28 oct. 2012

DEL CONDESTABLE ZARAGOZA



Me dicen que el Condestable Zaragoza se merecía un Post él sólo; no sólo una cita en el último, que fue sobre Cuba. Cierto, pero… ¿Qué decir de más de lo ya expuesto por Ramón Lloréns Barber en su libro “El Condestable Zaragoza. Francisco Zaragoza y Such. Crónica de la vida y del heroísmo de un marino benidormense (Ayto. de Benidorm, 1988).  

Bueno, decir… diré que para mí el libro de Lloréns (él acentúa así su apellido) está documentadísimo, pero lo considero absolutamente infumable. El libro me aburre soberanamente. La cuestión es cómo lo resuelve Lloréns: se pasa el tiempo dando protagonismo a “el cronista/este cronista”… y, servidor -el menda- no está para eso. La documentación es soberbia, pero… He intentado hincarle el diente al libro en varios cientos de miles de ocasiones… y en cuanto leo más de quinientas veces lo de “el cronista/este cronista” en tan sólo cinco páginas, aborto la intentona. Y si comienzo varias páginas después...  lo mismo. Así es que el libro vuelve a la estantería hasta la próxima, por ejemplo ésta.

Es que, verán: el que a la hermanita de 4 años del condestable se le cayera un diente la noche de San Sulpicio estando en conjunción Saturno con Alfa Centauro, me deja dormir; el que don Juan Thous Carreras, el cacique-diputado local de finales del XIX (natural de Altea y afincado en Benidorm -“el solitario de Lliriets”-) sufriera achaques con su enfermedad digestiva crónica cuando el futuro condestable iba para 14 años, pues me trae al pairo[1] (me deja indiferente).

En la Armada, el de condestable es un empleo ya en desuso. Se creó en el siglo XVI para dirigir a las brigadas de artillería. Se equiparaba entonces con la categoría de sargento que existía en los Tercios. Hoy se les llama así a todos los  suboficiales de artillería embarcada.

Lo de Francisco Zaragoza Such fue una heroicidad de un joven de 23 años propia de aquella España de finales del XIX. Quiso el destino que lo enviaran al Vizcaya y en aquél desigual combate una granada yankee por la amura de babor se llevó la vida de un par de marinos, destrozó la pierna del jefe de pieza y a él le desgarró el vientre y le hirió en el pecho. Y como otros varios, pidió un trozo de la bandera de combate para morir abrazado a ella. La bandera ya había sido hecha trozos para tal menester con lo cual, imagínense la previsión del oficial al mando para tan corta singladura entre la bocana de la bahía de Santiago de Cuba y el bajío de la Bahía del Aserradero donde embarrancó para rendir el Vizcaya y evitar más muertes inútiles ante la superioridad enemiga. El Vizcaya explosionó ya varado (¿lo explosionaron antes de que pudiera reflotarlo el enemigo?) y aún hoy hay quien dice que se ve desde tierra lo poco que queda de él. No he ido a Cuba a comprobarlo.

Al final, el capellán del Vizcaya, Matías Biesa, fue capaz de recoger unos cuantos trocitos de aquella bandera, los mismos que se habían entregado a los marineros gravemente heridos, y hacerlos llegar a la Diputación de Vizcaya, quién la había entregado: “… tenemos la satisfacción de asegurar a V.E. que fue defendida hasta el último momento con heroísmo y entusiasmo sin par por todos los tripulantes del Vizcaya… y que se utilizó para envolver los cuerpos y restañar la sangre de sus valerosos y heroicos defensores.”.

Las banderas de combate son de grandes dimensiones; más de seis metros de ancho, por lo general, y la consiguiente proporción de largo. Vamos, que daba para mucho aquella bandera y 171 muertos en la dotación bien merecieron algo de ella.

Aquella mañana del 3 julio de 1898 los buques de Cervera eran bastante buenos y la instrucción de la marinería excelente (así se explica el comportamiento del condestable); el cinturón blindado de los navíos de línea era superior al de los cruceros de la época y su artillería era en piezas de gran calibre mejor que muchas europeas, pero fallaban en las baterías medias, donde los americanos destrozaron los cuatro barcos: los cañones de 140 mm, los más utilizados en el combate, fallaron como escopetas de feria; no había distancia para el grueso calibre y ahí fallamos.  El Cristóbal Colón (adquirido en Italia, clase “Giusseppe Garibaldi”) entró en combate sin sus piezas principales; con dos vacíos a proa y popa. No había dinero para armarlo; y aún así viajó desde España y entró en combate. Siempre quijotes.

La grandeza y la miseria de aquellos 110 días de guerra, y en particular la del combate donde murió el condestable Zaragoza está muy bien expuesta en “La caída de España” (“The Downfall of Sapin, Naval History of the Spanish-American War”) de Herbert W Wilson. Recomendada; no cuenta nada de la concuñada de nadie.

No obstante, si gustan de la minuciosidad, el detalle no les desvía de la cuestión y admiten el protagonismo de “el cronista/este cronista”, el libro de Lloréns está a su disposición. Uno es que es muy primitivo, incluso agreste y montaraz, y si quiere saber más, lo busca. Pero primero que le cuenten lo del condestable y luego especulamos sobre si tuvo novia y le hacía tilín una prima, sobre de qué habló con su primo bachiller en Benidorm aquella tarde de permiso y cómo se despidió de un amigo, compañero de promoción, cuando en las Azores fue destinado al Vizcaya, que eso es especular.

El 23 de abril de 1899 la Corporación Municipal de Benidorm homenajea al Héroe de Cuba dedicándole la calle en la que había nacido y ahora volvía a residir su familia (su padre había sido práctico del Puerto de Tarragona y a su jubilación, regresó a Benidorm). La calle de las Rocas/les Roques pasó a llamarse “Condestable Zaragoza”. Pero faltaban las 7’83 pesetas que costaba la placa, y su colocación, y hubo de esperar el condestable a 1902 para ver esa deferencia “A la memoria del heroico marino de esta Villa don Francisco Zaragoza y Such, Condestable de la Armada, muerto gloriosamente en el combate de Santiago de Cuba a bordo del acorazado Vizcaya… “. Ya hubiera querido estar bien acorazado el Vizcaya, siendo un crucero, y que los González Hontoria de 140 mm, y la pólvora, hubieran funcionado bien.

La placa de 1902 no es la actual, ¿por qué? Alguien se empeñó en roturarla también en valencià y… La actual es de 1991… y está en castellano.

En 1924 un buque guardapescas, por Real Orden, pasó a llevar su nombre: Condestable Zaragoza. Participó en el Desembarco de Alhucemas y otras acciones de guerra en Marruecos. Fue dado de baja en 1940. Volvió a navegar el Condestable Zaragoza en 1980 con el numeral A-66 en un buque-aljibe que se encargó de avituallar los peñones de Vélez de la Gomera, Alhucemas, Alborán y las Islas Chafarinas. En Benidorm y de Benidorm fue su bandera de combate, cómo no. En la LOBA figura su baja en 2009. En 1981 el edificio del Cuartel de Alumnos de la Escuela de Tiro y Artillería Naval de San Fernando (Cádiz) lleva también su nombre: Condestable Zaragoza.







[1] "poner al pairo" o "pairar" es una maniobra en la que mantenemos la embarcación estática con respecto al fondo, si existe marea de arrastre implicaría mantenerlo cara a proa y con poca superficie de velas para contrarrestar el impulso y así quedarse en la misma posición.

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