26 jul 2021

VIVA MI CUBA LIBRE... Y TAL Y TAL... (III)

 

 

Aquí, lo de 1898, nos lo dijeron así: El Gobierno de Su Majestad, movido por razones nobles de patriotismo y de humanidad, no asumirá la responsabilidad de volver a traer a España todos los horrores de la guerra. Para evitarlos, se resigna a la penosa tarea de someterse a la ley del vencedor, por dura que sea, y como España carece de los medios materiales para defender los derechos que cree que son suyos, se aceptan los únicos términos que los Estados Unidos le ofrecen para la conclusión del tratado de paz.

Paz, tras la derrota, que para nosotros fue la Crisis del 98: más atraso y mayor aislamiento internacional. Con el añadido de ser una crisis de conciencia. Porque del entusiasmo patriótico de ir a la guerra contra los Estados Unidos pasamos al resentimiento contra todo lo que se movía. Cuba costó muchas vidas de recluta forzosa[1] -contribución de sangre- entre las capas más deprimidas (los pudientes pagaban y se libraban de ir a filas: redención que se llamaba mientras la gente llana cantaba lo de “Si te toca, te jodes, que te tienes que ir; que tu madre no tiene seis mil reales pa ti”)… y el movimiento obrero entró en acción por lo del reclutamiento que quitaba mano de obra al campo. Y también llegó el Regeneracionismo de Unamuno, Baroja, Azorín, Maeztu, Benavente, los Machado, Costa y Ganivet (entre otros) del que surgirán los que lo entendían y los que no… y a base de esa falta de entendimiento se lió lo del 36.

¿Y en Cuba? (que es lo que nos trae hasta estas líneas).

Cuba se despertó en 1899 con un gobierno militar norteamericano en una isla que por el acuerdo España-EEUU iba a ser independiente en 1902, al establecerse la república. Y, a todo esto, los cubanos no habían participado en nada del acuerdo de París y ahora les tocaba protagonizarlo.

El panorama en la isla era de campos devastados y población rural reconcentrada. El 84% de los ingenios azucareros no podían operar por estar destruidos o la plantación arrasada, dando la loca casualidad que eran los que estaban en manos de los pequeños productores. Los grandes ingenios seguían intactos aunque operando a bajo rendimiento porque las infraestructuras ferroviarias habían quedado fuera de juego y no era fácil encontrar braceros. Y el Ejército, licenciado y no retribuido, dio paso a una Guardia Rural bajo consignas de quienes mandaban en el gobierno militar y la aristocracia criolla, iniciándose la etapa del tirito bobo.

El gobierno militar norteamericano se trabajó el tema hospitalario y la cuestión de semillas y aperos, propiciando las inversiones y la consecución de latifundios productivos -tanto de tabaco, como de azúcar- que ocasionaron desplazamientos campesinos y aumentaron el sentimiento de frustración en criollos, blancos, mulatos y negros. Y nuevamente estos dos últimos grupos, especialmente en las zonas rurales, se activaron frente a los caciques criollos locales y las fuerzas de ocupación, en lo que muchos llaman ‘la respuesta campesina’ que llegó hasta 1902. Se habla de un bandolerismo de violencia indiscriminada y carácter económico -racial y marginal-, que afectó a buena parte de la isla, aunque se centró en la parte oriental, dando cabida a todos los que se habían quedado sin nada ideológica o materialmente. Y en paralelo, la Guarda Rural que ejecutaba sus propios desmanes.

Entre 1899 y 1902 hubo, en lo político, mucho que materializar: por la Asamblea Constituyente una Constitución -y se encontraron con la Enmienda Platt-. El caso es que los cubanos pudieron votar y elegir; primero por sufragio restringido en 1900, y en junio de 1901 ya libremente a las nuevas autoridades municipales. Y el 31 de diciembre de ese mismo año eligieron a sus representantes a la Cámara, gobernadores, consejeros provinciales y a los compromisarios que debían participar en la designación del presidente de la república y a los senadores. La República había echado a andar.

El 24 de febrero de 1902, tras la retirada de la otra candidatura, Tomás Estrada Palma, quien fuera presidente de la República de Cuba en Armas durante 1876-77 y delegado del Partido Revolucionario Cubano por expreso designio de José Martí[2], fue proclamado primer presidente de Cuba. Y el Tratado de Reciprocidad comercial con los EE.UU., que llegó de inmediato, otorgó ventajas a los yanquis: un trato preferencial sobre los restantes proveedores a costa de, principalmente, España y en detrimento del desarrollo de cualquier iniciativa industrial isleña. En cinco años, el 80% de la producción cubana iba a los EE.UU. y los cubanos importaban el 60% de sus necesidades de los EE.UU. a capitalismo batiente.

Cuba conoció entonces un ingteresante despegue económico. Las principales ciudades se modernizaron mientras las zonas agrarias se iban quedando rezagadas. De fuera llegaron españoles y antillanos que se sumaban a la oportunidad económica que atraía a las grandes compañías norteamericanas que se instalaban en la isla protegidos por los acuerdos existentes y el apoyo de Washington. Y así fue la cosa, in crescendo, hasta que los efectos de la IGM se dejaron notar en la isla. El esfuerzo norteamericano apuntó hacia Europa en lo bélico y lo económico. Los felices 20 fueron un subidón hasta la altura de precipicio por el que se despeñó la isla con la crisis 1930-1934. Y, por en medio, el protagonismo de la población negra que buscando su inserción en la escena política estuvo en todos los líos.

Y líos hubo en la isla al compás de siglo: la llamada Sublevación Liberal de 1906 (la “guerrita de agosto” -¡cómo son estos cubanos!- que provocó la segunda ocupación yanqui de la isla entre 1906 y 1909 (con William H Taft como gobernador interino practicando la llamada injerencia preventiva[3]); la sublevación auspiciada por el Partido Independiente de Color y que conocemos como la Guerrita de razas (1912: una masacre en toda regla -superior a la Conspiración de la Escalera- que acabó con todos los negros del PIC) y la Guerra del 17 o de la Chambelona -una conga que pone en entredicho, sabiamente alterada, a primera dama-. Es que ya desde 1916 Cuba era un país muy polarizado, un país de banderizos en el que de vez en cuando, pero cada vez con más frecuencia, se producía el “tirito bobo”, aunque el muerto fuera muy real y la canción, como dije, una conga.

