29 ene. 2012

DEL PUERTO DE ALICANTE... EN LOS CAFÉS DEL MELIÁ



El Puerto de Alicante está situado geográficamente a 0º 30´W de longitud y 38º 20´N de latitud, condición estratégica ésta que lo distancia a tan solo una noche de travesía de los principales Puertos Españoles del Mediterráneo, (Barcelona 228 millas, Málaga 247 millas, Islas Baleares 166 millas)”. Buen inicio para situar en “Los cafés del Meliá” al presidente de la Autoridad Portuaria de Alicante, José Joaquín Ripoll. Íbamos a hablar del Puerto.

La actividad portuaria de “Alicante”, los vestigios arqueológicos así lo señalan, se inicia en el siglo V a.C. en el Tossal de les Basses. Cuando se formó la restinga arenosa que configuró l’Albufereta (III a.C.), se acabó. Entonces, el Tossal de Manises, al ladito, cobró protagonismo, y ya en tiempos de Roma el embarcadero, de piedra y madera, medía unos 48 metros. El-Idrisi, al hablar de Medina Laqant señala embarcadero, varadero y astillero. En 1.246 el Infante don Alfonso, luego Alfonso X, conquista Alicante y en los fueros de la ciudad reconoce la proyección marítima del enclave: le otorga, junto a Cartagena, la exclusividad del embarque para ultramar. El cronista Viravens (1248) señala un muelle de 200 pies para estos cometidos portuarios. En abril de 1296, Jaime II entró en Alicante y la suma a Aragón; Pedro IV reorganizó su actividad portuaria y con Juan II ya se habla del tráfico del puerto de la villa, que será ciudad en 1490 con Fernando el Católico. En el siglo XVI Alicante tiene un dique de sillería de 200 pasos de largo por 36 de ancho y se convierte en el puerto de Castilla: por aquí salen los vellones de lana que bajan por el valle del Vinalopó, desde la meseta, y entraba el comercio de Nápoles, siendo escala del tráfico naviero francés, inglés y holandés. Hoy es un puerto que ofrece de todo pero no es importante en nada. Las memorias anual y de sostenibilidad, y toda la información, están en la página del puerto. La estación meteorológica es muy interesante.

Íbamos, café en la mesa, a hablar del puerto, pero con  José Joaquín Ripoll de invitados hablamos de todo (de política, vamos) en la tertulia; desde las juventudes de UCD al congreso del PP del próximo mes de abril, pasando por las diputaciones, la financiación de las Comunidades Autónomas y, natural y obsesivamente, de los líos del PP.

De sopetón nos espetó un “Mi etapa política está prácticamente acabada”, aunque nos dijo que “nunca encuentras momento para salir de la política”, pero ahora está, digamos, fuera. Más relajado sí se le ve.

Ripoll ha sido concejal por Alicante, senador, diputado, conseller y vicepresidente del Consell y, al final, presidente de la Diputación de Alicante. Naturalmente que para él “las diputaciones tienen futuro, pero se las van a cargar; si sobra algo es el Senado (y fue Senador en 1993)”. Para reorganizar los servicios, dijo, “las diputaciones son fundamentales: ahí está SUMA o la formación de funcionarios o el asesoramiento urbanístico, etc.”.

Satisfecho del MARQ (Museo Arqueológico de la Dipu), que posicionó Alicante en la élite museística, siguió defendiendo varias actuaciones del organismo supramunicipal y, en concreto, a las propias diputaciones bajo la premisa de que hay que trabajárselas y que “para hacer las cosas te lo tienes que creer”. Para él son además viables porque en las diputaciones “hay poco debate político y mucha tarea”, por lo que son eficaces.

Entramos a saco los tertulianos en varias cuestiones, talibanes alicantinos que somos, y fuimos con el hacha hacia el centralismo valenciano: “Valencia no nos quiere mal, es que no nos ve. Para los valencianos, la Comunidad Valenciana es todo lo que se ve desde lo alto de El Micalet”. Y torpedo en toda la línea de flotación:“Somos tres provincias. Eso, ser de Valencia y comprenderlo, es complicado”. Y eso lo sabe, dijo, desde su etapa valenciana, desde estudiante de arquitectura a conseller (1995-1999) y vicepresidente del Consell (1999-2003). “Aquellos fueron los mejores años de la Comunidad Valenciana”, sentenció orgulloso reconociendo la etapa de liderazgo de Eduardo Zaplana.

Nos contó sus días de inicio en la política, pegando carteles, y su paso el PP (desde 1987) habiendo sido factótum y líder del sector zaplanista, lo que le llevó a un enfrentamiento directo con Francisco Camps… y Ripoll dejó la política en septiembre de 2011: “Pasó mi tiempo político, pero no mi ambición”. No quiso hablar de Camps, “mi opinión siempre será subjetiva”, ni de Manuel Pérez Fenoll, con el que se enfrentó, y derrotó (14.12.2008), por la dirección provincial del partido.

En cosas de Benidorm todo su apoyo es para Gema Amor y ve difícil una solución, señalando, muy a las claras, a Pérez Fenoll como culpable.
Está convencido de que, para el mes de abril “Miguel Ortíz habrá estabilizado el partido en Alicante” y que “Fabra seguirá”. De Camps no dijo nada, ni comentó la sentencia, y fue rotundo cuando señaló que “Nunca ha existido el campismo; solo han existido Camps y sus adláteres”.

Y claro, también hablamos del puerto: “Si no apostamos por el puerto ahora, desaparecerá”. El de Alicante “es un puerto multipropósito que de por sí tiene supervivencia”. En nada y menos ofrecerá una excelente noticia que no desveló pero que tiene que ver con el AVE y señaló que “se apuesta por todos los frente relacionados con la actividad portuaria” y, especialmente, por la actividad de cruceros donde Alicante, hoy con 100.000 cruceristas, puede aspirar a puerto de enganche ante las nuevas modalidades de abordar un crucero que se están generando. Es poca actividad aún pero es que, denunció, Alicante vive de espaldas a los cruceros y a la Marian deportiva. El puerto está frente a la explanada y no nos volcamos en ellos. Barcelona recibe 2’5 millones de cruceristas; vale -dijo y dijimos- que es puerto base, pero “es que la ciudad ha apostado de los cruceros”.

De momento, Alicante participará en la feria crucerista de Miami (en abril) y ya se prepara para dar la bienvenida a la temporada de cruceros que abre el 31 de marzo el MCS Fantasía con 3.000 cruceristas a bordo. Una actividad dijo, en la que el “Concordia” ha sido sólo impacto mediático.




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