5 ene. 2013

DE LA ESPADA DE "EL CID"



El día 4 salió la noticia de que se condenaba a un marqués, el de Falces, que vendió la espada de Rodrigo Díaz de VivarEl Cid Campeador”, la “Tizona”, a la Junta de Castilla y León por 1’5 millones de €, a compartir la elevada suma con otros beneficiarios -herederos notariales- de otro Falces; vamos, palmar un Falces 750.000 € que ganarían los herederos de los cuidadores de otro Falces. Eso sí que fue un regalito de Reyes.

Espada "Tizona"
Y tiene gracia la cosa porque desde, al menos, 1999 se sabía que aquella “Tizona”, que estuvo desde 1944 en el Museo del Ejército, no era ni de lejos la espada de El Cid. El Museo Arqueológico Nacional la tenía ya calificada como “falsa reliquia” y cuando se forjaba la operación de compra (2004) resulta que los 4 informes que se encargaron (Patrimonio Nacional, Museo Arqueológico, Real Academia de la Historia y al medievalista José Godoy) concluyeron que “no existen datos fiables” para decir que es la espada de El Cid y que se trata de un “falso histórico”. No obstante, empresarios de Castilla y León se unieron a la Junta y adquirieron la espada. Punto pelota. Pero en 2007 se publicó ya que era falsa, de toda falsedad; lo recuerdo y lo he recordado.

Y todo esto viene por que se cuenta que la espada en cuestión, “Tizona”, venía en el ajuar de doña María Rodríguez (Rodríguez, hija de Rodrigo), la hija de El Cid (habida de su matrimonio con doña Jimena Díaz). María casó con el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, y en las sucesivas dotes la espada terminó adscrita a la Corona de Aragón hasta que Fernando II de Aragón, el Rey Católico, la donó al Condestable Mosén Pedro de Peralta y Ezpeleta, Barón de Marcilla y conde de Santisteban de Lerín, que también lo era de Falces… y en los Falces permaneció, con diversas aventuras los años 30 (la habían requisado y la enviaban a Moscú), hasta que recaló de nuevo en la familia Falces y, por seguridad, terminó en el Museo del Ejército, cedida por los Falces, hasta el traslado del Museo a Toledo.

Resulta que hasta el siglo XIV se conoció a la “Tizona” como “Tizón”… y se llega a contar que la espada pertenecía al rey Búcar, ganándosela El Cid en la batalla por Valencia (El Cantar del Mio Cid dixit). Por eso, cuando se dice que la “Tizona” de la noticia es falsa, es que es verdad: es falsa. Para comprobarlo sólo hay que leer la inscripción que luce: IO SOI TIZONA… Y como hasta el siglo XIV fue conocida como “Tizón”, sólo a partir del XV se le pudo grabar lo de TIZONA; por ende, se trata de una espada del XV.

Yo, aquí ya pararía lo de historieta de esta espada que, sin duda, es antigua, pero no la de El Cid (siglo XI).

Es más, hay otra “Tizón” famosa: la “Tisó” de Jaume I (Llibre dels Fets, dixit)…
Y yo me creo más este libro autobiográfico del Rey Conqueridor que el poema que cuenta las aventuras del Campidoctor, o Campeador.

Por cierto, sobre la espada de Jaime I, la “Tisó”, ya hay referencias ciertas del año 1020; la ponen en manos del conde Ramón Berenguer I… por lo que llega por línea directa a las armas de la Corona de Aragón y de ahí al mocetón rubiales que nació en la Occitania y hablaba la lengua de Oc, Jaime I.

Y para rizar el rizo entra en acción el nacionalismo catalán que asegura que, en base al castellanísimo El Cantar del Mio Cid, la “Tisó” era la espada de los Condes de Urgel y que terminó en manos del conde de Barcelona Ramón Berenguer II quien la perdió en batalla contra El Cid. Aquí el problema está en que en El Cantar del Mio Cid se cuenta que fue la “Colada”, la otra espada de El Cid, la que “ganéla de buen señor, el conde Remont Verenguel, de Barcilona la mayor…” en la batalla de Tévar (verano de 1090: El Cid se enfrenta, y gana, a las tropas de al-Mundir… comandadas por Ramón Berenguer II). Y nuevamente a El Cantar: la “Tisó” vuelve a un Conde de Barcelona en la dote de María Rodríguez, la hija que se casa con Ramón Berenguer III. Luego ya, para que siga en la “Casa Real de Barcelona” (ja, ja, ja) me la llevan junto a los Caballeros Templarios del Castillo de Monzón (Huesca), cual Santo Grial, hasta que Jaume I la lleva consigo en la conquista de Burriana (Castellón), en 1233, según El Llibre dels Fets. Vamos, realidad y mito a dosis casi iguales.

Luego la “Tisó” volverá a aparecer con Pedro IIIEl Ceremonioso” que la sitúa a buen recaudo en la Armería Real, por su trascendencia, junto -Oh, prodigio- a la espada “Vilardella”… con la que Soler de Vilardell mató al dragón que hacía de las suyas cerca de Sant Celoni; la espada que le entregó San Martín y que lo mismo partía un roble que una piedra. Total, que la “Vilardella” gloriosa llegó a manos de Otger Cathaló (¡Vamos, no me jodas!, un mítico caballero germánico inventado en el siglo XV que será el Pelayo de Cataluña) y de de las éste a las de Guifré el Pilós (Wifredo el Velloso) con cuya sangre se marcaron las 4 barras sobre el escudo amarillo… La “Vilardella” está, dicen, en el Musée de l’Armée de París. ¡¡La releche!!

Vamos que, resumiendo:
  1. El Cid nunca tuvo una espada propia, y las que tenía es que las iba ganando a otros;
  2. Aquellos míticos guerreros no eran nada originales poniéndole nombre a las espadas, y
  3. La que se han montado a costa de estas.


El colmo es que unos empresarios pagaron 1’5 millones por una espada que rollo histórico por medio podría llegar a valer la décima parte; al menos es del siglo XV.


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