Aquello iba de mal en peor y se sucedían los presidentes cubanos y los embajadores yanquis al alimón: Zayas-Crowder, Machado-Judah/ Guggengheim, Hererra-Welles… sintonía, oiga, donde, desde Gerardo Machado (1927, general del Ejército), Cuba iba -como dije- cuesta abajo y sin frenos hacia la dictadura y de pronto sonó el Golpe de los Sargentos/Revolución de 1933 lanzada por el sargento Fulgencio Batista que dio paso al llamado Gobierno de los Cien Días, una pentarquía[4] que dio paso a un “triunvirato” que mezclaba izquierdistas revolucionarios con derechistas tradicionalistas sobre los que un galeno de prestigio, Ramón Grau, catedrático de universidad, torea con el añadido de la intromisión del embajador Benjamin S Welles. Y tras él que se suceden los presidentes -Carlos Hevia renuncia a los 3 días, Manuel Márquez estuvo 6 horas en la presidencia, Carlos Mendieta aguantó casi dos años, Agripino Benet estuvo cinco meses en la interinidad, a Miguel Mariano Gómez lo destituyó un Senado mangoneado y sólo Federico Laredo Bru resultó electo en elecciones libres y soberanas hasta que por las mismas llega al poder el nuevo jefe del Ejército, el ex sargento y ahora flamante coronel, Fulgencio Batista, encabezando la Coalición Socialista Democrática (octubre de 1940), una candidatura populista -en la que entraban hasta los comunistas[5]- con la que se mantuvo en el poder hasta 1944.

Para entonces Cuba ya había llegado al nuevo Tratado de Reciprocidad (1934) que devuelve al azúcar cubano el trato preferencial y por el que Cuba pasa a exportar a EE.UU. el 80% de los que produce y a importar de EE.UU. el 80% de los que necesita. Y eso con Franklin D Roosevelt en la Casa Blanca; que iba de progresista. Total, que en 1940 Cuba se dotó de una nueva Constitución en una Asamblea con 76 delegados, de 9 partidos políticos, abriendo un nuevo periodo de legalidad constitucional.


                                                                               Cuba 1940: la dualidad entre La Habana y el medio rural

Las elecciones de 1944 llevaron al poder al Partido Revolucionario Cubano Auténtico de Ramón Grau San Martín. Pero ni él, ni Ramón Prio Socarrás, que ganó en las elecciones del 48, supieron aprovechar lo que la IIGM supuso. El repunte económico de la postguerra mundial sólo llegó hasta el arranque de la década de los cincuenta, tras asistir al cisma del partido “Auténtico”, al que le salió una escisión “Ortodoxa”, mientras los tiritos bobos se sucedían y limpiaban el campo de opositores.

Y así llegamos a las elecciones de 1952 en que se vuelve a presentar Batista y como las encuestas no le iban nada bien, da un golpe de Estado y se proclama presidente provisional, suspendiendo tanto las elecciones previstas como el Congreso de la nación; y con ello, las garantías constitucionales de 1940. Y de paso dejaba el poder legislativo para el consejo de ministros que él presidía. Para noviembre de 1954 Batista convocó unas elecciones dirigidas que ganó sin ni siquiera la mitad de los votos emitidos (46’5%) en unos comicios dónde solo participó la mitad del electorado (52’6%). Batista reestableció la Constitución de 1940 y mantuvo una Cuba de dos realidades: la campesina paupérrima y una urbana de contrastes de máximos y mínimos donde los negocios yanquis del juego, la prostitución y las drogas -bajo la excusa del turismo- que habían tomado La Habana desde 1915 se expandían mientras los disturbios y las huelgas dejaban patente que no todos vivían la misma realidad y que una guerrilla revolucionaria había irrumpido en escena desde 1953[6].

Como de esto hay mucho escrito y publicado, lo dejamos por aquí, con la llegada del Movimiento 26 de julio, sus dos años de guerrilla y el triunfo final de los barbudos que el 31 de diciembre toman Santa Clara y Fulgencio Batista sale de La Habana el primero de enero de 1959 y Castro, que comenzó militando en el Partido Ortodoxo (Partido del Pueblo Cubano -escisión del Partido Revolucionario Cubano Auténtico)- anuncia la victoria dando paso a una dictadura comunista, ganada a pulso, que llega hasta hoy donde el modelo inamovible de supremacía criolla actúa en base a estereotipos, que se perpetúan.

Y eso que el Partido Comunista Cubano había dominado todo el movimiento sindical desde los años 20 y había aceptado el marco de legalidad de la Constitución de 1940 que todos fueron chafando desde ese mismo año.

Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos.

Motines, lucha de razas, conspiraciones, intromisiones extranjeras, formaron parte del camino recorrido para llegar a 1868. Y eso mismo podemos decir para llegar a 1958. Es la historia de Cuba.

Y una pincelada económica de este Y tal y tal… (III). Hasta 1898 hay una expansión económica sustentada principalmente en la agroindustria azucarera y marcada por la crisis del modo esclavista de producción. La política establecida por el colonialismo español con su monopolio comercial puso en marcha un ideal económico que comenzó funcionando y promoviendo reformas que estimularon el desarrollo del país (sin entrar en detalles) hasta la guerra. Luego, el período de ocupación estadounidense (1899-1902) constituye un tránsito histórico del colonialismo español al neocolonialismo estadounidense, en cuyo transcurso se crearon las condiciones institucionales para la formación de capital con recursos de empresas norteamericanas que supuso la recuperación productiva del país y hasta la creación de un incipiente volumen de servicios financieros que consolidarán el modelo capitalista de producción centrado en plantaciones de azúcar con la vista puesta en los Estados Unidos. Y tímidamente se producen intentos de diversificación económica.

 

 

 

 

 

 



[1] Ley de Reemplazo del Ejército de 2 de noviembre de 1837. El Proyecto de Ley de 1850 democratizó su utilización. Las cantidades a pagar fueron variando según las distintas leyes: 6000 reales en 1851, 8000 en 1859, 6000 en 1869, 5000 en 1874, 8000 en 1875, 2000 pesetas en 1878, y 1500 ptas y 2000 ptas, respectivamente, en 1885 si el destino era la Península o Ultramar. Las Leyes de 1872 y 1882 restringieron aún más el uso de la sustitución. Y un detallito ‘sin importancia’: la duración del servicio militar desde 1856 hasta 1882 varió entre los ocho y doce años. La redención y sustitución fueron abolidas definitivamente con la Ley de 1912, que teóricamente universalizó el servicio militar, pero que de hecho mantuvieron los antiguos privilegios para los estratos sociales más poderosos económicamente con la creación del llamado soldado de cuota, que efectuando un pago de 1000 o 2000 pesetas, además de correr con todos los gastos de manutención, equipo y caballo, veía reducido el tiempo de permanencia en filas a diez o cinco meses respectivamente, cuando el servicio duraba tres años.

