de esta nos ponemos las pilas…. ¡Cielos, no; que contaminan!

18 nov 2019

DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE BENIDORM (y II)




Seguimos donde los dejamos ayer, y en  septiembre de 1972 llega, desde Oriéntese, Semanario Alicantino, la primera crítica a la construcción del Museo Arqueológico de Benidorm. Viene firmada con las iniciales R.B.: “El paraje es bellísimo, el llamado Castillo de Benidorm es estupendo, viendo con pena que el estilo que se va a imprimir a dicho edificio no concuerda y rompe la línea armónica de dicha zona”.

Y, ¡cómo no!, el bueno de Juan Portolés respondía a R.B. -el 23 de septiembre- y le aclaraba que “de no hacerlo allí -en la plaza del Castillo- el terreno revertiría al Estado, perdiendo Benidorm la concesión del solar”… y porque el Grupo 13 quería hacer algo tangible. Portolés señala que el tal R.B. escribe así porque no conoce el proyecto que, dice Juan, “está en perfecta armonía con el paisaje”. Y anuncia que “antes de un mes entregaremos el edificio a la ciudad”.

Alzado Sur, del proyecto

Pero algo estaba pasando con las obras del Museo porque ese mismo 23 de septiembre, Ángel Luís firma un suelto en Ciudad con un recriminativo “Más hacer y menos hablar… ¡Charlatanes!” criticando la palabrería de algunos que ponen trabas al museo.

Pese a todo, en diciembre de 1972 el Museo Arqueológico de Benidorm estaba a punto. Se hacían eco de ello desde El Vigía, diario marítimo de Barcelona, al semanario de edición nacional EDITUR, o La Gaceta del Turismo, con el mismo añadido: “una vez terminado el trabajo de la puesta en marcha del referido museo tiene la intención -el Grupo 13- de la realización urbana de la Plaza de Emilio Castelar, o del Castillo, con la construcción de un mirador circular al Mediterráneo, a modo de los anfiteatros griegos o romanos”. Proyectos no faltaban… pero estaban muy creciditos.

Así, el 11 de enero de 1973 se anunciaba la finalización de la construcción del edificio del Museo Arqueológico de Benidorm. Y, como siempre, ahora venía lo gordo: dotación para estanterías y vitrinas, iluminación  y todo lo demás. Aún quedaba tajo.

11.01.1973; Ciudad informa

Pero casi seis meses después, en junio, el Diario Información se preguntaba: “¿Qué ocurre con el Museo Arqueológico?”. Las obras llevaban cuatro meses paralizadas. Y el tema era grave.

Resulta que transcurrido un año desde la cesión del terreno, si no estaba terminado el proyecto, las obras revertirían al Estado y este podría sacar a pública subasta tanto el terreno como lo que sobre él estuviera. Se hablaba de una repercusión económica importante. Los promotores había calculado unos 300.000 visitantes años que pagarían 10 pesetas por entrar, a lo que sumar las ventas de la tienda de un museo que no había costado nada al Ayuntamiento y produciría 4’5 millones de pesetas al año.

Pero las obras estaban paradas. El motivo de la paralización, se decía, es que en el periodo de exposición pública había habido alegaciones. Algunas habían sido resueltas sobre el tema de viales, pero había aparecido una más oponiéndose a que el museo tuviera ese fin porque esperaban que fuera la construcción para un equipo de fútbol -así lo reflejó la prensa- y la Comisión Provincial de Urbanismo, leo en el Diario Información del 2 de junio de 1973, con la firma de Pirula Arderuis, lo estaba estudiando. Lo cosa era grave: hasta podía ordenar su demolición. El alcalde Reverte denunciaba un empeño en que la iniciativa fracasase.

Mientras tanto, Enrique Llobregat, que dirigía el museo por ser director del provincial, se descolgaba, a favor del museo, diciendo que “según el testimonio del propio alcalde, él y otra persona solamente conocen el lugar exacto en una montaña cercana a la villa de una necrópolis ibérica con más de trescientas tumbas”. A estas alturas, frente al edificio terminado, se amontonaban viejos cañones extraídos del mar.

El 10 de agosto la sueca Solveig Nordstrom se preguntaba, desde las página de Ciudad, ¿cuándo estará abierto? (el museo). La señora Nordstrom hacía excursiones con grupos escandinavos por la comarca y destaca la riqueza patrimonial de Benidorm y habla del poblado ibérico de La Cala.

El 23 de septiembre Ciudad publica una foto de la puerta cerrada del museo defendida por dos cañones en sus nuevas cureñas bajo el titular: “Prohibido el paso”. En noviembre, Pepet le dedica unos versos al cerrado museo: En els canons tirats per terra, allí en lo més alt del Castell, el museo es fa ja Vell, sense fonar ni pau ni guerra. Jo no dic lo que deu de ser, ni vullc tampoco ficar el nas, haurà que resoldrer el cas, i d’ell algo tindrem que fer…”.