[2] José Martí. La Habana (Cuba), 28.I.1853 – Dos Ríos (Cuba), 19.V.1895. Hijo de valenciano, escritor, periodista, pensador y líder político, héroe nacional de Cuba. https://dbe.rah.es/biografias/13497/jose-marti

[3] Lo de entrometerse en asuntos ajenos antes de que estos se hagan patentes

[4] Gobierno de cinco personas

[5] Los dirigentes estalinistas del Partido Socialista Popular (PSP) apoyaron la candidatura presidencial de Fulgencio Batista entre 1940 y 1944; dos de sus más destacados dirigentes, Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez, fueron ministros del gabinete Batista.

[6] En 1953, el Partido Socialista Popular (PSP) es ilegalizado por Fulgencio Batista, aunque sus órganos de prensa continuaron circulando libremente. Incluso PSP condenó y calificó como ‘actividades golpistas y aventureras de la oposición burguesa’​ el asalto al cuartel Moncada realizado por Fidel Castro y sus seguidores del Partido Ortodoxo. Luego, como parte de la oposición a la dictadura de Batista desde mediados de 1958, mostrará una actitud ambigua hacia el Movimiento 26 de Julio hasta diciembre de 1958, cuando Ernesto Che Guevara se entrevista con los principales dirigentes del partido y los reconduce . En 1961 el PSP se fusiona con el Movimiento 26 de Julio y otras organizaciones para formar las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). El PCC de Fidel Castro se origina a partir de este momento, con la formación de las ORI, donde -tras depurar lo que llamaron “errores del sectarismo”- son unificadas como Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) el 26 de marzo de 1962, constituyéndose finalmente el 3 de octubre de 1965, como Partido Comunista de Cuba (PCC).

25 jul 2021

VIVA MI CUBA LIBRE... Y TAL Y TAL... (II)

 

Creo que para ilustrar lo escrito en la anterior entrega debo exigirme una serie de puntualizaciones; pues no sólo es de sangre y azúcar la historia por la que transitamos.

De lo mollar del Imperio español, Cuba era la más cercano a los intereses peninsulares y por mucho que la plata llegara de Potosí, Cuba era Cuba; y La Habana el corazón. Para escribir esto hoy me he puesto (una y otra vez) a Carlos Cano y su Habaneras de Cádiz; y así me ambiento.

Aquí podía colar, en este Post cubano, que esta historia podría haberla comenzado hasta con lo de la Casa de la Contratación (1503), las Flotas de Indias, lo de la Real Provisión de Carlos I para proteger las Flotas de Indias (1522; con el Impuesto de Averías), lo del Consulado de Mercaderes de Sevilla/Cargadores a Indias (1543) y hasta con lo del Sistema de Flotas y Galeones (1561)… y varias cuitas más para ilustrar el conjunto y montarme una película que no vean. Para esta historia ya estamos en el vapor y los buques de acero, pero esta historia se fragua en la navegación a vela y el viaje vuelta a la península, el regreso de la Flota de Tierra Firme, haciendo converger a todas las naves en el puerto de La Habana para que, entre abril y mayo, salieran con destino a Sanlúcar-Sevilla o a Cádiz. Hacerlo en junio era arriesgado por la temporada de huracanes (soplaba Jurakan, dios de las tormentas mayas). Total, que el Galeón de Manila/la Nao de la China llegaba hasta Acapulco, por el Pacífico, transportando seda y porcelana de China, marfil de Camboya, algodón de la India, alcanfor de Borneo, piedras preciosas de Birmania y Ceilán así como especias (canela, pimienta y clavo principalmente) y quinina. Y por tierra, desde Acapulco a Veracruz, se transportaban. Y habíamos diseñado un camino y un canal para atravesar el istmo de Panamá, pero…

Ya en el puerto veracruzano se subía la carga del Pacífico a embarcaciones que en la bodegas ya llevaban su carga de metales preciosos y otros productos del continente (especialmente tintes -grana, añil, cochinilla y palo de campeche-) y rumbo a La Habana donde también embarcaban café, azúcar, tabaco, cacao. Fondeados en la inmensa bahía habanera se conformaba la flota y el regreso se hacía por el canal de Las Bahamas (más peligroso en temporales que en enemigos, que también los sufrían) hasta arrumbar al paralelo 38 y de ahí, con vientos de Poniente, a las Azores -en cuya escala se enteraban de la presencia de corsarios- para partir hacia la península navegando en orden de combate hasta calcular la posición del Cabo de San Vicente y virar hacia los puertos de indias españoles; desde 1680 ya sólo a Cádiz, por operatividad (y desde 1765, Málaga, Alicante, La Coruña, Santander… hasta el Reglamento de Libre Comercio de 1778).

Así que La Habana es Cádiz con más negritos; Cádiz, La Habana con más salero… y eso que Cádiz se funda en el 1.104 aC (Tito Livio y Cayo Veleyo Patérculo, dixit) y la Villa de San Cristóbal de La Habana en 1519 (por Diego Velázquez de Cuéllar). El Malecón habanero y Campo del Sur gaditano tienen su aquel…

Y tras esta licencia personal, destacando la importancia de por sí de Cuba y La Habana, me voy a pincelar lo del apetito de todas las naciones por la isla, especialmente desde mediados del XVIII y en particular de los EEUU.


Los estados del Sur de los Estados Unidos pusieron sus ojos en la isla y contaron con el apoyo de militares españoles de la talla/catadura moral (según se mire) de
Narciso López que, nacido en lo que hoy es Venezuela, se mantuvo fiel a la Corona y a España[1] hasta que se decantó por la independencia cubana, siendo el padre de la bandera cubana, a semejanza de la Texas -que había dejado de ser española en 1821-, que se izó por primera vez en la ciudad de Cárdenas, un 19 de mayo de 1850 (unos días antes se habían izado banderas “cubanas” en las sedes de periódicos de Nueva York y Nueva Orleans) en uno de sus desembarcos de conquista que no pasaron de revuelta local. La bandera de López y Teurbe[2] fue adoptada en la Asamblea constituyente de la República de Cuba en Armas, en Guáimaro. Protagonizó López -en su acción final- un desembarco más, con cubanos y mercenarios yanquis y financiación de potentados sureños, en una playa de Pinar del Río el 12 de agosto de 1851: un desastre, como los anteriores. Aunque él consiguió estar por la isla hasta el último día de ese mes, fue capturado y ejecutado; como muchos de los mercenarios que le acompañaron. A resultas, el consulado español en Nueva Orleans fue asaltado sin que las autoridades intervinieran, confirmando el apoyo yanqui a la invasión. Muchos españoles, en Nueva Orleans, tuvieron que salir de la ciudad y cambiar sus apellidos para soslayar su procedencia.

Es que desde el Sur de los Estados Unidos se buscara la anexión de Cuba como fuere; era el pan nuestro de cada día en el XIX. Tras el Manifiesto de Ostende (18/10/1854) se le hace saber a España que los Estados Unidos bien podían ofrecer 120 millones de dólares por la isla[3] y, sobre todo, que España haría bien en venderla, porque sería incapaz de defenderla frente a una sublevación de esclavos negros y la intervención de las potencias. España, que ya sabía que los yanquis no pagaban, potenció su presencia militar en la isla y la tensión se palpaba. La Guerra Civil norteamericana (federados vs confederados; 1861-65) supuso un alivio para España sobre Cuba y al final resultó que el Norte ganador no mostró especial apetito cubano; aunque sí portorriqueño.

Pero en Cuba había otro tema peliagudo más allá del interés rapiñero yanqui: el de los esclavos negros, que preocupaba por todas partes desde que en 1841 se dieron cuenta en la isla que había más negros (y mulatos) que blancos. Se puso en marcha -por la administración colonial y apoyada por las élites criollas- una política de blanqueamiento (así se llamó) mediante la llamada a españoles de la península a embarcarse hacia Cuba y trabajar allí.

La Sociedad Antropológica de Cuba (1877; creada a instancias de su homónima en Madrid y que llevó a cabo el Museo Indígena de Historia Natural) -como ya lo había iniciado la Sociedad Económica de Amigos del País (1792; surgida de la Sociedad Patriótica de La Habana)- se centró en demostrar la inferioridad intelectual (y genética) de negros y mulatos, apostando por importar población blanca que le diera otro nivel a la isla. Pero a esa población europea le costaba mucho aclimatarse y adaptarse al clima tropical y a las enfermedades del Trópico. En realidad, buscaban blancos para hacer el trabajo de los negros y mulatos en los ingenios y plantaciones por muy poca remuneración, con lo que la campaña de blanqueamiento no funcionó. Se decía que “el pueblo español es el más capacitado para adaptarse a todas latitudes por el proceso de mestizaje histórico”, alabando “la capacidad de la raza española”; pero ni por esas. Los nuevos colonos que llegaban medio engañados se negaban a trabajar en las duras labores agrarias; preferían el comercio y la administración. Terminaron montando tabernas ante la falta de oportunidades. Para colorear la situación, se pensó incluso en trabajadores asiáticos… pero no funcionó.

Y, así las cosas, al finalizar la Guerra de los Diez Años (Paz de Zanjón, 9/06/1878), por Real Decreto del Gobierno Español, por aquello de que Cuba estuviera y se sintiera más integrada en el reino, se dividió el territorio cubano en seis provincias[4] y 110 municipios de al menos mil habitantes. Esta división, además, servía para facilitar la elección de Diputados a las Cortes.

Y de nuevo, el problema racial copó la actualidad ya que los soldados negros y mulatos que habían servido en ambos bandos recibieron la consideración de libertos. Hasta 1878 la población de color sólo era tenida en cuenta como factor de trabajo y posible elemento perturbador del orden. A partir de 1878 negros y mulatos cobran protagonismo en la historia de Cuba; y no te digo a partir de 1898. La incorporación de la población de color a la sociedad civil con igualdad de derechos (al menos teóricamente), metió el concepto “raza” en la ecuación de la realidad cubana.

Y con estos dos problemas por medio -negros y yanquis- se suceden la Guerra Chiquita y la Guerra de la independencia. La primera fue eso, una guerra chiquita en el tiempo: se inicia a poco más de un año de la Paz de Zanjón, el 24 o 26 de agosto de 1879 (no se ponen de acuerdo en qué día se dio el primer grito) y llega, con altibajos, hasta el 3 de diciembre de 1880; el general García Polavieja no tuvo mucho impedimento en combatir aquella insurrección que muchos pretendieron llamar “Guerra de Razas”.

Desde 1880 la inestabilidad era patente en la isla y a comienzos de 1895 volvió a estallar. Se pone la fecha del 24 de febrero como el inicio de la misma; pero los alzamientos, muy locales, se fueron produciendo a lo largo de varios días y con distinta fortuna. Prenideron en Oriente y tiene etapas, campañas y fases cruzando trochas -líneas militares fortificadas- hasta generalizar la rebelión en todo el ámbito rural de la isla, lo que provoca el cese del general Martínez Campos que es sustituido por Valeriano Weyler, quien no termina por conseguir resultados y es relevado, a su vez, por el general Ramón Blanco.

En plena guerra, los Estados Unidos se meten por medio a finales de 1897 y consiguen que el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta otorgue una Constitución para la isla y otras iniciativas que ni gustan a los criollos ni a los intervencionistas. Los norteamericanos anuncian una guerra inminente y España, que había vendido La Florida a los Estados Unidos en 1819 (y no cobrado[5]) no tenía ahora a la opinión pública de cara para vender Cuba, con una oferta que seguía en pie y que era la propuesta para evitar la guerra. Aquel Gobierno español prefirió ir a ella, que sabía perdida, antes que enfrentarse a una revuelta social si se vendía Cuba: pues aquí se quería a Cuba; era un trozo de España.



Con la Armada estadounidense en práctico bloqueo de la isla, el USS Maine entra en la había de La Habana, por lo que se envía al Vizcaya a Nueva York en devolución de la visita. Y en este blog ya hemos contado la orden de ‘disparen si no vuelvo’ del capitán español pues el Maine había estallado en La Habana un par de días antes y la prensa yanqui pedía venganza. El 25 de abril de 1898, Estados Unidos declaró la guerra a España y los norteamericanos desembarcaron en Cuba; desde el 1º de mayo se desarrollan operaciones conjuntas cubano-norteamericanas contra España. El 12 de julio, por Guantánamo, desembarca el mismísimo Teodoro Roosevelt con el regimiento de caballería Rough Rider. Y a pesar de que se lo complicamos en las batallas terrestres -Loma de San Juan y El Caney-, el combate naval de Santiago de Cuba nos dio la puntilla: Santiago se rindió el 16 de julio… y Cuba se perdió.

Los yanquis fueron a por todas y atacaron también Filipinas, Guam y Puerto Rico. Tras el desastre filipino de la batalla naval de Cavite (con nuestras grandes unidades cruzando el Canal de Suez para llegar), el gobierno de Sagasta pidió la mediación de Francia para una paz: Protocolo de Whashington del 12 de agosto y Tratado de París del 10 de diciembre, donde se concuerda la independencia de Cuba para 1902. Aquello fue una voladura controlada de un imperio indefendible y terminamos vendiéndoles también las Islas Marianas (excepto Guam), las Carolinas y Palaos a Alemania por 25 millones de pesetas/17 millones de marcos.

Las tropas norteamericanas se quedaron en Cuba hasta 1902 (aunque volvieron a ocuparla entre 1906-1909) y por la Enmienda Platt (1901), que se añade a la Constitución cubana, se autoarrogaron una serie de privilegios con los que tutelar Cuba hasta 1934, frustrando el ideal independentista de José Martí plasmado en el Manifiesto de Montecristi (25/03/1895).