En noviembre, el quincenal El Bar decía que “Aún hay esperanzas de futuro para él”, refiriéndose al Museo. Y publica las respuestas de seis personas al respecto. Vicenta Pérez Espasa (consejera local del Movimiento) que no da relevancia al museo; Ismael Planelles Dalmau (galerista de Arte) que habla de ilegalidades al Patrimonio; Juan Fuster Zaragoza (director del Colegio Lope de Vega) plantea que “no debió hacerse nunca”; el promotor Jaime Puchades no lo considera de primera necesidad; Carlos Sambeat (presidente del Skal Club y uno de los promotores) que señalaba que “es lo único que hay en Benidorm de prestigio cultural” y se reafirma en “la buena fe de cuantos de una manera altruista han intervenido en su edificación”, reconociendo -¡y aquí está la madre del cordero!- que no se llevaron a cabociertos trámites”. Finalmente, Luis Duart Alabart, el párroco-arqueólogo, destaca que “Benidorm necesita un museo”. Y el padre Duart da una pista de la irregularidad: “ocupa más terreno del que realmente le corresponde”.

Y en eso nos quedamos. El 14 de diciembre, nuevamente en Ciudad, Manuel Ballestero habla de “El museo de las 13 ventanas” y con habitual pluma define el museo, al que ‘le sobra una ventana’, como el que va a mostrar “un Benidorm pretérito, escrito en las piedras y firmado en los objetos”.

En marzo de 1974, Canfali, da cuenta del Expediente 94/73 de Cambio de alineaciones en la zona del Castillo calificado como infracción urbanística -desde el 1º de febrero- por no tener licencia de edificación instando a la corporación a que, “atendiendo a razones legales, económicas, urbanísticas y estéticas adopte la resolución que proceda en orden al derribo a la legalización de la situación”.

01.02.1974: derribo o legalización
El Museo Arqueológico de Benidorm, al final, exhibió las rencillas internas de las gentes de este pueblo y nunca se abrió como tal. Hubo un gasto de dinero importante, de unos pocos, y un derroche de ilusión, de los mismos, ni compartido, ni correspondido. “No podemos permitirnos lujos de piqueta demoledora”, decía, a modo de Editorial, el semanario Ciudad, de donde surgió la idea.

En la primavera de 1974, el delegado de Cultura del Ayuntamiento de Benidorm, Vicente Pérez Devesa, y el delegado de Cultura del Consejo Local del Movimiento, José Such Ortega, tuvieron que lidiar el astado… y se decantaron por la biblioteca.

El 1º noviembre de 1974, Juan Portolés, en su Punto Final del semanario Ciudad, saca a relucir la cuestión clave: “va mi amigo Pérez Martorell y declara que quienes dieron su dinero para construir un Museo debieron pensar que el hacerlo allí, precisamente en el Castillo, iba a sentarles mal a los nativos”…

Pocos días después el sus sección Flash de la Costa Blanca, del semanario de información y documentación turísticas EDITUR, Miguel Alberto Martínez Monge anunciaba que por acuerdo plenario el edificio originariamente pensado para albergar el Museo Arqueológico de Benidorm albergaría la Biblioteca Municipal “Gregorio Marañón”, “posibilitando a sus habituales usuarios el disfrute de una mayor comodidad para la lectura y servicios de préstamos” de libros en español, francés, inglés, alemán, flamenco, italiano y ¡¡esperanto!!

El genial Manuel Sánchez Luís lo dejaba claro: “existía un sitio y existía una carencia”. Y por ello el Grupo 13 se empeñó en el reto. Decía mi amigo: “La corporación presenció la construcción durante varios meses sin acusar su error de principio”.

El 14 de noviembre de 1974 el secretario del Ayuntamiento de Benidorm, Juan Antonio Baldoví Nácher trasladaba al presidente del Grupo 13 de Arte y Cultura la notificación del Acuerdo del Pleno de la Corporación, del día 5 de noviembre, donde se hacía constar “el agradecimiento de la corporación a las personas que en su día promovieron y financiaron la construcción del edificio… por el entusiasmo puesto al servicio de esta iniciativa y el acto de liberalidad de las personas que contribuyeron”.

Un agradecimiento que costó casi 2 millones de pesetas (de 1973) a unos particulares

El edificio del Museo Arqueológico de Benidorm convertido en Biblioteca saludó al Siglo XXI, pero cayó bajo la piqueta y en su lugar se levanta ahora una excrecencia urbanística. La biblioteca -Central de Benidorm- encontró alojamiento en la Plaza de Sus Majestades los Reyes de España, edificio Capitol, y cualquier pieza arqueológica que aparece en Benidorm, como marca la regulación, termina en el Museo Arqueológico Provincial.  

Y, a todo esto, yo me pregunto: ¿Qué contiene el ánfora fundacional del castellum romano de Benidorm?









Nota 1.- En la Urbanización Mont Benidorm hay un rótulo que reza: Museo Arqueológico de Benidorm. Es un local vacío que, en ocasiones, utilizan los arqueólogos dela UA en sus campañas de excavaciones en el Tossal de la Cala.



Nota 2.- En 2014, una exposición recogió la historia de la Biblioteca de Benidorm. Comenzó su andadura en la Calle del Pal, en 1972. Pero es que hoy hablábamos del Museo Arqueológico… en cuyo edificio recaló en 1975