El caso es que los hombres de Shaffer desfilaron por La Habana como tropas liberadoras y el gobernador militar John R.Brooke desarmó al Ejército, al que desmovilizó -jubilando a sus integrantes-, y a la población el día de Reyes de 1899. Así no habría problema de armas contra ellos.

Como detalle final hoy les cuento que John Lawrence Tone en Guerra y genocidio en Cuba, 1895-1898 (Turner, 2008) señala que entre 1895 y 1898 hubo más cubanos luchando por España que por la independencia.

Y ahí lo dejo; que me tira mucho la eñe… y habrá un III

 

 

 

 

 

 



[1] Estuvo en la Primera guerra carlista, fue gobernador militar de Valencia y Madrid, diputado a Cortes por Sevilla, participó en la Revolución de 1840. Volvió a Cuba, pero con la llega de O’Donnell a la isla, que lo destituyó de sus cargos en 1843, se pasó al bando independentista comprometiéndose con los terratenientes criollos, consiguiendo financiación desde el sur de los EEUU.

[2] Miguel Teurbe Tolón y de la Guardia, poeta, escritor y profesor cubano.

[3] El embajador de los Estados Unidos en España, Pierre Soulé -abogado de Nueva Orleans- se sintió descubierto y abandonó durante unos meses su puesto en Madrid. Los Estados Unidos tienen embajador en España desde 1779, siendo el primero John Jay. Y, por cierto, desde 1801 todos los presidentes norteamericanos hacían una oferta económica por la isla.

[4] Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba

[5] El 22 de febrero de 1819, por el Tratado Adams-Onis», los estadounidenses se hicieron con la Florida a cambio de 5 millones de dólares que no pagaron; pues los consignaron a compensaciones que jamás hicieron efectivas. Además, se estableció que la monarquía hispánica quedaría como única soberana de Texas, hasta entonces en disputa y… ya saben de dónde es Texas. El nombre del tratado es Tratado de Amistad, arreglo de diferencias y límites entre su Majestad Católica el Rey de España y los Estados Unidos de América y lo firmaron Luis de Onís (por la Corona España) y John Quincy Addams, secretario de Estado del presidente Monroe. El pacto fue ratificado por Fernando VII tres años después.

VIVA MI CUBA LIBRE... Y TAL Y TAL... (I)

  

Tengo el terrado calcinado y he tenido que salir a la calle con sombrero; el sol, si no está embotellado, acaba conmigo. Y un amigo me ha dicho que llevaba un cubano; sí, un sombrero de paja … y a resultas de ello me he decidido a escribir sobre Cuba. Con la que está cayendo en Cuba, me he atrevido con este análisis, que el amigo Abich certificaría hoy cuando sólo hablan de boinas negras y las protestas se han diluido en el mar de represión

Y me arranco con las ansias de independencia cubana; entonces, de España, que había plantado su bandera en la isla Juana -como Colón la llamó- desde el 28 de octubre de 1492. Pero que sepan que ya en el XVIII tanto los Estados Unidos como Gran Bretaña la querían[1]. Y los del lugar ansiaban ser sus propios señores.


Y no vean como estuvo el tema a lo largo del XIX, donde las logias masónicas campaban por sus fueron y buscaban hacer de aquel amasijo de ingenios azucareros -en manos de terratenientes criollos o españoles de estirpe- y de plantaciones cafetaleras -que explotaban descendientes de los franceses que habían llegado a Cuba huyendo de la revolución haitiana- junto a otras de café, tabaco, cacao, algodón y añil que era lo que la tierra cubana daba. Era un paraíso productivo del que pendía una espada de Damocles: el peligro de una revolución de los esclavos negros. Porque el agro lo trabajaban, explicó el padre
Valera ante las mismísimas Cortes de Cádiz (en 1823), 290.000 esclavos negros (el 40’6% de la población). En fin: una isla de mayoría criolla y minoría europea donde administrativos coloniales, militares peninsulares e inmigrantes españoles en busca de fortuna era grupo dominante -junto a los franceses venidos de Haití- y unos pocos libertos (negros y mulatos); pero el resto, esclavos negros.

La experiencia haitiana[2] de revolución de los esclavos negros era ansiado por estos en la isla española; y era muy temida por blancos y criollos. El primer gran susto llegó en 1812 con la sublevación de José Antonio Aponte, rápidamente sofocada. Como no hay mal que por bien no venga, a resultas, se suprimió el estanco del tabaco (monopolio), decretado en las Cortes españolas de 1636 -y que operaba desde 1764- y se dio una buena libertad comercial.

Al comienzo del XIX las producciones cubanas no tenían competencia; Haití había quedado devastado tras su revolución. Había que mantener aquel estatus sin competencia que reportaba pingües beneficios a los propietarios y a la Corona, lo que agrandaba las ansias de controlar la colonia española. La tranquilidad criolla la proporcionaba la presencia de un fuerte contingente del Ejército español, aunque también les frenaba en los afanes independentistas que recorrieron el continente tras la Constitución de 1812. Eso sí, la influencia de las logias masónicas (desde la de York al Gran Oriente Francés) animaron a la sacarocracia[3] a aumentar sus ansias de libertad que un advenedizo puso en órbita en cuanto no se supo qué hacer con los esclavos negros a los que se les daba la libertad en pleno auge capitalista. Pero vayamos por partes.

En 1837 se abolió la esclavitud en España. En la península no quedaban esclavos desde que en 1766 fueron expropiados por el Estado[4]. Solo Cuba y Puerto Rico quedaron expresamente exentas de cumplir la norma. Y la Cuba del XIX funcionaba a base de esclavos negros y la excelente gestión económica de Claudio Martínez de Pinillos y Ceballos, un criollo de primera generación que gestionó muy eficazmente[5] las cuitas económicas isleñas desde su puesto de Superintendente de la Real Hacienda de Cuba y miembro de la Junta de Aranceles de Madrid. Terminó en el Consejo de Ultramar siendo Grande de España. Dobló las rentas públicas en su etapa cubana y le tocó vivir varias revueltas de esclavos negros, varias de ellas instigadas por blancos y criollos. Algunas estuvieron instigadas por el cónsul británico David Turnbull[6].

En aquella Cuba del XIX hasta hubo elecciones. Esto posibilitó que en 1820 uno de los representante de la Isla de Cuba en las Cortes de España, Félix Varela -el padre Varela, que también era masón-, reclamara la abolición de la esclavitud y, de paso, la independencia cubana. No gustó lo segundo, pero se debatió la primero. El regreso en 1823 del absolutismo del rey felón acabó con el tema.

La masonería, de influencias continentales, no paraba de alentar los aires de independencia. Y aún en la etapa liberal y con un gobierno constitucional en Madrid, desde la logia de La Habana, en sintonía con las ideas de Simón Bolívar, se apoyó una revolución para crear la República de Cubanacán, que el general Francisco Vives sofocó sin piedad. El argumento revolucionario era que España podía terminar cediendo Cuba al imperio británico y los “independentistas” veían mejor la anexión a los Estados Unidos. Por aquellos días, hasta la logia mexicana Gran Legión del Águila Negra también estuvo en la conspiración de 1923; la dirigía Guadalupe Victoria[7], primer presidente (1924) de los Estados Unidos Mexicanos. Cuba estaba muy codiciada.

En fin, que a partir de los años veinte del XIX Cuba vivió, una tras otra, décadas de alta tensión que desde la península no aliviaban. En 1834 se nombró gobernador de la Siempre Fiel Isla de Cuba -el genial nombre que le puso el burócrata de turno- al cartagenero Miquel Tacón y Rosique, mariscal de campo, que se dedicó a fomentar el comercio de esclavos, para rentabilizar la producción isleña que iba viento en popa. Y a exiliar intelectuales que en Europa o en el continente, reforzaban identidad. E igual de tensa fue la década siguiente; tanto que en la Navidad de 1843 se palpaba un ambiente como en el Haití pre revolucionario. El gobierno de los Estados Unidos se ofreció enviar unidades navales de apoyo a los intereses de España. El general Alejandro O’Donnell, gobernador militar y capitán general de Cuba, lo rechazó y desarrolló una campaña de caza del insurgente que marcó la isla para la década siguiente. A Cuba, los capitanes generales llegaban con facultades omnímodas.

Así fracasaron tanto la Conspiración de la Escalera (1844) -que fue más un lío de insurgentes que una revuelta; se denunciaron todos (a golpe de latigazos;el “Año del Cuero”) y salió a la luz el doble juego de todos contra todos en la pretensión de controlar el comercio que salía de Cuba- como las insurrecciones de la década siguiente -de 1850 y 1851- de Narciso López, Joaquín de Agüero e Isidoro Armenteros. Todas las intentonas eran pura testosterona de unos y otros que sólo engendraba sangre, dolor y resentimiento. Pero tanto los criollos blancos como los esclavos negros suspiraban por lo que veían en el continente, especialmente en los Estados Unidos que no paraba de sembrar ideas de emancipación a golpe de dólares, aplicando las teorías del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe, que llegaron a una selección de figuras del momento. Por no hablar del Club de La Habana y la Orden de la Estrella Solitaria como instrumentos políticos clandestinos que buscaba la anexión a los EE.UU.

La historia cuenta que los terratenientes criollos que vivían en Bayamo empezaron a tramar cómo sublevarse el comenzar la década de los sesenta del XIX. El motivo no era otro que, tras la llegada de la tecnología a sus ingenios, el vapor hacía que los esclavos negros no fueran tan necesarios para mantener la economía a pleno rendimiento. Y esa fue la perfecta combinación/excusa: no saber qué hacer con los esclavos negros (ahora habría que pagarles por su trabajo) y la socorrida ansiedad de independencia de la metrópolis en la clase dirigente; pues sólo quedaban ellos ligados a la Corona española.

Así, el 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes proclama una Cuba independiente, el famoso Grito de Yara (que es el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba), en España hacía 3 días que el general Juan Prim había entrado en Madrid, consolidando la Revolución de 1868 que dio paso al sexenio democrático en la península y a una guerra de diez años allí. De Céspedes; era un poeta que se inflamaba con nada y entró en combustión adelantándose a revuelta. Abogado de formación (licenciado por la universidad de Barcelona), durante su estancia en España había colaborado en la insurrección del general Prim (contra el gobierno de Narváez, 1844) y se había visto con el dinero suficiente para comprar el ingenio La Demajagua, un trapiche que el vapor había convertido importante activo industrial. De Céspedes lo vio tan claro que alentó a los esclavos negros de su plantación, a los que liberó, a sumarse a la sublevación. Reclamaba la abolición de la esclavitud. Su alzamiento fue un soberano fracaso (iba a tomar Manzanillo); pero comenzó una guerra de una década en la que él mismo cayó (1874). La economía cubana se desplomó y se contabilizaron más de 200.000 víctimas. La cruenta lucha terminó en 1878 con la Paz de Zanjón, en la que ambas partes se hicieron concesiones. El general Arsenio Martínez Campos neutralizó a los insurrectos y consiguió prolongar el dominio español en Cuba, ahora como provincia española y no como colonia, una veintena de años más; hasta el desastre de 1898. Algunos independentistas cubanos, aunque agotados por la contienda, se resistieron a dejar las armas; como el mayor general Antonio Maceo que convocó la Protesta de Baraguá, en que se dieron una semana para reemprender hostilidades. Pero también fracasó y optó por el exilio en los Estados Unidos.

Insisto: el vapor, que movió el primer ferrocarril La Habana-Bejucal, camino de Güines, (1837) catapultó el proceso de independencia cubana al liberar una importante cantidad de trabajadores, esclavos. El primer “motor de fuego” para un ingenio azucarero llegó a la isla en 1796 y se instaló en el ingenio Seybabo; comenzó a funcionar el 11 de enero de 1797. La máquina fue diseñada por Agustín de Betancourt y Molina, el mejor ingeniero europeo de la época. El segundo equipo de vapor no llegaría hasta 1816; las guerras napoleónicas (el bloqueo continental) lo impidieron. Y aunque al vapor le costó entrar, poco a poco llegó a todos los ingenios y a partir de 1860 redujo la importancia del trabajo de los esclavos negros. Y así comienza el lío.

 

 

 



[1] Gran Bretaña ya había intentado, en 1741, establecer la Colonia Cumberland en tierras cubanas, en un punto cercano a Guantánamo; fracasaron. Cuando la Guerra de los 7 años (con Francia, pero en la que nos metimos por lo de los Pactos de Familia) desembarcaron de nuevo los británicos en Matanzas y el 14 de agosto de 1762 entraron en La Habana. Tras once meses, en julio de 1763, Inglaterra y España acordaron un canje: parte de la Florida quedaría en manos de los ingleses a cambio del retorno a España de La Habana y Cuba en su totalidad. Y los EE.UU. que no pararon desde las presidencias de James Buchanan (1857-1861) Abraham Lincoln (1861-1865) y Andrew Johnson (1865-1869) en base a que ya el presidente Jefferson (1801-1809) presentó la tesis de expandir los dominios norteamericanos y justificó Cuba como barrera defensiva para el Golfo de México.

[2] Haití había marcado la pauta con su revolución y la independencia. Cuando en el último tercio del XVIII Francia subió los aranceles al tabaco, aquellas tierras abandonaron el cultivo de la solanácea -muchos esclavos huyeron, como lo hacían de las encomiendas españolas de la otra parte de la isla, y se establecieron en ambientes selváticos y libres; se les llamó cimarrones. La isla, entonces, se dedicó a la caña de azúcar, el café y el añil (cultivando indigoferas). Más de la mitad del azúcar del mundo salía de Haití cuando estalló la Revolución francesa; la de todos los hombres libres e iguales. En 1790, la Sociedad de Amigos de los Negros, compuesta allí por mulatos influyentes, inició presiones para el reconocimiento de sus derechos por parte de París. En lugar de eso, la Asamblea extendió los derechos políticos a los blancos no propietarios y pasó de los negros. El desengaño llevó al primer levantamiento armado que fue sofocado. Pero para los hacendados eso de tener negros libertos que contratar -y pagar- para trabajar en sus plantaciones, de la noche a la mañana, como que no les gustó nada. Y se sucedieron las insurrecciones donde hubo más de un disparo, muchos muertos y hasta una ceremonia de vudú que “ordenó venganza”. Y bien que se vengaron unos de otros y otros de unos. Para calmar los ánimos, la Asamblea Nacional francesa (1792) otorgó la ciudadanía a los hombres libres de color de Saint Domingue (como se llamaba la isla); otra vez a los mulatos, pero no a los negros. Nuevo cabreo y tras él, asalto viene, matanza va, hasta que la Convención francesa declaró abolida la esclavitud el 4 de febrero de 1794. Fue en balde. Entonces, los británicos tomaron Puerto Príncipe, y España atacó la parte oriental de la isla prometiendo libertad a los esclavos. Fue así como los principales dirigentes de la rebelión pasaron al bando español. Y más lío bélico. Pero por el Tratado de Basilea (habíamos perdido la Guerra del Rosellón), en 1795, tuvimos que entregar a Francia la mitad de isla que nos pertenecía y repatriar nuestras tropas a Cuba; y con ellas embarcaron huyendo de la venganza de los esclavos negros las familias francesas que dominaban las plantaciones y que se llevaron consigo esquejes y sus secretos sobre al azúcar, el tabaco y el añil. Los británicos también abandonaron la isla y dejaron solo a Toussaint de Breda, entrenado militarmente por los españoles (grado de general del Ejército del Rey de España), quien lideró una revuelta final. Por ser el iniciador de la misma le llamarían Toussaint L’Ouverture (Toussaints El Iniciador). En julio de 1795 renegó de España y se unió a Francia, donde se le reconoció el rango de general de la República Francesa, ascendido a general de división, por el Directorio en París, en 1796. La historia es más larga; pero como aquí hablamos de Cuba, baste con decir que entonces Napoleón ordenó su captura (murió el haitiano en una prisión del Jura) y fue su sucesor, Jean-Jacques Dessalines, quien proclamó la independencia de Saint-Domingue, en 1804, y la bautizó como “tierra montañosa”, Haití, en arahuaco (la lengua original de la isla). La Constitución haitiana de 1805, en su artículo 12 decía que “ningún blanco pisará este territorio como amo o propietario”… y ninguno quedaba desde que entre febrero y abril de 1804 masacraron a los pocos blancos que no había salido con las tropas españolas. Un tal Jean Zombi marcó la pauta y su nombre está ligado a las historias del vudú. Y de lo sucedido en Haití, especialmente en la primavera de 1804, todos los territorios caribeños tuvieron noticia y miedo a una revuelta de esclavos negros.

[3] Aristocracia azucarera cubana; casta de los grandes propietarios de ingenios azucareros.

[4] Fueron liberados o vendidos, en el caso de los africanos, a Marruecos

[5] Racionalizó y disminuyó los impuestos y trabas a la producción y el comercio, fomentó el desarrollo agropecuario y el comercio exterior e interior; creó el Depósito Mercantil, extendió el uso de la contabilidad y publicó unas Balanzas anuales del comercio que fueron las primeras en España. Mejoró el Jardín Botánico y los hospitales y casas de socorro, creó escuelas y caminos vecinales. Dio impulso al mundo científico y literario y fundó el Archivo Nacional. Las rentas públicas se doblaron en sus quince años al frente de esa gestión.

[6] Corresponsal de The Times participante clave en la Convención Mundial contra la Esclavitud de la Sociedad contra la Esclavitud de 1840; fue cónsul en Cuba entre 1844 y 1846, cuando fue expulsado.

[7] José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix

10 jul 2021

A PROPÓSITO DE MAÑANA, 11 DE JULIO. DÍA MUNDIAL DE LA POBLACIÓN

 

 

El 11 de julio de 1987 se calculó por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) que habíamos alcanzado la cifra redonda de cinco mil millones de terrícolas. Aquel día se bautizó con tal nombre -Día 5.000 Millones- y se comenzó a pensar en la capacidad del planeta y en la realidad de la población mundial. En 1951, cuando UNFPA comenzó “a medir/calcular” los que somos habitando el planeta, resulta que éramos poco más de dos mil quinientos millones. Y así, año a año, por aquello de ‘Creced y multiplicaos’, con crecimientos superiores a punto y medio anual, nos hemos puesto ya en siete mil ochocientos setenta y cinco millones.

                                                                                             Ficha España UNFPA (parcialmente desplegada)

Vamos en progresión y pautamos los hitos. El 12 de octubre de 1999 dijeron desde UNFPA que llegamos a ser seis mil millones; y el 31 de octubre de 2011 ya estábamos en siete mil millones. A pesar de que las españolas no son muy dadas a procrear (y con los españoles criar), aún con la que está cayendo, se siguen produciendo en el mundo muchísimos más nacimientos que decesos. Y la población crece; aumenta. Y lo vanos celebrando.

El bebé seis mil millones -en 1999- se le alumbró, dijeron, en Sarajevo (donde había que poner el foco mundial en rehacer la economía devastada tras una década de guerras, varias, en los Balcanes). Una refugiada bosnio-herzegovina dio a luz un niño -Adnan Nevic- al que dirigió un saluda el propio secretario general de la ONU. Y año tras año le hacen reportajes y tal y tal. Y venos cómo evoluciona su país mientras Adnan crece y crece. Suerte.

Para el bebé siete mil millones hubo más ambientillo. El 21 de octubre de 2011 hasta yo mismo escribí sobre aquella bebé. Sí, se dijo que sería niña y nacería en la India. Incluso las proyecciones aventuraron donde se produciría el natalicio por el mero hecho de concienciar, una vez más: le pusieron cunita en el estado indio de Uttar Pradesh, donde venían naciendo -por aquel entonces, que ahora son más- once niños por minuto, a pesar de la pobreza del lugar. Y allí que se puso el foco. Pero como el destino es caprichoso y nos da por mirar el reloj -y las coordenadas-, resulta que le salieron a la niñita india varios competidores queriendo conseguir ese reconocimiento. Hay cierto consenso sobre una niña filipina, Danica May Camacho, para tal honor (y una ayuda económica para sus padres y una beca de estudios a la niña que le dio el gobierno filipino). Para la ONG International Plan, tal honor debe ser para Nargis, la bebé nacida en la India, pero para ella no se ha anunciado ayuda alguna. Rusia salió a la palestra diciendo que el bebé había nacido en Kaliningrado (como el geógrafo Inmanuel Kant, al que muchos de ustedes toman como filósofo) en el estuario del Pregolya, entre Lituania y Polonia, lejos de la madre Rusia, y se llamaba Piotr. Pero como Rusia es grande y casi infinita, hasta ellos mismos se boicotearon con esto y apuntaron también a Alenxandr, nacido en Petropávlovsk, el lugar más oriental del país (el nuevo día, como el Sol, empieza por la punta más oriental). A Piotr lo visitó Putin y le endilgó un ‘certificado de mejora de vivienda’ como premio. A Alexandr no lo fue a visitar, pero el gobernador de Kamchatka le dio otro certificado de esos. A la que nadie fue a ver y también le colocaron el rótulo de bebé 7000 millones fue a Wattalage Muthumai, nacida en Colombo, Sri Lanka y que también tiene su nombre rotulado para la ocasión; pero nada más.

Si usted, amigo lector/a, echa la vista atrás y recuerdas sus días de mocedad, a no ser que haya estudiado demografía y población en tiempos recientes de universidad, le da un muere a la hora de ver la lista de los países más poblados; China está a punto de perder su liderato poblacional. Nosotros, España, andamos por el puesto 30… Esto ha cambiado mucho. Calculan que antes de 2028 India superará China en población y llegará a los 1.740 millones de habitantes allá por el 2065 cuando el planeta esté por los 10.000 millones de habitantes.


¿Qué capacidad tiene el planeta Tierra? Esto llevamos una temporadita preguntándonos. El primero del que tenemos constancia en hacerlo fue el economista británico Thomas Malthus, quien en 1798 predijo que la humanidad se extinguiría en 1880 a causa del aumento en progresión geométrica de la población, porque no habría forma de alimentarla a toda. Y ni siquiera contó con las enfermedades; ni con el progreso y la capacidad de hombre. Se equivocó.
La higiene, la industrialización, los antibióticos y las vacunas han disparado la población mundial en tan solo 200 años. 18 meses de Covid nos han supuesto 4 millones de muertos… y aguantamos… Y aún no se había vuelto locas las mutaciones del bicho este que nos acosa y que con las vacunas iremos superando, según lo optimistas peor informados (sic).



Ahora bien; con todo y con más, hay quien sostiene que el planeta puede aguantar hasta 15.000 millones de seres humanos pisoteándolo y en el interín temporal las calamidades van despejando el camino. Antes de la pandemia esta del Covid, desde la ONU se replantearon los cálculos y se estimó que en 2030 estaríamos en 8.500 millones y sobrepasaríamos los 9.700 millones en 2050, llegando a 10.900 millones en 2100. Y esto podría seguir. Ah, y un detallito sin importancia: se prevé que la población del África subsahariana se duplique para 2050.



¿Qué va a pasar mañana? Pues cada vez que alimentamos el modelo nos da una cosa. Pero a la vista de las tendencias, resulta que, para el año 2050 el 80% de la población mundial habrá nacido en África y Asia.

Hay por ahí un informe que dice que el planeta sólo es capaz de alimentar bien a 4.500 millones de habitantes siendo sostenible, aunque alimentar a 10.000 millones es posible (Nature Sustainability, 20.01.2020; en inglés y de pago); a partir de ahí -dicen, cuentan, aseguran- ya nos estaríamos cargando el planeta. Incluso hay un día al año -Día de la Sobrecapacidad del Planeta/Earth Overshoot Day- en el que el planeta sobrepasa la capacidad de regenerar lo que consumimos. Para el caso de España, desde el 25 de mayo (dos días antes que en 2020). Global Footprint Network lo calcula. Resulta, dicen, que cada año consumimos como si tuviéramos 1’6 planetas Tierra; y no es el caso. En 2020 fue el 22 de agosto; la crisis de la pandemia lo retrasó en tres semanas. Para 2021 se apunta al muy cercano 29 de julio. Cosas de la sostenibilidad. Es decir, que para producir lo que producimos estamos consumiendo mucha tierra, mucha agua y muchos fertilizantes. La solución (todo desafíos): distribución espacial de las tierras de cultivo, gestión del agua, nutrientes y fertilizantes, reducción del desperdicio de alimentos y cambios en la dieta sin tener en cuenta al vídeo del ministro rarito… es que Tié q’haber gente pa tó, que dijo Lagartijo y no Rafel Gómez Ortega, El Gallo, como ya hemos contado en este Blog.

Y yo no veo el problema en la alimentación; y ni siquiera en el Medio Ambiente. Y como no quiero que me pase lo de Malthus y meto en la ecuación al hombre, su capacidad y el progreso. A mí lo que me mosquea es la infecundidad de las mujeres occidentales, europeas -españolas- principalmente, y el que -ojo al dato- al menos un 16 por ciento de población mundial en 2050 habrá sobrepasado los 65 años (el concepto de viejo, que para mí será ya de senecto); mientras que ahora mismo estamos superando en poco el 9% en comparación al porcentaje de ahora: un 9’318%. En España esto será mucho más grave: en 2030, un 30% de la población seremos ya mayores de 65 años. Ojo al dato; es que ahora mismo, el 19% de los españoles son ya mayores de 65 años.

Es desde el año 2000 cuando España se ha convertido en un país viejo por aumento de la esperanza de vida y disminución de la tasa de natalidad. Y a pesar de que la población mundial sigue en aumento, también es más vieja.  En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más a nivel mundial superaron en número a los niños menores de cinco años. Y es lo mismo: aumento de la esperanza de vida y disminución de la tasa de natalidad por infecundidad bien por alcanzar un nivel económico superior o por que la actividad laboral de la mujer y los condicionantes que la envuelven, la apartan de su función reproductora.

El problema con el que nos enfrentamos es que muchas de las poblaciones de más rápido crecimiento se encuentran en los países más pobres, donde el crecimiento de la población presenta desafíos adicionales en el esfuerzo para erradicar la pobreza, lograr una mayor igualdad, combatir el hambre y la desnutrición, y fortalecer la cobertura y la calidad de los sistemas de salud y educación para no dejar a nadie atrás. Y esto, una vez más, hemos de hacérnoslo mirar con visión profunda que llegue hasta el problema de las migraciones.